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viernes, 2 de diciembre de 2022

Los medios dejan de ingresar miles de millones de euros por marginar a las mujeres

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Una mujer compra un periódico en Francia tras las elecciones en aquel país el pasado abril.Mohammed Badra (EFE)

Los liderazgos en las redacciones y las informaciones siguen siendo terreno de hombres, lo que provoca una pérdida de audiencia femenina. Un nuevo estudio constata la desigualdad de género y falta de diversidad racial en el sector, y propone una guía de 12 pasos para cerrar la brecha

Esta información la firma una mujer, bajo la supervisión de una editora e incluye la opinión de varias expertas sobre un estudio que trata sobre la desigualdad de género. Este texto es una excepción. Los medios son un mundo de hombres: ellos son mayoría en los puestos de poder, los titulares, los contenidos, las fuentes y la audiencia. Dar la vuelta a esta situación no solo “es lo justo”, sino que “tiene sentido económicamente”, anota Jane Barrett, editora global para la estrategia de noticias de Reuters, en el Reino Unido. Lo dice en la presentación del estudio De la indignación a la oportunidad, que calcula que, en el más conservador de sus cálculos, en el mundo los medios podrían ingresar 10.600 millones de euros adicionales en cinco años si lograran reducir anualmente un punto porcentual la brecha de consumo de noticias entre hombres y mujeres. A ese ritmo, la ganancia ascendería a 36.700 millones en una década. En el más optimista de los escenarios, en el “poco realista” caso de que hoy la industria fuera plenamente igualitaria en todos sus eslabones, los beneficios extra ascenderían a 41.500 millones en un lustro y 80.000 millones en 10 años.

La investigación, liderada por la especialista en audiencias Luba Kassova, por encargo de la Fundación Bill y Melinda Gates, identifica una brecha de consumo de noticias, que es entre 15 y 16 puntos porcentuales menor entre las mujeres. En ello influyen “factores sociales y económicos sistémicos, que escapan al control de la industria periodística, como los valores patriarcales y las barreras del mercado laboral”, matizan los autores. Descontados tales elementos, entre un 11% y 12% del desigual interés por informarse es responsabilidad de los medios. Ese es el caladero donde pescar audiencia y aumentar los ingresos. Pero no bastará con tirar el mismo anzuelo de siempre. El sector tiene que cambiar desde su cultura y estructura empresarial hasta los hábitos individuales y colectivos de sus reporteros, según este estudio. Todo para que haya más mujeres a los mandos –ahora apenas el 26% son redactoras jefe– , así como en las informaciones, sobre temas que les interesan, con voces femeninas.

España no se libra del déficit de audiencia femenina. De los 1.680 medios con edición digital de 68 países analizados en septiembre de 2022 por la consultora AKAS, que ha elaborado este informe, 32 eran españoles (incluidos elpais.com, rtve.es, eldiario.es o efe.com). Estos recibieron 1.550 millones de visitas a sus contenidos en ese mes que, segregadas por género, desvelan una desigualdad de 16 puntos porcentuales: un 58% de hombres frente a un 42% de mujeres. La pauta se repite en los periódicos impresos: de quienes dicen informarse en sus páginas de papel, el 57% son varones y el 43%, lectoras. Una disparidad de 14 puntos. España tampoco sale bien parada en la fotografía de redactoras jefe a los mandos en las 10 principales cabeceras del país, en las que ellas son el 22% este año. Si bien esto significa un gran aumento respecto del 8% de 2021, siempre según los datos del estudio.

“La correlación entre la proporción de mujeres en la dirección de los medios y los reporteros, las fuentes y los protagonistas, y la participación de la audiencia femenina siguen sin estar claras, esencialmente por falta de datos”, reconocen los investigadores. El equipo de AKAS destaca como un ejemplo iluminador la iniciativa impulsada por Amedia –el mayor editor de periódicos locales de Noruega, con 80 cabeceras y 2,4 millones de lectores diarios en todas las plataformas–, que buscaba específicamente comprender la relación entre el género de los periodistas, la proporción de voces femeninas en los artículos y el comportamiento de las audiencias. Sus hallazgos mostraron una relación positiva tanto entre la cuota de autoras y la de protagonistas mujeres (40%), como entre el porcentaje de protagonistas y lectoras (51%).

Y, finalmente, comprobaron el impacto en sus cuentas. “Los científicos de datos de Amedia analizaron la diversidad de varias redacciones en relación con sus finanzas y descubrieron que las más equilibradas en cuanto a género y las que más escriben sobre mujeres obtienen los mejores resultados económicos”, recoge el informe. “Cuanto más equilibrada es la redacción, más lo es la cobertura informativa y la base de suscriptores”, concluyen los autores. Para Kassova, avanzar en igualdad de género en los medios no solo se trata de una decisión inteligente desde el punto de vista económico, sino imprescindible para el oficio periodístico. “Se genera un déficit de confianza cuando no se refleja a la sociedad en las informaciones. Cuando las perspectivas de las personas de color o de las mujeres son marginadas, dejan de confiar en ti. Y entonces hay un problema adicional a perder ingresos. Estarás en riesgo de desaparecer”, opina.

Desigualdad en toda la cadena de producción de noticias

Las estadísticas del estudio, que ha analizado los medios y las informaciones en Estados Unidos, Reino Unido, India, Nigeria, Kenia y Sudáfrica, muestran que la progresión hacia la igualdad de género es prácticamente nula tanto en el norte como en el sur global. Desde los liderazgos internos hasta los contenidos de las noticias. “Me ha sorprendido que todavía el 84% de las personas a las que entrevisté, editores de alto nivel de todo el mundo, piensa que las redacciones siguen dominadas por los hombres. Es demasiado”, expresa desalentada la investigadora en una videollamada desde Londres.

Los datos lo constatan: en 2022, apenas uno de cada cuatro redactores jefe (26%) en los seis países estudiados son mujeres. “Prácticamente la misma cifra, inlcuso ligeramente inferior, que la media mundial de hace una década”, lamenta Kassova. Aunque la disparidad varía entre naciones: por cada redactora jefe hay dos hombres que lo son en Sudáfrica, Estados Unidos y Reino Unido; mientras que la proporción es de una frente a 12 en los medios de comunicación regionales de la India. Del mismo modo, el porcentaje de mujeres editoras jefe es mayor en Sudáfrica y el Reino Unido (37%) y, de nuevo, el más bajo lo regisra India (11% en los medios nacionales y 8% en los regionales). En Estados Unidos, Nigeria y Kenia, ellas representan el 35%, 18% y 19%, respectivamente.

Se da, asímismo, una desigualdad por temáticas. Mientras que sí se ha logrado la paridad en el liderazgo de las mesas de salud, no sucede lo mismo con las de política, internacional o economía. En estas, ellas son una de cada tres. “Esta discrepancia reconfirma la prolongada segregación de género en las redacciones de los trabajos editoriales, asignando a las mujeres los temas ‘blandos’, y los ‘duros’ a los redactores jefes”, apuntan los autores de la investigación. Lo que, en su opinión, “puede estar suprimiendo el consumo de las mujeres de los géneros informativos de alto perfil, que suelen ser editados por hombres”.

“En términos de cuota de voz, en Reino Unido e India, la proporción entre voces masculinas y femeninas ha empeorado”, lamenta Kassova en el capítulo del balance de género en el contenido de las informaciones. “En Nigeria sigue igual y ha mejorado un poco en Sudáfrica, Kenia y Estados Unidos”, agrega. Según sus métricas, la proporción de mujeres expertas en las noticias ha crecido del 19% al 24% en los últimos cinco años globalmente. “Curiosamente, cuatro de cada 10 iniciativas de género en los medios eran para mejorar la visibilidad de las especialistas. Las bases de datos y las listas pueden estar marcando la diferencia”, describe el informe.

“Hay fuentes primarias, como los representantes políticos. Y no puedo cambiar el hecho de que el presidente Joe Biden es un hombre. Pero hay otras fuentes, las secundarias, donde sí podemos cambiar los hábitos para agregar más voces femeninas y diversidad de perspectivas”, sugiere Barret, de Reuters. Y no solo en cuanto al número, sino en cuanto al modo de presentar a las mujeres. “Hay una tendencia a retratarlas como víctimas o heroínas. Parece que entre medias de una violada y la Madre Teresa no hay nada. Ese es precisamente el espacio de oportunidad en términos de representatividad”, comenta Shereen Bhan, editora jefe de CNBC-TV8 de India, en la conferencia virtual de presentación del informe.

Del mismo modo que ocurre con los datos de autoras, fuentes femeninas y protagonistas de las informaciones, los contenidos de asuntos que afectan particularmente a las mujeres también están infrarrepresentados. Kassova describe siete brechas sociales que toda mujer del planeta experimenta en mayor o menor medida “y que las ponen en desventaja respecto de los hombres”, explica. Son la salarial, de salud, de poder, confianza, seguridad, autoridad y edad. La investigadora sostiene, con las estadísticas en la mano, que las mujeres cobran menos, cuentan con peor atención sanitaria, son minusvaloradas, violentadas y discriminadas cuando soplan velas. “El equipo analizó 900 millones de historias, y encontró que la cobertura de estos problemas estructurales es absolutamente lamentable. Es el 0,02% de todo lo que se publica”, subraya Kassova. “Así que los problemas estructurales a los que se enfrentan las mujeres no están en el radar de los medios de comunicación”.

Las mujeres negras siempre lo tienen peor

El informe De la indignación a la oportunidad es el tercero de la serie de investigaciones Missing perspectives (perspectivas olvidadas), solicitadas por la Fundación Gates al equipo de AKAS liderado por Kassova. En los anteriores estudios ya salieron a la luz datos prepcupantes sobre la desigualdad de género en la industria informativa como los que recoge en esta nueva edición. Pero hay una novedad, unas cifras que han dejado a la experta “muy sorprendida”. “Son las relativas a lo marginadas que están las mujeres de color en el sector”.

En esta ocasión, han estudiado cómo experimentan ellas la desigualdad. Y en todos los ámbitos –jefaturas, firmas, protagonistas de la información, fuentes– salen peor paradas que sus congéneres blancas. Están aún más infrarrepresentadas. “En el liderazgo, en el Reino Unido, por ejemplo, no hay una sola mujer de color que esté a cargo de la mesa de salud, política o asuntos exteriores”, comenta Kassova escandalizada. En EE UU, concretan los autores, las personas de color ocupan el 17% de estos puestos, lo que supone un porcentaje inferior al que representan en las plantillas de la prensa (22%).

Según el informe, las mujeres de color están “gravemente marginadas” en las redacciones de EE UU en comparación con su proporción en el mercado laboral: ellas son apenas el 3% de los redactores de política, el 4% de internacional, el 6% de sanidad y el 9% de economía y empresa. En Sudáfrica, si la representación de las mujeres de color en las redacciones se correspondiera con su proporción en la población activa, el número sería dos veces mayor en las redacciones de economía y negocios, 2,2 veces más en las de política y 1,2 veces superior en las mesas de salud. En este país, el 60% de los redactores políticos son personas de color, frente al 93% de la población activa, compara el estudio.

Hay solución

“Lo importante es que es que este informe incluye una guía de soluciones. Necesitamos ver cambios en las redacciones”, expresa Qaanitah Hunter, editora asistente de política y opinión de News24, en Sudáfrica. “Esto no ocurre naturalmente”, continúa Bhan, de CNBC-TV8 India, “lograr la igualdad tiene que ser una opción”. Su propuesta es “crear un ambiente” propicio para que las mujeres progresen y alcancen altos cargos.

Entre tanto dato desalentador, en los que Kassova no observa progreso alguno, hay rayos de esperanza en pequeñas y medianas iniciativas que están desarrollando algunos medios para cerrar sus brechas. “Hay un montón de soluciones prácticas sobre las que hemos escrito y muchas de ellas, generadas por los editores de noticias con los que he hablado, están muy bien”, anota. Su propuesta integral (”no basta con tener una directora mujer”, aclara) es un viaje en 12 pasos para intervenir en 12 áreas en tres niveles (social, empresarial e individual). Objetivo final: “Atraer a más mujeres, pero sin alienar al público masculino”...

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jueves, 6 de octubre de 2022

La escritora francesa Annie Ernaux gana el Premio Nobel de Literatura 2022

La escritora francesa Annie Ernaux, retratada el pasado abril en Madrid.INMA FLORES (EL PAIS)
La escritora francesa Annie Ernaux (Lillebonne, Francia, 82 años) recibió este jueves el Premio Nobel de Literatura, dotado con 10 millones de coronas suecas (más de 920.000 euros). “Lo considero un gran honor y al mismo tiempo una gran responsabilidad, una responsabilidad que se me otorga con el premio”, dijo la ganadora a la televisión sueca SVT en sus primeras declaraciones tras conocer la noticia. “Es decir, de manifestar una forma de equidad, de justicia, en relación con el mundo”. El galardón le fue concedido “por la valentía y la precisión clínica con la que desvela las raíces, los extrañamientos y las trabas colectivas a la memoria personal”, según argumentó el comité que lo concede.

Esa justificación parece salida de la boca de la propia autora, que cree que la literatura debe funcionar “como un cuchillo”. Ella escribe con el bisturí en la mano, siempre dispuesta a llegar a tocar el hueso, a llegar “hasta el fondo de una determinada verdad”. El resultado ha sido una obra minuciosamente elaborada a lo largo de las últimas cinco décadas y situada a medio camino entre la narrativa y las ciencias humanas, donde la historia y la sociología cuentan tanto como el recuerdo individual. Ernaux está convencida de que es imposible disociar ambas cosas. Se dirá que este es el primer Nobel para la autoficción, un subgénero que ella ha alimentado, aunque la escritora reniegue de esa etiqueta y de todo lo que la encierre en su biografía. En realidad, su supuesta literatura del yo ha adoptado, a menudo, otros pronombres: tú, él, ella, nosotros, el impersonal on que tanto abunda en francés. 

Fuente: https://elpais.com/cultura/2022-10-06/annie-ernaux-gana-el-premio-nobel-de-literatura-2022.h

lunes, 8 de agosto de 2022

#PetroPresidente


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Hoy es un día histórico, de alegría y celebración. Años y generaciones soñando y luchando por este momento. Mi homenaje sentido a quienes se quedaron en el camino por esta lucha, esto también es por ustedes. ¡Vamos a vivir la fiesta del #cambio en toda Colombia! #PetroPresidente.María José Pizarro Rodríguez

sábado, 7 de mayo de 2022

Los talibanes obligan de nuevo a las afganas a cubrirse la cara y pretenden el uso del burka

Un portavoz del Gobierno fundamentalista amenaza a las mujeres que no tapen su rostro en público con encarcelar a su pariente varón más cercano

Una afgana cubierta por un burka pide limosna sentada en la nieve en una calle de Kabul el 6 de febrero.Hussein Malla (AP)

Los talibanes vuelven a recortar la libertad de las mujeres. Este sábado han anunciado que a partir de ahora las mujeres afganas deberán cubrirse el rostro en público e incluso en sus casas si están en presencia de hombres ajenos a su familia, según un decreto del líder supremo del grupo fundamentalista, Hibatullah Akhundzada. Un portavoz del Ministerio de Propagación de la Virtud y Prevención del Vicio leyó la nueva norma en una conferencia de prensa en Kabul y añadió que “la prenda ideal” para que las mujeres se cubran es el burka, la vestimenta que se convirtió en símbolo internacional de la opresión de las afganas en el anterior período de los talibanes en el poder, entre 1996 y 1995. El portavoz amenazó después a las mujeres que incumplan esta imposición con encarcelar o despedir, en el caso de los funcionarios, a su pariente varón más cercano.

“Tendrán que llevar un chador — término que, aunque se refiere a otra prenda, también se usa para designar al burka o velo de los pies a la cabeza— porque es tradicional y respetuoso”, indica el texto de Akhundzada. “Las mujeres que no sean ni demasiado jóvenes ni demasiado mayores tendrán que cubrir su rostro cuando estén frente a un hombre que no sea miembro de su familia”, para evitar una supuesta provocación, precisa el decreto. Si no tienen algo importante que hacer en el exterior, es “mejor para ellas que permanezcan en casa”, añade.

La mayoría de las mujeres de Afganistán lleva un pañuelo que cubre el cabello por motivos religiosos, pero muchas de ellas, sobre todo en zonas urbanas como Kabul, no se cubren el rostro. El grupo fundamentalista que, tras dos décadas de intervención de Estados Unidos y sus aliados, derrocó el pasado 15 de agosto, tras una fulminante ofensiva sobre la capital, al Gobierno afín a Washington del país, se ha enfrentado a una intensa oposición por sus crecientes limitaciones a los derechos de las mujeres, liderada por los gobiernos occidentales, pero a la que se han sumado algunos eruditos religiosos y países islámicos moderados.

En marzo, las autoridades del autoproclamado emirato islámico dieron un giro inesperado al cerrar las escuelas secundarias de niñas, pocas horas después de su reapertura, un paso atrás que provocó el recrudecimiento de la condena de la comunidad internacional y llevó a Estados Unidos a cancelar las reuniones previstas con los talibanes destinadas a buscar fórmulas para aliviar la crisis financiera del país.

Washington y otros países han recortado la ayuda al desarrollo y aplicado sanciones estrictas al sistema bancario afgano, como la congelación de las reservas en divisas del Estado —situadas en bancos extranjeros— desde que los talibanes tomaron el poder en agosto, lo que ha acrecentado la ruina económica del país.

Los talibanes aseguran que han cambiado desde la última vez que gobernaron, cuando prohibieron totalmente a las mujeres que estudiaran o trabajaran e incluso que salieran de casa sin un familiar masculino. También entonces las mujeres estaban obligadas a vestir el burka, una prenda que cubre a la mujer de la cabeza a los pies. Estas promesas del nuevo Gobierno de la guerrilla fundamentalista no se han traducido hasta ahora en ninguna medida que garantice los derechos de las mujeres, sino todo lo contrario. En los últimos meses, la Administración radical afgana ha aumentado sus restricciones a las mujeres, incluyendo normas que limitan sus viajes sin un acompañante masculino o la prohibición de que hombres y mujeres disfruten de los parques públicos al mismo tiempo, entre otras medidas.

Fuente: https://elpais.com/internacional/2022-05-07/los-talibanes-obligan-de-nuevo-a-las-afganas-a-cubrirse-la-cara-y-pretenden-el-uso-del-burka.html

lunes, 29 de noviembre de 2021

Entre la inmoralidad y la estupidez

Ni siquiera en medio de la mayor expansión fiscal que se recuerda desde la Segunda Guerra Mundial los países ricos han sido capaces de encontrar las migajas que permitirían financiar el esfuerzo global de vacunación


 Cuando se escriba la historia de esta pandemia, será difícil decidir si pesó más la inmoralidad de los países ricos o su estupidez. 17 meses después de que la OMS declarase una emergencia global por el virus SARS-Cov2, estimaciones fiables (The Economist) sugieren una cifra real de muertos que triplica los 5,2 millones declarados en las estadísticas oficiales. Muchos de estos muertos, posiblemente la mayoría, han sido enterrados en los países pobres. El coronavirus ha arrasado con sociedades, economías y sistemas de protección, devolviendo los niveles de pobreza a la situación de hace dos décadas y generando una crisis de endeudamiento que dejará la de los ochenta en un resfriado financiero.

 Si las vidas de quienes sufren la pobreza no valen nada, ¿cuánto valen las nuestras? Desde el punto de vista epidemiológico, la estrategia de las economías más desarrolladas ha sido todo un disparo en el pie. Cada una de las advertencias de la comunidad científica acerca de las mutaciones de este tipo de virus y de la imposibilidad de hacerle frente en silos han chocado con el pavor electoral de nuestros gobernantes y el desinterés de nuestras sociedades. Como niños opulentos y caprichosos, el mundo rico acapara diagnósticos, tratamientos y vacunas mientras sus ciudadanos bailan en las discotecas y se manifiestan en las calles reclamando la libertad de vivir contagiados.

La fotografía de la inmunización global es obscena. En el momento de escribir estas líneas, la tasa de población que ha recibido al menos una dosis de alguna vacuna contra la covid-19 es en Estados Unidos del 69%, en la UE del 70% y en África del 11% (Our World in Data). El mecanismo Covax —para la inmunización de los países de renta baja— solo ha logrado financiar hasta ahora 433 de los 2.000 millones de dosis que debían cubrir la vacunación completa del 20% de la población mundial. Únicamente el 4% de los más de 7.000 millones de dosis producidas hasta este momento han llegado a los brazos de la población más pobre.

Ni siquiera en medio de la mayor expansión fiscal que se recuerda desde la Segunda Guerra Mundial los países desarrollados han sido capaces de encontrar las migajas que permitirían financiar el esfuerzo global de vacunación. Peor aún, sus gobiernos han obstaculizado de manera activa las excepciones de la propiedad intelectual y la transferencia de conocimiento que hubiesen permitido escalar la producción de dosis en países de renta media como India, Brasil o Sudáfrica.

Ahora nos enfrentamos a una nueva variante que amenaza con echar por tierra parte del extraordinario esfuerzo realizado hasta este momento. ¿Y quién puede decir que está sorprendido? “Nuestro fracaso para poner vacunas en los brazos de la gente del mundo en desarrollo se está volviendo ahora contra nosotros”, afirmaba este viernes Gordon Brown en un amargo comentario para The Guardian. La variante B.1.1.529 parece ser más contagiosa que las anteriores y todavía ignoramos si nuestra caja de herramientas farmacéutica es efectiva contra ella.

Las certezas científicas tardarán aún algún tiempo, pero eso no ha impedido a Europa apretar el acelerador en medio de la curva. Se vuelve a cortar la relación con el sur de África —que ha informado de manera rápida e impecable sobre la nueva variante— y a culpabilizar a la víctima por su situación. Tal vez alguien debería preguntarse por qué la media de inmunización (una sola dosis) en los siete países apestados está por debajo del 25%. Parecemos cínicos, pero creo que simplemente somos estúpidos.

Fuente: https://elpais.com/planeta-futuro/red-de-expertos/2021-11-28/entre-la-inmoralidad-y-la-estupidez.html?ssm=TW_CC

domingo, 5 de septiembre de 2021

Barbacena, la ciudad-manicomio que sobrevivió a la muerte atroz de 60.000 brasileños

Varios internos del manicomio Colonia en una fotografía tomada en 1959.Luis Alfredo / Ayuntamiento de Barbacena

Cuando João Bosco Siqueira cumplió 45 años, sus compañeros del cuerpo militar de bomberos le regalaron algo impagable: localizar a su madre. Aquella desconocida era la llave a los orígenes para este brasileño que nació en un manicomio y creció en un orfanato. Misión cumplida. El abrazo que tanto ansiaban doña Geralda y el hijo arrebatado ocurrió el 11 de noviembre de 2011 en un cuartel ante la mirada emocionada de decenas de uniformados. Un punto y aparte en las vidas de ambos. Solo 15 años tenía Geralda cuando dio a luz en el Hospital Colonia de Barbacena, a 500 kilómetros de São Paulo. Su patrón, un abogado, la llevó hasta allí para evitar el escándalo después de violarla y dejarla embarazada, cuenta Siqueira en una entrevista por videollamada. El dolor de rememorar el drama es tal que varias veces se detiene para contener el llanto y tomar aire antes de proseguir su relato. Antes y después de ella, decenas de miles de brasileños fueron abandonados en instituciones mentales de Barbacena, que pasó a ser conocida como la ciudad de los locos.

João Bosco y su madre, Geralda, que era una adolescente internada en el manicomio cuando dio a luz. Ambos se reencontraron cuatro décadas después.
João Bosco y su madre, Geralda, que era una adolescente internada en el manicomio cuando dio a luz. Ambos se reencontraron cuatro décadas después. Cortesía João Bosco

La mayoría de los internos, como Geralda, estaban cuerdos. Eran alcohólicos, sifilíticos, prostitutas, homosexuales, epilépticos, madres solteras, esposas a las que sustituir por una amante, inconformistas… supuestos desechos sociales a los que sus familias o la policía enviaban en trenes hasta esta ciudad del Estado de Minas Gerais. Unos 60.000 internos murieron de hambre, frío o diarrea durante nueve décadas hasta que cerró en los noventa. Malvivían desnudos forzados a trabajar como supuesta terapia en patios a la intemperie o celdas.

La ansiedad que el confinamiento de la pandemia ha causado a millones de personas en todo el mundo ha reavivado el debate sobre la salud mental y el estigma que aún la rodea. Un secretismo que ídolos como la gimnasta Simone Biles o la tenista Naomi Osaka ayudan a agrietar al hablar de sus problemas mentales.

Esposas que se utilizaban para contener a los internos, la mayoría de los cuales no eran enfermos mentales.
Esposas que se utilizaban para contener a los internos, la mayoría de los cuales no eran enfermos mentales.Flávio Tavares

 Barbacena llama la atención porque, en vez de enterrar la infamia perpetrada en nombre de la psiquiatría, las autoridades acordaron mirarla de frente. Convirtieron uno de los pabellones del Colonia en el Museo de la Locura, que ahora cumple 25 años, un aniversario que junto a una serie ha devuelto el asunto a la actualidad. Y, en sintonía con el movimiento internacional para humanizar la atención a los enfermos mentales, a partir del año 2000 emprendieron un cambio trascendental.

Esta ciudad que vivía de los psiquiátricos y el cultivo de rosas sustituyó esos depósitos de indeseables por residencias terapéuticas. “Hasta entonces no había límite. Entraba todo el que aparecía en la puerta. Empezamos a evaluarlos uno por uno y la mayoría no necesitaba ser internado. Los ingresos cayeron de 130 al mes a 30”, explica Flávia Vasques, coordinadora de la red pública de salud mental de esta ciudad de 140.000 habitantes, durante una entrevista en un ambulatorio.

El museo es un recorrido por las atrocidades sufridas por los miles de pacientes, algunas en consonancia con prácticas internacionales. “Eligieron llamarlo Museo de la Locura para despertar el interés del público y porque no remite solo a una historia local, sino que es una referencia para analizar el pasado, para preservarlo y que no se repita”, explica la directora del museo, Lucimar Pereira, mientras hace de guía.

Aprovechando el clima de montaña, nació como sanatorio para ricos, con teléfono y cubertería de plata, pero en 1903 se convirtió en el primer manicomio de Minas Gerais, que centralizó en Barbacena la atención psiquiátrica de este Estado tan grande como España.

El Colonia era un manicomio con cementerio, evidencia de que sanar no era la misión. Durante décadas, no hubo médicos ni enfermeras, sino meros guardas. El tratamiento era simple: pastillas azules o pastillas rosas en función de los síntomas, además de electrochoques y lobotomía, como mandaba entonces la medicina.

El tratamiento consistía en pastillas rosas o azules dependiendo de los síntomas, lobotomías o electrochoques sin anestesia. Hoy algunos de estos utensilios se exhiben en el museo de la locura.
El tratamiento consistía en pastillas rosas o azules dependiendo de los síntomas, lobotomías o electrochoques sin anestesia. Hoy algunos de estos utensilios se exhiben en el museo de la locura. Flávio Tavares

Cuando faltó espacio para dormir, los burócratas adoptaron una solución bautizada como lecho único que recomendaron extender a otros centros: fuera las camas, eliminadas. Sin ellas, cabían más pacientes. Los internos dormían arremolinados en el suelo para darse calor en las frías noches. Algunos morían asfixiados. A menudo los cuerdos enloquecían. Y ni después de muertos tuvieron piedad con ellos. Los cadáveres de más de 1.800 pacientes fueron vendidos a universidades hasta los años setenta. El resto era llevado en un carrito hasta el cementerio para ser arrojado a fosas comunes. Ahí sigue el camposanto, cerrado, pero una placa promete convertirlo un día en un memorial que combinará rosas y locura. Los alimentaban con purés putrefactos porque desterraron los cubiertos —en nombre de la seguridad—, de manera que tras décadas sin masticar muchos perdieron la dentadura.

“Hoy he estado en un campo de concentración nazi. En ningún lugar vi algo así”, declaró tras visitar el Colonia en 1979 el psiquiatra Franco Basaglia, impulsor de la reforma de los manicomios en Italia. Periodistas locales hicieron las primeras denuncias públicas en los sesenta y los setenta. Sus fotos y relatos causaron espanto, pero pronto cayeron en el olvido. La periodista Daniela Arbex era una adulta cuando tuvo la primera noticia del atroz episodio de la historia local. “Fui a buscar a los supervivientes. Y gracias a ellos conseguí rescatar lo que ocurría tras los muros”, explica al teléfono la autora del libro Holocausto brasileiro, de 2019. Un superventas que contribuyó a divulgar un horror del que muchos brasileños jamás han oído hablar. Ella insiste en que todos fueron cómplices: los médicos, las familias, los vecinos, la sociedad en general…

Bento Marcio da Silva, izquierda, y Zezé durante la fiesta del 60 cumpleaños del segundo en la residencia terapéutica de Barbácena en la que ambos viven. Antes estuvieron ingresados en psiquiátricos durante muchos años.
Bento Marcio da Silva, izquierda, y Zezé durante la fiesta del 60 cumpleaños del segundo en la residencia terapéutica de Barbácena en la que ambos viven. Antes estuvieron ingresados en psiquiátricos durante muchos años.Flávio Tavares

Siqueira cuenta desde la ciudad donde pasa el confinamiento con su familia que su madre, doña Geralda, vive todavía en Barbacena. Se veían cada mes hasta que el coronavirus lo trastocó todo. Al bombero le enerva que algunos vecinos crean que divulgar las atrocidades dañe la reputación local. Para él es el mejor antídoto para evitar que nadie más sea tratado de manera tan inhumana. “Aunque nací en la barbarie, soy fruto de una red de solidaridad”, insiste en referencia a las monjas y otros adultos de los orfanatos, que le guiaron cuando era un adolescente que envidiaba a quienes recibían alguna visita.

Bento Marcio da Silva siempre tuvo familia. Pero ha pasado la mitad de sus 57 años entrando y saliendo de psiquiátricos, incluido el Colonia. Habla con naturalidad de su enfermedad —“soy bipolar”— y de la batalla para que los psiquiatras le cambiaran la medicación que durante 15 años le causó terribles efectos secundarios. Cuenta entre risas que en sus momentos de euforia cantaba, cantaba, cantaba y cantaba sin descanso. ¿La respuesta? “Me ataban en una camilla, me ponían inyecciones aquí, aquí, aquí y aquí, y me tenían allí todo el día. Acababa totalmente empapado en orines y fluidos. ‘Si me dan Aldol voy a perder el juicio’, les decía, pero insistían”, relata. Nadie le escuchaba entonces. Durante años vagó por las carreteras de Brasil para evitar que lo encerraran de nuevo. “Llegué a tener la barba tan larga que me llamaban Bin Laden”, dice. Una imagen que contrasta con su coqueta elegancia actual.

Da Silva vive en una residencia terapéutica que el martes pasado estaba de fiesta porque Zezé, uno de los siete pacientes, cumplía 60 años. Resulta emocionante ver a estos hombres desatendidos y degradados durante tantos años concentrados en sujetar los cubiertos para llevarse a la boca un trozo de tarta o un vaso de coca cola sin cafeína. En el éxtasis del disfrute, Zezé se ríe tan fuerte que se le descoloca la dentadura postiza. Con sus muchas secuelas, parecen inmensamente felices mientras cantan Cumpleaños feliz. Ya no tienen miedo a los desconocidos ni a salir a la calle. Y los vecinos tampoco los temen, explica Leandra Melo Vidal, coordinadora de las 27 residencias repartidas por Barbacena, que conoce en detalle las historias de cada uno. La adoran.

Algunos de los supervivientes son muy dependientes, pero el cambio experimentado por otros es impresionante. “Con rehabilitación, fueron recuperando capacidades humanas como escoger”, decidir cuándo ducharse o qué ropa ponerse. Les costó abandonar las rutinas de los años intramuros o asumir que podían atesorar pertenencias, comer a placer. Al principio, los terapeutas creyeron que algunos eran mudos porque llevaban 50 años sin pronunciar una palabra —“quizá para protegerse”, aventura Vidal— hasta que un día recuperaron el habla.

Habitacion en el Hospital Colonia en 1959.
Habitacion en el Hospital Colonia en 1959.Luis Alfredo / Ayuntamiento de Barbacena

Mediante programas financiados por la sanidad pública, dejaron atrás una vida en psiquiátricos inhumanos para disfrutar juntos y con dignidad de la vejez. Existen legalmente, reciben una pensión. El proceso para vaciar los hospitales prosigue. Los 85 pacientes crónicos que siguen ingresados serán repartidos por municipios vecinos ante la saturación de Barbacena.

Cuando Geralda era una quinceañera que protestaba desconsolada porque le habían robado su bebé, fue tratada con electrochoque. “Llorar y protestar no te servirá de nada, no lo vas a volver a ver”, le advirtieron entonces. El bombero Siqueira, que le ha dado dos nietos, se alegra de que ella no sufra heridas más profundas: “Dios fue generoso con mi madre, que es una mujer simple, porque si fuera consciente de la violencia que sufrió se habría vuelto loca”.

Fuente: https://elpais.com/sociedad/2021-09-04/barbacena-la-ciudad-manicomio-que-sobrevivio-a-la-muerte-atroz-de-60000-brasilenos.html

 

martes, 4 de mayo de 2021

El desconocido héroe holandés de la Segunda Guerra Mundial

Piet Kuijt marcó las fosas comunes donde había miembros de la resistencia para que pudieran ser exhumados

Piet Kuijt, con gorra y apoyado en una pala, trabaja en una exhumación. NIOD
Piet Kuijt, con gorra y apoyado en una pala, trabaja en una exhumación. NIOD
Las dunas que bordean la costa situada al norte de la ciudad holandesa de La Haya son hoy un entorno natural protegido para favorecer la biodiversidad. Durante la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, fueron declaradas zona de exclusión por los nazis, que ocuparon los Países Bajos entre 1940 y 1945. Allí, los soldados alemanes ejecutaban a los miembros de la resistencia y enterraban luego sus cadáveres en fosas comunes pensando que nunca se descubrirían.

Pero hubo un hombre silencioso y tenaz que marcó las sepulturas sutilmente, sin llamar la atención de los invasores. Se llamaba Piet Kuijt (1892-1972) y tenía permiso para trabajar en ese paraje plantando carrizo, una especie de caña cuyos tallos fijan los terrenos arenosos. Gracias a su determinación, las familias de unos 270 fusilados pudieron recuperar sus restos. Kuijt nunca lo contó, ni siquiera a su familia, que le tenía por un hombre taciturno. Este viernes, su nieto Peter no pudo contener la emoción cuando se desveló la placa que lleva el nombre del abuelo, en la vía para bicicletas construida en la misma ruta que debió recorrer tantas veces durante la contienda.

Piet Kuijt era un hombre muy alto nacido en la localidad de Katwijk, un municipio costero que en 1943 rondaba los 20.000 habitantes (hoy son 66.000). Contratado por la empresa de mantenimiento de las dunas, tenía un pase de los nazis para entrar y salir del entorno, que permanecía cerrado al resto de la población. Conocía cada palmo del terreno, y como las ejecuciones se producían al amanecer, cuando veía una fosa recién tapada plantaba allí carrizo para poder encontrarla después. Lo hizo con tanta pericia que no se ha podido averiguar el tipo de patrón que seguía, pero en julio de 1945 —Países Bajos había sido liberado en mayo— dio las pistas necesarias para proceder a la exhumación de los cuerpos.

Las fotos que se conservan de esos días en el Instituto para el Estudio de la Guerra, el Holocausto y el Genocidio (NIOD) le muestran con gorra, apoyado en una pala a pie de fosa. Hay una cierta expresión de sorpresa en su mirada, como si el fotógrafo le hubiera llamado interrumpiendo la triste labor en la que se afanaba como uno más. “La verdad es que no sabemos por qué señaló las fosas arriesgando su vida si le descubrían, y tenía nueve hijos. Por lo que cuenta su familia, lo más probable es que pensara que los ejecutados no podían quedarse en el olvido. Que merecían un entierro con su propia identidad”, explica, en conversación telefónica, Edward Verhey, gerente de marketing y comunicación de Dunea, la empresa que se ocupa actualmente de esta zona y del agua potable que almacena.

Vista de la zona de las dunas donde fueron ejecutados miembros de la resistencia holandesa. / NIOD
Vista de la zona de las dunas donde fueron ejecutados miembros de la resistencia holandesa. / NIODEL PAÍS

Licenciado en Historia, Verhey oyó en la empresa retazos de la historia de Piet Kuijt y se puso a investigar. Parecía uno de los héroes más silenciosos de la historia del país y valía la pena recuperar su memoria porque van a cumplirse cincuenta años de su muerte. Tuvo que emplearse a fondo para seguir su rastro. “Kuijt es un apellido muy común en su pueblo, en Katwijk, y nadie le conocía. Acabé pidiendo al diario local que publicaran un artículo y di con familiares lejanos y después con los dos hijos que siguen vivos: Adrie, de 85 años, y Piet, de 80”.

Ellos ignoraban que su padre, durante la guerra, no solo plantaba carrizo en las dunas y cazaba algún conejo, que luego repartía también entre los vecinos. En sus recuerdos, era un hombre callado que fumaba absorto en su silla favorita, y ahora entienden mejor su carácter. Sí hay un episodio de ira recogido en la biografía que se ha ido completando estos días. Ocurrió cuando un soldado nazi llamó a su puerta para salir con la única hija de Kuijt, y recibió un par de puñetazos del progenitor allí mismo. No hubo paseo con la chica y Kuijt recibió al día siguiente un aviso del comandante nazi local.

Según Verhey, “se trata de una generación que no hablaba de la contienda, y Kuijt rechazó incluso la Cruz de la Resistencia, una condecoración instituida por la entonces reina Guillermina”. También declinó la propuesta de que su nombre apareciera en un programa de televisión sobre las ejecuciones de los miembros de la resistencia.

Sí se había reconocido su labor en el Erepeloton de Waalsdorp, el lugar dedicado a homenajear a quienes fueron ejecutados por las fuerzas de ocupación en el claro de las dunas utilizado para fusilarlos, y poco más. Que era un hombre modesto lo ha confirmado su nieto Peter durante la presentación de la placa en nombre del abuelo. “Él marcó los enterramientos, y creo que apreciaría este honor. Pero vio demasiadas cosas horribles en la guerra y tuvo que asimilarlas”, dijo.

Cavar con las manos

La exhumación de los cadáveres dio comienzo poco después de la liberación, y la llevaron a cabo los antiguos miembros del Movimiento Nacionaldocialista de Países Bajos (NSB, en sus siglas en holandés), que estaban encarcelados. Según los testimonios recogidos en la prensa del momento, realizaron la excavación con palas, pero en ocasiones fueron obligados a cavar con sus propias manos hasta dar con los restos. Unos pocos años antes, Piet Kuijt recorría ese mismo terreno plantando literalmente la memoria de la guerra en la tierra, mientras en otro lugar de La Haya un compatriota dibujaba un mapa mental de la zona.

Se llamaba Gerrit Bos y era pastor protestante en la cárcel de Scheveningen, el distrito costero de la ciudad. Confortaba a los miembros de la resistencia que iban a ser fusilados y le costó mucho que los nazis aceptaran este tipo de apoyo espiritual para los prisioneros, pero estaba presente durante las ejecuciones. Les acompañaba hasta las dunas y vio las fosas abiertas donde luego les arrojaban y echaban cal viva. Kuijt y Bos no se conocieron, pero la información del religioso fue igualmente valiosa a la hora de proceder a las exhumaciones. Aunque el nombre del sacerdote aparece en los documentos históricos de la cárcel, el Erepeloton de Waalsdorp considera ja la posibilidad de incluirle en el recuerdo que cada 4 de mayo se rinde a las víctimas en las dunas.

La recuperación de la figura de Piet Kuijt aporta luz a los héroes prácticamente anónimos de la Segunda Guerra Mundial. El padre, y luego abuelo, que no contaba historias de la guerra, se había jugado la vida para que sus compatriotas caídos tuvieran un funeral honroso, y su nieto cree que estaría “secretamente orgulloso, aunque sin llamar la atención”. En las dunas hay ahora un sendero, de paso, pero que tiene una placa con su nombre.

Fuente: https://elpais.com/internacional/2021-05-02/el-heroe-anonimo-holandes-de-la-segunda-guerra-mundial.html

martes, 2 de febrero de 2021

Las matemáticas que surgieron de las pandemias

 Para llegar a los modelos epidemiológicos hizo falta también el nacimiento de la estadística, de la mano de los ingleses Francis Galton y Karl Pearson

'El triunfo de la muerte', de Pieter Brueghel el Viejo, refleja el clima de terror tras la peste negra.
'El triunfo de la muerte', de Pieter Brueghel el Viejo, refleja el clima de terror tras la peste negra.

 Siglos antes de la crisis de la covid-19, Europa vivió otras terribles pandemias que diezmaron su población, como la peste negra y la gran peste de Londres. En aquellos periodos comenzaron a desarrollarse las matemáticas que hoy son fundamentales en la modelización de enfermedades infecciosas: la noción de crecimiento exponencial y el cálculo diferencial.

Los europeos que sufrieron la peste negra en el siglo XIV, especialmente entre 1347 y 1353, creían que la enfermedad era un castigo divino. Algunos de ellos se refugiaron en las iglesias y otros corrieron hacia los lupanares, que conocieron un desarrollo inusitado en la época; los primeros tratando de salvar sus almas y los segundos con el deseo de disfrutar por última vez de sus cuerpos. Los más pudientes huyeron a sus casas de campo, alejadas de los núcleos urbanos, buscando aires más puros y sanos. Algo parecido ocurrió en la gran peste de Londres en el siglo XVII, magníficamente descrita por Daniel Defoe en su Diario de la peste.

Los conocimientos médicos en ambas épocas eran bastante limitados y, en referencia a la microbiología, inexistentes. Por su parte, en la Inglaterra del siglo XIV, el avance matemático se debía principalmente a los llamados “calculadores de Merton”, un grupo de escolares vinculado al Merton College de Oxford. Los principales calculadores fueron los británicos Thomas Bradwardine, William Heytesbury, Richard Swineshead y John Dumbleton. Bradwardine ―quien fue arzobispo de Canterbury― anticipó la noción de crecimiento exponencial, al extender la teoría de proporciones de Eudoxo de Cnido.

Bradwardine, conocido también como Calculator, usó esta teoría para establecer una relación entre la velocidad que adquiría un cuerpo al aplicar una fuerza F teniendo en cuenta la resistencia R. Observó que la velocidad era proporcional al cociente F/R pero de una forma particular, que se correspondía al logaritmo de F/R. Aunque el concepto de logaritmo y su inversa, la función exponencial todavía no existiera en esa época, anticipó tres siglos la idea que después desarrollarían algunos miembros de la familia Bernoulli y Leonhard Euler.

El crecimiento exponencial es un incremento que crece cada vez más rápido según se avanza, por ejemplo, una cantidad x que se duplica en cada intervalo de tiempo; al poco tiempo, en n pasos, habrá crecido de una manera prodigiosa a (2^n)x. Eso es lo que ocurre en una epidemia con las personas contagiadas o en un cultivo de bacterias.

Más de 300 años después de los calculadores, la gran peste de Londres asedió la capital inglesa. Entre aquellos que huían al campo estaba un joven Isaac Newton, que abandonó la Universidad de Cambridge para refugiarse en la granja familiar. Allí desarrolló la mayor parte de sus grandes contribuciones científicas sobre la mecánica, la gravitación y sentó los cimientos del cálculo diferencial. Los actuales modelos matemáticos de epidemias se basan mayoritariamente en ecuaciones diferenciales que dictan la evolución de los contingentes de susceptibles, infectados y recuperados desde la noción de derivada

Para llegar a los modelos epidemiológicos hizo falta también el nacimiento de la estadística, de la mano de los ingleses Francis Galton y Karl Pearson. Y, por supuesto, el conocimiento científico que ha permitido entender la vida e identificar a los virus como los principales agentes de las epidemias, desarrollado por Charles Darwin, Gregor Johann Mendel, James Dewey Watson, Francis Harry Compton Crick y Rosalind Elsie Franklin, entre otros, acompañados de los correspondientes desarrollos tecnológicos ―microscopios ópticos, microscopios electrónicos, ordenadores―. Estas ideas están presentes en los primeros modelos deterministas en epidemias, propuestos por sir Ronald Ross, Anderson Gray McKendrick y William Ogilvy Kermack en las dos primeras décadas del siglo XX.

Todos estos avances han modificado la vida de los habitantes del planeta de una manera espectacular y, en particular, nuestra respuesta a las epidemias. También ha cambiado la situación poblacional, determinante en el avance de una pandemia. Si en la Edad Media la propagación de la enfermedad era lenta ―se dice que dos kilómetros por día― y saltaba de un lugar a otro principalmente por barcos ―infestados de ratas y pulgas transmisoras―, hoy en día, una persona infectada puede trasladarse en cuestión de horas a miles de kilómetros de distancia tomando un avión. Además, el extraordinario crecimiento de la población mundial ―de unos 300 millones de habitantes en el año 1000, a los 7.800 millones actuales― también ha contribuido a que el virus encuentre auténticas autopistas de propagación en cuestión de días.

Otras reacciones no han cambiado tanto. Y, así, hemos visto cómo las autoridades han tenido que dictar medidas de confinamiento para evitar la huida de los ciudadanos de las ciudades a las zonas rurales. También asistimos a las fiestas de los más jóvenes practicando el carpe diem, tal y como hicieron muchos de nuestros antepasados en otras épocas.

 Fuente: https://elpais.com/ciencia/2021-01-18/las-matematicas-que-surgieron-de-las-pandemias.html

sábado, 9 de enero de 2021

“Tengo nueve años y he vivido tres guerras”

El documental ‘Dreams Behind The Wall’, de la española Elena Herreros, narra la vida de los niños de Gaza y Belén, acostumbrados a despertarse con el sonido de las bombas 


  'Dreams Behind the Wall' El mar era la libertad porque era amplio y sin fin. Así lo percibía la periodista Elena Herreros Rivas (Madrid, 31 años) hasta que llegó a Gaza. Lo primero que dijo fue que ella escaparía a nado. Su amigo y traductor Kayed Hammad le respondió con franqueza: si un palestino coge la barca a la deriva, recibe bombardeos de los israelíes. El mar también tiene fronteras. “Es una fuente de alimentación. Lo que conseguían lo vendían y lo mandaban a Cisjordania. Ahora no sirve ni como vía de escape ni como recurso; no sirve para nada. Ni siquiera pueden bañarse porque está contaminado”, señala en una conversación telefónica.

En esa sensación de naufragio lúgubre viven los habitantes de Gaza y Belén (Cisjordania) que Herreros decidió retratar durante casi dos meses en el documental Dreams Behind The Wall, disponible en Filmin. De todas las posibles lecturas ella se decantó por la visión de los niños, que se plantean su futuro (¿Para qué estudiar cuando hay una guerra que destroza todo?), que lanzan rocas contra el cerco que separa a israelíes y palestinos (por rebeldía y por las humillaciones que sufren sus padres) y que, cuando llega un invitado a casa, enseñan su búnker con una naturalidad escalofriante.

Es el caso de Tuka, una de las niñas que cuenta su testimonio con una verborrea y una claridad impropia de su edad. “Tengo nueve años y he vivido tres guerras”, sentencia impasible. La periodista mezcla el discurso de la menor con unas imágenes infantiles para que el espectador se percate de que, aunque las frases indican madurez, sigue siendo una niña. “No aparecía ni en el guion. Teníamos en producción a dos familias con niños de edades parecidas y Tuka fue una perla”, recuerda. Estaban de visita en una zona derruida, donde antes había un canal donde se limpiaban aguas, y se les acercaron unos niños. “Ella me tocaba la pierna y me hablaba muy rápido. No la entendía bien, pero quería contar algo, sobre todo a alguien de fuera. Llamé a Kayed para que me tradujera. Ella contó todo lo que le salía de dentro; solo le hice tres preguntas”.

En su relato, Tuka da mucha importancia a que perdió una zapatilla. “¡En un bombardeo! Cuando estás allí sales corriendo, temes por tu vida, pero a ella le quedó marcado. Ahí se trasluce su inocencia infantil”. Los padres tiemblan cuando sus hijos les piden salir a la calle a jugar. En las aceras se libra la guerra. De hecho, en una de las escenas cotidianas, uno le pide a sus hijos que se queden en casa con el ordenador. Al contrario de lo que ocurre en el resto del mundo. Esos son los detalles que la directora quiere resaltar, la costumbre al miedo con la que viven: “Lo que no se ve no existe. Se cuentan las guerras, pero estamos inmunizados y no nos paramos a mirar la posguerra, que es incluso peor. Yo fui en 2014, han pasado seis años y la situación está igual”.

Imagen de la grabación del documental 'Dreams Behind the Wall' (2014) cedida por su directora, Elena Herreros.
Imagen de la grabación del documental 'Dreams Behind the Wall' (2014) cedida por su directora, Elena Herreros.
 
Herreros solo nota una novedad: que las carreteras están más limpias. “No se han reconstruido casas. De hecho, en un informe de las Naciones Unidas de 2015 se decía que Gaza se volvería inhabitable en 2020 porque es una cárcel al aire libre”. Herreros decidió enfocarse en Belén (Cisjordania) por la ambivalencia del turismo religioso cristiano y la precariedad: “Una de las excursiones es ver la Natividad, que está a 300 o 400 metros del campo de refugiados. A las seis de la tarde, cada día, los chavales empiezan a tirar piedras al muro en señal de protesta. Tienen entre 6 y 9 años y generan esa rabia desde pequeños”. Después se abre el portón, llegan los militares, esparcen gas lacrimógeno y todos vuelven a sus casas.

La periodista reconoce que en Cisjordania no están tan encerrados como en Gaza ―”es el territorio más densamente poblado del mundo”― porque pueden salir a trabajar a Jerusalén. El problema es que tienen que pasar por un puesto de control. “Si normalmente tardarías 10 minutos, con este requisito puedes tardar hasta dos horas. Salen de casa a las cinco para llegar al trabajo a las ocho”.

La inquietud por narrar estas historias le llegó desde muy joven. “Mi madre es periodista y trabajó un tiempo en Jerusalén. Cubrió el conflicto palestino, volvió a España, empezó a trabajar en ACNUR y luego en UNRWA, la oficina para los palestinos refugiados. “En el mundo hay millones de refugiados, pero un tercio de ellos son palestinos. Todo esto siempre ha estado presente en mi vida, no es un tema ajeno a mí”, defiende. Eso se sumó a unos contratos periodísticos precarios. Harta de su situación laboral decidió hacer un documental “en un sitio ni fácil ni barato”. Tomó parte de la herencia de su padre e hizo un crowdfunding. “Sentada en una silla no estaba contenta”, asegura.

En Dreams Behind The Wall los niños muestran su realidad. Una de ellas mira a la cámara y recita: “La infancia es una flor que se mueve en el corazón de la primavera, reluciente por el aliento del rocío en el alma apacible”. Ellos evidencian un presente más turbado.

Fuente: https://elpais.com/cultura/2021-01-06/tengo-nueve-anos-y-he-vivido-tres-guerras.html?utm_source=Twitter&ssm=TW_CM_CUL#Echobox=1610017998

viernes, 1 de enero de 2021

El herbario de Emily Dickinson, entre la ciencia y la poesía

  En 1845, la escritora estadounidense recolectó, prensó y clasificó 424 especies de flores en una zona rural de Massachusetts. Hoy, el manuscrito es una fuente de investigación para botánicos y naturalistas de todo el mundo

Fotografía de una de las páginas del herbario de Emily Dickinson / Universidad de Harvard
 

Otros pies caminan mi jardín,

otros dedos remueven la tierra,

un trovador sobre el olmo

traiciona la soledad.

Otros niños juegan sobre el césped,

otros cansados duermen debajo,

y aun así regresa la pensativa primavera,

¡Y aun así la nieve puntual!

El herbario de Emily Dickinson, conservado en la biblioteca de libros raros de la Universidad de Harvard y digitalizado recientemente para la consulta del público, contiene 424 especímenes de flores silvestres de la zona rural de Massachusetts, Estados Unidos, ordenados en 66 páginas con el sistema de clasificación de Linneo. El manuscrito original, que tiene el lomo verde y los nombres de las plantas escritos a mano en latín botánico con la elegante caligrafía de Dickinson, se terminó de hacer en 1845, cuando la poeta tenía apenas 14 años. Con el paso del tiempo, este herbario desconocido para la mayoría de críticos literarios se convirtió en un documento científico que ha servido de investigación para muchas generaciones de biólogos y naturalistas en el mundo.

Con motivo de la conmemoración de los 190 años del nacimiento de la poeta estadounidense celebrados este diciembre, Inés Álvarez, científica titular en el Real Jardín Botánico de Madrid, cuenta por teléfono que el herbario de Dickinson es un documento “extraordinario para la época”. “Conseguir una colección de este calibre”, dice Álvarez, “con el mimo y el cuidado con la que está hecha es sorprendente, sobre todo si se tiene en cuenta que es la obra de una adolescente de principios del siglo XIX”.

De acuerdo con la científica, especializada en la biología evolutiva de las plantas, los especímenes que Dickinson recolectó, ordenó y prensó para su herbario se conservan en condiciones casi ideales. “Ella era naturalista, le gustaban las plantas, pero también los insectos, las mariposas y los pájaros”, afirma Álvarez. Y continúa: “Creo que dejó un legado importante para la botánica. Su herbario es un catálogo de las flores que crecían o se cultivaban en una zona específica de América del Norte, que sirve para que los científicos hagamos estudios y comparaciones”.

Aunque la faceta científica de la escritora ha sido históricamente opacada por su calidad literaria, varios artículos académicos de las últimas décadas reconocen que en el herbario de Dickinson ya estaba contenida su capacidad poética y su amor por la naturaleza. Richard B. Sewall, pensador norteamericano experto en la vida y obra de Dickinson, escribió en un artículo publicado en la revista de Harvard: “En el cuidado que Emily tuvo en su herbario, en el preciso conocimiento botánico que muestra y en la fina composición de cada página, la inclinación de su naturaleza es clara: fue una creadora desde el principio”.

El herbario de Dickinson se conserva en buen estado en la Biblioteca de libros raros de Harvard

La escritora María Popova cuenta en un artículo de la revista Brain Pickings que la poeta norteamericana comenzó a estudiar botánica a los nueve años y a ayudar a su madre en el jardín a los doce. Cuando inició sus cursos en la escuela Mount Holyoke en su adolescencia, se acercó a la botánica con rigor científico. De acuerdo con Popova, Mary Lyon, la fundadora y primera directora de la escuela, fue una apasionada botánica, entrenada por el famoso educador y horticultor Dr. Edward Hitchcock. “Aunque Lyon animó a todas sus niñas a recolectar, estudiar y conservar las flores locales en los herbarios, el de Dickinson fue una obra maestra de una exactitud poco común y una belleza poética”.

Este herbario, que comienza con un jazmín blanco común y culmina con un racimo de flores de un romero azul, es un documento científico que permite aproximarse con rigurosidad a la vegetación de la zona y es una primera herramienta para trazar el origen desconocido de muchas especies no nativas. Álvarez insiste en que la identificación botánica de los más de 400 especímenes es acertada. “Es cierto que muchos nombres cambian con el tiempo, pero todos los sinónimos usados por Dickinson son correctos para la ciencia”, dice la científica. “Gracias al herbario, podemos saber, por ejemplo, que en el jardín de su finca había cannabis sativa, cáñamo o marihuana”.

Para la investigadora del Jardín Botánico de Madrid, el herbario de Dickinson, a diferencia de la recolección científica clásica, no tiene anotadas las fechas ni la ubicación exacta de las plantas. Además, la poeta no prensó los especímenes completos, con las raíces y los tallos. “En la mayoría de los casos, Dickinson solo clasificó las hojas y las flores. Entonces, si los científicos de ahora quieren hacer mediciones del tamaño o del momento de floración no tienen cómo comparar”.

Emily Dickinson, reconocida por sus poemas como uno de los pilares de la literatura moderna estadounidense junto con Edgar Allan Poe, Ralph Waldo Emerson y Walt Whitman, usó una técnica de recolección y prensa de las plantas muy similar a la que usan los estudiantes de botánica en la actualidad. Álvarez explica que probablemente Dickinson “envolvió las flores en hojas de papel periódico o en un material similar antes de pasarlas a las cartulinas del herbario. Por encima y por debajo de la planta envuelta, Dickinson debió haber puesto almohadillas de material secante para que absorbieran la humedad, igual que se hace ahora”.

Daguerrotipo de la joven Emily Dickinson
 Para hacer una pradera es necesario un trébol y una abeja-

Un trébol, y una abeja.

Y un ensueño.

Bastará solo con el ensueño,

si abejas hay pocas.

El herbario de Dickinson es uno de los primeros documentos de botánica realizados por una mujer joven en la era victoriana. “Emily era una mujer rebelde, especial, íntima, que no se relacionaba mucho con el mundo exterior, que no viajó y no tuvo amantes conocidos, pero a quien le interesaba mucho la ciencia y la belleza de la naturaleza”, dice Álvarez. Y añade: “No conozco mujeres de la época con inquietudes similares. Hay científicas, pero esta mezcla de sensibilidad por lo natural, por la ciencia materializada en la poesía y en el arte no era muy común”. Más de dos tercios de las cartas de Dickinson a familiares y amigos, y un tercio de sus poemas tienen a las flores como tema principal.

La editorial Ya lo dijo Casimiro publicó por primera vez en noviembre de 2020 un libro que reúne las fotografías completas del herbario, acompañadas por una antología botánica de poemas que giran en torno a las plantas, los árboles y las flores, en edición bilingüe y con traducción de Eva Gallud. De acuerdo con los editores, los poemas incluidos “recorren los bosques en mitad de la noche, trepan a los árboles, encuentran pájaros dormidos y recolectan flores y hojas a diario para convertirse en un registro del entorno, una radiografía de lo que observa su mirada y acaricia con la yema de sus dedos”.

Las hojas, como las mujeres, intercambian

astutas confidencias;

unos cuantos saludos, y unas cuantas

portentosas conclusiones,

En ambos casos las partes

disfrutan del secreto,

compacto e inviolable,

a la visibilidad.

Fuente: https://elpais.com/ciencia/2020-12-31/el-herbario-de-emily-dickinson-entre-la-ciencia-y-la-poesia.html

sábado, 5 de septiembre de 2020

Hacia las ciudades 100% comestibles

Los ‘Guerrilla Grafters’ injertan ramas de árboles frutales en los ornamentales para conseguir que la ciudad produzca mucha comida sana y accesible a todos

La ciudad está para comérsela, árboles incluidos
La ciudad está para comérsela, árboles incluidos Ian Baldwin vía Unsplash

  ¿Para qué sirve un árbol en la ciudad? Desde los despachos municipales seguramente muchos argumentarían que los árboles tienen muchas razones de existir: combaten el cambio climático, brindan sombra en la canícula y cobijo ante el chaparrón ocasional. Permiten oxigenar el tejido urbano y generan espacios de relax y sosiego para el transeúnte estresado entre tanto cemento y asfalto. Sin olvidar que son también objetos decorativos.

De un tiempo a esta parte más y más personas y movimientos sociales sostienen que la naturaleza urbana está ahí sobre todo por otra razón de ser: para comérsela, y más en tiempos revueltos como los que nos tocan vivir. Y que ya no son solo los despachos municipales quienes pueden y deben decidir sobre la verdura ciudadana. ¿De quién es ese parterre del parque público? ¿Quién decide y en base a qué criterios sobre las próximas plantaciones urbanas? Hablamos hace unos meses de los Jardineros Enmascarados, que se han lanzado a recuperar terreno baldío en mi pequeña ciudad de Francia y en otras ciudades francesas también sin permiso de nadie pero sin que nadie tampoco les barra el paso.

Es el mismo espíritu que impulsa a los Guerrilla Grafters, un movimiento que surgió en San Francisco (EEUU) en el 2012 con el objetivo de promover que personas anónimas injerten ramas de árboles frutales en otros árboles también frutales pero solo ornamentales, es decir que no dan fruto. Y así conseguir que, rama a rama, al final la ciudad produzca mucha comida sana, fruta libre y accesible a todos. Según se lee en su página web, tienen por objetivo convertir las ciudades en “bosques de comida” y “desarmar la civilización capitalista de rama en rama”.

De hecho, los injertadores actúan en San Francisco y su bahía a hurtadillas, a menudo de noche. Y es que la ciudad tiene prohibidos los árboles frutales para evitar atraer animales o ensuciar aún más las aceras, y también para evitarse los procesos judiciales que podrían derivarse de todo ello. La masa forestal de la ciudad se compone por lo tanto de árboles ornamentales y a lo mejor frutales pero en todo caso estériles.

La historia dio un tumbo en 2012 gracias a la iniciativa individual de una mujer, Tara Hui, quien quiso en un principio plantar algunos perales, cerezos y otros árboles frutales para proporcionar algo de fruta fresca y gratis en su barrio popular, donde no había tiendas de comida. Lo explicó por aquel entonces Los Angeles Times, quien tituló la historia como “un proyecto secreto da fruto”. No creo que Tara Hui pudiera imaginarse hace ocho años que el fruto de su pequeña semilla llegaría tan lejos en el tiempo y en el espacio.

Hui y todos sus seguidores no quieren hacer público dónde intervienen por miedo a las represalias de los funcionarios locales, que no ven con buenos ojos que se viole la ley aunque los transgresores tengan en el fondo buenas intenciones. A pesar de la persecución local han recibido el aplauso en el exterior: los Guerrilla Grafters participaron por ejemplo en la 13ª Bienal de Venecia como parte del pabellón de los EEUU.

Movimiento perseguido en casa y alabado de puertas para afuera: participaron en una Bienal de Venecia
Movimiento perseguido en casa y alabado de puertas para afuera: participaron en una Bienal de Venecia Macu Ic vía Unsplash
Y según cuentan en su página de Facebook, estos últimos meses varias personas desde Francia les contactaron pidiendo que tradujeran su material. Y es por eso que el movimiento está aterrizando recientemente en Francia gracias a la traducción al francés del texto que explica cómo realizar la susodicha operación de injerto. 
 

miércoles, 2 de septiembre de 2020

“Abrir el acceso al cerebro permite experiencias diferentes a las que son típicamente humanas”

Sara Goering, profesora de Filosofía de la Universidad de Washington, explica cómo la tecnología puede cambiar los pensamientos humanos y cuáles son sus implicaciones éticas.

Sara Goering, profesora de Filosofía de la Universidad de Washington.
Sara Goering, profesora de Filosofía de la Universidad de Washington.

Sara Goering es coautora de un artículo publicado en la revista Nature donde aboga, como parte de un grupo de expertos de renombre internacional, por la necesidad de establecer un código ético y una legislación que regule la aplicación de dispositivos cerebrales. Explica cómo esta tecnología podría condicionar la forma de ser de los ciudadanos.

¿Por qué es necesario establecer un código ético para la implantación de dispositivos cerebrales?

Los dispositivos cerebrales implantados son muy prometedores para abordar enfermedades o lesiones, pero también proporcionan un tipo de acceso único que podría servir para alterar nuestra actividad neuronal. Dado que nuestra actividad neuronal es la base que define la forma en que pensamos y quiénes somos (nuestra conciencia, nuestros recuerdos, nuestra personalidad, nuestra responsabilidad de acción, todo está en nuestra actividad cerebral), debemos tener cuidado al avanzar en el diseño de dispositivos que pueden alterar significativamente la forma en que pensamos sobre nosotros mismos y sobre el mundo.

¿Cómo podrían estos dispositivos cambiar nuestro cerebro?

Los estimuladores cerebrales profundos [como los microchips implantados en el cerebro] ayudan significativamente a los pacientes de Párkinson con los problemas de temblor y rigidez muscular. Pero algunas personas también experimentan cambios psicosociales, sienten un aumento de la impulsividad, cambios de personalidad... Los dispositivos tienen efectos sobre nuestro comportamiento pero esos efectos son difíciles de percibir, así que pueden hacer que el paciente tenga una sensación ambigua sobre el control de sus acciones. Pueden sentir que no saben cuánto está influyendo el dispositivo en sus comportamientos o pensamientos y cuánto es decisión solo suya.

Entonces, ¿sería posible hackear humanos y cambiar su voluntad, por ejemplo?

Actualmente, que yo sepa, ese nivel de especificidad no es posible, pero la vulnerabilidad de un dispositivo a la piratería es muy preocupante. Si un pirata informático puede alterar la forma en que funciona un dispositivo, entonces podría ordenar a un brazo robótico que se mueva de una manera concreta que no estaba pensada por el usuario. O podría cambiar los patrones de estimulación en un microchip cerebral para que alguien se sienta diferente. Dado que esos estados también influyen en la voluntad, sí sería una manipulación indirecta de la voluntad.

¿Quién decide si un dispositivo va a mejorar el cerebro o no?

Las personas podrían decidir por sí mismas si quieren un dispositivo o si este supone una mejora para ellos. Pero determinar qué dispositivos fabricar requiere una conversación social más amplia sobre los posibles beneficios individuales y los peligros de ciertos tipos de control y acceso al cerebro. Es particularmente importante que se escuche a las personas con discapacidad, que son a quienes más podría beneficiar esta tecnología, para tener claro qué tipos de dispositivos son preferibles y por qué razones; y a cuánto es razonable que renunciemos en privacidad, por ejemplo.

¿Qué pasa si solo unos pocos pueden darse el lujo de tener estos dispositivos implantados?

Es posible que esto suceda al principio. Es necesario plantearse estas cuestiones, dado que algunas de las capacidades mejoradas podrían llegar a ofrecer a las personas que las utilizan ventajas competitivas, aunque no es algo que esté pasando ahora. Creo que una pregunta aún más importante es que consideremos las implicaciones de mejorar algunas de las capacidades que parecen prometedoras pero que podrían no ser tan valiosas como parecen. Por ejemplo, la memoria mejorada es atractiva para la mayoría de nosotros a medida que envejecemos, pero la capacidad de olvidar también es increíblemente valiosa y no debe subestimarse.

¿Podría crearse una nueva brecha social entre aquellos que tienen acceso a las mejoras de capacidades cognitivas y aquellos que no pueden costeárselo?

Posiblemente, pero depende del tipo de tecnologías que se utilicen. Que alguien pueda conectarse directamente a Internet con su mente o que pueda pasar de los pensamientos a los mensajes de texto sin la necesidad de escribir (como esperan Facebook y Neuralink) le permitiría acceder a información más rápido, pero eso no sería suficiente para que pensara con más claridad o mejor. Tener capacidades controladas por interfaces cerebro-computadora podría permitirnos hacer cosas con el pensamiento y podría hacernos más productivos o menos dependientes de las limitaciones de nuestra propia musculatura, lo que podría crear una especie de brecha.

Si se extiende el uso de estos dispositivos pero no todos tenemos el mismo acceso a ellos, ¿podríamos llegar a convertirnos en casi dos tipos diferentes de humanos?

Depende de la tecnología que consideremos. La mayoría de los dispositivos actuales están diseñados para ayudar a las personas a lograr un funcionamiento que es normal y no sobrehumano o completamente diferente del humano. Sin embargo, abrir el acceso al cerebro permite experiencias diferentes a las que son típicamente humanas. Si un dispositivo puede estimular mi corteza sensorial para hacerme sentir que estoy tocando algo que mi cuerpo no está tocando, entonces los mundos virtuales pueden volverse convincentemente reales. Si los dispositivos pueden mejorar significativamente la memoria de una persona o darle una manera de enviar mensajes al cerebro de otras personas sin hablar (como sugieren algunos estudios de interfaz cerebro a cerebro), entonces al menos las normas sobre el ser humano tal y como las entendemos a día de hoy podrían cambiar, dependiendo de si las personas tienen implantes o no.

¿Cree que es posible lograr un acceso equitativo a las neurotecnologías para mejorar el cerebro?

Para empezar, no tenemos el mismo acceso a la atención básica de salud mental, al menos en EE UU, por lo que no tengo muchas esperanzas de tener el mismo acceso a las tecnologías de mejora mental. Abordar la igualdad de acceso es una preocupación seria, pero tal vez sea más importante determinar si las supuestas mejoras son realmente mejoras y si vale la pena buscarlas.

Fuente: https://retina.elpais.com/retina/2020/08/28/tendencias/1598608595_322308.html