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sábado, 10 de diciembre de 2022

Corsés apretados, sillines sicalípticos: bicicletas y sexualidad femenina en el siglo XIX

Nos pasa a todos. Es ver una bicicleta y… ufff, escalofríos recorriendo la espalda. Esa sonrisa tontorrona que se te pone, ese querer rozar con las yemas de tus dedos, ese embolingarse con las palabritas, ese qué ganas de quedarnos los dos solitos.

Sí, amigos, es que la bici provoca deseos de lo más primarios. Yo he visto de todo con el tema, desde antiguos crápulas que abandonan para siempre el ejercicio del canalleo «para no estar cansado mañana, tío, que hay salida con la grupeta», hasta parejas de mediana edad que han cesado temporalmente su convivencia porque una de las dos partes pasaba olímpicamente de la otra, reservando todo el fin de semana para esa amante con ruedas. Como escuchan, lo juro.

Pero yo les voy a contar una historia más cañera. Porque lo otro… en fin, todos tenemos algún caso cerca, y da hasta penuca, ay, qué penuca me da. Pero esto… En pocas palabras, hablemos de cómo la bici fue considerada, allá en la época victoriana, un peligrosísimo corruptor de la moralidad femenina. Como lo oyen.

A ver, advertencia. Todo esto lo narra divinamente Kate Lister en su (muy recomendable) libro Una curiosa historia del sexo (Capitán Swing, 2022). Allí, entre consoladores, sinónimos de la palabra «vagina» a cual más chisposo o recorridos cuchufleteros sobre la profilaxis poco eficiente encontramos todo esto de la bici y su erotización, además de algunas fotografías victorianas que muestran a mujeres de carnes regordetas montando máquinas bastante incómodas. A mí no me van estas filias, pero si alguno tiene el hábito de pecar quede advertido.

La cosa es que bicis y similares siempre han tenido papel potente en asuntos de paridad. Es casi lugar común la frase de Susan B. Anthony sobre el velocípedo, esa de “ha hecho más por la emancipación de la mujer que cualquier otra cosa en el mundo”. Bueno, mira, pues igual. Sobre dos ruedas las mozucas podían dar largos paseos, establecer vínculos sociales y, en fin, alcanzar arbustos lo suficientemente altos, lo suficientemente apartados, como para gozar de un sano desenfreno premarital (o postmarital, que aquí no pedimos papeles).

Ya únicamente eso… pues escándalo, porque las mujeres deben estar en la cocina, y no enseñar más que un leve tobillo, que ya con un tobillo vas que chutas, que un tobillo es alfa y omega de la sensualidad. Solo que había más cosas. Sí, esa que todos (y todas) ustedes piensan. El tema del sillín, la zona perianal, apoyos y etcéteras. Cuando la bicicleta comienza a popularizarse a fines del siglo XIX se desata un debate médico al respecto. Sumen al asunto que quienes antes pudieron disfrutar del suave y sicalíptico roce velocipédico fueron las clases más acomodadas (por aquello del coste), lo que resultaba un más aquelárrico, pues comprensible puede ser que arrieras y buhoneras disfruten de la vil carne, pero se nos complica el asunto cuando hablamos de finas Ladys con apellido compuesto.

Inciso necesario: según estudios de la Universidad de California las mujeres que practican regularmente ciclismo tienen «mejor funcionamiento sexual» (signifique eso lo que signifique) que quienes no hozan por sillines y manillares. Así que, si me permiten consejo… corran a comprar coulottes.

La llegada de féminas al mundo-bici fue bastante tardía. Causas técnicas, éticas y estéticas. O, dicho de otra forma, entre que las primeras máquinas eran artefactos potencialmente mortales con peligros evidentes, y que no estaban visualmente preparadas para faldas, enaguas y corpiños pues. Sucede que en la década de 1880 se inventa algo llamado «bicicleta de seguridad». Vamos, artilugio muy similar al que tenemos ahora entre las piernas (cuando montamos en bici, se entiende). Dos ruedas, neumáticos, frenos, alta maniobrabilidad, alta posibilidad de no morirte de la hostia si caes al suelo (no lo prueben en uno de esos biciclos con rueda delantera enorme, por favor).

Así que se multiplican las ciclistas mujeres y, con ello, el pecado. El pecado potencial, incluso el pecado lleno de involuntareidad, si quieren, pero el pecado. Vamos, que hay doctores (a quienes debemos imaginar con gafas muy gordas, o con monóculo, siempre carraspeando, gesto de sorpresa y constricción al ver cómo es una muchacha desnuda, no, qué he hecho, iré al Hades) preocupadetes por el tema este del sillín. El roce del sillín, el efecto de los baches sobre el sillín (había un montón de baches entonces, incluso adoquines, que es aun peor), la fina estimulación que puede nacer en el sillín. No solo por el tema del placer (que ya de por sí es inicuo, porque gozar con la coyunda y similar solo es propio de bestias salvajes, y debe ser objeto de discurso censor) sino, incluso, por el interior de las damas. Que son los hombres seres bien dotados por Natura para aguantar meneos (pese a apoyarse, en el acto ciclista, sobre sendas partes muy delicadas de su anatomía), pero las mujeres pueden acabar descoyuntadas en su interior. Y, ¿qué nos preocupa de las damas en aquellos años sino su interior? Su interior reproductivo, se entiende, que sentimientos y pe(n)sares son cosas de rojos, seguramente… Ya lo dijo el periódico South Wales Echo en 1897… “la bicicleta fue inventada por los hombres y sigue siendo un vehículo masculino”, las mujeres “deberían tener cuidado con los peligros del ciclismo”.

(Años más tarde, y como para insistir en la idea de que la bici es para mozos fuertes, Luis Puig le dijo a Federico Martín Bahamontes que “si te pones los pantalones largos” tras haber abandonado un Tour de Francia “el pecho se te habrá hinchado y tendrás leche en las mamarias”. Leche en las mamarias, ojo. Cuidado con Luis Puig, buen franquista y mejor escritor de novela erótica).

Pero, decíamos, ¿qué peligros? Pues todos. Todos, porque quien pecados sueña, potencialmente pecaminoso ve el mundo. Se decía que entre la bici y el no llevar corsé (habrase visto, no llevar corsé) las muchachas podían sufrir sacudidas en sus partes reproductoras hasta, en casos extremos, soltarse. En Norteamérica se contempla con preocupación ese demonio con manillar que ataca a los «órganos matrimoniales» de las jóvenes incautas. Observen la, poco sutil, expresión de «órganos matrimoniales», y saquen conclusiones sobre importancias y prioridad. El St. Louis Medical Review señala, año 1895, que esa ocupación «extremadamente poco elegante e indecorosa» (y dicen esto sin haberme visto a mí con maillot) podía provocar «inflamación ovárica, sangrado del riñón o el útero, desplazamiento y aborto». El Iowa State Register va más allá, afirmando que la bici lograba «suprimir o volver irregular y terriblemente dolorosa la menstruación, y quizá sembrar la semilla de futuras dolencias». Ese «quizá» es tranquilizador, al menos. Y The Cincinnati Lancet-Clinic se mostraba a favor del ciclismo, pero expresa dudas sobre el sillín, al que denomina, muy feamente, «agente friccional».

La ciencia opinaba que la bicicleta era un medio pecaminoso para las mujeres

Y es que aquí está el meollo, colegas. Lo otro, lo de la salud… bueno, pues asumible. Llevamos medio siglo ciscándonos las costillas de núbiles y damas, así que no vamos a ir ahora de paladines físicos. Pero el agente friccional… ay, el agente friccional, eso sí que no. Fricciones las justas, y siempre dentro del matrimonio, no vaya usted, joven súcubo, a pasarse un rato agradable sin mi consentimiento.,

Porque, en fin, todos esos problemas, las hinchazones, los desprendimientos, las enfermedades por venir, todos, absolutamente todos eran provocados por ansiedad sublimada en materia erótica. Vamos, que otra vez los sillines. Que te dan cosquillas, los sillines, y ya pierdes el oremus. Una revista canadiense, la Dominion Medical Monthly, llega a afirmar muy ufana, allá por 1896, que «el consenso está aumentando masivamente día a día: montar en bicicleta provoca en la mujer un orgasmo diferente». Al menos hablan de orgasmo, oiga, pero es que se busca lo que se busca. Y eso acarrea problemas. Problemas gordísimos, porque, decíamos, el pecadillo de Onán tiene connotaciones maléficas, satánicas, antinatura. Ese mismo año el Canadian Medical Practioner afirmaba que «comparadas con Canadá, o al menos con Toronto, Sodoma y Gomorra serían puras como los refugios del ejército de Salvación. Parece ser que el ciclismo, que tanto aporta a la salud, la belleza y el encanto de nuestras mujeres, es en Canadá, o por lo menos en Toronto, un medio para gratificar un deseo impío y bestial».

En fin, si ustedes no están deseando salir a dar una vueltita en bici, yo ya no sé.

Ah, que les parece poco. Poco peligro, pocos perjuicios, poco «mira, tú verás, pero la bici es mala, malísima». Pues, oigan, que se les queda cara de tonto. De tonta, en este caso. Sí, sí, como lo oyen, cara de tonta. Hay algunos (y algunas) que la traen de serie, pero es que el ciclismo te va deformando faz hasta transformarte en candidato perfecto para realitys y similares. Lo llamaban «cara de bicicleta», era una enfermedad que afectaba a ambos sexos pero resultaba más enojosa en las mujeres (en fin… ¿qué otra cosa sino un bonito cutis tienen ellas para ofrecer?) y resultaba estremecedora. En 1897 el doctor Shadwell describía esas caras como «rostros rígidos, ojos fijos hacia delante, una expresión ya sea de angustia o de irascibilidad o, en el mejor de los casos, pétrea». Vamos, lo que he visto yo muchas veces arriba de los puertos, tampoco es para volverse locos. Nadie se tomaba muy en serio estos rolletes (no las caras, sino que dicha expresión quedase fija para siempre en los rasgos de quien andaba en bici), pero, por si acaso, el Harper´s Magazine recomendaba en 1897 a las mujeres que masticasen chicle mientras pedaleaban, porque eso «mantiene la cara en movimiento y previene esa expresión de ansiedad que los médicos dicen que puede evolucionar hasta ser parte esencial de las características de la dama ciclista». Ay, las damas ciclistas, todo en su contra.

No vayan a pensarse que semejantes arrebatos de sicalipsis sobre ruedas ocurrían únicamente en las Islas Británicas y sus antiguas colonias. No, no, qué va. En los años veinte del siglo anterior hasta veinticinco chiflados se presentaron a la salida en una de las primeras carreras de siempre por Colombia. Bogotá, especificamos. Uno de ellos, el italiano Carlo Pastore, mantuvo en vilo a los comisarios al extraviarse en mitad de esa carretera asesina, despiadada, que une las capitales de Cundinamarca y Boyacá. La misma que va por bosques, la que se adentra en los más profundos vericuetos de un océano verde y marrón y gris. ¿Qué le habrá pasado al transalpino? No tendremos que lamentar otra muerte, ¿verdad? Ese mismo recorrido cargaba ya con dos víctimas ciclistas en el pasado, así que pilló fama fea. Hasta que lo hallan. Está en una cuneta, escondido, posición horizontal. Pero sano y salvo. Y con cara de satisfacción, por demás, desnudo junto a una bonita campesina, también desprovista de toda ropa. Ambos sonríen, azorados. Beso de despedida, el ciclista se vuelve a vestir, retoma su bicicleta, deja atrás al amor fugaz. Acabará octavo, lo que, después de lo ocurrido, es a todas luces un gran puesto.

Apenas una anécdota, ya ven.

¿Existe solución para semejante escándalo? Porque a mí, querido escritor golferas, me encanta montar en bici, pero soy casta, pura, pía, no quiero caer en esa espiral de impulsos y provocaciones que solamente conduce a la cárcel, el reformatorio o los retozares sin anillo. Pues bien, querida ficticia, está usted de suerte, porque podemos mitigar los efectos sicalípticos que sobre su cuerpo ejerce el velocípedo. Desde sillines con agujero para aliviar el frotis-frotis, hasta bicis que llevan rejilla externa, hurtando así al obseso la visión de unos tobillos carnosos y apetecibles. O lo que coño fuesen los tobillos a fines del XIX, a mí no me miren…

Ya ven, así estaban las cosas hace un siglo. Y más historietas que podría contarles, solo que ahora no me da tiempo.

Me han entrado unas ganas loquísimas de salir a andar en bici…

Fuente: https://sport.jotdown.es/2022/12/08/corses-apretados-sillines-sicalipticos-bicicletas-y-sexualidad-femenina-en-el-siglo-xix/

viernes, 2 de diciembre de 2022

Los medios dejan de ingresar miles de millones de euros por marginar a las mujeres

https://imagenes.elpais.com/resizer/z8RHbiEaQtRpHhsvTgZ3T0XuBq8=/1960x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/IP62UD53NAWUJHKY6G3UKCTCQ4.jpg
Una mujer compra un periódico en Francia tras las elecciones en aquel país el pasado abril.Mohammed Badra (EFE)

Los liderazgos en las redacciones y las informaciones siguen siendo terreno de hombres, lo que provoca una pérdida de audiencia femenina. Un nuevo estudio constata la desigualdad de género y falta de diversidad racial en el sector, y propone una guía de 12 pasos para cerrar la brecha

Esta información la firma una mujer, bajo la supervisión de una editora e incluye la opinión de varias expertas sobre un estudio que trata sobre la desigualdad de género. Este texto es una excepción. Los medios son un mundo de hombres: ellos son mayoría en los puestos de poder, los titulares, los contenidos, las fuentes y la audiencia. Dar la vuelta a esta situación no solo “es lo justo”, sino que “tiene sentido económicamente”, anota Jane Barrett, editora global para la estrategia de noticias de Reuters, en el Reino Unido. Lo dice en la presentación del estudio De la indignación a la oportunidad, que calcula que, en el más conservador de sus cálculos, en el mundo los medios podrían ingresar 10.600 millones de euros adicionales en cinco años si lograran reducir anualmente un punto porcentual la brecha de consumo de noticias entre hombres y mujeres. A ese ritmo, la ganancia ascendería a 36.700 millones en una década. En el más optimista de los escenarios, en el “poco realista” caso de que hoy la industria fuera plenamente igualitaria en todos sus eslabones, los beneficios extra ascenderían a 41.500 millones en un lustro y 80.000 millones en 10 años.

La investigación, liderada por la especialista en audiencias Luba Kassova, por encargo de la Fundación Bill y Melinda Gates, identifica una brecha de consumo de noticias, que es entre 15 y 16 puntos porcentuales menor entre las mujeres. En ello influyen “factores sociales y económicos sistémicos, que escapan al control de la industria periodística, como los valores patriarcales y las barreras del mercado laboral”, matizan los autores. Descontados tales elementos, entre un 11% y 12% del desigual interés por informarse es responsabilidad de los medios. Ese es el caladero donde pescar audiencia y aumentar los ingresos. Pero no bastará con tirar el mismo anzuelo de siempre. El sector tiene que cambiar desde su cultura y estructura empresarial hasta los hábitos individuales y colectivos de sus reporteros, según este estudio. Todo para que haya más mujeres a los mandos –ahora apenas el 26% son redactoras jefe– , así como en las informaciones, sobre temas que les interesan, con voces femeninas.

España no se libra del déficit de audiencia femenina. De los 1.680 medios con edición digital de 68 países analizados en septiembre de 2022 por la consultora AKAS, que ha elaborado este informe, 32 eran españoles (incluidos elpais.com, rtve.es, eldiario.es o efe.com). Estos recibieron 1.550 millones de visitas a sus contenidos en ese mes que, segregadas por género, desvelan una desigualdad de 16 puntos porcentuales: un 58% de hombres frente a un 42% de mujeres. La pauta se repite en los periódicos impresos: de quienes dicen informarse en sus páginas de papel, el 57% son varones y el 43%, lectoras. Una disparidad de 14 puntos. España tampoco sale bien parada en la fotografía de redactoras jefe a los mandos en las 10 principales cabeceras del país, en las que ellas son el 22% este año. Si bien esto significa un gran aumento respecto del 8% de 2021, siempre según los datos del estudio.

“La correlación entre la proporción de mujeres en la dirección de los medios y los reporteros, las fuentes y los protagonistas, y la participación de la audiencia femenina siguen sin estar claras, esencialmente por falta de datos”, reconocen los investigadores. El equipo de AKAS destaca como un ejemplo iluminador la iniciativa impulsada por Amedia –el mayor editor de periódicos locales de Noruega, con 80 cabeceras y 2,4 millones de lectores diarios en todas las plataformas–, que buscaba específicamente comprender la relación entre el género de los periodistas, la proporción de voces femeninas en los artículos y el comportamiento de las audiencias. Sus hallazgos mostraron una relación positiva tanto entre la cuota de autoras y la de protagonistas mujeres (40%), como entre el porcentaje de protagonistas y lectoras (51%).

Y, finalmente, comprobaron el impacto en sus cuentas. “Los científicos de datos de Amedia analizaron la diversidad de varias redacciones en relación con sus finanzas y descubrieron que las más equilibradas en cuanto a género y las que más escriben sobre mujeres obtienen los mejores resultados económicos”, recoge el informe. “Cuanto más equilibrada es la redacción, más lo es la cobertura informativa y la base de suscriptores”, concluyen los autores. Para Kassova, avanzar en igualdad de género en los medios no solo se trata de una decisión inteligente desde el punto de vista económico, sino imprescindible para el oficio periodístico. “Se genera un déficit de confianza cuando no se refleja a la sociedad en las informaciones. Cuando las perspectivas de las personas de color o de las mujeres son marginadas, dejan de confiar en ti. Y entonces hay un problema adicional a perder ingresos. Estarás en riesgo de desaparecer”, opina.

Desigualdad en toda la cadena de producción de noticias

Las estadísticas del estudio, que ha analizado los medios y las informaciones en Estados Unidos, Reino Unido, India, Nigeria, Kenia y Sudáfrica, muestran que la progresión hacia la igualdad de género es prácticamente nula tanto en el norte como en el sur global. Desde los liderazgos internos hasta los contenidos de las noticias. “Me ha sorprendido que todavía el 84% de las personas a las que entrevisté, editores de alto nivel de todo el mundo, piensa que las redacciones siguen dominadas por los hombres. Es demasiado”, expresa desalentada la investigadora en una videollamada desde Londres.

Los datos lo constatan: en 2022, apenas uno de cada cuatro redactores jefe (26%) en los seis países estudiados son mujeres. “Prácticamente la misma cifra, inlcuso ligeramente inferior, que la media mundial de hace una década”, lamenta Kassova. Aunque la disparidad varía entre naciones: por cada redactora jefe hay dos hombres que lo son en Sudáfrica, Estados Unidos y Reino Unido; mientras que la proporción es de una frente a 12 en los medios de comunicación regionales de la India. Del mismo modo, el porcentaje de mujeres editoras jefe es mayor en Sudáfrica y el Reino Unido (37%) y, de nuevo, el más bajo lo regisra India (11% en los medios nacionales y 8% en los regionales). En Estados Unidos, Nigeria y Kenia, ellas representan el 35%, 18% y 19%, respectivamente.

Se da, asímismo, una desigualdad por temáticas. Mientras que sí se ha logrado la paridad en el liderazgo de las mesas de salud, no sucede lo mismo con las de política, internacional o economía. En estas, ellas son una de cada tres. “Esta discrepancia reconfirma la prolongada segregación de género en las redacciones de los trabajos editoriales, asignando a las mujeres los temas ‘blandos’, y los ‘duros’ a los redactores jefes”, apuntan los autores de la investigación. Lo que, en su opinión, “puede estar suprimiendo el consumo de las mujeres de los géneros informativos de alto perfil, que suelen ser editados por hombres”.

“En términos de cuota de voz, en Reino Unido e India, la proporción entre voces masculinas y femeninas ha empeorado”, lamenta Kassova en el capítulo del balance de género en el contenido de las informaciones. “En Nigeria sigue igual y ha mejorado un poco en Sudáfrica, Kenia y Estados Unidos”, agrega. Según sus métricas, la proporción de mujeres expertas en las noticias ha crecido del 19% al 24% en los últimos cinco años globalmente. “Curiosamente, cuatro de cada 10 iniciativas de género en los medios eran para mejorar la visibilidad de las especialistas. Las bases de datos y las listas pueden estar marcando la diferencia”, describe el informe.

“Hay fuentes primarias, como los representantes políticos. Y no puedo cambiar el hecho de que el presidente Joe Biden es un hombre. Pero hay otras fuentes, las secundarias, donde sí podemos cambiar los hábitos para agregar más voces femeninas y diversidad de perspectivas”, sugiere Barret, de Reuters. Y no solo en cuanto al número, sino en cuanto al modo de presentar a las mujeres. “Hay una tendencia a retratarlas como víctimas o heroínas. Parece que entre medias de una violada y la Madre Teresa no hay nada. Ese es precisamente el espacio de oportunidad en términos de representatividad”, comenta Shereen Bhan, editora jefe de CNBC-TV8 de India, en la conferencia virtual de presentación del informe.

Del mismo modo que ocurre con los datos de autoras, fuentes femeninas y protagonistas de las informaciones, los contenidos de asuntos que afectan particularmente a las mujeres también están infrarrepresentados. Kassova describe siete brechas sociales que toda mujer del planeta experimenta en mayor o menor medida “y que las ponen en desventaja respecto de los hombres”, explica. Son la salarial, de salud, de poder, confianza, seguridad, autoridad y edad. La investigadora sostiene, con las estadísticas en la mano, que las mujeres cobran menos, cuentan con peor atención sanitaria, son minusvaloradas, violentadas y discriminadas cuando soplan velas. “El equipo analizó 900 millones de historias, y encontró que la cobertura de estos problemas estructurales es absolutamente lamentable. Es el 0,02% de todo lo que se publica”, subraya Kassova. “Así que los problemas estructurales a los que se enfrentan las mujeres no están en el radar de los medios de comunicación”.

Las mujeres negras siempre lo tienen peor

El informe De la indignación a la oportunidad es el tercero de la serie de investigaciones Missing perspectives (perspectivas olvidadas), solicitadas por la Fundación Gates al equipo de AKAS liderado por Kassova. En los anteriores estudios ya salieron a la luz datos prepcupantes sobre la desigualdad de género en la industria informativa como los que recoge en esta nueva edición. Pero hay una novedad, unas cifras que han dejado a la experta “muy sorprendida”. “Son las relativas a lo marginadas que están las mujeres de color en el sector”.

En esta ocasión, han estudiado cómo experimentan ellas la desigualdad. Y en todos los ámbitos –jefaturas, firmas, protagonistas de la información, fuentes– salen peor paradas que sus congéneres blancas. Están aún más infrarrepresentadas. “En el liderazgo, en el Reino Unido, por ejemplo, no hay una sola mujer de color que esté a cargo de la mesa de salud, política o asuntos exteriores”, comenta Kassova escandalizada. En EE UU, concretan los autores, las personas de color ocupan el 17% de estos puestos, lo que supone un porcentaje inferior al que representan en las plantillas de la prensa (22%).

Según el informe, las mujeres de color están “gravemente marginadas” en las redacciones de EE UU en comparación con su proporción en el mercado laboral: ellas son apenas el 3% de los redactores de política, el 4% de internacional, el 6% de sanidad y el 9% de economía y empresa. En Sudáfrica, si la representación de las mujeres de color en las redacciones se correspondiera con su proporción en la población activa, el número sería dos veces mayor en las redacciones de economía y negocios, 2,2 veces más en las de política y 1,2 veces superior en las mesas de salud. En este país, el 60% de los redactores políticos son personas de color, frente al 93% de la población activa, compara el estudio.

Hay solución

“Lo importante es que es que este informe incluye una guía de soluciones. Necesitamos ver cambios en las redacciones”, expresa Qaanitah Hunter, editora asistente de política y opinión de News24, en Sudáfrica. “Esto no ocurre naturalmente”, continúa Bhan, de CNBC-TV8 India, “lograr la igualdad tiene que ser una opción”. Su propuesta es “crear un ambiente” propicio para que las mujeres progresen y alcancen altos cargos.

Entre tanto dato desalentador, en los que Kassova no observa progreso alguno, hay rayos de esperanza en pequeñas y medianas iniciativas que están desarrollando algunos medios para cerrar sus brechas. “Hay un montón de soluciones prácticas sobre las que hemos escrito y muchas de ellas, generadas por los editores de noticias con los que he hablado, están muy bien”, anota. Su propuesta integral (”no basta con tener una directora mujer”, aclara) es un viaje en 12 pasos para intervenir en 12 áreas en tres niveles (social, empresarial e individual). Objetivo final: “Atraer a más mujeres, pero sin alienar al público masculino”...

 Continuar leyendo: https://elpais.com/planeta-futuro/2022-11-30/los-medios-dejan-de-ingresar-miles-de-millones-de-euros-por-marginar-a-las-mujeres.html?ssm=TW_C

sábado, 22 de octubre de 2022

La liberación de la mujer como desafío a un impuesto sistema de creencias

Están presentes en los cuentos tradicionales como un modelo más de monstruos. A los niños se les asusta con la presencia de brujas desde que tienen uso de razón. Pueden vivir escondidas en rincones oscuros y casas abandonadas, o llegar volando por la noche. Es algo interiorizado y asimilado en la cultura popular. Sin embargo, según explica Grace Morales en Mágicas. Brujas, magas y sacerdotisas del amor (La Felguera, 2022), el estereotipo que define al personaje de ficción procede de los intentos de demonizar a las mujeres que se salían de la norma.

A las claras: la inmensa mayoría de mujeres a las que se declaró brujas en realidad estaban reivindicando posiciones feministas. Sigue siendo frecuente hoy. Cuando una mujer vive sola por propia voluntad, sin un marido al lado, siempre hay alguien que la considera una bruja. La tradición cristiana y patriarcal en la sociedad tiene una posición clara hacia la mujer, cualquiera de ellas que la haya desafiado o se haya desviado ha sido y es sospechosa. La autora lo explica con su propia experiencia. En los años ochenta, cuando estudiaba, estaba inmersa en la moda que en España se llamó «siniestra» (ahora es más conocida como «gótica»), vestía de negro y escuchaba grupos en los que cantaban mujeres caracterizadas con una estética como la de las brujas de cualquier cuento. Esta tribu urbana siempre despertó recelos, posiblemente porque era la que más mujeres contaba entre sus adeptos. Morales recuerda que muchas veces la insultaban por su forma de vestir y actitud, y no había ocasión en la que no se colaba un «bruja» entre los improperios.

Sin embargo, un siglo atrás, las brujas eran las mujeres que luchaban por el aborto, por la anticoncepción, si eran médicas trataban a las prostitutas, si hablaban de religión se preguntaban por qué había que contar con Padre, Hijo y Espíritu Santo cuando lo evidente es que fuesen Padre, Hijo y Mujer. Pero cuando destacaban no era por su dedicación principal. Por ejemplo, Constance Mary Lloyd fue defensora de los derechos de la mujer, sufragista y autora de cuentos infantiles, pero pasó a la historia por ser pareja de Oscar Wilde hasta que saltó el escándalo por la identidad sexual del escritor. En otros casos sí había una vertiente paranormal en el universo de las logias y las sociedades secretas. Dion Fortune participó en la «batalla mágica» entre Inglaterra y Alemania en la Segunda Guerra Mundial, un conjuro realizado conjuntamente por magos británicos para repeler al ejército nazi, aunque su figura fue eclipsada por Aleister Crowley.

En estos submundos de creencias adornadas de satanismo llaman la atención los ritos de María de Naglowska, una ocultista de París que difundía los poderes de su «magia sexual». En su Templo del Tercer Término realizaba rituales sexuales que no eran otra cosa que asfixia erótica, y escribió un libro sobre la técnica: Le mistere de la pendaison (El misterio del ahorcamiento). Como era de esperar, en búsqueda del éxtasis sexual sucedieron varios accidentes. El periodista coetáneo Pierre Mariel escribió sobre estos ritos: «Todos los que han obtenido durante la estrangulación iniciática el goce muy especial que proviene de la precipitación de arriba abajo en el cuerpo del suspendido, de aquel al que se llama Satán, y que es la fuerza contraria a la manifestación de Dios (la vida), declaran que en el momento en que no queda nada por experimentar en las cosas de la vida cotidiana, este último tiene la impresión muy clara de encontrarse, de repente, cara a cara, con lo que muy impropiamente podría llamarse el infinito».

Una imagen del interior del libro de Grace Morales. / Foto: La Felguera.

A Naglowska, pese a la parafernalia oscurantista, había que entenderla en términos de libertad y exploración sexual. También se pone de relieve en esta obra su trabajo como traductora de la obra Magia sexualis, cuyo contenido modificó incluyendo sus propios puntos de vista, que no era más que un compendio de propuestas de posturas sexuales que rompían la monotonía tradicional del «misionero».

Algo similar ocurre con Florence Farr en Londres. Aunque fuera ocultista, lo destacable de su biografía es que era una auténtica profesional de las artes escénicas, ya fuese como actriz, productora, escritora, compositora, directora teatral o profesora. Respondía al ideal de «nueva mujer», la que surgiría como consecuencia de la revolución feminista incipiente, que era una «mujer independiente, con una carrera profesional propia, ilustrada y con estudios y que no temía mostrar su sexualidad». Nada de lo que defendía (sufragio femenino, igualdad de la mujer en el trabajo y ante la ley) se diferenciaba de las demandas actuales del feminismo que siguen sin satisfacerse. Eso sí, luego Crowley admiraba sus rituales, aunque por lo que más destacó Farr en este campo fue por su interés en la cultura egipcia.

Lo que subyace, finalmente, es que las mujeres que ansiaban la igualdad y sacudirse los corsés y ataduras sociales —mucho más agobiantes que la citada asfixia erótica— acababan interesadas en el ocultismo como desafío al esquema de creencias impuesto durante siglos. Es un fenómeno que se podría calificar incluso de natural, aunque la naturaleza imitase al arte en los sesenta con el grupo estadounidense W.I.T.C.H., que se apropiaba del cliché para defender un feminismo radical.

Fuente: https://www.revistamercurio.es/2022/10/22/magicas/

domingo, 9 de octubre de 2022

Las adolescentes toman la antorcha de la protesta en Irán: ¿podrán llegar más lejos que sus madres?

Cientos de miles de estudiantes siguen saliendo a las calles a protestar contra las imposiciones del régimen. Las chicas desafían a las agentes encubiertas. 

Un grupo de chicas de una escuela secundaria de Irán muestran su repudio al retrato de los ayatollahs Khomeini y Khamenei por la imposición de vestir un pañuelo que les cubra la cabeza y el cabello. (Twitter)
Un grupo de chicas de una escuela secundaria de Irán muestran su repudio al retrato de los ayatollahs Khomeini y Khamenei por la imposición de vestir un pañuelo que les cubra la cabeza y el cabello. (Twitter)

Impensable. Un grupo de chicas de la escuela secundaria, de no más de 15 años, algunas con largas trenzas a la usanza persa, se sacan una foto en su aula mostrando el dedo medio a la foto de los líderes supremos del régimen iraní: Khomeini y Khamenei. Y se atreven a subirla a las redes sociales. Se convierten en la imagen icónica de esta nueva ola de protesta contra el régimen que ya lleva tres semanas.

La foto acompaña a decenas de otras fotos y videos de estudiantes de escuelas secundarias –segregadas, por lo tanto, sólo mujeres- que siguen saliendo a las calles desde que Mahsa Amino, de 19 años, murió en manos de la policía después de ser arrestada por tener corrido el pañuelo obligatorio (hiyab) que debe cubrir la cabeza de todas las mujeres. Y que siguen teniendo aún más motivos para la protesta. Los padres de Nika Shahkarami, que hubiera cumplido 17 años este domingo, encontraron su cuerpo en una morgue policial. Estaba desaparecida desde que osó quitarse la hijab junto a un grupo de sus amigas de la escuela. Desde mediados de septiembre ya se produjeron al menos 150 muertos, centenares de heridos y hay más de 2.000 jóvenes encarcelados esperando sentencia. Es probable que les den hasta cinco años de prisión.

Las chicas están al frente de las protestas esta vez, pero la indignación es generalizada. La furia pública está tan extendida que incluso un diario de línea dura, pro régimen, como el Jomhuri Eslami, desafió abiertamente a las autoridades, acusándolas de negar sus propios fallas e impopularidad. “Ni los enemigos extranjeros ni la oposición interna pueden llevar a las ciudades a un estado de disturbios sin un fondo de descontento”, decía el editorial. “La negación de este hecho no ayudará”. Era una respuesta directa a la “disculpa” que hizo el Líder Supremo, el ayatollah Alí Khamenei, quien reconoció que pudo haber un “exceso” por parte de la policía en el caso de Mahsa Amino, pero que las protestas no eran legítimas porque están siendo armadas por agentes extranjeros de Israel y Estados Unidos.

El gobierno intenta atemorizar a los famosos y a los periodistas iraníes para que guarden silencio en Internet, y obligar a los que protestan a volver callados a sus casas, pero hasta ahora no lo lograron. El miércoles los estudiantes protestaron contra las detenciones masivas en Teherán, con una manifestación en la ciudad conservadora de Mashhad. “¡La Universidad de Sharif se ha convertido en una cárcel! ¡La prisión de Evin (la cárcel donde van a parar los presos políticos) se convirtió en una universidad!”, gritaban. La histórica universidad tecnológica de Sharif de Teherán fue el campo de batalla durante el fin de semana, con golpizas brutales, gases lacrimógenos y muchos detenidos.

Las protestas se siguen reproduciendo en casi todas las ciudades medianas y grandes del país. En Karaj, las alumnas de varios colegios se unieron a grupos de universitarias y marcharon por las calles sin sus hijabs, gritando “¡Mujeres. Vida. Libertad!”. También se realizan marchas diarias Sanandaj, en la zona kurda, de donde era oriunda Mahda Amino. Un trabajo realizado por el servicio en farsi de la BBC muestra que en la última semana hubo al menos una manifestación importante por día en cada ciudad de más de 100.000 habitantes. Y a muchos recuerdan los primeros meses después de la Revolución Islámica de 1979 cuando las mujeres que apoyaban el cambio institucional salieron a las calles a protestar contra las imposiciones de los ayatollahs. En ese momento también quemaron las hiyabs en fogatas populares. El ala más conservadora shiíta terminó por aplastar a los izquierdistas y liberales y se encaramaron en el poder.

Y como entonces, los guardias revolucionarios quieren aplastar la rebeldía cultural juvenil que se está produciendo en estos momentos. El miércoles fue detenido el cantante Shervin Hajipour, cuya canción “For the Sake of” (por el bien de) se convirtió en un himno de estas protestas. Las chicas cantan a los gritos el estribillo que dice: “Por mi hermana, por tu hermana, por nuestras hermanas”. Hajipour estuvo detenido en una comisaría por dos noches, lo liberaron a cambio del pago de una fianza y tiene un juicio pendiente.

La represión ya fue lanzada con toda su fuerza. Las alumnas de una escuela de Teherán lograron filmar a la agente de los servicios de inteligencia que les estaba tomando fotos a cada una de las que participaban en la protesta y que se cortaban el pelo en señal de rebeldía contra el régimen. En este momento, todo el aparato represivo del Estado, que es enorme, está trabajando para apresar, apalear y castigar con la cárcel a cada uno de los líderes de esta rebelión. Lo mismo que sucedió ya en todas las oportunidades en que la gente salió a las calles en Irán a demostrar su rechazo al régimen.

En julio de 1999, las manifestaciones de los estudiantes de la Universidad de Teherán, provocadas por el cierre de un periódico reformista vinculado al entonces presidente, Mohammad Khatami, convirtieron la capital en un campo de batalla. Los servicios de seguridad recorrieron las residencias estudiantiles buscando a los cabecillas y, tras seis días, las protestas fueron aplastadas. Muchos de los estudiantes permanecieron en la cárcel hasta seis años, y se ignoraron sus demandas de libertad de prensa y de la selección libre de los candidatos al Parlamento.

Las protestas por los derechos de las mujeres de 2005 y 2006, incluida la campaña de “Un millón de firmas en apoyo de la igualdad jurídica”, acabaron en el fracaso tras la detención de más de 50 de sus promotores y la salida de muchos de ellos hacia el exilio.

De nuevo, en 2009, tras el fraude en las elecciones presidenciales, el “Movimiento Verde” salió espontáneamente a la calle. Fueron más de tres millones de personas que marcharon bajo el lema “¿dónde está mi voto?”. La represión fue brutal. Quedó simbolizada por la muerte de Neda Agha-Soltan, de 26 años, una estudiante de música, a la que le disparó un francotirador y estuvo varios minutos agonizando en la calle. El video de lo sucedido sacudió las conciencias del mundo cuando se difundió a través de las redes sociales. Le costó al régimen seis meses terminar de aplastar la revuelta. Pero lo logró tras derramar mucha sangre. Fueron centenares los muertos. Los líderes fueron obligados a hacer confesiones grabadas en video que se difundieron en la televisión estatal. Tuvieron que decir que habían sido manipulados por Estados Unidos.

En 2019, salieron por primera vez los trabajadores y los más pobres, que son mayoría entre los que apoyan al régimen, a protestar por la grave situación económica. Les triplicaron, en una noche, los precios de la gasolina y les habían recortado los subsidios. La represión volvió a ser terrible. Los paramilitares fueron desplegados y dejaron más de 1.500 muertos.

Y como en todas esas oportunidades, ahora también salieron los basishis, las organizaciones juveniles paramilitares, y comenzaron las detenciones selectivas de quienes pueden constituir una masa crítica. Incluso, ya fueron apresados periodistas influyentes, como el director de Editoriales del periódico Shargh y el reportero que dio a conocer la noticia de la detención de Amini. Hasta el embajador del Reino Unido en Teherán fue convocado de urgencia por la cancillería iraní. Lo acusan de “fomentar la protesta”. Le dijeron que si aparece cualquier información en las redes escrita por algún funcionario británico, será expulsado.

Con estos antecedentes, la pregunta que sobrevuela Irán y se hacen todos los politólogos es simple: ¿por qué esta vez va a ser diferente?

En principio, nunca antes el régimen se había tenido que enfrentar con adolescentes mujeres. Es un sujeto mucho más “delicado” desde su punto de vista machista shiíta que el de “votantes enojados” o “manifestantes contra el aumento del costo de vida”. No saben muy bien cómo enfrentar a un grupo de chicas de 14, 15, 16 años que lo único que quieren es que las dejen crecer sin tener que taparse de pies a cabeza. Sí, sabemos, y ellos también, que se trata de algo más amplio y profundo, pero el que va a reprimir tiene que golpear a una chica de la escuela que no quiere llevar más el pañuelo obligatorio.

Y a pesar de que para la cultura occidental esto de llevar la hiyab aparece como un “elemento menor” de la vida, para la concepción machista y de la “virtud” musulmana shiíta, es fundamental. La hiyab se ha convertido en un símbolo central de la moral revolucionaria para el régimen. El ayatolá Khomeni, primer líder supremo de Irán, dijo una vez: “Si la revolución islámica no debe tener otro resultado que el velo de las mujeres, entonces eso es suficiente para la revolución en sí”. Las chicas saben dónde están pegando. Si cae la hiyab, cae mucho más que un velo.

También hay detrás de las chicas algunos conceptos que nunca antes tuvieron que enfrentar los clérigos shiítas. Se trata de jóvenes que nacieron en plena revolución científica y tecnológica y están conectadas permanentemente a una realidad global que poco o nada tiene que ver con la que ellos quieren imponer. No saben de fronteras ni barreras ideológicas. Quieren ser como todas las otras chicas del mundo que ven en las redes. Tienen las mismas aspiraciones y sus mismos ídolos.

Y, por último, este movimiento tiene mucho más que ver con el “Mee too” o el “Black Lives Matter” que con una protesta tradicional política como las que enfrentó hasta el momento el régimen iraní. ¿Qué pueden hacer frente a una chica adolescente que se corta el pelo delante de sus compañeras en señal de repudio a las imposiciones religiosas y sociales? ¿De qué la pueden acusar? Esto es lo que desconcierta en forma extraordinaria al régimen.

Y a pesar de que para la cultura occidental esto de llevar la hiyab aparece como un “elemento menor” de la vida, para la concepción machista y de la “virtud” musulmana shiíta, es fundamental. La hiyab se ha convertido en un símbolo central de la moral revolucionaria para el régimen. El ayatolá Khomeni, primer líder supremo de Irán, dijo una vez: “Si la revolución islámica no debe tener otro resultado que el velo de las mujeres, entonces eso es suficiente para la revolución en sí”. Las chicas saben dónde están pegando. Si cae la hiyab, cae mucho más que un velo.

También hay detrás de las chicas algunos conceptos que nunca antes tuvieron que enfrentar los clérigos shiítas. Se trata de jóvenes que nacieron en plena revolución científica y tecnológica y están conectadas permanentemente a una realidad global que poco o nada tiene que ver con la que ellos quieren imponer. No saben de fronteras ni barreras ideológicas. Quieren ser como todas las otras chicas del mundo que ven en las redes. Tienen las mismas aspiraciones y sus mismos ídolos.

Y, por último, este movimiento tiene mucho más que ver con el “Mee too” o el “Black Lives Matter” que con una protesta tradicional política como las que enfrentó hasta el momento el régimen iraní. ¿Qué pueden hacer frente a una chica adolescente que se corta el pelo delante de sus compañeras en señal de repudio a las imposiciones religiosas y sociales? ¿De qué la pueden acusar? Esto es lo que desconcierta en forma extraordinaria al régimen.

 Más información: https://www.infobae.com/america/mundo/2022/10/09/las-adolescentes-toman-la-antorcha-de-la-protesta-en-iran-podran-llegar-mas-lejos-que-sus-madres/

https://twitter.com/ksadjadpour/status/1577053179224547328?ref_src=twsrc%5Etfw%7Ctwcamp%5Etweetembed%7Ctwterm%5E1577053179224547328%7Ctwgr%5Ef7c9e328267462c1faf430922a46d93bb4710145%7Ctwcon%5Es1_c10&ref_url=https%3A%2F%2Fpublish.twitter.com%2F%3Fquery%3Dhttps3A2F2Ftwitter.com2Fksadjadpour2Fstatus2F1577053179224547328widget%3DTweet

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domingo, 2 de octubre de 2022

Las mujeres iraníes han perdido el miedo y encendido el fuego

Una de las múltiples viñetas que han aparecido en redes sociales en apoyo al movimiento revolucionario de las mujeres en Irán.

 Los templos del poder iraní creyeron que, tras 43 años de soterramiento, las cenizas de las hembras se convertirían en la cal con la que blanquearían sus mugrientos aposentos. No imaginaban que las vejadas, maltratadas, encarceladas, torturadas, violadas, asesinadas, esos seres que consideran que no llegan a la categoría de humanas, eran ascuas a la espera del preciso golpe de viento. A mediados de este mes que hoy acaba llegó al fin aquel aliento necesario. Se trataba de la última exhalación de una mujer, joven, kurda, bella y tan llena de vida que se le salía por los bordes del hijab: Masha Amini. Aquellos que se sienten legitimados para usar la crueldad en nombre de la moral no imaginaban que su último suspiro encendería un fuego devorador. Dicen que a República Islámica tiene los días contados, que ya ha llegado la hora de matar a esa muerte que aniquila toda existencia de manera institucionalizada.

La alegría no siempre es feliz, ni limpia, ni blanca, ni rica, ni bien nutrida, ni te invita a una fiesta para celebrar la vida. Hay alegrías lunares, hechas de sombras capaces de iluminar la noche, haciendo lo oscuro más indigno y al mismo tiempo definiendo las curvas de cuanto tocan. Si te has asomado alguna vez a los límites de la vida, sabrás de qué estoy hablando: de esos abrazos que cuando te fundes con el otro se te agranda el cuerpo, el corazón se achica y tus manos y las de esa persona aletean a un tiempo, convirtiendo el miedo en zumbido de mosca.

El 16 de septiembre una desesperada y nocturna alegría se lanzó a la calle a brazo partido y sigue haciéndolo, apretando cada vez con más fuerza, dispuesta a matar a la muerte institucionalizada. Arrancó en Irán, una tierra enterrada por sus gobernantes que hoy asiste a una inusitada y, sin embargo, esperada resurrección de la carne.

Las mujeres iraníes han tomado sus huesos por los cabellos y se han hecho puro grito desvelado. “Preferimos morir antes que someternos a la opresión» exclaman todas a una. “No tengáis miedo, estamos juntos y unidos», cantan y ante cualquier temblor  dicen: “Mírame! ¡Soy tu compatriota!”.

¿Cómo no dejarse rozar por ellas? ¿Cómo no estremecerse ante tal raudal de vida que quiere ser vivida? ¿Cómo no querer que te abracen las rosas?

Los templos del poder iraní creyeron que, tras 43 años de soterramiento, las cenizas de las hembras se convertirían en la cal con la que blanquearían sus mugrientos aposentos. No imaginaban que las vejadas, maltratadas, encarceladas, torturadas, violadas, asesinadas, esos seres que consideran que no llegan a la categoría de humanas, eran ascuas a la espera del preciso golpe de viento.

A mediados de este mes que hoy acaba llegó al fin aquel aliento necesario. Se trataba de la última exhalación de una mujer, joven, kurda, bella y tan llena de vida que se le salía por los bordes del hijab: Masha Amini . Tenía todos los elementos necesarios para que un régimen que se siente en peligro quisiera someterla y llegara a matarla a golpes. Aquellos que se creen legitimados para usar la crueldad en nombre de la moral no imaginaban que aquel último suspiro encendería un fuego devorador. 

Quizá sea posible elegir ser mártir o ser héroe o heroína, pero nadie elige ser la gota que colma el vaso, porque no es posible saberlo. Las personas que analizan la situación con su conocimiento y sus datos aseguran que la crisis económica ha minado los cimientos de esta República Islámica; que las protestas civiles de 2019 y 2020 hicieron mella aunque fueran bestialmente reprimidas con más de 1.500 muertos; que la revuelta de la minoría nacional kurda, perseguida, oprimida y sin reconocimiento internacional, ha corroído sus cañerías; que el histórico feminismo iraní ha seguido vivo a pesar de tantos años de represión y del encarcelamiento y asesinato de sus líderes. Es decir, que al fin llegó el momento histórico que hiciera posible el estallido. Fuera de todas estas reflexiones, no hablan de la necesaria última gota ni de ese preciso vaso capaz de convertirse en fuente.

Desde hace más de 15 días bebo de la copa de las sin nombre, la de miles de jóvenes anónimas que no quieren crecer para estar muertas, la de millones de mujeres que están dispuestas a recordar a los hombres que deben traicionar el mandato patriarcal si quieren una vida digna de ser vivida.

Dicen que a República Islámica tiene los días contados, que ya ha llegado la hora de matar a esa muerte que aniquila toda existencia de manera institucionalizada. Me basta con lo que ya está sucediendo para considerar que estos acontecimientos son una “noticia que abraza”. Esta alegría nocturna que no cesa su alboroto desde hace semanas es la alegría de los que ya no temen. Y no es que no teman al dolor, a la violencia, a la represión, a la saña (o no solo eso), es que no temen a lo indeterminado, lo indefinido, lo infinito que representa la alegría de una mujer resucitada (de todas las muertes, la pequeña incluida).

No claman que quieren el poder, sino acabar con él, destruir su falocracia. Y con ese fin, encendidas, arrastran a los traidores del patriarcado a perder la seguridad, a ir más allá de los límites (de esos de los que ellas vuelven) y afirmar que es mejor morir viviendo.

No sólo es cuestión de clases. Los y las estudiantes, aquellas personas que aún no tienen un lugar en el sistema, no encuentran un lugar digno de ser vivido, como tampoco lo encuentran los ancianos y ancianas que ya dejaron de ser nombrados por el sistema, ni cuantos han sido expulsados a los márgenes: homosexuales, ateos/as, artistas, disidentes, activistas, minorías religiosas y étnicas, intelectuales, profesionales liberales…

En 2011 tuve la suerte de engendrar, junto con Nazanin Armaniam, el ensayo Irán, la revolución constante. Durante su escritura me impactó la capacidad del pueblo iraní de rebelarse contra la tiranía. En el siglo XX se levantaron tres veces para instalar un Estado justo y de derecho: 1905, 1953 y 1978. Cada una de ellas estuvo encabezada por las disidencias más fuertes en ese momento. Las tres fueron sepultadas con un baño de sangre. No sé si esta vez será la definitiva, no sé qué forma darán a estos acontecimientos las instituciones, los partidos, los Estados… en las próximas semanas. La razón por la que esta noticia es capaz de abrazar este otoño es porque nos recuerda que, para que un cambio suceda, el único apoyo posible ha de ser el del eslabón más débil.

Las mujeres iraníes han tomado conciencia de su potencia y desde ahí están arrastrando a los que tienen más medios, más fuerza, más derechos, más reconocimientos, más privilegios… El cambio que se asoma en lontananza señala que no se trata de que el débil se torne fuerte, sino que en su debilidad misma arrastre al fuerte y lo desmonte.

Las iraníes, con el hilo de voz de las muertas en sus labios, son absolutamente inspiradoras. A bordo del velero en el que hoy escribo esta crónica convierto el mechón de sus cabellos en la única bandera.

Fuente: https://elasombrario.publico.es/las-mujeres-iranies-han-perdido-el-miedo-y-encendido-el-fuego/

miércoles, 28 de septiembre de 2022

martes, 20 de septiembre de 2022

La Policía iraní dispersa con porras y gas las protestas por la muerte de Amini, la joven detenida por llevar mal el velo

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#MahsaAmini

Muchas mujeres se quitaron el velo, de uso obligatorio en el país, durante las manifestaciones.

La Policía iraní dispersó este lunes con abundante material antidisturbios las protestas en Teherán por la muerte de Mahsa Amini, quien murió bajo custodia policial tras ser detenida por llevar mal el velo islámico.

La agencia iraní Fars informó de que efectivos policiales recurrieron a la fuerza ante las protestas capitalinas en las que los manifestantes corearon lemas contra los líderes iraníes y las mujeres se quitaron el velo, de uso obligatorio en la República Islámica de Irán.

Unas 300 personas se manifestaron en el bulevar Keshavarz, situado en el centro de la capital, donde lanzaron piedras a la Policía y quemaron contenedores, según Fars, agencia cercana a la Guardia Revolucionaria iraní.

Periodistas iraníes compartieron vídeos en redes sociales en los que observaron fuertes choques entre manifestantes y efectivos policiales, apoyados por basijis (voluntarios islámicos), pero su autenticidad no está verificada. En algunos de ellos se oyen disparos.

Según los vídeos de las redes sociales, las protestas se produjeron en más puntos de la capital con lemas como "muerte al opresor", "velo opcional" y "ya basta".

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Mahsa Amini. Detenida por la policía religiosa de Irán por no llevar bien colocado el velo. 2 horas después fue trasladada a un hospital. Ha muerto. Solo tenía 22 años. "Las religiones son como las luciérnagas: necesitan la oscuridad para brillar", Arthur Schopenhauer.Vía@pablom_m

Los medios estatales iraníes no mencionaron heridos en estos choques.

El acceso a internet se vio restringido en varios puntos del país. "Se ha registrado una significativa bajada de internet en Teherán", indicó la plataforma NetBlocks, que supervisa la conectividad de los usuarios y la censura en la red.

Las protestas comenzaron tímidamente el pasado día 16 tras conocerse la muerte de Amini, de 22 años, y se han repetido hasta este lunes, cada vez mayores y en más puntos del país, en especial en la provincia del Kurdistán iraní, de donde era originaria la fallecida.

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| Represión en Irán:Vía

 "Una hora de reeducación"

La joven fue detenida el martes por la llamada Policia de la moral en Teherán, donde se encontraba de visita, y trasladada a una comisaria para asistir a "una hora de reeducación" por llevar mal el velo.

Horas más tarde era ingresada en el Hospital Kasra de la capital en coma tras sufrir un ataque al corazón.

La Policía afirmó entonces que la joven "sufrió repentinamente un problema del corazón" y publicó un vídeo en el que supuestamente se ve a Amini cayéndose al suelo mientras habla con un agente en la comisaría, pero la familia no ha confirmado que se trate de ella.

Los padres de la joven han negado que sufriese ningún tipo de enfermedad, en contra de lo que han publicado algunos medios oficiales iraníes.

El jefe de la Policía de Teherán, Hossein Rahimi, calificó este lunes la muerte de Amini como "un incidente desafortunado" y afirmó que es falso que la joven fuese golpeada o maltratada bajo custodia policial. "Es un incidente desafortunado y esperamos que no haya incidentes similares", dijo en una rueda de prensa Rahimi.

El Gobierno del ultraconservador presidente de Irán, Ebrahim Raisí, ha aumentado en los últimos meses la presión para que las mujeres cumplan con las estrictas reglas de vestimenta.

El velo es obligatorio desde la revolución de 1979 liderada por el ayatolá Ruholá Jomeiní, quien declaró que sin él las mujeres estaban “desnudas".

Fuente. https://www.20minutos.es/noticia/5061541/0/la-policia-irani-dispersa-con-porras-y-gas-las-protestas-por-la-muerte-de-amini-la-joven-detenida-por-llevar-mal-puesto-el-velo/

La ONU pide a Irán una investigación "imparcial" tras la "trágica muerte" de una mujer detenida por llevar mal el velo


La Alta Comisionada interina de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Nada al Nashif, ha criticado la "trágica muerte" de una mujer en Irán después de ser detenida por llevar mal puesto el velo y ha reclamado una investigación "imparcial" sobre su fallecimiento, al tiempo que ha condenado la represión de las protestas en el país tras este suceso. "La trágica muerte de Mahsa Amini y las denuncias de tortura y malos tratos deben ser investigadas de forma rápida, imparcial y efect ...

Leer más: https://www.europapress.es/internacional/noticia-onu-pide-iran-investigacion-imparcial-tragica-muerte-mujer-detenida-llevar-mal-velo-20220920113348.html

(c) 2022 Europa Press. Está expresamente prohibida la redistribución y la redifusión de este contenido sin su previo y expreso consentimiento.


miércoles, 13 de julio de 2022

El esqueleto de los argonautas

Argonauta argo. L
 Fue una confusión de otro tipo la que resolvió Jeanne Villepreux-Power, la más improbable entre las figuras principales de la ciencia novecentista, y estaba relacionada con la naturaleza de los argonautas. Nada que ver en este caso con el grupo de antiguos héroes griegos que acompañaron a Jasón en su peligroso viaje a bordo del Argo en busca del vellocino de oro. Hablamos de Argonauta, el pequeño pulpo pelágico que posee una delicada concha espiralada y bastante hermosa.
   En este argonauta encontramos cosas muy extrañas. Por ejemplo, a diferencia de cualquier otro molusco, puede abandonar su concha por completo, un hecho que generó enconados debates entre los estudiosos en cuanto a si se trataba de su propia concha o bien se la había apropiado, del mismo modo que los cangrejos ermitaños utilizan las conchas desechadas de algunos gesterópodos como casas móviles. Además, entre dos de sus tentáculos tiene una lámina de tejido blando. Aristóteles la describió, hacia el año 330 a.C., como una vela con la que el argonauta atrapaba el viento para navegar por la superficie del mar, de manera muy similar al barco de sus homónimos mitológicos. Esta visión perduró más de dos milenios, y fue retomada mucho después en los poemas de Lord Byron y Alexander Pope, y en Veinte mil leguas de viaje submarino, la genial novela de Julio Verne. 
   Aquí entra en escena Jeanne Villepreux, hija de una familia prácticamente analfabeta de Juillac, en el sur de Francia. Tras una serie de desgracias familiares -la muerte de su madre y de una hermana, la llegada de una joven madrastra-, en 1812, a la edad de 18 años, emprendió una viaje de 480 kilómetros a París, a pie, con un rebaño de animales destinados al matadero, y a cargo de un primo suyo. Su primo la agredió a mitad de camino, y buscó refugio en una gendarmería y después en un convento. Finalmente llegó a París, sola, sin ningún sitio adonde ir y ninguna expectativa de trabajo. Como afirmó uno de sus biógrafos, el azar puede a veces ser piadoso. Una modista se apiadó de ella y la contrató como costurera. A diferencia de sus hermanos y hermanas, al menos sabía leer y escribir, de modo que aprendió rápido y pronto destacó en su nuevo oficio. Pocos años después, cuando la princesa Carolina de Nápoles se casó con el sobrino del rey, Carlos Fernando de Artois, fue la joven Jeanne quein diseñó el vestido de novia. Durante los festejos, un joven comerciante inglés llamado James Power la vio y se enamoró de ella. Se casaron y comenzó una nueva vida en Sicilia como rica esposa emigrada.
   Jeanne Villepreux-Power, como se llamaba ahora, no se dedicó a tener una gran vida social, sino que quedó fascinada por la historia natural de la isla y, particularmente, por la vida marina. Si quería acercarse a las criaturas marinas, necesitaba un modo de estudiarlas bien de cerca. Para ello, diseñó y mandó consturir una caja de cristal llena de agua de mar, y así fue como se convirtió en la inventora del acuario. Construyó tres de estas estructuras: dos se instalaron en el mar y una, en tierra firme. Entre las criaturas que estudió estaban los argonautas, pues había oído hablar de la controversia científica sobre la naturaleza de sus conchas. Eran comunes en los mares alrededor de Sicilia y pensó que estaba en una posición idónea para averiguar la verdad. Recogió huevos de argonauta, dejó que se desarrollaran y, día tras día, observó lo que pasaba. Algunos días después aparecieron unas conchas diminutas, evidentemente fabricadas por los propios organismos que, por tanto, no las habían robado ni tomado prestadas. También vio que las delicadas membranas que Aristóteles había tomado por velas eran los órganos que segregaban el material de la concha y podían usarse para reparar y para producir aquellas delicadas conchas.
   Sus logros, a diferencia de lo que ocurría con otras mujeres científicas de la época, fueron reconocidos de inmediato por la comunidad científica, copada casi exclusivamente por hombres, de modo que pasó a formar parte no de una, sino de 16 academias científicas a lo largo y ancho de Europa. 
   Las conchas móviles de los argonautas son aún más versátiles de lo que imaginaba Aristóteles. Estos animales las usan como refugio ocasional, y también para proteger sus huevos. Además, cuando los argonautas se encuentran en la superficie del mar, capturan burbujas de aire con sus cochas y luego las usan para regular su flotabilidad cuando se sumergen a más profundidad. Así pues, ¿esta concha es un esqueleto, un hogar o una herramienta? La naturaleza no siempre se atiene a categorías sencillas...
 
Oceánicas

 
Esqueletos
El marco de la vida

martes, 5 de julio de 2022

#Chile #YoApruebo

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 Ayer se entregó el borrador de la nueva Constitución que reemplazará la heredada de la dictadura. Las compañeras de la Casa de la Mujeres de Huamachuco, las mismas que denunciaban con arpilleras las violaciones de DDHH, lo tienen claro.Vía https://twitter.com/BeaSilva9/status/1544241827871612929

sábado, 7 de mayo de 2022

Los talibanes obligan de nuevo a las afganas a cubrirse la cara y pretenden el uso del burka

Un portavoz del Gobierno fundamentalista amenaza a las mujeres que no tapen su rostro en público con encarcelar a su pariente varón más cercano

Una afgana cubierta por un burka pide limosna sentada en la nieve en una calle de Kabul el 6 de febrero.Hussein Malla (AP)

Los talibanes vuelven a recortar la libertad de las mujeres. Este sábado han anunciado que a partir de ahora las mujeres afganas deberán cubrirse el rostro en público e incluso en sus casas si están en presencia de hombres ajenos a su familia, según un decreto del líder supremo del grupo fundamentalista, Hibatullah Akhundzada. Un portavoz del Ministerio de Propagación de la Virtud y Prevención del Vicio leyó la nueva norma en una conferencia de prensa en Kabul y añadió que “la prenda ideal” para que las mujeres se cubran es el burka, la vestimenta que se convirtió en símbolo internacional de la opresión de las afganas en el anterior período de los talibanes en el poder, entre 1996 y 1995. El portavoz amenazó después a las mujeres que incumplan esta imposición con encarcelar o despedir, en el caso de los funcionarios, a su pariente varón más cercano.

“Tendrán que llevar un chador — término que, aunque se refiere a otra prenda, también se usa para designar al burka o velo de los pies a la cabeza— porque es tradicional y respetuoso”, indica el texto de Akhundzada. “Las mujeres que no sean ni demasiado jóvenes ni demasiado mayores tendrán que cubrir su rostro cuando estén frente a un hombre que no sea miembro de su familia”, para evitar una supuesta provocación, precisa el decreto. Si no tienen algo importante que hacer en el exterior, es “mejor para ellas que permanezcan en casa”, añade.

La mayoría de las mujeres de Afganistán lleva un pañuelo que cubre el cabello por motivos religiosos, pero muchas de ellas, sobre todo en zonas urbanas como Kabul, no se cubren el rostro. El grupo fundamentalista que, tras dos décadas de intervención de Estados Unidos y sus aliados, derrocó el pasado 15 de agosto, tras una fulminante ofensiva sobre la capital, al Gobierno afín a Washington del país, se ha enfrentado a una intensa oposición por sus crecientes limitaciones a los derechos de las mujeres, liderada por los gobiernos occidentales, pero a la que se han sumado algunos eruditos religiosos y países islámicos moderados.

En marzo, las autoridades del autoproclamado emirato islámico dieron un giro inesperado al cerrar las escuelas secundarias de niñas, pocas horas después de su reapertura, un paso atrás que provocó el recrudecimiento de la condena de la comunidad internacional y llevó a Estados Unidos a cancelar las reuniones previstas con los talibanes destinadas a buscar fórmulas para aliviar la crisis financiera del país.

Washington y otros países han recortado la ayuda al desarrollo y aplicado sanciones estrictas al sistema bancario afgano, como la congelación de las reservas en divisas del Estado —situadas en bancos extranjeros— desde que los talibanes tomaron el poder en agosto, lo que ha acrecentado la ruina económica del país.

Los talibanes aseguran que han cambiado desde la última vez que gobernaron, cuando prohibieron totalmente a las mujeres que estudiaran o trabajaran e incluso que salieran de casa sin un familiar masculino. También entonces las mujeres estaban obligadas a vestir el burka, una prenda que cubre a la mujer de la cabeza a los pies. Estas promesas del nuevo Gobierno de la guerrilla fundamentalista no se han traducido hasta ahora en ninguna medida que garantice los derechos de las mujeres, sino todo lo contrario. En los últimos meses, la Administración radical afgana ha aumentado sus restricciones a las mujeres, incluyendo normas que limitan sus viajes sin un acompañante masculino o la prohibición de que hombres y mujeres disfruten de los parques públicos al mismo tiempo, entre otras medidas.

Fuente: https://elpais.com/internacional/2022-05-07/los-talibanes-obligan-de-nuevo-a-las-afganas-a-cubrirse-la-cara-y-pretenden-el-uso-del-burka.html

martes, 8 de marzo de 2022

domingo, 7 de noviembre de 2021

Mujer desnuda con hijo

Madre e hijo - 1914 mujer desnuda con hijo
Madre e hijo, de Egon Schiele (1914).

          Ya en desnudez total

extraña ausencia

de procesos y fórmulas y métodos

flor a flor,

ser a ser,

aún con ciencia

y un caer en silencio y sin objeto.

(Idea Vilariño)

Está prohibido. Tener un hijo y quedarse desnuda junto al hijo está prohibido, la sociedad no está preparada para ese horror —Dios mío, una mujer tan impúdica—. El mundo, lógicamente, está preparado para que el día contra el cáncer de mama todas las famosas nos muestren sus pechos; también está preparado para ver en millones de portadas el cuerpo de mujeres semidesnudas; también está preparado para que en publicidad el mejor y mayor reclamo sea la belleza desnuda de la mujer. Está preparado para la sensualidad y la sexualidad femenina, para que bajo cualquier pretexto, artículos o series, películas o portadas de libros, veamos a mujeres desnudas. Para lo que no está preparado el mundo es para ver a mujeres desnudas fuera del canon o, peor, mucho peor aún, a mujeres que posan junto a sus hijos. Si no hay más remedio, mejor que aparezcan dando el pecho, o semivestidas —sobre todo, que no se les vea nada que pueda mezclar obscenidad y maternidad—. Dios nos libre de semejante pecado: una mujer que ha dado a luz, que alimenta con su cuerpo a su hijo, que duerme-come-anda-vive con un hijo pegado a la falda, que después se muestre así de natural frente a las cámaras. Qué falta de escrúpulos que una madre llame arte a semejante imagen, o que abogue por la libertad mientras le da el pecho y después lo comparta en una red social, lo enseñe a un mundo inocente que no es capaz de comprenderlo.

Anastasia Chernyavsky es fotógrafa y es madre. Uno de los relatos que aparece en Maternidad y creación trata, precisamente, de una fotógrafa. Acaba de ser madre y se dedica a fotografiar aquello que forma parte de su entorno: la ropa sin doblar, los platos sin fregar, su hija llorando en la cuna. Anastasia hace lo mismo: mujeres, mujeres desnudas, y niños. ¿Qué ocurre con el mundo, que no está preparado para el arte de Anastasia Chernyavsky, pero sí para los ángeles de Women Secret? Porque una de sus imágenes, un autorretrato en el que aparece ella frente a un espejo, con la cámara, con su hija rodeando su pierna, con su hijo en brazos, mujer desnuda, con pecho y leche, una leche que cae lentamente de su pezón; una de sus imágenes, de su arte, en el que aparecen tres personas desnudas, juntas, naturales, porque naturales conviven como madre e hijos; una de sus imágenes fue censurada. ¿Por qué motivo? No qué motivo tiene la persona que ha censurado la foto, sino cuál es el motivo de quienes aplauden la censura.

Lo primero que dicen es que hay que proteger al niño. ¿De qué, de la desnudez de su madre? ¿O de ese mundo que no está preparado para separar sensualidad, sexualidad, obscenidad y desnudez? ¿Una mujer desnuda siempre es una mujer sexualizada? ¿Es eso lo que ocurre, lo que nos confunde cuando vemos a una mujer fotografiada desnuda junto a un niño, sea su hijo o no? Por lo visto, sí. Eso es lo que ocurre. Porque Amy Woodruff también ha sido censurada. En su caso, por una foto en la que aparece haciendo yoga desnuda y amamantando a su hija. Aunque ocurrió hace tiempo, la noticia ha sido revisitada: Amy cuenta que vivían en una comuna y que la ropa era opcional. Todos los días hacía yoga y en la imagen aparece lo que para ellos era su rutina: mientras Amy hacía yoga, su hija andaba libre a su alrededor. El día de la imagen, había decidido ir hacia su madre y mamar. ¿El mundo no está preparado para eso? Una mujer bocabajo, desnuda, dándole el pecho a su hija… ¿es demasiado para nosotros?

La mujer y su desnudez le concierne a la sociedad entera, una sociedad enfermiza que no sabe dónde poner los límites. Mientras su cuerpo esté vinculado al sexo y los códigos estén aclarados, todo marcha bien. Pero cuando el cuerpo femenino no tenga claramente un objetivo, un motivo; cuando el cuerpo femenino no sea puramente sexual, no sabremos entenderlo. Para promocionar cremas, colonias o coches, está bien que se utilice a la mujer, su cuerpo, objetizable. Todos conocemos en qué parámetros se está moviendo la mujer y su desnudez: sabemos que está intentando captar la atención del hombre, un hombre que socialmente es inútil, es vulnerable a la desnudez de la mujer hasta el punto de anularlo; sabemos que la imagen de la desnudez está mandando a la sociedad entera un mensaje sobre cómo debe ser una mujer atractiva; sabemos en todo momento que la desnudez de la mujer está haciendo su trabajo en nuestra mente, y nosotros, la mente de la sociedad, una mente única, nosotros dejamos que la desnudez de la mujer haga su trabajo en nuestra mente y nos la modifique, nos la adapte para que la próxima vez que veamos a una mujer prácticamente desnuda anunciando un yogur o una crema hidratante, no nos alarmemos. Esos son los límites por los que la desnudez va a moverse. Nada más, o nos perderemos en el camino, nos dejaremos atrás la mitad del mensaje, creyendo que existe. 

Pero no, el mundo no lo justifica así: no es que no estemos nosotros preparados para la desnudez de una madre con su hijo, sino que es el hijo el que no está preparado para tanta naturalidad, para tal exposición. En launa edición de World Press Photo, una de las imágenes comentadas y criticadas es la de un niño pequeño que está siendo atendido por las heridas que tiene: lleva puesta una camiseta, pero no lleva parte de abajo. ¿Tendrá ese niño, cuando se haga mayor, traumas por esa imagen? Estamos más preocupados porque al niño se le vea lo que no se le tiene que ver que por sus heridas. ¿Quién protege a quién y de quién? ¿Por qué el niño es siempre el motivo, y no la desnudez, y no la sociedad? ¿Qué le pasa a la mente común social para creer que estamos enfermos, que ir sin ropa es sospechoso de algo? Incluso el Museo Meadows de Dallas ha censurado cuadros de Joaquín Sorolla —niños desnudos corriendo por la playa—, ¿a quién se le ocurre? El arte, ese velo demoníaco que se encarga de esconder la vergüenza, que la camufla, que nos la pasa como válida, pero no: ¡la desnudez, no!, ¡por ahí no queremos pasar!

El niño y la mujer desnudos son incómodos para todos nosotros. Estamos tan infectados, hay tal exceso informativo de pederastia, abusos y violaciones que ya somos incapaces de contemplar un cuadro de Sorolla o una imagen de la fotógrafa Anastasia Chernyavsky sin escandalizarnos. He llegado a leer artículos en los que se dan consejos al respecto: ¿hay que mostrarse desnudos frente a los hijos o eso les creará un trauma o podrá perturbar su desarrollo psicosexual? El mundo no está preparado para que nos desnudemos delante de nuestros hijos, pero sí para que los videoclips de sus cantantes preferidas estén plagados de imágenes indiscutiblemente sexuales. ¿Quién perturba a quién y por qué la desnudez pura, sencilla, es más compleja que la obscena? ¿Una mujer masturbándose es menos peligrosa que una mujer amamantando? ¿Se fomenta la pedofilia con las fotografías de Anastacia, como dicen, o el arte está salvado de tal horror? ¿Qué buscaba Sorolla dibujando a aquellos niños desnudos corriendo por la playa? ¿Es la desnudez maternal peor que la sexual? La mujer está desnuda, el hijo está desnudo, son puros, son impuros, se aman, son sexuales, el parto es sensualidad, el amor, toda la espuma del mar —el hombre no está tan lejos de lo salvaje cuando se trata de belleza.

Fuente: https://www.jotdown.es/2021/11/mujer-desnuda-con-hijo/

domingo, 26 de septiembre de 2021

En la cárcel de los talibanes por huir del marido

 

 Se puede decir que están en la zona noble de la cárcel de Kabul, porque es un área relativamente nueva, donde las celdas son amplias, están enmoquetadas, entra luz natural a través de las ventanas enrejadas, y hay electricidad y agua. Sin embargo, eso no quita que estén encerradas entre cuatro paredes. Razia, Salima y Mushda son las primeras mujeres encarceladas por el régimen de los talibanes. Hay una cuarta prisionera, pero prefiere no hablar ni dejarse ver. Todas están acusadas más o menos de lo mismo: de escapar de la casa del marido. Dos de ellas habían buscado refugio antes en una casa de acogida para mujeres maltratadas pero, con la llegada de los talibanes al poder, todos esos centros han sido clausurados.   

 La cárcel de Pul-e-charkhi –así se llama el centro penitenciario- está a unos veinte kilómetros a las afueras de Kabul. Es una prisión tristemente conocida porque sirvió como lugar de tortura en los años ochenta y noventa, y sus condiciones también continuaron siendo infrahumanas en las últimas dos décadas. Allí estaban reclusos miles de talibanes. De hecho, cuando los radicales llegaron a Kabul el mes pasado, abrieron de par en par las puertas de la cárcel dejando en libertad a sus correligionarios pero también a miles de criminales.

140 presos en Kabul

“Hace unos veinte días que hemos vuelto a poner en marcha esta cárcel y las del resto del país”, asegura el director general de prisiones, Abdullah Khaqiq, un talibán de turbante negro y barba larga, que se nota que es nuevo en el cargo porque no tiene ni un papel, ni un ordenador, nada, en su despacho. Según dice, en la cárcel de Pul-e-charkhi hay en la actualidad unos 140 reclusos, que han sido detenidos desde que los fundamentalistas llegaron a Kabul el pasado 15 de agosto. “La mayoría son ladrones o traficantes de drogas”. Mujeres, en cambio, sólo hay cuatro presas, no sólo en Kabul sino en todo el país, asegura.

Un talibán es el responsable de la zona de la cárcel donde están las reclusas. Dentro, sin embargo, hay lo que parecen que son dos funcionarias de prisiones: dos mujeres vestidas de negro que no dejan a las reclusas ni a sol ni a sombra durante la entrevista. Razia tiene 25 años y Salima, 21, y las dos estaban antes en una casa de acogida para mujeres maltratadas en la ciudad de Pol-e-Khumri, a unos 160 kilómetros al norte de Kabul. Razia llevaba un año allí, y Salima, cuatro. Más o menos por la misma razón: porque no aguantaban más a sus respectivos maridos y huyeron de casa.

Pero con el tsunami talibán, todas las casas de acogida del país han cerrado. Digamos que sus responsables no tuvieron mucha opción: o las clausuraban o los talibanes las atacaban. Las mujeres fueron enviadas con sus familias. Pero el problema es que ni la familia de Razia ni la de Salima las quisieron de vuelta en casa. Todo lo contrario, no tuvieron miramientos de entregarlas a los talibanes. A ellas y a sus hijos. Los niños, de 5 y 6 años, también están entre rejas.

Eso mismo le pasó a Mushda, que también es jovencísima, tiene 21 años, y mece a un bebé que duerme plácidamente en sus brazos: una niña, Aisha, sólo tiene 13 días. “Me quedé embarazada de mi novio, pero mis padres no querían que me casara con él y me obligaron a casarme con otro hombre”, explica. Según dice, se escapó de la casa del marido y el propio marido es la que la denunció a los talibanes. Ha dado a luz en la cárcel. “Estuve dos días con dolores pero los talibanes no me quisieron llevar a ningún hospital”.  

Con el anterior gobierno, muchas mujeres también eran encarceladas porque sus propios maridos las denunciaban porque habían huido de casa. Pero al menos existía una red de casas de acogida, que gestionaban ONG y financiaba ONU Mujeres. Las que tenían la suerte de ir a parar allí, se libraban de estar entre rejas. Ahora esa opción ya no existe.

Razia, Salima y Mushda se cubren el rostro con un pañuelo, sólo dejan ver sus ojos. No quieren que nadie las reconozca, pero quieren que alguien las ayude. Pero el problema es saber quién lo puede hacer: en Kabul no queda ninguna embajada occidental abierta, ni ninguna de las organizaciones de defensa de los derechos de las mujeres que existía continúa operativa.

Algunos presos que antes estaban entre rejas en Pul-e-charkhi son ahora los vigilantes del centro penitenciario y la zona donde antes estaban encarcelados la mayoría de los talibanes se ha convertido casi en un parque temático: los talibanes pasean a los periodistas extranjeros y les enseñan las celdas donde antes estaban encerrados. La verdad es que muchas eren tremebundas: minúsculas, sin luz ni lavabo.

Este jueves era día de visita. Los familiares de los presos podían ir a verlos. Una mujer mayor caminaba lentamente a media mañana bajo el sol por la larga carretera que lleva hasta la cárcel. Iba cargada con dos grandes bolsas de plástico. “Llevo pan, te y ropa a mi hijo, que está en la cárcel”, decía sin poder reprimir las lágrimas de desesperación. Nadie sabe qué tipo de justicia aplicarán los talibanes. Ni el propio director de prisiones lo aclara: “Eso es algo que tienen que decidir los tribunales según la ley islámica. No queremos cortar la mano a todos los ladrones. Si lo hacemos, será sólo a uno y de forma pública para que sirva de lección a todo el mundo”.

Fuente: https://es.ara.cat/internacional/afganistan/carcel-talibanes-haber-huido-marido_1_4126906.html