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jueves, 14 de marzo de 2019

La fiscalía acusa a un exsoldado británico por dos muertes en el ''Domingo Sangriento'

El 'soldado F', como ha sido identificado, está acusado de matar a dos personas

http://america.aljazeera.com/content/ajam/articles/2015/11/10/former-soldier-arrested-in-bloody-sunday-killings/jcr:content/headlineImage.adapt.1460.high.bloody_sunday_111015.1447177386174.jpg
International Keystone-France / Getty Images

La fiscalía de Irlanda del Norte ha anunciado que ha presentado cargos contra un exsoldado del Ejército británico por su presunta implicación en la muerte de dos civiles en el conocido como Domingo Sangriento, en el que perdieron la vida un total de 14 personas, ocurrido en Derry en 1972 y considerado uno de los episodios más polémicos del conflicto en Irlanda del Norte.
La acusación pública norirlandesa ha informado de que el acusado, identificado como "soldado F", afrontará cargos por la muerte de dos personas y el intento de asesinato de otras cuatro.

Catorce personas murieron por los disparos de efectivos del Ejército británico el 30 de enero de 1972 en Derry (noroeste de Irlanda del Norte), durante una manifestación por los derechos civiles en la que la actuación de los uniformados ha sido calificada de "injustificada e injustificable", según determinó en 2012 una investigación oficial.

En una comparecencia, el director de la fiscalía, Stephen Herron, explicó este jueves que el "soldado F" será juzgado por el asesinato de James Wray y William McKinney y el intento de asesinato de Joseph Friel, Michael Quinn, Joe Mahon y Patrick O'Donnell.

La Policía norirlandesa había investigado también la implicación de otros 16 exsoldados en el Domingo Sangriento y de dos miembros del IRA Oficial, la organización terrorista de la que salió el actual Ejército Republicano Irlandés (IRA), ya inactivo tras su respaldo al proceso de paz.

"Logro extraordinario"
Según Herron, esas pesquisas no han aportado "pruebas suficientes" para procesar con "perspectivas de éxito" a esos 16 exmilitares y a los dirigentes paramilitares. Antes de conocerse su decisión, el Ministerio de Defensa del Reino Unido ya había comunicado su intención de asumir los gastos legales de los abogados del "soldado F".

Desde primera hora de hoy, las familias y amigos de las víctimas del Domingo Sangriento se han congregado ante el ayuntamiento de la ciudad para recibir la esperada noticia, que han calificado de "logro extraordinario".

Resultado de imagen de Bloody Sunday.
https://www.veteranstoday.com/2018/08/14/bloody-sunday-1972-investigation-is-going-ahead-confirms-north-ireland-police-service/
 No obstante, los representantes legales de las familias también indicaron que se sienten al mismo tiempo "decepcionadas" porque "no todos los responsables" responderán ante la Justicia. Asimismo, celebraron que, a pesar de "las interferencias políticas" y la "presión ejercida" para afectar a la independencia judicial, los esfuerzos de las familias en los últimos años han conseguido limpiar el nombre de las víctimas y llevar a un exsoldado ante los tribunales.

En 2012, las conclusiones de una investigación del tribunal especial de lord Mark Saville de Newdigate enterraron la hasta entonces versión oficial de 1972. Esa versión oficial señalaba que los militares respondieron con fuego a la agresión del IRA durante la manifestación por los derechos de los católicos en Derry.

El llamado "Informe Saville" confirmó que los fallecidos eran civiles inocentes y calificó de "injustificada e injustificable" la actuación de los soldados del Regimiento de Paracaidistas, lo que llevó al exprimer ministro conservador David Cameron a pedir perdón a las víctimas.

Fuente:  https://www.elperiodico.com/es/internacional/20190314/la-fiscalia-acusa-a-un-exsoldado-britanico-por-dos-muertes-en-el-domingo-sangriento-7353583?utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_campaign=cm

martes, 31 de julio de 2018

La historia desconocida de los servicios secretos británicos

Un libro innovador que narra por primera vez las operaciones clandestinas del los servicios secretos británicos desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

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Una mujer en el puerto de Portsmouth mirando el portaaviones HMS Invincible volviendo de la Guerra de las Malvinas. (Hulton Archive/Getty Images)
 Hay momentos en los que la única reacción posible a una noticia imprevista es que todo el mundo contenga la respiración. Siempre ha sido un secreto a voces que los dirigentes británicos empleaban a espías y agentes de las fuerzas especiales para interferir en los asuntos de otros países –con la mayor discreción y negándolo en la medida de lo posible–. Pero Rory Cormac ofrece a sus lectores algo más. Un libro innovador donde explica la primera historia de las operaciones clandestinas británicas publicada jamás, que abarca las siete décadas transcurridas desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. La obra se lee como un thriller y ayuda a comprender cómo el servicio secreto británico de inteligencia –el M16– ha difundido durante mucho tiempo informaciones falsas con el propósito de dividir y desacreditar a diversos objetivos de Oriente Medio y el Este de Europa.

Reino Unido no se limita a conspirar contra sus enemigos sino también contra sus amigos. Pero eso corresponde a la tradición. Tras la Segunda Guerra Mundial, el país tuvo que ceder cada vez más ante Estados Unidos. Pero entre sus alfilerazos –como los llama el autor– estuvieron los intentos de promover una revolución en Albania e instigar golpes en el Congo, Egipto, Siria, Arabia Saudí e Irán –en este último caso, con éxito y con unas consecuencias que todavía hoy siguen repercutiendo en toda la región–. Saboteó buques para impedir la llegada de refugiados a Israel, canalizó ayuda en secreto para los rebeldes en Afganistán y emprendió una guerra cultural y económica durante la Guerra Fría contra Estados comunistas y aliados como Francia.

El Reino Unido libró una guerra secreta en Yemen, Omán e Indonesia y usó discretamente las fuerzas especiales para eliminar a sus enemigos de la Malasia colonial y de Libia durante la Primavera Árabe. Si esto es lo que se entiende por rendir por encima de sus posibilidades, desde luego a los británicos se les da muy bien. El autor revela un mundo de intrigas y manejos en los rincones más oscuros de la burocracia británica que es fascinante, tanto en los detalles como en un sentido más amplio, porque es al mismo tiempo la historia de los intentos del país de utilizar, durante décadas, pretextos y engaños para enmascarar su decadencia como potencia mundial. Las operaciones clandestinas suelen ir más asociadas a la CIA, pero Rory Cormac plantea una cuestión crucial cuando dice que “pocos se dan cuenta de que para el Reino Unido, un Estado aparentemente en constante pérdida de su condición de gran potencia, las acciones clandestinas han sido todavía más importantes. Los británicos, sencillamente, son más hábiles a la hora de ocultarlas”.

A los lectores británicos les interesará la historia de las operaciones clandestinas del M16 para acabar con el Ejército Republicano Irlandés (el IRA) a principios de los 70. Utilizando métodos de la Guerra Fría y la contrainsurgencia colonial, un veterano de viejas campañas británicas, que tenía fama de ser el último de los magnates corruptos y estaba encantado con ello, trazó una lista de posibles operaciones encubiertas. El autor escribe que “la espectacular lista —tan secreta que seguramente fue destruida hace mucho tiempo— hizo que los funcionarios británicos contuvieran colectivamente la respiración. No solo incluía la falsificación de cartas y el sabotaje de armas y municiones del IRA, sino que llegaba al asesinato. A Dick White, el coordinador de inteligencia de Gran Bretaña y el agente secreto de más rango del país, se le demudó el rostro. Aun así, transmitió las opciones, como era su deber, al primer ministro Edward Heath cada vez más frustrado”. Pero lo que parecía apropiado contra los soviéticos —o en algún remoto rincón del moribundo Imperio Británico— lo era “mucho menos en las calles del Reino Unido”.

Para los lectores interesados por los asuntos de Oriente Medio, leer sobre el uso de operaciones encubiertas en Omán, Irán, Yemen y Egipto, antes y después de la crisis de Suez en 1956, resultará fascinante. Gran Bretaña contribuyó de manera crucial a derrocar al primer ministro elegido democráticamente Mohammed Mossadeq en 1953. La estrategia la puso en marcha Herbert Morrison, el belicoso ministro de Exteriores del primer ministro laborista Clement Atlee, cuya experiencia en política exterior era mínima y aún mayor su ignorancia sobre Oriente Medio. Estados Unidos, al principio, era reacio. Pero Gran Bretaña no, y el primer ministro en 1953 —nada menos que Winston Churchill— se mostró entusiasmado. Las grandes compañías petroleras ayudaron de buen grado. Es digno de mención el hecho de que todos los líderes políticos estuvieron dispuestos a participar en tan turbia operación, tanto los de derecha como los de izquierdas. El laborismo nunca había tenido una política exterior definida, especialmente en relación con Oriente Medio. El relato de Cormac nos lleva a Egipto y Yemen —donde la injerencia fue total— y hasta el momento de la campaña para derrocar al coronel Muamar al Gadafi.

El libro aborda un tema interesante cuando llega a la época de Margaret Thatcher, una primera ministra que era muy partidaria de los métodos clandestinos para defender los intereses británicos. “El sombrío mundo de la inteligencia, las armas y la economía extendió sus brazos hasta el Banco de Inglaterra, con el que siempre había tenido vínculos. A mediados de los 80, el gobernador del banco recibió una denuncia anónima de que el Banco Internacional de Crédito y Comercio (BCCI por sus siglas en inglés) —que, en teoría, estaba bajo su supervisión— estaba llevando a cabo actividades fraudulentas y delictivas, incluida la financiación del narcotráfico y el terrorismo”. Cuando el BCCI quebró, con una deuda no declarada de 7.000 millones de dólares, hubo “fuertes sospechas de que los servicios de inteligencia occidentales lo habían utilizado para pagar a agentes extranjeros, enviar dinero a los muyahidines afganos y organizar compraventas clandestinas de armas. También hubo sólidas conexiones entre el BCCI y los que estaban vendiendo armas a Irán y financiando ilegalmente a la contra nicaragüense —los grupos contrarrevolucionarios que intentaron el derrocamiento del Frente Sandinista de Liberación Nacional—”. Los responsables del Tesoro británico hicieron “todo lo posible para impedir que se entregara a los acreedores varios documentos del servicio secreto relacionados”.

No puede haber un comentario más apropiado sobre este libro, la primera historia de las operaciones clandestinas británicas en la era moderna, que esta cita de una carta enviada por el primer ministro británico Harold Macmillan al presidente estadounidense Dwight Eisenhower el 29 de marzo de 1957: “Esta técnica moderna de actuar siempre a la vista del público hace nuestra vida casi intolerable”. Esta obra, escrita con gran elegancia, es de lectura obligada para cualquier estudioso o profesional de la política internacional.

bullshit-jobs-Portada  Disrupt and Deny, Spies, Special Forces, and the Secret Pursuit of British Foreign Policy

Rory Cormac
Oxford University Press, 2018


Fuente:  https://www.esglobal.org/la-historia-desconocida-de-los-servicios-secretos-britanicos/

miércoles, 24 de mayo de 2017

Thatcher, a los muyahidines en 1981: “Los corazones del mundo libre están con ustedes”

Margaret Thatcher, primera ministra británica, conservadora, arengó a los muyahidines en la frontera de Pakistán con Afganistán en el año 1981: “Los corazones del mundo libre están con ustedes”, dijo en un discurso dirigido a los refugiados allí presentes, entre los que se encontraban los yihadistas.

Poco después de la invasión por la URSS de Afganistán en 1979, el gobierno británico estaba pensando cómo podía obtener fondos y apoyo militar para la “resistencia islámica”. En 1981, Thatcher viajó a Pakistán, y en la frontera con Afganistán se dirigió a los guerrilleros antisoviéticos: “Los corazones del mundo libre están con ustedes. Nosotros en Gran Bretaña continuaremos ayudándoles en todo lo que podamos”. Y añadió: “Dejaron su país porque se negaron a vivir bajo un sistema comunista impío que está tratando de destruir su religión y su independencia”.

Más tarde, uno de los líderes de los yihadistas, Abdul Haq, fue recibido en Gran Bretaña por Thatcher (en 1988). Años después, Haq se convertiría en abanderado de la guerra contra los talibanes: “Washington debe mantener la presión con dinero, no con bombas”.


Thatcher también invitó a Gulbuddin Hekmatyar, líder muyahidín afgano, por aquel entonces jefe de la facción Hezbi Islami, y le calificó como un “luchador por la libertad”.

Según recordaba recientemente la BBC, “Hekmatyar es un señor de la guerra islamista acusado de numerosas atrocidades durante el conflicto civil que azotó al país en la década de 1990. Fue uno de los siete jefes de facciones antisoviéticas que lideró a combatientes islamistas en la guerra contra la ocupación soviética en los 80″.

En 1984, los Estados Unidos financiaban con más de 200 millones de dólares al año esta guerra, un presupuesto que se multiplicó por tres con Ronald Reagan.