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lunes, 16 de julio de 2018

La percepción subjetiva del tiempo

*«Había perdido el tiempo, y ahora el tiempo me desgasta».
William Shakespeare

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ILUSTRADO POR LA TOMASI
   La energía y el tiempo están íntimamente relacionados. Cuando nos sentimos pletóricos de energía, entusiasmados, aterrados o emocionados, nuestro cuerpo y nuestra mente se inundan de sustancias químicas que los hacen funcionar más rápido y, en consecuencia, a nuestra mente acelerada le parece que el mundo exterior, relativamente, va cada vez más lento. Ciertas dogas, como el LSD o la cocaína, que estimulan el propio sistema de despertar del cerebro, también distorsionan completamente la percepción subjetiva del paso del tiempo, por lo que un "viaje" puede parecer eterno. Cuando conducimos un automóvil  y se produce un choque, el mundo parece moverse a cámara lenta, mientras la mente se acelera. Pero cuando nos falta estímulo o emoción, la mente se ve privada de sus drogas de "aceleración" naturales, por lo que el mundo exterior y sus horas, días y años parecen volar rápidamente. Ésta puede ser la razón por la que el tiempo parece transcurrir más rápido a medida que nos hacemos mayores -para un niño todo es nuevo y le produce emoción o miedo, mientras que cuando nos vamos haciendo mayores hay cada vez menos cosas que puedan constituir una nueva experiencia y aprendemos a protegernos de estimulaciones bajo una capa de seguridad. Así, una niña que corre de un lado para otro puede estar gritando de emoción, o con los ojos desorbitados de miedo y fatiga, y para ella una hora es una eternidad y un día se alarga sin fin. Un hombre de edad avanzada puede haber convertido su vida en un conjunto de rutinas inacabables, cerrándose a toda innovación, con lo que en su vida la adrenalina ya no es necesaria. En comparación con los muchos años que ya ha vivido, cada hora parece transcurrir más rápido que la anterior.
   La percepción subjetiva del tiempo puede también estar relacionada con la cantidad de recuerdos. Las personas que han perdido la capacidad de conservar recuerdos, como puede ocurrir cuando se han producido ciertos tipos de daños cerebrales, viven en un presente perpetuo. Si recordamos todo, entonces sesenta minutos están llenos de un número infinito de acontecimientos, pero si no recordamos nada, parece que nada sucedió durante aquella hora. Cuando estamos indignados o emocionados, recordamos más, porque la adrenalina y noradrenalina estimulan la formación de recuerdos. Esto explica, en parte, por qué los sucesos importantes o traumáticos se recuerdan con tanto detalle, mientras que los días aburridos son tan fáciles de olvidar. [...] La emoción puede hacer que el mundo exterior se acelere o se frene, en parte porque se refuerza nuestra memoria....

La energía de la vida
Guy Brown

*https://principia.io/2018/07/16/reflexion.Ijc4MSI/

sábado, 4 de agosto de 2012

Algo sobre anfetaminas

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La anfetamina tiene un efecto estimulante similar al de la cocaína, pero la historia de este proceso es bastante diferente. Comienza en la década de 1920 con la búsqueda de tratamientos eficaces para el asma. La causa real del asma aún no está clara, pero el origen de los síntomas es una inflamación crónica de los pulmones que estrecha los bronquios, dando como resultao jadeos y dificultades en la respiración. Durante los primeros años del siglo veinte, el tratameinto más efectivo para el asma era la adrenalina, que hace que los bronquios se dilaten  y así se alivian los sintomas. Desgraciadamente la adrenalina no es eficaz cuando se toma oralmente, por lo que tenía que inyectarse en la sangre, y así sólo se podía utilizar como tratamiento de urgencia. Los químicos intentaron hacer un derivado de la adrenalina que pudiera tomarse por la boca, pero su éxito fue limitado. Posteriormente, a principios de la década de 1920, K.K. Chen, un farmacólogo qu trabajaba para la Lilly Drug Company, comenzó a investigar una planta llamada ma huang (Efhedra vulgaris). Chen estaba fascinado por los remedios de hierbas chinos y observó que el ma huang se utilizaba frecuentemente como tratamiento para los jadeos asmáticos. Obtuvo un extracto de la planta y demostró que realmente producía una dilatación de los bronquios. Entonces, junto con otros químicos, emprendió la tarea de aislar el ingrediente activo y a la sustancia química resultante la llamó efedrina. La efedrina era eficaz para aliviar el jadeo cuando se tomaba oralmente, y pronto se conviertió en el fármaco más popular para el tratamiento del asma.


  Desgraciadamente, la efedrina se tenía que aislar a partir del ma huang y rápidamente se quedaron cortos los suministros de esta planta. La solución era sintetizar químicamente la efedrina y, mientras se intentaba esto, un químico de Los Angeles, Gordon Alles, sintetizó a mediados de la década de 1930 una sustancia química estrechamente relacionada, la anfetamina. La anfetamina demostró ser mejor que la efedrina, porque se podía preparar en forma volátil, por lo que los pulmones podían inhalarla directamente. La forma volátil de la anfetamina se comercializó con el nombre de Benzedrina, una marca registrada, y a finales de la década de 1930 y durante la de 1940, se hizo rápidamente muy famosa como tratamiento del asma. Los inhaladores de Benzedrina estaban disponibles en venta directa en muchos lugares. Pero, los clientes que abusaban de esta droga descubrieron rápidamente que si se abría el inhalador y se ingería el contenido, se podía conseguir un rápido "ascenso a un nivel superior".
  Algunos psicólogos de la Universidad de Minnesota contribuyeron inadvertidamente a difundir el abuso de la anfetamina comprobando los efectos de su ingestión en un grupo de estudiantes y publicando un informe con los resultados. Observaron que esta droga evitaba la somnolencia y "animaba" a los que se encontraban fatigados. Rápidamente muchos de ellos la utilizaron para evitar somnolencia y estimular el cerebro en la preparación y realización de los exámenes.
  Las fuerzas armadas que participaron en la Segunda Guerra Mundial utilizaron anfetamina en tal medida que este conflicto bélico se pude considerar como la primera guerra reforzada por las drogas. Los británicos repartían tabletas de anfetamina rutinariamente entre sus soldados, y aunque los americanos no lo hacían, sus soldados las obtenían con facilidad de los médicos británicos. Los alemanes suministraban anfetaminas a los pilotos de sus bombarderos para mantenerlos en alerta durante las incursiones sobre Inglaterra, que solían durar una noche entera. Los japoneses no sólo proveían de anfetaminas a los militares, sino que también se las administraban a los civiles que trabajaban en la industria de guerra, para aumentar su productividad.
  Después de la guerra, la anfetamina se recetaba en Japón para la "eliminación de la apatía y de la saturación del espíritu", pues los japoneses tenían una gran necesidad de este apoyo. El resultado fue que hacia 1948 el cinco por ciento de todos los japoneses con edades comprendidas entre los dieciséis y los veinticinco años tenían dependencia de esta droga, con lo que la primera epidemia mundial de anfetamina estaba en marcha.
  A finales de la década de 1960, los hippies y los adictos utilizaban la combinación de LSD y anfetamina para conseguir una estimulación aún mayor. Se comenzó a inyectar de forma intravenosa para conseguir un ascenso más rápido de euforia. La anfetamina, como la cocaína, reduce la fatiga, la somnolencia, el hambre y la depresión, e induce euforia y vitalidad, pero cuando se deja de tomar después de haber hecho un uso excesivo, se producen los efectos contrarios y el consumidor tiene que tomar dosis cada vez mayores para evitar el derrumbe depresivo.
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