lunes, 1 de julio de 2019

“África estaría mejor sin dinero de fuera”

El intelectual senegalés Felwine Sarr cree que el continente debe desarrollarse en función de planes y proyectos hechos desde dentro y no imitar ni seguir objetivos occidentales

Felwine Sarr, en su charla con la filósofa Marina Garcés, en Medialab Prado, Madrid.
Felwine Sarr, en su charla con la filósofa Marina Garcés, en Medialab Prado, Madrid.
Felwine Sarr (Niodior, Senegal, 1972) es uno de los intelectuales de moda en África. Su libro Afrotopía, publicado en España por la editorial Catarata, es una breve pero profunda reflexión sobre las necesidades de un continente que, en su opinión, no debería imitar la vida occidental, sino mirarse desde dentro para conocer sus propios anhelos. Y desarrollarse en función de planes y proyectos ideados por los propios africanos. Por eso rechaza la ayuda internacional y los planes de las Naciones Unidas; al menos tal y como están planteados ahora.

Para ello, propone dejar de mirar obsesivamente indicadores económicos y “rehabilitar valores” como el jom (dignidad), vivre-ensemble (sentido de comunidad), teraanga (hospitalidad), kersa (pudor, escrúpulos), ngor (honor), humanismo de las culturas. Apuesta por elaborar un relato propio que tenga en cuenta lo que África tiene, y no solo lo que le falta.

Sarr, profesor de la Universidad Gaston Bergeren de Saint Louis (Senegal), está en Madrid invitado por Medialab Prado para participar en una charla en el marco del programa Grigri Pixel, que busca conectar experiencias colaborativas de creación de ciudad entre África y Europa.

Pregunta. La comunidad internacional se ha marcado una agenda de aquí a 2030 (los Objetivos de Desarrollo Sostenible) para construir un mundo mejor, pero en su libro dice que en África no es útil.
Respuesta. Creo que la idea de sostenibilidad es muy importante porque tenemos un reto ecológico enorme que afrontar. Y en África, el continente que menos ha contribuido al cambio climático, es donde más se va a notar. Tenemos la oportunidad de no cometer el mismo error, de avanzar en una industrialización verde. Pero, más allá de eso, que sean las Naciones Unidas las que tengan que definir los criterios, las políticas; que te digan: ‘Tienes que hacer esto así, cómo lidiar con la sostenibilidad, con el reto ecológico…’. Eso para mí es problemático. Los países africanos han visto cómo todas estas políticas han venido desde fuera, han sido tratados como menores. No niego los retos, pero sí la forma en la que hay que encararlos, que se debe ajustar a cada contexto. Deberíamos analizar un problema y decir: vale, aquí la mejor forma de solucionarlo es esta, y a lo mejor no es la que nos dictan los ODS. No estoy en contra de la idea, pero sí de la forma de implementarlo y de la imposición de soluciones que quizás no se ajustan a nuestras realidades.

P. ¿Debería entonces existir algo así como los Objetivos de Desarrollo Africanos, una agenda hecha desde dentro?
R. Exacto. Hemos hecho en la Unión Africana la agenda de 2063, pero está copiada y pegada de la ONU. No hay innovación. Siempre está la idea de llegar al nivel de, hay falta de creatividad y de autonomía intelectual.

 P. ¿Sería mejor para África no recibir ayuda internacional?
R. Nunca hemos visto a un país que se desarrolle sobre la base de la ayuda extranjera. No existe. La ayuda es útil cuando llega y se integra en las dinámicas existentes y puede apoyar planes que los países han liderado. Tenemos el ejemplo de Haití, que recibió enormes cantidades de dinero de fuera. Se abre un hospital, se da ayuda y medicamentos gratuitos y cuando el programa se va no hay capacidad para sostenerlo. Si la miras a largo plazo, la ayuda internacional no permite que la gente construya sus propias capacidades. No es sostenible. Cuando los programas se marchan la gente ha perdido sus habilidades previas y el tiempo para construir nuevas para afrontar problemas. A veces puede ser útil, cuando fortalece programas que ya existen. También hay un efecto psicológico de la ayuda, que es poner en la cabeza la idea de carencia, de no habilidad, de no capacidad; de que necesitas ayudas, ser asistido. Se fomenta la mentalidad de ser una persona que necesita siempre ayuda. Y hay una asimetría. El que está ayudando sabe mejor que tú cuáles son tus problemas, su visión de qué es una mejor vida. Algo que no es verdad.

P. ¿Entonces cree que la ayuda estructural no es positiva?
R. No, no funciona, de verdad.

P. ¿Preferiría cancelar la llegada de fondos internacionales?
R. Sí. Si tuviera que elegir una opción radical, diría: tomen su dinero y váyanse. Déjennos construir nuestras soluciones. Y si quieren ayudar con ellas, en la forma que nosotros las hemos diseñado, pueden venir. Pero si no, cojan su ayuda. En Ruanda, por ejemplo, dijeron a todas las organizaciones que se marcharan y que si querían volver, sería para sumarse a programas ya en marcha. Y hay una autoridad que revisa las propuestas de las ONG; si se ajustan a los planes y respetan lo que tenían previsto, las aceptan. Y si no, no. Y funciona. Hay muchos países de África que no tienen una política pública en educación o salud… y hay muchas organizaciones que están haciendo cosas aquí y allí con su propia visión. No es una dirección global, en cada localidad hacen lo que creen oportuno con sus propios calendarios. Y esto lo que está haciendo es desresponsabilizar a los africanos, que no sean los dueños de su futuro.

P. Pero en muchos países no hay una suficiente institucionalidad y gobernanza para liderar estos proyectos globales.
R. Es cierto, pero si respondes a la falta de gobernanza con programas de ONG nunca vas a tener institucionalidad y un gobierno fuerte. No vas a construir una respuesta.

P. Los expertos en desarrollo sostienen con datos que el mundo está mejor que hace 50 o 15 años. ¿Es una narrativa de la que usted difiere?
R. No, no es eso. El mundo ha hecho progresos: en salud global, en economía, en seguridad… existen muchas áreas en las que se ha mejorado, si nos comparamos con siglos anteriores. Pero este progreso no está ligado a una mejora en la calidad de las relaciones entre grupos humanos, lo que trae inequidad y otros problemas. Así que no niego el progreso, pero digo que no está distribuido de forma justa.

P. Más allá de la economía, usted habla de lo que la gente vive, comparte… no se puede medir, pero está ahí y eso es parte del bienestar
R. Es parte del bienestar, es importante y no en la escala de cantidad. Muchas variables inmateriales son importantísimas para la vida de la gente en comunidad, donde el sentido de la vida es más profundo que todas las mediciones. Que algo no esté en las estadísticas no significa que no tenga sentido y que no sea importante. Necesitamos un análisis de la realidad más profundo.

P. ¿Y uno de los problemas es que estamos midiendo el bienestar de África con parámetros occidentales?
R. Exacto. Es parte de este problema, no ser capaces de ver la sociedad en su faceta social, histórica, de producción cultural. Siempre nos estamos comparando. Se suele describir África con un discurso de carencias. Nunca hablamos de lo que tenemos. No puedes comparar las dinámicas sociales de distintas realidades porque tienen etnicidades diferentes, geografía diferente. Pero se mira la realidad occidental como un ejemplo a seguir, y se intenta afrontar los problemas como hicieron ellas. No miras las sociedades como son, sino como crees que deberían ser.

P. ¿Esta es una de las razones de las migraciones, esta esperanza de ir a este supuesto mundo mejor?
R. Sí, porque nos han vendido un imaginario de progreso, de modernidad, un discurso a través del cine, la literatura, los medios… No solo nos han enseñado que debemos aspirar a eso, sino que la única forma de sentirnos realizados es buscar ese sueño americano, tener todas esas cosas que son importantes en los países occidentales. No es que no tengan cosas buenas, pero es un error pensar que las aspiraciones en todas las sociedades son iguales.

P. ¿Después de la colonización europea hay un riesgo de colonización china en África?
R. No estoy seguro de eso. Los chinos están en África por nuestras materias primas, nuestros recursos, etc. La diferencia con los europeos, es que los chinos son más cínicos. Si quieres una carretera, la construyen, si quieres un puente, lo hacen. No te dicen que tienes que cambiar las leyes, los valores, la calidad de la democracia… Por supuesto hay una asimetría. Tiene más poder, más dinero… Pero los gobiernos están en una situación en la que no escogen la mejor solución, sino la menos mala. Les dan materias primas baratas a los chinos, pero a cambio obtienen carreteras y puentes, que se hacen rápido. Mientras, la Unión Europea tardaría años, condicionaría la ayuda a ciertos requisitos: cambia la ley, bla, bla, bla… Para mí lo importante para los países africanos es que sean capaces de construir la capacidad de negociar para sus propios intereses.


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