La trágica y no muy conocida historia de 2.000 gallegos que fueron
engañados para emigrar a Cuba y luego vivieron en condiciones de
esclavitud
Una representación de una plantación de tabaco en Cuba con mano de obra esclava, hacia 1840
Bettmann / Getty
El 29 de noviembre de 1781 el Viceministro de Justicia del Imperio
Británico declaraba: "Los negros son cosas. Como cualquier otra
propiedad, tirar un negro al mar es como tirar un caballo". Ese mismo
año el buque negrero Zong partió de Ghana rumbo a Jamaica con 442
esclavos. 3 meses después divisaron su destino pero, pensando que era la
isla La Española, se desviaron de rumbo, por lo que se quedaron sin
agua potable, lo que provocaría la muerte de su carga. Pero las
coberturas de su seguro no cubrían ese tipo de muerte, así que
decidieron tirarlos por la borda y declararlos como perdida de carga. Tres días después, 142 esclavos fueron arrojados al mar Caribe.
A pesar de que en 1815 se firmaba un acuerdo que abolía la trata de
esclavos, medio Siglo después todavía llegaban a Cuba 10.000 esclavos
cada año. Entre ellos, miles de gallegos que fueron esclavizados en la
isla. Esta es la trágica historia de los 2.000 gallegos que fueron esclavos en Cuba.
Cuando la noticia de lo ocurrido en el buque negrero Zong se hizo
pública se desencadenaron algunas acciones que sentarían las bases en
todo el mundo del movimiento por los Derechos Humanos. Pero no sería
hasta el 8 de febrero de 1815, en una declaración firmada por ocho
potencias europeas durante el Congreso de Viena, cuando se aboliría “oficialmente” el comercio de negros, aunque tan solo “de boquilla”.
En 1860 todavía llegaría a Alabama el último barco negrero de la
historia de Estados Unidos, el Clotilde, con más de un centenar de
esclavos capturados en África.
En esta situación de “semi-abolición” nos encontramos con el triste protagonista de nuestra historia: Urbano
Feijóo de Sotomayor, un noble nacido en Viana do Bolo, Ourense, que
había hecho fortuna en Cuba gracias al azúcar y el café, y que
tenía varias haciendas en propiedad en la isla. Su negocio necesitaba
mucha mano de obra, y muy barata. Pero las nuevas leyes contra el
tráfico de negros y la bajada en los precios del azúcar, hacían que
tener esclavos dejara de ser rentable.
Así que tuvo una idea genial: captar a emigrantes gallegos para trabajar en Cuba. Urbano afirmaba: “Un
gallego hace el mismo trabajo que dos negros por el precio que cuesta
un esclavo, así que obtendré el doble rendimiento del que ofrece un
esclavo y mucho más que lo que podría esperar de un negro jornalero con
los precios de hoy”.
Movido por lo que él decía que era un pensamiento filantrópico, puso en marcha su nueva empresa, la “Compañía Patriótica Mercantil de Inmigración”,
y para conseguir el apoyo del Gobierno, escribe un libro llamado: “Isla
de Cuba. Inmigración de trabajadores españoles”, en el que se muestra
como un buen hombre que quiere ayudar a los miles de gallegos que todos
los años emigran de su tierra, y que podrían proveer de mano de obra a
la isla de Cuba, en aquella época todavía colonia española.
Urbano Feijóo de Sotomayor. https://www.todocoleccion.net
El empresario decía querer llenar la isla de gallegos para ayudar a crecer el país, y proponía un viaje pagado, cómodo,
con un tiempo de aclimatación asistido a su llegada y un trabajo
seguro, bien remunerado y con los días y horas de descanso suficientes.
Además, a cada emigrante se le entregarían tres camisas, un pantalón,
una blusa, un par de zapatos y un sombrero de paja…
El Gobierno dio su visto bueno a la idea, y Urbano obtuvo el derecho a transportar trabajadores libres durante 15 años bajo la vigilancia y la tutela de las autoridades.
Así fue como el 10 de marzo de 1854, a bordo del trasatlántico “Villa
de Neda”, llegaban al Muelle de Caballería de La Habana los primeros
314 gallegos. Se sumaban a canarios, chinos o indios como mano de obra
para la construcción del ferrocarril, la recogida de caña de azúcar y
los cafetales, pero en unas condiciones igual o peores que las que tenían los esclavos.
La mayoría de estos emigrantes no sabían leer ni escribir por lo que, sin saberlo, habían firmado unas cláusulas abusivas gracias a las cuales podían quitarles el pasaporte o sufrir castigos corporales si no cumplían con sus obligaciones.
Entre marzo y agosto de 1854, se produjeron ocho expediciones de “colonos gallegos”, con un total de casi 2.000 hombres, pero las idílicas condiciones que había planteado Urbano, como ya sabemos, no se iban a cumplir. A su llegada, los gallegos eran recibidos en centros de aclimatación, simples barracones inmundos, desde donde eran vendidos para ser enviados a plantaciones y haciendas en condiciones infrahumanas:
recibían la cuarta parte del salario prometido, las condiciones de
trabajo eran deplorables, las jornadas eran agotadoras e interminables, eran encadenados y recibían castigos físicos salvajes.
Dos meses después de la llegada de los primeros gallegos a Cuba ya habían fallecido más de trescientos, así que se rebelaron, pero fueron duramente castigados.
Los que consiguieron huir se refugiarían con esclavos fugitivos o
deambularían como mendigos por la isla. Además, los hacendados
consideraban a los gallegos de su propiedad, por lo que el ejército fue movilizado por el Capitán General de Cuba para darles caza por toda la isla.
El libro de Urbano Feijóo. https://www.rtve.es/
Pero algunos de ellos envían cartas a sus familias y, cuando empiezan a llegar a Galicia las noticias del horror, se informa a las autoridades de lo que allí estaba ocurriendo. Estalla el escándalo al descubrirse que el proyecto de Urbano es esclavitud encubierta. En una de las cartas se contaba alguna de las tragedias que les había tocado vivir: “Tan
solo pidieron pan, y para castigar ese impulso, mandaron encerrarlos en
fétidas estancias, desnudos, cargados de cadenas y alimentados con
carne descompuesta que los africanos rehusaban, además de obligarles a
trabajar quince horas diarias”.
Ante tal vergonzoso escándalo el Congreso dio orden de clausurar la empresa, liberar a los gallegos,
rescindir los contratos y llamar a Urbano al orden para dar
explicaciones, aunque nunca se le exigieron responsabilidades ni
reparación de deudas. Curiosamente Urbano fue reelegido como Diputado en
el Congreso y cobró la subvención de 140.000 pesos que concedía la
Junta de Fomento…
No sabemos si Rosalía de Castro tuvo conocimiento de la Empresa
Patriótica Mercantil, pero todo parece indicar, gracias a estos versos,
que cuando publicó “Follas Novas” en 1880 conocía la historia:
Galicia está probe i á Habana me vou ¡Adiós, adiós prendas do meu corazón!
Urbano Feijóo Sotomayor fallecía en Viana do Bolo el 10 de agosto de
1898, dejando tras de sí un oscuro legado y una triste historia.
Pese a que la esclavitud fue completamente prohibida en 1948 por la
Declaración de Derechos Humanos de la ONU, su práctica sigue vigente. En
la actualidad hay más personas en situación de esclavitud que en cualquier otro período de la historia, casi 30 millones de esclavos.
El Departamento de Estado de los Estados Unidos de América estima que
cada año más de 600.000 hombres, mujeres y niños son víctimas de tráfico
de personas a través de fronteras internacionales. No nos olvidemos de
ellos.Fuente: https://www.elespanol.com/quincemil/articulos/cultura/los-2-000-gallegos-que-fueron-esclavizados-en-cuba
Apellidos ilustres y grandes fortunas españolas se forjaron con la
lucrativa y olvidada trata de personas entre África, la península y
América
La mulata, obra de Diego Velázquez (imagen recortada).
Cervantes comparaba Sevilla con un “tablero de ajedrez” y Lope de
Vega llamaba a las negras y mulatas “los lunares de Sevilla”. Velázquez y
Murillo tenían esclavos negros como ayudantes en sus talleres. El
padrastro del Lazarillo de Tormes era un hombre negro –Zaide–, de origen
esclavo.
Quevedo escribió un poema sobre la boda de dos esclavos en el
que ya relacionaba a los negros con la suciedad, el pecado y lo demoniaco.
Goya pintó a su musa, la Duquesa de Alba, con su “Negrita”, una niña
que había comprado sólo para concederle la libertad. Incluso Sancho, en
El Quijote, propone la idea de importar esclavos africanos a España para
luego darse a la buena vida. La realidad multirracial, y esclavista, en
España fue algo más que un hecho anecdótico.
La historiografía española, bastante cegada con grandes
hazañas bélicas y otras conquistas, no había mostrado mucho interés por
esto hasta los años ochenta. Y después quedó reservado a un grupo de
estudiosos. En el imaginario colectivo, en la cultura general, en los
libros de texto, el pasado multirracial español sigue olvidado. No es
algo aislado de la literatura del Siglo de Oro o posterior, ni que los
pintores o cronistas de la época quisieran dar un toque exótico a sus
producciones. Es Historia de España.
Probablemente, para una sociedad que durante siglos presumió de la
supremacía espiritual católica, la esclavitud fue una mancha que se
intentó borrar encarecidamente. El antropólogo Ángel Baldomero Espina
Barrio es uno de los mayores expertos en el tema. En un trabajo sobre la
trata de esclavos en en el siglo XVI en Medina del Campo (Valladolid),
alude al interés de la historiografía española en “mejorar la imagen de
un imperio que había sido difamado por una injusta leyenda negra y que procuraba mejorar su autoconciencia oponiendo una también falaz leyenda blanca”.
Olvidar nuestro pasado esclavista y multiétnico no es circunstancial
ni caprichoso: blanquea nuestro mestizaje cultural y genético. Y sin
duda, subestima la gran contribución económica que supuso la esclavitud.
La trata de esclavos financió en gran medida el desarrollo industrial
de Cataluña y el País Vasco en la segunda mitad del siglo XIX con la
llegada de grandes capitales del tráfico negrero a manos de los indianos
venidos de América.
No somos responsables de la Historia, pero sí de cómo la recordamos. Así llegamos a 2020: sin haber abordado ningún tipo de debate público acerca del pasado esclavista de nuestro país. España y Portugal son los únicos países europeos que no han tratado su responsabilidad histórica en el comercio de seres humanos. Así llegamos a 2020: con una aparente amnesia en el sistema educativo español, sin aceptar nuestra herencia multirracial y como sociedad que no se percibe racista.
El racismo Para alguna gente puede resultar una novedad ver negros por las calles, pero la verdad es que apenas hemos estado 200 años sin ellos. La inmigración que hemos vivido en los últimos 20 años es una repetición, de distinta manera y en menor número, de lo que ya ocurrió. La desconfianza o desinformación de la clase trabajadora que ve al inmigrante como un competidor son algunas de las razones actuales para el racismo y la xenofobia en nuestro país. Instituciones como Amnistía Internacional o SOS Racismo denuncian que se producen en España unas 200 agresiones físicas racistas al año, sobre todo perpetuadas por grupos neonazis o de ultraderecha. Pero por lo general, el racismo es mucho más sutil.
Negro era –y es– una palabra baúl que servía para africanos
subsaharianos, pero también para moriscos, mulatos, guanches y gitanos.
Se engloba a todos con el eufemismo aséptico de morenos. Separaba lo blanco de todo lo demás, a pesar de las dificultades fenotípicas para perfilar eso de la raza española.
Lo novedoso a partir del siglo XVI es la alusión al color de piel, en
lugar de la discriminación territorial, cultural o religiosa como venía
pasando en las trifulcas medievales entre el cristianismo y el islam. El
hecho biológico de ser negros –de no ser blancos– venía a decir que
eran esclavos por naturaleza, convirtiendo la palabra negro en sinónimo de esclavo durante cuatro siglos.
El proceso de racialización que se lleva a cabo durante la
esclavitud moderna viene muy ligado al de deshumanización. La condición
“no humana” de los esclavos se fue relacionando con el color de su piel,
hasta el punto de que ya no importaba si la persona era esclava o no.
En la negritud está el estigma, pues la ascendencia no-blanca queda indeleble e imposible de borrar.
La esclavitud fue moneda de uso corriente a lo largo de toda la
Historia. En España, la primera vez que aparece escrita es con la
legislación romana, pero se supone que ya existía de mucho antes.
Aristóteles admitía que había causas justas para esclavizar pues “cuando
uno es inferior a sus semejantes se es esclavo por naturaleza”. Estos
hombres y mujeres, lo mejor que podían hacer era someterse a la
autoridad de un señor. Se convierten en esclavos los cautivos de guerras
o los que tenían deudas y los nacidos de madre esclava, exponía en el
siglo XIII Alfonso X El Sabio en el documento de las Siete Partidas.
Las ideas del racismo científico europeo, una pseudociencia vigente
hasta el siglo XX, determinaba que las capacidades intelectuales y
morales del individuo venían dadas genéticamente. Defendían la
superioridad de unas razas sobre otras. Era la corriente racista más
segregacionista y fue aplicada en los países anglosajones, sobre todo
EE.UU., Sudáfrica y Reino Unido, que consideraban el mestizaje una
impureza de sangre. En España, esta corriente tuvo ciertas dificultades
porque la pureza se definía más bien en contraposición al moro o al judío, es decir, por linajes de origen religiosos. Ramiro de Maeztu, en su libro Defensa de la Hispanidad,
confirmaba esta idea de que “la raza para nosotros está constituida por
el habla y la fé”, aunque igualmente consideraba inferiores a todas las
razas no-blancas que conformaban la Hispanidad.
Durante los primeros años del franquismo, el psiquiatra Antonio Vallejo-Nájera, propuso ideas de higiene racial para mejorar la raza española
que le llevaron a ser conocido como el Menguele español. Más adelante,
en los años setenta, se divulgó el ‘extraño’ caso de la presencia de
descendientes de esclavos en la provincia de Huelva, especialmente en
los pueblos de Gibraleón, Niebla, Palos o Moguer. Como si fuese un
descubrimiento y no hubieran estado ahí durante siglos. El artículo
denunciaba la situación de miseria en la que vivían y su discriminación.
La esclavitud en España
A partir del siglo XV y XVI, con la colonización de América,
comienzan cuatro siglos de sistematización de uno de los negocios más
lucrativos de la historia: el tráfico de esclavos. La esclavitud se
constituye como la base del sistema económico, pues la mano de obra
esclava hace que la rentabilidad de los negocios se dispare, ya
que no hay costos de salarios. De esto se enriquecen europeos y
criollos americanos, en estrecha colaboración con los esclavistas
africanos que los suministran y es financiado por los grandes centros de
la época: Londres y Ámsterdam.
En el triángulo formado entre África, Europa y América se transportó,
según las cifras legales y los cálculos más conservadores, a unos 12
millones de personas en contra de su voluntad. Fue uno los primeros
atisbos de la globalización. El negro era una mercancía legal
de la que el gobierno colonial español recaudó grandes rentas fiscales
en todos sus puertos. Sin contar con el comercio de contrabando, unos
dos millones de esos hombres, mujeres, niños y niñas, fueron a parar a
los dominios del Imperio Español. Tanto a los territorios de ultramar
como a la España peninsular. A los fondos recaudados en estas empresas
negreras se debe el despegue industrial de Europa y Estados Unidos; a la
sangrienta pérdida de población joven se debe parte de la miseria de
África; de la racialización y explotación de los cuerpos
esclavizados deviene la desigualdad social del continente americano,
tanto Norteamérica como América Latina y el Caribe.
En las escaleras de la Catedral de Sevilla se anunciaban las
cualidades de los esclavos. Era el segundo mercado de esclavos más
importante de Europa, después de Lisboa. De todos ellos, según decían,
los negros eran los menos propensos a escaparse. Y eso se pagaba.
También valían más las mujeres, pues podían criar más esclavos y además
ser concubinas del amo. Comprar personas era una inversión segura:
además de ser dueño del trabajo del esclavo también lo era de la
persona, del ser humano en sí mismo, de su historia y de sus
descendientes.
Se calcula que en el momento álgido en ciudades como Sevilla, Cádiz, Málaga o Barcelona había entre la población más de un 10% de esclavos. En Sanlúcar de Barrameda, entrada del Atlántico al Guadalquivir camino de Sevilla, de unos 1.000 habitantes 400 eran esclavos.
También había esclavos en el resto de España. Se utilizaban
mayoritariamente para el servicio doméstico y eran un símbolo de
prestigio. A menudo al final de su vida, los amos y señores otorgaban la
carta de libertad a sus esclavos, como señal de buena fé, para salvar
su alma ante Dios. Las cifras de personas esclavas en la península
fueron disminuyendo, hasta desaparecer, en la misma medida en que el
número de esclavos en las colonias de ultramar crecía de forma
desorbitada.
Dos años después de la Revolución Francesa, en 1791, llega a las
colonias francocaribeñas de Saint Domingue (Haití) la Declaración
Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. En la isla,
dedicada a la producción de azúcar, había 500.000 esclavos, 34.000
mulatos y 27.000 blancos. En ese momento, algo más de la tercera parte
de los ingresos franceses provenían del trabajo esclavo de
Saint-Domingue. La revolución burguesa no había incluido a los esclavos.
No eran parte de ese universal. En 1804 Haití consigue su
independencia de Francia: es el segundo país americano independizado
–después de EE.UU.– y se constituye como la primera república negra.
Esto hace que se tambaleen los cimientos del colonialismo europeo, pues
su riqueza provenía de la explotación de las poblaciones esclavas.
El derrumbe de la industria azucarera francesa hace que la cubana
florezca más y sea insaciable de esclavos. En 1817 Reino Unido fuerza a
España a condenar el tráfico de esclavos. Los negreros pasan de ser
“exitosos comerciantes” a “traficantes ilegales”. España no cumple su
compromiso. Los barcos dejan de pasar por Europa: van directos de África
a Cuba. Hasta 1837, veinte años después, la esclavitud continúa siendo
legal en la península. Es el último país de Europa que la prohíbe.
Aunque sigue vigente en ultramar: en Puerto Rico se abole 1873 y en Cuba
hasta 1886 no se liberan a las últimas 25.000 personas esclavizadas.
Con la iglesia hemos topado
La forma en la que se implantó en España la esclavitud, y su
consecuente ideología, el racismo, muestra la gran contradicción de la
Iglesia Católica. Pues mientras repudiaba el maltrato a los indígenas
americanos, no condenaba en absoluto la esclavitud africana. Es más,
casi todas las órdenes religiosas tenían esclavos propios. Aunque, eso
sí, les daban el descanso dominical. A diferencia del indio, el negro no es súbdito de los Reyes de España y por lo tanto podía ser esclavizado de acuerdo a la ley.
Bartolomé de las Casas, uno de los primeros defensores de los
Derechos Humanos, viaja a la corte de Castilla en los albores de la
Conquista, para denunciar la esclavitud a la que están sometidos los
nativos americanos. Isabel La Católica, casi en su lecho de muerte,
advierte de estos abusos y los acoge en su seno como súbditos. “Como
personas libres y no como siervos”, escribían sus cronistas. Pero no es
hasta cuarenta años después que su nieto Carlos I, persuadido por
relatos horripilantes que le llegan desde la Indias, promulga las Leyes
Nuevas. De esta manera sitúa a los “aborígenes bajo la protección
directa de la Corona”. Estas leyes no significaron que los indígenas no
fueran sumidos en regímenes de servidumbre similares a la esclavitud.
Especialmente en las zonas mineras de mayor altitud sobre el nivel del
mar “donde los negros no servían”.
Las huellas
“La forma de llamar a la tierra pisando el suelo del flamenco viene de África”, contaba el director Miguel Ángel Rosales en una entrevista para El País durante la promoción de su documental Gurumbé. Una
película que intenta rescatar parte de esa influencia silenciada que
los esclavos africanos ejercieron sobre la cultura andaluza y española.
Pues no desaparecieron por arte de magia, sino que se incorporaron a la
sociedad y hoy somos herederos de esa memoria. Sin duda faltan
investigaciones para entender las profundidades del impacto cultural y
genético de nuestras huellas recientes.
“Estamos activando una parte de la historia silenciada
intencionadamente. Las culturas cristiana, judía y musulmana siempre han
sido las oficiales, pero hay que agregarle dos para hacer justicia; la
negra y la gitana. No es casualidad que se hayan callado porque son las
de abajo y por la vergüenza de la negritud vinculada a la esclavitud,
pero llevan aquí siglos”, apunta el catedrático de Antropología y miembro del colectivo Asamblea de Andalucía, Isidoro Moreno. Portador de un apellido que solía estar asociado a descendientes de esclavos negros.
La responsabilidad histórica
Leopoldo O’Donell, antes de llegar a ser presidente del Gobierno, de
ser capitan General en Cuba y de tener una calle en Madrid, se
enriqueció con el tráfico negrero. Josep Xifré, primer presidente de la
Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Barcelona, embrión de La Caixa,
también forjó su capital a partir del negocio de la trata. Juan Manuel
Manzanedo llegó a Cuba como sirviente y acabó amasando una gran fortuna
como traficante. Después reinvirtió ese dinero en la promoción del
prestigioso barrio de Salamanca en Madrid. Eusebi Güell, antes de ser
mecenas del icónico Antoni Gaudí, recibió la herencia de su padre Joan
Güell i Ferrer, hecha en torno al comercio de seres humanos.
Son algunos de los ejemplos de las fortunas españolas derivadas del tráfico de esclavos.
Apellidos hoy en día ilustres que ligan la actualidad política y
financiera española con la lucrativa y olvidada trata de personas. Dejan
de manifiesto el éxito de la acumulación de capitales por desposesión
de los oprimidos y de la necesidad de revisar los relatos de la
Historia.
En la última redada policial contra las fábricas de bebés, fueron rescatados cuatro niños y 19 mujeres.
Fueron en busca de empleo y terminaron esclavizadas, violadas y con sus hijos puestos en venta.
En
el último episodio de tráfico humano en Nigeria, la policía liberó a 19
mujeres en cautiverio y rescató a cuatro bebés hallados en lo que se
conocen como una "fábrica de bebés" localizada en Lagos.
Estas
mujeres fueron engañadas y se les prometió un trabajo "con el propósito
de embarazarlas y luego vender a los bebés", según las autoridades.
Aún se desconoce quiénes son y dónde están los compradores
potenciales, pero las autoridades nigerianas revelaron que las niñas se
venden por US$830 y los niños por US$1.400.
Durante la operación
fueron arrestadas dos mujeres que hacían de enfermeras sin el debido
entrenamiento, aunque la principal sospechosa permanece fugada.
Tanto las mujeres liberadas como los niños han sido reubicados y puestos en rehabilitación.
Desde que en 2006 un informe de la UNESCO describiera por primera vez
la existencia de fábricas de bebés en Nigeria, este tipo de centros han
proliferado por todo el país debido a la pobreza y la falta de control
por parte de las autoridades.
El mismo informe indicaba que
algunas de las mujeres usadas para estos fines incluso acuden de forma
voluntaria sin saber lo que les espera para sacar provecho económico. El engañoLas mujeres rescatadas tienen entre 15 y 28 años y les trajeron a Lagos, la ciudad más grande de Nigeria, con la promesa de darles empleo.
Pero al llegar, fueron puestas en cautiverio y violadas.
Las penurias económicas en Nigeria contribuyen a que muchas mujeres sean engañadas.
"Una mujer me recogió en la estación de autobuses y me trajo aquí y, al día siguiente, fui convocada por nuestra madam, quien me dijo que no abandonaría la casa hasta el próximo año", dijo una de las rescatadas al periódico nigeriano Vanguard.
"Hasta ahora, me he acostado con siete hombres diferentes hasta descubrir que estaba embarazada. Me dijeron que después de dar a luz, sería pagada generosamente", continuó la mujer.
Otra de las víctimas contó a la BBC cómo fue retenida en contra de su voluntad y no se le permitió marcharse cuando descubrió que su bebé sería vendido.
Otra declaró que le quitaron el teléfono y el dinero, y le dijeron que no podía buscar atención médica a pesar de su estado.
Un problema endémico"El
problema de las fábricas de bebés en Nigeria es endémico y está presente
desde hace un tiempo. El caso de Lagos es muy triste, pero no es un
fenómeno nuevo en absoluto", dijo al programa de la BBC Africa Today Debbie Ariyo, fundadora de la organización África Unida contra el Abuso Infantil (AFRUCA, por sus siglas en inglés).
Según Ariyo, el hecho de que constantemente aparezcan este tipo de establecimientos se debe a tres factores fundamentales.
El primero, la pobreza en las zonas de donde muchas de estas jóvenes vienen. El segundo, el rechazo que
estas mujeres provocan en sus familias cuando quedan embarazadas, lo
que les obliga a abandonar sus hogares en busca de ayuda.
La tercera, y la más importante según Ariyo, la falta de una estructura firme en el país que detenga, controle y prevenga el surgimiento de estos negocios.
Más de 160 niños rescatados
En abril de 2018, 100 niñas y 62 niños fueron rescatados por las autoridades policiales de una "fábrica de bebés" y dos orfanatos sin registrar en Lagos.
Los niños son vendidos por un valor entre que ronda los US$1.000.
En esa ocasión, algunos de esos niños y bebés mostraban signos de abuso sexual.
En 2013, 17 adolescentes embarazadas y 11 bebés fueron rescatados de una casa en el estado de Imo, al sureste del país.
Entonces, las adolescentes dijeron haber sido violadas por un solo hombre.
Son solo ejemplos de una terrible problemática a la que las autoridades nigerianas parecen no saber cómo hacer frente.
Hoy, 30 de julio, es el Día Mundial contra la Trata, y es importante
destacar que los gobiernos no están haciendo lo suficiente para acabar
con esta lacra y la mayoría de la sociedad no es consciente de la
magnitud del problema: entre 2003 y 2016 se registraron 225,000
víctimas.
Aproximadamente
el 72 % de las víctimas registradas de la trata son mujeres y niñas,
mientras el porcentaje de niños que son víctimas de este delito se ha
duplicado con creces entre 2004 y 2016, según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.
La mayoría de las víctimas son objeto de explotación sexual, pero hay
otras formas de abuso, entre ellas los trabajos forzosos o, en el caso
de los niños, el alistamiento como soldados en contra su voluntad.
Las políticas xenófobas y restrictivas
de la migración, junto con la criminalización de los migrantes, así como
de las organizaciones e individuos que suministran ayuda humanitaria,
son incompatibles con una actuación eficaz contra el tráfico de
personas» y, por el contrario, la fomentan.
La guerra, el cambio climático, los
desastres naturales y la pobreza exacerban la vulnerabilidad y la
desesperación que permiten que el tráfico de personas prospere, pero la
indiferencia ante el abuso y la explotación que nos rodean también se
cobra numerosas víctimas. Desde el sector de la construcción al de la
producción de alimentos o de bienes de consumo, incontables negocios y
empresas se benefician de la miseria.
“Los migrantes están en el punto
de mira. Miles de personas han perdido la vida en el mar, en los
desiertos, en centros de detención, a manos de traficantes que ejercen
un monstruoso y despiadado oficio”, ha asegurado el Secretario General de la ONU.
El titular de la ONU destaca que
los traficantes y los grupos terroristas se aprovechan precisamente de
las personas vulnerables y recordó que Nadia Murad, la primera víctima
de trata en ser Embajadora de Buena Voluntad de las Naciones Unidas,
recibió con justicia el Premio Nobel de la Paz en 2018 por catalizar la
acción internacional para acabar con la trata y la violencia sexual en
los conflictos.
Entrevistamos a Manuel Barcia, profesor de historia latinoamericana en
la universidad británica de Leeds, sobre el pasado esclavista de España y
la demanda del presidente mexicano al rey Felipe VI para que pidiese
perdón por los crímenes cometidos durante la "llamada Conquista".
El 20 de marzo, menos de una semana antes de que el presidente de
México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), hiciera público que había
pedido por carta al rey de España y al Papa que pidiesen perdón a los
“pueblos originario de México por las violaciones a lo que ahora se
conoce como derechos humanos” durante la Conquista, en la onubense
Asociación de Estudios Iberoamericanos y Colombinos Rábida se presentaba
un libro titulado Gestación, perspectivas e historiografía del descubrimiento de América.
El comunicado publicado sobre el evento subrayaba que los
investigadores participantes en el estudio abordan la cuestión del
término ‘descubrimiento’ “sin esconderse detrás de ambigüedades”, y
planteando objeciones al discurso “políticamente correcto”. En el acto
de presentación de “un libro que no ha dejado al margen ni siquiera el
debate sobre la posible existencia de protonautas”, es decir, anteriores
navegantes que llegaran a las orillas de las Américas, participaron
autoridades políticas de la Diputación de Huelva y los ayuntamientos de
Moguer y San Juan del Puerto, las instituciones financiadoras de la
publicación.
Fuera de España, y desde luego en ningún caso en Latinoamérica, se
admitiría desde el rigor académico el concepto de ‘descubrimiento’,
porque como explica el reputado profesor de historia latinoamericana de
la Universidad británica de Leeds, Manuel Barcia, “nada se descubrió, ya
habían estado allí los vikingos, los amerindios de Asia… El problema es
esta mentalidad eurocentrista e hispanocentrista que recicla el
pensamiento neocolonial, basado en una superioridad moral sobre los
continentes americano, africano, asiático… En España hay hasta centros
de estudio y museos que emplean el término de ‘descubrimiento’. Uno se
esperaría más del ámbito académico”.
El cubano Manuel Barcia, nacido en 1972, es uno de los mayores
expertos mundiales en el tráfico de esclavos, así como en sus rebeliones
y formas de resistencia en el área atlántica. También son reconocidas
sus investigaciones sobre las transferencias culturales de una a otra
orilla del Atlántico, especialmente durante el siglo XIX en Brasil y
Cuba. Por todo ello fue galardonado en 2014 con el Premio Philip
Leverhulme en Historia, que se otorga anualmente a investigadores cuyo
“trabajo ha atraído el reconocimiento internacional y cuya carrera
futura es excepcionalmente prometedora”. Sus artículos de divulgación se
publican en medios como The Washington Spectator, The Huffington Post, The Independent, The Daily Telegraph, and Al Jazeera en Inglés.
Le preguntamos a Barcia por la polémica suscitada en España por la
petición del presidente mexicano. “La demanda de AMLO puede tener una
dimensión política, pero no le falta razón. En cuanto a la respuesta de
España, la verdad, da pena. Es como si las masacres de indios a plomo,
hoguera y enfermedades, todo por el oro, no hubieran ocurrido. Y eso por
no hablar de la esclavitud de los africanos y toda la violencia que
conllevó durante cuatro siglos”.
Más allá de las chanzas que ciudadanos y ciudadanas españoles
compartieron en sus redes sociales, la respuesta del gobierno de Sánchez
a lo que AMLO recordó, fueron “matanzas, imposiciones. La llamada
Conquista se hizo con la espada y con la cruz”, fue “rechazar con toda
firmeza” su contenido.
Conversamos con Barcia sobre ese pasado esclavista de España y su continuum con la economía neoliberal actual.
El relato que nos ha llegado en España a través de los libros
de texto y de las películas, representa a las personas esclavizadas
como sumisas, que aceptaban sin ningún tipo de resistencia su situación,
como seres sufrientes que aceptan sin más su destino.
Es muy fácil decir que eran sumisos, pero hay diferentes niveles en
las formas en las que se puede resistir frente a la dominación y al
poder, y no siempre tomar las armas y arriesgar la vida es la prioridad.
La urgencia es seguir vivos, proteger a sus familias, alimentarles….
Las rebeliones y los suicidios eran eventos extraordinarios.
Las personas esclavas, a veces, se coordinaban para no trabajar o
simulaban que trabajaban; cantaban en la misma cara de los mayorales y
dueños, pero en sus idiomas africanos. También tenían formas violentas
de resistir: meter fuego a los cañaverales o matar al dueño sin que
nadie se enterase. A la manera de Fuenteovejuna: en coordinación para
que no se supiese quién lo había hecho y así o salían todas
perjudicadas, o ninguna.
España es la única expotencia esclavista que no ha pedido
públicamente perdón por el origen de gran parte de su riqueza. ¿Cómo
explicaría la relación que sigue teniendo este país con América Latina,
con la que reivindica lazos históricos, a la vez que mantiene estatuas
en sus calles de esclavistas, celebra el Día de la Hispanidad…?
Es claramente neocolonial y existe en todas las sedes imperiales.
Cuando aquí, en Reino Unido, se publicó un estudio sobre las
compensaciones que recibieron los propietarios británicos de esclavos en
el Caribe en 1833 por la abolición del tráfico, hubo revuelo porque
hubo quienes sintieron que no habían sido suficientes.
En España, hay familias de la nobleza que no abren sus archivos
privados porque su dinero viene del tráfico o de las plantaciones de
esclavos. Muchas de ellas consiguieron sus títulos nobiliarios en Cuba y
aunque hay suficientes documentos públicos para saber quiénes son,
ocultan esta información para que no se conozcan más detalles de lo que
ocurrió.
¿Cómo era el tráfico español de mujeres para su esclavitud?
Hay que separar el tráfico de la esclavitud, son dos momentos
diferentes. El tráfico sería probablemente la parte más traumática
porque estas personas eran trasladadas hacinadas en las bodegas de los
barcos, apenas les daban de comer o beber, morían en grupos, había
muchas enfermedades que les mataban o debilitaban hasta el punto de que
ya no volvían a servir para nada. En los documentos ves cómo las mujeres
eran violadas de manera habitual, y cómo muchas veces daban a luz en
medio del Atlántico.
Esa violencia también llegaba a los hombres y a los niños. El último
periodo de tráfico de esclavos lo llevaron a cabo, sobre todo, españoles
y norteamericanos. Y compraban mayoritariamente niños y adolescentes
para asegurarse de tener esclavos durante muchos años porque sabían que
el tráfico estaba llegando a su fin. Además era más improbable tener un
levantamiento en un barco lleno de críos.
Una vez que llegaban al continente americano, eran destinados al
trabajo esclavo. Y hay gente que a día de hoy sigue defendiendo lo que
hizo España porque ‘además de civilizarlos, cristianizarlos, les daban
manutención, y a veces tenían vías para comprar su libertad, algo que no
existía en otras partes de Latinoamérica…’ Todas esas boberías de
comparar formas de esclavitud entre sí. Esclavitud es esclavitud.
El sistema capitalista se desarrolló contando durante cuatro
siglos con mano de obra esclavizada y, en la actualidad, personas en
situación de trata con fines de explotación laboral y trabajo forzoso.
¿Puede subsistir el capitalismo sin explotación?
El capitalismo que surge en el siglo XVI es mercantilista, tiene que
ver con el tráfico de mercancías, con la apertura del mundo. Pero ha
evolucionado y ahora, en realidad, está involucionando. Un ejemplo
clásico es la crisis de 1929 a 1933, que fue el resultado hasta cierto
punto de la falta de regulación del mercado. Cuando la situación empieza
a mejorar es porque se dan pasos en la reglamentación del capitalismo,
hasta que Bill Clinton vuelve a levantar los límites en los años 90. En
seguida caemos en el capitalismo neoliberal para explotar lo más posible
a la gente.
El capitalismo es muy maleable, tiene muchas facetas y vías para
mutar. Por eso sobrevive, y porque el socialismo nunca ha ofrecido una
opción eficiente para suplantarlo. Donde hemos tenido gobiernos
socialistas, han fracasado, incluso en Escandinavia, porque no han
conseguido dar lo que decían ofrecer.
Y ahora que la trata con fines de explotación sexual y
laboral está más presente en la opinión pública, ¿ve posible que el
sistema deje de necesitar este tipo de explotación para funcionar?
Aquí en Inglaterra hay gente cobrando una libra la hora, cuando el
salario mínimo son 10. Cuando la esclavitud se empezó a abolir se
decidió importar trabajadores libres desde China, India y África; se
crea la trata interna en Brasil, dentro de los Estados Unidos o entre
regiones del Caribe. Hoy vemos cómo se paga un billete de avión a
mujeres filipinas a las que se les promete trabajar como sirvientes para
terminar en un prostíbulo.
Cada vez tenemos más tráfico, más trabajo forzado, lo que demuestra que los gobiernos no le prestan mucha atención.
Todo este tipo de problemas va a continuar mientras la gente con
dinero pueda justificar lo que hace a través de fundaciones caritativas.
Es la forma de que no haya justicia social ni redistribución.
Y usted que viene de Cuba, un país comunista que
supuestamente rompió con el paradigma de la caridad para abordar la
justicia social y la redistribución de la riqueza, ¿cómo cree que ha
evolucionado ese modelo?
Empezó muy bien. Había otro dictador, se hizo una revolución social y
tenía que haber funcionado mejor, pero ya en 1961-1962 se acaban las
elecciones libres, la democracia, se empieza a nacionalizar todo, lo
cual puede funcionar, pero si tienes un plan económico, cosa que no
existía. Los gobiernos socialistas suelen fallar porque sus planes
económicos no se ajustan a la realidad.
Yo nací en 1972, había poca cosa, pero se vivía bien y, sobre todo,
te educaban de una manera interesante: te enseñaban a pensar y ocuparte
del otro. Pero cuando cayó el Muro de Berlín y llegó la crisis, el país
siguió siendo socialista, pero la cúpula se convirtió en capitalista.
Llegó lo que yo llamo el ‘capitalismo de Estado’: Castro y todos los
militares se hacen capitalistas, tienen negocios, están al frente de las
corporaciones, hacen negocio con los hoteles españoles y, ahora,
estadounidenses… Pero el pueblo cubano no puede hacer nada de esto.
Y todo este proceso viene con la opresión, con el robo a la gente de la libertad de movimiento, de pensamiento, de expresión…
Se ve si un país funciona bien por la emigración: si la hay suele ser
porque está yendo mal porque la mayoría de la gente no se va del lugar
donde ha nacido si no hace falta. Y es posible que los que se fueron en
los años 60 fueran capitalistas, dueños de ingenios y centrales. Pero lo
que se van en los 80 o en el 94, cuando ya no queda gente con dinero,
es porque no pueden aguantar más.
Me decía antes que a la luz de la experiencia se ha vuelto nihilista, que no ve luz al final del túnel.
Repasando los ciclos históricos he llegado a la conclusión de que no
importa lo que hagamos. Quizás podemos mejorar un poco las cosas, pero
la mejor manera de hacerlo es cuidando la existencia de la gente que
está a nuestro alrededor. Las instituciones que tienen el poder no son
fáciles de cambiar, en gran medida por la manipulación informativa. La
gente ha votado por Trump, por Macron, por los conservadores en Gran
Bretaña… ¿Qué está pasando? Si leen periodicuchos como The Sun, Daily Mail…
Para informarte, para decolonizar el pensamiento, tienes que leer
distintas fuentes, confrontar enfoques. Pero si trabajas desde las ocho
de la mañana a las cinco de la tarde, vas a leer algo en el móvil
mientras vas en el metro, y el resto del tiempo lo vas a dedicar a
cuidar de tu familia o a descansar.
Todo lo que estamos viviendo tiene que ver con la desinformación,
pero si hasta la prensa de izquierda está en manos de oligarcas… El caso
paradigmático es The Independent, propiedad de un oligarca
ruso, que en las elecciones de 2015 sugirió el voto por los
conservadores en alianza con los liberales.
Jai Defranciscis es una enfermera australiana que regresó
recientemente de una asignación como coordinadora de actividades de
enfermería en Misrata, Libia, donde estamos brindando atención a
migrantes, refugiados y solicitantes de asilo que enfrentan detenciones
arbitrarias y sufrimientos extremos. Así recuerda su experiencia.
Sara Creta/MSF
Fue completamente desgarrador ver a personas enjauladas en los centros de detención, de pie tras las rejas. Sus ojos miraban al vacío. Sin embargo, cuando hablé con ellos, cada persona tenía una historia. Había niños soldados
que escaparon de una vida horrible buscando un nuevo comienzo; personas
que anhelan una educación o más oportunidades para su familia. Me
decían: "No he hecho nada malo, ¿por qué estoy en una prisión?".
En Libia, estamos brindando asistencia de emergencia y atención médica a los migrantes, refugiados y solicitantes de asilo que se encuentran atrapados en un ciclo de violencia y explotación. Tenemos dos equipos móviles que trabajan en cuatro centros de detención en Misrata, Khoms y Zliten, ubicados al este de Trípoli, para brindar atención médica básica a las personas detenidas en centros bajo la autoridad de la Dirección de Lucha contra la Migración Ilegal.
También tenemos una clínica ambulatoria en Misrata. En Bani Walid, una región donde se generaliza el secuestro de migrantes y refugiados y el uso de la tortura
para obtener un rescate, regularmente brindamos consultas médicas en un
recinto para las personas que son liberadas o escapan de las prisiones ilegales administradas por traficantes. Los pacientes allí a menudo han sufrido horribles torturas y requieren atención continua. Organizamos traslados médicos a clínicas y hospitales para los casos más graves.
Las condiciones de vida que vi en los centros oficiales de detención son impactantes.
Tratamos principalmente enfermedades de la piel como sarna, infecciones
del tracto respiratorio y problemas gastrointestinales, relacionados
con condiciones de vida poco higiénicas, hacinamiento y
una dieta excepcionalmente deficiente. También tenemos pacientes con
lesiones antiguas por tortura y heridas que han empeorado debido a la
falta de tratamiento.
Muchas personas están psicológicamente rotas y traumatizadas por lo que han experimentado, y por permanecer detenidas indefinidamente.
Se podría suponer que las personas que llegan a Libia están muy
enfermas por haber huido de sus países de origen, pero en realidad la
mayoría de los problemas de salud física que afectan a las personas se
deben directamente a los horribles abusos y las condiciones de vida a las que están sometidas en Libia.
Ciclo interminable de sufrimiento
En varias ocasiones, mientras trabajaba en Libia, nuestro equipo pudo
acceder a los puntos de desembarque, donde conocimos a personas que
fueron devueltas por los guardacostas libios después de intentar escapar
de Libia en bote. Evaluamos sus necesidades y distribuimos kits de higiene que contienen zapatos, ropa interior, toallas, detergentes, artículos de tocador y productos de higiene femenina.
A ellos les brindamos atención médica de urgencia, que a menudo incluía el tratamiento de quemaduras químicas
de combustible, dolor generalizado del cuerpo, infecciones del tracto
respiratorio, deshidratación, náuseas y vómitos (por mareo), hipotermia e
inhalación de agua. Luego remitimos casos graves o complicados al
hospital. El resto de las personas fueron llevadas a centros de
detención por las autoridades.
En Libia me di cuenta del ciclo devastador en el que
los migrantes, los refugiados y los solicitantes de asilo quedaron
atrapados interminablemente entre el mar y la detención. Comencé a ver a
las mismas personas apareciendo en los botes en los desembarcos. Tan
pronto como los llevaron a tierra, la gente estaba tratando de organizar
el próximo viaje.
"Habían desaparecido en la noche"
Había una paciente, una niña de unos 8 años, que formaba parte de un grupo de personas que conocí en un punto de desembarco.
Le dije que cuando visitara el centro de detención al que se asignaría
su familia, le traería unos zapatos que eran de su tamaño. Cuando
llegué, ella vino saltando por el patio para encontrarse conmigo, cuando
noté que su madre estaba detrás de ella con sus pertenencias.
Miré a mi alrededor y había 20 personas, todas agarrando sus
pertenencias y caminando hacia autos que esperaban. La niña dijo:
"¡Vamos a vivir en una casa en Trípoli!". No tenía idea de a dónde iban,
posiblemente para estar mejor que en un centro de detención
indefinidamente. Me aferro a esa idea, aunque también existe el riesgo
del trabajo forzoso y la trata de personas. Esto ocurría con frecuencia,
y les sucedía a todos: hombres, mujeres embarazadas y bebés.
Yo sabía sus nombres y sus caras. Yo había establecido una relación
con estas personas, ya que las habíamos cuidado por algún tiempo. Sin
embargo, un día atendíamos personas en un centro de detención y al día
siguiente esas personas ya no estaban. Habían desaparecido en la noche.
Algunas personas decían: "Por favor, envíenme a un hospital, porque no creo que esté aquí mañana si no lo hacen".
Es un desafío continuo llegar a las personas que necesitan nuestra atención en Libia. Hay muchos puntos ciegos. Necesitamos negociar constantemente con las autoridades para
mantener el acceso a los centros de detención. A veces, los guardias
ocultan a algunos pacientes y solo llevan a ciertas personas a las salas
de consulta para que las tratemos. El seguimiento de los pacientes es
extremadamente difícil cuando no podemos rastrear dónde se han
trasladado.
Si MSF no estuviéramos en Libia prestando atención,
muchas de estas personas probablemente no tendrían acceso a tratamiento
médico. No podemos liberar a las personas de la detención. Pero al estar
allí y tratar a alguien por una herida grave o una infección en el
pecho, y escuchar su historia, pude ver que al menos habíamos hecho algo para ayudar a esa persona en esta terrible situación. También es nuestra responsabilidad compartir estas historias,
para exponer este terrible ciclo de violencia que los países europeos
están alimentando deliberadamente en nombre de la gestión de la
migración.
La aprobación de la conocida como "ley de la esclavitud" ha provocado una ola de protestas en Hungría.
En Budapest, la multitud agolpada frente al Parlamento fue reprimida
por la Policía con gases lacrimógenos. Los enfrentamientos se repitieron
en la sede del Fidesz, el partido gobernante, donde los manifestantes
trataron de entrar.
REUTERS/Bernadett Szabo
La polémica reforma para liberalizar el mercado laboral fue aprobada
el miércoles en el Parlamento gracias a la mayoría de dos tercios del
Fidesz, el partido nacionalista de derechas del primer ministro Victor
Orbán, y pese a los intentos de la oposición de bloquear la votación.
400 horas extra al año que pueden ser pagadas 36 meses despuésLa nueva ley permite, entre otras cosas, que un trabajador haga hasta 400 horas extra al año, frente a las 250 permitidas hasta ahora, y autoriza a las empresas a pagar esas horas hasta 36 meses después
de haber sido trabajadas. En teoría, las horas extra son voluntarias,
pero en la práctica, por miedo a perder su empleo, algunos trabajadores
se podrían ver forzados a trabajar 6 días por semana.
REUTERS/Bernadett Szabo
"Hoy en
el Parlamento prácticamente pusieron el último clavo en el ataúd de la
democracia, lo que hicieron fue el último paso en la construcción de un
estado de partido único", denunciaba en medio de la protestas Miklós Hajnal, portavoz del movimiento Momentum.
REUTERS/Bernadett Szabo
Budapest
se convirtió el miércoles por la noche, tras la aprobación de la ley,
en una olla en ebullición. Los manifestantes contra la "ley de la
esclavitud", reunidos ante el Parlamento, marcharon por la ciudad hasta
la sede del Fidesz. Allí dos chicas se subieron a un balcón donde
hicieron ondear la bandera húngara junto a la de la Unión Europea. La
multitud también bloqueó el Puente de las Cadenas, uno de los símbolos
de Budapest.
REUTERS/Bernadett Szabo
Después
de la masiva protesta espontánea de este miércoles este jueves se ha
convocado una nueva protesta frente al Parlamento que se espera aún más
concurrida.
REUTERS/Bernadett Szabo
La
política de Orbán exaspera en la Unión Europea, pero hasta ahora no
había provocado en Hungría tanto rechazo de grupos sociales tan
diferentes.
Ricardo García Vilanova y Karlos Zurutuza, en Libia.
Libia es hoy un agujero negro del que apenas sabemos nada, por más que sea la tierra que atraviesan los migrantes
que quieren llegar a la orilla norte del Mediterráneo, por más que de
sus costas parta ese flujo de barquillas que las guerras, la persecución
y el hambre alimentan sin fin. Pocos periodistas tienen los visados,
las fuentes y el polvo en los zapatos que garanticen una información
creíble del país. Entre los más fiables se encuentran los freelanceKarlos Zurutuza (Donostia, 1971) y Ricardo García Vilanova (Barcelona, 1971), redactor y fotógrafo que acaban de sacar de la imprenta Tierra adentro. Vida y muerte en la ruta libia hacia Europa (Libros del K.O.). Frente al apagón informativo posterior a la primavera de 2011, esta entrevista de Zurutuza con ElHuffPost es un destello de luz, la de quien va, ve y lo cuenta, aunque ya no esté de moda.
Una se acerca al libro pensando que es una crónica de inmigración y
se encuentra con una radiografía global de Libia, mucho más profunda.
¿Tocaba hacerle justicia a un lugar tan demonizado?
Sí. Nosotros llegamos en 2011 a Trípoli y luego, de un día para otro,
me di cuenta de que la gente desaparecía, cayó la capital y todo quedó
vacío. Yo llegué como un paracaidista más, aunque generalmente evito
trabajar en sitios de los que no sé nada, como me pasaba entonces con
Libia, pero aparecí allí presionado por la necesidad, porque cuando
empezaron las revueltas árabes
yo estaba en Bagdad intentando vender historias y no había interés por
parte de nadie, así que me dije: "¿Dónde hay que ir en este momento?". Y
la respuesta era: "Libia". Pero vas allí y empiezas a contar una
historia que te engancha y se crean unos vínculos que van más allá de
las historias, a nivel humano. Desde entonces tengo grandes amigos en
Libia, gente a la que quiero mucho. Se crea ese lazo personal con el
país que tienes el gusto de ir destripando, es descubrir una historia a
la que cada vez le encuentras más matices. Eso me resulta fascinante. A
veces pienso que hay un gran trecho entre lo que sabía de Libia cuando
llegué y lo que sé hoy. Produce mucha satisfacción la sensación de que
estoy desentrañando un misterio, en cierta manera.
¿Tan poco sabemos de esa tierra?
Es duro decirlo, pero sí, poquísimo. Hoy en día hay gente que sigue confundiendo Libia con Líbano.
Cuando lo ven en el mapa, ahí abajo, en la otra orilla de Europa, al
lado de Italia, es cuando dicen: "Coño, esto está muy cerca, no es el
lejano Oriente Medio". Esa es otra cuestión, además, que a toda esa zona
se la llama también Oriente Medio o mundo árabe, cuando estamos
hablando del norte de África y de mucha gente que no es árabe. Es una
batalla en la que primero tienes que desmontar clichés, muy enquistados
desde hace mucho tiempo.
¿Cómo definiría la Libia de hoy, sin Muamar el Gadafi?
Como un estado en descomposición progresiva, un estado fallido sin
duda alguna. Hay tres gobiernos sobre el papel y sobre el terreno se
calcula que hay más de 2.000 grupos armados. La renta per cápita de
armas es de cuatro o cinco por cada libio, según datos de Naciones Unidas.
Y luego, además, el problema al que nos enfrentamos es que hemos
intentado analizar la situación con paradigmas de otros lugares que
creemos parecidos, como puede ser el caso de Siria,
pero no, las claves sectarias sunitas y chiítas de Siria no valen para
Libia, donde se calcula que hay unas 140 tribus y miles de subtribus.
Para llegar a entender lo que es Libia tenemos que mirar con un
microscopio el tejido tribal, que es lo que realmente cohesiona a los
libios; lo único posiblemente que lo hace.
PHILIPPE DESMAZES via Getty Images
Un grupo de mujeres enarbolan la bandera nacional,
en la celebración de la liberación de Libia, en Misrata (octubre de
2011).
Explica que los migrantes económicos y los refugiados no
están llegando ahora, sino que llevan décadas en el país. ¿Cómo están
ahora?
Hay que entender que Libia era destino para muchos subsaharianos en
los años 90, cuando el país tiene a Gadafi que se autoproclama rey de reyes
de África, cuando realmente hay trabajo en condiciones para ellos, con
el que pueden sobrevivir y mantener a sus familias, cuando es un país
estable, lo cual no quiere decir que respetara los derechos humanos más
básicos, ni de los de fuera ni de sus propios ciudadanos. Estalla
entonces la guerra y esta gente se ve atrapada en el fuego cruzado y
tiene el dilema de intentar llegar a Europa o volver a casa. A ellos se
suman los que estaban de paso buscando salir, que ya entonces había pero
eran muchos menos, porque antes había oportunidades. Hay gente que se
ha quedado en lugares muy concretos, por ejemplo en Misrata,
una ciudad-estado, probablemente el lugar más estable de toda Libia,
pero ya son excepciones. Los migrantes que quedan de los 90 ya son muy
pocos. Ahora la cuestión es que Libia ya no es destino, sino que es
tránsito, solamente.
¿Cómo es esa "yincana" que explica en el libro? ¿De dónde vienen, cómo sobreviven tierra adentro, antes de tomar una patera?
Hay dos rutas esenciales de acceso: una que llega del oeste y otra del este, el movimiento está en el arco que se forma entre Nigeria y Senegal, a un lado, y Somalia y Eritrea, en el otro extremo. En cualquier caso, tienen que atravesar el África Subsahariana, con lo que ello conlleva. En el caso de la ruta del oeste tienen que pasar por el Sahel
[una zona en la que conviven conflictos tribales, grupos de
delincuencia organizada y yihadistas]. Por ahí pasan en camiones
abarrotados de gente, que se tiene que atar porque sabe que, si alguien
se cae por el camino, el conductor no para. Es una travesía en la que no
sabemos cuántos mueren pero son muchísimos, se dice que incluso más que en aguas del Mediterráneo.
Llegan al sur de Libia, una zona en la que confluyen todos y que está
totalmente fuera de control. El otro día hablaba con un colega de la
zona que me decía que ya no hay ningún líder ahí, es el caos más
absoluto entre milicias de todos los colores, los leales a Gadafi, gente
del Estado Islámico... Y aún así tienen que pasar por ahí todos los migrantes.
¿Y una vez dentro de Libia?
Ahí empieza un proceso en el cual hay generalmente dos opciones: o
acabar secuestrado por una mafia que te maltrata hasta que tu familia
paga un rescate o ir a un centro de detención, que son generalmente
antiguas escuelas, muy precarias, en las que evidentemente se cometen
abusos, aunque creo que muchos menos de los que se denuncian
generalmente. Tenemos que tener en cuenta que Libia es un país de seis
millones de habitantes que está viviendo una postguerra y que según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM)
acoge a un millón de personas de fuera. ¡Si no tienes medios para
recuperar tu propio país, imagina qué medios vas a tener para alimentar a
esta gente! Hay una narrativa enferma, yo creo, un bucle, generalmente
alimentado por periodistas que necesitan vender historias y van con el
titular en la frente, lo cual no quiere decir, insisto, que no haya
abusos, pero hay que hacer esta distinción, entre lo que son los centros
de las mafias y los de detención oficiales entre comillas.
Entre las personas que ha entrevistado hay gente que prefiere
morir ahogada a que las salven las autoridades libias y tener que
volver al país...
Sí, es que el que se embarca está en la última etapa de un trayecto,
ha sufrido lo indecible y ha pagado lo incalculable para sus estándares.
Por tanto, volver a Libia es volver a empezar de cero, a la casilla de
salida. A ser detenido, a tener que trabajar en la precariedad para
lograr dinero para una patera, a verse expuesto a ser maltratado o a
perder la vida.
Ismail Zetouni / Reuters
Una mujer subsahariana y su bebé, tras haber sido
rescatados por los guardacostas de Libia, el pasado abril.
¿Son tan demoníacos los guardacostas libios como se cuenta?
Hay que entender que Libia tiene un esquema de ciudades-estado. En
las ciudades de la costa que tenían los restos de la antigua flota es la
propia milicia o el propio consejo local el que maneja esas
embarcaciones. Hasta el punto de que yo he estado en una patrulla con la
gente de Zuara
y recuerdo que llegamos a un punto en el que ya eran aguas
jurisdiccionales de Sabratah, la ciudad vecina, y no podías ni avanzar.
Cada puerto tiene sus propias aguas jurisdiccionales.
O sea, que el error para empezar es hablar de "guardacostas libios", porque de eso en realidad no hay.
Eso es, no hay un mando central. He intentado hablar para el libro con el mando de la operación naval conjunta Sophia de la Unión Europea
para que me lo expliquen y valoren, pero no dan entrevistas, sólo
evasivas. Pero sí he podido hablar con gente que había estado implicada
en algo parecido, en 2013, y aquel mando me dijo que ya entonces habían
tenido el mismo problema. Resumiendo: no había un mando único, eran todo
unidades independientes que funcionaban de forma autónoma, con la
diferencia de que entonces todavía llegaban a los libios los sueldos de
rentismo de tiempos de Gadafi, mientras que hoy esos sueldos no llegan,
con lo cual el riesgo de infiltración de las mafias en estas estructuras
de control es mucho mayor. Está más que comprobado que en ciertas
localizaciones de la costa los guardacostas locales dejaban pasar a las
pateras del traficante que había pagado la mordida, mientras que
aquellos a los que detenían eran los barcos de que no habían pagado ese
peaje. Y de toda esta gente se hace un contingente bajo el paraguas
italiano, los que llamamos guardacostas, que al final se trata de una unidad cuando menos controvertida. Es el cordón sanitario que buscaba Italia, básicamente. Querían que se frenara el tránsito y lo están consiguiendo.
¿Los barcos de rescate alientan el efecto llamada, como dicen los críticos con su labor?
No. Eso se demuestra con datos sobre la mesa: cuando concluye la misión de rescate Mare Nostrumde Italia y asume la responsabilidad el Frontex [la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas],
lo que hacen es retirarse hacia atrás, hacia aguas jurisdiccionales
europeas, con lo cual el número de gente que muere en el mar se
multiplica por 30. ¿Deja de llegar la gente porque no haya barcos de
rescate? No, la gente se echa a la mar en la misma proporción, pero lo
que pasa es que mueren muchos más. Esa es la diferencia, porque lo que
sí existe es el efecto salida o huida, de la guerra y de la miseria de
sus lugares de origen.
¿Qué le parece la actitud del nuevo Gobierno de Italia de cerrar sus puertos a los barcos de rescate?
La gente que más personas ha rescatado en la costa son los italianos, nadie ha salvado a más migrantes que la Guardia Costera. Eso hay que decirlo. Italia en su día pidió ayuda a la UE, allá por 2014, para mantener Mare Nostrum,
porque era una operación que costaba nueve millones de euros al mes,
más el coste político que suponía al Gobierno de entonces. Pero no, la
UE le dio la espalda. Por supuesto que me parece fatal que se cierren
los puertos, pero me parece también fatal que se delegue toda la
responsabilidad de la gestión de un drama como este a un solo país.
Entonces, sin justificar lo que hace Italia, creo que esta polémica para
lo que sirve es para poner sobre la mesa que hace falta una estrategia
conjunta a nivel europeo. No se puede deja a Italia que asuma todo. Es
inviable. Yo me pregunto si la situación hoy sería otra si la UE en 2014
hubiera apoyado Mare Nostrum. Hemos llegado a la situación que hemos llegado un poco por culpa de todos.
¿Qué piensan los libios de los centros de detención de inmigrantes que proponen en la orilla del norte?
Lo de los centros es de risa. Para poder abrirlos en la costa
necesitan, primero, una labor diplomática de manual con las milicias que
controlan cada ciudad y, segundo, mucho dinero, por supuesto. Aún así,
sería muy difícil crearlos. El plan de Matteo Salvini
[el ministro del Interior italiano] de abrirlas en el desierto, en el
sur, donde la situación está fuera de control, es imposible,
absolutamente inviable. Hay dos opciones: o Salvini no conoce la
situación en Libia, lo cual me cuesta creer porque los mejores analistas
del país son los italianos, los que más controlan por motivos
históricos ya que fue colonia suya, o simplemente estamos ante un
mensaje populista de cara a su pueblo, como decirle a los italianos: "No
sólo cierro los puertos sino que busco soluciones en suelo libio",
aunque sean soluciones que no tienen ninguna perspectiva de prosperar.
LIBROS DEL K.O.
Portada del libro de Zurutuza, con foto de García Vilanova.
Es todo un despropósito. El Gobierno que respalda la ONU, que salió
del plan puesto en marcha por Bernardino León, no cuenta con el refrendo
de los libios, por ejemplo. Creo que es la primera vez que eso ocurre
desde la creación de las Naciones Unidas, optar un gobierno que no ha
pasado por una elección popular y que se sustenta sobre una milicia salafista
para poder estar sobre el terreno, como es Trípoli. Si esta va a ser la
actitud de la UE también... pues ha perdido toda credibilidad de cara a
los libios. Los ciudadanos no confían en ninguno de los tres gobiernos,
ninguno tiene legitimidad para ellos. Estamos ante un resto de la
visión colonial que seguimos teniendo sobre estos territorios, en este
caso Libia, tratando a esta gente como cosas, como si no tuvieran
derecho a tener una vida como la nuestra. Nosotros disponemos esto y que
se aguanten. Libia es, sin duda, la vergüenza de Europa.
Tras la decena de viajes intensos que ha hecho a la zona, ¿ha
encontrado a algún libio que aún tenga esperanza y, más aún, a corto
plazo?
No. La descomposición es tal que la vida en Libia se ha convertido en
una lucha diaria. Los ciudadanos han dejado de vivir en un país en el
que no había una democracia como la entendemos nosotros ni libertad de
expresión, donde el mismo señor mandaba desde hacía 40 años, pero en el
que había un bienestar porque era un estado rentista, donde te daban
dinero por no hacer nada. Ahora, de repente, ese dinero deja de contar y
vale ocho o diez veces menos de lo que valía en su día, de 2011 a hoy.
Salir adelante es una cuestión de pura supervivencia, por eso hasta los
libios han empezado a saltar a pateras. Antes lo hacían muy pocos y
habitualmente usaban sus propios barcos de pesca para llegar a Europa,
pero ya ni eso. Así que no, no tienen ninguna esperanza, en nadie, no
conozco a ninguno que defienda a los gobiernos de corazón; puede que
alguno lo haga por razones pragmáticas, porque algunos sueldos aún
siguen llegando y punto, los necesitan. Pero ni los libios, ni la ONU ni
los enviados especiales hasta la fecha, nadie tiene ninguna
legitimidad. Es demasiado categórico lo que digo, quizá, pero créame, es
también bastante descriptivo.