¿Es el capitalismo un sistema que se basa en ganar dinero o consiste, por el contrario, en quitárselo a los demás? Esa reflexión se hacen los expertos consultados en un documental sobre el fraude de las empresas fantasmas chinas en el mercado bursátil estadounidense. Por la falta de controles, los inversores metieron dinero en compañías chinas falsas. Un fraude de entre 30 y 60 mil millones de dólares. Wesley Clark, ex comandante supremo de la OTAN, figuraba como presidente en uno de los bancos que ejecutaban los timos
El timo es el siguiente, explica Dan David,
fundador de GEO Investing, mientras el mercado estadounidense se hundía
tras Lehman Brothers, el chino estaba explotando, las ciudades
cambiaban su fisonomía de un año para otro, aquello parecía que iba a
dar altas tasas de beneficio si uno metía ahí su dinero, pero el
problema fue que muchos inversores americanos lo hicieron en empresas
chinas fantasma diseñadas para ese fin.
David
detectó el fraude. Bajo el lema de que en ninguna compañía china se
podía perder dinero, se organizaban fiestas con conciertos, bailarinas y
mucho alcohol para captar inversores. Otras empresas recurrían a
personajes importantes, como Westley Clark, el ex general de la OTAN, que tras su intento de ser presidente de Estados Unidos se metió en el mundo de las inversiones.
El ex militar conseguía que Colin Powel, Clinton o Kissinger
dieran charlas en simposios de captación de fondos. Luego Clark se
justifica: "Yo era el presidente del banco, no el dueño, no tuve nada
que ver con las transacciones financieras en China". Las preguntas le
pillan por sorpresa, porque se indigna, se quita el micro y dar por
concluida la entrevista. Aduce que salió de la junta dieciocho meses
después de los fraudes, pero le echan en cara que se lo guardara para
sí, que precisamente con tantos contactos como tenía podía haber acudido
a Washington a quejarse de lo que estaba sucediendo a gran escala.
Al
mismo tiempo, empresas chinas se fusionaban con otras estadounidenses
que estuvieran en la ruina pero siguieran cotizando en bolsa. Entre 2006
y 2012, lo hicieron centenares. Las subidas en bolsa eran trepidantes.
Sin embargo, los investigadores fueron hasta China a auditar las
compañías y se encontraron con plantas en caminos de cabras, con
maquinaria de los años 50 y rodeadas de basura. Compañías que se supone
que hacían 100 millones anuales de beneficio.
Cuando
hacían informes sobre el fraude, eran demandados por los mejores
bufetes americanos. Los auditores eran perseguidos y calumniados por
abogados pagados para ir a televisión. En su defesa, uno de estos
letrados dice en el documental que él no mira los balances de las
empresas que requieren sus servicios.
Lo
mismo ocurre con empresas como Deloitte y PriceWaterhouseCoopers, que
tienen franquicias en China que confirmaban las cuentas maravillosas de
las empresas fantasma chinas. Dan David explica que poco puede hacer un
auditor allí, si se interpone en el negocio con un informe, se le
liquida. "Esa es la diferencia cultural", presume.
En
total, los inversores estadounidenses se dejaron entre 30 y 60 mil
millones de dólares que se fueron directamente a manos chinas sin más
historia. Las compañías intermediarias en Estados Unidos se reservaban
un presupuesto para las posibles multas. El fraude era rentable aunque
les cogieran, solo había que cuadrarlo en las cuentas.
Hasta
ahí, perfectamente creíble y un ejemplo más de lo fastuoso que es el
capitalismo desregulado. No hay mucho más. Dan David ha escrito un libro
con el mismo título que el documental y durante el resto del metraje se
propone forzar al Congreso a intervenir en este gran fraude. Dice que
lo único que le motiva es hacer el bien.
Controladores obsoletos
Más
interesante es cuando se explica que la Comisión de Bolsa y Valores
tiene unos estatutos de 1930, de la época en la que se imprimían las
acciones, y que ahora está desactualizada, sobrepasada y sin recursos.
El país más poderoso del mundo, no puede garantizar unos estándares
mínimos en su mercado bursátil. De todos modos, el problema al que
apunta el vídeo es a que no pueden actuar en China, donde no es un
delito robar a inversores extranjeros, detalla. Es gracioso cómo definen
a China los expertos indignados por el vacío legal que permite el
fraude: "Es como el salvaje oeste".
Las
reflexiones que siguen no están mal tampoco. ¿Es el capitalismo un
sistema que permite ganar dinero o sacárselo a los demás? ¿Premia a los
que solo a los que se esfuerzan o también a los que están dispuestos a
aprovecharse de otros? Añaden, además, que un fraude es un robo, aunque
se llame distinto y no se diferencia en nada de que te asalten por la
calle.
Jubilaciones evaporadas
En
los últimos minutos aparecen víctimas del timo. Unos han perdido
150.000 dólares, otros 100.000. A algunos se les hundieron las acciones
tan rápido en bolsa que las compañías dejaron de cotizar los títulos ya
no eran negociables: cero dólares. Otras compañías ni siquiera llegaron a
existir realmente como tales, solo eran un nombre. "Tuvimos fe en el
mercado, en que nuestro gobierno lo controlaba y nos estafaron desde
todos los ángulos", se lamenta un hombre.
La
retórica anti-China es también considerable. Un entrevistado llega a
afirmar que se trata de un sistema social basado en delinquir. El que
viola las normas sube y empuja hacia abajo al que las respeta. Más
pragmático y menos efectista es otro que explica que las dimensiones de
ese país hacen que todo tenga un efecto multiplicador. Tampoco falta
quien explica que si en Estados Unidos existieran las condiciones para
estafar a inversores extranjeros, se haría sin miramientos. Pero no es
un documental anti-chino y pro-Trump, precisamente el nuevo presidente
es quien aparece recortando aún más la regulación de los mercados en los
últimos minutos, que es al final la condición fundamental para que se
den "tormentas perfectas".
La policía de California identificó al Asesino del Estado Dorado por la información suministrada por un familiar
Joseph Jame DeAngelo, arrestado y acusado de haber cometido al menos dos asesinatos en los años 70 y 80. / Reuters
Un estadounidense de ascendencia europea quiere
conocer sus orígenes y buscar familiares suyos. Envía una muestra de su
ADN a la base de datos GEDmatch y mediante la comparación de los datos y los árboles genealógicos que se pueden obtener gracias a los avances en identificación genética
logra contactar con un primo lejano que vive en Polonia, que desconoce
que es familiar suyo y que su ascendencia también es judía. Los dos se
encuentran y a partir de entonces mantienen relación. Final feliz ¿O no?
La policía del Estado de California resucita un caso antiguo sin resolver. En la misma base de datos y en otras similares busca el rastro de un violador y asesino múltiple
—el llamado Asesino del Estado Dorado, sospechoso de haber matado a 13
personas y violado a 50 mujeres en los años 70 y 80 del siglo pasado—
del que solo tiene una muestra congelada de ADN obtenida en el escenario
de uno de los crímenes. La policía encuentra algunas coincidencias
sospechosas. Algunas no se confirman, pero una sí: en GEDmatch. Joseph
James DeAngelo, de 72 años, fue arrestado la semana pasada en su casa
de Sacramento y ha sido acusado ya formalmente de dos de los asesinatos.
El caso ya se ha convertido en polémico, por sus
implicaciones éticas y porque no se sabe cómo se ha utilizado
exactamente la base de datos, en un sector comercial en expansión. Una
persona solo puede, teóricamente, suministrar su propio ADN o el de
alguien del que sea legalmente responsable. ¿El fin justifica siempre los medios, se preguntan los expertos? Por
un lado está la ligereza con que las personas están dispuestas a
proporcionar datos que les identifican como seres únicos, con una
seguridad similar o mayor que la de las huellas digitales, sin saber
cómo se van a utilizar, no solo respecto a ellos, sino también respecto a
sus familiares. En este caso, DeAngelo no había dado su ADN a esta web,
pero sí lo había hecho un familiar suyo.
La policía llegó a la conclusión de que DeAngelo, que
fue policía, es el autor de los crímenes porque tras localizarle
analizó genéticamente cosas que utilizó, sin que él lo supiera, y
encontró coincidencia total con la muestra guardada. Sin embargo, la
pista concluyente la obtuvo de una base de datos comercial y pública
cuyos creadores no habían puesto en marcha en 2011 con ese objetivo. De
hecho, los propietarios de webs de este tipo en Estados Unidos se han negado sistemáticamente, afirman, a compartir los datos con la policía,
pero esto puede cambiar, sobre todo si hay mandamientos judiciales de
por medio. En España, por ejemplo, la policía no puede utilizar de forma
general la base de huellas digitales del DNI para buscar coincidencias,
ni siquiera para identificar cadáveres.
Yaniv Erlich es el estadounidense citado al
principio, el que encontró a su pariente en Polonia, pero también es un
experto en genética y director científico de la web MyHeritage,
dedicada también a la genealogía. En junio de 2014 avisó de los riesgos
éticos del tema. Ahora, en declaraciones a la revista Science, explica
que cree que la policía tuvo suerte y encontró a un primo hermano del
sospechoso en la web GEDmatch, al que contactó probablemente sin decirle
en principio el objetivo. Luego le pidió que le suministrara datos
sobre sus familiares cercanos (que serían alrededor de una veintena) que
fue descartando hasta llegar al sospechoso. También señala que la
información de los 22 pares de cromosomas no sexuales, más que la de los
cromosomas X o Y, es la eficaz en estos casos. “La gente no comprende bien las consecuencias de poner su ADN en una base de datos pública”,
dice Erlich. “Piensan: La utiliza tanta gente que debe de estar bien, o
es una web de genealogía. ¿Y si se llamara Genealogía Policial? La
gente no lo haría. No pensamos en todo. Pensamos en lo más probable”.
Mientras se conocen los detalles de esta llamativa
historia de detectives, GEDwatch ha recordado que no tiene
responsabilidad sobre cómo se usan los datos y que, si a los usuarios
les preocupan los otros usos que se puedan hacer, lo mejor es que no
utilicen la web.
Se cumplen este miércoles 50 años del asesinato del líder negro en un hotel de Memphis. El reverendo se disponía a cenar con un grupo de amigos cuando al asomarse al balcón, a las 18.01, el disparo de un rifle Remington-Peters le atravesó el cuello
Desde
la derecha: Ralph Abernathy, Martin Luther King, Jesse Jackson y Hosea
Williams en la terraza del motel Lorraine de Memphis, el día antes de
ser asesinado.APREUTERS-QUALITY
Hay quien piensa que Martin Luther King
murió el 4 de abril de 1968 de un tiro en la garganta. Pero es más
exacto decir que lo mató la lluvia. Esa agua tenaz que a veces cae en
Memphis (Tennessee) y que estuvo en el origen de la huelga de basureros negros que el reverendo había decidido apoyar.
El conflicto era un caso más de la brecha racial que dividía a Estados
Unidos. Los días de tormenta se suspendía la recogida de basuras en la
ciudad. Algo anodino excepto por el hecho de que los trabajadores
blancos cobraban esas horas, y los negros, no.
La
flagrante discriminación había desatado una ola de protestas y un joven
afroamericano ya había sido asesinado. King, temiendo el baño de
sangre, acudió a defender a los suyos. Como tantas otras veces, iba a
ponerse al frente de la manifestación y a quebrar mediante la
desobediencia civil a sus adversarios. En preparación para la jornada,
se había alojado en el pequeño Motel Lorraine.
Primer piso, habitación 306. Relajado, se disponía a cenar con un grupo
de amigos, cuando al asomarse al balcón el disparo de un rifle
Remington-Peters le atravesó el cuello. Eran las 18.01 y la humanidad
acababa de perder a un hombre justo.
Cuando murió, King ya era eterno. Había pronunciado 2.500 discursos, ganado el Premio Nobel de la Paz, encendido el alma de millones de americanos y denunciado la injusticia de un siglo injusto
en piezas maestras de la oratoria. Él mismo, con 39 años, intuía que no
le quedaba sitio en este mundo. La noche anterior, en su último sermón,
el reverendo había dado a sus palabras un tono profético. Citando el
Deuteronomio, habló de la proximidad de su fin y de la posibilidad de
morir a manos de un “hermano blanco enfermo”.
“No sé qué ocurrirá ahora. Tenemos días difíciles frente a
nosotros […] Como a todos, me gustaría tener una vida larga. […] Pero
eso ahora no me preocupa. Solo quiero cumplir la voluntad de Dios. Y él
me ha permitido subir a la cima de la montaña. Y desde ahí he visto la
tierra prometida. Puede que no llegué a ella con vosotros. Pero quiero
que esta noche sepáis que nosotros, como pueblo, alcanzaremos la tierra
prometida. Y estoy feliz por ello. Nada me preocupa. No temo a ningún
hombre…”, clamó en el Templo Obrero de Memphis.
Quien así hablaba era mucho más que un predicador. En sus
días finales, Martin Luther King no representaba solo la emergencia de
una conciencia racial. Su pulso iba más allá de las manifestaciones; su
estrategia desbordaba al adversario por los flancos. En Memphis había
llamado al boicot contra Coca-Cola y los principales fabricantes de pan y
leche; también había pedido a la población que retirase los fondos de
todos los grandes bancos (excepto el Tri-State Bank). “Su lucha no era
solo por los derechos civiles,
sino por los derechos humanos, defendía principios fundamentales y
quería materializarlos”, señala Clayborne Carson profesor de la
Universidad de Stanford y director del Instituto de Investigación y
Educación Martin Luther King.
Martin Luther King y manifestantes en la ciudad de Selma (Alabama) el 10 de marzo de 1965.AP
La fuerza que desplegaba en cada golpe le hacía un enemigo
temible. Y su orientación ideológica, aunque tachada de pactista por los
más radicales, multiplicaba los temores del Estado profundo. Su rechazo
a la Guerra de Vietnam le había granjeado el odio de los militares; su
combate contra la desigualdad, le habían vuelto objetivo prioritario del
director del FBI, John Edgar Hoover, y sus inquisidores. Le espiaban, le enlodaban con informes falsos, entre ellos de supuestas orgías, y buscaban bajo las alfombras cualquier resquicio para acusarle de comunista.
“King era visto como un revolucionario, porque pedía un
ingreso anual garantizado para todos los estadounidenses y un trabajo
pagado con fondos públicos para quien lo quisiera. Era además un crítico
contumaz del imperialismo americano y propugnaba una reconstrucción
radical de la sociedad. Pero también era un patriota, criticaba a su
país porque lo quería”, explica el historiador Jason Sokol, autor de Los cielos pueden romperse: la muerte y el legado de Martin Luther King
(editorial Basic Books).Bajo esta presión, creció el miedo a un
atentado. El reverendo, como demuestra su último discurso, era
consciente de la amenaza. Todos sabían que corría peligro y nadie hizo
nada para protegerlo. Quizá esa sea la clave de su muerte más que
cualquier teoría conspirativa.
La sentencia y las revisiones oficiales posteriores sostienen que el asesino fue James Earl Ray.
Un prófugo, pendenciero y borracho, que había encadenado una vida de
asaltos de poca monta. Hijo del aluvión, este ejemplar de la denominada basura blanca,apretó
el gatillo y lanzó su carga de odio racial con una precisión que aún
sobrecoge. Desde un baño situado frente al balcón del Motel Lorraine, la
bala impactó en la mandíbula derecha de Martin Luther King, atravesó su
médula espinal y quedó alojada para siempre en las entrañas de América.
“Con King, aprendimos que los grandes cambios son disruptivos. Fue
capaz de paralizar ciudades enteras y mantenerse firme hasta lograr que
se hiciese justicia”, recuerda el historiador Sokol.
Cometido el crimen, Ray, de 40 años, huyó al extranjero y no
fue detenido hasta el 8 de junio en el aeropuerto londinense de
Heathrow. De vuelta a EE UU, se declaró culpable (lo que le evitó la
pena de muerte) y una vez sentenciado a cadena perpetua se desdijo y
defendió una teoría conspirativa en la que él figuraba como un mero
chivo expiatorio.
Aunque las dudas nunca se han apagado, las comisiones que
han revisado el caso han confirmado que Ray fue el único asesino. “Esa
es la respuesta lógica. Pero la verdadera pregunta es por qué no le
protegieron quienes sabían que estaba amenazado. ¿Qué hizo el FBI, la
inteligencia militar y la policía local? A estas alturas no hay
respuesta y la conspiración, como en el asesinato del presidente John F.
Kennedy, durará para siempre. Es más fácil introducir la duda que
eliminarla”, explica el profesor Clayborne Carson.
Muerto King, Estados Unidos sufrió una de sus mayores convulsiones. En un país que en pocos años había visto morir a balazos a Kennedy y al líder radical negro Malcolm X,
el magnicidio desató una cólera incontenible. En el vendaval
fallecieron 43 personas, 3.500 resultaron heridas y 27.000 fueron
arrestadas. Como remate, dos meses después cayó asesinado el aspirante
presidencial Robert Kennedy. Fue el epitafio a una época turbulenta. La
década en que Estados Unidos había mostrado su esplendor al mundo y
hollado la Luna se cerró con la constatación de que no era capaz de
librarse de sus tinieblas. De que incluso los días de sol, la lluvia
seguía cayendo.
Mientras tanto, los estudiantes de todo Estados Unidos –desde Minnesota
hasta Colorado y Arizona– hicieron paro el miércoles para exigir leyes
de control de armas más estrictas. Llevaban pancartas que decían:
“Dennos seguridad” y “¡Traigan a los políticos! ¡Nos levantaremos!”.
Frente a la Casa Blanca, cientos de estudiantes de las escuelas
secundarias del área de Washington DC se congregaron y organizaron una
sentada.
Rancheros y granjeros norteamericanos de finales del XIX utilizaron sus
alambradas para comunicarse con sus vecinos. Como las instalaciones
telefónicas de la época eran muy caras, estaban solo al alcance de ricos
y eran controladas por empresas privadas aprovecharon el alambre de
espino de contención del ganado para manipular las conexiones y tejer
sus propias redes de comunicación vecinales. Así nació el primer chat
privado de la historia.
La primera red social nació en el viejo Oeste
Wiki/pxhere.com
No tenían número ni centralita, simplemente enganchaban los aparatos
patentados (que no inventados) en 1876 por Alexander Graham Bell a la
inmensa red de alambres que delimitaban las tierras de su propiedad. Con
pequeños puentes a las cercas de los vecinos tejían redes
independientes de telefonía para comunicarse libremente entre ellos.
Así lo cuenta el historiador Richard F. Steele en An Illustrated History of the Big Bend Country y también el periodista Charley Eckhardt e Inc, el American Bussines Magazine. Los colonos de Texas, Nuevo México, Luisiana, Misisipi y las Great Plains (Grandes
Llanuras) desarrollaron un sistema de nodos y redes telefónicas que
anticipaban sutilmente el tejido orgánico de las redes P2P actuales. Y
todo al margen de la ley y la industria. El mejor ejemplo de la
revolución rural de la asociación cooperativa.
Levantando tendido telefónico convencional en Oregón
Flickr / Free Commons
Para ello se aprovecharon de otra ventaja. El popular alambre de espino —o Barbed Wire— era otra patente de la época inventada por Joseph Glidden
y que se popularizaría un poco antes que el teléfono de Meucci y Bell,
convirtiéndose en un estándar muy barato y exitoso para la contención
del ganado. Esta normalización industrial de las alambradas facilitaba
la conexión con los vecinos, muchos de los cuáles compartían gastos de
instalación al separar fincas colindantes. Así se creaban grandes
entramados de cooperativas de alambradas conectadas. Solo hacía falta
meterles una tensión eléctrica adecuada.
Publicidad de la época del 'Barb wire'
www.collectorsweekly.com
Una vez conocido el funcionamiento de la telefonía inventada por Antonio Meucci los granjeros de estas cooperativas copiaron el sistema. Inyectando un flujo de corriente en las Barbed Wire
de su propiedad generaban un circuito cuyas variaciones de resistencia
se transmitían por el mismo. El micrófono de cada terminal era el
encargado de modificar esta resistencia y, por lo tanto, la intensidad
de la corriente que al final se convertía en sonido en cada altavoz.
Para evitar los cortocircuitos y los problemas con la lluvia utilizaban
cuellos de botellas de vidrio, mazorcas de maíz o trozos de bota que
aislaban los cables de tierra.
Anuncio publicado en un diario local de Indianápolis en 1902:
Línea
telefónica de agricultores. Los agricultores de las cercanías de
Oaklandon han organizado una compañía de teléfonos y elegido a los
siguientes oficiales: Presidente, William Hamilton; secretario, John
Sellers; tesorero, Sirus Stoner. Tienen seis millas de la línea
completa, y están sirviendo a unas veinte familias. Han hecho conexión
con las líneas de la compañía S. Morrison en Oaklandon.
Anuncio de cooperativa telefónica en prensa
http://oaklandon.deburger.com
Cuando se liberó la patente de Bell en 1890, se podía comprar un terminal por catálogo en Sears, Roebuck y Montgomery Ward
sin necesidad de conectarte a sus redes ni pagar por ellas. El kit
costaba 25$ de la época e incluía el terminal y dos baterías de celda
seca. Bastaba entonces conectar el teléfono con mordazas metálicas a la
alambrada electrificada y a tierra. Para salvar la distancia entre
algunas fincas las cooperativas fabricaban cables que pagaban entre
todos.
Al no haber centralita todos los teléfonos de
cada red sonaban al mismo tiempo. Normalmente no había más de 20 o 30
granjeros en cada nodo pero los nodos podían conectarse entre sí con las
redes convencionales. Para distinguir a cada receptor los propietarios
tenían asignado cada uno un tono largo, dos tonos, un tono corto, etc...
de tal forma que sólo descolgaba el interesado.
Por
ejemplo. Si sonaba un determinado número de tonos sabías que al
descolgar podías oír el boletín de las noticias de la radio que tenía un
compañero o te leían los titulares de un periódico del vecino. También
te podían anticipar el parte meteorológico que se te avecinaba o las
cuitas del primo de tu vecino. Así debían ser los memes del viejo Oeste.
Pero no solo eso, los mensajeros a caballo para llamar al médico o a
las autoridades en caso de incendio o urgencia desaparecieron con la
implantación de estas pequeñas redes.
El verdadero
problema de esta arcaica red social cooperativa era que, al final, no
existía una verdadera privacidad y no sabías si cualquiera de los
miembros podía estar escuchando tu conversación con determinado vecino.
Los chismes eran 'vox populi' y la red se usaba también para propagar y difundir rumores interesados. Como una comunidad de vecinos con WhatsApp ¿Os suena?
Los colonos que organizaban estas pequeñas redes
telefónicas eran grupos de ganaderos aislados de las redes de telefonía
principal al sur de Estados Unidos y que no entraban en la
infraestructura general porque no interesaban económicamente a los
empresarios. Instalar los postes para llegar a las zonas rurales era muy
caro y las copperativas aprendieron a autogestionarse. Algunas de sus
redes siguieron usándose hasta entrados los 70 del siglo XX. Un
mecanismo de autodefensa de grupos de ciudadanos contra el sistema
capitalista que resolvían con ingenio y coordinación las necesidades de
conexión de los más desfavorecidos. Esto también nos suena.
La
economía colaborativa ha existido siempre, y más en situaciones de
necesidad. Para ahorrarse la instalación de las costosas líneas los
granjeros usaban su propia infraestructura para asociarse. Pero para no
permanecer en grupos aislados algunos granjeros más cerca de las
ciudades, a su vez, conectaban estos nodos con centralitas a la red
global. Un sistema que puede verse hoy en día en redes privadas
convencionales.
Otro tiroteo masivo,
otra ocasión para observar en redes sociales cómo los estadounidenses
defensores de la posesión de armas tienen que justificar que, pese a
tener un nivel de asesinato por armas 25 veces mayor que en ningún otro país occidental, les merece la pena mantener intacta la segunda enmienda.
Que el hecho de que en el país haya prácticamente un arma de fuego por
cada ciudadano es algo que les da seguridad y no se la resta.
De saber que tienen muy pocas posibilidades de evitar unas 7.000 muertes al año sólo porque la mitad de ellos defienden una práctica que, en casi ningún caso, les va a proteger de ninguna hipotética amenaza futura.
Para excusarse utilizan argumentos como que el problema son los “lobos solitarios” o la enfermedad mental del último asesino de turno. El mejor de todos, la “falta de educación”
en preceptos de seguridad, que sacan a colación en esos casos que en los
que un niño se vuela la tapa de los sesos por error, algo a lo que
tienen que enfrentarse todos los días. La culpa nunca está en la posesión de armas.
Es un sentimiento común a muchos espectadores ajenos a esta cultura.
Españoles, británicos, franceses o chilenos, casi da igual cuál sea el
país en el que te hayas criado. Su obsesión armamentística nos parece grotesca y surrealista,
más la representación de una pulsión de muerte que esa tradición de
protección frente al Estado en la que se basan para justificarlo.
A continuación, te dejamos una serie de ejemplos de vídeos e imágenes
con las que las personas de todo el mundo miramos a los norteamericanos
preguntándonos cómo es posible que la nación más rica del mundo esté
llena de estúpidos, de locos o de las dos cosas a la vez.
Tienen rifles de asalto en los supermercados
Y en algunos Estados puedes comprar armas en apenas siete minutos
Un chaval de trece años puede comprarse un rifle sin ningún problema
(Aunque si intenta comprarse alcohol, tabaco o boletos de lotería lo va a tener imposible).
Y niños de siete años pueden pasar los exámenes para portar armas
Hay niños de 10 años que disparan mejor que James Bond
Y miles de vídeos de cuasibebés matando ciervos
La NRA te anima a que guardes armas en las habitaciones de los niños
La alegría de algunos niños al recibir su primer arma es real y escalofriante
Las fotos navideñas exhibiendo su arsenal no son nada excepcional
Las fotos de boda con rifles tampoco sorprenden a nadie
Por supuesto, también venden sujetadores o bolsos especiales para armas
Y sabes que grupos paramilitares pueden marchar armados por tu ciudad
Hay iglesias en las que montan campos de tiro
Y bares a los que vas para beber alcohol y disparar
Las autoridades tienen que alertarles de que es un error disparar a un tornado
@PascoSheriff Florida gun owners encouraged to 'shoot the storm' and fire their guns at Hurricane Irma
A
Florida man who suggested shooting guns at Hurricane Irma out of
"stress and boredom" has found that his idea has captured peoples'
imaginations - with over 46,000 signing up to join in. Hurricane...
yahoo.com
Es más, los Gobernadores bromean con cocinar bacon en el cañón de sus ametralladoras
En las Convenciones de armas te venden Obamas a los que disparar
Y si lo piensas, da miedo vivir en un mundo donde cualquier transeúnte puede llevar un arma encima
El objetivo de la ONG es mandar un mensaje inequívoco a los dirigentes mundiales: "Los refugiados son bienvenidos".
Oxfam acoge a varios refugiados en la antigua casa de Donald Trump. Chris Gregory/Oxfam
La ONG Oxfam ha alquilado la casa en la que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, vivió cuando era un niño en el barrio neoyorquino de Queens para alojar a refugiados durante la Asamblea General de la ONU.
El objetivo de OXFAM es mandar un mensaje inequívoco a los dirigentes mundiales: "Los refugiados son bienvenidos", dijo la organización en un comunicado difundido este lunes.
Por ello, Oxfam aloja a dos refugiados de Somalia, uno de Siria y otra de Vietnam en la vivienda de Trump en Queens, que se alquila decorada con múltiples referencias al presidente estadounidense.
"En este momento, ¿qué mejor lugar para
demostrar a los líderes mundiales el valor de un hogar seguro y acogedor
para aquellos que huyen de situaciones inimaginables que la casa de la
infancia del presidente de Estados Unidos?", preguntó Oxfam.
Oxfam señaló que las decisiones que tomarán
en las próximas semanas el Gobierno, el Congreso y el Tribunal Supremo
"determinarán si Estados Unidos cumple con sus valores históricos y sigue siendo un refugio para las personas que se enfrentan a la opresión".
Trump tiene que decidir el número de
refugiados que EEUU acogerá en 2018. El Congreso tiene que financiar los
programas para reubicar a refugiados en suelo estadounidense, mientras
que el Tribunal Supremo debe deliberar sobre el veto migratorio del
presidente a refugiados.
Ahora es el momento de hablar sobre el cambio climático y todas las
demás injusticias sistémicas –desde realizar detenciones e
interrogatorios basados en el perfil racial hasta la austeridad
económica– que transforman desastres como Harvey en catástrofes humanas.
Busquen la cobertura mediática sobre el huracán Harvey y las
inundaciones en Houston, y oirán acerca de cómo este tipo de lluvia no
tiene precedente. Escucharán acerca de cómo nadie lo vio venir, así que
nadie se podía preparar adecuadamente.
De lo que oirán muy poco es acerca de por qué estos eventos
climáticos sin precedentes, históricos, ocurren con tanta regularidad,
que decir histórico ya se volvió un cliché meteorológico. En otras
palabras, no escucharás hablar mucho, si es que algo, sobre el cambio
climático.
Esto, nos dicen, es porque se busca no politizar una tragedia humana
que todavía está en desarrollo, lo cual es comprensible, pero aquí está
el detalle: cada vez que hacemos como que un suceso meteorológico nos
llega de la nada, como alguna acción de Dios que nadie pudo predecir,
los reporteros toman una decisión extremadamente política. Es la
determinación de no herir sentimientos y evitar la controversia, a costa
de la verdad, por más difícil que sea.
Las temperaturas cada vez más calientes ocasionan precipitaciones
pluviales cada vez más extremosas: largos periodos de sequía
interrumpidos por masivas tormentas de nieve o lluvia, en vez de los
estables y predecibles patrones con que la mayoría de nosotros crecimos.
Los récords que se rompen año con año –ya sea de sequía, de
tormentas, fuegos incontrolados o simplemente calor– ocurren porque el
planeta está notablemente más caliente, más que nunca desde que
comenzaron a llevarse registros. Cubrir sucesos como Harvey mientras se
ignoran esos hechos, no ofrecer una plataforma para que los científicos
climáticos puedan explicarlo con sencillez, mientras no se menciona la
decisión del presidente Donald Trump de retirarse de los acuerdos
climáticos de París, implica fracasar en el más básico deber del
periodismo: ofrecer hechos importantes y contexto relevante. Deja al
público con la falsa impresión de que estos desastres no tienen un
origen, lo cual también implica que no se pudo haber hecho algo para
prevenirlos (y que no se puede hacer algo para evitar que en el futuro
sea peor).
También vale la pena señalar que la cobertura mediática de Harvey ha
estado altamente politizada desde mucho antes de que la tormenta tocara
tierra. Ha habido eternas conversaciones acerca de si Trump tomaba
suficientemente en serio la tormenta, largas especulaciones acerca de si
este huracán será su “momento Katrina” y se han ganado puntos políticos
(con justificada razón) con el hecho de que muchos republicanos votaron
contra el apoyo a Sandy pero ahora sí atienden a Texas. Eso se llama
hacer política de un desastre –es el tipo de política partisana que está
en la zona de confort de los medios convencionales, una política que,
de forma oportunista, no toma en cuenta el hecho de que anteponer los
intereses de las empresas de combustibles fósiles a la necesidad de un
decisivo control de la contaminación es un asunto profundamente
bipartisano.
En un mundo ideal, todos deberíamos de poder poner en pausa lo
político hasta que la emergencia haya pasado. Luego, cuando todo mundo
estuviera a salvo, tendríamos un largo, meditativo e informado debate
público acerca de las implicaciones para las políticas de la crisis que
acabábamos de presenciar. ¿Qué debería implicar para el tipo de
infraestructura que construimos? ¿Qué debería implicar para el tipo de
energía de la que dependemos? (Una pregunta con tremendas consecuencias
para la industria dominante en la región, a la que le está pegando más
duro el huracán: la petrolera y la del gas). La hipervulnerabilidad a la
tormenta de los enfermos, los pobres y los de la tercera edad, ¿qué nos
dice acerca del tipo de redes de seguridad que tejemos, dado el
escabroso futuro que ya aseguramos?
Dado que hay miles de desplazados, podríamos incluso discutir los
innegables vínculos entre la alteración climática y la migración –desde
el Sahel a México– y aprovechar la oportunidad para debatir la necesidad
de una política de migración que comience con la premisa de que Estados
Unidos tiene una buena parte de la responsabilidad de las principales
fuerzas que sacan a millones de sus hogares.
Pero no vivimos en un mundo que permite ese tipo de debate serio y
mesurado. Vivimos en un mundo en el cual los poderes gobernantes se han
mostrado demasiado dispuestos a explotar el desvío de atención de una
crisis de gran escala; y muchos están dispuestos a usar las emergencias
de vida o muerte para imponer sus políticas más regresivas, políticas
que nos llevan más por el camino correctamente descrito como una forma
de apartheid climático.
Lo vimos después del huracán Katrina, cuando los republicanos no
perdieron el tiempo y promovieron un sistema de educación completamente
privatizado, debilitaron la legislación laboral y fiscal, incrementaron
las perforaciones petroleras y de gas y la industria de la refinación, y
abrieron las puertas a compañías mercenarias como Blackwater. Mike
Pence fue un artífice clave de ese proyecto inmensamente cínico y no
deberíamos esperar menos después de Harvey, ahora que él y Trump están
al mando.
Se trata de movimientos especialmente ominosos, en el contexto de que
los puestos de control migratorios siguen operando aún con las
carreteras inundadas (un serio desincentivo para que los migrantes
evacuen), así como en el contexto de los funcionarios municipales
hablando acerca de aplicar las penas máximas a los saqueadores (vale la
pena recordar que después de Katrina, varios residentes
afroestadunidenses fueron baleados por la policía en medio de este tipo
de retórica).
En pocas palabras, la derecha no desperdiciará el tiempo para
explotar a Harvey y ningún otro desastre como ese para diseminar
ruinosas y falsas soluciones, como la policía militarizada, más
infraestructura petrolera y de gas y sistemas privatizados. Lo cual
significa que la gente informada y a la que le importa tiene el
imperativo moral de nombrar las verdaderas raíces de esta crisis
–conectar los puntos entre la contaminación climática, el racismo
sistémico, los reducidos fondos de los servicios sociales y los
excesivos fondos para la policía. También necesitamos aprovechar el
momento para proponer soluciones intersectoriales, que dramáticamente
reduzcan las emisiones mientras batallamos contra toda forma de
desigualdad e injusticia (algo que hemos intentado plantear en The Leap
(https://theleap.org/), y que grupos como la Alianza por la Justicia
Climática (www.ourpowercampaign.org/cja) han impulsado durante mucho
tiempo).
Y tiene que ocurrir ahora mismo –justo cuando los enormes costos
humanos y económicos de la inacción están en plena luz pública. Si
fracasamos, si dudamos debido a una errónea idea de lo que es apropiado
durante una crisis, dejamos la puerta abierta a que despiadados actores
exploten este desastre para obtener predecibles y perversos fines.
También es una dura verdad que la ventana para tener estos debates es
cada vez más estrecha. No tendremos ningún tipo de debate de política
pública después de que pase esta emergencia; los medios regresarán a
cubrir obsesivamente los tuits de Trump y otras intrigas palaciegas. Así
que, si bien parecería ser indecente estar hablando acerca de las
causas primordiales mientras la gente aún está atrapada en sus hogares,
este es, siendo realistas, el único momento en que tenemos la atención
de los medios como para tratar el tema del cambio climático. Vale la
pena recordar que la decisión de Trump de retirarse del acuerdo
climático de París –acción que va a repercutir a escala global durante
décadas– recibió más o menos dos días de cobertura decente. Luego
regresaron a hablar de Rusia las 24 horas.
Hace poco más de un año Fort McMurray, pueblo en el corazón del auge
de petróleo de arenas bituminosas en Alberta, casi quedó reducido a
cenizas. Durante un tiempo el mundo estuvo pasmado por las imágenes de
los vehículos que iban en fila, sobre una carretera, con las llamas
acercándose por ambos lados. En aquel momento nos dijeron que era
insensible y sólo se buscaban chivos expiatorios si se hablaba acerca de
cómo el cambio climático exacerbaba fuegos incontrolables como este.
Era todavía más tabú hacer cualquier conexión entre nuestro mundo, cada
vez más caliente, y la industria que da energía a Fort McMurray y que
daba empleo a la mayoría de los desalojados, que produce una forma de
petróleo particularmente alta en carbono. El momento no era el adecuado;
era el de mostrar compasión, brindar apoyo y no hacer preguntas
difíciles.
Pero, claro, ya para cuando era apropiado plantear esos asuntos los
reflectores de los medios hace mucho que se habían ido. Y hoy, mientras
Alberta intenta conseguir al menos tres nuevos oleoductos para cubrir
sus planes de incrementar la producción a partir de bituminosas, ese
terrible incendio y las lecciones que podría haber aportado casi no se
mencionan.
En ello hay una lección para Houston. La ventana para proveer un
contexto significativo y sacar conclusiones importantes es reducida. No
podemos arriesgarnos a echarla a perder.
Hablar con honestidad acerca de qué fomenta esta época de desastres
seriales –incluso mientras ocurren– no falta al respeto a la gente que
está en el sitio en cuestión. De hecho, es la única manera de en verdad
rendir tributo a sus pérdidas, y nuestra última esperanza para prevenir
un futuro con incontables más víctimas.
El presidente ruso Vladimir Putin ofrece una rueda de prensa en el marco
de la cumbre de los países emergentes BRICS, en Xiamen. MIKHAIL KLIMENTYEV/EFE
El presidente ruso, Vladimir Putin, ha amenazado este martes con reducir en otras 155 personas el personal diplomático de Estados Unidos en Rusia. "Es difícil dialogar con gente que confunde Austria y Australia", se ha quejado Putin en una conferencia de prensa en la ciudad china de Xiamen, donde asiste a una cumbre de naciones del grupo de los BRICS.
Interrogado por si se siente "decepcionado" por las decisiones del presidente de EEUU, Donald Trump, Putin ha dicho que es una pregunta "ingenua", porque "Trump no es mi mujer" y "cada parte tiene sus propios intereses".
En julio, en un contexto de tensiones entre las dos potencias, Putin ordenó reducir de 755 a 455 el número de diplomáticos estadounidenses y empleados (unos rusos y otros estadounidenses) en Rusia. Fue una reacción a las nuevas sanciones económicas impuestas por Washington por el conflicto en Ucrania. El presidente cree que las últimas expulsiones ordenadas por Washington hacen que de nuevo ambos países no estén en paz.
Según el líder ruso, Estados Unidos contabiliza erróneamente a 155 diplomáticos rusos que trabajaban en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York como diplomáticos rusos en suelo estadounidense. Si se eliminan de la ecuación, dijo Putin, Rusia tiene menos de 455 diplomáticos en Estados Unidos. "Si hablamos de paridad absoluta son 455 menos 155", ha indicado Putin: "Por eso nos reservamos el derecho a tomar una decisión sobre el número de diplomáticos estadounidenses".
"Los estadounidenses redujeron el número de nuestras instalaciones diplomáticas, y es su derecho". Pero Putin lamenta que se haya hecho "de una manera tan claramente maleducada, y eso no deja bien a nuestros socios americanos". Moscú ha denunciado la "inspección ilegal" de la oficina diplomática rusa. Lo considera una "acción agresiva sin precedentes", que podría ser utilizada por los servicios secretos de Estados Unidos para dejar objetos comprometedores dentro.
Pero el jefe del Kremlin sólo ha dejado entrever sus cartas: "Nos reservamos el derecho a tomar una decisión sobre el número de diplomáticos estadounidenses en Moscú, vamos a esperar y ver cómo se desarrolla la situación", ha añadido. "Es difícil mantener un diálogo con gente que confunde Austria con Australia. Pero no hay nada que hacer. Por lo visto, ese es el nivel de cultura política de determinada parte de la élite dominante estadounidense", ha dicho Putin, en lo que parece ser una referencia a un episodio protagonizado hace una década por el entonces presidente estadounidense George W. Bush, que confundió estos dos países.
La Casa Blanca ha dicho que el presidente Trump ordenó personalmente el cierre del consulado de San Francisco y los anexos en Washington y Nueva York la semana pasada. La llegada al poder del presidente americano creó en un primer momento esperanzas de una mejora de las relaciones entre rusos y estadounidenses. Pero la tensión no ha dejado de subir y en julio el Congreso de EEUU aprobó un texto legal que no sólo establece nuevas sanciones contra Rusia, sino que despoja a Trump de su facultad de modificarlas o cancelarlas. Las acusaciones de injerencia electoral y de espionaje mantienen las relaciones en su peor registro desde la Guerra Fría.
Esta última decisión de Putin de seguir presionando a Trump es una demostración de que no está dispuesto a ceder aunque su margen de maniobra no sea grande. La mayor parte de los que han perdido su puesto de trabajo por el 'recorte' impuesto por Moscú al servicio diplomático norteamericano son rusos contratados por EEUU, que ha decidido reducir la emisión de visados a ciudadanos rusos ante la escasez de personal para tramitarlos.
Putin, sobre EEUU: "Es difícil dialogar con personas que confunden Austria con Australia"
El
presidente de Rusia, Vladimir Putin, ha cargado este martes contra la
clase dirigente estadounidense y ha puesto en duda su capacidad, al
asegurar que "es difícil dialogar con personas que confunden Austria con
Australia", según informa la agencia de noticias rusa Sputnik.
Keystone/GettyImage caption
Los bombarderos B-29 y B-52 se convirtieron en la pesadilla de la población civil norcoreana.
"Todo lo que se movía".
Con
esas palabras definió el exsecretario de Estado de Estados Unidos, Dean
Rusk, los objetivos de los bombarderos de su país sobre Corea del Norte
durante la Guerra de Corea (1950-1953).
Los estrategas del Pentágono bautizaron la misión como Operación Estrangular (Operation Strangle, en inglés).
Fueron,
según la mayoría de los historiadores, tres años de incesantes e
indiscriminados ataques aéreos que arrasaron ciudades y aldeas en la
república comunista, y causaron decenas de miles de muertos entre la
población civil.
Según le cuenta a BBC Mundo James Person,
experto en política e historia coreanas del Centro Wilson de Washington,
esta es una página de la historia de su país no muy divulgada entre los
estadounidenses:
"Como se produjo entre la Segunda Guerra
Mundial y la tragedia de Vietnam, la mayoría del público estadounidense
no conoce mucho de la Guerra de Corea".
En Corea del Norte, sin embargo, no la olvidaron nunca.
Su recuerdo sigue siendo una de las razones de la animadversión que
impera en el país hacia Estados Unidos y el mundo capitalista.
Desde entonces, Pyongyang vio siempre a EE.UU. como una amenaza, y la
rivalidad entre ambos es causa de la tensión, ahora en auge, en la
región.
Pero, ¿en qué consistió aquel capítulo del conflicto todavía no resuelto en la península asiática?
Keystone/GettyImage caption
Solo la intervención china pudo frenar el avance de las tropas de Estados Unidos y la ONU.
Era 1950 y las tropas estadounidenses, secundadas por una coalición
internacional, combatían para rechazar la invasión de Corea del Sur por
parte del Ejército del Norte.
Kim il-sung,
abuelo del actual líder en Pyongyang, había lanzado a sus tropas contra
el sur tras la feroz represión de los simpatizantes comunistas por el
régimen militar asentado en Seúl por Syngman Rhee.
Apoyado
por Stalin en Moscú, Kim Il-sung libró contra sus vecinos meridionales y
Estados Unidos el primer gran conflicto de la Guerra Fría.
En una
primera fase de las hostilidades, el enorme poder aéreo estadounidense
se había limitado a objetivos estratégicos, como bases militares y
centros industriales, pero un factor inesperado lo cambió todo.
Pocos
meses después del estallido de la guerra, China, temerosa del avance
estadounidense hacia sus fronteras, había decidido implicarse para
defender a su aliada Corea del Norte.
Los soldados
estadounidenses empezaron a sufrir cada vez más bajas a causa de los
ataques envolventes de las fuerzas armadas chinas, peor equipadas, pero
mucho más numerosas.
El profesor Person explica que "para el
mando estadounidense era vital interrumpir los suministros chinos y
soviéticos que permitían a Corea del Norte mantener su esfuerzo bélico".
Fue entonces cuando el general Douglas MacArthur, héroe de la Segunda
Guerra Mundial en el Pacífico, decidió empezar con su "política de
tierra quemada".
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El general MacArthur fue el impulsor de la política de tierra quemada aplicada por los Estados Unidos.
Ofensiva aérea totalAquello supuso el inicio de la guerra aérea total contra el Norte.
Desde
ese momento, todas sus ciudades y aldeas comenzaron a recibir la visita
diaria de los bombarderos B-29 y B-52 de EE.UU. y su mortífera carga de
napalm.
Aunque MacArthur cayó en desgracia poco después, el castigo no cesó.
Según
describió Taewoo Kim, profesor de Humanidades en la Universidad
Nacional de Seúl, todas las ciudades y aldeas del Norte fueron reducidas
a escombros.
El general Curtis LeMay, jefe del Comando Aéreo
Estratégico durante la contienda, declaró mucho después: "Aniquilamos
alrededor de un 20% de la población".
Cálculos como este son los
que llevaron al periodista y escritor Blaine Harden, que publicó varias
obras sobre Corea del Norte, a calificar como "crimen de guerra" la
acción militar estadounidense.
James Person no lo ve así: "Aquello fue una guerra total en la que todas las partes cometieron atrocidades".
Las
estimaciones de investigadores como Kim hablan de que en los tres años
de guerra, cayeron 635.000 toneladas de bombas en Corea del Norte. De
acuerdo con las cifras oficiales de Pyongyang, 5.000 escuelas, 1.000
hospitales y 600.000 hogares fueron destruidos.
Un documento
soviético emitido al poco de firmarse el armisticio en 1953 cifró en
282.000 los civiles que perecieron solo en las incursiones de los
bombarderos.
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Los bombardeos provocaron la huida de miles de civiles de sus casas.
Resulta imposible confirmar la exactitud de las cifras, pero nadie niega la magnitud de la devastación.
Una
comisión internacional que recorrió la capital norcoreana tras la
contienda certificó que no había quedado un solo edificio no afectado
por los bombardeos.
Como les había ocurrido a los habitantes de ciudades alemanas como Dresde en la ofensiva final de los aliados contra el III Reich,
los norcoreanos vieron sus calles y hogares devorados por las llamas,
hasta el punto de que la mayoría de ellos tuvo que instalarse en
diminutos refugios subterráneos improvisados para salvar la vida.
Eran poco más que agujeros. Miedo nuclearMientras
el mundo entero miraba a la península coreana temiendo que EE.UU. y la
URSS terminarán enzarzándose en una guerra nuclear abierta, el ministro
de Exteriores de Pyongyang, Pak Hen En, denunciaba ante Naciones Unidas
"el bestial exterminio de civiles pacíficos por los imperialistas estadounidenses".
El
relato del ministro contaba que, para asegurarse de que Pyongyang
viviera cercada por los incendios, "los bárbaros transatlánticos" la
bombardeaban con artefactos de acción retardada que iban alternando su
detonación, "haciendo totalmente imposible para la gente salir de sus
casas".
Infraestructuras esenciales como las presas, plantas eléctricas o ferrocarriles fueron también sistemáticamente atacadas.
Taewoo Kim señaló que "en todo el país se hizo imposible llevar una vida normal en la superficie".
Así
que las autoridades ordenaron una movilización general y se
construyeron mercados, campamentos militares y otras instalaciones bajo
tierra para que el país pudiera funcionar.
Corea del Norte se convirtió en una nación subterránea y en permanente alerta antiaérea.
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Los bombardeos sobre Pyongyang redujeron la ciudad a escombros y causaron miles de víctimas mortales.
Según Person, "toda la ciudad de Pyongyang se trasladó al subsuelo y
eso tuvo un tremendo impacto psicológico en los habitantes".
Este
experto explica que ese miedo pervive hasta nuestros días y a él se
debe que todavía muchos de los almacenes y dependencias críticas sigan
albergados en sótanos a gran profundidad.
Durante la noche, los
norcoreanos reclutados por el Estado en el marco de la movilización
nacional se lanzaban a un trabajo frenético para reparar las vías de
comunicaciones y plantas energéticas destrozadas durante el día por los
bombardeos.
Poblaciones enteras que permanecían enterradas al caer el sol para
acometer penosas tareas. El fruto de su trabajo causaba tanta sorpresa
como frustración en el mando estadounidense, que veía como objetivos que
sus aparatos habían destruido estaban en poco tiempo operativos de
nuevo por el empeño nocturno de batallones de obreros norcoreanos.
Estabilizado
el frente terrestre por la incapacidad de ninguno de los dos bandos
para imponerse, la campaña aérea se convirtió en una lucha de desgaste
en la que los civiles norcoreanos se llevaron la peor parte.
Finalmente,
en 1953, tras largas negociaciones, se firmó el armisticio que puso fin
a los combates. El presidente estadounidense, Harry S. Truman, siempre
quiso evitar una escalada del conflicto que pudiera derivar en un choque
directo con la URSS.
Su sucesor en la Casa Blanca, Dwight D.
Eisenhower, también comprendió pronto que su país no podría mantener
indefinidamente el esfuerzo bélico en la península y la muerte de José
Stalin en el mes de marzo alteró el clima político en Moscú, lo que
facilitó el ansiado cese de las hostilidades.
La historiadora
Kathryn Weathersby, de la Universidad de Corea de Seúl, explica que
"sabemos por los archivos soviéticos que Stalin insistía en que las dos
Coreas y China continuaran la lucha para que las fuerzas estadounidenses
siguieran enfangadas en Corea por al menos dos o tres años y así los
países del bloque comunista en Europa del este pudieran rearmarse sin
temor a una intervención".
Sin él, el armisticio fue más fácil.
El acuerdo de paz definitivo y la reunificación de las dos coreas
siguen pendientes, pero aquello cimentó el mito fundacional al que se
sigue aferrando la retórica oficial norcoreana.
La huella de los bombardeos de Estados Unidos sobre Corea del Norte
635.000
toneladas de explosivos
32.557 toneladas de napalm
282.000 muertos
12-15% de la población civil norcoreana murió en los bombardeos
Los medios de
comunicación del régimen norcoreano recuerdan una y otra vez a sus
nacionales el enorme dolor infligido por los aviones extranjeros. Tanto
Kim Il-Sung como sus sucesores Kim Jong-Il y Kim Jong-un
se presentaron como artífices de la heroica resistencia que finalmente
libró a la nación de sucumbir a la "agresión" extranjera.
Se trata, en palabras de Person, de "reforzar esa narrativa en la que
Corea del Norte fue la gran defensa y su capacidad de disuasión
mantiene a los americanos lejos".
AlamyImage caption
La propaganda oficial presenta al abuelo de Kim
Jong-un, Kim Il-sung, como el artífice de la resistencia norcoreana
frente al imperialismo.
De alguna manera, el legado de la guerra actúa como gasolina ideológica para el régimen de los Kim.
También
es una de las razones que explican su insistencia en desarrollar un
arsenal nuclear disuasorio pese a las reiteradas condenas
internacionales.
"Eligieron utilizar la historia para justificar la opresión de su gente y la miseria", zanja Person.
De
acuerdo con los expertos, en su afán propagandístico, las autoridades
de Pyongyang no dudan en deformar un pasado ya lo bastante brutal.
Weathersby dice que "los museos norcoreanos que recuerdan la guerra
rebajan la importancia de los bombardeos, quizá porque subrayar la
superioridad tecnológica estadounidense haría aflorar preguntas
incómodas".
Presencia militar de Estados Unidos alrededor de Corea del Norte.
En su lugar, según explica esta investigadora,
"muestran una narrativa de matanzas gratuitas supuestamente perpetradas
por tropas terrestres estadounidenses".
Para Weathersby, el hecho de que la partición de la península no se
haya resuelto nunca definitivamente y el potente operativo militar que
el Pentágono mantiene en Corea del Sur y Japón explican que Corea del
Norte siga todavía bajo una especie de estado de excepción permanente.
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El bando estadounidense también recurrió a la propaganda para justificar su papel en la contienda.
También
que, como señaló en un reciente artículo en la BBC el analista Justin
Bronk, los pertrechos y munición que el ejército norcoreano guarda junto
a su frontera sur para hacer frente a una hipotética invasión se
conserven en silos bajo tierra.
La guerra y el fuego que llovía del cielo hicieron de Corea del Norte un estado-búnker. Más de 70 años después, no ha cambiado.
“¿Qué es lo más importante para la historia del mundo? ¿El Talibán o el colapso del imperio soviético?”
Es la respuesta de quién fue el asesor de seguridad del presidente
Jimmy Carter, Zbigniew Brzezinski, a la pregunta de la revista francesa Le Nouvel Observateur (del 21 de enero de 1998) sobre las atrocidades que cometen los yihadistas de
Al Qaeda. Una escalofriante falta de ética de individuos como él que
destruyen la vida de millones de personas para alcanzar sus objetivos.
En esta entrevista, Brzezinski confiesa otra realidad: que los yihadistas
no entraron desde Pakistán para liberar su patria de los ocupantes
infieles soviéticos, sino que seis meses antes de la entrada del
Ejército Rojo a Afganistán, EEUU puso en marcha la Operación Ciclón el 3
de julio de 1979, enviando a 30.000 mercenarios armados incluso con
misiles Stinger a Afganistán para arrasar el país, difundir el terror,
derrocar el gobierno marxista del Doctor Nayibolá y tender una trampa a
la URSS: convertirlo en su Vietnam. Y lo consiguieron. A su paso,
violaron a miles de mujeres, decapitaron a miles de hombres y provocaron
la huida de cerca de 18 millones de personas de sus hogares, casi nada.
Caos que continúa hasta hoy.
Esta ha sido la piedra angular sobre la que se levanta el terrorismo
“yihadista” y al que Samuel Huntington dio cobertura teórica con su
Choque de Civilizaciones. Así, consiguieron dividir a los pobres y
desheredados de Occidente y de Oriente, haciendo que se mataran en
Afganistán, Irak, Yugoslavia, Yemen, Libia y Siria, confirmado la
sentencia de Paul Valéry: “La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen, para el provecho de gentes que si se conocen pero que no se masacran” .
Consiguieron neutralizar la oposición de millones de personas a las
guerras y convertir en odio la empatía. Con el método nazi de «una
mentira repetida mil veces se convierte en una verdad»:
Las armas de destrucción masiva no las tenía Irak. El único país en Oriente Próximo que las posee, y de forma ilegal, es Israel y gracias a EEUU y Francia.
Tampoco EEUU necesitaba invadir a Irak para hacerse con su petróleo. Demoler el estado iraquí tenía varios motivos, como eliminar
un potencial enemigo de Israel y ocupar militarmente el corazón de
Oriente Próximo, convirtiéndose en el vecino de Irán, Arabia Saudí y
Turquía.
Las cartas con ántrax que en EEUU mataron a 5 personas en 2001, no
las enviaba Saddam Husein como juraba Kolin Powell, sino Bruce Ivins,
biólogo de los laboratorios militares de Fort Derrick, Maryland, quien
“se suicidó” en 2008.
Ocultaron la (posible) muerte de Bin Laden agente de la CIA,
hasta la pantomima organizada el 1 de mayo del 2011 por Obama, en el
asalto hollywoodiense de los SEAL a un domicilio en Abottabad, a pesar
de que la ex primera ministra de Pakistán, Benazir Bhutto, ya había
afirmado el 2 de noviembre del 2007 que el saudí había sido asesinado, por
un posible agente de MI6 (quizás en 2002). Benazir fue asesinada casi
un mes después de esta revelación. Mantener “vivo” a Bin Laden durante
8-9 años le sirvió a EEUU aumentar el presupuesto del Pentágono (de
301.000 millones de dólares en 2001 a 720.000 en 2011), incrementar los
contratos de armas de Boeing, Lockheed Martin, Raytheon, etc. y vender
millones aparatos de seguridad y cámaras de vídeo-vigilancia, montar
cárceles ilegales por el mundo, legitimar y legalizar el uso de la
tortura, practicar asesinatos selectivos y colectivos (llamados “daños
colaterales”) y concederse el derecho exclusivo de invadir y bombardear
al país que desee.
Una vez testados en Afganistán, la OTAN envió a éstos “yihadistas” a Yugoslavia con el nombre del Ejercito de Liberación de Kosovo; luego a Libia y les puso el nombre de “Ansar al Sharia, y a
Siria, donde primero les denominó “rebeldes” y luego les dio otros 5-6
nombres diferentes. En esta corporación terrorista internacional, la CIA
se encarga del entrenamiento, Arabia Saudí y Qatar de “cajero
automático” como dijo el ministro alemán de Desarrollo, Gerd Mueller, y
Turquía, miembro de la OTAN, acoge, entrena y cura a los hombres del Estado Islámico. ¡Son los mismos países que forman la “coalición antiterrorista!
¿Cómo decenas de servicios de inteligencia y los ejércitos de cerca
de 50 países, medio millones de efectivos de la OTAN instalados en Irak y
Afganistán, que han gastado miles de millones de dólares y euros en la
“guerra mundial contra el terrorismo” durante 15 largos años, no han
podido acabar con unos miles de hombres armados con espada y daga de Al
Qaeda?
Así fabricaron al Estado Islámico
Siria, finales del 2013. Los neocon aumentan la presión sobre el presidente Obama para enviar tropas a Siria, y necesitan una casus belli.
El veto de Rusia y China a una intervención militar en el Consejo de
Seguridad, la ausencia de una alternativa capaz de gobernar el país una
vez derrocado o asesinado el presidente Asad, el temor a una situación
caótica en la frontera de Israel, eran parte de a los motivos de Obama a negarse. Sin embargo, el presidente y sus generales pierden la batalla y los sectores más belicistas del Pentágono y la CIA, Qatar, Arabia Saudí, Turquí
y los medios de comunicación afines asaltan la opinión pública con las
imágenes de las decapitaciones y violaciones cometidas por un tal Estado
Islámico. Una vez que el mundo acepta que “hay que hacer algo”,
y al no tener el permiso de la ONU para atacar Siria, el Pentágono, el
bombero pirómano, diseña una especial ingeniería militar:
Traslada en junio de 2014 a un sector del Estado Islámico de
Siria a Irak, país bajo su control, dejando que ocupe tranquilamente el
40% del país, aterrorizando a cerca de ocho millones de personas,
matando a miles de iraquíes, violando a las mujeres y niñas.
Organizó una potente campaña de propaganda sobre la crueldad del Estado Islámico, semejante a la que hicieron con las lapidaciones de los talibanes
a las mujeres afganas, y así poder “liberar” a aquel país. ¡Hasta la
eurodiputada Emma Bonino cayó en la trampa, encabezando la lucha contra
el burka, mirando al dedo en vez de la luna!
Afirmó que al ubicarse el cuartel general de los terroristas en Siria, debían atacar Siria.
Obama cesó de forma fulminante al primer ministro iraquí Nuri al
Maliki, por oponerse al uso del territorio iraquí para atacar a Siria.
Objetivo conseguido: EEUU por fin pudo bombardear, ilegalmente,
Siria el 23 de septiembre del 2014, sin tocar a los “yihadistas” de
Irak. Gracias al Estado Islámico, hoy EEUU (y Francia, Gran Bretaña y
Alemania) cuentan con bases militares en Siria, por primera vez en su
historia desde donde podrán controlar toda Eurasia. Siria deja de ser
(tras la caída de Libia en 2001 por la OTAN) el único país del Mediterráneo libre de bases militares de EEUU.
Y lo sorprendente: desde esta fecha hasta el julio del 2017, el
Estado Islámico mantiene ocupado el norte de Irak sin que decenas de
miles de soldados de EEUU hayan hecho absolutamente NADA. Al final, el
ejército iraquí y las milicias extranjeras chiítas liberan Mosul, eso
sí, cometiendo terribles crímenes de guerra contra los civiles.
El terrorismo en la estrategia del “Imperio del Caos”
El terrorismo “yihadista” cumple cuatro principales funciones
para EEUU: militarizar la atmósfera en las relaciones internacionales,
en perjuicio de la diplomacia; arrebatar las conquistas sociales,
instalando estados policiales (los atentados de Boston, de París e incluso el de Orlando) y una vigilancia a nivel mundial; ocultar las decisiones vitales a los ciudadanos; hacer de bulldozer,
allanando el camino de la invasión de sus tropas en determinados
países, y provocar caos, y no como medio sino como un objetivo en sí.
Si durante la Guerra Fría Washington cambiaba los regímenes en Asia,
África y América Latina mediante golpes de Estado, hoy para arrodillar a
los pueblos indomables recurre a bombardeos, enviar escuadrones de muerte, y sanciones económicas, para
matarles, debilitarles dejarles sin hospitales, agua potable y
alimentos, con el fin de que no levanten cabeza durante generaciones.
Así, convierte a poderosos estados en fallidos para moverse sin trabas
por sus territorios sin gobierno.
EEUU que desde 1991 es la única superpotencia mundial, ha sido
incapaz de hacerse con el control de los países invadidos, debido al
surgimiento de otros actores y alianzas regionales que reivindican su
lugar en el nuevo mundo. Y como el perro del hortelano, ha decidido
sabotear la creación de un orden multipolar que intenta gestarse,
provocando el caos: debilita BRICS conspirando contra Dilma Russef y
Lula en Brasil; impide una integración Económica en Eurasia, propuesta
por Rusia a Alemania archivada con la guerra en Ucrania,
y mina el proyecto chino de la Nueva Ruta de la Seda y una integración
geoeconómica de Asia-Pacífico que cubriría dos tercios de la población
mundial, y en cambio crea alianzas militares como la “OTAN sunnita” y
organizaciones terroristas con el fin de hundir Oriente Próximo en
largas guerras religiosas.
Anunciar que ha diseñado un plan para el “cambio de régimen” en Irán
–un inmenso y poblado país-, ante la dificultad de una agresión militar,
significa que pondrá en marcha una política de desestabilización del país
mediante atentados y tensiones étnico-religiosas. La misma política que
puede aplicar Corea del Norte, Venezuela, o Bolivia, y otros de su
lista del “Eje del Mal”, y todo el servicio de perpetuar su absolutista
hegemonía global: que intentase derrocar a su aliado Tayyeb Erdogan es el colmo de la intolerancia.
Antes de los trágicos atentados en Catalunya, el Estado Islámico
atacó a la aldea afgana de Mirza Olang. Llenó varias fosas comunes con
al menos 54 cadáveres de mujeres y hombres y tres niños decapitados, y se llevó a unas 40 mujeres y niñas para violarlas.
Conclusión: que el “yihadismo” no es fruto de la exclusión de los musulmanes, ni siquiera se trata de la lógica de los vasos comunicantes y el regreso de los “terroristas que hemos criado en Oriente”. “Vuestra causa es noble y Dios está con vosotros”, dijo Zbigniew Brzezinski a sus criaturas, los yihadistas.