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lunes, 6 de diciembre de 2021

Asesinado defensor ambiental en Perú y otros 4 están desaparecidos

Vista aérea de dragas de la minería ilegal en en la Amazonía peruana. EFE/Paolo Peña/ARCHIVO

 El líder asháninka de Perú Lucio Pascual Yumanga fue hallado asesinado en la región selvática de Pasco y otros cuatro defensores ambientales que salieron en su búsqueda continúan desaparecidos, denunciaron este domingo organizaciones y representantes aborígenes.

La Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep) exigió que los ministerios involucrados asuman su responsabilidad respecto a la protección de los defensores ambientales, teniendo en consideración que desde el 2020 han sido asesinados una decena de dirigentes indígenas en la selva peruana.

La asociación solicitó al ministerio del Interior que facilite el transporte aéreo de la Policía Nacional para llegar al alejado lugar donde se encuentran los restos de Pascual y ubicar a los desaparecidos.

Asimismo, Aidesep en la ciudad de Ucayali denunció el asesinato de Pascual, líder de la comunidad indígena asháninka, y la desaparición de Beri Yumanga Shario, Abdías Pascual Yumanga, Javier Pascual Marincana y Yosner Pascual Canchivo en el distrito de Puerto Bermúdez.

Por su parte, Wacgner Chamicar Shoncoqui, vicepresidente de la Asociación de Comunidades Asháninkas del Valle del Pichis (Anap), explicó al diario La República que los sucesos se desataron el pasado martes último, cuando dos de ellos salieron de caza y no regresaron a su comunidad, llamada Paz de Pucharine.

Luego, otros tres salieron a buscarlos, pero ninguno regresó.

El pasado viernes, una comisión salió tras el grupo desaparecido y encontró muerto con heridas de bala a Lucio Pascual.

La comunidad Paz de Pucharine está bajo la amenaza de grupos armados que han ingresado a la zona de amortiguamiento de la reserva comunal El Sira, denunció a La República, el presidente de la Organización Regional Aidasep Ucayali (ORAU), Berlín Diquez.

“La inseguridad territorial de las comunidades nativas, la discriminación de las autoridades policiales y judiciales contra los pueblos indígenas, la corrupción generalizada y la débil presencia del Estado para controlar las actividades ilegales afectan nuestra paz”, expresó Diquez.

El presidente de ORAU exigió que el Ejecutivo asuma sus responsabilidades en torno a la protección de los defensores de manera coordinada y “sobre todo que atiendan las causas que generan este entorno de violencia y amenaza constante”.

Entre las principales demandas de las comunidades nativas figura la titulación de las tierras en las regiones de Huánuco, Junín y Ucayali para hacerle frente a las mafias de tráfico de tierras, narcotráfico y tala ilegal. EFEverde

 Fuente: https://www.efeverde.com/noticias/asesinado-defensor-ambiental-peru-4-desaparecidos/

miércoles, 8 de septiembre de 2021

Los mapuches, ante la nueva constitución

Numerosos colectivos indígenas están en proceso de restitución de sus tierras ancestrales. Noble misión para unos, allanamiento y robo de propiedades para otros

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Dos personas pertenecientes al pueblo mapuche conducen su carro por las calles de Temuco, la capital de la Araucanía. FEDE SEGARRA

 TEMUCO, ARAUCANÍA (CHILE) | El ruido de las tanquetas de carabineros sobresaltó a las familias de Gladys y Arturo. Con las huellas de los carros blindados aún frescas en el terreno que pretenden recuperar, los líderes de la comunidad mapuche Rosario Huiscallanca cuentan con indignación cómo se arrimaron amenazantes a sus casas. “Estas tierras las trabajó mi bisabuelo, y las usurparon los colonos hace poco más de un siglo. Ellos tienen decenas de hectáreas, nosotros solo un cuarto. Apenas da para vivir”, se lamenta Arturo.

La escena se produjo en el pueblo de Boroa, a 20 kilómetros de la ciudad de Temuco, pero se repite día tras día en varios puntos calientes de esta región del sur de Chile. Numerosos colectivos mapuches están en pleno proceso de restitución de sus tierras ancestrales; noble misión para unos, allanamiento y robo de propiedades para otros. Esta cuestión ha generado un conflicto que se ha cobrado alrededor de una veintena de vidas desde 1997, y donde los atentados han aumentado en cantidad e intensidad desde 2016. Sin embargo, en estas comunidades se confía poco o nada en que los encargados de redactar la nueva constitución, elegidos a mediados de mayo, puedan solucionar el problema.

Los mapuches son el pueblo indígena más numeroso del Cono Sur, y habitan desde tiempos prehispánicos el Wallmapu (centro y sur de Chile y Argentina). Representan hoy el 80% de los pueblos originarios en Chile, que a su vez suman el 12,8% de la población total. Uno de cada tres mapuches vive en Santiago y alrededores; los demás están repartidos por el resto de regiones, y en especial en la Araucanía y Biobío, de donde provienen. En la Araucanía, los mapuches representan el 33% de la población total. De creencia animista, su cultura gravita en torno a la naturaleza, siendo los ritos espirituales, como el guillatún, una suerte de agradecimiento constante a la madre tierra, ñuke mapu en mapudungún. Proteger este idioma y sus costumbres ancestrales están entre las reivindicaciones de este pueblo originario.

La cuestión mapuche es un conflicto sin resolver que dura ya casi 500 años. Fueron el pueblo indígena que más resistió al imperio español, que nunca pudo conquistarlo. Después de la independencia de Chile, durante la conocida como Pacificación de la Araucanía, el Estado ocupó estas tierras, las repobló con colonos europeos, y los mapuches perdieron un 95% de su territorio. En los años sucesivos sufrieron discriminación étnica, económica y laboral.

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Aucán Huilcamán explica su plan de autodeterminación en una cabaña tradicional mapuche. GUILLERMO AZÁBAL

Hoy existe cierta simbiosis entre este conflicto y la división ideológica que polariza a la sociedad chilena. Esta fractura procede de los años de gobierno de Salvador Allende. A raíz de la reforma agraria que impulsó, comenzó un proceso de recuperación de tierras y concesión de derechos a los pueblos originarios que se vio truncado con el golpe militar. El activismo mapuche, a menudo vinculado a la izquierda chilena, no lo olvida.

Aspiraciones políticas

Los escaños reservados a constituyentes indígenas para la redacción de la nueva carta magna chilena no despertaron demasiada ilusión entre los electores de los pueblos originarios. Según el censo electoral chileno, más de 1.200.000 personas estaban habilitadas por su pertenencia a los pueblos mapuche, aymara, diaguita, atacameña, colla, quechua, rapanui, kawashkar, chango o yagán. De las cuales, sólo ejercieron su derecho 283.000 personas (de media, algo más del 22%). Proporción similar a la que presentó el pueblo mapuche.

El país aprobó reservar 17 escaños, de los 155 constituyentes elegidos, para representantes de pueblos indígenas. Siete, destinados a los mapuches por ser el más numeroso. “Esta constitución será la primera de la democracia, y ya es un paso que los pueblos originarios hayan tenido un cupo asignado. Hasta ahora no reconocemos constitucionalmente la existencia de indígenas en nuestro territorio, ni tampoco su idioma o cultura”, detalla el experto chileno en constitucionalismo José Ignacio Núñez.

Aucán Huilcamán, político mapuche conocido por todos en la Araucanía, se presentó a gobernador de esta región. En las elecciones de mayo, en la que también se elegía a alcaldes y gobernadores, quedó en cuarto lugar, obteniendo un 12% de los votos con una de las posturas más beligerantes contra el Estado chileno. Huilcamán fue el representante de este pueblo ante la ONU y la Organización de Estados Americanos. Además, fundó el Consejo de Todas las Tierras, organismo de defensa de los derechos indígenas, cuya bandera –azul, verde, roja y amarilla– se ha convertido en símbolo de resistencia mapuche.

Este candidato se aferró durante su campaña a la internacionalización del conflicto para negociar un proceso de autodeterminación de todo el Wallmapu, a través del cual los mapuches podrían decidir su forma de gobierno y tener una mayor autonomía. Asume la imposibilidad de negociar de tú a tú con el Estado chileno, y se atrinchera en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, firmado en Ginebra en 1989. En él, se reconocen las aspiraciones de los pueblos indígenas a asumir el control de sus propias instituciones y formas de vida. También alude a la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas de 2007, en la que se recoge el derecho a la libre determinación de los pueblos ancestrales.

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Rubén Collío llevó la muerte de la activista Macarena Valdés hasta la Corte Penal Internacional. Un perito descartó la hipótesis de suicidio que sostenía la Fiscalía. GUILLERMO AZÁBAL

Otro de los asuntos que se tratará en la redacción de esta nueva constitución será cómo interpretar la ley de propiedad privada, mientras las demandas de devolución de tierras mapuches no cesan. En 1993 se aprobó la llamada Ley Indígena, que reconocía jurídicamente a los pueblos originarios, y con ella el Consejo Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi) y el Fondo Para Tierras y Aguas Indígenas. El Gobierno destina desde entonces un presupuesto anual a la compra de terrenos a latifundistas o agricultores, y así devolverlos a comunidades mapuche. Esta partida rondó en 2020 los 80.000 millones de pesos chilenos (unos 92 millones de euros), pero se desconoce con exactitud el porcentaje de estos fondos que se ejecutó. En 2021, disminuyó un 20%.

El proceso de restitución de tierras puede alargarse años y no garantiza la recuperación, lo que crea insatisfacción entre los mapuches. Uno de los motivos está en el Artículo 20 de esta ley, que en su primer apartado contempla subvencionar a las comunidades para que compren las tierras. La polémica viene cuando se ocupa una finca y el propietario se niega a salir del terreno. En estos casos, para el Estado chileno la mejor solución es adquirir las hectáreas en disputa y entregárselas a las comunidades, a través de la Conadi (Corporación Nacional de Desarrollo Indígena).

La parte mapuche lo interpreta como una estafa, pues los propietarios tasan por encima del precio de mercado unas tierras que fueron compradas por mucho menos, o directamente usurpadas. Los dueños, a su vez, consideran que este artículo supone un incentivo perverso que fomenta la ocupación violenta por ser la “manera más eficaz de conseguir los terrenos”. El latifundista Juan de Dios Fuentes atiende a lamarea.com y afirma lo siguiente: “Estamos ante una estrategia insostenible para el Estado chileno, ya que atenta contra el Código Civil. Según este, las deudas históricas prescriben, y crea falsas expectativas para los mapuches”.

Forestales e hidroeléctricas

La ley de propiedad privada también podría tener consecuencias para las grandes empresas forestales e hidroeléctricas que se extienden por el Wallmapu. El pueblo originario se autodefine como defensor del medio ambiente y condena las infraestructuras de estas corporaciones por arrebatarles “la tierra y el agua” y por “contaminar” sus recursos. El afán de lucro de estas grandes empresas colisiona con esta manera de entender la ñuke mapu, tejiendo una red de intereses que ha llegado a tener consecuencias fatales.

El caso más conocido es el de la difunta activista Macarena Valdés. Ella, junto a su pareja Rubén Collío, era una de las principales voces que se oponían a la instalación de la central hidroeléctrica que quería desarrollar la empresa austriaca RP Global en su comunidad, Panguipulli, en la región de Los Ríos. Valdés recibió numerosas amenazas de muerte anónimas. El 22 de agosto de 2016 apareció estrangulada en su casa. Su presunto asesinato sigue bajo investigación.

Los mapuches exigen la salida de su territorio de imperios hidroeléctricos como el del grupo italiano Enel (accionista mayoritario de la española Endesa), pero también de las grandes compañías papeleras dedicadas a la celulosa y a la explotación masiva de la madera. Entre ellas destacan el holding CMPC-Mininco y el Grupo Arauco, propiedad de la familia Matte y Angelini, respectivamente. Dos de las principales fortunas chilenas. La lucha mapuche se enfoca en que cesen sus plantaciones de pino y eucalipto, especies invasoras que provocan la acidificación de los suelos de la Araucanía y Biobío. Estas empresas no han querido dar su visión para este reportaje. Las forestales poseen 280.000 hectáreas de las 450.000 en disputa en la Araucanía.

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El agricultor araucano Justo Gutiérrez y su maquinaria agrícola arrasada. FEDE SEGARRA

A pesar de que durante la campaña para las constituyentes, todas las propuestas de los dirigentes mapuche fueron pacíficas, ninguno de ellos ha condenado abiertamente la violencia de los grupos radicales. Desde 1997, cuando tres camiones ardieron en un primer acto reivindicativo, se han sucedido los asaltos y los ataques incendiarios contra iglesias, empresas forestales y vehículos de agricultores. Esto se traduce en que los implicados en las disputas hayan optado por defenderse con armas. Según la Fiscalía chilena, desde 2016 se han producido 547 atentados en la Araucanía y Biobío.

La eficacia del Gobierno para mediar en este conflicto está en entredicho. Desde Santiago se ordenó militarizar la zona con carabineros o agentes especiales de policía. Comunidades mapuches denuncian el uso desmedido de una fuerza que incluso habría afectado a niños, heridos con perdigones; algo que ya condenó Unicef en 2012. La estrategia del Estado a lo largo de los años ha consistido en custodiar una parte importante de los terrenos en proceso de recuperación, y aplicar en algunas ocupaciones la expeditiva Ley Antiterrorista, redactada durante la dictadura de Pinochet.

Las acusaciones de narcoterrorismo se suceden en los medios de comunicación chilenos cuando se debate sobre los mapuches más radicalizados y su financiación. Se les llega a relacionar incluso con las FARC colombianas, hasta hoy sin pruebas. El episodio más importante relacionado con el tráfico de drogas fue la detención del exlíder de la Coordinadora Arauco-Malleco (CAM), Emilio Berkhoff, en junio del año pasado. La CAM es la organización mapuche radical más conocida. En la operación se decomisaron casi 825 kilos de pasta base de cocaína.

Los dirigentes mapuches tienen bien aprendidas sus respuestas contra estas acusaciones: “Antes nos llamaban analfabetos, luego borrachos y ahora toca que nos tilden de narcotraficantes”. Para ellos, las plantaciones de marihuana son muy limitadas y niegan los cultivos de coca. El pasado mes de enero, en la comunidad de Temucuicui, 800 policías entraron por la fuerza para decomisar mil plantas de cannabis. Los agentes sufrieron una emboscada y un agente murió en la operación.

Tan solo un año antes, la denominada Operación Huracán se saldó con ocho mapuches detenidos por asociación terrorista; entre ellos el actual líder de la CAM, Héctor Llaitul. Posteriormente, la Fiscalía descubrió que se habían manipulado sus teléfonos para crear conversaciones inexistentes e inculparlos. Esto supuso la dimisión del director de Carabineros, el general Bruno Villalobos, y del director de Inteligencia, el general Gonzalo Blu.
Los mapuches recriminan a las grandes corporaciones y a los latifundistas que posean más hectáreas que la mayoría de sus familias. Sin embargo, bajo esa etiqueta de empresarios o colonos, también hay muchos agricultores que trabajan sus tierras, y que las heredaron de sus abuelos. Muchos de ellos entienden las reivindicaciones indígenas, y creen que no todos son violentos, pero argumentan que también tienen derecho a vivir allí.

Justo Gutiérrez es un huinca, como llaman a los chilenos de ascendencia europea. Su finca, colmada de avellanos cuyos frutos irán a parar a los italianos de Ferrero, se ubica en Vilcún, cerca del río Quepe. Al fondo del terreno, se divisan hasta seis tractores calcinados: “Nos los quemaron todos, nos dejaron con una mano delante y otra detrás”. Y apuntilla: “Es una injusticia sentirte extranjero en la tierra que te ha visto nacer”. Gutiérrez es vicepresidente de la Asociación para la Paz y la Reconciliación de la Araucanía (APRA), una organización que, según él, documenta en redes sociales los ataques mapuches contra el resto de araucanos. Para la contraparte, solo se encargan de difundir odio y acusar al mapuche de violento.

Según el Ministerio del Interior, en el primer trimestre de 2021, las tomas de tierras aumentaron un 688% con respecto al mismo período del año anterior en las regiones australes de la Araucanía, Los Lagos y Los Ríos.

El pueblo chileno aguarda con recelo cómo se materializará la nueva constitución. Si no satisface sus demandas, puede provocar que los manifestantes vuelvan a salir a las calles con más fuerza. Mientras tanto, escépticos ante este proceso, en el pequeño pueblo de Boroa, familias como la de Gladys y Arturo se levantarán cada día con la misión de recuperar la tierra de sus antepasados. La tierra que empieza, precisamente, en el siguiente centímetro de campo que hay tras la valla de su cuarto de hectárea cultivada; y la misma por la que otros agricultores huincas no dormirán de noche pensando que puede ser ocupada.

Perfil de los constituyentes mapuches: defensores de los derechos humanos, profesores o ambientalistas

La participación del pueblo mapuche en las elecciones constituyentes fue la más baja de todas las comunidades indígenas (22,3%), con la excepción del pueblo diaguita (21,35%). La ley interna del proceso obligaba a confeccionar listas paritarias, lo que derivó en la asunción de cuatro mujeres electas y tres hombres.

Elisa Loncón ganó en las regiones de Coquimbo, Valparaíso, Metropolitana, O’Higgins y Maule. Es una reconocida lingüista de 58 años y se ha erigido en las últimas décadas como una de las principales activistas mapuches, sobre todo en el ámbito académico. Esta profesora de la Universidad de la Frontera (Temuco), que también ostenta un posgrado por el Instituto Internacional de Estudios Sociales de La Haya, ha trabajado para el reconocimiento y la promoción del mapudungún en todo Chile.

Francisca Linconao (62 años), La Machi, ha sido la cara más representativa de este pueblo en los últimos años. Activista por los derechos humanos, ambientalista y autoridad espiritual mapuche, en 2013 fue vinculada al asesinato del matrimonio Luchsinger-Mackay, por el que tuvo que pasar nueve meses en prisión preventiva, comenzó una huelga de hambre y permaneció en arresto domiciliario. Después de esto, no se encontraron indicios incriminatorios sólidos y fue absuelta e indemnizada. Este episodio reforzó su liderazgo a ojos de su comunidad.

Natural de Tirúa (Biobío), Natividad Llanquileo es la constituyente mapuche más joven, con 36 años. Se define como una líder amerindia, licenciada en Derecho por la Universidad Bolivariana de Chile, y defensora de los derechos humanos. Su figura emergió en 2010, año en el que empezó a ejercer como portavoz de los conocidos como “presos políticos mapuches”, comuneros en huelga de hambre encarcelados en aplicación de la Ley Antiterrorista.

Adolfo Millabur (55 años), también oriundo de Tirúa, es el constituyente con mayor trayectoria política. Fue el primer alcalde mapuche de Chile, por su ciudad natal, cargo que desempeñó hasta en cinco legislaturas. Semanas antes de la elección, atendió a lamarea.com para sintetizar sus objetivos en la redacción del nuevo texto constitucional: “Conseguir eliminar los colonialismos clásicos, que el poder en Chile se reparta entre el pueblo y que deje de estar en las mismas manos de siempre”. Millabur, Llanquileo y La Machi fueron los más votados en las regiones de Araucanía, Biobío y Ñuble. Además de Rosa Catrileo (39 años), una temucana también licenciada en Derecho y vinculada a la defensa territorial y los derechos humanos.

En las regiones sureñas de Los Ríos, Los Lagos y Aysén, los elegidos son Victorino Antilef (51) y Alexis Caiguán (46). Antilef es profesor de lenguaje y fundador del Consejo de Educación Mapuche Azeluwam, una organización enfocada a la enseñanza de la cultura mapuche. Comparte actividad con Caiguán, quien pertenece a los huilliche –rama austral de este pueblo– y que ha dedicado los últimos ocho años a la difusión de las tradiciones y la música mapuches entre las nuevas generaciones. 

El reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas en Latinoamérica

Chile aún no reconoce constitucionalmente a sus pueblos originarios, a pesar de que el 97% de la ciudadanía apoya que su existencia se vea reflejada en la nueva ley fundamental, según un estudio del Centro de Estudios Interculturales e Indígenas de 2020.

Salvador Millaleo, experto indigenista y miembro del Consejo del Instituto Nacional de Derechos Humanos, cree que esta situación viene provocada por que “la élite de origen europeo trató de olvidar sus raíces indígenas”. El investigador explica a La Marea que, según su visión, el modelo neoliberal que estos tratarían de imponer “choca con las reivindicaciones de las tierras ancestrales” y no les habría convenido que fueran reconocidos en la constitución.

Aproximadamente el 17% de las personas que viven en condiciones de pobreza extrema en América Latina son indígenas, a pesar de representar menos del 8% de la población. Los movimientos sociales indigenistas fueron espoleados por Naciones Unidas para afrontar desigualdades como esta. Un primer antecedente histórico fue el Convenio 107 de la Organización Internacional del Trabajo (1957), relativo a la protección e integración de estos pueblos. Entonces sólo fue ratificado por Cuba, El Salvador, República Dominicana y Panamá.

México, que cuenta aproximadamente con el 38% de la población indígena de todo el continente, fue el primer país latino en firmar el nuevo Convenio 169 (1989). El artículo 2 de su constitución reconoce a la nación como “pluricultural”. Asimismo, incluyó el derecho a la educación bilingüe y la propiedad colectiva de estos pueblos.

Bolivia, con más del 60% de población declarada indígena, introdujo en su carta magna el derecho a un régimen de autonomía para estas poblaciones en 1991. Perú hizo lo propio en 1994, con un 12% de población originaria en su territorio. En 1996, Guatemala dio acogida a las demandas de los indígenas (40% del total de guatemaltecos). Ecuador, con menos del 10% de población originaria, los reconoció constitucionalmente en 1998.

Ninguna de las tres constituciones que ha tenido Chile (1833, 1925 y 1980) contempla estos pueblos. La nueva carta magna presumiblemente hará que Chile forme parte de los países que sí reconocen a su población autóctona. Así, solo Uruguay y Surinam seguirían en la lista negra de los derechos indígenas en la región.

Fuente:https://www.lamarea.com/2021/09/08/los-mapuches-ante-la-nueva-constitucion/

Más información: Elisa Loncon, presidenta de la Convención Constitucional: "Chile ya no volverá a ser como antes" 

lunes, 2 de marzo de 2020

Más de 1.500 activistas ambientales han sido asesinados en los últimos 15 años

El interés económico sobre los recursos naturales ha motivado la gran mayoría de estas muertes
Líderes sociales, periodistas o indígenas se encuentran entre los grupos con mayor riesgo de asesinato
Rebecca Kabugho, activista por la democracia en el Congo, durante su detención en 2016.
Rebecca Kabugho, activista por la democracia en el Congo, durante su detención en 2016. / LucharRDCongo
 El número de asesinatos de activistas medioambientales dedicados a proteger recursos naturales ha aumentado a un ritmo alarmante y afecta, sobre todo, a miembros de comunidades indígenas, ha alertado un informe publicado hoy por la revista Nature.
La investigación, desarrollada por la Universidad de Queensland (Australia), ha constatado que la mayoría de las 1.558 muertes de activistas registradas entre los años 2002 y 2017 estuvieron relacionadas con las tensiones que genera la demanda de los recursos naturales que trataban de proteger.

Indígenas bajo amenaza
"El número de muertes reportadas de defensores medioambientales ha aumentado, así como el número de países donde ocurren", explica Nathalie Butt, de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad de Queensland, en un comunicado.

Estos activistas ayudan a "proteger la tierra, bosques, agua y otros recursos naturales" y "pueden ser cualquiera que resiste la violencia", como "líderes comunitarios, abogados, periodistas, miembros de movimientos sociales, trabajadores de ONG e indígenas", ha destacado.

En este sentido, Butt recuerda que el número de víctimas registradas en comunidades indígenas es "mayor que en cualquier otro grupo".

El informe ha precisado que un tercio de las muertes ocurridas entre el 2014 y el 2017, en torno a 230, estuvieron vinculadas a negocios mineros y agrícolas.

Impunidad como garantía
"Aunque la causa subyacente de la violencia son los conflictos por los recursos naturales, análisis espaciales demuestran que la corrupción era el correlato clave en los asesinatos", ha expuesto Butt, quien ha lamentado, asimismo, la impunidad en este área.

A nivel global, ha recordado, el 43% de todos los fallecimientos produce condenas, mientras que ese cifra baja hasta el 10% para las muertes de activistas medioambientales.

"En muchas instancias, un Estado de derecho débil significa que estos casos no se investigan adecuadamente en muchos países y, a veces, es la policía o las autoridades mismas las responsables de la violencia", ha denunciado la experta.

Responsabilidad
El estudio ha instado a las compañías multinacionales y a los gobiernos a que sean "más transparentes y responsables", al tiempo que pide al "consumidor" que actúe con "conciencia".

Butt ha concluido con una reflexión sobre la importancia del entorno."La ecología del planeta es fundamental para la producción de alimentos y recursos, de los que todos dependemos, y, en último término, estamos obligados a apoyarla. Parte de este de apoyo supone defender a la gente que lo protege"

Fuente: https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20190805/mas-1500-activistas-ambientales-asesinados-15-anos-7583295

viernes, 21 de febrero de 2020

Rebelión indígena en Canadá

Manifestantes en todo el país han bloqueado vías del tren en solidaridad con el pueblo Wet’suwet’en, que se resiste a la construcción de un multimillonario gasoducto a través de su territorio.
Activista indígena mohawk, durante una manifestación en solidaridad con los Wet'suwet'en
Activista indígena mohawk, durante una manifestación en solidaridad con los Wet’suwet’en. Foto: CHRIS HELGREN/Reuters
Cientos de activistas, en su mayoría pertenecientes a Primeras Naciones canadienses, se han unido, en solidaridad con el pueblo indígena Wet’suwet’en, a una oleada de protestas. Los nativos protestan desde hace más de un año contra la construcción de un gasoducto en su territorio, en la zona occidental del país. Los manifestantes bloquean varias líneas ferroviarias en todo el país desde finales de la semana pasada.

El pasado jueves, la empresa estatal de ferrocarriles (CN) anunció la cancelación de los servicios de transporte de mercancías al este de Toronto, en la provincia de Ontario, al este del país y a miles de kilómetros de las tierras Wet’suwet’en. VIA, una empresa ferroviaria privada, también anunció que suspendía todos sus servicios. También hay bloqueos en la provincia de Quebec y en la Columbia Británica, a menudo en reservas indígenas. Se calcula que centenares de miles de pasajeros se han visto afectados por suspensiones y retrasos en los servicios ferroviarios.

«Estas protestas no deberían verse como manifestaciones contra los gasoductos. En realidad son protestas de pueblos indígenas en todo el país para decir que no queremos que el gobierno use a la policía montada para atacar violentamente a personas que viven en sus propios territorios», afirmó la activista indígena Pamela Palmater en declaraciones a CTV.


El origen de la protesta

La protesta tiene su germen en el conflicto que mantienen los cinco clanes del pueblo Wet’suwet’en con la empresa GasLink. La compañía pretende construir un gasoducto de unos 670 kilómetros, conocido como Coastal GasLink, para conectar los campos de fracking del nordeste de la Columbia Británica con el terminal de exportación de gas licuado de Kitimat, en la costa de la provincia. GasLink recibió la adjudicación del gasoducto en 2012, y comenzó los trabajos de construcción en septiembre de 2019. La obra costará unos 6.000 millones de dólares canadienses (unos 4.175 millones de euros) y se considera la mayor inversión privada de la historia del país
Gaslink pertenece a TransCanada, la misma empresa que construye el polémico oleoducto Keystone XL en Estados Unidos. El gas que transportaría el nuevo gasoducto pertenece a la empresa LNG Canada, propietaria de la terminal de exportación.

El pueblo Wet’suwet’en, por su parte, es propietario de unos 22.000 kilómetros cuadrados en el centro de la Columbia Británica. A pesar de que varios representantes del pueblo han dado su consentimiento a la construcción del Coastal GasLink, los cinco jefes hereditarios que gobiernan la pueblo se niegan a la misma. La clave está en que la empresa ha llegado a un acuerdo con los líderes que establece la ley canadiense, pero no con los que dicta la ley del propio pueblo Wet’suwet’en. La división ha sido aprovechada por GasLink, que asegura que tiene el visto bueno de los pueblo indígenas. La empresa también ha obtenido el permiso de otros 20 grupos nativos, pero siempre a través de las leyes de Ottawa, y no las de los pueblos nativos.

El conflicto gira alrededor de una carretera forestal que se adentraría en el territorio Wet’suwet’en. Esta es el único punto de acceso para las personas que trabajan en la construcción del gasoducto.
Para evitar el acceso de los trabajadores a la obra, los propietarios de la tierra establecieron varios campamentos a lo largo de la carretera. Uno de ellos actúa como punto de control.

Canadá, de parte de la empresa
El 31 de diciembre de 2019, una jueza canadiense se pronuncia a favor de GasLink, y conmina a los Wet’suwet’en y sus aliados a permitir el acceso de los trabajadores. Sin embargo, cinco días después, los jefes hereditarios emiten una orden de desahucio contra la empresa de transporte de gas. En los días siguientes, la policía montada constata la aparición de barricadas y árboles cortados impidiendo la circulación por la carretera.

El conflicto entre la empresa y el gobierno del pueblo indígena sigue intensificándose hasta que el 5 de febrero, las dos partes, así como el gobierno de la provincia, anuncian el colapso de todas las negociaciones. Dos días después, la policía montada carga, antes del amanecer, contra el campamento y realiza siete detenciones. Las autoridades Wet’suwet’en denuncian la carga como una invasión con violencia por parte de la policía canadiense. «Ya estamos hartos de diálogos, discusiones y negociaciones mientras nos apuntan con un arma. Canadá viene a colonizar. La reconciliación ha muerto», afirmaron en un comunicado.

Inmediatamente después de la actuación policial, el pueblo Wet’suwet’en comenzó a recibir apoyos. Organizaciones internacionales como Greenpeace y 350.org mostraron su solidaridad con la resistencia indígena, e instaron al gobierno de Justin Trudeau a retirar a la policía montada de la zona. También se unieron a la campaña de solidaridad las autoridades del pueblo vecino, Nación Gitxsan. Los Gitxsan estuvieron, precisamente, entre los primeros en bloquear las vías del tren que cruzan su territorio, una acción que se ha extendido por todo el país desde entonces.

Fuente: https://www.climatica.lamarea.com/rebelion-indigena-canada/

jueves, 21 de noviembre de 2019

Indígenas denuncian en Madrid que en Brasil se comete «genocidio, etnocidio y ecocidio”

Bajo el lema ‘Sangre Indígena, ni una gota más’, una comitiva de indígenas ha visitado durante 35 días una veintena de ciudades de 12 países europeos.

indígenas

Desde la llegada de Bolsonaro a la presidencia, de enero a septiembre de este año se han contabilizado en Brasil hasta 160 invasiones en 153 tierras indígenas. Las cifras de deforestación en la Amazonia, según datos difundidos esta semana, son las peores de la última década. A principios de este mes, el ‘Guardián del Bosque’ Paulo Paulino Guajajara se sumaba a la larga lista de líderes indígenas asesinados por defender sus tierras.

“En Brasil hoy se mata por genocidio, etnocidio y ecocidio”, expresa contundente Sonia Guajajara. Ella es una de las integrantes de la multitudinaria comitiva de líderes indígenas que ha recorrido durante 35 días una veintena de ciudades europeas. En total, 12 países donde, según narra Guajajara, han «plantado una pequeña semilla para descarbonizar la mente de muchas autoridades
gubernamentales”. El objetivo, explica, es denunciar las graves violaciones de derechos que sufren los pueblos indígenas. Por ello, exigen una transformación en el modelo económico del país que permita «cambiar el modelo de explotación de nuestros territorios», además de leyes específicas para combatir “los abusos” a los que está sometida la Amazonia.

Bajo el lema ‘Sangre Indígena, ni una gota más‘, la delegación indígena finalizó su tour este martes, en Madrid, tras hacer también parada en Barcelona y Valencia. El escenario escogido para dar el último discurso fue una de las salas del Congreso de los Diputados. Allí, el grupo transmitió sus demandas ante representantes de ONG, ciudadanos que acudieron a apoyar la causa, y tan solo dos diputados (una de ERC y otro de Unidas Podemos), a pesar de que todos los grupos parlamentarios fueron invitados, según la organización.

“Es importante que cada país, empresa y persona asuma su parcela de responsabilidad. Por eso hemos venido aquí, para que Europa apoye la lucha de los pueblos indígenas”, expresaba Sonia Guajajara, uno de los rostros más visibles de la comunidad indígena defensora del medio ambiente. Para la líder brasileña, “Europa tiene que hablar con sus políticos para garantizar la trazabilidad de los productos que proceden de zonas de conflictos y están causando la deforestación de la Amazonia”.

Para la que fuese primera mujer indígena en optar a la vicepresidenta del Ejecutivo brasileño, “ya no necesitamos más mártires, sino personas vivas para poder luchar todos juntos contra el capitalismo”. En este sentido, recalca que las consecuencias de esta cruenta violencia contra los suyos «no afecta solo a los pueblos indígenas, sino a todo el mundo».

A lo largo de todo su discurso, Sonia Guajajara reivindicó la importancia de los pueblos indígenas, pidiendo que no se les vea como “pobrecitos”, sino “que se reconozca nuestra potencia para preservar la vida de millones de personas”. Recuerda que “el 5% de la población mundial” es indígena, y que estos son responsables de “proteger el 82% de la biodiversidad que sigue existiendo en el planeta”. Una labor que, denuncia, “pagamos con nuestra vida”.

indígenas

Una contribución que, recalcan, no se ve reflejada en las grandes cumbres y eventos internacionales por el clima. “El mundo no está reflexionado sobre la forma en que de verdad se puede luchar contra el cambio climático”, explica Guajajara. Si bien se menciona en estas citas a las comunidades indígenas como “una de las alternativas para combatir el cambio climático”, luego “nuestras voces no son comprendidas”. Para ella, la “crisis climática es una de las urgencias más acuciantes del siglo XXI, y está comprobado que, donde hay presencia indígena, los bosques y selvas siguen en pie”.

Finalmente, la comitiva indígena ha hecho un llamamiento para que «todas las mujeres del mundo» se manifiesten el próximo 7 de diciembre, en el marco de la COP 25 que acoge Madrid, para seguir denunciando la destrucción de la selva amazónica.

9.762 kilómetros cuadrados menos de Amazonia
Acorde a los datos preliminares del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) de Brasil, la selva amazónica ha perdido, entre agosto de 2018 y julio 2019, un total de 9.762 kilómetros cuadrados de cobertura arbórea, una superficie similar a la provincia de Lugo. Esto representa casi un 30% más de deforestación que la registrada en el mismo periodo de 2018, siendo el peor dato desde 2008, cuando se deforestaron 13.000 kilómetros cuadrados.

Fuente: https://www.climatica.lamarea.com/indigenas-denuncian-en-madrid-que-en-brasil-se-comete-genocidio-etnocidio-y-ecocidio/

lunes, 4 de noviembre de 2019

Madereros ilegales asesinan a un líder indígena en el Amazonas brasileño

El líder indígena Paulo Guajajara era un Guardián del Bosque, y ya había recibido amenazas por parte de explotadores de la madera de la región.

Paulo Paulino Guajajara fue asesinado el pasado 1 de noviembre en el Estado de Maranhao, Brasil. Foto: Ueslei Marcelino / Reuters
Hombres armados asesinaron a tiros el pasado viernes al líder indígena brasileño Paulo Paulino Guajajara, quien según informa la agencia Reuters estaba cazando en una reserva del Estado de Maranhao. Los agresores, que podrían ser madereros ilegales, se enfrentaron a  la víctima y le descerrajaron un tiro en la cara. El también líder indígena Laercio Guajarara fue herido gravemente, pero pudo escapar de la escena del crimen y se encuentra hospitalizado. Su situación es grave pero estable. Uno de los atacantes se encuentra desaparecido.

Tanto Paulo como Laercio ostentaban el título de “Guardián del Bosque”, un tipo de agente forestal indígena que se ocupa de denunciar actividades irregulares en la selva. Los pueblos indígenas protegen alrededor del 80% de la biodiversidad mundial, erigiéndose en uno de los principales baluartes de la lucha contra la crisis climática. Así lo ha reconocido Naciones Unidas en varias ocasiones, una de las últimas en la COP24 celebrada el pasado mes de diciembre.

Desde que el ultraderechista Jair Bolsonaro accedió a la presidencia de Brasil se han incrementado las violaciones de derechos de los indígenas, así como las invasiones de su territorio por parte de mineros y madereros ilegales, según denunció la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB). Ya el año pasado fue asesinado otro miembro del pueblo guajajara, el cacique Jorginho Guajajara. Además, las políticas de Bolsonaro han contribuido a la deforestación de la Amazonia, que ha sido un 40% mayor este año que el pasado.

En un comunicado, la portavocía de la APIB señaló directamente al presidente, afirmando que “tiene las manos manchadas de sangre indígena”. Además, la líder del pueblo guajajara, Sonia Guajajara, indicó en el texto que el Territorio Indígena Araribóia se encuentra de luto. La representante exigió “justicia urgente” ante la inacción del Gobierno brasileño. “No queremos seguir siendo una mera estadística, queremos la asistencia del poder público, de los organismos que cada vez están más desguazados, precisamente para que no protejan a los pueblos que están pagando con su vida por hacer el trabajo que es responsabilidad del Estado”, afirmó Guajara. En su cuenta de Twitter, Guajajara calificó la situación como “genocidio institucionalizado”.

La ONG Amazon Watch, que protege la selva amazónica, también afirmó que se está produciendo un genocidio. En declaraciones recogidas en su propia página web, el director de  programas de la organización, Christian Poirier, afirmó que “estamos presenciando violencia genocida, en la cual es cómplice el régimen criminal de Bolsonaro”. Poirier añadió que Bolsonaro «abandona a los pueblos nativos en la defensa de sus territorios contra las invasiones y la explotación maderera y minera ilegal”.

Paulo Paulino Guajajara, conocido localmente como Lobo, aún no había cumplido treinta años, y tenía mujer y un hijo. En una entrevista concedida a Reuters el pasado mes de septiembre, la víctima afirmó que proteger la selva era una actividad peligrosa. No obstante, señaló que su pueblo no podía ceder ante el miedo: “Debemos preservar esta vida por el futuro de nuestros hijos”, afirmó.

Fuente: https://www.climatica.lamarea.com/madereros-ilegales-asesinan-a-un-lider-indigena-en-el-amazonas-brasileno/

miércoles, 15 de mayo de 2019

La 'guerra invisible' contra 370 millones de personas: los indígenas

Imagen de archivo del explorador y etnógrafo brasileño Sydney
Scott Wallace via Getty Images
Imagen de archivo del explorador y etnógrafo brasileño Sydney Possuelo.
 La ‘guerra invisible’ no es noticia aunque causa miles de muertes directas e indirectas. La ‘guerra invisible’ nunca es portada aunque en uno de sus bandos hay más de 370 millones de personas. Y ‘la guerra invisible’ la perdemos todos, más de 8.000 millones, porque somos nuestro peor enemigo. Esa ‘guerra invisible’ nos llega, si acaso, como un goteo de muertes que cae por el grifo abierto de la indiferencia globalizada. También, muy de cuando en cuando, como un susurro inaudible cuyas voces se pierden en el ‘ruido’ de sociedades inmersas en su abrumador ego. Rara vez, como el grito de desesperación de quien ya no puede más. La ‘guerra invisible’ es por la Tierra, y sus guardianes desaparecen a ojos vista en batallas que no se ven porque habitan un mundo paralelo: el de la conservación ambiental porque sí. Cada asesinato de líderes y lideresas indígenas en Colombia, cada apresamiento en Guatemala, cada agresión, cada expolio, cada gran empresa con grandes proyectos que llega a sus tierras, son heridas de una batalla contra el futuro de los que ya, desde su juventud, nos gritan ‘basta’.

Hace ya muchos años que conocí a Sydney Possuelo. Es un indigenista brasileño de referencia en el mundo. Gracias a él han sobrevivido hasta nuestros días un grupo de esos indígenas que apenas suman unos miles: los pocos indígenas aislados que existen (porque así lo quieren) al margen del mundo que hemos creado. Con casi 80 años, Possuelo sigue transmitiendo la misma energía que hace décadas le llevó a la selva amazónica. Ahora lo hace desde los bosques tropicales del río Yavarí, donde ejerce aún de altavoz de esos grupos y comunidades indígenas, aislados o no, cuyas voces no se escuchan más allá de la tierra que pisan y que, día a día, desaparece bajo sus pies por ‘un agujero negro’, que no es otro que la avaricia del mundo.

Hoy, Sydney Possuelo es director del Instituto Brasileño Indigenista, pero si miran su historial figura que fue quien creó hace más de 30 años, el departamento de Indios Isolados (aislados) en la Fundación Nacional del Indio (FUNAI). Hasta la selva, en la que pasó décadas, se fue siguiendo los pasos de los hermanos Vilas Boas, los sertanistas que crearon la reserva del Parque Nacional Xingú en 1960, a quienes acompañó en infinidad de expediciones. No sin esfuerzo, Possuelo consiguió que el Gobierno brasileño comenzara a demarcar territorios para que nadie pudiera entrar en una Amazonía que les pertenece y que, por más que algunos se empeñen, no quieren abandonar. Hoy, cuando alguno es detectado, con sus flechas y sus pinturas de guerra o de paz, siguen siendo noticia mundial, como si fueran una anacronía de un espacio/tiempo que, sin embargo, también les pertenece. Ahora, este indigenista incansable presencia, entre la perplejidad y la indignación, cómo a su alrededor se desmorona todo lo que se preservó durante décadas con un gobierno, el de Jair Bolsonaro. Donde él ve futuro, cultura y vida, el presidente y su equipo sólo vislumbran ‘salvajes’ a evangelizar y tierras por cultivar.

Tras estar desconectados varios años, recientemente nos reencontramos para mantener una entrevista, vía Skype, que ha puesto en conexión mi mundo y el suyo.

Sydney, veo que es imposible jubilarse de la defensa del mundo indígena.
Sí, lo es. Yo en teoría estoy jubilado de la FUNAI pero sigo trabajando en el Instituto Brasileño Indigenista (IBI) que creé tras dejar la Fundación. Ahora tengo proyectos en el Valle de Yavarí, entre Perú y Colombia, centrados en la defensa de la tierra y empoderamiento de los pueblos, porque hay que reforzarles para que puedan decidir sobre su vida frente a las amenazas externas.

Apenas cinco meses después de la llegada al poder del presidente Jair Bolsonaro, ¿en qué se nota ya el deterioro de la situación para ellos en Brasil?
Para empezar han destrozado la Fundación Nacional del Indio. La han puesto al servicio del agronegocio y de los protestantes. Nunca vi algo tan peligroso para los pueblos indígenas y el medio ambiente global, pues ambas cosas son lo mismo. Debo decir que históricamente los militares fueron favorables a los indígenas. El primer servicio de protección indígenas en Brasil lo organizó el mariscal Rondó en 1910. Por desgracia, a su muerte el servicio se deterioró y llegó a convertirse en algo terrible, corrompido. En 1967, los militares lo extinguieron y crearon la FUNAI. Fue el periodo más prolífico y lo comandaban generales, por increíble que parezca. Teníamos recursos, dinero y autoridad. Pero ya no es así. Muchos militares que apoyan ahora a Bolsonaro son contrarios a los indígenas. No comprendo por qué una tradición de protección que demostró al mundo el interés del Gobierno de Brasil con todos sus pueblos, de repente cambió del blanco al negro.

¿A qué atribuye este cambio?
Es verdad que siempre hubo militares, principalmente de la Escuela Superior de Guerra, que tenían una visión negativa de la tierra indígena y de su participación en nuestra sociedad, así que creo que los de hoy vienen de esta línea militar. Pero yo trabajé más de 40 años en la Amazonia y hubo oficiales me ayudaron en mis expediciones, en proteger la tierra… El cambio es desconcertante. Y los indígenas también están perplejos. En su día, la FUNAI demarcó mucha tierra indígena. Y ahora esa Fundación está dividida en trozos que dirigen ideologías, que no personas, contrarias a sus intereses. Es impresentable que la cuestión de las tierras indígenas sea competencia del Ministerio de Agricultura, que es el enemigo, el agronegocio. Y la cuestión de los indios aislados, que requieren de especial protección, está en manos de los protestantes.. Quieren desmontar todo un complejo de protección que existía.

¿Cómo la Amazonía ha ido a parar a parar a los protestantes?
Porque con el Gobierno de Bolsonaro, los aislados han pasado a depender del Ministerio de la Mujer, Familia y Derechos Humanos, que dirige Damares Alves, una pastora protestante, que da sermones cada domingo y que dice claramente que no hay que tener indios aislados, que les llegó el momento de la Iglesia, de evangelizarlos. Es muy triste ver que quieren destruir todo lo que se conservó durante 500 años y  lo que se construyó hasta convertir a Brasil en un faro de la defensa del mundo indígena. Ahora no somos nada. Acabamos con ellos y, de paso, con la Amazonía.

¿Cómo, en cuatro meses, lo notan en sus vidas?
En todo. De hecho, a finales de abril han comenzando a movilizarse con los pocos medios que tienen. Son conscientes de los cambios, que quieren revertir. Y es difícil, pero no imposible. Al menos, a ver si podemos reducir el impacto del Gobierno. Un ejemplo claro de lo que está pasando es que el ministro de Salud quiere acabar con departamento de salud especial para los indígenas. Dicen que deben ser atendidos como los demás ciudadanos, pero eso es una falacia porque ellos viven en comunidades distantes, en la selva; es más, incluso en las ciudades necesitan grupos de atención especiales, una conquista que tenían, que se va a terminar y que para ellos es muy importante.

¿Están llegando invasores de tierras indígenas?
Ya antes de tomar posesión Bolsonaro hubo agresiones. En el valle del Yavari tuvimos ataques de hombres armados y también en Mato Grosso. Imagínese ahora que está en el poder. La situación se ha agravado. Nosotros hacemos reuniones, campañas y hay entidades internacionales que nos apoyan. Pero es patético. Pasé toda mi vida tratando de protegerlos, evitar contactos, que pudieran vivir con su cultura, su lengua y su forma de vida tradicional, y ahora miro para atrás y veo todo destruido, como en una guerra. Como si fuera una ciudad bombardeada. Y es verdad: es una guerra contra los pueblos indígenas y contra el medio ambiente invisible al mundo.

¿Hay alguna respuesta de la sociedad brasileña?
De un modo general, a la sociedad brasileña no le importan nada los indígenas amazónicos. Y respecto a los gobiernos, hubo alguno menos malo, pero ninguno bueno. Nunca se les respetó históricamente. Igual aquí que en el resto del mundo. En realidad, la visión de la sociedad occidental va contra ellos. Muchos hablan en su apoyo pero no hacen ni la mitad de lo que se podría hacer. Bartolomé de las Casas si que luchó toda su vida por los indígenas, pero sus pensamientos se perdieron. Ahora hay un ‘agujero negro’ que hace desaparecer todas las conquistas. Aún así creo que nunca es tarde para recomenzar. Bolsonaro apenas lleva unos meses, así que aún puede humanizarse.

¿La solución puede venir con presiones desde el exterior? Recientemente, científicos y activistas reclamaron en la UE el cese de determinadas importaciones…
Con la globalización, sabemos la implicaciones que tienen los cambios ambientales, que todo funciona con interdependencia. Pero tengo claro que sólo si pones la mano en la parte más sensible del ser humano, el bolsillo, la gente se preocupa. Brasil exporta mucha carne al resto de la humanidad y grano para ganado. Y es verdad que se pueden hacer presiones comerciales, disminuyendo compra de carne que viene de estas zonas. A mí me gustaría que Brasil retomara su protección a los bosques sin presiones externas pero, ¿será posible? Hasta ahora, se que es un sueño fuera de la realidad. Y lo cierto es que tenemos 8,5 millones de kilómetros cuadrados, que hay espacio para todo: ganado, cereales, cerdos y tierras de protección permanente, porque esas tierras no están vacías sino habitadas por personas con una forma de ver el mundo y sentirlo mucho menos invasiva que la nuestra. Los indígenas no destruyen nada ni nos amenazan. Al contrario, su presencia demuestra que existen porque se les dejó en paz. Pero el proceso económico va avanzando cada vez más lejos y está llegando adonde están ellos. Los demás, no somos conscientes de que con su fin, nos perjudicamos todos. Los jóvenes del Friday for Future sí lo están viendo y ojalá lleguen a ser activos en Brasil. Yo miro atrás y no veo que seamos más felices que padres y abuelos, veo que la tecnología que debiera haber servido para tener más tiempo para pensar, amar, estudiar, escuchar música, al final nos ha hecho menos humanos. Y eso es algo que tenemos que combatir globalmente.

Fuente: https://www.huffingtonpost.es/entry/la-guerra-invisible-contra-370-millones-de-personas-los-indigenas_es_5cdb179ee4b07ef1396a0416?utm_hp_ref=es-homepage

sábado, 8 de septiembre de 2018

Demanda contra Canadá por años de experimentación con niños indígenas


 En un tribunal canadiense se ha entablado una demanda colectiva en nombre de los miles de indígenas presuntamente sometidos a experimentos médicos sin su consentimiento a mediados del siglo XX.

La demanda, presentada este mes en un tribunal de la provincia de Saskatchewan, sostiene que el gobierno federal es responsable de los experimentos supuestamente llevados a cabo en las reservas y en las escuelas residenciales entre los años 1930 y 1950.

La demanda también acusa al gobierno canadiense de una larga historia de “atención médica discriminatoria e inadecuada” en hospitales y sanatorios indios, componentes clave de un sistema de salud segregado que operaba en todo el país desde 1945 hasta principios de los años ochenta.

“Esto me parece tan atroz que debe acarrear daños punitivos y ejemplares, además de una indemnización”, dijo Tony Merchant, cuyo Merchant Law Group presentó la demanda colectiva.
 La demanda, que aún no se ha discutido en los tribunales, alega que las escuelas residenciales -donde llevaron a más de 150.000 niños aborígenes en un intento de asimilarlos por la fuerza a la sociedad canadiense- se usaron como centros de experimentos nutricionales, donde los investigadores probaron su teorías sobre vitaminas y ciertos alimentos.

“Lo malo es que aquí nadie sabía lo que estaba sucediendo, ni sus familias”, dijo Merchant.
Como se sabía que la dieta en las escuelas era nutricionalmente deficiente, los niños eran considerados “sujetos experimentales ideales”, según documentos judiciales. Cita seis escuelas, ubicadas desde Nueva Escocia a Columbia Británica, y las vincula a experimentos llevados a cabo entre 1948 y 1953.

En ocasiones, los investigadores llevarían a cabo lo que Merchant describió como ensayos destinados a privar a los niños de nutrientes que los investigadores sospechaban que eran beneficiosos.

“Entonces, lo que hicieron de forma sistemática… era identificar a un grupo de niños indígenas en las escuelas en las que se los recluía obligatoriamente y no les daban el mismo trato”, dijo Merchant. “Los usaron como control de los experimentos que estaban haciendo en otros lugares, y también los usaron para probar ciertos tipos de alimentos y medicamentos”.

Los documentos del tribunal describen los detalles que los investigadores llegaron a implementar para proteger sus resultados: después de que un director en Kenora, Ontario, pidiera que todos los niños de la escuela residencial recibieran tabletas de hierro y vitaminas, el investigador le pidió que se abstuviera de hacerlo, ya que interferiría con el experimento.

En otros casos, los investigadores negaron el tratamiento dental de los niños, preocupados de que tener dientes y encías más sanas pudiera sesgar sus resultados.

La escuela en Kenora también se usó para probar un medicamento experimental en niños con problemas de oído, lo que dejó a nueve niños con pérdida auditiva significativa, según documentos judiciales.

La demanda señala que los que no cooperaban eran sometidos a abuso físico.

Los experimentos también se extendieron a las reservas, dicen los documentos judiciales. A veces los niños se utilizaban para estudiar la efectividad de los medicamentos y se les administraban dosis variables de tratamientos para comparar su efectividad en enfermedades que van desde la disentería amebiana a la tuberculosis. En Saskatchewan, los niños que vivían en las reservas se utilizaron para evaluar la eficacia de una nueva vacuna contra la tuberculosis.

Los investigadores que visitaron durante la década de 1940 una reserva al norte de Manitoba sospecharon que la desnutrición era la causa de varios casos de ceguera y un brote de tuberculosis. Para probar su teoría, dieron suplementos nutricionales a 125 personas. Las otras 300 personas de la reserva fueron utilizadas como grupo de control, abandonados para luchar por si mismos contra la malnutrición en medio del colapso del comercio de pieles y con límites fuetes de la ayuda del gobierno.

Años más tarde, los investigadores notaron que habían visto una mejora en la salud de los que recibieron los suplementos.

Merchant creía que el número de afectados por los experimentos podría alcanzar los miles. “Algunas personas ni siquiera saben que fueron objeto de experimentos”, dijo. “En algunos casos, podemos probar que los directores de las escuelas dijeron: ‘Bueno, necesitamos el consentimiento’, y los investigadores dijeron: ‘No vamos a pedir el consentimiento’”.

La demanda está dirigida al gobierno federal, ya que fue Canadá quien estableció, financió y supervisó las escuelas residenciales, los hospitales y los sanatorios indios.

El demandante es John Pambrun, de 77 años, un hombre de las Primeras Naciones (indias) que pasó casi seis años de su infancia en hospitales y sanatorios indios. En 1955, mucho tiempo después de que los antibióticos se convirtieran en el tratamiento estándar para la tuberculosis, los médicos extirparon parte de su pulmón derecho, según documentos judiciales.

“No podemos encontrar nada en los registros médicos que indique que tuvo tuberculosis”, dijo Merchant. “Simplemente estamos desconcertados”.

Los años de tratamiento lo alejaron de su familia y de su educación, mientras que la pérdida parcial de un pulmón lo dejó sin aliento y limitó sus opciones de empleo. “Todos estos años se ha sentido devorado por el maltrato que recibió de una nación que se responsabilizó por su cuidado y que tenía un compromiso especial con su bienestar”, dijo Merchant.

Muchas de las acusaciones contenidas en la demanda provienen de investigaciones realizadas por Ian Mosby de la Universidad de Guelph. En una investigación publicada en 2013, documentó más de una década de experimentos nutricionales en pueblos indígenas.

IEn una declaración a The Guardian, un portavoz del departamento de asuntos indígenas y del norte de Canadá describió las noticias sobre las acusaciones como “muy preocupantes”. Tras señalar que el gobierno federal aún no había revisado la reclamación, el ministerio se negó a hacer más comentarios.

Si bien Merchant reconoció que la demanda estaba dirigida contra el gobierno actual, en lugar de los muchos gobiernos que supuestamente permitieron que estos experimentos ocurrieran bajo su supervisión, lo describió como parte de los incipientes esfuerzos de Canadá por enfrentar el maltrato histórico a la población indígena del país.

“Estamos en el momento de enmendar nuestra relación con los pueblos indígenas”, dijo. “Entonces, volver y reconocer que hubo un error y pagar una compensación, creo que es importante”.

Durante la década que abarcó los años 1942 y 1952, cerca de 1.300 indígenas de la tribu Micmac (en su mayoría niños y niñas) sirvieron como conejillos de indias en investigaciones científicas subvencionadas por el gobierno federal de Ottawa y la Cámara de los Comunes.
Un estudiante de historia nutricional canadiense, Ian Mosby, descubrió mientras investigaba para un posdoctorado de la Universidad de Guelph (Ontario), un estudio fechado en 1954 y firmado por los científicos G.F. Ogilvie y L.B. Pett, del Departamento Nacional de Salud y Bienestar el cual titularon “Un estudio a largo plazo de suplemento de Acido Ascórbico”.


Por un lado el experimento empezó en 1942 y se utilizó a 300 pobladores aborígenes que fueron seleccionados en Norway House Cree (Manitoba). El plan era determinar e investigar cuál era el resultado de la deficiencia de vitamina C a través de una desnutrición provocada y artificial. Los efectos secundarios que padecieron fueron múltiples, siendo los más evidentes en problemas odontológicos, en el que se cogieron infecciones bucales y pérdidas de piezas dentarias.
Cinco años después (1947) se retomó la investigación, esta vez teniendo como objetivo a un millar de niños (también indígenas) que fueron seleccionados de entre media docena de escuelas internado de Shubenacadie (en la península de Nueva Escocia) donde residían y que habían sido creadas años atrás por la administración para así tener agrupada y controlada a la población aborigen de la región.
Estas pequeñas cobayas humanas sufrieron el despiadado comportamiento de los investigadores, quienes no dudados en saltarse las leyes federales sobre adulteración de los alimentos para desnutrir a propósito y de manera programada.
Lo curioso del caso es que durante unos cuantos años coincidió en el tiempo los experimentos llevados a cabo por científicos en los campos de concentración nazis de Europa con estas investigaciones en Canadá y los ojos críticos solo estaban puestos en las investigaciones llevadas a cabo por los alemanes, dejando impune las del otro lado del Océano Atlántico.

sábado, 9 de junio de 2018

“La impunidad de los poderosos elimina cualquier garantía para que los asesinatos, como el de mi madre, no se repitan”

<p>Laura Zúñiga Cáceres</p>
Laura Zúñiga Cáceres
Manolo Finish
Llega a la cita empapada por el agua de lluvia. Con la maleta en una mano y el cansancio del largo viaje desde la otra orilla del océano dándole picotazos en la cabeza. Laura Zúñiga Cáceres tiene 25 años y la melena larga y lisa que lucen las mujeres indígenas del pueblo lenca. Su vida está íntimamente trenzada con la figura de su madre, Berta Cáceres, la activista más conocida de Honduras que fue asesinada en 2016 por desafiar a un entramado internacional de empresas que pretendía construir una gigantesca represa encima de un frondoso bosque de robles venerados. Si Kapuscinski anunció, con pesar, el triunfo de la consigna de que la lucha ya no da resultados, Zúñiga se empeña en llevarle la contraria. “Los pueblos deben y pueden imponer los límites a las compañías que destruyen el planeta”, dice. Y para demostrarlo explica con detalle que la resistencia indígena paralizó aquel proyecto porque iba a desecar el río Gualcarque, un manantial sagrado para los lencas hondureños. Pero para ellos no es suficiente. Ahora van a iniciar en Holanda un proceso judicial contra uno de los bancos que financiaron un negocio manchado con la sangre de su madre.

Preparan una denuncia contra el Banco Holandés del Desarrollo (FMO, por sus siglas en holandés) por corresponsabilidad en el asesinato de su madre. ¿Confía que esto ayude a esclarecer el crimen?
El asesinato de mi madre fue producto de todo un entramado de complicidades que tienen que ver con otros crímenes violentos que sufren los pueblos indígenas de América Latina. La demanda que vamos a interponer contra el FMO se debe a su entrada como financiador de la empresa hondureña Desarrollos Energéticos S.A. (DESA) en 2015, después de que la constructora china Sinohydro se retirara del proyecto hidroeléctrico Agua Zarca ante la oposición mostrada por la comunidad lenca y activistas medioambientalistas del mundo entero. Parte del capital que el FMO, el Fondo Finlandés para la Cooperación Industrial (FINNFUND) y el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCI) invirtieron en este proyecto fue utilizado por DESA para levantar una estructura de violencia destinada a atemorizar a las comunidades afectadas y cuyo punto más álgido fue el asesinato en 2016 de Berta Cáceres, mi madre.

¿Están detenidos todos los implicados?
No. En estos momentos hay ocho personas arrestadas por su relación material con el asesinato, pero sólo hay una vinculada a la autoría intelectual. Se trata del gerente general de DESA, capturado en noviembre del pasado año a pesar de que la fiscalía tenía información precisa de su participación desde mayo de 2017. Su detención ha sido posible gracias a la presión social y al Estado de Honduras no le quedó otra opción que capturarlo. Pero aquí no acaba todo. Queda por delante el proceso penal. Sólo cuando concluya podremos valorar si las condenas son proporcionales al crimen que perpetraron.

Las elecciones presidenciales celebradas en diciembre fueron calificadas de fraudulentas por la oposición. ¿Ha influido en la investigación?
Lo ha complicado porque el sospechoso triunfo de Juan Orlando Hernández parece perpetuar la sensación de impunidad que se vive en Honduras. Me refiero a que desde el golpe de Estado perpetrado en 2009 contra Zelaya, la quiebra de las estructuras de justicia no ha cesado. Es indudable que las irregularidades detectadas en las elecciones de diciembre incrementan nuestra desconfianza hacia el gobierno de un partido que llegó ilegítimamente al poder. La situación se ha complicado porque ya no se trata de esclarecer un único asesinato sino que hay un montón de crímenes sin resolver alrededor de la muerte de mi madre.

¿Cuál es la consecuencia de tanta violencia?
La violación de los derechos elementales de los pueblos indígenas, en particular del pueblo lenca, el reforzamiento de las estructuras militares y la impunidad con la que actúan otros poderes del Estado. Todo esto ha intensificado la presión y las víctimas son las personas que viven en esos territorios.

El impacto internacional del asesinato de su madre, ¿modificó de alguna forma el comportamiento de las multinacionales que operan en Honduras?
En un primer momento sirvió para que muchos comprendiéramos la dimensión de la lucha de quienes defienden los territorios frente a esas empresas depredadoras. Pero dos años después de que se cometiera un crimen tan impactante observas cómo muchas personas, incluso gobiernos que manifestaron la necesidad de impartir justicia, siguen sin reconocer que la empresa DESA mantiene a una estructura ilegal muy preocupante. Seguimos sin tener acceso a la información de la investigación y los autores intelectuales siguen en libertad. Tenemos que denunciarlo porque la impunidad de gente tan poderosa elimina cualquier garantía para la no repetición de asesinatos como el de mi madre.

¿Qué esconde la compañía Desarrollos Energéticos S.A. (DESA)?
Un entramado de corrupción que cuenta con la participación de autoridades muy importantes de mi país y de la banca. Funciona sobre la base del sicariato y la subordinación de las fuerzas de seguridad a sus intereses privados. Por eso es tan importante desmontarla.

Una trama internacional compleja.
Sí, desde luego. La banca, en este caso el FMO, aportó el capital financiero con el que se cometían crímenes y, además, acompaña políticamente a estas empresas. Tras el asesinato de Berta Cáceres, el FMO no sólo se mantuvo en el proyecto sino que lanzó serias advertencias a quienes denunciaban la violación de los derechos humanos. ¿Qué habría pasado si mi madre hubiera sido una persona anónima y no la lideresa que fue? Esa es una de las cosas que más reprochamos. Tuvimos que asumir la capacidad como organización para decir qué bancos están involucrados en este tipo de crímenes. Hoy es el día que el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), cuyo estado-socio extrarregional más importante es España, mantiene su financiación a DESA. Es decir, no se ha retirado de ese proyecto de represa que tanta violencia está generando y que es rechazado a nivel mundial.

¿Tienen algún límite estas compañías?
No. Son los pueblos quienes deben imponer los límites. Partimos de la base de que nada de lo que tenemos nos lo han regalado, por lo que parte de nuestro trabajo es asumir compromisos en la defensa de los territorios amenazados. A veces, logramos avances e imponemos unas leyes que impiden la lenta destrucción del planeta. Eso son victorias colectivas.

Con la globalización ha prosperado el individualismo y el consumismo desaforado. ¿Cuál es la alternativa?
En primer lugar, creo necesario que todos profundicemos en nuestra identificación con este planeta. Proteger sus bienes comunes y de la tierra es defender a toda la humanidad. Nadie quiere vivir de la caridad. Juntos se pueden hacer infinidad de cosas. España, por ejemplo, tiene mucha influencia para detener proyectos que se están ejecutando en América Latina bajo unas condiciones de presión que son terribles para los pueblos originarios. Por eso es tan importante que la sociedad española identifique lo que está sucediendo. Para que puedan condenarlo. Así ha sucedido en Holanda con el FMO. Si no hubiera sido por los movimientos y organizaciones civiles holandesas, poco podríamos haber hecho para que cortaran la financiación a DESA. Identificar y denunciar en los lugares de origen de aquellas compañías que violan los derechos humanos es sumamente importante para frenar la actividad depredadora que realizan a miles de kilómetros de distancia. Hay que entender que el progreso no siempre es lo que a uno le enseñaron. Los pueblos indígenas tenemos nuestras propias formas de desarrollo y no queremos que nos impongan otra fórmula. Falta un poco de empatía para que entre todos podamos construir otros tipos de sociedades. Estamos perdiendo la capacidad humana de ponernos en el lugar del otro.

La repercusión del asesinato de Berta Cáceres fue enorme. ¿Cómo era su madre?
Era una mujer con un carácter muy especial. Una luchadora compleja que no sólo hablaba sobre el medio ambiente sino que trabajó en multitud de problemas. Por eso se convirtió en una lideresa nacional de Honduras. En 2008 participó en los movimientos populares de mi país y encabezó parte de la resistencia al golpe de Estado de 2009. Dedicó mucho tiempo a crear redes de solidaridad con otros pueblos, por ejemplo, con los mapuches y los palestinos. El Premio Goldman, que recibió en 2015, contribuyó a que su lucha fuera conocida a nivel internacional. Por eso cuando la mataron mucha gente se sintió tan herida.

Ser indígena, activista y mujer, ¿es un triple riesgo?
Cuando uno empieza a defender un modo de vida que choca con los intereses de las grandes multinacionales, como hizo ella, te permite descubrir las múltiples facetas del poder. Una de ellas es la presencia del patriarcado. Pocas horas después de que asesinaran a mi madre, el ministro dijo que se trataba de un crimen pasional. Lo expresó con esas palabras, como si intentara vaciar su muerte de cualquier contenido político. Fue terrible escucharle. Pero una luchadora indígena pelea constantemente con el racismo y el patriarcado. Hemos logrado tejer redes de solidaridad muy fuertes. Por eso no es casual que hayan surgido tantas organizaciones que no solo denuncian el feminicidio sino también que defienden nuestro empoderamiento. Todo esto nos permite desarrollarnos como mujeres, lo que es sumamente instructivo porque rompemos con las dinámicas de violencia que nos imponen y nos permite alcanzar grados de libertad. Con el tiempo te sientes orgullosa y comprendes que el mundo necesita mujeres como ella.

¿Cómo se las ingenió su madre para hacerle comprender lo que estaba en juego?
A veces, ser hija de Berta Cáceres resultó difícil. Era tan frecuente el peligro que te hacía cuestionarte muchas cosas. Pero lo asumes y aprecias su enseñanza. Me trató con la misma naturalidad y respeto que utilizaba con sus compañeros. Y con las mismas exigencias. Nos llevaba a comunidades y allí compartíamos experiencias con niños y niñas. Eso fue muy valioso para mí. Recuerdo cuando el Consejo de Pueblos Indígenas de Honduras (Copinh) empezó con su lucha para proteger el bosque y luego contra las represas, o en casos concretos de violencia contra las mujeres. Ella nos enseñó que no se pueden ignorar las injusticias que sufren los pueblos porque formamos parte de ellos. La recordaré siempre como una luchadora global.

¿Qué legado les dejó?
Por un lado, la posibilidad de elegir y la rebeldía ante lo que parece inmutable. Por el otro, la ética y la coherencia, que es algo que aplicó en todas las facetas de su vida. Y una cosa más, aunque sea una característica que también comparte el pueblo lenca: la alegría. Solemos decir que la alegría impide que el miedo nos achique.

Fuente: http://ctxt.es/es/20180606/Politica/20028/Gorka-Castillo-Laura-Zu%C3%B1iga-honduras-Berta-Caceres-asesinato.htm#.Wxuh9Duu0NE.twitter