miércoles, 31 de julio de 2019

Balancines sobre el muro de México

 
Ronald Rael, un profesor de Arquitectura en la Universidad de Berkeley, ha diseñado estos balancines que se han incrustado en algunos tramos de la frontera con México. Familias a ambos lados de la valla acuden a esta zona de Ciudad Juárez para que los niños jueguen. En la imagen, una madre, con sus hijas.
Ronald Rael, un profesor de Arquitectura en la Universidad de Berkeley, ha diseñado estos balancines que se han incrustado en algunos tramos de la frontera con México. Familias a ambos lados de la valla acuden a esta zona de Ciudad Juárez para que los niños jueguen. En la imagen, una madre, con sus hijas. AP
Miembros de la policía militar mexicana patrullan entre los niños y los adultos que acuden a la valla fronteriza para jugar, en Ciudad Juárez.
Miembros de la policía militar mexicana patrullan entre los niños y los adultos que acuden a la valla fronteriza para jugar, en Ciudad Juárez. AP
El presidente estadounidense recurrió a la declaración de emergencia nacional en la frontera, una situación excepcional que le permite disponer de fondos presupuestados para otros fines y así esquivar el acuerdo con el Congreso, que no le concede recursos públicos para la valla. Trump puede disponer de 2.500 millones previamente asignados a un programa de narcóticos del Departamento de Defensa. En la imagen, varios niños juegan a ambos lados de la frontera.
El presidente estadounidense recurrió a la declaración de emergencia nacional en la frontera, una situación excepcional que le permite disponer de fondos presupuestados para otros fines y así esquivar el acuerdo con el Congreso, que no le concede recursos públicos para la valla. Trump puede disponer de 2.500 millones previamente asignados a un programa de narcóticos del Departamento de Defensa. En la imagen, varios niños juegan a ambos lados de la frontera. AP
El Gobierno mexicano afirma que sin su cooperación llegarían este año 250.000 migrantes sin papeles a territorio estadounidense. En la imagen, una madre y su hijo juegan junto a la valla en Ciudad Juárez.
El presidente estadounidense recurrió a la declaración de emergencia nacional en la frontera, una situación excepcional que le permite disponer de fondos presupuestados para otros fines y así esquivar el acuerdo con el Congreso, que no le concede recursos públicos para la valla. Trump puede disponer de 2.500 millones previamente asignados a un programa de narcóticos del Departamento de Defensa. En la imagen, varios niños juegan a ambos lados de la frontera. AP
El proyecto de muro que quiere Trump, y que fue su gran promesa electoral de 2016, requiere una inversión de 21.000 millones de dólares, que el Congreso de Estados Unidos se niega a autorizar, ya que muchos de los republicanos son contrarios. En su día, el magnate neoyorquino aseguró que México se haría cargo del coste, algo que el país vecino ha rechazado siempre.
El proyecto de muro que quiere Trump, y que fue su gran promesa electoral de 2016, requiere una inversión de 21.000 millones de dólares, que el Congreso de Estados Unidos se niega a autorizar, ya que muchos de los republicanos son contrarios. En su día, el magnate neoyorquino aseguró que México se haría cargo del coste, algo que el país vecino ha rechazado siempre. AP

Fuente: https://elpais.com/elpais/2019/07/29/album/1564392988_733199.html?id_externo_rsoc=TW_CC#foto_gal_6

Si esto es un hombre

El escritor italiano Primo Levi Credit Mencarini Marcello/Agence France-Presse — Getty Images

Los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:
   Considerad si es un hombre
   Quien trabaja en el fango
   Quien no conoce la paz
   Quien lucha por la mitad de un panecillo
   Quien muere por un sí o por un no.
   Considerad si es una mujer
   Quien no tiene cabellos ni nombre
   Ni fuerzas para recordarlo
   Vacía la mirada y frío el regazo
   Como una rana invernal.
Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle,
Al acostaros, al levantaros;
Repetídselas a vuestros hijos.
   O que vuestra casa se derrumbe,
   La enfermedad os imposibilite,
   Vuestros descendientes os vuelvan el rostros.

Primo Levi

Eso era un hombre: el centenario de Primo Levi

El cigarrillo de John Reed

El cigarrillo de John Reed

 La imagen es viejo celuloide en blanco y negro, con ese grano grueso y el movimiento demasiado rápido de las imágenes rancias. La magia de Einsenstein fijó para siempre, indeleble, la reconstrucción de aquel amanecer: octubre de 1917. Por la pantalla del televisor desfilan fusiles, bayonetas, rostros tensos; marineros y soldados barbudos, feroces e ingenuos a un tiempo, dispuestos a cambiar sus vidas y cambiar la Historia. Hay disparos, humo, carreras, hombres que gritan silenciosamente con la boca abierta y desgarrada, sablazos, banderas que flamean frenéticas, abrazos de camaradas, pobieda Tovarich, de enemigos que dejan de serlo, y también saña de adversarios que se matan a bocajarro, irreductibles hasta el final.

Oprimo el pulsador del vídeo y la imagen se congela en la pantalla. Un campesino ruso, un mujik con gorro de lana y un capote militar hecho harapos, es alcanzado por un disparo de las tropas leales a Kerenski. Cae sin soltar su fusil, y en el suelo, con las últimas fuerzas, aún se vuelve hacia la cámara para gritar algo que el cine mudo no llega a recoger. Grito crispado y final, cuya interpretación queda a cargo de cada uno. Quizá dice «adelante, camaradas», o «todo el poder para los soviets», que seguramente era el texto ajustado al guión.

Aunque, puestos a establecer libres interpretaciones, se puede creer que el ruso moribundo grita lo que le da la gana. «Ivanka, Ivanka», por ejemplo, llamando a su mujer o a su hija, que arrancan patatas de un suelo helado esperando su regreso lejos de allí, en una miserable isba de adobe. O quizá el agonizante mujik se encara con Einsenstein y con la Posteridad para espetarles un sonoro insulto en buen ruso popular. Algo del tipo: «Para qué todo esto», o quizá: «Podéis iros todos al diablo.»


La Historia de la Unión Soviética abarca 74 años en el calendario. Como el resto de los acontecimientos que la precedieron, y como todos los que vendrán después, ocupa ahora su lugar exacto; una pequeña parte en el discurrir general del mundo, del tiempo y de la vida. Y como todas y cada una de las aventuras emprendidas por el ser humano, se resume en un inmenso cementerio; un largo camino lleno de vueltas y revueltas, subidas y bajadas, donde los hombres van dejando tras de sí una interminable sucesión de fantasmas. A fin de cuentas, la Historia con mayúscula no es sino la suma de las historias, con minúscula, de todos los hombres y mujeres cuyas tumbas jalonan los años y los siglos. Bajo ese bosque de estelas y cruces duermen el heroísmo, el amor, la esperanza, la generosidad, la abnegación y todas aquellas incorpóreas materias de las que están hechos los sueños.

Acerquémonos un instante, el oído atento, a ese bosque de túmulos; recorramos ese camino singular que se pierde en la distancia. Entre sus brumas, como Eneas ante los guerreros troyanos que vagan impasibles por las orillas del infierno, veremos pasar a legiones de espectros. El mujik que mira desde hace tres cuartos de siglo a la cámara de Einsenstein pasa ante nosotros con el mismo grito, idéntico gesto impreso para siempre en el rostro. «¿De qué sirvió?», preguntan quizá sus ojos desorbitados por el combate y la pólvora, las últimas sensaciones del mundo de los vivos que arrastró consigo antes de hundirse en la nada.

Sigamos atentos. Pasan ahora los espectros de los marinos de Kronstadt, ceñudos y hoscos. Los hombres que se sublevaron para correr a sus casas y estar allí cuando se repartieran las tierras del zar y de los señores. Pasan arrastrando las esperanzas muertas igual que arrastran sus harapos y sus heridas, precediendo a los camaradas de las flotas del Báltico y del Mar Negro, a los hermanos del Potemkin, a los civiles muertos en la escalera de Odesa, en los muelles del Neva, en los puentes de San Petersburgo. A los revolucionarios asesinados por la policía secreta del zar, la Ochrana, en las cárceles y en el extranjero. Hay un rumor que surge de la fila interminable, muy parecido a una canción en voz baja, casi entre dientes, acompasada con el arrastrar de los pies —envueltos en trapos, botas descosidas, jirones de tela y piel— sobre el suelo frío y duro del camino.


Escuchamos después un sonido sordo, apagado. El ruido de cascos de caballos que se acercan entre la niebla. Se perfilan ahora, en el gris sucio del atardecer interminable, las siluetas de los jinetes de Budienny, de la caballería roja, la de las cargas heroicas y la leyenda. Pero no cabalgan solos. Tras ellos, sobre las osamentas de sus corceles, pasan ahora los fantasmas sombríos de los cosacos y los jinetes de los ejércitos zaristas de Wrangel, la infantería que trazó con sangre la última retirada en Crimea, el barón Ungern y sus últimos soldados blancos de Manchuria. El zar Nicolás, a pie desde Ekaterinburgo, lleva en brazos el cuerpo inerte del zarevich Alexis; lo siguen silenciosas la zarina Alejandra, Olga, Tatiana, Marina y Anastasia. Los acompañan sus verdugos y la multitud interminable de hombres, mujeres y niños que murieron de hambre y frío aquel invierno de 1918 y los muchos inviernos que siguieron, tan parecidos a los muchos inviernos que vendrán.

Silencio ahora; llegan nuevos espectros. Son los contrarrevolucionarios fusilados, torturados, deportados a Siberia o extinguidos en las cárceles soviéticas, en nombre de la construcción de la fraternidad humana, de la guerra sin piedad en la que es necesario aniquilar al hombre para liberar al hombre. Fantasmas pálidos y callados, padres e hijos de la revolución devorados por ella. Los purgados por Stalin, el tiro en la nuca y el gulag. Los del exilio, perseguidos y muertos uno tras otro. Trostky se perfila en la bruma; camina grave, inclinada la cabeza, escuchando a Ramón Mercader, que expone sus razones. Y John Reed se detiene a encender un cigarrillo recostado en la muralla del Kremlin mientras se pregunta si, realmente, aquellos diez días estremecieron al mundo.

Pasan así unos y otros, y entre ellos siempre hay mujeres que buscan a sus maridos e hijos entre los muertos o los prisioneros, chiquillos que lloran asustados, ancianos que se sientan, exhaustos, a un lado del camino; carniceros que les acercan el cañón de una pistola a la sien. Fijaos también en esos niños de cráneo rapado, ojos grandes y tristes, que llevan colgadas al cuello sus fichas policiales: hijos de contrarrevolucionarios ejecutados, sometidos en sus orfanatos a vigilancia y reeducación especial. Les dan la mano los soldados muertos en la Gran Guerra Patria, los héroes de Smolensko, los defensores de Stalingrado, los partisanos ejecutados por los nazis, los soldados rudos e ingenuos que condujeron tanques en Berlín, Budapest, Praga; que fueron descuartizados vivos al caer, prisioneros en las montañas de Afganistán. Vedlos a todos en el mismo camino por el que pasan ahora otros hombres y mujeres amordazados, con la carne desgarrada por las alambradas y las torturas en los sótanos de la Lubianka. Los disidentes, los Sajarovs conocidos y los otros miles sin nombre ni rostro; aquellos de quienes nunca se ocuparon los medios de comunicación occidentales, sepultados en vida en los campos de concentración siberianos, en los manicomios de internamiento forzoso. Y el rumor que dejan tras de sí es el de las voces sometidas al silencio, las canciones nunca cantadas, las palabras que no pronunciaron jamás.

John Reed
John Reed
En ese camino, poblado de siluetas que se dan la mano con otros millones de sombras errantes en el tiempo y la memoria, quedan tras el eco de sus pasos muchas cuestiones sin respuesta. Los rostros graves que forman esa columna, larga de setenta y cuatro años, parecen preguntarnos para qué sirvió todo aquello. Dónde fue a parar el fruto, si es que lo hubo, de tanto sufrimiento, tanto heroísmo, tanto sacrificio. Para qué los muertos, los huérfanos, los cementerios. Y en qué oscura tumba se pudren todos ellos mientras sobre sus huesos, como siempre al cumplirse el plazo que establece la miserable condición humana, chalanean los mercaderes, los tiburones de río revuelto, los oportunistas del estraperlo y la política, los que viven de apropiarse causas ajenas, fabrican himnos, banderas y arengas, y a su conveniencia levantan o destruyen monumentos a la memoria de las pobres sombras que pueblan los desvanes de la Historia.

Y, sin embargo, algo queda de todos ellos. En la senda perdida por la que se alejan, entre la bruma que cubre el paso y las huellas de los rezagados, de tantas víctimas y héroes que jamás pretendieron ser lo uno ni lo otro y, a menudo, fueron ambas cosas a la vez, vibra en el aire como una nota, un eco peculiar, un sentimiento. Junto a lo peor que es capaz de ejecutar el hombre, queda también lo mejor que éste puede dar de sí: la emoción de la esperanza, la abnegación, el ansia de libertad, la solidaridad ingenua y magnífica que late en el corazón humano. No el triunfo que no existió, que nunca existe; sino el espíritu de rebelión y de lucha, la suma de las conciencias y los corajes individuales. Quizá todo no fue más que un inmenso error, una de esas trágicas piruetas que, de vez en cuando, nos depara la cruel rutina de los siglos. Pero no hubo error ninguno en el valor oscuro, enternecedor y anónimo, de quienes en manos de unos o de otros, pero empujados por la fe de un sueño, apretaron los dientes y se pusieron de pie, en su fugaz instante de gloria, para dejarse matar y padecer por la libertad del hombre. De ese hombre al que creyeron necesario salvar, no en el cielo sino aquí, en la tierra.


Mienten como bellacos quienes afirman que tanto sacrificio fue inútil, que todo se derrumbó con las estatuas y los símbolos. Entre sus pedazos permanece intacto lo que de verdad sobrevive a cada revolución, a cada sueño condenado al fracaso. Aunque sobre los tronos demolidos con sangre honrada se alcen, tarde o temprano, nuevos canallas y nuevos tiranos, siempre quedará aquello de lo que es capaz el corazón del hombre cuando se rebela y lucha. Y en la huella de todos esos pobres fantasmas olvidados resonará, eternamente, el aldabonazo terrible que dieron en la puerta cerrada de la Historia. En Rusia nunca habrá otro zar; y quien pretenda dormir en su cama nunca dormirá del todo tranquilo. Tal vez eso decía el grito silencioso del mujik agonizante, aquel 17 de octubre en la ciudad que hoy se llama, de nuevo, San Petersburgo.

Más información: https://www.zendalibros.com/el-cigarrillo-de-john-reed-perez-reverte/#.XUE6N-rQrzM.twitter

martes, 30 de julio de 2019

Imeno


Miguel III; moneda del siglo IX. Museo Británico


"... Deben amarse sobre todo
los mórbidos placeres de la corrupción;
encontrar el cuerpo que siente como desea,
el que en su morbosidad y su desenfreno ofrezca
un verdadero goce erótico, desconocido para la normalidad..."


Konstantino Kavafis


Extracto de una carta
del joven Imeno (de familia patricia), famoso
en Siracusa por su libertinaje,
en los lujuriosos tiempos del tercer Miguel.



(Debe referirse a Miguel III el Borracho. Bajo el imperio de este iconoclasta, Bizancio perdió Siracusa -878- y toda Sicilia, a excepción de Taormina)

Chiapas: supervivientes de tortura llevan desde marzo en huelga de hambre

Desde el pasado 15 de marzo un grupo de indígenas presos en el Estado de Chiapas se mantiene en huelga de hambre. Denuncian graves vulneraciones de sus derechos humanos desde su detención. Su delito, ser pobres y firmar su culpabilidad bajo tortura

presos chiapas
Concentración de familiares y compañeros de los presos en huelga de hambre, 18 de julio. Carlos Soledad
 Presos indígenas recluidos en cárceles de Chiapas, Adherentes a la Sexta Declaración del EZLN, luchan contra el sistema penitenciario mexicano. Acumulan más de 130 días en huelga de hambre. Su vida se encuentra en grave peligro y algunos de ellos ya muestran daños irreversibles. El 15 de marzo decidieron iniciar esta acción para visibilizar la grave injusticia que los mantiene presos. Su delito, ser pobres y firmar su culpabilidad bajo tortura. Se trata de un claro ejemplo de cómo el depravado sistema capitalista se ceba con los más vulnerables, con aquellos que no tienen dinero para comprar su libertad y no tienen otra opción que el olvido o arriesgar su propia vida.

Las personas que optaron por la huelga de hambre son indígenas que denuncian “detenciones arbitrarias, torturas, faltas al debido proceso, prisión preventiva por periodos desorbitados y lamentables condiciones de vida dentro de la cárcel”. Además de su libertad, con esta acción exigen que se investigue la tortura y que se generen las condiciones para que estos crímenes no se vuelvan a repetir. En todo este proceso han contado con el apoyo del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (Frayba), que ha documentado sus testimonios de tortura y prestado acompañamiento legal.

Desde mediados de abril el secretario de gobierno, Brito Mazariegos, abrió una mesa de diálogo y asumió compromisos para resolver la situación de los 13 presos que iniciaron la huelga. Pero tres meses después no ha habido revisión de sus expedientes y procesos legales, ni tampoco se han garantizado las condiciones mínimas para la realización de su protesta. Un ejemplo de ello es que en el penal no les están brindando una atención médica adecuada que permita monitorear su verdadero estado de salud. En palabras de los presos “el Gobierno quiere vernos en caja de ataúd, no tiene interés absoluto en nuestras vidas”.

La estrategia de desgaste desplegada por el Gobierno chiapaneco ha intentado desanimar a presos y familias a través de falsas promesas y ningún avance. Sin embargo, cuatro presos continúan en huelga de hambre al grito de “libertad o muerte”: Adrián Gómez Jiménez y Juan de la Cruz Ruiz de “La Voz de Indígenas en Resistencia”, German y Abraham López Montejo de “La Voz Verdadera del Amate” en el penal en San Cristóbal de las Casas; así como Marcelino Ruiz y Baldemar Gómez de “Viniketik en Resistencia” se mantienen en ayuno parcial en el penal de Comitán.

Después de cuatro meses de acción los huelguistas siguen en su pequeño campamento en el jardín del área de enfermería del penal de San Cristobal de las Casas. Resistiendo la lluvia bajo unas lonas en precarias condiciones de higiene, también luchan contra la enfermedad con la poca energía que todavía retienen sus cuerpos. Los días que se les niega el acceso al agua potable, deben comprarla o beberla contaminada directamente del grifo. Los medicamentos que requieren en sus diversas hospitalizaciones, también corren a cargo de sus bolsillos. Las autoridades pretenden dar una vuelta de tuerca más al desgaste económico de los presos y sus familias, pero no logran hacerlos desistir de la acción.

El pasado 18 de julio, familiares y organizaciones acompañantes, denunciaron públicamente la indiferencia institucional ante las puertas del palacio de justicia en Tuxtla: “Podemos denunciar y afirmar con rotundidad que hay todo tipo de irregularidades dentro de sus expedientes que serían de facto motivo para la libertad directa e inmediata… todos estos datos están en manos del gobierno desde hace casi 2 meses”.

Ante esta situación, y cansados ya de falsas promesas que los empujan a la muerte, los presos exigen estar presentes en la próxima mesa de diálogo. ¿Accederá el gobierno a realizar la próxima reunión en el penal? Esta es ya la última oportunidad de las autoridades para asumir sus compromisos antes de lamentar una muerte, o cuatro muertes, que pueden convertirse en todo un símbolo de dignidad frente al clasismo y racismo imperante en el sistema de justicia mexicano.

El Frayba ha habilitado en su página electrónica un mecanismo de firmas para apoyar a los presos. Poco tiempo nos queda como sociedad civil para actuar. Bien entrado el siglo XXI y con un recién gobierno mexicano que se dice de izquierdas, es un imperativo moral la revisión de sus casos, para una inmediata libertad absolutoria. Resulta muy adecuado recordar la famosa frase del sudafricano Desmond Tutu, laureado con el Premio Nobel de la Paz por su lucha contra el Apartheid en 1984 “Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor".

 Fuente: https://www.elsaltodiario.com/mapas/chiapas-supervivientes-de-tortura-llevan-desde-marzo-en-huelga-de-hambre

30 de julio, Día Mundial contra la Trata: la vergonzosa indiferencia


explotacion-sexual Hoy, 30 de julio, es el Día Mundial contra la Trata, y es importante destacar que los gobiernos no están haciendo lo suficiente para acabar con esta lacra y la mayoría de la sociedad no es consciente de la magnitud del problema: entre 2003 y 2016 se registraron 225,000 víctimas.


Aproximadamente el 72 % de las víctimas registradas de la trata son mujeres y niñas, mientras el porcentaje de niños que son víctimas de este delito se ha duplicado con creces entre 2004 y 2016, según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.
La mayoría de las víctimas son objeto de explotación sexual, pero hay otras formas de abuso, entre ellas los trabajos forzosos o, en el caso de los niños, el alistamiento como soldados en contra su voluntad.

Las políticas xenófobas y restrictivas de la migración, junto con la criminalización de los migrantes, así como de las organizaciones e individuos que suministran ayuda humanitaria, son incompatibles con una actuación eficaz contra el tráfico de personas» y, por el contrario, la fomentan.

La guerra, el cambio climático, los desastres naturales y la pobreza exacerban la vulnerabilidad y la desesperación que permiten que el tráfico de personas prospere, pero la indiferencia ante el abuso y la explotación que nos rodean también se cobra numerosas víctimas. Desde el sector de la construcción al de la producción de alimentos o de bienes de consumo, incontables negocios y empresas se benefician de la miseria.

Los migrantes están en el punto de mira. Miles de personas han perdido la vida en el mar, en los desiertos, en centros de detención, a manos de traficantes que ejercen un monstruoso y despiadado oficio”, ha asegurado el Secretario General de la ONU.

El titular de la ONU destaca que los traficantes y los grupos terroristas se aprovechan precisamente de las personas vulnerables y recordó que Nadia Murad, la primera víctima de trata en ser Embajadora de Buena Voluntad de las Naciones Unidas, recibió con justicia el Premio Nobel de la Paz en 2018 por catalizar la acción internacional para acabar con la trata y la violencia sexual en los conflictos.

lunes, 29 de julio de 2019

Bill Maudin, el soldado que relató su lucha contra los nazis en cómics que subían la moral de sus compañeros

Era lo único que no censuraba el ejército americano, la viñeta de Bill Maudin. Chistes que se mofaban de la disciplina, que enervaron a Patton, que mostraban lo dura que era la vida en el frente, pero que servían para que los soldados se desahogasen echándose unas risas. Maudin desembarcó en Sicilia y recorrió Francia, Bélgica, Luxemburgo y Alemania relatando la vida de sus compañeros. A los 23 años, recibió el Pulitzer. El cómic también fue a la guerra


 Descendiente de militares, Bill Maudin participó en la Invasión de Sicilia y la campaña italiana que llevó a cabo el ejército estadounidense en la II Guerra Mundial. Sin embargo, su arma era un lápiz. Estaba enrolado en el diario Star and Stripes, el periódico de los militares, donde dibujaba una viñeta cómica sobre Willie y Joe, dos soldados arquetípicos. Fue herido en Monte Cassino por un mortero, pero siguió dibujando, con lo que ganó el Pulitzer al final de la guerra. Su personaje Willie, llegó a aparecer en una portada de la revista Time el 18 de junio de 1945.

Su humor político duró muchos años más, pero su trabajo durante la guerra fue realmente meritorio. Para los soldados, esas viñetas les ayudaban a mantener una moral elevada mientras luchaban contra los nazis y, además, no renunció a sus principios libertarios. En esos chistes criticaba la estúpida disciplina propia del ejército, sobre todo en aquella época, y el mismísimo Dwight Eisenhower tuvo que salir en su defensa tras un escándalo por un chiste que se burlaba de la orden de Patton de que los soldados tenían que estar afeitados el día de la batalla. Él dijo en entrevistas que no quería destruir al ejército, sino reformarlo. Lo cierto es que sus viñetas, que no gustaron a los oficiales, le encantaban sin embargo a los soldados, y por eso sobrevivieron.

Fantagraphics recogió toda su obra sobre estos dos personajes en 2008 en dos tomos titulados Willie & Joe: The WWII Years. Los dos personajes los creó en tiempo de paz, antes de Pearl Harbor, pero él ya estaba haciendo la instrucción de la 45 División de Infantería. Se enroló en las Fuerzas Armadas por la Gran Depresión, veía que no iba a tener posibilidades de ganarse la vida como ilustrador tal y como estaba el panorama. Si se metió luego en el periódico de la división, que acababa de aparecer, fue porque estaba deseando dejar de limpiar letrinas.


Cuando participó en la invasión de Italia, vio morir, salir heridos o ser capturados a la mayor parte de los compañeros de su reemplazo. Eso sumió al dibujante en un estado de tristeza que se manifestó en sus personajes. Estaban llenos de arrugas, con caras de viejo en cuerpos de veinteañeros.

Cuesta entender a veces los chistes, porque están escritos imitando el acento de los barrios marginales y muchas palabras son de jerga propia de los militares rasos de aquel tiempo. Sus "personajes de nariz ganchuda", como él los describió, representaban a la gran cantidad de nativos americanos que había en su unidad, una anomalía dentro del ejército. Combatían segregados, pero en su división no porque era la que más tenía. Maudin era de Nuevo México. En un chiste sobre la contienda, salían dos alemanes diciendo que Dios estaba de su lado, como era el lema del führer, "pero los americanos tienen del suyo a todos los indios".

Gracias a todos los chistes que dibujó mientras pasaba por una experiencia tan traumática como la guerra se pueden comprender ahora fenómenos y sucesos que no ha transmitido la Historia. Por ejemplo, en una viñeta un fotógrafo le decía a un soldado que felicidades, que era el soldado número cien que posaba con una botella de Coca-cola. Otro detalle con intrahistoria lo vemos en una viñeta en la que un soldado alemán hecho prisionero está contando un fajo de billetes y dice: "100 dólares por la Luger, 150 por la cámara, 12 por la Cruz de Hierro, qué maravilla que te capturen los americanos".


Sobre los italianos, se reía de sus uniformes. En una ocasión, un soldado detiene a un hombre con una gorra de plato y lleno de medallas pensando que es un general y resulta que era el jefe de policía. También se mostraba el enfado de los civiles que habían perdido sus casas en bombardeos con el ejército estadounidense.

La campaña italiana no fue en absoluto un paseo para los estadounidenses. Las tropas alemanas eran expertas, el terreno escabroso y la superioridad americana fue neutralizada fácilmente por la wehrmacht. Los soldados llevaron una vida miserable, en unas condiciones climatológicas adversas, escondidos en agujeros durante días o meses. En esa situación, una viñeta sobre su suerte, paradójicamente, les subía la moral.

Los reportajes de la prensa sobre toda esa situación eran cuidadosamente censurados, pero a Star Spalngled Banter, la viñeta de Maudin, la dejaron. Cuando se cuestionaron si era sano para la moral que un cómic criticase la vida militar y la disciplina, hubo oficiales que salieron en su defensa con el argumento de que esos chistes le servían a la tropa para desahogarse y ventilar sus quejas de una manera controlada. 


En un momento dado, Maudin tuvo su propio jeep para moverse entre las líneas y conocer de primera mano la situación en todos los frentes. Después del desembarco de Normandía, estuvo en Francia, Bélgica, Luxemburgo y Alemania siguiendo el avance de sus compañeros. Si una viñeta representó los años que estuvieron aquellos soldados soportando la guerra fue la de uno de ellos, llorando mientras limpia su fusil, y diciéndole: "Te he dado los mejores años de mi vida".

Tras el desembarco, la guerra no fue la misma. Los alemanes dejaron de combatir como en Italia y los americanos avanzaban en un día lo que había tardado meses en recorrer en la península. En la biografía de Maudin que escribió Todd DePastino viene una anécdota que explica la diferencia. El dibujante se perdió con su jeep y acabó en un monasterio, donde los frailes le regalaron botellas de chartreuse. Se quedó muy asombrado, acostumbrado como estaba a la miseria que había visto en Italia. Eso quedó reflejado en sus chistes, donde los civiles ya no aparecían malhumorados y arruinados, sino que se reflejaba un ambiente más festivo y, por supuesto, con botellas por todas partes.

El dibujo que desarrolló durante estos años Maudin llegó a tener una calidad altísima. El agotamiento de los soldados se transmitía perfectamente con sus gestos y, a la vez, las viñetas no estaban exentas de realismo si tenía que dibujar vehículos o edificios. En 1945, con 23 años, le dieron el Pulitzer por todo este trabajo. Nada de eso le ablandó, como civil, se enroló en asociaciones libertarias y comenzó una etapa de humor político. Esos chistes también están recopilados en Fantagraphics con el título de Back Home. La portada es muy elocuente, aparece un veterano durmiendo en un banco de la calle cubriéndose con una pancarta que dice "Bienvenidos a casa, héroes" a modo de sábana. 


Estos chistes son muchísimo mejores que los militares. Maudin ya no tenía ningún corsé y expresó con toda su crudeza la desgracia del soldado que vuelve a casa y se encuentra un mundo que le es ajeno marcado por la hipocresía y la incomprensión, como cuando uno le dice a su mujer que no entiende de qué se queja, que solo ha llevado la misma muda una semana nada más.

Los chistes políticos le valieron otro Pulitzer. Esta vez en 1959, al retratar a Boris Pasternak -el autor de Doctor Zhivago- en un gulag. La URSS no le dejó ir a recoger el Nobel a Suecia. Maudin empezó a colaborar con Sports Illustrated y otros medios acompañando artículos con sus dibujos. Así fue cómo surgió su viñeta más famosa. En 1963, en el Chicago Sun-Times, dibujó a la estatua de Abraham Lincoln llorando tras el asesinato de JFK. Murió en 2003, en la actualidad, una serie de sellos de correos llevan el rostro de sus personajes de guerra.

Motoristas de Hanoi: cuando ser repartidor se convierte en arte circense

El fotógrafo Jon Enoch viajo a Vietman para retratar la proeza de los motoristas de Hanoi capaces de levantar volúmenes inverosímiles de mercancías.

thumb image

La cifra es difícil de precisar. Se dice que en Hanoi, capital vietnamita, se mueven unos 5,2 millones de motos. La población es de 7,5 millones de personas. Solo circula medio millón de coches. Se puede afirmar: las motos han domesticado al ser humano; han construido una ciudad en la que nada funciona sin ellas.

Jon Enoch, fotógrafo de 39 años afincado en Londres, viajó hasta Vietnam para retratar la gran proeza evolutiva de la especie de dos ruedas: su capacidad de transportar cantidades inverosímiles de mercancías.

La de los motoristas de Hanoi parece una habilidad circense, pero no hay ninguna intención recreativa ni exhibicionista: necesitan esa destreza para subsistir y ganarse la vida. Enoch no percibió orgullo malabarista: «La mayoría de motoristas estaban totalmente desconcertados; no entendían por qué me interesaba en ellos y en sus motos».

motos vietnam


Enoch ya conocía estos métodos de carga antes de volar a la ciudad enjambre para ejecutar este proyecto. Había viajado por el sudeste asiático con 20 años y le impresionó ese transportismo sin ley. Años después, un amigo suyo regresó de Vietnam y le recordó los miles de hazañas de equilibrista que sucedían cada día, con total normalidad, sobre el alquitrán asiático.
No era un proyecto original. «El tema se había fotografiado innumerables veces», reconoce. Pero encontró una grieta: la mayoría de imágenes se habían tomado de día y cazando en marcha a los motoristas. Enoch tenía otra idea: hacer posados, injertar una formalidad antinatural en medio del caos y de la prisa.

motoristas de hanoi


Así logró que los rostros expresaran algo diferente: no aparecen en las imágenes absorbidos por su rutina, sino empujados de alguna forma a tomar conciencia de sí. El gesto de sus caras se dirime entre cómo se ven, cómo se quieren mostrar, cómo creen que los ven y quiénes son en ese momento, frente a un occidental con una cámara que no necesita pugnar en la vorágine para alimentarse y que puede permitirse detenerse a observar.
Enoch habló con ellos a través de un traductor, supo que había dos modalidades de motorista: «Repartidores tradicionales que mueven mercancías por la ciudad, como el del hielo o el del agua, y personas que usan su moto como tienda móvil, como el hombre de los peces».

jon Enoch hanoi


tráfico en Vietman


El fotógrafo aterrizó en vísperas de un suceso histórico. Donald Trump iba a reunirse con Kim Jong-un en la ciudad. Los despliegues de seguridad, asegura, no les permitieron curiosear con tanta libertad e hicieron las cosas algo más complicadas. Pero la cantidad compensaba los obstáculos: «Solo en el camino del aeropuerto al hotel, que duró una hora, vimos tantos ciclomotores con cargas enormes que supimos que el proyecto iba a funcionar».

La fascinación de Enoch por los motoristas de Hanoi creció durante el viaje: «Cualquier persona que haya colocado algunas bolsas de la compra en el manillar de su moto o en la cesta sabe cómo afecta el peso a la maniobrabilidad y al equilibrio. El peso de la moto de hielo era increíble. Y estos tipos entran y salen del tráfico. No tengo ni idea de cómo lo hacen».

El  traductor al que contrató también se desplazaba en moto. Callejearon juntos por la ciudad: «Hanoi tiene distritos comerciales muy diferentes: hay calles especializadas en un tipo de mercancía y tiendas que venden únicamente un producto, por eso era habitual ver motos cargadas con una sola cosa», detalla.

repartidores


A lomos del ciclomotor del traductor, el fotógrafo practicaba un casting visual instantáneo y perseguía a los modelos para hablar con ellos. «Llevaban absolutamente de todo. Con bastante frecuencia, estábamos preparando una fotografía cuando aparecía otro motorista con una carga más loca todavía. Vimos huevos, árboles, ladrillos…».

En un artículo para Jot Down, Ernesto Filardi desgranaba algunas razones que explican la multitudinaria masa de vehículos de dos ruedas. El coche es carísimo, no hay metro, el autobús es caluroso y la bicicleta, poco práctica. Filardi refiere el libro Bikes of Burden, donde se explica que la promulgación en 1991 de la ley de Empresas Privadas causó el nacimiento de miles de comercios que iban a depender de las motos para abastecerse. Uno de los grandes motores de la economía de todo el país son esos millones de motores extenuados.

motos hanoi


No obstante, poco a poco, apunta Enoch, conforme asciende la economía vietnamita, se van usando pequeñas furgonetas y coches, aunque las motos siguen reinando. Sin embargo, el Gobierno vietnamita ha planeado eliminar estas mulas a motor del centro de Hanoi para 2030.

Fuente: https://www.yorokobu.es/motoristas-de-hanoi/

domingo, 28 de julio de 2019

Las protestas anti Putin en Moscú dejan 1.400 detenidos

Los manifestantes criticaban la negativa de las autoridades electorales a registrar a 57 candidatos opositores para los comicios municipales de septiembre
Que la manifestación iba a ser reprimida por todos los medios quedó también claro por el intento de las autoridades en los últimos días y las últimas horas de descabezar la protesta con registros en las viviendas y sedes de campaña de varios opositores


Picture of the day. Protestor showing riot police a copy of the Russian constitution
La Policía rusa ha detenido a más de mil personas en una manifestación no autorizada en el centro de Moscú en la que pedían elecciones libres y justas ante la negativa de las autoridades electorales a registrar a 57 candidatos opositores para los comicios municipales del próximo septiembre.

Según el portal OVD Info, especializado en el recuento de detenidos en manifestaciones, han sido detenidas 1.400 personas durante la protesta, si bien la Policía únicamente ha reconocido 295 arrestos, de acuerdo con la agencia Interfax.

Que la manifestación iba a ser reprimida por todos los medios quedó claro no solo por las duras advertencias en la víspera de la Policía y este mismo sábado del alcalde, Serguéi Sobianin, sino también por el intento de las autoridades en los últimos días y las últimas horas de descabezar la protesta con registros en las viviendas y sedes de campaña de varios opositores.

El principal líder de la oposición extraparlamentaria, Alexéi Navalni, fue detenido el pasado día 24 y cumple un arresto de 30 días por llamamientos a participar en la manifestación.

Incluso antes del inicio de la protesta fueron detenidos varios candidatos opositores a las elecciones locales cuyas candidaturas fueron rechazadas por la comisión electoral, entre ellos Dmitri Gudkov, antiguo diputado; Iván Zhdanov, director del Fondo de Lucha contra la Corrupción de Navalni, y Yulia Galiamina.

También fue detenida Liubov Sóbol, estrecha colaboradora de Navalni y actualmente en huelga de hambre por la decisión de las autoridades de no inscribirla como candidata a las elecciones municipales del próximo 8 de septiembre.

Las autoridades maniobraron desde el principio para impedir la manifestación de este sábado, después de que a la del fin de semana anterior -que estaba autorizada-, acudieran unas 12.000 personas, según la Policía, y 22.400, de acuerdo con la organización Contador Blanco, especializada en el cómputo de manifestantes.

3.500 asistentes según la Policía
Ante la ausencia de un recuento alternativo, la Policía ha cifrado en 3.500 el número de asistentes a la marcha de este sábado. En la céntrica calle Tverskaya, donde se encuentra el Ayuntamiento de Moscú, cientos de furgones policiales estaban aparcados a ambos lados de la avenida para llevarse a los detenidos.

Algunos fueron arrestados sin aparente motivo, como un hombre que practicaba deporte por la zona antes de que comenzara la protesta, un hombre mayor que quería regresar a su casa y se le fue impedido el paso, o una mujer sentada en un banco, según ha podido constatar Efe.

Las fuerzas de seguridad cerraron los pasos subterráneos e impidieron con vallas y con cordones humanos el paso no solo a los manifestantes, turistas y transeúntes, sino también a periodistas.
Eso pese a que iban con chalecos identificativos y el Ministerio del Interior había prometido en la víspera garantizar el libre ejercicio de su trabajo durante la marcha, durante la cual la comunicación por redes sociales y aplicaciones de mensajería por Internet resultó prácticamente imposible.

En medio de la manifestación agentes de la Policía interrumpieron además en el estudio de "Navalni Live", desde el que se transmitía la protesta, tal y como quedó evidenciado en las grabaciones de la cámara de seguridad que circularon inmediatamente por las redes.

"Dejadnos pasar", "Esta es nuestra ciudad" o "Estamos desarmados", gritaban sin éxito los asistentes a la protesta. Y es que efectivos antidisturbios empujaron a los manifestantes con fuerza hacia calles aldeanas y otros formaron en paralelo tapones para impedir que se sumaran más manifestantes a la protesta.

En varias ocasiones recurrieron a la fuerza, por lo que hubo varios heridos, según documentó OVD Info. Uno de los detenidos sufrió una lesión en una pierna, otro fue aporreado en la cabeza antes de ser metido en el furgón policial, un miembro de la organización "Rusia Abierta" fue tirado al suelo y golpeado, una mujer fue herida en la cabeza y un cámara de televisión acabó con la nariz rota.

Exclusión de opositores
El enfado de los manifestantes con las autoridades moscovitas y rusas por impedir a casi 60 candidatos de la oposición extraparlamentaria postularse a las elecciones municipales era palpable a medida que avanzaba la protesta.

"Putin, ladrón", gritaron en varias ocasiones. El Kremlin ha dicho que está al tanto de las denuncias de los opositores, pero ha asegurado que no intervendrá en el proceso electoral de Moscú.

La oposición acusa a las autoridades de manipular los miles de firmas recabadas durante las últimas semanas por sus candidatos al transcribirlas incorrectamente en el registro electrónico.

Mientras, la comisión electoral de Moscú incrimina abiertamente a los opositores de incluir en sus listas a más de 300 "almas muertas" y a casi 10.000 personas inexistentes.

La oposición democrática rusa ve los comicios municipales como un primer paso para intentar acceder a la Duma del Estado o Cámara de Diputados de Rusia en las próximas elecciones legislativas de 2021

El ex primer ministro de Israel suspende un viaje a Suiza para no ser detenido por crímenes de guerra

Una vez conocida la amenaza de arresto, el gobierno israelí, a través de los Ministerios de Relaciones Exteriores y de Justicia de Israel, a Olmert se le prohibió volar al extranjero

El ex primer ministro Ehud Olmert
 Ehud Olmert, ex primer ministro israelí, canceló un viaje  a Suiza después de ser informado de que podía ser detenido acusado de la presunta comisión de crímenes de guerra.

Olmert debía visitar el país helvético en un viaje de negocios, por lo que la diplomacia israelí se puso previemente en contacto con sus homólogos suizos para coordinar el dispositivo de seguridad.
En esas conversaciones Suiza informó al Ministerio de Justicia israelí que si Olmert aterrizaba en Zúrich, sería citado para interrogarlo y enfrentaría una posible detención por crímenes de guerra cometidos durante la Operación Plomo Fundido en la Franja de Gaza en 2008-2009, donde fueron asesinados más de 1400 palestinos, la gran mayoría civiles.

Una vez conocida la amenaza de arresto, el gobierno israelí, a través de los Ministerios de Relaciones Exteriores y de Justicia de Israel, a Olmert se le prohibió volar al extranjero. Por tanto, Israel ocultó de la Justicia internacional a un hombre que está reclamado por los tribunales por la comisión de crímenes de guerra.

Olmert fue primer ministro en el período 2006-2009, después de lo cual pasó 16 meses en prisión por aceptar sobornos y por obstrucción de la Justicia durante su mandato como alcalde de Jerusalén y ministro de Comercio.

Durante la “Operación Plomo Fundido”, una ofensiva de tres semanas del ejército israelí en la ocupada y bloqueada Franja de Gaza, las fuerzas israelíes mataron a más de 1.400 palestinos, incluidos más de 300 niños. Expertos y organizaciones internacionales de derechos humanos documentaron numerosos ejemplos de violaciones graves del derecho internacional humanitario, incluidos los crímenes de guerra.
 
 Fuente: https://diario16.com/el-ex-primer-ministro-de-israel-suspende-un-viaje-a-suiza-para-no-ser-detenido-por-crimenes-de-guerra/

La ola de calor es tan extrema en Europa que algunas centrales nucleares están parando los reactores

La ola de calor es tan extrema en Europa que algunas centrales nucleares están parando los reactores

 La segunda gran ola de calor del verano de 2019 está afectando a España, pero sobre todo a países de más al norte de Europa, donde no están para nada acostumbrados a estas altas temperaturas. De hecho, en algunos países se están alcanzando temperaturas récord desde que se tienen registros. Esto tiene incidencia en muchos ámbitos, y uno de ellos es la producción energética de las centrales nucleares.

Según conocemos por Reuters, la producción de energía nuclear se ha visto reducida en un 8%, lo que supone una caída de 5,2 gigavatios (GW). Según datos del operador de la red eléctrica francesa, seis centrales han reducido su producción en el día de ayer, con otros dos haciendo una parada de los reactores. En Alemania, que también ha conocido temperaturas récord en algunas regiones, la eléctrica E.ON, también ha anunciado que su reactor de Grohnde, en Baja Sajonia, sería desconectado hoy viernes hasta el domingo.

El problema es la temperatura a la que el agua se devuelve a los ríos

 Estas centrales nucleares están preparadas para funcionar en contextos de ola de calor como el que atraviesan sus regiones. El problema es que, el agua de los ríos, que en las nucleares se emplea en labores de refrigeración, puede devolverse a los cauces de los ríos con un límite de temperatura para no afectar al ecosistema de éstos.

Las centrales pueden refrigerarse con el agua a una temperatura mayor de la habitual, es decir, que no es un problema que afecte al rendimiento productivo, pero la legislación impide que se devuelva a una temperatura nociva para el medio. Así, actualmente, según conocemos por electricityMap, en Francia se están utilizando 35 GW de 63,1 GW que marcan la capacidad máxima de producción de nucleares galas, mientras que en Alemania se están utilizando 6,20 GW de 9,52 GW totales.

Otro factor puede afectar es el caudal, pues cuando se recibe poco, las centrales también pueden bajar de temperatura para adaptarse a la realidad de la pérdida de refrigeración. Esto, como apunta en Twitter @OperadorNuclear, divulgador sobre temas relacionados con la energía nuclear, no ocurre en las centrales nucleares refrigeradas por agua del mar.

Fuente: https://www.xataka.com/energia/ola-calor-extrema-europa-que-algunas-centrales-nucleares-estan-parando-reactores

sábado, 27 de julio de 2019

Sympathy For The Devil


Danica Jurisic, solidaridad como patria y bandera

Danica Jurisic es un rostro conocido en los campos de refugio de París. La vida de esta activista nacida en Sarajevo, refugiada durante la guerra de los Balcanes de los 90, está irremediablemente unida a quienes llegan a Francia huyendo de conflictos armados en todo el mundo.

una mujer sentada en el medio. media melena rubia y vestido negro, un halo de luz ilumina su cara
Danica Jurisic, durante la entrevista con Pikara Magazine. / Foto: Teresa Suárez
Lo primero que pide Danica Jurisic cuando se le propone este perfil es que no se centre en ella, sino en a quienes defiende: los miles de personas refugiadas que luchan cada día por sobrevivir en las calles de París y de toda Europa. La activista llega exultante a la entrevista, literalmente como niña con zapatos nuevos: alguien ha donado unas botas de fútbol para un joven afgano que ayuda en los campos. “Escribes en las redes sociales que necesitas algo y la magia ocurre: alguien dona el material o aporta algo de dinero… así vamos consiguiendo las cosas”, asegura sonriente.

Danica no siempre sonríe: cuando habla de la actual situación de las y demandantes de asilo de Europa su rostro se ensombrece y su tono alterna tristeza y rabia. Dos palabras le provocan un rechazo frontal, casi escupiendo al pronunciarlas: fronteras y nacionalismo. Fue el nacionalismo el que la arrancó de su ciudad natal, Sarajevo, cuando primero el clima de odio insoportable y más tarde cuando los bombardeos en plena guerra de Bosnia en los años noventa la alejaron para siempre de su hogar. Las fronteras, en su caso recién creadas, fueron las que, aún siendo adolescente, la convirtieron en extranjera, la otra en su propia tierra.

Aquella experiencia determinó de tal forma su vida que cuando dos décadas después llegó a París y se topó con la mal llamada crisis de los refugiados en pleno apogeo, volcarse con quienes sufrían lo que ella vivió se impuso de forma natural: “Ayudar no es una elección: no puedo hacer otra cosa, no puedo ignorar que esa gente necesita ayuda. Sé cómo hacerlo y lo hago”.

Desde 2015 recorre incansable los asentamientos que salpican la ciudad, precarios campamentos de tiendas de campaña que se forman y deshacen al ritmo de los desalojos policiales. Entre las miles de personas provenientes de países como Afganistán o Somalia, Eritrea o Siria, Iraq o Sudán que esperan por las calles de la capital francesa unos papeles que en muchos casos nunca llegarán, Danica Jurisic se mueve como pez en el agua, repartiendo sonrisas, comida o medicamentos.

Paralelamente, multiplica las peticiones en redes sociales, recolecta material, acompaña o coordina acompañamientos en visitas médicas o demandas de asilo, busca hogar de acogida temporal para familias refugiadas o menores, y documenta y denuncia el maltrato policial e institucional, las pésimas condiciones de higiene en los campos, el abandono de las autoridades. “No imagino que vaya a salvar el mundo, sé que lo que hago es pequeño, pero a pequeña escala, cambia cosas”, considera.

Su pasado se entrelaza de forma irremediable con su activismo porque vivió en su propia piel lo que hoy sufren las personas a quienes ayuda. Ante la pregunta de si revivir de forma cotidiana lo que sufrió de niña le afecta, responde rotunda: “No revivo mi trauma: lo arreglo”.

“La guerra, nadie pensó que ocurriría”
Suena lejano y casi irreal, pero hace solo 20 años un cruento conflicto desangró el extremo oriental de Europa. La guerra de los Balcanes, saldada con la desintegración de la antigua Yugoslavia, fue la más trágica en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial, dejando en torno a 140.000 víctimas y cuatro millones de personas desplazadas. Hija de un país que ya no existe, Danica se siente ante todo refugiada, indisolublemente ligada a una “nación sin bandera”: la de quienes huyeron de su hogar para salvar la vida y quedaron varados en tierra de nadie.

“La guerra… nadie pensó que ocurriría. Sabíamos que Croacia y Eslovenia se estaban separando, pero Bosnia era un lugar muy mixto, donde pese a haber una mayoría musulmana, no existían tensiones religiosas porque la mayoría de la gente era atea. Entonces empezaron a producirse algunos incidentes alrededor Sarajevo. Alguien fue apuñalado, otro recibió una paliza, de repente, comenzaron los movimientos militares… La gente quedó dividida en grupos nacionalistas, religiosos. Y un día mi ciudad fue bombardeada por el que era nuestro ejército, aquel que supuestamente estaba ahí para protegernos. Simplemente, era algo que no podíamos entender”, rememora. “Si miras a toda esa gente -musulmana, croata, bosnia, cristiana- no sabrías diferenciarla; sin embargo, fue dividida por alguna estúpida ideología que primero les hizo temerse y luego matarse entre sí”.

El conflicto en Bosnia irrumpió como un huracán en vidas hasta entonces apacibles. Y lo destruyó todo para siempre. “Yo tenía 15 años cuando empezó la guerra; con 16, la situación había empeorado tanto que mis padres me pusieron en un autobús, un convoy de niños, y me mandaron a Croacia”. Ahí se convirtió en una menor refugiada no acompañada, “como los críos con los que trabajo ahora”.

Danica acabó en la ciudad costera de Rijeka, donde pasaría los siguientes seis años de su vida. A llegar, fue aceptada en una residencia de estudiantes y empezó a ir al instituto, pero la discriminación era atroz: las niñas y niños refugiados estaban marcados con una letra escarlata. “Vivíamos en un ambiente muy hostil. Los profesores no nos querían allí. Algunos chicos fueron arrestados, maltratados por la policía, deportados… mi instituto era un campo de caza de refugiados”. En cierta medida, fue afortunada: “Mi madre era croata, así que a los 18 años obtuve la nacionalidad, me dieron el diploma de graduado escolar y pude ir a la universidad; otros no tuvieron tanta suerte”.
En verano, la residencia en la que vivía cerraba sus puertas y Danica se encontraba en la calle. “Mi familia ya no podía apoyarme, ni financiera ni emocionalmente; con mi estatuto de refugiada en teoría no tenía derecho a trabajar, pero tampoco tenía alternativa, así que buscaba empleo que incluyera alojamiento y trabajaba sin descanso”.

Danica recuerda la violencia continua, la dejadez de las autoridades croatas y los abusos por parte de quien debía protegerla. “Cuando llegamos a Croacia, quedamos a nuestra suerte porque no había nadie a cargo de los menores. La Cruz Roja estaba contratando a basura de la peor calaña en el país. Recuerdo un episodio con un trabajador, haciendo cola para recibir artículos de higiene. Éramos todo mujeres con niños o menores como yo. Le pregunté si tenía compresas y me respondió: ‘Ven conmigo a la parte de atrás, te daré un tampón que te va a servir para nueve meses’; al parecer era una broma recurrente”, recuerda asqueada. “Me trataron como un parásito que no merecía estar allí”.
Su paso por la universidad en Croacia, donde estudió Historia del Arte y Educación, y en Eslovenia, donde cursó un máster en Fotografía, no fue mejor: en los Estados nacidos de la antigua Yugoslavia y con la guerra aún no concluida, el extremismo nacionalista impregnaba cada aspecto de la vida cotidiana.

se ven partes de tiendas de campaña y se ven los pies de varias personas
Personas refugiadas en París. / Foto: Teresa Suárez
 En aquellos años comenzó a salir con quien se convertiría en su marido, también hijo de un matrimonio mixto; sus primeros trabajos, la compra de un apartamento y el nacimiento de su hijo les permitieron crear una ilusión de hogar, pero la xenofobia rampante en el país nunca les dio tregua. “En Croacia, me sentía viviendo en una distopía. El aire era tan tóxico que se nos hacía imposible respirar”, recuerda. El punto de ruptura definitivo llegó en 2008, cuando sufrió el ataque de un grupo nacionalista neonazi a la salida de su casa. Ella y su hijo, que entonces tenía dos años, fueron golpeados, y la policía no investigó lo ocurrido. Allí supo que marcharse era la única opción para vivir con dignidad y sin miedo.

“No te irás del sitio en el que vives a no ser que no tengas más remedio porque tu vida corre peligro. Ser refugiado es cualquier cosa salvo un privilegio: al marcharte pierdes tu familia, tus relaciones, tus propiedades (si las tienes), tu identidad… lo pierdes todo”, sentencia.

Danica llegó con su familia a Francia a finales de 2012. Aunque los inicios fueron duros, a principios de 2015 la postal de cuento se desdibujó: “Me encontré con todos esos refugiados durmiendo en la calle en distintas partes de la ciudad”. Su situación era desesperada, pero a diferencia de lo que ella vivió de niña, en París había cientos de personas colaborando para ayudar a los recién llegados. “Así entré en esta inmensa red de solidaridad de gente que defiende a refugiados en todo el mundo; entré y ya no puedo salir”.

“Las autoridades se han desentendido de los refugiados”
Es una tarde calurosa de principios de julio y nos acercamos al asentamiento de Porte de la Chapelle, en los confines del norte de París. Hace tres años, el Gobierno municipal inauguró con gran bombo y eco mediático el denominado “primer centro humanitario para refugiados” del país, donde supuestamente las personas demandantes de asilo iban a ser acogidas en “condiciones dignas”. De la gigantesca estructura blanca con forma de carpa de circo ya no queda nada: en 2018 el centro cerró sus puertas, con mucho menos bombo, por falta de sostenibilidad financiera.

En esta zona marginal, siguen viviendo entorno a un millar de demandantes de asilo a la espera de resolver su situación legal en Francia. “Las autoridades se han desentendido totalmente de ellos”, lamenta Danica, mientras su ojo experto se pasea detectando dónde faltan mantas o sacos de dormir; calculando la talla de los pañales de los críos que pululan entre las tiendas, abroncando a quien intenta quedarse con algo que pertenece a otra familia o mediando en las disputas cotidianas que estallan por la dureza de la vida en la calle.

Arremete contra el discurso imperante, utilitarista y xenófobo, en las instituciones y la sociedad europeas: “Es importante entender que toda esta gente solo quiere rehacer su vida. Incluso quienes llegan profundamente deprimidos o traumatizados por lo que han vivido en su países de origen o lo que han visto en el viaje, -compañeros ahogándose a su lado en el mar, torturas en Hungría…- siguen luchando. Solo quieren encontrar trabajo, integrarse y formar parte de la sociedad”, recuerda.

A ratos, Danica se desespera porque las cosas solo parecen ir a peor, con el blindaje de las fronteras, la violencia policial en los Balcanes, Grecia o Melilla, y la multiplicación de leyes que hacen la vida imposible a quienes llegan en busca de puerto seguro. Arremete especialmente contra el Convenio de Dublín, la normativa europea por la que quienes demandan asilo y cuyas huellas digitales fueron registradas a su llegada a Europa pueden ser deportadas al país por el que entraron en la Unión Europea. “Lo que estamos haciendo no es solo moralmente incorrecto, es también increíblemente estúpido. Dublín ha dado millones y millones de euros a la peor basura del mundo, los traficantes de seres humanos. Seamos realistas: van a venir igual. La diferencia es las condiciones en las que llegarán, ¿por qué tienen que perderlo todo para pagar a criminales?”.

Danica se indigna sobre todo por la creciente tendencia de castigar a quienes prestan ayuda, “gente como Carola (Rackete). Esta criminalización de la solidaridad es solo una muestra más de lo jodida que está nuestra sociedad. Ya no distinguimos lo que es correcto de lo que está mal. ¿Como se puede encarcelar a alguien que ha salvado a 40 personas? Es algo que escapa a mi comprensión porque va en contra de todo lo que representa nuestra civilización, contra un valor fundamental de la especie humana que es la preservación de la vida”.

Danica Jurisic se debate cada día entre la impotencia ante unas leyes injustas y la generosidad inagotable que ve cada día mientras trabaja con voluntariado y asociaciones que, como ella, dedican su tiempo de forma a hacer la vida de los refugiados un poco más llevadera. “A mi alrededor veo a mucha gente compartiendo valores de humanidad. Eso me da esperanza”.

viernes, 26 de julio de 2019

Cancionero


Óscar Domínguez


   No me mires más,
y si me miras, avisa,
   cuando me vas a mirar

Antonio Machado

jueves, 25 de julio de 2019

Miseria

Catalá-Roca


...
   Acabamos siempre por mostrar lo que sentimos. Mentir es, a la larga, difícil. Por eso mi descubrimiento del miedo es la toma de conciencia del miedo de los mayores, lo que ellos siempre tratan de ocultarme: eso que tiene su origen en haber vivido la Guerra Civil, sentir el peligro en un mundo donde, poco a poco, fueron dejando de existir "los tuyos", porque tanto te podían matar los unos como los otros. Aunque si te mataban los tuyos era mucho peor. Pronto conocí el miedo que tenían mis padres y mis abuelos. ¿Qué significaba el silencio que aquellas cuatro personas pusieron sobre el pasado, qué significaban sus recomendaciones conitnuadas de prudencia? El único que no tenía miedo era mi tío Lluís. Supongo que esta diferencia estuvo siempre en la base de las desavenencias, a veces de la mutua admiración y siempre del afecto más o menos  tormentoso entre él y mis padres. Ellos siempre llamaron "inconsciencia" a la falta de miedo de Lluís. Él, a su prudencia, "cobardía"....


Para tener casa hay que ganar la guerra
Joan Margarit