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martes, 20 de abril de 2021

Groenlandia y el Ártico: nueva fiebre de conquista

Groenlandia tierras raras

 Groenlandia puede frenar una de las minas de tierras raras más grandes del mundo. La izquierda ecologista ha ganado las elecciones con la promesa de detener el proyecto de Kvanefjeld (Quieniefiel). La decisión final depende de los pactos de gobierno, pero la mayoría de los groenlandeses, dicen los sondeos, no quieren mina por los riesgos medioambientales. Del yacimiento se sacaría uranio, pero también neodimio, usado en los vehículos eléctricos. Cada motor de un Toyota Corolla, el híbrido más vendido del mundo, carga un kilo de neodimio. Los coches Eco limpian el aire agujereando la tierra.

Las tierras raras son el oro de Groenlandia, que necesita el dinero de la metrópoli Dinamarca para sostener este protoestado de cincuenta y seis mil habitantes. Los ingresos de la mina pagarían la independencia total de esta gran isla de hielo. El calentamiento global está despejando el paso hacia lugares antes inaccesibles, como la mina en disputa. Ocurre en todo el norte del planeta. Un carguero cruzó el Ártico en febrero, lo que nunca antes había ocurrido a esas alturas del año. El deshielo está descubriendo un nuevo mundo, describe el periodista Marzio Mian: casi un planeta en nuestro patio trasero.

Las potencias se están disputando el Gran Norte. China está detrás de la mina de Groenlandia; Rusia está modernizando sus bases en el Ártico y estaría probando armas, como un torpedo de nombre Poseidón. Estados Unidos cree que también tiene derecho a mandar sobre el Ártico. En Groenlandia ya cuenta con la base de Thule y Trump llegó a especular con comprarse el territorio. No sería algo inédito. Alaska fue rusa hasta que el zar se la vendió a Washington por siete millones de dólares. Luego llegó la fiebre del oro que relató Jack London, y los hombres murieron de frío y avaricia.

Groenlandia fue poblada por inuits y vikingos. Según la leyenda, Eric el Rojo la llamó Greenland, tierra verde, para atraer con engaños a nuevos colonos. En la serie Vikingos fabulan con los primeros escandinavos. El personaje Ketil, obsesionado con ser rey, pierde la cabeza cuando una ballena queda varada en su parcela y se niega a compartirla con el resto de colonos, que están hambrientos y luchan por ella. Su hijo muere, pero Ketil gana la batalla. Y ríe enajenado porque ser rey es más importante que la vida. Solo le acompañan el llanto desesperado de su esposa y el cadáver putrefacto de la ballena.

Fuente: https://lasoga.org/groenlandia-y-el-artico-nueva-fiebre-de-conquista-14-de-abril/

jueves, 8 de abril de 2021

Rosalía de Castro: luces y negras sombras

Rosalía de Castro, ilustración Luisa Carnés

 Soportó la invisibilidad implícita en el hecho de ser mujer en un mundo de hombres. Gritó con el alma letras que fueron menospreciadas e ignoradas. Reivindicó el valor de lo propio, la necesidad de apreciar aquello que nos define. Conjugó miles de voces silenciadas al unísono. Convirtió el gallego, idioma desprestigiado hasta el momento, en un arma de creación literaria e hizo a Galicia resurgir culturalmente. Reivindicó el papel de las mujeres, su derecho a ser libres. Abrió el camino por el que hoy transitamos.

María Rosalía Rita de Castro, nació en la capital gallega el 24 de febrero del año 1837. Hija de un sacerdote y una mujer (soltera) de la alta sociedad, fue inscrita en el registro civil como criatura de «padres incógnitos». Gracias a su madrina en el bautismo, María Francisca Martínez, la que era sirvienta de su madre, se libró de entrar en la Inclusa. Fueron, sin embargo, las hermanas de su padre, José Martínez Viojo, quienes se hicieron cargo de la pequeña hasta que su madre, María Teresa de la Cruz de Castro y Abadía, reclamó su tutela tiempo después, cuando los rumores y habladurías sobre ella se habían disipado casi por completo. Poco se sabe de esos primeros años de vida, salvo que vivió en una aldea llamada Castro de Ortoño, perteneciente al municipio coruñés de Ames; donde respiró en primera persona la rudeza de las condiciones de los labriegos gallegos (algo que, posteriormente, reflejaría en su obra)

Se desconoce el momento en el que Rosalía se instaló en Santiago capital junto con su progenitora, pero se estima que rondaba entonces el año 1850. Años, los vividos en la capital, en los que Rosalía se adentró en la vida cultural compostelana, participando entre otras múltiples actividades en el Liceo de la Juventud (donde se daban cita intelectuales como Eduardo Pondal o Aurelio Aguirre). Años, esos, probablemente decisivos.

Cuando los calendarios marcaban el año 1956, Rosalía trasladó su residencia a Madrid. Concretamente a la casa de un familiar cercano, ubicada en la calle Ballesta. Apenas dos años más tarde, contrajo matrimonio con el también escritor Manuel Murguía, con quien mantenía una estrecha relación desde años atrás. Fueron muchos los lugares en los que de Castro y Murguía, con motivo de la inestabilidad laboral y las actividades profesionales de este último, vivieron a lo largo de su vida. Madrid, Simancas, Santiago, A Coruña… El matrimonio tuvo siete hijos. Sin embargo, dos de ellos, Adriano Honorato y Valentina, no cumplieron el año de vida.

A pesar del vaivén vivido (en cuanto a lo que asentamiento geográfico se refiere), en la recta final de su vida, Rosalía no salió de su querida Galicia. Desde 1875 y hasta su muerte, vivió en Padrón. Sin embargo, no lo hizo en el pazo familiar, conocido como La Casa grande de Arretén, en el que vivió parte de su infancia; algo que causó en ella una evidente nostalgia. Murió muy joven. Es de sobra conocido que Rosalía nunca gozó de buena salud. De hecho, su médico, el catedrático Maximino Teijeiro, le dedicó un libro nombrándola «su eterna enferma». En el año 1883, el cáncer de útero que padecía comenzó a consumirla. Luchó contra la enfermedad dos años. Murió el 15 de julio de 1885, a los 48 años de edad. En su casa, al cuidado de su hija Alejandra. Su cuerpo fue enterrado al día siguiente en el cementerio de Adina (al que, curiosamente, la autora dedicó una composición). Sin embargo, el 15 de mayo de 1891, su cuerpo fue exhumado y sepultado en el Panteón de Galegos Ilustres del Convento de Santo Domingo de Bonaval, en Santiago de Compostela.

«…recibió con fervor los Santos Sacramentos, recitando en voz baja sus predilectas oraciones. Encargó a sus hijos quemasen los trabajos literarios que, ordenados y reunidos por ella misma, dejaba sin publicar. Dispuso se la enterrara en el cementerio de Adina, y pidiendo un ramo de pensamientos, la flor de su predilección, no bien se lo acercó a los labios sufrió un ahogo que fue comienzo de su agonía. Delirante, y nublada la vista, dijo a su hija Alejandra: «abre esa ventana que quiero ver el mar», y cerrando sus ojos para siempre, expiró…», escribió el abogado y político gallego Augusto González Besada sobre la muerte de la escritora. Lo curioso es que desde la casa de Rosalía en Padrón, no se podía ver el mar y que, en la obra de la escritora, el mar aparece como ese lugar idóneo para poner fin a la vida de manera voluntaria.

Co seu sordo e costante mormorío

atráime o oleaxen dése mar bravío,

«Neste meu leito misterioso e frío

-dime-, ven brandamente a descansar».

El namorado está de min… ¡o deño!,

i eu namorada del.

Pois saldremos co empeño,

que si el me chama sin parar, eu teño

unhas ansias mortáis de apousar nel.

(Fragmento de Follas Novas)

«El patrimonio de la mujer son los grillos de la esclavitud»

Rosalía fue, durante su vida y a nivel literario, casi invisible. El mundo la cercó en una jaula. Oscura e invisible. Pagó, claro, el precio de ser mujer en un mundo de hombres. Sus letras, casi imperceptibles hasta su muerte, ofrecen un testimonio en primera persona de ello. «Porque todavía no les es permitido a las mujeres escribir lo que sienten y lo que saben», dejó escrito en el prólogo de La hija del mar, una de sus primeras novelas en prosa, en la que la autora defiende los derechos de la mujer en la vida intelectual y reivindica el empoderamiento femenino. «Posible me sería añadir que mujeres como Madame Roland, cuyo genio fomentó y dirigió la Revolución francesa en sus días de gloria; Madame Staël, tan gran política como filósofa y poeta; Rosa Bonheure, la pintora de paisajes sin rival hasta ahora; Jorge Sand, la novelista profunda, la que está llamada a compartir la gloria de Balzac y Walter Scott; Santa Teresa de Jesús, ese espíritu ardiente cuya mirada penetró en los más intrincados laberintos de la teología mística; Safo, Catalina de Rusia, Juana de Arco, María Teresa de Austria y tantas otras cuyos nombres la historia, mucho más imparcial que los hombres, registra en sus páginas, protestaron eternamente contra la vulgar idea de que la mujer sólo sirve para las labores domésticas y que aquella que, obedeciendo tal vez a una fuerza irresistible, se aparta de esa vida pacífica y se lanza a las revueltas ondas de los tumultos del mundo es una mujer digna de la execración general».

La obra de Rosalía habla, entre otras muchas cosas, de mujeres. De las pobres, de las excluidas, de las abandonadas. De esas «viudas de vivos y muertos que nadie consolará». A través de una mirada crítica, exigente y rompedora. Con pasos firmes, que hicieron camino y, sobre todo, dejaron huella.

«Jamás ha dominado en mi alma la esperanza de la gloria, ni he soñado nunca con laureles que oprimiesen mi frente. Sólo cantos de independencia y libertad han balbucido mis labios, aunque alrededor hubiese sentido, desde la cuna ya, el ruido de las cadenas que debían aprisionarme para siempre, porque el patrimonio de la mujer son los grillos de la esclavitud. Yo, sin embargo, soy libre, libre como los pájaros, como las brisas; como los árabes en el desierto y el pirata en el mar».

(Fragmento de Lieders)

Siglo XIX. ¿Mujer, pluma bidireccional (castellano y el desprestigiado gallego) con una clara vocación por narrar, reivindicar y dar voz a realidades a las que apenas se presta atención? Estaba, inevitablemente, condenada a ser ignorada. Era, de algún modo, una intrusa. Así lo creyeron en su momento los escritores Leopoldo Alas y Armando Palacio Valdés, quienes no incluyeron a la autora en el libro La Literatura en 1881 en el que, a finales de siglo, recopilaron las voces de la literatura del momento. ¿Qué pintaba una mujer en los círculos intelectuales? Nada, claro, pensaban. Más de quince obras, encabezadas por las reconocidas Cantares Gallegos y Follas Novas que, sin embargo, carecieron de reconocimiento en vida.

Obras que nadaron sin pena ni gloria y que, hoy, se consideran cumbres. Un antes y un después en la literatura. Una consagración. El símbolo del pueblo gallego. El rostro del resurgir. El reflejo de la vida rural. De la minoría silenciada. La mano valiente, responsable de convertir el gallego en una poderosa arma. La personificación del intimismo. El modernismo. El costumbrismo. La voz, reflexiva, capaz de cantar con acierto a los miedos, a las negras sombras, a la muerte, al amor, a la soledad, a la tristeza o a la rudeza. Capaz de conjugar la vida con letras.

Al oír las canciones

que en otro tiempo oía,

del fondo en donde duermen mis pasiones

el sueño de la nada,

pienso que se alza irónica y sombría

la imagen ya enterrada

de mis blancas y hermosas ilusiones,

para decirme: -¡Necia!, lo que es ido

¡no vuelve!; lo pasado se han perdido

como en la noche va a perderse el día,

ni hay para la vejez resurrecciones…

¡Por Dios, no me cantéis esas canciones

que en otro tiempo oía!

(Fragmento de En las Orillas del Sar)

El prestigio y valor post mortem de la obra de Rosalía llegó en parte, gracias a la generación del 98. Sobre todo a reconocidas figuras como Azorín, Unamuno o Juan Ramón Jiménez; quienes la tildaron de innovadora y precursora del modernismo español y la reconocieron como una creadora «afín a su espíritu». A través de las referencias a ella en sus escritos, su obra literaria se extendió por el resto de España y cruzó el charco hasta América Latina.

Cando penso que te fuches

negra sombra que me asombras,

ó pe dos meus cabezales

tornas facéndome mofa. Cando maxino que es ida

no mesmo sol te me amostras

i eres a estrela que brila

i eres o vento que zoa. Si cantan, es ti que cantas

si choran, es ti que choras

i es o marmurio do río

i es a noite, i es a aurora.

En todo estás e ti es todo

pra min i en min mesma moras,

nin me abandonarás nunca,

sombra que sempre me asombras.

(Fragmento de Follas Novas)

Hoy, sus obras se traducen a idiomas como el francés, el ruso, el japonés o el alemán. Hoy, se considera una de las figuras más destacadas del Rexurdimento gallego. Hoy, se sitúa, junto con Bécquer, como la precursora de la poesía moderna española. Hoy, no es aquella sombra que fue en vida. Hoy. Demasiado tarde. Para ella. Y, también, para todos nosotros. ¿Qué sería de la literatura, o incluso del mundo, si autoras como Rosalía de Castro no hubiesen sido «mujeres, intrusas en un mundo de hombres», sino simples plumas vistas con los mismos ojos que sus colegas?

Fuente: https://lasoga.org/rosalia-de-castro-luces-y-negras-sombras/

jueves, 9 de abril de 2020

Un virus con clase – 8 de abril


El virus que nos mata y nos encierra nació en un sucio mercado chino y de chinos que comen animales salvajes. Murciélagos, pangolines. No está demostrado, pero la fake news es cierta en Occidente. Tranquiliza. Es calmante la imagen del oriental asilvestrado devorando seres que Dios no creó para la alimentación. Saturno en vírico. Pero Dios sí congregó a unos fieles en Corea del Sur que fueron el principal foco de la pandemia en ese país. Seúl, con todas sus apps y sus contenciones modélicas, todavía hoy tiene que pedir a los líderes de las sectas religiosas que dejen de reunir a la grey. Lo que Dios junta sí lo tiene que separar el hombre, si quiere vida en esta tierra.
 
El poeta Federico se fijó en el cielo de Nueva York porque en su aurora veía cuatro columnas de cieno y un huracán de negras palomas. Chapoteaban las aguas podridas. Nueva York lleva más de un siglo rascando el cielo como si así pudiese despojarse del lodo. Estos días valora crecer hacia el suelo para enterrar ahí a sus muertos: diez ataúdes en línea de zanja. Una solución temporal, digna y ordenada, explica el alcalde. No sería en Manhattan sino en la isla de Hart, emplazamiento habitual para los hijos de la pobreza. Los americanos son muy de respetar las clases: no como en la España roja y rota del poeta Federico, donde las fosas comunes se abrían por ideología o fe.
 
La lucha de clases que no existe y que ganan los millonarios de Wall Street, como dice Warren Buffett, se comprueba estos días en Central Park. Los Samaritanos han levantado un campamento para enfermos de tos letal porque los hospitales para pobres no dan abasto. Se han colocado en la pradera más cercana al Monte Sinaí, una mole de cristal y acero privada y lujosa, con más aspecto de banco que de hospital. De hecho da dinero (doscientos millones al año) y le mira las cuentas Ernst & Young: sus gestores presumen de lo poco que se queda la gente en el hospital. Noticia: el capitalismo mide el grado de civilización por el volumen de la cartera.
 
Cuando pase el virus se contarán sus verdades. Por el momento se sabe que la peste se ha hecho rica en manifestaciones, misas, residencias de ancianos, gimnasios y call centers. La era de las multitudes debía encontrar su némesis. Lo cual no significa que nada vaya a cambiar radicalmente. Nunca se sabe con el caballo desbocado de la Historia. En los años veinte de hace un siglo, sobre los restos de la Gran Guerra y la Gripe española, germinó la idea de saneamiento social y racial. Los nazis crecieron a lomos de aquel jinete pálido. Y tenían medicinas, como la aspirina de Bayer, la misma empresa que luego fabricaría el gas Zyklon B con el que Hitler quiso exterminar a gays, gitanos, comunistas, y a todo el pueblo de Sión, favorito de ese Dios despistado.
 
 Fuente: https://lasoga.org/un-virus-con-clase-8-de-abril/
 

lunes, 17 de febrero de 2020

Libre albedrío: ¿realidad o ficción?

La mayoría sentimos que nuestra vida avanza conforme las decisiones que tomamos. En función del entorno social, podemos vernos más o menos coaccionados, pero en último término somos nosotros quienes decidimos. Nuestro futuro es una ramificación de elecciones y en función de estas tejemos el camino. Pero, ¿y si todo fuera una ilusión? Tenemos la sensación de que tomamos decisiones, pero esa percepción de la realidad puede ser errónea. Con este breve artículo buscamos dar un punto de vista alejado de los eternos debates filosóficos sobre la materia, existiendo otras disciplinas que se han planteado la misma cuestión y han llegado a sus propias conclusiones.


 El mecanicismo que dominó buena parte del siglo XX percibía el mundo como resultado de la interacción de las diferentes entidades del mundo material. En este modelo, el principio de causalidad de todo suceso quedaba determinado por la física clásica, lo que chocaba directamente con la libertad humana, pues el libre albedrío no podría darse en un marco donde la acción no venía dada por la elección, sino por una relación causa-efecto predefinida. Pierre-Simon Laplace creó una entidad ficticia conocida como el Demonio de Laplace para explicar este fenómeno, conocido a su vez como determinismo causal o cientifico. Según él, si este ser tuviera el conocimiento de la ubicación exacta en un momento determinado de cada átomo del universo, podría obtener sus valores pasados y futuros gracias a la mecánica clásica, proveniente de las leyes de Newton. Obviamente, obtener este conocimiento de todas las partículas del universo está fuera de nuestro alcance y tampoco existe un Demonio de Laplace al que vender nuestra alma para solicitárselo. Lo importante de esta idea es entender que, de obtener estos datos, podríamos conocer la evolución pasada y futura de estas partículas. Esto quiere decir que no existe el azar, que el futuro está predeterminado.

«Una inteligencia que un momento determinado conociera todas las fuerzas que animan la naturaleza, así como la situación respectiva de los seres que la componen, si además fuera lo suficientemente amplia como para someter a análisis tales datos, podría abarcar en una sola fórmula los movimientos de los cuerpos más grandes del universo y los del átomo más ligero; nada le resultaría incierto y tanto el futuro como el pasado estarían presentes ante sus ojos». Pierre-Simon Laplace

Quizás es más asumible aplicar este razonamiento a los fenómenos meteorológicos, a la trayectoria de los cuerpos celestes o al movimiento de las placas tectónicas, pero ¿son acaso distintas las conexiones neuronales? Las sinapsis nerviosas, al igual que las pilas comunes, tienen lugar debido a una serie de procesos químicos y eléctricos; neurotransmisores y potenciales de acción en las primeras, e hidróxido de potasio y corriente continua en las segundas. En conclusión, los cálculos matemáticos utilizados para prever lo que tardará en rotar Mercurio alrededor del Sol, pueden usarse para predecir el comportamiento humano.


Muchas personas no comulgaban (ni comulgan) con esta visión determinista del mundo. La capacidad de elegir es el rasgo particular que marca la línea divisoria entre nosotros y el resto de los animales. ¿Es asumible su pérdida? Algunas religiones teístas como el cristianismo instan a que obremos bien, a que elijamos el camino correcto discerniendo entre el bien y el mal. ¿Qué lógica tendría que estas decisiones estuvieran predeterminadas? ¿Tendría sentido una recompensa o castigo si no podemos elegir? Credos más recientes como el liberalismo tienen sus cimientos aposentados sobre la libertad del individuo, defendiendo esta en todas sus vertientes (económica, política, social, etc.). ¿Qué ocurriría si la premisa básica no fuera real? René Descartes expuso con el dualismo cuerpo-alma una clara diferencia: se debe hacer una escisión entre el soma y la psique, la cual no está sujeta a las leyes físicas. De acuerdo con esto, las decisiones no están condicionadas de antemano y las leyes newtonianas solo podrían aplicarse a aspectos puramente somáticos y no conductuales. El alma es lo que hace que el libre albedrío vuelva a ser nuestro rasgo característico.

Sin embargo, la ciencia más reciente no apoya estas visiones, pues se ha comprobado que la estimulación eléctrica de nuestro cerebro condiciona las acciones (y por tanto decisiones) posteriores. Así pues, la decisión es resultado de un proceso interno que no es decidido; la iniciativa que creemos tener al escoger no es tal, pues tampoco nosotros iniciamos intencionadamente este proceso.

El quid de la cuestión radica en ser capaces de confrontar nuestro propio sentimiento de libertad. Si te preguntan por qué haces lo que haces, dirás que porque así lo eliges, porque eres libre. Pero la libertad no puede resumirse (aunque es cotidianamente entendida de esta manera) como la capacidad de actuar según nuestros deseos. Un animal sediento desea beber y bebe. Aun si pudiéramos elegir nuestros deseos, estos no son más que sensaciones resultantes de reacciones químicas y, desde luego, no son libres. Se podría creer que es libre albedrío decidir no comer pese a tener hambre, pero si mi pensamiento es el de no comer aún con hambre, ese pensamiento es fruto de una respuesta química predeterminada y la percepción de libertad un significado que le hemos dado a esta sensación. Ir en contra del instinto de autoconservación o del principio de placer de Freud no nos hace libres, pues no somos inalterables y nos adaptamos a las circunstancias. La flexibilidad cognitiva permite que una norma general no se convierta en absoluta, pero es la bioquímica quien lo decide; además, dicha flexibilidad no implica libre elección. Un ordenador puede presentar un abanico de posibles respuestas a un problema, siendo una más adecuada que las demás en términos de tiempo o consumo energético, entre otros. Sin embargo, al tratarse de un sistema flexible, la Inteligencia Artificial (IA) puede dar varias resoluciones al conflicto presentado. Si esta IA no es autónoma (y de serlo tuvo que programarse), la decisión la determinan los comandos que ingresemos en la consola de control. En el caso de los seres humanos, esos comandos que inician (y no al revés) el proceso de decisión no son libres, pues no podemos controlarlos al igual que no podemos controlar los movimientos peristálticos del estómago.


Se ha comprobado en varios experimentos la existencia de actividad neuronal antes de que el paciente tome una decisión. El escáner cerebral puede detectarla incluso antes de que el paciente manifieste su elección, antes de desear lo que hará después. Y aunque efectivamente toma una decisión, esta no es tal y como nosotros la entendemos. La reacción bioquímica nos hace sentir que deseamos algo, y ante este estímulo interno respondemos llevando a cabo la acción que queremos, pudiendo satisfacer o no el deseo que inicia el proceso. Dentro del abanico de opciones posibles elegimos, por eso creemos actuar con libertad.

Algunas instituciones han empezado a rentabilizar estos descubrimientos, como la Agencia de Defensa estadounidense DARPA, que dio luz verde en el año 2013 a la iniciativa BRAIN (Brain Research through Advancing Innovative Neurotechnologies), con la que se han desarrollado los primeros implantes cerebrales para mejorar la memoria. Estos dispositivos generan impulsos eléctricos que replican el mecanismo biológico por el cual se forman los recuerdos. Con el paso de los años la tecnología se ha ido afinando, dando lugar a un nuevo programa de aplicación militar conocido como TNT (Targeted Neuroplasticicty Training) que busca optimizar el rendimiento de los soldados. También se han utilizado para tratar exitosamente trastornos como la depresión, entre otros.
Como vemos, las decisiones libres que creemos tomar no son más que la interpretación romántica de un suceso que escapa a nuestro control, pero perfectamente modificable y controlable por fuerzas externas si estas tienen el conocimiento necesario. Los seres humanos necesitamos darle un significado a nuestros actos, y admitir que somos meros algoritmos puede resultar inadmisible e incluso insultante.

«La palabra sagrada «libertad» resulta ser, al igual que «alma», un término vacuo que no comporta ningún significado discernible. El libre albedrío existe únicamente en los relatos imaginarios que los humanos hemos inventado». Yuval Noah Harari.

Fuente: https://lasoga.org/libre-albedrio-realidad-o-ficcion/

jueves, 21 de marzo de 2019

¿A qué huele el fascismo?

Resultado de imagen de Ayelet Shaked

 La ministra de Justicia de Israel se rocía con un perfume llamado fascismo en un anuncio electoral. ¿A qué huele el fascismo? A Ayelet Shaked le huele a democracia. Lo que «no va a gustar demasiado a los izquierdistas», concluye el spot: derecha bella, aromatizada; frente a izquierda fea y sucia de arrabal. La ministra se ha grabado posando divina para seducir con su plan de intervención de la justicia. «La constitución israelí da una ventaja a la democracia que debe ser equilibrada para darle poder al judaísmo», ha dicho Shaked: guapa, rica y sin complejos, esa forma cursi de llamar al fascismo que ya no se esconde para ir a las elecciones.

Shaked lleva cuatro años de ministra de Netanyahu, que va a las urnas en abril. Las encuestas avanzan que ganará la coalición de ultraderechistas y sionistas que ahora gobierna «la única democracia de Oriente Medio». Así le gusta promocionarse a Israel, convertido con Netanyahu en un «Estado Judío», eso de lo que habla su responsable de Justicia: «debemos mantener una mayoría judía en Israel aunque el precio sea la violación de derechos», ha dicho la ministra perfume. Israel tiene muro para los palestinos y verjas para los africanos en el Sinai. Lo que sea para evitar una «conquista progresiva de África». La democracia cree en Dios y en la piel blanca.

Israel y Estados Unidos comparten pasión por los muros y el Viejo Testamento. Su alianza tiene raíces pero con Trump y Netanyahu se ha afianzado hasta lo carnal. Tiene tradición militar. Armas: 30.000 millones en armamento USA en los últimos diez años. Y algo más: Israel es, desde hace treinta años MMA, acrónimo en inglés para «Aliado importante no-OTAN». Eso significa protección y proyección de intereses. No hace falta estar en el Atlántico Norte para ser de la OTAN. Colombia ya es MMA. Y lo será pronto el Brasil de Bolsonaro, que antes de ayer balbuceaba en Washington su alegría por compartir con Trump «familia y Dios», y una agresiva agenda de privatizaciones.

Los gobiernos de Brasil y Colombia, y también una cierta derecha en Venezuela, son devotos del Israel que están construyendo Ayelet Shaked y Benyamin Netanyahu: de oro y martillo, dinero y uniformes. Ahora que estamos en el «crepúsculo del socialismo», ha dicho Trump, es la hora de líderes «temerosos de Dios», como Bolsonaro. O como la ministra de perfume fascista de Israel. «El formateo se reanudará después de este vídeo», bromea el clip de Joe Crepúsculo. Cate Blanchett dice sí a todo y estalla la bomba atómica. La música para adultos que se toca en todas las riberas del gran Atlántico tiene una belleza siniestra que votamos.

domingo, 1 de julio de 2018

1990 Un punto azul


 A más de quince mil millones de kilómetros de distancia (quince millones de veces mil kilómetros, vertiginosos cuando uno se imagina multiplicados por quince millones aquellos viajes de diez horas entre Gijón y Benidorm apretujado entre sus hermanos en la parte de atrás de un viejo Renault 5 de maletero rebosante), la sonda Voyager 2 continúa, sin prisa pero sin pausa, flotando lánguida y solemne contra un fondo negro cuajado de estrellas, un solitario viaje sin rumbo ni final hacia las profundidades abisales del universo conocido. Chapotea ya en la heliofunda, la cáscara de gas cuatro veces más ancha que la órbita de Neptuno que es la frontera última de nuestro sistema solar, y que Ed Stone, científico del proyecto Voyager, compara con el flujo del agua de un grifo en el interior de un fregadero. «El punto donde el flujo de agua impacta contra el fondo (explica Stone), eso es el Sol. Desde allí, el agua fluye hacia el exterior formando una fina y perfectamente radial extensión de agua: eso es el viento solar. A medida que la capa de agua (o el viento solar) se expande, se hace más y más delgada, y ya no puede presionar con la misma energía. De repente, se forma un flojo anillo turbulento. Ese anillo es la heliofunda».

Ahí, en ese Benidorm galáctico que la luz emitida desde la Tierra tarda unas veinte horas en alcanzar, bracean los dos Voyager, monitorizados por la decena de investigadores de la NASA que aún se ocupa de escuchar sus cada vez más débiles emisiones. Para 2020, calculan, las Voyager habrán enmudecido definitivamente, pero seguirán viajando, mecidas como veleros abandonados por ignotas galernas interestelares.

En el interior de las dos sondas fueron colocados dos discos gramófonos de oro, con grabaciones de sonidos e imágenes de la Tierra seleccionadas por un comité de expertos dirigido por el popular cosmólogo y divulgador Carl Sagan.

La música de las esferas de Kepler, La consagración de la primavera de Stravinsky, la quinta sinfonía de Beethoven, El cóndor pasa, el Johnny B. Goode de Chuck Berry, una selección de percusión senegalesa, una canción de iniciación para las niñas pigmeas, varios cantos tribales polinesios, la sirena de un barco, el rugido de un tractor, los balidos de un rebaño de ovejas, el aullido de un lobo, la risa humana y un mensaje en código Morse fueron considerados adecuadamente representativos de la riqueza sonora de nuestro planeta e incluidos en los discos. Respecto a las imágenes, fueron elegidas ciento dieciséis, entre ellas la de una abarrotada calle paquistaní, la de la construcción de una casa amish, la de una vendimia francesa, la de un ciclista soviético, la de Jane Goodall y sus chimpancés, un mapa anatómico de los órganos sexuales humanos y una hermosa estampa de un río de Wyoming corriendo entre bosques de pinos ante una fila de cumbres nevadas recortadas contra un cielo cuajado de nubes de tormenta. Jimmy Carter y Kurt Waldheim, presidente de los Estados Unidos y secretario general de la ONU en aquel momento respectivamente, grabaron sendos discursos dirigidos a las hipotéticas sociedades extraterrestres que podrían encontrar el mensaje. El de Carter dice: «Éste es un regalo de un pequeño y distante mundo, una muestra de nuestros sonidos, de nuestra ciencia, de nuestras imágenes, de nuestra música, de nuestros pensamientos y de nuestros sentimientos. Esperamos que algún día, después de haber resuelto los problemas que enfrentamos, podamos unirnos a una comunidad de civilizaciones galácticas». El de Waldheim es una declaración de paz que algunos denunciaron como siniestramente incoherente con el pasado nazi del speaker.

Los buenos días en más de cincuenta idiomas vivos y muertos (de la a de acadio a la uve doble de wu) y una declaración en esperanto de la voluntad de vivir en armonía con todos los pueblos del cosmos redondearon lo deliciosamente absurdo de la selección. Here Comes the Sun, de Los Beatles, no fue añadida a ella porque, aunque los componentes del ya exquinteto se mostraron entusiasmados con la idea, la discográfica EMI se opuso. Parece que los derechos de autor sobrevivirán a la humanidad.

Veintitrés años y nueve mil millones de kilómetros después, detenido en la primera de las tres o cuatro aduanas astronómicas que marcan la frontera entre los dominios del Sol y los del resto del universo, el Voyager se detuvo y se dio la vuelta, como un Orfeo de hojalata, para fotografíar un amplio sector del cosmos en el centro del cual titilaba tímidamente una minúscula luciérnaga azul, de 0,12 píxeles de diámetro. La imagen fue tomada con el filtro más oscuro y la exposición más corta posible (unos cinco milisegundos) a fin de que la luz solar, poderosa aun a tales distancias, no la velase. En aquel mismo momento, en el velódromo de Horta, en Barcelona (España), la quinientosbillonésima parte de dicho punto azul (la quinientosbillonésima parte de la décima parte de un píxel) deleitaba a los asistentes a su concierto arrancando un famosísimo guitarreo antes de comenzar a cantar que en lo más profundo de Luisiana había una cabaña hecha de tierra y de madera en la que vivía un chico de pueblo que nunca en su vida aprendió a leer ni a escribir, pero que podía tocar la guitarra como quien repica una campana.

jueves, 14 de junio de 2018

Fascismo normalizado en una Europa a la deriva


Matteo Salvini se ha hecho mundialmente famoso como ministro del Interior de Italia cumpliendo una promesa electoral: ha cerrado los puertos del país a los barcos emigrados de Libia. Cinco millones y medio de italianos votaron a su lista de racistas y fascistas. Hoy que ven alejarse el Aquarius de sus costas pueden cantar Victoria como ha hecho su líder. La ultraderecha europea jalea a Salvini. Marine Le Pen ha elogiado al líder de La Liga por su «firmeza». Y Viktor Orban, el primer ministro de Hungría al que aplaudían hasta hace no mucho en las convenciones del PP europeo, ha dicho que por fin hay alguien en Europa con «fuerza de voluntad».

La voluntad es un concepto muy querido por el fascismo. Leni Riefenstahl le hizo una película, El triunfo de la voluntad, una de las grandes piezas de propaganda nazi cuando Hitler llevaba un año en el poder. El arte, siempre inocente. Como las palabras. Al neofascismo le gusta ahora llamarse «derecha alternativa», alt-right, en gringo infantil. Uno de sus ideólogos, Stephen Bannon, Rasputín de Trump ahora degradado, se paseó hace unas semanas por Europa para dar lecciones al Frente Nacional, a la civilizadísima derecha suiza, a los ultras húngaros y al fascio italiano. En Lille dijo que había que llevar con orgullo las medallas del racismo porque «la historia está de nuestro lado».

El racismo une a los distintos fascismos europeos pero, últimamente, también el sionismo. La historia y sus caprichos. El secretario general del Frente Nacional ha visitado recientemente Israel invitado por el Likud, el partido del primer ministro Netanyahu. Lo mismo ha hecho el líder de Vlaams Belang, el partido filofascista flamenco al que estos meses se puede ver fundiendo su bandera con la estelada. El holandés Wilders viaja a Israel con honores y hasta Alternativa para Alemania dice que la democracia francotiradora israelí es su modelo para Europa: la civilización amenazada por el Islam. Y bien armada contra sus practicantes.

Para dejar que un barco se hunda en el mar sin que duela mucho a la conciencia conviene deshumanizar a sus ocupantes. Migrantes. Ocurre lo mismo con los muertos al otro lado de la alambrada. Terroristas. El general Westmoreland aseguraba que los vietnamitas no sentían la muerte de un ser querido de la misma manera que un estadounidense. Por eso podía quemarlos vivos sin alterar su paz de espíritu. El fascismo y la guerra necesitan su cuota de racismo. «Los rusos no ríen», «los chinos no son como nosotros». Ezra Pound, el gran poeta fascista, sentía desconcierto cuando observaba de cerca las costumbres de los hombres. Esa gente que anda por ahí, a la deriva.



sábado, 21 de abril de 2018

Macron y Dios: el presidente de Francia quiere recuperar el valor de «lo sagrado», o sea, de la Iglesia católica


 El presidente de Francia quiere reparar el vínculo roto con la Iglesia católica. Son palabras de Emmanuel Macron, ni de izquierdas ni de derechas pero católico de confesión. Cree que la República que nació para ser laica le debe mucho a los hombres y mujeres de fe. Así se lo ha confesado a los obispos franceses: según Macron, un presidente de la República cumple su función cuando se interesa por lo sagrado, eso que empujó recientemente a un policía a intercambiarse por un rehén de un yihadista. O lo que encendió el ardor guerrero de Juana de Arco, primero hereje y luego santa. Macron se prepara para los cincuenta años de mayo del 68 poniéndole una vela a Dios.

Emmanuel Macron cumplirá en mayo un año en el poder. Lo está celebrando con los obispos, disparando misiles a Siria y diciendo en el Parlamento Europeo cosas como que hay que escuchar «la cólera de los pueblos». No se refiere a la cólera de los ferroviarios (esos que le están haciendo una huelga semanal porque les quiere privatizar la empresa. O a la ira de los pensionistas, que tendrán que pagar más impuestos para financiar su «Revolución») como se titula, precisamente, su autobiografía política. No. La cólera que describe el presidente francés es esa que lleva a la gente a no leer Le Monde y a votar a «populistas». La que crea, según él, una guerra civil en Europa.

Europa puede ser la salvadora de este pueblo encolerizado, cree el presidente de Francia, pero para eso hay que hacer reformas. Aquí las ideas de Macron no son tan brillantes como las palabras y su neoliberalismo militarista prosigue la senda que lleva a miles de trabajadores a preguntarse si la recuperación era esto. Precariedad, bajada de sueldos y menos derechos. De ahí tal vez la llamada a la religión, a ese bálsamo sobrenatural que pone en el reino de los cielos la verdadera vida después de un valle de lágrimas. O de los caídos, como el de España. La cruz cura pero también vigila. Es salvación y memoria: de quién manda, quién muere y quién se ha ganado el derecho al panteón.

La basílica del Sagrado Corazón es uno de los monumentos más visitados de París. Corona la colina de Montmartre, ideal panorama selfie. Sacré-Coeur se construyó en 1871, después de la revolución de la Comuna de París, como expiación de los pecados revolucionarios. El año pasado, un ciudadano propuso demolirla porque era un insulto para los muertos de la represión con que fue aplastado aquel sueño no utópico. Su propuesta fue vetada porque iba contra un «patrimonio histórico». ¿Qué necio se atrevería a negar que la religión forma parte de la historia? O del presente. Opio tan útil para enjuagar la sangre que se escurre entre bellos discursos.

domingo, 8 de abril de 2018

Los ‘Naufragios’ de Cabeza de Vaca

Digna de un best seller o el guion de una superproducción, la biografía de Álvar Núñez Cabeza de Vaca parece una fantasía, una novela de aventuras, y superaría a la de cualquier héroe de la literatura contemporánea en cuanto a sufrimiento, valentía, ingenio, paciencia y poca fortuna. Fue un antihéroe, un hombre de orígenes humildes que emprendió un periplo para conquistar tierras, honor y riquezas, y que en su viaje recorrió un camino interior que le hizo tener piedad por aquellos a quienes tenía que considerar enemigos, hasta el punto de perder todo, ser encarcelado y terminar sus días sumido en la pobreza por defenderlos.

Busto Cabeza de Vaca

 No era su peculiar nombre un seudónimo ni un apodo, pues ni mucho menos tenía la fisionomía de su rostro el aspecto de un bóvido. Más bien al contrario, como Juan de Ocampo describiría: «animoso, noble arrogante, los cabellos rubios y los ojos azules y vivos, barba larga y crespa, mozo de treinta y seis años (edad se estima contaba en el momento de partir a La Florida), agudo de ingenio, era Álvar un caballero a todo lucir. Las mozas del Duero enamorábanse de él y los hombres temían su acero». En verdad, su apellido materno tiene origen tras la batalla de Las Navas de Tolosa, en 1212, cuando un pastor indicó al ejército cristiano un sendero por donde emboscar a los almohades, que se retiraban, señalado por un cráneo de buey. Tras el éxito de la maniobra el rey Alfonso VIII de Castilla otorgó al pastor, de anterior nombre Alhaja, el título hidalgo por bondad de costumbres de Cabeza de Vaca.

Siglos más tarde uno de sus descendientes, Álvar Núñez Cabeza de Vaca nació en Jerez de la Frontera, se sospecha que en la última década del XV, incertidumbre debida a que en la época aún no existían registros de nacimiento. Fue hijo de un matrimonio de hidalgos de buen pasar, pero contando aproximadamente con ocho años de edad, sus padres fallecieron dejándole al cuidado de una tía. Cuenta de sí mismo que recibió cierta educación elemental: aprendió a leer y escribir y a hacer cuentas básicas, algo poco habitual en la sociedad española de la época y aún más insólito en América.

Ilustracion Cabeza de Vaca Dícese de él que fue un muchacho inquieto y con dieciséis años, mintiendo sobre su edad, se alistó en los tercios del ejército español. Fue a la Guerra de Italia (disputa entre Fernando el Católico y Carlos VIII de Francia, que quería hacerse con el Reino de Nápoles)  y participó bajo las órdenes de El Gran Capitán de las primeras grandes victorias españolas en Europa, las que comenzaron a fraguar el imperio español europeo. Después de varios años en Italia, tras ser herido en la batalla de Ravena, fue enviado a Castilla, donde participó en la guerra contra los comuneros castellanos, solapándose esta rebelión con una nueva guerra contra Francia, que había invadido Navarra. Nunca querría regresar a Nápoles, de cuya población dijo, equiparándola con los indios guaraníes, «toda es gente de guerra y poco fiar y tienen tanta astucia para guardarse de sus enemigos como si fuesen criados en plena guerra». Estas tempranas experiencias convirtieron al joven Álvar en un hombre que sabía manejar las armas y desenvolverse en un campo de batalla a la perfección. No obstante y quizás debido a esa inquietud que demostraba, hacia 1521 se dio cuenta de que el ejército no colmaba sus expectativas en parte porque, después de tanto recorrido y al no pertenecer a ninguna familia noble, no había obtenido puesto de ascenso y  seguía siendo un simple hidalgo.

Así que abandonó el ejército y consiguió, gracias a sus estudios, entrar a servir como camarero mayor del duque de Medina Sidonia, en esos momentos y sin duda alguna, el hombre más rico de España. Existe registro de que en 1522 Álvar Núñez contrae matrimonio. Poco se sabe de su esposa y poca relevancia tuvo ya que, como veremos, Álvar pasó la práctica totalidad de su vida fuera de España. Durante seis años trabajó como hombre de confianza del duque, pero de alguna extraña manera aquel puesto de relevancia, que le podía haber facilitado riquezas y una vida muy acomodada, no le satisfizo.

Expedicion Cabeza de Vaca

 El primer viaje a América
 En 1527 llegó a sus oídos que se estaba preparando una gran expedición militar, una misión de conquista. La dirigía Pánfilo Narváez, un hombre del que se dice era un completo imbécil, pero que estaba emparentado con la alta aristocracia castellana y contaba con mucha influencia y dineros. Había colaborado en la conquista de Cuba y Jamaica, ganándose el favor del gobernador Diego Velázquez de Cuellar, otro inepto que le había mandado en 1518 a capturar vivo o muerto al rebelde Hernán Cortés, una misión en la que fracasó. Según relató el propio Cortés, al poco de desembarcar en Veracruz fue capturado por un grupo de guerreros del reino de Texcoco y Narváez y, para salvar su vida, entregó cobardemente a quinientos miembros de una caravana de su expedición, que fueron sacrificados en rituales mexicalis.

Recomendado por el duque de Medina Sidonia, de quien se había ganado favor, Álvar consigue el puesto de tesorero mayor de la expedición. Esta tenía por objeto la conquista de Florida, un territorio prácticamente desconocido a pesar de su cercanía con La Española, debido a que todas las expediciones que allí se habían dirigido habían terminado en tragedia. Era una zona pantanosa y de manglares, sin puertos naturales, azotada por periódicos huracanes y terribles tempestades. Una península donde era difícil obtener agua dulce, sin apenas tierras aptas para el cultivo y habitada por tribus altamente hostiles y muy agresivas a que las anteriores flotillas no habían podido hacer frente.
 Sobre el papel, la expedición contaba con altas posibilidades de éxito. Más de seiscientos soldados se embarcaron en las cinco naves de Pánfilo de Narváez, lo que para la época era un ejército invasor en toda regla, muy superior por ejemplo al que Hernán Cortes utilizó para conquistar Tenochtitlán. Llegaron a Cuba y durante varias semanas estuvieron acuartelados esperando que pasara la estación de huracanes. Hubo una epidemia en que murieron decenas de soldados y doscientos más desertaron, mermando en mucho el original ejército, hasta dejarlo en cuatrocientos tripulantes, casi la mitad de los que habían salido de España. Era el preludio del desastre que los aguardaba.

En 1528 llegan a la Florida y siguen encontrándose con dificultades. Los indios atacan los esquifes a flechazos apenas intentan tomar tierra y no encuentran río navegable que les permita acceder al interior del territorio. El capitán Narváez, inspirado por anteriores gestas, decide entonces, muy erradamente, desmantelar las naves en que viajaba y construir con los materiales barcazas de poco calado con que poder adentrarse en los manglares. Apenas terminadas de calafatear, una violenta tormenta hundió las barcazas ahogando a muchos de los tripulantes y arrastrando a la playa a cientos de náufragos, sin armas, madera, herramientas, ni alimentos. Los nativos aprovecharon para realizar sucesivos ataques y emboscadas sobre los invasores y los pocos que no resultaron muertos fueron hechos esclavos. Entre ellos, Álvar Núñez Cabeza de Vaca.

indiansfirearrowsSeis años de esclavitud
 Dice del periodo en que estuvo sometido a esclavitud que fue un auténtico suplicio. Sufrió malos tratos, comía las sobras de los perros, se le encargaban los trabajos más penosos y cambió varias veces de amo, pero se impuso a estas adversidades con una capacidad de supervivencia sorprendente. Cuenta que terminó siendo cedido a una especie de chamán o curandero que viviría un poco más alejado del poblado. Álvar comenzó a distinguir las plantas sanadoras, se instruyó en diferentes rituales y danzas para ahuyentar malos espíritus, aprendió el idioma y comenzó a convertirse así en algo más que un simple esclavo, casi integrado entre los nativos, empezando a ganarse su confianza. No obstante, nunca abandonó el deseo de recobrar la libertad. «Hube de quedar con estos últimos indios más de un año, y por el mucho trabajo que me daban y mal tratamiento que me hacían, determiné huir de ellos y dirme a los que moran en los montes, que se llaman los de Charruco, porque yo ya no podía sufrir la vida que con estos otros tenía.» Aprovechando un descuido de su dueño, un día decidió que debía volver con los suyos. No podía huir hacia el este o el sur, ya que se toparía con el mar y terminaría siendo nuevamente cazado. Sabía que sus captores comerciaban con otras tribus del norte, ya que el mismo Cabeza de Vaca había intervenido en varios trueques, y que en aquella área no había asentamiento español, así que también descartó esa idea. Solo le quedaba una opción. Si bien no sabía exactamente dónde se encontraba, ni conocía remotamente el territorio (nunca antes pisado por un europeo) al que se enfrentaba, pensó que si se dirigía hacia el oeste tarde o temprano terminaría llegando a Nueva España, el actual México.

Indios Seminolas

El peregrino chamán europeo
Llevaba tiempo caminando, subsistiendo gracias a algunos intercambios que hacía con aquellas tribus que no eran hostiles, y que por ser mercader le respetaban: «Con mis tratos y mercaderías entraba tierra adentro todo lo que quería, y lo principal de mi trato eran pedazos de caracoles y conchas con que ellos cortan». Cerca de la desembocadura del río del Espíritu Santo, ahora llamado Mississippi, se encontró con unos indios quevenes que le dijeron que más adelante y al otro lado del río había tres hombres como él, que resultaron ser miembros de su expedición, dos españoles y un esclavo negro, que habían corrido su misma suerte y también consiguieron escapar por las mismas fechas. Uno de ellos era Alonso del Castillo Maldonado, hijo de un noble empobrecido de Salamanca, que había hecho carrera militar para acabar alistándose en la expedición de Narváez con grado de capitán. Le acompañaba Andrés Dorantes de Carranza, también Salmantino de Béjar y con igual rango, y el esclavo de este último, Estebanico, también llamado Esteban el Negro, del que Cabeza de Vaca dijo «era negro alárabe natural de Azamour (actual Azemmour, en la costa atlántica de Marruecos, pocos kilómetros al sur de Casablanca)». Fue, casi con seguridad, el primer africano en pisar tierra continental estadounidense.

Los cuatro decidieron seguir el plan de Álvar para intentar llegar a Nueva España. «Yo les dije que mi propósito era pasar a tierra de cristianos, y que en ese rastro y busca iba.» Llevaban pocas semanas caminando, según cuenta en su  relato, cuando los emboscaron y volvieron a hacer prisioneros. Ocurrió que, al llegar al poblado de sus captores supieron que el hijo del jefe estaba enfermo de gravedad y los chamanes de la tribu no habían conseguido mejorar su salud con ritual alguno. Estaban nuestros protagonistas encerrados y bajo vigilancia, creyendo que había terminado su fortuna y  pronto se les daría muerte, y en su desesperación se pusieron a rezar en voz alta. Los indios, al escucharles orar creyeron que estaban realizando algún tipo de conjuro mágico y al ser preguntados Cabeza de Vaca vio una oportunidad y respondió que sí, y les contó que había sido aprendiz de un chamán. Fue llevado a la choza donde se hallaba el moribundo príncipe indio y relata que, intentando ganar tiempo, se puso a rezar todo lo que recordaba haber visto hacer a los sacerdotes en la misa, a persignarse, a danzar como viera a su antiguo dueño curandero, a ponerle compresas de hierbas y ungüentos, y  a hacer todas las pantomimas que se le ocurrieron. Y ocurrió, por pura casualidad, que durante la puesta en escena de tan extravagante ritual bajó la fiebre del enfermo y comenzó a restablecerse, a hablar y a ingerir alimento. Imagínense la reacción de los supersticiosos miembros de la tribu, que pasaron de tratar a los prisioneros como condenados al patíbulo a considerarlos seres poderosos capaces de curar lo que ni sus propios chamanes habían podido.
CabezadeVacaPortada 
 Cambió el estatus de los cuatro hombres y se les permitió, tal vez por temor al poder mágico que poseían, proseguir su viaje sin ser molestados por el territorio. Como suele ocurrir, los rumores corren más que las propias personas y estos se suelen ir agrandando y exagerando con el boca a boca. Cabeza de Vaca descubrió que allí por donde pasaran eran esperados con ansia para ejercer su magia con los enfermos y eran recibidos como ilustres por las diferentes tribus. Se inventaron un complejo ritual con que actuar ante los enfermos a que eran conducidos. Teatralizaban cada vez más sus actos y su fama de extranjero con grandes poderes se fue acrecentando cada vez más en el viaje hacia el oeste. Tanta fama de hombre sobrenatural adquirió que muchos de los supuestamente sanados comenzaron a seguirlos, en una especie de peregrinar junto a un hombre santo, hasta alcanzar varios cientos de discípulos. La admiración de los indios propició por un lado que Cabeza de Vaca tomara a una india como esposa, con la que se sabe tuvo dos hijos, y por otro que los seguidores, sabedores de que el Maestro gustaba de las piedras preciosas, comenzaran a agasajarlos con piezas de oro y plata, diamantes y diversas gemas, que para ellos no tenían más valor que el ornamental. «Los indios que tienen casa de asiento, y los de atrás, ningún caso hacen de oro y plata, ni hallan que pueda haber provecho de ello.» 

En 1536, cerca del río Sinaloa, se toparon con una expedición española. Álvar se adelantó hacia el comandante de la expedición seguido de aquellos cientos de indios y se identificó. A pesar de sus explicaciones, y de haber el capitán Diego de Alcaraz dado su palabra de «ir a dar a los indios a los que les enviábamos asegurados y de paz, regraciándoles el trabajo que con nos habían pasado», al ver aquel numeroso grupo el comandante al frente ordenó el ataque sobre estos. Cuenta Álvar con gran tristeza y apreciable desacuerdo que aquello fue una masacre y un rapto injustificado: «… los cristianos nos enviaron, debajo de cautela porque no viésemos ni entendiésemos lo que de hecho hicieron, andábamos a les buscar libertad y paz y sucedió al contrario». Se refleja su pesar al describir cómo aquellos que «eran la gente del mundo que más aman a sus hijos y mejor tratamiento les hacen», con los que había convivido tantos años y a los que había llegado a entender y apreciar, eran apresados sin distinción de causa.

Habían pasado casi tres años caminando, atravesando los territorios de los indios apalaches, apaches, comanches, cherokees y navajos. Desde algún punto de la costa este del actual estado de Florida, en Estados Unidos, para llegar a la frontera del territorio conquistado en Sinaloa, habían recorrido los actuales estados de Florida, Alabama, Mississippi, Luisiana, Texas, Nuevo Méjico y Arizona, hasta llegar a la Baja California. Atravesaron pantanos atestados de caimanes, vadearon grandes ríos insalvables como el Mississippi, Pecos, Río Bravo o Río Grande, sierras, desiertos interminables y praderas plagadas de bisontes, y llegaron a territorio español en el norte del golfo de California cargados con decenas de sacos de joyas. Los cuatro exesclavos, tras nueve años de penurias, regresaban a la civilización siendo inmensamente ricos.

La segunda aventura americana
 Álvar regresó a España y contrató un secretario al que ordenó transcribir el relato de sus peripecias en un libro que tituló Naufragios, publicado por primera vez en Zamora en 1542, tras lo que se comenzó a repartir por el territorio de forma manuscrita. Antes, en 1539, presentó al rey una versión más reducida de sus vivencias, a modo de informe, ya que había sido uno de los únicos cuatro supervivientes de los setecientos de la expedición de Narváez.

Homenaje Cabeza de Vaca

 Tendría más de cuarenta y cinco años, gozaba de fama, fortuna y del favor del rey, y bien podría haber comprado un ducado y haberse dedicado a pasar el resto de sus días entretenido con la administración, disfrutando de opulencia. Pero cuando su «Sacra, Cesárea y Católica Majestad» le ofreció el puesto de Adelantado y Gobernador del Río de La Plata y del Paraguay, un territorio recientemente conquistado, habitado por pueblos hostiles que se negaban a ser sometidos y cuyas expediciones no habían reportado hasta el momento ningún beneficio económico y sí muchas muertes, aceptó sin pensarlo y dispuso inmediatamente los preparativos 

Álvar Núñez Cabeza de Vaca gastó prácticamente la totalidad de su fortuna en construir una armada y en contratar navegantes, soldados y avituallarse, además de la obligación registrada en el Archivo General de Indias de «… gastar ocho mil ducados en caballos, mantenimientos, vestidos, armas, munición y otras cosas para entregar a la población de dichas provincias», y partió de España con la intención de presentarse en Asunción como digno gobernante de la región. Pero una vez más el mar no estaba de su lado. A la altura de las costas del sur de Brasil, una fuerte tempestad destrozó la flota y naufragó de nuevo. Llegó a una playa desconocida medio desmayado, desnudo, atado a un madero. Se volvía a encontrar  despojado de todo y no teniendo más remedio, una vez más, echó a andar. Descubrió para los europeos las cataratas de Iguazú describiendo que «da el río un salto por unas peñas arriba muy altas, y da el agua en lo bajo de la tierra tan grande golpe que de muy lejos se oye, y la espuma del agua como cae con tanta fuerza sube en alto dos lanzas o más», y siguiendo el río Paraná llego hasta donde desemboca su afluente el Paraguay, remontándolo hasta llegar al Fuerte y Villa de Asunción, meses después de dejar la costa.

gob rioplatayparaguay1550 Hay que entender la conquista española de América, en cierta forma, como una empresa privada. La corona, que no andaba económicamente boyante, daba permiso a un empresario, por así decirlo, para financiar una expedición y conquistar un territorio con la promesa de gobernarlo y la condición de pagar unos impuestos. Ocurría que después de un tiempo y si los territorios eran rentables, después de haber hecho la parte más difícil, se despojaba al conquistador de sus poderes y un gobernador pasaba a tomar el control para, básicamente, rescindir privilegios y pagar más impuestos a la corona. Así que cuando Álvar Núñez Cabeza de Vaca llegó al Paraguay se encontró con Martínez de Irala, que había conquistado el territorio y era su gobernador, el recibimiento no fue bueno. Venía a arrebatarle, al fin y al cabo, un territorio por el que había invertido fortuna, luchado, sacrificado vidas. Además, la mayoría de la población española eran antiguos soldados que habían combatido a sus órdenes y que acataron la autoridad de Cabeza de Vaca, puesto que venía con nombramiento del rey, pero nunca perdonaron la ofensa sobre su capitán. 

Ocurrió que para los españoles, los indios con que convivían no eran gente de fiar. Habían guerreado durante años contra ellos y eran muy duramente tratados. Pero Alvar tenía otro concepto de los indios: había sido esclavizado por los nativos durante años, cierto, pero también había convivido en paz con otros muchos. Había compartido alimento y fuego con ellos, había tomado esposa, e incluso tenía dos hijos indios en algún lugar del desierto de Nuevo México. Se propuso hacer cumplir las Leyes de Indias, que protegían a los nativos, y los españoles comenzaron a ser reprendidos por la dureza con que trataban a los americanos: por los castigos, por las violaciones y los abusos.

selloconmemorativo1960Durante dos años que estuvo al frente del Río de la Plata acometió varias expediciones, pero no encontró nunca lugar apropiado para nuevos asentamientos en la selva paranaense, ni poblaciones con riquezas de las que apropiarse como había ocurrido en México. Epidemias, emboscadas, hambre y pérdida de vidas fueron la tónica de estas aventuras. Además, la benevolencia con que trataba a los nativos fue contraproducente, pues en cuanto se daba la vuelta, los indios eran tratados con el doble de dureza, a modo de represalia. A consecuencia de estos maltratos fue que en 1543 se produjo una sublevación de los indígenas, con la práctica destrucción de la ciudad de Asunción. Los soldados españoles, con la excusa de que no había actuado diligentemente para atajar la rebelión, organizaron un motín que terminó con la captura y encarcelamiento de Cabeza de Vaca. Fue depuesto de su cargo, se redactó un sumario, y se fletó un barco Paraná abajo que luego puso rumbo a España, con Álvar preso y acusado de gravísimos hechos.
 
El olvido
En 1545, con aproximadamente cincuenta y cinco años, llega al puerto de Sevilla, engrilletado, pobre, habiendo fracasado y despojado de cualquier título. Se le abrió un proceso cuyo sumario nos es desconocido y tras seis años de juicios se le condena a diez mil ducados de multa y se sentencia, según el Archivo General de Indias: «… le suspendemos perpetuamente del oficio de gobernador, adelantado u otro oficio de justicia en todas las Indias y tierra firma de su Majestad (…) le condenamos a destierro perpetuo de todas las dichas Indias y no lo quebrante bajo pena de muerte, y así mismo le condenamos que por tiempo y espacio de cinco años cumplidos siguientes sirva a su Majestad en Orán (adonde eran condenados los hidalgos a trabajar como soldados sin sueldo) con sus armas y caballos a su costa y esté en el dicho servicio por el dicho tiempo so pena de que sea doblado el castigo otros cinco años (…) Valladolid, a veinte días del mes de marzo de 1551 años». Se sabe que pasó seis años en este territorio argelino hasta que regresa, aproximadamente en 1557, a Sevilla, siendo ya un anciano. Se dice que se volvió comerciante y marchó a Venecia, o que se hizo fraile y se internó en un convento, pero estas afirmaciones no son más que rumores. Aproximadamente en 1560 falleció, pero la fecha tampoco es exacta.

Relacion y comentarios del Governador Alvar Nuñez Cabeza de Vaca

 Como ocurrió con tantos otros conquistadores, tantos aventureros fracasados, a su muerte se corrió un velo sobre sus hazañas, hasta que a principios del siglo XX se encontró un manuscrito con la edición de Naufragios de 1555 publicada en Valladolid, que incluía el viaje del autor al Río de La Plata, consiguiendo poner luz a la vida de este jerezano. 

Cabeza de Vaca fue un hidalgo que intentó por todos los medios ser conquistador, pero que fracasó en todos sus intentos del mismo modo que fracasó la inmensa mayoría de los hombres que en el siglo XVI se lanzaron a las Américas. No nos legó tan solo una vida fantástica llena de peripecias y aventuras, sino que fue un hombre que nos dejó una historia que nos permite conocer, quizás, una versión más real de la experiencia de los españoles en la conquista de América. Mucho más real, desde luego, que los heroicos relatos de Hernán Cortés o Pizarro. Da la sensación al repasar las biografías de estos últimos de que bastaba bajar del esquife montado a caballo para que los imperios se rindieran, se considerara al español un dios y le entregaran el oro unos nativos semihumanos cuyo primitivismo justificaba el derecho de conquista y la destrucción de culturas ancestrales. La realidad para los españoles que se embarcaban en estas empresas era la de una vida durísima, una exposición continua a naufragios, adversidades, sed, hambre, enfermedades y, la mayoría de las veces, un final trágico. Gracias a Cabeza de Vaca conocemos un testimonio verídico de cómo fueron aquellas relaciones entre civilizaciones tan diferentes. Gracias a él estamos un poco más cerca de la verdad.

viernes, 2 de marzo de 2018

Pobreza bajo la bota para garantizar el business y los selfies visitantes


 El ejército de Brasil patrulla a estas horas las favelas de Río de Janeiro. Lo hará hasta fin de año. Un general es el responsable máximo de todas las policías de Río, de los bomberos y de las cárceles. El gobierno de Temer ha conseguido que el Congreso apruebe la militarización por la vía de urgencia, sin enmiendas. La derecha brasileña, la que manda en el país, la apoya con vehemencia: dicen que hay una crisis de seguridad (seis mil setecientos treinta y un asesinatos en 2017) y que se debe hacer cumplir la Constitución. La izquierda (derribada del poder con un golpe legal) advierte de que la supuesta guerra contra el crimen es en realidad un pisotón a los pobres que acaba con las libertades.

Una de las primeras medidas que ha adoptado el general Walter Souza Braga Netto como interventor general es hacerles fotos a los habitantes de las favelas. Foto y documento de identidad. «No todos somos bandidos», se quejan los vecinos. A la prensa se lo ponen difícil: grabar el fichaje de los favelados, afirma el ejército, pone en riesgo su seguridad. El martes pasado mataron a tiros a un sargento. Pero no fue ningún periodista sino posiblemente algún integrante de las bandas que gobiernan las favelas en ausencia crónica del poder público. Con Lula de presidente, el gobierno intentó dignificar los barrios pobres de Brasil. La crisis y el golpe les han enviado al ejército.

Las favelas son hijas de la guerra, madre de tantas cosas. En la Guerra de Canudos, a finales del siglo XIX, los soldados de la República se instalaron en el morro da favela, una planta típica en Bahía. Cuando acabó la guerra y regresaron a Río, sin sueldo ni vivienda, los veteranos se instalaron en colinas parecidas a las de Canudos. Las llamaron «favelas»: memoria histórica del combatiente. Y ellos, los antiguos soldados, se convirtieron en favelados, como sus vecinos igual de pobres llegados a Río del mismo nordeste reconquistado en nombre de la ley. El ejército en la favela no es una anomalía. Es un bucle melancólico. Tristeza não tem fim.

Las visitas turísticas a las favelas cariocas están de moda. La que organiza Favela Tour promete un viaje seguro en furgoneta climatizada. Nada de jeeps ni motos, no caiga una bala perdida. La experiencia de la miseria sale a partir de cincuenta y cinco euros por persona, con precios especiales para niños. Favela Tour tiene cuatro estrellas y media en Tripadvisor. «Muy interesante», dice la usuaria Juli, encantada con las vistas desde la favela da Rocinha. Estos días, con el ejército rondando, habrá bajado el negocio, aunque no faltará quien asuma el riesgo porque bien vale unos likes. La pobreza también es un business y la favela, en su sitio bajo la bota del orden y el progreso, una cosa chic.