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Scott Wallace via Getty ImagesImagen de archivo del explorador y etnógrafo brasileño Sydney Possuelo.
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La ‘guerra invisible’ no es noticia
aunque causa miles de muertes directas e indirectas. La ‘guerra
invisible’ nunca es portada aunque en uno de sus bandos hay más de 370
millones de personas. Y ‘la guerra invisible’ la perdemos todos, más de
8.000 millones, porque somos nuestro peor enemigo. Esa ‘guerra
invisible’ nos llega, si acaso, como un goteo de muertes que cae por el
grifo abierto de la indiferencia globalizada. También, muy de cuando en
cuando, como un susurro inaudible cuyas voces se pierden en el ‘ruido’
de sociedades inmersas en su abrumador ego. Rara vez, como el grito de
desesperación de quien ya no puede más. La ‘guerra invisible’ es por la
Tierra, y sus guardianes desaparecen a ojos vista en batallas que no se
ven porque habitan un mundo paralelo: el de la conservación ambiental
porque sí. Cada asesinato de líderes y lideresas indígenas en Colombia,
cada apresamiento en Guatemala, cada agresión, cada expolio, cada gran
empresa con grandes proyectos que llega a sus tierras, son heridas de
una batalla contra el futuro de los que ya, desde su juventud, nos
gritan ‘basta’.
Hace
ya muchos años que conocí a Sydney Possuelo. Es un indigenista
brasileño de referencia en el mundo. Gracias a él han sobrevivido hasta
nuestros días un grupo de esos indígenas que apenas suman unos miles:
los pocos indígenas aislados que existen (porque así lo quieren) al
margen del mundo que hemos creado. Con casi 80 años, Possuelo sigue
transmitiendo la misma energía que hace décadas le llevó a la selva
amazónica. Ahora lo hace desde los bosques tropicales del río Yavarí,
donde ejerce aún de altavoz de esos grupos y comunidades indígenas,
aislados o no, cuyas voces no se escuchan más allá de la tierra que
pisan y que, día a día, desaparece bajo sus pies por ‘un agujero negro’,
que no es otro que la avaricia del mundo.
Hoy,
Sydney Possuelo es director del Instituto Brasileño Indigenista, pero
si miran su historial figura que fue quien creó hace más de 30 años, el
departamento de Indios Isolados (aislados) en la Fundación
Nacional del Indio (FUNAI). Hasta la selva, en la que pasó décadas, se
fue siguiendo los pasos de los hermanos Vilas Boas, los sertanistas que
crearon la reserva del Parque Nacional Xingú en 1960, a quienes acompañó
en infinidad de expediciones. No sin esfuerzo, Possuelo consiguió que
el Gobierno brasileño comenzara a demarcar territorios para que nadie
pudiera entrar en una Amazonía que les pertenece y que, por más que
algunos se empeñen, no quieren abandonar. Hoy, cuando alguno es
detectado, con sus flechas y sus pinturas de guerra o de paz, siguen
siendo noticia mundial, como si fueran una anacronía de un
espacio/tiempo que, sin embargo, también les pertenece. Ahora, este
indigenista incansable presencia, entre la perplejidad y la indignación,
cómo a su alrededor se desmorona todo lo que se preservó durante
décadas con un gobierno, el de Jair Bolsonaro. Donde él ve futuro,
cultura y vida, el presidente y su equipo sólo vislumbran ‘salvajes’ a
evangelizar y tierras por cultivar.
Tras estar desconectados varios años,
recientemente nos reencontramos para mantener una entrevista, vía
Skype, que ha puesto en conexión mi mundo y el suyo.
Sydney, veo que es imposible jubilarse de la defensa del mundo indígena.
Sí,
lo es. Yo en teoría estoy jubilado de la FUNAI pero sigo trabajando en
el Instituto Brasileño Indigenista (IBI) que creé tras dejar la
Fundación. Ahora tengo proyectos en el Valle de Yavarí, entre Perú y
Colombia, centrados en la defensa de la tierra y empoderamiento de los
pueblos, porque hay que reforzarles para que puedan decidir sobre su
vida frente a las amenazas externas.
Apenas cinco
meses después de la llegada al poder del presidente Jair Bolsonaro, ¿en
qué se nota ya el deterioro de la situación para ellos en Brasil?
Para
empezar han destrozado la Fundación Nacional del Indio. La han puesto
al servicio del agronegocio y de los protestantes. Nunca vi algo tan
peligroso para los pueblos indígenas y el medio ambiente global, pues
ambas cosas son lo mismo. Debo decir que históricamente los militares
fueron favorables a los indígenas. El primer servicio de protección
indígenas en Brasil lo organizó el mariscal Rondó en 1910. Por
desgracia, a su muerte el servicio se deterioró y llegó a convertirse en
algo terrible, corrompido. En 1967, los militares lo extinguieron y
crearon la FUNAI. Fue el periodo más prolífico y lo comandaban
generales, por increíble que parezca. Teníamos recursos, dinero y
autoridad. Pero ya no es así. Muchos militares que apoyan ahora a
Bolsonaro son contrarios a los indígenas. No comprendo por qué una
tradición de protección que demostró al mundo el interés del Gobierno de
Brasil con todos sus pueblos, de repente cambió del blanco al negro.
¿A qué atribuye este cambio?
Es
verdad que siempre hubo militares, principalmente de la Escuela
Superior de Guerra, que tenían una visión negativa de la tierra indígena
y de su participación en nuestra sociedad, así que creo que los de hoy
vienen de esta línea militar. Pero yo trabajé más de 40 años en la
Amazonia y hubo oficiales me ayudaron en mis expediciones, en proteger
la tierra… El cambio es desconcertante. Y los indígenas también están
perplejos. En su día, la FUNAI demarcó mucha tierra indígena. Y ahora
esa Fundación está dividida en trozos que dirigen ideologías, que no
personas, contrarias a sus intereses. Es impresentable que la cuestión
de las tierras indígenas sea competencia del Ministerio de Agricultura,
que es el enemigo, el agronegocio. Y la cuestión de los indios aislados,
que requieren de especial protección, está en manos de los
protestantes.. Quieren desmontar todo un complejo de protección que
existía.
¿Cómo la Amazonía ha ido a parar a parar a los protestantes?
Porque
con el Gobierno de Bolsonaro, los aislados han pasado a depender del
Ministerio de la Mujer, Familia y Derechos Humanos, que dirige Damares
Alves, una pastora protestante, que da sermones cada domingo y que dice
claramente que no hay que tener indios aislados, que les llegó el
momento de la Iglesia, de evangelizarlos. Es muy triste ver que quieren
destruir todo lo que se conservó durante 500 años y lo que se construyó
hasta convertir a Brasil en un faro de la defensa del mundo indígena.
Ahora no somos nada. Acabamos con ellos y, de paso, con la Amazonía.
¿Cómo, en cuatro meses, lo notan en sus vidas?
En
todo. De hecho, a finales de abril han comenzando a movilizarse con los
pocos medios que tienen. Son conscientes de los cambios, que quieren
revertir. Y es difícil, pero no imposible. Al menos, a ver si podemos
reducir el impacto del Gobierno. Un ejemplo claro de lo que está pasando
es que el ministro de Salud quiere acabar con departamento de salud
especial para los indígenas. Dicen que deben ser atendidos como los
demás ciudadanos, pero eso es una falacia porque ellos viven en
comunidades distantes, en la selva; es más, incluso en las ciudades
necesitan grupos de atención especiales, una conquista que tenían, que
se va a terminar y que para ellos es muy importante.
¿Están llegando invasores de tierras indígenas?
Ya
antes de tomar posesión Bolsonaro hubo agresiones. En el valle del
Yavari tuvimos ataques de hombres armados y también en Mato Grosso.
Imagínese ahora que está en el poder. La situación se ha agravado.
Nosotros hacemos reuniones, campañas y hay entidades internacionales que
nos apoyan. Pero es patético. Pasé toda mi vida tratando de
protegerlos, evitar contactos, que pudieran vivir con su cultura, su
lengua y su forma de vida tradicional, y ahora miro para atrás y veo
todo destruido, como en una guerra. Como si fuera una ciudad
bombardeada. Y es verdad: es una guerra contra los pueblos indígenas y
contra el medio ambiente invisible al mundo.
¿Hay alguna respuesta de la sociedad brasileña?
De
un modo general, a la sociedad brasileña no le importan nada los
indígenas amazónicos. Y respecto a los gobiernos, hubo alguno menos
malo, pero ninguno bueno. Nunca se les respetó históricamente. Igual
aquí que en el resto del mundo. En realidad, la visión de la sociedad
occidental va contra ellos. Muchos hablan en su apoyo pero no hacen ni
la mitad de lo que se podría hacer. Bartolomé de las Casas si que luchó
toda su vida por los indígenas, pero sus pensamientos se perdieron.
Ahora hay un ‘agujero negro’ que hace desaparecer todas las conquistas.
Aún así creo que nunca es tarde para recomenzar. Bolsonaro apenas lleva
unos meses, así que aún puede humanizarse.
¿La solución
puede venir con presiones desde el exterior? Recientemente, científicos y
activistas reclamaron en la UE el cese de determinadas importaciones…
Con
la globalización, sabemos la implicaciones que tienen los cambios
ambientales, que todo funciona con interdependencia. Pero tengo claro
que sólo si pones la mano en la parte más sensible del ser humano, el
bolsillo, la gente se preocupa. Brasil exporta mucha carne al resto de
la humanidad y grano para ganado. Y es verdad que se pueden hacer
presiones comerciales, disminuyendo compra de carne que viene de estas
zonas. A mí me gustaría que Brasil retomara su protección a los bosques
sin presiones externas pero, ¿será posible? Hasta ahora, se que es un
sueño fuera de la realidad. Y lo cierto es que tenemos 8,5 millones de
kilómetros cuadrados, que hay espacio para todo: ganado, cereales,
cerdos y tierras de protección permanente, porque esas tierras no están
vacías sino habitadas por personas con una forma de ver el mundo y
sentirlo mucho menos invasiva que la nuestra. Los indígenas no destruyen
nada ni nos amenazan. Al contrario, su presencia demuestra que existen
porque se les dejó en paz. Pero el proceso económico va avanzando cada
vez más lejos y está llegando adonde están ellos. Los demás, no somos
conscientes de que con su fin, nos perjudicamos todos. Los jóvenes del Friday for Future sí
lo están viendo y ojalá lleguen a ser activos en Brasil. Yo miro atrás y
no veo que seamos más felices que padres y abuelos, veo que la
tecnología que debiera haber servido para tener más tiempo para pensar,
amar, estudiar, escuchar música, al final nos ha hecho menos humanos. Y
eso es algo que tenemos que combatir globalmente.
Fuente: https://www.huffingtonpost.es/entry/la-guerra-invisible-contra-370-millones-de-personas-los-indigenas_es_5cdb179ee4b07ef1396a0416?utm_hp_ref=es-homepage