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miércoles, 12 de abril de 2023

Poyekali

 Significa "¡Vamos!" en ruso y es lo que dijo hace 50 años Yuri Gagarin segundos antes de convertirse en la primera persona que orbitaba el planeta. El autor, portavoz de la Agencia Espacial Europea (ESA) en España, rinde tributo al legado de Gagarin y al papel de Rusia en el pasado y el presente de la cosmonáutica.

Ilustración: ESA.

 Para los que trabajamos en el sector espacial, hay tres fechas emblemáticas que todos recordamos: la puesta en órbita del primer satélite artificial, el Sputnik, el 4 de octubre de 1957; el primer paseo lunar, el 20 de julio de 1969 y, sin duda alguna, el 12 de abril de 1961, el día en que por primera vez un ser humano, el Mayor Yuri Alekséyevich Gagarin, ciudadano de la URSS, estuvo en órbita alrededor de nuestro planeta....Continuar leyendo:https://www.agenciasinc.es/Opinion/Poyekali

viernes, 9 de diciembre de 2022

Reclaman que el racismo y la discriminación sean declarados riesgos universales para la salud

 El racismo, la xenofobia y la discriminación tienen un profundo impacto en la salud, pero en muchas ocasiones se pasan por alto y se descartan, debido a los prejuicios que aún persisten en ciencia. Esta es una de las conclusiones de una serie de artículos publicados en The Lancet. Los expertos ponen como ejemplo las grandes disparidades observadas durante la pandemia de la covid-19 para ilustrar la necesidad de un cambio significativo que ayude a combatir las desigualdades sanitarias.

E 70 % de la población europea ha recibido al menos una vacuna contra la covid-19, mientras que en África esta cifra sigue siendo solo el 32 %. / Adobe Stock

 El racismo, la xenofobia y la discriminación ocurren en todas partes del mundo y tienen un impacto crítico en la salud de las personas. Esta es una de las principales conclusiones de una serie de cuatro artículos que publica esta semana The Lancet, en la que un grupo internacional de científicos analiza cómo afectan estos determinantes a la vida de las minorías sociales.

A través de una revisión de la literatura científica actual, los autores describen las diversas formas a través de las cuales la discriminación daña la salud, incluido el impacto directo en el cuerpo a través de las respuestas al estrés, la caracterización de los entornos del día a día y la limitación de las oportunidades individuales de las personas para mejorar su salud.

“El racismo, la xenofobia y la discriminación son determinantes importantes que han sido relativamente ignorados en el ámbito de la salud. Son procesos que ocurren en todas partes del mundo, con resultados similares para la salud. ”, explica a SINC Delan Devakumar, autor principal de la serie y profesor en la University College London.

Comprender la discriminación en salud

El racismo y la xenofobia son problemáticas globales con particularidades en cada territorio. Si bien los contextos y las historias difieren, las consecuencias para la salud que tiene la discriminación basada en características como la pertenencia a una casta, una etnia, a grupos indígenas, el estatus migratorio, la raza, la religión y el color de piel, son similares en todo el mundo.

Para comprender el impacto de estas problemáticas en la salud, los autores estudiaron las causas que producen el racismo y la xenofobia. “Describimos dos conceptos centrales, la separación y el poder jerárquico. La separación se da cuando los individuos se ven a sí mismos como diferentes de los demás. Después aparece una jerarquía, en la que se considera que algunas personas son mejores que otras. Las personas en la parte inferior de esta jerarquía tienen las peores condiciones de salud física y mental”, explica Devakumar.

La jerarquía puede plasmarse en barreras de acceso al sistema de salud para los inmigrantes. “La pandemia de la covid-19 propició un ejemplo real. En Reino Unido vimos un aumento de la mortalidad entre hombres y mujeres según el origen étnico. La Oficina de Estadísticas Nacionales encontró que, en la segunda ola en el Reino Unido, las mujeres procedentes de Bangladesh tenían un riesgo 4,11 veces mayor de morir y los hombres bangladesíes un riesgo 4,96 veces mayor en comparación con la población británica blanca. Otras etnias también tuvieron mayores tasas de mortalidad”, argumenta Devakumar.

Sesgos raciales de la ciencia

Los autores advierten también que las suposiciones inexactas e infundadas sobre diferencias genéticas entre las razas continúan dando forma a los resultados de salud a través de la investigación, la política y la práctica.

“El racismo puede afectar muchos aspectos en ciencia, desde la elección de qué investigación se realiza en primer lugar, qué poblaciones se incluyen o excluyen, quién realiza la investigación, a cómo se interpretan los resultados. Hay pocos estudios sobre este tema, especialmente fuera de Estados Unidos”, explica el autor principal.

La ciencia ha demostrado con el tiempo que la raza humana es una de las especies más similares genéticamente, explican los autores. La variación genética y fisiológica se asocia a las categorías raciales y étnicas, que son construcciones sociopolíticas. Aun así, persiste el mito de que las razas son biológicamente distintas, lo que se manifiesta en la investigación y la práctica médica de diversas formas.

Estereotipos raciales

A menudo, la raza y el origen étnico se cuentan como factores de riesgo para la salud. Por ejemplo, al diagnosticar la enfermedad renal crónica, la raza y el origen étnico se han utilizado como variables para calificar la función renal de los pacientes en varios países, incluidos EE UU y Reino Unido. En este caso, el uso de una puntuación basada en la raza sobre la función renal podría contribuir a los estereotipos raciales y las desigualdades entre los pacientes negros con enfermedad renal crónica.

Sin embargo, las razones por las que las personas que pertenecen a las minorías tienen un mayor riesgo de enfermedad no han sido tan estudiadas por los profesionales de la salud y los investigadores. Existe una tendencia a asumir que estas desigualdades están determinadas genéticamente y son inmutables.

Los autores argumentan que estas desigualdades no deben explicarse solo por patrones de privación socioeconómica entre grupos raciales y étnicos y destacan el papel significativo de las respuestas fisiológicas, causadas por la discriminación pasada y presente, en la explicación de las desigualdades raciales en salud.

Según los expertos, a nivel individual, la discriminación puede activar las respuestas hormonales y de estrés del cuerpo, lo que podría causar cambios biológicos a corto y largo plazo.

La discriminación afecta a los entornos en los que viven las personas y sienta las bases para muchos de los factores de riesgo asociados con la mala salud, como las viviendas en mal estado, la pobreza, la violencia en los vecindarios, la contaminación del aire y el acceso limitado a espacios verdes y alimentos nutritivos. Además, la discriminación limita las oportunidades a través de las cuales las personas pueden mejorar su salud y bienestar, a través de la educación formal, la recreación, el trabajo y la atención médica.

Estos procesos complejos afectan a las personas en las minorías durante toda su vida. La evidencia confirma las consecuencias intergeneracionales de la discriminación, a través de cambios en la salud mental materna y cambios epigenéticos, es decir, la forma en que los factores ambientales influyen en el funcionamiento de los genes de una persona.

“La discriminación afecta la salud maneras que a menudo han sido difíciles de medir, porque sus efectos pueden aparecer durante largos períodos de tiempo. La evidencia existente sugiere que los impactos biológicos de la discriminación son un factor importante de las desigualdades raciales en la salud en todo el mundo, en lugar de la diferencia genética, como a menudo se ha asumido debido a las nociones erróneas de la diferencia racial”, explica la doctora Sujitha Selvarajah, coautora del trabajo y profesora de la University College of London.

Según Selvarajah, desde una perspectiva social, “la discriminación es costosa e inflige un trauma colectivo. Hacemos un llamamiento para que se considere el racismo, la xenofobia y la discriminación como determinantes fundamentales de la salud, como ya ocurre con los factores políticos, sociales y económicos”.

Intervenciones de salud pública antirracistas

Los autores argumentan que son necesarias acciones amplias y profundas para transformar los sistemas existentes, caracterizados por racismo y xenofobia estructurales. Sugieren que dicho cambio se puede lograr mediante la implementación de intervenciones de salud pública antirracistas. Por ejemplo, programas de educación temprana que reduzcan los prejuicios hacia los grupos discriminados, mejoren la sensibilidad cultural entre los proveedores de atención médica y fortalezcan la provisión de seguridad social.

“Debemos centrarnos en las políticas y leyes preliminares que tienen el mayor efecto. Es el ejemplo de las batallas judiciales para mejorar los derechos de las personas con VIH o las leyes para reducir la discriminación basada en castas en la India. También debemos tener una visión a largo plazo y centrarnos en los niños, para mejorar su salud ahora y en el futuro”, explica a SINC Delan Devakumar.

Por otro lado, los autores indican que las medidas deben contemplar otras formas de opresión, como el sexismo y el capacitismo. También teniendo en cuenta la historia y la colonización de los territorios.

“En los últimos años, hemos sido testigos de la persistencia del colonialismo y en la pandemia de la covid-19, por ejemplo, vimos como el acceso a vacunas se perpetuaban los privilegios coloniales y raciales. Las últimas estimaciones sugieren que, si bien el 70 % de las personas en Europa han recibido al menos una vacuna, esta cifra sigue siendo solo el 32 % en África”, afirma Gideon Lasco, coautor del estudio y profesor de la Universidad de Filipinas.

Lasco señala que “se está produciendo una situación demasiado familiar en el contexto de la crisis climática, con poblaciones minoritarias que ya se ven afectadas negativamente por los impactos del cambio climático en la salud, a pesar de que a menudo son los que menos contribuyen a las emisiones históricas de dióxido de carbono. A menos que tomemos medidas para transformar los sistemas que perpetúan el racismo y la xenofobia, seremos incapaces de abordar las desigualdades raciales en salud en su totalidad o, de hecho, los mayores desafíos de salud de nuestros días”.

 Fuente: https://www.agenciasinc.es/Noticias/Reclaman-que-el-racismo-y-la-discriminacion-sean-declarados-riesgos-universales-para-la-salud

lunes, 3 de octubre de 2022

Nobel de Medicina para Svante Pääbo por sus hallazgos en evolución humana

El biólogo sueco Svante Pääbo habla durante una rueda de prensa celebrada en Oviedo el 17 de octubre de 2018. / EFE/José Luis Cereijido

El investigador sueco Svante Pääbo ha sido galardonado con el Premio Nobel de Medicina 2022 por sus descubrimientos de los genomas de nuestro parientes extintos más cercanos, los neandertales y los denisovanos, y sobre la propia evolución de los humanos.

La Asamblea Nobel del Instituto Karolinska ha concedido el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2022 al investigador sueco Svante Pääbo, vinculado actualmente al Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig (Alemania) y al Instituto de Ciencia y Tecnología de Okinawa (Japón).

Según el jurado, el galardón se le concede "por sus descubrimientos sobre los genomas de los homininos extintos y la evolución humana".

La Asamblea Nobel del Instituto Karolinska ha concedido el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2022 al investigador sueco Svante Pääbo, vinculado actualmente al Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig (Alemania) y al Instituto de Ciencia y Tecnología de Okinawa (Japón).

Según el jurado, el galardón se le concede "por sus descubrimientos sobre los genomas de los homininos extintos y la evolución humana".

¿De dónde venimos?

La cuestión de nuestro origen y de lo que nos hace únicos ha ocupado a la humanidad desde la antigüedad. La paleontología y la arqueología son importantes para el estudio de la evolución humana. Las investigaciones aportan pruebas de que el humano anatómicamente moderno, Homo sapiens, apareció por primera vez en África hace aproximadamente 300.000 años, mientras que nuestros parientes más cercanos conocidos, los neandertales, se desarrollaron fuera de África y poblaron Europa y Asia occidental desde hace unos 400.000 años hasta hace 30.000, momento en el que se extinguieron.

Hace unos 70.000 años, grupos de Homo sapiens emigraron de África a Oriente Medio y, desde allí, se extendieron al resto del mundo. Así, humanos modernos y neandertales coexistieron en amplias zonas de Eurasia durante decenas de miles de años. Pero, ¿qué sabemos de nuestra relación con los extintos neandertales? Las pistas pueden derivarse de la información genómica.

A finales de la década de 1990, se había secuenciado casi todo el genoma humano. Este fue un logro considerable, que permitió realizar estudios posteriores sobre la relación genética entre diferentes poblaciones humanas. Sin embargo, los estudios sobre la relación entre los humanos actuales y los neandertales extintos requerirían la secuenciación del ADN genómico recuperado de especímenes arcaicos.

El ADN se localiza en dos compartimentos diferentes de la célula. El ADN nuclear alberga la mayor parte de la información genética, mientras que el genoma mitocondrial, mucho más pequeño, está presente en miles de copias. Después de la muerte, el ADN se degrada con el tiempo y al final solo quedan pequeñas cantidades. También se contamina con el ADN de, por ejemplo, bacterias y seres humanos contemporáneos. / Nobel Prize

 Una tarea aparentemente imposible

Al principio de su carrera, Svante Pääbo quedó fascinado por la posibilidad de utilizar métodos genéticos modernos para estudiar el ADN de los neandertales. Sin embargo, pronto se dio cuenta de los enormes desafíos técnicos, ya que con el tiempo el ADN se modifica químicamente y se degrada en fragmentos cortos.

Después de miles de años, solo quedan trazas de ADN, y lo que queda está masivamente contaminado con ADN de bacterias y humanos contemporáneos. Como estudiante de postdoctorado con Allan Wilson, un pionero en el campo de la biología evolutiva, Pääbo comenzó a desarrollar métodos para estudiar el ADN de los neandertales, un esfuerzo que duró varias décadas.

En 1990, Pääbo fue contratado por la Universidad de Múnich (Alemania), donde, como profesor recién nombrado, continuó su trabajo sobre el ADN antiguo. Decidió analizar el de las mitocondrias neandertales, orgánulos de las células que contienen su propio ADN. El genoma mitocondrial es pequeño y contiene solo una fracción de la información genética de la célula, pero está presente en miles de copias, lo que aumenta las posibilidades de éxito.

Con sus refinados métodos, Pääbo consiguió secuenciar una región de ADN mitocondrial de un trozo de hueso de hace 40.000 años. Así, por primera vez, tuvimos acceso a una secuencia de un pariente extinto. Las comparaciones con humanos y chimpancés contemporáneos demostraron que los neandertales eran genéticamente distintos. 

Secuenciación del genoma neandertal

Como los análisis del pequeño genoma mitocondrial solo aportaron información limitada, Pääbo asumió entonces el enorme reto de secuenciar el genoma nuclear neandertal. En ese momento, se le ofreció la posibilidad de crear el Instituto Max Planck en Leipzig al que sigue vinculado. En el nuevo centro, Pääbo y su grupo mejoraron constantemente los métodos para aislar y analizar el ADN de los restos óseos antiguos.

El equipo aprovechó los nuevos avances técnicos, que hicieron que la secuenciación del ADN fuera muy eficiente. Pääbo también contrató a varios colaboradores con experiencia en genética de poblaciones y análisis de secuencias avanzados. Y sus esfuerzos tuvieron éxito, logrando publicar la primera secuencia del genoma neandertal en 2010. Los análisis comparativos demostraron que el ancestro común más reciente de los neandertales y el Homo sapiens vivió hace unos 800.000 años. 

El investigador sueco y sus colaboradores pudieron ahora investigar la relación entre los neandertales y los humanos actuales de diferentes partes del mundo. Los análisis comparativos mostraron que las secuencias de ADN de los neandertales eran más similares a las de los humanos contemporáneos procedentes de Europa o Asia que a las de los humanos contemporáneos procedentes de África. Esto significa que los neandertales y los Homo sapiens se cruzaron durante sus milenios de coexistencia. En los humanos actuales con ascendencia europea o asiática, aproximadamente el 1-4 % del genoma procede de los neandertales.

El equipo de Pääbo extrajo ADN de especímenes óseos de homínidos extintos. Primero obtuvo un fragmento de hueso de nNandertal en Alemania, el yacimiento que dio nombre a los neandertales. Más tarde, utilizó un hueso de dedo de la cueva de Denisova, en el sur de Siberia, el yacimiento que dio nombre a los denisovanos (izquierda). A la derecha, árbol filogenético que muestra la evolución y la relación entre el Homo sapiens y los homíninos extintos, así como los flujos genéticos descubiertos por Pääbo. / Nobel Prize

Un descubrimiento sensacional: los denisovanos

En 2008, se descubrió un fragmento de hueso de dedo de 40.000 años de antigüedad en la cueva de Denisova, en el sur de Siberia. El hueso contenía un ADN excepcionalmente bien conservado, que el equipo de Pääbo secuenció. Los resultados causaron sensación: la secuencia de ADN era única en comparación con todas las conocidas de neandertales y humanos actuales.

El investigador sueco había descubierto un homínino desconocido hasta entonces, que recibió el nombre de denisovano. Las comparaciones con secuencias de humanos contemporáneos de diferentes partes del mundo mostraron que también se había producido un flujo de genes entre el hombre de Denisova y el Homo sapiens. Esta relación se observó por primera vez en poblaciones de Melanesia y otras partes del sudeste asiático, donde los individuos llevan hasta un 6 % de ADN de denisovano.

Los descubrimientos de Pääbo han generado una nueva comprensión de nuestra historia evolutiva. En la época en que el Homo sapiens emigró de África, al menos dos poblaciones de homininos extinguidas habitaban en Eurasia. Los neandertales vivían en el oeste de Eurasia, mientras que los denisovanos poblaban el este del continente. Durante la expansión de los sapiens fuera de África y su migración hacia el este, no solo se encontraron y cruzaron con neandertales, sino también con denisovanos. 

Padre de la paleogenómica

La investigación de Pääbo también ha dado lugar a una disciplina científica totalmente nueva: la paleogenómica. Tras los descubrimientos iniciales, su grupo ha completado el análisis de varias secuencias genómicas adicionales de homínidos extintos.

Los descubrimientos de Pääbo han establecido un recurso único, que es utilizado ampliamente por la comunidad científica para comprender mejor la evolución y la migración humanas. Los nuevos y potentes métodos de análisis de secuencias indican que los homininos arcaicos también pueden haberse mezclado con los humanos modernos en África. Sin embargo, todavía no se ha secuenciado ningún genoma de homininos extintos en África debido a la degradación acelerada del ADN antiguo en los climas tropicales.

Gracias a los hallazgos de Svante Pääbo, ahora sabemos que las secuencias genéticas arcaicas de nuestros parientes extintos influyen en la fisiología de los humanos actuales. Un ejemplo es la versión denisovana del gen EPAS1, que confiere una ventaja para la supervivencia a gran altura y es común entre los tibetanos actuales. Otros ejemplos son los genes neandertales que afectan a nuestra respuesta inmunitaria a distintos tipos de infecciones. 

Los descubrimientos de Pääbo han aportado información importante sobre cómo estaba poblado el mundo en la época en que el ‘Homo sapiens’ emigró de África y se extendió por el resto del mundo. Los neandertales vivían en el oeste y los denisovanos en el este del continente euroasiático. El mestizaje se produjo cuando el Homo sapiens se extendió por el continente, dejando rastros que permanecen en nuestro ADN. / Nobel Prize

¿Qué nos hace humanos singulares?

Al revelar las diferencias genéticas que distinguen a todos los seres humanos vivos de los homininos extintos, sus descubrimientos sientan las bases para explorar lo que nos hace realmente únicos a los humanos.

El Homo sapiens se caracteriza por su capacidad de crear culturas complejas, innovaciones avanzadas y arte figurativo, así como por cruzar aguas abiertas y extenderse por todo el planeta. Los neandertales también vivían en grupo y tenían un gran cerebro y utilizaban herramientas, pero estas se desarrollaron muy poco durante cientos de miles de años.

Las diferencias genéticas entre nosotros los sapiens y nuestros parientes extintos más cercanos eran desconocidas hasta que se identificaron gracias al trabajo esencial de Pääbo. Las investigaciones actuales se centran en el análisis de las implicaciones funcionales de estas diferencias con el objetivo final de poder aclarar realmente lo que nos hace humanos.

 Fuente: https://www.agenciasinc.es/Noticias/Nobel-de-Medicina-para-Svante-Paeaebo-por-sus-hallazgos-en-evolucion-humana

miércoles, 3 de agosto de 2022

El agua de lluvia de todo el planeta está contaminada por 'sustancias químicas para siempre

Las sustancias PFAS son peligrosas para la salud humana y los ecosistemas. Su toxicidad se extiende por la atmósfera. / Pixabay

Incluso en lugares remotos, como la Antártida o la meseta del Tíbet, llueve agua contaminada por agentes químicos sintéticos perfluoroalquilados y polifluoroalquilados (PFAS). Un equipo de investigación europeo asegura que se ha superado su límite planetario, teniendo en cuenta que son compuestos tóxicos persistentes y se propagan por la atmosfera.

Existen una serie de contaminantes que el hombre ha producido en grandes cantidades, como los compuestos polifluoroalquilados y perfluoroalquilados (PFAS, por sus siglas en inglés). Estos agentes químicos, conocidos como ‘sustancias químicas para siempre’, se pueden encontrar desde en textiles, pinturas, cajas de pizza o productos de limpieza hasta en la espuma para combatir los incendios

Son peligrosas para la salud humana y los ecosistemas, porque su toxicidad es persistente, se extiende por la atmósfera y pueden encontrarse en el agua de lluvia y nieve de las regiones más recónditas del planeta. Además, si el cuerpo humano los absorbe a través de los alimentos o el agua, este los acumula.

Si bien es cierto que en los últimos veinte años los valores de PFAS en el agua potable, las aguas superficiales y los suelos han disminuido drásticamente, debido a su prohibición y legislación sobre su uso al conocer su alta toxicidad, un estudio apunta que se ha superado el límite planetario de los niveles establecidos.

"El nivel general de conocimiento de los efectos en la salud humana de la exposición a los PFAS es desigual según el país o la región. En general es bajo y se podría hacer más para comunicar el problema. Necesitamos que la gente tenga un nivel de concienciación similar al de la contaminación por plásticos", dice a SINC Ian Cousins, autor principal del trabajo sobre la presencia y el transporte atmosférico de PFAS durante la última década.

Cousins, profesor del departamento de Ciencias Ambientales de la Universidad de Estocolmo (Suecia), junto a su equipo y científicos de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETH), han publicado los resultados de la investigación de laboratorio y de campo en la revista Environmental Science & Technology.

"Se ha producido un asombroso descenso de los valores guía para los PFAS en el agua potable. Por ejemplo, el valor de referencia del agua potable para una sustancia muy conocida de la clase de los PFAS, el ácido perfluorooctanoico (PFOA, por sus siglas en inglés), que puede provocar cáncer, ha disminuido en 37,5 millones de veces en los EE UU", añade Cousins.

Algunas legislaciones sobre estos compuestos no los prohíben totalmente, si no que restringen su uso y contemplan excepciones. "Tendría que referirse a algo esencial para la salud y la seguridad, o crítico para el funcionamiento de la sociedad. Por ejemplo, la protección contra fluidos biológicos en las batas médicas para los profesionales que trabajan en los quirófanos. Pero incluso para estos usos esenciales puede haber alternativas o la innovación debería llevar al desarrollo de alternativas. Personalmente, creo que los usos esenciales son pocos", argumenta el experto.

Agua de lluvia no potable

Los PFAS son muy persistentes, pero su presencia continuada se debe también a sus propiedades y a los procesos naturales que los devuelven continuamente a la atmósfera desde el medio ambiente.

"Según las últimas directrices estadounidenses sobre el PFOA en el agua potable, el agua de lluvia de todo el mundo se consideraría insegura para beber. Aunque en el mundo industrializado no solemos beber agua de lluvia, mucha gente del planeta espera que sea segura para beber y abastece a muchas de nuestras fuentes de agua potable", señala el investigador.

Uno de los procesos naturales más importantes del ciclo de los PFAS es el transporte del agua de mar al aire marino por medio de los aerosoles, que es otra área de investigación activa para el equipo de la universidad sueca.

"Debido a la propagación mundial de los PFAS, el medioambiente de todas partes superará las directrices de calidad ambiental diseñadas para proteger la salud humana y podremos hacer muy poco para reducir su contaminación. En otras palabras, tiene sentido definir un límite planetario específico para los PFAS y, como concluimos en el documento, este límite ya se ha superado", afirma Martin Scheringer, coautor del estudio y científico del ETH suizo y de RECETOX, de la Universidad de Masaryk (República Checa).

Sustancias químicas para siempre

Los PFAS son un nombre colectivo con el que se ha englobado a las sustancias altamente fluoradas que tienen una estructura química similar. Todos ellos son extremadamente persistentes en el medio ambiente o se descomponen en otros de este grupo extremadamente persistentes, de ahí les viene el apodo de ‘sustancias químicas para siempre’.

Los PFAS se han asociado a una amplia gama de daños graves para la salud, como: cáncer, problemas de aprendizaje y comportamiento en los niños, infertilidad, complicaciones en el embarazo, aumento del colesterol y los problemas del sistema inmunitario.

"Los que viven cerca de los puntos calientes de contaminación son los que más sufren, por supuesto, como cerca de las fábricas o de las bases militares o donde se utilizan espumas contra incendios. Los alimentos y el agua allí están muy contaminados y aquellos que consumen productos locales están muy expuestos", enfatiza el investigador de la universidad sueca.

Jane Muncke, directora general de la Fundación del Foro de Envasado de Alimentos de Zúrich (Suiza), que no ha participado en el trabajo, señala: "No puede ser que unos pocos se beneficien económicamente, mientras contaminan el agua potable de otros millones de personas y provocan graves problemas de salud. Las enormes cantidades que costará reducir los PFAS en el agua potable a niveles seguros, según los conocimientos científicos actuales, deben ser pagadas por la industria que produce y utiliza estas sustancias químicas tóxicas. El momento de actuar es ahora".

Cousins también se muestra favorable a esta idea, pero es consciente de que la legislación actual no lo hace posible fácilmente. "El principio de 'quien contamina paga' significa que los usuarios de las sustancias químicas son los responsables, no el fabricante. Por ejemplo, en el caso de la contaminación por PFAS de las espumas contra incendios, los responsables suelen ser los departamentos de defensa y, en última instancia, quien paga es el contribuyente", concluye.

Fuente: https://www.agenciasinc.es/Noticias/El-agua-de-lluvia-de-todo-el-planeta-esta-contaminada-por-sustancias-quimicas-para-siempre

viernes, 10 de septiembre de 2021

Cómo hablar del suicidio para prevenirlo y acabar con el estigma

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Lightspring / Shutterstock

 Las muertes por conductas suicidas han aumentado en 20.000 en los últimos 30 años en todo el mundo y la pandemia no ha mejorado la situación. Expertos de distintas disciplinas coinciden en que es necesario tratar el tema para hacerle frente, sin sensacionalismos y con fuentes fiables.

El pasado febrero, Japón nombró a su primer ministro de la soledad después de que la tasa de suicidios del país aumentara durante la pandemia por primera vez en 11 años. “Espero realizar actividades para prevenir la soledad social y el aislamiento y proteger los lazos entre las personas”, afirmó Tetsushi Sakamoto en la rueda de prensa de presentación.

Expertos de todo el mundo creían razonable pensar que el aislamiento, la incertidumbre, las dificultades económicas o el estrés podrían desembocar en un ascenso de actos letales y elevar la cifra de fallecimientos producidos por la pandemia. Tras un año de elucubraciones, el primer estudio internacional con datos recogidos en 21 países desarrollados no registra un incremento en las tasas de suicidio durante los primeros meses de la pandemia.

El primer estudio internacional con datos recogidos en 21 países desarrollados no registra un incremento en las tasas de suicidio durante los primeros meses de la pandemia

“El aumento autoinformado de los niveles de ansiedad, depresión y pensamientos suicidas no parece haberse traducido en más fallecimientos, al menos en los países que formaron parte del estudio”, explica a SINC Susana Al-Halabí, del departamento de Psicología de la Universidad de Oviedo. Las cifras que se tienen hasta ahora no son definitivas, por lo que “hay que estar atentos a posibles cambios en los próximos meses o en otros países en vías de desarrollo”.

A finales de 2020, el Instituto Nacional de Estadística (INE) avanzó los datos temporales de defunciones de los primeros cinco meses de ese año. El suicidio se mantiene como la primera causa de muerte externa, aunque se registraron un 8,8 % menos que en el mismo periodo del año anterior. Los números oficiales se conocerán en 2022.

“En cuanto al incremento o no del suicidio consumado durante la pandemia, vamos recibiendo información con cuentagotas de diferentes entidades públicas y privadas que no es muy halagüeña. Las autolesiones, ideación suicida, etc. sí parecen haber aumentado”, afirma Pedro Martín-Barrajón Morán, responsable de la Red Nacional de Psicólogos para la Prevención del Suicidio.

Un problema anterior a la pandemia

Independientemente de las cifras actuales, los datos eran preocupantes en todo el mundo antes de la llegada de la covid-19. Un estudio publicado en agosto en la revista Injury Prevention muestra cómo el número global de muertes por esta causa ha aumentado en casi 20.000 en los últimos 30 años (de 1990 a 2019), incluso cuando las tasas por edad habían disminuido considerablemente durante este periodo.

“A pesar de ser el causante de casi 800.000 muertes al año, estas conductas no han recibido el nivel de atención que se presta a otros problemas de salud pública global, como el VIH y el cáncer”, explicaban sus autores, de la Universidad de Hong Kong (China).

El último informe sobre conductas suicidas de la OMS revela que en 2019 se suicidaron más de 700.000 personas, lo que implica que una de cada 100 muertes fue debida a esta causa

El último informe sobre conductas suicidas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) revela que en 2019 se suicidaron más de 700.000 personas, lo que implica que una de cada 100 muertes fue debida a esta causa. Los fallecimientos asociados superaron en cifras al sida, paludismo o cáncer de mama.

Según su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, “cada muerte es una tragedia. Prestar atención al suicidio es incluso más importante ahora, después de muchos meses inmersos en la pandemia y cuando muchos de los factores de riesgo —pérdida de empleo, apuros económicos y aislamiento social— siguen estando muy presentes”.

En nuestro país, una nueva Estrategia de Salud Mental para los años 2021-2026 está más cerca que nunca. Parece que el nuevo plan del Ministerio de Sanidad saldrá este otoño e incluirá, entre sus líneas principales, la prevención, detección precoz y la atención al suicido, que causa la muerte en torno a 10 personas diariamente en España, una cifra que se ha tildado de infrarrepresentada en muchas ocasiones.

En un estudio publicado en 2014 por especialistas del Hospital Universitario Virgen del Rocío en Sevilla, ya se estimaba un ‘descuadre’ de las cifras de muerte por suicidio del INE con los recogidos por los 33 Institutos de Medicina Legal en España, en cerca de 450 casos infradetectados.

“La guardia civil estima que al menos un 5 % de las muertes en accidentes de tráfico son suicidios, pero no computan como tal. Y la propia OMS advierte que alrededor del 10-30 % de las muertes no se registran, ya que solo 60 de los países miembros cuentan con datos civiles fiables”, apunta Martín-Barrajón Morán.

Dar voz a un problema silenciado

Pese a la magnitud de estas cifras y a su enorme transcendencia en términos de salud pública, el suicidio sigue siendo un tema tabú del que apenas se habla. No obstante, desde hace años se considera imprescindible la visibilización de esta realidad.

“Durante mucho tiempo se ha mantenido la idea de que hablar del suicidio induce al suicidio, el llamado efecto contagio o efecto Wherther. Hoy la postura científica internacional es firme y tajante: hay que dialogar sobre ello, lo importante es cómo hacerlo para no aumentar el número de casos e incluso prevenirlo. Los medios pueden ayudar en la instauración de conductas de afrontamiento adecuadas y desmitificar este problema, lo que se llama el efecto Papageno”, añade Martín-Barrajón Morán.

Durante mucho tiempo se ha mantenido la idea de que hablar del suicidio induce al suicidio. Hoy la postura científica internacional es firme y tajante: hay que dialogar sobre ello, lo importante es cómo hacerlo para no aumentar el número de casos

“Si se desconoce la magnitud de este problema seguirá tratándose como algo menor, sin invertir recursos al no considerarlo un problema de salud pública prioritario”, continúa. “Es importante saber que para tener un comportamiento suicida, no hace falta tener una enfermedad mental. La falta de información y visibilidad invita a creer que es algo anecdótico, exótico incluso. Y no, cualquiera puede verse desbordado en un momento puntual y decidir acabar con su vida voluntariamente”.

Por ello, hablar sobre suicidio adecuadamente puede ofrecer un recurso de ayuda a alguien que esté pasando por un momento duro, reducir la sensación de impotencia, soledad y aislamiento, y proporcionar la oportunidad de que se arrepienta de su propósito.

“Una comunicación apropiada permite saber que las crisis de suicidio son pasajeras, así como incluir historias de esperanza y recuperación, recursos de ayuda o señales de alarma que ayuden a identificar a aquellos individuos que puedan encontrarse en esta situación”, comenta Al-Halabí. 

Tratar bien el suicidio para prevenirlo

En consonancia con las recomendaciones establecidas por la OMS en 2019 —una actualización de un documento previo del 2000—, este año la Confederación Salud Mental España ha apelado a los medios a tratar el tema del suicidio de forma responsable y rigurosa como aliados a la hora de concienciar, sensibilizar y acabar con el estigma.

Sus expertos reivindican la necesidad de hablar sobre ello como herramienta para hacerle frente, pero de manera responsable y sin caer en sensacionalismos, y siempre acudiendo a fuentes fiables. Las claves son evitar describir y dar detalles sobre el método empleado, así como la publicación de fotografías o notas suicidas, y aportar recursos de ayuda, como líneas telefónicas o servicios sanitarios. Y no simplificar, presentar el suicidio como un fenómeno complejo y multicausal.

Las claves para hablar bien de suicidio son evitar describir y dar detalles sobre el método empleado, así como la publicación de fotografías o notas suicidas, y aportar recursos de ayuda

“Muchos de los artículos que tratan sobre el suicidio no cumplen la mayoría de los criterios establecidos por la OMS. Ni siquiera el más básico, no decir la metodología suicida o no dar explicaciones simplistas que justifican la conducta”, indica Javier Jiménez, presidente honorario de la Asociación de Investigación y Prevención del Suicidio (RedAIPIS) y psicólogo del Cuerpo Nacional de Policía. “El intento de suicidio es una manifestación del sufrimiento y la desesperación que siente la persona”.

Lo mismo pretende el Ministerio de Sanidad, que en 2020 publicó un decálogo de recomendaciones para los y las profesionales de los medios que informen sobre suicidio. En el texto se exponen orientaciones y ejemplos de lo que debe y no debe hacerse a la hora de informar sobre esta problemática: “Es imprescindible la implicación y colaboración directa de los medios de comunicación. Debemos dotarnos de nuevas reglas para el tratamiento informativo que hagan llegar a la población la información adecuada sobre los recursos disponibles y ayuden a cumplir los objetivos de prevención. El silencio informativo no es una opción. El sensacionalismo, tampoco”.

Igualmente, un estudio recientemente publicado en la revista The Lancet Psychiatry indica que las noticias que informan sobre el comportamiento suicida pueden tener una influencia considerable en esta conducta y las autolesiones en la población en general; y pone de relieve la importancia de que los medios informen correctamente a la hora de hablar de suicidio para evitar el efecto de imitación.

Qué hacer para prevenir las conductas suicidas

El suicidio es prevenible. Hay que decirlo alto y claro. De hecho, nos enfrentamos a un problema que solo puede ser abordado desde la prevención”, subraya Al-Halabí. “Pero no se trataría de reparar supuestos problemas psicológicos, sino de dotar a las personas de recursos que mejoren su acceso a los servicios sanitarios en situaciones de crisis, reducir los factores de riesgo y potenciar los de protección”.

Algunos ejemplos de intervenciones universales incluyen campañas de concienciación y programas educativos, limitar el acceso de la población a materiales y lugares potencialmente letales, formar a los medios de comunicación para que ofrezcan información responsable y regular leyes para abordar las crisis económicas. Otras estrategias son facilitar el acceso a los servicios de salud mental y a los tratamientos psicológicos basados en la evidencia científica en las personas de alto riesgo.   

La formación especializada es prioritaria igualmente”, puntualiza Javier Jiménez. “Y resulta que en ninguna facultad de Psicología en España hay una asignatura en la que te enseñen a detectar o intervenir sobre una persona que tiene ideación o intento de suicidio”.

“Estamos fallando en la detección de señales de riesgo y en las evaluaciones que llevan a cabo los profesionales de varios ámbitos profesionales (sanitario, educativo, social, seguridad y emergencias), pero también la población general en advertir el riesgo de un familiar y detectar las señales de peligro”, detalla Martín-Barrajón Morán.

“Además, en nuestro sistema nacional de salud no contamos con una infraestructura que satisfaga esta gran necesidad. Tenemos una ratio de psicólogos tres veces inferior al de la media europea, 6 psicólogos por cada 100.000 habitantes, por lo que las listas de espera son interminables y la calidad de la atención es deplorable”, insiste. “Muchos médicos de atención primaria se ven abocados a tratar (o cronificar y generar dependencia) a los pacientes con problemas de ansiedad y depresión”.

Jiménez detalla cómo España es uno de los países de Europa en los que más ha crecido el consumo de psicofármacos. “Sin embargo, no hay relación entre su dispensación y una disminución de conductas suicidas. Esto es así porque los psicofármacos por sí solos no te quitan el dolor emocional”.

Recomendaciones Sanidad

 “El suicidio no es culpa de nadie, pero es responsabilidad de todos. Y cualquier esfuerzo habrá valido la pena si llegamos a tiempo en un solo caso”, concluye Martín-Barrajón Morán.

Más información: https://www.agenciasinc.es/Reportajes/Como-hablar-del-suicidio-para-prevenirlo-y-acabar-con-el-estigma#top

lunes, 31 de mayo de 2021

“Lo peor es cuando te das cuenta de que te infravaloran como científica por ser mujer”

La bióloga neoyorkina Nancy Hopkins se ha destacado tanto por su investigación del pez cebra para el estudio del cáncer, como por su activismo de género. Ya jubilada, dice que nunca dejará de investigar y ha creado con otras colegas un grupo para ayudar a las mujeres a emprender en biotecnología.

Nancy Hopkins en una imagen reciente. / Leonard_Greco_Big

Nancy Hopkins (Nueva York, 1943) comenta en el documental Picture a Scientist que acabó convirtiéndose en una “activista de género radical” en contra de sus deseos. Cuando entró en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) hace casi 50 años, no creía que el hecho de ser mujer fuera a tener un impacto negativo en su carrera.

Sin embargo, esta catedrática emérita de biología molecular y miembro de la Academia Nacional de Ciencias de EE UU, enseguida comenzó a ver cómo sus colegas masculinos recibían mejor trato y tenían más oportunidades. Entonces tomó conciencia de que la infravaloración estaba condicionando su carrera y la de otras mujeres investigadoras.

Aun así, siempre se ha considerado una apasionada de su trabajo. Se casó en segundas nupcias a los 64 años. “Me divorcié de mi primer marido cuando tenía 30 años y no tenía intención de volver a casarme, me veía a mí misma como una ‘monja’ de la ciencia”, comentó con sorna a The New York times en una bonita pieza que este diario dedicó a su boda.

Usted es catedrática emérita de biología en el MIT. ¿Cuál es el foco de su trabajo? ¿Continúa investigando?

Nuestra investigación se enfoca en el uso del pez cebra en el laboratorio para estudiar los genes esenciales para el desarrollo temprano, la longevidad y la predisposición al cáncer. Hemos logrado desarrollar herramientas para la investigación del pez cebra e idear un método eficaz de mutagénesis de inserción a gran escala. Con esta tecnología, identificamos y clonamos el 25 % de los genes esenciales para que un huevo de pez cebra fecundado se convierta en una larva nadadora. Estos genes incluían genes conocidos y nuevos que predisponen a los peces al cáncer.

Ya no dirijo el laboratorio porque me he jubilado, aunque creo que los científicos en realidad nunca nos retiramos del todo. Además, sigo trabajando en cuestiones de igualdad de género que afectan a las mujeres en el ámbito científico.

Entró a trabajar en el MIT en 1973. Al principio le costó creer que su género pudiera tener una influencia negativa en su carrera. ¿Era esta institución un entorno hostil para las mujeres?

El MIT ha cambiado mucho, pero, mirando hacia atrás, veo claramente que no era la institución la que era hostil hacia la mujer, sino la sociedad en general que aún no estaba preparada para aceptarnos como científicas de alto nivel. Mi generación de mujeres fue la primera que pudo conseguir trabajo en las grandes universidades de investigación. En aquel momento, no sabíamos que el hecho de que nos abrieran las puertas no era todo lo que se necesitaba para crear un entorno inclusivo.

En el documental Picture a Scientist usted relata varios episodios de discriminación flagrante en su institución, pero cuenta que al principio aguantó y no hizo nada.

Sí, al principio, cuando empecé a sentir esa discriminación por ser mujer, estaba tan sorprendida que no sabía qué hacer. Los posdoctorales me veían más como una técnica que como un miembro de la facultad y por eso me hacían esperar, por ejemplo, para usar mi propio equipo. En aquella época, las mujeres teníamos que ser amables porque si no te tildaban de desagradable y difícil, y te evitaban. Cuando empecé a publicar artículos científicos en revistas, me di cuenta de que también tenía problemas para conseguir el crédito por mis descubrimientos. Pero seguí trabajando y me ascendieron a profesora asociada. Luego, tras conseguir la titularidad, empecé a tener ya problemas muy significativos y decidí actuar. Ya fui plenamente consciente de que me infravaloraban por el simple hecho de ser mujer y que esto estaba condicionando mi carrera y la de otras mujeres investigadoras. Lo peor es darse cuenta, es algo difícil de aceptar.

¿Cuál fue la gota que colmó el vaso?

Creo que fue alrededor de 1990. Iba establecer mi investigación con peces cebra y necesitaba conseguir 200 pies cuadrados [18 metros cuadrados] de espacio en mi laboratorio para instalar las peceras. Así que fui a administración y les dije que era profesora de investigación senior y que tenía menos espacio que algunos investigadores junior. El hombre me dijo: “Eso no es cierto”. Así que cogí una cinta métrica, recorrí el edificio cuando estaba vacío, medí los laboratorios y anoté y coloreé los espacios que tenía cada persona para saber cuánto espacio tenían. Hice también una tabla con todas las sumas, así que me llevó bastante tiempo.

Pensé que así podría demostrar con datos que tenía menos sitio que los investigadores varones. Pero cuando obtuve las mediciones y se las enseñé a la persona encargada de distribuir el espacio, se negó a mirarlas. Y fue entonces cuando me convertí en una ‘activista radical’, supongo que en contra de mis deseos, como cuento en el documental.

Y desde entonces ha estado involucrada en la defensa del avance de las mujeres en la ciencia.

Sí, durante los noventa un grupo de mujeres del MIT empezamos a organizar debates y establecer comités para analizar y combatir la desigualdad. Yo presidí el primer comité entre el 1995 y 1997. En 1999, escribimos un informe, que publicamos en el boletín del MIT. No imaginamos la repercusión que iba a tener. Aún pensábamos que nuestro problema era el de unas pocas mujeres de élite en instituciones punteras que querían hacer ciencia de muy alto nivel. Por supuesto, resultó ser un problema universal. Aquello causó una gran conmoción comenzaron a pedirnos declaraciones a los medios de comunicación y muchas mujeres nos escribieron desde todo el mundo con problemas similares, lo cual ha seguido sucediendo hasta el presente.

En 2018 usted y otras colegas del MIT crearon el Boston Biotech Working Group. ¿En qué consiste y cuál es el objetivo?

El grupo lo creamos tres mujeres del MIT, yo misma, Susan Hockfield, expresidenta del MIT e investigadora de neurociencia, y Sangeeta Bhatia, investigadora de ingeniería biomédica, que además ha cofundado y forma parte del consejo asesor de varias firmas de biotecnología. Entre los 39 miembros del grupo, están los principales grupos de capital riesgo, ejecutivos de la escena biotecnológica de Boston, investigadores del MIT, responsables políticos y administradores académicos.

Estamos trabajando para aumentar el número de mujeres que formen parte de los consejos de administración de las empresas de biotecnología y abrir más vías para que las investigadoras funden sus propias compañías.

Este grupo ha publicado un estudio que demuestra con datos la poca representación de las investigadoras del MIT en el sector de la biotecnología.

Nuestro estudio indica que entre 2000 y 2018, las investigadoras del MIT solo participaron en el 9 % de los eventos del MIT relacionados con biotecnología y otras industrias y que si las mujeres emprendedoras hubieran fundado empresas al mismo ritmo que los hombres, habrían lanzado 40 empresas más fuera del MIT en el mismo periodo de tiempo. Así que había que hacer algo para que las cosas comenzaran a cambiar.

Volviendo al documental Picture a Scientist. Algo que me dejo impactada es el comportamiento de Francis Crick con usted cuando era una joven investigadora en prácticas en el laboratorio de James Watson [Watson y Crick ganaron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por la estructura del ADN en 1962].

Si, bueno, lo que ocurrió fue que Francis Crick vino de visita al laboratorio para dar una charla. Yo tenía 19 años y estaba emocionada porque creía que tanto Watson como él eran genios. Estaba sentada en el pequeño laboratorio en el que trabajaba, entró Crick, me tocó los pechos y a continuación me preguntó como si nada: “¿En qué estás trabajando?”. Me quedé tan estupefacta y avergonzada que no supe qué decir o hacer.

En ese momento, solo me preocupaba que Jim Watson lo viera y que pudiera afectar a mi relación de estudiante-mentor con él —no lo vio, por cierto—. Yo admiraba mucho a Watson y me habría mortificado si lo hubiera visto. Tampoco quería avergonzar a Crick. Quería estar segura de poder interactuar con él científica y socialmente más adelante, sin que quedara ningún residuo de vergüenza. Así que hice como si no hubiera pasado nada.

Además, ¿a quién se lo iba a decir y qué iba a decir?, era una época diferente. El término ‘acoso sexual’ no existía. Ni siquiera yo sabía lo que era.

Un comportamiento así hoy sería inadmisible. Algo se ha mejorado, ¿no?

¡Sí! Ahora es muy diferente. Las mujeres pueden hacer cualquier cosa. Aunque sigue siendo más difícil para nosotras debido a las mayores responsabilidades familiares y a algunos prejuicios de género que aún existen, pero todo es mucho mejor ahora.

Mi generación —tal y como describíamos en nuestro informe de 1999— descubrió cómo el sesgo inconsciente da lugar a la exclusión, la marginación y la infravaloración de las científicas, y cómo esto conduce a desigualdades en la distribución de los recursos y la compensación para las mujeres. En aquel momento, pedimos al MIT que solucionara estos problemas mediante un seguimiento y una medición constantes, y que luego se ajustara para garantizar la equidad.

¿Cree que las nuevas generaciones de científicas son más exigentes?

¡Claro! Hoy las jóvenes investigadoras piden mucho más. Esperan que la institución ofrezca una cultura inclusiva. No quieren tener que pedir que se les trate de forma equitativa, ni hacer el duro trabajo de señalar constantemente las desigualdades. Quieren cambiar la propia cultura, recompensando a las personas que son grandes científicas y que además saben cómo crear entornos de trabajo inclusivos.

Sin embargo, una de las cosas importantes que hay todavía que cambiar es la equiparación de las responsabilidades familiares entre las mujeres y los hombres que trabajan. También en este caso se trata de una cuestión social amplia y profunda en la que todavía se necesitan muchos cambios.

¿Qué consejo le daría a una joven que quiera dedicarse a la investigación?

¡Hazlo! ¡No lo dudes! Ser científica ha sido el mayor privilegio de mi vida. Es la profesión más apasionante que conozco. Cualquiera que consiga ser científica es una persona afortunada.

Fuente:  https://www.agenciasinc.es/Entrevistas/Lo-peor-es-cuando-te-das-cuenta-de-que-te-infravaloran-como-cientifica-por-ser-mujer

martes, 27 de abril de 2021

La primera vuelta al mundo, una hazaña de Elcano y Magallanes que sigue encendiendo el debate cinco siglos después


El regreso de Juan Sebastián de Elcano a Sevilla, obra de Elías Salaverría Inchaurrandieta
Cuando salió de Sevilla, el objetivo de Magallanes era encontrar un paso hacia el Pacífico y llegar a las islas de las especias, pero antes de alcanzarlas murió, hace ahora 500 años. Quien lo logró fue Elcano, que decidió volver por el Índico, a través de aguas portuguesas prohibidas. Los dos comandaron una empresa comercial que cambió la imagen de la Tierra. ¿De quién fue el mérito? Los historiadores no se ponen de acuerdo.

“Este testigo estaba a la sazón junto con él, a su lado, y lo vio matar de saetadas [a flechazos] y de una lanzada que le dieron por la garganta”. Así relata cómo fue la muerte de Magallanes uno de los 18 supervivientes que completó la primera vuelta al mundo, el marinero griego Nicolás de Nauplia, según recoge un documento del Archivo General de Indias.

El capitán general Fernando de Magallanes perdió la vida el 27 de abril de 1521 en la isla filipina de Mactán luchando, con medio centenar de hombres, contra 1.500 indígenas encabezados por el jefe Lapulapu, hoy un héroe en Filipinas.

“La participación de Magallanes en las batallas locales se debió principalmente a su amistad con Humabon (rey de Cebú), al que había bautizado y con el que había hecho un pacto de sangre, aunque también era una oportunidad para mostrar la superioridad militar española sobre los nativos”, explica el historiador filipino Danilo Madrid Gerona, autor de Ferdinand Magellan y director del Magellan-Elcano Studies Center en la Partido State University (Filipinas).

Castellanos y portugueses se habían repartido el mundo en dos mitades, trazando una línea en el Atlántico. El problema es que en el otro lado de la Tierra se encontraban las valiosas islas de las especias, las Molucas, y las dos potencias las consideraban suyas

El cronista oficial de la expedición, el italiano Antonio Pigafetta, también indica en su diario que Magallanes “traía ciertas islas de merced perpetua [se las podría quedar, según el acuerdo con la corona de Castilla], barruntándose que quería tomar entre ellas Cebú”. “La fascinación por su riqueza fue una de las razones por las que perdió tanto tiempo aquí”, añade Gerona.

¿Pero hacia dónde se dirigía? ¿Cuál era el objetivo de la expedición? La historia es conocida. Aunque hoy resulte extraño, los castellanos y los portugueses se habían repartido el mundo en dos mitades, trazando una línea en mitad del Atlántico que separaba un hemisferio occidental para Castilla y otro oriental para Portugal. El problema es que en el otro lado de la Tierra —que ya se intuía que era redonda— se encontraban las valiosas islas de las especias, las Molucas, y las dos potencias consideraban que se localizaban en su zona.

Tras discutir con el rey de Portugal, Magallanes fue en 1518 al de Castilla, un jovencísimo Carlos I (por entonces tenía 18 años), y le convenció para organizar una armada de cinco naves para buscar un paso por Sudamérica y llegar por occidente a la también llamada Especiería, tratando de demostrar que estaba en la parte castellana.

Las naos con unos 250 hombres partieron de Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, en septiembre de 1519 y lo que ocurrió después es digno de una buena serie o novela de ficción (ya hay varias), pero ocurrió de verdad: secretos, traiciones, un motín, ajusticiamientos, naufragios, deserciones, muerte por hambre y enfermedades como el escorbuto... y, sobre todo, grandes descubrimientos como el del estrecho de Magallanes.

Retratos de Juan Sebastián Elcano y Fernando de Magallanes, protagonistas de la primera vuelta al mundo. / Nahia Blanco Iturbe/Alamy

 El tornaviaje imprevisto de Elcano

Tras la muerte de Magallanes, el capitán vasco Juan Sebastián Elcano (que estuvo a punto de ser ahorcado por participar en el motín) asume el mando de la nao Victoria y llega por fin a las Molucas, carga el clavo y otras especias, y decide algo que no estaba previsto: no volver por donde habían venido, sino por aguas inexploradas del Índico sur adentrándose en la zona portuguesa.

La idea era dar la primera vuelta al mundo de la historia, algo que consiguió al regresar a Sanlúcar en septiembre de 1522. A pesar de la pandemia, en la actualidad multitud de actividades se siguen organizando para celebrar el V Centenario de aquel viaje que cambio la imagen de la Tierra y abrió paso a la globalización.

“Yo asignaría un 90 % del logro de la circunnavegación a Magallanes, que fue quien conceptualizó, planeo y dirigió la expedición casi hasta su final, lidiando con muchas preocupaciones y superando obstáculos terribles, incluidos motines y hambre”, apunta Gerona. “Elcano, que recibió el máximo honor, fue solo el afortunado superviviente que solo tuvo que dirigir el barco de regreso. Su única obligación era regresar sano y salvo, aunque eso hay que reconocérselo”, continúa.

El académico e historiador portugués José Manuel García considera que es difícil dar porcentajes, pero apunta: “La iniciativa de la expedición fue de Magallanes y bajo su dirección se realizó la parte más difícil y original del viaje: la que transcurrió entre el Río de la Plata y Filipinas, donde se dio cuenta de la verdadera dimensión de la Tierra, probando experimentalmente su esfericidad y que era circunnavegable”. 

No quita méritos a Elcano como artífice exclusivo de la segunda parte del viaje, pero recuerda que no cumplió con las instrucciones dadas por Carlos I: “Prefirió seguir adelante con la ilegalidad de atravesar la parte portuguesa del mundo, antes de volver por el Pacífico, cuyo camino de regreso aún se desconocía, como Gómez de Espinosa (capitán de la nao Trinidad que quedó reparándose en las Molucas) intentó luego en vano”.

Magallanes no habría vuelto por el Pacífico

“Si no hubiera muerto, no tengo ninguna duda de que Magallanes habría cumplido las órdenes y vuelto por el Pacífico —añade—, ya que quería realizar e inaugurar una nueva ruta con España por la zona castellana. Por tanto, nunca hubiera realizado un viaje directo alrededor del mundo, pero considero (al igual que otros historiadores), que lo hizo de forma indirecta: cuando llegó a Filipinas ya se encontraba muy cerca de las Molucas, donde había estado en 1512 cuando se embarcó en la armada de António de Abreu [que salió el año anterior desde Malaca, actual Malasia]”. Así lo recoge en su libro Fernão de Magalhães - héroe, traidor o mito.

Pero no todos los autores están de acuerdo: “Si fuera cierto que Magallanes se embarcó en la expedición de Abréu de 1511, es verdad que sería el primero en recorrer la circunferencia terrestre, aunque en dos mitades. Pero no hay ninguna prueba de que esto fuera así, por lo que lo único acreditado es que le faltaron unos 2.500 km para conseguirlo, que es la distancia entre Malaca (donde sí estuvo Magallanes) y Cebú”, apunta el ingeniero Tomás Mazón, autor de Elcano - Viaje a la historia y de una de las webs más visitadas sobre la primera vuelta al mundo: rutaelcano.com.

“Y lo mismo ocurre con Enrique, el esclavo de Magallanes que Pigafetta decía que era de Sumatra. Se quedó en Cebú y eso es lo último que sabemos de él, así que le faltó un tramo para completar la circunnavegación en dos etapas. Cualquier otra teoría no está acreditada”, insiste el ingeniero.

“Y sí es verdad que Elcano decidió violar el Tratado de Tordesillas, pero no porque considerara esa alternativa de vuelta como más ventajosa bajo criterios de supervivencia, sino porque era la que llevaba a dar la vuelta al mundo”, subraya Mazón, quien tiene claro el papel del navegante español.

“La idea y voluntad de dar la vuelta al mundo es al 100 % de Elcano. Magallanes se habría sorprendido de que convirtiera su viaje a la Especiería en el de la primera vuelta al mundo. Sin embargo, el mérito de lograrla correspondería al 50 % a cada uno, porque bajo el mando de Magallanes se alcanzaron logros enormes, como encontrar el estrecho que lleva su nombre y atravesar por primera vez el Pacífico, y sería muy injusto no reconocérselo”, subraya.

La catedrática María Dolores Higueras Rodríguez, miembro de la Real Academia de la Historia Española y coordinadora de la obra La vuelta al mundo de Magallanes-Elcano, destaca la importancia del marino español: “El liderazgo de Elcano supone, además del logro final del viaje, un giro gigantesco para el tornaviaje de la flota de la especiería, tan maltrecha que no tiene más opción que emprenderlo por la zona portuguesa. Logró navegar con su pequeña nao por el paralelo 40 del Índico sur, la terrible ruta de los 40 Rugientes, uno de los lugares más peligrosos del planeta”.

“Magallanes nunca hubiera tomado esta vía, pues su vida hubiera peligrado al ser buscado por los portugueses como un traidor a su patria de origen. De haber sobrevivido —dice—, la primera vuelta al mundo habría tenido que esperar y quizá la expedición intentando el retorno por el Pacífico se habría perdido para siempre, sin dejar memoria de sus logros”.

Terribles pérdidas de vidas humanas

Higueras destaca que la empresa que muchos consideraron imposible se culminó con éxito, aunque a costa de terribles perdidas de vidas humanas y de buques.

“Solo regresó la nao Victoria al mando de Elcano, pero repleta de valiosa información científica que cambiaría para siempre la imagen del mundo y un cargamento de especias tan valioso que su venta sufragó con creces la fabulosa inversión que la Corona y algunos particulares se gastaron para armar esta colosal empresa. Pero ambos, Magallanes y Elcano, fueron cualificados y expertos marinos con gran capacidad de mando, dos visionarios que buscaban la gloria y nos mostraron una nueva imagen del mundo”, destaca la experta.

 Desde la Universidad de Harvard (EE UU), la historiadora Joyce E. Chaplin, autora de Round about the Earth, hace una reflexión final: “La circunnavegación de Magallanes-Elcano puede parecer un paso adelante interesante para la humanidad en términos de avance en el conocimiento del globo, de las dimensiones físicas y la configuración del planeta, pero, por otra parte, ambos hombres comandaron lo que fue una empresa abiertamente imperial, un intento de invadir territorio y reclamar bienes que pertenecían a otras personas”.

“Obviamente vivimos con ambos legados —reconoce—, la constante necesidad de descubrimientos sobre el planeta Tierra y también el terrible daño del imperialismo occidental. Separarlos, hacer que la ciencia y la exploración estén libres de racismo e imperialismo, es una labor fundamental”.

Quizá nunca se puedan confirmar todas las razones que llevaron a Elcano a tomar su decisión, pero en la carta que escribió al rey Carlos I nada más llegar a Sanlúcar apunta a un motivo: “Sabrá vuestra alta majestad que hemos llegado 18 hombres solamente con una de las cinco naves que mandó a descubrir la Especiería con el capitán Fernando de Magallanes, que gloria haya [...] y lo que más hemos de estimar y tener es que hemos descubierto y redondeado toda la redondez del mundo, yendo por occidente y viniendo por oriente”.

Más información: https://www.agenciasinc.es/Reportajes/La-primera-vuelta-al-mundo-una-hazana-de-Elcano-y-Magallanes-que-sigue-encendiendo-el-debate-cinco-siglos-despues

 

miércoles, 24 de marzo de 2021

“Vamos a por una vacuna intranasal y de una sola dosis muy potente”

El virólogo Luis Enjuanes, en el Centro Nacional de Biotecnología del CSIC. / CNB-CSIC Comunicación

 La vida del virólogo del CSIC ha cambiado mucho desde hace un año. El científico dirige el desarrollo de un prototipo de vacuna contra el SARS-CoV-2 que protegerá contra la infección y la transmisión del virus, y que podría estar lista para principios de 2022.

 Luis Enjuanes vive a contrarreloj desde hace un año. A sus 76 años, lidera un equipo de 16 personas cuyo objetivo es terminar la que podría ser una de las mejores vacunas contra el SARS-CoV-2. Por varias razones: 1) Es autoamplificable, lo que significa que la dosis de ARN que se inyecta puede multiplicarse por 5.000 veces dentro del organismo. 2) Genera una inmunidad esterilizante, es decir, las personas vacunadas no solo no enferman, sino que tampoco se infectan ni transmiten el virus. 3) Su administración podría ser intranasal, lo que da mayor protección en las vías respiratorias, la principal puerta de entrada del coronavirus.

Enjuanes, que desarrolla su actividad en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), prevé que su vacuna estará lista en un año. “Saldremos más tarde, pero con todo actualizado”, afirma. Se refiere, por ejemplo, a que en los ensayos han incorporado las mutaciones de las variantes del SARS-CoV-2 de Reino Unido, Sudáfrica y Brasil.

Más allá de su investigación, el virólogo explica por qué este coronavirus es más letal que otros, augura nuevas epidemias y cambios en nuestro modo de vida, y da por hecho la irrupción de las vacunas españolas en la lucha contra la covid-19. Nada más empezar, advierte: “Ahora no podemos bajar la guardia”.

Después de un año de pandemia, ¿cómo valora el momento actual?

Estamos en un momento relativamente optimista; hay tres vacunas que ya se administran y la Unión Europea acaba de aprobar la de Janssen. Esto es lo más importante; la vacunación es la única forma frenar la pandemia de forma masiva. Las vacunas de Pfizer, Moderna y AstraZeneca son efectivas, pero no perfectas: hay que dar dos dosis y la gente vacunada, aunque está protegida de sufrir una patología intensa y morir por covid, también se infecta y puede diseminar el virus. Hay que llegar al 70 % de la población inmunizada. Las cifras han bajado, pero ahora no podemos bajar la guardia y dilapidar la labor que la mayoría de la población y las instituciones están realizando. Si esperamos 2-3 meses más, solucionaremos el problema. Con el 70 % vacunado, el virus se extingue de forma natural: cuando va a infectar a una persona, fracasa en el 70 % de los casos.

Además de cierto optimismo, la vacunación está generando interés respecto a las tres vacunas que se desarrollan en el CSIC. ¿En qué fase está la suya? ¿Cuándo estará finalizada?

La nuestra es una vacuna original, no se ha hecho ninguna de este tipo. Está basada en la manipulación genética del propio SARS-CoV-2, del que hemos derivado un replicón de ARN [que multiplica la dosis génica que desencadena la protección]. Esa parte ya está definida, pero necesitamos tecnologías complementarias para la administración de la vacuna. Tenemos que combinar ambas cosas y comprobar que todo funciona, que la vacuna es estable y segura. De aquí al verano realizaremos los ensayos con ratones y hámster. Si todo va bien, haremos lo mismo con macacos. Creo que estará lista en el primer trimestre de 2022, entonces habremos obtenido datos de ensayos clínicos para probar la seguridad de la vacuna y poder administrarla entre la población. Nos gustaría ir más deprisa, pero es un modelo nuevo y requiere tiempo.

Nos cuesta entender los ritmos de la ciencia, aunque precisamente lo que más nos preocupa es la seguridad de las vacunas. Para garantizarla es necesario realizar sucesivos experimentos con animales y ensayos clínicos en humanos.

Así es. Generalmente, una vacuna tarda 10-15 años en desarrollarse. Ahora las multinacionales están trabajando con equipos de unas 600 personas, grandes instalaciones y muchos recursos económicos para ir más rápido. A nosotros no nos ha faltado financiación en estas primeras fases, y tanto el CSIC como el Ministerio de Ciencia nos apoyan mucho, pero tenemos que completar la investigación para una vacuna nueva. Otras, como la de AstraZeneca o la que desarrolla Mariano Esteban, se basan en vectores conocidos y por tanto aprobados por las agencias reguladoras de medicamentos. Eso les permite correr más. Nosotros, antes de hacer la vacuna contra el SARS-CoV-2, ya habíamos desarrollado otra [similar] para el virus MERS que era muy eficaz en los modelos animales experimentales. Inducía una inmunidad esterilizante: cuando inmunizamos a ratones humanizados [modificados genéticamente] y tratamos de infectarlos tres semanas después, el virus no podía entrar porque estaban muy bien protegidos. Eso no ocurre con las otras vacunas.

Por un lado está entonces el corazón de la vacuna, que ustedes ya han diseñado a partir de la ingeniería genética, y por otro, la tecnología que facilita su administración, una especie de cápsulas que cubren el ARN para que no se degrade y pueda penetrar en las células.

Exactamente. Esos recubrimientos pueden ser de distinta naturaleza y ya están fabricados, pero hay que combinarlos con el corazón de la vacuna, lo que lleva la maquinaria de amplificación del ARN que provoca la expresión de proteínas que inducen protección. Al combinarlos, queremos ver cuál es el método más efectivo. Por ejemplo, las vacunas de Moderna y Pfizer, basadas en moléculas de ARN mensajero, necesitan conservarse a 20 ºC bajo cero; sin embargo, la compañía alemana CureVac se ha aliado con Bayer para sacar otra vacuna de ARN mensajero a la que han añadido un excipiente que hace que pueda almacenarse a 4 ºC en el frigorífico de casa. Moderna y Pfizer acabarán hablando con CureVac para que les traspase esa tecnología. Lo que quiero decir es que no solo estamos haciendo una vacuna, sino casi 30 variantes para seleccionar el prototipo más seguro y eficaz.

Su vacuna se basa en un replicón sintético de ARN, algo intermedio entre las vacunas de Pfizer y Moderna, que son sintéticas, y las que se basan en virus, es decir, organismos vivos.

Sí. Tenemos dos versiones y ambas se basan en el mismo replicón, derivado del genoma del virus, al que hemos quitado una colección de genes. Como resultado, ya no es un virus porque no se puede propagar e ir infectando a personas o animales. Eso nos da la seguridad de que no va a revertir a una entidad virulenta. Llevamos muchos años trabajando en vacunas y sabemos que hay muchas basadas en virus vivos atenuados que funcionan muy bien. Pero como los virus se reproducen a una gran velocidad, existe la posibilidad de que alguno logre hacerse virulento. Además, nuestra vacuna incluye un ARN muy grande que lleva el ‘motor’ para autoamplificarse: si damos 1 microgramo, una vez que entra en las células del cuerpo humano, puede ‘fabricar’ entre 1.000 y 5.000. Eso tampoco lo hacen las de Moderna o Pfizer.

¿Cómo se administrará su vacuna?

Hemos utilizado una ruta de administración intranasal, pero las agencias que controlan la seguridad de los medicamentos prefieren la intramuscular, que se ha usado más y es segura. Sin embargo, no es la más adecuada porque induce una inmunidad general en todo el organismo, sistémica, y menos fuerte en las mucosas. Las mucosas (nasales, oculares, respiratorias, etc.) son espacios abiertos al exterior y la inmunidad en esas zonas se induce mejor localmente, presentando ahí el antígeno [la sustancia que provoca la respuesta inmunitaria; en este caso, la vacuna]. Este virus entra prioritariamente en nuestro organismo a través de las vías respiratorias, por eso si administras la vacuna intranasalmente, inmunizas esa zona y la protección es mayor. Esto lo vimos con el prototipo vacunal que desarrollamos para el MERS que vino de Oriente Medio; su eficacia era muy alta porque generaba una inmunidad fuerte. A cambio, hay que hacer más ensayos para demostrar la seguridad. Tenemos dos vías de administración en estudio: la intranasal y la intramuscular, que se inyecta en un brazo. Varias compañías que han fabricado vacunas intramusculares están investigando vías para administrarlas intranasalmente ­–con sprays– de forma segura. Nosotros vamos a por una vacuna intranasal y de una sola dosis muy potente.

¿Existen otras vacunas contra la covid-19 que sean autoamplificables? Esta característica, además de aumentar su eficacia, ¿qué otras ventajas aporta?

Ya he dicho que esto implica que el propio sistema inmunitario puede multiplicar entre 1.000 y 5.000 veces la dosis de ARN que das al principio. Por tanto, se necesitaría una cantidad inicial mucho menor y el coste se reduciría. Los científicos de Moderna y Pfizer lo saben, pero han optado por ir deprisa y la primera versión de vacuna que han sacado no es autoamplificable. Ahora están trabajando en otras que lleven una maquinaria de autoamplificación sencilla para realizar los controles rápidamente. En contraste, la nuestra lleva el propio motor del virus y amplifica no solamente uno sino varios de sus genes. No se centra solo en el gen de la proteína S de las espículas –la más importante para inducir la protección–, también en los de otras como la nucleoproteína, que favorece una respuesta celular a través de los linfocitos T. Estos destruyen las células del organismo que han sido infectadas, entonces el virus sale al exterior y es neutralizado por los anticuerpos. Así logramos una inmunidad más amplia y potente.

En algún medio se ha afirmado que su vacuna podría estar entre las mejores del mundo. Recapitulemos, ¿cuáles son sus puntos fuertes frente a otras?

En primer lugar, no utiliza un solo antígeno para inmunizar, sino varios del propio virus. Segundo, al ser autoamplificable puede multiplicar hasta 5.000 veces la dosis inicial. Tercero, el uso de la vía intranasal aumenta su potencia porque induce inmunidad en las mucosas respiratorias, que se distingue de la inmunidad sistémica en que genera gran cantidad de inmunoglobulinas del isotipo IgA. Hay varias clases de anticuerpos. Los IgM son los primeros que se fabrican pero decaen enseguida. Luego se generan los IgG, que son de larga duración. Pero en las mucosas se producen además los anticuerpos IgA, que muestran una particularidad: tienen cuatro sitios de unión para ‘agarrar’ al virus. Cuando se unen al virus, este ya no puede soltarse, queda neutralizado. Por eso estas inmunoglubulinas IgA son más potentes, y también porque, como se han seleccionado para trabajar en medios exteriores como las mucosas respiratorias o entéricas, su naturaleza es más estable frente a la degradación. A diario ingerimos alimentos de diversa procedencia que traen muchos contaminantes; necesitamos tener una inmunidad muy potente a lo largo del intestino. Ese tracto degrada todo lo que comemos, pero también los anticuerpos, por eso es esencial que tengamos IgA tetravalentes que se unan al virus con una avidez muy alta.

¿Existe alguna vacuna que aúne estas características?

En funcionamiento, no. Pero muchas empresas ya están fabricando vacunas autoamplificables y que se administren vía intranasal. Aunque ninguna ha sido aprobada aún, no tardarán mucho en lograrlo, porque eso abarata costes y hace que sean más efectivas. Estas tecnologías se conocen y ya hay varios prototipos. Más que tecnológico, diría que el problema es lograr la aprobación, hacer productos seguros.

Ha explicado que su vacuna es autoamplificable y genera inmunidad esterilizante. ¿Cuánto durará esa inmunidad? ¿Y hasta qué punto será una vacuna eficaz frente a las nuevas cepas o variantes del virus?

Al basarse en un ARN autorreplicante, induce una inmunidad no solo de alto nivel, sino también de larga duración. En principio nuestra vacuna debería ser más inmunogénica que las que se están suministrando ahora, porque además incluye varias proteínas del virus. Ahora bien, esa duración, para cualquier vacuna que induzca una inmunidad en las mucosas respiratorias, puede ser de uno, dos o como máximo tres años. Antes comparaba la inmunidad en mucosas con la sistémica, la que dan las vacunas contra el virus de la polio, el sarampión o la viruela. Esa puede durar 20, 30 o 40 años con una sola dosis. El asunto de las nuevas variantes lo tenemos controlado. La versión en la que nos estamos centrando incluye las mutaciones de los virus del Reino Unido, Sudáfrica y Brasil, y seguramente también de alguna variante de EE UU que ha aparecido en California y Nueva York. Saldremos más tarde, pero con todo actualizado. En todo caso, si esto sigue así, habrá que actualizar las vacunas cada año, como sucede con el virus de la gripe, en función de las variantes que surjan.

Alguna vez ha afirmado que el SARS-CoV-2 es muy diferente a otros coronavirus –solo se conocen siete que infecten a humanos– y que usted mismo preveía que a estas alturas ya estaría atenuado. Sigue desconcertando la disparidad de reacciones que causa: algunos organismos enferman hasta el punto de morir y en otros la sintomatología es muy leve o inexistente.

Las razones de la gravedad de este virus son múltiples, pero destaco una: normalmente los virus son específicos de un tejido, es decir, un virus hepático produce un tipo de infección en el hígado. El SARS 1, el coronavirus de 2002, básicamente infectaba el tracto respiratorio y el tracto entérico. En general, cuando un coronavirus contagia a una célula, se une a ella, pero no entra en su interior; la proteína S de las espículas tiene que cortarse en dos sitios para que cambie su estructura, se active y penetre en la célula. Con el SARS 1, ese corte solo se podía hacer en el pulmón o en el intestino, por eso infectaba esos tejidos. Pero debido a la inserción de cuatro aminoácidos en la proteína S de las espículas, ahora se puede cortar por una enzima (la furina) que está en todos los órganos del cuerpo: pulmones, tracto intestinal, corazón, cerebro, venas, hígado, riñón, páncreas… El SARS-Cov-2 tiene lo que se llama un politropismo, puede infectarte cualquier órgano. Por eso causa como poco 50 patologías distintas.

¿Ese inserto se ha producido por una mutación del virus?

Lo correcto es decir ‘inserción’, que significa que ha adquirido un nuevo componente de otro virus o de una célula. Lo ha incorporado y por eso puede causar una variedad de patologías. Los pacientes hospitalizados suelen estar infectados en varios órganos. Este virus causa diarrea, trastornos del sistema nervioso y el comportamiento, problemas en la boca que hacen que pierdas el gusto y el olfato, trastoca el sistema circulatorio porque afecta a las células endoteliales de las venas... Y encima tiene la capacidad de infectar de forma silenciosa. A veces no te das cuenta porque no tienes fiebre, ni problemas respiratorios, ni ningún síntoma; sigues con tu vida normal y vas diseminando el virus. Esa combinación hace que sea tan mortal.      

Pero hay aspectos que generan mucha confusión. Por ejemplo, entre la gente que se ha infectado, la evolución de los anticuerpos es muy dispar y entre quienes desarrollan la enfermedad, no está claro hasta cuándo pueden seguir contagiando tras la recuperación.

Yo he hablado personalmente con José Ramón Arribas, jefe del servicio de enfermedades infecciosas del hospital de la Paz, y Rafel Delgado, director del servicio de microbiología del Hospital 12 de Octubre. Ambos están al pie del cañón y conocen muy bien la variedad de patologías que produce el virus. Su vasto conocimiento lo resumiré diciendo que las analíticas de las personas infectadas son supervariables. Algunas se infectan y enseguida enferman gravemente, otras se infectan y son asintomáticas; las hay que inducen muchos anticuerpos, frente a otras que no; hay personas que además de inducir muchos anticuerpos, les duran tiempo, mientras que en otras estos desaparecen en unas semanas. Se dan todas las combinaciones imaginables. Hay personas que se infectan, enferman y se recuperan, mientras que otras permanecen infectadas 3, 4 o 5 meses. Puede pasar cualquier cosa.

Eso también dificulta el control de la pandemia...

Por supuesto. Por eso los médicos, ante alguien con dos o tres PCRs negativas, suelen decir: ‘Váyase a casa, pero siga usando la mascarilla, tenga muchas precauciones y en unas semanas venga a hacerse otra analítica’. Hay que inculcar esa cultura de la precaución. Cuando una persona aún muestra carga viral, pero al mismo tiempo ha desarrollado muchos anticuerpos, se le pide que tenga cuidado, aunque ya vaya a trabajar porque no suele transmitir. En esto no sirven las afirmaciones rotundas, no todo es blanco o negro. A veces hay que dar normas de conducta genéricas, pero cada uno tenemos una genética y un sistema inmunitario.

Dentro de la comunidad científica, no es el único que augura otra pandemia en cuatro o cinco años, ¿verdad?

Sí, pero con un matiz: una pandemia es una infección de alcance mundial, como esta, que se ha extendido a 192 países. Lo que afirmo es que habrá epidemias restringidas a 2, 3, 5 países... Las estadísticas dicen que cada uno o dos años aparece un nuevo coronavirus o reaparece uno ya conocido en animales. En humanos surge uno nuevo cada 6-8 años, que puede ser incluso mortal, como el SARS-CoV-2. Pero afortunadamente no todo son pandemias universales, como esta o la de la gripe de 1918. Solo aseguro que volverá a haber epidemias de este u otros virus. Ahora la Organización Mundial de la Salud está prediciendo un brote de Nipah, un virus que traen los murciélagos. Lo que ha sucedido en el pasado seguirá pasando incluso con más intensidad; ahora los sistemas de transporte nos permiten estar en las antípodas en 24 horas, la densidad de la población ha aumentado muchísimo, y accedemos a espacios que antes eran inaccesibles.

Desde hace un año, vivimos en una especie de carrera por las vacunas que tiene tintes geopolíticos. ¿España estará en lo que sería la segunda ola de vacunas?

Es muy probable que la que desarrolla mi colega Mariano Esteban, que usa un vector viral con el que ya han fabricado siete vacunas, esté lista para esa segunda ola a finales de año. La de Vicente Larraga va bastante avanzada y es fácil de producir, así que podría ser la segunda. La nuestra, si todo va bien, será la tercera, pero no estará lista antes de principios de 2022.

A raíz de esta pandemia, ¿tendrá la ciencia un mayor protagonismo en la esfera política?

Se está reflexionando mucho sobre esto porque la pandemia ha puesto la salud global en peligro, ha causado gran impacto socioeconómico, los medios de comunicación están volcados en su evolución… Lógicamente, quienes toman las decisiones políticas lo hacen de acuerdo con las urgencias y necesidades creadas por la crisis. Me consta que en España se están haciendo verdaderos esfuerzos por impulsar la ciencia y prepararnos mejor para otras epidemias o pandemias, a través de métodos de diagnóstico precoz, investigación en antivirales, inmunoterapias y nuevas vacunas. Sí, creo que esto va a suponer un antes y un después, aunque, como ocurre siempre, decaerá el momentum actual.

¿Cree que hasta cierto punto esta crisis nos va a cambiar la manera de vivir?

Creo que sí. Ha afectado mucho a nuestro modo de vida, a la vida familiar y social, al ocio… La gente se va a volver más precavida. Hemos aprendido que con el uso de la mascarilla, la desinfección de manos y el mantenimiento de la distancia de seguridad disminuyen drásticamente las infecciones por gripe y otras. Llevar mascarilla va a ser más frecuente entre quienes viajen en medios de transporte o vayan a lugares de gran afluencia, sobre todo en determinadas etapas del año en las que aparecen los virus estacionales. Yo pienso utilizarla más a menudo en algunos espacios públicos. Creo que el segmento de la población que es más prudente va a cambiar sus hábitos de vida significativamente.

¿En qué ha cambiado su vida en el último año?

Me ha cambiado mucho. Yo estaba empezando a reducir mi actividad científica, pero para los que somos especialistas en coronavirus resultaba duro abandonar el barco en estas circunstancias. Por eso seguimos trabajando. He extendido mi periodo como ad honorem hasta que vea que la situación está encarrilada y que la dirección del laboratorio queda en buenas manos. Las 16 personas que lo configuramos estamos trabajando al máximo. Esta situación nos ha reunido a todos en torno a un proyecto central: la obtención de la vacuna.

Fuente: https://www.agenciasinc.es/Entrevistas/Vamos-a-por-una-vacuna-intranasal-y-de-una-sola-dosis-muy-potente