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martes, 7 de abril de 2020

Ken Loach: “Solo lo público nos sacará adelante”

El cineasta británico se confiesa muy preocupado ante la pandemia, y considera que al final, en lo social, se vuelve una y otra vez “a luchar las mismas batallas”

El director de cine Ken Loach, retratado en el festival de cine de San Sebastián, el pasado septiembre.


El director de cine Ken Loach, retratado en el festival de cine de San Sebastián, el pasado septiembre.Gorka Estrada
 Hace 10 días, corrió el rumor en Internet de que las películas de Ken Loach (Nuneaton, Inglaterra, 83 años) iban a ser liberadas en su canal de YouTube. No tenía sentido: los derechos audiovisuales de las obras pertenecen a diferentes compañías según los territorios en los que se hayan vendido y los tiempos estipulados en cada contrato, pero tras contactar con Loach para desmentir la posibilidad, se abrió una puerta: le apetecía una charla.

Así fue como el pasado jueves, a primera hora de la mañana española, más pronto aún en Bath, la ciudad al suroeste de Inglaterra en la que vive el doble ganador de la Palma de Oro de Cannes –por El viento que agita la cebada y Yo, Daniel Blake-, sonó el teléfono. “Hola, soy Ken. ¿Cómo estás?”. La voz de Loach es muy característica: quebradiza y doliente, suave, envuelve en cambio un discurso firme en pro de los derechos humanos y de los trabajadores. Un ejemplo: en 1971 la ONG Save The Children –que entonces nada se parecía a la actual- le contrató para que rodara un documental sobre su labor. Loach lo filmó, lo entregó y los directivos de Save The Children escondieron la película en un cajón: a pesar de que eran los clientes, el cineasta decidió mostrar el racismo y el clasismo de lo que en aquella época era “una empresa de caridad mal entendida”, dijo años después. Desde 1990 con Agenda oculta, se ha convertido en la voz más popular de cine de autor de izquierdas. Y muy atento a la deshumanización laboral de las nuevas tecnologías, como mostró su último filme, Sorry We Missed You (2019).

Pregunta. ¿Cómo se encuentra?
Respuesta. Bien. Con mi esposa. Tranquilo. Y preocupado. Dedico el tiempo a hablar con amigos.

P. ¿Está trabajando en algo?
R. No en algo concreto. Hablo con Paul [Laverty, su coguionista, que vive en Edimburgo] mucho, pero no estoy con ánimo.

P. La pandemia no da respiro.
R. Vivo en un país con un Gobierno incompetente. No hubo planes de contingencia, con médicos y enfermeras trabajando sin la protección adecuada, han dejado tirados a los cuidadores de ancianos, y por tanto, a esos ancianos. Sabían que el virus venía y no se anticiparon. Puedo entender a Gobiernos como el español o el italiano, porque fueron los primeros en encarar a la Covid-19 en Europa, ¿pero el británico? Os estabais encerrando en España, y quiero enviar mi solidaridad a las familias de los fallecidos en tu país, y aquí Boris Johnson primó salvar a la economía antes que a sus conciudadanos. Es un fracaso rotundo. Viven para los mercados, y los mercados les dejaron tirados. La información que nos ha llegado sobre quién podía salir o no ha sido absolutamente confusa. Claro que hay que industrias que tienen que trabajar, pero en edificios seguros, ¿no? Aunque en condiciones adecuadas. Y esta confusión ha provocado una ola de rabia…

P. ¿Cómo calificaría a Boris Johnson?
R. La situación recuerda mucho a la de hace un siglo, cuando se inició la Primera Guerra Mundial. Centenares de miles de jóvenes soldados fueron enviados al frente a morir, tratados como burros. Hoy, Johnson trata igual al personal sanitario: como burros.

P. Siempre se ha definido como optimista. ¿Incluso ahora?
R. [risas] Depende de cómo lo midamos. Supongo que tiene que ver con la gente que te rodea, incluso con quien te gobierna. Hoy, desde luego, no lo soy. Estoy bastante asustado por mi familia. Mis hijos y nietos viven en Londres y Bristol, y son zonas de riesgo asoladas por un virus descontrolado.

P. Usted filmó un documental, El espíritu del 45, sobre el espíritu de solidaridad que unió a los británicos durante la Segunda Guerra Mundial, y la posibilidad de haber creado una sociedad más justa al acabar el conflicto bélico. ¿Podríamos vivir un momento similar?
R. Bueno, la diferencia es que entonces la gente quería un cambio. Y había un liderazgo en ese camino. Hasta que los políticos acabaron con aquello. Aquí, hoy, Jeremy Corbyn ha sido apartado del liderazgo del Partido Laborista tras recibir durante años ataques desaforados. Y me temo que los laboristas volverán a ser un centro descafeinado. Hemos perdido la oportunidad, el estado anímico es otro.

P. También hay una gran preocupación por toda Europa por el desmantelamiento del Estado de bienestar.
R. Puede que sea el final…, o su renacimiento. Porque la gente ha entendido la necesidad de tener una sanidad pública en condiciones. Solo lo público nos sacará adelante. ¿Sabes qué he visto con los años? Que siempre estamos luchando las mismas batallas. Una y otra vez. La falta de principios provoca falta de organización que a su vez provoca mal análisis. Y caen las fichas. A eso nos lleva el capitalismo furibundo.

P. ¿Es tiempo para apostar aún más por la democracia?
R. Sí, pero Hitler ganó unas elecciones. Es tiempo de buenos análisis y de solidaridad y de ayuda. ¡Es que Trump fue elegido por votantes! La democracia siempre ha estado llena de buenas intenciones, y siempre ha sido aprovechada por los corruptos. Los políticos deben mirarse menos a sí mismos y más a los votantes, a la maltratada clase trabajadora. Seguimos viviendo el conflicto entre explotados y quienes se llevan el dinero. Y vivimos el triunfo de la propaganda, financiada por los partidos de derecha y ultraderecha. Estos días, como pequeño ejemplo, yo estoy sufriendo de nuevo ataques por mi posición antiisraelí. Llevo 30 años padeciéndolos. Por suerte, mis amigos judíos entienden que estoy en contra del comportamiento de un Estado que oprime a los palestinos, y no en contra de una religión.

P. El Brexit suena ya a pesadilla lejana.
R. Pero sigue ahí, nada va a cambiar. Quiero ver cómo va a cambiar la Unión Europea, si va a ser capaz de convertirse en algo más que en una asociación económica y proteger a los europeos. Y a proteger la democracia incluso entre sus miembros, no permitiendo pasos como los que se están dando en Hungría.

P. ¿Le da tiempo a ver películas? Hay una oleada de cultura gratis o accesible desde casa.
R. ¡Qué va! Con responder cartas se me va el tiempo. Camino algo porque vivo a las afueras. Hablo con la familia. Disfruto más de las cosas sencillas. Ahora, creo que la cultura debe de tener un valor, porque sus creadores tienen que ser remunerados.

P. ¿Sale al aplauso diario?
R. No, porque solo tengo de testigos a los pájaros y los árboles. Pero constantemente pienso en el personal sanitario, y en la hipocresía del Gobierno de enviarles sin material adecuado y a la vez aplaudir cada tarde.

domingo, 1 de diciembre de 2019

Ken Loach: “La extrema derecha está en marcha liderada por EE UU”

El director Ken Loach, en la Nau de la Universitat de Valencia.
El director Ken Loach, en la Nau de la Universitat de Valencia. EFE
 El director británico de cine abarrota la Universitat de València antes de volver a Mirambel, la población aragonesa donde filmó su película sobre la Guerra Civil española

Rosana Pastor, la actriz protagonista de Tierra y libertad le invitó a conocer a unos amigos de Valencia. "Lo que no sabía es que tuviera tantos amigos", comentó con humor Ken Loach ante el numeroso público que abarrotó esta tarde el paraninfo de la Universitat de València y obligó a habilitar el claustro para que centenares de personas siguieran el encuentro con el director de cine. Loach se mostró muy sorprendido por la expectación y los prolongados aplausos con que fue recibido en el alto en el camino que hizo antes de visitar mañana Mirambel, la población de Teruel donde se rodó la película sobre la Guerra Civil española hace 25 años.

"Y luego algunos dicen que las películas no tienen consecuencias", comentó el director de 83 años, que acaba de estrenar en España Sorry we missed you. Su discurso, de izquierdas sin ambages, con críticas continuas al capitalismo y a favor de la propiedad pública de los medios de producción, estuvo trufado de ironía, como sucede en la mayoría de sus películas siempre obreristas, con un punto de fuga humorístico. Tanto en el acto central como minutos antes con los periodistas.

En ambos casos advirtió del peligro de la nueva extrema derecha. "Pensamos que estamos en un tiempo de peligro, tenemos la sensación de que la extrema derecha está en marcha de nuevo. Ahora miramos por toda Europa y tenemos a Lepen en Francia, a Boris Johnson en Inglaterra, que es la versión caricaturesca, a Salvini en Italia, a la Europa del Este...", dijo ante los medios antes de que se formulara ninguna pregunta. Luego añadió en el paraninfo: "El crecimiento de la extrema derecha es el mismo que en los años antes de la [Segunda] Guerra [Mundial] o incluso más grande, porque ahora está liderado por los EE UU, y lo tenemos en Brasil con Bolsonaro. Y la respuesta de la izquierda ha sido totalmente inadecuada", señaló en compañía del escritor Alfons Cervera, que ejerció de moderador, Rosana Pastor y la productora de Tierra y LIbertad, Rebecca O’Brien, en un acto organizado también por los sindicatos CGT y CC OO.

"Una de las cosas que queríamos mostrar es Tierra y Libertad es la solidaridad de tanta gente internacional que apoyaba a los republicanos, venían de todos los países europeos, de América, y de la otra parte del mundo. Algunas veces se nos olvida ese apoyo internacionalista y que también hubo ese apoyo en la otra parte. El internacionalismo funciona tanto en la derecha como en la izquierda. Ahora bien, la izquierda habla de solidaridad internacional, pero actúa de una forma nacionalista, y la derecha habla de nacionalismo pero actúa internacionalmente. Esta es una de las razones que explican cómo estamos", sostuvo.

Y estamos muy mal, con menos paro pero con más pobreza, dijo no sin disculparse antes por hablar sobre todo de la realidad que más conoce, Inglaterra. Pero el director de Lloviendo piedras no pierde la esperanza si la izquierda se une o si está representada por Jeremy Corbyn, el líder laborista británico, con el que se mostró muy próximo: "Tenemos un liderazgo de izquierdas fuerte en Inglaterra, un partido masivo que está a favor de la propiedad pública de las industrias y de las empresas y de la intervención del Estado para proteger nuestros bienes públicos. La intervención es muy importante para parar el cambio climático. Y eso tiene apoyo en toda Europa. Vemos la prensa y la televisión pública, la BBC, que están haciendo todo lo que pueden para destruir la izquierda. Eso no significa que no tengamos esperanza".

Cuando se le preguntó por los cambios de opinión y posición de Corbyn frente al Brexit o la Unión Europea, respondió que la UE necesita un nuevo tratado porque "desde el principio ha representado los intereses de las grandes empresas y no de los trabajadores", al tiempo que postuló también un acuerdo diferente del pactado por Johnson. Para abordar la pérdida de popularidad de Corbyn, se puso futbolero y, sonriendo, recordó que muchas veces se gana un partido con un gol en el último minuto.
      
Loach enmarcó el auge de la extrema derecha española en el contexto internacional y recordó que "en general la gente tira a la derecha cuando está desesperada y han perdido la esperanza, y eso quiere decir que hay un error de la izquierda, porque la izquierda debería representar los intereses de la clase trabajadora". Tras la cuarta cuestión formulada por un hombre y con el tiempo apremiando, Loach señaló que las preguntas habían sido "interesantes" pero todas realizadas por hombres. "¿No hay mujeres?", inquirió. Acabó respondiendo a las periodistas incluido un plumilla con barba que había pedido la palabra con anterioridad y al que le preguntó si él era también una mujer.

Fuente: https://elpais.com/cultura/2019/11/29/actualidad/1575055143_271678.html

domingo, 3 de noviembre de 2019

Ken Loach: “Soy un viejo socialista anclado a la realidad”

Ken Loach durante el rodaje de 'Sorry We Missed You'
Ken Loach durante el rodaje de 'Sorry We Missed You'
El director británico Ken Loach vuelve a denunciar la precarización de la sociedad en 'Sorry We Missed You', que se estrena el mismo día en que su país iba a salir de la Unión Europea. “El Brexit no es un invento de la izquierda, sino de la derecha”, señala

 Al Ken Loach (Nuneaton, 1936) de hace medio siglo, cuando dirigió Kes (1969), una película como Sorry We Missed You le hubiese parecido pura ciencia ficción. La uberización de la economía, que es el pan nuestro de cada día, no es un concepto que hubiera podido entenderse entonces. La clase trabajadora todavía existía como tal, y estaba unida, luchando por sus derechos. “En mis tiempos, te decían que, con la formación pertinente, podías conseguir un empleo para toda la vida. Pero se produjo ese cambio inexorable en el que pasamos de la seguridad a la inseguridad. Ahora puedes perder el trabajo de la noche a la mañana. Y luego están casos como el de Ricky, el protagonista de mi película, que asume todos los riesgos, mientras que la empresa no asume ninguno. Es el trabajador que se explota a sí mismo, el ideal de las grandes empresas”, resumió Loach en Cannes. Con la esperanza de dejar atrás la inestabilidad, Ricky Turner (Kris Hitchen) decide invertirlo todo en una furgoneta, para trabajar como autónomo para una empresa de transportes que se lo exige todo y no da nada a cambio.

Jornadas maratonianas
El capataz que le contrata, es un decir, recurre a un eufemismo disfrazado de fórmula de éxito, que se nota ya muy gastado: “No trabajaras para nosotros, trabajarás con nosotros”. La mujer de Ricky, Abbie (Debbie Honeywood), una entregada cuidadora de ancianos, lo hace en similares condiciones de explotación. Y mientras, sus hijos contemplan cómo sus padres solo sirven para quedarse dormidos en el sofá delante de la tele, reventados por sus jornadas maratonianas. Extremo, sí. Realista, también. La visión de Loach es implacable. Su película, en definitiva, nos muestra qué ocurre al otro lado de la pantalla cuando, con dos o tres clics, pedimos un libro a Amazon o similar. Le cuento que hace poco pedí uno porque no lo encontraba en librerías. Durante unos instantes, pensé en Ricky. Pero tras unos segundos de vacilación, le di a ‘Confirmar pedido’. Loach se ríe con mi mea culpa. Pero, contra todo pronóstico, me absuelve.

Pregunta. Entonces, ¿no tengo que sentirme culpable? 
Respuesta. No lo creo. Me tomo como un halago que se sintiera culpable gracias a mi película. Pero la solución no está en actos individuales, sino en apoyar un movimiento político que luche por el cambio.

P. El llamado precariado se extiende como una mancha de aceite por todos los ámbitos. ¿No cree que la izquierda no ha sabido reaccionar?
R. En Inglaterra sí se ha notado una reacción. Mire lo que pasó en el Partido Laborista, que viene a ser como su partido socialista, o como el de Hollande en Francia. Es decir, más socialdemócrata que realmente socialista. Pero en 2015 las bases eligieron a Jeremy Corbyn, que es un auténtico socialista, y en un año el partido pasó de casi 200.000 seguidores a más de medio millón. Y eso que el establishment no lo quiere ver ni en pintura. Ni siquiera medios supuestamente progresistas como The Guardian. La BBC llegó a lanzar un documental acusándole de antisemitismo, cosa que es totalmente falsa. Hace 30 años que le conozco, y sé perfectamente que no es así.

P. Tampoco está muy clara la posición de Corbyn con el Brexit, ¿no le parece?
R. No puede definirse demasiado, porque la mitad de su partido está en contra y la otra a favor. Pero, como le decía, le conozco desde hace tiempo, y tenemos un punto de vista similar respecto a Europa. Corbyn cree en la solidaridad entre las clases trabajadoras de todos los países. Pero la UE tiene un punto de vista puramente económico. Es lógico que la izquierda no sea muy entusiasta con Europa. Corbyn aboga por una propuesta intermedia.

P. Sorry We Missed You se estrena en España el 31 de octubre, justamente la fecha de la salida de Reino Unido de Europa. ¿Qué pasará después?
R. Es un momento histórico, pero nadie sabe muy bien cómo acabará todo. De todos modos, le recuerdo que el Brexit no es un invento de la izquierda, sino de la derecha. Surgió a causa de una discusión entre ellos, siempre en materia económica. Unos decían que las condiciones que imponía la UE eran asumibles y que es un mercado importante. Los que están más a la derecha respondían que con menos impuestos y con más trabajos precarios facilitarán las inversiones extranjeras y la exportación. Para ellos, el acuerdo con Estados Unidos es mejor que el que teníamos con la UE.
 
P. Dejemos de lado el Brexit, ¿cree que el capitalismo puede llegar a colapsar?
R. Lo que estamos viviendo ahora es la evolución lógica de la economía de mercado. Un sistema basado en una competencia feroz, donde lo único que importa es reducir costes y optimizar beneficios. No sé hasta qué punto es viable. La emergencia del fascismo que se está viviendo en toda Europa demuestra la fragilidad del sistema. 


P. ¿La revolución tecnológica tiene parte de culpa?
R. Cuando era joven, también nos decían que los avances tecnológicos nos iban a permitir tener mucho más tiempo libre, pero en realidad ha servido para reducir el número de trabajadores. Deberíamos haberlo visto venir.

P. ¿Las redes le parecen inútiles?
R. Hay mucha gente que las utiliza para protestar. Pero eso no sirve de mucho, si luego no hay una movilización real, con una organización y un programa también reales detrás. Hace falta una estructura. La extrema derecha también las utiliza. A mi familia y a mí, nos han amenazado a menudo a través de ellas.

P. Y las plataformas tipo Netflix, ¿qué opinión le merecen?
R. Hay buenos directores que trabajan para ellas. Mi hijo Jim, que también es realizador, ha dirigido muchos episodios de series. Pero, aunque las plataformas son muy hábiles para detectar todo lo que gusta y engancha a la gente, lo cierto es que no estarán nunca por la labor de producir algo que desafíe al statu quo.
 
P. Si tuviera que imaginar ahora una película de ciencia ficción que nos proyectara en el futuro, ¿cómo sería?
R. No lo sé. Yo solo soy un viejo socialista anclado a la realidad. Cuando llegas a los 83 años sabes que no tienes mucho futuro por delante. Ya tengo bastante con tratar de entender el presente.

Fuente: https://elcultural.com/ken-loach-soy-un-viejo-socialista-anclado-a-la-realidad

jueves, 4 de julio de 2019

Ken Loach: "El capitalismo ha convertido en normal lo inaceptable"

A sus 83 años, el siempre combativo Ken Loach se niega a bajar la guardia. Tras presentar en Cannes 'Sorry, we missed you', ahora acude al Atlántida Film Fest.para recoger un premio de honor a toda su carrera y celebrar el 50 aniversario de 'Kes', su más temprana obra maestra

Ken Loach el martes en el Altlántida Film Festival en Palma de Mallorca. EFE
Pese a la firmeza de sus convicciones y la rotundidad de cada declaración, Ken Loach (Nuneaton, 1936) sabe renunciar a según qué cosas. Por ejemplo, pese a confesarse republicano y declaradamente antimonárquico, dice que vestirá corbata en la inauguración (ayer por la noche) del Atlántida Film Fest. Todo sea por la reina Letizia ahí presente. Y hasta ahí. Ni un paso más. Tras presentar en la pasada edición de Cannes Sorry, we missed you, película en la que diseccionaba la autoexplotación en el mundo de la mensajería, ahora acude a Mallorca para recoger el Premio Masters of Cinema y a celebrar el 50 aniversario de Kes, una película fundacional que desarma los inconvenientes de la realidad desde la mirada transparente y por fuerza revolucionaria de un niño. 

Aquélla fue su más temprana obra maestra. Y su primera pedrada. Vendrían más que harían más daño. Medio centenar de películas y dos palmas de oro contemplan una de las más coherentes e hirientes filmografías del cine contemporáneo. Siempre en lucha y, de vez en cuando, con corbata.

P. ¿Cómo fue volver a reencontrarse con Kes (el lunes hubo una proyección)?
R. Si soy sincero, sólo vi los cinco primeros minutos. Pero me gustó lo que vi.

P. ¿Sigue en contacto con el chaval (David Bradley)?
R. El chaval tiene ahora 65 años (se ríe). Fue su primera película con 14 años y Kes hizo que se convirtiera en actor. Nos mandamos una tarjeta navideña cada año.

P. Pocos directores pueden presentar una filmografía tan política, tan comprometida con la denuncia de la injustica, tan larga... Y ahí sigue.
R. Lo que sucede es que las cosas han empeorado. El capitalismo ahora es mucho peor. Es desalentador comprobar que no aprendemos.

P. ¿En qué sentido han empeorado?
R. Lo más relevante es que la solidaridad ha muerto. Ya no existe como fundamento de la sociedad. Por supuesto que a un nivel muy local, sí que se da, pero el Estado es cruel y muy agresivo. Todas las instituciones que deberían velar por la justicia social se han convertido en herramientas para castigar a los pobres. Si no puedes mantenerte a ti y a tu familia, eres responsabilizado por ello y, en consecuencia, eres castigado.
Ken Loach y al actor David Bradley en el rodaje de 'Kes'.
P. ¿Cuándo cree que cambiaron las cosas?
R. Justo después de la guerra, en los años 50, había una sensación colectiva de responsabilidad. Y eso incluía tanto a los empleadores como a los trabajadores. Hablo del derecho a un salario justo, de unas vacaciones por el trabajo, del servicio de salud... Desde la energía a los medios de transporte eran bienes comunes, de la sociedad. No digo que fuera el paraíso, pero detrás de ello había un concepto y un consenso sobre lo que debía ser una sociedad. Eso, obviamente, fue desmantelado por Thatcher.

P. Pero Thatcher fue elegida por los británicos...
R. Hitler también. Por los alemanes en este caso. A lo que iba es que si la única regla para medir las relaciones humanas es la reducción de costes para hacer más competitivo un producto eso deriva necesariamente en reducción de derechos. Se ahorra siempre por los gastos y considerar un simple gasto al salario hace que ya nadie hable de lo justo. Esa es la lógica del sistema.

P. En su última película, Sorry, we missed you, se aborda el asunto de los contratos a tiempo cero, el de los repartidores convertidos en falsos autónomos...
R. Ése quizá sea el punto límite. Es el sistema de explotación perfecto: el obrero es obligado a explotarse a sí mismo. No necesitas a un jefe enfadado que te diga cuánto tienes que trabajar, ya te encargas tú mismo.

P. En varias ocasiones ha dicho que lo que se ha roto es el propio concepto de normalidad...
R. Sí, hemos normalizado lo inaceptable. Los bancos de alimentos forman parte de la asistencia social. La injusticia se acepta como parte del sistema. Hemos llegado a un punto en el que se habla de generosidad o de caridad en lugar de simple justicia. Y es responsabilidad de todos rechazar eso. No estamos condenados a vivir así, porque no es justo. No es normal. Lo curioso es el lenguaje que emplea un sector de la misma izquierda socialdemócrata que, después de reconocer que lo que ocurre es injusto, advierte sobre el peligro de los extremistas. Reconocen la injusticia, pero hacen lo posible para evitar cambiar las cosas.

P. Y, pese a todo, no hay entrevista en la que no se declare optimista... Lo confieso, no lo entiendo.
R. (Se ríe) Sí, es cierto que todo induce al pesimismo. La ultraderecha está creciendo por todos los lados. Incluida España. Vivimos un tiempo complejo y la extrema derecha ofrece respuestas sencillas. Pero, y esto es lo importante, falsas. Los nacionalistas populistas de ahora son los nacional socialistas de antes. Responsabilizar a la inmigración no arregla nada, pero marca un objetivo sobre el que desfogarse. La izquierda tiene que pensar en cómo cambiar el sistema. Y eso da más trabajo, exige más esfuerzo y, sobre todo, cuenta con enemigos mucho más poderosos.

P. Por lo que dice, todo es peor. ¿De dónde se saca ese optimismo?
R. Bueno, tengo esperanzas en que en las próximas elecciones británicas algo cambie. Es una muy buena oportunidad para el Partido Laborista con Jeremy Corbyn al frente. Espero que no hagan mella la campaña brutal que arrecia en los medios contra él, al que acusan de racista.

P. ¿Tiene su cine alguna opción de cambiar la realidad que denuncia?
R. Sin duda. Cathy come home (1966)provocó un gran debate y en cierto modo hizo cambiar las cosas. Con Yo, Daniel Blake (2016) ha pasado algo parecido. La polémica ha llegado al Parlamento. Se han hecho hasta 600 proyecciones fuera de los cines comerciales en iglesias, locales de asociaciones, sindicatos... Muchos de los espectadores se veían identificados hasta el punto de salir llorando de la sala.

P. Lleva toda la vida en pie de guerra, ¿se ha sentido amenazado?
R. Si tuviera miedo a las consecuencias no haría lo que hago. Sin embargo, es ahora cuando veo concretarse las amenazas. Una de las excusas para atacar a la izquierda ahora es acusarla de racista y antisemita por la defensa de la causa palestina. Han llegado incluso a insultar a mis nietos diciendo que su abuelo niega el Holocausto. Es una auténtica locura.

P. ¿Le pregunto por la retirada?
R. Puede hacerlo, pero ahora mismo estoy trabajando (se ríe).

Más información: https://www.elmundo.es/cultura/cine/2019/07/03/5d1b7da9fdddff03128b4666.html

miércoles, 19 de octubre de 2016

Ken Loach: La derecha trata a los pobres como si fuesen culpables de serlo


El cineasta británico Ken Loach, de 80 años, denunció que la derecha europea trata a los pobres como si fuesen culpables de serlo, durante la presentación comercial en Francia de su último filme, el premiado “I, Daniel Blake”.

“Hay una tendencia de la derecha, por toda Europa, de tratar a las personas pobres como si fuesen culpables de serlo”, manifestó el realizador en una entrevista difundida hoy por la radio “France Inter”.

“I, Daniel Blake” (“Yo, Daniel Blake”), vencedor de la Palma de Oro del pasado Festival de Cannes, se estrena el 26 de octubre en las pantallas de Francia y su director aprovechó para relacionar la temática de la película con la actualidad política y social de Europa.

“El Gobierno incita al suicidio de los parados”, denunció el veterano autor, en alusión de la diatriba de su protagonista, un enfermo del corazón de 59 años al que obligan a buscar empleo para no ser sancionado.

“Se trata de una humillación calculada y organizada para mostrar que, si no trabajas o si estás enfermo, es tu culpa. Tu pobreza te la has labrado tú mismo. Si no tienes empleo, eres un paria”, expuso.

Ken Loach, conocido por sus posturas de izquierda, volvió a elogiar al líder laborista británico, Jeremy Corbyn, y atacó al actual Ejecutivo de la conservadora Theresa May.

“La nueva primera ministra comienza citando a San Agustín y, después, se dedica a aniquilar a las personas”, señaló Loach, quien consideró que este Gobierno británico “parece estar aún más a la derecha” que en el anterior de David Cameron.


Fuente:  http://insurgente.org/ken-loach-la-derecha-trata-a-los-pobres-como-si-fuesen-culpables-de-serlo/

viernes, 21 de febrero de 2014

La lucha de Ken Loach contra la “propaganda socialdemócrata”


Ken Loach, que ya tiene 77 años, parece un hombre sencillo. La semana pasada vino a recibir un Oso de Oro honorífico en el Festival de Cine Internacional de Berlín, la Berlinale. Con el galardón le han premiado por su trayectoria como director de cine. Sus ficciones, narradas con estilo documental, cuentan historias desde abajo. Sus protagonistas son personas de extracción social humilde que se ven enfrentadas a la crueldad del sistema capitalista. Muchas de sus películas se centran en luchas laborales. Así lo expresaba el director de la Berlinale Dieter Kosslick: “Estamos honrando a Ken Loach, y yo le admiro enormemente por cómo refleja las injusticias sociales con humor en sus filmes”.
Paradoja: junto a la alfombra roja frente a la que desfilaba el cineasta, la policía detuvo a una chica que portaba una pancarta reivindicando una solución para los que en Berlín se conocen como “habitantes de la antigua fábrica de hielo”, que bien podrían ser personajes de una de sus películas. Se trata de un grupo de trabajadores del este de Europa que fueron desalojados de un edificio ruinoso en el que se habían fabricado unas precarias chabolas y cuya situación hasta hoy no se ha solucionado. Siguen sin techo.
Y así, Ken Loach un día da entrevistas en el pomposo café de la marca alemana de relojes de lujo Glashütte, y al día siguiente se toma un par de horas libres para dar una charla con el título “La crisis en Europa y la formación de una nueva izquierda radical” en un salón de actos cualquiera y de pie, micrófono en mano.
La conferencia tuvo lugar en la llamada Casa de la Democracia y los Derechos Humanos, un edificio situado en el barrio de Prenzlauer Berg, que es la sede de unos 70 partidos y ONG humanistas y de izquierdas. Los organizadores de la charla fueron unos grupos minúsculos llamados Nueva Organización Anticapitalista” (NaO), el grupo de trabajo de internacionalismo del sindicato IG Metall (AKI), el Foro de Empresa, Sindicato y Movimientos Sociales y la organización Acción Revolucionaria Antifascista de Berlín” (ARAB).
El objetivo de Loach era presentar el partido de izquierda anticapitalista Left Unity en Berlín, aunque dejó claro que solo pretende “ser un reclamo para el partido, no dirigirlo. Hay grupos de trabajo que discuten en estos momentos cuál debe ser nuestra política”.

Mas de medio siglo de cine y televisión
Entre las decenas de películas y series de televisión dirigidas por Ken Loach destaca una de las visiones más famosas y polémicas de la historia del cine sobre la guerra civil española. Con el título Tierra y Libertad (1995), esta cinta aún provoca diferencias en la izquierda. Una parte de los comunistas conserva sus reservas frente a Loach porque aseguran que muestra a los anarquistas como héroes y ofrece una visión equivocada del POUM. Mostrar las contradicciones de las personas que luchan por conseguir un objetivo social juntas es una de las constantes en su obra.

El hijo de un electricista que estudió derecho en Oxford y que se convirtió muy joven en director de televisión en la BBC recordaba estos días sus pinitos como director: “Trabajaba como ayudante de producción y después de un tiempo hubo una vacante de director, me postulé y, para mi sorpresa, me dieron el puesto”. Fue allá por 1964 cuando Loach comienza a escandalizar a los británicos y se hace un nombre con una de sus primeras producciones, emitida un viernes y que vieron millones de personas, Cathy comes home. Un semidocumental que narra la historia de una familia trabajadora que debido a la adversidad acaba desahuciada y finalmente separada por los servicios sociales.
Hasta los 80 alterna la televisión con el cine. Entonces llega al poder Margaret Thatcher y comienza a aplicar su programa neoliberal que Loach critica en el documental A question of leadership, que será censurado por el canal ITV. Loach filma poco después uno de sus más famosos documentales, Which side are you on?, sobre las canciones y poemas que los mineros entonaron durante la huelga del carbón que duró varios meses y acabaría en derrota en 1985. Durante este periodo, los recortes en el ámbito cultural y los problemas de censura en el canal hicieron tambalear su carrera, que comenzaría a recuperarse en la década siguiente.
Su película Hidden Agenda, de 1990, realiza un trabajo de investigación sobre los “loyalist hit squads”, terrorismo de Estado responsable de numerosos crímenes en su lucha contra el IRA, y que gana el premio del jurado en Cannes. Seis años después dirigía Carla’s Song, un magnifico largometraje cuya trama tiene lugar en medio de la revolución sandinista en Nicaragua. Comienza el siglo abordando el tema de la inmigración mexicana en EEUU con crudeza, realismo e ironía en el largo Bread and Roses. Además de hablar de los problemas sociales, la cinta expone una lucha laboral y las contradicciones del papel de los sindicatos. En 2006 rueda un excelente drama ambientado en la guerra de la independencia de Irlanda de principios de siglo, The wind that shakes the Barley, y que se llevó la Palma de Oro a la mejor película en Cannes.
En la carrera de Ken Loach hubo también espacio para algún esperpento, como Looking for Eric, rodada en 2009, y que cuenta la sosa historia de un fan del exfutbolista Eric Cantoná que tiene problemas personales. Es un enredo increíble y pretende ser una comedia. Su última película, de 2012, The Angels Share, recibió el premio del público en Cannes y cuenta la historia de unos buscavidas escoceses que tratan de hacerse con dinero. La crítica fue positiva, aunque la película no encaje completamente en el esquema argumentativo que caracteriza a su obra.

La charla completa*:
“La crisis en Europa se acentúa. En Gran Bretaña nos dicen que la economía está mejorando, pero a nivel de las trabajadores la situación en realidad ha empeorado. Tenemos un desempleo masivo, pero también los que tienen trabajo han visto sus condiciones empeoradas. Además, para la mayoría el trabajo ya no es algo seguro. Casi todos tienen trabajos temporales o los llamados “contratos de cero horas”.
Hace poco conocí a una mujer soltera con hijos que tenía un contrato que no le garantizaba ninguna hora de trabajo. Ella está a expensas del Estado, que es quien la mantiene a través del subsidio de paro y encima la prensa la desacredita, asegurando que es una aprovechada que vive del Estado. También hay muchas otras personas que no pueden vivir de su trabajo.
Podríamos hablar durante horas de casos como éste, pero la pregunta realmente importante es ¿cómo luchamos contra ello? En la historia hubo muchos momentos en los que la izquierda actuó de una forma negativa. Pero en Gran Bretaña podemos destacar dos:
El primero de ellos fue cuando eligieron a Margaret Thatcher y comenzó el mayor ataque al Estado del bienestar y los bienes comunes fueron privatizados. Se cerraron fábricas y en pocos meses teníamos tres millones de parados. La respuesta de la clase trabajadora fue contundente, pero las élites de los sindicatos llevaron al conjunto a la debacle. Algunos grupos quisieron actuar rápidamente pero los jefes de los trabajadores les decían que esperasen un poco y entretanto las fábricas fueron cerradas, los empleados recibieron una pequeña compensación y así se quedó todo.
El segundo momento determinante fue cuando cerraron las minas de carbón en 1984. Toda la izquierda británica en bloque apoyó la huelga de los mineros, pero los sindicatos se vieron envueltos en el “nuevo realismo” que en la práctica significaba adaptarse a las políticas de la derecha.
En Gran Bretaña no tenemos un partido organizado que hable por la clase trabajadora, sino que hay una serie de partidos muy pequeños con unos pocos cientos de afiliados. El Partido Laborista se ha convertido en el partido del neoliberalismo, de las privatizaciones, del cierre de fábricas, del desmantelamiento del Estado del bienestar. Cuando los partidos se convierten en algo mayor, hay que permanecer dentro. Pero cuando se alejan del anticapitalismo hay que dejarlos. El problema es decidir el momento correcto.
Hay que comprender muy bien cómo funciona el capital, porque si no, seremos muy débiles contra la propaganda de la socialdemocracia. Y entonces no iremos al centro del problema. Ya hubo diferentes intentos de unir a la izquierda, como la Alianza Socialista, donde se unieron varios grupos que tenían muy buenas intenciones pero no se desarrolló como un movimiento de masas, sobre todo porque cada grupo continuó siendo independiente.
Durante la guerra de Irak podríamos haber tenido la oportunidad de crear un partido de masas. Varios millones de personas se manifestaron contra la guerra por las calles de Londres. Pero no ocurrió. Surgió un partido, sí, que se llama Respect, pero tuvo problemas fundamentales como ser dirigido por un grupo de la extrema izquierda que no supo cómo acoplar un número cada vez mayor de miembros y también le faltaba un líder carismático. Seguramente tenía muchas cosas positivas, eso no lo niego, pero no llegó a ser lo esperado.
Ahora lo estamos intentando por tercera vez. No sé si lo conseguiremos. En Left Unity no tenemos apoyo oficial de ningún sindicato. No tenemos casi dinero todavía. Tenemos unos 1.500 miembros. En la conferencia fundacional, el pasado noviembre, se mostraron dos tendencias claras que existen en el partido. Una parte está muy segura de que deberíamos ser anticapitalistas y usar los conceptos clásicos como socialismo, clase, etc. La otra corriente cree que con este lenguaje tradicional tendremos muchas personas que se van a quedar fuera por no identificarse con estos términos.
Hay muchas campañas diferentes en este momento en Gran Bretaña, como la lucha contra la privatización de la sanidad. Campañas por la educación pública, contra los recortes… la idea de Left Unity es unir todas estas campañas porque así no habrá quién nos pare. En la población tenemos una mezcla de cinismo y desconfianza pero la clase trabajadora existe todavía y tenemos que organizarnos.”

Fuente:  http://iniciativadebate.org/2014/02/21/la-lucha-de-ken-loach-contra-la-propaganda-socialdemocrata/

lunes, 15 de julio de 2013

Necesitamos un nuevo movimiento que defienda la sanidad pública

Ken Loach ha escrito el prólogo de NHS SOS: How the NHS Was Betrayed – and How We Can Save It, [NHS – S.O.S.: Cómo se traicionó al NHS y cómo salvarlo], con edición de Jacky Davis y Raymond Tallis.

“La reforma del Servicio de Salud consiste, por supuesto, en devolverlo al mercado y degradarlo de nuevo convirtiendo la atención sanitaria en una mercancía, así que nada tiene de reforma en absoluto".

"Si no comprendemos que tenemos que hacer todo lo que sea, hasta quebrantar la ley, para defender el Servicio Nacional de Salud (NHS - National Health Service), entonces estamos acabados".

Las primeras eran palabras de un distinguido médico de cabecera, las otras de un trabajador de los muelles de Liverpool. En la sociedad entera hay consciencia de que el Servicio Nacional de Salud constituye uno de nuestros grandes logros sociales y que mantenerlo constituye un enorme desafío político. Los políticos de todos los partidos, en mayor o menor medida, han ido preparando el camino para la privatización. Se trata de un patron familiar. El proceso se inició en el servicio sanitario a comienzos de los años 80 con la subcontratación de los servicios de limpieza. ¿Por qué hemos tardado tanto en responder? ¿Tan crédulos somos que vamos a dar crédito a los políticos que afirman que el NHS se encuentra "seguro en sus manos" cuando todas las pruebas indican lo contrario?

Para poder contraatacar, tenemos que comprender las razones del asalto al NHS. Se trata de una cuestión ideológica. Si fuera simplemente una cuestión financiera, hay soluciones a mano. Hay miles de millones de libras en impuestos por pagar y sin recaudar. Y billones, según nos cuentan, en el extranjero, fuera del alcance de los gobiernos nacionales. La riqueza que se crea por medio del trabajo de la gente corriente se desvía de modo que no pueda utilizarse para el bien común. Si existiera la voluntad política de sostener un servicio sanitario de financiación pública, se encontraría una forma.

Es una batalla por las ideas. Para algunos, la búsqueda del beneficio es una disciplina necesaria. La empresa privada identifica una necesidad, proporciona el servicio del modo más rentable y en ese proceso gana dinero. La avaricia es buena. Cuando todo el mundo persigue su propio interés, dice la teoría, todos salimos beneficiados.

Solo que no es el caso. Cuando una necesidad no rinde beneficios, queda insatisfecha. El NHS y los servicios de atención proporcionan muchos ejemplos de que no se proporciona lo que la gente precisa. Quienes trabajan en ellos podrían llenar muchas páginas con sus historias. Una mayor privatización ahondará las diferencias en la atención y el llamado programa de austeridad empobrece nuestra vida en todos los aspectos.

La resistencia presentada a esto ha sido muy débil. La organización que debiera haber constituido nuestra primera línea de defensa nos ha dejado solos. Los sindicatos, paralizados por el gobierno de Thatcher y abandonados por el Partido Laborista, apenas sí han tenido intervención. El mismo Partido Laborista ha seguido el mismo rumbo de su antecesor “tory” en el gobierno. Mientras trataba de presentar un rostro humano, ha proseguido las políticas de privatización y desregulación. Cuando el laborismo adoptó el lema “Laborismo quiere decir empresa”, no se hizo de inmediato evidente lo que querían decir de modo literal.

Así se ha creado un vacío político. ¿Quién pone por delante la idea de trabajar conjuntamente por el bien común, el que hemos de cuidar de nuestro hermano y nuestra hermana, que tenemos la tecnología y los conocimientos precisos para proporcionar una vida decente a todo el mundo, pero nos atenaza una ideología económica que lo hace imposible?

Sin embargo, se está produciendo un contraataque por toda Europa. Estamos viendo huelgas y acciones directas en los países más duramente golpeados por el desempleo masivo y otras consecuencia del fracaso económico. En Grecia, Francia y Alemania hay nuevos movimientos políticos en la izquierda, que avanzan alternativas. Todavía no ha sucedido en Gran Bretaña. Cuando la gente se pregunta a quién votar para defender el NHS, ¿qué les respondemos?

Los políticos de hoy han traicionado los principios del NHS. No son dignos, en mi opinión, de nuestro voto. Si ha habido un momento en el que se hiciera necesario un movimiento de amplia base, democrático y con principios que responda a los intereses de la gente frente a las demandas de las empresas y los políticos que hablan en su nombre, ese momento es ahora.

Kenneth Loach (1936) es el mayor de los cineastas políticamente comprometidos del realismo social británico.