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sábado, 19 de junio de 2021

Once años sin José Saramago: instantes y reflexiones

https://www.cineyliteratura.cl/jose-saramago-los-ojos-del-campo-portugues/

El día 18 de junio de 2010, en su hogar de la localidad de Tías (Lanzarote) y acompañado de su compañera Pilar del Río, falleció José Saramago, a la edad de 87 años. Se cumplen once años desde que cerrase sus ojos al mundo el genial autor portugués, voz entrañable y escritor universal.

 Pero nos dejó sus palabras escritas, sus libros y el ejemplo de un hombre bueno que vivió como él quería. Se fue un hombre de los que nunca sobran en el mundo, sino todo lo contrario, hacen falta muchos como él.  Saramago, como dice Galeano, "seguirá siendo un voz entrañable y extrañable"por necesario, por justo, porque su voz nos convocó a ser más y mejores. Nos conovocó a volar más alto y a sentir más hondo

José de Sousa Saramago murió dejando tras de sí un legado literario donde cuestionó tanto los sistemas políticos y religiosos como la dominación en la que vivía la sociedad del siglo XX.

Saramago fue autor de novelas que se han vuelto elementales en las librerías recomendadas: Ensayo sobre la ceguera, El evangelio según Jesucristo, Las intermitencias de la muerte, Caín, El viaje del elefante y Ensayo sobre la lucidez, en los cuales pone puntos sobre las íes sobre distintos problemas de la sociedad a través de la ficción o la recuperación e interpretación de pasajes de historia religiosa.

Conquistó el Nobel de liteartura en 1988. La Academia Sueca destacó su capacidad para «volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía»

"Alzado del suelo" es considerada la primera gran novela del escritor portugués en la que cuenta la historia de un pueblo que se ve inmiscuido en la Revolución de los Claveles, movimiento armado en el que participó el novelista y que significó la caída de la dictadura de António Oliveira de Salazar, restaurando la democracia en el país y las independencias de las últimas colonias portuguesas.

"Creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven", es una de las frases fundamentales de Ensayo sobre la ceguera, quizá la obra más conocida de Saramago, un título que une a personas con intereses y ocupaciones tan distintas que, tras sufrir una "epidemia" de ceguera, se dan cuenta de sus semejanzas pero también desnudan todos sus errores y faltas contra las demás personas, incluyendo sus familias.

"Recordando a José Saramago, 10 años que marchó físicamente, pero sigue vivo y presente en nuestras vidas" y "Un escritor que abre puertas a nuevas percepciones a través de la ficción" son algunas de los comentarios con que lectores de Saramago recuerdan al escritor que estuvo ligado a causas solidarias y que en México incluso mostró su apoyo a los zapatistas en Chiapas y con las víctimas de Acteal.

Por otro lado, "Nuestra única defensa contra la muerte es el amor", "Existen dos superpotencias en el mundo, una es Estados Unidos, otra, eres tú", "La alternativa al neoliberalismo se llama conciencia" son algunas de las frases con las que se recuerda la intelectualidad, solidaridad y obra del ganador del Nobel, considerada por críticos de todo el mundo como una de las más importantes de la literatura contemporánea.

El último amor de Saramago

Los relojes en la casa de José Saramago están detenidos a las 4 de la tarde, hora en la que el escritor se citó por primera vez con su esposa Pilar: “Eso no significa que el tiempo se haya quedado ahí, sino que es como si el reloj marcara la hora en la que el mundo empezó”.

El escritor portugués decía que todo lo bueno en su vida vino a ocurrirle tarde, refiriéndose a su faceta formal de escritor y, por supuesto, al amor. Saramago conoció a novelista, periodista y traductora española María del Pilar a la edad de 63 años, un 14 de junio de 1986, cuando la intrépida periodista se atrevió a citar al escritor, así, sin mayor intención que conocerlo. Meses después Pilar recibió una carta de Saramago pidiéndole volverse a ver, y a partir de ese momento el escritor y la periodista se unieron para construir su propia historia.

Desde ese entonces, Pilar se volvió su compañera de vida, su mano derecha, gracias a sus traducciones todos los que hablamos español tuvimos la oportunidad de deleitarnos con la obra del excelso escritor. Pilar tradujo todas las novelas de Saramago, a partir de Ensayo sobre la ceguera. Siempre se complementaron.

La novela El Evangelio según Jesucristo (1991) lo catapultó a la fama a causa de una polémica sin precedentes en Portugal —que se considera una república laica—, cuando el gobierno vetó su presentación al Premio Literario Europeo de ese año, alegando que «ofende a los católicos».

Como acto de protesta, Saramago abandonó Portugal y se instaló junto a su esposa en la isla canaria de Lanzarote. En 1995 publicó una de su icónica Ensayo sobre la ceguera. En 1997 publica su novela Todos los nombres, que gozó también de gran reconocimiento.

En 1998 ganó el Premio Nobel de Literatura, convirtiéndose en el primer escritor —y hasta ahora el único— de lengua portuguesa en ganar este premio. Desde entonces compartió su residencia entre Lisboa y la isla canaria, participando en la vida social y cultural de ambos países cuyas estrechas relaciones justificó en una entrevista para proponer su idea utópica de creación de una Iberia unida.​

Ateo declarado, colaboró ocasionalmente en prensa, aportando su punto de vista,​ siempre agudo y comprometido.​ En definición suya, "Dios es el silencio del universo, y el ser humano, el grito que da sentido a ese silencio". Una de sus últimas obras fue Las intermitencias de la muerte, cuenta de un país cuyo nombre no será mencionado y se produce algo nunca visto desde el principio del mundo: la muerte decide suspender su trabajo letal, la gente deja de morir.

De ahí en adelante, se relatarán situaciones inimaginables o no, ya que nadie muere pero siguen envejeciendo. La frase que cierra su última novela, Caín, es «La historia ha acabado, no habrá más que contar».

Tanto su casa,​ como la biblioteca privada, se encuentran abiertas al público todo el año en el pueblo de Tías. Por los pasillos, es fácil toparse con Pilar del Río, quien aún frecuenta la vivienda y preside la Fundación José Saramago. Allí, entre otras cosas, está la colección de relojes que el escritor portugués detuvo a las cuatro, como símbolo de amor hacia ella, pues se conocieron a esa hora.

Porque diez años no es nada y es todo. Porque hay voces que nacieron para la eternidad.

A diez años de la muerte de José Saramago, os dejamoss una colección de sus citas y frases más trascendentes. Que las disfrutéis.

El viaje no termina jamás. Sólo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración... El objetivo de un viaje es sólo el inicio de otro viaje.

La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva.

Las tres enfermedades del hombre actual son la incomunicación, la revolución tecnológica y su vida centrada en su triunfo personal.

Soy un comunista hormonal.

Ahora no hay duda de que la búsqueda incondicional del triunfo personal implica la soledad profunda. Esa soledad del agua que no se mueve.

Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos.

No creo en dios y no me hace ninguna falta. Por lo menos estoy a salvo de ser intolerante. Los ateos somos las personas más tolerantes del mundo. Un creyente fácilmente pasa a la intolerancia. En ningún momento de la historia, en ningún lugar del planeta, las religiones han servido para que los seres humanos se acerquen unos a los otros. Por el contrario, sólo han servido para separar, para quemar, para torturar. No creo en dios, no lo necesito y además soy buena persona.

No he sentido jamás la necesidad de un triunfo, la necesidad de tener una carrera, la necesidad de ser reconocido, la necesidad de ser aplaudido, no lo he sentido jamás en mi vida. No he hecho en cada momento nada más que lo que tenía que hacer y las consecuencias han sido éstas, podrían haber sido otras.

 Todo el mundo me dice que tengo que hacer ejercicio. Que es bueno para mi salud. Pero nunca he escuchado a nadie que le diga a un deportista; tienes que leer.

Para qué sirve el arrepentimiento, si eso no borra nada de lo que ha pasado. El mejor arrepentimiento es sencillamente cambiar.

He aprendido a no intentar convencer a nadie. El trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de colonización del otro.

Sólo si nos detenemos a pensar en las pequeñas cosas llegaremos a comprender las grandes.

El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir.

Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir.

Entraré en la nada y me disolveré en ella.

Es hora de aullar, porque si nos dejamos llevar por los poderes que nos gobiernan, y no hacemos nada por contrarrestarlos, se puede decir que nos merecemos lo que tenemos.
Cuanto más te disfraces más te parecerás a ti mismo

El caos es un orden sin descifrar.

La mejor manera de defender los secretos propios es respetando los ajenos

El éxito a toda costa nos hace peor que alimañas.

Si las conociéramos, las cosas del cielo tendrían otros nombres.

Yo no escribo para agradar ni tampoco para desagradar. Escribo para desasosegar.

Yo no escribo por amor, sino por desasosiego; escribo porque no me gusta el mundo donde estoy viviendo

Hay que recuperar, mantener y transmitir la memoria histórica, porque se empieza por el olvido y se termina en la indiferencia.

Nuestra única defensa contra la muerte es el amor.

Vivimos observando sombras que se mueven y creemos que eso es la realidad.

El alma humana es una caja de donde siempre puede saltar un payaso haciéndonos mofas y sacándonos la lengua, pero hay ocasiones en que ese mismo payaso se limita a mirarnos por encima del borde de la caja, y si ve que, por accidente, estamos procediendo según lo que es justo y honesto, asiente aprobadoramente con la cabeza y desaparece pensando que todavía no somos un caso perdido.

Hay personajes de novela que están más vivos que algunos que andan por allí.

El poder real es económico, entonces no tiene sentido hablar de democracia.

A lo mejor estoy en un momento de la vida en que me creo tontamente saber algo de la vida.

Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran.

Si hay que buscar el sentido de la música, de la filosofía, de una rosa, es que no estamos entendiendo nada.

La mejor manera de defender los secretos propios es respetando los ajenos.

Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay.

Dios quiso lo que hizo e hizo lo que quiso.

La alegría y el dolor no son como el aceite y el agua, sino que coexisten

Me gustaría escribir un libro feliz; yo tengo todos los elementos para ser un hombre feliz; pero sencillamente no puedo. Sin embargo hay una cosa que sí me hace feliz, y es decir lo que pienso.

La vejez empieza cuando se pierde la curiosidad.

Hay quien se pasa la vida entera leyendo sin conseguir nunca ir más allá de la lectura, se quedan pegados a la página, no entienden que las palabras son sólo piedras puestas atravesando la corriente de un río, si están allí es para que podamos llegar a la otra margen, la otra margen es lo que importa.

Actualmente los laboratorios invierten más en mejorar y producir viagra y en desarrollar mejores prótesis mamarias que en medicamentos para el Alzheimer. Esto provocará -en el curso de unos años- que más gente de la tercera edad tendrá mejores erecciones y senos más prominentes, pero no recordarán para que los tienen.

 

El día en que sea posible construir sobre el amor no ha llegado todavía...

Quien va a morir está ya muerto y no lo sabe.

Espero morir como he vivido, respetándome a mí mismo como condición para respetar a los demás y sin perder la idea de que el mundo debe ser otro y no esta cosa infame.

De esa manera estamos hechos, mitad indiferencia mitad ruindad.

En verdad aún está por nacer el primer humano desprovisto de esa segunda piel que llamamos egoísmo.

Creo que nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven.

Escribo para comprender, y desearía que el lector hiciera lo mismo, es decir, que leyera para comprender. ¿Comprender qué? No para comprender en la línea que yo estoy tratando de hacerlo; él tiene sus propios motivos y razones para comprender algo, pero ese algo lo determina él”.

En cierto sentido se podría decir que, letra a letra, palabra a palabra, página a página, libro a libro, he venido, sucesivamente, implantando en el hombre que fui los personajes que creé. Considero que sin ellos no sería la persona que soy hoy, sin ellos tal vez mi vida no hubiese logrado ser más que un esbozo impreciso, una promesa como tantas otras que de promesa no consiguieron pasar, la existencia de alguien que tal vez pudiese haber sido y no llegó a ser.

La importancia que puede tener usar una palabra en vez de otra, aquí, más allá, un verbo más certero, un adjetivo menos visible, parece nada y finalmente lo es todo.

La idea de yo no puedo hacer nada, es la excusa, es la coartada para no hacer nada.

Llevamos siglos preguntándonos los unos a los otros para qué sirve la literatura y el hecho de que no exista respuesta no desanimará a los futuros preguntadores. No hay respuesta posible. O las hay infinitas: la literatura sirve para entrar en una librería y sentarse en casa, por ejemplo. O para ayudar a pensar. O para nada. ¿Por qué ese sentido utilitario de las cosas? Si hay que buscar el sentido de la música, de la filosofía, de una rosa, es que no estamos entendiendo nada. Un tenedor tiene una función. La literatura no tiene una función. Aunque pueda consolar a una persona. Aunque te pueda hacer reír. Para empeorar la literatura basta con que se deje de respetar el idioma. Por ahí se empieza y por ahí se acaba.

Cuanto más viejo, más libre, y cuanto más libre más radical

Si la literatura pudiera cambiar el mundo, ya lo habría hecho.

Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar, necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte”. (Última entrada en el blog de José Saramago, bajo el título “Pensar, pensar”).

Fuente: https://culturainquieta.com/es/arte/literatura/item/16894-diez-anos-sin-jose-saramago-instantes-y-reflexiones.html

martes, 9 de febrero de 2021

Cómo se genera un consumidor, por Zygmunt Bauman

Zygmunt Bauman (Poznan, 1925 – Leeds, 2017)1​2​ fue un eminente sociólogo, filósofo y ensayista polaco-británico de origen judío. Su obra se ha ocupado de cuestiones como las clases sociales, el socialismo, el Holocausto, la hermenéutica, la modernidad y la posmodernidad, el consumismo, la globalización y la nueva pobreza.

Zygmunt Bauman fotografiado en su casa de Londres en abril de 2013. IONE SAIZAR
En años recientes, representantes de todo el espectro político hablaban al unísono, con añoranza y deseo, de una «recuperación dirigida por los consumidores». Se ha culpado con frecuencia a la caída de la producción, a la ausencia de pedidos y a la lentitud del comercio minorista por la falta de interés o de confianza del consumidor (lo que equivale a decir que el deseo de comprar a crédito es lo bastante fuerte como para superar el temor a la insolvencia). La esperanza de disipar esos problemas y de que las cosas se reanimen se basa en que los consumidores vuelvan a cumplir con su deber: que otra vez quieran comprar, comprar mucho y comprar más. Se piensa que el «crecimiento económico», la medida moderna de que las cosas están en orden y siguen su curso, el mayor índice de que una sociedad funciona como es debido, depende, en una sociedad de consumidores, no tanto de la «fuerza productiva del país» (una fuerza de trabajo saludable y abundante, con cofres repletos e iniciativas audaces por parte de los poseedores y administradores del capital) como del fervor y el vigor de sus consumidores. El papel —en otros tiempos a cargo del trabajo— de vincular las motivaciones individuales, la integración social y la reproducción de todo el sistema productivo corresponde en la actualidad a la iniciativa del consumidor.

Habiendo dejado atrás la «premodernidad» —los mecanismos tradicionales de ubicación social por mecanismos de adscripción, que condenaban a hombres y mujeres a «apegarse a su clase», a vivir según los estándares (pero no por encima de ellos) fijados para la «categoría social» en que habían nacido—, la modernidad cargó sobre el individuo la tarea de su «autoconstrucción»: elaborar la propia identidad social, si no desde cero, al menos desde sus cimientos. La responsabilidad del individuo —antes limitada a respetar las fronteras entre ser un noble, un comerciante, un soldado mercenario, un artesano, un campesino arrendatario o un peón rural— se ampliaba hasta llegar a la elección misma de una posición social, y el derecho de que esa posición fuera reconocida y aprobada por la sociedad.

Inicialmente, el trabajo apareció como la principal herramienta para encarar la construcción del propio destino. La identificación social buscada —y alcanzada con esfuerzo— tuvo como determinantes principales la capacidad para el trabajo, el lugar que se ocupara en el proceso social de la producción y el proyecto elaborado a partir de lo anterior. Una vez elegida, la identidad social podía construirse de una vez y para siempre, para toda la vida, y, al menos en principio, también debían definirse la vocación, el puesto de trabajo, las tareas para toda una vida. La construcción de la identidad habría de ser regular y coherente, pasando por etapas claramente definidas, y también debía serlo la carrera laboral. No debe sorprender la insistencia en esta metáfora —la idea de una «construcción»— para expresar la naturaleza del trabajo exigido por la autoidentificación personal. El curso de la carrera laboral, y la construcción de una identidad personal a lo largo de toda la vida, llegan así a complementarse.

Sin embargo, la elección de una carrera laboral —regular, durable y continua—, coherente y bien estructurada, ya no está abierta para todos. Sólo en casos muy contados se puede definir (y menos aún, garantizar) una identidad permanente en función del trabajo desempeñado. Hoy, los empleos permanentes, seguros y garantizados son la excepción. Los oficios de antaño, «de por vida», hasta hereditarios, quedaron confinados a unas pocas industrias y profesiones antiguas y están en rápida disminución. Los nuevos puestos de trabajo suelen ser contratos temporales, «hasta nuevo aviso» o en horarios de tiempo parcial [part-time]. Se suelen combinar con otras ocupaciones y no garantizan la continuidad, menos aún, la permanencia. El nuevo lema es flexibilidad, y esta noción cada vez más generalizada implica un juego de contratos y despidos con muy pocas reglas pero con el poder de cambiarlas unilateralmente mientras la misma partida se está jugando.

Nada perdurable puede levantarse sobre esta arena movediza. En pocas palabras: la perspectiva de construir, sobre la base del trabajo, una identidad para toda la vida ya quedó enterrada definitivamente para la inmensa mayoría de la gente (salvo, al menos por ahora, para los profesionales de áreas muy especializadas y privilegiadas).

Este cambio trascendental, sin embargo, no fue vivido como un gran terremoto o una amenaza existencial. Es que la preocupación sobre las identidades también se modificó: las antiguas carreras resultaron totalmente inadecuadas para las tareas e inquietudes que llevaron a nuevas búsquedas de identidad. En un mundo donde, según el conciso y contundente aforismo de George Steiner, todo producto cultural es concebido para producir «un impacto máximo y caer en desuso de inmediato», la construcción de la identidad personal a lo largo de toda una vida y, por añadidura, planificada a priori, trae como consecuencia problemas muy serios. Como afirma Ricardo Petrella: las actuales tendencias en el mundo dirigen «las economías hacia la producción de lo efímero y volátil —a través de la masiva reducción de la vida útil de productos y servicios—, y hacia lo precario (empleos temporales, flexibles y parttime )».

Sea cual fuere la identidad que se busque y desee, esta deberá tener —en concordancia con el mercado laboral de nuestros días— el don de la flexibilidad. Es preciso que esa identidad pueda ser cambiada a corto plazo, sin previo aviso, y esté regida por el principio de mantener abiertas todas las opciones; al menos, la mayor cantidad de opciones posibles. El futuro nos depara cada día más sorpresas; por lo tanto, proceder de otro modo equivale a privarse de mucho, a excluirse de beneficios todavía desconocidos que, aunque vagamente vislumbrados, puedan llegar a brindarnos las vueltas del destino y las siempre novedosas e inesperadas ofertas de la vida.

Las modas culturales irrumpen explosivamente en la feria de las vanidades; también se vuelven obsoletas y anticuadas en menos tiempo del que les lleva ganar la atención del público. Conviene que cada nueva identidad sea temporaria; es preciso asumirla con ligereza y echarla al olvido ni bien se abrace otra nueva, más brillante o simplemente no probada todavía.

Sería más adecuado por eso hablar de identidades en plural: a lo largo de la vida, muchas de ellas quedarán abandonadas y olvidadas. Es posible que cada nueva identidad permanezca incompleta y condicionada; la dificultad está en cómo evitar su anquilosamiento. Tal vez el término «identidad» haya dejado de ser útil, ya que oculta más de lo que revela sobre esta experiencia de vida cada vez más frecuente: las preocupaciones sobre la posición social se relacionan con el temor a que esa identidad adquirida, demasiado rígida, resulte inmodificable. La aspiración a alcanzar una identidad y el horror que produce la satisfacción de ese deseo, la mezcla de atracción y repulsión que la idea de identidad evoca, se combinan para producir un compuesto de ambivalencia y confusión que —esto sí— resulta extrañamente perdurable.

Las inquietudes de este tipo encuentran su respuesta en el volátil, ingenioso y siempre variable mercado de bienes de consumo. Por definición, jamás se espera que estos bienes —hayan sido concebidos para consumo momentáneo o perdurable— duren siempre; ya no hay similitud con «carreras para toda la vida» o «trabajos de por vida». Se supone que los bienes de consumo serán usados para desaparecer muy pronto; temporario y transitorio son adjetivos inherentes a todo objeto de consumo; estos bienes parecerían llevar siempre grabado, aunque con una tinta invisible, el lema memento mori [recuerda que has de morir].

Parece haber una armonía predeterminada, una resonancia especial entre esas cualidades de los bienes de consumo y la ambivalencia típica de esta sociedad posmoderna frente al problema de la identidad. Las identidades, como los bienes de consumo, deben pertenecer a alguien; pero sólo para ser consumidas y desaparecer nuevamente. Como los bienes de consumo, las identidades no deben cerrar el camino hacia otras identidades nuevas y mejores, impidiendo la capacidad de absorberlas. Siendo este el requisito, no tiene sentido buscarlas en otra parte que no sea el mercado. Las «identidades compuestas», elaboradas sin demasiada precisión a partir de las muestras disponibles, poco duraderas y reemplazables que se venden en el mercado, parecen ser exactamente lo que hace falta para enfrentar los desafíos de la vida contemporánea.

Si en esto se gasta la energía liberada por los problemas de identidad, no hacen falta mecanismos sociales especializados para la «regulación normativa» o el «mantenimiento de pautas»; tampoco parecen deseables. Los antiguos métodos panópticos para el control social perturbarían las funciones del consumidor y resultarían desastrosos en una sociedad organizada sobre el deseo y la elección. Pero ¿les iría mejor a otros métodos novedosos de regulación normativa? La idea misma de una regulación, ¿no es, al menos en escala mundial, cosa del pasado? A pesar de haber resultado esencial para «poner a trabajar a la gente» en una comunidad de trabajadores, ¿no perdió ya su razón de ser en nuestra sociedad de consumo? El propósito de una norma es usar el libre albedrío para limitar o eliminar la libertad de elección, cerrando o dejando afuera todas las posibilidades menos una: la ordenada por la norma. Pero el efecto colateral producido por la supresión de la elección —y, en especial, de la elección más repudiable desde el punto de vista de la regulación normativa: una elección, volátil, caprichosa y fácilmente modificable— equivaldría a matar al consumidor que hay en todo ser humano. Sería el desastre más terrible que podría ocurrirle a esta sociedad basada en el mercado.

La regulación normativa es, entonces, «disfuncional»; por lo tanto, inconveniente para la perpetuación, el buen funcionamiento y el desarrollo del mercado de consumo; también es rechazada por la gente. Confluyen aquí los intereses de los consumidores con los de los operadores del mercado. Aquí se hace realidad el viejo eslogan: «Lo que es bueno para General Motors, es bueno para los Estados Unidos» (siempre que por «los Estados Unidos» no se entienda otra cosa que la suma de sus ciudadanos). El «espíritu del consumidor», lo mismo que las empresas comerciales que prosperan a su costa, se rebela contra la regulación. A una sociedad de consumo le molesta cualquier restricción legal impuesta a la libertad de elección, le perturba la puesta fuera de la ley de los posibles objetos de consumo, y expresa ese desagrado con su amplio apoyo a la gran mayoría de las medidas «desreguladoras».

Una molestia similar se manifiesta en el hasta ahora desconocido apoyo — aparecido en los Estados Unidos y muchos otros países— a la reducción de los servicios sociales (la provisión de urgentes necesidades humanas hasta ahora administrada y garantizada por el Estado), a condición de que esa reducción vaya acompañada por una disminución en los impuestos. El eslogan «más dinero en los bolsillos del contribuyente» —tan difundido de un extremo al otro del espectro político, al punto de que ya no se lo objeta seriamente— se refiere al derecho del consumidor a ejercer su elección, un derecho ya internalizado y transformado en vocación de vida. La promesa de contar con más dinero una vez pagados los impuestos atrae al electorado, y no tanto porque le permita un mayor consumo, sino porque amplía sus posibilidades de elección, porque aumenta los placeres de comprar y de elegir. Se piensa que esa promesa de mayor capacidad de elección tiene, precisamente, un asombroso poder de seducción.

En la práctica, lo que importa es el medio, no el fin. La vocación del consumidor se satisface ofreciéndole más para elegir, sin que esto signifique necesariamente más consumo. Adoptar la actitud del consumidor es, ante todo, decidirse por la libertad de elegir; consumir más queda en un segundo plano, y ni siquiera resulta indispensable.

  Texto de Bauman, publicado por primera vez en su libro Work, consumerism and the new poor en el año 1998.

Fuente_ https://culturainquieta.com/es/pensamiento/item/17791-como-se-genera-un-consumidor-por-zygmunt-bauman.html

domingo, 25 de octubre de 2020

Mechanical Masterpieces


 
En el museo infantil de Pittsburgh, esta instalación permite a mayores y pequeños jugar e interactuar con grandes clásicos de la pintura. Obra de Neil Mendoza. Vía @culturainquieta

domingo, 13 de septiembre de 2020

El 13 de septiembre Francia se mueve desnuda y en bicicleta por primera vez para hacer frente al cambio climático

Este domingo, 13 de septiembre, se celebra el "World Naked Bike Ride", en el que los activistas medio ambientales desfilarán en bicicleta, patines o patinetes por diferentes ciudades. No asustarse los más tímidos, también está permitido ir vestido.

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Lightrocket a través de Getty Image

Creada en el año 2000, esta iniciativa está organizada por la Federación Francesa de Naturismo, aunque paradójicamente nunca ha llegado a celebrase en este país por la prohibición de la policía de que las personas desfilarán desnudos.

Este año (algo bueno tenía que tener el 2020) será la primera vez que se permite su convocatoria en París, Lyon y Rennes. Será a partir de las 14 horas en un ambiente de compromiso, pacifista, festivo y familiar, donde la ropa es una opción.

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Nurphoto a través de Getty Imag

 En otros países como Alemania, España, Bélgica, Australia o Estados Unidos, la marcha cuenta ya con varias ediciones y numerosos adeptos tantos como para llegar a alcanzar las 80 ciudades en 20 países diferentes.

Promover la eco-movilidad, reducir la combustión y unir fuerzas en favor del medio ambiente es el objetivo de este evento que apuesta también por la libertad de simplemente "ser" y poner de manifiesto que lo "indecente" es la exposción a la contaminación y no la desnudez.

El lema de Francia es "rueda para construir el mundo después", un mundo en el que apuestan por luchar contra el uso excesivo del automóvil por la contaminación que esto conlleva y poner de manifiesto la vulnerabilidad de los ciclistas en la carretera.

Entre sus antecesores, encontramos otras geniales proclamas como "menos gasolina, más culo" (Toronto) o "desnudo ante el tráfico", correspondiente a Madrid.

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Afp a través de Getty Images FP

 ¿El código de vestimenta? Tan desnudo como te atrevas o quieras. "Tú decides como te sientes cómodo", explican desde la organización que comparten también los objetivos de este movimiento:

 - Es hora de poner fin a la exposición indecente de las personas y del planeta a los automóviles y la contaminación que generan. Afrontamos el tráfico de automóviles con el cuerpo desnudo como la mejor forma de defender nuestra dignidad y exponer la vulnerabilidad que enfrentan los ciclistas y peatones en nuestras calles, así como las consecuencias negativas que todos enfrentamos por la dependencia del petróleo y otras formas de energía no renovable. energía.

- Respirar mejor. Si te encuentras en un garaje cerrado con un automóvil en marcha, morirás en cuestión de minutos. Cientos de miles de automóviles en nuestras ciudades generan aire sucio y poco saludable.

- Imagen corporal / autoconciencia. El ciclismo promueve la conciencia corporal, el hecho de que se puede lograr un estilo de vida más saludable a partir del ejercicio y mediante el uso del transporte autónomo.

- Autosuficiencia. El ciclismo nos convierte en fuentes de energía no renovables, menos dependientes del petróleo.

- Piensa globalmente actua localmente. El ciclismo promueve las empresas ciclistas locales y las organizaciones ciclistas locales.

- Menos es más. WNBR elimina las complejidades del transporte moderno a un mensaje simplificado de ciclismo. Para la gran mayoría de las necesidades de transporte de la mayoría de las personas, las bicicletas son el vehículo adecuado para el trabajo adecuado. "No necesitas una carretilla para llevar un guisante"

- Al andar en bicicleta desnudos, declaramos nuestra confianza en la belleza y la individualidad de nuestros cuerpos y el lugar de la bicicleta como catalizador del cambio en el futuro de la sostenibilidad, el transporte, la comunidad y la recreación.

- Construcción comunitaria. Las bicicletas crean un espacio público, mejoran la vida en la calle y crean un sentido de comunidad. "Si ves a alguien que conoces mientras conduces, es fácil detenerse y saludar. Las bicicletas crean un espacio público, mejoran la vida en la calle y crean un sentido de comunidad" ( Ir en bicicleta)

Fuente: https://culturainquieta.com/es/sostenibilidad/item/17150-el-13-de-septiembre-nos-movemos-desnudos-y-en-bicicleta-para-hacer-frente-al-cambio-climatico.html

viernes, 26 de junio de 2020

El anti-ballet de la Bauhaus que anticipó la ciencia ficción

La exorbitante pieza teatral de Schlemmer fue reconocida como un antiballet de espíritu dual, futurista y anticipadamente surrealista.

triadisches ballett von oskar schlemmer bauhaus
Das Triadisches Ballett (El Ballet Triádico), creado por Oskar Schlemmer, en una actuación en Wieder Metropol en el Metropoltheater, Berlín, 1926. Fotografía, por Ernst Schneider.

La escuela de Walter Gropius, la Bauhaus, mantuvo una estrecha relación subversiva con los ideales artísticos del siglo XX: “Este mundo de diseñadores y decoradores que sólo dibujan y pintan debe convertirse de nuevo en un mundo de gente que construye”, advirtió Gropius en su manifiesto. Al igual que corrientes de época como el dadaísmo, la Bauhaus partió de una filosofía socialista que exigía al artista volver a su espíritu primario de artesano; que reclamaba, más allá de solventar una postura soberbia en el mundo del arte, la capacidad de, por medio de su obra, erigir un puente hacía la estructura estética del futuro.

Si bien la Bauhaus suele asociarse a grandes rasgos con la pintura, las artes gráficas, la arquitectura y la decoración artesanal de interiores, la verdad es que, además de persuadir con rebeldía el contexto artístico del siglo XX, esta academia nutrió en buena medida una relación contestataria entre la realidad “mecanizada” y el indómito acto performático.

Un ejemplo hoy poco reconocido es el trabajo del pintor, escultor y diseñador alemán Oskar Schlemmer. Tras iniciarse en las aulas de la Bauhaus, y poco antes de convertirse ahí en profesor consolidado, Schlemmer se encaminó a los parajes performáticos de la geometría humana, siempre en busca de replicar las formas de la imagen constructivista desde un visión anticipadamente surrealista.
De aquella experimentación surgió precisamente su primera exposición teatral, el Ballet Triádico (Das Triadisches Ballett), una interpretación de danza mecánico-futurista jamás antes lograda. Sobre una exótica secuencia a tres cuadros (amarillo, rosa y negro), tres actores y una “danza de la trinidad”, se trasladó una de las polaridades griegas más populares a una puesta en escena mímica: la duplicidad de lo apolíneo y de lo dionisíaco, o la perfección de las formas y el frenesí de los sentidos.


El Ballet Triádico se puede entender como una abstracción simétrica, pues simplifica la figura humana en las formas geométricas más básicas, utilizando una escenografía abstracta, una coreografía mecánica y un vestuario que se perfila inevitablemente como la influencia directa de la ciencia ficción o inclusive, en color y trazo, del estilo glam de figuras como David Bowie.
Este ballet mecánico (o antiballet) –considerado por algunos expertos como la primera pieza de teatro multimedia– se presentó por primera vez en Stuttgart en 1922 y lucía como las fotografías a continuación mostradas. La versión fílmica que aquí presentamos fue reconstruida nuevamente en 1970 y filmada por Margarete Hastings.

Si bien ya recordamos con audacia los trabajos de pilares de la Bauhaus como Paul Klee, László Moholy-Nagy, Mark Lawliette, Wassily Kandinsky, Frank Lloyd Wright y Charles y Ray Eames, en esta ocasión no podemos negarle a Schlemmer su visión del papel del arte en la realidad que, a casi un centenar de haberse imaginado, aún nos parece radiantemente futurista.

 Fuente: https://culturainquieta.com/es/arte/diseno/item/16926-el-anti-ballet-de-la-bauhaus-que-anticipo-la-ciencia-ficcion.html?utm_source=twitter.com&utm_medium=smm&utm_campaign=noticias

lunes, 25 de mayo de 2020

El filósofo Markus Gabriel: La ideología de la 'normalidad' a la que se quiere regresar es más peligrosa que el virus

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El filósofo alemán Markus Gabriel | Foto: Hentschel
 Para el filósofo alemán Markus Gabriel, la cadena infecciosa del capitalismo destruye la naturaleza y atonta a los ciudadanos para convertirlos en meros consumidores y turistas. El pensador llama a impulsar "una nueva Ilustración global" que deje atrás un modelo "suicida".

Markus Gabriel cree que dejaremos de producir como antes y que la crisis de la covid-19 es la antesala de una mayor: la ecológica.

 Existe una sensación, que esta vez incluye a intelectuales y al pueblo por igual, de que el nuevo coronavirus de alguna manera está ligado a los excesos y absurdos del capitalismo global y, al mismo tiempo, es un síntoma más de la gran crisis ecológica (el problema que subyace a todo).

Ya sea que el sistema económico neoliberal haya sometido al medioambiente a tal extremo de estrés que el virus ha brincado (vía la llamada zoonosis) como una especie de reacción y que se trate de alguna manera de un escarmiento planetario –bajo la idea, que parece poco científica pero que gana tracción cada día, de que de alguna manera el planeta es un sistema holístico que se autorregula– o, por lo menos, el hecho difícil de debatir de que el virus pone de manifiesto la enorme debilidad e insostenibilidad del capitalismo y la ideología que lo sustenta.

Parece cada vez más claro que en nuestra crisis actual –y en la crisis ecológica subyacente– existe un profundo problema moral.

El filósofo alemán Markus Gabriel (Remagen, Alemania, 1980), una de las estrellas de la filosofía contemporánea, en un artículo publicado en El País y en una entrevista posterior en el mismo medio, ha analizado de manera lúcida el tema de la covid-19 desde la óptica de la filosofía y el pensamiento crítico.

Gabriel nota que el virus pone de manifiesto el hecho de que nuestro orden actual –o el orden previo al virus– era en sí mismo "letal". Con una habilidad (y una miopía) extraordinaria, el ser humano de alguna manera ha logrado evitar afrontar esta realidad. Según Gabriel:

"El mismo siglo XXI es una pandemia, el resultado de la globalización. Lo único que hace el virus es poner de manifiesto algo que viene de lejos: necesitamos concebir una Ilustración global totalmente nueva. Aquí cabe emplear una expresión de Peter Sloterdijk dándole una nueva interpretación, y afirmar que no necesitamos un comunismo, sino un coinmunismo. Para ello tenemos que vacunarnos contra el veneno mental que nos divide en culturas nacionales, razas, grupos de edad y clases sociales en mutua competencia."

El filósofo alemán Peter Sloterdijk desde hace unos años viene hablando del "diseño de una inmunidad global" basada en "ascetismos cooperativos" y que pase del mero romanticismo de las fronteras abiertas a la operatividad real, resonancia e interdependencia.

Sloterdjik rescata la idea de la comunidad con intereses comunes del comunismo y la aplica a una salud global, a la construcción de una "coinmunidad" que reconoce que todo sistema inmune personal o nacional existe en dependencia del sistema inmune social y global. Esto queda claramente de manifiesto actualmente.

Gabriel cree que la pandemia ilumina la realidad de nuestra inmunidad extendida. "Y es que la pandemia nos afecta a todos; es la demostración de que todos estamos unidos por un cordón invisible, nuestra condición de seres humanos. Ante el virus todos somos, efectivamente, iguales".

Siguiendo a filósofos como Bruno Latour, juega con la idea de que la Tierra misma tal vez sea un ser vivo que en cierto sentido responde a nuestra conducta: "¿Es posible que el ecosistema de la Tierra sea un gigantesco ser vivo? ¿Es el coronavirus una respuesta inmune del planeta a la insolencia del ser humano, que destruye infinitos seres vivos por codicia?". En una situación como la que vivimos, un filósofo como Gabriel recurre interesantemente a una especie de sentido mayúsculo, un eje ordenador, que de cierta forma se pone de manifiesto (o al menos, se atreve a preguntarse por ello).

Lo que es indudable es que el virus ha hecho patente la realidad de que nuestro sistema económico y la ideología de la cual depende no sólo destruyen el ecosistema sino que también nos hacen intelectual y emocionalmente vulnerables e inestables.

"El coronavirus pone de manifiesto las debilidades sistémicas de la ideología dominante del siglo XXI. Una de ellas es la creencia errónea de que el progreso científico y tecnológico por sí solo puede impulsar el progreso humano y moral.

Esta creencia nos incita a confiar en que los expertos científicos pueden solucionar los problemas sociales comunes. El coronavirus debería ser una demostración de ello a la vista de todos. Sin embargo, lo que quedará de manifiesto es que semejante idea es un peligroso error.

Es verdad que tenemos que consultar a los virólogos; sólo ellos pueden ayudarnos a entender el virus y a contenerlo a fin de salvar vidas humanas. Pero ¿quién los escucha cuando nos dicen que cada año más de 200 000 niños mueren de diarrea viral porque no tienen agua potable? ¿Por qué nadie se interesa por esos niños?"

No los escuchamos porque no nos interesan esos niños o esos problemas mientras no aparezcan como una amenaza inminente. No hacemos la conexión. "Sin progreso moral no hay verdadero progreso", nota Gabriel.

"En las transacciones de la vida diaria, como comprar un juguete para tu hijo, un paracetamol o un coche, en muchos momentos, alguien tuvo que sufrir por la mera existencia de esa cadena. Todos somos responsables por el sufrimiento de otros.

Estas cadenas interconectadas han creado sistemas maléficos y al final de esas cadenas siempre hay alguien que muere por falta de agua limpia, por no tener cosechas, por las condiciones de explotación.

Esa es la cadena de infección de una enfermedad, que es el comportamiento inmoral. Si haces lo incorrecto moralmente, haces que la realidad sea un lugar peor. El neoliberalismo global se ha convertido en un modo de destrucción hiperrápido."

Markus Gabriel cultura inquieta
Una pintada en el barrio berlinés de Prenzlauer Berg, con el Gollum diciendo 'Mi tesoro'. MARKUS SCHREIBER/AP
 El mayor peligro que enfrentamos no es que el virus diezme la economía o mate a cientos de miles de personas, el mayor peligro que enfrentamos es que regresemos a la tan mentada "normalidad".
Pues, aunque este virus es terrible, no se compara con lo que estamos cocinando en el cuarto de enfrente:

"Veo esta crisis como una preparación de la crisis ecológica. Esto no es nada comparado con la crisis ecológica, nada. Los gobiernos de todo el mundo saben que la crisis ecológica va a matar a cientos de miles de personas en los próximos 100 o 200 años y este es un peligro real. Lo sabemos porque los modelos climáticos son mejores que los del coronavirus."

Bruno Latour ha notado que el virus actual ha demostrado que es posible detener el mundo y tomar medidas radicales. Pero cuando científicos y activistas señalan que es necesario hacer algo así, la respuesta es que es imposible. Sin duda, esta debería ser la enseñanza de la pandemia actual. Un primer aviso para una catástrofe incomparable, la cual hoy vemos que no es imposible evitar.

No obstante, la solución, según Gabriel, no ocurrirá solamente poniéndonos en las manos de los científicos y de la tecnología. Es necesaria una transformación moral que requiere también de la participación de las Humanidades.

"¿Cuándo entenderemos por fin que, comparado con nuestra superstición de que los problemas contemporáneos se pueden resolver con la ciencia y la tecnología, el peligrosísimo coronavirus es inofensivo? Necesitamos una nueva Ilustración, todo el mundo debe recibir una educación ética para que reconozcamos el enorme peligro que supone seguir a ciegas a la ciencia y a la técnica. [...]

Tenemos que reconocer que la cadena infecciosa del capitalismo global destruye nuestra naturaleza y atonta a los ciudadanos de los Estados nacionales para que nos convirtamos en turistas profesionales y en consumidores de bienes cuya producción causará a la larga más muertes que todos los virus juntos."

Más que una nueva revolución, quizá sea necesario un renacimiento, más un regreso a los ideales de la Florencia del siglo XV que de la Francia del siglo XVIII. "Cuando pase la pandemia viral necesitaremos una pandemia metafísica, una unión de todos los pueblos bajo el techo común del cielo del que nunca podremos evadirnos".

Gabriel observa que la pandemia nos ha obligado a ralentizar nuestra vida y con esta nueva lentitud vienen posibles frutos morales.

"Si pensamos en cómo era la vida hace un mes o dos, claramente era demasiado agitada, tenía una velocidad que ya es inimaginable. Esa dinámica es malvada por sus resultados y se ha parado. Ahora, llevamos una vida más moral, simplemente por el hecho de hacer menos. Esto es parte de la explicación de por qué paradójicamente nos sentimos de alguna manera bien en la nueva situación.

Hay un aspecto de solidaridad, de estar protegiendo a los mayores, y eso genera un buen sentimiento, pero también estamos dejando de hacer cosas que son perjudiciales para otros y hay una conciencia subliminal de esto."

Lo esencial aquí es no regresar a la normalidad, no volver a echar andar la máquina con un suspiro de alivio y volver a nuestras vidas medianamente inconscientes y mayormente mecánicas, consumiendo y entreteniéndonos como la audiencia de una película de terror que no se ha dado cuenta de que ellos mismos son parte de la cinta.

Si es que existe un fuerte sentimiento de solidaridad y moralidad, este debe ser cultivado y no abandonado cuando ya no sea noticia y no haya una amenaza inmediata.

Fuente: https://culturainquieta.com/es/pensamiento/item/16818-el-filosofo-markus-gabriel-la-ideologia-de-la-normalidad-a-la-que-se-quiere-regresar-es-mas-peligrosa-que-el-virus.html

lunes, 23 de marzo de 2020

El filósofo Byung-Chul Han sobre la pandemia: El COVID-19 no vencerá al capitalismo

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han es, sin duda, uno de los filósofos más famosos y respetados de la actualidad. Es un destacado diseccionador de la sociedad del hiperconsumismo.

Los países asiáticos están gestionando mejor esta crisis que Occidente. Mientras allí se trabaja con datos y mascarillas, aquí se llega tarde y se levantan fronteras.

Compartimos con vosotros el análisis del filósofo de origen coreano y residente en Berlín, a propósito de la pandemia desatada por el el coronavirus COVID-19.

byung chul han cultura inquieta
El filósofo surcoreano Byung-Chul Han

Entre los varios análisis y artículos de opinión y reflexión que sin duda muchos esperábamos a propósito del momento en que vivimos se encuentra el de Byung-Chul Han, un filósofo especialmente agudo e inteligente y en quien destaca una capacidad de síntesis pocas veces vista en la historia de la disciplina.

A Han le debemos algunos conceptos particularmente útiles para entender nuestra época, entre otros, los de la “sociedad del cansancio”, el “sujeto del rendimiento” y la idea de “positividad” como una característica fundamental de nuestras sociedades (para Han vivimos en un “infierno de lo igual”, en donde el afán de efectividad y optimización hace que todo tienda a parecerse).

Este 21 de marzo, el diario El País publicó un texto en el que Han examina algunos de los efectos que ha tenido la crisis sanitaria, social y geopolítica desatada por el coronavirus COVID-19, surgido en China pero que a la fecha se encuentra ya en todo el mundo. El filósofo se detiene en algunos fenómenos puntuales provocados por esta pandemia.

Han comienza por señalar el regreso de la soberanía al que se asiste en Europa, el cual se manifiesta en los actos del cierre de fronteras, la prohibición del paso a inmigrantes y otros que, a decir del filósofo, son anacrónicos, pues corresponden a una idea pasada y sin vigencia tanto del “soberano” (en el sentido de dirigente de un país) como de la soberanía de un Estado.

Por otro lado, Han esgrime algunos elementos sobre la superioridad de la respuesta de los gobiernos asiáticos frente a la epidemia (en comparación con los gobiernos europeos), que se explica según Han por el uso que han dado éstos al “big data”, esto es, al enorme cúmulo de datos e información que proviene sobre todo del uso de los teléfonos inteligentes, las tarjetas de crédito y el Internet en general, lo cual ha permitido rastrear con un detalle inusitado los movimientos de personas contagiadas de COVID-19 o en riesgo de contagio.

Según el filósofo, esta estrategia sería impensable en los países europeos, donde las ideas de “privacidad”, “intimidad” e “individualidad” se combinan para crear una gran resistencia social al uso de los datos personales. “Al parecer el big data resulta más eficaz para combatir el virus que los absurdos cierres de fronteras que en estos momentos se están efectuando en Europa”, dice contundentemente el filósofo.

Finalmente, Han intenta dar respuesta a la que sin duda es una pregunta que muchísimas personas tienen ahora en mente: ¿por qué si el virus no es tan letal (su tasa de mortalidad continúa alrededor del 4%, esto es, cerca de 4 personas fallecidas por cada 100 infectados), por qué entonces la respuesta del mundo ha sido tan desmedida, en especial la respuesta simbólica: la respuesta emocional colectiva, la de los mercados financieros, la de los discursos políticos, etc.? En términos generales puede decirse que se ha creado un ambiente general de pánico excesivo que no parece corresponderse del todo con las cifras absolutas del daño provocado por el coronavirus? “Ni siquiera la “gripe española”, que fue mucho más letal, tuvo efectos tan devastadores sobre la economía”, dice Han. ¿Por qué?

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El filósofo surcoreano Byung-Chul Han
 A decir del filósofo, esta reacción puede comenzar explicarse con la hipótesis de que “hemos estado viviendo durante mucho tiempo sin enemigos”, una idea quizá un tanto arriesgada o que podría percibirse como alejada del problema pero que, en el sistema de pensamiento del filósofo, guarda coherencia con varias de sus exposiciones previas. Escribe Han:
"En realidad hemos estado viviendo durante mucho tiempo sin enemigos. La guerra fría terminó hace mucho. Últimamente incluso el terrorismo islámico parecía haberse desplazado a zonas lejanas.

Hace exactamente diez años sostuve en mi ensayo La sociedad del cansancio la tesis de que vivimos en una época en la que ha perdido su vigencia el paradigma inmunológico, que se basa en la negatividad del enemigo.

Como en los tiempos de la guerra fría, la sociedad organizada inmunológicamente se caracteriza por vivir rodeada de fronteras y de vallas, que impiden la circulación acelerada de mercancías y de capital.

La globalización suprime todos estos umbrales inmunitarios para dar vía libre al capital. Incluso la promiscuidad y la permisividad generalizadas, que hoy se propagan por todos los ámbitos vitales, eliminan la negatividad del desconocido o del enemigo.

Los peligros no acechan hoy desde la negatividad del enemigo, sino desde el exceso de positividad, que se expresa como exceso de rendimiento, exceso de producción y exceso de comunicación. La negatividad del enemigo no tiene cabida en nuestra sociedad ilimitadamente permisiva.

La represión a cargo de otros deja paso a la depresión, la explotación por otros deja paso a la autoexplotación voluntaria y a la autooptimización. En la sociedad del rendimiento uno guerrea sobre todo contra sí mismo."

Y continúa:
"Pues bien, en medio de esta sociedad tan debilitada inmunológicamente a causa del capitalismo global irrumpe de pronto el virus.

Llenos de pánico, volvemos a erigir umbrales inmunológicos y a cerrar fronteras. El enemigo ha vuelto. Ya no guerreamos contra nosotros mismos, sino contra el enemigo invisible que viene de fuera.

El pánico desmedido en vista del virus es una reacción inmunitaria social, e incluso global, al nuevo enemigo. La reacción inmunitaria es tan violenta porque hemos vivido durante mucho tiempo en una sociedad sin enemigos, en una sociedad de la positividad, y ahora el virus se percibe como un terror permanente."

Hasta este punto, la perspectiva de Han se asienta, como vemos, en su idea de la “positividad”: dado que las sociedades contemporáneas han tendido (voluntaria e involuntariamente) a expulsar todo indicio de negatividad, de diferencia y de otredad (en aras de conservar únicamente lo funcional, lo útil, lo eficaz, etc., lo cual en última instancia deriva en “lo mismo”), ahora que se presenta un elemento que justamente reúne todas esas características: es ajeno, es imprevisible, es nuevo (y, por lo tanto, diferente), es nocivo…

En fin, es la negatividad condensada en un sólo agente. No resulta extraño entonces que, desde la hipótesis de Han, en sociedades como las actuales, tan acostumbradas a únicamente dar cabida a lo “positivo”, la irrupción de este nodo de negatividad sea recibido con reacciones tan excesivas en el orden simbólico.

A esta idea Han añade otro elemento que es igualmente interesante y necesario para pensar la situación contemporánea, no sólo al respecto de la epidemia sino a la forma en que habitamos la realidad; dice el filósofo:
"Pero hay otro motivo para el tremendo pánico. De nuevo tiene que ver con la digitalización. La digitalización elimina la realidad. La realidad se experimenta gracias a la resistencia que ofrece, y que también puede resultar dolorosa.

La digitalización, toda la cultura del “me gusta”, suprime la negatividad de la resistencia.

Y en la época posfáctica de las fake news y los deepfakes surge una apatía hacia la realidad. Así pues, aquí es un virus real, y no un virus de ordenador, el que causa una conmoción.

La realidad, la resistencia, vuelve a hacerse notar en forma de un virus enemigo. La violenta y exagerada reacción de pánico al virus se explica en función de esta conmoción por la realidad."

En la tendencia hacia la positividad hemos creado un recelo hacia todo lo que implique contradicción, conflicto, desencuentro, siendo que, como sugiere Han entre líneas, estos y otros son estados propios de nuestra relación con la realidad.

El filósofo lo resume con maestría: “la realidad se experimenta gracias a la resistencia que ofrece”.
Dicho con otras palabras, no hay ni experiencia ni conocimiento de la realidad si no aceptamos que, por definición, ésta se nos resiste.

Paradójicamente, en nuestra resistencia a esa resistencia, es decir, en nuestra reticencia a aceptar que para experimentar y conocer la realidad tenemos que lidiar con las contradicciones propias de ésta, con sus conflictos y los desencuentros que emanan de ella.

De otro modo, nos estamos negando a experimentar lo que vivimos, creándonos una barrera de falsedad en la percepción que se interpone entre la realidad y nuestra experiencia de ésta.

¿Necesitamos, entonces, de un enemigo? Expresada así, la idea suena quizá un tanto radical. Pero es claro, si seguimos la argumentación de Han, que el mundo necesita de la negatividad (en todas sus expresiones) para despertar del letargo en el que ha vivido al menos desde el fin de la Guerra Fría.
Las inercias derivadas del capitalismo en las que viven ahora las sociedades de prácticamente todo el mundo –la ganancia económica como objetivo señero de toda acción, el individualismo, el racionalismo aplicado a ultranza y en todos los campos posibles, la pretendida primacía de la ciencia como único saber válido, etc.– tienen que detenerse en algún punto.

Y no es que el virus sea ese punto. Como dice Han: contrario a lo que piensa Slavoj Zizek, “el virus no vencerá al capitalismo”. Pero sí, en todo caso, esta crisis inicialmente sanitaria está dejando ver todos esos ámbitos en donde es necesario reconsiderar nuestras formas de ser y estar en el mundo.

A este respecto, Han termina su texto de este modo:
"Somos nosotros, personas dotadas de razón, quienes tenemos que repensar y restringir radicalmente el capitalismo destructivo, y también nuestra ilimitada y destructiva movilidad, para salvarnos a nosotros, para salvar el clima y nuestro bello planeta."

Texto completo de Byung-Chul Han: La emergencia viral y el mundo de mañana, en El País

Fuente: https://culturainquieta.com/es/pensamiento/item/16613-el-filosofo-byung-chul-han-sobre-la-pandemia-el-covid-19-no-vencera-al-capitalismo.html

lunes, 16 de marzo de 2020

La reflexión de la psicóloga italiana Francesca Morelli sobre el coronavirus



Piet Mondrian
"Creo que el universo tiene su manera de devolver el equilibro a las cosas según sus propias leyes, cuando estas se ven alteradas. Los tiempos que estamos viviendo, llenos de paradojas, dan qué pensar...

En una era en la que el cambio climático está llegando a niveles preocupantes por los desastres naturales que se están sucediendo, a China en primer lugar y a otros tantos países a continuación, se les obliga al bloqueo; la economía se colapsa, pero la contaminación baja de manera considerable. La calidad del aire que respiramos mejora, usamos mascarillas, pero no obstante seguimos respirando...

En un momento histórico en el que ciertas políticas e ideologías discriminatorias, con fuertes reclamos a un pasado vergonzoso, están resurgiendo en todo el mundo, aparece un virus que nos hace experimentar que, en un cerrar de ojos, podemos convertirnos en los discriminados, aquéllos a los que no se les permite cruzar la frontera, aquéllos que transmiten enfermedades. Aún no teniendo ninguna culpa, aún siendo de raza blanca, occidentales y con todo tipo de lujos económicos a nuestro alcance.

En una sociedad que se basa en la productividad y el consumo, en la que todos corremos 14 horas al día persiguiendo no se sabe muy bien qué, sin descanso, sin pausa, de repente se nos impone un parón forzado. Quietecitos, en casa, día tras día. A contar las horas de un tiempo al que le hemos perdido el valor, si acaso éste no se mide en retribución de algún tipo o en dinero. ¿Acaso sabemos todavía cómo usar nuestro tiempo sin un fin específico?

En una época en la que la crianza de los hijos, por razones mayores, se delega a menudo a otras figuras e instituciones, el coronavirus obliga a cerrar escuelas y nos fuerza a buscar soluciones alternativas, a volver a poner a papá y mamá junto a los propios hijos. Nos obliga a volver a ser familia.

En una dimensión en la que las relaciones interpersonales, la comunicación, la socialización, se realiza en el (no)espacio virtual, de las redes sociales, dándonos la falsa ilusión de cercanía, este virus nos quita la verdadera cercanía, la real: que nadie se toque, se bese, se abrace, todo se debe de hacer a distancia, en la frialdad de la ausencia de contacto. ¿Cuánto hemos dado por descontado estos gestos y su significado?

En una fase social en la que pensar en uno mismo se ha vuelto la norma, este virus nos manda un mensaje claro: la única manera de salir de esta es hacer piña, hacer resurgir en nosotros el sentimiento de ayuda al prójimo, de pertenencia a un colectivo, de ser parte de algo mayor sobre lo que ser responsables y que ello a su vez se responsabilice para con nosotros. La corresponsabilidad: sentir que de tus acciones depende la suerte de los que te rodean, y que tú dependes de ellos.

Dejemos de buscar culpables o de preguntarnos porqué ha pasado esto, y empecemos a pensar en qué podemos aprender de todos ello. Todos tenemos mucho sobre lo que reflexionar y esforzarnos. Con el universo y sus leyes parece que la humanidad ya está bastante en deuda, y que esta epidemia nos lo está viniendo a explicar a caro precio.

Más información: https://culturainquieta.com/es/pensamiento/item/16580-la-reflexion-viral-de-la-psicologa-francesca-morelli-sobre-el-coronavirus.html

lunes, 18 de noviembre de 2019

120.000 cintas de colores para celebrar el 30 aniversario de la caída del Muro de Berlín



Todas las imágenes son de Poetic Kinetics 
 
Es imprescindible buscarle la luz a la vida y llenarla de color en el sentido que sea, en el literal y en el figurado y, sobre todo, si es para conmemorar el final de ciertos episodios grises que tiñeron nuestra historia de oscuridad.
La noche del 9 de noviembre de 1989 caía el Muro de Berlín, ese "muro de la vergüenza" que mantuvo divida a la ciudad de Berlín durante 28 años, fue símbolo de la Guerra Fría y fue uno de los iconos más fuertes de nuestra historia reciente.

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Este año se celebra el 30 aniversario de la caída del Muro y de entre todos los actos, homenajes y actividades que se han realizado para celebrar la unión de un pueblo que estuvo separado por cemento e ideales, destaca una instalación urbana a todo color.
Esta intervención urbana, que es puro arte en movimiento, consta de 120.000 cintas de colores que flotan sobre la antigua ubicación de esta histórica construcción y ha sido diseñada por Patrick Shearn y su equipo Poetic Kinetics.

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Poetic Kinetics, como su nombre indica, buscan la opesía en la cinética y, con este principio, este equipo experimental crea un arte inmersivo en el que se reúnen una variedad de disciplinas para formar una experiencia creativa única, inesperada y poco convencional.

Esta "escultura" en movimiento que simboliza la paz y la unión, está instalada en la Puerta de Brandeburgo y, la cuarta parte de sus cintas reflectantes, llevaban escritos mensajes de recuerdo, deseo y esperanza.

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"Visions in Motions" ha sido parte de la Semana del Festival de Berlín, que tuvo lugar del 4 al 10 de noviembre y, ahora también ha pasado a formar partes de los recuerdos y la memoria de todos aquellos que creen en la unión y en remar en una sola dirección.

Más información: https://culturainquieta.com/es/arte/instalaciones/item/16182-120-000-cintas-de-colores-para-celebrar-el-30-aniversario-de-la-caida-del-muro-de-berlin.html

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Italia se convierte en el primer país que incluye el cambio climático como asignatura obligatoria

Hemos incidido en numerosas ocasiones, en lo importante que es educar a las próximas generaciones en valores y principios que les hagan ser personas de provecho en la sociedad que nos ha tocado vivir.
 La educación y la enseñanza no son otra cosa que concienciar y hacer reflexionar sobre las actitudes que se deben tener ante la vida y, deben reinventarse y adaptarse a las necesidades que demandamos y que van en función de las evoluciones y las involuciones que sufrimos como colectivo.

Italia se convierte en el primer país que incluye el cambio climático como asignatura obligatoria 2

 Al igual que de unos años a esta parte, se ha considerado de extrema necesidad impartir educación soble la sexualidad y la diversidad en las aulas, o hacer campañas en contra del bullying o la violencia machista, hay que hacer un llamamiento urgente para salvar el planeta.

Por eso, ahora, Italia se ha convertido en el primer país que va a convertir el cambio climático en una asignatura obligatoria que entrará a formar parte de los programas académicos.

Cuando inicie el ciclo escolar 2020, Italia incluirá horas de enseñanza sobre problemas medioambientales; de acuerdo con el Ministro de Educación, Lorenzo Fioramonti, el plan de estudios anual incluirá 33 horas dedicadas a la crisis climática.

El tirón mediático mundial de jóvenes como Greta Thunberg, son reflejo de que las nuevas generaciones perciben la invasión de plástico en los océanos, la cantidad de especies en extinción, la contaminación en las grandes urbes o el mal uso del reciclaje, como problemáticas presentes que están repercutiendo en un futuro que pinta catastrófico.

Además, también se ha pensado en que materias tradicionales como geografía, matemáticas o física, se impartan desde una nueva perspectiva vinculada al desarrollo sostenible.

Para guiar el proyecto, el ministerio ha reunido a científicos expertos como Jeffrey D. Sachs, director del Centro para el Desarrollo Sostenible de la Universidad de Columbia y el teórico económico y social estadounidense Jeremy Rifkin.

Lorenzo Fioramonti declara, “Quiero hacer del sistema educativo italiano el primer sistema educativo que coloque al medio ambiente y a la sociedad en el centro de todo lo que se aprende en la escuela”.

Italia se convierte en el primer país que incluye el cambio climático como asignatura obligatoria 1

El tirón mediático mundial de jóvenes como Greta Thunberg, son reflejo de que las nuevas generaciones perciben la invasión de plástico en los océanos, la cantidad de especies en extinción, la contaminación en las grandes urbes o el mal uso del reciclaje, como problemáticas presentes que están repercutiendo en un futuro que pinta catastrófico.

Además, también se ha pensado en que materias tradicionales como geografía, matemáticas o física, se impartan desde una nueva perspectiva vinculada al desarrollo sostenible.

Fuente: https://culturainquieta.com/es/sostenibilidad/item/16160-italia-se-convierte-en-el-primer-pais-que-incluye-el-cambio-climatico-como-asignatura-obligatoria.html

sábado, 5 de octubre de 2019

Un artesano hace muñecos de ganchillo con vitíligo para integrar a los niños que lo padecen

Joao Stanganelli Junior 2 infancia enfermedad solidaridad integracion sociedad juguete
Todas las imágenes son propiedad de joaostanganelli
Diferente es uno de los adjetivos que implica una dicotomía conceptual más radical; hay gente para la que ser diferente es una auténtica virtud y otros para los que ser distinto supone uns fuente infinita de complejos y miedos.

Por desgracia, son muchos más los que creen que ser diferente o raro es peyorativo, que implica una connotación negativa; no estar dentro de los cánones absurdos de belleza y comportamiento que impone la sociedad actual, supone un problema para la mayoría de los que soñamos con encajar.

El vitíligo es una enfermedad de la piel por la que ésta pierde la pigmentación en algunas zonas dando al cuerpo un aspecto lleno de parches rosados; este trastrono afecta, aproximadamente, al 1% de la población y, aunque es inofensivo, puede acarrear ansiedad, depresión o suponer una estigmatización social.

João Stanganelli Junior, tiene 64 años y vive con vitíligo desde los 30; cuando se jubiló decidió dedicarse a un pasatiempo para mantenerse activo; junto a su esposa comenzó a tejer ganchillo.

Aunque confiesa que al principio le dolían los dedos y la espalda, se ha acostumbrado porque dice pasar mucho tiempo al día tejiendo debido a la cantidad de encargos que tiene; recuerda que el primer trabajo que hizo fue una muñeca para su nieta; después, creó una muñeca con parches de vitiligo, y nació una idea.

Joao Stanganelli Junior 4 infancia enfermedad solidaridad integracion sociedad juguete

 João comenzó a hacer más de estas muñecas inclusivas, una muñeca en silla de ruedas, por ejemplo. Todos sus diseños estaban enfocados a ayudar a los niños a sentirse "normales" y valorados, sin importar con qué tipo de condición pudieran estar viviendo.

 "[...] no estar dentro de los cánones absurdos de belleza y comportamiento que impone la sociedad actual, supone un problema para la mayoría de los que soñamos con encajar"

Al ver cómo daban resultado sus juguetes, decidió expandir su idea por Facebook e Instagram; a través de las redes, João realizo una muñeca para la escritora Tati Santos de Oliveira cuya hija padece esta afección cutánea.

La escritora confiesa, "Cuando supe del diagnóstico de mi hija, busqué, además del tratamiento, publicaciones para que ella se sintiera representada y no encontré en el mercado ningún trabajo sobre el tema para niños"

Joao Stanganelli Junior 6 infancia enfermedad solidaridad integracion sociedad juguete

 Dos días después, Tati había escrito "A Menina Feita de Nuvens" o "La niña hecha de nubes"; Tatin explica, "El libro cuenta la historia de María Luiza y su secreto especial, tiene manchas hechas de nubes; es una forma de tratar la aceptación de la enfermedad con delicadeza".

Todas estas iniciativas de información y normalización de una afección, son absolutamente necesarias para hacer ver al mundo que las "rarezas" y las "diferencias" son simplemente maravillosas.

Fuente:https://culturainquieta.com/es/lifestyle/item/15985-un-artesano-hace-munecos-de-ganchillo-con-vitiligo-para-integrar-a-los-ninos-que-lo-padecen.html

miércoles, 11 de septiembre de 2019

José Suárez, el fotógrafo gallego que tenía ojos que pensaban

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 Hablamos de José Suárez, el genio traspapelado de la fotografía en España del siglo XX, según palabras del crítico Manuel Bonet.

José nació en una Galicia en blanco y negro que daba la bienvenida al convulso siglo XX. Su padre le regaló una cámara de fotos y con esa cámara, en parte, le dió una manera de vivir una vida en parte elegida, en parte exiliada.

El exilio le llevó a ser antropólogo de su historia. Pescadores gallegos, esquiladores de la Pampa, campesinos de La Mancha... Hombres, y hombres trabajadores, fueron esencialmente los sujetos a los que apuntó siempre la cámara de José Suárez (1902-1974), ya fuera fotográfica o de cine.

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 Gallego muy vinculado a Salamanca, donde estudió, Suárez fue además un creador innovador y un intelectual que se relacionó con buena parte de la crema de los pensadores y escritores de su tiempo, de Unamuno a Alberti, Bergamín o Pérez de Ayala, y que hoy sigue siendo desconocido por el gran público fuera de su Galicia natal.

Del mar y el universo gallego, José surcará mundos lejanos y nuevos como Japón, Chile, Argentina.., serán los nuevos escenarios donde interpretará los actos más fructíferos de su vida.

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El regreso a su patria será el acto final, dramático e injusto. José no fue reconocido en su país, y nosotros ahora descubrimos que además fue un gran cineasta, que entrabló amistad con el genio del cine japonés Akira Kurosawa y que uno de sus amores más grandes fue su perro, que le escribía simpáticas cartas mienstras estaba en el exilio.

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Durante sus primeros años en Argentina, la actividad más importante será el cine, donde participará en un número importante de películas como director, director de fotografía de exteriores, iluminador, ayudante de dirección o asesor técnico. Pero su actividad cinematográfica no le impide seguir con su interesante actividad fotográfica, que desarrollará como corresponsal de diferentes periódicos y publicaciones.

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 Su mirada personal volverá a predominar en series como La Pampa, los ovejeros de Tierra del Fuego, Santiago del Estero o los paisajes de la Patagonia. Imágenes cuidadosamente escenificadas que nos hacen recordar la forma de trabajar en el cine. De su época en el exilio destaca también la serie Nieve en la cordillera (1942), con fotografías de cuidada realización formal tomadas en la cordillera de los Andes en las que aborda una de sus grandes pasiones: la nieve.

Los viajes serán una constante en la vida de Suárez: Argentina, Uruguay, Chile, Brasil, Sudáfrica, Filipinas… aparecerán retratadas a través del objetivo de su cámara. Pero el viaje más importante de su vida será, sin duda, el realizado a Japón en 1953. Durante dos años se aproximará a su cultura, a su filosofía de vida y, sobre todo, a su tradición. En eEsta experiencia le marcará de por vida y avivará su deseo de volver a Galicia.

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osé Suárez con su perro Mambrino en Punta del Este (Uruguay)
 Un triste día de 1974, José decidió decirle adios la vida mediante una nota en la que pedía perdón por las posibles molestias que pudiera acarrear su muerte elegida.

Imaxes de Bueu no documental "Galicia" de Carlos Velo rodado en 1936



Ese día se quitó la vida, la misma que empezó en el momento que su padre le regaló su primera cámara de fotos con la que retrataría de forma brillante su fascinante e injusto mundo.

Más información: https://culturainquieta.com/es/inspiring/item/10581-jose-suarez-el-fotografo-gallego-que-tenia-ojos-que-pensaban.html

lunes, 26 de agosto de 2019

Sabemos leer pero no entendemos lo que leemos: ¿una nueva generación de analfabetos?

Los dispositivos y medios digitales junto con la disminución del tiempo de atención están afectado profundamente la lectura, una de las formas más efectivas en la historia para obtener y generar conocimiento.

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Ilustración: Sebastien Thibault
 ¿Cuándo fue la última vez que leíste un texto, de principio a fin, sin desesperarte, sin cansarte, sin interrumpir tu lectura, sin distraerte y sin querer pasar urgentemente a otra cosa?
Esta pregunta, por sencilla que pueda parecer, es capaz de revelar una de las tendencias contemporáneas más preocupantes: el impacto del Internet y sus tecnologías derivadas parece haber creado una nueva forma de analfabetismo funcional, en el cual la gente sabe leer pero es incapaz de mantener su atención lo suficientemente en la lectura como para comprender las ideas que propone un texto o la abstracción inherente a toda escritura, y menos para recrear los efectos emocionales y estéticos propios de ciertas obras.

Como quizá muchos de nosotros sabemos por experiencia propia, la lectura ha experimentado a lo largo de los últimos años una de las transformaciones más importantes de su historia.

Después de al menos un par de siglos de ser una práctica realizada en silencio y con cierto grado de soledad, en nuestra época ambas condiciones han cambiado radicalmente, pues el silencio ha sido sustituido por un ruido casi omnipresente y multiforme: el ruido de la distracción; e igualmente, la soledad en la que la lectura se desarrollaba ha sido reemplazada poco a poco por una peculiar forma de la presencia y la compañía (mensajería instantánea, redes sociales, etc.), capaz de irrumpir en todo momento y circunstancia.

La “era de la ansiedad”  ha arrasado, entre muchos otros bienes, con la posibilidad de sentarse tranquilamente a pasar las páginas de un libro, sumergirse en su lectura y por un instante suspender la corriente incesante del tiempo para situar en su lugar los acontecimientos que la escritura es capaz de implantar en nuestra percepción.

La constatación de este fenómeno no es un asunto menor. Si la lectura suele considerarse importante a priori, es porque durante varios siglos se dio por sentado que los libros eran la mejor forma de almacenar conocimiento fuera de nuestra memoria.

De todos los saltos civilizatorios que ha experimentado la humanidad, la escritura fue uno de los más decisivos. Sin ésta, es muy posible que nuestra especie seguiría repitiendo los mismos errores de nuestros ancestros más remotos, y aunque en algunos casos esto sucede así, en muchos otros, sobre todo aquellos relacionados con la técnica, la escritura y la lectura han sido dos herramientas clave para el desarrollo de la cultura.

Vale la pena recordar que leer no es únicamente descifrar los signos que conforman una palabra, un párrafo o un libro entero, sino además entender de manera amplia el sentido de aquello que se lee: su sentido literal y su sentido figurado, el uso que se le da al lenguaje, el mensaje que se busca transmitir, la posición ideológica desde la cual se habla y otras sutilezas presentes en un texto.

Los analfabetas funcionales de nuestra época tienen las habilidades necesarias para descifrar las palabras, pero han perdido su comprensión lectora. De cierta manera, este resultado puede verse como un desperdicio de todos los recursos alguna vez invertidos en el esfuerzo de aprender a leer.

Entre otros testimonios que podrían recabarse respecto de esta situación, quizá los más elocuentes se encuentren entre los profesores de los niveles medio y superior de la educación escolarizada. En numerosos casos, profesores de casi cualquier disciplina han manifestado su preocupación por la dificultad de los jóvenes para mantener su atención en una tarea.

En cuanto al caso específico de la lectura, el periódico británico The Guardian recoge como ejemplo la experiencia de Mark Edmundson, profesor de literatura inglesa que ha constatado que existe una amplia reticencia de los estudiantes hacia las obras más emblemáticas de los siglos XIX y XX, debido a que no tienen la paciencia para leer profundamente. Edmundson habla incluso de una suerte de “impaciencia cognitiva” que se interpone entre la mente del estudiante y la recepción de la obra literaria.

Por su parte Ziming Liu, de la Universidad Estatal de San José (California), ha realizado estudios en torno a una práctica conocida en el mundo anglosajón como skimming, lo cual puede traducirse como “hojear” (con cierta evocación a la idea de destilar). De acuerdo con Liu, no son pocos los estudiantes que ahora no hacen más que “hojear” los textos que leen, buscando los términos que consideran importantes para pasar pronto a otra cosa.

Esta forma de “leer”, sin embargo, va en contra de la naturaleza misma de la lectura. Patricia Greenfield, psicóloga de la Universidad de California en Los Ángeles, ha explicado en sus investigaciones que la lectura ocurre como un circuito que requiere de todo un ambiente para desarrollarse y culminar en la generación del conocimiento. Interrumpir alguna de las fases de ese circuito, suprimir alguno de sus componentes, saltarse alguno de los pasos conduce necesariamente a un resultado incompleto y en no pocos casos equivocado. La expectativa de inmediatez a la que estamos tan habituados no puede cumplirse en la lectura, en la cual los resultados se obtienen paulatina y gradualmente, como culminación de un proceso que en sus etapas intermedias agrega cada vez pequeños o grandes componentes que ya por sí mismos pueden considerarse ganancias parciales.

Nuestra época ha sido afectada de manera notable por la transformación radical que trajo la invención del Internet y las comunicaciones digitales. Un ámbito de esa transformación es, claramente, la capacidad de atención del ser humano. La conexión 24/7 propia del Internet se convirtió en una conexión también incesante para nuestra mente y, más aún, en una especie de tiranía para nuestra atención.

¿Al ser humano todavía le interesa acceder al conocimiento? Esta pregunta sin duda está en el origen del interés que se puede tener por la lectura. Más allá de las condiciones adversas o favorables, el interés por una tarea o por sus resultados esperados es, indudablemente, la pieza clave que nos lleva a emprender los esfuerzos necesarios para realizarla.

Lo paradójico sería que en una época que alguna vez fue llamada la era de la información, el sujeto contemporáneo simplemente prefiera vivir en la ignorancia, la mentira, el prejuicio o la ilusión de la verdad: nubes del pensamiento que la lectura ayuda a disipar.

Fuente: https://culturainquieta.com/es/inspiring/item/15245-sabemos-leer-pero-no-entendemos-lo-que-leemos-una-nueva-generacion-de-analfabetos.html