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miércoles, 16 de noviembre de 2022

La humillación de los árboles

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Gerhard Richter

   La humillación de los árboles: que podamos plantarlos, que crezcan por mandato nuestro allí donde queramos tenerlos.

Elias Canetti

jueves, 24 de agosto de 2017

Amor

W. M. Harnett


Amor: una serpiente con dos cabezas que se vigilan sin cesar



Elias Canetti

martes, 1 de diciembre de 2015

Conversaciones


René Apallec
                                



 Maravillosas las conversaciones que no mantenemos




Elias Canetti

jueves, 23 de julio de 2015

¿Cómo no confiar siquiera en los cometas?



El cometa Halley (núcleo) fotografiado por la nave Giotto en marzo de 1986 



Uno gira toda su vida en torno a las mismas ideas, como alrededor de varios soles. ¿Cómo no confiar siquiera en los cometas?

Elias Canetti

domingo, 11 de diciembre de 2011

Elogios

 Un hombre que nunca haya sido elogiado: ¿qué aspecto tendría? ¿ Cómo caminaría? ¿Cómo viviría?
 Un hombre que sea experto en vomitar elogios.
 Uno que se bañe en charcas de elogios y vuelva a salir de ellas sucio.
 Uno que con elogios lo envenene todo a su alrededor.
 Uno que sólo sea sensible al elogio colectivo y no acepte para nada lo que le digan individualmente.
 Un conservaelogios
 Un digiereelogios.
 Un tranformaelogios, todo cuanto oye se le reduce a una sola palabra que oye una y mil veces, hasta qu le estalla el tímpano y ya la oye solamente por la piel y la nariz.
 Una liga de sibaritas que intercambien elogios.
 Uno que, avergonzado por los elogios, decaiga y muera.
 Uno que sabe que todo elogio es falso y ya no espera ninguno auténtico. Sin embargo, le resulta imposible contenerse y no escuchar.
 Uno que se transforma según los elogios, ora es esto, ora aquello, y no es nada sin una palabra de elogio que apunte en una u otra dirección.
 Uno que se pone su mejor traje para el elogio.
 Uno que no hace absolutamente nada para que no se le escape ninguna palabra de elogio. Al final ya ni se atreve a abrir la boca por miedo a perderse algún elogio, y se muere de hambre.
Ya sólo dice lo que se ha dicho sobre él. Desde que la memoria le falla, lo lee en voz alta
 Uno que clasifica a sus amigos por su pericia en elogiarlo.
 Uno que se querella con quienes también elogian a otros.
 Uno que sólo permite elogios telefónicos para que nada lo distraiga.
 Uno que sólo quiere elogios que les correspondan a otros
 Uno cuyo peso corporal aumenta según los elogios.
 Uno que sólo se cree el elogio que todos los que quieren algo de él se le acercan con palabras de reproche.
 Uno que afea cualquier retrato suyo
 Una que sólo puede elogiar mientras la aman.
 Uno que odia ferozmente el elogio porque otros también son elogiados.
 Elogio en cantidad suficiente y, no obstante, insuficiente. Continuará
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Hampstead
Elias Canetti