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domingo, 5 de diciembre de 2021

"La carta del topo"

 
Holly Roberts

 
  "Cavamos en nosotros como topos y salimos de nuestros hundidos túneles de arena completamente ennegrecidos y con el pelo aterciopelado, tendiendo nuestras pobres patitas rojas para implorar tierna compasión.
   "En el curso de un paseo mi perro descubrió un topo que quería cruzar la calle. Se puso a saltarle encima, soltándolo una y otra vez, pues todavía es cachorro y temeroso. Al principio la escena me divirtió y ante todo me agradó la excitación del topo, que buscó un agujero en el duro suelo de la calle, desesperada e inútilmente. Pero de pronto el perro le volvió a pegar con su pata extendida y el animal chilló. Ks, kss, así chilló. Y entonces tuve la sensación... No no tuve ningua sensación. Sólo fue una ilusión, pues aquel día anduve con la cabeza tan pesadamente agachada que por la noche advertí extrañado que el mentón había arraigado en mi pecho." 

Franz Kafka

 

lunes, 3 de junio de 2019

Diarios

 
Kafka, Albert Ehrenstein, Otto Pick y Lise Kaznelson en el Prater de Viena

Pero escribiré a pesar de todo, categóricamente; es mi lucha por la conservación de mi existencia

Franz Kafka

martes, 19 de marzo de 2019

Carta al padre

Imagen relacionada
Kafka a los diez años con sus hermanas
Querido padre:
   No hace mucho me preguntaste por qué digo que te tengo miedo. Como de costumbre, no supe qué contestarte; en parte, precisamente, por el miedo que te tengo; en parte porque en la explicación de dicho miedo intervienen demasiados pormenores para poder exponerlos con mediana consistencia. Y si, con esta carta, intento contestar a tu pregunta por escrito, lo haré sin duda de un modo muy incompleto, porque, aun escribiendo, el miedo y sus consecuencias me atenazan al pensar en ti, y porque las dimensiones de la materia exceden con mucho los límites de mi memoria y de mi entendimiento.
   A ti, la cosa siempre se te ha antojado muy sencilla; al menos por la forma en que has hablado de ella delante de mí y, sin discriminación, delante de otras muchas personas. La veías más o menos así: durante toda tu vida has trabajado duro, lo has sacrificado todo por tus hijos, especialmente por mí; en consecuencia, yo he vivido "con todas las comodidades", he tenido plena libertad para estudiar lo que quisiera, no he tenido necesidad de preocuparme por mi alimentación o sea de preocuparme por nada; a cambio, no has exigido gratitud, conoces "la gratitud de los hijos" pero sí, al menos, algún acercamiento, alguna muestra de simpatía; en lugar de ello, siempre me he ocultado de ti, en mi habitación, con libros, con amigos alocados, con ideas excéntricas; jamás te he halado con franqueza, no he ido a ponerme junto a ti en el templo, tampoco he tenido nunca el sentido de la familia, y me he desentendido del negocio y de cualquier otro asunto tuyo; te he endosado la fábrica y luego te he dejado solo; he apoyado a Ottla* en sus caprichos y, mientras que por ti no muevo ni un dedo (ni una vez te he traído una entrada para el teatro), soy capaz de todo por los amigos. Si resumes tu juicio sobre mí, resulta que en realidad no me reprochas nada que sea precisamente indecoroso o malintencionado (con excepción, tal vez, de mis últimos proyectos de matrimonio), sino frialdad, desapego, ingratitud. Y me lo reprochas como si fuera culpa mía, como si, con un simple giro del volante, hubiese podido dar a todo ello una orientación distinta, mientras que tú, no tienes la menor culpa, ni siquiera la de haber sido demasiado bueno conmigo.
   Esta forma habitual tuya de ver las cosas la considero justa únicamente en el sentido de que yo también pienso que eres completamente inocente de nuestro distanciamiento. Pero yo no soy menos inocente que tú. Si pudiera inducirte a reconocerlo, entonces sería posible, no una especie de paz, no una suspensión, pero sí una suavización de tus incesantes reproches.
   Es curioso: tú tienes un presentimiento de lo que quiero decir. Así, por ejemplo, me decías hace poco: "Siempre he sentido inclinación por ti, aunque exteriormente no haya sido como otros padres, porque precisamente no sé fingir como lo hacen otros".Ahora bien,  padre: en conjunto, jamás he puesto en duda tu bondad para conmigo; pero tu observación me parece inexacta. No sabes fingir, es cierto, pero prentender afirmar, por esta única razón, que los otros padres fingen, o bien resulta un puro sofisma que no admite ulteriores discusiones, o bien -y yo pienso que estoy en lo cierto- una expresión velada de que algo no marcha bien entre nosotros y de que tú has sido una de las causas de ello, aunque sin culpa. Si realmente lo piensas así, estamos de acuerdo.....

*Ottilie, la menor de las tres hermanas de Kafka

Carta al padre
Franz Kafka

miércoles, 3 de octubre de 2018

La culpa


-¿Sabes que tu proceso va mal? -preguntó el sacerdote
-También a mí me lo parece -respondió K-. Me he esforzado todo lo posible, pero hasta ahora en vano.
Aunque es cierto que todavía no he termindo el escrito judicial.
-¿Cómo te imaginas el final? -preguntó el sacerdote.
-Al principio pensé que tenía que terminar bien -dijo K-, ahora dudo de ello algunas veces. No sé cómo terminará. ¿Lo sabes tú?
-No -dijo el sacerdote-, pero me temo que terminará mal. Se te considera culpable. Tu proceso no pasará probablemente de una instancia inferior. Tu culpabilidad se considera probada, al menos provisionalmente.
-Pero yo no soy culpable -dijo K-, se trata de un error. ¿Cómo puede ser un hombre culpable? Todos somos hombres, tanto el uno como el otro.
-Eso es cierto -dijo el sacerdote-, pero así acostumbran a hablar los culpables.
-¿Tienes tú también un prejuicio contra mí? -pregunto K.
-No tengo ningún prejuicio contra ti -respondió el sacerdote.
-Te lo agradezco -dijo K-, todos los demás que participan en el proceso tienen prejuicios contra mí. Se los inoculan también a los que permanecen ajenos al asunto. Mi posición es cada vez más difícil.
-Malinterpretas los hechos -dijo el sacerdote-, la setencia no se pronuncia de una vez, sino que el proceso se va convirtiendo paulatinamente en la sentencia.

(En: El proceso)
Franz Kafka

miércoles, 25 de julio de 2018

Malo es lo que distrae

JoelPeter-Witkin
 
   El animal le arranca el látigo al amo y se azota a sí mismo para convetirse en amo, y no sabe que es sólo una quimera originada por otro nudo en la correa del látigo de su amo.

Franz Kafka

lunes, 3 de julio de 2017

Literatura


Joel Peter Witkin

Yo soy la novela. Yo soy mis historias
                                                                                          (A Felice Bauer)



Aforismos, visiones y sueños...
Franz Kafka

miércoles, 3 de julio de 2013

Fabulilla

  -¡Ay! -decía el ratón-. El mundo se vuelve cada día más pequeño. Primero era tan ancho que yo tenía miedo, seguía adelante y me sentía feliz al ver en la lejanía, a derecha e izquierda, algunos muros, pero esos largos muros se precipitan tan velozmente los unos contra los otros que ya estoy en el último cuarto, y allí, en el rincón, está la trampa hacia la cual voy.
  -Sólo tienes que cambiar la dirección de tu marcha -dijo el gato, y se lo comió

Franz Kafka
Bestiario

La metamorfosis

Franz Kafka  1833-1924
 Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto. Hallábase echado sobre el duro caparazón de su espalda, y, al alzar un poco la cabeza, vio la figura convexa de su vientre oscuro, surcado por curvadas callosidades, cuya prominencia apenas si podía aguantar  la colcha, que estaba visiblemente a punto de escurrirse hasta el suelo. Innumerables patas, lamentablemente escuálidas en comparación con el grosor ordinario de sus piernas, ofrecían a sus ojos el espectáculo de una agitación sin consistencia.
  - ¿Qué me ha sucedido?
  No soñaba, no. Su habitación, una habitación de verdad, aunque excesivamente reducida, aparecía como de ordinario entre sus cuatro harto conocidas paredes. ..............

La metamorfosis
Franz Kafka

lunes, 31 de octubre de 2011

Cuadernos en octavo

(Releyendo a Kafka)

Érase una vez una comunidad de canallas, es decir, no eran canallas, sino gente normal. Siempre se ayudaban entre ellos. Si por ejemplo uno de ellos había hecho desgraciado a alguien de una manera canallesca -o sea, no a la manera de un canalla, repito, sino como es normal, como es usual-, a alguien de fuera, que no pertenecía a la comunidad, y luego él lo confesaba a la comunidad, ellos investigaban el caso, le juzgaban, le imponían una penitencia, le perdonaban y cosas así. No lo hacían con mala intención, quedaban estrictamente salvaguardados los intereses de los individuos y de la comunidad y al que confesaba se le ofrecía el color complementario del que él había mostrado: "¿Cómo? ¿ Te preocupas por eso? ¡Pero si has hecho algo natural, si has obrado como debías! Todo lo demás sería incomprensible. Lo que pasa es que estás sobreexcitado. A ver si recobras el sentido común". Así se ayudaban siempre entre ellos, ni siquiera después de la muerte abandonaban la comunidad, antes bien, subían danzando en corro al cielo. En su conjunto era un espectáculo de la más pura inocencia infantil el verlos volar. Pero como delante del cielo todo se descompone en sus elementos, caían de golpe, auténticos peñascos.