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| Imogen Cunningham |
De aquel querer mío,
¿qué queda en el aire?
Sólo un traje frío
donde ardió la sangre.
Miguel Hernández
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| Imogen Cunningham |
| Miguel Hernández (Benjamin Palencia) 1935. |
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| Franciska Clausen, Fisken (Désir de grossesse), 1926 |
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| Robert Ernst Marx |
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| El poeta adolescente. Foto F. Sánchez |
| @withnomoney |
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Joaquín Sorolla, Figura en la arena 1917 – 1918 Lápiz carbón sobre papel continuo satinado 11 x 13,2 cm Fundación Museo Sorolla © Fundación Muso Sorolla |
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| Celeste Sánchez Demare |
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| Vía @withnomoney |
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Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera. ¡Y éste fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz!