Mostrando entradas con la etiqueta Sergio Rossi. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sergio Rossi. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de mayo de 2017

Permafrost

Resultado de imagen de permafrost
 www.johnshawphoto.co
.........
El permafrost (la capa permanentemente helada de las latitudes más septentrionales y meridionales del planeta) cubre áreas muy extensas especialmente en Siberia y Canadá. En muchos lugares ya se ha detectado, desde hace tiempo, un aumento de temperaturas y el deshielo de las zonas más superficiales. "Esto puede repercutir en la aceleración de procesos de degradación de materia orgánica, un cambio en los ciclos del carbono en estos suelos gracias a la acción bacteriana, que pondría en circulación, entre otras cosas, más CO2 por respiración, contribuyendo aún más al aumento de temperaturas", dice Richard Spinard del National Oceanic and Atmosferic Administration de Estados Unidos . Son, por tanto los cambios de lo "pequeño" lo que está centrando mucho la atención de los científicos, porque ésa es la base sobre la que se sustentan osos, focas, caribús o los mismos humanos que habitan esa zona del planeta.
    La gran perturbación será sin duda para los ecosistemas en varias de sus facetas: 1ª Desaparecido gran parte del hielo, el ciclo del fitoplancton que depende de ese hielo desaparecerá también, alterando la cantidad de alimento disponible y las cadenas alimentarias; 2ª Muchos animales, como el oso polar, se verían abocados al desplazamiento y a un cambio en sus costumbres por falta de plataformas para su subsistencia; 3ª La masa forestal (doblada en las últimas dos décadas) se tornaría más seca, incrementando el riesgo de grandes descontrolados incendios; 4ª Muchas culturas que basan su modo de vida en la convivencia con el hielo pueden desaparecer o verse obligadas a cambiar muchos hábitos; 5ª La Corriente del Golfo podría verse alterada por el cambio de temperatura de las aguas, en un proceso de ralentización que influirá en el clima general de toda el área de influencia atlántica. Centrémonos en este último punto por un momento. ¿Cómo se produce un fenómeno semejante? ¿Y qué consecuencias tiene? La historia es como sigue: si se fundiese el hielo de los glaciares (sobre todo de Groenlandia) se crearía una capa de agua fría dulce que impediría en parte la subida de la Corriente del Golfo desde el glofo de México (donde se calienta), corriente que distribuye su calor al norte de América y Europa. La falta de transporte de calor provocaría un descenso de las temperaturas lo que podría retroalimentarse creando un efecto contrario a lo que vemos ahora: una nueva glaciación [...]. En un momento determinado, la maquinaria termodinámica pasó de calentarse en exceso a enfriarse de forma drástica. Lo peor es que esos cambios se han podido ver en pocas décadas. Nos falta entender cómo y a qué velocidad real, pero está claro que ya empezamos a saber de qué forma hay alternancia entre periodos cálidos y fríos en el planeta. No quiero imaginar qué pasaría si de veras se revertiese el proceso dentro de cien o doscientos años. Peor que vivir en un mundo tórrido sería volver a estar cubiertos por cientos de metros de hielo avanzando si parar en el hemisferio norte [...].

Imagen relacionada


   El punto de no retorno de esta situación, a escala humana, se dará cuando la dinámica del deshielo cambie el ciclo goblal del propio hielo, en cuyo caso se requerirán siglos o milenios para volver a una situación similar a la de hace unas décadas.

 Sergio Rossi

jueves, 11 de julio de 2013

El papel de las ballenas en los ciclos del carbono y el nitrógeno

   Nuestra visión antropocéntrica nos impide ver la importancia de nuestros directos competidores por los recursos vivos del planeta. Hemos desplazado a las ballenas, junto con otros animales y plantas, en el rol de controlar las cadenas tróficas, los ciclos de nutrientes o incluso la producción de los océanos. ¿Imposible? Con los números actuales, las ballenas siguen teniendo un papel importante en los ecosistemas. En el golfo del Maine (noroeste de Estados Unidos), un grupo de científicos ha hecho sus cálculos. "Las heces de las ballenas son un potente fertilizante que estimula la productividad de las algas microscópicas" (Joe Roman). Sólo en este lugar, las pocas ballenas controladas por una exhaustiva red de oteadores calcula que, junto con las pocas focas que también quedan, pueden poner en circulación unas 23.000 toneladas de nitrógeno, más que todos los ríos de la zona combinados. Es mucho nitrógeno, y sólo es superado por aguas subterráneas y otras canalizaciones que llegan a esta zona desde tierra. "Antes de haberlas reducido a la nada, las ballenas seguramente podían retener y defecar, junto con otros grandes vertebrados, tanto o más nitrógeno del que se transfiere desde la atmósfera". Aunque estos cálculos parezcan exagerados, la biomasa de unos trescientos o cuatrocientos millones de ballenas tenía que ejercer una influencia en la producción de nuestros océanos. Es más, serían capaces de inmovilizar una enorme cantidad de carbono en sus longevos cuerpos. Eran las reguladoras de los ciclos biogeoquímicos.


   Hemos de tener en cuenta estas aportaciones. Es interesante entender que la simplificación de los sistemas al destruir de forma sistemática las formas complejas (grandes árboles, ballenas, atunes, corales profundos) impide a los sistemas retener carbono, mover nutrientes y transportar materia de un lugar a otro en los ecosistemas marinos. De hecho, las ballenas pueden capturar a sus presas a gran profundidad en algunos casos, ejerciendo de auténticos ascensores de materia desde las profundidades a la superficie. Defecan, la materia disuelta es aprovechada por el fitoplancton que es comido por el zooplancton, y éste a su vez es ingerido por pequeños peces o krill (que también se alimenta de algas) desplazándose a las profundidades donde las ballenas lo consumen, volviendo a empezar el ciclo. Este secuestro del carbono se ha probado en varios lugares del planeta con otros animales de gran tamaño, como la fauna del Serengueti. Allí son los ñús, antílopes y elefantes los que ejercen de moduladores de la fertilización y la productividad de la pradera. Son también los responsables de ralentizar los ciclos del carbono, inmovilizando una parte en sus estructuras.
  ¿Y en la Antártida? Allí las ballenas transfieren carbono y nitrógeno desde la parte basal de la cadena trófica a la más alta casi de forma directa a través del krill. Se ha comprobado que la disminución de krill ha coincidido, en parte, con la disminución del número de ballenas en esa zona del mundo. Menos ballenas, menos heces, menos producción por parte de las algas (recordemos también la influencia que pueden ejercer las fluctuaciones del hielo). Hay que tener en cuenta que algunas especies de misticetos (ballenas de barbas) se alimentan casi en exclusiva de krill y pequeños peces. [...] Y lo que devuelven en forma de heces no es sólo nitrógeno sino que también será fósforo, hierro, micronutrientes.....¿Puede la producción primaria (fitoplancton) haber sido mayor en el pasado por la acción de las ballenas? En el último siglo, y tras la desaparición de las ballenas en el continente blanco se ha comprobado que en un 80% de los lugares estudiados ha disminuido la producción primaria. A escala global, los grandes mamíferos (grandes escualos y peces) dan un servicio a nivel ecosistémico imprescindible para su buen funcionamiento. Es posible que hasta influyan en la regulación del clima por su retención de carbono en sus grandes y longevas estructuras, así como propiciar más productividad de unas algas que captan CO2 para poder realizar la fotosíntesis. Y la Antártida es uno de los lugares más productivos del planeta donde muchas ballenas iban a alimentarse en el pasado.


Un viaje a la Antártida
Sergio Rossi