Un libro innovador que narra por primera vez las operaciones
clandestinas del los servicios secretos británicos desde el final de la
Segunda Guerra Mundial.
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| Una mujer en el puerto de Portsmouth mirando el portaaviones HMS
Invincible volviendo de la Guerra de las Malvinas. (Hulton Archive/Getty
Images) |
Hay momentos en los que la única reacción posible a una noticia
imprevista es que todo el mundo contenga la respiración. Siempre ha sido
un secreto a voces que los dirigentes británicos empleaban a espías y
agentes de las fuerzas especiales para interferir en los asuntos de
otros países –con la mayor discreción y negándolo en la medida de lo
posible–. Pero Rory Cormac ofrece a sus lectores algo más. Un libro
innovador donde explica la primera historia de las operaciones
clandestinas británicas publicada jamás, que abarca las siete décadas
transcurridas desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. La obra se lee
como un
thriller y ayuda a comprender cómo el servicio secreto
británico de inteligencia –el M16– ha difundido durante mucho tiempo
informaciones falsas con el propósito de dividir y desacreditar a
diversos objetivos de Oriente Medio y el Este de Europa.
Reino
Unido no se limita a conspirar contra sus enemigos sino también contra
sus amigos. Pero eso corresponde a la tradición. Tras la Segunda Guerra
Mundial, el país tuvo que ceder cada vez más ante Estados Unidos. Pero
entre sus alfilerazos –como los llama el autor– estuvieron los intentos
de promover una revolución en Albania e instigar golpes en el Congo,
Egipto, Siria, Arabia Saudí e Irán –en este último caso, con éxito y con
unas consecuencias que todavía hoy siguen repercutiendo en toda la
región–. Saboteó buques para impedir la llegada de refugiados a Israel,
canalizó ayuda en secreto para los rebeldes en Afganistán y emprendió
una guerra cultural y económica durante la Guerra Fría contra Estados
comunistas y aliados como Francia.
El Reino Unido libró una guerra
secreta en Yemen, Omán e Indonesia y usó discretamente las fuerzas
especiales para eliminar a sus enemigos de la Malasia colonial y de
Libia durante la Primavera Árabe. Si esto es lo que se entiende por
rendir por encima de sus posibilidades, desde luego a los británicos se
les da muy bien. El autor revela un mundo de intrigas y manejos en los
rincones más oscuros de la burocracia británica que es fascinante, tanto
en los detalles como en un sentido más amplio, porque es al mismo
tiempo la historia de los intentos del país de utilizar, durante
décadas, pretextos y engaños para enmascarar su decadencia como potencia
mundial. Las operaciones clandestinas suelen ir más asociadas a la CIA,
pero Rory Cormac plantea una cuestión crucial cuando dice que “pocos se
dan cuenta de que para el Reino Unido, un Estado aparentemente en
constante pérdida de su condición de gran potencia, las acciones
clandestinas han sido todavía más importantes. Los británicos,
sencillamente, son más hábiles a la hora de ocultarlas”.
A los lectores británicos les interesará la historia de las
operaciones clandestinas del M16 para acabar con el Ejército Republicano
Irlandés (el IRA) a principios de los 70. Utilizando métodos de la
Guerra Fría y la contrainsurgencia colonial, un veterano de viejas
campañas británicas, que tenía fama de ser el último de los magnates
corruptos y estaba encantado con ello, trazó una lista de posibles
operaciones encubiertas. El autor escribe que “la espectacular lista
—tan secreta que seguramente fue destruida hace mucho tiempo— hizo que
los funcionarios británicos contuvieran colectivamente la respiración.
No solo incluía la falsificación de cartas y el sabotaje de armas y
municiones del IRA, sino que llegaba al asesinato. A Dick White, el
coordinador de inteligencia de Gran Bretaña y el agente secreto de más
rango del país, se le demudó el rostro. Aun así, transmitió las
opciones, como era su deber, al primer ministro Edward Heath cada vez
más frustrado”. Pero lo que parecía apropiado contra los soviéticos —o
en algún remoto rincón del moribundo Imperio Británico— lo era “mucho
menos en las calles del Reino Unido”.
Para los lectores
interesados por los asuntos de Oriente Medio, leer sobre el uso de
operaciones encubiertas en Omán, Irán, Yemen y Egipto, antes y después
de la crisis de Suez en 1956, resultará fascinante. Gran Bretaña
contribuyó de manera crucial a derrocar al primer ministro elegido
democráticamente Mohammed Mossadeq en 1953. La estrategia la puso en
marcha Herbert Morrison, el belicoso ministro de Exteriores del primer
ministro laborista Clement Atlee, cuya experiencia en política exterior
era mínima y aún mayor su ignorancia sobre Oriente Medio. Estados
Unidos, al principio, era reacio. Pero Gran Bretaña no, y el primer
ministro en 1953 —nada menos que Winston Churchill— se mostró
entusiasmado. Las grandes compañías petroleras ayudaron de buen grado.
Es digno de mención el hecho de que todos los líderes políticos
estuvieron dispuestos a participar en tan turbia operación, tanto los de
derecha como los de izquierdas. El laborismo nunca había tenido una
política exterior definida, especialmente en relación con Oriente Medio.
El relato de Cormac nos lleva a Egipto y Yemen —donde la injerencia fue
total— y hasta el momento de la campaña para derrocar al coronel Muamar
al Gadafi.
El libro aborda un tema interesante cuando llega a la
época de Margaret Thatcher, una primera ministra que era muy partidaria
de los métodos clandestinos para
defender los intereses
británicos. “El sombrío mundo de la inteligencia, las armas y la
economía extendió sus brazos hasta el Banco de Inglaterra, con el que
siempre había tenido vínculos. A mediados de los 80, el gobernador del
banco recibió una denuncia anónima de que el Banco Internacional de
Crédito y Comercio (BCCI por sus siglas en inglés) —que, en teoría,
estaba bajo su supervisión— estaba llevando a cabo actividades
fraudulentas y delictivas, incluida la financiación del narcotráfico y
el terrorismo”. Cuando el BCCI quebró, con una deuda no declarada de
7.000 millones de dólares, hubo “fuertes sospechas de que los servicios
de inteligencia occidentales lo habían utilizado para pagar a agentes
extranjeros, enviar dinero a los
muyahidines afganos y
organizar compraventas clandestinas de armas. También hubo sólidas
conexiones entre el BCCI y los que estaban vendiendo armas a Irán y
financiando ilegalmente a la contra nicaragüense —los grupos
contrarrevolucionarios que intentaron el derrocamiento del Frente
Sandinista de Liberación Nacional—”. Los responsables del Tesoro
británico hicieron “todo lo posible para impedir que se entregara a los
acreedores varios documentos del servicio secreto relacionados”.
No
puede haber un comentario más apropiado sobre este libro, la primera
historia de las operaciones clandestinas británicas en la era moderna,
que esta cita de una carta enviada por el primer ministro británico
Harold Macmillan al presidente estadounidense Dwight Eisenhower el 29 de
marzo de 1957: “Esta técnica moderna de actuar siempre a la vista del
público hace nuestra vida casi intolerable”. Esta obra, escrita con gran
elegancia, es de lectura obligada para cualquier estudioso o
profesional de la política internacional.
Disrupt and Deny, Spies, Special Forces, and the Secret Pursuit of British Foreign Policy
Rory Cormac
Oxford University Press, 2018
Fuente:
https://www.esglobal.org/la-historia-desconocida-de-los-servicios-secretos-britanicos/