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viernes, 13 de diciembre de 2019

El sueño europeo: Serbia

 

 El sueño europeo: Serbia es un documental de investigación del periodista Jaime Alekos sobre las torturas de la policía húngara a los refugiados y migrantes que atrapan intentando cruzar su frontera y las durísimas condiciones en las que sobreviven en Serbia mientras esperan una oportunidad para entrar en la Unión Europea.

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Cuando los países de la ruta de los Balcanes cerraron sus fronteras a principios de 2016, miles de migrantes y refugiados quedaron atrapados en Serbia.

Alrededor de 8.000 viven en los campos oficiales del Gobierno Serbio, edificios abandonados y campamentos clandestinos, mientras esperan una oportunidad para cruzar las fronteras fuertemente custodiadas de la Unión Europea.

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El 46% son menores de edad. Uno de cada tres viaja sin la compañía de un adulto.

Aquellos que han intentado cruzar ilegalmente la frontera húngara, reportan palizas y torturas sistemáticas antes de ser devueltos en caliente por la policía húngara.

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domingo, 2 de abril de 2017

Beli, el candidato que es una sátira de los políticos y podría decidir las elecciones en Serbia

Luka Maksimovic va segundo en las encuestas con su parodia de un político corrupto que ha entusiasmado a los jóvenes en un país en crisis cansado de escándalos

Beli, el candidato que es una sátira de los políticos y podría decidir las elecciones en Serbia
Cartel electoral de Beli (LVD)
 Los serbios eligirán este domingo a su nuevo presidente en unas elecciones en las que uno de sus candidatos ha destacado por encima de cualquier otro, incluso del favorito y actual primer ministro, el populista Aleksandar Vucic. Se trata de Luka Maksimovic, más conocido por su alias ‘Beli’ (que significa “blanco” en serbio) o como Ljubisa Preletacevic, un juego de palabras serbio que se usa para referirse a los que cambia de bando como de camisa, una especialidad política de Serbia.

Este joven de 25 años se presenta como candidato de una plataforma cívica, cuya visión satírica de los problemas del país balcánico ha atraído mucho apoyo entre los votantes más jóvenes. Tanto es así que en estos momentos es el segundo en las encuestas.

Luka Maksimovic durante un acto de campaña
Luka Maksimovic durante un acto de campaña (Antonio Bronic / Reuters)
 Beli ha ganado fama presentándose como un político groseramente exagerado, con traje blanco y joyas de gran tamaño que va por las calles haciendo promesas electorales extravagantes sin intención de cumplirlas. Con su parodia de los gerifaltes y políticos corruptos del país, se ha puesto en el bolsillo a muchos en una Serbia en crisis, plagada de escándalos de corrupción y ansiosa de caras e ideas nuevas.

Las encuestas de opinión han predicho que Maksimovic podría ganar alrededor del 11 por ciento de los votos este domingo, sólo por detrás del poderoso Vucic, pero superando a varios otros candidatos establecidos. Esto, según los analistas, ya es un gran éxito para un recién llegado con escasa experiencia política, sin infraestructura y ni fondos.


”¡Es sólo mi carisma!”, afirma bromeando este estudiante de comunicación durante una entrevista con la agencia AP. “Los ciudadanos están tan ansiosos de verme que debo entrar a hurtadillas sin avisar para evitar que una multitud se me eche encima!”, afirma metido en su personaje.

Vucic, el favorito, espera obtener el 50% del escrutinio este domingo para evitar de esta manera una segunda vuelta de las elecciones. Y puede que el éxito o fracaso de Beli sean los que determinen si se produce o no esa votación.

No obstante, su intención no es ganar las elecciones, si no denunciar la corrupción. “He llegado para burlarme de la política de una manera artística. Ella lleva burlándose del pueblo 30 años, y ahora el pueblo se burla de la política”, ha asegurado en su campaña.

Beli surgió el año pasado durante las elecciones locales en Mladenovac, un antiguo suburbio industrial a las afueras de Belgrado. Montando en un caballo blanco rodeado de guardaespaldas, Beli y su grupo de ciudadanos se convirtieron rápidamente en una sensación, logrando el 20% de los votos, lo que se tradujo en 12 escaños en la asamblea local.


Un año más tarde, Maksimovic dice que el desorden en la escena política de Serbia significa que ha llegado el momento de que Beli de el salto a la escena nacional. “Definitivamente algo no esta bien en este país cuando un personaje irreal puede encender las multitudes de esta manera”, señala.

Pese a que los expertos advierten que la popularidad de Beli es inestable, lo cierto es que su popularidad es innegable. Donde quiera que aparezca, la gente se acerca instantáneamente para hacerse fotos o pedirle autógrafos, algunos dirigiéndose a él como “Señor Presidente”.

Resultado de imagen de beli
http://rs.n1info.com/a236776/Vesti/Vesti/Pokret-Beli-samo-jako-Preletacevic-nije-politicar-on-je-doktor-za-drustvo.html
 Los videos de Beli haciendo flexiones, sorbiendo un huevo crudo o caminando a través del bosque como un profeta han sido un éxito en las redes sociales, en marcado contraste con el material promocional soso y predecible de otros candidatos presidenciales.

El pasado sábado, Maksimovic comenzó su campaña “Beli caravan” en un histórico pueblo serbio subiendo a una inmensa estatua de mármol blanco de un héroe serbio del siglo XIX, alzando los brazos y gritando a través de un altavoz: “¡Estoy aquí para salvaros!”. Después se fue a inseminar artificialmente a una vaca en una granja cercana, mientras hablaba del milagro de la creación.


”Por primera vez, tenemos a un outsider con potencia” en las elecciones serbias, afirma el experto en encuestas Srdjan Bogosavljevic. “Muchas personas, en particular los jóvenes, quieren expresar su repugnancia con la política”, explica. “Ese disgusto ha encontrado una respuesta en un candidato que dice que se enriquecerá y robará, enviando así el mensaje de que la política es una mentira”.

Nikola Matjasevic, de 21 años, de Orasac, cree que Beli sabría mejor cómo dirigir la nación balcánica que sus líderes anteriores. “La mayoría de los jóvenes adoran a Beli, y la mayoría de nosotros votaremos por él”, dijo Matjasevic. “Ya hemos tenido suficientes pensionistas en las primeras posiciones, ¡Mira dónde nos han llevado!”.


Maksimovic, mientras tanto, bromea sobre que su primer movimiento como nuevo presidente serbio sería casarse con su novia, Maja Janic, para convertirla en la primera dama del país. ¿Su mensaje a otros candidatos? “Tómatelo con calma cuando pierdas contra Beli ¡Llega una nueva generación!”.


Fuente:  http://www.lavanguardia.com/internacional/20170401/421340321051/beli-satira-politica-contra-corruptos-decidir-elecciones-serbia.html

domingo, 17 de julio de 2016

Serbia. Nuevos aires de movilización en Belgrado

Cada dos semanas, al grito de “¿De quién es esta ciudad? Es nuestra”, el número de asistentes a las concentraciones convocadas por el movimiento Ne da(vi)mo Beograd, supera los 20.000. Demandan bienes colectivos, respeto a la ley y responsabilidad de los gestores públicos.

Manifestación el 11 de mayo de 2016. / NE DA(VI)MO BEOGRAD

Belgrado, ciudad de amplias terrazas y vida muchas veces lánguida, tiene su lado expeditivo, incontenible. Esa versión a la que tanto temen los propios balcánicos, acostumbrados a guardar los infortunios tras una sonrisa, un par de amigos y algunos vasos de rakija. El hecho de que un grupo numeroso se junte en la calle es un mal presagio: desórdenes urbanos, hooligans, poetas histéricos y políticos nerviosos.

Cuando Aleksandar Vučić, actual primer ministro serbio, quiso dar un golpe de efecto en 2014 con el proyecto “Belgrado en el agua”, la ciudad reaccionó con escepticismo, con la ceja levantada. Un proyecto entre el Gobierno e inversores de Emiratos Árabes Unidos con una financiación que llegaría a los 3.000 millones de euros, y que pretende urbanizar la orilla del Sava a lo megalópolis del Golfo pérsico: centros comerciales, pisos de lujo, parques y jardines y un rascacielos de 168 metros. En total, casi dos millones cuadrados que parecen querer reconstruir la capital de un país que no llega a los 400 euros de salario medio.

El movimiento Ne da(vi)mo Beograd, juego de palabras con “no damos” y “no ahogamos Belgrado”, reaccionó al desafío, aunque en desigualdad de fuerzas. Un grupo reducido, formado principalmente por gente joven de Belgrado, y acompañado de una pequeña élite intelectual de sociólogos, arquitectos y políticos periféricos, durante dos años, intentaron desmontar la opacidad de la iniciativa, sus atajos legales, el trasfondo ideológico clasicista y la ausencia de sociedad civil en el planteamiento del proyecto urbanístico.
Apenas lograban salir del reducto de pequeñas charlas, apariciones aisladas en los medios y un par de centenares protestando en los alrededores de la sede central, recién remodelada: la ahora ostentosa Cooperativa de Belgrado. Sin embargo, todo cambió el 25 de abril. Un grupo de 30 hombres con pasamontañas y acompañados de una excavadora, a media noche y durante cuatro horas, derruyó una casa, un edificio de la empresa Iskra y el restaurante Savski Expres. La policía no hizo acto de presencia pese a las llamadas insistentes de los vecinos.

Un par de semanas después llegaba la limpieza de los escombros y las vallas de la empresa Beograd Put legitimando lo acontecido. Si la situación no era suficientemente grave, un mes después del suceso moría de un infarto uno de los testigos, un guardia de seguridad, al que aquella madrugada habían requisado la documentación y el teléfono móvil mientras demolían la calle Hercegovačka.

El 4 de mayo el alcalde de Belgrado, Siniša Mali, declaró que “ni Belgrado, ni ninguna institución de la ciudad ha participado en ello, y eso es de lo que soy responsable”. El primer ministro primero acusaba a los responsables de “idiotas” y, más tarde, el 8 de junio, contradecía al alcalde: “Es indudable que detrás de lo que ha pasado en Savamala están los estamentos superiores del Gobierno de Belgrado”.

El Defensor del Ciudadano, Saša Janković, en su informe oficial, acusaba a la policía de incumplimiento de sus obligaciones “de forma premeditada”. Desde entonces, Mali apenas aparece en los medios de comunicación, y los manifestantes piden su dimisión, la del presidente de la asamblea de la ciudad, del ministro de Interior, del director la Policía y de la policía comunal.

Cada dos semanas, al grito de “¿De quién es esta ciudad? Es nuestra”, el número de asistentes a las concentraciones se incrementa hasta superar los 20.000. No son las caras cenicientas de la transición, con barbas de tres días y cuerpos embutidos en cazadoras de cuero barato, víctimas de privatizaciones fraudulentas y abusos de poder, sino las de una nueva generación en su mayoría nacida durante los años 80, que demandan bienes colectivos: respeto a la ley y responsabilidad de los gestores públicos. Unas protestas que no están vinculadas a ningún líder ni partido político o reivindicación nacionalista, ni aspira a satisfacer un interés particular. Dicen que “las calles son sus instituciones y su arma la solidaridad”.

Si bien es cierto que el individualismo económico había socavado la solidaridad y la empatía ciudadana durante la transición, las protestas son una apuesta por el interés general y la conciencia social, en clara oposición a la corrupción y el clientelismo político. Pero su polo de atracción reside en su pacifismo sin fisuras, que ha liberado a los más encogidos, decepcionados con el periodo post-revolución anti-Milošević, comoun optimismo inusual en el clima habitualmente apático de la sociedad serbia, legado del autoritarismo yugoslavo, de la claustrofobia nacionalista y de las diferentes derrotas sufridas durante el fin de Yugoslavia.

Es difícil, a la luz de los hechos, disentir de la justicia de esta nueva acción popular, pero no por ello su aparición está exenta de su dimensión geopolítica. La portavoz de la oficina de exteriores rusa acusaba a la Embajada de EE UU en Belgrado de apoyar las manifestaciones: “Diversas ONG financiadas por extranjeros organizan regularmente manifestaciones de protesta en Belgrado […]. La participación de diplomáticos de Estados Unidos en las protestas podría significar que los activistas serbios no tienen la confianza de sus patrocinadores”. Una estrategia, por otro lado, que es conocida en la región, en Macedonia, Bosnia o Kosovo, en donde los abusos de poder del Estado quedan atemperados o desviados del foco mediático por las acusaciones de intervencionismo extranjero.

Los medios de comunicación, en su mayoría favorables al primer ministro serbio, han terminado por conceder entidad a las manifestaciones, hoy más amenazadas por la canícula veraniega que por sus contradicciones internas o la falta de seguidores. Incluso caras conocidas de la sociedad local, como el entrenador de baloncesto Dušan Ivković, han mostrado su apoyo a los manifestantes.

Ne da(vi)mo Beograd se reunió este miércoles, 13 de julio, a las 18h en frente de la Asamblea de Belgrado. Su símbolo es un pato amarillo, han versionado la canción “¡Ay, Carmela!” al serbio y no les falta ingenio en muchas de sus proclamas. Nuevos aires de movilización en Belgrado. Hacía tiempo que la ciudad no se cuestionaba tanto su languidez. De eso se habla ahora en las terrazas.



miércoles, 30 de marzo de 2016

Migrantes atrapados en Belgrado

Centenares de jóvenes magrebíes víctimas de las mafias pasan semanas durmiendo al raso a la espera de que sus familias les envíen 1.200 euros para pagar y cruzar la frontera con Hungría

<p>Moshine muestra unas de las cicatrices fruto de una agresión por parte de las mafias de Macedonia.</p>
Moshine muestra unas de las cicatrices fruto de una agresión por parte de las mafias de Macedonia.
 Han tenido que aprender a esperar y, por lo tanto, a distanciarse de la instantaneidad de las redes sociales. Ya están aburridos de refrescar el muro de Facebook y de contestar a sus amigos por WhatsApp, sobre todo porque ha llegado un momento en el que tienen pocas novedades. Centenares de migrantes llevan semanas varados en los alrededores de la estación de tren de Belgrado (Serbia). Viven en la calle a la espera de poder seguir su camino por Europa, llegaron antes de que se cerrasen las fronteras en los Balcanes aprovechando la ruta marcada para los refugiados.

Al llegar la noche en la capital de Serbia decenas de personas encaran las calles cercanas a la estación de ferrocarril. Algunos van cubiertos por mantas y se  mueven en pequeños grupos de cuatro o cinco personas. Aguardan al paso de la clínica móvil de Médicos Sin Fronteras en los alrededores de la antigua terminal de tren.

“Los inmigrantes que tienen que cruzar la ruta de forma ilegal están expuestos al tráfico de personas porque tienen que desplazarse de forma clandestina”, reseña Francisca Baptista, portavoz de Médicos Sin Fronteras. El relato de los magrebíes atrapados en Belgrado reafirma esta argumentación. Durante días caminaron para cruzar Macedonia y llegar a Serbia. Mientras los demandantes de asilo procedentes de Siria, Iraq y Afganistán tuvieron las fronteras abiertas, ellos solo pudieron llegar a los Balcanes siendo sometidos al violento chantaje de las mafias.

Moshine tiene la marca de estas organizaciones por todo el cuerpo. “Mientras estábamos durmiendo en Macedonia, una mafia le intentó drogar con un líquido y cuando estaba ko le rajaron con un cuchillo en la zona de la boca”, indica en francés Annas, su compañero de viaje. Él frenó la agresión en cuanto se percató llamando a la Policía: “Moshine no se enteraba de nada. Los agentes le llevaron al hospital y cuando le dieron el alta le trasladaron a la frontera de Macedonia con Serbia”.

Uno de los migrantes atendido en la clínica móvil de Médicos Sin Fronteras que recorre las calles de Belgrado.
Uno de los migrantes atendido en la clínica móvil de Médicos Sin Fronteras que recorre las calles de Belgrado.
 
Estos jóvenes llevan un mes viviendo en Belgrado. El agredido continúa desorientado y acude con inflamaciones y secuelas del ataque a la unidad móvil que ha habilitado Médicos Sin Fronteras. Los empleados de esta ONG les proporcionan asistencia médica y psicológica, mantas y algunos alimentos básicos como galletas y agua. Moshine se levanta la camiseta y enseña otras cicatrices en la zona de los riñones y el pecho a la altura del corazón, y asegura que la mafia que le ha agredido quería “robarle sus órganos”.

Todas las personas varadas en Belgrado son hombres, procedentes en su mayoría de países del Magreb y pocos de ellos han cumplido más de 35 años. Los más realistas están esperando a que su familia y amigos consigan reunir 1.200  euros, la cantidad que les demandan las mafias para transportarles a Hungría. Los más idealistas están esperando a que “se abran las fronteras”.  “A mi familia no le he contado que estoy durmiendo en la calle, que llevo una semana sin ducharme y que todo lo que tengo para comer diariamente es un paquete de galletas que me da Médicos Sin Fronteras”, cuenta Othmane, que pasa las horas sentado en el punto de encuentro por excelencia en la ciudad: frente a los andenes de la estación.

En los bares de la zona los migrantes se acomodan como pueden. Unos en torno a las regletas de enchufes para sus móviles, como si fueran hogueras alrededor de las que calentarse. Otros observando un partido de fútbol sala en la televisión. Los que quedan fuera, a pesar del frío, observan a través de los ventanales las nubes de humo de tabaco y escuchan la celebración de un gol. “Prueba con el nombre del bar y añade 2015”, Othmane y todos los demás conocen las contraseñas de las redes WiFi.

El Bar Suri es uno de los establecimientos en los que los migrantes varados en Belgrado se refugian del frío.
El Bar Suri es uno de los establecimientos en los que los migrantes varados en Belgrado se refugian del frío.
 Una de las asociaciones que está vigilando su situación en los Balcanes, Moving Europe, emitió un informe en el que denuncia que la “pasividad del Gobierno serbio” deja a estas personas a expensas de las donaciones y la caridad de las organizaciones.

No ajeno a toda la retahíla de medidas europeas, durante las semanas en las que las fronteras estuvieron abiertas para los demandantes de asilo, Annas intentó continuar en dos ocasiones la ruta de refugiados por la vía oficial, cruzando la frontera con Croacia. “En el primer intento me cazó uno de los traductores contratados por el Gobierno para analizar si tengo acento de las zonas de las que provienen los demandantes de asilo. Y en el segundo conseguí pasar desapercibido pero me delató uno de los refugiados que iba detrás de mi”, cuenta.

Asegura que tiene amigos que han sido detenidos en Hungría tras cruzar la frontera y otros que lo han conseguido: “Me da envidia ver las fotos que publican en Facebook desde Francia o Bélgica. No quiero volver a Marruecos, es una cárcel”. Por eso, tras llevar varias semanas en Belgrado tiene claro que el próximo intento lo realizará a través de las mafias. “Si me pillan cruzando por Hungría de forma ilegal me cae un año de cárcel, pero ya me da lo mismo, me voy a arriesgar”.


Fuente:  http://ctxt.es/es/20160330/Politica/4948/Belgrado-Serbia-migrantes-magrebies-mafias-ruta-de-los-Balcanes-Europa-Europa-contra-s%C3%AD-misma.htm