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miércoles, 16 de junio de 2021

Valentina Tereshkova, la primera mujer en el espacio

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 Valentina Tereshkova. Máslennikovo (Rusia), 1937. ​Es una ingeniera rusa que fue la primera mujer cosmonauta (cosmonauta y astronauta son sinónimos, la diferencia está en el origen de la palabra) y también la primera persona que no era militar que voló al espacio. Pasó un durísimo proceso de selección entre más de cuatrocientos aspirantes y finalmente entró en el grupo de astronautas de la Vostok 6, lanzada el 16 de junio de 1963. Completó cuarenta y ocho órbitas alrededor de la Tierra en sus tres días en el espacio. ¡Flipante!

Fuente: https://principia.io/2019/06/16/valentina-tereshkova-la-primera-mujer-en-el-espacio.Ijk1MiI/

miércoles, 17 de marzo de 2021

Arte reciclando



El boom de la electrónica de consumo ha provocado que el número de dispositivos que tenemos a nuestro alcance haya aumentado de forma significativa en los últimos años. Neveras, microondas, televisores, móviles y ordenadores (entre otros tantos) son elementos cotidianos presentes en la mayoría de los hogares.

Muchos de estos dispositivos tienen una vida útil cada vez más corta, ya sea porque dejan de funcionar pasado un tiempo desde su compra o bien porque mediante agresivas campañas de marketing nos convencen de que necesitamos pasar a un modelo nuevo con alguna funcionalidad extra que posiblemente no necesitemos. El resultado final es que desechamos electrónica prácticamente al mismo ritmo que la consumimos sin que en la mayoría de los casos tengamos claro cuál será el destino final de estos productos descartados.

El tratamiento de todo este material de desecho plantea un reto ya que muchos de los elementos utilizados en su fabricación son altamente contaminantes y presentan serios problemas tanto medioambientales como de salud pública si no se recogen y reciclan adecuadamente, algo que no ocurre en todos los casos.

Aunque los procesos de reciclado a gran escala pasan por la intervención de diferentes entidades públicas y privadas, existe un gran número de artistas que encuentran en todo este material el sustrato perfecto con el que dar rienda suelta a su imaginación y crear espectaculares obras de arte. Aquí os traemos una pequeña muestra.

Alice Chappell

Artista, fotógrafa y escultora británica de la ciudad de Portsmouth, trabaja actualmente en la colección Computer component Bugs, en la que transforma todo tipo de circuitos electrónicos —tanto donados como encontrados— en preciosos insectos de apariencia biónica. Ella misma indica que su trabajo es resultado de los excesos de la obsolescencia programada y trata de poner en evidencia a través de su trabajo los peligros que esto supone para el medio ambiente.


 

 Más información: https://principia.io/2016/08/02/arte-reciclando.IjM1MiI/

lunes, 25 de enero de 2021

El futuro en nuestras manos

 

 En el año 2001, miles de personas se emocionaron con la historia de Norma, Rafael y Nino Belvedere. Norma regentó durante muchos años un restaurante junto a su marido, Nino. Ella atendía a los clientes con tal amabilidad, que, según Nino, el trato al comensal era la especialidad de la casa. Años después, el restaurante pasó a manos de su hijo, Rafael, quien lo gestionó con extrema dedicación y eficacia, tanto que desatendió por completo a su entorno más cercano.

Puede que el argumento de esta historia resuene entre las memorias del lector. Solo he resumido la parte estructural de la historia, pero aún falta el componente principal que ha hecho de esta historia una emotiva y recordada película. Norma, la madre de Rafael y mujer de Nino, padece la enfermedad de Alzheimer. Se trata de parte del argumento de El hijo de la novia, película de Juan José Campanella, que es, sin duda, una de las obras que mejor representa la compleja dimensión de la enfermedad del olvido.

Hace poco volví a verla, y quizá por todo lo que está ocurriendo en este 2020, tuvo en mí un impacto mucho mayor que el que generó cuando la vi por primera vez. Me produjo una profunda reflexión sobre cómo afrontamos la vejez y la enfermedad, y las conclusiones que obtuve no fueron positivas.

Vivimos y crecemos creyendo que nunca envejeceremos. A nivel práctico tiene cierto sentido, porque diluye el sentimiento existencialista que de otra forma puede dejar a uno más de una noche sin dormir, pero a la larga tiene un impacto terrible. Lo hemos visto estos meses, nuestro sistema de atención y cuidado de las personas mayores es débil, está en parte regulado por las leyes del mercado y siempre el perjudicado es aquel que está en los últimos años de la vida. Pero si lo analizamos más detenidamente, descuidar la atención de nuestros mayores es algo tremendamente estúpido. Un fallo más en una estructura social dañada.

Y es estúpido por varios motivos. El primero de todos, porque descuidamos a una parte de la población muy importante, a aquellos que nos cuidaron y que dieron todo para que vivamos en la cómoda sociedad actual. Otro motivo, no menos importante, es que nosotros mismos formaremos parte del sistema que estamos construyendo y cuyas leyes regulan políticos y burócratas a los que votamos. Nosotros mismos estamos atacando a nuestro futuro, precisamente cuando vamos a ser más vulnerables. ¿Por qué, entonces, si sabemos que vamos a envejecer (y por ende que vamos a morir), no invertimos en los cimientos del sistema que haga de nuestras últimas décadas unos años con calidad de vida? ¿Tiene esto sentido? ¿Tiene solución? Sentido, no tiene ninguno, pero sí muchas posibles soluciones. La principal solución pasa por un cambio del modelo social, donde se ponga en valor a las personas mayores, un sistema que garantice unos últimos años (que pueden llegar a representar más de un cuarto del tiempo sobre la tierra) de calidad y dignos. Otra medida que se debe poner ya en marcha es fortalecer el sistema de salud pública que ayude a evitar algunas de las enfermedades que asedian al ser humano durante el envejecimiento.

Y es en este aspecto donde retomamos la historia de Norma. El drama real es que casi dos décadas tras el estreno de la película, la situación de Norma hoy en día no cambiaría mucho. La enfermedad de Alzheimer progresaría de forma muy similar ¿Se podría haber evitado que Norma perdiera todos sus recuerdos en sus últimos años de vida? ¿Podríamos haber visto una película totalmente diferente? Para responder a estas preguntas, debemos profundizar en la causa de todo: el alzhéimer.

Actualmente, hay más cincuenta millones de personas en el mundo que sufren algún tipo de demencia, siendo la mayoría de los casos pacientes con enfermedad de Alzheimer. Se estima que en 2030 esta cifra superará los ochenta millones y que en 2050 afectará a más de ciento treinta y dos millones de personas.

Podemos describir a esta enfermedad como un poderoso titán que nos acechará a todos conforme envejezcamos, ya sea de forma directa o indirecta. Como si de un ser mitológico se tratara, devora nuestros recuerdos como preámbulo de nuestra muerte, nos va absorbiendo todo lo que nos hace más humanos, arranca nuestra personalidad y termina llevándose hasta nuestras propias emociones. A pesar del esfuerzo de décadas de investigación, no contamos con tratamientos eficientes contra esta monstruosa enfermedad. Puede que el problema sea que no hemos elaborado una buena estrategia para enfrentarnos y blindarnos contra ella. A día de hoy, desde diferentes puntos del mundo se ataca al titán con flechas en forma de posibles tratamientos, algunos hacen más daño que otros, pero ninguno logra vencer a la bestia. El hecho de que no se haya conseguido un gran avance nos indica claramente que debemos cambiar nuestra estrategia. Las flechas individuales serán eficaces en algún momento, estoy completamente seguro, y lo serán cuando una de ellas encuentre el punto débil del titán, ese talón de Aquiles que abra la puerta hacia un tratamiento eficaz. Pero, de momento, no hemos encontrado dicho punto débil. Una esperanza emerge si cambiamos la estrategia, pasando del ataque a la defensa.

En el año 2020 todos hemos aprendido cómo podemos protegernos de una enfermedad causada por un patógeno. Desde medidas sencillas, como mantener cierta distancia, a las medidas más drásticas tomadas hasta la fecha, que nos encerraron a todos durante meses. Pero ¿cómo podemos protegernos frente a una enfermedad de la cual desconocemos la causa? La estrategia que está emergiendo frente al alzhéimer es, en realidad, una estrategia de gran utilidad para muchas de las enfermedades que nos afectan durante el envejecimiento: la prevención. En todos estos años de lucha contra el titán, hemos aprendido muchas cosas sobre él, información valiosa sobre cómo actúa y a quién ataca. Se han identificado una serie de factores de riesgo modificables que están detrás de más del 40% de los casos de demencia y enfermedad de Alzheimer.

La comisión «Lancet para la prevención de la demencia» estudia cada año todas las investigaciones sobre prevención y causas de la demencia. Con toda esta información elabora una lista de factores de riesgo modificables, que según sus estimaciones podrían prevenir la aparición de la enfermedad (o retrasar) en millones de personas. En su último informe incluyeron tres nuevos factores de riesgo modificables, lo que engrosó la lista hasta los doce actuales, que son los siguientes: hipertensión, tabaquismo, menor nivel educativo, deterioro en la audición, depresión, inactividad física, diabetes, poco contacto social, consumo excesivo de alcohol, daño cerebral severo (como el traumatismo craneoencefálico) y contaminación del aire (estos tres últimos son los añadidos en el informe del 2020). Se trata de factores de riesgo que pueden ser modificados a través de políticas de salud pública y acción individual.

Pero para entender mejor el impacto que pueden tener estas medidas debemos viajar en el tiempo y en el espacio. Nos encontramos en el año 2009, en Finlandia, donde se inicia el que será el primer gran estudio sobre prevención del alzhéimer a través de la modificación de hábitos la vida diaria. Este estudio se conoce como FINGER, el acrónimo de Finnish Geriatric Intervention Study to Prevent Cognitive Impairment and Disability. Los investigadores reclutaron a más de mil doscientas personas entre los sesenta y setenta y siete años, todas ellas con riesgo de padecer demencia, pero con una capacidad cognitiva adecuada para su edad. Como marca este tipo de estudios, los pacientes se mezclaron y dividieron en diferentes grupos. Sobre el grupo principal se realizó una intervención de dos años, que consistió en ejercicio físico, entrenamiento cognitivo, actividades sociales, consejos alimenticios y un control de la salud cardiovascular. Tras la intervención se observó cómo el deterioro cognitivo se redujo en más de una cuarta parte de los pacientes tratados con la mejora de los hábitos de vida diaria. Incluso se observó mejora en los pacientes que tenían predisposición genética a padecer la enfermedad de Alzheimer.

La demencia y el alzhéimer son unas patología heterogéneas y multifactoriales causadas por una combinación de factores genéticos, vasculares, metabólicos, estilo de vida y —sobre todo— un factor de riesgo principal e inherente a la propia vida, el envejecimiento. Por lo que es realmente complejo obtener resultados generalizados con intervenciones de cualquier tipo. Pero estos resultados supusieron una ventana a la esperanza, ya que arrojaron pistas sobre el potencial preventivo de este tipo de intervenciones.

En los últimos años, los estudios de este tipo se han multiplicado y están surgiendo por todo el mundo. En este punto, todo indica que es posible que, si todos nos protegemos frente al titán, algunos de nosotros podríamos salvarnos. Pero se requiere de una respuesta coordinada para entender cómo debe ser esta defensa. Y eso es lo que se está haciendo. Hace poco más de tres años se creó la iniciativa World-Wide FINGERS (WW-FINGERS) que busca englobar todos los estudios sobre prevención de la demencia y alzhéimer a través de intervenciones sobre factores de riesgo modificables.

Actualmente, la red WW-FINGERS está compuesta por iniciativas que engloban a más de veinticinco países, que a su vez representan una gran proporción de la población mundial. Entre ellos varios países europeos, EE. UU., China, Singapur, India, Canadá, Australia, países de América Central y Sudamérica, como México, Argentina o Brasil. Además, la red está trabajando para incorporar otras iniciativas de países como Rusia, Irán, Israel, Camerún o Sudáfrica, entre otros. Lo cual supone que miles de personas de todo el mundo están formando parte de una gran investigación de investigaciones.

Como se ha mencionado, se trata de patologías heterogéneas y complejas. Hay múltiples factores a tener en cuenta que un solo estudio no puede abordar. Sin embargo, el trabajo en común por todo el mundo sí que puede aportar las piezas necesarias para completar el puzle. Los diferentes FINGER engloban condiciones de todo tipo, con rangos de edad que en algunos casos comienzan a los cuarenta y cinco años, personas que viven en ciudades o en el entorno rural, con diferente nivel educativo, diferente nivel económico, diferentes estilos de vida, desde personas sedentarias con fuerte riesgo de enfermedad cardiovascular a poblaciones rurales con un estado físico envidiable para su edad. Personas en riesgo de padecer la enfermedad o que ya la padecen, con condicionantes genéticos o sin ellos.

Aún estamos haciendo los planos para defendernos del titán y el desafío es grande. Se requiere de una gran interacción entre los proyectos, de un constante intercambio de información y de una coordinación global que integre todas las casuísticas de cada región y sociedad. Pero sin duda es una ventana a la esperanza.

El titán siempre vencerá, eso está claro. El envejecimiento y la muerte forman parte de la vida, y le dan el sentido necesario para que sepamos disfrutarla. Pero como sociedad, como humanidad, no debemos olvidarnos de aquellos que nos ayudaron a ser como somos ni a aquellos que algún día seremos.

Fuente: https://principia.io/2021/01/25/el-futuro-en-nuestras-manos.IjEzNDgi/

martes, 27 de agosto de 2019

La isla de Krakatoa es destruida por una erupción volcánica

Litografía The eruption of Krakatoa, and subsequent phenomena. Autores: Parker & Coward.
Litografía The eruption of Krakatoa, and subsequent phenomena. Autores: Parker & Coward.
El 27 de agosto de 1883 la isla de Krakatoa es destruida tras la erupción del volcán homónimo.

Esta isla volcánica, situada entre las islas de Java y Sumatra, al cuarto día de erupciones se produce la más violenta de todas, registrándose cuatro explosiones, siendo la última de ellas la que hace volar la isla en pedazos, acabando con la vida de 36 417 personas.

La explosión que destruyó Krakatoa se considera el sonido más fuerte escuchado en la historia, llegándose a percibir en Australia e isla Mauricio, a 3500 km y 4800 km, respectivamente. La onda expansiva se registró en todo el mundo durante los cinco días posteriores a la explosión y la ceniza generada alcanzó los 80 kilómetros de altura.

Tras el cataclismo, en 1927 surge, de la caldera formada, una nueva isla, Anak Krakatau, que en indonesio significa «Niño del Krakatoa», ubicación actual de la actividad volcánica.

En la actualidad (como se puede comprobar en el video), Anak Krakatau sigue teniendo actividad, con erupciones estrombolianas (explosiones con emisión de magma basáltico fluido seguidas de periodos de calma de duración variable) desde 1994.

 En 2008 se produjo la liberación de gases calientes, lava y rocas que obligó a los científicos a advertir del peligro de permanecer dentro de un perímetro de 3 kilómetros de la isla. Y en 2009 se elevó el estado de alerta al nivel III, ya que los científicos han comprobado que se está formando en su cráter un domo de lava de 100 kilómetros de ancho y las dos chimeneas de la cúpula expulsan gas incandescente de forma continua.

 Anak Krakatau se ha convertido en un ecosistema interesante para el estudio biológico de entornos reconstruidos desde el inicio. En cuanto a los estudio botánicos, se plantea la cuestión de si la zona quedó completamente esterilizada o no. En 1884 ya se encontraron los primeros brotes de hierba y en la actualidad, el lado oriental ha sido cubierto de árboles y arbustos que se cree que crecieron de las semillas transportadas hasta allí por el mar o las aves desde otras islas cercanas. No obstante, la vegetación ha sido gravemente dañada por las erupciones que se suceden casi cada día.


 Fuente: https://principia.io/2016/08/27/la-isla-de-krakatoa-es-destruida-por-una-erupcion-volcanica.IjM5MyI/

lunes, 11 de febrero de 2019

Voluntad heredada

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ILUSTRADO POR SR GARCÍA
Muchos años antes, Rita y Eugenia eran dos niñas que soñaban con dedicar su vida a la ciencia, a pesar de que la sociedad consideraba que su papel debía limitarse al ámbito doméstico. Quizá heredaron de aquellas primeras pioneras la férrea voluntad que las llevó a coger las riendas de su propio destino.

La prima Eugenia ha venido a pasar unos días con nosotros. Ella es solo un año menor que yo y nos gustan las mismas cosas. El verano es más divertido cuando está ella, juntas exploramos el pequeño bosque que hay detrás de casa y a veces dormimos en el jardín mientras nos contamos historias.

Mamá prefiere que nos quedemos en casa y la ayudemos con las tareas de casa, pero nos lo consiente. Cuando Eugenia no está no me queda otro remedio que obedecer.

Eugenia y yo teníamos un secreto. Algunas noches, nos escapábamos de la habitación y subíamos sin hacer ruido al despacho del segundo piso. En él, papá guarda muchos libros antiguos y polvorientos. Es ingeniero y lee mucho, así que hay libros de un montón de temas distintos, pero Eugenia y yo siempre acabábamos buscando aquellos que hablaban de medicina. Nos pasábamos horas mirando los dibujos que explicaban cómo es el cuerpo humano por dentro y descubriendo cómo los médicos intentan curar las enfermedades que afectan a las personas. Lo que más curiosidad me ha despertado siempre es cómo funciona el cerebro. Es increíble que un órgano tan pequeño sea capaz de controlar el resto de funciones del cuerpo. Me imaginaba llevando una bata blanca y estudiando entre tubos de ensayo las hermosas células estrelladas que lo componen. A Eugenia también le apasiona la medicina, aunque ella siempre acaba leyendo los libros acerca de cómo los embriones se desarrollan durante el embarazo. También se ha leído todos los libros que hablan sobre vacunas, estoy segura de que sabe incluso más del tema que algunos médicos.

Pero una noche, papá nos pilló leyendo en su despacho. Nos quitó los libros de las manos y nos dijo que las chicas no deberíamos perder el tiempo leyendo y que deberíamos aprender a hacer las tareas de la casa, para que cuando tengamos nuestro propio hogar seamos buenas esposas. Entre lágrimas le dije que yo no quería ser ama de casa —¡ni casarme!—, que quería ser médica, pero no me quiso escuchar. «La ciencia no es cosa de chicas, Rita», me dijo. Me puse furiosa y le grité que seguro que muchos de los libros de su despacho estaban escritos por chicas. Intenté recordar algún nombre, pero no pude. Nos prohibió volver a entrar en el despacho y desde entonces siempre lo cierra con llave. Aquella noche lloramos mucho: pasar las noches entre libros era lo que más nos gustaba hacer cuando estábamos juntas. Desde entonces no he podido leer ningún libro, han pasado ya tres meses, pero se me han hecho tan largos como tres años.

Ayer fue la primera vez que nos veíamos después de aquel día. Eugenia estaba sonriente, me abrazó nada más verme y me dijo al oído que tenía una sorpresa para mí. Por la noche, Eugenia se levantó, se puso a buscar dentro de su mochila y sacó un cuaderno. Al abrirlo y ojearlo me quedé boquiabierta. Cada una de las páginas tenía como título el nombre de una mujer y un dibujo hecho a mano por Eugenia de su rostro. Y debajo de cada nombre venía su formación. Matemática. Química. Bióloga. Eran disciplinas que siempre habían tenido un nombre masculino, pero ahí estaban, escritas justo al lado de nombres de mujer. «No he podido dejar de pensar en lo que nos dijo tu padre, así que he dedicado estos meses a buscarlas».

Recorrí las páginas con las manos temblorosas de emoción. De vez en cuando Eugenia me señalaba sus mujeres científicas favoritas. «Esta es Mary Somerville. La llaman la reina de las ciencias del siglo pasado. Sabía un montón de química y de matemáticas, ¡hasta predijo la existencia de Neptuno antes de que el planeta se descubriera! Era tan buena científica que la Royal Astronomical Society la aceptó como miembro a pesar de que nunca antes había aceptado mujeres. Y aquí está Mary Montagu. Sus padres le intentaron obligar a casarse con un noble mayor que ella, pero se escapó con un diplomático del que se enamoró. Gracias a sus conocimientos de medicina consiguió convencer a gente de muchos países para que empezara a vacunarse contra la viruela. Ya sabes que me encanta este tema, sin las vacunas estaríamos expuestos a muchas enfermedades… ¡Pero hay muchas más! Laura Bassi era italiana, como nosotras, y fue la primera mujer que consiguió dar clases en una universidad. Era una eminencia de la física y de la química, pero también de la enseñanza de la anatomía, y estuvo en contacto con todos los científicos importantes de la época. Y también…»

Pero mis ojos buscaban desesperadamente una palabra diferente. La interrumpí y le pregunté, con un nudo en la garganta, si también había médicas. «Sabía que me preguntarías eso. Existen, pero están muy escondidas. Encontré un libro que habla de cuatro mujeres que ejercieron la medicina en la edad Media, las mujeres de Salermo. Las cuatro impartían conferencias y escribieron tratados que ayudaron a que la medicina de la época avanzara. La más importante fue Trótula de Ruggiero, que vivió en el siglo XII y se la considera la primera ginecóloga. Estudió nuevas formas para reducir el dolor en el parto y sus descubrimientos fueron seguidos por muchos médicos de la época. Y hace no tanto tiempo, Florence Nightingale se dio cuenta de que los soldados en la guerra de Crimea morían en gran medida por las malas condiciones higiénicas. Le encantaban las matemáticas y fue la primera en aplicar la estadística para convencer a los gobernantes de que la mayoría de las muertes se debía a contagios por falta de higiene y no tanto a las heridas recibidas durante los combates. Pero estas dos son mis favoritas: Emily y Elizabeth Blackwell. Fueron de las primeras mujeres en convertirse en médicas en Estados Unidos, incluso cuando allí a las mujeres no se les dejaba ejercer la medicina.
Juntas ayudaron a crear una escuela de medicina solo para mujeres y escribieron muchos libros acerca de cómo tratar diferentes enfermedades, como el tifus». Eugenia me miró fijamente. «Eran familia y tenían un sueño: convertirse en médicas. Como nosotras». Las lágrimas empezaron a caer por mis mejillas. Creo que nunca he sido tan feliz como lo fui anoche. Porque si existen otras mujeres que no se conformaron con el destino que les tenía reservado el mundo, eso quiere decir que nuestro sueño es posible.

Eugenia y yo anoche nos hicimos una promesa. Cuando seamos mayores seguiremos los pasos de las mujeres del cuaderno. No tengo intención de ser ama de casa. Las dos estudiaremos en la facultad de Medicina, aprenderemos aún más y dedicaremos nuestra vida a investigar cómo curar a las personas y no me importa lo que papá me diga, nadie podrá convencerme de lo contrario.
Porque si ellas pudieron, nosotras también podemos.
Rita
Turín, verano de 1923
Rita Levi-Montalcini estudió Medicina en la Universidad de Turín pese a la oposición de sus padres. Pronto se interesó por el estudio del sistema nervioso y logró identificar el factor responsable del crecimiento de las células neuronales (NGF, por sus siglas en inglés). Este hallazgo fue reconocido con el premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1986. Su prima hermana, Eugenia Sacerdote de Lustig, también estudió Medicina junto a Rita en la misma universidad. Se dedicó a los cultivos in vitro en el prestigioso laboratorio de Giuseppe Levi y tras exiliarse a Argentina debido al auge del fascismo en Italia aprendió la metodología para preparar la vacuna contra la polio, enfermedad que estaba asolando aquel país. Su esfuerzo por difundir la existencia de esta vacuna y por implantarla en el sistema sanitario salvó innumerables vidas.

Ellas, como tantas otras, hicieron historia. Quizá heredaron su pasión por la ciencia de otras pioneras científicas y sus voluntades serán heredadas con toda seguridad por aquellas que están por venir.


 Fuente: https://principia.io/2019/02/11/voluntad-heredada.Ijg2OSI/

martes, 13 de noviembre de 2018

Surfeando por la banda de Möbius


https://principia.io/media/uploads/images/estela-plateada/silver-surfer_cover.jpgEstela Plateada (cuyo nombre original en inglés es Silver Surfer) es un superhéroe creado por el dibujante Jack Kirby en 1966 para la serie Marvel de Los 4 Fantásticos. Es conocida la historia de cómo Stan Lee, el guionista de la serie, cuando iba a incluir los diálogos en la historia dibujada por Kirby, se encontró con un personaje que no estaba en su argumento original. Sin embargo, también es bien sabido que Lee quedó fascinado con el personaje y lo hizo suyo, realizando diferentes historias con nuestro surfista de plata a lo largo de las décadas con dibujantes tan reconocidos como John Buscema, John Byrne o Moebius, además del propio Kirby. En la mayor parte de estas historias, Lee utiliza el personaje para una suerte de reflexión existencial, de manera que muchas de las historias con mayor carga emocional que escribió a lo largo de su carrera tuvieron a Estela Plateada como protagonista.

 Hace aproximadamente tres años, apareció una nueva serie del personaje escrita por Dan Slott y Mike Allred, en donde, de una forma muy diferente a como lo hiciera Lee, se realiza también una profunda reflexión de lo que significa un ser cósmico como Estela Plateada en un universo de ficción como el de Marvel y, sobre todo, una reflexión sobre las relaciones de un ser prácticamente todopoderoso con los seres humanos, representados, en este caso, por el personaje de Dawn Greenwood con la que Estela recorrerá el universo y entablará una relación de amor y amistad que sirve como excusa para teorizar sobre el papel del ser humano en el universo.


Estela Plateada y Dawn Greenwood. Créditos: Marvel Worldwide, Inc.
  ¿Y qué tiene esto que ver con la ciencia? Pues bien, en el número 12 de la serie americana (publicado dentro del tercer tomo de la serie española), Slott y Allred deciden realizar un experimento formal y plantearse buena parte del número disponiendo las viñetas en forma de una banda de Möbius. Esta es una superficie de una sola cara y un solo borde. Es decir, si se trata de colorear la cinta por la supuesta cara exterior al final quedará coloreada toda la cinta, por eso no tiene sentido hablar de cara interior y cara exterior. Además, si se trata de recorrer el borde con un dedo, se aprecia que en algún momento se vuelve al inicio, lo que demuestra que el borde es único. Otra propiedad muy interesante de la banda es que es una superficie no orientable, lo que significa que al desplazarse de forma paralela a lo largo de la cinta, se llegará de nuevo al inicio con la orientación invertida, es decir, que una persona que se desplace tumbada sobre una banda de Möbius mirando hacia la derecha, aparecerá mirando a la izquierda tras realizar una vuelta completa.

Banda de Möbius
  Esta figura geométrica fue descubierta de forma independiente por los matemáticos alemanes August Ferdinand Möbius y Johann Benedict Listing en 1858, debiendo su nombre al primero de ellos. Desde su hallazgo, la banda de Möbius ha fascinado por igual a matemáticos y legos convirtiéndose en una metáfora de cambio, rareza, giro y renovación. Lo curioso es que la banda de Möbius ha conseguido uno de los objetivos básicos de Principia: la unión de las llamadas dos culturas. No solo sus apariciones en matemáticas, ciencia e ingeniería han crecido exponencialmente con el paso de las décadas, sino que también ha fascinado a escritores, artistas y cineastas que han incluido la banda en sus historias de ficción.

La banda de Möbius en la ficción ha simbolizado siempre lo interminable, lo cíclico y, por tanto, sirve como una fuerte reflexión sobre el tiempo en el universo y su relación con el espacio. Así en el episodio A Contrarreloj de Star Trek: La Nueva Generación se menciona la llamada teoría de Möbius en la que determinadas decisiones pueden convertir el tiempo en algo cíclico condenando a los personajes a repetir una y otra vez los mismos eventos en un bucle sin salida. O también en la película argentina Möbius dirigida en 1996 por Gustavo Mosquera donde la red de metro de la ciudad de Buenos Aires se ha vuelto tan compleja que ni los ingenieros que la diseñaron son capaces de reproducirla. Cuando un tren se pierde, un matemático llega a la conclusión de que la complejidad de la red ha creado una banda de Möbius que el tren está recorriendo infinitamente fuera de la vista del resto del mundo. La historia, inspirada en el relato Un metropolitano llamado Möbius escrito en 1950 por A.J. Deutsch y situado en la ciudad de Boston, sirve como metáfora sobre la gente desaparecida durante la dictadura argentina.

Banda de Möbius en Promethea. Créditos: J.H. Williams III & Alan Moore
  Lo interesante de la historia de Estela Plateada que centra este artículo es que hace uso de las características propias del cómic como medio de expresión. Siguiendo el camino iniciado por Alan Moore en el número 15 de la serie Promethea, donde en una doble página los personajes recorrían una banda de Möbius de la que solo les podía sacar el lector pasando de página, Slott y Allred crean en el número 11 una disposición de viñetas que sigue también la misma forma.

 La idea planteada por los creadores de la historia es que Estela Plateada está inmerso en un bucle temporal que le hace repetir una y otra vez los mismos acontecimientos, hasta que se da cuenta de que es el libre albedrío el que puede liberarle de ese ciclo. Contado de esta manera podría ser una historia más que hace uso de la banda en su argumento. Sin embargo, la novedad que aportan Slott y Allred es que la banda no es solo parte del argumento, sino que la propia narración en viñetas está configurada en forma de banda de Möbius. La maestría narrativa de un autor como Mike Allred permite hacer uso de todo el potencial del cómic, para a través de una narración gráfica mostrar al lector lo que significa una figura geométrica de una sola cara como la que nos ocupa.

Bucle infinito de Estela Plateada en el número 11 de la serie. Créditos: Marvel Worldwide, Inc.
  Por tanto, además de una reflexión sobre el carácter cíclico del tiempo y el espacio como sucede en la mayor parte de las narraciones que se han inspirado en la famosa banda, esta historia de Estela Plateada puede considerarse una maravillosa lección de geometría, accesible incluso al lector menos versado en matemáticas. El carácter innovador a nivel formal y narrativo de este episodio sirvió para que fuera galardonado con el premio Eisner, que es —para que nos entendamos— el equivalente en el cómic a los Oscar del cine, a la mejor historia unitaria en la edición de 2015. Un gran ejemplo de la belleza de la unión entre el arte y las matemáticas.

Fuente: https://principia.io/2017/03/10/surfeando-por-la-banda-de-mobius.IjU0MCI/

lunes, 6 de agosto de 2018

Una mañana cualquiera en Hiroshima

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JOSÉ MORENO
 Debo advertiros de que esta mañana que os voy a narrar es difícilmente asimilable. Debo advertiros que ocurrió de verdad. Debo advertiros que esta es la historia de la que parecía una mañana más en la vida de Shinji Mikamo, un militar japonés residente en Hiroshima que, el 6 de agosto de 1945, decidió tomarse un día libre en sus quehaceres en el ejército. Era una mañana alegre, porque en el fondo Mikamo no soportaba la guerra. Ni al bando enemigo que había obligado a su padre a mudarse de su casa medio destruida, ni al bando japonés que endiosaba al emperador sin ningún tipo de autocrítica. Pero esa mañana cualquiera, Mikamo no tenía ganas de pensar demasiado, ni de sufrir. Solamente quería ayudar a su padre y descansar.

 «Algunos trabajos recientes realizados por Enrico Fermi y Leó Szilárd, de los cuales he sido informado en manuscritos, me llevan a esperar, que el elemento uranio pueda convertirse en una nueva e importante fuente de energía en el futuro inmediato…", ¿qué te parece como introducción, Leó?», le consultó Albert Einstein a Leó Szilárd un tanto nervioso por escribirle directamente al presidente Roosevelt. Sería una mañana corriente en la vida del físico, más concretamente el 3 de agosto de 1939. Sí, hemos dado un salto de seis años atrás en el tiempo, acostumbraos. Einstein pensó que era fundamental escribir una carta, sobre todo desde que sabía que los alemanes tenían bombas atómicas listas. Qué amarga ironía debió sentir cuando se enteró de que esa llave que regaló a los americanos nunca fue utilizada por los alemanes… por los alemanes no.

El padre de Mikamo siempre decía que «todo esto no tiene ningún sentido», cuando se percataba por milésima vez del desastroso estado de su casa. Mikamo pensaba igual, pero a sus 19 años, sabía que pensase lo que pensase estaba muy próximo a formar filas en el frente, muy lejos de su padre y su hogar. Aquella mañana, sobre las 7:45 horas, Mikamo subió a la azotea de su vieja casa a por unas tejas de barro para construirse un baño propio (todo un lujo en aquel momento). La luz de un cielo libre de cualquier rastro de nube lo encandiló. Una vez arriba, la ciudad de Hiroshima se reveló bajo sus pies como su hogar, un hogar que amaba. Precioso, magnífico, limpio… pero, aunque él todavía no lo supiese, tan volátil como las nubes que no estaban. «¡Mikamo! ¡Esas tejas! ¡No tenemos todo el día!», gritó su padre desde el piso de abajo, sin ser consciente de la razón que tenía.

Hacía calor en aquel desierto cuando se probó la efectividad de Trinity en la mañana del 16 de julio de 1945, un mes antes de toda esta historia. La luz cegadora llegó hasta Alamogordo, el pueblo cercano, y Robert Oppenheimer sonrió. «Funcionó», dijo sonriente mientras observaba aquel denso humo formar una esfera. El proyecto Manhattan había sido todo un éxito destructivo, y Opphenheimer, posiblemente obnubilado de éxito, recordó una cita de un poema hindú que no podía ser más idóneo para la ocasión: «Ahora me he convertido en la muerte, destructora de mundos». Agradeció para sus adentros a todos los científicos partícipes del proyecto, a Bohr, a Fermi, a Bethe, a Chadwick, a Szilárd… e incluso a Einstein, pólvora del asunto, aunque no fuera admitido por comunista. Ahí estaba el resultado y era terriblemente precioso.

Quiero que imaginéis ahora que os llamáis Mikamo y que el reloj de bolsillo de tu padre marca las 8:15 horas del 6 de agosto de 1945, que estáis bajando hasta el piso de abajo con unas tejas y que, entonces, en cuestión de unos segundos, ves venir una luz desde lejos. Una luz tan intensa como el sol, que ciega. Imagina que tu padre te tira al suelo y grita «¡¡¡NO TE LEVANTES, SHINJI!!!», mientras la luz llega hasta ti, abrasando todo lo que toca como si fuese puro fuego. Quiero que imagines cómo ese fuego se extiende por tu piel como si te bañases en él, cómo sientes el ardor de miles de grados, ¡miles! Quiero que imagines que se produce entonces una sordera, un pitido que no te deja escuchar nada a tu alrededor. Que estás sordo y aturdido. Que miras a tu lado derecho y ves que está ardiendo, literalmente, pero que no te duele menos que tu lado izquierdo. Que tu padre te empieza a apagar mientras gritas, aunque solo escuchas ese pitido. Que ves cómo toda esa parte de tu cuerpo tiene la piel desprendida y que cuelga, como si fuese un harapo, en las extremidades de tus dedos. Cómo ves tu propia carne sin piel, rosada. Y que transcurridos unos segundos y ese pitido, el dolor comienza a ser el más terrible de tu vida. Tu padre está bien, aunque también le duele todo el cuerpo. La pared ha frenado la luz. Imagina que te levanta a cuestas fuera a buscar ayuda. Imagina que sales de los escombros donde antes hubo una casa medio derruida, y descubres que ya no queda rastro de Hiroshima. Que no queda nada en pie. Que muchos supervivientes deambulan como almas en pena con las manos adelantadas para no tocarse el cuerpo y hacerse más daño, porque queman. Que los cadáveres avanzan de espaldas, flotando en la corriente. Imagina que de cuarenta y cinco hospitales, solo quedan tres disponibles y que no es posible mitigar tu dolor. Imagino que es duro de imaginar, imagina entonces lo que es vivirlo.

Szilárd se llevó las manos a la cabeza en otra mañana de 1945, días después de las explosiones en Hiroshima y Nagasaki. Estaba horrorizado. «Es culpa nuestra», se repetía una y otra vez, dando vueltas por el salón. Einstein lo agarró y lo zarandeó, y le dejó bien claro algo: «Contrólate, Leó, por Dios. La ciencia no entiende de política, ni de guerras. Solo de progreso. La ciencia debe ocuparse de aportar cosas nuevas, y es responsabilidad de la humanidad el cómo se utilicen. No podíamos preveerlo». Leó se tranquilizó casi a la fuerza y miró al suelo. Einstein se dio la vuelta y avanzó hacia la salida, pero antes, sin girarse, remató su discurso: «aunque juro que si hubiese sabido todo esto, me habría cortado los dedos antes de escribir esa dichosa carta».

Horas antes de toda esa locura, pero aquella misma mañana, un avión sobrevolaba el pacífico rumbo a Japón. Lo tripulaba Paul Tibbets, que había sido honrado con una de las misiones más importantes de la Segunda Guerra Mundial. «Pagaréis por Pearl Harbor», pensó Tibbets en el Enola Gay, nombre que escogió en honor a su madre, Enola Gay Tibbets. No sabía muy bien qué ocurriría al lanzar a Little Boy en Hiroshima, pero debía hacerlo por su país. Era una orden. Y punto. En este punto de la historia, debéis saber que Mikamo nunca tuvo rencor hacia Paul, porque sabía que estaba cumpliendo órdenes y que arriesgó su propia vida. Fue valiente. Y si de algo sabía el ejército japonés es de seguir órdenes a ciegas. «Dos minutos para la explosión, señor», dijo Tibbets desde el cielo despejado mientras Mikamo terminaba de recoger esas tejas.

Akiko amaba aquel lago. Eran los años ochenta y, como cada verano, la familia Mikano viajaba para pasar una temporada en la naturaleza. Tenían la costumbre de darse un baño en el lago casi cada tarde. Akiko veía normal que a su padre le faltara la oreja derecha. O las terribles cicatrices de su madre. Ella estaba acostumbrada y no le sorprendía. Los cuentos de su padre sobre una mañana cualquiera que resultó no serlo, siempre habían sido parte de ella. Aunque su viejo padre nunca había permitido que el odio la inundase, y eso la hacía sentirse ligera como un pájaro. Estaba triste y alegre a la vez porque en breve partiría a la universidad. Pero no a una cualquiera. A una universidad americana.

Szilárd se convirtió en un clarísimo detractor del uso nuclear desde aquella mañana de 1945 en la que supo lo sucedido. Permaneció así quince años, hasta que otra mañana cualquiera de 1960 le diagnosticaron cáncer. Fue entonces cuando decidió probar el cobalto 60 para curar su enfermedad. Quién sabe si lo que una vez sirvió para matar a tantos, esta vez serviría para que otros no muriesen. Sería justo. Incluso puede que pacificador.

Sería algo así como una mañana de 1989 cuando Akiko visitó el Museo de América donde su padre había donado el reloj de bolsillo de su abuelo, único recuerdo que le quedaba de él a la familia Mikamo. Estaba tan entusiasmada que le temblaban las manos, siempre había querido verlo. Pero al llegar al museo se le cayó el alma al suelo al descubrir que lo habían robado. Llena de ira llamó a su padre. Esta fue, literalmente, su respuesta: «Akiko, no los odies. Es fácil culpar a alguien cuando se sufre una pérdida significativa».


Fuente: https://principia.io/2017/08/06/una-manana-cualquiera-en-hiroshima.IjYxOSI/

martes, 5 de junio de 2018

Nacimiento de Federico García Lorca



Se cumple el 120 aniversario del nacimiento de Federico García Lorca, poeta y dramaturgo andaluz. Fue en Fuente Vaqueros, provincia de Granada, en el seno de una familia acomodada.

Particular desde joven y siempre buscando ambientes intelectuales que satisficiesen sus inquietudes, es por eso que en la Residencia de Estudiantes encuentra compañeros y amigos que mantendrá durante su breve vida.

Defensor del teatro para las clases populares en la Segunda República codirige junto con Eduardo Ugarte el grupo de teatro universitario La Barraca, con el fin de acercarlo a todo el mundo.

Entre sus obras destacamos Yerma, Bodas de sangre y La casa casa de Bernarda Alba en teatro y en poesía Poema del cante jodo, Romancero Gitano o Poeta en Nueva York.

Un creador de imágenes, ha introducido en nuestra cultura nuevos significados poéticos de gran fuerza para los símbolos de sus piezas, enraizados fuertemente en su cultura andaluza muy presente en su obra. La luna podría considerarse el símbolo más representativo del autor. La luna trae la muerte, como se pone de manifiesto en el tercer acto de Bodas de Sangre o en el Romance de la luna (Romancero Gitano). También se la vincula en menor medida al erotismo. Lo gitano se vincula en su obra al espíritu andaluz y se relaciona con dos de sus temas fundamentales: el amor y la muerte.

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye la luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado...


Más información: https://principia.io/2017/06/05/nacimiento-de-federico-garcia-lorca.IjU3OCI/

martes, 6 de marzo de 2018

Valentina Tereshkova



¡Hoy es el cumpleaños de la ingeniera y cosmonauta Valentina Tereshkova! La primera mujer en viajar al espacio cumple 81 añitos ¡Felicidades!

Fuente: https://twitter.com/principia_io?lang=es

lunes, 9 de enero de 2017

Imaginando a Lewis. Imaginando a Charles.

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ILUSTRADO POR ROCA MADOUR



—Entonces debes decir lo que piensas —siguió la Liebre de Marzo.
—Ya lo hago. O al menos… al menos pienso lo que digo… Viene a ser lo mismo, ¿no? —preguntó Alicia.
—¿Lo mismo? ¡De ninguna manera! ¡En tal caso, sería lo mismo decir «veo lo que como» que «como lo que veo»!


Imagino a Charles Lutwidge Dodgson levantándose a las siete de la mañana, en un invierno de Octubre, a media hora del amanecer inglés. Lo imagino despertándose en ese punto en el que no sabemos muy bien si es de día o de noche. Un punto interpretable, difuso, ambiguo… de estos que, imagino, él tanto disfrutaba.

Imagino al profesor recorriendo las calles de Oxfordshire, camino a la universidad, divagando entre números y formas. Entre verdades y mentiras. También entre las letras de algunos poemas. Era matemático, especializado en geometría, pero amante del álgebra. Adoraba la lógica, que era una mezcla entre la filosofía y las matemáticas. Le apasionaban los acertijos y los problemas. Necesitaba la literatura de aventuras, pero más aún la poesía. En sus ratos libres era hasta fotógrafo. En fin, imagino que debía tener demasiado sobre lo que divagar y que esto, supongo, debía convertir en todo un desafío aquello de mantener la cordura. Algunas veces lo conseguía y otras, al parecer, le era imposible.

 —¡Vaya! —se dijo Alicia—. He visto muchísimas veces un gato sin sonrisa, ¡pero una sonrisa sin gato! ¡Es la cosa más rara que he visto en toda mi vida!

 Imagino, a pesar de todo, a un Charles absolutamente metódico ajustándose la pajarita en la puerta de la universidad, adentrándose en su aulario y aclarándose la voz. Lo imagino diciendo algo así: «Bienvenidos a la asignatura de Geometría. Mi nombre es Charles Lutdwig y seré vuestro profesor». Imagino que su pasión desmedida por la ciencia y su increíble intelecto, le permitían concentrarse en aquella clase de aquel miércoles de aquel octubre. En eso y solamente en eso.

 Imagino a Charles volviendo a casa tras su jornada laboral, divagando de nuevo, solo que con la mente cansada. Lo visualizo bajando del tranvía, entrando en casa y quitándose una pajarita que le producía una cierta presión en el cuello. Le veo sentado en su silla, agotado, mirando la foto de una niña pequeña ligera de ropa llamada Alice. Una foto bastante indecorosa. Imagino que conscientemente indecorosa, pero quién sabe.

 Me gustaría saber cuántas millas he descendido ya —dijo Alicia en voz alta—. Tengo que estar bastante cerca del centro de la Tierra. Veamos: creo que está a cuatro mil millas de profundidad…

Imagino a Charles abriendo una libreta vacía y librándose de una carga, desatando una locura, desenfrenado en pleno arrebato. Imagino entonces, con bastante claridad, cómo nace Lewis Carroll. Nace, supongo, cada noche. Una y otra vez, sin falta. Nace como una forma de estampar toda su incontinencia mental contra un papel. Una forma de respirar y, al final, de sobrevivir.

Imagino el choque que supone en la cabeza del escritor su ciencia y su arte. Imagino a Lewis luchar contra Charles, sin éxito. Una y otra vez. Imagino el momento clave en el que comprende que es imposible separarse de sí mismo. Que él es el único que se extirpa y se cose de nuevo. Que lo hace por unas pasiones que son más gigantes que los gigantes de sus historias. Que está harto de ser grande un día, para ser diminuto al siguiente. Lo imagino entonces reconciliándose consigo mismo, trabajando en equipo aun siendo una sola persona. Toda una contradicción, de esas que él tanto adoraba.

—¡Ten cuidado, cinco! ¡No me salpiques de pintura!
—No es culpa mía —respondió cinco, en tono dolido—, siete me ha dado un golpe.
—¡Muy bonito, cinco! ¡Échale la culpa a los demás de todo!


Imagino a Lewis regocijándose en la demencia tras la máscara de un sombrerero, reclamando a Charles cuándo había que darle lógica a lo ilógico. O cuándo había que desafiar a la lógica mediante acertijos aparentemente ilógicos, hilados desde una mente matemática experta que escondía muy bien sus secretos en ellos. Preguntándose, tal vez bajo los efectos de algún estupefaciente, en qué se parece un cuervo a un escritorio. ¿En qué se parece? Me lo he preguntado mucho, pero no parece haber respuesta. Pero, ¿y si la hubiera?

Imagino a Lewis soltando la pluma, exhausto pero volviendo a respirar a un ritmo pausado. Como el que corre una maratón, comenzando con fuerzas pero llegando a meta sin una gota de energía. Sintiéndose feliz, o algo similar. Lo imagino acostándose con la sensación de pesar varios kilos menos. Entrando con timidez en esa zona fronteriza que separa el sueño y la realidad, imagino a Lewis —y al sombrerero, y a la reina, y al conejo— cerrando los ojos.

Veamos: cuatro por cinco doce, y cuatro por seis trece, y cuatro por siete… ¡Dios mío! —exclamó Alicia— ¡Así no llegaré nunca a veinte! De todos modos, la tabla de multiplicar no significa nada. Probemos con la geografía. 

Imagino cómo, a la mañana siguiente, es Charles quien abre los ojos a las siete y quien sale de casa, dejando a Lewis solo entre sus maravillas, ideando su nuevo libro El juego de la lógica, y exclamando constantemente:  «Vuelve pronto, Charles, aquí te necesitamos más que en ningún otro sitio…».              


Fuente:      http://principia.io/2017/01/09/imaginando-lewis-imaginando-charles/   

miércoles, 2 de diciembre de 2015

El retorno de los fagos




 
 
Todos los excesos acarrean consecuencias. Tras décadas de abuso de los antibióticos, tanto en el ámbito clínico como en la producción de alimentos, hemos llegado a un momento de crisis. Se han generado tantas bacterias resistentes a los tratamientos antibióticos que están poniendo en jaque nuestra capacidad de pelear contra infecciones bacterianas. Ante este panorama, podríamos estar viviendo el renacimiento de una vieja terapia antimicrobiana cuyo esplendor se remonta a principios del siglo pasado: la fagoterapia.

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A lo largo de gran parte del siglo XX y lo que llevamos del XXI, la terapia con antibióticos ha sido la principal defensa utilizada frente a infecciones bacterianas. Desde el descubrimiento de la penicilina en 1928, se han usado los antibióticos de modo inapropiado y excesivo en hospitales y también en granjas. Esto ha conducido a una situación crítica en la que la eficacia de los antibióticos se ha visto muy reducida. La aparición de cepas resistentes y multirresistentes como el MARS (Staphylococcus aureus resistente a meticilina), BLEE (Enterobacterias productoras de betalactamasas), Acinetobacter baumanii, entre otras, ponen en riesgo el modo en que hemos tratado las infecciones hasta ahora.

Es esta situación la que ha vuelto a poner sobre la mesa una terapia utilizada en el siglo pasado y que la llegada de la terapia con antibióticos hizo caer en el olvido: la fagoterapia, o lo que es lo mismo, el tratamiento de infecciones bacterianas mediante bacteriófagos.

¿Qué es un bacteriófago?
Los bacteriófagos (también llamados simplemente fagos) son virus que infectan exclusivamente a bacterias. Su presencia es ubicua en todo tipo de ambientes (en algunos, como el agua de mar, se cree que están infectando hasta al 70% de las bacterias marinas), y presentan dos fases en su ciclo infeccioso: fase lítica y fase lisogénica. En la primera fase, la bacteria infectada muere por rotura (lisis) al liberarse las nuevas copias virales. En la segunda fase, el fago se mantiene en el interior de la célula a la que infecta durante un tiempo indeterminado, recibiendo el nombre de profago. Una vez que el genoma del fago se inserta en el material genético de la bacteria, el profago se extiende a las siguientes generaciones del huésped con cada replicación celular y al darse las condiciones adecuadas, abandona el estado latente y entra en ciclo lítico, destruyendo a la célula infectada en su salida.

¿Es la fagoterapia una posible solución?
Un viejo proverbio árabe dice que el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Aplicado al caso de la fagoterapia, ¿por qué no usar contra las bacterias que causan infecciones los virus específicos que actúan sobre ellas? Este es precisamente el fundamento de la fagoterapia como tratamiento antimicrobiano.
Aunque ahora se plantea su uso en el futuro más inmediato, la fagoterapia es una técnica que dista de ser nueva. Las primeras referencias proceden de principios del siglo XX, cuando Félix D´Herelle acuñó el propio término «bacteriófago» y vislumbró su posible uso contra infecciones bacterianas. Después de años de investigación, este médico franco-canadiense y sus colaboradores trataron a un niño de doce años aquejado de disentería bacteriana aguda con una preparación de fagos (que habían probado en ellos mismos previamente) y el resultado fue positivo: el niño se curó. La fagoterapia entraba en una época dorada; las investigaciones se reproducían por todo el mundo, y uno de los colaboradores de D´Herelle, Giorgi Eliava, fundaba un instituto de investigación de la fagoterapia en Georgia. Este instituto fue referencia mundial durante décadas y la fagoterapia continuó su expansión; se afinaron los métodos  de purificación y producción en numerosos institutos como el Pasteur, y algunas farmacéuticas llegaron a comercializar sus propias mezclas de fagos. Esta progresión continuó hasta 1941, año en que empezó a comercializarse la penicilina. Impresionado por el antibiótico descubierto por Fleming, occidente empezó a olvidarse de la fagoterapia, que sin embargo sobrevivió en el Bloque del Este, especialmente en la Unión Soviética, que siguió utilizando durante décadas bacteriófagos como terapia antimicrobiana.

¿Qué ventajas y desventajas presenta la fagoterapia?La fagoterapia presenta grandes ventajas. Tiene una amplia y rápida acción bactericida y además, el número de fagos se incrementa durante el curso del tratamiento por su propia naturaleza reproductiva. Capaces de afectar mínimamente a la propia flora bacteriana natural, también presentan una gran capacidad de disgregar un biofilm bacteriano (la capa de colonias bacterianas adheridas a una superficie) y su toxicidad suele ser muy baja. Por no hablar de la experiencia de décadas de uso en la Unión Soviética: la hemeroteca soviética cuenta con miles de artículos que podrían ser de ayuda en las nuevas investigaciones. Hay referencias sobre el uso de fagos para tratar infecciones oculares, otitis, fibrosis quística, infecciones pulmonares, urinarias, etc. También existen referencias al uso de la fagoterapia en el tratamiento de animales de granja, especialmente útil para las infecciones transmitidas por los alimentos.

La cuestión es, si es tan perfecto, ¿dónde está el problema? En primer lugar, existe una gran desconfianza hacia las investigaciones realizadas por la Unión Soviética. La mayoría de ellas están escritas en ruso y por tanto fuera de las principales revistas especializadas. Dejando de lado esta traba, más de política que de ciencia, existen dudas reales de que la fagoterapia pueda sustituir completamente a la terapia basada en antibióticos. También se duda de la supervivencia de los fagos y su persistencia en determinadas superficies corporales. Además, su eficacia podría verse afectada por determinados ambientes, especialmente en el exterior de la célula. También, existe cierta preocupación en cómo eliminar  los fagos tras el tratamiento de la infección, así como la posible aparición de bacterias que se vuelvan resistentes a los propios fagos. Todo ello por no hablar de la repercusión que podrían tener en los tratamientos los virófagos, partículas víricas que inhiben la replicación de los bacteriófagos.

Los desafíos que se presentan son muchos. Por ello, es necesario comprender mejor la ecología de la relación fago-bacteria, así como mejorar la metodología (selección de fagos virulentos y de la mejor mezcla de fagos para cada paciente, etc.) o el modo en que el tratamiento con fagos puede afectar al paciente, y el comportamiento de los mismos durante y después de la aplicación. Algunas voces apuntan a que la gestión de los derechos de propiedad sobre los fagos por parte de la industria farmacéutica podría presentar ciertas complicaciones a la hora de elaborar terapias basadas en este sistema. No parecen ser, de todos modos, obstáculos insalvables para convertir a la fagoterapia en una alternativa eficaz y quizá también complementaria al uso de antibióticos.

El tiempo nos dirá si la fagoterapia ha vuelto del pasado para quedarse.


Más información:  http://principia.io/2015/09/14/el-retorno-de-los-fagos/

sábado, 26 de septiembre de 2015

Ojos para lo infinitesimal

Recuerdo que la primera vez que vi usar aceite en un microscopio simple durante una práctica en el bachillerato, no podía entender el sentido de tratar un objetivo como si fuese un tomate en ensalada. Pero todo tenía su explicación…


Ilustración:  Mariona Rodríguez (@Merionsita)

…y para ser exactos, la cantidad de aceite usada era mínima, tan solo una gotita de un aceite de enebro sin utilidad culinaria, colocada entre la punta del objetivo y la lámina de cristal que cubría la muestra. Este es de esos artificios usados en microscopía que siempre han llamado mi atención. Sí, incluso en técnicas de microscopía óptica avanzadas, la mejor resolución se sigue obteniendo usando objetivos de inmersión, en aceite, glicerinas o en agua. Podría decirse que esa gota actuaba como una gafa para el objetivo.

¿Cómo podía ser que un sistema óptico tan complejo necesitase una gota de líquido para poder ver bien? Me parecía una guasa, pero no lo era, existía una muy buena razón para ello, que tiene el pintoresco nombre de apertura numérica (abreviado en inglés: NA). Este parámetro depende del índice de refracción del medio entre la muestra y el objetivo. Es decir, de la relación numérica entre los ángulos de incidencia y refracción de un haz de luz que lo atraviesa. También depende de la distancia focal mínima a la que puede operar el objetivo, que es estimada como el ángulo máximo que un rayo de luz procedente de la muestra puede tener para entrar en el objetivo.
Simplificando un poco estos conceptos, se podría decir que, en general, la NA determina la resolución de un objetivo. Un objetivo con elevada NA tiene más resolución que otro con menos, y aunque a primera vista pudiera pensarse que un objetivo con más aumentos debe tener más NA, no siempre es el caso, de hecho, los aumentos (magnificación) del objetivo no intervienen en las ecuaciones que determina la resolución. Básicamente, un objetivo con elevada apertura numérica es capaz de captar más luz procedente de la muestra, al margen de cuál sea su aumento.

Ernst Abbe ya lo determinó en el siglo XIX: cuanta más luz procedente de la muestra se captara por el objetivo, más precisa sería la imagen observada. Sin embargo, la luz que sale de la muestra se dispersa debido a la difracción. Dado el tipo de lente y la separación de aire entre ambos, muchos de los haces luminosos procedentes de la muestra nunca entran en el objetivo. El uso de aceite con un índice de refracción alto, similar al de la lente, hace que la difracción sea menor, compactando los haces de luz y permitiendo que una mayor cantidad de luz entre en el objetivo. Por ello, los objetivos que no usan aceite son más cómodos de operar, pero tienen aperturas numéricas más bajas y resoluciones menores que los «pringosos» objetivos de inmersión.


Esquema de la dispersión de la luz procedente de la muestra en un objetivo sin y con aceite. Fuente: Daniel Moreno.

Así pues, unas simples gotas de aceite, glicerina o agua en la punta de un objetivo parecen un precio razonable a pagar por un aumento significativo en la resolución. Sin embargo, los objetivos de inmersión tienen poca profundidad de campo, es decir, la franja nítida por delante y por detrás del punto enfocado es muy estrecha. Además, tienen una distancia de trabajo (distancia del objetivo a la muestra) muy corta, de manera que solo funcionan con muestras extraordinariamente finas, con un grosor del orden de decenas de micrómetros. Por ello es importante sopesar cual es la resolución que se necesita.


Imagen de un campo con cuatro células tomada en un microscopio de fluorescencia con un objetivo de inmersión. La imagen de la izquierda esta tomada sin aceite y la de la derecha con aceite. Las células son verdes porque les hacemos sintetizar una proteína verde fluorescente llamada GFP, de otro modo serían transparentes y sería mucho mas difícil verlas. Fuente: Daniel Moreno.

En óptica, la resolución se entiende como la distancia mínima a la que deben encontrarse dos objetos para que puedan verse como objetos separados. El límite de resolución teórica fue propuesto por Ernst Abbe en microscopía y por John Rayleigh en astronomía. Ambos criterios son prácticamente similares (aunque casi siempre se usa el de Rayleigh) y muestran que la resolución depende de la longitud de la onda de la luz usada para observar y de la apertura numérica del sistema óptico. El límite de resolución de la microscopia óptica convencional ronda los 0,2 micrómetros. Es decir, usando el mejor microscopio óptico con el objetivo con mayor apertura numérica posible y su correspondiente gotita de aceite, seremos capaces de ver como independientes dos objetos microscópicos que se encuentran separados por una distancia poco mayor que un virus del resfriado. 
Ese límite teórico de entre 200 a 222 nanómetros, conocido como límite de difracción, ha dado mucho de sí. Todavía hoy, la mayoría de los que usamos a diario microscopios, solo necesitamos alcanzarlo en contadas ocasiones. Normalmente, un rápido vistazo con un objetivo de aire será suficiente para saber de qué humor están hoy las células con las que trabajas o cómo les ha sentado lo que les has hecho en tu último experimento. No en vano, muchas de las macroestructuras que alberga una célula se descubrieron bastante antes de que la tecnología pudiese alcanzar o  incluso rebasar el límite de difracción. Mucho antes de tener la fuerza para ir más allá ese límite, hubo que usar mucha maña para lidiar con la común y uniforme transparencia de la vida a nivel microscópico. Pero eso son historias que serán contadas en otra ocasión.



Fuente: http://www.principia.io/2015/08/31/ojos-para-lo-infinitesimal-iii-gotas-de-sabiduria/