jueves, 28 de febrero de 2019

Canción tonta



Dianthus hinoxianus

Mamá.
Yo quiero ser de plata.

Hijo,
tendrás mucho frío.

Mamá.
Yo quiero ser de agua.

Hijo,
tendrás mucho frío.

Mamá.
Bórdame en tu almohada.

¡Eso sí!
¡Ahora mismo!


Federico García Lorca

#AyudaHumanitaria


Jeremy Corbyn, acorralado por el segundo referéndum

Después de meses de rodeos, decepciones y temores, el Partido Laborista parece haber modificado su opinión sobre el Brexit. Su líder, Jeremy Corbyn, se ha comprometido con sus parlamentarios a abrir la puerta a un segundo referéndum. No es un trato claro e inequívoco, pero tiene una difícil vuelta atrás. Está en juego una rebelión interna o una nueva escisión. El periodista del Canal 4 que da la noticia en el vídeo anterior lo dice de manera clara: “Corbyn parecía un rehén leyendo el precio de su rescate”.


Aunque es un paso decisivo, falta mucho desarrollo dramático en esta obra (shakesperiana). Corbyn nunca fue un entusiasta de la UE, a la que considera un instrumento de los más ricos y de las empresas. Cree que torpedear a la primera ministra conservadora Theresa May, como ha hecho hasta ahora, le llevará al numero 10 de Downing Street. No es una visión realista, según se desprende de las encuestas.

Si tuviera alguna opción sería después de un segundo referéndum y de una ruptura total del Partido Conservador, que anda sumido en una guerra civil larvada.

Antes de avanzar en el texto, una advertencia: no desprecien a Theresa May. Ha demostrado una extraordinaria capacidad de resistencia y habilidad en unas circunstancias imposibles.


El Brexit es una pieza más en la descomposición del mapa político surgido de la II Guerra Mundial, que, con sus defectos, ha evitado una Tercera, más allá de las guerras por delegación o saqueo de riquezas minerales en las que estamos implicados directa o indirectamente. Por entendernos: paz es cuando no bombardean nuestras ciudades.

Los cambios bruscos alteran las certezas con las que hemos convivido. Somos animales de costumbres, hallamos placer en la seguridad, en una repetición burocratizada de situaciones. Toda sorpresa genera miedo. Nuestro mundo seguro y aburrido de la segunda mitad del siglo XX ha saltado por los aires.

Están la cuarta revolución industrial –Internet, las nuevas tecnologías y la robótica–, la crisis económica de 2008 y la irrupción de personajes como Donald Trump, un efecto del miedo que se mueve como un ejército de elefantes en una cacharrería. Ha quebrado el sistema de seguridad nacido en 1945 sin tener una alternativa. El actual presidente de EEUU parece estar más cómodo con autócratas (Vladimir Putin) y dictadores (Kim Jong-un y el príncipe saudí Mohamed bin Salman) que con sus aliados de la OTAN, a los que desprecia sin mucho disimulo. Demasiados terremotos simultáneos.

Tenemos de nuevo a dos machos alfa encaramados sobre el globo terráqueo. Esta vez se llaman Trump y Putin. El segundo parece seguir un plan inteligente. Trata de regresar al centro de la política de Oriente Próximo y lo ha conseguido a través de Siria. Apostó desde el primer instante por el único caballo (Basar el Asad) que defendía sus intereses (puerto de Tartus). La retirada física, mental y política de EEUU de la zona es una oportunidad para Moscú. Y para China, que se mueve en una partida a largo plazo en la que se sabe ganadora. La paciencia nunca ha sido un problema en Oriente, forma parte de la cultura.

Esa pérdida de certezas en la geopolítica y la crisis económica han generado un vacío. La revolución de las tecnologías amenaza a millones de empleos. Vivimos una situación compleja, la convivencia entre lo viejo que va a morir y lo nuevo que no termina de presentarse con todas sus ventajas. Sabemos que hay oficios en peligro de extinción, pero no terminamos de vislumbrar los nuevos.

La triple incertidumbre –política, tecnológica y económica– ha dejado el camino expedito a la extrema derecha en todas sus formas y disfraces. Se presenta con un discurso cerrado, simple, mesiánico, de buenos y malos. Esa es la canción que muchos desean escuchar. No es una novedad, sucedió en el periodo de entre guerras, 1919-1939, en el que triunfó el fascismo en Italia y el nazismo en Alemania.

Vuelven los tambores del odio, del antisemitismo (y esta vez hay que añadir otra fobia: la que una parte de la sociedad siente por todo lo relacionado con el islam).


 El Brexit es una consecuencia de la manipulación de ese odio ambiental y múltiple. Los nacionalismos se alimentan del miedo. Para defenderse del Otro generan un sentimiento de superioridad, de sentirse mejores que de lo que huyen para justificar la escapada. Sucede en un sector del independentismo catalán, aunque este asunto es más complejo, como demuestra el libro de José Enrique Ruiz-Domènec Informe sobre Cataluña, Una historia de rebeldía (777-2017), ya recomendado en esta sección. Sucede en la eclosión del nacionalismo español, del oe, oe, oe a por ellos convertido en votos para Vox y sus aliados.

El populismo xenófobo es antieuropeo, como se demuestra en el Reino Unido, Hungría, Polonia y en menor medida en República Checa y Eslovaquia. Hay bolsas importantes de extrema derecha en países con un pasado complejo –Austria, Bélgica y Holanda– y las hay en los modélicos escandinavos.

Se trata de una epidemia mundial. Además de Trump y de su ideólogo Steve Bannon (el más peligroso porque es inteligente) y los Bolsonaro, Le Pen y Salvini de turno, están los menos evidentes: Putin y Netanyahu, y todo aquel que predica superioridad racial, nacional o ideológica. Se llama xenofobia.

El Brexit llegó como repuesta a todo lo anterior. Se reactivó el inconsciente colectivo del viejo titular del The Daily Mail: “Niebla en el Canal, el continente aislado”. En el Reino Unido persiste un deja vu del XIX. Es como si la Reina Victoria siguiese viva. No se han terminado de producir los ajustes necesarios para pasar de un gran imperio hasta 1945 a una nación menguante dentro de la UE, por detrás de Francia y Alemania. Sé de lo que hablo, mi madre es británica.



Los brexiters conectan con este sentimiento mitológico. Es significativo que el mayor rechazo a la UE se dé en la población de más edad, y el mayor apoyo entre los jóvenes (muchos no acudieron a votar).

El Partido para la Independencia del Reino Unido (UKIP), cuyo nombre incluye un fake, fue el impulsor de la campaña del Leave (salir de la UE). Tuvo la carambola de contar con un primer ministro conservador, David Cameron, que se creyó un estadista, cuando se comportó como un tahúr. Empujó a su país a un referéndum divisivo, suicida e innecesario sobre un asunto complejo en el que es fácil agitar emociones. Ocurrió lo inesperado: ganó el Brexit.

Para los estudiosos de datos, este enlace. Para los que tienen prisa, un titular: 17.410.742 británicos votaron por dejar la UE (51,9%) frente a 16.141.211 (48,1%) que eligieron permanecer.

La consulta estuvo plagada de mentiras, inexactitudes y una catastrófica campaña de los promotores del Remain (seguir en la UE). Incluidos los Laboristas, que se pusieron de perfil. Su plan era desgastar a los tories para reconquistar Downing Street. Una fantasía no refrendada en ninguna encuesta.

El Brexit fue una estafa a la ciudadanía británica. El plan inicial era irse con todas las ventajas de quedarse. Es un ejemplo usado, pero útil: el joven que se independiza de sus padres y pretende ir a comer gratis tres veces por semana y que le laven y le planchen la ropa los domingos. En el caso británico incluía irse sin pagar la cuenta del divorcio. Era un gratis total.

Además de establecer el precio de la ruptura, era necesario pactar un periodo de transición más allá del 29 de marzo (fecha de la salida, ahora en el aire), la libre circulación, el mercado común único, la justicia europea y la frontera entre Irlanda e Irlanda del Norte, entre otras cosas. El Parlamento de Westminster ha rechazado todos los planes acordados por May y la UE. La paciencia de Bruselas no es infinita.

Dentro del Partido Conservador conviven tres tendencias: los eurofóbicos (apuestan por un Brexit duro, sin acuerdo), los euroescépticos, que quieren un acuerdo de separación (aquí hay gran variedad, incluye a los que votarían a favor de un segundo referéndum) y los pro europeos. El cambio de los laboristas (en el que ha ayudado la escisión de diez diputados) debe alentar a movimientos entre los tories.

May tiene tres opciones: lograr un acuerdo exprés con Bruselas que satisfaga a los eurófobos (algo casi imposible, porque Bruselas no cede más), dejarse ir por la vía del Brexit duro o solicitar una prórroga en la aplicación del artículo 50, que regula la salida de un país de la UE. Sería una decisión del Parlamento: Brexit duro o prórroga (tal vez de tres meses). Ganar tiempo ayuda a abrir la puerta al segundo referéndum, una solución en la que no cree May.

  Este es el reparto de escaños en la actual legislatura. La clave está en el número de conservadores que apuesten por un nuevo referéndum. Tal vez haya que pasar antes por las urnas, con las elecciones anticipadas sin Theresa May al frente de su partido.

En un segundo referéndum podría ganar el Remain (seguir en la UE). Sería un voto muy ajustado que además de alterar el primer resultado no resolvería el problema. Solo una mayoría muy holgada podría obrar el milagro. No parece que sea el caso. La única ventaja es que ya todos saben cuáles eran la mentiras de la primera campaña, y cuáles serían las consecuencias de un Brexit duro. Ya no cabe la sorpresa, nadie podrá decir que no lo sabía. ¿Final del dolor de muelas? ¡No! En el caso de que gane quedarse en la UE querrán negociar un nuevo convenio de matrimonio, un quedarse sin aceptar lo que no les gusta. Es una relación tóxica sin salida. Habría que aprender a convivir con ella. Sucede lo mismo en España: 500 años discutiendo lo que somos tal vez sea una forma de estar juntos.

Fuente: https://www.infolibre.es/noticias/opinion/columnas/2019/02/28/jeremy_corbyn_acorralado_por_segundo_referendum_92369_1023.html?utm_source=twitter.com&utm_medium=smmshare&utm_campaign=noticias&rnot=1034406

miércoles, 27 de febrero de 2019

Viaje al fin de la noche: los trenes de agitación

Los vagones-murales que atravesaron la geografía española en medio de la guerra iban decorados con mensajes revolucionarios o anticlericales. Los soviéticos fueron pioneros en los trenes y barcos «literario-instructores»

Tren Lenin, uno de los más célebres trenes de agitación soviéticos
 «Todos contra el fascismo», «La tierra es tuya, ¡trabájala!» o caricaturas del fascista Queipo de Llano o Lerroux. Y hasta los Cuatro jinetes del apocalipsis (banca, religión…). Decenas de artistas y pintores antifascistas se pusieron al servicio de la resistencia contra el fascismo y la lucha por la revolución social haciendo lo que sabían hacer, realizando murales en los vagones de los trenes, blindados o no, que cruzaban la geografía española donde aún el ejército sublevado no se había hecho con el control del territorio. 


 Los trenes blindados ya se habían utilizado durante la represión al levantamiento de Asturias de octubre de 1934 (las columnas revolucionarias que marcharon sobre Oviedo lo hicieron acompañadas de una locomotora y dos vagones de forma casera), pero sobre todo, una vez se declara la Guerra Civil, la idea de decorarlo con mensajes políticos y agitprop se tomó de los soviéticos, cuyos artistas (futuristas o constructivistas) se dedicaron desde un primer momento a la realización de grandes murales, hermosas obras de arte revolucionario, en sus vagones. En el caso soviético, los primeros trenes no iban pintados. Únicamente, en sus vagones, se fijaban los célebres periódicos murales que igualmente se producirían en la Guerra Civil española. Posteriormente se comenzaron a pintar. Muchos formaban parte de lo que se llamaban barcos y trenes «literario-instructores». 
 Muchos cineastas rusos se embarcaron en estos trenes que atravesaban en país durante su Guerra Civil filmando el día a día. Aleksandr Medvedkin y Dziga Vertov, dos de los más activos, trabajaban sin descanso: grababan los problemas a los que se enfrentaba la población. Al caer la noche editaban todo el material y, si era posible, al día siguiente lo proyectaban en los vagones-cine. El lema de su cine era «Hoy filmamos, mañana exhibimos».

Sala de cine soviética en un tren de instrucción

Trenes de agitación (Ahora, 22 de septiembre de 1936)
«Y con la cruz querían dominar al pueblo»
Miembros de UHP con vagón con pintadas
El tren blindado de las Milicias Ferroviarias del Norte (Ahora, 3 de septiembre de 1936)
Un tren blindado construido por los obreros de los talleres Devis y de la Central de Aragón
 Sin embargo, los rusos pensaban sus trenes de agitación como oficinas de propaganda móviles, ya que los vagones contaban con sala de proyección, biblioteca y librería. Pero, sobre todo, en España el tren blindado y decorado con murales se convirtió en emblema y orgullo de la España resistente. 

Júpiter

Esta es la última imagen tomada por la sonda Juno del planeta Júpiter. Es, después del Sol, el mayor cuerpo celeste del sistema solar, con una masa casi dos veces y media la de los demás planetas juntos.


martes, 26 de febrero de 2019

El mundo está cada vez más amordazado

Aumenta el número de Gobiernos que legislan y toman medidas para dificultar la labor de las personas y organizaciones que defienden los derechos humanos. Lo denuncia Amnistía Internacional

El mundo está cada vez más amordazado
 La represión está de moda. Es tendencia. Cada vez más países aprueban leyes que limitan o impiden la actividad de las organizaciones que defienden los derechos humanos. Solo en los dos últimos años, se han iniciado los trámites e incluso aprobado al menos 40 normas en este sentido. Así lo advierte Amnistía Internacional en el informe Leyes concebidas para silenciar, publicado este jueves, en el que denuncia "un ataque global contra las ONG".

En su investigación, la organización analiza 50 países del mundo donde se han aplicado o están en proceso de aprobación leyes contra las ONG. Esta batalla para frenar y acallar a los defensores de los derechos humanos "se ha recrudecido" en los últimos años, apunta Maribel Tellado, responsable de la campaña Valiente de Amnistía Internacional en España. En opinión de la experta, los propios Gobiernos usan un "discurso demonizador" de determinados colectivos para luego justificar las medidas represivas contra ellos. "Una parte de la población compra esos mensajes", lamenta. Es el caso de Hungría. "Se están ensañando con las organizaciones que apoyan a las personas migrantes y refugiadas. Se dice que amenazan la seguridad, las multan y desprestigian". La comunidad LGTBI, las feministas y los que combaten la corrupción —incluidos los periodistas— son otros grupos especialmente perseguidos.

Las medidas más comunes para impedir el trabajo de las organizaciones que se han encontrado los autores del informe son la imposición de trabas burocráticas y dificultar su acceso a financiación.
En la mayoría de los casos, advierten, se obliga a las organizaciones a registrarse para poder desarrollar su actividad y los requisitos para hacerlo son a menudo confusos o simplemente arbitrarios. En Pakistán, por ejemplo, el Ministerio de Interior rechazó las peticiones de 18 ONG internacionales, entre las que estaba ActionAid, sin alegar motivo alguno. En octubre de 2018, les ordenó abandonar el país. Las justificaciones para denegar el permiso, cuando sí las hay, son tan distintas como los países que las imponen. Según el estudio, las más habituales son la seguridad nacional, la preocupación de que las entidades interfieran en asuntos internos, la necesidad de proteger la propia identidad, así como preservar las tradiciones, los valores y las creencias religiosas.

Para dificultar o incluso acabar con la actividad de las ONG ya operativas, algunos Gobiernos han aprobado leyes que fuerzan a las entidades a cumplir requisitos y procesos "absurdos", dice Tellado. De no hacerlo, se enfrentan a cuantiosas multas o incluso la cárcel. Otros se reservan el poder de disolver una organización si esta comete alguna infracción. El problema es que, según Amnistía Internacional, los casos en los que están habilitados a ello no están claramente definidos. En Egipto, en virtud de su Ley 70 de 2017, basta con afirmar que una ONG "daña la unidad nacional o perturba el orden público" para cerrarla.

Con todo, en estos países, hay ONG que superan airosas la embrollada burocracia y aguantan la persecución. Contra ellas, a los Gobiernos solo les queda la guerra económica a golpe de multas e impuestos desorbitados, o bien restringen al mínimo sus posibilidades de financiación.
En este sentido, el informe de Amnistía Internacional destaca en primer lugar a Rusia y su Ley de Agentes Extranjeros de 2012. Las ONG que reciben fondos internacionales o desarrollan actividades políticas son incluidas en un listado que las califica como "agentes extranjeros", que todavía es sinónimo de espía, traidor y enemigo del Estado. "Tiene una connotación muy negativa en la opinión pública.
Nadie quiere ser llamado así, especialmente si eres un defensor de los derechos humanos", confirma Galina Arapova, directora de Mass Media Defence Centre (MMDC), que promueve la libertad de expresión y asiste legalmente a periodistas en aquel país.

"Es fácil que cualquier organización cumpla los requisitos. Basta con que la Comisión Europea o las Naciones Unidas estén entre sus donantes. Y la definición de la ley de lo que es una actividad política es muy amplia. Defender la libertad de expresión, criticar al Gobierno, luchar contra la tortura e incluso ayudar a niños con cáncer... ¡Encuentran actividad política en todo lo que hacemos porque dicen que influirá en la opinión pública!", detalla Arapova.  "Pero nosotros no somos políticos. Defendemos los derechos humanos, es lo que hacemos las 24 horas del día".

La ONG que dirige fue incluida en la lista de agentes extranjeros en 2015 y desde entonces su labor es cada vez más difícil. En primer lugar, porque las instituciones públicas tienen prohibido tratar con entidades bajo esta clasificación. "Hemos perdido la posibilidad de comunicarnos y coordinarnos con organizaciones gubernamentales y autoridades. Por eso hemos tenido que cesar algunos de nuestros programas. Impartíamos formación a jueces, a responsables de prensa, la policía... Pero ahora no podemos organizar ninguna actividad, ni charlas o seminarios con funcionarios", detalla indignada en una conversación por canales más seguros que una simple llamada de teléfono. No tiene la certeza de que la estén vigilando, pero toma este tipo de precauciones "por si acaso".

"Lo usan para estigmatizarnos", se queja la activista. "No solo se trata de frenar la actividad de las ONG y acallar las críticas al Gobierno, sino también de crear una mala reputación y que la gente crea que usamos los fondos, becas y donaciones extranjeras para servir los intereses de otros Gobiernos y no en favor de la sociedad rusa. Lo que no es cierto", continúa. De este modo, a través del desprestigio, los pudientes donantes locales prefieren apoyar causas menos controvertidas que los derechos humanos y organizaciones menos impopulares que las calificadas como agentes extranjeros.

Todas las leyes y medidas represivas hasta ahora descritas, recogidas en el informe, van en la dirección contraria de lo que manda la declaración de la ONU sobre los defensores de los derechos humanos. Dice así: "Los Estados tienen la responsabilidad primordial y el deber de proteger, promover y hacer efectivos todos los derechos humanos y las libertades fundamentales, entre otras cosas, adoptando las medidas necesarias para crear las condiciones sociales, económicas, políticas y de otra índole, así como las garantías jurídicas requeridas para que toda persona sometida a su jurisdicción, individual o colectivamente, pueda disfrutar en la práctica de todos esos derechos y libertades".

Represión, reacción
El MMDC ha aguantado el envite, pero su labor se ha resentido. "Continuamos dando apoyo legal a los medios, periodistas, blogueros... pero podríamos hacer más. Antes hacíamos más", asegura Arapova. Otras entidades no han resistido y han echado el cierre. "Esto es difícil financiera, personal y psicológicamente", argumenta.

"Lo que intentan es infundir miedo y crear inseguridad. Y lo consiguen en muchos países", agrega Tellado. "La gente no quiere ir a la cárcel o que les multen con unas cantidades de dinero que no pueden pagar... Muchos no solo dejan su trabajo, sino que también abandonan sus países". Pero hay, en su opinión, motivos para la esperanza. "La movilización ciudadana también está aumentando. La gente se organiza y lucha por el medio ambiente, contra la tortura o la pena de muerte, por la salud y la educación... Esto no va a parar", observa. "De una manera u otra, la ciudadanía acaba reclamando sus derechos".

Coincide en este análisis la uruguaya Anabel Cruz, directora de la ONG Instituto de comunicación y desarrollo, y presidenta de la alianza de organizaciones de la sociedad civil Civicus. "Una de las conclusiones de nuestro último informe sobre el estado de la sociedad civil es que en 2018 hubo un avance de la represión, pero también un resurgimiento de movimientos sociales y de protestas como no habíamos visto en mucho tiempo".

Lo que más preocupa a Cruz es que se haya impuesto una agenda antiderechos. "Después de tantas décadas que llevó conquistarlos... ahora están peligro", reflexiona. Considera que lo que deben hacer organizaciones grandes como Amnistía Internacional y Civicus es dar apoyo a quienes protestan y pueden frenar esta tendencia represiva. "La sociedad civil está alerta y dispuesta a luchar por sus derechos", proclama.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2019/02/19/planeta_futuro/1550599103_443707.html?id_externo_rsoc=TW_CC

lunes, 25 de febrero de 2019

"La neoliberalización de los servicios públicos se hace con el trabajo gratuito en nombre de los valores cívicos"

"Una mujer que es una 'buena mujer', 'buena esposa' o 'buena madre', es una mujer que hace su trabajo doméstico. Aquí, ese trabajo gratuito 'sirve' para probar el valor de los individuos"
"El trabajo gratuito en el contexto de las nuevas tecnologías se hace en nombre de la pasión, del mismo modo que el trabajo doméstico las mujeres lo hacen en nombre del amor y que los voluntarios lo hacen en nombre de la ciudadanía"
"Cuando una actividad es “invisible” como trabajo significa también que se realiza al margen del derecho laboral, al margen de las instituciones del mundo laboral, ya sea la representación sindical, de los derechos sociales o de la protección social"

Maud Simonet, socióloga y catedrática del Centro Nacional francés de Investigaciones Científicas (CNRS) en la Universidad de París-Nanterre
Maud Simonet, socióloga y catedrática del Centro Nacional francés de Investigaciones Científicas (CNRS) en la Universidad de París-Nanterre Textuel
 Voluntarios, implicados en causas del mundo asociativo, parados o personas en situación de asistencia social. Todos ellos trabajan gratis o han trabajado gratis si han sido entrevistados por Maud Simonet (París, 1972), socióloga y catedrática del Centro Nacional francés de Investigaciones Científicas (CNRS) en la Universidad de París-Nanterre.

Simonet lleva 20 años trabajando sobre esta dimensión poco conocida del mundo laboral. Esa dimensión que implica trabajo sin remuneración, con pocos derechos o sin el reconocimiento de ninguno de ellos. Así es el trabajo gratuito y así se llama, de hecho, la última investigación de Simonet publicada en Francia. Travail gratuit: la nouvelle exploitation? (Ed. Textuel, 2018) o Trabajo gratuito: ¿la nueva explotación?, se titula su último libro.

Esta socióloga plantea que el trabajo gratuito sirve hoy día para "dar una cara cívica al neoliberalismo". Entre otras cosas, porque en esta lógica se ataca lo público "en nombre del compromiso ciudadano, de los valores cívicos, de la buena voluntad de los ciudadanos o bajo la excusa de la reinserción de quienes reciben ayudas sociales", según explica Simonet en esta entrevista con eldiario.es.

¿Qué entiende usted por trabajo gratuito?
Yo tomo la idea de trabajo gratuito del análisis feminista previo sobre el trabajo doméstico, entendido como un trabajo gratuito asignado a las mujeres en nombre del amor, la maternidad, la familia, etcétera. Yo retomé este concepto para analizar muchas actividades que hoy se realizan fuera del ámbito doméstico, ya sea en asociaciones, en servicios públicos o a través de Internet y que hacen posible el funcionamiento de asociaciones y servicios públicos pero también de empresas. Esto, sin que haya un reconocimiento de que sean trabajo.

Hablamos de actividades que no cuentan con ningún tipo de protección social.
Exacto. Son actividades que, como trabajo, son invisibles. No están reconocidas como si fueran trabajo. Pueden no estar remuneradas o se realizan a cambio de una indemnización'. Pero nunca se realizan a cambio de un salario. Cuando una actividad es invisible' como trabajo significa también que se realiza al margen del derecho laboral, al margen de las instituciones del mundo laboral, ya sea la representación sindical, de los derechos sociales o de la protección social.

Esas formas de trabajo, ¿siempre están al margen del sistema de protección laboral?
Estamos ante nuevas formas del trabajo asociativo, como lo que se llama en Francia 'voluntariado'. Son formas de trabajo voluntario que tienen una duración temporal determinada, llevan asociada una pequeña indemnización y, eventualmente, puede haber asociados algunos derechos sociales. Por ejemplo, en Francia, cuando se es voluntario se cotiza para la jubilación pero no se cotiza para el subsidio de desempleo.

Sus investigaciones demuestran que estas formas de empleo pueden acabar utilizándose en el sector público.
Así es. Con John Krinsky [politólogo y profesor de la City College de Nueva York] hemos trabajado durante años sobre la transformación del mantenimiento de los parques de la ciudad de Nueva York. Ahí hemos demostrado que, entre la mitad de los años 70 y el periodo actual, ha habido una transformación del trabajo en ese servicio público. Disminuyó el número de funcionarios que limpiaban los parques y hemos visto multiplicarse el estatus de los trabajadores. Porque aparecieron en ese sector trabajadores del sector asociativo, por ejemplo.

Hablamos de gente que trabaja para asociaciones que se van a ocupar del mantenimiento de los parques, a través de acuerdos con la ciudad. Esas asociaciones emplean su propia mano de obra, pero son empleados sin derechos sindicales ni la misma protección que los empleados municipales pese a que llevan a cabo el mismo trabajo. Además, en el sector de los parques de Nueva York hemos visto aparecer diferentes tipos de voluntarios y hasta personas que reciben ayudas sociales obligadas a dar horas de trabajo a la ciudad para seguir recibiendo esas ayudas.

¿Se establece así una suerte de mercado laboral paralelo?
En nuestra investigación hemos visto la aparición, en el mismo sector, de trabajadores remunerados y no remunerados, trabajadores con derechos y sin derechos, de trabajadores que desarrollan un empleo que han elegido y otros que se ven forzados a trabajar. Todo esto, sin embargo, dentro de un sector público y sin necesidad de privatización. Lo que ocurre es que hay una parte del trabajo que se hace gratis. Hablamos de la gratisficación. No es una bonita palabra. Pero hay una parte del trabajo que se hace gratis porque la labor la realizan voluntarios o personas que reciben ayudas.

En cualquier caso, hablamos de gente a la que no se le paga por hacer su trabajo. A la ciudad le cuesta muy poco mantener estos trabajadores, pues los costes los asumen otros. Por un lado, hay una fundación que se ocupa de las asociaciones vinculadas a la actividad en los parques y el estado federal y el estado en particular se ocupa fundamentalmente de las ayudas sociales. Las autoridades de la ciudad nos han reconocido que, en su día, no perdieron la gestión de los parques en beneficio de empresas privadas porque tenían algo que no tenían las empresas: trabajo gratuito.

Habla usted del caso de Nueva York. Pero esas ideas de la gratisficación también tienen una influencia en Europa. ¿No es así?
Hace unos días el primer ministro francés [Édouard Philippe] dejaba caer esa idea de que a las personas que reciben una ayuda social había que pedirles una contrapartida en términos de trabajo.

Nueva York parece ocupar, en su investigación, un lugar de laboratorio sociológico. Aunque usted ya dice que hay en Francia reflejos similares. ¿Ha visto el fenómeno del trabajo gratuito en otros puntos de Europa?
Este fenómeno, en otros puntos de Europa, ha sido señalado, por ejemplo, en Italia por Andrea Muehlebach. En su libro The Moral Neoliberal (Ed. University of Chicago Press, 2012) demostraba que, en Italia, se aplicaban políticas por las cuales el Estado ponía a trabajar a través del voluntariado a parte de la población. Muehlebach señalaba cómo a través de ese trabajo gratuito se demostraba'' que uno era un buen ciudadano pese a estar en paro o recibiendo ayudas del estado. Se presenta ese trabajo gratuito como una forma de reparar la ciudadanía.

En el Reino Unido, todo el trabajo de investigación que se ha hecho sobre la 'Big Society' demuestra que hay un claro discurso que invita a los ciudadanos a implicarse también en los servicios públicos y que, en definitiva, ataca los servicios públicos. En Francia ya existen formas de trabajo gratuito. Ya se utiliza esa idea de que los 'buenos jóvenes' son aquellos que prefieren hacer un tiempo de lo que aquí se llama servicio cívico en lugar de estar en el paro.

¿Qué relación guarda este fenómeno con las luchas feministas que defienden el trabajo doméstico como un trabajo que debería de ser reconocido?
Esta idea del 'buen joven' es comparable a la idea de la buena mujer'. Una mujer que es una 'buena mujer', 'buena esposa' o 'buena madre', es una mujer que hace su trabajo doméstico. Aquí, ese trabajo gratuito 'sirve' para probar el valor de los individuos.

La extensión de ese trabajo gratuito, ¿se hace en detrimento del funcionariado?
Absolutamente. Lo que desaparece es el funcionario. A saber, la desaparición del trabajador del sector público protegido por la función pública, por el sindicalismo, los derechos sociales y demás. No es que los voluntarios sustituyan uno por uno a los funcionarios. Pero hay una sustitución en el desempeño de tareas. En la medida en la que hay tareas desempeñadas por voluntarios hay una desprofesionalización.

¿En qué medida representa el 'trabajo gratuito' una nueva evolución del neoliberalismo?
Aquí la neoliberalización de los servicios públicos se hace con el trabajo gratuito en nombre del compromiso ciudadano, de los valores cívicos, de la buena voluntad de los ciudadanos o bajo la excusa de la reinserción de quienes reciben ayudas sociales. A esto yo lo llamo una cara cívica del neoliberalismo, un fenómeno que no ha sido estudiado lo suficiente y que resulta complicado de ver, porque se apoya sobre valores y se desarrolla en nombre del compromiso, de la comunidad y de la inserción social.

En definitiva, son valores que reconocemos como positivos y que no se suelen asociar automáticamente al neoliberalismo. Pero, sobre el terreno, en el lugar de trabajo, hay una neoliberalización, porque hay disminución del número de funcionarios, una precarización de la función pública y la aparición de una gran diversidad de estatus laborales sin protección laboral.

En suma, estamos ante una precarización del empleo público y una pauperización del servicio público.
Así es. Así se puede acabar consiguiendo, como ha demostrado el propio Krinsky, un ejército de trabajadores gratuitos para desarrollar políticas públicas.

¿Qué papel juegan las nuevas tecnologías en este fenómeno del trabajo gratuito?
Los sociólogos que se han ocupado del trabajo en los nuevos medios de comunicación, desde el principio, han estado interrogándose sobre este fenómeno de la gratuidad del trabajo. Desde los años 2000 se habla en este contexto de Free Labor, un término muy ambiguo, que significa, a la vez, 'trabajo gratis' y 'trabajo voluntario'. Claramente, aquí se plantea también la cuestión de si hay explotación o no. Es muy curioso que muy rápido se haya planteado ese interrogante en este contexto y menos directamente en el del mundo asociativo, del voluntariado y del compromiso ciudadano.
El trabajo gratuito en el contexto de las nuevas tecnologías se hace en nombre de la 'pasión', del mismo modo que el trabajo doméstico las mujeres lo hacen en nombre del 'amor' y que los voluntarios lo hacen en nombre de la 'ciudadanía'. Pero ese trabajo en Internet plantea las cuestiones que planteaban ya las luchas feministas desde hace 40 años o más.

Movimientos políticos como La República en Marcha, liderado por Emmanuel Macron, o la campaña que llevó al liderazgo del Partido Laborista a Jeremy Corbyn estuvieron marcados por el trabajo de voluntarios que se implicaron muchísimo en Internet con sus líderes. ¿Hay una relación entre ese trabajo y el trabajo gratuito que usted investiga?
En esos movimientos hay una dimensión de trabajo por militancia, pero también la hay de construcción de una carrera profesional. Lo que resulta innegable es que actualmente hay una institucionalización extremadamente fuerte del trabajo gratuito en el funcionamiento del mercado laboral. Puede ser a través de las prácticas o del servicio cívico en Francia. Se les dice a los jóvenes que ese trabajo gratis puede llevar a un empleo.

En Estados Unidos a esto se le llama Hope Labor. O sea, trabajar gratis con la esperanza de conseguir el trabajo de 'tus' sueños en el futuro. Este tema guarda relación con el conflicto en 2011 de los blogueros del Huffington Post en el momento de la venta a AOL por parte de Arianna Huffington a cambio de 315 millones de dólares (unos 230 millones de euros).

¿En qué sentido?
En aquella época, ese medio tenían un pequeño centenar de periodistas en plantilla y 9.000 blogueros voluntarios. Éstos se movilizaron, hicieron huelga, un boicot y una acción judicial en Nueva York. Defendían que el valor añadido del medio lo habían creado también ellos, por eso querían recuperar parte de ese valor. Perdieron.

Ese trabajo gratuito tenía para ellos un doble sentido. Por un lado, escribir ahí era una forma de militancia y de estar comprometido con la crítica a los Estados Unidos de visión republicana. Y, también, para muchos de ellos que venían del mundo del periodismo, de las letras o de la literatura, escribir ahí era algo bueno y prometedor para su carrera profesional.

Da la impresión de que el 'trabajo gratuito', como tal, aún tiene que ser reconocido como lo que es: trabajo. Sus investigaciones apuntan a esa dirección. ¿Cómo cree usted que uno puede protegerse ante este fenómeno?
Las soluciones son difíciles de encontrar. Yo siempre trato de mirar qué conflictos hay o ha habido que tratan de rechazar esa asignación del trabajo gratuito. Actualmente hay un movimiento social en Québec (Canadá). Allí, hay becarios que están haciendo huelgas. Hubo paros en noviembre y los hay anunciados para esta primavera. Es un movimiento donde se señala particularmente que los trabajos como becarios no remunerados son fundamentalmente trabajos desempeñados por mujeres, ya sea en educación, sanidad o el sector social.

Hay jóvenes movilizadas y han unido su causa a la de las feministas, que desde siempre han denunciado el trabajo no remunerado e invisibilizado pero que es indispensable para el funcionamiento del capitalismo. El movimiento de estas becarias es un movimiento que busca el reconocimiento del trabajo de las mujeres en los sectores afectados. Reivindican ser consideradas como trabajadoras. Reivindican una remuneración y no una ayuda ni una indemnización.

En mi voz ya no suena Haití

La geopolítica es más elocuente por lo que obvia que por lo que trata. Ahora pregúntense por qué saben tanto de Venezuela y tan poco de Haití; en la faja del Orinoco hallarán la respuesta

<p>Soldados estadounidenses en Port-au-Prince, Haití.</p>
Soldados estadounidenses en Port-au-Prince, Haití.
MCCS Spike Call
 Esta historia comienza en el año 2015 y puede que algunos se pregunten cómo es posible que en plena era de la hiperconectividad y la sobreinformación no hayan oído ni una sola palabra al respecto. Eduardo Galeano decía que “los nadie cuestan menos que las balas que los matan” y en Haití hace tiempo que conseguir una pistola es mucho más barato que una barra de pan.

El país de las Antillas es uno de los grandes vertederos del continente americano desde el día que los colonos tocaron tierra en Mole Saint-Nicolas para establecer una de los mayores mercados de esclavos del “nuevo mundo”. Más de tres siglos de ocupación donde los invasores arrasaron con la práctica totalidad de la población local y saquearon las reservas de algodón, azúcar, café y añil.

No sería hasta la eclosión de la revolución francesa cuando los haitianos protagonizaron la primera sublevación de esclavos, que culminó con la liberación y el surgimiento de un nuevo Estado, allá por 1804. Sucede que, a unos pocos cientos de kilómetros de la costa de los Estados Unidos, la libertad es un concepto relativo que oscila según los intereses de Washington, y como dijo Thomas Jefferson “de Haití proviene la peste de la rebelión”.

Pero volvamos a 2015. El país celebraba elecciones a la presidencia para elegir al sustituto de Michel Martelly, y en la disputa, dos liberales conservadores pugnaban por el poder: Jude Célestin y Jovenel Moïse, que resultó ganador con un 32,8% de los votos.

La oposición denunció la existencia de un fraude masivo que fue acreditado por una comisión de verificación formada por expertos independientes, en cuyo informe señaló que “resulta imposible determinar el número de votantes que ejercieron su derecho al voto debido a que las irregularidades se dieron en todo el sistema electoral, de arriba hacia abajo”.

A pesar de las denuncias de los organismos internos, la Unión Europea y la Organización de Estados Americanos se apresuraron a reconocer la fraudulenta victoria de Moïse y calificaron las elecciones como “un soplo de esperanza para la democracia”. Resulta sorprendente la laxitud de la llamada comunidad internacional con las irregularidades en Haití, sobre todo si lo comparamos con la verborrea belicista que suelen emplear en otras latitudes.

La complicidad de los amos del mundo no dejó más opción a los haitianos que salir a protestar en unas jornadas de duros enfrentamientos con la policía donde la sangre de los inocentes volvió a teñir de rojo las calles del país. Finalmente, las autoridades cedieron, anularon las elecciones y aplacaron la rabia de los ciudadanos con la promesa de unos nuevos comicios que contarían con todas las garantías democráticas, o eso decían.

En 2016, las urnas regresaron a los colegios, pero muy lejos de los compromisos juramentados por las autoridades, todo el proceso electoral fue incluso más sombrío que el anterior. Jovenel Moïse volvió a proclamarse ganador con 590.927 votos, aunque la candidata más exitosa fue la abstención, con un 81,9% de electores que decidieron no participar en la segunda entrega de este vodevil trufado de falacias.

De nuevo, los organismos internacionales avalaron la limpieza de semejante lodazal y Moïse pudo arrancar un mandato en el que pronto comprobaría que el apoyo de los Estados Unidos y Europa venía firmado con la letra pequeña del vasallaje.

Ay Haití
Puede que de esto sí se acuerden: “Hay amor, hay en ti, hay en mi voz, ay, ay, Haití”. Estos versos, con perdón de los poetas, forman parte de la canción Ay Haití, que los músicos Carlos Jean y Dnovae compusieron en solidaridad con las más de 300.000 víctimas mortales del terremoto que asoló la isla caribeña en 2010. En los coros participaron artistas de relumbrón como Alejandro Sanz y Miguel Bosé (ocupados ahora en el asunto venezolano), la actriz Paz Vega e incluso los futbolistas Sergio Ramos, Diego Forlán e Iniesta.

El mundo contenía la respiración ante una catástrofe natural que devolvía a un país, ya de por sí castigado, a la época del medievo. El ABC mostraba en su portada la imagen de un hombre que sostenía entre lágrimas el cadáver de su hija. “Los marines desembarcan en el infierno”, destacaba El País sobre la llegada de militares estadounidenses a Puerto Príncipe para “distribuir provisiones y sofocar la violencia y el pillaje”.

Las ONG no tardaron en reaccionar, pero lejos de prestar ayuda, su labor fue más bien la del enterrador que coloca el último clavo del ataúd. En los días siguientes se concentraron en la capital hasta 10.000 representantes de diferentes organizaciones que ni conocían el país ni tenían información precisa sobre la magnitud de lo sucedido. Una de las más importantes era Oxfam Intermón, que se vio envuelta en un gran escándalo cuando salió a luz que algunos de sus trabajadores contrataron los servicios de un grupo de prostitutas.

Además, se dilapidaron 500 millones de dólares para construir unas viviendas que no contaban con las necesidades básicas, en un principio pensadas para un periodo de tiempo limitado, pero que se han convertido en chabolas donde 120.000 personas sobreviven hoy en condiciones infrahumanas.
La ONU designó a Bill Clinton presidente de la Comisión Interina para la Reconstrucción de Haití, y el exmandatario centró sus esfuerzos en la Haiti Open for Business, una iniciativa para atraer inversión extranjera que contaba con el apoyo de personalidades como José María Aznar. Su mayor hito fue la construcción de un hotel de la cadena estadounidense Marriott, un alojamiento de lujo en las afueras de una capital donde la gente se mataba por un trozo de pan.

En total se llegaron a recaudar unos 9.000 millones de dólares. Nueve años después, Haití continúa siendo uno de los países con el índice de desarrollo más bajos del planeta. Los intereses del hemisferio occidental estaban muy alejados del samaritanismo: “¡La carrera por el oro ha empezado!”, afirmó el embajador de EE.UU. en Haití en una comunicación de febrero de 2010 revelada por WikiLeaks.

Cuando la tierra se tragó las vidas de centenares de miles de personas, en el lado de sur del continente, la revolución bolivariana estaba en plena efervescencia. La izquierda gobernaba en las grandes potencias de la zona y el petróleo venezolano sostenía los objetivos del chavismo.
Petrocaribe y el ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), dos organizaciones transnacionales impulsadas por Hugo Chávez, tuvieron un fuerte protagonismo en las tareas de ayuda humanitaria con una partida de 3.800 millones de dólares. A pesar de que el sumidero de la corrupción se tragó su trozo del pastel, el dinero sirvió para la reparación de grandes infraestructuras y ayudó a tejer unas prometedoras relaciones bilaterales entre Haití y Venezuela.

Cuando el presidente Moïse quiso estrechar lazos con los programas sociales de Petrocaribe descubrió el tono amenazante en el que estaba escrita aquella letra pequeña redactada por las grandes potencias internacionales que habían avalado su fraude electoral.

El idilio con el chavismo resultó romance de verano y Haití pronto regresó a las recetas austericidas del FMI. Apenas unos pocos meses de tutelaje internacional bastaron para sumir a la nación en su enésima crisis económica, propiciando la subida de los precios de los carburantes y de los productos básicos.

Cuando los bolsillos están vacíos, los hambrientos suelen rellenarlos de piedras y la necesidad ha empujado a una nueva espiral de protestas que está siendo reprimida brutalmente por las fuerzas de seguridad del régimen. Las cifras de muertos varían entre los datos del oficialismo, que reconoce nueve fallecidos, y la más de una veintena que contabilizan los manifestantes.

De nuevo, la sangre derramada de los nadie, los funerales improvisados en las zanjas de tierra que tantos muertos se han tragado ya, el grito desesperado de los menesterosos a los que Estados Unidos y sus satélites hacen oídos sordos y que apenas ocupan un breve al final de una página en la agenda de los grandes medios de comunicación.

No hay portadas de padres desesperados que sostienen en sus brazos los cuerpos sin vida de sus hijos, no hay líderes internacionales mostrando su rechazo a la masacre, no hay ultimátum de ocho días, no hay presidentes autoproclamados, no hay recogida de medicamentos ni conciertos solidarios, no hay programas de televisión hablando sobre el tema ni enviados especiales en el terreno, no hay canciones de celebridades que entonan mirando a cámara con los ojos perdidos en la desolación.
Decía Eduardo Galeano que la geopolítica es más elocuente por lo que obvia que por lo que trata. Pregúntense ahora por qué saben tanto de Venezuela y tan poco de Haití; en la faja del Orinoco hallarán la respuesta.

Hay amor, hay en ti, parece que en mi voz ya no suena Haití.

Fuente: https://ctxt.es/es/20190220/Firmas/24584/Pablo-MM-el-mentidero-Haiti-Venezuela-geopolitica-Eduardo-Galeano-percepcion-conocimiento.htm#.XHEZoEMJ-Xp.twitter

viernes, 22 de febrero de 2019

Coplas




 
Azotan el limonar 
las ráfagas de febrero.
    No duermo por no soñar.

Greta Thunberg, la activista ecologista de 16 años que se planta ante la UE: "Hemos empezado a limpiar su estropicio y no pararemos hasta acabar"

La activista sueca ha participado en el Consejo Económico y Social de la UE y ha afeado, rodeada de compañeras, la actitud de los políticos allí presentes
"Hacemos huelga porque hemos hecho nuestros deberes, háganlos ustedes y escuchen a los científicos", ha dicho Thunberg ante el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker
"No quiero que estéis esperanzados. Quiero que entréis en pánico, que sintáis el miedo que yo siento cada día. Y después quiero que actuéis", dijo en enero en Davos

Greta Thunberg advierte a la UE de que sus metas climáticas "no son suficientes"
La joven activista de 16 años sueca Greta Thunberg, en un momento de su intervención en la conferencia organizada por el Consejo Económico y Social Europeo en Bruselas. EFE
  Bruselas vive todas las semanas movilizaciones de estudiantes comprometidos en la lucha contra el cambio climático. Y este jueves, como cada jueves, se han manifestado por las calles de la capital comunitaria, pero antes han participado en la asamblea mensual del Consejo Económico y Social Europeo, donde la activista sueca de 16 años Greta Thunberg ha tomado la palabra.

 Thunberg, después de coger el micrófono, lo primero que hizo fue llamar a sus compañeras y compañeros de lucha. Le rodearon y empezó a leer en inglés un emocionado discurso rodeada de funcionarios de las instituciones europeas.


"Sabemos que la mayoría de los políticos no quieren hablar con nosotros", ha dicho nada más comenzar. "Bueno. Tampoco nosotras queremos hablar con ellos ", ha afirmado en una sala llena de políticos de la UE, entre ellos el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker.

"Queremos que hablen con los científicos en su lugar –prosiguió Thunberg– que los escuchen, porque solo estamos repitiendo lo que están diciendo ellos desde hace décadas. Queremos que se cumpla el acuerdo del clima de París y del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). No tenemos otras exigencias, sólo seguir lo que dice la ciencia".

El eurodiputado de Equo, Florent Marcellesi, presente en el acto, ha aplaudido el mensaje de Thunberg.

https://screenshotscdn.firefoxusercontent.com/images/94bcacef-293e-434d-98df-1351fbbf5fe9.png"Nos dicen que somos jóvenes, pero no hay tiempo para esperar a que crezcamos y nos hagamos cargo", dijo, citando el último informe del IPCC, que establece que las emisiones deben alcanzar un máximo en 2020 y luego caer abruptamente con el fin de mantener el calentamiento global por debajo de 1,5ºC. "Eso es el año que viene", ha subrayado: "Están deseando que dejemos de hablar de la crisis del clima y que hablemos de otras cosas, porque saben que no pueden ganar esta pelea. Porque saben que no han hecho sus deberes. Nosotros sí hemos hecho nuestros deberes, háganlos ustedes y escuchen a los científicos".

"Según el informe del IPCC, estamos a unos 11 años de llegar a un punto de no retorno. Para evitar eso, deben realizarse cambios sin precedentes en la próxima década. Si la UE quiere mantenerse dentro de los límites de emisiones, necesita una reducción mínima del 80% para 2030. Y eso incluye los transportes aéreos y terrestres, de personas y mercancías. Debemos dejar de competir unos con otros. Necesitamos cooperar y trabajar juntos para compartir los recursos del planeta de una manera justa".

Cada jueves desde que comenzó 2019, miles de jóvenes protestan por las calles de Bruselas contra el cambio climático y la adolescente sueca Greta Thunberg es uno de sus referentes, como lo son las estudiantes belgas flamencas Anuna De Wever, de 17 años, y Kyra Gantois, de 19.

Thunberg, que este jueves hablaba ante los máximos dirigentes de las instituciones europeas, comenzó el curso con una sentada semanal a las puertas del Parlamento de Estocolmo en huelga por el cambio climático. Y el pasado 25 de enero tomó la palabra en el Foro de Davos (Suiza), a donde acudió como invitada.

"Los adultos siguen diciendo: 'Demos esperanza a los jóvenes, se lo debemos'. Pero yo no quiero vuestra esperanza, no quiero que estéis esperanzados. Quiero que entréis en pánico, que sintáis el miedo que yo siento cada día. Y después quiero que actuéis, como si estuvierais en crisis. Quiero que actuéis como si la casa estuviera en llamas, porque lo está", declaró en su intervención en Davos.
La primera de las manifestaciones en Bruselas se celebró el pasado 10 de enero y reunió a unas 3.000 personas, una cifra que se ha ido multiplicando en las sucesivas convocatorias.

En una entrevista con Efe, Anuna De Wever explicó que estas acciones pretenden mostrar a todos políticos del país que la suya es una "generación climática" y que es su futuro lo que está en juego: "No tenemos un color político, queremos desvincularnos de cualquier partido, es importante mostrar al mundo entero que todos estamos unidos en la lucha contra el cambio climático".

Dos adolescentes revolucionan la lucha contra el cambio climático en Bélgica
Las estudiantes flamencas Kyra Gantois (centro) y Anuna De Wever (derecha) durante una marcha estudiantil contra el cambio climático celebrada en Bruselas. EFE
 Por su parte, Kyra Gantois explicó a Efe que tanto ella como su compañera están en contacto con jóvenes activistas de otras ciudades del mundo, entre ellos, Greta Thunberg, que ha participado este jueves en la marcha de Bruselas. Además, destacó la diversidad de este movimiento, Youth for Climate, y se mostró convencida de que con estas acciones sí que se pueden "cambiar las cosas".

miércoles, 20 de febrero de 2019

Sin título


  La memoria es el porvenir del pasado.

Paul Valéry

La matanza por hambre de la dictadura saudí en Yemen no moviliza a la comunidad internacional

https://digitalsevilla.com/wp-content/uploads/2019/02/Fatima-Qoba.jpg

Fatima Qoba

Unas fotos de Fátima Qoba, una niña de 12 años de Yemen, han removido algunas conciencias en la opinión pública occidental. Su familia vive en la extrema pobreza y tuvo que abandonar su casa cercana a la frontera por los bombardeos de la coalición liderada por la dictadura de Arabia Saudita.

“No tenemos dinero para conseguir comida. Todo lo que tenemos es lo que nos dan nuestros vecinos y familiares” reveló la hermana de Fátima Qoba, que también se llama Fátima, a Reuters.

Todos viven, su padre, de 60 años, y sus 10 hermanos, debajo de un árbol.

“Si nos quedáramos aquí y muriéramos de hambre, nadie se daría cuenta. No tenemos futuro”, ha denunciado la niña.

Su hermana fue ingresada cuando pesaba 10 kilos, gracias al dinero de un familiar, en la clínica de desnutrición yemení, en la ciudad de Aslam, controlada por los rebeldes hutíes.

“Todas las reservas de grasa en su cuerpo se han agotado, solo le quedan huesos” ha declarado Makiah al-Aslami, médico principal de la clínica, que añade que la niña “tiene la forma más extrema de desnutrición” señalando que Fátima necesita al menos un mes de tratamiento para que su cuerpo y mente empiecen a recuperarse.

Guerra en Yemen ha dejado 85 mil niños muertos por hambruna, estima ONG
Nos sentimos horrorizados de que unos 85 mil niños en Yemen puedan haber muerto como consecuencia del hambre extrema desde que comenzó la guerra. Por cada niño muerto por bombas y balas, decenas están muriendo de hambre y enfermedades y es completamente evitable" https://www.excelsior.com.mx/global/en-yemen-han-muerto-de-hambre-85-mil-ninos-durante-la-guerra-estima-ong/1279724

Aslami ha asegurado además que solo en febrero se han tratado a 40 mujeres embarazadas por desnutrición severa que hará que “en los próximos meses, vamos a tener 43 niños con bajo peso”, ha denunciado señalando que en lo que va de año han muerto 14 personas por desnutrición en su clínica.
“Es un desastre al borde de la hambruna […] la sociedad yemení y las familias están agotadas. La única solución es detener la guerra”, ha concluido Aslami.

El ataque de Arabia Saudí desde 2015 y la guerra han llevado al colapso económico del país donde 14 millones de personas están al borde de la hambruna según reflejan los datos de la propia ONU.
Yemen lleva años sufriendo una terrible crisis humanitaria que se ha acrecentado con el bloqueo de la dictadura saudí del puerto yemení de Al Hudeida, clave para la entrada de ayuda humanitaria al país.

 Fuente: https://digitalsevilla.com/2019/02/18/matanza-hambre-dictadura-saudi-yemen-moviliza-comunidad-internacional/

lunes, 18 de febrero de 2019

Las cicatrices de La Retirada

Hace 80 años, entre enero y febrero de 1939, casi medio millón de republicanos espaoles huyeron a una Francia que les acogió en condiciones deplorables
Resultado de imagen de La cicatriz de la retirada
Refugiados republicanos españoles construyen una carretera en Argelès-Sur-Mer en marzo de 1941
 A estas alturas, hace 80 años el destino estaba ya trazado. Entre el 28 de enero y el 13 de febrero de 1939, unos 475.000 españoles, hombres, mujeres y niños, cruzaron prácticamente con lo puesto la frontera por los Pirineos catalanes huyendo del avance de las tropas franquistas, en lo que se conocería como La Retirada.

Creyeron que en Francia encontrarían seguridad y dignidad. Se equivocaron en lo uno y en lo otro. Las autoridades francesas no ardían precisamente en deseos de acoger a los que consideraba elementos incómodos cuando estaban ya en conversaciones con el vencedor de la Guerra Civil, Francisco Franco. Y Francia tampoco sería ese ansiado remanso de paz para quienes llevaban tres años combatiendo: la Segunda Guerra Mundial estaba a punto de estallar y muchos de los recién llegados, agotados, derrotados en el más profundo sentido de la palabra y a menudo heridos o enfermos, acabarían viéndose involucrados en un nuevo conflicto.

Unos lo hicieron ilusamente convencidos de que combatir a Hitler sería combatir a Franco. Otros porque, desengañados tras perder el sueño republicano en casa, tampoco tenían a dónde regresar. Ocho décadas más tarde, Francia les rinde un homenaje que muchos de sus descendientes sienten que España les debe aún. La visita que el próximo domingo hará el presidente Pedro Sánchez a varios enclaves del exilio español se considera un primer paso, pero insuficiente aún.

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 Hay cosas de La Retirada que Pepita León no olvidará jamás. Como el intenso frío que pasó al atravesar los Pirineos nevados, el 6 de febrero de 1939, 15 días antes de cumplir dos años de edad y un día después de que lo hiciera el todavía presidente de la República Manuel Azaña. O el hambre. “Llegué a comer nieve”, cuenta en su casa en Bages, desde donde se alcanzan a ver esos Pirineos que atravesó, “a veces a hombros de brigadistas, otros tramos en camiones”, siempre con miedo a una emboscada.

Aunque era muy pequeña, jamás olvidará el silbido de las bombas lanzadas por los aviones alemanes o italianos que atacaron hasta el último momento las columnas de republicanos que buscaban dejar España. Muchos de ellos, como Pepita y sus padres, no volverían a pisar su patria hasta la muerte del dictador. A sus 82 años tiene suficiente energía para contar su historia, dispuesta a que no caiga en el olvido, y está segura de que el día que se muera sentirá aún en la garganta el humo del tren en el que la embarcaron nada más traspasar la frontera junto a su madre, embarazada de ocho meses, y a su padre, un militar del Ejército de la República herido en la Batalla del Ebro. Su destino era el campo de Limoges, a 500 kilómetros de la frontera española, donde permanecieron un año durmiendo “tirados en el suelo, sobre paja”.

Otros ni siquiera llegaron tan lejos. Como el padre de Rosario Rosy Gómez, Valeriano, un comandante republicano que también llegó herido a territorio francés. “Dos inviernos y dos veranos” pasó encerrado en el campo improvisadamente levantado en la larga playa de Argelès-sur-Mer, rodeado de alambradas de espino, a la intemperie, a solo 30 kilómetros de la frontera española y a cinco de Colliure, el pueblo donde descansa el poeta Antonio Machado, otro protagonista de La Retirada que falleció menos de un mes después de traspasar los Pirineos.


Argelès fue el primer campo erigido para los españoles. Pronto llegarían otros, incluso más siniestros, como Rivesaltes, por donde primero pasarían republicanos como Valeriano y luego otros “indeseables”: gitanos, judíos… Pero ninguno tan abarrotado como el de Argelès, donde llegaron a internar a más de 100.000 personas. Todos estos campos de concentración —así lo llamaron las autoridades francesas en 1939, aunque para indignación de Rosy hoy no figura esa palabra en los memoriales— estaban en unas condiciones que, tanto historiadores como testigos de este capítulo aún bastante desconocido en España califican de indignas.

 “Los primeros llegados, como mi padre, hacían agujeros en la arena, ponían una manta y dormían allí, con la espalda tocando la arena húmeda. En invierno, con la tramontana, hacía mucho frío”, relata Rosy. “Fue una falta de preparación criminal”, zanja Maëlle Maugendre, autora de Mujeres en exilio. Las refugiadas españolas en Francia (1939-1942). “Los republicanos que venían a la república francesa, al país de los derechos humanos, se quedaron asombrados de la mala manera en que fueron recibidos”, lamenta Pepita.

Sentimiento de culpa El campo de Argelès y los vecinos de Saint-Cyprien y Barcarès, construidos también sobre la arena, fueron un tema tabú para la población local durante décadas. “Existe un sentimiento de culpa que durante mucho tiempo impidió a los locales hablar de ello”, dice Antoine Parra, alcalde de Argelès. Fue uno de sus predecesores, Jean Carrère, quien en 1999 decidió conmemorar el 60º aniversario de La Retirada y, con ello, realizar un homenaje que desde entonces se repite cada año en Argelès y alrededores.

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Un monolito “a la memoria de los 100.000 republicanos españoles internados en el campo de Argelès cuya desgracia fue haber luchado por defender la democracia y la república contra el fascismo en España de 1936 a 1939” recuerda el drama sucedido en esa playa a los ignorantes campistas que hoy la disfrutan. Cerca, en la carretera renombrada Avenida de La Retirada, está el cementerio de los españoles, donde un monumento con varios centenares de nombres —nunca se sabrá con certeza cuántos fallecieron allí— se ha erigido en homenaje a los que jamás pudieron abandonar la pesadilla de Argelès. La bandera republicana ondea por doquier.

Buena parte de la recuperación de esa memoria histórica se debe a organizaciones como Hijos e hijas de republicanos españoles y niños exiliados (FFREEE) que durante años presidió Rosy Gómez y ahora dirige Jacqueline Payrot, quien trabajó con el alcalde Carrère para destapar esa historia tanto tiempo enterrada. Para el alcalde de Argelès no se trata solo de honrar el pasado. “Unas cicatrices tan profundas no se curan solas. Si no nos acordamos de lo que pasó en 1939, no podremos comprender lo que está pasando hoy”, advierte.

Aunque le costó, Francia ha empezado a afrontar su pasado menos glorioso y su deuda con los españoles. Algo que los hijos de republicanos sienten que todavía está pendiente en España. “El que no conoce su historia, está condenado a revivirla”, advierte Pepita.

 Fuente: https://elpais.com/politica/2019/02/16/actualidad/1550313381_833417.html

Turismo sexual en Egipto: venta de niñas vírgenes para matrimonios temporales

Turismo sexual en Egipto: venta de niñas vírgenes para matrimonios temporales | Foto: Reuters vía El Confidencial
Turismo sexual en Egipto: venta de niñas vírgenes para matrimonios temporales | Foto: Reuters vía El Confidencial
 El turismo sexual está cobrando fuerza en las zonas rurales de Egipto, como Hawamdeya, Fayum o Badrashein. En concreto, las familias más desfavorecidas pactan bodas temporales (generalmente en verano) para casar a sus hijas, con una media de edad de 13 a 18 años, con hombres adinerados del Golfo.

Según ha informado El Confidencial, la mayoría de estos hombres proceden de Arabia Saudí, aunque también de Emiratos Árabes Unidos; Baréin; Jordania; Kuwait; Libia; y Yemen. Hasna, una mujer que vendió a su hija de 14 años, indicó que estos turistas suelen pagar entre 3.000 libras egipcias (320 euros al cambio) y 60.000 (6.500 euros) por las chicas. El precio final depende de lo joven, blanca, virgen e inocente que sea la niña.

Lamia Loftey, que realizó un estudio sobre este fenómeno para la ONG New Woman Foundation (Nueva Fundación para las Mujeres), explicó al diario citado que el “agente intermediario juega el rol principal. Taxistas o abogados del pueblo, generalmente acompañados por una mujer, son quienes convencen a las familias con hijas en edades tempranas”.

Los contrayentes, el hombre y la niña, se casan por la ceremonia matrimonial urfi, un enlace no oficial, pero que está aceptado por el islam. “La duración varía según las exigencias del cliente y sus vacaciones, desde una semana hasta dos meses”, aclaró Loftey. El contrato matrimonial no contempla ninguna garantía legal para las menores, por ejemplo, cuando se quedan embarazadas no pueden exigir una manutención económica, ni registrar al bebé con el apellido del padre.

La directora del Consejo Nacional para la Infancia y Maternidad egipcio, Azza AlAshmawy, aseguró que se trata de “prostitución infantil encubierta”. “Hay niñas que se han casado hasta 60 veces antes de cumplir los 18 años”, aseguró.

En Egipto, el 26% de las mujeres ha contraído matrimonio con menos de 18 años y el 10% con menos de 15, según la ONG Nadeem.

Fuente: https://www.tourinews.es/resumen-de-prensa/notas-de-prensa-destinos-competidores-turismo/turismo-sexual-egipto-venta-de-ninas-virgenes-para-matrimonios-temporales_4453015_102.html#.XGpl73wUVpN.twitter

domingo, 17 de febrero de 2019

¿Quién ha colonizado a Venezuela?

Probablemente, a Estados Unidos le gustaría colonizar Venezuela. Pero no lo ha conseguido: al menos todavía. Es más, por el momento han optado por la estrategia opuesta: aislarla económicamente

<p>Encuentro de Donald Trump y Xi Jinping, presidente de China, durante la cumbre del G20 en Alemania. Julio de 2017</p>
Encuentro de Donald Trump y Xi Jinping, presidente de China, durante la cumbre del G20 en Alemania. Julio de 2017
The White House
 Por extraño que parezca, hubo un momento en el que los inversores estadounidenses estaban interesados en Venezuela. Y no hablamos de la época pre Chávez. En realidad, fue en 2016 cuando la revista Forbes recomendaba comprar deuda del Gobierno de Maduro: “Venezuela puede ser el peor país de Latinoamérica… ¡Pero sus bonos tienen muy buena pinta!”. Un año después, Goldman Sachs prestó 865 millones de dólares a Caracas ante la indignación de la oposición antichavista.

Ideologías aparte, Venezuela era una auténtica ganga para la especulación. El Gobierno necesitaba dinero pero ningún banco confiaba en que le fueran a devolver el préstamo ¿Recordáis la crisis de la prima de riesgo en España? Pues multiplicadlo por 3.000 y os podréis hacer una idea del problema que tenían en el Palacio de Miraflores. Nadie te va a financiar… a no ser que ofrezcas unos beneficios desorbitados. Así que, desesperados por conseguir algo de líquido con el que, al menos, poder pagar los sueldos de los funcionarios, Caracas ofreció un descuentazo: pagas 865 millones de dólares y nosotros te devolveremos 2.800 millones, más intereses ¿Es arriesgado? ¡Por supuesto! Pero, bastaría con que se cumpliera parte del trato para que Goldman Sachs hiciera un pingüe beneficio.

Y entonces, Trump bloqueó todas las inversiones hacia Venezuela. Fin de las gangas. Fin de la posible relación de dependencia entre Caracas y Washington.

¿Quién ha colonizado a Venezuela, entonces?

China
A día de hoy, Xi Jinping, el presidente chino, le ha prestado más de 60.000 millones de dólares a Maduro. Eso es 3 veces el coste de los faraónicos Juegos Olímpicos de Beijing –los más caros de la historia. En términos absolutos, Venezuela es el país que más dinero ha recibido de China: mucho más que Brasil –pese a que tienen 7 veces más población.

¿Espera Xi Jinping recuperar ese préstamo? ¡Por supuesto que no!

Y aquí es donde entra el juego político. Como Maduro no puede devolver los préstamos, Xi Jinping renegocia la deuda en otros términos. Por ejemplo, le pide que le pague en barriles de petróleo. Todo esto, por supuesto, bajo las condiciones que impone el acreedor. Por eso, aunque la producción total de PDVSA –la petrolera venezolana– ha caído en picado, sus exportaciones a China están creciendo.
Hasta aquí todo bien. El petróleo se compra y se vende. Nada nuevo bajo el sol.

El problema viene cuando, ni siquiera los envíos de crudo sirven para cubrir toda la deuda. Deuda que, a su vez, se incrementa año tras año. Entonces es cuando Xi Jinping, sin desdibujar su sonrisa perenne y enigmática, hace suya la máxima que hizo famoso a Hugo Chávez: ¡Exprópiese! En 2018, las empresas chinas consiguieron entrar en los yacimientos venezolanos, otrora reservados únicamente a PDVSA. Y esto es sólo el principio. Con 60.000 millones de deuda, China podría llegar a incautar más de la cuarta parte de los activos petrolíferos de Venezuela.

Y todo esto, por las buenas. Porque mientras Maduro depende de la financiación china para pagar a su ejército, Xi Jinping podrá guiar sus políticas a conveniencia. Eso explica, por ejemplo, la creación de una nueva “zona económica especial” en el estado de Aragua. O los acuerdos de minería de oro con CITIC en Las Cristinas.

Nada de esto es nuevo. Si queréis ver cómo puede continuar esta historia, buscad lo que ocurrió en Sri Lanka con el presidente Rajapaksa, los préstamos chinos y el puerto de Hambantota.
¿Entendéis ahora por qué China continúa reconociendo a Maduro como presidente legítimo de Venezuela?

Por supuesto que todo esto no tiene por qué ser necesariamente malo. Es más, en muchos casos, podría ser una buena ayuda para salir del agujero económico venezolano. Pero Maduro ya no puede seguir presumiendo de soberanía económica.

En cualquier caso, queda una pregunta en el aire ¿Qué pasa con Estados Unidos?

Falsas dicotomías
En la entrevista con Jordi Évole, Nicolás Maduro aseguró que tenía a más de dos millones de civiles con entrenamiento militar y acceso a armas. Nadie sabe a ciencia cierta si las cifras son exactas, pero es indudable que, además de un ejército profesional, Miraflores cuenta con unas milicias paramilitares listas para una posible invasión. Esto significa que, quienes advierten de un posible Vietnam tienen razón. Estados Unidos no puede esperar que una posible intervención se convierta en un paseo militar. Hablamos de años de desgaste, muertos y sinrazón.

Pero no hay mayor falacia que la falsa dicotomía.

Los políticos de derechas dicen “o mano dura, o Maduro para siempre”. Maduro dice “O yo, o la guerra de Vietnam 2”. Ambos simplifican la realidad para ganar apoyos. Y ambos se equivocan.

La primera pregunta ¿De verdad quiere una guerra Estados Unidos?

Legalmente, Donald Trump puede desplegar un número limitado de tropas durante el plazo de 60 días. Nada más. A partir de ahí, está obligado a someterse a la votación de un Congreso de mayoría demócrata. Un Congreso que ya ha rechazado casi todas las propuestas de ley de la Casa Blanca, y que ha llegado incluso a paralizar el Gobierno durante un mes.

Por supuesto, a los demócratas tampoco les gusta Maduro. Las sanciones contra Venezuela comenzaron en 2014, durante la Administración de Obama. Pero una cosa es el aislamiento y otra muy distinta es la intervención. Congelar cuentas de los oficiales de Caracas es muy barato. Mandar tropas es muy caro. Y, por muchas reservas de petróleo que tengan, Estados Unidos produce muchos más barriles. Es más, en términos puramente económicos, el crudo venezolano es muy caro de extraer y de refinar, lo que reduce los márgenes de beneficio cuando se vende en el mercado internacional. Tendría mucho más sentido una invasión a Irán, por ejemplo. Y, aunque John Bolton también ha amenazado con bombardear Teherán, no parece que eso vaya a ocurrir pronto.

Pensadlo así: Estados Unidos mantiene sus tropas en Iraq, Afganistán y Siria –llevan anunciando la retirada de soldados pero ahí siguen ¿De verdad están dispuestos a abrir otros dos frentes nuevos? Parece poco probable.

¿Cuál es la estrategia de Estados Unidos, entonces?

(Disclaimer: aquí es cuando llega mi interpretación puramente personal, así que tomároslo con una pizca de sal).

Rumanía
Rumanía es un país de 20 millones de habitantes que presume de tener el Parlamento más grande del mundo. A su lado, el Capitolio de Washington es un merendero. Este macro edificio se construyó en la época de Nicolae Ceaușescu: el Kim Jong-un europeo. Durante su construcción, más de 2.500 trabajadores murieron exhaustos. Y mientras el gobierno levantaba innumerables proyectos faraónicos –muchos de los cuales, todavía se pueden visitar hoy–, miles de rumanos morían de inanición.

Muchos pensarían que Ceaușescu murió a manos de una turba de rebeldes anticomunistas. Pero nada más lejos de la realidad. Hay amigos, enemigos y… compañeros de partido. Y las crisis humanitarias son una oportunidad perfecta para que una facción moderada de tu propio partido se alce contra ti.

Tras el asesinato de Ceaușescu, a manos de sus propios compañeros, el partido comunista cambió de nombre: ahora son los socialdemócratas. Y siguieron gobernando el país durante toda la década de los 90. Por supuesto, estos nuevos socialdemócratas renovaron las instituciones y reformaron “ligeramente” la economía ¿Cómo de “ligeramente”? Lo suficiente como para que los inversores extranjeros pudieran hacerse con las pocas grandes empresas del país –principalmente Dacia, que se vendió a Renault. Hoy en día, aunque Rumanía sea una de las democracias más pobres y corruptas de Europa, sus ciudadanos no se mueren de hambre. Pero, a diferencia de otros países postcomunistas como República Checa o Polonia, aquí todo cambió para que todo siguiera igual.

Algo parecido podría ocurrir en Venezuela.

Por un lado, tanto Europa como Estados Unidos están aumentando la presión sobre el ejército. En muchos casos, las sanciones económicas tienen una precisión quirúrgica para ahogar a figuras muy concretas del régimen. Militares que, hasta ahora, gozaban de un nivel de vida digno de una rockstar, con inversiones en muchos otros países como España. Congelar sus cuentas en el extranjero es un argumento potente para hacerles cambiar de bando.

Si lo hacen, Juan Guaidó les espera con los brazos abiertos. Ya ha anunciado una amnistía para todos los generales que le sigan. Y muy probablemente, con esa amnistía llegaría el desbloqueo de las cuentas bancarias. Tampoco ha descuidado sus relaciones con China. Aunque, en este respecto, ha sido bastante tibio. Ha llegado a decir que “todos los acuerdos firmados QUE CUMPLAN LA LEY serán respetados” (9). Eso implica que hay otros acuerdos que no la cumplen. Y, por eso, Beijing seguirá apostando por lo más seguro: Nicolás Maduro.

Si la jugada saliera bien, podríamos ver una de esas transiciones “a la rumana” (esperemos que sin derramamiento de sangre): una facción del gobierno se rebela y las cosas cambian ligeramente. Lo suficiente como para que Venezuela sofoque la hiperinflación y vuelva a estar abierto a la inversión. Porque ahí está el auténtico potencial de este país: el petróleo se lo pueden quedar los chinos. Lo realmente interesante es todo lo demás. Esas propiedades inmobiliarias a precio de saldo, fábricas con trabajadores baratos y bonos de deuda con descuentos.

De nuevo, esto no tiene por qué ser, necesariamente, malas noticias. Rumanía sigue estando mal, pero está mejor que hace tres décadas.

Pero, lo cierto es que más allá del petróleo, Venezuela está llena de gangas. Sólo falta un cambio ligero para que (casi) todo siga como estaba.

Fuente: https://ctxt.es/es/20190213/Politica/24356/venezuela-estados-unidos-china-petroleo-enrique-fonseca.htm#.XGWKtBBIjg0.twitter