domingo, 17 de febrero de 2019

¿Quién ha colonizado a Venezuela?

Probablemente, a Estados Unidos le gustaría colonizar Venezuela. Pero no lo ha conseguido: al menos todavía. Es más, por el momento han optado por la estrategia opuesta: aislarla económicamente

<p>Encuentro de Donald Trump y Xi Jinping, presidente de China, durante la cumbre del G20 en Alemania. Julio de 2017</p>
Encuentro de Donald Trump y Xi Jinping, presidente de China, durante la cumbre del G20 en Alemania. Julio de 2017
The White House
 Por extraño que parezca, hubo un momento en el que los inversores estadounidenses estaban interesados en Venezuela. Y no hablamos de la época pre Chávez. En realidad, fue en 2016 cuando la revista Forbes recomendaba comprar deuda del Gobierno de Maduro: “Venezuela puede ser el peor país de Latinoamérica… ¡Pero sus bonos tienen muy buena pinta!”. Un año después, Goldman Sachs prestó 865 millones de dólares a Caracas ante la indignación de la oposición antichavista.

Ideologías aparte, Venezuela era una auténtica ganga para la especulación. El Gobierno necesitaba dinero pero ningún banco confiaba en que le fueran a devolver el préstamo ¿Recordáis la crisis de la prima de riesgo en España? Pues multiplicadlo por 3.000 y os podréis hacer una idea del problema que tenían en el Palacio de Miraflores. Nadie te va a financiar… a no ser que ofrezcas unos beneficios desorbitados. Así que, desesperados por conseguir algo de líquido con el que, al menos, poder pagar los sueldos de los funcionarios, Caracas ofreció un descuentazo: pagas 865 millones de dólares y nosotros te devolveremos 2.800 millones, más intereses ¿Es arriesgado? ¡Por supuesto! Pero, bastaría con que se cumpliera parte del trato para que Goldman Sachs hiciera un pingüe beneficio.

Y entonces, Trump bloqueó todas las inversiones hacia Venezuela. Fin de las gangas. Fin de la posible relación de dependencia entre Caracas y Washington.

¿Quién ha colonizado a Venezuela, entonces?

China
A día de hoy, Xi Jinping, el presidente chino, le ha prestado más de 60.000 millones de dólares a Maduro. Eso es 3 veces el coste de los faraónicos Juegos Olímpicos de Beijing –los más caros de la historia. En términos absolutos, Venezuela es el país que más dinero ha recibido de China: mucho más que Brasil –pese a que tienen 7 veces más población.

¿Espera Xi Jinping recuperar ese préstamo? ¡Por supuesto que no!

Y aquí es donde entra el juego político. Como Maduro no puede devolver los préstamos, Xi Jinping renegocia la deuda en otros términos. Por ejemplo, le pide que le pague en barriles de petróleo. Todo esto, por supuesto, bajo las condiciones que impone el acreedor. Por eso, aunque la producción total de PDVSA –la petrolera venezolana– ha caído en picado, sus exportaciones a China están creciendo.
Hasta aquí todo bien. El petróleo se compra y se vende. Nada nuevo bajo el sol.

El problema viene cuando, ni siquiera los envíos de crudo sirven para cubrir toda la deuda. Deuda que, a su vez, se incrementa año tras año. Entonces es cuando Xi Jinping, sin desdibujar su sonrisa perenne y enigmática, hace suya la máxima que hizo famoso a Hugo Chávez: ¡Exprópiese! En 2018, las empresas chinas consiguieron entrar en los yacimientos venezolanos, otrora reservados únicamente a PDVSA. Y esto es sólo el principio. Con 60.000 millones de deuda, China podría llegar a incautar más de la cuarta parte de los activos petrolíferos de Venezuela.

Y todo esto, por las buenas. Porque mientras Maduro depende de la financiación china para pagar a su ejército, Xi Jinping podrá guiar sus políticas a conveniencia. Eso explica, por ejemplo, la creación de una nueva “zona económica especial” en el estado de Aragua. O los acuerdos de minería de oro con CITIC en Las Cristinas.

Nada de esto es nuevo. Si queréis ver cómo puede continuar esta historia, buscad lo que ocurrió en Sri Lanka con el presidente Rajapaksa, los préstamos chinos y el puerto de Hambantota.
¿Entendéis ahora por qué China continúa reconociendo a Maduro como presidente legítimo de Venezuela?

Por supuesto que todo esto no tiene por qué ser necesariamente malo. Es más, en muchos casos, podría ser una buena ayuda para salir del agujero económico venezolano. Pero Maduro ya no puede seguir presumiendo de soberanía económica.

En cualquier caso, queda una pregunta en el aire ¿Qué pasa con Estados Unidos?

Falsas dicotomías
En la entrevista con Jordi Évole, Nicolás Maduro aseguró que tenía a más de dos millones de civiles con entrenamiento militar y acceso a armas. Nadie sabe a ciencia cierta si las cifras son exactas, pero es indudable que, además de un ejército profesional, Miraflores cuenta con unas milicias paramilitares listas para una posible invasión. Esto significa que, quienes advierten de un posible Vietnam tienen razón. Estados Unidos no puede esperar que una posible intervención se convierta en un paseo militar. Hablamos de años de desgaste, muertos y sinrazón.

Pero no hay mayor falacia que la falsa dicotomía.

Los políticos de derechas dicen “o mano dura, o Maduro para siempre”. Maduro dice “O yo, o la guerra de Vietnam 2”. Ambos simplifican la realidad para ganar apoyos. Y ambos se equivocan.

La primera pregunta ¿De verdad quiere una guerra Estados Unidos?

Legalmente, Donald Trump puede desplegar un número limitado de tropas durante el plazo de 60 días. Nada más. A partir de ahí, está obligado a someterse a la votación de un Congreso de mayoría demócrata. Un Congreso que ya ha rechazado casi todas las propuestas de ley de la Casa Blanca, y que ha llegado incluso a paralizar el Gobierno durante un mes.

Por supuesto, a los demócratas tampoco les gusta Maduro. Las sanciones contra Venezuela comenzaron en 2014, durante la Administración de Obama. Pero una cosa es el aislamiento y otra muy distinta es la intervención. Congelar cuentas de los oficiales de Caracas es muy barato. Mandar tropas es muy caro. Y, por muchas reservas de petróleo que tengan, Estados Unidos produce muchos más barriles. Es más, en términos puramente económicos, el crudo venezolano es muy caro de extraer y de refinar, lo que reduce los márgenes de beneficio cuando se vende en el mercado internacional. Tendría mucho más sentido una invasión a Irán, por ejemplo. Y, aunque John Bolton también ha amenazado con bombardear Teherán, no parece que eso vaya a ocurrir pronto.

Pensadlo así: Estados Unidos mantiene sus tropas en Iraq, Afganistán y Siria –llevan anunciando la retirada de soldados pero ahí siguen ¿De verdad están dispuestos a abrir otros dos frentes nuevos? Parece poco probable.

¿Cuál es la estrategia de Estados Unidos, entonces?

(Disclaimer: aquí es cuando llega mi interpretación puramente personal, así que tomároslo con una pizca de sal).

Rumanía
Rumanía es un país de 20 millones de habitantes que presume de tener el Parlamento más grande del mundo. A su lado, el Capitolio de Washington es un merendero. Este macro edificio se construyó en la época de Nicolae Ceaușescu: el Kim Jong-un europeo. Durante su construcción, más de 2.500 trabajadores murieron exhaustos. Y mientras el gobierno levantaba innumerables proyectos faraónicos –muchos de los cuales, todavía se pueden visitar hoy–, miles de rumanos morían de inanición.

Muchos pensarían que Ceaușescu murió a manos de una turba de rebeldes anticomunistas. Pero nada más lejos de la realidad. Hay amigos, enemigos y… compañeros de partido. Y las crisis humanitarias son una oportunidad perfecta para que una facción moderada de tu propio partido se alce contra ti.

Tras el asesinato de Ceaușescu, a manos de sus propios compañeros, el partido comunista cambió de nombre: ahora son los socialdemócratas. Y siguieron gobernando el país durante toda la década de los 90. Por supuesto, estos nuevos socialdemócratas renovaron las instituciones y reformaron “ligeramente” la economía ¿Cómo de “ligeramente”? Lo suficiente como para que los inversores extranjeros pudieran hacerse con las pocas grandes empresas del país –principalmente Dacia, que se vendió a Renault. Hoy en día, aunque Rumanía sea una de las democracias más pobres y corruptas de Europa, sus ciudadanos no se mueren de hambre. Pero, a diferencia de otros países postcomunistas como República Checa o Polonia, aquí todo cambió para que todo siguiera igual.

Algo parecido podría ocurrir en Venezuela.

Por un lado, tanto Europa como Estados Unidos están aumentando la presión sobre el ejército. En muchos casos, las sanciones económicas tienen una precisión quirúrgica para ahogar a figuras muy concretas del régimen. Militares que, hasta ahora, gozaban de un nivel de vida digno de una rockstar, con inversiones en muchos otros países como España. Congelar sus cuentas en el extranjero es un argumento potente para hacerles cambiar de bando.

Si lo hacen, Juan Guaidó les espera con los brazos abiertos. Ya ha anunciado una amnistía para todos los generales que le sigan. Y muy probablemente, con esa amnistía llegaría el desbloqueo de las cuentas bancarias. Tampoco ha descuidado sus relaciones con China. Aunque, en este respecto, ha sido bastante tibio. Ha llegado a decir que “todos los acuerdos firmados QUE CUMPLAN LA LEY serán respetados” (9). Eso implica que hay otros acuerdos que no la cumplen. Y, por eso, Beijing seguirá apostando por lo más seguro: Nicolás Maduro.

Si la jugada saliera bien, podríamos ver una de esas transiciones “a la rumana” (esperemos que sin derramamiento de sangre): una facción del gobierno se rebela y las cosas cambian ligeramente. Lo suficiente como para que Venezuela sofoque la hiperinflación y vuelva a estar abierto a la inversión. Porque ahí está el auténtico potencial de este país: el petróleo se lo pueden quedar los chinos. Lo realmente interesante es todo lo demás. Esas propiedades inmobiliarias a precio de saldo, fábricas con trabajadores baratos y bonos de deuda con descuentos.

De nuevo, esto no tiene por qué ser, necesariamente, malas noticias. Rumanía sigue estando mal, pero está mejor que hace tres décadas.

Pero, lo cierto es que más allá del petróleo, Venezuela está llena de gangas. Sólo falta un cambio ligero para que (casi) todo siga como estaba.

Fuente: https://ctxt.es/es/20190213/Politica/24356/venezuela-estados-unidos-china-petroleo-enrique-fonseca.htm#.XGWKtBBIjg0.twitter

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