Ayoade Alakija es codirectora de la Alianza Africana para la Entrega de Vacunas
La aparición de la variante ómicron del virus que causa el covid-19 ha causado revuelo en el mundo en los últimos días.
Especialmente
después de que varios países pusieron restricciones y prohibiciones a
viajeros que lleguen en vuelos de al menos cinco países africanos.
El
presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, señaló que no se puede
"castigar" a su país -donde fue detectada la variante ómicron- por
haber hallado la variante gracias a la tecnología disponible.
Sin embargo, la voz más fuerte que se ha escuchado al respecto ha sido la de Ayoade Olatunbosun-Alakija, vocera de la Alianza Africana para la Entrega de Vacunas, quien ha sido clara en sus reclamos hacia los países desarrollados.
"La
aparición de esta variante era inevitable. Se debe a la falta de
vacunación por el acaparamiento de vacunas por parte de los países
desarrollados", señaló.
Usted señala que la aparición de una variante como esta era inevitable
Fue totalmente inevitable.
Pero
primero me gustaría decir algo: si el covid-19 que apareció en China
hubiera aparecido primero en África, no quedan dudas de que el mundo
nos habría encerrado y hubiera tirado la llave muy lejos.
No
habría existido ninguna urgencia para desarrollar vacunas porque
hubiéramos sido prescindibles. África se habría hecho conocida como el
continente de covid-19.
Lo que está sucediendo es inevitable y es el resultado de que el mundo no vacunó de manera equitativa, urgente y rápida.
Y eso causó esta situación
Hubo
un acaparamiento de vacunas por parte de los países desarrollados y,
para ser muy honesta, son inaceptables estas restricciones de viajar a
países del continente porque están basadas en temas políticos y para
nada en una investigación científica.
Es
que no tenemos suficiente información sobre ómicron. Lo mejor que
podemos decir sobre esta variante desde un punto de vista científico es
que no sabemos nada.
Hasta
que todo el mundo no esté vacunado, nadie está seguro frente a esta
pandemia, entonces, ¿cuál va a ser la respuesta global a este nuevo
desafío? ¿Va a ser una respuesta política de proteger a las personas de
cada país evitando que lleguen esos 'africanos no vacunados'?
Getty Images.Alakija señala que el acaparamiento de los países desarrollados son la causa de la aparición de ómicron.
La pregunta que hay que hacerse es por qué los africanos no están vacunados, ¿qué está pasando allí?
¿Entonces era previsible?
Como
le he dicho, la falta de voluntad política y la inexistencia de una
campaña global de vacunación- es decir, un esfuerzo que logre que todos
los habitantes de este planeta tengamos acceso a las vacunas- hizo que
emergiera esta variante en zonas muy vulnerables de África.
El
mundo se ha rehusado a vacunar a todas las personas con el poco apoyo
que se le dio a la iniciativa Covax u otros métodos de distribución.
Para usted hay una responsabilidad conjunta.
Sí.
Sabíamos que esas decisiones, ese acaparamiento, nos iba a llevar a
variantes más peligrosas. ¿Por qué actuamos sorprendidos? ¿Por qué
estamos encerrando a África cuando este virus ya está en tres
continentes?
Nadie
está encerrando a Bélgica e Israel. ¿Por qué estamos aislando a África?
Está mal y es hora de que nuestros líderes africanos se pongan de pie y
encuentren su voz.
En
1954 Francia pretende mantener, tras la II Guerra Mundial, sus colonias
tanto en África como en Asia. Este sueño “imperial” le llevará a una
larga y sangrienta guerra primero en Indochina y posteriormente en
Argelia. Miles de jóvenes franceses son movilizados para ir a los
arrozales de Vietnam o de Camboya a luchar contra los independentistas
indochinos que quieren librarse de la tutela de quien durante años les
ha explotado. Más tarde otros miles de reclutas partirán al norte de
África para intentar sofocar la revuelta de los fellahas argelinos.
Desde el inicio de la revolución argelina (1954-1962) el ejército
francés aplicará una cruel represión que cubrirá un amplio abanico de
crímenes: asesinatos en las calles y en las comisarías, torturas,
secuestros de aviones donde viajaban líderes del FLN (un claro ejemplo
de piratería), campos de concentración en los que se apiñaban los
rurales desubicados de sus pueblos, ocupación militar de barrios árabes
en muchas de sus ciudades, ametrallamientos indiscriminados de pueblos a
plena luz del día, bombardeos de comarcas consideradas “rebeldes”,
atentados con explosivos sobre comercios y viviendas de presuntos
simpatizantes independentitas, extensión a la metrópoli de estos actos
represivos sobre emigrantes de este país en Francia, etc…
Los jóvenes llamados a realizar el servicio militar en Indochina o en
Argelia si se oponían a ir eran juzgados y condenados por tribunales
militares como desertores lo que implicaba penas de muchos años de
cárcel. Francia que había sufrido la ocupación nazi parecía haber
olvidado lo que ésta significó. Altos mandos militares franceses
utilizaban idénticos métodos para reducir la resistencia anticolonial
que los que aplicaron durante la ocupación alemana la Gestapo o las SS.
Y es en 1954 cuando un joven rebelde, escritor, poeta, cantante,
compone una mítica canción que se convirtió en un alegato contra la
guerra, en un grito por la paz, contra la opresión colonial, un
llamamiento a la juventud francesa para que deserte, para que no ingrese
en las filas del ejército. Esta canción es El desertor de Boris Vian:
Iré por los caminos
Mendigaré toda mi vida
Por las carreteras de Francia
De Bretaña a Provenza
E iré diciendo a las gentes
Rehusad de obedecer
No vayáis a la guerra
Rehusad de partir.
Sin pretender, en absoluto, reproducir la épica de la canción, yo le
anuncio al presidente Pedro Sanchez, al Sr. Presidente, que renuncio a que me inoculen una tercera vacuna contra la maldita pandemia.
Creo que la vacunación masiva de la población pudo haber frenado las
muertes que llevaba implícita la enfermedad. No soy un “negacionista”,
me he vacunado.
Aunque también creo que ha habido negocios turbios por parte de las
multinacionales farmacéuticas que controlaban su fabricación y venta, y
que los Estados han pecado de debilidad delante de estos grupos
corporativos que han engordado sus beneficios en todo este tiempo. Pero
cuando he seguido como iba la vacunación por el resto del mundo y he
leído que por ejemplo en África solo el 1% de la población ha podido ser
vacunado, es decir 13 millones sobre un total de 1.300 millones me he
replanteado el ponerme la tercera vacuna. Y cuando hablo de África,
podría referirme igualmente a Asia o a América Latina. No me vale que
algunos países hayan dado la “limosna” de unos pocos millones de
vacunas, entre ellos el gobierno español, a los países del Sur, a los
llamados países del Tercer Mundo. Nuevamente ante la enfermedad y la
muerte hay pobres y ricos, países enriquecidos y países empobrecidos,
poblaciones sin acceso a las vacunas y otras que podrán recibir una
tercera vacunación… y quizás en pocos meses, si se considera necesario
por las farmacéuticas o sus “voceras”, una cuarta y hasta una quinta
vacunación.
No señor presidente, renuncio a esta tercera vacuna,
y reúno todas las condiciones para que me la apliquen. Por justicia,
por solidaridad, por humanidad, porque somos un solo planeta y las
pandemias no se resuelven por espacios territoriales, no me volveré a
vacunar con esta nueva dosis hasta que los africanos, los asiáticos y
los latinos pobres y sin medios no estén en un proceso de vacunación
concreto y puedan evitar posiblemente el contagio y quizás la muerte.
Como Boris Vian, y repito, salvando la enorme distancia que me separa
en el tiempo y en las circunstancias que le obligaron a componer El Desertor, sin la épica que comportaba la letra de la canción le digo:
Señor Presidente
Le escribo esta carta
Que quizás usted lea
Si tiene tiempo para ello
Mi decisión está tomada
Y voy a desertar
… Mi deserción en este caso es renunciar a esa tercera vacuna.
Los responsables de vida salvaje y parques del país africano consideran demostrado que el rápido crecimiento de cianobacterias en el agua causó las defunciones
Las autoridades de Botsuana consideran confirmada la muerte por
intoxicación natural por cianobacterias presentee en el agua. (Reuters)
El misterio de la muerte masiva de elefantes en Botsuana parece finalmente resuelto. Después de más de tres meses de revisión de los 330 casos mejor documentados, los responsables del departamento de Vida Salvaje y Parques Nacionales de
este país africano han indicado que la muerte de paquidermos
aparentemente sanos y sin señales de violencia está relacionada con al
contaminación del agua que bebieron estos animales en el medio natural
con cianobacterias (bacterias potencialmente tóxicas conocidas
antiguamente como algas verdeazules porque los filamentos que forman
tienen una apariencia similar a las algas -en realidad no son algas).
Las cianobacterias -existe una gran diversidad de especie que
pertenecen a este filo- pueden ser encontradas en prácticamente todo el
mundo, tanto en hábitats terrestres como acuáticos, incluso en rocas
antárticas y bajo el hielo.
Por lo general, este tipo de bacterias capaces de realizar
fotosíntesis oxigénica no producen problemas graves a los animales pero
la cosa cambia cuando, por condiciones ambientales como el aumento de la
temperatura (y el cambio climático es un multiplicador potencial) o la
concentración de nutrientes, se producen floraciones repentinas o bloom de cianobacterias, con la aparición de toxinas que pueden afecta a diversos órganos de muchos tipos de animales.
Efectos neurotóxicos
Los elefantes muertos en Botsuana por la causa ahora conocida
sufrieron, en concreto, trastorno neurológico severo poco después beber
agua contaminada por “una floración tóxica de cianobacterias en
recipientes estacionales (fuentes de agua) en la región”, dijo Cyril
Taolo, director interino del Departamento de Vida silvestre y Parques
Nacionales.
Las muertes en un primer momento inexplicables cesaron después de que
se secaron estanques o balsas en las que se encontraba el agua con
cianobacterias, detallo Taolo, en una conferencia de prensa en Gaborone,
capital de Botsuana..
Algunos observadores habían indicado meses atra´ la posibilidad de
que los elefantes fueran envenados por vecinos que se consideraban
afectados por la presencia de elefantes (que consumen grandes cantidades
de vegetales) o por cazadores furtivos molestos con las operaciones de
los equipos de vigilancia.
Solo ha afectado a elefantes
Una de las circunstancias más extrañas de este caso es que,
aparentemente, los elefantes han sido los únicos grandes animales
intoxicados. Ninguna otra especie silvestre se vio afectada por el agua
tóxica en el área estudiada, cerca del famoso delta del Okavango en
Botswana, indico Taolo. Incluso los animales carroñeros, como hienas y
buitres, que se observaron alimentándose de los cadáveres de elefantes
no mostraban signos de enfermedad, dijo.
Con un censo estimado de 130.000 elefantes, Botswana tiene la
población más grande del mundo de estos paquidermos, convertidos en una
de sus mayores atracciones de turistas internacionales. Después del
misterioso muertes de elefantes, el gobierno ordenó pruebas exhaustivas
para determinar la causa de las muertes y las conclusiones presentadas
ahora parecen confirmar que las pérdidas se limitaron a una zona
geográfica que compartía la presencia de cianobacterias con efectos
neurotóxicos.
Agentes del ejército de Botsuana observan uno de los elefantes muertos en el área de Linyanti
(Siphiwe Sibeko / Reuters)
“Las características del evento de mortalidad y los hallazgos de campo, clínicos, post mortem,
histopatológicos y de laboratorio sugieren que los elefantes murieron
por intoxicación por cianobacterias neurotóxicas asociada con una
floración repentina en charcos y lugares con agua similares”, dijo
Taolo.
“Los signos neurológicos fueron superados en el caso de un elefante
que recibió un tratamiento con una antagonista después de ser
descubierto con síntomas de intoxicación”, según indicó Taolo en
declaraciones destacadas por Reuters.
El responsable interio de este departamento no pudo explicar por qué
estas toxinas no afectaron a ningún otro animal que bebiera el agua
afectada. Los estudios realizados también descartaron agentes peligrosos
como el ántrax, la acción criminal de cazadores furtivos o el sabotaje
(como medida contra el gob ierno).
A partir de los datos actuales, las autoridades de Botsuana se
plantean campañas de análisis de la calidad de las aguas en parques
nacionales y estudio de las variedades de cianobacterias presentes en el
medio natural, según ha avanzado Cyril Taolo.
El intelectual senegalés Felwine Sarr cree que el continente debe desarrollarse en función de planes y proyectos hechos desde dentro y no imitar ni seguir objetivos occidentales
Felwine Sarr, en su charla con la filósofa Marina Garcés, en Medialab Prado, Madrid.Assane Sosseh
Felwine Sarr (Niodior, Senegal, 1972) es uno de los intelectuales de moda en África. Su libro Afrotopía,
publicado en España por la editorial Catarata, es una breve pero
profunda reflexión sobre las necesidades de un continente que, en su
opinión, no debería imitar la vida occidental, sino mirarse desde dentro
para conocer sus propios anhelos. Y desarrollarse en función de planes y
proyectos ideados por los propios africanos. Por eso rechaza la ayuda
internacional y los planes de las Naciones Unidas; al menos tal y como
están planteados ahora.
Para ello, propone dejar de mirar obsesivamente indicadores económicos y “rehabilitar valores” como el jom (dignidad), vivre-ensemble (sentido de comunidad), teraanga (hospitalidad), kersa (pudor, escrúpulos), ngor
(honor), humanismo de las culturas. Apuesta por elaborar un relato
propio que tenga en cuenta lo que África tiene, y no solo lo que le
falta.
Sarr, profesor de la Universidad Gaston Bergeren de Saint Louis (Senegal), está en Madrid invitado por Medialab Prado para participar en una charla en el marco del programa Grigri Pixel, que busca conectar experiencias colaborativas de creación de ciudad entre África y Europa.
Pregunta. La comunidad internacional se ha marcado una agenda de aquí a 2030 (los Objetivos de Desarrollo Sostenible) para construir un mundo mejor, pero en su libro dice que en África no es útil.
Respuesta. Creo que la idea de
sostenibilidad es muy importante porque tenemos un reto ecológico enorme
que afrontar. Y en África, el continente que menos ha contribuido al
cambio climático, es donde más se va a notar. Tenemos la oportunidad de
no cometer el mismo error, de avanzar en una industrialización verde.
Pero, más allá de eso, que sean las Naciones Unidas las que tengan que
definir los criterios, las políticas; que te digan: ‘Tienes que hacer
esto así, cómo lidiar con la sostenibilidad, con el reto ecológico…’.
Eso para mí es problemático. Los países africanos han visto cómo todas
estas políticas han venido desde fuera, han sido tratados como menores.
No niego los retos, pero sí la forma en la que hay que encararlos, que
se debe ajustar a cada contexto. Deberíamos analizar un problema y
decir: vale, aquí la mejor forma de solucionarlo es esta, y a lo mejor
no es la que nos dictan los ODS. No estoy en contra de la idea, pero sí
de la forma de implementarlo y de la imposición de soluciones que quizás
no se ajustan a nuestras realidades.
P. ¿Debería entonces existir algo así como los Objetivos de Desarrollo Africanos, una agenda hecha desde dentro?
R. Exacto. Hemos hecho en la Unión
Africana la agenda de 2063, pero está copiada y pegada de la ONU. No hay
innovación. Siempre está la idea de llegar al nivel de, hay falta de creatividad y de autonomía intelectual.
P. ¿Sería mejor para África no recibir ayuda internacional?
R. Nunca hemos visto a un país que se desarrolle
sobre la base de la ayuda extranjera. No existe. La ayuda es útil cuando
llega y se integra en las dinámicas existentes y puede apoyar planes
que los países han liderado. Tenemos el ejemplo de Haití, que recibió
enormes cantidades de dinero de fuera. Se abre un hospital, se da ayuda y
medicamentos gratuitos y cuando el programa se va no hay capacidad para
sostenerlo. Si la miras a largo plazo, la ayuda internacional no
permite que la gente construya sus propias capacidades. No es
sostenible. Cuando los programas se marchan la gente ha perdido sus
habilidades previas y el tiempo para construir nuevas para afrontar
problemas. A veces puede ser útil, cuando fortalece programas que ya
existen. También hay un efecto psicológico de la ayuda, que es poner en
la cabeza la idea de carencia, de no habilidad, de no capacidad; de que
necesitas ayudas, ser asistido. Se fomenta la mentalidad de ser una
persona que necesita siempre ayuda. Y hay una asimetría. El que está
ayudando sabe mejor que tú cuáles son tus problemas, su visión de qué es
una mejor vida. Algo que no es verdad.
P. ¿Entonces cree que la ayuda estructural no es positiva?
R. No, no funciona, de verdad.
P. ¿Preferiría cancelar la llegada de fondos internacionales?
R. Sí. Si tuviera que elegir una opción
radical, diría: tomen su dinero y váyanse. Déjennos construir nuestras
soluciones. Y si quieren ayudar con ellas, en la forma que nosotros las
hemos diseñado, pueden venir. Pero si no, cojan su ayuda. En Ruanda, por
ejemplo, dijeron a todas las organizaciones que se marcharan y que si
querían volver, sería para sumarse a programas ya en marcha. Y hay una
autoridad que revisa las propuestas de las ONG; si se ajustan a los
planes y respetan lo que tenían previsto, las aceptan. Y si no, no. Y
funciona. Hay muchos países de África que no tienen una política pública
en educación o salud… y hay muchas organizaciones que están haciendo
cosas aquí y allí con su propia visión. No es una dirección global, en
cada localidad hacen lo que creen oportuno con sus propios calendarios. Y
esto lo que está haciendo es desresponsabilizar a los africanos, que no sean los dueños de su futuro.
P. Pero en muchos países no hay una suficiente institucionalidad y gobernanza para liderar estos proyectos globales.
R. Es cierto, pero si respondes a la falta
de gobernanza con programas de ONG nunca vas a tener institucionalidad y
un gobierno fuerte. No vas a construir una respuesta.
P. Los expertos en desarrollo sostienen con datos que el mundo está mejor que hace 50 o 15 años. ¿Es una narrativa de la que usted difiere?
R. No, no es eso. El mundo ha hecho
progresos: en salud global, en economía, en seguridad… existen muchas
áreas en las que se ha mejorado, si nos comparamos con siglos
anteriores. Pero este progreso no está ligado a una mejora en la calidad
de las relaciones entre grupos humanos, lo que trae inequidad y otros
problemas. Así que no niego el progreso, pero digo que no está
distribuido de forma justa.
P. Más allá de la economía, usted habla de
lo que la gente vive, comparte… no se puede medir, pero está ahí y eso
es parte del bienestar
R. Es parte del bienestar, es importante y
no en la escala de cantidad. Muchas variables inmateriales son
importantísimas para la vida de la gente en comunidad, donde el sentido
de la vida es más profundo que todas las mediciones. Que algo no esté en
las estadísticas no significa que no tenga sentido y que no sea
importante. Necesitamos un análisis de la realidad más profundo.
P. ¿Y uno de los problemas es que estamos midiendo el bienestar de África con parámetros occidentales?
R. Exacto. Es parte de este problema, no
ser capaces de ver la sociedad en su faceta social, histórica, de
producción cultural. Siempre nos estamos comparando. Se suele describir
África con un discurso de carencias. Nunca hablamos de lo que tenemos.
No puedes comparar las dinámicas sociales de distintas realidades porque
tienen etnicidades diferentes, geografía diferente. Pero se mira la
realidad occidental como un ejemplo a seguir, y se intenta afrontar los
problemas como hicieron ellas. No miras las sociedades como son, sino
como crees que deberían ser.
P. ¿Esta es una de las razones de las migraciones, esta esperanza de ir a este supuesto mundo mejor?
R. Sí, porque nos han vendido un
imaginario de progreso, de modernidad, un discurso a través del cine, la
literatura, los medios… No solo nos han enseñado que debemos aspirar a
eso, sino que la única forma de sentirnos realizados es buscar ese sueño
americano, tener todas esas cosas que son importantes en los países
occidentales. No es que no tengan cosas buenas, pero es un error pensar
que las aspiraciones en todas las sociedades son iguales.
P. ¿Después de la colonización europea hay un riesgo de colonización china en África?
R. No estoy seguro de eso. Los chinos
están en África por nuestras materias primas, nuestros recursos, etc. La
diferencia con los europeos, es que los chinos son más cínicos. Si
quieres una carretera, la construyen, si quieres un puente, lo hacen. No
te dicen que tienes que cambiar las leyes, los valores, la calidad de
la democracia… Por supuesto hay una asimetría. Tiene más poder, más
dinero… Pero los gobiernos están en una situación en la que no escogen
la mejor solución, sino la menos mala. Les dan materias primas baratas a
los chinos, pero a cambio obtienen carreteras y puentes, que se hacen
rápido. Mientras, la Unión Europea tardaría años, condicionaría la ayuda
a ciertos requisitos: cambia la ley, bla, bla, bla… Para mí lo
importante para los países africanos es que sean capaces de construir la
capacidad de negociar para sus propios intereses.
Unos 400.000 africanos lucharon en las guerras europeas del siglo XX. Entre ellos, los 'tirailleurs', los tiradores de infantería senegaleses. Pocos sobreviven. Hablamos con tres de ellos, que se debaten entre el orgullo de haber combatido con Francia en contiendas como la II Guerra Mundial y el dolor por el trato recibido
Moussa
Bitteye, `tirailleur' o soldado de infantería, que combatió en
Indochina y Argelia, aún sueña con la guerra y los cadáveres que recogía
en el campo de batalla.ALFREDO CÁLIZ
A Sadio Coulibaly le crujen los huesos cuando se levanta del sillón.
Apoyado en su bastón de madera, da unos pasitos y busca el apoyo
cómplice de su esposa. A sus 96 años, es uno de los últimos tirailleurs (tiradores) vivos que lucharon en la II Guerra Mundial,
Argelia e Indochina, soldados africanos reclutados por Francia para dar
su vida por la metrópoli, enviados al frente como carne de cañón y
discriminados a la hora de los reconocimientos, las pensiones y los
premios, incluso represaliados por exigir un trato igualitario. “En
Hanoi las balas no distinguían entre blancos y negros”, asegura
Coulibaly con amargura, “para ir a la guerra no nos pidieron visado”
En su modesta casa del barrio de Ndolofenne, en Saint Louis,
Coulibaly conserva sus ajadas medallas y un certificado de la Orden del
León que le concedió el presidente de Senegal hace tres años. Pese a su
avanzada edad y a fuerza de repetirlo, recita con detalle lugares y
fechas como una letanía. “Del campo de Kayes fuimos a Tambacounda,
Kaolack, Thies y Rufisque. Luego salimos en barco hacia Marsella. Siete
días tardamos en llegar y había chicos de todas partes, de Senegal,
Malí, Guinea y Mauritania”, asegura.
A partir de aquí su relato es confuso y enmarañado, salta de una
guerra a la otra, de la liberación de París al puerto de Tourane, del
barro de Indochina al desierto de Argelia. Pero algunos detalles están
clavados en su memoria. “Nos llevó hasta Saigón el barco SS Pasteur.
La guerra allí fue durísima, nos mandaban a la selva y pasabas días y
días sin dormir, el enemigo salía de la nada de repente, había cadáveres
por todos lados”, explica. Al frente de un destacamento de 140 tirailleurs, el sargento Coulibaly se empachó de muerte. Luego vendría Argelia, donde resultó herido, y lo mandaron de vuelta a casa.
Tras 18 años en el Ejército llegó el momento del retiro. “A los tirailleurs
nos pagan una pensión que es la cuarta parte de lo que reciben los
veteranos blancos. ¿Por qué? Las balas en Hanoi no sabían si eras
europeo o negro, en la guerra de Europa muchos hermanos africanos murieron bajo las bombas.
También nos prometieron la nacionalidad y nunca lo cumplieron, eso fue
una traición. Ya no tengo edad para viajar, pero mis hijos podrían haber
ido a Europa a trabajar y buscarse la vida. Si quisiera ir de visita a
Francia, país por el que lo di todo, tendría que sacarme un visado, pero
para ir a la guerra no me lo pidieron”, asegura con dolor.
Los tirailleurs senegaleses integraban el cuerpo colonial de
infantería y fueron reclutados a lo largo y ancho del territorio
africano bajo dominio francés. Recibieron el apelativo de senegaleses
porque de esta antigua colonia procedían los primeros, pero con el paso
de los años llegaban de Guinea, Malí, Chad, Níger e incluso del Magreb, a
los que denominaron argelinos o turcos. Tras su creación en 1857
participaron por reclutamiento o de forma voluntaria sobre todo en las dos guerras mundiales (al menos 400.000) y en los conflictos de descolonización, como los citados de Argelia e Indochina.
En Gandiol, a una decena de kilómetros de Saint Louis, Moussa Bitteye
pasa casi todo el día acostado en la cama. Escucha con dificultad y le
cuesta reconocer a sus propios nietos. También tiene 96 años y hay
noches que sueña con aquello y se revuelve inquieto en la cama. A veces
se despierta gritando. “Pasábamos cuatro o cinco días en la selva
recogiendo a los heridos, a muchos los cargué sobre mis hombros, eran
hermanos negros, malienses y senegaleses sobre todo”, explica con
dificultad. Su nieto Masseck completa el relato: “Se siente orgulloso de
haber sido militar, pero luego tuvo que volver. Era hijo único y su
padre lo reclamó. Su vida la pasó entre el campo y el mar, como
agricultor y capitán de pesca”.
Uno de los episodios más trágicos de la historia de los tirailleurs
no tuvo lugar en una guerra lejana, sino de vuelta a casa. Ocurrió el 1
de diciembre de 1944 cuando un nutrido grupo de ellos que había sufrido
prisión y trabajos forzados en Europa fue trasladado a Thiaroye (Senegal) tras la liberación de Francia.
Decenas de ellos se rebelaron contra el incumplimiento del pago de sus
primas de desmovilización y fueron reprimidos con brutal violencia por
sus propios compañeros a las órdenes del general francés Dagnan. La
historia oficial habla de 35 muertos, pero se cree que pudieron fallecer
al menos 70. El cineasta Ousmane Sembène recogió estos hechos en su
película Camp de Thiaroye (1988).
A escasos metros de Bitteye, en la misma Gandiol, vive Issoupha Diop,
nacido en 1937, quien estuvo dos años luchando en Argelia. “No tengo
ningún recuerdo bueno de ese tiempo, lo más que me marcó fue la muerte
de un amigo del mismo batallón. Se adentró en el desierto persiguiendo a
un rebelde y luego apareció su cadáver”. El viejo Diop pasa las horas
sobre una alfombra en la entrada de su casa, ya jubilado. Fue militar
hasta 1972 y llegó a caporal jefe. “Pero nada se parece a la guerra, no
es un juego ni una película, es durísima”, dice.
Un puñado de antiguos tirailleurs senegaleses, entre los que
se encontraba Sadio Coulibaly, héroes de guerra que se sienten
maltratados por Francia, trasladaron al presidente Macron en su última
visita a este país africano su malestar por el trato recibido. “Se
comprometió a darnos la nacionalidad”, asegura el militar retirado,
“pero aún no ha cumplido”. Cada vez quedan menos con vida, pero siguen
siendo una herida abierta de una época no tan lejana.
Tras completar su formación en España, la astrofísica serbia Mirjana
Pović se marchó al continente en el que siempre quiso trabajar: África.
Desde el Instituto Etíope de Ciencia y Tecnología Espaciales compagina
sus investigaciones sobre galaxias con la lucha para incorporar a la
mujer a la ciencia, una labor reconocida con el premio Nature Research Award en la categoría de ‘ciencia inspiradora’.
La astrófísica serbia Mirjana Pović es investigadora y profesora del
Instituto Etíope de Ciencia y Tecnología Espaciales, además de doctora
vinculada al Instituto de Astrofísica de Andalucía. / Adam Kessler
El 30 de octubre se entregaron en Londres los galardones Nature Research Awards, promovidos por el grupo Nature y la compañía The Estée Lauder para apoyar la igualdad de género y mostrar el trabajo de las científicas.
En
la nueva categoría de ‘ciencia inspiradora’, que premia los logros de
jóvenes investigadoras y sus esfuerzos para que otras mujeres accedan al
ámbito científico, especialmente en países empobrecidos, la primera
ganadora ha sido Mirjana Pović (Pancevo-Serbia, 1981).
Esta
luchadora conoció de niña la guerra en su país natal, pero logró salir
adelante y graduarse en astrofísica. Después acabó de formarse en España
y hoy es profesora del Instituto Etíope de Ciencia y Tecnología
Espaciales, además de doctora vinculada al Instituto de Astrofísica de
Andalucía.
¿Por qué se marcha una científica europea a Etiopía?
África
siempre ha sido una de mis pasiones. Me fascina su diversidad y
belleza, y me indigna que siga siendo un continente explotado. Siempre
quise trabajar para promover la educación y la ciencia en este
continente, como una forma de luchar contra la pobreza junto a mis
compañeros africanos. Después de años de cooperar en distintos proyectos
y países, en 2015 acepté la invitación para ayudar a crear el Instituto
Etíope de Ciencia y Tecnología Espaciales (ESSTI, por sus siglas en
inglés), el primero de este tipo en todo el este y centro de África.
¿Cuál es objetivo de este instituto?
Lo
fundó en 2016 el Ministerio Etíope de Innovación y Tecnología. Con los
datos de los satélites y el desarrollo de la investigación y tecnología
en este campo, el país espera mejorar muchos de sus retos actuales, como
la educación y salud pública en zonas remotas y rurales, el acceso al
agua y los recursos energéticos, la producción agrícola, el aumento de
infraestructuras, etc. En cuanto a instalaciones astronómicas, de
momento contamos con el pequeño observatorio Entoto, que dispone de dos
telescopios de un metro, aunque está previsto disponer de otro de cuatro
metros en el futuro.
¿Y cuáles son tus funciones?
Soy
jefa del departamento de Astronomía y Astrofísica, investigadora y
profesora en el ESSTI. Contribuyo al desarrollo institucional,
científico y la formación del profesorado en universidades públicas de
Etiopía y otros países de África. Llevo trabajando los últimos 13 años
para mejorar la educación y el desarrollo científico en este continente.
¿Puedes comentar alguno de tus proyectos?
He
dado clases en orfanatos y enseñado a niños de la calle en Tanzania,
Sudáfrica y Ruanda. He formado a las primeras generaciones de
estudiantes de máster y doctorado en astronomía en Etiopía, Tanzania,
Ruanda y Uganda, colaborando en el desarrollo de la astronomía
extragaláctica. Dentro del proyecto NASE (Network for Astronomy School
Education) he preparado a maestros de escuelas secundarias en Kenia,
Ghana y Etiopía; y en colaboración con la Sociedad de Mujeres Etíopes en
Ciencia y Tecnología, he emprendido actividades con niñas de Secundaria
para animarlas a trabajar en ciencia.
¿Toda esta labor es la que te ha premiado el Nature Research Awards ‘ciencia inspiradora’?
Este
reconocimiento valora particularmente el trabajo que se hace en países
empobrecidos, especialmente con niñas y mujeres. En mi caso, creo que
ayudará a visibilizar los esfuerzos que se están haciendo en Etiopía y
otros países africanos por el desarrollo científico. Este premio
pertenece a todos mis compañeros que trabajan día a día para mejorar la
educación y la ciencia, y a los que impulsan la astronomía y ciencias
espaciales en África. También espero que sirva para motivar a los
compañeros de países desarrollados a compartir su conocimiento y
experiencia, así como a los niños –en particular a las niñas– para hacer
ciencia en África.
¿A qué vas a destinar los 10.000 dólares del premio?
A dos proyectos: la creación de una red africana de mujeres dedicadas a la astronomía y las ciencias espaciales (African Network of Women in Astronomy and Space Science)
para visibilizar, unir y empoderar a las mujeres en este campo; y a
apoyar al mayor número de niñas posible en zonas rurales y remotas de
Etiopía.
Mirjana Pović, premio Nature Research Awards
El 30 de octubre se entregaron en Londres los galardones Nature Research Awards, promovidos por el grupo Nature y la compañía The Estée Lauder para apoyar la igualdad de género y mostrar el trabajo de las científicas.
En
la nueva categoría de ‘ciencia inspiradora’, que premia los logros de
jóvenes investigadoras y sus esfuerzos para que otras mujeres accedan al
ámbito científico, especialmente en países empobrecidos, la primera
ganadora ha sido Mirjana Pović (Pancevo-Serbia, 1981).
Esta
luchadora conoció de niña la guerra en su país natal, pero logró salir
adelante y graduarse en astrofísica. Después acabó de formarse en España
y hoy es profesora del Instituto Etíope de Ciencia y Tecnología
Espaciales, además de doctora vinculada al Instituto de Astrofísica de
Andalucía.
¿Por qué se marcha una científica europea a Etiopía?
África
siempre ha sido una de mis pasiones. Me fascina su diversidad y
belleza, y me indigna que siga siendo un continente explotado. Siempre
quise trabajar para promover la educación y la ciencia en este
continente, como una forma de luchar contra la pobreza junto a mis
compañeros africanos. Después de años de cooperar en distintos proyectos
y países, en 2015 acepté la invitación para ayudar a crear el Instituto
Etíope de Ciencia y Tecnología Espaciales (ESSTI, por sus siglas en
inglés), el primero de este tipo en todo el este y centro de África.
“Siempre quise promover la educación y la ciencia para luchar contra la pobreza junto a mis compañeros africanos”
¿Cuál es objetivo de este instituto?
Lo
fundó en 2016 el Ministerio Etíope de Innovación y Tecnología. Con los
datos de los satélites y el desarrollo de la investigación y tecnología
en este campo, el país espera mejorar muchos de sus retos actuales, como
la educación y salud pública en zonas remotas y rurales, el acceso al
agua y los recursos energéticos, la producción agrícola, el aumento de
infraestructuras, etc. En cuanto a instalaciones astronómicas, de
momento contamos con el pequeño observatorio Entoto, que dispone de dos
telescopios de un metro, aunque está previsto disponer de otro de cuatro
metros en el futuro.
¿Y cuáles son tus funciones?
Soy
jefa del departamento de Astronomía y Astrofísica, investigadora y
profesora en el ESSTI. Contribuyo al desarrollo institucional,
científico y la formación del profesorado en universidades públicas de
Etiopía y otros países de África. Llevo trabajando los últimos 13 años
para mejorar la educación y el desarrollo científico en este continente.
¿Puedes comentar alguno de tus proyectos?
He
dado clases en orfanatos y enseñado a niños de la calle en Tanzania,
Sudáfrica y Ruanda. He formado a las primeras generaciones de
estudiantes de máster y doctorado en astronomía en Etiopía, Tanzania,
Ruanda y Uganda, colaborando en el desarrollo de la astronomía
extragaláctica. Dentro del proyecto NASE (Network for Astronomy School
Education) he preparado a maestros de escuelas secundarias en Kenia,
Ghana y Etiopía; y en colaboración con la Sociedad de Mujeres Etíopes en
Ciencia y Tecnología, he emprendido actividades con niñas de Secundaria
para animarlas a trabajar en ciencia.
Observatorio Entoto durante el curso de NASE organizado para los maestros de las escuelas secundarias. / ESSTI
¿Toda esta labor es la que te ha premiado el Nature Research Awards ‘ciencia inspiradora’?
Este
reconocimiento valora particularmente el trabajo que se hace en países
empobrecidos, especialmente con niñas y mujeres. En mi caso, creo que
ayudará a visibilizar los esfuerzos que se están haciendo en Etiopía y
otros países africanos por el desarrollo científico. Este premio
pertenece a todos mis compañeros que trabajan día a día para mejorar la
educación y la ciencia, y a los que impulsan la astronomía y ciencias
espaciales en África. También espero que sirva para motivar a los
compañeros de países desarrollados a compartir su conocimiento y
experiencia, así como a los niños –en particular a las niñas– para hacer
ciencia en África.
¿A qué vas a destinar los 10.000 dólares del premio?
A dos proyectos: la creación de una red africana de mujeres dedicadas a la astronomía y las ciencias espaciales (African Network of Women in Astronomy and Space Science)
para visibilizar, unir y empoderar a las mujeres en este campo; y a
apoyar al mayor número de niñas posible en zonas rurales y remotas de
Etiopía.
La imagen que se suele tener de Etiopía es la de un país conflictivo y con hambrunas. ¿Es esa la realidad?
Este
país se enfrenta a muchos retos nada fáciles de solucionar, pero al
mismo tiempo hay muchísima esperanza y motivación entre la gente, que
confía en que la situación va a mejorar en el futuro. El programa
del ESSTI es uno entre varios, dentro de una visión general para
garantizar las mejoras a largo plazo.
¿Has tenido algún problema por ser una mujer blanca que viene a enseñar a África?
En
este continente he vivido muchas cosas y no siempre ha sido fácil. A lo
largo de mi vida he aprendido a valorar las situaciones difíciles, que
también sirven para aprender en la vida. Al enseñar en África nunca he
recibido una crítica directa, posiblemente por estar siempre vinculada a
proyectos iniciados por compañeros africanos. Siempre he tratado de
apoyar a instituciones y asociaciones locales. Creo profundamente que
los proyectos a largo plazo, para que sean eficaces, tienen que venir de
dentro. Desde fuera lo que podemos hacer es colaborar con nuestro
conocimiento y experiencia.
¿Cómo fue tu formación en Europa?
Me pude
graduar en Astrofísica porque el acceso a la universidad en Serbia es
gratuito, y doctorar gracias a una beca del Instituto de Astrofísica de
Canarias. Sin acceso a una educación pública y gratuita jamás podría
haber llegado a donde estoy hoy. Además, durante todo ese tiempo ha sido
fundamental el apoyo de mi familia y de la gente de mi alrededor. Antes
de llegar al ESSTI, trabajé durante seis años en el Instituto de
Astrofísica de Andalucía, institución a la que sigo vinculada como
doctora, manteniendo colaboraciones científicas con el grupo de
actividad nuclear en galaxias.
¿Es esa tu línea de investigación?
Sí,
principalmente las galaxias activas: estudiar la importancia de la
actividad nuclear en la formación y evolución de galaxias.
Recientemente, utilizando datos en el infrarrojo lejano, hemos
encontrado una población de galaxias activas con tasas de formación
estelar más altas de lo esperado. Ahora hemos conseguido tiempo de
observación en el telescopio SALT de 11 metros, en Sudáfrica,
actualmente el mayor telescopio óptico de la Tierra, y esperamos que sus
datos espectroscópicos nos ayuden a entender mejor la física que está
detrás de estos objetos.
¿Cómo se pueden romper las barreras del acceso de la mujer a la ciencia en África?
La
pobreza es uno de los principales factores que limita la vida de la
gente, afectando sobre todo a las mujeres y las niñas. Para resolver
esto, la lucha tiene que ser a largo plazo, y estoy convencida que el
desarrollo en educación y ciencia es la mejor herramienta. Además es
fundamental ofrecer modelos de referencia a las niñas, las jóvenes y las
mujeres, conectándolas con mujeres científicas.
Desde hace más de una década Mirjana Pović trabaja para mejorar la
educación y el desarrollo científico en África. / Pheneas Nkundabakura /
Nature
En países como Etiopía, ¿no convendría invertir en aspectos como la sanidad y la educación antes que en ciencia o astronomía?
Es
importante invertir en todo. Por supuesto en cosas de primera
necesidad, como la alimentación, la salud, el acceso al agua potable o
la luz eléctrica, la seguridad civil, la prevención de desastres
naturales y las crisis humanitarias… Eso es obvio, pero también hay que
invertir en el desarrollo educativo, científico, tecnológico e
industrial. Esta segunda parte es necesaria para luchar contra la
pobreza a largo plazo. Si no, el continente africano jamás saldrá de esa
situación y de la explotación constante de sus recursos naturales y
humanos, como lleva sucedido desde hace siglos y desgraciadamente
continúa pasando hoy en día.
Imagen de archivo de un migrante en Trípoli, tras ser rescatado por la Guardia Costera de Libia.
El verano de 2017, el Gobierno italiano entonces dirigido por Paolo
Gentiloni adoptó en secreto una decisión drástica. La migración
irregular a través de la ruta marítima central atravesaba uno de sus
puntos álgidos y Roma pensaba que había llegado el momento de buscar
alternativas más agresivas, aunque éstas supusieran una violación
flagrante de los derechos humanos. Se imponía frenar las salidas de los
botes a cualquier precio, aunque éste supusiera negociar con las mafias
que actuaban en la costa de Libia, sabotear la labor de los barcos de
rescate de las ONG desplegados en la zona e incluso minar la autoridad
de la operación militar conjunta Sofía, que se había revelado
ineficaz. En Roma crecía el malestar con los socios europeos,
especialmente con los vecinos del sur, que en varias cumbres habían
dejado entrever que preferían considerar este enorme flujo de personas
un problema coyuntural italiano antes que una seria amenaza para todo el
Mediterráneo.
El principal obstáculo residía, no
obstante, en Trípoli. En la antigua capital gadafista no lograba
afianzar su escaso poder el llamado Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA),
una nueva autoridad fruto del acuerdo forzado por la ONU en diciembre de
2015 tras el fallido proceso de diálogo y reconciliación nacional
tutelado por el entonces enviado especial, Bernardino León. Carente de
legitimidad democrática y de respaldo popular, su frágil viabilidad se
sostenía en la potencia militar que le podían proporcionar antiguos
rebeldes salafistas reconvertidos en señores de la guerra -como Hisham
Bishr o Abdul Rauf Kara, líder de la milicia RADA, la más poderosa de la
capital-, y en el dinero que fluía desde Bruselas, que había decidido
reconocerlo, pese a que en puridad no era una autoridad estatal lícita.
El hombre clave para Roma en aquellos días no era su cabeza visible,
Fayez al Sarraj. Si no otro insurgente trocado en miliciano: un joven de
apenas 28 años llamado Abdulrahman Salem Milad Aka "Al Bija".
Miembro de la tribu Abu Hamyra, dedicada al contrabando de combustible
en el oeste de Libia, Al Bija había combatido en una de las numerosas
brigadas que se levantaron contra la dictadura de Muamar al Gadafi en el
inicio de las ahora marchitas primaveras árabes. Asesinado el tirano,
la nueva Libia le ofreció un futuro en las redes de distribución y venta
ilegal de gasolina y diesel local en la región del Sahel -que mueven
más de 2.000 millones de euros al año- antes de explorar otras
franquicias estraperlistas de su tribu, igual de lucrativas y
peligrosas. Cuando en el verano de 2017 agentes de los servicios de
Inteligencia italianos visitaron sus dominios en la ciudad costera de
Zawiya para ofrecerle un pacto, ya se le consideraba el mayor traficante
de personas del Mediterráneo. No fue óbice. Al contrario. En apenas
unos meses, Al Bija se convirtió en el nuevo comandante de la Guardia
Costera libia en la citada localidad, al mando de varias patrulleras
enviadas desde Italia, y sus hombres devinieron en un fuerza policial
entrenada por agentes europeos, nominalmente dependiente del Gobierno
sostenido por Naciones Unidas en Trípoli, pero con capacidad de decisión
absoluta sobre las aguas territoriales y los centros detención de
migrantes en el noroeste de Libia. En junio de este año, la ONU incluyó su nombre en una lista de personas y entidades libias sancionadas por su vinculación con el tráfico ilegal de petróleo y combustible en el norte de África.
Esam Al-Fetori / Reuters
Soldados del Ejército Nacional Libio.
Un año después, las cifras parecen conceder la razón al éticamente
reprobable plan de Gentiloni, que empuja a manos de personajes como Al
Bija a decenas de miles de hombres, mujeres y niños migrantes, y les
condena a malvivir atrapados en un estado fallido, víctima del caos y la
guerra civil, en el que se violan a diario los derechos humanos. Según
los últimos datos de Organización Internacional de las Migraciones
(OIM), un total de 62.576 migrantes y demandantes de refugio y asilo
llegaron a Europa a través del mar entre el primero de enero y el 22 de
agosto de 2018, casi la mitad en comparación con los 120.624 que lo
hicieron en el mismo periodo del año anterior. De ellos, sólo 19.358
arribaron a las costas de Italia, un descenso de casi el 80% si se
compara con los 97.462 que entraron por la misma vía en 2017. "Las
cifras son irrefutables, pero totalmente engañosas", explica un
responsable de una ONG internacional presente en Libia, que prefiere no
ser identificado por motivos de seguridad. "No se trata de una solución,
si no una manera de eludir la responsabilidad confinando el problema en
las fronteras de Libia, y pretendiendo que éste únicamente incumbe a un
estado que no existe. Es lo que llamamos la estrategia del avestruz",
subraya. En la misma línea se pronuncia Amir H., periodista y activista
de los derechos humanos en Libia, para quien el objetivo de Italia es
meridiano. "Dejar morir la ruta central. Si las balsas no salen, si son
interceptadas por los guardacostas libios, no es ya necesaria la
presencia de las ONG, y los rescates desaparecerán de los medios de
comunicación. Las violaciones de los derechos humanos tiene un impacto
mediático menor. No hay periodistas extranjeros en Libia, el Gobierno de
Al Serraj mantiene un bloqueo informativo eficaz al no conceder visas,
así que tampoco habrá información del maltrato y las condiciones
inhumanas a los que se le somete. A la opinión europea le parecerá que
todo ha terminado, pero no es más que un parche que oculta una bomba de
relojería", critica.
La experiencia reciente y las tendencias demográficas, políticas y
económicas que se observan en los países del norte de África y
particular del Sahel sostienen esta teoría. Existen dos grandes rutas de
la migración africana a Europa. La primera parte del llamado "cuerno de
África", principalmente de Somalia y Eritrea, y se extiende al oeste
atravesando países como Sudán y Chad. La mayor parte de los que se
aventuran por ella aspiran a llegar a las costas de Libia o Túnez,
último destino antes del "gran salto". El cuestionable plan de
Gentiloni, profundizado por su sucesor, Giuseppe Conte, y su
controvertido ministro de Interior, Matteo Salvini, ha causado que
decenas de ellos hayan quedado ahora bloqueados en ambos países, y
obligado a muchos otros a proseguir su odisea asumiendo el riesgo de
periplos mucho más largos y peligrosos. Las estadísticas de la OIM
señalan que las muertes en la ruta del Mediterráneo central se han
reducido a la mitad en los primeros ocho meses de 2018 en comparación
con el mismo periodo de 2018. Pero los investigadores de la ONU solo
reflejan el número de los que perecen en el mar. No existen registros
sobre cuantos pierden la vida en el camino víctimas del hambre, la sed,
el calor, las enfermedades, el explotación laboral, las violaciones y
las torturas. A juzgar por los relatos de los que si logran llegar a la
penúltima etapa, miles de cadáveres ensombrecen tanto éste como el resto
de itinerarios. "La política de Italia y el silencio de Europa no es
solo escandaloso; es una tragedia en sí misma, la mayor tragedia del
siglo XXI", insiste Amir. Una suerte de holocausto migratorio que aboca a
miles de seres humanos a la esclavitud y a la muerte.
Hani Amara / Reuters
Migrantes en un centro de detención en Libia.
La segunda parte de África occidental, en particular de países como
Nigeria y Camerún, cruza Mali y penetra hasta la localidad argelina de
Ourgla con las mismas consecuencias. Allí se divide en dos ramas: una
que atraviesa las montañas y el desierto rumbo a la histórica ciudad de
Ghadames, escala necesaria para entrar en Libia; y otra que asciende
hacia los pueblos argelinos de Maghnia y Oujda, que facilitan el acceso a
Marruecos y la llegada a la península Ibérica a través del estrecho de
Gibraltar o la ciudad autónoma de Melilla. Datos de la OIM confirman que
España, su destino final, ha devenido en el principal puerto de llegada
para los más de 62.000 migrantes y solicitantes de asilo y refugio que
llegaron a Europa por mar en los primeros ocho meses del presente año.
De acuerdo con el citado organismo, entre el primero de enero y el 22 de
agosto desembarcaron en las costas españolas 27.577 personas, un 42%
del total. La cifra supone, además, el triple de las que arribaron a
España en el mismo periodo de 2017, en lo que expertos y analistas
regionales consideran "un claro cambio de tendencia". "Se comentó con
las autoridades españolas, pero estas rebajaron la alarma. Insistían en
que la situación política en Libia y en Marruecos no era comparable. Ese
es el problema de los gobiernos europeos, que no llegan a la raíz de la
cuestión. Cuando hablan de trabajar en los países de origen, en la
mayoría de los casos se refieren a Libia o Marruecos", explica el
trabajador de la ONG. "Pero el origen está más abajo, en el Sahel", que
ha devenido en la verdadera frontera sur de Europa, agrega.
En las áridas tierras que separan el norte de África de las selvas y la
sabana las políticas son, sin embargo, otras: grandes dispendios para la
militarización y la seguridad, y escasos fondos para el desarrollo
social sostenible. En febrero de 2013, la UE lanzó la Misión de la Unión
Europea para Mali (EUTM), como respuesta a una resolución de la ONU y
en el marco del comité de Seguridad Común y Defensa Exterior de los 27.
Hija bastarda de la operación militar Serval, emprendida por Francia
tras la sublevación de la región del Azawed, su único objetivo declarado
es formar a las tropas malienses para hacer frente a los distintos
grupos yihadistas armados que crecen y se fortalecen en la región. Su
impacto hasta la fecha ha sido relativo. Algunos, como Boko Haram,
mantienen sus incursiones hacia el norte, en particular hacia Níger y
Libia, y han ampliado su presencia tanto en estas naciones como en los
márgenes del lago Chad. Otros, como la organización de Al Qaida en el
Magreb Islámico (AQMI), Ansar al Sahria o Al Murabitum se han unido en
torno al fundador del Movimiento de Liberación del Azawed. Iyad Ghali, y
creado una nueva organización regional más potente bautizada "Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes" (GSMI o JNIM),
con tentáculos desde Libia a Burkina Faso. Tanto en este país, donde el
yihadismo crece a grandes zancos, como en Níger, los fanáticos están
firmemente asentados en zonas rurales del norte donde no alcanzan ni las
tropas europeas ni los ejércitos locales, y donde el contrabando transaheliano
de armas, combustible e incluso personas, es la actividad económica
principal y más lucrativa. Apenas nada para financiar programas de
educación y emprendimiento que contribuyan a combatir la radicalización y
la desesperanza.
Hani Amara / Reuters
Migrantes en un centro de detención en Libia.
Un error estratégico y una coyuntura similar a la que favoreció la
floración de el movimiento Talibán y la organización Al Qaida en
Afganistán en la década de los pasados noventa y que se repitió poco
después en Irak, permitiendo la evolución del yihadismo internacional y
el surgimiento de su penúltima versión, el Estado Islámico. Avanzado
2018, la situación en los tres territorios es similar. Ejércitos locales
apoyados por fuerzas internacionales controlan los núcleos urbanos al
tiempo que los fanáticos se filtran en las áreas rurales. La diferencia,
quizá, es que mientras en Siria e Irak tratan de recomponerse, en
Afganistán ya se han recuperado y en el Sahel se preparan para librar la
próxima batalla. "La demografía juega también en contra, especialmente
en el Sahel", señala un asesor militar europeo asentado en un país del
norte de África. "Las perspectivas apuntan a que la población se doblará
en la zona en menos de 20 años", agrega. Según cálculos de Naciones
Unidas, sostenidos en los datos que han recopilado sus diferentes
agencias, la población en esta empobrecida franja de África superará los
300 millones de habitantes en 2050, el triple que en la actualidad.
Dos variantes más
se suman a la ecuación. Una geográfica -el llamado índice de estrés
hídrico-, y otro social -el cambio de tendencia que se producido en los
movimientos migratorios-. Ambos convierten el éxodo al norte en
imparable, invalidan los argumentos de los partidos y movimientos de
derecha y extrema derecha en Europa y devuelven a la actualidad aquella
famosa frase de Ortega y Gasset que dice que "toda la historia europea
no es más que una migración hacia el norte". Según datos recogidos por
el World Resources Institute, los cambios que se producen en el clima
harán que la región del Sahel se convierta dentro de dos décadas en una
de las más secas del mundo. La escasez de recursos hídricos destruirá la
agricultura local y alimentar a la población será el mayor de los
desafíos, factores ambos que espolearán la inmigración. Un movimiento
migratorio que, al contrario del que se produjo en la década de los
pasados sesenta, tendrá igualmente una naturaleza distinta: los nuevos
migrantes no buscan acumular recursos y riqueza con el objetivo de
retornar a su lugar de origen, si no que aspiran a quedarse y arraigar
en el país de acogida. Un patrón que, como subraya el investigador e
intelectual libanés Bichara Khader, "cambiará Europa".
Hani Amara / Reuters
Brazo de un migrante muerto tras naufragar su embarcación en las costas libias.
En este contexto, estrategias como las que defienden políticos
conservadores como Matteo Salvini, Pablo Casado o Enmanuel Macron de
cierre de fronteras e inversión en los países de origen parecen un
brindis al electorado condenado al fracaso. Sobre todo si por inversión
entienden, como ocurrió con Turquía, la militarización y el
arrendamiento de estados con regímenes cuestionables para que ejerzan
simplemente de gendarmes. "La puerta abierta por Italia en Libia no es
nueva, pero sí muy peligrosa", explica el responsable de la ONG ya
citado. "La llave la tienen ahora milicias y personajes reprobables como
Al Bija, que no tiene respeto alguno por los derechos humanos. Y que
están habituados a la extorsión. Si quieren más, solo tienen que abrir
el grifo y dejar que el mar vuelva a llenarse de botes precarios",
afirma. "Igual que Marruecos y Turquía, que desde hace tiempo saben
sacar provecho económico y político de los miedos de Europa", concluye.
Salvo
honrosas excepciones, los medios de comunicación españoles reducen los
conflictos africanos a enfrentamientos étnicos o religiosos. Esta es la
mayor mentira que se puede decir sobre ellos. Esos elementos pueden
estar presentes en la superficie y suelen ser agitados por las partes
interesadas en que las disputas se eternicen en el tiempo, pero nunca se
encuentran en ellos las causas profundas de estos conflictos. Esta
tesis se comprueba muy bien en el que tiene lugar en el centro de
Nigeria en la actualidad.
Una nueva matanza tuvo lugar en esta
zona entre el jueves 21 y el domingo 24 de junio. Más de 200 personas
perdieron la vida en los enfrentamientos entre pastores y agricultores
en el estado de Plateau, según las últimas estimaciones de las autoridades.
El presidente nigeriano, Muhammadu Buhari, ha prometido que no
escatimará esfuerzos para encontrar a los responsables y prevenir que se
repitan hechos similares, como ya ha hecho en ocasiones anteriores.
Mientras, el gobernador del estado, Simon Bako Lalong, ha impuesto un toque de queda de seis de la tarde a seis de la mañana en las comunidades afectadas.
No
es la primera vez que se toman estas medidas o se hacen estas promesas
y, a pesar de ello, los enfrentamientos no cesan. Los conflictos
violentos entre pastores nómadas procedentes del norte de Nigeria y las
comunidades agrícolas sedentarias de las regiones centrales y
meridionales se han incrementado dramáticamente en los últimos años,
paralelamente al rearme de los grupos de pastores fulani, que se han
convertido en una gran amenaza para los civiles. Estas bandas serían
responsables de la muerte de casi 1.000 civiles en lo que va de año;
frente a los 200 que ha matado Boko Haram, afirma the Armed Conflict Location and Event Data Project (ACLED).
El
aumento en el número de ataques a los agricultores por parte de los
pastores nómadas ha llevado a muchos de los primeros a abandonar sus
tierras, cuando se encontraban en plenas tareas agrícolas. Este
movimiento ha sido especialmente fuerte en el estado de Benue, en el
centro norte del país, que ha visto disminuir su producción de alimentos en un 45%,
ya que las granjas son abandonadas, lo que favorece que los pastores se
incauten de los productos sembrados, sobre todo para alimentar con
ellos a su ganado. Una situación que amenaza no solo a la seguridad
alimentaria del estado, sino también la de todo el país.
Desde tiempos inmemoriales, los pastores del norte de lo que hoy es Nigeria han trashumado hasta las sabanas y los bosques tropicales
de los estados centrales y meridionales durante la estación seca del
año. Sin embargo, cada vez bajan más y penetran en regiones donde el
alto crecimiento demográfico ha producido una fuerte presión sobre las
tierras agrícolas y el acceso al agua. Esto se ha traducido en un
aumento de las disputas sobre daños a los cultivos, contaminación del
agua y robo de ganado. Ante la ausencia de mecanismos de mediación
aceptados por ambas partes, los desacuerdos se transforman, cada vez
más, en violencia.
No se puede acusar a los pastores de haber
decidido voluntariamente salirse de sus rutas tradicionales de
trashumancia; las raíces de esta nueva situación se encuentran en el
cambio climático. La sequía y la desertificación han degenerado los
pastos y han secado muchas fuentes naturales de agua a lo largo del
cinturón saheliano del norte de Nigeria. Este nuevo escenario obliga a
gran número de pastores a migrar hacia el sur en busca de pastizales y
aguas para sus rebaños. A este dato hay que añadir la inseguridad que
existe en muchos estados del norte y noreste como consecuencia de la
presencia de Boko Haram y del bandolerismo rural que se centra, sobre
todo, en el robo de ganado en la zona noroccidental y centro-norte.
Ambos fenómenos propician el desplazamiento de muchas poblaciones. Por
otra parte, el crecimiento de los asentamientos humanos, la expansión de
las infraestructuras públicas y las adquisiciones de tierras por parte
de granjeros o grandes corporaciones agroindrustriales y otros intereses
comerciales privados han usurpado a los pastores cientos de hectáreas
de tierras de pastos que el Gobierno nigeriano les había asignado tras
la independencia, lo que igualmente les empuja a buscar nuevos destinos
para mantener vivo a su ganado. Todos estos elementos también han
causado que lo que antaño eran migraciones estacionales se hayan
convertido en permanentes. Hecho que aumenta, aún más, la tensión entre
los dos grupos.
Evidentemente, estamos ante un conflicto cuyas
causas están en el control de los recursos de la tierra. Pero intereses
espurios lo embarran cada vez más con elementos religiosos y políticos.
Los pastores pertenecen mayoritariamente al grupo étnico fulani y
practican el islam, mientras que la mayoría de los agricultores son
cristianos. Elementos, que no tienen nada que ver con el origen del
conflicto, ya que durante generaciones, las poblaciones musulmanas y
cristianas del Plateau han convivido sin enfrentamientos violentos,
aunque en las ciudades y aldeas tendían a vivir en zonas separadas
Sin
embargo, la utilización política de estas divisiones empieza a pasar
factura. Los últimos asesinatos parecen ser una venganza por un ataque a
pastores. El jueves, cinco ganaderos que viajaban en un camión lleno de
ganado fueron emboscados, sus vacas robadas y el camión incendiado.
Hasta el momento, los cinco hombres siguen desaparecidos.
Una de
las asociaciones de criadores de ganado en Plateau se quejó ante el
Gobierno estatal y las fuerzas de seguridad de que más de 400 cabezas de
ganado habían sido robadas y sus pastores atacados o asesinados en los
últimos meses.
A finales de abril, unos 30 pastores fulani fueron
acusados de asaltar la iglesia católica de San Agustín y de matar al
menos a 17 de sus fieles y dos sacerdotes.
De todas formas,
volvemos a insistir en que el enfrentamiento religioso no está en el
fondo de este conflicto. Igualmente, aunque el cambio climático y las
tensiones religiosas puedan ser factores importantes detrás del aumento
de este conflicto entre pastores y agricultores, son en realidad la
ausencia de una institución eficiente capaz de resolver las disputas y
la circulación de armas lo que provoca que los desacuerdos terminen en
hechos violentos.
A pesar de ello, como decíamos al inicio, los
medios de comunicación españoles siguen reduciendo este conflicto, como
la mayoría de los que se producen en suelo africano, a un enfrentamiento
religioso o étnico o “conflictos de tinte étnico-religioso”, como se
leía en un periódico.
Siempre es más fácil explicar estos
enfrentamientos así, desde la superficie, sin profundizar en sus raíces.
Una forma más de mantener los estereotipos sobre un África que se
identifica con el Corazón de las tinieblas, un lugar oscuro y
cruel, donde desde el principio de los tiempos unas tribus luchan contra
otras sin más aparente razón que el gusto por la disputa.
Basta
ver cómo se trata en la mayoría de los medios españoles conflictos como
el de la República Centroafricana: musulmanes selekas contra cristianos
anti-balakas, olvidando que en la actualidad grupos selekas se han
aliado con anti-balakas y pelean sencillamente por el control de los
recursos naturales del país, sin importarle a ninguno la religión del
aliado o del enemigo. O Sudán del Sur donde nos dicen que se enfrentan
dinkas contra nuers, olvidando el papel de las grandes potencias (China y
Estados Unidos, principalmente) que agitan las distinciones étnicas
para defender sus propios intereses. Y así podríamos seguir recorriendo
cualquier disputa que existe en el continente.
¿Es pereza?,
¿desprecio a África?, ¿ignorancia? No lo sabemos, pero lo cierto es que
este tipo de simplificaciones no ayudan a comprender los conflictos
africanos y profundizar en sus causas y prolonga en el tiempo la
estereotipación de África.
Quite Djata lucha contra la mutilación genital y los matrimonios infantiles en Guinea Bissau implicando a comunidades, imanes, 'fanatecas' y equipos médicos
Quite
Djata, coordinadora del Comité Nacional para el Abandono de Prácticas
Tradicionales Perjudiciales para la Salud de las Mujeres y la Infancia
(CNAPN) de Guinea Bissau, durante su visita a Madrid en marzo de 2018.María Álvaro Navarro
“Alfabetizando a las mujeres conseguimos que se
sientan con fuerza para decir no. Que puedan alzar la voz y decir basta.
Sus madres no lo sabían, pero ahora que ellas conocen las consecuencias
de la mutilación ya no van a permitir que sus niñas pasen por eso”.
Quite Djata, coordinadora desde 2012 del Comité Nacional para el Abandono de Prácticas Tradicionales Perjudiciales para la Salud de las Mujeres y la Infancia (CNAPN) de Guinea-Bissau, no tiene duda de que la educación es la clave para acabar con la mutilación genital femenina en su país y en todo el mundo. Lo dijo en las VII Jornadas Internacionales Mujeres y niñas libres de violencias de género: tejiendo redes, sumando voces de la Unión de Asociaciones Familiares (UNAF), con la determinación y el convencimiento de alguien que trabaja a diario en la lucha contra esta práctica que afecta a 200 millones de mujeres que han sido mutiladas en todo el mundo.
“En Guinea-Bissau
solamente los musulmanes, que son el 40% de la población, practican la
mutilación. Pero hay que dejar claro que no es una recomendación del
Corán. No tiene nada que ver con el Islam. El problema es la ignorancia,
el egoísmo y el machismo”, advierte Djata de manera contundente. “En el
este del país, la prevalencia de mujeres que han sido mutiladas es del
70%, aunque hay regiones que incluso superan este porcentaje”, señala
Djata, quien reconoce huir de las grandes cifras por la amplia variación
que sufren de una zona a otra y según los grupos étnicos que la
practican. “Los fulas realizan una mutilación mucho más dura que los
mandingas, quitando los labios superiores e inferiores y el clítoris
completo”, aclara. Según datos de la UNAF,
en el país africano casi el 45,5% de las niñas y mujeres entre 15 y 49
años han sufrido la ablación, y en el caso de las que profesan la
religión musulmana está cifra aumenta al 95%.
Djata, titulada en Agronomía Tropical y Subtropical
por la Universidad alemana de Leipzig, trabaja desde hace años en el
CNAPN con el objetivo claro de promover el abandono de todas las
prácticas perjudiciales que atentan contra los derechos de las mujeres y
la infancia. Aunque su principal batalla es acabar con la mutilación
genital, también lucha por la erradicación del matrimonio precoz y el
tráfico de niñas. “Hay muchas discriminaciones por razón de género. Por
ejemplo, cuando los padres de un menor mueren, el niño tiene el derecho a
recibir la herencia mientras que la niña no. Combatimos este tipo de
situaciones porque para acabar con la mutilación hay que acabar con
todas estas prácticas también”, afirma la guineana.
Quite sonríe cuando comenta que, mientras ella
comparte mesa en el Día Internacional Tolerancia Cero con la Mutilación
Genital Femenina con otras activistas de todo el mundo, sus compañeras
en Bissau también tienen una misión importante. “Hoy se están celebrando
en la capital y en otros cinco puntos del país intercambios entre
comunidades que se han declarado libres de esta práctica contraria a los
derechos humanos con otras que aún no lo han hecho y en las que
seguimos trabajando”.
Aunque reconoce que las 200 comunidades declaradas
libres de mutilación son un muy buen ejemplo y sirven para demostrar a
las demás que se puede lograr, el camino para conseguirlo no es fácil.
Un requisito indispensable para trabajar en las
aldeas con éxito, según Djata, es no hablar de salud sexual en las
primeras reuniones. “Empezamos con el registro de los niños y niñas y la
escolarización. Seguimos hablando de la necesidad de acabar con los
matrimonios infantiles y sus terribles consecuencias. La mutilación es
lo último que abordamos para que haya más aceptación y las mujeres estén
preparadas para hablar de ello. Y nos funciona”, afirma.
Desde que en 1996 se creara el Comité, por
recomendación de la ONU, sus logros han sido muchos, implicando en el
camino a diferentes actores. “Capacitamos a los imanes, les hablamos de
las terribles consecuencias para la salud de las mujeres. Aunque hay
algunos que aun tienen resistencia a que les hablemos de estos temas, lo
vamos logrando”. En 2013, más de 200 imanes de todo el país aprobaron
una fatwa —decreto islámico— que condenaba la práctica de la mutilación en nombre de la religión.
Las formaciones también se extienden a las fanatecas
—las mujeres que se realizan las ablaciones— como una parte importante
de la sensibilización ya que, según estima Unicef, cada año alrededor de
2.000 niñas son enviadas por sus padres o familiares a estas mujeres.
“Cuando hablamos con ellas, muchas lloran y no solo deciden no seguir
con la práctica, también salir a educar e informar de que esto tiene que
acabar”. Los equipos médicos también son una parte fundamental. “Ellos
pueden hacer saltar las alarmas y denunciar”.
Djata coincide con su compañera y presidenta del
comité Fatoumata Djau Baldé, reconocida defensora de los Derechos
Humanos en Guinea-Bissau, en que la ley no acabará con la mutilación por
sí sola. “Sabemos que las costumbres no se abandonan por tener una ley,
pero por lo menos ya existe el instrumento jurídico para que se condene
a quien la lleve a cabo. Aunque, además de la ley, necesitamos que
alguien vaya a explicárselo a la gente, a informarles”. Desde que se
promulgó la norma que prohíbe y criminaliza esta práctica en junio de
2011, ya han sido denunciados 40 casos ante los tribunales.
Para Quite, hay dos problemas fundamentales a los
que se enfrentan desde el comité: la población sigue siendo muy
reticente a denunciar y aún existe una escasa participación del Gobierno
en estos temas. “Los diputados nunca participan, su apoyo es pasivo.
Tienen miedo a perder votos, pero en esta lucha necesitamos su apoyo. Yo
no puedo predecir cuándo acabaremos con la mutilación de las niñas. Si
lo logramos para 2030, podremos decir que estamos muy orgullosos”,
sentencia esperanzada.
¿Cuál es el futuro del rinoceronte blanco del norte tras la muerte del último macho?
Los últimos instantes de vida del último rinoceronte blanco del norte macho con su cuidador.
Foto: Ami Vitale, National Geographic Creative.
@xavieraldekoa
Solo quedan dos hembras en una reserva de Kenia.
El guarda de fauna salvaje Zacharia Mutai consuela a Sudan, el
último macho de rinoceronte blanco del norte que queda en el planeta,
momentos antes de su fallecimiento el 19 de marzo de 2018 en la reserva
natural de Ol Pejeta, en el norte de Kenia. foto por Ami Vitale, National Geographic Creative
Los conservacionistas ya esperaban la muerte de Sudan, el último
rinoceronte blanco del norte macho que quedaba en el mundo. Pero cuando
falleció la noche del lunes, la noticia se recibió con consternación
internacional.
Los
conservacionistas ya esperaban la muerte de Sudan, el último
rinoceronte blanco del norte macho que quedaba en el mundo. Pero cuando
falleció la noche del lunes, la noticia se recibió con consternación
internacional.
El
rinoceronte macho de 45 años vivía protegido por guardias armados en el
la reserva natural de Ol Pejeta en Kenia. A principios de mes, Sudan
contrajo una infección en la pata trasera derecha. Ya sufría
complicaciones relacionadas con la edad y la infección agravó su estado
de salud.
Ahora solo quedan dos rinocerontes blancos del norte hembras en la reserva, las últimas de su especie en la Tierra.
¿Se ha perdido toda esperanza?La muerte de Sudan se considera en gran medida la firma de la sentencia de muerte de la especie.
Han
existido un importantes iniciativas para ayudar a Sudan a producir
crías. En un último esfuerzo desesperado para recaudar fondos para los
cuidados del rinoceronte, los conservacionistas crearon una cuenta de Tinder para Sudan.
Documentar a Sudan y el declive de la especie fue uno de los principales proyectos para la fotógrafa de National Geographic Ami Vitale.
«Hoy
presenciamos la extinción de una especie que había sobrevivido durante
millones de años, pero que fue incapaz de sobrevivir a la humanidad»,
escribió Vitale en Instagram, compartiendo la mala noticia.
Vitale
estaba con Sudan cuando trasladaron al rinoceronte desde un zoo en
República Checa a la reserva de Kenia en 2009. Se creía que el clima
africano y tener más espacio para moverse estimularía el apareamiento de
los rinocerontes.
Como ya había sobrepasado su edad reproductora y
las dos hembras son incapaces de engendrar crías de forma natural, los
científicos estaban intentando crear un rinoceronte en un laboratorio.
Se
recogieron células sexuales de los rinocerontes blancos del norte vivos
y los científicos esperan usar la fecundación in vitro para fecundar a
rinocerontes blancos del sur que hagan las veces de «madres de
alquiler». La tecnología para conseguirlo todavía se está
perfeccionando.
«No hay garantía de que [la fecundación in vitro]
funcione», afirma Philip Muruthi, vicepresidente de protección de
especies en la African Wildlife Foundation. Añade que es muy caro y que
costaría más de siete millones de euros.
«Es una lección amarga
sobre la conservación de las especies», afirma Muruthi. Señala que,
aunque la protección es cara, «los costes de la recuperación son mucho
mayores». Los rinocerontes en ÁfricaEn 2014, solo había
siete ejemplares de esta subespecie en el mundo, todos en zoos. En el
verano de 2015, el número había descendido a cuatro; pocos meses más
tarde, solo había tres.
Un pelotón de guardias armados vigila a Sudan, un rinoceronte blanco del norte que era el último macho de su especie.
foto por Ami Vitale, National Geographic Creative
Pero cuando la población de rinoceronte blanco del norte empezó a descender, lo hizo a velocidad del rayo.
En
los últimos días de Sudan, los encargados de Ol Pejeta mantuvieron a
los tres rinocerontes protegidos con guardias armados las 24 horas del
día. Pese al vertiginoso estado de conservación de la especie, los
animales se enfrentan a la gran amenaza de la caza furtiva.
Al igual que los elefantes, los rinocerontes de África sufren una caza agresiva por sus lucrativos cuernos y su piel.
En 2013, se declaró extinta a otra subespecie de rinoceronte, el rinoceronte negro occidental.
El rinoceronte negro oriental, especie con unos mil ejemplares, podría
ser el próximo que se enfrente a la posibilidad de la extinción.
Los
conservacionistas siguen centrados en salvar a esta especie, así como
al rinoceronte blanco del sur, una especie de la que quedan unos 20.000
ejemplares.