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martes, 8 de junio de 2021

Alemania recuerda a los “españoles rojos” y su trabajo esclavo durante el nazismo

 Una exposición recuerda en Berlín por vez primera la memoria de los “españoles rojos” que acabaron en las colonias francesas. Miles de refugiados republicanos padecieron un periplo de trabajos forzados en Francia, el Norte de África y Alemania para luchar durante décadas por un reconocimiento y reparación que, en muchos casos, no llegó. En la apertura participó el embajador español en Alemania, que hizo malabares discursivos

La historia de Celestino Alfonso Matos no es muy conocida, y eso que asesinó a Julius Ritter, el responsable para el Servicio de Trabajo Obligatorio de las temidas Schutzstaffel (SS) alemanas en toda Francia. Pierrot, que era el apodo de Matos, era carpintero y había sido Comisario político de la segunda Brigada Internacional. Tras la guerra civil española, se había refugiado en Francia, donde fue internado en un campo en Saint-Cyprien y más tarde deportado a Berlín. Consiguió huir pero para acabar siendo fusilado en Francia.

La historia de este comunista y la de otros 140.000 refugiados republicanos es recogida por una exposición bajo el título de “Rotspanier”, que es el nombre que los Nazis dieron a los republicanos y significa “españoles rojos”. La muestra está abierta en Berlín desde el jueves 3 de junio en el Centro de Documentación para el Trabajo Forzado durante el Nacionalsocialismo.

Junto con la asociación francesa Ay Carmela, fundada por un antiguo trabajador forzado y otros familiares de víctimas en Burdeos, los historiadores Peter Gaida y Antonio Muñoz Sánchez han querido contar la historia de los huidos tras la guerra. Personas que padecieron, en especial en Francia y en Alemania, así como en las colonias francesas del norte de África, el internamiento en campos de trabajo forzado. “Con el argumento de no abrir viejas heridas en la sociedad española, la democracia restaurada después de 1975 no acomete una revisión crítica de la guerra civil”, asegura el texto de una de las columnas iluminadas que componen la exhibición.

“Tenemos una ley de memoria histórica desde 2007”, decía el embajador español Ricardo Martínez Vázquez en la apertura de la exposición el jueves... y poco más. Porque sabe que los trabajos forzados durante el franquismo ni han sido investigados en profundidad ni sus víctimas han sido compensadas. Martínez Vázquez aseguró, sin embargo, que la exposición berlinesa “para un español es muy importante”, recordó que “Franco no tuvo ningún interés” en la memoria de estas personas y que ello fue “uno de los motivos” por los que cayeron en el olvido.

Martínez escogió muy bien las palabras, evitando hablar de la guerra civil, término discutido en Alemania, donde hay historiadores que la llaman “Guerra Española”, por la evidente intromisión extranjera. También omitió el decisivo papel de Alemania, que sí se menciona en la exposición. El régimen nazi fue responsable directo de la victoria de Franco y, por tanto, de la propia existencia de los refugiados, a los que la Legión Cóndor incluso llegó a bombardear. Hoy aún hay una avenida dedicada a la Legión Cóndor en la capital alemana, el Spanische Allee.

El embajador está acostumbrado a esos malabares diplomáticos. En septiembre participó en el homenaje anual a las Brigadas Internacionales
Los republicanos huyeron de la muerte y la cárcel, también del trabajo forzado durante la dictadura de Franco. Decenas de miles pasarían por el sistema de campos de trabajo alemanes y franceses. Esto fue objeto de discusión en Berlín el pasado mes de marzo en el Instituto Cervantes en un programa hecho en cooperación con el Museo que ahora expone la muestra. Con una charla en la que participó el historiador Nicolás Sánchez Albornoz, que estuvo preso y tuvo que participar en la construcción del Valle de los Caídos, dieron un repaso a la impunidad de los crímenes franquistas en ese terreno.
Vista de la exposición itinerante “Rotspanier” 2
Vista de la exposición itinerante “Rotspanier”. Foto: Dokumentationszentrum NS-Zwangsarbeit
Republicanos españoles en las colonias francesas

“Abandonamos a los refugiados españoles frente al fascismo italiano, portugués y alemán”, explicaba el presidente de la asociación Ay Carmela Emmanuel Dorronsoro en la presentación de esta exposición en Burdeos. Y eso, a pesar de que “muchos españoles fueron actores y no solo víctimas”, ya que participarían más tarde en la liberación de Francia del fascismo, como explica Gaida.

Pero se conoce poco que el régimen colaboracionista de Vichy empleó a los refugiados republicanos para construir grandes proyectos arquitectónicos, no solo en Francia, sino también en Túnez, Marruecos o Argelia. “Deseamos que nuestra exposición contribuya a que el gobierno francés reconozca a los españoles que fueron utilizados mediante el trabajo esclavo”, explica.

Ya en 1939, Francia decidió que los refugiados tenían que contribuir a defender el país o aceptar un servicio de trabajo obligatorio. 90.000 republicanos fueron destinados a diferentes destinos para la economía de guerra, de los cuales 50.000 trabajaron en las Compañías de Trabajo Extranjero (CTE), unidades de trabajo militarizadas.

Los enviaron a reforzar la línea de combate construyendo fortificaciones. Cuando la Wehrmacht ocupó Francia, se produjeron las primeras deportaciones y miles de españoles terminaron en Alemania en trabajos forzados o en campos de exterminio como el de Mauthausen.
Poco después el régimen autoritario de la parte francesa no ocupada por los nazis y dirigida por el mariscal Phillipe Pétain envió 76.000 judíos y 86.000 franceses y extranjeros a los campos de concentración nazis, además de imponer un Servicio de Trabajo Obligatorio. “Durante cuatro años más de 30.000 españoles (…) son obligados a trabajar sin sueldo y bajo condiciones extremas en la agricultura o en la industria”, detalla la exposición, que recoge cartas, comunicados oficiales, informes y fotos poco conocidas de este capítulo del exilio español.

El internamiento en campos de trabajo en Argelia, así como el empleo de mano de obra forzada republicana en la construcción del proyecto colonial del tren “Trans-sahariano” por el norte de África son otros de los aspectos centrales de la exposición. El trabajo forzado en la organización alemana Todt, que construyó autopistas y fortificaciones gracias a los reclusos en sus campos de trabajo, pero también la construcción de búnkers forman parte del repaso que los historiadores Gaida y Muñoz Sánchez hacen al periplo penoso de miseria, abusos y malos tratos recibidos por los republicanos. Ambos llevan décadas trabajando sobre el tema que les ocupa.

Trans-sahariano

Gaida es el experto por excelencia de los campos de trabajos forzados en la Francia de Vichy y tiene una cercanía a las asociaciones de familiares de las víctimas que le ha permitido conocer historias personales que han enriquecido esta y otras exposiciones, así como sus libros monográficos sobre el trabajo forzado en las colonias francesas o sobre el Muro del Atlántico, el gigantesco proyecto con el que Adolf Hitler trató de evitar la invasión marítima en las costas francesas.

Muñoz Sánchez ha investigado la historia de las indemnizaciones a los republicanos en Alemania y el trabajo forzado de portugueses en el régimen nazi. Su trabajo conjunto en la exposición “Rotspanier” muestra el recorrido penoso del exilio republicano en el Tercer Reich y en Francia.
Una exposición con vocación educativa muy exigente
Uno de los dos historiadores que han elaborado la exposición, el doctor Peter Gaida, explica a El Salto que la intención de la exposición es dar a conocer la historia de los miles de republicanos que no eran destacados comunistas y que acabaron como trabajadores forzados no solo en Alemania, sino también en Francia. Y que, además, este último país nunca les ha reconocido oficialmente ni compensado, algo que sus familiares reclaman desde hace décadas.

Lo cierto es que la vocación inequívocamente educativa de la exposición, que cuenta con una página web en tres idiomas en la que hay también actividades escolares para trabajar la materia en clase, vídeos y fotografías, es muy exigente con el visitante. Se presuponen conocimientos, como en el caso de Mauthausen, en el que el historiador no ha querido hacer hincapié por ser algo más conocido y estudiado y, por ello, asegura, habría sido redundante. No se menciona a Francesc Boix, que aunque es muy conocido en España, no lo es tanto en Alemania y ello a pesar de que sus fotos fueron usadas en el juicio de Núremberg para poder condenar a algunos de los responsables.

Además, hoy día da la impresión de que las cuatro décadas de existencia de la República Democrática Alemana (RDA) han desaparecido de la historia. A veces los historiadores no se molestan en nombrar lo que ocurrió durante este periodo en la mitad de Alemania, ni siquiera para criticarlo, como podría haber sido el caso en esta exposición. Tan solo se menciona que “en el este de Alemania se recuerda la memoria de las Brigadas Internacionales”.

En el caso de la RDA, las Brigadas Internacionales fueron uno de sus mitos fundacionales, y el país, autodeclarado como antifascista, a diferencia de la República Federal, no se consideraba a nivel legal como sucesora del tercer reich, por lo que en un primer momento se negó a pagar reparaciones de guerra. Los participantes en las Brigadas eran considerados héroes nacionales y algunos de ellos compartieron destino con los republicanos en los campos franceses y alemanes y después recibieron pensiones por ser víctimas del nazismo. Hubo algunos españoles que consiguieron asilo político en la RDA por haber combatido contra el fascismo, pero la admisión de solicitudes estaba condicionada, eso sí, al parecer, por su filiación política y el visto bueno del Partido Comunista de España.

Rotspanier 3
Vista exterior del Museo donde tiene lugar la exposición itinerante “Rotspanier” en Berlín. Carmela Negrete

La exposición itinerante, que ya había sido mostrada en Francia, ha sido financiada por un organismo público alemán, la Fundación “Recuerdo, responsabilidad y futuro”, que se fundó en 2000 para compensar a los trabajadores forzados del Nacionalsocialismo alemán y para “promover proyectos de reconciliación”. Después de que las víctimas de trabajos forzados del nazismo se pasasen décadas reclamando una compensación y de que el estado alemán rechazase sus peticiones una y otra vez, éstas fueron reconocidas cuando buena parte de los afectados ya había fallecido. Ahora Alemania da lecciones de memoria a Francia con esta exposición.

La investigación puede visitarse hasta el 31 de noviembre en el Centro de Documentación para el Trabajo Forzado durante el Nacionalsocialismo (Dokumentationszentrum NS-Zwangsarbeit), en el barrio de Treptow-Köpenick en la calle Britzer Straße número 5. La entrada es gratuita y el museo está adaptado para personas con diversidad funcional.

El museo es el único campo de trabajo forzado que se conserva en Berlín y dispone de dos exposiciones permanentes muy recomendables en las que se puede conocer las historias de los italianos encarcelados allí como presos de guerra, así como sobre el fenómeno del trabajo forzado durante el nazismo. Después de su paso por Berlín se espera que, si la pandemia lo permite, dicha exposición vuelva a Francia para ser expuesta después en Barcelona y, con suerte, en otras ciudades españolas.
Fuente: https://www.elsaltodiario.com/memoria-historica/alemania-da-lecciones-de-memoria-a-francia

lunes, 17 de febrero de 2020

¿Cuánto se tarda en olvidar un Holocausto?

Hasta un 40% de los jóvenes alemanes no conocen lo que sucedió en Auschwitz. Algunos investigadores estudian cómo funciona la memoria colectiva y cómo actuar contra el olvido generacional.

Un paseante entre los 2.711 bloques de hormigón de homenaje a las víctimas del Holocausto en Berlín
Un paseante entre los 2.711 bloques de hormigón de homenaje a las víctimas del Holocausto en Berlín Pixabay
  A medida que mueren los últimos supervivientes de los campos de concentración nazi, el recuerdo del Holocausto parece ir diluyéndose en la memoria colectiva. “En algún momento la gente leerá libros sobre el Tercer Reich y el Holocausto como lo hacemos hoy día sobre la guerra de las Galias de César”, aseguró recientemente ante el Bundestag el historiador israelí Saul Friedländer. “Así será y no hay nada que podamos hacer sobre ello”. Y los hechos parecen darle la razón. A pesar de los esfuerzos de la sociedad alemana para mantener viva la memoria, como los recientes actos de celebración del 75 aniversario de la liberación de Auschwitz, las encuestas indican que casi la mitad de los jóvenes alemanes no conocen qué sucedió en estos campos de concentración . Y como síntoma, cada vez es más frecuente que los visitantes se hagan selfies irrespetuosos en los sitios de homenaje a las víctimas, como si se tratara de una atracción turística más.

Algunos investigadores estudian cómo este tipo de memorias traumáticas se transmiten de unas generaciones a otras. Trabajos como el de Marianne Hirsch muestran que las víctimas transmiten estos recuerdos a sus hijos, pero a partir de la segunda o tercera generación esta memoria se diluye. En el mantenimiento de esta memoria colectiva intervienen  las experiencias personales y la cercanía con los hechos, además de las producciones culturales. Algunos estudios han mostrado que los más jóvenes y los más mayores difieren en la manera en que recuerdan los conflictos bélicos actuales e históricos y que en general las personas recuerdan mejor los acontecimientos históricos y colectivos experimentados durante la adolescencia o la edad adulta temprana.

Midiendo el olvido
Medir algo tan difuso como el olvido colectivo y el papel que juegan los aspectos personales, geográficos y sociales en la conservación de los recuerdos es muy complejo. El investigador del MIT Cristian Candia ha desarrollado algunas herramientas para tratar de contabilizar este decaimiento de la atención y la memoria colectivas y cuántas generaciones tardamos en olvidar personajes y acontecimientos históricos. En un trabajo publicado en 2018, él y su equipo desarrollaron un modelo matemático basado en el análisis de miles de datos online para determinar cuánto tiempo se tarda en olvidar un fenómeno cultural o una figura pública relevante. Su conclusión fue que transcurridos 20 o 30 años, la memoria comunicativa de casi cualquier fenómeno se desvanece.
“En nuestro trabajo mostramos que coexisten dos mecanismos que modulan la atención colectiva, la memoria comunicativa (lo que nos contamos unos a otros) y la memoria cultural (la que queda en los registros)”, explica a Vozpópuli. “Y vimos que cuanta más atención se logre conseguir lo antes posible, esas piezas de contenido vivirán en nuestras memorias por más tiempo, lo que llamamos apego preferencial”.

Aunque en su modelo se centraba en el recuerdo de fenómenos de la cultura popular y figuras históricas, desde Aristóteles hasta los Beatles, Candia cree que también se puede aplicar a la memoria del Holocausto. “Han pasado 75 años de la liberación de Auschwitz, y en mi opinión, muchos de los jóvenes solo se han visto expuesto a este contenido a través de mecanismos vinculados a la memoria cultural, es decir, acceso a registros o monumentos”, explica. “Si bien existen actos conmemorativos, estos tienen un impacto bien pequeño en enfocar la atención colectiva. Por lo tanto, no es extraño para mí que el 40% de los jóvenes alemanes no sepan nada del Holocausto, cada vez existen nuevas piezas de información que compiten por nuestra atención, y es muy difícil salir de la tendencia al olvido”. En otras palabras, la tendencia es siempre de decaimiento de la atención, por lo que no le extrañaría, asegura, “que en 10 años más ya no sea el 40% de los jóvenes quienes no saben nada sobre el tema, sino el doble”. 

Un fenómeno pop
El trabajo de Candia muestra que la memoria cultural, las producciones dirigidas al gran público en torno al tema, tienen un papel muy relevante en la persistencia de los recuerdos en la sociedad. Y esto también pasó en Alemania. “Contra lo que podría pensarse, después de la Segunda Guerra Mundial los alemanes entraron en una fase de olvido sobre lo que ocurrió”, explica a Vozpópuli el filósofo Manuel-Reyes Mate. “Alemania sigue construyendo la historia de espaldas a su pasado hasta que algo tan banal como una serie de televisión americana llamada “El Holocausto”, una serie muy mala pero que, emitida en la televisión alemana en un buen horario, provocó un cataclismo, que desembocó en la aparición de una cultura de la memoria en Alemania sin precedentes”.

Homenaje a las víctimas del Holocausto a orillas del Danubio, en Budapest
Homenaje a las víctimas del Holocausto a orillas del Danubio, en Budapest Pixabay

Sin embargo, este papel de la cultura popular puede tener un efecto pernicioso. Algunos especialistas temen es que al desaparecer los testimonios directos del horror, la información que llegue a la sociedad sea solo la visión parcial que ofrecen los libros y películas. El hecho de que las nuevas generaciones solo tengan noticia del Holocausto por lo que quede en la cultura pop, a juicio de Reyes Mate, puede ser un problema. En su opinión, "para retratar el horror, películas como “La lista de Schindler” o “La vida es bella” eligen una parte de la historia que tiene un final feliz”, y eso puede trasladar el mensaje equivocado.

La escritora y psicóloga israelí Ayelet Gundar-Goshen se planteaba esta misma cuestión hace unas semanas en las páginas de Time. “Las representaciones del cultura popular del Holocausto pueden dar una versión sesgada de la historia”, escribe. La reciente película “Jojo Rabbit”, que cuenta la historia de un niño alemán que salva a una niña alemana con la ayuda de un oficial nazi, el libro “El niño del pijama a rayas” o la historia de "Solo en Berlín”, son otros ejemplos. “Si eres un adolescente que se alimenta de la cultura pop, te parecería que hubo más alemanes que se opusieron a la guerra que los que participaron en ella”, argumenta.

Un instalación de homenaje a las víctimas de los campos de concentración nazis
Un instalación de homenaje a las víctimas de los campos de concentración nazis Pixabay

Para Gundar-Goshen, nos podemos sumergir en la realidad alternativa de películas como “Malditos bastardos” porque sabemos que al salir del cine los supervivientes están ahí para contarnos qué pasó de verdad. Pero, ¿qué pasará cuando ellos desaparezcan?, se pregunta. “Mientras los supervivientes estén entre nosotros, todavía habrá una barrera entre los hechos y las historias”, escribe. “Cuando el último superviviente abandone este mundo, ya no habrá más gente que pueda decir “yo estuve allí”. No habrá más testimonios”. “Sin recuerdos vivos”, añade, “la cultura popular se convertirá inevitablemente en la fuente principal de conocimiento para muchos de nosotros”.

martes, 11 de septiembre de 2018

Las asignaturas pendientes para el fin de la impunidad en Chile tras la dictadura de Pinochet

En medio de un fuerte debate por el relato de la memoria histórica, familiares de las víctimas de la dictadura exigen justicia.

Cementerio de Santiago de Chile
 El aire es distinto los 11 de septiembre en Chile: más denso, pesado. Como si el recuerdo doloroso se hiciera presente en la memoria, destilando una especie de atmósfera que impregna todo y a todos. Este año, la sensación probablemente será aún más intensa porque la cifra es redonda: se cumplen 45 años del golpe de estado de Augusto Pinochet que desembocó en 17 años de dictadura (1973-1990).

Chile llega a la fecha con el debate sobre memoria histórica reabierto tras diversos episodios que han agitado el clima social. La sala penal del Tribunal Supremo dejó en libertad condicional a seis ex oficiales condenados por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura. Todos ellos cumplían penas de entre 5 y 10 años de cárcel, pero sólo permanecieron dos años y medio en el penal de Punta Peuco, un centro reservado exclusivamente para los culpables de crímenes cometidos durante el régimen pinochetista y donde viven bajo unas condiciones de privilegio y comodidad inimaginables en una cárcel común.

La resolución judicial ha provocado una ola de críticas tanto de las organizaciones de derechos humanos como de los políticos de la oposición. De hecho, un grupo de parlamentarios –liderados por el Partido Comunista– ha impulsado una acusación constitucional contra los tres jueces responsables de la puesta en libertad. De aprobarse, los jueces serían inhabilitados.

En plena polémica por la decisión de los magistrados, el presidente Sebastián Piñera designó al historiador Mauricio Rojas como nuevo ministro de Cultura, en un cambio de gabinete improvisado. Piñera –de tendencia liberal y conservadora– hizo su elección sin considerar unas opiniones sobre el Museo de la Memoria y de los Derechos Humanos que Rojas publicó en uno de sus libros en 2013: "Más que un museo (...) se trata de un montaje cuyo propósito, que sin duda logra, es impactar al espectador, dejarlo atónito, impedirle razonar”, escribió entonces. La prensa se demoró apenas un día en recuperar el texto y publicarlo. El aluvión de críticas que cayeron sobre Rojas obligó al presidente a aceptarle la renuncia sólo cuatro días después de haber asumido el cargo.

Activistas por los derechos humanos con pancartas con imágenes sobre los desaparecidos durante la dictadura de Pinochet - Reuters
Activistas por los derechos humanos con pancartas con imágenes de los desaparecidos durante la dictadura de Pinochet - Reuters
 Las organizaciones también piden la renuncia del ministro de Exteriores, Roberto Ampuero, porque además de colaborar en el libro de Rojas, en 2015 participó en un evento en defensa de la dictadura organizado por militares en retiro.

“Desde los 90 nuestro país ha intentado cumplir con los pactos que se tomaron antes del término de dictadura y que aseguraron la impunidad, pero ahora se está agravando una situación que ya era grave porque el gobierno busca sellar esa impunidad”, explica a Público Lorena Pizarro, presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD). “Desde el Estado se están instalando conductas negacionistas, se nombran autoridades vinculadas al genocidio y se relativizan las violaciones de derechos humanos”, indica la activista. 

Verdad, justicia y reparación
La sacudida del último tiempo ha servido para volver a instalar las demandas que las organizaciones de familiares de las víctimas llevan años reivindicando. Reclaman el cierre definitivo de la cárcel de Punta Peuco, una de las promesas más esperadas de la expresidenta Michelle Bachelet, pero que dejó sin cumplir al terminar su mandato. El recinto hoy acoge a más de 160 condenados.
Otra queja es por el desinterés de los representantes políticos para activar las iniciativas legales que han sido ingresadas en el Congreso para avanzar en verdad, justicia y reparación. Es el caso del proyecto de ley que busca excluir de los beneficios carcelarios a los condenados por causas de violaciones de derechos humanos. Esta iniciativa tiene más de 20 años y, de haberse aprobado, hoy el Tribunal Supremo no habría podido liberar a los seis exmilitares.

El silencio ha sido otro de los grandes aliados de la impunidad en Chile
Tampoco avanzó un proyecto para reinterpretar el Decreto Ley de Amnistía (1978) y declarar los delitos de lesa humanidad como “imprescriptibles e inamnistiables”, ni tampoco pasó nada con la propuesta para prohibir a los exmilitares sentenciados el uso del uniforme, la recepción de condecoraciones, o el ejercicio de ningún cargo en la administración pública ni en las fuerzas armadas.

“Los gobiernos que han existido en este país en 28 años no han tenido la voluntad política de entregar elementos y herramientas para avanzar. Lo único que hemos tenido durante estos años es justicia en la medida de los posible, no la justicia que necesita una sociedad basada en una democracia real”, lamenta Alicia Lira, presidenta de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos (AFEP).

El silencio ha sido otro de los grandes aliados de la impunidad en Chile. Si bien se pusieron en marcha cuatro comisiones de la verdad –Rettig (1990), Corporación Nacional de Reparación y Reconciliación (1992), Valech (2003) y Valech II (2996)– que publicaron sus respectivos informes, las presiones del ejército evitaron que salieran a la luz determinados contenidos.

La entrada al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Chile - Reuters
La entrada al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Chile - Reuters
Los antecedentes de la Comisión Valech –sobre víctimas de tortura y presos políticos– están bajo un secreto de 50 años e incluso el poder Poder Judicial tiene vetado el acceso. Torturadores y criminales se esconden bajo un silencio que cuando se rompa la muerte ya se habrá llevado a todos los señalados. Los antecedentes de las otras comisiones quedaron reservados exclusivamente a los Tribunales de Justicia.

Demasiado tarde
El pasado mes de julio, condenaron a nueve exmiembros del ejército por su responsabilidad en el homicidio del cantautor Víctor Jara, ocurrido en septiembre de 1973. La pena máxima fue de 15 años. “Estos crímenes cometidos desde el Estado están realizados para que nunca se puedan resolver", dijo entonces el abogado de la familia del artista chileno.

El brigadier Miguel Krassnoff y el general Manuel Contreras, dos personajes que jugaron un rol clave bajo las órdenes del dictador, acumularon 655 y 529 años de cárcel, respectivamente. Contreras, pero, murió en 2015 habiendo pasado diez años entre rejas.
Más suerte tuvo Pinochet, que logró morir en casa y sin ni siquiera ser enjuiciado por su responsabilidad en los crímenes de tortura, ejecución y desaparición forzada que dejaron más de 40.000 víctimas y miles de exiliados. De hecho, con la llegada de la democracia, el exdictador mantuvo su cargo al frente del ejército y en 1998, tras abandonar ese cargo, se convirtió en el primer senador vitalicio de la historia de Chile.

Pese a todas las atrocidades cometidas durante su régimen –y gracias a una supuesta demencia irreversible–, la justicia chilena sólo logró condenarlo por malversación de fondos, en un caso vinculado al Banco Riggs de Estados Unidos, donde disponía de distintas cuentas secretas. De hecho, la Corte Suprema chilena ordenó recientmente la incautación de 1,6 millones de dólares a su familia por este caso. De todo el resto, salió impune.
“Esa realidad cambia en un país cuando su máxima autoridad asume sus obligaciones internacionales, como ocurrió en Argentina”, afirma Lorena Pizarro. “Allí juzgaron a los ministros que permitieron el genocidio, Videla murió en la cárcel, los condenados van a una cárcel común, sus condenas son ejemplificadores y se persigue también a los civiles que fueron cómplices. En Chile eso no ha sido una realidad”, precisa.

Las palabras que los familiares de las víctimas escucharon en 1991 de la boca del entonces presidente Patricio Aylwin han sido el sello de la transición chilena: “Sabemos que, por las limitaciones propias de la condición humana, la justicia perfecta es generalmente un bien inalcanzable en este mundo, lo cual no obsta a que todos anhelemos siempre la mayor justicia que sea posible”, dijo entonces el mandatario. Y así ha sido. En Chile, la justicia ha llegado demasiado tarde. Eso, si es que ha llegado.

sábado, 31 de marzo de 2018

Los 'malditos bastardos' de la guerra civil española

La más audaz misión de comandos de España cumple 80 años de silencio por ser republicana
El Ejército de la República fue quizá el primero que dispuso de forma reglada de una unidad como después serían los Boinas Verdes de EEUU o las Ratas del Desierto del Reino Unido


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DE izquierda a derecha, Bill Aalto, un soldado español desconocido, Alex Künstlich e Irving Goff. / periodico
  Los bombardeos de Barcelona en 1938 han sido ya debidamente rememorados, los de enero y los de marzo, a cuáles más terribles. Y vendrán otras conmemoraciones este 2018, pues 80 años, que tiene algo de cifra redonda, son los que se cumplen ahora de aquel cruento tercer año de la guerra civil española. En ese álbum de recuerdos no debería faltar, incluso despuntar por encima de los demás, un episodio no siempre conocido, la más audaz y tal vez única operación de comando de un ejército regular español, en este caso el republicano, tras las líneas enemigas, una misión ejecutada, y ahí está el bonus track de esta historia, por la versión real y avant la lettre de los Malditos bastardos de Quentin Tarantino. Fue el 23 de mayo de 1938. Fue la operación Carchuna, comandada por un par de Fernández, los tenientes José y Joaquín, y ejecutada, entre otros, por los exbrigadistas internacionales Irving Goff (un judío bregado en las calles de Brooklyn en peleas contra pandillas antisemitas) y William Aalto, también neoyorkino, y además comunista y homosexual, y años más tarde amante del poeta W. H. Auden. Vamos, malditos bastardos con letras de oro.

La operación Carchuna, por ir primero al final, a lo que comportó, fue una incursión republicana tras las líneas del bando nacional en la costa granadina, a pocos kilómetros de Motril. Allí, de noche y con lanchas, un grupo de soldados de lo que hoy en día se consideraría un comando de operaciones especiales, se infiltraron en el Castillo de Carchuna, reconvertido entonces en prisión, asesinaron a cuatro crueles cárceleros ("por justicia poética", parece que dijo uno de los asaltantes) y liberaron a los alrededor de 300 asturianos allí presos, más ocho soldados del bando nacional que aprovecharon la oportunidad para cambiar de ejército. Es esta, con independencia del color político, la más audaz y cinematográfica operación de un ejército español en la retaguardia del enemigo y, sin embargo, es una acción durante casi 70 años silenciada, hasta que un grupo de historiadores con título y otros simplemente aficionados (Jesús Castillo, Txema Prada y Floren Dimas, entre otros) la repescaron hace unos 10 años y consiguieron dar incluso con supervivientes de aquel rescate, como Marcelono Díaz: "Aquello fue una cosa espectacular, una maniobra relámpago con la que lograron sacarnos del presidio. Éramos cientos de personas y salimos de allí con vida... ¡Y que hoy nadie se acuerde de nosotros!".

Largo Caballero
No, Federico Trillo, no fue la de Perejil en el 2002 una operación que le pueda toser a la de Carchuna. Es más, puede que el exministro de Defensa ("al alba, y con tiempo duro de levante... "; cuanto más pasa el tiempo, más ridículo parece) ni siquiera sepa de lo que fueron capaces, de noche, y tras unos preparativos que duraron apenas 48 horas, un grupo de 35 soldados de ese cuerpo al que el Gobierno de la República destinaba 200.000 pesetas mensuales por orden de Francisco Largo Caballero para que fomentara el desorden en la zona enemiga, a veces de formas inauditas, como hizo un tal Currito, en otra misión, cuando se hizo con un uniforme de legionario y así disfrazado se coló en Zaragoza para recabar información sobre qué se cocía en la retaguardia fascista. Lo bueno de su caso, casi berlanguiano, es que para no ser descubierto se alojó durante semanas en un burdel, un tiempo que, tal vez, fue el más feliz de su vida.

Según Castillo y sus colegas, el español fue el primer ejército que dispuso de forma reglada de una unidad de comandos como la que después serían los Boinas Verdes de Estados Unidos o las Ratas del Desierto del Reino Unido.

¿Por qué se ignora ese dato? Qué fácil es la respuesta. Porque la historia la escriben los vencedores, sobre todo, en España. Si la batalla de Little Bighorn (la gran derrota del Séptimo de Caballería) hubiera sucedido en La Mancha, por poner un lugar, Errol Flynn no habría interpretado jamás al general Custer.

La cuestión es, por volver al título, hasta qué punto el sobrenombre ahora de malditos bastardos les resulta adecuado a los protagonistas de aquella hazaña. Se lo merecen por quiénes y cómo eran y por lo que hicieron.

En primer lugar está la biografía personal de quienes llegaron a España como brigadistas internacionales y terminaron en esa unidad, con el plus de que, terminada la guerra, no sufrieron el silencio al que obligaba el franquismo y relataron en su casa aquello que habían llevado a cabo.

Irving Goff, nacido en Nueva York en 1900 en el seno de una familia judía originaria de Odessa, antes de partir hacia España compatibilizó sus empleos como bailarín, acróbata circense y vigilante de las playas de Coney Island, con peleas pandilleras contra grupos antisemitas de las calles de Brooklyn. Es la fuente más rica de la operación Carchuna, pues de él se conservan grabaciones en las que relata con minucioso detalle su participación. Fue el responsable también durante la guerra civil de una misión de captura de un grupo de oficiales fascistas en el frente de Serós (Segrià) y de la voladura de un estratégico puente en Albarracín, una acción en la que se supone que, con más almíbar del necesario, se inspiraron los guionistas que adaptaron Por quién doblan las campanas de Ernest Hemingway al cine. Si Ingrid Bergman hubiera estado por ahí -bromeó años más tarde Goff-- él no se habría ido de España.

En Carchuna, Goff lideró uno de lo comandos. Otro lo dirigió su buen amigo de batallas William Aalto, nacido en el Bronx aunque de origen finlandés. Llegó a España con solo 19 años. Era un convencido comunista y declarado homosexual, una doble condición que, como descubrió años más tarde, era incompatible a ojos de algunos. Tras la guerra civil ingresó en la OSS de los Estados Unidos, el embrión de la futura CIA, pero fue expulsado de allí por su orientación sexual. Tampoco sus camaradas comunistas le perdonaron que fuera homosexual. Puede que fuera él quien tras fusilar a cuatro carceleros calificara el rescate de Carchuna como una "justicia poética", pues, al cabo de unos años, terminadas las guerras y expulsado del partido, terminó en brazos en W. H. Auden.
Hubo más malditos bastardos, como Alex Kunslich, políglota, estibador de Nueva York, un hombre culto, pero con menos relato, porque su historia se interrumpió en Córdoba, donde murió capturado por las tropas fascistas, pero no participó en el rescate de Carchuna, que, llegados a este punto, merece ser rememorado.

William Aalto, en la foto de su carnet del partido comunista.
En aquel lugar lo que hay es un castillo levantado en 1777 junto a la playa para defender la zona de los ataques piratas. Cuando el frente de guerra quedó estancado al este de aquella fortificación, entre Castell de Ferro y Calahonda, el bando nacional lo reconvirtió en penal de trabajos forzados.

Llevó hasta allí a tres centenas de presos republicanos asturianos, pues se daba por hecho que, algunos de ellos bregados en las minas, eran perfectos para el trabajo duro de acondicionar los alrededores del castillo como pista de aterrizaje de la Legión Cóndor.

De noche y por marEl caso es que cuatro oficiales presos en Carchuna (Joaquín Fernández Canga, Secundino Alvarez Torres, Esteban Alonso García y Cándido Adolfo Muriel López) se fugaron y cruzaron las líneas republicanas en busca de refugio. No les fue fácil convencer a los mandos del lugar de dónde venían y quiénes eran, pero, superados los recelos, se organizó en menos de 48 horas una misión de rescate que se encomendó a Los Niños de la Noche, que es como se hacían llamar los miembros de esa unidad de comandos. Los cuatro fugados no solo dieron datos precisos y valiosos para organizar la misión, sino que, a la pregunta de "¿estáis dispuestos a volver al infierno?", se pusieron a las órdenes de, entre otros, Goof y Aalto.

 Tras un primer intento fallido, la operación Carchuna dio comienzo la noche del 23 de mayo tal y como estaba previsto, por mar, no con lanchas neumáticas, sino con barcas de pescadores. Los asaltantes llevaban sus subfusiles shmeisser (eran la única unidad republicana con ese privilegio) y decenas de granadas de mano para dar después a los presos, por si se complicaba la huida. Una vez en tierra, un reloj suizo no hubiera funcionado mejor. A los celadores se les pilló desprevenidos, murieron cuatro de ellos, se repartieron las armas disponibles y, en silencio, se enfiló el camino de regreso a la zona republicana, desde donde se lanzó un ataque de artillería para despistar al enemigo. A la altura de Calahonda, los fugados tuvieron una pequeña refriega con los guardias civiles de un cuartel, que acoquinados ante el lanzamiento de granadas (qué buena ida fue llevarlas) se retiraron. Solo al final la operación pasó contratiempos, pues cuatro de los comandos se descolgaron del grupo y tuvieron que regresar a nado. El resto, mientras, llegó a su destino tal y como estaba planificado. Cantaban alegres Asturias, patria querida.

 Más información: https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20180328/operacion-carchuna-los-malditos-bastardos-de-la-guerra-civil-espanola-6713759

viernes, 30 de marzo de 2018

Entre hienas

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Contra la Impunidad del Franquismo
Los planes de guerra no estaban saliendo como Hitler había previsto al emprender la campaña contra Rusia. El otoño avanzaba, cubriendo de lodo las rutas por las que se adentraban las tropas alemanas, ralentizando su pesado desplazamiento. En cambio, los comunistas, liberados de las consignas impuestas por el pacto germano-soviético, aceleraban los preparativos para organizarse en grupos de resistencia contra el ocupante.
   En Francia, los atentados contra los oficiales alemanes eran cada vez más frecuentes y las principales vías de comunicación sufrían constantes sabotajes. En represalia, fusilaron a numerosos presos judíos o comunistas, pero ni siquiera las amenazas de ejecutar a doce presos por cada alemán atacado hacían disminuir el número de acciones del ocupante. Tampoco servían de nada los llamamientos al orden del mariscal Pétain, que, en su afán por demostrar su soberanía respecto al Tercer Reich, aplicaba medidas de represión aún más severas.
Lluís Companys cuando Pedro Urraca le entrega en Hendaya
   La labor de Pedro Urraca persiguiendo dirigentes republicanos era menos intensa tras la detención de muchos y la fuga de otros. Sin embargo, en la zona no ocupada quedaban miles de refugiados españoles, en su mayoría comunistas, que se iban integrando en los grupos de acción de los resistentes franceses. Eran una amenaza creciente para el régimen de Vichy, y el Gobierno de Franco reforzó la colaboración nombrando más agentes policiales en los consulados. Urraca contaba no solo con una red de soplones infiltrados entre los exiliados, sino con todo un sistema de vigilancia e información compuesto por policías profesionales que, como él, habían sido designados por la Jefatura. [...] Se había convertido en los ojos de Franco en Francia, en una figura invisible pero omnipresente y era el mayor temor de todos los españoles exiliados.
   La maquinaria de persecución ya estaba bien rodada en toda Francia y, a partir de noviembre de 1941, el Gobierno franquista quiso montar redes de vigilancia similares en los Países Bajos y en Bélgica, donde también se ocultaban numerosos españoles que habían huido de Francia, por lo que la colaboración con la Gestapo era imprescindible. El SS Sturmbannführer Karl Bömelburg, responsable de la Gestapo en París, consideró que las nuevas competencias del agente Pedro Urraca le ofrecían una buena oportunidad de obtener más información y le integró en el servicio del Ernst von Alisch. Para el nuevo agente E-8001, alias "Unamuno", todo eran ventajas, no solo en el aspecto laboral, puesto que podría cotejar sus fichas con las de la Gestapo, sino también desde el punto de vista personal.......



Entre hienas
Loreto Urraca Luque

miércoles, 30 de agosto de 2017

España sigue bloqueando la investigación de las desapariciones del franquismo tras 15 años de reproches de la ONU

Naciones Unidas incluyó en 2002 a España en la lista de países con desaparecidos forzosos tras aceptar parcialmente una denuncia con 64 víctimas
Desde entonces ha llamado la atención sobre la falta de investigación de los crímenes franquistas e insta al país a "asumir sus obligaciones internacionales"
La ONU ha criticado que el Gobierno no destine presupuesto a las exhumaciones de restos

Fosa común exhumada en El Baldío, Alcalá del Valle (Cádiz). / ARMH
Fosa común exhumada en El Baldío, Alcalá del Valle (Cádiz). / ARMH
 El 5 de agosto de 2002 las desapariciones forzadas del franquismo llegaron a la ONU. Aquel día Emilio Silva atravesaba las puertas del Palacio Wilson de Ginebra (Suiza) para entregar al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos las fichas de identidad de 64 personas a las que la represión franquista persiguió, asesinó y arrojó a cunetas y fosas comunes entre 1936 y 1949. Muchas de ellas siguen todavía hoy desaparecidas.

La denuncia de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica fue aceptada parcialmente por la ONU –admitió dos casos– y motivó que el organismo incluyera a España en la lista de países que tienen desaparecidos forzosos. Desde entonces, el Grupo de Trabajo de Desapariciones Forzadas e Involuntarias de la ONU ha estado en comunicación con el gobierno español para pedirle explicaciones y recordarle su obligación de investigar este tipo de crímenes.
Sin embargo, la principal conclusión de las visitas e informes emitidos por los mecanismos internacionales son que España hace poco por la búsqueda de la verdad, la justicia y la reparación. El mapa de las fosas comunes elaborado por el Gobierno, que lleva desde 2011 sin actualizarse, contabilizaba 2.000 sin abrir, pero estos datos son tachados de optimistas por parte de las asociaciones de víctimas: La lista que recibió Baltasar Garzón para estudiar si era competente o no para investigar los crímenes franquistas contenía 130.000 desaparecidos.

Durante años, la ONU reclamó al Gobierno la resolución de los casos que había aceptado investigar sin éxito. Uno de ellos fue exhumado sin apoyo institucional, sobre el otro hay información que asegura que podría estar en un cementerio de un pueblo valenciano.  En 2008 el informe del grupo de trabajo reitera: "Se volvieron a transmitir todos los casos sin resolver y no se recibió ninguna respuesta del Gobierno".

"A pesar de que el Estado español ha ratificado numerosos acuerdos internacionales que le responsabilizan de garantizar verdad, justicia y reparación para las víctimas de la dictadura de los franquistas, sus incumplimientos en esa materia son incontables y atroces, cuando se trata de dejar morir a los hijos e hijas de esos desaparecidos sin atenderlos, cuidarlos y tratarlos como si fueran un estorbo para la democracia", sostiene la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en un comunicado.

En 2013 el grupo de trabajo visitó España y emitió un completo informe con múltiples recomendaciones que no han sido adoptadas. Entre ellas, investigar y juzgar las desapariciones, "eliminar los obstáculos jurídicos de orden interno" que lo impiden o "asumir sus obligaciones internacionales y comprometerse de manera más activa y urgente en la determinación del paradero de personas desaparecidas durante la Guerra Civil y la dictadura", poniendo especial énfasis en la "urgencia y celeridad" debido a "la edad avanzada de muchos de los familiares y testigos".

" España ha ignorado y sigue ignorando sus obligaciones internacionales en esta materia", apunta Lydia  Vicente, directora ejecutiva de Rights International Spain. Al grupo de trabajo se sumó también el Comité de Derechos Humanos, que en julio de 2015 evaluó a nuestro país para concluir que "impide la investigación de las violaciones de derechos humanos del pasado, en particular los delitos de tortura y desapariciones forzadas".

La falta de cooperación con Argentina
La reprimenda fue especialmente contundente en relación a la falta de colaboración con la querella argentina, la única causa que investiga los crímenes de la dictadura desde 2010 después de que en España se cerrarán las vías que intentó Garzón. "Es una de los reproches más frecuentes, la ausencia de cooperación con procedimientos judiciales abiertos en otros países", explica Vicente.

Dos víctimas del franquismo felices al ser escuchadas en la Audiencia Nacional
Manifestación de familiares de víctimas del franquismo desaparecidas EFE
 De hecho, hay evidencias que llevan a concluir que España boicotea la investigación argentina de la mano de la jueza María Servini de Cubría, que ha dictado una orden de detención contra varios cargos franquistas que España ha regateado negando su extradición. El último capítulo lo ha protagonizado la Cámara Criminal y Correccional Federal de Argentina, que ha anulado por segunda vez esta orden contra el exministro Martín Villa, acusado de crímenes de lesa humanidad.

Delito imprescriptible
En 2009 la denuncia en Argentina todavía no había sido interpuesta, pero el  Grupo de Trabajo de Desapariciones Forzadas e Involuntarias ya llamaba la atención a España sobre su obligación de investigar estos crímenes y resaltaba que el delito tiene lugar "hasta que el Estado reconoce la detención o proporciona información sobre la suerte o el paradero de la persona desaparecida", explica en su informe. "El delito autónomo de desaparición forzada es imprescriptible", explica el grupo.

Sin embargo, el Código Penal todavía no ha incorporado una definición del delito acorde a estos términos y la justicia sigue amparándose en una supuesta prescripción para rechazar múltiples denuncias de particulares. Este fue uno de los motivos que esgrimió recientemente el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción nº1 de Soria para negarse a investigar el caso de Abundio Andaluz, fusilado en 1936. 

La interpretación de la prescripción del delito y de la Ley de Amnistía de 1977 de una manera restrictiva es uno de los tirones de orejas que el relator especial de Naciones Unidas del Consejo de Derechos Humanos, Pablo de Greiff, le dio a España en su visita de 2014. El relator entiende que la norma en sí misma no impide la investigación de los crímenes, si no sino que son las "interpretaciones restrictivas". Algo que motiva que los casos se archiven "sin que los jueces ni siquiera conozcan los hechos".

Otras recomendaciones sí que han seguido la vía de la derogación. Así lo hizo el  Comité de Derechos Humanos, que vela por el cumplimiento del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, en su último informe. En él muestra su "preocupación por la posición del Estado parte de mantener en vigor".

Entierro de Timoteo Mendieta
Entierro de Timoteo Mendieta FOTO: JOSÉ LUIS CUESTA / ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA
 Abandono institucional de las exhumaciones
Las críticas al poder judicial son frecuentes en las comunicaciones efectuadas por la ONU en los últimos años. En 2013 el Comité para la Desaparición Forzada, que vigila el cumplimiento de la  Convención homónima  (ratificada por España en 2009), emitió varias recomendaciones, entre ellas, hizo hincapié en la ausencia de "un marco efectivo" para llevar a cabo las investigaciones "independientemente del tiempo transcurrido" y "aunque no se haya presentado una denuncia formal".

A ello le añadió un reproche directo al Ministerio Fiscal al denunciar que "los fiscales no hayan iniciado las investigaciones" pertinentes. Lejos de iniciar las causas de oficio, la Fiscalía General del Estado dictó una instrucción en la que pedía suspender la declaración de los querellantes citados ante diversos juzgados españoles a petición de María Servini.

Por su parte, de Greiff concluyó tras su visita que los magistrados cuentan con "nuevos argumentos  para no avanzar en las causas judiciales" gracias a la  sentencia 101/2012 del Tribunal Supremo, que absolvió al juez Garzón de un delito de prevaricación por declararse competente para investigar los crímenes franquistas, pero sí estimó que hacerlo fue una decisión "errónea".

La falta de presupuesto para la Ley de Memoria Histórica, que Mariano Rajoy ha dejado a cero desde su entrada al gobierno, también fue identificada por el relator como uno de los motivos para mostrar su preocupación "porque el Estado no haya hecho más para gestionar las exhumaciones e identificación del los restos". Esta dejación institucional es calificada por de Greiff como una "privatización", ya que obliga a los propios familiares y las asociaciones a financiar la búsqueda de los restos. Así ocurrió con Timoteo Mendieta el pasado mes de mayo, localizado en una fosa de Castilla-La Mancha en medio del abandono institucional.


sábado, 10 de junio de 2017

Ascensión Mendieta localiza a su padre 80 años después de su asesinato

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Ascensión Mendieta. F.S.
Timoteo Mendieta, ha sido finalmente localizado en el cementerio de Guadalajara. Miembro de UGT, fue detenido y asesinado el 16 de noviembre de 1939. Su hija tiene 91 años.

“Identificado por ADN el padre de Ascensión Mendieta. Pidió ayuda a Argentina porque los gobiernos españoles no la escucharon. Nunca se ha rendido”. Así ha anunciado el presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), Emilio Silva, el hallazgo de los restos de Timoteo Mendieta. En la primera búsqueda, la primera que ordenaba la jueza argentina que instruye la causa contra el franquismo, no hubo rastro de sus huesos. Pero su hija, con 91 años, continuó a pie de fosa sin darse por vencida. Timoteo ha sido finalmente localizado en el cementerio de Guadalajara en el segundo intento. Miembro de UGT, fue detenido y asesinado el 16 de noviembre de 1939.

Los trabajos de exhumación -que incluye la búsqueda de medio centenar de personas más- están siendo desarrollados por la ARMH, que está haciendo lo que debería hacer el Estado. Ascensión representa la lucha de miles de ciudadanos que pelean por encontrar los restos de sus familiares para poder darles un entierro digno. Ella misma cruzó el charco, hasta Argentina, para pedir justicia. Así recordaba su entereza Paqui Maqueda, también familiar de víctimas, que realizó el mismo viaje:
La señora Ascensión Mendieta se pasea nerviosa entre cámaras de fotos y curiosos que la rodean continuamente. Es hija de Timoteo Mendieta, asesinado el 16 de noviembre del 1939 en las tapias del cementerio de Guadalajara. Su cuerpo se encuentra en la fosa común de este cementerio. Bastó para su condena que fuese miembro de UGT y presidente de la Casa del Pueblo. Ni los 77 años transcurridos desde la finalización de la guerra, ni los 10.000 kilómetros de distancia que separan nuestro país de Buenos Aires ni los 88 años que recién ha cumplido le han impedido realizar este largo viaje para declarar ante la jueza argentina y solicitar justicia en nombre de su padre”.
Puedes leer la historia de Timoteo Mendieta en #LaMarea50, titulada El amor a un padre que amó la justicia, la libertad y la república


Fuente: http://www.lamarea.com/2017/06/09/ascension-mendieta-localiza-padre-80-anos-despues-asesinato/

lunes, 18 de julio de 2016

18 de julio; ochenta años contra la República


Se cumplen 80 años del inicio de la Guerra Civil. Un acontecimiento que, a pesar del tiempo transcurrido, tiene gran trascendencia en la vida política y social española. No es por nostalgia, porque yo no había nacido. Es por hacer un ejercicio de memoria histórica. Todos los miembros de la familia que vivieron aquellos acontecimientos han fallecido de muerte natural; salvo mis abuelos paternos, que fueron pasados por las armas de Franco, ante un paredón en Toledo.

 Oigo las botas contra el empedrado, los gritos y empujones, los culatazos de los fusiles sobre sus espaldas. Veo la cara perpleja y asustada de mi abuela Antonia Arrogante, embarazada, y las caras descompuestas por el odio de los sacadores. Oigo el sonido seco de las descargas de los fusiles y el taac, taac de los tiros de gracia junto a un paredón en la vega del Tajo.


Las elecciones celebradas el 16 de febrero de 1936 dieron la victoria al Frente Popular, con 257 diputados. Estaba formado por los principales partidos republicanos y de izquierda. El primer gobierno de la República en 1931, pretendió modernizar el país y promover la justicia social, objetivos que el gobierno del Frente Popular retomó. Antes de constituirse las Cortes, Portela Valladares, reconociendo la victoria del Frente Popular y entregó el poder a los vencedores legítimos, dando paso a un Gobierno presidido por Manuel Azaña. La situación en España cada vez era más tensa y se reflejaba en las discusiones de las Cortes, centradas sobre todo en el orden público. El 12 de julio fue asesinado el teniente Castillo por grupos armados de la derecha y al día siguiente, el diputado ultraderechista Calvo Sotelo, fue asesinado en una camioneta de la Guardia de Asalto. Todo estaba preparado desde hace tiempo y finalmente, los días 17 y 18 de julio, estalló la sublevación militar en Marruecos.

Como cada año, quiero hacer memoria sobre lo que significó el golpe de Estado del 18 de julio, que al fracasar, dio lugar a la Guerra Civil, que se prolongó hasta marzo de 1939 y con la victoria de los llamados «nacionales», una dictadura que duró más de cuarenta. La conspiración militar se puso en marcha nada más formarse el gobierno de Azaña, tras la victoria del Frente Popular. En la calle estaba cantado, en los despachos era conocido y los cuarteles eran hervidero de conspiradores.

El golpe de estado se dio contra la legitimidad de la República. Políticamente fue antidemocrático; jurídicamente anticonstitucional; socialmente conservador y tradicionalista; espiritualmente clerical; ideológicamente totalitario; económicamente capitalista; militarmente absolutista; y moralmente inhumano. El plan comprendía una acción de fuerza militar, desde diferentes puntos de España y África; una colaboración religiosa y una acción social, que debía poner en juego a la banca, la judicatura, la industria, y a grupos políticos de acción violenta, como así ocurrió.

El brazo ejecutor fueron militares desleales a su juramento en defensa de la República y uno civiles que tenían un papel fundamental para que triunfase. Estaban implicados, militares desleales, falangistas, monárquicos, la derecha conservadora más reaccionaria y la iglesia católica, que habían oprimido al pueblo durante siglos. No fue «un golpe doméstico», sino que contó con la Italia fascista y la Alemania nazi, quienes jugaron un papel determinante para el triunfo del golpe, con el suministro de armas.

El comandante general de Canarias Francisco Franco, en Santa Cruz de Tenerife, a las cinco y cuarto horas del día 18 de julio, leía su Manifiesto de Las Palmas: «¡Españoles!: A cuantos sentís el santo amor a España, a los que en las filas del Ejército y la Armada habéis hecho profesión de fe en el servicio de la Patria, a cuantos jurasteis defenderla de sus enemigos hasta perder la vida, la Nación os llama a su defensa». Franco, se dirigió a los generales del ejército reclamando su apoyo y sólo se sublevó un general de los ocho capitanes generales que mandaban las ocho regiones militares. Del total de veintiún oficiales generales de mayor graduación, diecisiete permanecieron fieles al Gobierno de la República y tan sólo cuatro se sumaron al alzamiento. Los seis generales de la Guardia Civil se mantuvieron fieles al Gobierno, como así el comandante en jefe de la aviación. Del total de 59 generales de brigada, 42 se mantuvieron fíeles a la República y 17 se sublevaron contra ella. Franco tenía en su contra a la mitad del Ejército. Hizo fusilar a los dieciséis generales que no pudieron abandonar a tiempo el territorio. Nunca jamás se había vertido tanta sangre de jefes militares de alta graduación. Franco dejó ver su perfil asesino, como sus intenciones genocidas contra la población civil.

El 17 de julio, la insurrección militar se inició en Melilla y se extendió al conjunto del protectorado de Marruecos. El 18 y 19, el golpe se extendió por la península y los archipiélagos. El gobierno de Casares Quiroga reaccionó con lentitud ante los acontecimientos. El golpe triunfó en Galicia, Castilla y León, Navarra, con el general Mola en Pamplona; Andalucía Occidental, con Queipo de Llano en Sevilla, Baleares, excepto Menorca, con el general Goded que después se desplazó a Barcelona para ponerse al frente de la insurrección. En Canarias, Franco, tras asegurar el triunfo del golpe en el archipiélago, se desplazó a Marruecos el día 19 para ponerse al frente del ejército de África. Con todo, el golpe fracasó.
Fracasó en Asturias, Cantabria y parte del País Vasco, donde el PNV colaboró con la República. Cataluña, Levante, Madrid, Castilla la Mancha, Murcia y la zona oriental de Andalucía. Los fracasos más graves tuvieron lugar en Madrid, donde el presidente Giral entregó armas a las milicias obreras. También en Barcelona, donde la colaboración de los obreros de la CNT con la Guardia Civil y la Guardia de Asalto abortó la insurrección. En general, la sublevación no tuvo apenas respaldo popular y se basó en las fuerzas militares insurrectas. La capacidad de movilización obrera y el papel de la Guardia Civil fueron claves para el resultado final del golpe en cada zona del país.

La fecha de inicio del golpe de Estado, nada tuvo que ver con el asesinato de Calvo Sotelo como se ha dicho. Todo estaba previsto con antelación, ligado a los contratos de compra de armas y al apoyo italiano prometido. El golpe tampoco «pretendía acabar con ninguna insurrección armada en marcha», porque no la había; sino eliminar las reformas abordadas durante el primer bienio republicano (agraria, laboral, militar y de la enseñanza) y defender la unidad de España. Ninguna organización republicana u obrera «tenía el propósito de subvertir el orden constitucional» en la primavera de 1936. Tampoco había en marcha ninguna intervención de la URSS en España. Antes del golpe, no había un estado de «violencia revolucionaria o de terror rojo», no había ninguna dinámica de exterminio ni de «liquidación de los enemigos de clase» y no se asesinaba a las «gentes de orden». El fracaso parcial del golpe llevó a la división del territorio en dos zonas al inicio de la guerra. La guerra fue el pistoletazo de salida de la más grande hecatombe padecida por la humanidad: la Segunda Guerra mundial. (Los mitos del 18 de julio, coordinado por Francisco Sánchez Pérez).

La República no fue un fracaso que «conducía inexorablemente a una guerra», sino que fue destruida por un golpe militar, con la connivencia de países extranjeros y que, al no triunfar en buena parte del territorio, se encaminó de forma irremediable a una guerra civil. La pretensión de cada grupo social y estamento rebelde era la defensa de sus propios intereses. La aristocracia pretendía la conservación del rango y los privilegios; los capitalistas, la libertad de explotación de los trabajadores y la defensa a ultranza de la propiedad; la iglesia, la anulación de las disposiciones que habían mermado sus fueros; los terratenientes e industriales, impedir la reforma agraria y la intervención obrera en las empresas; la prensa de derechas, el derecho a crear opinión y defender el negocio; los militares, profesionales, burócratas y burgueses, la restauración de un orden rígido y autoritario que respetase el escalafón, la jerarquía, la antigüedad y las prebendas. Los vencedores establecieron una dictadura para perpetuar sus intereses y la mantuvieron mediante la represión y la violación de los derechos humanos.

Los militares sublevados ganaron la guerra porque tenían las tropas mejor entrenadas, al poder económico a su favor, estaban más unidos que el bando republicano y los vientos internacionales del nazismo soplaban a su favor. En la larga y cruel dictadura de Franco reside, la gran excepcionalidad de la historia de España del siglo XX. Fue la única dictadura, junto con la de Salazar en Portugal, creada en la Europa de entreguerras que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial. Muertos Hitler y Mussolini, Franco siguió treinta años más. El lado más oscuro de esa guerra civil europea, de ese tiempo de odios, que acabó en 1945, tuvo todavía larga vida en España. (Golpe de Estado, guerra civil y política de exterminio. Julián Casanova).

En este 80 aniversario del golpe militar franquista, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica invita a los plenos municipales a llevar a cabo declaraciones institucionales de rechazo al golpe de Estado, al establecimiento de la dictadura y a cualquier forma del ejercicio de la política que trate de imponer por la fuerza ideas y creencias. En España hay contabilizadas 2.420 fosas del franquismo. La Ley de Memoria Histórica, encargó al Ministerio de Justicia centralizar su archivo y actualizar los datos. Cuando el Partido Popular llegó al poder en 2011, se olvidó del archivo y dejó de estar actualizado, lo que da cuenta del drama que hay detrás de las fosas franquistas.

A día de hoy, 114.226 personas permanecen desaparecidas en fosas comunes. En su memoria. Nunca más.


Fuente:  http://www.nuevatribuna.es/opinion/victor-arrogante/18-julio-ochenta-anhos-republica/20160717125132130210.html

miércoles, 10 de febrero de 2016

Spain civil war graves exhumed

A 90-year-old Spanish woman wrapped in a fur coat and woollen scarf stood over a deep open grave and murmured "my father" to the unearthed skeleton lying at the bottom.
Ascension Mendieta's trade unionist father Timoteo was shot in 1939 in the months after the Spanish Civil War and buried in a mass grave in the corner of Guadalajara's town cemetery.


His grave was the first to be dug up on orders of an Argentine judge in a lawsuit seeking redress for crimes committed during the 1936-39 civil war and the four-decade dictatorship of General Francisco Franco that followed.

Mendieta’s efforts to give her father a proper burial could trigger a string of similar exhumations.
Mendieta talks here to Rene Pacheco, member of the Association for the Recovery of Historical Memory (ARMH).


The case illustrates how Spain is struggling to come to terms with a past, which is fading from living memory but leaves a mark on current affairs.

An amnesty law, drawn up to smooth the country’s path from dictatorship, pardoned political crimes committed in the past. But the lack of accountability means hostilities were never laid to rest.


The antagonism between the two sides remained during the transition to democracy in the 1970s, resulting in deep divisions between left and right in a two-party system that dominated Spanish politics for decades.

Spaniards turned in droves to new parties in a December national election, breaking the status quo and ushering in a new political era that has so far left Spain without a government but is forcing different factions to seek consensus.


Historians estimate as many as 500,000 combatants and civilians were killed on the Republican and Nationalist sides in the war. After it ended, tens of thousands of Franco's enemies were killed or imprisoned in a campaign to wipe out dissent.

Mendieta, who was 13 when her father died, travelled to Buenos Aires in 2013 to give evidence about his death. She was one of hundreds who have used international human rights law to turn to an Argentine court to seek justice for crimes carried out during and after the civil war.

Here, Mendieta holds a carnation during the exhumation of her father's remains.


"It has always troubled me how he may have fallen into the grave - face up, face down," she said. "Now we can give him a decent burial like everyone deserves. Not just dumped in there like a dog."

Spain, in common with many Latin American countries in their move from dictatorship to democracy, passed the amnesty law in 1977 to draw a curtain over the violence.


The United Nations and human rights organisations have urged Spain to revoke the law. But Spain has stood by the legal embodiment of the so-called "Pact of Forgetting", which many see as a necessary price to have paid for the transition to succeed.

A campaign of retribution would only have left the country dangerously polarised, that point of view holds.

 
A Justice Ministry spokesman said it was unlikely this case would have any impact on the amnesty law.
A Guadalajara town hall spokesman said further exhumations could only be carried out by court order. The Spanish regional court that approved the opening of the grave on the orders of the Argentine judge was not able to comment on the matter.


Spain's most famous human rights judge, Baltasar Garzon, played a leading role in the trial, which led to Argentina's 1987 amnesty laws being overturned.

Garzon opened an inquiry into Franco-era crimes in 2008 but later dropped the case - an example of the issue's political sensitivity.


Argentine Judge Maria Servini is looking to override the amnesty law to seek justice for Franco-era crimes ranging from torture to extra-judicial killings in a lawsuit opened in 2010.

Spain itself used the international law in 2005 to prosecute Argentine naval officer Adolfo Scilingo in a Spanish court for crimes against humanity during that country's "Dirty War".

 
The past impinges on politics at many levels - Madrid's leftist mayor and the right-wing head of the regional government are currently in a dispute over the removal of monuments and plaques linked to Franco's Spain.
Spain's former Socialist government, led by Jose Luis Rodriguez Zapatero, passed a law in 2007 aimed at recognising victims of both sides of the war, including financing the exhumation and reburial of victims of political violence.


At the request of Judge Servini, a Guadalajara court authorised the exhumation of the grave, which contained 22 bodies of people believed to have been killed by Franco's forces in the months after the end of the civil war.


Archaeologists started to dig on 19 January, working from a town hall ledger that meticulously noted in a copperplate hand the names, ages and position of those buried in the town cemetery.

Timoteo's body is believed to be the 19th or 20th of the vertically stacked bodies in that grave. As archaeologists worked on digging them up, dozens of families came to the site to find out about relatives they believe to be buried there.
(Text editing by Brian McGee)


Más información: https://widerimage.reuters.com/story/spain-civil-war-graves-exhumed?utm_campaign=web-share&utm_medium=Social&utm_source=Twitter