sábado, 30 de abril de 2022

El calentamiento global acelera el ciclo del agua, con consecuencias climáticas relevantes

Según un nuevo estudio liderado por el ICM-CSIC, esto podría llevar a una desestabilización del sistema climático global, una intensificación de las tormentas en zonas concretas y una aceleración del deshielo en los polos.

El calentamiento podría llevar a una desestabilización del sistema climático global/ICM-CSIC.
L'escalfament podria portar a una desestabilització del sistema climàtic global / ICM-CSIC.

 Un equipo científico del Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC) de Barcelona ha constatado que el calentamiento global está acelerando el ciclo del agua, lo que podría tener consecuencias relevantes sobre el sistema climático global, según se desprende de un artículo publicado recientemente en la revista Scientific Reports.

Esta aceleración del ciclo del agua se debe a un aumento de la evaporación del agua de los mares y océanos a consecuencia del aumento de la temperatura. Como resultado, hay mayor cantidad de agua circulando en la atmósfera en forma de vapor, el 90% de la cual acabará precipitando de nuevo en el mar, mientras que el 10% restante lo hará sobre el continente.

“La aceleración del ciclo del agua tiene implicaciones tanto en el mar como en el continente, donde las tormentas podrían ser cada vez más intensas. Asimismo, este incremento del agua en circulación por la atmósfera podría explicar el aumento de lluvias que se está detectando en algunas zonas polares, donde el hecho de que llueva en vez de que nieve estaría acelerando aún más el deshielo”, explica Estrella Olmedo, la autora principal del estudio.

Por otro lado, el trabajo pone de manifiesto que la disminución del viento en algunas zonas del océano, que favorece la estratificación de la columna del agua, es decir, que el agua no se mezcle en la dirección vertical, también podría estar contribuyendo a la aceleración del ciclo del agua.

“Donde el viento ya no es tan fuerte, el agua superficial se calienta, pero no intercambia calor con las aguas de abajo, permitiendo así que la superficie se vuelva más salina que las capas inferiores y que el efecto de la evaporación pueda observarse con medidas satelitales”, detalla en este sentido Antonio Turiel, otro de los autores del estudio, que añade que “esto nos indica que la atmósfera y el océano interactúan de una forma más fuerte de lo que imaginábamos, con consecuencias importantes sobre los continentes y los polos”.

Figura que mostra la salinitat superficial mitjana dels diferents mars i oceans del planeta durant el període 2011-2018 / ICM-CSIC.
Figura que muestra la salinidad superficial media de los diferentes mares y océanos del planeta durante el período 2011-2018 / ICM-CSIC.

Los satélites, clave para el estudio del océano

Para la elaboración del estudio, el equipo científico analizó datos de salinidad superficial -la que miden los satélites- de diferentes zonas del océano. A diferencia de los datos de salinidad subsuperficial -obtenidos con instrumentos in situ-, los datos satelitales les permitieron detectar esta aceleración del ciclo del agua y, por primera vez, el efecto de la estratificación en regiones muy extensas del océano. A su juicio, esto se debe a la capacidad que tienen los satélites de medir datos continuamente, independientemente de las condiciones ambientales y la accesibilidad de las distintas zonas del océano.

“Hemos podido ver que la salinidad superficial está mostrando una intensificación del ciclo del agua que la salinidad subsuperficial no muestra. En concreto, en el Pacífico hemos visto que la salinidad superficial decrece de forma más débil que la subsuperficial y, en esta misma región, se observa un incremento de la temperatura superficial del mar y un decrecimiento de la intensidad de los vientos y de la profundidad de la capa de mezcla”, apunta Olmedo.

Los hallazgos han sido posible gracias al uso de algoritmos y otros productos de análisis de datos que el Barcelona Expert Center (BEC), adherido al ICM-CSIC, ha ido generando estos últimos años para la misión espacial SMOS de la Agencia Espacial Europea (ESA), diseñada para mejorar las observaciones de salinidad de los océanos, esenciales para la comprensión de la circulación oceánica, uno de los factores clave para entender el clima global.

Y es que, esta circulación depende, básicamente, de la densidad del agua, que viene determinada por su temperatura y salinidad. Por eso, los cambios en estos dos parámetros, por pequeños que sean, pueden acabar teniendo consecuencias importantes sobre el clima global, lo que hace imprescindible monitorizarlos de cerca.

En este sentido, Turiel concluye que “los modelos oceánicos deben normalizar la asimilación de datos satelitales de salinidad, ya que la información que proporcionan complementa los datos in situ, y esto es crucial, especialmente, en el actual momento de crisis climática, puesto que los cambios se están produciendo mucho más rápidamente que antes”

Fuente: https://www.icm.csic.es/es/noticia/el-calentamiento-global-acelera-el-ciclo-del-agua-con-consecuencias-climaticas-relevantes

miércoles, 27 de abril de 2022

Contra la resiliencia: a favor de la lucidez

El lenguaje económico, cuando sirve para aludir a lo emocional, esconde tiranía. Gestionar, adaptar(se), superar(se). La autoayuda de la resiliencia carga al individuo con toda la culpa: es él quien debe cambiar su visión del mundo y reinterpretar sus sufrimientos para ser adaptativo y funcional, en lugar de transformarse las causas sistémicas que provocan ciertas angustias.

resiliencia

 A lo largo de los últimos años se ha normalizado el uso de fármacos destinados a aplacar los síntomas producidos por trastornos como la ansiedad o la depresión, hasta el punto de que, a nuestro alrededor, siempre hay alguien de quien sepamos que ha recurrido a ansiolíticos, antidepresivos o sustancias similares para afrontar circunstancias adversas o para superar momentos difíciles. A veces, esas personas somos nosotros mismos. Y entonces, como declaraba en un bellísimo poema la uruguaya Idea Vilariño, llega la constatación: Uno siempre está solo / pero / a veces / está más solo.

Es indudable que la vida nos pone contra las cuerdas en muchas ocasiones. Ahora bien, quizá deberíamos preguntarnos a qué se debe este aumento del consumo psicofarmacológico cuando los datos a nivel mundial hablan de un claro declive en el ámbito de la salud mental… a pesar de su empleo. A diferencia de otros campos de la medicina en los que el progreso es palpable –como la investigación en cáncer, inmunología y antivirales o la aplicación de la edición genética con CRISPR–, en salud mental se constata una tendencia a la inversa.

James Davies explica en su fundamental y clarividente libro Sedados. Cómo el capitalismo moderno creó la crisis de la salud mental (Capitán Swing) que «solo en Estados Unidos ya se han gastado unos 20.000 millones de dólares en investigación psiquiátrica y neurobiológica, pero aun así no se ha conseguido mover el contador en lo que respecta a la reducción de los suicidios o de las hospitalizaciones, ni tampoco mejorar los resultados en materia de recuperación para las decenas de millones de personas aquejadas de dolencias mentales». Algo similar ocurre en Reino Unido, donde, según datos públicos, el Servicio Nacional de Salud dedica 18.000 millones de libras anuales a los servicios de salud mental y a casi un 25% de la población se le ha recetado algún medicamento psiquiátrico.

Pero ni el gasto en investigación, ni la amplia cobertura médica han conseguido que la salud mental mejore. ¿A qué se debe esta excepción? Sin duda, resulta fundamental dotar al individuo de recursos personales que puedan ayudarle a superar cualquier desregulación psicológica. Pero es llamativo (e incluso perverso, además de una muestra nula empatía y conocimiento del contexto que vivimos) obviar las condiciones estructurales en las que se dan los –supuestos– trastornos psicológicos que, con quizá demasiada facilidad, suelen aplacarse con medicación psicofarmacológica.

En este mismo sentido se expresa Davies, profesor titular de Antropología Social y Psicoterapia en la Universidad de Roehampton en Sedados: «Desde la década de 1980, los sucesivos Gobiernos y las grandes corporaciones han contribuido a promover una nueva concepción de la salud mental que sitúa en el centro un nuevo tipo ideal: una persona resiliente, optimista, individualista y, sobre todo, económicamente productiva; las características que necesita y desea la nueva economía». 

Uno de los defensores (y ‘creadores’) de la resiliencia, Boris Cyrulnik, de una manera muy similar a Viktor Frankl, define la resiliencia como la capacidad para «transformar el dolor en fuerza motora para salir fortalecido». Estas nuevas espiritualidades resilientes nos invitan a aceptar el dolor, pero no cuestionan su origen. Existe una peligrosa rama de la autoayuda y del automanagement que, amparada bajo la engañosa denominación de neoestoicismo, nos invita a mantener intactas las competencias y el nivel de adaptación tras un suceso doloroso o a fortalecernos frente a la adversidad, sean cuales sean nuestras circunstancias.

El lenguaje económico, cuando sirve para aludir a lo emocional, esconde tiranía. Gestionar, adaptar(se), superar(se). La autoayuda de la resiliencia carga al individuo con toda la culpa: es él quien ha de cambiar su visión del mundo y reinterpretar sus sufrimientos para ser adaptativo, para ser funcional. En lugar de cuestionar las causas sistémicas que provocan ciertas angustias, se acusa al sujeto. Ahora bien, romantizar el sufrimiento tiene el precio de llegar a venerarlo como un bien necesario. «Aprovecha los inconvenientes», «hazte fuerte en el sufrimiento» o «todo lo puedes» son consignas que patologizan al individuo y obvian la raíz ética de la realidad. Se pierden de vista las necesarias virtudes, otrora tan imprescindibles, de la autonomía, la independencia de criterio y el cuestionamiento.

En este panorama en el que el sujeto parece quedar inerme ante lo ¿inevitable?, aparece el miedo, como ha señalado Bernat Castany Prado, profesor de la Universidad de Barcelona, en su espléndido ensayo Una filosofía del miedo (Anagrama, 2022): «El miedo es una especie de eclipse cognoscitivo que cubre nuestros sentidos con una niebla amenazadora que solo cuando se retira nos deja volver a ver con cierta claridad». Elocuente expresión la de eclipse cognoscitivo. Es decir, el miedo no nos permite discernir con claridad, nos atenaza y encierra en un encapsulamiento emocional y afectivo que colapsa cualquiera posibilidad para llevar a cabo un análisis certero y, sobre todo, libre de la realidad. Nos anquilosa y paraliza. Nos hace superfluos porque nos imposibilita pensar. Y no pensamos porque, a menudo, nos sentimos culpables. Nos hacen sentir culpables. 

También de manera brillante, José María Ripalda, catedrático de la UNED, apunta en Filosofía en tiempo de descuento (Siglo XXI) que se ha disparado «la incapacidad de los individuos para asumir la amenaza cotidiana, el incremento de los ritmos exigidos, la inminente exposición y labilidad de los aspectos fundamentales del día a día». También menciona Ripalda a Cyrulnik, autor de «un psicoanálisis sin las complejidades filosóficas de un Lacan o un Derrida; una versión ‘positiva’ de lo que antes se llamó autoayuda –ahora se llama desarrollo personal– que anima a reconstruirse, reinventarse y crecer frente a las dificultades». «Un nuevo concepto brilla amablemente desde Bruselas entre las declaraciones del presidente Macron o el Plan de Recuperación y Resiliencia para España», apunta.

Por todas partes nos piden resistencia, resiliencia –esa nueva palabra mágica que oculta una naturalización de una presión difícilmente soportable–. En fantástica expresión, Ripalda añade que se trata de un «rodillo psicológico normalizador» que sustituye ventajosamente a la filosofía (como elemento crítico, pensante, disidente) y, por supuesto, abre un nuevo espacio de negocio multimillonario: apropiarse de nuestra culpa por no llegar a los estándares que marca ese tozudo rodillo.

La resiliencia se ha convertido en el nuevo mantra que permite solventar problemas con los que ella misma parece alinearse. Quien no se adapta ha sucumbido a las circunstancias. Resiliencia o muerte emocional. Como escribe James Davies en Sedados, se achaca «el sufrimiento a unas mentes y cerebros defectuosos en vez de vincularlo a unas condiciones sociales, políticas y laborales nocivas» mientras se promueven «intervenciones medicalizadas sumamente rentables que, si bien son una magnífica noticia para las grandes empresas farmacéuticas, a la larga se convierten en un lastre para millones de personas». 

Sin ningún tipo de rubor (y cabría decir, con nuestro paulatino consentimiento y el apacible apadrinamiento de empresas, Gobiernos y gurús de la autoayuda), se han impuesto las condiciones y necesidades de la economía a las humanas, mientras se anestesian nuestras herramientas intelectuales para practicar un juicio crítico y autónomo sobre nuestro panorama socioeconómico. La usual expresión de gestionar las emociones se ha convertido en un terrible eufemismo de transigir, de soportar. La resiliencia es ahora una sedación que nos conduce al borde del abismo psicológico.

La autoayuda (junto a la resiliencia) comercia con el estrés y lo convierte en culpa individual, sin un cuestionamiento de las condiciones sociales en las que aparece. Hay un interés declarado por convertir a la ciudadanía en una masa vulnerable frente a la dominación psicológica con consignas que patologizan al individuo y obvian la raíz ética de la realidad. Se dice que hay que reformar el yo mediante el esfuerzo personal, la autoayuda y el consumo de todo tipo de sustancias, mientras las condiciones de posibilidad para que aparezcan las dolencias y malestares psicológicos quedan absolutamente ilesas.

Es decir, mientras no se cambia nada y se juega con la culpabilidad del sujeto. Es la democratización del sufrimiento, la culpabilización masiva. En definitiva, la retórica del más dulzón optimismo se convierte en una cruel y premeditada herramienta de manipulación socioemocional cuando nos emplaza a esperar tiempos mejores –a cambio de eludir la capacidad de asociación frente al sufrimiento estructural injusto– y patologiza el pensamiento disidente.

Todo ello oculta, como muy bien expresa James Davies en Sedados, una ideología del sufrimiento que opta por situar sus causas en el sujeto, en cada uno de nosotros, mientras se camufla como una ventaja para el individuo, pues el mensaje que subyace es que somos libres para salir o no adelante lo mejor que podamos. Todo queda en nuestras manos. Y apunta Davies: «El sufrimiento derivado del fracaso social –abatimiento (distimia), miedo (ansiedad) y desmoralización (depresión)– se considera producto de una deficiencia personal o de una dolencia médica que la tecnología posiblemente permitirá eliminar algún día».

Una ideología que incluso se está implantando ya en los centros educativos con expresiones como no es lo suficientemente ambicioso, no es lo bastante emprendedora, etc. Una jerga económica que pretende rentabilizar emociones y reformular nuestro sufrimiento como una falla individual, como un cortocircuito de lo esperado, de lo normalizado y rentable para el sistema socioeconómico imperante. 

¿Qué hacer frente a esta despiadada manipulación emocional y la despolitización del sufrimiento? Solo cabe una mayor (y mejor) educación. Sobre todo, de aquellas disciplinas que nos hacen observar y analizar la realidad en sus dimensiones globales, estructurales, en su aspecto macro. Fomentar este trabajo en casa, en centros educativos y en nuestros círculos de proximidad es más imprescindible que nunca.

Cada vez que nos inviten a ser resilientes deberíamos preguntarnos qué estructuras están permitiendo un discurso en el que la resistencia ante cualquier circunstancia onerosa se vende como el valor preferible. Porque no hay que aguantar todo, ni aguantarlo siempre: ni en lo personal ni en lo social. Siempre, a favor de la lucidez, de los ojos en pasmo, del asombro ante lo que nos presentan como inevitable. Porque quizá lo inevitable solo lo sea en apariencia. Si ejercemos la valentía del pensamiento y la autonomía, si la palabra se hace pública y, en vez de transformar nuestro yo interior en una soledad encapsulada luchamos por una mejor situación social y nos negamos a ser títeres de la manipulación emocional. Siempre en el gerundio: pensando. Para actuar.

Fuente: https://ethic.es/2022/04/contra-la-resiliencia-a-favor-de-la-lucidez/

martes, 26 de abril de 2022

26 de Abril,1986: El mundo aprende tristemente donde está Chernóbil

 Hasta la catástrofe de Fukushima (Japón), fue el mayor accidente nuclear de la historia. El 26 de abril de 1986 el reactor 4 de la central nuclear Vladímir Ilich Lenin, a unos 18 kilómetros de la ciudad ucraniana de Chernóbil, se sobrecalentaba provocando la explosión de su núcleo.

El origen del desastre se desencadenó por unas pruebas de corte de suministro eléctrico en la central. Los técnicos querían comprobar que, en el caso de fallo en la red, se podía mantener la electricidad suficiente para refrigerar el reactor hasta que comenzase a funcionar la energía auxiliar.

El resultado fue la explosión del hidrógeno acumulado en el núcleo del reactor, lo que provocó la expulsión de materiales tóxicos y radiactivos en una cantidad 500 veces mayor a los generados por la bomba de Hiroshima. Toda la zona fue evacuada por el Ejército Rojo durante los días siguientes, pero se esperó demasiado y gran parte de la población se vio afectada.

El símbolo del desastre nuclear en los campos cercanos a Chernobyl (AP)
El símbolo del desastre nuclear en los campos cercanos a Chernobyl (AP)

 De forma directa el accidente causó la muerte de 31 personas, pero los efectos más devastadores son los indirectos. Los informes realizados desde entonces no se ponen de acuerdo en los números, pero siempre se cifran en miles los muertos y enfermos de cáncer por la exposición a la radiación, extendida a varios países a pesar de las medidas de protección que se adoptaron.

Entre esos miles destacan los llamados ‘liquidadores’: especialistas científicos, obreros, bomberos y militares que trabajaron en las labores de descontaminación para minimizar los daños de la catástrofe. Unas 600.000 personas, de las cuales, varios miles han muerto y otras sufren graves problemas de discapacidad a consecuencia de la radiactividad.

Parte de una escuela en Pripyat, el pueblo a tres kilómetros de la central atómica de Chernobyl (AP)
Parte de una escuela en Pripyat, el pueblo a tres kilómetros de la central atómica de Chernobyl (AP)

 A pesar del horror y el miedo a otro episodio similar, la necesidad eléctrica del país provocó que el resto de reactores de la central siguiesen funcionando hasta su cierre definitivo en el año 2000.

La zona de exclusión, unos 30 km alrededor del accidente, alberga aldeas y ciudades fantasma como Pripiat, hogar de los trabajadores de la central. Los turistas que la visitan aún pueden ver como ondea la bandera soviética en los edificios que quedan en píe, como símbolo del día en el que se paró el tiempo en la que fue conocida como la ‘ciudad del futuro’ de la URSS.

Fuente: https://www.agenciasinc.es/Visual/Ilustraciones/Chernobil-el-mayor-desastre-nuclear-del-siglo-XX#results

sábado, 23 de abril de 2022

Bodegón

Juan Sánchez Cotán, Bodegón de caza, frutas y hortalizas, 1602. Museo del Prado
 
 
 Y a la mitad del camino
cortó limones redondos
 y los fue tirando al agua
   hasta que la puso de oro.

"Romance de Antoñito el Camborio"
Federico García Lorca

viernes, 22 de abril de 2022

Oda a la pacificación

 

Cristian Porres
 
No sé hasta dónde irán los pacificadores con su ruido metálico 
de paz
pero hay ciertos corredores de seguros que ya colocan pólizas 
contra la pacificación
y hay quienes reclaman la pena del garrote para los que no 
quieren ser pacificados
cuando los pacificadores apuntan por supuesto tiran a pacificar
y a veces hasta pacifican dos pájaros de un tiro
es claro que siempre hay algún necio que se niega a ser pacificado 
por la espalda
o algún estúpido que resiste la pacificación a fuego lento
en realidad somos un país tan peculiar
que quien pacifique a los pacificadores un buen pacificador será
 
Mario Benedetti

Las exportaciones ropa usada terminan en montañas de basura, contaminando el aire y los ríos en África

Cada segundo, un camión de ropa usada (de contenedores de reciclaje, de ropa vieja y de la sobreproducción) termina en vertederos, ríos o incineradoras
Greenpeace ha documentado las consecuencias devastadoras de la moda rápida (fast fashion) para las personas y el medio ambiente en países como Kenia y Tanzania

Es necesario un acuerdo internacional que prohíba la exportación de desechos textiles y regule los diseños para que sean verdaderamente reciclables, y un impuesto global que incluya el principio de quien contamina paga
 
Imagen

 La sobreproducción en la industria de la moda rápida está causando montañas de basura cada vez más grandes en el Sur Global. Este es el resultado de una intensa investigación de Greenpeace Alemania. El informe Regalos envenenados (Poison gifts, en inglés) (1) revela cómo las exportaciones de ropa usada se utilizan también para deshacerse de los restos textiles, que no somos capaces de gestionar en Europa. Impactantes fotos y vídeos documentan las devastadoras consecuencias para las personas y el medioambiente en países como Kenia y Tanzania: enormes montañas de basura que contaminan los ríos y el aire.

«La industria de la moda rápida (fast fashion) ha convertido la ropa en artículos desechables, al igual que nos acostumbramos a los plásticos de un solo uso, nos hemos acostumbrado a la moda de un solo uso”, ha señalado Celia Ojeda-Martínez, responsable de Biodiversidad y Consumo de Greenpeace. “Con esta investigación, hemos evidenciado cómo los países y las empresas del Norte Global están evadiendo su responsabilidad a la hora de gestionar las enormes cantidades de ropa que no se venden o se desechan, muchas de ellas con compuestos peligrosos. Dejan a la gente de África Oriental sola ante los desechos plásticos y textiles exportados, sin ninguna infraestructura para su eliminación”.

Imagen

La ropa vieja y la sobreproducción no acaban en las tiendas, sino en los vertederos

Solo en Alemania se recogen cada año más de un millón de toneladas de ropa vieja. Menos de un tercio se revende como artículos de segunda mano. En España, se estima que cada año en torno a 990.000 toneladas de productos textiles van a parar a los vertederos. Sin embargo, las tasas de reciclaje textil siguen siendo bajas: solo entre el 10-12 % de los residuos textiles post-consumo se recoge por separado para su reutilización y/o reciclado, y menos del 1 % de la producción total se recicla en ciclo cerrado, es decir, con el mismo uso o similar (2).

El estudio de Greenpeace indica que la mayoría de esta ropa usada se exporta a Europa del Este y África. Pero muchas prendas de vestir ya no tienen valor de mercado porque están defectuosas, sucias o no son adecuadas para el clima local. Las investigaciones han demostrado que del 30 al 40 % de las importaciones ya no se puede vender ni usar. Junto con la sobreproducción procedente de todo aquello que la fast fashion no puede vender, estas prendas acaban en vertederos, en ríos o son incineradas al aire libre, contaminando el aire y el agua. Las cifras son escalofriantes: un camión por segundo de ropa usada termina en vertederos, ríos o incineradoras en el mundo.

Imagen

 Según el estudio, desde mediados de los 90 el volumen de ropa recogida crece en un 20 % cada año, y las cifras siguen aumentando al mismo ritmo que aumenta la producción de la fast fashion (7). Pero solo un pequeño porcentaje de esta ropa es revendida en el mismo país en el que se recoge: entre un 10 y un 30% en Reino Unido, y tan solo un 8% en EE UU y Canadá. Se estima que más del 70 % de la ropa reutilizada de UK acaba en el extranjero.

«No basta con escribir la palabra ‘sostenible’ en los textiles o basarse en falsas soluciones como solo el reciclaje, hay que cambiar el modelo de negocio», dice Ojeda-Martínez. “Al igual que con el clima, necesitamos un acuerdo internacional que prohíba la exportación de desechos textiles, que regule los diseños para que sean verdaderamente reciclables y fomente una economía circular, así como un impuesto global que incluya el principio de quien contamina paga. Eso significa que la industria textil es financieramente responsable del coste de limpiar el daño ambiental y a la salud generado a lo largo de la cadena de suministro, es decir, en toda la vida útil del producto”.

Es necesario un cambio en el sector textil y fomentar alternativas como la slow fashion, todo lo contrario a la fast fashion. Esta semana se está celebrando la Circular Sustainable Fashion Week en Madrid, que demuestra cómo el sector textil puede existir de manera sostenible y socialmente justa.

 Fuente: https://es.greenpeace.org/es/sala-de-prensa/comunicados/las-exportaciones-ropa-usada-terminan-en-montanas-de-basura-contaminando-el-aire-y-los-rios-en-africa/

jueves, 21 de abril de 2022

El aeropuerto de Dakar no tiene keroseno para que despeguen los aviones

 El aeropuerto de Dakar, en la capital de Senegal, no tiene keroseno para que despeguen los aviones y pide a las compañías aéreas que aterrizan que aseguren su propio suministro de combustible para los vuelos de regreso. En otras palabras, que se busquen la vida como puedan.

La empresa que suministra el combustible para la aviación (Smcady) ha anunciado interrupciones durante dos semanas en el repostaje a partir de hoy a mediodía.

La empresa SMCady es propiedad de varios grupos petroleros extranjeros.

La empresa AIBD (Aeropuerto Internacional Blaise-Diagne) que gestiona el aeropuerto es propiedad a dos empresas turcas. Ha pedido a las compañías aéreas que “tomen las medidas necesarias […] para garantizar la autonomía de combustible de los vuelos de regreso”.

“El sistema de abastecimiento de parafina está gravemente perturbado debido a una situación internacional desfavorable combinada con tensiones sin precedentes en los precios de ciertas materias primas, señala un comunicado de prensa de AIBD.

Ayer la compañía aérea nacional Air Senegal quiso tranquilizar a sus clientes. Anunció en un comunicado de prensa que «llevará a cabo su programa de vuelos habitual con el mismo horario», a pesar de la escasez de keroseno.

Según la prensa local, el gobierno ha tomado medidas para que el suministro de combustible sea prioritario para Air Senegal y el ejército. “A raíz de esta situación, nuestros vuelos Dakar-París están haciendo una escala en Las Palmas” para repostar, dijo ayer un portavoz de Air France en París.

Desde el inicio de las sanciones contra Rusia, los precios del petróleo se han disparado en los mercados mundiales, lo que ha provocado carestía y una fuerte subida de los precios de los combustibles en muchos países.

Varios automovilistas dicen que han tenido dificultades para encontrar gasóleo en Dakar durante el fin de semana (el lunes era festivo), y a veces tuvieron que pasar por varios surtidores antes de poder repostar.

Fuente: https://mpr21.info/el-aeropuerto-de-dakar-no-tiene-keroseno-para-que-despeguen-los-aviones/

miércoles, 20 de abril de 2022

Stiglitz y Piketty urgen a crear un registro mundial que aflore la riqueza oculta en paraísos fiscales

 El registro debería ser público, abierto e incluir desde inmuebles y cuentas bancarias hasta fideicomisos, criptomonedas, yates y todo tipo de vehículos legales para poseer activos 

Thomas Piketty, Joseph Stiglitz y Gabriel Zucman.
Thomas Piketty, Joseph Stiglitz y Gabriel Zucman. IL

Las crisis económicas se suceden sin dar tiempo a que los ciudadanos y las empresas se recuperen: con la Gran Recesión en los talones y cuando el covid-19 aún colea, la guerra en Ucrania ha puesto la energía por las nubes y ésta, a su vez, ha desatado la inflación en Occidente. Y, mientras las cuentas de las empresas titubean, el daño en las nóminas y los hogares se multiplica. Los gobiernos deben entonces acudir con todas sus herramientas para sostener el tejido productivo y el bienestar ciudadano. Enseguida saltan las tensiones presupuestarias y se hace urgente y necesario contar con recursos para contener los precios y proporcionar ayudas sociales.

Esos ingresos proceden de los impuestos. “El dinero necesario está en realidad muy cerca, escondido en los paraísos fiscales y llevamos décadas de retraso en la aplicación de los mecanismos para develarlo”, apunta la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional (ICRICT), a la que pertenecen el premio Nobel Joseph Stiglitz, el economista Thomas Piketty y el director del Observatorio Fiscal de la UE Gabriel Zucman, entre otros expertos internacionales. 

Según sus cálculos, el 10% del PIB mundial se esconde en paraísos fiscales, unos ocho billones de dólares, que permiten al 1% más rico de la población, que posee hasta el 40% de la riqueza en algunos países, evadir hasta el 25% del impuesto sobre la renta. Lo consiguen gracias a las sofisticadas estructuras financieras que crean banqueros, contables y abogados para ocultar dónde los más pudientes tienen sus activos o siquiera si realmente los poseen.

El mecanismo que la comisión propone para aflorar esa riqueza oculta, billones en recursos que podrían servir para financiar el desarrollo sostenible en todo el planeta, es crear un Registro Global de Activos (GAR por sus siglas en inglés). Ese registro debería vincular todos los tipos de activos, empresas y vehículos legales posibles con sus propietarios efectivos, las personas físicas que realmente los poseen, controlan o se benefician de ellos. Sería una base de datos mundial y exhaustiva que todas las autoridades del planeta podrían consultar para luchar contra la evasión fiscal, la corrupción y la delincuencia internacional.

Para convertir en realidad lo que la misma comisión no duda en calificar de “utopía”, sus miembros consideran necesaria “una combinación de voluntad política y presión mundial concertada” y reclaman una cumbre internacional urgente. En cualquier caso, sus impulsores creen que el registro mundial “no es un paso inmediato”, sino el fin de un proceso “muy gradual” que empieza por la constitución de registros nacionales de propietarios reales, su extensión a todo tipo de activos y, finalmente, su interconexión hasta crear un registro europeo o latinoamericano, por ejemplo, según explica José Antonio Ocampo, exministro de Finanzas de Colombia y presidente de la ICRICT. Además, sostiene que no haría falta que una institución internacional se encargara de gestionar el registro mundial, aunque sí precisaría un “acuerdo global” para ponerlo en marcha.

Ese registro mundial debería incluir todos los activos relevantes y las estructuras creadas para poseerlos: no sólo los inmuebles y las cuentas bancarias o cajas de seguridad, sino también los fideicomisos y holdings, al igual que las criptomonedas e incluso las colecciones de arte, joyas, yates, aviones y otros artículos de lujo. Además, el registro tendría que ser público, con un formato de datos en abierto y accesible tanto para las instituciones gubernamentales como para cualquier ciudadano.

Como queda dicho, debería nacer de la interconexión de los registros de propietarios reales existentes en cada país. En la Unión Europea, las directivas contra el blanqueo ya obligan a los Estados miembros a crear registros nacionales de titularidades reales y ya existen planes para conectarlos.

El director del Observatorio Fiscal de la UE, Gabriel Zucman, rechaza que la idea de un registro mundial sea especialmente “revolucionaria”. “Los registros de la propiedad y mercantiles llevan siglos funcionando; en Francia, el primero se creó en 1791. ¿Por qué, si tenemos desde hace siglos registros para inmuebles y tierras, tiene que ser diferente para los activos financieros?”, se pregunta. Según aclara, no hace falta “reiventar la rueda”, basta con modernizar y “actualizar a la realidad de la riqueza del siglo XXII” los registros que ya existen.

Aun así, los promotores del registro mundial son conscientes de los “enormes“ obstáculos políticos a los que se enfrenta su iniciativa, pero también creen que ahora la disposición de los gobiernos es mayor, explica Jayati Ghosh, profesora de Economía de la Universidad de Massachusetts y asesora de la ONU, una vez que éstos han tomado conciencia, tras la invasión de Ucrania y la dificultad para encontrar los bienes de los oligarcas rusos, de que carecer de este tipo de información es un auténtico inconveniente.

España, aún sin registro abierto

En el caso de España, el Colegio de Registradores ya gestiona un Registro de Titularidades Reales (Retir), creado en 2018, pero a él sólo pueden acceder la Agencia Tributaria, el Servicio Ejecutivo de la Comisión de Prevención del Blanqueo de Capitales (Sepblac), la CNMV, el Tribunal de Cuentas, las fuerzas de seguridad, el Poder Judicial y la Fiscalía.

El Ministerio de Justicia está elaborando un real decreto para crear un registro centralizado y abierto para todos los ciudadanos, tal y como exige la UE. En estos momentos se encuentra en fase de audiencia pública. Pero, de acuerdo con el borrador dado a conocer, los datos a los que podrán acceder los particulares están restringidos y se requiere el pago de una tasa y la firma electrónica.

Otros países comunitarios como Letonia y Dinamarca ofrecen los datos sobre propietarios efectivos como datos abiertos. También el Reino Unido. En cambio, en Luxemburgo –uno de los principales centros financieros de la UE–, el registro de titularidades reales cuenta con limitaciones de acceso. En Estados Unidos, la Ley de Transparencia Corporativa de 2019 obliga a las empresas a revelar quiénes son sus propietarios reales. Pero en Asia Oriental sólo el 20% de los países y en África Subsahariana sólo el 21% de ellos tienen leyes sobre los beneficiarios finales de las empresas.

Legitimidad democrática

El registro mundial se convertiría así en el culmen de toda una serie de pasos que la comunidad internacional está tardando en dar. Muy poco a poco, se está consiguiendo que los países intercambien de forma automática información sobre cuentas bancarias y las multinacionales emitan informes de los negocios que llevan a cabo en cada uno de los países donde operan.

Como se ha podido comprobar en el último mes con los intentos de los gobiernos occidentales para sancionar a los oligarcas rusos, no existen registros nacionales e internacionales de valores financieros, criptomonedas, yates, colecciones de arte, bienes inmuebles… “El rastreo de esta riqueza es una medida urgente para proteger las democracias”, apremia la comisión, que apunta, por tanto, más allá de la economía y sus crisis. A su juicio, un registro mundial que permita luchar contra la pérdida de recursos fiscales y la impunidad de “cleptócratas y organizaciones criminales” es un instrumento básico para “reforzar el contrato social”. La ICRICT vincula así “el consentimiento fiscal” con la legitimidad de las instituciones democráticas. 

Fuente: https://www.infolibre.es/economia/stieglitz-piketty-urgen-crear-registro-mundial-aflore-riqueza-oculta-paraisos-fiscales_1_1225603.html

martes, 19 de abril de 2022

Hiporquema

undefined
1923 | Óleo y carboncillo sobre lienzo, 200 x 150 cm
Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso para el Arte. Préstamo temporal en el Museo Picasso Málaga
© FABA Foto: Marc Domage © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2017
 
 
Todos los imposibles
ataviados con túnicas de color imposible
danzan, como las Gracias, lentamente y en círculo,
gozosos de saberse descarnados 
en torno a mi cabeza mordida de deseo.

Aurora Luque

 

domingo, 17 de abril de 2022

Antonio Turiel: «No es verdad que no se pueda hacer nada para parar el colapso»

 Entrevista con el doctor en Física Teórica e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que acaba de publicar 'El otoño de la civilización' (Escritos Contextatarios, 2022). 

https://agqcvcudno.cloudimg.io/v7/https://agqcvcudno.cloudimg.io/v7/https://www.climatica.lamarea.com/wp-content/uploads/2022/03/D4A9272-1024x683-1-900x600.jpeg?w=750&org_if_sml=1
Antonio Turiel. Foto: Berta Alarcó/Crític.

  Antonio Turiel (León, 1970), doctor en Física Teórica, experto en oceanografía e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), acaba de publicar un nuevo libro, El otoño de la civilización (Escritos Contextatarios, 2022), con prólogo de Yayo Herrero y epílogo de Jorge Riechmann. De acento decrecentista y colapsista, lleva años alertando sobre la crisis energética y el pico del petróleo y otras materias primas, y sus análisis son a menudo críticos, tanto con los defensores de los combustibles fósiles, como también con los de las energías renovables. Fuera de la academia, su blog The Oil Crash y su canal de Twitter se han convertido en una referencia para activistas ecologistas. Su libro Petrocalipsis, sobre el abismo postpetróleo, se convirtió en 2020 en casi un best-seller ecologista.

 Hablemos del concepto “otoño de la civilización”, que aparece en el título del nuevo libro de artículos publicados en Ctxt con Juan Bordera. Explique el concepto: ¿Por qué otoño?

El otoño es la última etapa de la vida. Hasta el verano estuvimos creciendo: todo era fácil y abundante. Ahora esto se ha acabado. La civilización, tal como la entendemos hoy, está llegando a una fase crucial. Que nuestra civilización acabe puede querer decir que se adapte al nuevo escenario y, por lo tanto, aparezca una nueva cosa, o podría ser nuestro final tal como se han colapsado antes otras civilizaciones. Como decía Yayo Herrero, el invierno también podría ser una época de recogimiento hasta que llegara una nueva primavera. Pero, antes de eso, tenemos que superar una prueba. Los próximos años y décadas serán muy duros. Podemos prepararnos para pasar este invierno crudo, o sucumbiremos en invierno. Esta es la gran encrucijada.

Estamos en el Siglo de la Gran Prueba”, dice siempre el filósofo y ecologista Jorge Riechmann.

Los científicos llevan tiempos avisando que las cosas son peores de lo que se reporta en los informes oficiales porque algunos gobiernos maquillan las conclusiones. La gran cuestión a decidir hoy en día ya no es qué hacer, sino cómo hacer la transición ecológica. Hoy se está intentando hacer una transición continuista, en la cual se intenta sustituir la energía fósil por una energía renovable eléctrica, suponiendo que esto se pudiera hacer.

Siguiendo con vuestra metáfora, ¿cuándo creen que se nos acabó el verano?

El verano acabó en 2008. El momento álgido de máximo esplendor de recursos sería en los años sesenta. ¡Ni nos preocupábamos por el futuro! Entonces empezaron a surgir las primeras tormentas como la guerra del Vietnam… y, sobre todo, la crisis del petróleo del 73 o la guerra entre Irán e Irak. A pesar de las advertencias del Club de Roma sobre los límites del crecimiento, nosotros seguimos adelante sin pararnos. Todo parecía que iba bien. Hasta… el 2008. Entonces todo el mundo vio que el sistema no podía seguir como hasta ahora, y todo estalló. Recordamos aquella crisis por las hipotecas subprime y todo eso, pero también fue una crisis energética, y fue el momento del pico de precios del petróleo, que llegó a 147 dólares el barril de Brent. Desde entonces, ya no hemos levantado la cabeza.

La tormenta perfecta nos llega después de la COVID-19: en plena pandemia, estallan todas las crisis, escasez de materias primas, récords de precio del petróleo y del gas, los alimentos se encarecen… y, el redoble final, la invasión en Ucrania con el enfrentamiento de fondo entre dos potencias nucleares.

Ahora están estallando las contradicciones que teníamos enterradas desde hacía muchos años. Ya teníamos muchos de estos problemas, pero los ignoramos. Científicos y organizaciones de la ONU llevan tiempo diciendo que estamos haciendo cosas insostenibles… pero las continuamos haciendo, y llega un momento en que la cosa se colapsa. Estos problemas se interpretaban como fenómenos aislados, pero están conectados. Y tienen su origen en una enfermedad: el problema de sostenibilidad del sistema capitalista, que nos aboca a la autodestrucción porque ha topado contra los límites biofísicos del planeta. Y este choque se manifiesta con la pérdida de biodiversidad, la escasez del agua, la degradación del medio ambiente, incluyendo el cambio climático, y el agotamiento de recursos naturales.

Y ahora… ¡la guerra! ¿En qué grado, en materia energética, dependemos realmente de Rusia?

Ni la Unión Europea ni tampoco los Estados Unidos pueden toser mucho a Rusia porque dependemos de ellos. El caso europeo es flagrante: el 45% del gas y el 30% del petróleo que importamos viene de aquel país. Pero, incluso en los Estados Unidos, el 22% del diésel que consumieron en febrero venía de Rusia… Y nuestras fábricas dependen de minerales que tienen los rusos, como por ejemplo el hierro, el aluminio, el titanio, el paladio… Por eso, Rusia se siente fuerte para hacer lo que hace. Y, por eso, a pesar de la retórica de nuestros dirigentes, nosotros no estamos en guerra contra Rusia y seguimos comprando gas, petróleo y todo lo que necesitamos de ellos.

Hay una frase del activista y pensador Luis González Reyes que creo que es clave para entender el momento: “Demasiadas cosas que parecían imposibles están pasando al mismo tiempo. ¿Estamos viviendo las primeras etapas del colapso”. ¿Está de acuerdo con él?

El colapso es un proceso, no es un acontecimiento instantáneo. Para explicar la caída del Imperio romano, se puede hablar del saqueo de Roma, o del último emperador romano; pero, en realidad, la caída fue un proceso que duró siglos. Pero nosotros vamos hacia un proceso de colapso más rápido, que puede durar décadas. Ahora estamos en un momento de procolapso: es decir, una situación que favorece el colapso, en lugar de mitigarlo o de retrasarlo. Las sociedades se colapsan porque se emperran en una idea equivocada: nuestra idea es querer un crecimiento infinito en un planeta finito. Pero también es cierto, y yo siempre lo remarco, que casi todos los procesos de colapso son reversibles. No es verdad que no se pueda hacer nada para pararlo.

El precio del petróleo está en cifras récord. Usted ha llegado a decir que, con estos precios del petróleo, estamos “al límite de resistencia de la economía mundial”.

El petróleo representa una tercera parte de toda la energía que consumimos. En el caso del transporte, es más del 95% de la energía. Y, en concreto, el diésel es la sangre de nuestro sistema globalizado. Además, el petróleo también es clave para derivados como plásticos, químicos y reactivos básicos para la industria. Por lo tanto, el petróleo es fundamental para la economía actual. Si sube demasiado de precio y esto dura demasiadas semanas, entraremos en recesión. El Estado español ya está al límite de resistencia, y es muy probable que de aquí a poco entremos en recesión. El único que nos podría salvar es la inyección económica monstruo de la Unión Europea a través de los fondos Next Generation, y esto inyectará de golpe, como si fueran esteroides, una mayor resistencia económica para España.

¿Por qué está subiendo el precio de la gasolina? ¿Es por culpa de la guerra en Ucrania y de las sanciones en Rusia?

¡No! Hace semanas que estaba subiendo. Los países de la OPEP se están quedando sin capacidad de producción ociosa de petróleo, es decir, no se pueden guardar producción para ponerla en el mercado más tarde y así controlar los precios. La producción de petróleo caerá entre un 20% y un 50% de aquí a 2025. Desde el año 2014, las empresas petroleras están reduciendo su investigación de nuevos yacimientos.

¿Y por qué?

Porque saben que perderían dinero. El que queda no es rentable. Lo que está pasando ahora se explica porque en el periodo de 2011 a 2014 las petroleras no subieron más los precios, a pesar de que estaban perdiendo mucho dinero, porque la economía no lo habría resistido, y perdieron dinero a puñados. Un informe del Departamento de Energía de los Estados Unidos, publicado en 2014, mostraba cómo las 127 empresas de petróleo y de gas más grandes del mundo estaban perdiendo dinero al ritmo de 100.000 millones de dólares anuales. De hecho, la Agencia Internacional de la Energía había avisado hace años de que los precios del petróleo subirían en el periodo que iba de 2020 a 2025. Los economistas clásicos dicen que, si las petroleras ganan dinero ahora… volverán a hacer inversiones para prospecciones de nuevos yacimientos, y que todo volverá a la normalidad, pero las petroleras ya han dicho que no buscarán más e, incluso, dicen que lo hacen para luchar contra el cambio climático. Aun así, yo intuyo que los gobiernos occidentales intentarán intervenir para tapar el agujero.

¿Y el precio del gas seguirá subiendo también? Rusia y Argelia no abren el grifo tanto como lo abrían antes…

El gas todavía puede resistir unos cuántos años más que el petróleo o que el uranio. Según la Agencia Internacional de la Energía, la producción de gas a escala mundial podría tocar techo en torno a 2025. Pero el problema que tiene el gas es que tiene un transporte difícil y caro, y la mejor manera de importarlo es por gasoducto. Transportar gas en barcos significa llevar el gas hasta una planta de licuefacción, mantenerlo a 160 grados bajo cero en un barco metanero con un coste energético muy alto, llegar hasta un puerto en Europa que tenga una planta regasificadora… y esto, por lo tanto, tiene unos costes económicos grandes y, además, generaría cuellos de botella en situaciones de tensión. Por lo tanto, la mejor opción para Europa es el transporte por tierra, y por tierra solo hay dos opciones: Argelia y Rusia. El problema es que la producción de gas de Rusia y de Argelia está estancada desde hace ya 20 años. Y, además, cada vez necesitan más consumo para ellos mismos, puesto que son países, sobre todo Argelia, jóvenes y en crecimiento.

Y, ya por último, el precio de la luz. ¿Por qué está en cifras tan altas?

Aquí tenemos dos problemas. El primer problema, el sistema marginalista para fijar los precios, que viene impuesto por una directiva europea. Esto funciona básicamente así: pagamos el precio de kilovatio por hora al precio que cueste la energía más cara que entre a la subasta. Y el segundo problema: como el gas ahora mismo en Europa da la energía más cara por los problemas de escasez, pagamos toda la energía eléctrica al precio de la del gas. Este problema, pues, a corto plazo tendría una solución fácil: simplemente, hay que cambiar la normativa de la subasta de energía, aunque las eléctricas protesten.

La alternativa serían las energías renovables, como la hidroeléctrica o la solar, teóricamente más baratas y ecológicas. Pero, en un artículo en su blog, muestra su crítica a la apuesta por las renovables. El título es controvertido: El fin de la energía renovable barata.

El problema que tenemos es que los sistemas de generación de energías renovables eléctricas se basan en la disponibilidad de ciertos materiales que se extraen, se producen y se transportan con combustibles de origen fósil. Por lo tanto, la crisis de combustibles fósiles está provocando a la vez una crisis de materiales, y lo que pasa es que las renovables necesitan muchos materiales. ¿Y qué está pasando? Que las materias primas se están encareciendo: el precio del silicio se ha multiplicado por cuatro, pero también se están encareciendo el litio de las baterías o el silicio para las placas solares. Pero es que incluso el cemento o el acero que se usan para construir aerogeneradores también tienen precios exorbitantes. Hay grandes empresas eólicas que están perdiendo dinero ahora… y firmas como LG han abandonado el mercado de las placas solares. Hoy por hoy, nadie ha conseguido cerrar el ciclo de producción de renovables, que va desde la extracción de materiales hasta la fabricación y el mantenimiento de instalaciones, solo con energías renovables. Para hacer cemento, se está usando gas natural. Para hacer acero, se está usando carbón. Este es uno de los grandes problemas que vendrán: conseguir hacer viable el modelo de transición basado en la energía renovable eléctrica.

Pero hay defensores de las renovables que aseguran que en un futuro se encontrarán nuevos materiales para mejorar la eficiencia y para generar más energía. De hecho, en los últimos 10 años han crecido las reservas de algunos de estos minerales como el litio.

Sí, lo dicen, y es cierto que se está investigando hacer baterías de sodio o de calcio. Desconocemos el futuro. Pero el argumento que hay o habrá nuevas reservas para los materiales que se agoten es un mal argumento. Los defensores de la energía nuclear también dicen que hay una cantidad inmensa de uranio en el mar. Es cierto, sí, ¿pero cómo lo extraes? Y también hay litio en el espacio, fuera de la Tierra. Pero la cuestión es cómo lo extraes y a qué velocidad.

Repasemos algunos productos básicos que no aparecen demasiado cuando hablamos de geopolítica, pero que tienen mucho más que ver de lo que podríamos pensar. Empecemos por la alimentación. ¿Qué está pasando aquí?

Suben los precios de los alimentos. ¿Por qué? Pues, primero, por el encarecimiento de la energía, puesto que la agricultura industrial requiere mucho de combustible fósil, sobre todo diésel, para toda la maquinaria y para el transporte. Pero, además, ahora sube de forma salvaje el precio de los fertilizantes, sobre todo los nitrogenados, porque buena parte de ellos se hacen a través de gas natural y, además, las plantas productoras estaban limitando la producción. Y, además, no olvidemos que China ha reducido en un 90% sus exportaciones de fertilizantes nitrogenados, y Rusia, el 1 de febrero, antes de la guerra, impuso un embargo de las importaciones de fertilizantes. Y, ya para acabarlo de arreglar, faltan potasas. ¿Y sabéis cuáles son los principales productores de potasas del mundo? Pues Rusia y Bielorrusia. Por todo ello, los trabajos del campo se están volviendo carísimos.

Y aquí, ¿la ciudadanía lo notará a la hora de comprar alimentos básicos?

¡Por supuesto! En España notaremos un encarecimiento de alimentos ya este mismo año. Los alimentos básicos pueden multiplicar su precio por dos o por tres. Lo notarán más algunos países dependientes de la importación de cereales, como todo el norte de África y el Oriente Próximo, donde la situación puede ser terrorífica. Vamos hacia una crisis humanitaria de grandes dimensiones. Pero, además, ahora lo notaremos todavía más por culpa de la invasión de Ucrania, que era el granero de Europa, un gran productor agrícola. España importaba de Ucrania un 30% del trigo, un 23% del maíz y más del 80% del aceite de girasol. Por lo tanto, de aquí a un mes, si la situación continúa igual, nos encontraremos unos problemas enormes en España.

Otro ejemplo completamente diferente, pero que también está afectando al hecho de que lleguen muchos productos a las tiendas: ¡falta magnesio en Europa!

La mayoría del magnesio proviene de China. La producción de magnesio necesita consumir mucha energía. Y China tiene una crisis energética muy grave ahora mismo. ¿Por qué? Porque la crisis del carbón, que es importante para China o India, está provocando muchos problemas energéticos allá y, de hecho, está provocando apagones eléctricos. Entonces, los chinos están yendo a un proceso bestial y rápido de transición hacia las renovables, y para hacerlo necesitan un montón de materiales. Se están guardando el magnesio para producir aluminio y hacer el proceso hacia las renovables, y van cerrando el grifo de la importación hacia Europa.

De acuerdo, ¿pero qué es lo que no puedes fabricar si no tienes aluminio? ¿Por qué nos tendríamos que preocupar?

Las ventanas de tu casa seguramente son de aluminio. Hay partes de los coches, de las motos o de las bicicletas que son de aluminio. Los cables de las torres de alta tensión son de aluminio, porque sería muy caro hacerlos todos de cobre. El fuselaje de los aviones está hecho de aluminio. Cualquier estructura metálica que veas por la calle contiene, en parte, aluminio. El aluminio tiene una capacidad de resistencia y ligereza que son capitales para fabricar muchas cosas hoy en día.

Hablemos de otro material: el vidrio. Este invierno han aparecido varias noticias en los medios que explican la escasez de vidrio para poder embotellar el vino, el cava y otros licores. ¿Cómo se explica que falte vidrio si es un material reutilizable?

El vidrio también está relacionado directamente con el gas y, en general, con la crisis energética. Todos los procesos industriales que requieren calor industrial necesitan grandes consumos de gas. Es cierto que el vidrio se recicla, pero el problema es que producimos mucho más del que reciclamos. La demanda es muy alta y creciente. Y no llegamos solo con el reciclaje. Habrá que reciclar mucho más, pero, atención, para reciclar el vidrio, hay que fundirlo de nuevo, y, por lo tanto, necesitará consumir más gas.

Y el último ejemplo de cosas que están subiendo de precio: el papel.

El papel es un caso diferente. Aquí se juntan muchos factores que están provocando una subida de precio. La causa principal es el encarecimiento del transporte; entre otras cosas, porque tanto los bosques como las grandes plantas de celulosa están lejos y, por lo tanto, tienen unos costes importantes en transporte. Pero, a la vez, hay problemas con los productos químicos que se usan en el proceso de la elaboración del papel, como el cloro, que, de hecho, también requieren el uso del gas.

A ver, para acabar, debo decirle que los críticos con Antonio Turiel le tildan de catastrofista, de ver solo los problemas que tiene la transición a las renovables y de no aportar nunca soluciones como las que buscan constantemente los científicos y la industria. ¿No hay ninguna alternativa?

Sí, sí. Lo que yo denuncio es que no podemos mantenerlo todo igual como hasta ahora simplemente sustituyendo el petróleo por equis. Lo que están haciendo los gobiernos y la industria es intentar cambiar la fuente de energía, y mantener nuestro nivel de consumo. Yo, y mucha otra gente, proponemos un cambio más radical. Hay estudios científicos que demuestran que podríamos tener un nivel de vida similar al actual y más equitativo en todo el planeta consumiendo el equivalente a la décima parte de la energía que consumimos hoy en Occidente. ¡Tendríamos que ser conscientes de que, la mayor parte de la energía que producimos, la derrochamos! Pero esto implica cambiar el modelo de consumo.

Pero ¿cómo? ¿Cómo se puede reducir el consumo de energía y mantener el nivel de vida?

Atención: yo digo mantener el nivel de vida, no el estilo de vida. El nivel de vida bueno viene determinado por las cosas que nos dan bienestar. Por ejemplo, seguramente no tendríamos un coche para cada familia; seguramente no tendríamos una lavadora para cada piso, sino que compartiríamos lavadora con todo el bloque de pisos. Este tipo de cambios no harían bajar nuestro nivel de vida. Las maneras de consumir tienen que ser diferentes. No podemos seguir con un consumo desechable, de derroche, de consumismo sin sentido, de obsolescencia programada de la mayoría de los productos. Hay muchos sectores tecnológicos en los cuales ya tenemos los conocimientos técnicos para hacer enseres prácticamente indestructibles. Ya se podría hacer un ordenador prácticamente eterno; se pueden hacer bombillas casi eternas. Pero no se hace, evidentemente, porque el incentivo es para consumir más. Hay mucha gente que se pone de mala hostia con quienes decimos esto, porque este cambio de modelo de vida atenta contra el principio sacrosanto del crecimiento.

¿Pero nos quedaremos realmente sin energía? No ves ninguna opción realmente para un futuro energético basado en las renovables…

La clave es no obsesionarse por tener energía renovable eléctrica, a pesar de que es muy útil en algunos sectores, sino también aprovechar la energía renovable no eléctrica, es decir, la solar para producir calor, la energía mecánica del viento y de los ríos para las fábricas, usar biomasa de forma moderada para producir plásticos o papel… Y, por último, relocalizar la economía. Pero este cambio implica acompasarse con los ritmos de la naturaleza y no tener una producción infinitamente creciente. ¡El problema es que no podemos ni empezar este debate! Porque esto implicaría unos cambios tan radicales en nuestro sistema económico que hoy en día son impensables.

Fuente: https://www.climatica.lamarea.com/entrevista-antonio-turiel-critic/

viernes, 15 de abril de 2022

Caminamos hacia el fin de la inmigración: lo que el desplome demográfico de África dice sobre nuestro futuro

https://www.acnur.org/asilo-y-migracion.html
Las migraciones llevan décadas siendo uno de los temas centrales de la política en Occidente. En los últimos años, no solo es que el discurso antiimigración se haya convertido en uno de los grandes polarizadores de la esfera pública, sino que la "crisis de refugiados" tuvo un impacto enorme en la Unión Europea.

En España, todo esto lo sabemos bien. Hemos pasado de tener un "problema" con la emigración durante finales del XIX, principios del XX y la posguerra a tener un "problema" con la inmigración a finales del XX y principios del XXI. Tanto es así que buena parte de nuestra política exterior se explica en "controlar los flujos migratorios". Pero ¿Y si esto fuera algo a punto de acabarse? ¿Y si como defienden algunos estamos viviendo la última época de las grandes migraciones?

Aunque se suele decir que el ser humano lleva migrando desde su origen en el principio de los tiempos, lo cierto es que cuando hoy por hoy hablamos de "migraciones" estamos hablando de algo muy específico que solo guarda "un aire de familia" con las migraciones tradicionales.

Pasa con muchos otros términos: prehistoriadores e historiadores contemporáneos usan términos como "estado" o "clase" para referirse a cosas parecidas, sí; pero totalmente diferentes. En este sentido, las migraciones contemporáneas son un fenómeno eminentemente "moderno". Algo que surge durante el siglo XVIII (y que incluye, aunque no solamos recaer en ello, el esclavismo trasatlántico) y que se desarrolla de la mano de la revolución industrial y sus modulaciones.

Antes del siglo XVIII, había movimientos de población, guerras y conquistas, por supuesto; pero lo cierto es que el régimen demográfico tradicional dejaba pocos excedentes poblacionales como para que esas "migraciones" fueran similares a las actuales.

Lo que ocurre en el siglo XVIII precisamente es que en ciertos países los índices de mortalidad se derrumban de forma repentina gracias a las mejoras en la productividad agrícola, la industrialización incipiente, los avances sanitarios y la alfabetización. Esto origina un aumento de la población que se reordena de acuerdo con la estructura productiva a través de una serie de migraciones: primero, interiores (hacia las zonas industriales del país) y, posteriormente, a nivel internacional de la mano del colonialismo y los primeros pasos de la globalización.

Un mundo vacío: pronto no habrá gente para migrar

Pero, si nos fijamos, la transición demográfica es un fenómeno con fecha de caducidad. Hoy por hoy no hay ningún país del mundo con un régimen demográfico tradicional. Si hay algunos (Chad, Camerún, Nigeria o República del Congo) que mantienen niveles de natalidad muy altos, pero la mortalidad ya ha caído.

¿Cuánto tardarán en andar la senda que ya han recorrido países como Guatemala, Argelia o Chile (que ya están viendo cómo se reducen su natalidad)? O, más aún, ¿Cuánto tardarán en equilibrar la natalidad con la mortalidad y dando por finalizada la transición demográfica? 

Fphqwbwvqaymsks

  Menos de lo que pensamos. Si hacemos caso a las proyecciones, dentro de unas pocas décadas el hundimiento poblacional de África y Asia relajará la presión demográfica y, con ello, la necesidad actual de miles de personas de migrar hacia países más ricos. Tiene sentido. El continente africano, por ir al ejemplo más claro, se está urbanizando casi dos veces más rápido de lo que lo hace el mundo y la población mundial se está haciendo urbana a marchas forzadas. En 2007, la mitad de la humanidad ya vivía en ciudades por primera vez. Ahora somos un 55% y llegará al 66% antes de 2050.

La mayoría de demógrafos están de acuerdo de que la urbanización de la población mundial es un factor fundamental de este cese de la fertilidad. Y no por nada ‘biológico’**, sino por incentivos socioculturales. Las ciudades son entornos donde tener muchos hijos no supone un retorno económico importante. En el mundo rural un niño es un activo, en la ciudad es una carga. Solo seis de las 39 megaciudades más grandes del mundo están por encima de la tasa de reposición.

Seamos directos: los países pobres están dejando de tener hijos a una velocidad récord. Estamos ante una revolución fértil con muy pocos precedentes a nivel histórico. Solo grupos muy concretos y con características ideológicas muy marcadas, como los amish, los judíos ortodoxos o los mormones han sido capaces de "escapar" de esa maldición de la baja natalidad. 

 Y pongo "escapar" entre comillas porque, de hecho, los mormones también parecen ir sufriendo signos de decaimiento poblacional. Siguen siendo familias grandes, sí; pero no tanto como solían ser. Además, en caso de que esas estrategias comunitarias sí fueran capaces de "solucionar" el problema demográfico, tenemos evidencia empírica más que suficiente de que es muy difícil hacer políticas estatales en este sentido.

"La población mundial nunca llegará a los nueve mil millones de personas. Alcanzará un máximo de 8 mil millones en 2040, y luego disminuirá”, explicaba en The Guardian Jørgen Randers, un demógrafo noruego conocido por sus trabajos sobre superpoblación. No es una opinión aislada, cada vez hay más expertos que señalan que las alarmas de sobrepoblación igual estaban equivocadas.

Y sin sobrepoblación no habrá grandes migraciones. Al menos, a medio plazo. Porque, en realidad, sí que hay una fuerza que podría crear grandes movimientos de población sin crecimiento poblacional: el cambio climático. Y es que, aunque hoy por hoy nos hemos desacoplado bastante de la naturaleza, estamos atados a ella. Lo hemos estado siempre

Fuente: https://www.xataka.com/medicina-y-salud/caminamos-fin-inmigracion-que-desplome-demografico-africa-dice-nuestro-futuro

martes, 12 de abril de 2022

Salud mental

https://gacetamedica.com/wp-content/uploads/2022/01/Salud-mental-1284445593-1068x405.jpg
 
 ... Desde la década de 1980, los sucesivos gobiernos y las grandes corporaciones han contribuido a promover una nueva concepción de la salud mental que sitúa en el centro un nuevo tipo ideal: una persona resiliente, optimista, individualista y, sobre todo, económicamente productiva, las caracteríticas que necesita y desea la nueva economía. Como resultado de este cambio de perspectiva, todo nuestro abordaje de la salud mental se ha modificado radicalmente con el fin de satisfacer estas exigencias del mercado. Definimos la "recuperación de la salud" como la "vuelta al trabajo". Achacamos el sufrimiento a unas mentes y cerebros defectuosos en vez de vincularlo a unas condiciones sociales, políticas y laborales nocivas. Promovemos intervenciones medicalizadas sumamente rentables que, si bien son una magnífica noticia para las grandes empresas farmacéuticas, a la larga se convierten en un lastre para millones de personas. 
   Esta visión mercantilizada de la salud mental ha despojado a nuestro sufrimiento de su significado y sentido más profundos. Como resultado, nuestro malestar ya no se percibe como una llamada de atención vital a favor de un cambio ni como nada que se pueda considerar potencialmente transformador o instructivo. Al contrario, en el curso de los últimos decenios, más bien se ha convertido en una ocasión más para la compraventa. Industrias enteras han prosperado apoyádose en esta lógica y ofreciendo explicaciones y soluciones interesadas para muchas de las dificultades de la vida.  La industria cosmética atribuye nuestro sufrimiento al envejecimiento; la industria dietética, a nuestras imperfecciones corporales; la industria de la moda, a que no estamos al día; y la industria famacéutica, a supuestas deficiencias en nuestra química cerebral. Cada uno de estos sectores ofrece su propio y rentable elixir para el éxito emocional, pero todos comparten y promueven la misma fisolofía consumista con respecto al sufrimiento, a saber: que lo malsano no es la forma en que nos enseñan a interpretar y abordar nuestras dificultades (el envejecimiento, los traumas, la tristeza, la angustia o el duelo), sino el hecho mismo de sufrir; algo que un consumo bien orientado puede resolver. El sufrimiento es el nuevo mal y no consumir los "remedios" adecuados, la nueva injusticia. 
   A partir de la década de 1980, este programa comenzó a ser dañino para el mundo occidental en general al transfomar toda nuestra actuación psicosanitaria en un abordaje centrado en la sedación, en la despolitización de nuestro sufrimiento y en mantenernos productivos y productivas, y al servicio del statu quo económico. Anteponer la servitud económica a la verdadera salud y desarrollo individuales ha alterado dramática y peligrosamente nuestro orden de prioridades y el infasto resultado ha sido, paradójicamente, un mayor sufrimiento...
 
Sedados
James Davies

lunes, 11 de abril de 2022

Federico Mayor Zaragoza: “En Ucrania no hacen falta más armas, sino más palabras”

El exdirector de la Unesco aboga por que la Unión Europea actúe de interlocutor con Moscú, en lugar de la OTAN, mientras reclama “deber de memoria” 

Federico Mayor Zaragoza insta a un "tratamiento a tiempo" de la Cultura
Federico Mayor Zaragoza insta a un "tratamiento a tiempo" de la Cultura EFE

  Reivindica el “deber de memoria” en cada respuesta y esos “pueblos” de los que habla la Carta de las Naciones Unidas. Federico Mayor Zaragoza (Barcelona, 1934) es un defensor de la palabra y la negociación frente a la fuerza y las armas. Fue director de la UNESCO de 1987 a 1999 y ahora preside la Fundación Cultura de Paz. Durante su conversación con elDiario.es, apuesta con vehemencia por un multilateralismo en el que todas las partes tengan voz, pero no veto, y en el que la sociedad civil pueda participar de tú a tú con los Estados. 

 Más de cuarenta días después de la invasión rusa de Ucrania, pide recapacitar sobre si el envío de armas a Kiev ha servido para algo y propone a la Unión Europea como interlocutora con Moscú, en lugar de la OTAN. Además, cita en varias ocasiones al primer ministro sueco Olof Palme, asesinado en 1986, para reclamar acercarse a Rusia “con la neutralidad y no con las armas”.

Llevamos años viendo guerras en Irak, en Siria, en Afganistán, en Yemen... pero ninguna ha impactado tanto a la sociedad como la ucraniana. ¿Nadie supo prever esta guerra en Europa?

Sí se supo prever y hace ya mucho tiempo. Desde que los acuerdos de Minsk no se cumplían ya estaba rondando la posibilidad de que existiera esta situación creada sobre todo por la OTAN, que ha ido desplazando progresivamente su actuación hacia el Este. La Unión Europea no ha sido prácticamente interlocutora, lo ha sido Estados Unidos, porque preside la OTAN. La capacidad de negociación tiene que depender siempre de la libertad, la democracia y el diálogo y esto no ha existido en este caso, porque se hace entre instituciones (la UE y las Naciones Unidas) que no pueden expresarse libremente porque tienen derecho a veto. Lo primero ahora es hacer un alto al fuego para parar esta barbarie y al mismo tiempo, y sin disminuir ni un ápice la responsabilidad de Putin, 'deber de memoria'.

Hay periodistas sobre el terreno documentando los ataques contra civiles en Ucrania. ¿Qué posibilidades tiene la Corte Penal Internacional de juzgar a Rusia por los crímenes de guerra?

Yo soy muy partidario de que de que la Corte Penal Internacional funcione y que todo el mundo la acepte, porque ha habido un descrédito de todo lo que tiene que ver con las Naciones Unidas. Yo he sido director general de la UNESCO durante 12 años y se lo puedo asegurar. Lo que tenemos que hacer es fortalecerla y, en la medida en que se pueda, penalizar a Rusia por estas actividades que ha tenido. Por otra parte, recordemos todas las guerras. No podemos hacer excepciones. Por fortuna, sabemos lo que está pasando en Ucrania y hay que castigarlo, pero ¿por qué no tenemos información de lo que está ocurriendo en Yemen? ¿qué está pasando ahora mismo en Siria? ¿por qué dejamos que se ahoguen en el Mediterráneo los migrantes de Libia?

La guerra en Ucrania dura ya más de un mes y medio y no parece que vaya a resolverse pronto. ¿Cómo se puede articular ese alto al fuego que mencionaba?

Lo primero es que la OTAN, que es una institución militar, deje de ser el interlocutor con Rusia y pase a serlo la Unión Europea. Esto es cosa de la UE, no de la OTAN. Tenemos que dejar de hablar en términos militares para hablar en términos civiles y de responsabilidad compartida. Este sería un buen momento para hacer una pausa y decir que esto va a acabar mal porque estamos enviado únicamente armas, más armas y más armas. Ahora lo que hacen falta no son más armas, sino más palabras.

¿Cree que solo con eso ya se podría gestionar un alto al fuego? Hay quien puede pensar que es una idea algo utópica.

Podría ir acompañado de un reconocimiento por parte de la OTAN de que quien tiene que tomar la palabra es la UE y que quien debe tener un papel en que se eviten los vetos son las Naciones Unidas. Somos 196 países y tenemos derecho a hablar los 196. Desde el G-6 de Reagan en los años 80, hemos estado con el G-6, el G-7, el G-20... ¿qué es eso? Ya sabemos que todos estos 'G' en realidad son un G-1. Somos 196, vamos a cambiarlo entre todos.

Lo que Ucrania está pidiendo ahora mismo son armas.

No quiere decir que a mí me parezca bien todo lo que pide Ucrania, lo que me parece muy mal es que haya habido una intervención militar cuando se tenía que haber resuelto por la palabra. Hay que reconocer que hay unos acuerdos en Minsk que no se están cumpliendo y que se firmaron precisamente para evitar lo que está sucediendo. Desde el origen de los tiempos siempre hemos visto la guerra. Ahora tenemos que decir, de una vez, si vis pace, para verbum. Prepara la palabra, prepara la capacidad de negociación. Pero esa negociación no se hace con bombas, sino sentándose y buscando las fórmulas. Ahora, por ejemplo, Ucrania ya acepta la neutralidad, que ha sido el origen de todo este jaleo.

El envío de armas a Ucrania ha supuesto un choque entre los partidos del Gobierno. Usted compartió un acto con la ministra Belarra. ¿Cree, como ella, que la guerra ha despertado un “furor belicista”?

No. Aquí está todo el mundo, todo el día, hablando de que hay un gobierno de coalición. Un gobierno de coalición es precisamente de coalición. A mí me parece muy bien que haya puntos de vista distintos y me parece muy bien que al final haya un predominio y una resolución democrática en el seno del Gobierno sobre qué es lo que se va a hacer y que el presidente tenga las facultades resolutivas que tiene que tener. Pero esto no es culpa de España. Desde el primer momento se ha dicho que hay que tener una gran capacidad de recepción para los refugiados y que hay que enviar armas. Enviar armas es muy peligroso porque fomenta la guerra en lugar de potenciar la negociación. Si desde el principio toda Europa y todas las naciones le hubieran dicho a Putin que parase porque íbamos a llegar a un acuerdo y Ucrania no podía pertenecer a una organización militar, que estaba muy claro desde el principio... pero no han ido las cosas por ahí y ha habido esa visión de que tenía que haber enfrentamientos, que es un disparate.

Se argumentaba que dar esa respuesta suponía vulnerar la soberanía de Ucrania.

Exacto, pero la soberanía de Ucrania no puede interpretarse exclusivamente en términos militares. Que Ucrania no iba a pertenecer a la OTAN era algo que se venía procurando desde hacía muchos años. Olof Palme ya advertía de que no nos acercásemos a Rusia con las armas, sino con la neutralidad, se firmaron los acuerdos de Minsk, estaban los acuerdos de Gorbachev cuando se suprimió el pacto de Varsovia. Yo lo que digo es que tenemos que tener 'deber de memoria' y saber lo que ha pasado. Aquí han sucedido muchas cosas y en los últimos años ha habido muchos accidentes en la democracia a escala mundial. Vamos a ponernos a pensar y vamos a ser responsables. 

Usted es un firme defensor de un nuevo multilateralismo

Por primera vez, es posible ese “nosotros, los pueblos” con el que empieza la Carta de las Naciones Unidas y gracias a la tecnología podemos expresarnos. Ya no tenemos que estar callados. Tenemos que decir que no queremos que siga habiendo una gobernanza plutocrática a escala mundial. Que se ha acabado que las Naciones Unidas sean únicamente una institución humanitaria sin capacidad de negociar si una de las partes establece, como ha sucedido, el veto y que la Unión Europea esté callada porque la que tiene toda la palabra es una institución militar llamada OTAN. También hemos olvidado totalmente nuestras responsabilidades en relación a la habitabilidad de la Tierra y de la aplicación de la Agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Tenemos que decir ya todos los ciudadanos que no queremos más una gobernanza que desprecie lo que a nosotros nos parece fundamental.

Ahora, lo primero, es el alto al fuego y el inicio de un proceso de paz pero, al mismo tiempo, 'deber de memoria'. Hay que acabar con la gobernanza que tenemos en estos momentos, plutocrática y neoliberal, y establecer un sistema multilateral, unas Naciones Unidas sin vetos, con una democracia real, genuina, a escala personal, local, regional e internacional. Eso es lo único que podría resolver la situación.

¿Eso es posible con un actor como Putin en el tablero internacional?

Claro que es posible. Si hubiera esta reacción a escala mundial, claro que sí. Como Putin y como tantos otros. Fíjese en Hitler o en Mussolini. Tenemos que pensar que hay soluciones y que estas soluciones no son las de la fuerza, sino las de la democracia, la negociación y la palabra. Ahora tenemos la capacidad de movilizarnos.

Usted aboga por una nueva composición de la Asamblea General de las Naciones Unidas. ¿Cómo sería ?

Como ahora, cada país tendría un representante, pero se multiplicaría por dos el número de asistentes y el resto serían miembros de la sociedad civil, que representen a la gente. Sería lo que dice la Carta de las Naciones Unidas, “nosotros, los pueblos”. Lo que no tienen esos pueblos es veto, ninguno. Tiene que tener un reparto equilibrado y ponderado. No puede ser que el peso del voto de la India sea el mismo peso que el voto de España. Tiene que haber un equilibrio. Lo único que se necesita es decir que queremos un sistema democrático, en lugar de tener esta gobernanza plutocrática a escala mundial.  

 Fuente: https://www.eldiario.es/politica/federico-mayor-zaragoza-ucrania-no-falta-armas-palabras_128_8902838.html