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jueves, 15 de septiembre de 2022

Sabra y Chatila, memoria de una masacre

 La operación se llamó Paz para Galilea y el gobierno israelí la presentó como la respuesta a un atentado fallido contra su embajador en Londres, aunque el objetivo real, según lo expresó el primer ministro, Menahen Beguin, era acabar con la estructura de la OLP en Líbano, establecer un gobierno afín en Beirut y quedarse en suelo libanés por tiempo indefinido. Era el 5 de junio de 1982 y la invasión acababa de empezar.

Apenas diez días después, el ejército israelí ya había llegado a Beirut y cercaba los barrios del oeste de la capital donde vivía la mayor parte de la población palestina, incluido Yasser Arafat y toda la dirección de la OLP. El cerco iba a durar más de dos meses, durante ese tiempo la aviación israelí bombardeó a diario la ciudad pero no logró alcanzar a ningún miembro de la dirección de la OLP. Para mediados de agosto las víctimas civiles, palestinas y libanesas, se contaban por miles.

En los salones del hotel Triumph, reconvertido en hospital de campaña en aquel Beirut cercado,  ví por primera vez heridos por bombas de fósforo; uno de los médicos palestinos que los atendía había estudiado la carrera en Santiago de Compostela y me explicó en un español casi perfecto “no podemos hacer nada por ellos, estas heridas no tienen cura, el fósforo sigue quemando la carne por dentro hasta llegar al hueso”.

En los medios de comunicación se hablaba del inminente asalto final que tendría que ser por tierra y que, aunque sin duda acabaría con la resistencia palestina, causaría demasiadas bajas en el ejército israelí. Para evitarlo, los gobiernos europeos y la diplomacia estadounidense, con el presidente Reagan a la cabeza, se puso en marcha. El 20 de agosto, con la mediación del enviado estadounidense Philip Habib, se alcanzó un acuerdo que estipulaba la salida de las fuerzas de la OLP de Líbano bajo protección internacional y el compromiso del Gobierno israelí de que su ejército no entraría en Beirut oeste.

El segundo objetivo de la invasión se cumplió tres días después; el 23 de agosto Bashir Gemayel, líder de la extrema derecha maronita y jefe de las falanges (grupo fundado por su padre, Pierre Gemayel  en los años treinta siguiendo el modelo de las juventudes nazis), fue nombrado presidente del país. El partido de Bashir Gemayel, así como el llamado ejército del sur dirigido por Saad Haddad, eran los grandes aliados de Israel en Líbano, y de hecho durante la invasión actuaron a las órdenes del Alto Mando del ejército israelí. 


Preámbulo de una matanza

La evacuación de los combatientes de la OLP se llevó a cabo del 28 al 30 de agosto bajo protección de una fuerza de interposición franco-italo-americana. Entre ondear de banderas, abrazos y lágrimas, los fedayín salieron de Beirut en barcos franceses con dirección a Tunez. Uno de los evacuados me dijo entonces: “nuestra gente se queda aquí sin protección”. 

La fuerza internacional de interposición se mantuvo hasta el 13 de septiembre, cuando los últimos soldados franceses abandonaron Beirut. Al día siguiente, Bashir Gemayel fue asesinado en un atentado contra la sede del partido Kataeb en el que murieron otras 24 personas. La noticia de su muerte se dio a conocer en la tarde del 14 de septiembre. Esa noche y hasta bien entrada la madrugada, los mandos militares israelíes mantuvieron una reunión con oficiales de las falanges libanesas, entre ellos Eli Hobeika, jefe de los servicios de información del Kataeb. Según declararía posteriormente Ariel Sharon, fue en esa reunión donde se decidió la entrada de los falangistas en los campos de refugiados palestinos.

En la mañana del 15 de septiembre –este jueves se cumplen cuarenta años–, el ejército israelí comenzó a desplegarse en los barrios de Beirut Oeste y al día siguiente, jueves 16 de septiembre, tenía cercados los campamentos palestinos de Sabra y Chatila. Su puesto de mando estaba en la azotea de un edificio de siete plantas, junto a la embajada de Kuwait, a 200 metros de la entrada a Chatila.

A media tarde el general Drori comunicó por teléfono con el Ministro de Defensa, Ariel Sharon: “Nuestros amigos están entrando en los campamentos”. La respuesta de Sharon fue escueta: "Felicitaciones". La matanza comenzó en torno a las seis de la tarde.

Este es el testimonio de UM Ahmed Farhat recogido por la periodista palestina Leila Sahid y publicado en el nº 6 de la “Revue d´etudes palestiniennes” en 1983.

“Hacia las cinco de la mañana un grupo de hombres armados entró en la casa. Nos dijeron que teníamos que salir fuera. Estábamos en pijama. Yo llevaba a mi hijo Sami en brazos y Salwa cogió a Laila, la más pequeña…Cuando estábamos fuera le preguntaron a mi marido de dónde era. Él les dijo que éramos palestinos y que él trabajaba reparando teléfonos. Nos dijeron que nos pusiéramos en fila mirando a la pared y que no volviéramos la cabeza ni a la derecha ni a la izquierda. Entonces comenzaron a disparar. Escuché a mi hijo Sami decir Baba (papá) justo un momento antes de que su cabeza estallase en mis brazos. Yo recibí varios disparos en la espalda y perdí el conocimiento. Cuando desperté, los hombres se habían ido, Salwa, mi hija mayor, estaba herida pero podía moverse, me ayudó a incorporarme, Suad tenía varios tiros en la espalda, sangraba mucho y no podía moverse, se ha quedado paralítica, mi marido estaba muerto y Layla y Sami y Farid y Bassem…todos muertos”.

No había luz en todo Beirut pero las estrechas callejuelas de los campamentos permanecieron iluminadas por las bengalas que lanzaba el ejército israelí. Dos días y dos noches duró la matanza. Durante dos días y dos noches los que intentaron huir fueron obligados a volver atrás.

Los testimonios de varios soldados israelíes citados por el periodista israelí Amnon Kapeliouk en su libro Enquete sur un masacre (Editorial Le Seuil, París ) coinciden en que sus órdenes eran “no dejar salir a nadie de los campamentos” y que se tuvo conocimiento de la matanza desde la misma tarde del jueves:  “El mismo jueves a la caída de la noche llegaron a nuestro puesto varias mujeres del campo de Chatila. Estaban histéricas y gritaban que los falangistas recorrían las calles matando a los niños y a las mujeres y llevándose a los hombres en camiones... Informé a mis superiores pero me dijeron que no me preocupase que todo iba bien. Me dieron la orden de decir a las mujeres que volvieran a sus casas… Volví a intentarlo de nuevo y redacté un informe pero me dieron la misma respuesta: todo va bien...”.

Al mediodía del sábado 18 de septiembre pudieron entrar los primeros testigos, entre ellos el escritor francés Jean Genet, quien en su estremecedor relato “Cuatro horas en Chatilla” escribe: “El primer cadáver que vi era el de un hombre de unos cincuenta o sesenta años. Habría tenido una corona de cabellos blancos si una herida (un hachazo, me pareció) no le hubiera abierto el cráneo... Estaba tumbado en una callejuela inmediatamente a la derecha de la entrada del campamento de Chatila que está frente a la embajada de Kuwait. ¿Cómo los israelíes, soldados y oficiales, pretenden no haber oído nada, no haberse dado cuenta de nada si ocupaban este edificio desde el miércoles por la mañana? ¿Es que se masacró en Chatila entre susurros o en silencio total?...”.

No hay cifra oficial de víctimas. Entre 700 y 3.500 muertos, se dice. Pero ¿quién en Beirut iba a estar interesado en contar los cadáveres hacinados en las callejuelas de Sabra y Chatila? ¿El recién nombrado presidente, Amin Gemayel, hermano del asesinado Bachir y nuevo líder de las falanges? ¿El ejército israelí, cuyos mandos habían coordinado y puesto en marcha la operación y cuyas bengalas habían iluminado los campamentos mientras los falangistas hacían su trabajo?

El primer ministro israelí Menahen Beguin acuñó en esos días una frase de extremo cinismo: “Unos no judíos (goyim) han matado a otros no judíos, y vienen a culparnos a los judíos”. 

Las atroces imágenes de los cadáveres amontonados como fardos en las calles de Sabra y Chatila conmocionaron a la opinión pública. Hubo airadas protestas, una de las más masivas en Tel Aviv, pidiendo el procesamiento de los responsables de las matanzas y el fin de la invasión israelí de Líbano. El presidente estadounidense Ronald Reagan mostraba abiertamente su indignación y exigía responsabilidades a su homólogo israelí. Finalmente, el 28 de septiembre, se anunció la creación de una comisión de investigación encabezada por el juez Kahane, presidente del Tribunal Supremo israelí. La comisión recogió testimonios de militares y políticos israelíes y también de periodistas y diplomáticos extranjeros; no realizó ni una sola entrevista ni recogió testimonio alguno de los supervivientes, libaneses y palestinos, de las matanzas. El escritor francés Ilan Haleví, de origen judío palestino –sus padres pertenecían a la antigua comunidad judía de Palestina anterior a la colonización sionista–, realizó un detenido análisis de los trabajos de la comisión en su libro Israel, de la terreur au masacre d´Etat, en el que destaca el testimonio de los médicos occidentales, dos británicos y un norteamericano, que estaban en el Hospital Gaza de Sabra. Las declaraciones de estos médicos que testificaron también ante una comisión internacional independiente que se constituyó en Oslo, la Comisión Nórdica, apuntaban –señala Halevi– a la presencia de agentes del Mossad, “gentes en vestimenta civil, con actitud de mando, que hablaban en inglés y en alemán pero no en árabe”. La comisión desestimó ese testimonio. En su informe final, la comisión Kahane atribuyó al ministro de Defensa, Ariel Sharon, y a otros siete altos mandos del ejército israelí una “responsabilidad indirecta” en las matanzas. Sharon tuvo que dimitir de su cargo pero se mantuvo como miembro sin cartera del gabinete. Años después sería primer ministro de Israel. En diciembre de 1982, la Asamblea de Naciones Unidas determinó que las matanzas en los campos de refugiados palestinos de Beirut constituían un crimen de genocidio.

Nadie ha sido juzgado nunca por los crímenes cometidos en Sabra y Chatila hace ahora 40 años.   

Fuente; https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/sabra-chatila-memoria-masacre_129_1315421.html

lunes, 24 de mayo de 2021

“Ya no luchamos por el estado palestino, luchamos por la liberación”

 Samera Esmeir / activista y profesora palestina en la Universidad de Berkeley 

Samera Esmeir.Twitter

Samera nació en la ciudad de Haifa, la ciudad palestina que en la guerra de 1948 fue ocupada por las fuerzas sionistas, tras el fin del mandato británico en Palestina. Su familia fue parte de quienes fueron encerrados en un barrio pobre mientras la ciudad era tomada por completo. Estudió abogacía en la la Facultad de Leyes de Haifa y en 1995 se mudó a Jerusalén Oriental para trabajar en el Centro de Apoyo Legal Cuáquero. “Era un centro ilegal que ofrecía apoyo legal gratuito a los habitantes de Jerusalén Oriental y a los palestinos de Cisjordania. Así empecé mi práctica como abogada”, nos cuenta. Detalla que los casos que le tocaban eran de dos tipos: derecho de residencia y desalojos. “En los años 90, el estado de Israel aceleró la revocación del estatus de residente de los habitantes palestinos de Jerusalén Oriental como técnica para su proyecto de limpieza étnica y de volver minoritaria a la población palestina: entonces, trabajé en esos casos para impedir la revocación del estatus”. Agrega que, por entonces Israel tenía planes de urbanización en Cisjordania, proyectando grandes calles. “Podíamos armar casos en contra de las órdenes israelíes de demolición que destruían casas en la zona. Fue así que nos enteramos de proyectos de desarrollo de autopistas, avenidas y calles, como parte de un proyecto de urbanización que obstruye la circulación de lxs palestinxs y que facilita la movilidad de los colonos”. Luego empezó a trabajar en un despacho de abogados en Jerusalén Oriental, representando a palestinxs en la Corte Suprema israelí. En el ínterin hizo una maestría en leyes en la universidad de Tel Aviv. Luego se fue a Nueva York a hacer un doctorado. Dice que entonces tomó la decisión de dejar de ejercer como abogada: “Me di cuenta de que la ruta de la ley no era la ruta para poder liberar a Palestina”. Sin embargo, entonces cofundó la revista Adalah Review, vinculada a un centro de apoyo legal en Haifa en defensa de los derechos de lxs palestinxs, o sea de alguna manera el trabajo legal continuaba, aunque por otros medios. Desde el 2005, se convirtió en profesora e investigadora en la Universidad de California en Berkeley, sin dejar su activismo.

¿Qué elementos, tanto históricos como coyunturales, permiten comprender mejor el ataque actual contra Palestina y, en particular, que el foco esté otra vez en Gaza?

Gaza y Cisjordania fueron ocupados en 1967 por Israel y así completó entonces la ocupación de Palestina. El proceso de paz empezó en los años 90 pero fue interrumpido y en 2005 Israel se retiró por completo de la Franja de Gaza, donde había pocos asentamientos, de manera unilateral porque no quería negociar con Palestina. Estamos hablando de un área total de la Franja de Gaza de 41 kilómetros de largo y entre 6 y 12 kilómetros de ancho, con casi dos millones de palestinxs, de los cuales un millón cuatrocientos mil son refugiadxs de la guerra israelí. Es una población muy densa en un espacio pequeño de tierra. Señalar la unilateralidad de la retirada es importante porque establece la superioridad de Israel y su no voluntad de negociar con lxs palestinxs.

En 2007, sin embargo, Israel impone un bloqueo en Gaza impidiendo cualquier movimiento por mar, tierra y aire. Dice que el bloqueo es porque lxs palestinxs votaron en sus elecciones por el partido islámico de Hamas: es decir, el bloqueo es un castigo al voto. La elección de Hamas fue considerada como un desafío al gobierno israelí y a su supremacía porque Hamas es abiertamente un movimiento de resistencia. Podemos decir muchas cosas sobre Hamas, y hay varias posiciones al respecto, pero la reacción de Israel y la comunidad internacional que la respaldó, fue que imponer el bloqueo en Gaza tenía que ver con que Hamas es un movimiento de resistencia armado. Entonces, por casi quince años dos millones de personas en Gaza han estado viviendo en esa pequeña porción de tierra bajo bloqueo. Gaza reúne así historias de desposesión y sintetiza un estado de pobreza de la mayoría.

¿Cómo se ubica el bombardeo actual entonces?

En mi análisis, el actual bombardeo contra Gaza es una performance de supremacía. Una performance de que Israel puede y quiere destruir vidas cuando sea que se decidan a resistir. El bombardeo aéreo es la principal tecnología y la práctica clave en la performance de supremacía. Entonces, lxs palestinxs en Gaza respondieron enviando cohetes para atacar Israel. Estos cohetes son caseros porque Palestina no tiene el poderío militar de Israel. Y es esa la resistencia que cada vez Israel intenta aplastar. Esta ocasión, cuando estaban intentando desalojar hogares palestinos de Jerusalén, hubo un llamado de activistas palestinos pidiendo apoyo a Gaza, para ayudarles con la resistencia. Gaza respondió enviando cohetes en apoyo a la gente que luchaba contra los desalojos en Jerusalén este. Y así es cómo este nuevo episodio de destrucción empezó. Pero recordemos que Israel no necesita que haya cohetes para atacar en Gaza. Solo para hablar de la última década, entre 2012 hasta 2021 Israel continuó con rutinas, estructurales o esporádicas pero rutinas al fin, de bombardeo contra la Franja de Gaza. Recordemos que desde el 30 de marzo 2018, el día de la Tierra, hasta diciembre de 2019, Gaza participó en la que se llamó la Gran Marcha del Retorno demandando el fin del bloqueo y el retorno a los hogares mientras que recibían cientos de balas del ejército israelí. La marcha pacífica continuó aún cuando decenas fueron asesinados y cientos heridos. Lxs palestinxs en Gaza son asesinadxs cada vez que muestran algún signo de resistencia. Israel no tolera esto porque aspira al control total y a la pacificación total. No hace falta decir que esto es imaginario porque es imposible de lograr.

¿Cómo sintetizarías las demandas históricas de la lucha palestina por la autodeterminación? ¿Sigue siendo ese el vocabulario principal de los reclamos?

La ironía es que lxs palestinxs están siendo obligadxs a reconocer a Israel como un Estado para el pueblo judío, pero eso implica reconocer la autodeterminacion de los judíos en su tierra mientras que, al mismo tiempo, es su propia autodeterminación la que está negada. Ningún documento reconoce la autodeterminacion del pueblo palestino. Dicho esto, en el momento actual de la lucha palestina, el lenguaje no es el de la autodeterminación, incluso cuando fue muy importante por muchas décadas, porque fue el lenguaje de los movimientos anti coloniales de la segunda mitad del siglo veinte y porque se convirtió en una herramienta legal contra la colonización. Y Argelia fue un ejemplo para la organización de la liberación palestina, por ejemplo. Pero volviendo a este momento coyuntural, no escuchamos el lenguaje de la autodeterminación, sino otro lenguaje incluso preexistente: el lenguaje de la liberación, de la libertad. Liberación solía ser el concepto principal de la lucha palestina y ahora está de nuevo surgiendo.

¿Qué diferencias implica?

Este lenguaje está menos interesado en la cuestión de la estatalidad y más interesado en deshacer y destruir la tecnología colonial de gobierno y sus operaciones. Liberar es descolonizar. Liberar es lograr libertad. Liberar es deshacer la estructura de ocupación y conseguir dignidad y equidad en nuestra tierra. Liberar es deshacer el estatus de refugiadxs y permitirles volver a su hogar. Esta es la diferencia hoy entre el lenguaje de la liberación y el lenguaje de la autodeterminación. Quiero repetir: la lógica de la estatalidad puede volver a emerger y es parte de lo que introduce el liderazgo convencional, pero la gente en las calles no canta por la autodeterminación ni por la estatalidad después de todo lo que se intentó en relación a la promesa de estatalidad por casi tres décadas, desde el acuerdo de Madrid en principio de los 90. El lenguaje hoy es un revival de un concepto anterior de liberación. Nadie está analizando esto, pero esta diferencia y este revival es importante. Todavía no sabemos las consecuencias que tendrá.

Ha habido muchas manifestaciones en Palestina, donde sobresale la presencia joven. ¿Podrías explicarnos cómo el derecho al retorno, ese que impulsó las marchas los últimos años, y la oposición a la solución de los “dos estados” se expresó estos días concretamente en las calles?

El derecho a regresar ha estado en el centro de la lucha palestina hace ya varias décadas, mientras se discutía la opción de los dos estados. Lxs refugiadxs palestinxs se sentían excluídxs del proyecto de solución vía los dos estados y continuaron demandando el derecho a regresar. Lxs refugiadxs se han convertido en una fuerza central de la lucha palestinx. O sea, habían sido centrales ya en los años 60 y 70, pero los Acuerdos de Paz de Oslo los habían marginado porque Israel no permitía que regresen porque eso desarticularía la mayoría israelí en el territorio. Ha habido algunas propuestas que permitirían el regreso de algunos pocos a Cisjordania. En los Acuerdos de Paz, la OLP (Organización de Liberación Palestina) dejó de lado el tema de lxs refugiadxs para negociaciones futuras. También el tema de los asentamientos, de Jerusalén y la cuestión del agua. Es decir: cuatro temas centrales para la vida palestina fueron dejados de lado para que avanzaran los acuerdos de Oslo. Pero son los temas más centrales en cierto modo. Lxs refugiadxs palestinxs han estado imponiendo sus propias demandas en sus movilizaciones y en sus organizaciones. Hay también un movimiento dentro de Israel, de palestinxs que fueron desplazadxs dentro de su propia tierra, como mis padres, como yo, y hay un movimiento de regreso dentro del territorio mismo. En mi aldea, por ejemplo, los jóvenes y los mayores regresaron hace unos años, retomando la vida en la aldea destruída. Lo hicieron durante un año hasta que Israel los expulsó, otra vez. En las calles ves personas de todas las generaciones y el reclamo es por nuestra existencia, por nuestras vidas, generando espacio para que regresen lxs refugiadxs más allá de la forma política que tome Palestina. Esto es un cambio radical muy reciente aunque recordemos que esta era la demanda de la OLP cuando se formó en los años 60.

Se habla de un cambio generacional, tanto en el liderazgo como en las movilizaciones. ¿Cómo caracterizarías ese cambio?

La OLP, que en los 80 decíamos que era la única representación política de lxs palestinxs porque queríamos que el resto del mundo la reconociera como nuestro movimiento de liberación nacional, se transformó en la Autoridad Palestina que gobierna en particular Cisjordania. Hoy está haciendo el trabajo de ocupación en Cisjordania. No es ningún secreto, ya que está en todos los acuerdos publicados. Ellos tienen lo que llaman la coordinación de seguridad: esto significa que la Autoridad Palestina en Cisjordania colabora y coopera con Israel, le entrega información sobre las personas a quienes debe detener, liderada por una facción, Fatah, y algunos de sus aliados. La nueva generación está harta de esa organización. Y lo que están haciendo hoy es reactivar otra historia de lucha, una que ya no está interesada en lograr un estado, sino en la liberación de Palestina. Pueden articular una lucha que no está limitada por los lenguajes de la ley y la diplomacia internacional.

En ese sentido, ¿qué significó el llamado a huelga general esta semana?

La huelga general desafía el desmembramiento de la sociedad palestina. Cuando las fuerzas sionistas ocuparon Israel en 1948 inmediatamente desmembraron la sociedad palestina en tres grupos. La mayoría de lxs palestinos se convirtieron en refugiadxs, en Líbano, Siria y Jordania. Una minoría permaneció dentro de Israel y se les dio ciudadanía israelí. En 1967 Israel ocupa Cisjordania, incluyendo Jerusalén Oriental y Gaza y les impone un gobierno militar. La historia que se dibuja es una de fragmentación de la comunidad política en por lo menos cuatro partes: lxs palestinxs del 48, lxs palestinxs viviendo bajo ocupación en Gaza y Cisjordania, lxs refugiadxs palestinxs en la diáspora y en campos de refugiados, y lxs palestinxs residentes de Jerusalén Oriental. Después de la ocupación de la Jerusalén palestina en 1967, Israel anexó ese territorio, no se les dió ciudadanía israelí a lxs residentes palestinxs de la zona ocupada para no desestabilizar la mayoría y supremacía isrealí en el territorio, pero se les otorgó residencia a lxs palestinxs de Jerusalén. Una residencia como la que se le daría a un inmigrante que llega a un nuevo país que logra obtener una visa. O sea, es gente que queda marcada como no perteneciendo a ese territorio.

¿La huelga general funcionó como un acto de conexión de todo eso?

Sí, porque estamos desmembrados, quebrados y rotos como sociedad, en grupos con diferentes identidades y aspiraciones. Lo que hace la huelga general es que consolida, agrupa, y colectiviza a lxs palestinxs. Ese es su mayor éxito. Reúne a lxs palestinxs en su tierra. Por primera vez en muchas décadas somos un pueblo palestino, con nuestras pluralidades, nuestras diferencias, y emergemos como uno. Esta huelga nos da una aspiración colectiva. La belleza de la huelga es que, cada unx desde su lugar, nos permite participar a todxs. No miramos acciones a la distancia. La huelga, además, habla sobre el acto de protestar, sobre las confrontaciones que ocurren de modo cotidiano en los checkpoints. Hemos estado viendo potentes y bellas actividades ligadas a la educación, tours dentro de los territorios palestinos que buscan re-educarnos sobre la conexión a la tierra. El día de la huelga general hablamos de esa belleza, de la unidad, de prefigurar un futuro, de una libertad que llegará, pero en este día nuestro corazón también está roto porque Gaza se ha convertido en el laboratorio para la destrucción, para el bombardeo y los rituales de supremacía israelí. Es por y para Gaza que está sucediendo esta huelga general.

¿Cómo ha sido la respuesta de la comunidad internacional? ¿Y desde Estados Unidos en particular?

La respuesta de la comunidad internacional ha sido muda. Y nadie debería de esperar otra cosa más que EEUU defendiendo el derecho de Israel a defenderse porque financian esta guerra. Hace sólo unas semanas EEUU le dio a Israel cientos de millones de dólares en financiamiento militar. Lo que sí están haciendo, que es bastante común cada vez que bombardean Gaza, es darle tiempo a Israel para defenderse y después, gradualmente empiezan a hablar sobre la necesidad del cese de hostilidades. Y después de dos semanas, generalmente, hay un alto de fuego. Pero de hecho le dan a Israel dos o tres semanas para que complete su destrucción de la resistencia en Gaza y también la destrucción de las posibilidades de vida y de insurgencia en contra de la ocupación israelí. Ya es un ritual conocido. También sabemos que cuando Israel llega hacia el final de su campaña intensifica sus ataques. Estos días estamos siendo testigos de una destrucción horrorosa, porque Israel sabe que tiene licencia internacional de continuar destruyendo por unos par de días más hasta que la comunidad internacional participe en otro ritual más de negociación de un alto del fuego.

Claro, pero las protestas en el mundo fueron rápidas y en muchísimos lugares. Incluso varias conexiones entre la represión en Palestina y en Colombia, con carteles que se viralizaron...

Sí. Hay protestas en todo el mundo, y en el mundo árabe también, porque los estados árabes han abandonado a lxs palestinxs, pero no lo han hecho los pueblos árabes. Esta solidaridad es importante para que sepamos que no estamos reducidxs a los estados a los que pertenecemos, y a su orden internacional. Tenemos otras existencias políticas que importan en la lucha contra la desposesión, contra la colonización, y contra el racismo. Hay muchas conexiones y puntos de convergencia y obviamente diferencias con lo que está sucediendo en Colombia. La huelga de Colombia es contra las medidas neoliberales y la de Palestina es contra el proyecto de ocupación colonial, del llamado colonialismo de colonos (“settler colonialism”). Pero hay convergencias en relación a la desposesión y la violencia racista. Nos corresponde poner en diálogo estas prácticas y procesos de desposesión y racismo para poder cartografiar otro mapa del mundo, más allá del que está satisfecho con representar al mundo a través de los estados nación.

¿Cuál es el rol de los colectivos feministas palestinas y el impulso de acciones transnacionales de apoyo y solidaridad?

Palestina siempre ha tenido colectivos y luchas feministas desde el comienzo de las luchas palestinas anti-coloniales. Yo participé en esas luchas en los 90 cuando terminaba la secundaria y empezaba la facultad. La agenda feminista ha cambiado durante estos últimos años. En particular, ha habido un vuelco hacia la oenegización en Cisjordania, donde el apoyo internacional llega de la mano de talleres de capacitación. Es una agenda vía las ONG que separa las luchas feministas de la lucha palestina, que convierte al feminismo en una cuestión de igualdad de género principalmente, aunque también aborda cuestiones de violencia doméstica contra las mujeres. Pero no tiene ningún interés en explorar la intersección de raza, clase y género. Las feministas palestinas, en cambio, continúan pensando que el feminismo es una lucha en contra del proyecto de ocupación colonial, de opresión y violencia de género. Hace dos días la coalición de mujeres de Jerusalén hizo una declaración en apoyo a la lucha Palestina en contra de la ocupación colonial, enfocándose en cómo ha afectado de modo desproporcionado a mujeres, niñes, embarazadxs. Pero también hemos visto cómo en el mundo occidental no se asocia a Palestina con las luchas feministas. De hecho se da por sentado, de modo generalizado, que no hay posible intersección o alianza entre el feminismo y la lucha palestina. Por eso, las feministas palestinas en EEUU han insistido en categorizar la cuestión palestina como una cuestión feminista. Hace poco un colectivo feminista palestino en EEUU emitió una carta de amor a la gente en palestina aclamándolos por la incansable insistencia de permanecer en sus tierras, y describiendo esa lucha de perseverancia y potencia como una inspiración para la lucha feminista. Esta renovada lucha feminista, que se está dando principalmente por colectivos feministas palestinos en la diáspora, insiste en lo que siempre ha sido fundamental para la lucha feminista palestina previa a la ONGeización: la lucha contra todas las formas de opresión incluyendo la opresión del proyecto racista de ocupación y opresión colonial. En Palestina hay varios grupos feministas cuyas intervenciones se posicionan en la intersección de problemas de violencia género, en particular femicidios por familiares, y el modo en que la Autoridad Palestina ha encubierto a los culpables y asesinos. O sea que la lucha feminista se posiciona en contra de la Autoridad Palestina y de Israel. Las feministas se niegan a separar el feminismo de las problemáticas anti-coloniales, del mismo modo en que eso viene ocurriendo en América Latina, y en tantos otros movimientos feministas en el mundo hoy. O sea que la lucha feminista se ha convertido en un gran paraguas para fomentar y apoyar todo tipo de luchas en contra de la opresión colonial, la subyugación, el racismo y la violencia de género.

Fuente: https://ctxt.es/es/20210501/Politica/36099/Palestina-liberacion-colonialismo-Israel-huelga-general-feminismo-Samera-Esmeir.htm

martes, 18 de mayo de 2021

#GazaUnderAttack


A father holds the body of his 12-year-old daughter killed in an Israeli air strike that targeted their home in Gaza.

 

domingo, 16 de mayo de 2021

Mientras la violencia entre israelíes y palestinos crece, Netanyahu refuerza su poder

"Esta situación crítica le re-entregó al primer ministro la capacidad de seguir gobernando. Su gobierno se fue eternizando y él sin duda hace todo lo posible para no perderlo", expresa desde Israel Darío Teitelbaum, secretario general de la Unión Mundial de Meretz.

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La imparable escalada de violencia entre israelíes y palestinos aumenta las chances de que un alicaído Benjamin Netanyahu conserve el cargo de primer ministro. Acechado por la justicia y luego de conseguir una nueva victoria en las elecciones de marzo pasado, "Bibi" no logró reunir las alianzas necesarias para formar gobierno. A principios de esta misma semana las promesas de una nueva coalición al frente de Israel iban viento en popa. El último encargado de formar gobierno, el centrista Yair Lapid, parecía encaminado a formar un bloque alternativo que abarcara a un amplio espectro político unido por el espanto.

Pero ahora, en medio del conflicto, la perspectiva de una Israel sin Netanyahu suena cada vez más lejana. "Esta situación crítica le re-entregó la capacidad de seguir gobernando a Netanyahu. Su gobierno se fue eternizando y él sin duda hace todo lo posible para no perderlo", expresa en diálogo con Página/12 Darío Teitelbaum, quien preside la Unión Mundial de Meretz, el partido político de izquierda israelí.

Teitelbaum coordina el trabajo político de Meretz en el exterior. Nacido en la localidad bonaerense de Caseros, llegó a Israel en 1980. "Netanyahu estaba en un momento en el cual por los resultados de las últimas elecciones, cuartas en dos años, y por el sistema de gobierno constitucional israelí, había perdido la capacidad de formar gobierno. Estaba muy cercana la formación de un gobierno de cambio que lo dejaba a él afuera", se lamenta el dirigente argentino.

Los sectores opositores a Netanyahu tienen hasta el nueve de junio para formar una coalición que dirija el destino político de Israel. Según la prensa local tanto el exministro de Defensa Naftali Bennett, quien se convirtió en una pieza clave para lograr la ansiada mayoría parlamentaria, como el líder de la oposición Yair Lapid, mantenían conversaciones privadas hasta hace unos días. Pero la atención de ambos está ahora puesta en el conflicto que ya se ha cobrado la vida de 145 palestinos habitantes de Gaza y diez israelíes. En esa línea, el diario Haaretz consignó el viernes que para Bennett un gobierno de cambio ya no forma parte de la agenda. "En lugar de permanecer en la brecha durante una emergencia, se desdobló y allanó el camino para la peor opción de todas: el reinado continuo de la persona responsable del horrible estado en el que se encuentra nuestro país", señaló el matutino en un lapidario artículo.

El pasado cinco de mayo, y tras el fracaso en las negociaciones de "Bibi", el centrista Yair Lapid había recibido el encargo de formar gobierno en Israel. "Necesitamos un gobierno que refleje el hecho de que no nos odiamos unos a otros, en el que la izquierda, la derecha y el centro trabajen juntos para abordar los desafíos económicos y de seguridad que enfrentamos", reaccionó Lapid luego de darse a conocer la designación. Pero sus buenas intenciones se desmoronaron en cuestión de días.

Lapid, líder de la agrupación Yesh Atid (Hay Futuro), había terminado segundo en los comicios del pasado 23 de marzo con 17 bancas, por detrás del partido Likud de Netanyahu, que alcanzó 30 escaños. Con experiencia como conductor televisivo y periodista, Lapid quedó frente a la dura tarea de formar una coalición entre una amplia amalgama de partidos de ideologías muy diversas que van desde la izquierda pacifista hasta la extrema derecha, solo unidos por su firme oposición a Netanyahu. Más allá de Yesh Atid, Lapid consiguió el respaldo del centrista Azul y Blanco, del ultraderechista Israel Nuestro Hogar, de la centro-izquierda del Partido Laborista, del pacifista Meretz, del derechista Nueva Esperanza y de cinco de los seis diputados de la Lista Unida árabe.

Sin embargo esos apoyos no alcanzan la mayoría de 61 diputados para formar gobierno, por lo que Lapid debía (¿o debería?) seducir a otros posibles socios con ideologías también alejadas, entre quienes podrían figurar la derecha de Yamina o el islamista Raam. "En este momento la oposición a Netanyahu no es monolítica porque tiene oposición desde derecha, desde centro y desde el flanco izquierdo. Estos tres flancos pensaron que podían formar gobierno con el apoyo de los partidos árabes, pero toda esta situación en la cual sube la tensión interna en Israel debilita en la opinión publica la posibilidad de formar un gobierno de esta clase", explica Teitelbaum desde Israel.

En el medio de esta coyuntura y con un conflicto que parece lejos de resolverse, ¿dónde está parada la izquierda israelí? "Meretz siempre estuvo varios pasos adelante en la concepción de cómo hay que manejar la situación en Israel, cómo solucionar lo que vemos como un conflicto heredado y magnificado por Netanyahu. Por eso en este momento llamamos a cumplimentar la idea de dos Estados para dos pueblos", advierte Teitelbaum. Para el dirigente pacifista, un acuerdo general con el pueblo palestino no alcanza dada la situación particular que atraviesa Gaza, que es "una desventaja viviente y necesita un abordaje diferente, especialmente frente a esta situación de haber sido capturada por Hamas".

Netanyahu durante un discurso a la policía fronteriza en Lod el jueves pasado. (Fuente: EFE)
Netanyahu durante un discurso a la policía fronteriza en Lod el jueves pasado.. Imagen: EFE

Para Teitelbaum, Netanyahu usó y sigue usando al país y y a sus políticas de gobierno como un recurso para su propia supervivencia. "Lo ha hecho creando tensiones entre una población y otra, por medio del uso indebido de su poder y basado en la idea que tiene la derecha israelí que dice que Netanyahu es el único factor que puede seguir dando poder a la derecha. Ese es el motivo por el cual factores diferentes, tanto políticos como religiosos, apoyan al primer ministro, por el mero hecho de que les da el poder. Se logra contentar a diferentes sectores de centroderecha, derecha, religiosos y ortodoxos de tal manera que todavía puedan seguir gobernando", expresa el activista argentino.

El primer ministro de Israel atraviesa además una delicada situación judicial. "Para Netanyahu quedar fuera de gobierno significa también la gran complicación legal por el proceso y los cargos que se presentaron contra él, por abuso de confianza, fraude y corrupción", recuerda Teitelbaum al respecto. Pero nadie en Israel imagina una destitución del jefe de gobierno que más tiempo ejerció el cargo desde la constitución del Estado de Israel.

El dirigente de Meretz menciona tres factores importantes que, en su opinión, ayudan a entender el apoyo popular que a pesar de todo mantiene el primer ministro israelí: "deslegitimar todo lo que no sea o responda a Netanyahu, una maniobra política de la población árabe que una vez son riesgo y otra vez pueden ser sus compañeros por medio del partido Raam de Mohamed Abbas, y por último hay que reconocer que el pueblo de Israel le debe personalmente a Netanyahu el hecho de haber traído millones de vacunas con las que nos vacunaron contra el coronavirus".

Teitelbaum vive en un kibutz a siete kilómetros de la Franja de Gaza. Escucha constantemente entradas y salidas de cohetes y bombas, todo tipo de explosiones. Aunque la conversación gira en torno al conflicto y sus consecuencias políticas, el dirigente nacido en Argentina no puede evitar reflexionar sobre la coyuntura que tiene enfrentados, una vez, más a israelíes y palestinos. "No estamos en una situación simétrica, pero por sobre todo hay que hacer un esfuerzo muy grande para parar la violencia, y esto no tiene nada que ver con quién empezó. Esta violencia nos mata a todos", explica quien se define como judío sionista de izquierda.

 Fuente: https://www.pagina12.com.ar/341855-mientras-la-violencia-entre-israelies-y-palestinos-crece-net

sábado, 15 de mayo de 2021

«Nos han marcado la casa y pueden venir en cualquier momento»

La minoría árabe de Israel denuncia la impunidad de los radicales judíos en la oleada de violencia que afecta a las ciudades mixtas del país 

Las marcas en la casa de Isaac, un madrileño que vive desde hace siete años en Haifa. /
Las marcas en la casa de Isaac, un madrileño que vive desde hace siete años en Haifa.

Terror. La voz de Isaac Ogloblin se entrecorta al otro lado de la línea. No es un problema del teléfono, es que el pánico dificulta su respiración. Jadea. Luego empieza a hablar de forma desatada. «Esto no tiene nombre, no sé cómo describir la brutalidad de la situación en Haifa. Ha sido como una auténtica Noche de los Cristales Rotos, pero con radicales judíos dando palizas a los árabes, entrando en sus casas a saquearlas y marcando otras para próximos días. A nosotros nos han marcado la casa, pueden venir en cualquier momento», relata este madrileño que reside desde hace siete años en esta ciudad costera del norte del país, donde estudia su doctorado en Arqueología Submarina.

Su pareja es una joven árabe cristiana de Haifa y están encerrados en casa desde la noche del miércoles, cuando esta ciudad, como Lod, Acre, Vad Yam, Berseba, Lod y otros lugares de población mixta del país sufrieron una oleada violencia entre judíos y árabes que no se recordaba desde la Intifada de 2000. En las últimas 24 horas se ha detenido a 374 personas, muchos de ellos jóvenes de apenas 13 años, según informa la Policía.

«La gran diferencia es que a ellos les protege la Policía y a los árabes todo lo contrario, les atacan. El odio del extremista judío al árabe, sea musulmán o cristiano, no tiene límites. Unos gritan «Free Palestine», los otros salen a las calles al grito de «¡muerte a los árabes! Hay una enorme impunidad». Además de la marca en su puerta, Isaac y su novia han recibido mensajes de amenaza de un grupo radical que se autodenomina «El ejército del pueblo» y que es el paraguas que agrupa a los ultranacionalistas en Haifa.

Mientras el mundo mira al frente de Gaza, los medios israelíes no pierden de vista este estallido de violencia entre comunidades y diarios como Ynet titularon: «Israel ha perdido el control». Hasta el momento ha habido un muerto, un ciudadano árabe abatido por disparos de un colono en Lod, y decenas de heridos. En Lod, muy cerca de Tel Aviv, se ha establecido el estado de emergencia y por las noches hay toque de queda. Los árabes de Israel representan un 20 por ciento de la población y salieron a las calles a protestar en señal de solidaridad con las familias que pueden ser desalojadas del barrio de Sheikh Jarrah de Jerusalén Este por una organización de colonos y para mostrar su repulsa a los asaltos policiales a la Explanada de las Mezquitas.

El ministro de Defensa, Benny Gantz, ordenó un despliegue «masivo» de fuerzas de seguridad en estas ciudades israelíes mixtas y Benjamín Netanyahu declaró que «no hay nada que justifique el linchamiento de judíos o árabes». Diez compañías de reservistas de la Policía de Fronteras intentarán a partir de ahora controlar la situación y evitar los enfrentamientos, linchamientos, palizas y actos vandálicos.

En la puerta de Isaac los radicales le han enviado un mensaje: «entrada prohibida». Ahora cuenta los días para concluir su doctorado y regresar a España.

 Fuente: https://www.elcorreo.com/internacional/oriente-proximo/marcado-casa-pueden-20210513184607-ntrc.html

sábado, 9 de enero de 2021

“Tengo nueve años y he vivido tres guerras”

El documental ‘Dreams Behind The Wall’, de la española Elena Herreros, narra la vida de los niños de Gaza y Belén, acostumbrados a despertarse con el sonido de las bombas 


  'Dreams Behind the Wall' El mar era la libertad porque era amplio y sin fin. Así lo percibía la periodista Elena Herreros Rivas (Madrid, 31 años) hasta que llegó a Gaza. Lo primero que dijo fue que ella escaparía a nado. Su amigo y traductor Kayed Hammad le respondió con franqueza: si un palestino coge la barca a la deriva, recibe bombardeos de los israelíes. El mar también tiene fronteras. “Es una fuente de alimentación. Lo que conseguían lo vendían y lo mandaban a Cisjordania. Ahora no sirve ni como vía de escape ni como recurso; no sirve para nada. Ni siquiera pueden bañarse porque está contaminado”, señala en una conversación telefónica.

En esa sensación de naufragio lúgubre viven los habitantes de Gaza y Belén (Cisjordania) que Herreros decidió retratar durante casi dos meses en el documental Dreams Behind The Wall, disponible en Filmin. De todas las posibles lecturas ella se decantó por la visión de los niños, que se plantean su futuro (¿Para qué estudiar cuando hay una guerra que destroza todo?), que lanzan rocas contra el cerco que separa a israelíes y palestinos (por rebeldía y por las humillaciones que sufren sus padres) y que, cuando llega un invitado a casa, enseñan su búnker con una naturalidad escalofriante.

Es el caso de Tuka, una de las niñas que cuenta su testimonio con una verborrea y una claridad impropia de su edad. “Tengo nueve años y he vivido tres guerras”, sentencia impasible. La periodista mezcla el discurso de la menor con unas imágenes infantiles para que el espectador se percate de que, aunque las frases indican madurez, sigue siendo una niña. “No aparecía ni en el guion. Teníamos en producción a dos familias con niños de edades parecidas y Tuka fue una perla”, recuerda. Estaban de visita en una zona derruida, donde antes había un canal donde se limpiaban aguas, y se les acercaron unos niños. “Ella me tocaba la pierna y me hablaba muy rápido. No la entendía bien, pero quería contar algo, sobre todo a alguien de fuera. Llamé a Kayed para que me tradujera. Ella contó todo lo que le salía de dentro; solo le hice tres preguntas”.

En su relato, Tuka da mucha importancia a que perdió una zapatilla. “¡En un bombardeo! Cuando estás allí sales corriendo, temes por tu vida, pero a ella le quedó marcado. Ahí se trasluce su inocencia infantil”. Los padres tiemblan cuando sus hijos les piden salir a la calle a jugar. En las aceras se libra la guerra. De hecho, en una de las escenas cotidianas, uno le pide a sus hijos que se queden en casa con el ordenador. Al contrario de lo que ocurre en el resto del mundo. Esos son los detalles que la directora quiere resaltar, la costumbre al miedo con la que viven: “Lo que no se ve no existe. Se cuentan las guerras, pero estamos inmunizados y no nos paramos a mirar la posguerra, que es incluso peor. Yo fui en 2014, han pasado seis años y la situación está igual”.

Imagen de la grabación del documental 'Dreams Behind the Wall' (2014) cedida por su directora, Elena Herreros.
Imagen de la grabación del documental 'Dreams Behind the Wall' (2014) cedida por su directora, Elena Herreros.
 
Herreros solo nota una novedad: que las carreteras están más limpias. “No se han reconstruido casas. De hecho, en un informe de las Naciones Unidas de 2015 se decía que Gaza se volvería inhabitable en 2020 porque es una cárcel al aire libre”. Herreros decidió enfocarse en Belén (Cisjordania) por la ambivalencia del turismo religioso cristiano y la precariedad: “Una de las excursiones es ver la Natividad, que está a 300 o 400 metros del campo de refugiados. A las seis de la tarde, cada día, los chavales empiezan a tirar piedras al muro en señal de protesta. Tienen entre 6 y 9 años y generan esa rabia desde pequeños”. Después se abre el portón, llegan los militares, esparcen gas lacrimógeno y todos vuelven a sus casas.

La periodista reconoce que en Cisjordania no están tan encerrados como en Gaza ―”es el territorio más densamente poblado del mundo”― porque pueden salir a trabajar a Jerusalén. El problema es que tienen que pasar por un puesto de control. “Si normalmente tardarías 10 minutos, con este requisito puedes tardar hasta dos horas. Salen de casa a las cinco para llegar al trabajo a las ocho”.

La inquietud por narrar estas historias le llegó desde muy joven. “Mi madre es periodista y trabajó un tiempo en Jerusalén. Cubrió el conflicto palestino, volvió a España, empezó a trabajar en ACNUR y luego en UNRWA, la oficina para los palestinos refugiados. “En el mundo hay millones de refugiados, pero un tercio de ellos son palestinos. Todo esto siempre ha estado presente en mi vida, no es un tema ajeno a mí”, defiende. Eso se sumó a unos contratos periodísticos precarios. Harta de su situación laboral decidió hacer un documental “en un sitio ni fácil ni barato”. Tomó parte de la herencia de su padre e hizo un crowdfunding. “Sentada en una silla no estaba contenta”, asegura.

En Dreams Behind The Wall los niños muestran su realidad. Una de ellas mira a la cámara y recita: “La infancia es una flor que se mueve en el corazón de la primavera, reluciente por el aliento del rocío en el alma apacible”. Ellos evidencian un presente más turbado.

Fuente: https://elpais.com/cultura/2021-01-06/tengo-nueve-anos-y-he-vivido-tres-guerras.html?utm_source=Twitter&ssm=TW_CM_CUL#Echobox=1610017998

martes, 11 de febrero de 2020

Plan Trump, la legitimación de un robo

Los dirigentes palestinos piden que se asegure que un orden mundial basado en reglas sea el único camino a seguir para todos

Donald Trump y Benjamin Netanyahu, el pasado 28 de enero en la Casa Blanca.
Donald Trump y Benjamin Netanyahu, el pasado 28 de enero en la Casa Blanca. AFP
Un proyecto de paz nunca podrá conllevar la legitimación de la violación del derecho internacional. Sin embargo, es lo que ha hecho el llamado plan Paz por Prosperidad, elaborado por la Casa Blanca. Es una iniciativa anexionista que define bien su ceguera política, arrogancia e ignorancia. Mientras, tanto Israel como la Administración Trump están tratando de engañar al mundo con promesas de un "futuro mejor", queda el hecho de que la sinergia ideológica entre dos líderes populistas de derecha les está llevando a compartir una sola visión: el apartheid.

Este plan de anexión es una recopilación de posiciones israelíes, muchas de las cuales fueron presentadas textualmente por representantes israelíes en negociaciones anteriores. Es un plan negociado entre colonos y representantes de Estados Unidos, ambos partidarios de la política ilegal de colonización de los territorios palestinos. Tal y como aparece en el mapa presentado por EE UU, el plan responde a una lógica de apartheid que nada tiene que ver con una solución de "dos Estados". Aaron David Miller, uno de los exfuncionarios estadounidenses con más experiencia en el proceso de paz, explicó que le dijo al asesor y yerno del presidente, Jared Kushner, que no actuara como "abogado de Israel" si quería tener éxito. Evidentemente, Kushner fue más allá al convertirse en el abogado de las políticas de anexión y colonización de Israel.

Argumentar que la anexión y la colonización, manifiestamente ilegales en el ámbito internacional, deben normalizarse como resultado de su plan está sentando un peligroso precedente para que cualquier país poderoso imponga cualquier realidad que considere necesaria, incluso violando el derecho internacional. Cualquiera que acepte firmar el plan de Trump, o los pocos que sugieren que este documento podría tomarse como base para cualquier compromiso, le están diciendo claramente al pueblo palestino que acepte un crimen de guerra como base para cualquier conversación. Claramente, no se trata de rechazar una propuesta de paz sino de decir no a un intento de legitimar el robo, cuando menos, como una herramienta en las relaciones internacionales.

La lógica distorsionada del equipo de Trump sugiere que lograr la paz implica acomodar todos los deseos de los extremistas israelíes. El plan indica claramente la perpetuación de la ocupación colonial de Palestina por parte de Israel y la fragmentación de su tierra. Otorga a Israel el control total de Jerusalén y "legaliza" sus asentamientos, transfiere su población al territorio palestino ocupado y niega los derechos de los refugiados palestinos. Además, el equipo de Trump espera que el pueblo de Palestina se tome esto como un regalo sin precedentes. De hecho, y en más de una ocasión, Kushner ha seguido repitiendo que estaba seguro de que los palestinos estarían sin duda "sorprendidos" de lo "bueno" que es el plan para los ellos. ¿Qué muestra esto? Una combinación de ignorancia, complicidad y falta de respeto.

El presidente Mahmud Abbas se dirigirá este martes al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el órgano encargado de preservar la paz y la seguridad mundial, con un mensaje de urgencia para dar una oportunidad a la paz, no al apartheid. Nuestra visión de la paz se basa en poner fin a la ocupación de Israel para lograr crear un Estado de Palestina independiente y soberano en la frontera de 1967 con Jerusalén Oriental, su capital. Esta es nuestra histórica concesión para la paz hecha en 1988, dando a Israel alrededor del 78% de la Palestina histórica. Una Palestina libre que coexista en paz, seguridad y prosperidad con el resto de la región. Todas las cuestiones del estatuto permanente deben ser resueltas de una manera justa que respete el derecho internacional y las resoluciones pertinentes de Naciones Unidas. En el marco de la iniciativa de paz árabe, este será el punto de entrada para nuevas relaciones diplomáticas y comerciales entre las partes.

No basta con que la comunidad internacional sepa lo que hacen tanto Israel como la Administración Trump. Salvar las perspectivas de paz requiere un compromiso, poner fin a la impunidad para prevenir eficazmente las posibilidades de anexión y crear las condiciones para la celebración de conversaciones significativas basadas en el mandato acordado internacionalmente para el proceso de paz de Oriente Próximo. Nuestra propuesta incluye el establecimiento de un equipo países para facilitar un proceso de paz significativo. Un proceso que trabaje en la aplicación del derecho internacional en lugar de uno de anexión hecho para violarlo.

Aunque apoyan las negociaciones directas basadas en el derecho internacional y las resoluciones de Naciones Unidas, la Liga Árabe y la Organización de la Cooperación Islámica (OCI) ya han dicho que no a un plan que ni apoya un Estado soberano de Palestina, con Jerusalén Oriental como su capital ni respeta el histórico acuerdo de statu quo de nuestros santos lugares en la ciudad. La Unión Africana y la Unión Europea ya han declarado que el plan Trump contradice el derecho internacional. Palestina está ofreciendo al mundo una propuesta seria para lograr una paz justa y duradera. Estamos pidiendo que se asegure que un orden mundial basado en reglas sea el único camino a seguir para todos. En lo que respecta a la aplicación de los principios fundamentales, incluida la responsabilidad de terceros, Palestina no debe ser la excepción.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2020/02/10/opinion/1581360568_516932.html

viernes, 31 de enero de 2020

El fin de Palestina

La mirada de Mónica G. Prieto sobre Palestina: "Hasta hace no tanto, los países árabes se habrían opuesto a este plan por injusto, pero en estos tiempos de 'realpolitik' sin escrúpulos no hace falta fingir ni contentar a las poblaciones, así que Arabia Saudí y Emiratos Arabes alaban los 'esfuerzos' de Trump".

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Protesta contra los planes de Trump. REUTERS
 Al principio, solo parecía errático. Donald Trump carecía de una estrategia internacional más allá de la destrucción del legado de Barak Obama, sin pensar en el largo plazo. En algunos episodios incluso resultó coherente, como su respuesta ante un ataque con gas sarín del régimen sirio contra su pueblo –ya fue más de lo que hizo Obama tras la masacre de Ghouta– o el pulso dialéctico con Corea del Norte que se tradujo en un proceso diplomático catatónico pero aún con vida: lo más cerca que ha estado la península coreana de la paz en las últimas dos décadas.

Otras muchas de sus decisiones como el asesinato del general Qassem Suleimani y el colapso del pacto nuclear con Irán, el abandono del Acuerdo de París o el TPP o el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el repliegue militar en Asia y Oriente Próximo o la extorsión económica a sus socios, cada vez más reacios a apoyarle, parecen diseñadas para minar, destruir y aniquilar la estabilidad internacional, ese frágil sistema que ordena el mundo sin abocarnos a la destrucción.

Semejan estar cuidadosamente concebidas para sembrar la discordia, alimentar los agravios contra Occidente, dividir aún más a un mundo ya polarizado y dejar un vacío de influencia y credibilidad progresivamente ocupado por dos países que aspiran a rellenarlo desde las más firmes convicciones antidemocráticas: China y Rusia. Pero ninguna de sus decisiones resulta tan injusta ni mina tanto la credibilidad y la influencia de Washington como su plan de paz para Israel, que no para Palestina.

Con él, Trump desafía la histórica postura mantenida por la comunidad internacional durante 70 años basada en la máxima paz por territorio y en la ilegalidad de los asentamientos judíos para consagrar un apartheid de manual, instaurado mediante una política de hechos consumados por Israel que nadie osó a desafiar.

Su proyecto no solo ignora las fronteras del 67 –referente para lograr una paz justa– sino que concede a Israel un 30% más de aquel territorio y le permite anexionarse el Valle del Jordán (entregándole la frontera con Jordania) y la miríada de asentamientos que atomizan la integridad de Cisjordania. La castigada franja de Gaza y los bantustanes de Cisjordania quedarían supuestamente unidos por túneles: una bofetada a la viabilidad de cualquier Estado.

Jerusalén, hogar de la Mezquita del Al Aqsa –tercer lugar más sagrado del Islam, tras Meca y Medina– perderá su actual estatuto de ciudad en disputa para ser declarada capital del Estado de Israel. Y las colonias, con casi medio millón de ocupantes, quedarán anexionadas y normalizadas, pese al desplante hacia la legislación internacional. Los palestinos no han tenido voz ni voto: el proyecto lo han cocinado Trump y su socio Benjamin Netanyahu y lo han presentado el mismo día en el que el fiscal general acusaba formalmente al premier israelí por corrupción. De ahí que Netanyahu acelere la anexión del nuevo territorio antes de que los tribunales, la Corte Penal Internacional que investiga crímenes de guerra tras las políticas israelíes de los asentamiento o las elecciones del mes próximo se lo impidan.

El plan supone el final del sueño palestino. Se traducirá en la imposibilidad de crear un Estado viable donde pueda regresar el exilio (seis millones) desperdigado en campos de refugiados de todo Oriente Próximo. Dan Rothem, exasesor del primer ministro Ehud Olmert, experto en propuestas de paz, estimaba –citado por el New York Times– que el plan de Trump entregará a Israel un 84% más de tierra respecto a la que tenía antes de 1967. Nunca, a lo largo de la historia del conflicto, se ha contemplado una solución que ofrezca tan poco a Palestina: solo un presidente cortoplacista y sin una visión global podía responsabilizarse de una solución sin justicia, basada una vez más en la extorsión casi mafiosa: por eso promete una lluvia de millones para los palestinos si aceptan un diseño que entierra para siempre el sueño de un Estado viable.

«Cada día aprendemos más sobre las tácticas que esta Administración utiliza para promover sus objetivos, y cada día comprobamos que no son más sofisticadas que las tácticas de los gángsters», lo definía la exembajadora norteamericana en Qatar Dana Shell Smith. Hasta hace no tanto, los países árabes se habrían opuesto a este plan por injusto, pero en estos tiempos de realpolitik sin escrúpulos no hace falta fingir ni contentar a las poblaciones, así que Arabia Saudí y Emiratos Arabes alaban los “esfuerzos” de Trump. En el nuevo mundo unilateral, la ley y el sentido común han sido sustituidos por los caprichos e intereses de los vendedores de humo, sobre todo si estos necesitan distraer la atención de sus propios problemas judiciales. Huyen hacia adelante quemando aquello que pisan.


Fuente: https://www.lamarea.com/2020/01/30/el-fin-de-palestina/

martes, 24 de septiembre de 2019

“Muerte a los árabes”

El grito de jóvenes judíos fue para el escritor Sayed Kashua la culminación de un fracaso colectivo y también personal

israel palestina
Un hombre reza frente a la mezquita de Al Aqsa, en Jerusalén, el pasado mes de mayo. AFP/ Getty Images
“Muerte a los árabes”, escucha Sayed Kashua gritar en las calles de Jerusalén, y ese grito, cuenta el escritor, le rompe por dentro. No es la primera vez que lo escucha, aunque con suerte igual es la última. Después de ese día, Kashua decide dejar su país, Israel, y emigrar con su familia a Estados Unidos. El grito de esos jóvenes judíos —“muerte a los árabes”— es para Kashua la culminación de un fracaso colectivo y también personal. “Llevo 25 años escribiendo en hebreo y no ha cambiado nada. Veinticinco años aferrado a la esperanza, creyendo que no es posible que la gente esté tan ciega”. Sin motivos para el optimismo, durante 25 años este autor árabe-israelí ha creído “que sería posible que un día los israelíes dejarían de negar la nakba, la ocupación y el sufrimiento del pueblo palestino. Que un día los palestinos estarían dispuestos a perdonar, que juntos podríamos construir un lugar en el que valdría la pena vivir”.

De esos 25 años, más de 10 los dedicó a escribir en hebreo una columna semanal para el periódico israelí Haaretz. En sus textos trataba aspectos cotidianos de la vida en Israel desde el punto de vista árabe. La editorial Galaxia Gutenberg ha publicado una selección de estas columnas (2006-2014) bajo el título Llega un nuevo día: Notas de una vida palestino-israelí. Las columnas se leen como un diario íntimo en el que cada entrada constituye un relato de esa vida. Con el avance de los años vemos cómo Kashua se convierte en su propio personaje, un tipo maniático, machista, egocéntrico, que abusa del alcohol, irresponsable. Aun así, o porque se muestra de forma tan vulnerable y poco halagadora, resulta conmovedor. Cada uno de los relatos muestra la realidad a través del humor negro y la ironía, o de detalles cotidianos que nos hacen ver hasta qué punto la violencia está normalizada, salpica y permea cada vida.

En ‘La bicicleta’, por ejemplo, Kashua quiere paliar los efectos de su consumo de alcohol y decide hacer ejercicio. El primer día da un largo paseo que cuenta con humor, ridiculizando su torpeza. Pero, entre sudores y agonías, aparece un control de policía que ha detenido a un niño y le está interrogando por el origen de su bicicleta. El niño responde en árabe que se la ha regalado su padre, pero los soldados sólo hablan hebreo. La situación es tensa. Kashua los observa de lejos, sin intervenir, hasta que uno de los policías le mira y pregunta: “¿Hay alguien aquí que sepa árabe?”. Kashua niega con la cabeza, sale corriendo y no para hasta llegar a casa. ¿Saturación, indiferencia, incapacidad de reacción, cobardía?

Kashua se sitúa en el centro del conflicto, nos muestra la degradación que genera la violencia, pero ese ¿cómplice indiferente? también puede ser víctima. En ‘Pasaportes extranjeros’ Kashua dice: “Con los años, cada vez parezco más árabe”. ¿Qué significa esto? En el aeropuerto de Jerusalén significa que, tras un chequeo, le pongan una pulsera naranja en el cierre de su maleta. Nadie más en el aeropuerto la lleva: “Sabía que me miraban, sabía que estaba marcado, y una fuerte sensación de humillación me atrapaba cada vez que alguien miraba la pulsera naranja”. En otras columnas habla de los árboles que planta el Gobierno israelí para que no se vean los muros, en otras de que sus hijos tienen miedo a hablar árabe en su barrio judío, en otras de cómo los árabes le reprochan que escriba en hebreo, en otras… Hasta que llega ese “muerte a los árabes” y Kashua decide poner punto final a la esperanza.

 Fuente: https://elpais.com/elpais/2019/09/20/ideas/1568987883_747679.html?ssm=TW_CC

lunes, 23 de septiembre de 2019

"Pensar que Israel logrará la estabilidad y la paz aplastando a millones de Palestinos es una locura"

Yehuda Shaul es cofundador de Breaking The Silence, organización formada por antiguos militares israelíes que critican la ocupación
"El sentimiento de una persona promedio en Tel Aviv es que la ocupación no es un problema. No pagan un precio por ello", señala Shaul, "están dormidos"
"La idea de que Israel logrará la estabilidad y la paz aplastando a millones de Palestinos es una locura. Nunca ha funcionado en la historia y no hay razones para pensar que esta vez sí"


Yehuda Shaul
Yehuda Shaul                  
 Yehuda Shaul habla tranquilo, con tono grave y en su perfecto inglés, desde una cafetería en Madrid. "El sentimiento de una persona promedio en Tel Aviv es que la ocupación no es un problema. No pagan un precio diplomático, político, mediático, apenas de seguridad…", señala este activista israelí. "Están dormidos", denuncia.

Quizá porque muy pocos saben a qué se dedican sus soldados cuando nadie les ve. Contra esa duermevela creó Shaul la ONG Breaking the Silence, dedicada a recopilar los abusos del Ejército en boca de sus propios soldados: asaltos a viviendas y arrestos aleatorios en barrios palestinos, castigos e intimidaciones a ancianos y niños…

Shaul creó la ONG poco después de terminar el servicio militar obligatorio de tres años en las Fuerzas de Defensa Israelíes en la ciudad ocupada de Hebrón en 2004, coincidiendo con el pico de violencia de la Segunda Intifada. Criado en la derecha israelí y con varios familiares colonos, fue al instituto en la Cisjordania ocupada y no fue hasta que dejó los fusiles y las ropas de camuflaje, cuando aquello que había estado haciendo durante tres años le hizo reflexionar.

Buscó refugio en sus "camaradas", y fue a través de conversaciones en los cuarteles cómo algunos de los soldados y exmilitares israelíes de una de las Fuerzas Armadas más temidas del mundo comenzaron a romper su silencio y a reconocer sus dudas sobre si lo que habían hecho estaba bien o no.
Empezaron su activismo con una exposición. Fotos del día a día en el Ejército. Tanques, civiles palestinos golpeados o arrestados con los ojos vendados, niños desde el visor de un francotirador… El objetivo era contar qué pasaba en las zonas ocupadas y qué estaban haciendo aquellos que se habían acostumbrado a la violencia. "La gente que venía estaba en shock, mientras que para nosotros aquello era como estar en casa", recuerda. Años después publicaron 'El libro negro de la ocupación', que recogía más de un centenar de testimonios sobre la intimidación y el día a día en Gaza y Cisjordania.


Y así pasaron quince años. Y, con ellos, el viraje al conservadurismo de la mano del partido del primer ministro conservador Benjamin Netanyahu, el Likud. De aquella exposición fotográfica que presentaron en el Parlamento israelí han pasado a tener su propia ley en contra, la 'Ley Breaking The Silence', que prohíbe dar charlas en los colegios a las voces disonantes. El objetivo, según Shaul, es callar la disidencia y matar el pensamiento crítico para que así el paso a un apartheid legal se haga de la forma más natural y "menos abrupta" posible.

Las elecciones refuerzan la ocupación
Los resultados de las recientes elecciones confirman el apoyo y la continuación de la ocupación. El actual primer ministro conservador, Benjamin Netanyahu, que se jugaba su impunidad jurídica y la radicalización de su proyecto político ha empatado con el otro favorito, Benny Gantz, exjefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas y también defensor de la ocupación. "La idea de que Israel logrará la estabilidad y la paz aplastando a millones de Palestinos es una locura. Nunca ha funcionado en la historia y no hay razones para pensar que esta vez sí", señala el activista.

La repetición electoral, según Shaul, ha puesto sobre la mesa dos cuestiones fundamentales, explica mientras se bebe una Coca Cola. La primera es el anuncio prometido por Netanyahu como guiño a los colonos y sectores más ortodoxos de anexionar los territorios ocupados de Gaza y Cisjordania. Imponer la soberanía, aplicar la ley israelí y… "formalizar un régimen de apartheid".

El segundo aspecto, denuncia Shaul, es la destrucción de los pilares de lo que él considera los valores fundacionales e instituciones liberales de Israel: "Una educación y unos medios de comunicación críticos, una sociedad civil vibrante, un poder Judicial independiente..."

Fotografía de un civil desde el visor de un francotirador.
Fotografía de un civil desde el visor de un francotirador. Yehuda Shaul
 Sumada a esta delicada coyuntura interna, el activista añade un contexto internacional "trumpiano" y el llamado Acuerdo del Siglo o Plan Trump —Shaul hace un juego de palabras y lo llama 'Sham Trump' (el Engaño de Trump)—, cuyos detalles todavía se mantienen en secreto. "Lo que están intentando hacer es terminar con el paradigma de los dos Estados, la ley internacional, las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y, en el mejor de los casos, legitimar la ocupación permanente. En el peor, la anexión sin igualdad de derechos", denuncia.

"Todo va a depender de cómo responda Europa", afirma. "Si vuestros líderes no comprenden que Europa tiene que defender con contundencia el derecho y lo acordado en los tratados internacionales", no solo sentará precedente para disputas similares futuras, sino que "Israel perderá la oportunidad de, en un futuro lejano y progresista, dar marcha atrás y rectificar" .

El papel de los agentes internacionales es determinante porque la sociedad israelí, continúa Shaul, no tiene capacidad para oponerse al apartheid, término que utiliza casi como sinónimo de ocupación. "La mayoría de los israelíes y palestinos han nacido en esto, esta es la única realidad que conocemos, una en la que nosotros les controlamos", sentencia.


Fuente:  https://www.eldiario.es/internacional/Israel-ocupacion-Trump-depender-Europa_0_943855736.html

martes, 27 de agosto de 2019

Amira Hass, la única reportera israelí que vive en Palestina

"Cuando veo a la población palestina luchando por sus derechos siento esta afinidad", explica la reportera

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Amira Hass. UNAI ARANZADI
Nacida el 28 de junio de 1956 en Jerusalén, la periodista Amira Hass lleva décadas informando sobre la realidad palestina para el diario israelí Haaretz. Lo hace como ningún otro judío israelí lo ha hecho hasta hoy, viviendo el día a día junto a la población palestina, tanto en la franja de Gaza como en Ramala, la capital de facto sita en Cisjordania. Autora de dos libros de trepidante crónica periodística, no solo ha recibido las más feroces críticas del establishment israelí, sino también un sinfín de premios internacionales por la calidad de su información y su defensa de los derechos humanos. Para conversar con ella nos vemos en el barrio jerosolimitano de Musrara, en el jardín de unas casas en las que –dice– “jamás podría vivir”, porque, según explica, “antes eran de palestinos, y hoy las poseen israelíes como si nada hubiera pasado”.

Puede que la pregunta sea algo personal, pero es sabido que sus padres consiguieron sobrevivir al Holocausto durante la II Guerra Mundial. ¿Es quizás este el motivo por el que usted defiende a toda costa los derechos humanos?
Así es, y te lo voy a explicar. Recientemente hubo una serie de incendios en Palestina e Israel, así que muchas vías de Cisjordania estaban cortadas. Decidí ir a ver una carretera que los colonos habían tomado. Allí fui detenida por unos soldados. Decían, “una israelí se ha metido en una población palestina. Podría ser asesinada”. E inmediatamente llamaron a los soldados del lugar. Uno de los oficiales que estaba alrededor de mí me dijo: “Yo sé que tu madre escribió un libro”. A mí me sorprendió porque no es algo muy conocido, y yo le dije: «Sí, ella escribió un diario en el campo de concentración de Bergen-Belsen». Mi madre era de Sarajevo en Yugoslavia y se unió a los partisanos de Montenegro, pero luego tuvo que entregarse porque si los alemanes se enteraban de que había alguien con los partisanos, matarían a toda la comunidad del pueblo por el que andaran.

Mi madre no podía cargar sobre su conciencia que otras personas pudieran ser asesinadas por su culpa, así que se entregó, fue arrestada en una cárcel de la Gestapo, y luego enviada a Bergen-Belsen. En realidad se suponía que iban a ser asesinados en el camino pero algo no funcionó y fueron llevados a Alemania, al campamento donde escribió su libro. Así que le dije al soldado que mi madre escribió un diario en Bergen-Belsen. Y el soldado se sorprendió y me dijo: «¿Pero no hay una contradicción en eso?». Y pregunté: «¿Qué contradicción?». Me dijo: “Su madre estaba en Bergen-Belsen y usted está posicionada con los palestinos”. Y yo le respondí: «No hay contradicción alguna. Uno está en contra de cualquier injusticia. Ese es mi legado». Traté de ser pedagógica y él, que era muy joven, podría haber sido mi nieto, me escuchó.

¿Y su padre?
Mi padre era de Rumanía. Estuvo en un gueto tres años. Se quedó inválido durante la guerra. Él y mi madre eran comunistas, y llegaron a Palestina como refugiados, no como sionistas. Sintieron que no eran queridos en Europa. Su gran trauma llegó cuando regresaron a sus propios países y la sociedad no los aceptó. Porque durante la ocupación nazi, el antisemitismo se desarrolló. Incluso en las sociedades socialistas.

¿Cómo podría transmitir su empatía por el sufrimiento palestino al resto de la sociedad israelí?
No sé si podría usar la palabra empatía. Lo que me motivó primero fue el enfado contra Israel. El enfado por la injusticia. No me importa si son palestinos, negros sudafricanos o afroamericanos. Lo veo como una cuestión de educación básica. En el pasado decíamos que esto era parte de la educación judía. Que se debe protestar ante cualquier injusticia. Y aquí hay una cuestión de responsabilidad como judía israelí. No es empatía, es enfado. Cuando veo a la población palestina luchando por sus derechos siento esta afinidad. Es por eso que vivo entre los palestinos desde hace 25 años. Nunca podré experimentar la ocupación de la manera que ellos la sienten, porque no vivo bajo las mismas restricciones, pero cuando se han dado toques de queda o bombardeos he podido probar un poquito de su miedo. Pero tienes razón. Convencer a la sociedad israelí requiere un esfuerzo extra, y ahora mucho más que antes. Hace 30 años una simple historia podía afectar a la sociedad israelí de tal modo que sacasen conclusiones. Ahora esto no sucede. Son completamente indiferentes.

Incluso aprendió árabe para entenderlos mejor…
Sí. Tengo algunos colegas que cuando hablan o entrevistan a los palestinos usan hebreo, pero los palestinos no hablan bien el hebreo y mis colegas israelíes escriben incluyendo estos errores. Yo nunca lo hago de esta manera, porque es mi problema no hablar árabe y no que su hebreo no sea perfecto. No me gusta la palabra víctima ni me gusta poner la atención en ellos como víctimas. Prefiero concentrarme en lo que Israel hace. Destapar lo que hacen de forma continua. Y puede que aquí haya una conexión con mi madre y el diario que escribió. Cuando la obra fue reeditada en Alemania a finales de los setenta, fue invitada a hablar con varios jóvenes alemanes que le preguntaron: “¿Cómo pudieron morir de esa forma los judíos?”. Y ella les respondió: “Esa no es la pregunta, la pregunta es ¿cómo pudieron los alemanes matar así?”. No quiero compararlo, pero para mí la experiencia palestina es un método periodístico para revelar las políticas israelíes. No tengo archivos ni documentos secretos de reuniones israelíes, pero la realidad que los palestinos viven muestra que se trata de una política muy calculada. Por ejemplo, la política de crear en Cisjordania bantustanes al estilo del apartheid, todos separados entre sí, no ha ocurrido accidentalmente. Es una política que Israel ha implementado en paralelo al llamado proceso de paz. Lo que demuestra lo mucho que engañaron al mundo.

¿Qué opina sobre el uso que muchos medios, gobernantes y políticos hacen del término terrorista?
Nunca lo uso. Solo cuando quiero decir que los colonos aterrorizan a los granjeros palestinos o a los pastores. Así es como utilizo el aterrorizaron, pero nunca lo uso como terrorista porque se ha convertido en un sinónimo de musulmán. Creo que es escandaloso. El término descontextualiza completamente los problemas de sus antecedentes históricos, sociológicos y políticos. Estoy muy en contra de los asesinatos de civiles, pero nunca voy a utilizar el término terrorista. Si los editores de la redacción escribiesen para cada acto israelí «terrorismo de Estado», podría considerarlo, de lo contrario, no. En Europa y Estados Unidos no tienen vergüenza cuando dicen: «Todavía tenemos que ver si esto fue un ataque terrorista», lo que significa esperar a saber si el perpetrador es musulmán o árabe. Es racista.

¿Resulta arriesgado vivir en Cisjordania como una judía israelí que también realiza críticas a Hamás y a la Autoridad Nacional Palestina?
Nunca me he sentido físicamente intimidada. Cuando el ejército ha bombardeado Gaza o Ramala, sí. Pero no era algo personal.

¿Pero qué hay de su relación con los dos grandes partidos, Hamas y Fatah, que gobiernan en Gaza y Cisjordania respectivamente? 
En tres ocasiones quisieron sacarme fuera. Dos veces bajo el Fatah de Arafat y una vez bajo Hamás. Hamás en Gaza tuvo éxito. Fatah en el tiempo de Arafat era más flexible… Pero en Gaza vino esta cosa escondida de que si yo no abandonaba la franja algo podría ocurrirme. Pero nunca me lo tomé muy en serio. Puede ser desagradable, pero no es físico. La prueba es que he estado viviendo entre ellos desde 1993 sin problema.

Lo que está sucediendo con Trump y su total apoyo a los planes de Netanyahu, ¿puede hacer oficial la bantustanización de los territorios palestinos?
Obviamente es la consolidación del proceso en curso, pero lo que es mucho más alarmante es cómo Europa no está en contra. Sin embargo, me resisto a verlo como un asunto zanjado. Las cosas pueden cambiar.

Entonces, ¿es más perjudicial para las aspiraciones palestinas el silencio de la Unión Europea que la política de Trump?
Si Europa fuera más proactiva podría equilibrar, porque antes apoyaba tanto las soluciones de los dos Estados como la zona C, etc… Saben más y son más conscientes de todo. Y por su parte, Trump en cierto modo es un mensajero de Netanyahu. Se ha posicionado con la derecha judía a favor de los colonos. Pero sí, el problema de los bantustanes al estilo apartheid sudafricano está ahí. Sin embargo, todo esto no es inamovible. Es solo una cuestión de voluntad política.

¿Podrían algunas de esas políticas derechistas desencadenar una tercera Intifada o la sociedad palestina está demasiado agotada para eso?
Ahora mismo lo que la gente siente es que una tercera Intifada traería peores resultados. Israel no reaccionó a la primera con debilidad. Engañó al mundo con Oslo y el proceso de paz, porque lo que realmente hicieron fue afianzar sus colonias en Cisjordania. Así que, en este momento, la gente se siente demasiado cansada y también porque la sociedad palestina se ha dividido. La gente no tiene fe en sus líderes. Y tienen dos liderazgos con dos estrategias diferentes. Pero las cosas pueden suceder accidentalmente cuando la gente está cansada y enojada.

Recientemente se ha dado el caso de un abogado palestino que estaba muy frustrado por sus fracasos en el tribunal militar israelí defendiendo a personas condenadas a prisión sin haber hecho nada. Fue varias veces a disparar a los autobuses de colonos, por lo que ahora se enfrenta a muchos años en la cárcel. Pero supongamos que si en un atentado contra un autobús israelí no solo hay algún herido, sino que el bus se cae por un terraplén y mueren 20 personas, esto podría desencadenar una gran represalia israelí y la oportunidad para que lleven sus planes adelante. Después de algo así, cualquier cosa podría suceder. Sin embargo, aunque los palestinos están llenos de ira y rabia –una ira por la que yo no puedo culparlos– andan cautelosos, porque saben que acciones así solo les llevarán a peores escenarios.

La ocupación israelí ha demostrado tener habilidades para penetrar incluso en las acciones más nobles llevadas a cabo por actores extranjeros. ¿Están las ONG y otras organizaciones internacionales jugando a favor de la liberación palestina, o por el contrario, sin quererlo han pasado a convertirse en parte de la estrategia de dominación israelí?
Es una herida abierta para todos. No dudo que las personas que forman parte de las ONG y la ayuda humanitaria estén comprometidas individualmente. Pero como un sistema, por supuesto, subvenciona la ocupación, y es parte de una práctica que ha significado dinero del silencio para cubrir la impotencia política. Impotencia política por elección, no por decisión de Dios. Europa ha elegido ser impotente y no presionar a Israel. Y el dinero que pagan por la ayuda compensa la falta de acción política. Y eso no es solidaridad sino un tema diferente. No es solidaridad mantener esta zona tranquila, estable… y esa estabilización significa que si Israel no permite que los palestinos se desarrollen, el mundo viene y paga la caridad a los palestinos. Caridad en lugar de que los palestinos puedan tomar decisiones independientes, tener actividad industrial y exportar sus productos. Es terrible. Ahora, la solidaridad en el exterior es un tema diferente, como es el caso del BDS.

¿Qué opina de esta campaña de boicot, desinversión y sanciones?
Creo que es una medida muy racional de los palestinos después de que otros muchos métodos de lucha hayan fracasado. La lucha armada no funcionó, la diplomacia no funcionó. La lucha desarmada no funcionó. Si los israelíes sienten que tienen que pagar un precio por la ocupación, cambiarán su posición.

Nos llegan rumores sobre la aparición de algunos grupúsculos salafistas en la Franja de Gaza. ¿Existen realmente?
Sí. La cosa es que cuando Hamás tomó el poder, hubo muchos jóvenes que tomaron sus promesas como un fraude, y ahora quieren tener yihad y pelear.  Pero ahora Hamás es el partido gobernante y, de repente, este se preocupa por el “aquí y ahora”, no por algo imaginario en el futuro. No sé cuál es la situación en este momento, pero muchas personas fueron arrestadas por Hamás y encarceladas por ser salafistas. Conozco a algunas personas con parientes que se convirtieron en salafistas y ahora están en prisión. Ciertamente no son rumores. Pero Hamás logró controlarlos.

¿Y están armados?
Sí, tienen armas. Algunos de ellos estaban en el ala armada de Hamás y desertaron e hicieron de todo. Pero una nunca sabe cuándo los usa Hamás o cuándo no, o si les tiene miedo. Eso es difícil de decir, sobre estos temas muy pocos saben lo que sucede realmente.

Fuente: https://www.lamarea.com/2019/08/27/amira-hass-la-unica-reportera-israeli-que-vive-en-palestina/