Los activistas del Centro para la Belleza Política crearon una empresa
ficticia de reparto y se hicieron con el material electoral, que ahora
ofrecen para ser reciclado.
Militantes de Alternative für Deutschland. Imagen de thebureauinvestigates.com
Meses antes de las elecciones del domingo, la empresa Flyerservice Hahn contactó a decenas de grupos regionales del partido ultra Alternativa por Alemania con una oferta: repartir sus octavillas electorales. La empresa era, al parecer, una tapadera de los artistas activistas del Centro para la Belleza Política que tenían la intención de evitar el reparto de dicha propaganda electoral.
Más de 80 grupos del partido
confiaron, según la versión de los activistas, el reparto de unos cinco
millones de octavillas con un peso de unas 72 toneladas a la empresa en
cuestión. Los artistas justifican su acción con frases como que, a
diferencia de la AfD, su empresa ficticia no habría mentido a los
electores “sino que no hemos hecho nada, en el sentido más amplio de la
palabra”. La empresa se ha autodeclarado “líder mundial en el no-reparto de propaganda nazi”. Al principio de la campaña electoral, aseguran, se acercaron a stands
de la AfD y dejaron que sus miembros les repartiesen octavillas, para,
según explican, tirarlas a la papelera más cercana. “Es algo que puede
hacer cada ciudadano libremente y nosotros solo hemos industrializado
ese proceso”.
El pasado viernes, el partido había publicado una
nota de prensa en la que acusaban al colectivo de artistas de haberles
tendido una trampa, pero sin presentar pruebas, por lo que la noticia no
tuvo repercusión. La empresa les habría comunicado que no había sido
repartir los flyers y que los podían recoger el sábado. El
candidato del partido, Tino Chrupalla, aseguró en la nota de prensa que
con la acción se había “dañado de forma muy grave la democracia” en el
país. El portavoz Jörg Meuthen aseguró que “todo aquel que impide a un
partido mediante actos criminales en su trabajo no está cometiendo solo
un delito, sino que atenta directamente contra nuestra democracia
liberal”.
Ahora los activistas han abierto un crowdfunding para
financiar el proceso al que tendrán que hacer frente. Ahí explican que
“por desgracia nuestro único cliente está muy enfadado y no quiere
remunerar nuestros honorarios acordados para el reparto, y además pide
una compensación económica y nos llevará a juicio”. Con la compra de una
“acción popular”, financiarán “la inactividad de nuestra empresa más
exitosa”. Los abogados de los activistas defenderán “la libertad
artística”.
Los artistas son muy conocidos en Alemania y en 2017
le colocaron al jefe del partido en Turingia y máximo exponente del ala
más ultra, Björn Höcke, una reproducción del monumento al holocausto en miniatura delante de su casa,
que fue financiado a través de donaciones. Las autoridades comenzaron a
investigar el grupo por posible “organización criminal”, aunque no
encontraron pruebas en ese sentido. Otros colectivos de artistas como
Peng! también han denunciado la persecución de la justicia tras sus
acciones artísticas.
El colectivo de artistas lleva realizando
acciones de protesta desde hace unas dos décadas. En agosto denunciaron
al Ministro de Exteriores Heiko Maas por, según ellos, haber incurrido
en omisión de auxilio en el caso de unos 2.000 a 7.000 ciudadanos
afganos con derecho a asilo en Alemania por la tardanza en el rescate
antes de la llegaba de los talibanes. En 2014 robaron las cruces que
recuerdan a algunos de los fallecidos en el muro de Berlín frente al
Bundestag para llevarlas a la frontera europea y hacer reflexionar sobre
las muertes de inmigrantes que tratan de llegar a Europa.
Una exposición recuerda en Berlín por vez primera la memoria de los
“españoles rojos” que acabaron en las colonias francesas. Miles de
refugiados republicanos padecieron un periplo de trabajos forzados en
Francia, el Norte de África y Alemania para luchar durante décadas por
un reconocimiento y reparación que, en muchos casos, no llegó. En la
apertura participó el embajador español en Alemania, que hizo malabares
discursivos.
La historia de Celestino Alfonso Matos no es muy conocida, y eso que asesinó a Julius Ritter, el responsable para el Servicio de Trabajo Obligatorio de las temidas Schutzstaffel (SS) alemanas en toda Francia. Pierrot, que era el apodo de Matos, era carpintero y había sido Comisario político de la segunda Brigada Internacional. Tras la guerra civil española, se había refugiado en Francia, donde fue internado en un campo en Saint-Cyprien y más tarde deportado a Berlín. Consiguió huir pero para acabar siendo fusilado en Francia.
La historia de este comunista y la de otros 140.000 refugiados republicanos es recogida por una exposición bajo el título de “Rotspanier”, que es el nombre que los Nazis dieron a los republicanos y significa “españoles rojos”. La muestra está abierta en Berlín desde el jueves 3 de junio en el Centro de Documentación para el Trabajo Forzado durante el Nacionalsocialismo.
Junto con la asociación francesa Ay Carmela, fundada por un antiguo trabajador forzado y otros familiares de víctimas en Burdeos, los historiadores Peter Gaida y Antonio Muñoz Sánchez han querido contar la historia de los huidos tras la guerra. Personas que padecieron, en especial en Francia y en Alemania, así como en las colonias francesas del norte de África, el internamiento en campos de trabajo forzado. “Con el argumento de no abrir viejas heridas en la sociedad española, la democracia restaurada después de 1975 no acomete una revisión crítica de la guerra civil”, asegura el texto de una de las columnas iluminadas que componen la exhibición.
“Tenemos una ley de memoria histórica desde 2007”, decía el embajador español Ricardo Martínez Vázquez en la apertura de la exposición el jueves... y poco más. Porque sabe que los trabajos forzados durante el franquismo ni han sido investigados en profundidad ni sus víctimas han sido compensadas. Martínez Vázquez aseguró, sin embargo, que la exposición berlinesa “para un español es muy importante”, recordó que “Franco no tuvo ningún interés” en la memoria de estas personas y que ello fue “uno de los motivos” por los que cayeron en el olvido.
Martínez escogió muy bien las palabras, evitando hablar de la guerra civil, término discutido en Alemania, donde hay historiadores que la llaman “Guerra Española”, por la evidente intromisión extranjera. También omitió el decisivo papel de Alemania, que sí se menciona en la exposición. El régimen nazi fue responsable directo de la victoria de Franco y, por tanto, de la propia existencia de los refugiados, a los que la Legión Cóndor incluso llegó a bombardear. Hoy aún hay una avenida dedicada a la Legión Cóndor en la capital alemana, el Spanische Allee.
El embajador está acostumbrado a esos malabares diplomáticos. En septiembre participó en el homenaje anual a las Brigadas Internacionales Los republicanos huyeron de la muerte y la cárcel, también del trabajo forzado durante la dictadura de Franco. Decenas de miles pasarían por el sistema de campos de trabajo alemanes y franceses. Esto fue objeto de discusión en Berlín el pasado mes de marzo en el Instituto Cervantes en un programa hecho en cooperación con el Museo que ahora expone la muestra. Con una charla en la que participó el historiador Nicolás Sánchez Albornoz, que estuvo preso y tuvo que participar en la construcción del Valle de los Caídos, dieron un repaso a la impunidad de los crímenes franquistas en ese terreno.
Vista de la exposición itinerante “Rotspanier”. Foto: Dokumentationszentrum NS-Zwangsarbeit
Republicanos españoles en las colonias francesas
“Abandonamos a los refugiados españoles frente al fascismo italiano, portugués y alemán”, explicaba el presidente de la asociación Ay Carmela Emmanuel Dorronsoro en la presentación de esta exposición en Burdeos. Y eso, a pesar de que “muchos españoles fueron actores y no solo víctimas”, ya que participarían más tarde en la liberación de Francia del fascismo, como explica Gaida.
Pero se conoce poco que el régimen colaboracionista de Vichy empleó a los refugiados republicanos para construir grandes proyectos arquitectónicos, no solo en Francia, sino también en Túnez, Marruecos o Argelia. “Deseamos que nuestra exposición contribuya a que el gobierno francés reconozca a los españoles que fueron utilizados mediante el trabajo esclavo”, explica.
Ya en 1939, Francia decidió que los refugiados tenían que contribuir a defender el país o aceptar un servicio de trabajo obligatorio. 90.000 republicanos fueron destinados a diferentes destinos para la economía de guerra, de los cuales 50.000 trabajaron en las Compañías de Trabajo Extranjero (CTE), unidades de trabajo militarizadas.
Los enviaron a reforzar la línea de combate construyendo fortificaciones. Cuando la Wehrmacht ocupó Francia, se produjeron las primeras deportaciones y miles de españoles terminaron en Alemania en trabajos forzados o en campos de exterminio como el de Mauthausen. Poco después el régimen autoritario de la parte francesa no ocupada por los nazis y dirigida por el mariscal Phillipe Pétain envió 76.000 judíos y 86.000 franceses y extranjeros a los campos de concentración nazis, además de imponer un Servicio de Trabajo Obligatorio. “Durante cuatro años más de 30.000 españoles (…) son obligados a trabajar sin sueldo y bajo condiciones extremas en la agricultura o en la industria”, detalla la exposición, que recoge cartas, comunicados oficiales, informes y fotos poco conocidas de este capítulo del exilio español.
El internamiento en campos de trabajo en Argelia, así como el empleo de mano de obra forzada republicana en la construcción del proyecto colonial del tren “Trans-sahariano” por el norte de África son otros de los aspectos centrales de la exposición. El trabajo forzado en la organización alemana Todt, que construyó autopistas y fortificaciones gracias a los reclusos en sus campos de trabajo, pero también la construcción de búnkers forman parte del repaso que los historiadores Gaida y Muñoz Sánchez hacen al periplo penoso de miseria, abusos y malos tratos recibidos por los republicanos. Ambos llevan décadas trabajando sobre el tema que les ocupa.
Gaida es el experto por excelencia de los campos de trabajos forzados en la Francia de Vichy y tiene una cercanía a las asociaciones de familiares de las víctimas que le ha permitido conocer historias personales que han enriquecido esta y otras exposiciones, así como sus libros monográficos sobre el trabajo forzado en las colonias francesas o sobre el Muro del Atlántico, el gigantesco proyecto con el que Adolf Hitler trató de evitar la invasión marítima en las costas francesas.
Muñoz Sánchez ha investigado la historia de las indemnizaciones a los republicanos en Alemania y el trabajo forzado de portugueses en el régimen nazi. Su trabajo conjunto en la exposición “Rotspanier” muestra el recorrido penoso del exilio republicano en el Tercer Reich y en Francia.
Una exposición con vocación educativa muy exigente Uno de los dos historiadores que han elaborado la exposición, el doctor Peter Gaida, explica a El Salto que la intención de la exposición es dar a conocer la historia de los miles de republicanos que no eran destacados comunistas y que acabaron como trabajadores forzados no solo en Alemania, sino también en Francia. Y que, además, este último país nunca les ha reconocido oficialmente ni compensado, algo que sus familiares reclaman desde hace décadas.
Lo cierto es que la vocación inequívocamente educativa de la exposición, que cuenta con una página web en tres idiomas en la que hay también actividades escolares para trabajar la materia en clase, vídeos y fotografías, es muy exigente con el visitante. Se presuponen conocimientos, como en el caso de Mauthausen, en el que el historiador no ha querido hacer hincapié por ser algo más conocido y estudiado y, por ello, asegura, habría sido redundante. No se menciona a Francesc Boix, que aunque es muy conocido en España, no lo es tanto en Alemania y ello a pesar de que sus fotos fueron usadas en el juicio de Núremberg para poder condenar a algunos de los responsables.
Además, hoy día da la impresión de que las cuatro décadas de existencia de la República Democrática Alemana (RDA) han desaparecido de la historia. A veces los historiadores no se molestan en nombrar lo que ocurrió durante este periodo en la mitad de Alemania, ni siquiera para criticarlo, como podría haber sido el caso en esta exposición. Tan solo se menciona que “en el este de Alemania se recuerda la memoria de las Brigadas Internacionales”.
En el caso de la RDA, las Brigadas Internacionales fueron uno de sus mitos fundacionales, y el país, autodeclarado como antifascista, a diferencia de la República Federal, no se consideraba a nivel legal como sucesora del tercer reich, por lo que en un primer momento se negó a pagar reparaciones de guerra. Los participantes en las Brigadas eran considerados héroes nacionales y algunos de ellos compartieron destino con los republicanos en los campos franceses y alemanes y después recibieron pensiones por ser víctimas del nazismo. Hubo algunos españoles que consiguieron asilo político en la RDA por haber combatido contra el fascismo, pero la admisión de solicitudes estaba condicionada, eso sí, al parecer, por su filiación política y el visto bueno del Partido Comunista de España.
Vista exterior del Museo donde tiene lugar la exposición itinerante “Rotspanier” en Berlín.
Carmela Negrete
La exposición itinerante, que ya había sido mostrada en Francia, ha sido financiada por un organismo público alemán, la Fundación “Recuerdo, responsabilidad y futuro”, que se fundó en 2000 para compensar a los trabajadores forzados del Nacionalsocialismo alemán y para “promover proyectos de reconciliación”. Después de que las víctimas de trabajos forzados del nazismo se pasasen décadas reclamando una compensación y de que el estado alemán rechazase sus peticiones una y otra vez, éstas fueron reconocidas cuando buena parte de los afectados ya había fallecido. Ahora Alemania da lecciones de memoria a Francia con esta exposición.
La investigación puede visitarse hasta el 31 de noviembre en el Centro de Documentación para el Trabajo Forzado durante el Nacionalsocialismo (Dokumentationszentrum NS-Zwangsarbeit), en el barrio de Treptow-Köpenick en la calle Britzer Straße número 5. La entrada es gratuita y el museo está adaptado para personas con diversidad funcional.
El museo es el único campo de trabajo forzado que se conserva en Berlín y dispone de dos exposiciones permanentes muy recomendables en las que se puede conocer las historias de los italianos encarcelados allí como presos de guerra, así como sobre el fenómeno del trabajo forzado durante el nazismo. Después de su paso por Berlín se espera que, si la pandemia lo permite, dicha exposición vuelva a Francia para ser expuesta después en Barcelona y, con suerte, en otras ciudades españolas.
Después de la reunificación alemana, una agencia se hizo con todas las empresas estatales de la RDA con el objetivo de privatizarlas. Se fueron a la calle 3,5 millones de trabajadores de la RDA, que tenía una población de 16 millones de habitantes. El 1 de abril de 1991, el encargado de desmantelar toda la industria pública del antiguo país, Detlev Rohwedder, fue asesinado por un francotirador. Aún hoy se desconoce la autoría del crimen
.... El protagonista del misterio es Detlev Karsten Rohwedder, un
político que contra su voluntad tuvo que ponerse al frente del puesto
más incómodo, desagradable y peligroso que apareció con la reunificación
alemana, el de gerente de la Treuhandanstalt, la agencia que adquirió
toda la empresa pública de la RDA con el fin de privatizarla e
introducir al país en la economía de mercado. Una especie de precio a
pagar por la unificación también del marco alemán que con tanto júbilo
votaron los alemanes orientales en el programa electoral de la
candidatura de Helmut Kohl.
El
resultado de esa política en 1994 fue de 15.102 empresas privatizadas,
de las cuales 3.718 se cerraron y 4.358 fueron adquiridas por sus
antiguos propietarios o nuevos empresarios de la ex RDA. Aunque el
número de cierres parece relativamente pequeño en el cómputo global,
entre esas liquidaciones y los ajustes de las privatizaciones, 3,6
millones de alemanes orientales se fueron a la calle de una población de
16 millones de habitantes.
Las consecuencias del trauma que sufrió
esa población las estamos viendo actualmente, con unos porcentajes de
voto a la ultraderecha muy preocupantes.
Si algo tiene bueno este documental es el fondo de imágenes de la
televisión. Recoge declaraciones de alemanes orientales a la prensa que
poco tienen que ver con las escenas que se nos pasan en un roll infinito
cuando llegan los aniversarios de la caída de muro de Berlín. En ellas,
expresan su sentir con lindezas como "me voy a suicidar pero antes voy a
matar a mis hijos". Desesperación absoluta tras los despidos masivos.
Son decenas de muestras de personas angustiadas que, cuando esperaban la
luz al final del túnel, tras una dictadura decadente, se encontraron
con la peor faceta del capitalismo.
Rohwedder,
el responsable de todo aquello, había ascendido en la administración
gracias a su pasado como empresario despiadado. Manifestaba que el jefe
de una empresa no está ahí para hacer amigos ni para caer bien y que
comprendía que se le odiase, porque sus decisiones muchas veces acababan
con trabajadores en la calle. Era la época de finales de los 70 y
principios de los 80, cuando en toda Europa, España incluida por
supuesto, hubo una oleada de cierres y despidos derivados de las crisis
del petróleo y el inicio de una nueva fase de la globalización.
Por
patriotismo, Rohwedder accedió al cargo. Creía en su manual con
verdadera fe. Consideraba que la única forma de desarrollar la RDA era
cargarse todo el tejido industrial improductivo y deficitario para que, a
partir de ahí, florecieran negocios saneados. Por un lado, estaba el
gobierno de Kohl metiéndole prisa, más dogmático que él mismo, y por
otro no faltaron voces que exigían que la transición se realizase de una
manera gradual que no le supusiera un shock a la población.
Aparecen
grandes manifestaciones que se celebraron muy poco después de la caída
del muro exigiendo poder tomar parte en los cambios que estaban por
llegar. Ahora sabemos que ilusos ellos, pensaban, -así se explica en el
documental-, que con la caída del comunismo iban a conservar la
cobertura de las necesidades básicas, por defectuosa que pudiera ser en
determinados aspectos, y a alcanzar la libertad. Esa ceguera de masas
que se impacienta por el futuro mirando el retrovisor, pensando que si
el camino siempre ha sido recto, seguirá siendo recto, mientras reclama
que se pise el acelerador, no era exclusivo de esa gente. Sigue hoy
vigente. También aquí.
El quid de la cuestión es que a Rohwedder
le acabaron metiendo cuatro tiros en su casa desde un bosque cercano. Lo
hizo un francotirador. Quienquiera que fuese, dejó un manifiesto al
lado de la sillita desde la que había disparado firmado por la
Baader-Meinhof, o RAF, Fracción del Ejército Rojo. Los autores, Jan Peter, Georg Tschurtschenthaler y Torsten Striegnitz,
se preguntan si ese comunicado era auténtico. Entrevistan a antiguos
miembros de la organización que tienen sus dudas sobre esa "tercera
generación" que cogió el relevo a esas alturas de unos terroristas que
habían comenzado en los años 60 bajo la efervescencia ideológica
post-sesentayochista.
Otra
opción sería la propia Stasi. Tras la derrota, el desmantelamiento del
país, se despidió a todos sus oficiales, que pasaron a efectuar trabajos
relacionados con seguridad privada los que tuvieron más suerte, y otros
acabaron de meros conserjessiempre con la mancha de
haber colaborado con la temida policía política del Estado. Sin embargo,
un testimonio recuerda que cuando hablaba con ex oficiales de la Stasi
le decían que ese crimen tenía pinta de haber sido cosa de ellos.
Eso
es lo más enrevesado, si no fueron ni los comunistas ni los terroristas
¿quiénes podían tener interés en matarlo? Ahí es donde la trama se
complica. Los testimonios explican que las medidas de seguridad en la
casa de Rohwedder no eran las apropiadas. Por ejemplo, tenía blindados
los cristales de la primera planta, pero no los de la segunda. Ahí
estaba cuando le dispararon. ¿Fue cosa del estado profundo de la RFA?
¿La patronal? Solo está claro que el asesinato lo tuvieron que ejecutar
profesionales de primera categoría. Sin embargo, la gran víctima de esta
historia es el pueblo de Alemania Oriental que después de comerse el
comunismo se comió el capitalismo en su versión más cruda. Media Europa
pasó por lo mismo y la supuesta fiesta de la libertad fue bastante
agridulce. Ahora hay quien se extraña cuando estas poblaciones se
enrocan en ideologías nacionalistas. Allí no son delirios de
confortables clases medias y altas sin imaginación.
Una tipografía de descarga gratuita recupera los grafitis realizados por los soldados del Ejército rojo en los muros del Reichstag tras la caída de Berlín en 1945.
El 25 de abril de 1945, las tropas soviéticas entraron en Berlín. Durante los días siguientes, la ciudad fue escenario de intensos enfrentamientos. El 30 de ese mes, Adolf Hitler se suicidó en el búnker de la Cancillería y, un día más tarde, Berlín se rindió. El 8 de mayo Alemania, derrotada, firmaba su rendición.
La alegría de los soldados del ejército ruso era más que comprensible. Vivos después de meses o años de combates, se dedicaron a celebrar la victoria por diferentes lugares de Berlín. Entre ellos estaba el Reichstag, cuyos muros llenaron de grafitis e inscripciones de todo tipo realizados con lápices, carbón, tiza o con los cuchillos y bayonetas de su impedimenta. En ellos se mezclaban desde los mensajes contra los nazis o en favor del comunismo, hasta bromas, declaraciones de amor, insultos contra Hitler y algún que otro dibujo obsceno.
Soldados soviéticos realizando las inscripciones en el Reichstag (1945).
Aunque muchas de esas frases fueron documentadas por los fotógrafos que se encontraban en Berlín informando de los últimos combates y del fin de la guerra, la rehabilitación del edificio durante la postguerra, los hizo desaparecer. Durante décadas se pensó que se habían perdido para siempre pero, en 1991, después de unas obras de remodelación que tiraron abajo unos falsos muros, algunas de esas inscripciones volvieron a salir a la luz.
Coincidiendo con la celebración del 75 aniversario de la caída de Berlín y el fin de la Segunda Guerra Mundial, RT y Contrast Foundry han creado May, una fuente tipográfica diseñada a partir de esas inscripciones.
Interior del Reichstag (1945).
Cada uno de los caracteres de la tipografía corresponde a una letra real escrita a mano por esos soldados en 1945, lo que da lugar a un conjunto bastante particular. «Si miras cada uno de los signos y el alfabeto, la fuente puede parecer un tanto salvaje. Pero combinada en palabras y frases, su salvajismo se transforma milagrosamente, creando un estilo manuscrito. Abrupta y nerviosa, esta tipografía no está pensada para agradar a nadie. Esta es una fuente histórica, porque está vinculada a la época de la guerra, pero también es moderna en el sentido de que no se parece en nada a lo que hemos visto antes, justamente por ese salvajismo», explican desde Contrast Foundry.
La tipografía, que puede ser descargada gratuitamente, es parte de un proyecto más complejo en el que también hay un canal de Youtube donde algunos de los supervivientes de esa época recuerdan cómo hicieron esas pintadas en el Reichstag; un archivo de audio con recuerdos de los excombatientes; una exposición virtual en la que artistas jóvenes actuales dan su interpretación de lo sucedido y la recuperación de cartas que los soldados mandaban desde el frente a sus familias.
Algunos de los caracteres de la tipografía.
En definitiva un proyecto para conmemorar la lucha y la victoria de la Unión Soviética contra el nazismo y, de paso, exaltar el nacionalismo ruso actual pues, si bien en Occidente la guerra de 1939 a 1945 se conoce como Segunda Guerra Mundial, en Rusia se la denomina la Gran Guerra Patriótica.
La disolución de una compañía entera de estas tropas revela un grado de penetración que el Gobierno teme que sea "estructural"
Soldados de las fuerzas especiales alemanas.// FdV
Es una "nueva
dimensión" en la presencia ultraderechista y neonazi en el Ejército
alemán. Con esta argumentación, la ministra federal de Defensa, Annegret
Kramp-Karrenbauer, anunció esta semana la disolución de una compañía
completa de las fuerzas especiales del Ejército (KSK, en sus siglas en
alemán) para combatir la infiltración extremista en las filas militares.
Los integrantes de
la compañía disuelta serán investigados individualmente y tendrán que
demostrar que son fieles al orden constitucional de la República
Federal.
El pasado mes de
mayo, las fuerzas de seguridad llevaron a cabo un registro en un
terreno perteneciente a un soldado de las KSK situado en el estado
federado de Sajonia; en él encontraron munición, explosivos, armas y
propaganda neonazi.
Fue la
gota que colmó el vaso para las autoridades civiles de defensa y lo que
las llevó a disolver una de las cuatro compañías de las fuerzas
especiales de manera preventiva. A raíz de esa operación, la ministra de
defensa decidió poner en marcha una comisión interna que investigase la
situación en las fuerzas especiales. La conclusión fue demoledora.
"Las
KSK no pueden continuar existiendo en su actual estado, tienen que ser
remodeladas desde su interior y reintegradas en el Ejército", dijo
Kramp-Karrenbauer, haciendo referencia a la autonomía de la que ha
gozado históricamente este cuerpo militar y que, aparentemente, permitió
las estructuras extremistas.
Fuerzas de élite
Las KSK fueron
creadas en Alemania en 1996 a semejanza de otras fuerzas de élite de
Francia y Reino Unido. Sus alrededor de 1.400 soldados están encargados
de misiones especiales -y en parte secretas- como la liberación de
rehenes en regiones de crisis y la detención o eliminación de presuntos
terroristas.
No se recuerda en
Alemania una intervención en la que un representante público
reconociese de manera tan abierta la dimensión de la amenaza: "El riesgo
de que se convierta en un problema estructural es grande", reconoció la
ministra de Defensa.
Según han publicado varios medios de comunicación alemanes, en 2017 algunos de sus soldados organizaron una fiesta
en la que hicieron el saludo hitleriano, recogido como delito por el
Código Penal de la República Federal. Investigaciones periodísticas
también apuntan que soldados de élite de las KSK se organizaron durante
años en chats para la llegada de lo que bautizaron como "Día X".
Según
investigaciones de la Fiscalía germana, los militares se estaban
preparando con armamento y planes para ejecutar atentados contra
políticos y activistas de la escena de la izquierda.
No
es la primera vez que las autoridades alemanas descubren ese tipo de
redes clandestinas en el Ejército y las fuerzas de seguridad del país.
En la escena neonazi alemana cunde desde hace años la idea de que
Alemania se desliza inevitablemente hacia una guerra civil a causa de la
llegada de inmigrantes refugiados y de la crisis económica global.
85.000 balas desaparecidas
La
desaparición de 85.000 balas de diverso calibre y de 62 kilogramos de
explosivos, confirmada esta semana por el ministerio de Defensa alemán,
apunta a que esas tendencias no han desaparecido. El inspector general
del Ejército alemán, el general Ebernard Zorn, calificó la desaparición
de armamento de "preocupante" y "amenaza potencial". Las autoridades
temen que el armamento pueda ser utilizado en atentados contra
inmigrantes, periodistas o políticos de izquierda.
El
ataque contra el político democristiano Walter Lübcke -asesinado
presuntamente por militantes neonazis-, sumado a otros recientes
atentados, demuestra que el terrorismo ultraderechista es una amenaza
real en Alemania.
Existe el
temor de que el armamento acabe en manos de células clandestinas como la
última organización terrorista conocida en Alemania, la Clandestinidad
Nacionalsocialista, que fue desarticulada en el 2011.
El 'Experimento Kentler' otorgó hace décadas la
custodia de niños sin hogar de Berlín a hombres pedófilos, suponiendo
que serían los padres adoptivos ideales.
A partir de la década de 1970, el profesor de psicología Helmut
Kentler realizó un "experimento social" en Berlín occidental: niños sin
hogar fueron dados en custodia con hombres pedófilos, intencionalmente.
Estos hombres eran padres adoptivos especialmente amorosos, argumentó en
aquel momento Kentler.
Un estudio realizado por la Universidad
de Hildesheim descubrió que las autoridades de Berlín aprobaron esta
práctica durante casi 30 años. Los padres adoptivos pedófilos incluso
recibieron un subsidio estatal.
Helmut Kentler (1928-2008)
ocupaba una posición de liderazgo en el centro de investigación
educativa de Berlín. Estaba convencido de que el contacto sexual entre
adultos y niños era inofensivo.
Las oficinas de bienestar
infantil de Berlín y el Senado gobernante hicieron la vista gorda o,
incluso, aprobaron las asignaciones de custodia.
Hace varios
años, dos de las víctimas se presentaron y contaron su historia. Desde
entonces, los investigadores de la Universidad de Hildesheim han
revisado los archivos y han realizado entrevistas.
Lo que
encontraron fue una "red de instituciones educativas" -la oficina para
la protección de la niñez y la juventud, así como el Senado de Berlín-
en la que la pedofilia era "aceptada, apoyada y defendida".
El
propio Kentler estaba en contacto regular con los niños y sus padres
adoptivos. Nunca fue procesado: cuando sus víctimas se presentaron ante
la Justicia, el plazo de prescripción de los delitos.
Esto también ha
impedido que las víctimas reciban compensación por los daños sufridos.
Los
investigadores encontraron que varios de los padres adoptivos eran
académicos de alto perfil. Formaban pare de una red que incluía a
miembros de alto rango del Instituto Max Planck, la Universidad Libre de
Berlín, y la famosa Escuela Odenwald
en Hesse, Alemania Occidental, que fue el centro de un gran escándalo
de pedofilia hace varios años. Dicha escuela ya fue cerrada.
La
senadora de Berlín para asuntos de la niñez y la juventud, Sandra
Scheeres, calificó los hallazgos de "impactantes y horribles".
Un
primer informe sobre el "Experimento Kentler" fue publicado en 2016 por
la Universidad de Gotinga. Luego, los investigadores declararon que el
Senado de Berlín parecía no tener interés en descubrir la verdad.
Ahora las autoridades de Berlín han prometido arrojar luz sobre el asunto.
Durante su visita a Barcelona en 1940, al jefe de las SS le robaron un maletín que nunca pudo ser recuperado y cuyo contenido ha generado todo tipo de especulaciones.
Heimrich Himmler a su llegada al aeródromo del Prat de Barcelona en octubre de 1940 (Foto: Arxiu Nacional de Catalunya).
Jean Genet, que había visitado Barcelona en los años 30, quedó sorprendido por los barrios bajos de la ciudad y, además de participar de su vida criminal durante una época, acabó escribiendo algunos de sus recuerdos de esa experiencia en Diario del ladrón.
Años después del paso del escritor francés por Barcelona, la ciudad continuaba siendo un lugar peligroso. Que se lo digan si no al Reichsführer-SS Heimrich Himmler que fue víctima de un sonado robo, que no se sabe si fue un elaborado plan de los servicios secretos británicos o un trabajo de rateros de hotel.
Todo comenzó en octubre de 1940, cuando Heimrich Himmler visitó España invitado por las autoridades franquistas, que necesitaban la ayuda alemana para la reconstrucción del país. Por su parte, los nazis esperaban que la presencia de Reichsführer-SS ayudase a que Franco se implicase en la Segunda Guerra Mundial junto a las demás potencias del Eje.
Himmler en Montserrat. (Foto: ANC).
Himmler entró al país por la frontera de Irún el 19 de octubre y, tras visitar San Sebastián, se dirigió a Burgos, donde cenó con Franco para, al día siguiente, dirigirse a Madrid. En la capital se reunió con Serrano Suñer, otra vez con Franco y asistió a una corrida de toros, espectáculo que, como se cuenta en este artículo de Agente Provocador, le espantó por ser excesivamente cruel.
Después de visitar el Museo del Prado y el Museo Arqueológico, el 23 de octubre viajó en avión a Barcelona. Aterrizó en el aeródromo del Prat donde fue recibido por las autoridades españolas y una representación de las juventudes hitlerianas en España y, a continuación, se trasladó con toda la comitiva al Pueblo español para ser testigo de un acto folclórico.
Himmler en la checa de Vallmajor.
Protagonizado por los coros y danzas de la Sección Femenina de Falange Española, este evento sí que fue del agrado del Reichsführer-SS que, al concluir, se dirigió con sus acompañantes al Hotel Ritz, donde descansó brevemente antes de continuar con la agenda oficial. El Ritz era el hotel más lujoso de la ciudad, el más exclusivo y, por tanto, también el que se suponía más seguro para alojar a una personalidad como el líder nazi. No fue así.
Después de almorzar en el hotel, Himmler se trasladó a Montserrat, que era a lo que realmente había venido a España. Seguidor de leyendas paganas, de ritos esotéricos y convencido de que ese Montsalvat que se menciona en el Parsifal de Wagner era en realidad la montaña mágica catalana, el Reichsführer-SSquiso verla con sus propios ojos y preguntar a los monjes si era verdad que en el monasterio se conservaba el Santo Grial.
Himmler asiste desde la tribuna al acto folclórico de los Coros y Danzas de la Sección Femenina (Foto:ANC).
Desde el primer momento los monjes se mostraron poco acogedores con el alemán y, con la excusa de que no hablaban el idioma, los máximos responsables del lugar ni siquiera hicieron acto de presencia, encargando a uno de los monjes que sí era germanoparlante, Andreu Ripol Noble, que recibiera a Himmler y le enseñase el lugar.
Según se cuenta, Ripol acabó harto del nazi, que se mostró chulesco, impertinente y muy insistente en su deseo de conocer los pasadizos que recorren la montaña y en ver personalmente el Grial. Su soberbia llegó hasta tal punto, que se atrevió a discutir con el monje la genealogía de Jesús que, según Himmler, no era judío sino ario.
Concluida la visita, el jefe de las SS regresó a Barcelona, visitó el consulado alemán, cenó en el Ayuntamiento y a eso de las tres de la mañana, tal vez por los efectos del Pervitin –un derivado de la anfetamina que los nazis consumían como si fueran gominolas–, pidió ver la checa de la calle Vallmajor, un antiguo centro de confinamiento republicano diseñado con modernas técnicas de tortura psicológica como, por ejemplo, un suelo irregular, bancos inclinados en los que resultaba imposible descansar y pinturas abstractas que generaban ansiedad.
Al día siguiente, Heimrich se despertó en el Ritz. Desayunó y, cuando se disponía a abandonar el establecimiento rumbo al aeródromo del Prat, descubrió que un maletín de su propiedad con importantes documentos había sido robado. Aunque se alertó a la autoridades locales, el alemán abandonó España sin la cartera y, a pesar de las investigaciones, nunca más apareció.
La desaparición del maletín de Himmler y los documentos que en él se contenían es uno de los grandes misterios de la Segunda Guerra Mundial. A punto de cumplirse ochenta años del hecho y pasados ya setenta y cinco de la muerte del jerarca nazi, no se ha podido saber quién cometió el robo. Se habló de ladrones de hotel, se especuló con un plan urdido por los servicios secretos ingleses que habían infiltrado agentes que se hicieron pasar por empleados del hotel e incluso se afirmó que en la operación había participado Bernard Hilda, director de orquesta belga de origen judío que había tenido que abandonar Francia por la ocupación nazi.
Miembro de la Resistencia Francesa, Hilda se radicó en Barcelona en los años 40 y fue una de las atracciones estrellas de la Parrilla del Ritz. Sin embargo, aunque como relato es estupendo y parecería sacado de una novela de espías, lo cierto es que el músico no estaba en Barcelona en octubre de 1940 sino que llegó a la ciudad dos años más tarde, huyendo de la ocupación nazi de París.
En todo este tiempo, también se ha especulado sobre qué podía contener el maletín de Himmler. Algunos autores sostienen que no eran documentos trascendentes para el desarrollo del conflicto, sino caprichos del Reichsführer-SS como planos de la montaña de Montserrat y de sus galerías, así como documentos sobre el Grial e información sobre el paso de los cátaros por la abadía.
De hecho son varias las novelas que, partiendo del robo del maletín, desarrollan historias de ficción en las que se dan cita nazis, magos, antifascistas y misterios esotéricos. Por ejemplo La orden negra (Plaza y Janés, 2015) de José Calvo Poyato. Este escritor egabrense parte del hecho histórico del viaje de Himmler a Barcelona y de la existencia de la orden de Thule para crear una historia ambientada en 2003 en la que una historiadora recibe una llamada de su amante que le informa que ha encontrado unos documentos en alemán que podrían ser valiosos. Cuando la mujer investiga, resultan ser justamente los que le habían robado a Himmler.
Otro de estos títulos inspirados en el robo de la cartera del jefe nazi es El mapa del creador(Roca 2008) en la que el escritor Emilio Calderón da un giro de tuerca más a la historia y, además de nazis, resistencia antifascista y la maleta de Himmler incorpora dos elementos imbatibles: Mussolini y Antonio Vallejo-Nájera Lobón, psiquiatra español afín al nazismo, defensor de la eugenesia y responsable de discutibles experimentos que le valieron el sobrenombre de «el Mengele español».
En la historia de Emilio Calderón, un detenido en el Campo de Concentración de Miranda de Ebro es sometido a extrañosexperimentos por parte de Vallejo-Nájera. Por ejemplo, la extracción del «gen rojo» que, según el médico, es lo que lo ha convertido en un ser antisocial. Enterada de este hecho, Montse, la sobrina del preso, decide robar el maletín de Himmler para chantajear a las autoridades franquistas.
Himmler asiste a un desfile militar en Barcelona (Foto: ANC).
«En cuanto tuve conocimiento del viaje que Himmler tenía proyectado a Barcelona, y cuando pensaba hospedarse en el Ritz, ideé un plan», explica Montse en un pasaje de El mapa del creador y continúa: «hace veinte años, cuando mi tío Jaime se independizó, lo hizo en compañía de una doncella que le cedió mi abuela. Esa mujer, que se llama Ana María, quería a mi tío como a un hijo, aunque las malas lenguas dijeron que entre ellos llegó a existir una relación más profunda. Cuando mi tío se distanció por razones ideológicas de sus hermanos, y las cosas empezaron a irle verdaderamente mal en el aspecto económico, Ana María encontró trabajo como ama de llaves en el Hotel Ritz. Y allí ha trabajado desde entonces. Así que fui a hablar con ella y le conté lo que acababa de descubrir, que mi tío seguía vivo y que estaba siendo utilizado como cobaya de ese médico. Luego le propuse que me entregara una copia de la llave de la habitación que iba a ocupar Himmler y me proporcionara un uniforme de doncella, argumentando que entre los documentos que el Reichsführerguardaba en su maletín se encontraban probablemente algunos relativos a los experimentos que el doctor Vallejo-Nájera estaba llevando a cabo en Miranda de Ebro».
Una vez cometido el robo, Montse viaja con el maletín de Barcelona a Roma con intención de filtrar los documentos a la prensa e informar al mundo entero de la implicación de Franco en estos experimentos, con la esperanza de que se vea obligado a abandonarlos y, de rebote, mantenga su neutralidad en la Guerra Mundial. El problema es que la mujer no entiende alemán y desconoce si su plan podrá llevarse a cabo. De hecho, lo poco que ella entiende de los documentos es que algunos son planos de Montserrat.
En El mapa del creador Emilio Calderón se hace también eco de la versión más extendida de la historia, pero nada impedía que hubiera optado porque los documentos fueran relativos a una base de submarinos en el Maresme o un aeródromo de ovnis en el Tíbet. Como decía José Calvo Poyato a Europa Press cuando presentó La orden negra: «Se ha especulado mucho acerca de este robo, pero lo cierto es que no se ha averiguado nada, por lo que he tenido toda la libertad del mundo para poder imaginarme lo que pasó».
Más de 130 políticos, artistas y
periodistas exigieron hoy la "inmediata puesta en libertad" de Julian
Assange "por razones humanitarias y de cumplimiento de los principios de
un Estado de derecho", al tiempo que subrayaron la necesidad de
preservar la libertad de prensa.
En una rueda de
prensa en Berlín, el impulsor de esta iniciativa, el periodista de
investigación encubierta Günter Walraff, afirmó que el fundador de
WikiLeaks "no puede esperar un juicio en Estados Unidos ni un proceso de
extradición en Reino Unido acordes con un Estado de derecho".
Agregó que está siendo obstaculizado en los preparativos
de su defensa y recordó que el relator especial de Naciones Unidas Nils
Melzer había confirmado que Assange mostraba signos de haber sido
sometido a tortura psicológica.
El exministro de
Exteriores alemán Sigmar Gabriel declaró, por su parte, que según sus
parámetros Reino Unido y Estados Unidos son Estados de derecho, pero que
"por razones políticas" en este caso "aparentemente no hay garantías de
un proceso" que respete los principios elementales.
Agregó que no se trata de si Assange incurrió en un delito, sino de que
"en las actuales condiciones no puede hacer uso de los derechos
elementales de todo acusado", es decir, "no puede preparar físicamente y
mentalmente y con ayuda de sus abogados una defensa adecuada" y para
ello, dijo, "debe ser puesto en libertad".
Por otra
parte, Walraff señaló que el objetivo es hacer entender a la gente que
no se está hablando solo de la defensa del propio Assange, sino "también
de la defensa de la libertad de opinión y de prensa y, en consecuencia,
también de la democracia misma".
Advirtió que "si
por destapar crímenes de Estado, periodistas, denunciantes y medios
tienen que temer en un futuro la persecución, la encarcelación o incluso
por su vida, el cuarto poder está más que en peligro".
Entre los firmantes del llamamiento a la liberación de Assange se
encuentran diez exministros, -entre ellos tres de Justicia, subrayó
Walraff-, representantes de partidos políticos, escritores como Elfride
Jelinek, Eva Menasse y Eugen Ruge, y periodistas, así como cuatro
organizaciones.
Assange se encuentra a la espera del
resultado del juicio de extradición a Estados Unidos en una prisión de
alta seguridad londinense, donde permanece encarcelado desde abril
pasado, después de ser sacado por la policía británica de la embajada de
Ecuador donde había recibido asilo durante siete años.
lustración del vector. mapa esquemático del gasoducto submarino en el Mar Báltico. gasoducto desde Rusia a Alemania
Desde que Estados Unidos volvió a ser país exportador de petróleo
(había dejado de serlo en 1971) y necesita un mercado donde vender ese
petróleo producido con la onerosa técnica del fracking, encontró
en las sanciones una manera de manipular artificialmente los mercados a
su favor, desestabilizando los principales países productores como
Venezuela, Irak, Irán o Libia e imponiendo obstáculos al suministro
físico de gas ruso. Rusia es el único gran productor al que no se atreve
a provocar, pero trata de hostigarlo con el juego de las sanciones al
igual que a Irán y Venezuela. Las sanciones que aplica Estados Unidos
unilateralmente parecen más un modo de desviar a su favor la competencia
comercial que castigos por supuestas infracciones de las normas
internacionales de buena conducta.
Unas normas internacionales arbitrarias
Normas sobre las cuales Estados Unidos se ha atribuido las funciones de legislador, juez y parte, gendarme y carcelero.
Esos abusos están sostenidos por la supremacía del dólar americano como
divisa de referencia en las transacciones y pagos internacionales. Ese
privilegio le da el control de los circuitos y mercados financieros.
Cuando Estados Unidos dejó de ser el principal exportador (¿o
reexportador?) de petróleo en el año 1971, su balanza comercial se
volvió negativa y por ello no pudo mantener el patrón oro del dólar al
que se había comprometido en Bretton Woods. Cuando abandonó el patrón
oro esa moneda habría sido rechazada como medio de pago de referencia,
si continuó siéndolo fue porque Venezuela y los países petroleros del
Cercano Oriente en la OPEP decidieron aceptar solamente dólares
estadounidenses como medio de pago. Fue así como los países industriales
que abastecían el mercado estadounidense continuaron exportándolo
porque los dólares que recibían, aunque sin un valor intrínseco, les
servían para comprar petróleo.
La Unión Soviética nunca tuvo la
relevancia en el mercado energético que tiene ahora Rusia y dejó hacer.
El gran exportador era entonces Arabia Saudí, una monarquía socialmente
medieval que depende de Estados Unidos para mantenerse.
La
Unión Europea es la mayor economía del mundo y el mayor mercado
energético. Como Estados Unidos la ocupa militarmente desde 1945 y tiene
muchos medios de presión que usa para exportarle de nuevo energía (en
forma de oneroso gas licuado) es obvio que aspira a ser un suplidor
monopólico, por ello la destrucción de Libia en cuanto se asomó la
posibilidad de un gasoducto submarino a Italia con exportaciones pagadas
en euros o dinares oro. Ese propósito monopólico está detrás de las
sanciones contra quien compre petróleo a Irán o de las sanciones que
impone a las empresas que construyen el gasoducto submarino por el
Báltico conocido como North Stream para proveer de energía rusa barata y
limpia al corazón industrial de Europa. Las ventajas para Alemania son
tan obvias que ni siquiera una títere de Estados Unidos tan servil como
Merkel se ha atrevido a ignorarlas.
La semana pasada Putin y Erdogan inauguraron el Turk Stream,
un gasoducto submarino de 1.000 kilómetros desplegado por el suelo del
mar Negro que lleva gas natural ruso a Turquía, desde donde se llevará a
Bulgaria, Serbia y Hungría, con pago de un peaje a Turquía que parece
cada vez más independiente de Washington y vinculada a Rusia. Tal vez en
Washington comprendan finalmente que la geopolítica tiene imperativos
de vecindad que son inalterables.
Esta nueva década comenzó con
una novedad importante, el día 4 de enero de 2020 la Bolsa de Shanghái
comenzó a vender contratos de petróleo a futuro denominados en renmimbis
(yuanes) lo cual es una clara amenaza a la base petrolera exclusiva que
sustenta el dólar estadounidense como moneda de referencia en los
intercambios internacionales.
Hay muchos indicios de que esta nueva década traerá consigo un mundo multipolar más estable y equitativo.
Todas las imágenes son de Poetic Kinetics
Es imprescindible buscarle la luz a la
vida y llenarla de color en el sentido que sea, en el literal y en el
figurado y, sobre todo, si es para conmemorar el final de ciertos
episodios grises que tiñeron nuestra historia de oscuridad.
La noche del 9 de noviembre de 1989 caía el Muro de Berlín,
ese "muro de la vergüenza" que mantuvo divida a la ciudad de Berlín
durante 28 años, fue símbolo de la Guerra Fría y fue uno de los iconos
más fuertes de nuestra historia reciente.
Este año se celebra el 30 aniversario de la caída del Muro y de entre
todos los actos, homenajes y actividades que se han realizado para
celebrar la unión de un pueblo que estuvo separado por cemento e
ideales, destaca una instalación urbana a todo color.
Esta
intervención urbana, que es puro arte en movimiento, consta de 120.000
cintas de colores que flotan sobre la antigua ubicación de esta
histórica construcción y ha sido diseñada por Patrick Shearn y su equipo Poetic Kinetics.
Poetic Kinetics, como su nombre indica, buscan la opesía en la
cinética y, con este principio, este equipo experimental crea un arte
inmersivo en el que se reúnen una variedad de disciplinas para formar
una experiencia creativa única, inesperada y poco convencional.
Esta "escultura" en movimiento que simboliza la paz y la unión, está instalada en la Puerta de Brandeburgo y, la cuarta parte de sus cintas reflectantes, llevaban escritos mensajes de recuerdo, deseo y esperanza.
"Visions in Motions" ha sido parte de la Semana del
Festival de Berlín, que tuvo lugar del 4 al 10 de noviembre y, ahora
también ha pasado a formar partes de los recuerdos y la memoria de todos
aquellos que creen en la unión y en remar en una sola dirección.
En una moción aprobada por 39 votos a favor y 29 en contra, el consistorio reconoce que la ciudad tiene un serio problema con la extrema derecha y se compromete a reforzar la cultura democrática. Se trata de una resolución inédita, aunque el avance del neonazismo al que se enfrenta Alemania se aprecia no sólo en las estadísticas del país, sino también en las urnas.
"Las
actitudes y acciones antidemocráticas, antipluralistas, misantrópicas y
de los extremistas de ultraderecha, incluida la violencia, ocurren con
mayor frecuencia" recoge la resolución, que contó con el apoyo de todos
los partidos, salvo Alternativa para Alemania (AfD) y la Unión
Cristianodemócrata (CDU).
El voto de Alternativa para Alemania
fue consecuente, en tanto que la moción apunta directamente a su
electorado. La CDU, partido de la canciller Angela Merkel, habló de "mera política de símbolos" y de "errores semánticos".
"Desde nuestro punto de vista, todo esto es provocación", declaró el líder de la CDU en Dresde, Jan Donhauser.
"Estado
de emergencia significa colapso o seria amenaza contra el orden público
y esta circunstancia no se da. No se justifica. Nosotros somos los
guardianes de los pilares y no violencia del orden liberaldemocrático,
independientemente de dónde venga ese extremismo", destacó Donhauser y
añadió que la "vasta mayoría de los habitantes de Dresde no son ni
extremistas de derecha ni antidemocráticos".
Y sin embargo, la ciudad de Dresde siempre ha estado relacionada con la extrema derecha.
Desde principios de los años noventa, grupos neonazis se congregan aquí
para recordar lo que ellos denominan "bombas del Holocausto" en
referencia al ataque aéreo perpetrado por la aviación británica y
estadounidense en 1945, cuando la II Guerra Mundial ya estaba zanjada.
Con la crisis de los refugiados que estalló en el año 2015, Dresde se convirtió en la semilla de Patriotas contra la Islamización de Occidente (Pegida).
El movimiento, que llegó a reunir en sus manifestaciones de cada lunes a miles de personas, está liderado por Lutz Bachmann, quien ha sentenciado en repetidas ocasiones por delitos relacionados con la exaltación del odio y uso de eslóganes nazis.
Las marchas de Pegida son, cinco años después, casi residuales, pero sus vínculos con Alternativa para Alemania siguen intactos, especialmente los que mantiene con el ala más radical del partido.
El líder de esta corriente, Björn Höcke,
ha viajado en repetidas ocasiones desde el vecino estado de Turingia ,
también en lo que antes era la Alemania comunista, para sumarse a las
manifestaciones de Pegida.
Puede que la declaración de "emergencia nazi" no vaya más allá del simbolismo pero en política importan los gestos.
La
declaración apela a las autoridades municipales y organizaciones de la
sociedad civil a favorecer la cultura democrática y a proteger a las
minorías y víctimas de la violencia de la extrema derecha. Llama además a
poner el foco "en las causas y consecuencias del antisemitismo, racismo
y la extrema derecha, y destaca la importancia de restaurar la
confianza en las instituciones democráticas, la defensa de la diversidad
y la solidaridad".
En palabras de Max Aschenbach,
líder de El Partido, precursor de la resolución, "la lucha contra la
extrema derecha comienza en el momento en el que las autoridades
reconocen que hay un problema. Y Dresde tiene un problema con los
nazis".
Una historia de amor: danza, vestuario, celos… y un trágico final.
Se podría decir
que la colaboración artística entre Lavinia Schulz y Walter Holdt fue
una especie de estrella fugaz del expresionismo alemán. Toda su
producción, que ocurrió entre 1919 y 1924, en Hamburgo, resultaría en
algunos de los vestuarios y coreografías más excéntricos del siglo XX
—además de un asesinato y un suicido.
Schulz y Holdt ganaron reconocimiento por
sus extravagantes creaciones, que incluían atavíos y máscaras de
apariencia salvaje, primitivista, expresionista, confeccionados y
diseñados por ellos mismos; también fueron los autore de coreografías
indiscutiblemente únicas y avanzadas para su época (como lo fueel ballet de la Bauhaus, que anticipó la ciencia ficción).
Éstas gravitaban entre lo grotesco, lo cómico y lo dramático e incluían
saltos, extraños movimientos de rodillas, arqueos y giros diagonales,
muchas veces en espiral —una estética dancística completamente
revolucionaria y tocada por su contexto, la miseria y violencia del
periodo entre guerras. Su música era compuesta, generalmente, por Hans
Heinz Stuckenschmidt.
En sus inicios, las creaciones de la pareja respondían a
la estética del expresionismo alemán, pero luego desarrollaron un estilo
propio, ciertamente único. Con respecto a esto, Schulzexplicó alguna vez:
“el expresionismo no es la solución, el expresionismo trabaja con
máquinas e industria”, y aseguraba que el arte debía expresar lucha:
ella concebía sus coreografías como metáforas móviles de la violenta
lucha del cuerpo femenino por controlar y dominar el espacio y el vacío.
Los vestuarios de la pareja de Hamburgo son intrigantes y
extraños (casi tanto como lo fueron ellos): parecieran extraños robots,
personajes que encarnaron la estética de la Bauhaus. Si entendemos al
expresionismo como una reacción al impresionismo, como un movimiento
heterogéneo que priorizaba las emociones, los sentimientos y, en
resumen, la subjetividad, su arte fue tocado medularmente por él, antes
de alejarse radicalmente hacia su propio lenguaje.
Y es que desde sus inicios, la pareja creó desde esa
radicalidad que siempre mantuvo y que permeó incluso su vida personal.
Así como sus vestuarios y máscaras fueron producidos con materiales
recuperados (cartón, alambre o telas), Schulz y Holdt vivían en un
departamento minúsculo y extremadamente rudimentario: no tenían agua
caliente y dormían sobre paja. Vivían en extrema pobreza y eso era parte
de su ideología. Desde su espacio de habitación y trabajo, se dedicaron
a diseñar y confeccionar sus trajes, máscaras y danzas, al grado de
vestir durante el día medias grises para así poder desarrollar sus
coreografías al tiempo que producían sus disfraces.
Además de su intensa vida artística, la relación
sentimental de Schulz y Holdt —que se conocieron en el mundo de la danza
y se casaron en 1920— fue dramática y conflictiva. Los celos los
llevarían a un trágico final: en 1924, después de un ataque de celos por
una supuesta infidelidad, Schulz disparó a Holdt hasta matarlo, para
después quitarse la vida frente de su hijo de un año de edad.
Existieron, en su caso, una serie de factores (históricos, emocionales,
mentales, sociales, económicos) que generaron las condiciones para que
esta pareja se sumergiera en un mundo paralelo, concibiendo ideas y
movimientos que dieron como resultado maravillosas obras de arte.
En 1924, la pareja fue retratada portando sus vestuarios
por la fotógrafa alemana Minya Diez-Dührkoop —un personaje singular en
sí mismo— y, tras la muerte de ambos, las fotografías fueron donadas al
Museo de Hamburgo. Décadas después, en 1989, sus trajes fueron
redescubiertos y puestos en exhibición. Las imágenes de Schulz y Holdt
son parte del dominio público y pueden descargarse en elarchivo digital del museo