miércoles, 31 de enero de 2018

El autor de esta imagen de Vietnam siempre se arrepintió

Tendemos a fiarnos de las imágenes, pero estas también mienten, incluso sin estar manipuladas. Muchas veces solo nos ofrecen medias verdades.
 
'La ejecución de Saigón', de Eddie Adams, es una de las imágenes más violentas y perdurables de la fotografía de guerra.

A VECES, muy de vez en cuando, una imagen vale mil palabras. O quizá sean 836, cómo saberlo. Hay, en todo caso, imágenes que pesan como losas, que cambian situaciones, que engendran movimientos, que definen. Esta cumple en estos días medio siglo, y fue una de ellas.

El 1 de febrero de 1968 Eddie Adams tenía 34 años y llevaba tres cubriendo la guerra de Vietnam para Associated Press. El Vietcong, la guerrilla comunista que peleaba contra los ejércitos de Vietnam del Sur y Estados Unidos, acababa de lanzar una gran ofensiva —y en Saigón la violencia crecía. En su Barrio Chino, Adams seguía al jefe de la policía survietnamita, el general Nguyen Ngoc Loan, y sus custodios, que llevaban a un prisionero: un hombre bajo de camisa a cuadros. De pronto la comitiva se paró, el general sacó su revólver Smith & Wesson .38 Especial y lo apuntó a la sien del hombre. Adams diría después que pensó que quería asustarlo para interrogarlo pero no: el general disparó. Adams también.

Al día siguiente su foto inundó el planeta. Entonces, sin Internet, sin redes sociales, los diarios y revistas definían, y aquella foto se publicó en sus tapas. Es difícil contar una historia más simple y más tremenda: un hombre mata a un hombre. Y, también: un hombre de poder ejerce su poder de la manera más extrema. En la guerra de Vietnam hubo dos millones de muertes pero esta encarnó a todas —e hizo mucho para que uno de los bandos la perdiera. Al día siguiente muchos americanos habían cambiado de idea sobre la participación de su ejército en esa guerra, con gente como esa.

El general Nguyen intentó justificarse: “Estos tipos matan a muchos compatriotas nuestros; creo que Buda me perdonará”, dijo entonces. Su víctima se llamaba Nguyen Van Lem, tenía 36 años, dos hijas y uno por nacer, y era un guerrillero. El general fue herido meses más tarde: grave, lo atendieron en Washington, donde le amputaron una pierna. En 1975, poco antes de la derrota final, pidió asilo en Estados Unidos —que se lo negó. Viejos amigos lo ayudaron a entrar e instalar una pizzería en Dale, Virginia. De vez en cuando alguno de sus clientes sabía quién era, lo insultaba o lo felicitaba; cada tanto le dejaban amenazas pintadas en el baño. A veces Adams pasaba a saludarlo: lo respetaba y le dolía lo que su foto le había hecho.

El general se murió de cáncer en 1998, a sus 67. Entonces Adams escribió su necrológica en la revista Time: empezaba diciendo “Gané un Pulitzer en 1969 por la foto de un hombre que disparaba a otro. En esa foto murieron dos personas: el que recibió la bala y el general Nguyen Ngoc Loan. El general mató al vietcong; yo maté al general con mi cámara”. Y, después, que “las fotos son las armas más poderosas del mundo. La gente les cree, pero las fotos también mienten, aun cuando no están manipuladas. Son sólo medias verdades. Lo que la foto no decía es ‘¿Qué hubieras hecho tú si fueras el general en ese momento y ese lugar, en ese día caliente, y acabaras de agarrar al malo después de que matara a dos o tres soldados americanos?”.

Hay dudas sobre lo que habría hecho Adams —que se murió de ELA pocos años después. En cualquier caso, parecía arrepentido de lo que sí había hecho. Su foto dijo mucho más que lo que él habría querido, y también es una lección: las personas manipulan a los medios mucho menos que los medios a las personas —y creer que uno controla lo que dice es soberbia cochina. 

Fuente: https://elpais.com/elpais/2018/01/25/eps/1516881212_852614.html?id_externo_rsoc=TW_CM

Turquía: luchando por respirar bajo el peso de la represión

Pierre-Yves Brunaud
Movilización de Amnistía Internacional delante de la embajada de Turquía en París para pedir la liberación de Taner Kılıç (noviembre 2017).
 "He conocido a miles de personas esforzadas en mi trabajo, pero a ninguna tan notable y comprometida como Taner Kılıç", afirma Michel Gaudé, ex director de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) en Turquía. Sin embargo hoy Taner Kılıç está siendo juzgado por cargos falsos de terrorismo."

De ser declarado culpable, podría tener que pasar hasta 15 años en la cárcel.

Conocí a este esforzado abogado de derechos humanos, presidente de Amnistía Internacional Turquía, en 2014. Entonces era, como ahora, una persona seria y determinada, pero también alegre y con un gran sentido del humor. Me cayó muy bien, pero lo que más me impresionó de Taner fue el trabajo infatigable que realizaba para ayudar a personas refugiadas y solicitantes de asilo que apenas tenían a nadie a quien recurrir. Luchaba por las personas detenidas o que podían ser expulsadas.

Negociaba con las autoridades locales y luchaba por ellas en los tribunales. Organizaba sesiones de formación en derechos humanos para los agentes de policía y los funcionarios públicos locales. Y movilizaba y motivaba a la población local para que ayudara a mejorar la vida de esas personas refugiadas. Con las personas refugiadas, no sólo era un eficaz abogado, sino también un apasionado activista, fantástica combinación en un defensor de los derechos humanos.

Con la represión emprendida tras el intento de golpe de Estado cada vez más arraigada, las personas como Taner son más necesarias que nunca. Pero la situación de Taner demuestra que, en Turquía, alzar la voz para defender la libertad ajena puede acabar costándote la tuya.

Taner fue detenido hace casi ocho meses y acusado de "pertenencia a una organización terrorista". La principal acusación contra él es que se descargó ByLock, la aplicación de mensajería que, según el Estado, utilizaba el movimiento Gülen, al que las autoridades turcas culpan del intento de golpe de Estado de 2016.

Al cabo de ocho meses, el Estado no ha podido presentar pruebas creíbles que sustenten esta acusación ni, de hecho, ninguna acusación legítima de conducta delictiva real. Al contrario, en dos informes periciales independientes se ha determinado que no hay rastro de que ByLock haya estado instalada alguna vez en su teléfono.

Taner Kilic, presidente de AI en Turquía, con su mujer y su hija.
 Las absurdas acusaciones formuladas contra Taner no son un caso aislado. En realidad, el hostigamiento contra los defensores y defensoras de los derechos humanos es constante. En octubre fue detenido el empresario, filántropo y líder de la sociedad civil Osman Kavala. No se ha presentado nada con que probar la absurda acusación, vertida en todos los periódicos del gobierno, de que participó en el intento de golpe de Estado.

Como consecuencia de su activismo en la sociedad civil, Raci Bilici, profesor y presidente de la sección de Diyarbakir de la Asociación de Derechos Humanos, está acusado de pertenencia al grupo armado Partido de los Trabajadores Kurdos (PKK), que el gobierno tiene clasificado como organización terrorista.

Está bien claro. Si eres eficaz, si eres un fastidio para quienes ven con desagrado el activismo en favor de los derechos humanos, pagarás un precio. Ir contra las figuras destacadas sirve para amedrentar y silenciar a las comunidades a las que representan.

El mes pasado ocurrió algo insólito: las autoridades turcas admitieron que estaban equivocadas y que miles de personas habían sido acusadas erróneamente de haberse descargado ByLock. Publicaron listas con los números de 11.480 usuarios de teléfonos móviles a los que se exculpaba de la presunta conducta delictiva, lo que a su vez dio lugar a excarcelaciones masivas. Lamentablemente, Taner no figura aún en las listas de personas que deben ser puestas en libertad. La injusticia de la detención de Taner es evidente y está documentada. Sin embargo, su juicio continúa.

De todos modos, el hecho de que las autoridades hayan reconocido que han encarcelado erróneamente a miles de personas debido a información incorrecta sobre la presencia de ByLock en sus teléfonos permite abrigar esperanzas a las personas que luchamos para que sea puesto en libertad. Y somos muchas.

De hecho, en los últimos ocho meses, más de un millón de personas de 194 de países y territorios han firmado acciones de Amnistía Internacional para pedir que Taner sea puesto en libertad y que se retiren los cargos contra los otros 10 defensores y defensoras de los derechos humanos que están siendo juzgados junto con él. Incluidos en esta lista de firmantes hay decenas de figuras políticas y artistas de fama. Saben que, para que la antaño vibrante sociedad civil de Turquía pueda respirar de nuevo, las personas como Taner tienen que ser puestas en libertad.

"Siento como si estuviera viviendo una pesadilla y estuviera esperando a despertar", me dijo Gulnihal Kılıç, hija de Taner, en la última vista judicial.Va a ser duro para ella ver hoy por vídeo a su padre en la celda de la prisión. Pero está también tremendamente orgullosa de él, y yo también. Estoy orgulloso del trabajo que ha hecho para transformar la vida de tantas personas. Estoy orgulloso de su determinación de defender lo que es justo. Pero por encima de todo, estoy orgulloso de llamarlo amigo.
 Puedes firmar aquí:  https://www.es.amnesty.org/actua/acciones/turquia-defensores-jun17/

Fuente: http://www.huffingtonpost.es/andrew-gardner/turquia-luchando-por-respirar-bajo-el-peso-de-la-represion_a_23347945/?utm_hp_ref=es-blogs

martes, 30 de enero de 2018

El gran proyecto de gas de la UE podría ser más contaminante que el carbón

Es el principal hallazgo de un nuevo estudio publicado por el Observatori del Deute en la Globalització (ODG) y la ONG Bankwatch.
Resultado de imagen de cambio climático El gran proyecto de gas de la UE podría ser más contaminante que el carbón
Protesta contra el Gasoducto Transadriático en Salento, Italia. ALESSANDRA TOMMASI / CC BY-NC-SA 2.0
 El Corredor Sur de Gas, el faraónico conjunto de gasoductos que traerá gas natural desde Azerbaiyán hasta Italia, podría ser más contaminante que el carbón al que pretende sustituir. Ese es el principal hallazgo de un nuevo estudio publicado por el Observatori del Deute en la Globalització (ODG) y la ONG Bankwatch. Los autores del informe, investigadores del ODG y la Universidad Politécnica de Catalunya, aseguran que en más de la mitad de los escenarios investigados, las fugas de metano harían imposible cumplir los compromisos de reducción de emisiones de la Unión Europea. El comisario de Energía y Acción Climática, el español Miguel Arias Cañete, reconoció el año pasado que no se ha realizado ningún estudio de impacto climático sobre el proyecto, que además ha sido relacionado con tramas de corrupción y abusos de derechos humanos en el país caucásico.

Las organizaciones responsables del estudio han tomado como referencia los límites de fugas de metano establecidos por la propia IEA (3%), a partir de la cual el gas natural no sería más adecuado para paliar el cambio climático que el carbón (para un plazo de 20 años). En cinco de los nueve escenarios simulados, los investigadores hallaron que la tasa de emisiones no deseadas asociadas a la extracción y transmisión del combustible estarían entre el 2,44% y 5,95%. Josep Nualart Corpas, investigador del ODG y uno de los autores del documento, afirmó en una nota de prensa que “los umbrales del carbón deben considerarse como un límite inadmisible para las fugas de metano producidas a lo largo de la cadena de suministro de gas”.

El próximo 6 de febrero el Banco Europeo de Inversión (BEI) podría aprobar un préstamo de 1.500 millones de euros para el Gasoducto Transadriático (TAP), el tramo más occidental del Corredor Sur. La decisión estaba prevista para el pasado 12 de diciembre, pero fue pospuesta por la junta de la entidad de crédito. La fecha original coincidía con la cumbre climática organizada en París por Emmanuel Macron, en la que otras organizaciones similares, como el Banco Mundial, anunciaron su intención de dejar de invertir en proyectos de este tipo. El coste total del proyecto ronda los 45.000 millones de dólares.

El gas natural, la apuesta de la UE

El gas natural se ha convertido en la gran apuesta de la Unión Europea para reducir sus emisiones. El Corredor Sur de gas, que consta de tres tramos entre Azerbaiyán y el sur de Italia, es la mayor obra de hidrocarburos del continente, y cuando esté operativo (está previsto para 2026), transportará entre 10.000 y 31.000 millones de metros cúbicos de combustible.
Las fugas de metano son una de las grandes preocupaciones que rodean al uso de gas natural en producción de energía. A pesar de que la quema de este combustible fósil emite aproximadamente la mitad de gases de efecto invernadero que el resto, su producción y transporte supone a menudo fugas de metano, su principal componente. En un periodo de 100 años, este gas produce 25 veces más efecto invernadero que el CO2 ya que, aunque se descompone antes, es mucho más eficaz capturando calor. Según la Agencia Internacional de la Energía (IEA), 76 millones de toneladas de metano se fugan cada año en operaciones de petróleo y gas.

Fuente: https://www.lamarea.com/2018/01/30/gran-proyecto-gas-ue-podria-ser-mas-contaminante-carbon/

Un grupo de mujeres iranís desafían el uso obligatorio del hiyab

Hasta dos jóvenes han sido detenidas en Teherán por quitarse el velo y sostenerlo con un palo como forma de protesta en contra del uso obligatorio de esta prenda que cubre el cabello

Mujeres iranís en una calle de la capital, Teherán, y llevando el velo.
Mujeres iranís en una calle de la capital, Teherán, y llevando el velo. / AFP / ATTA KENARE (AFP)
 Cubrirse el cabello con un velo islámico o hijab en espacios públicos es obligatorio para las mujeres mayores de 9 años en Irán. Lo es desde la revolución de 1979 y el establecimiento de la República Islámica de los ayatolás. Sin embargo, algunas mujeres, como Vida Movahed, han decidido desafiar esta normativa.

El mes pasado, Movahed, de 31 años, fue detenida por subirse a una caja de conexiones en la avenida Enghelab, en el centro de Teherán, y sostener su velo con un palo. Este lunes, tras ser liberada, tres chicas más han querido sumarse a la causa y han realizado la misma acción en diferentes puntos de la ciudad. Una de ellas, Nargis Hosseini, ha sido arrestada.

Nargis Hosseini, a woman who took off her scarf in public, protesting compulsory hijab, was arrested today. An image shows her just moments before being arrested. @IranHrm
 Estas detenciones contradicen el cambio de política, en relación al uso del velo, que adoptaron las autoridades iranís el año pasado. A finales de diciembre, el jefe de la Policía de Teherán, Hosein Rahimí, anunció que aquellas mujeres que no respetaran el código de vestimenta establecido ya no irían a centros de detención y tampoco se presentarían expedientes judiciales contra ellas, sino que serian obligadas a asistir a cursos educativos sobre el islam.

At least six Iranian women today are protesting compulsory hijab law. Social media users are sharing using the , which refers to a young woman who protested in that square last month.
Causa popularizada en las redesLas imágenes de las manifestantes oponiéndose al uso obligatorio del hiyab se han popularizado en las redes sociales y muchos usuarios han querido mostrar su apoyo a esta iniciativa feminista compartiendo sus fotografías a través del 'hashtag' #GirlOfEnghelabStreet

https://twitter.com/IranHrm
https://twitter.com/IranHrm
 Estas acciones han coincidido con la oleada de protestas que tuvieron lugar en diferentes puntos del país en diciembre del 2017 contra las políticas de austeridad adoptadas por el Gobierno del presidente iraní, Hasán Rohaní, y contra el guía supremo y verdadero hombre fuerte del régimen, el ayatolá Alí Jamení, que dejaron más de 20 muertos y 450 detenidos.

La lucha de estas mujeres no está estrechamente relacionada con los motivos, principalmente económicos, que llevaron a centenares de miles de personas a salir a la calle. Pero sí que tiene que ver con las frustraciones de los jóvenes iranís por la falta de libertades sociales en el país.

Supremacía masculina
En Irán, donde religión y política van de la mano, las mujeres poseen muchos menos derechos que los hombres y, aunque se les permita votar, conducir o ir a la universidad, la ley islámica tradicional, o charia, que prevalece en el país, defiende una supremacía masculina absoluta.

En los espacios públicos, la segregación por sexo es evidente y en muchos recintos la entrada principal no está permitida para las féminas, que deben acceder a través de una puerta lateral. Además, los maridos pueden vetar la decisión de sus mujeres de viajar, trabajar o estudiar bajo la justificación de proteger los intereses de la familia.

https://twitter.com/IranHrm
La obligación de llevar velo es seguramente la normativa que más simboliza la sumisión de la mujer en este país. En Irán existe un cuerpo policial especial, que el Gobierno reforzó en el 2016, encargado de controlar más estrictamente la indumentaria y el comportamiento de las mujeres en los espacios públicos.

Quitarse el velo en modo de protesta es algo que algunas activistas llevan haciendo desde hace años. La iniciativa #MyStealthyFreedom que nació en Facebook como un movimiento social con la finalidad de que mujeres iranís compartieran fotos de ellas sin el velo, ahora ha salido a las calles principales de Teherán, y ni el extremo frío que está sacudiendo al país, ni las autoridades policiales que actúan de manera represiva, parecen asustar a estas jóvenes valientes.


Fuente: http://www.elperiodico.com/es/internacional/20180130/mujeres-iranis-desafian-uso-obligatorio-hiyab-6588118

lunes, 29 de enero de 2018

Insostenibilidad

Bauhaus Circles Monochrome
    La sostenibilidad apareció como pregunta o como problema cuando en 1972 el Club de Roma planteó, en su informe Los límites del crecimiento, que en un planeta finito el crecimiento ilimitado no era posible. La pregunta que este informe lanzaba al mundo contenía también un "hasta cuándo": ¿hasta cuándo podrá el planeta, como conjunto de los recursos naturales necesarios para la vida, aguantar sin colapsar el ritmo de explotación y de deterioro al que lo somete la actividad productiva y vital del ser humano?
   A este problema se respondió con el concepto de desarrollo sostenible, promovido ya no como contradicción que resolver sino como solución que proponer. Tal como lo definía en 1987 el Informe Brundland, el desarrollo sostenible sería aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las futuras generaciones. Es un concepto que ya en ese momento despertó una controversia terminológica que en realidad era un conflicto político. Lo que se consiguió con el cierre ideológico en torno a la sostenibilidad del desarrollo fue blindar toda discusión en torno a la sostenibilidad del sistema económico mismo. El neoliberalismo estaba ganando la batalla de ideas y el imaginario que dominaría, hasta hoy, los deseos personales y colectivos a lo largo y ancho del planeta.
   Sin embargo, a partir de la crisis de 2008, lo que se ha puesto seriamente en cuestión es, precisamente, la sostenibilidad del capitalismo mismo. La pregunta que hoy alimenta los relatos apocalípticos y la cancelación del futuro apunta a la difícil viabilidad de un sistema económico basado en el crecimiento y en la especulación. La pregunta por el "hasta cuándo" ya no interroga solamente la disponibilidad de recursos y fuentes de energía naturales. Va más allá: ¿hasta cuándo podrá el sistema capitalista aguantar su propio ritmo de crecimiento sin pinchar? La pregunta se desplaza del planeta y sus límites a las burbujas y su inestabilidad. Vivimos en un planeta finito al borde del colapso y sobre burbujas (financieras, inmobiliarias, etc.) siempre a punto de estallar.
   La crisis es un problema intrínseco al capitalismo. Pero lo que está ahora en cuestión es la premisa misma del crecimiento como condición para la actividad económica. Que en el siglo XVIII el crecimiento fuera inseparable de la economía política tenía su sentido, porque era lo que se estaba experimentando directamente: expansión colonial, aumento exponencial de la riqueza, salto técnico en la industrialización, crecimiento demográfico, etc. Pero actualmente la percepción es exactamente la contraria. ¿Por qué tendrá que mantenerse un principio que contradice la experiencia real que estamos haciendo hoy acerca de nuestras condiciones de vida? Es entonces cuando un principio, afirmado por sí mismo y contra toda evidencia, se convierte en dogma. Ahora, la sostenibilidad que se predica no lo es solo de los recursos naturales sino del sistema económico en cuanto tal. La nueva consigna es: hacer sostenible el sistema. Este ha sido el gran argumento de lo que se denominan las políticas de austeridad. Es decir, los recortes y la privatización de los servicios públicos, especialmente en el sur de Europa.
   "Austeridad" es una de las palabras que están en juego, hoy, en la encrucijada de las decisiones colectivas de nuestro tiempo. Lejos de la austeridad como valor ético, como posición anticonsumista, "decrecentista" y respetuosa con el medio ambiente, la austeridad que se invoca para asegurar la sostenibilidad del sistema funciona como una máquina de reducir el gasto público y de reducir las expectativas de una buena vida a la condición de privilegio. Dicho más directamente: se trata de un reajuste de los márgenes de una vida digna.[...]
   Ya lo anunciaba un autor como Günther Anders en los años cincuenta en sus ensayos sobre La obsolescencia del hombre. Lo que planteaba entonces es que el hombre se ha hecho pequeño. Pequeño, ya no ante la inmensidad del mundo o bajo los cielos infinitos sino pequeño respecto a las consecuencias de su propia acción. Anders escribía cuando la racionalidad técnica había producido y administrado los campos de exterminio y la bomba atómica. Pero no hablaba solamente de esta nueva capacidad de destrucción programada. Apuntaba a la intuición cada vez más inquietante de que la acción humana, tanto individual como colectiva, no está ya a la altura de la complejidad que ella misma genera y bajo la cual tiene que desarrollarse. El sujeto, como conciencia y voluntad, ha perdido la capacidad de dirigir la acción en el mundo y de ser, por tanto, el timonel de la historia. En esta intuición se adelantaba, también, la derrota del ciclo moderno revolucionario, con su pulsión para rehacer radicalmente el mundo desde la acción política. Desde entonces tenemos un problema de escala que nos sitúa en la encrucijada de una dolorosa contradicción: somos pequeños y precarios, pero tenemos un poder desmesurado.

Nueva ilustración radical
Marina Garcés

domingo, 28 de enero de 2018

Gorrión

http://favim.pl/image/501519/

 NO olvida. No se aleja
este granuja astuto
de nuestra vida. Siempre
de prestado, sin rumbo,
como cualquiera, aquí anda,
se lava aquí, tozudo, 
entre nuestros zapatos.
¿Qué busca en nuestro oscuro
vivir? ¿Qué amor encuentra
en nuestro pan tan duro?
Ya dio al aire a los muertos
este gorrión que pudo
volar pero ahí sigue,
aquí abajo, seguro,
metiendo en su pechuga
todo el polvo del mundo.

Claudio Rodríguez

sábado, 27 de enero de 2018

El deshielo

El 27 de enero de 1945 el Ejército Rojo liberó Auschwitz. Se calcula que solo allí fueron asesinadas 1.300.000 personas Que nunca se nos olvide. 

 En los primeros días de enero de 1945, bajo el empuje del Ejército Rojo, ya cercano, los alemanes habían evacuado apresuradamente la cuenca minera silesiana. Mientras en otras partes, en circunstancias análogas, no habían dudado en destruir a sangre y fuego los Lager con todos sus ocupantes, en el distrito de Auschwitz actuaron de distinta manera: órdenes superiores imponían la "recuperación", costase lo que costase, de todos los hombres que pudiesen ser capaces de trabajar. Por ello, todos los prisioneros sanos fueron evacuados, en condiciones espantosas, hacia Buchenwald y Mauthausen, mientras los enfermos fueron abandonados a su destino. Varios indicios permiten deducir la primera intención alemana de no dejar ni un hombre vivo en los campos de concentración, pero un violento ataque aéreo nocturno, y la rapidez del avance ruso, indujeron a los alemanes a cambiar de opinión, y a emprender la huida dejando incompletos su deber y su obra.
   La primera patrulla rusa avistó el campo hacia mediodía del 27 de enero de 1945. Charles y yo fuimos los primeros en avistarla. Eran cuatro soldados jóvenes a caballo, que avanzaban cautelosamente, metralleta en mano, a lo largo de la carretera que limitaba el campo. Cuando llegaron a las alambradas se pararon a mirar, intercambiando palabras breves y tímidas, y lanzando miradas llenas de extraño embarazo a los cadáveres descompuestos, a los barracones destruidos y a los pocos vivos que allí estábamos.
   Nos parecía, y era así, que la nada llena de muerte en que dábamos vueltas desde hacía diez días había encontrado su centro sólido, un núcelo de condensación: cuatro mensajeros de paz, de rostro rudo e infantil bajo los pesados cascos de pieles.
   No nos saludaban, no sonreían; parecían oprimidos, más aún que por la compasión, por una timidez confusa que les sellaba la boca y les clavaba la mirada sobre aquel espectáculo funesto.....

La tregua
Primo Levi

Monumentos para la reconciliación y el nacimiento del nuevo hombre socialista yugoslavo

Spomenik en Bihać. Fotografía: Donald Niebyl.

 Cuando tenía catorce años me dieron un premio por ser buena alumna, se llamaba «Por los caminos de Tito», y nos hacían ir a los spomenik como de excursión. Cuando éramos pequeños tampoco es que nos hicieran mucha gracia, eran mamotretos de hormigón, como el de Kragujevac. Allí teníamos que hacer gilipolleces de recitar, cantar y guardar silencio, igual que la catequesis en España. Daba un poco de vergüenza, incluso. Nosotros íbamos de excursión como cualquier otro teenager del mundo, pensando en con quién te sentabas al lado en el bus y en ligar un poco. A mí todo esto me daba grimilla, salvo el de Jasenovac, con esa flor tan imponente, y porque allí nos ponían una película. Tampoco entendía tanta importancia, si realmente eran monumentos a derrotas o huidas de los partisanos. (Tamara, nacida en 1972)

De pequeño fuimos una vez con la escuela al spomenik de mi pueblo, en Valjevo. Pero era más en plan pícnic que otra cosa, porque había un parque alrededor. Me imagino que nos hablarían del tío de la estatua, pero no me acuerdo. Estábamos más por correr por ahí. En el colegio sí que nos hablaban de Tito, de que era un héroe, y a mí lo que me hacía gracia es que no solo era el mejor matando alemanes, sino que también nos contaban que de niño era la hostia, un tío superhumilde y guay. Su infancia es lo que más me llamaba la atención. Aunque en mi casa, como mi bisabuelo había sido diputado monárquico, mi padre me decía que lo que venía en los libros tampoco me lo creyera mucho porque había gente que pensaba distinto, por eso nunca me tomé muy en serio lo del socialismo, aunque tampoco recuerdo a ningún compañero decir nunca «¡Ay, qué gran hombre era Tito!». (Milorad, nacido en 1980)

El Moma de Nueva York albergará en julio una exposición sobre la arquitectura yugoslava de la segunda mitad del siglo XX. Toward a Concrete Utopia: Architecture in Yugoslavia, 1948-1980. Era un modelo que estaba basado firmemente en la ideología. De todos estos proyectos, quizá su faceta más reconocida fuera de los círculos de personas interesadas en la arquitectura sean los monumentos de guerra.

Spomenik significa monumento, sin más, en serbocroata. Spomenici sería su plural. Pero fuera del sudeste europeo, merced a los contenidos virales de internet, se los conoce como spomeniks. Comoquiera que se nombre, se refiere a los monumentos erigidos en Yugoslavia para conmemorar las batallas de la II Guerra Mundial. Estas fotos siguen rulando, a menudo acompañadas de incredulidad, sorpresa y la sensación compartida de que parecen los vestigios de una civilización extraterrestre extinguida. 

El culpable, entre comillas, fue Jan Kempenaers, un fotógrafo belga. Estaba trabajando en el Sarajevo de posguerra cuando dio con ellos en una enciclopedia, le llamaron la atención y comprobó a su vez el desinterés de los locales por ellos. Se marchó de Bosnia con fotocopias y documentación sobre ellos, pero olvidó el tema. Cuando, años más tarde, se encontró todos los papeles, decidió volver y hacer un trabajo artístico.   

Entre 2006 y 2007 cogió una guía de Yugoslavia de 1975 y recorrió el territorio fotografiando estos monumentos o lo que quedaba de ellos. Tras las guerras de los noventa, muchos de ellos quedaron abandonados a su suerte por las nuevas administraciones, fueron saqueados, estropeados y también destruidos a conciencia por lo que representaban: el régimen comunista. Su libro se tituló Spomenik; los ejemplares empiezan a costar ya más de cien euros. 

Vladala Putnik, de la Universidad de Belgrado, estudió el fenómeno del impacto de estas fotografías en internet, que le permitieron al autor exponer en Nueva York y París. Llevó sus fotos a capitales importantes, pero a ninguna de los Balcanes. Los spomenik eran un tabú por lo que representaban: la unión de todas las nacionalidades de Yugoslavia para dejar atrás el pasado y construir a un nuevo hombre socialista. Según investigó Putnik, los que han sobrevivido en buen estado representan tragedias muy particulares, como el de Sumarice, en Kragujevac.

En esta localidad, el 16 de septiembre de 1941, el general de la Wehrmacht Wilhelm Keitel autorizó a sus tropas en Yugoslavia a que realizasen matanzas entre la población civil por cada ataque partisano. La orden decía que, por cada soldado alemán muerto, debía asesinarse a cien civiles. El 28 de septiembre, una ofensiva partisana les costó la vida a diez soldados alemanes del 920º Batallón Landesschützen. El comandante Franz Böhme ejecutó la orden que tenía y tirando por lo alto. 

Tomó a todos los civiles varones que pudo entre judíos y antifascistas, pero a vuelapluma. Entre los detenidos había monjes, sacerdotes y alumnos del colegio con sus profesores. No se sabe con exactitud cuántos fueron fusilados. Se estima que un mínimo de dos mil trescientas personas. Entre ciento cincuenta y trescientos eran los niños de la escuela. Böhme tuvo que responder por este crimen en Núremberg, pero se suicidó saltando por la ventana de su celda. Un parque de trescientas cuarenta hectáreas recuerda este suceso. Se inauguró en 1953, pero fue reuniendo monumentos en su interior durante años. El más famoso es el que recuerda a los niños y sus maestros, conocido como «vuelo interrumpido».

Spomenik en Tjentiste. Fotografía: Donald Niebyl.
 Llegaron a levantarse doce mil monumentos en Yugoslavia dedicados a las víctimas de la II Guerra Mundial. De aquella guerra surgió el mito que forjaría la nación. Todas las nacionalidades se unieron, mano a mano, sin importar el origen de cada partisano, para expulsar al invasor fascista, un enemigo cruel y despiadado.

La gran mayoría se levantaron entre los años sesenta y setenta, las décadas consideradas como la Edad dorada de Yugoslavia. Fueron años de expansión económica y sobre todo de generosos préstamos llegados desde Occidente. Tito se convirtió en una especie de caballo de Troya en el campo comunista cuando rompió con Stalin y la URSS. Un chiste local recuerda con amargura el crecimiento que experimentó la república socialista gracias a las facilidades que se le dieron para que se endeudase: «¿Por qué tuvo éxito Yugoslavia? Porque pidió prestado. ¿Por qué fracasó Yugoslavia? Porque pidió prestado».

Antes, los comunistas yugoslavos fueron fieles seguidores de Stalin. Tras la ruptura de Tito con él, en Yugoslavia se persiguió y purgó a los estalinistas. Se ideó la fórmula del comunismo autogestionario, como recordaba el historiador François Fejtö, prácticamente de la noche a la mañana. Sería la vía yugoslava hacia el socialismo, soberana e independiente, que cristalizaría en el Movimiento de los Países No Alineados, inaugurado en Belgrado en 1961.

Nunca tuvo el régimen de Tito tan clara su identidad como en aquella nueva era que se abría. Yugoslavia era el paraguas con el que los pueblos balcánicos se defendían del imperialismo soviético y, en menor medida, del occidental. Internacionalmente, proyectaba una línea política que trascendía los bloques del capitalismo y el socialismo real y que contribuyó decisivamente a la articulación del derecho al desarrollo que complementa el de autodeterminación promulgado por Naciones Unidas.
En este contexto, los comunistas yugoslavos también proyectaron hacia el interior una identidad nacional que legitimase el Estado. La memoria partisana de la II Guerra Mundial se convirtió en un mantra, era algo sagrado. No en vano, los partisanos yugoslavos rechazaron al invasor nazi con muy poca o nula ayuda militar sobre el terreno de los aliados. El lema es que lo lograron ellos solos.

Pero había un problema. En Eslovenia se recibió la llegada de las tropas nazis con vítores y aplausos. En Croacia los fascistas locales, los ustacha, accedieron al poder y cometieron un genocidio de serbios, judíos y gitanos dentro de las fronteras de su Estado. También hubo bosniacos que lucharon con el Eje, así como la mayoría de albaneses. Y los serbios tuvieron una guerra civil durante la guerra entre chetniks, monárquicos que combatían a los nazis pero también colaboraron con ellos, y partisanos. En un conflicto tan complejo, establecer una memoria oficial era una tarea muy delicada. Ya la breve historia de la monarquía yugoslava antes de la guerra, la primera experiencia de un Estado que los englobase a todos, fue un rosario de desencuentros e inestabilidad. 

Por eso, el rasgo más distintivo de estos spomenik tuvo dos vertientes que coincidían en sus propósitos. Por un lado, lo más importante era que no molestasen a los vencidos. Por el otro, había que diferenciarse del arte soviético. Tito tomó el expresionismo abstracto occidental como contrapunto al realismo soviético y cómo la vía más apropiada para expresar el duelo por una masacre sin aludir expresa o directamente a sus autores. Las caprichosas formas que describían esos bloques de hormigón eran perfectas, porque solo daban una imagen de modernidad y optimismo en aquella época. Servían al fin y los propósitos del comunismo yugoslavo: superar los problemas interétnicos para siempre y establecer el nacimiento de un nuevo hombre, el socialista, y una nueva nacionalidad, la yugoslava. Por eso el lema nacional era: Bratstvo i jedinstvo (Unidad y fraternidad).
En ningún país de Europa ni del mundo se construyeron tantos monumentos —mucho menos de expresionismo abstracto— en tan poco tiempo como sucedió en Yugoslavia en aquellos años. La idea era bienintencionada en términos de reconciliación y de elevar las miras al futuro sin rencores, pero también tenían su reverso tenebroso. Simbolizaban deliberadamente que el país estaba regido por un solo partido, la Liga de los Comunistas, que, por mucho que se diferenciase del modelo soviético, seguía siendo una estructura de poder monolítica. Por eso los spomenik dominaban todas las montañas, valles, zonas áridas o costas marinas. Siempre estaban presentes, en cada punto, recordando por qué mandaba quien mandaba, por un sacrificio heroico ante el mal absoluto, los nazis, que adquiría matices prácticamente sagrados. Por si había dudas, muchos tenían anfiteatros alrededor y estaban preparados y destinados para albergar clases, eran como grandes aulas al aire libre.

Spomenik en Petrova Gora. Fotografía: Donald Niebyl.
 La fascinación que ejercen estos monumentos la ha puesto de relieve el trabajo que ha realizado Donald Niebyl, un biólogo estadounidense de Illinois que, fascinado en su día por las fotografías de Kempenaers, comenzó a reunir información sobre cada spomenik y también los fotografió en una serie de viajes. Los resultados de su trabajo y documentación los ha hecho públicos en la excelente web Spomenik Database.

Niebyl es cauto y cuidadoso. Sabe que esos monumentos para muchas personas, particularmente los yugoslavos represaliados y disidentes y sus descendientes, simbolizan los intentos de legitimación de un régimen opresivo. Me asegura que para él no son más que «fantásticas piezas artísticas». «Sin embargo —matiza—, no tienen nada que ver ni con mi historia ni con mi herencia, su futuro no depende de mí ni debería, lo que se haga con ellos deberían decidirlo aquellos a quienes les afectan, aquellos a quienes conmemoran, las comunidades a las que pertenecen y los gobiernos que median en sus relaciones». 

Su preocupación por su destino se debe al abandono que sufren. De los miles que hubo, solo quedan en pie unos pocos cientos, a menudo, salvo excepciones, en mal estado. Hay que entender, recuerda Niebyl en su web, que después de las guerras de desintegración de Yugoslavia no solo se cambió el nombre de calles, también el de ciudades y los festivos del calendario. Se quiso borrar todo rastro de la herencia partisana o comunista.

Hoy en día, este proceso sigue imparable en las élites de cada república, donde los Gobiernos se asientan en fuertes sentimientos nacionalistas contrarios a los lemas comunistas de unidad pese a las diferencias. Hace dos meses el Ayuntamiento de Zagreb votó cambiar el nombre a la plaza del Mariscal Tito por el de República de Croacia. No fue un cambio fácil, los defensores del viejo nombre ensalzaban a un Tito «gran estadista» y «líder del movimiento antifascista». Los promotores, en cambio, veían «un dictador» cuyos recuerdos debían desaparecer como «satisfacción a todas las víctimas del terror comunista yugoslavo titoista de la guerra y de la posguerra». 

En Serbia también se van retirando calles con alusiones socialistas. E incluso en Bosnia, en Sarajevo, también ha habido iniciativas para eliminar el nombre de Tito. En los años noventa, los nacionalistas serbios propusieron trasladar el cuerpo de Tito a Croacia, «donde pertenecía» (el mariscal era croata). Según Balkan Insight, los croatas reaccionaron con horror y rechazaron el cuerpo de quien había «cometido un genocidio» en su propia nación. La ciudad bosnia de Tuzla se ofreció para albergar la tumba del difunto líder, pero al final no se movió. Del mismo modo, a día de hoy, también se producen rehabilitaciones de personajes con un pasado fascista e incluso colaboracionista con los nazis como los serbios Draza Mihajlovic, Milan Nedic o Dimitrije Ljotic

En este clima político, no solo los vándalos destruyen los spomeniks, también por acción y omisión los Gobiernos locales y regionales colaboran en su deterioro y abandono. En Spomenik Database, con una intención meramente documentalista, Niebyl enumera y detalla la historia de cada monumento y todos los daños y pintadas que los han estropeado. Actualiza la base de datos cada día, y ya tiene fichas de casi un centenar.

De todos ellos, quizá el más importante sea el de Tjentiste, en Bosnia, donde se produjo la batalla de Sutejska. En 1943, 127.000 soldados del Eje perseguían a 22.000 partisanos por los montes bosnios de Zelengora. Los yugoslavos fueron atrapados en el valle del río Sutjeska, pero, pese a la inferioridad numérica, lograron romper las líneas y escapar hacia el oeste a través de las montañas con Tito al frente. Murieron siete mil partisanos en el lance. En 1983, casi ochenta mil personas subieron al spomenik a celebrar el 30 aniversario de la batalla. Desde entonces, cayó en el olvido y se fue estropeando hasta que en 2011 fue parcialmente reconstruido con fondos de la UNESCO. En la actualidad, desde 2014, alberga un festival de rock, el OK Fest, que hasta ahora ha tenido de cabezas de cartel locales a grandes grupos de la región como los serbios Partibrejkers, el montenegrino Rambo Amadeus, los eslovenos Laibach o los bosnios Dubioza kolektiv. En lo musical, la unidad yugoslava nunca se ha roto. 

Uno de los que rompe la uniformidad del expresionismo abstracto de los spomeniks es el de Valjevo, en Serbia. Del que hablaba el citado Milorad en la introducción de este artículo. El monumento reproduce una de las fotografías más impactantes de la II Guerra Mundial en Yugoslavia. El partisano Stjepan Filipovic, comandante croata de una unidad de partisanos, fue capturado y ahorcado en Valjevo. La fotografía recogió el momento en el que, con la soga al cuello, instantes antes de morir, levantó los dos puños y desafió a los alemanes gritando: «Smrt fašizmu, sloboda narodu!» («¡Muerte al fascismo, libertad para el pueblo!»). En su pueblo natal en la costa dálmata croata, Opuzen, su estatua fue volada en 1991 en el inicio de la guerra entre Serbia y Croacia. Ha habido intentos por parte de sus habitantes de volver a erigir el monumento, pero sin éxito. Por lo menos, en el Opuzen European Film Festival, la estatuilla de premio es un Filipovic alzando los puños.

Spomenik en Prilep. Fotografía: Donald Niebyl.
 En Macedonia, en la ciudad de Prilep, el spomenik lo construyó el escultor más deseado del momento, Bogdan Bogdanovic, autor de los más importantes, pero su obra no gustó al consejo municipal. Esta localidad macedonia fue tomada por tropas búlgaras en abril del 41. En su defensa se levantaron unos sesenta militantes de las juventudes comunistas, que tomaron una comisaría y cortaron las líneas telefónicas de la ciudad. En represalia, los soldados detuvieron a mil ciudadanos de Prilep y les torturaron y ejecutaron. La consecuencia fue inmediata: toda la ciudad se alzó contra la ocupación. 

Tras batallas feroces, la ciudad fue liberada el 2 de agosto de 1944 por la 5ª Brigada Partisana de Macedonia, pero solo nueve días después los nazis la volvieron a conquistar. La expulsión definitiva tardó unas semanas, el 3 de noviembre de 1944. Al inicio de la guerra, Prilep tenía veinticinco mil habitantes. Tres años después, ocho mil. Bogdanovic, en 1961, llevó a cabo su proyecto conmemorativo, pero las autoridades locales le echaron en cara que no era lo suficientemente «victorioso». El arte de vanguardia es lo que tiene. 

Cada historia tras estos bloques de hormigón lleva a la reflexión o evoca pasajes de la historia inenarrables. El spomenik de columnas de Bihac, por ejemplo, en Bosnia, recuerda a todos los serbios y judíos asesinados por el alcalde ustacha Ljubomir Kvaternik, alrededor de quince mil personas. Pero cincuenta años después, en los noventa, el sitio de la ciudad les costó la vida a cinco mil. Las tropas serbias de la Krajina, desde Croacia, les bombardearon con napalm en 1994. 

El spomenik de Petrova Gora, en Croacia, recuerda la fortificación que construyeron los serbios para protegerse del genocidio de los ustacha. Dio cobijo a quince mil personas, hombres, mujeres y niños, que tenían un hospital subterráneo excavado en la montaña. Resistieron a los fascistas hasta mayo de 1942, cuando tuvieron que evacuar el fuerte y huir por las montañas. En total, veintisiete mil personas de esta región fueron enviadas al campo de concentración de Jasenovac, donde fueron exterminadas. Un 30% de la población de la zona. En la actualidad, el complejo de homenaje está destruido. Cuenta Niebyl que es un peligro adentrarse en el edificio, los huecos del ascensor no tienen protección y todo está oxidado y corroído. 

En Brezovica, Kosovo, sorprende la historia de los partisanos  Eljhami  Nimani y Branko Sotra en las montañas de Sar. La unidad fue aniquilada en dos ocasiones y disuelta, pero volvió a formarse una y otra vez. En una ocasión, los soldados trabajaron en minas de cromo, mineral necesario para fabricar motores de aviones. Sorprendidos por los italianos, la mayoría fueron asesinados en la mina. Pero los supervivientes volvieron a reunirse, absorbieron a partisanos llegados de Albania, y combatieron sobre todo por Macedonia. Doce miembros de la unidad fueron nombrados Héroes Nacionales y cinco llegaron a generales del Ejército Popular Yugoslavo. El spomenik hoy está lleno de pintadas y el complejo sobrevive porque la gente sigue yendo al parque con sus hijos. 

Las historias son infinitas y recorren cada pequeño municipio de todo el sudeste europeo. Un servidor, en Vlasenica, Bosnia, se encontró con una cueva donde se habían refugiado partisanos de Novi Sad. Los nazis no llegaron a cogerlos y los locales de la aldea de Secovici presumían de ser el único pueblo de toda Yugoslavia que resistió al invasor alemán. El único pueblo de Europa que no pudo tomar Hitler. Aún quedaba un cementerio que familiares de esos soldados procedentes de Vojvodina acudían a visitar con cierta frecuencia. Años después, me dijeron en Belgrado que había muchos pueblos que presumían de ser el único que no tomaron los nazis. Eso demuestra la importancia que tenían, sentenciaban entre risas, en un país donde persisten grandes diferencias culturales entre campo y ciudad.

Lo que sí que estaba esa tierra era marcada por la violencia. En Vlasenica, en 1941 se produjo la masacre de Rasica Gaj. Musulmanes locales enrolados en las fuerzas ustachas detuvieron y asesinaron entre setenta y doscientos serbios prominentes de la zona. Una de las primeras matanzas indiscriminadas de la II Guerra Mundial y que llenó las filas partisanas de voluntarios serbios. En los noventa, sin embargo, hubo un campo de concentración en la región, el de Susica. Un hangar en el que se detuvo a ocho mil prisioneros musulmanes, en su mayoría. Muchos de ellos torturados y asesinados.

El pasado, la memoria de las víctimas y los heroísmos se enfrentan en la región al dilema de que determinados crímenes no se pueden olvidar, pero tampoco es justo que las próximas generaciones carguen con ellos, como explicó en estas páginas Borja Lasheras, enviado de la OSCE a Bosnia  En cuanto a los spomeniks, ha habido iniciativas de conservación con la colaboración de Eslovenia, Serbia, Croacia y Macedonia, como el proyecto Unfinished Modernizations: Between Utopia and Pragmatism, pero aún insuficientes.

Quienes fueron represaliados bajo el comunismo no toleran que, en unos países que sufren tanto para salir adelante, se gaste un duro en el patrimonio comunista que consideran origen de su ruina. Para el discurso nacionalista imperante son vestigios incómodos de un pasado sin diferencias, y para los nostálgicos del comunismo, la muestra de un pasado que han idealizado, puesto que, aunque vivían más humildemente, durante las décadas de la edad dorada tuvieron otras expectativas vitales mejores que las actuales.

Inmigrantes y refugiados cruzan por los Alpes en busca de un futuro mejor

De Italia a Francia, a través de los pasos de alta montaña

Inmigrantes y refugiados cruzan por los Alpes en busca de un futuro mejor
Los migrantes caminan por la nieve después de cruzar parte de la cordillera de los Alpes, cerca de la ciudad de Nevache en el sureste de Francia (Reuters)
 Montañas escarpadas, nieve hasta las rodillas, riesgo de aludes y desprendimiento de rocas, posibilidad de perder una extremidad por congelación o de sucumbir a temperaturas de -9ºC. Y todo ello, con ropa y calzado inadecuado. A pesar de las adversidades, el año pasado cientos de inmigrantes y refugiados intentaron cruzar de Italia a Francia a través de los pasos de alta montaña.

Los migrantes caminan por la nieve en un barranco empinado
Los migrantes caminan por la nieve en un barranco empinado (Reuters)
 Abdullhai es uno de ellos. Este guineano de 38 años, que tres años atrás se despidió de su esposa y sus tres hijos, incluido uno de dos años que nunca ha conocido, espera que el cruce de los Alpes sea la etapa final de su largo viaje para alcanzar territorio francés.

Un letrero que advierte del riesgo de las avalanchas
Un letrero que advierte del riesgo de las avalanchas (Reuters)
 Ante el reciente aumento de la seguridad fronteriza en los puntos de cruce más fáciles como son el tramo costero , cerca del pueblo de Ventimiglia, Abdullhai y otros cuatro decidieron emprender el camino, aunque tuviera que ser a altas latitudes y en diciembre.

El grupo se calienta y seca sus prendas en una cueva tras la caminata por la nieve
El grupo se calienta y seca sus prendas en una cueva tras la caminata por la nieve (Reuters/Siegfried Modola)
 “Nuestra vida en Guinea no es buena”, explica al fotógrafo de Reuters Abdullhai, ataviado con un anorak y unos tejanos. “ Aquí en Europa podemos tener un futuro. Podemos encontrar trabajo y vivir una vida con dignidad. Merece la pena intentarlo”, asevera.

Los migrantes descansan después de haber cruzado parte de la cordillera de los Alpes
Los migrantes descansan después de haber cruzado parte de la cordillera de los Alpes (Reuters)
 Los flujos migratorios procedentes Libia han convertido a Italia en la principal puerta de entrada de extranjeros indocumentados a Europa a través del peligroso viaje por el mar Mediterráneo, a bordo de paupérrimas embarcaciones. En 2017 llegaron 119.310 personas a las costas del país transalpino, y al menos 2.832 fallecieron en la travesía, según la Organización Internacional de las Migraciones (OIM). La mayor parte procedían de países subsaharianos: 18.153 llegaron desde Nigeria, 9.693 desde Guinea y 9.504 desde Costa de Marfil, y muchos de ellos, un total de 15.731, eran menores no acompañados. Dejaron atrás historias de abusos, violencia y pobreza.

Abdullhai, de 38 años, de Guinea, descansa después de cruzar parte de la cordillera de los Alpes
Abdullhai, de 38 años, de Guinea, descansa después de cruzar parte de la cordillera de los Alpes (Reuters)
 Mientras el grupo se acurruca alrededor de un fuego en una cueva durante un descanso en su viaje, resurgen los relatos de un pasado no tan lejano sobre su periplo para llegar a Europa: “Estuve encarcelado y torturado en Libia, durante muchos meses. Me obligaron a trabajar de forma gratuita”, explica Kamarra, un guineano de 28 años, mientras se levanta la camisa para mostrar las cicatrices marcadas en su cadera.

Abdullhai, durante su travesía por los Alpes
Abdullhai, durante su travesía por los Alpes (Reuters)
 “Después de todo eso, cruzar los Alpes no es un gran problema para mí”

Las ropas desechadas se ven en un paso de montaña cerca de la frontera franco-italiana desde donde los inmigrantes intentaron pasar a Francia
Las ropas desechadas se ven en un paso de montaña cerca de la frontera franco-italiana desde donde los inmigrantes intentaron pasar a Francia (Reuters)
Abdullhai habla con un compañero después de haber cruzado parte de la cordillera de los Alpes, en el refugio de la organización Tous Migrants en la ciudad de Briançon, en el sureste de Francia
Abdullhai habla con un compañero después de haber cruzado parte de la cordillera de los Alpes, en el refugio de la organización Tous Migrants en la ciudad de Briançon, en el sureste de Francia (Reuters

Fuente: http://www.lavanguardia.com/internacional/20180127/44122689883/cruzar-alpes-francia-inmigracion.html?utm_campaign=botones_sociales&utm_source=twitter&utm_medium=social

Con los penes fuera: la historia de 'La manada' de la casta

Son paraísos morales, donde poder ser racistas, homófobos, machistas, misóginos y clasistas sin temor a represalias y tienen tres siglos de antigüedad.

Una escena de la serie de Madmen (AMC), que recrea un club norteamericano.
Una escena de la serie de Madmen (AMC), que recrea un club norteamericano.
 Era una tapadera. La cena solidaria para captar fondos fue la excusa con la que dieron rienda suelta a sus instintos depredadores. Reprimidos en comunidad, los auténticos influencers del capital se dedicaron a aprovecharse y a agredir a las 130 azafatas, que consideraron sus esclavas sexuales. Allí, en el Hotel Dorchester de Londres, se reunió la pura casta, 360 políticos, magnates, emprendedores que liberaron el ganado salvaje sin civilizar que esconden a la luz pública. De ejemplaridad a ejemplares de La manada con esmoquin.

Hemos conocido la verdadera cara menos social de la escoria gracias a una crónica del Financial Times -de la periodista infiltrada Madison Marriage-, que desmontó el tinglado del Presidents Club Charity Dinner, que ya ha echado el cierre tras desvelarse el Menú Cipotudo que estaban acostumbrados a devorar, tras 33 años de historia. La cena llevaba sorteo, con premios como un almuerzo con el ministro de Asuntos Exteriores, Boris Johnson, una noche en un club de striptease del Soho, un té con el gobernador del Banco de Inglaterra y una intervención de cirugía estética.
 “Uno mostró el pene durante la velada”, contó la periodista. Sólo hombres, sólo pares sin parejas, sólo establishment y seis horas para hacer del Dorchester un gran secreto. “Otro de los comensales se abalanzó para besar a una chica, uno más la invitó a subir a su habitación”. Uno de ellos pidió a una de las mujeres que se subiera a la mesa sin bragas. Una noche de magreos y atropellos. El acoso de los miembros.

 No es nuevo. Es tradición. Los hombres llevan reuniéndose son sus miembros desde hace siglos. Hasta esta semana se les podía llamar clubes de “caballeros” a los que surgieron en el siglo XVIII para ser una segunda residencia, en la que vivir una doble vida. En el siglo XIX ya eran la aspiración de todo nuevo rico. Son paraísos morales, donde poder ser racistas, homófobos, machistas, misóginos y clasistas sin temor a represalias. Los clubes nacieron para saltarse la ley, para emerger como un club en el que los ricos londinenses podían jugarse su dinero cuando estaba prohibido hacerlo.

El artista británico Grayson Perry ilustró el aire cipotudo de los clubs en esta imagen.
El artista británico Grayson Perry ilustró el aire cipotudo de los clubs en esta imagen.
Vergüenza ajena
Es mítica la apuesta de Lord Arlington a cuál de las dos gotas de lluvia llegaría primero a la parte baja de la ventana. Se jugó 3.000 libras. Las paredes de aquellas ventanas todavía custodian, cobijan, ocultan y dan refugio a sus cipotudos descendientes. Se trata del White's Gentlemen's Club, fundado en 1693, el más antiguo de todos. Durante mucho tiempo fue el cuartel general oficioso del Partido conservador y entre sus miembros estuvo el distinguido ex primer ministro británico David Cameron. Decidió darse de baja en 2008, dos años antes de entrar a vivir en el uno de Downing Street, por la negativa a admitir mujeres. Dicen que hizo historia al ser el único miembro en renunciar a su carné. El príncipe Carlos mantiene el suyo.

Se mantienen desde hace siglos como espacios privados de mujeres, en los que trapichear a sus anchas, donde los miembros pueden relajarse lo suficiente como para alardear de sus tamaños. Ahí está la crema de la crema, lo mejor de la política y los negocios. El verdadero Sálvame Deluxe, reunido en el mejor barrio de Londres, el West End, que terminó por conocerse como Clubland.

El poder en secreto

Antes del White's Gentlemen's Club, los conservadores corrían a reunirse en el Carlton Club, fundado en 1832, por los tories, miembros del parlamento y aristócratas. El lugar ha sido testigo de primarias en secreto y el líder del Partido Conservador es invitado a convertirse en miembro honorario. Sólo hombres. Las mujeres eran miembros asociados y no podían usar todas las instalaciones y habitaciones. Tampoco podían votar. Hasta que llegó Margareth Thatcher y fue nombrada miembro de honor en 1975. En 2008 entraron en el siglo XXI y se decantaron por ser un club con algo más que testosterona.

El ex editor del Telegraph, Max Hastings, es un apasionado defensor de la institución. Adora el olor a humedad que empapa las estanterías, las moquetas, los libros, el té, el remanso extremadamente agradable, en el que el trato del personal es tan maravilloso que jamás podría ser la propia familia de uno. Todos confían en los demás, no hay opción a la traición. El club es lealtad. Perteneció al Club Brooks durante más de tres décadas. Brooks se fundó en el siglo XVIII por el conde de Strathmore, antepasado de la Reina Madre.

El Athenaeum, en una foto de 2006.
El Athenaeum, en una foto de 2006. DAVID ILIFF
No a las mujeres
“No me gusta el lugar, me encanta”, escribió Hastings. Es su segundo hogar, aunque se siente mejor que en ningún otro sitio. ¿Por qué? “Me encanta la compañía de mujeres, pero votaría en contra de admitirlas porque cambiarían la esencia del carácter de Brooks. Se convertiría en otra brasserie del West End”.

Otro mito histórico de esas instituciones trasnochadas es el Athenaeum (el Ateneo), fundado en 1824, famoso por su gran biblioteca y por sus selectos miembros: sacerdotes anglicanos, obispos, ministros y nobles. Como no sólo de libros vive el hombre, el club también tiene suites, además de un comedor y sala de fumadores. En 1838, con las arcas a cero tras la reforma de la iluminación a gas, entraron 200 miembros nuevos. Entre ellos estaban el reconocido misógino Charles Dickens y Charles Darwin. Y en 1886 ya tuvo electricidad para alumbrar sus enhiestos miembros.

Y el Garrick Club. Es uno de los pocos clubes de “caballeros” que sigue sin admitir mujeres como miembros. Un santuario de la masculinidad que tuvo en el dibujante E.H. Shepard, padre de Winnie the Pooh, a su gran benefactor: a su muerte, toda la herencia, 80 millones de dólares, fue a parar al paraíso que borda “The Garrick” en hilo rojo en las servilletas de lino, con un ojal para colocarla en la camisa de sus miembros. Allí pueden traficar con sus influencias sin molestias.

Una tribu muy poderosa

Son una pequeña tribu, pero “dominan los escalones superiores de nuestra sociedad, imponiendo, inconscientemente o no, sus valores y preferencias sobre el resto de la población”, escribió el artista Grayson Perry, en octubre de 2014. “Con sus coloridos falos textiles colgando al cuello, constituyen una abrumadora mayoría en el Gobierno, en salas de juntas y también en los medios. Son, por supuesto, hombres blancos, de clase media y heterosexuales, generalmente de mediana edad”.

Perry advertía que esta tribu golpea muy fuerte y ha colonizado los roles de alto estatus, altos ingresos y alto poder. El 93% de los directores ejecutivos del Reino Unido son hombres blancos y el 77% del parlamento es masculino. En los clubes se reúne históricamente el Gran Hombre Blanco, de buena educación, modales, encanto, confianza y atractivo sexual. Y dinero. Ahí es donde se ejerce el control sobre el poder. La cualidad del Gran Hombre Blanco es que lo es, aunque no haya logrado nada más. Estos grupos sienten que son el punto de referencia desde el cual se juzgan todos los demás valores y culturas. Aunque sólo quieran ser juzgados por su apariencia y su influencia, no por lo que son.

viernes, 26 de enero de 2018

Así ayudó Franco a Hitler en la Segunda Guerra Mundial

El documental 'La batalla desconocida', de Paula Cons, descubre la venta de Wolframio a los nazis.

Franco y Hitler en Hendaya.
Franco y Hitler en Hendaya.

 Los libros de historia repiten lo mismo: España se mantuvo neutral en la Segunda Guerra Mundial. Una actitud de ‘no beligerancia’ que muchos han considerado un movimiento astuto por parte de Franco. En esa pasividad había algo raro, si Hitler había ayudado al dictador durante le Guerra Civil, ¿cómo era posible que ahora no le apoyara igual que había hecho el otro fascista europeo, Benito Mussolini? La respuesta la ofrece el documental La batalla desconocida, de Paula Cons, presentado en la Seminci, y que ofrece una respuesta desoladora: nosotros participamos de forma activa en el mayor conflicto bélico del siglo XX.

Aunque no mandáramos soldados, y desde las enciclopedias se cuente una cosa, la verdad es que los nazis estuvieron aprovechándose del Wolframio producido en Galicia para endurecer su armamento y sus carros de combate. La fiebre del Wolfram hizo que pequeños pueblos gallegos se enriquecieran pronto y que se vieran estampas delirantes, como empresarios encendiendo puros con billetes, pero “tan rápido como llegó ese dinero, se fue”, recuerda la directora a EL ESPAÑOL.

Hitler vio en España y en las minas de aquel mineral que aquí nadie sabía para que se utilizaba, una oportunidad única para mejorar su ejército. Franco se lo proveyó hasta que los aliados se enteraron y dijeron que la situación tenía que acabar. La batalla desconocida cuenta algo que pocas personas saben, y es que España estuvo a punto de ser intervenida. EEUU tenía claro que quería invadirnos si no dejábamos de dar Wolframio a los nazis, y fue la diplomacia de Churchill la que le paró en seco. La condición era que tenía que parar el mercado negro que habían creado.

Para Paula Cons esta historia “era la gran historia que quedaba por contar en Galicia”, y se obsesionó con ella. Primero se puso manos a la obra con un proyecto de ficción llamado Lobos sucios sobre la misma temática, que se estrenó el año pasado con ella de productora y guionista. Cuando acabó el filme se habían quedado demasiadas cosas en el tintero, así que arrancó con este documental. “Ahora me doy cuenta de que cuando acabó la película todavía no tenía ni idea del tema. En Galicia se sabe mucho en determinadas zonas, pero no es la típica leyenda urbana”, cuenta la directora a EL ESPAÑOL.


La crueldad de los concursos de camellos en Arabia Saudí: botox, hormonas y cirugía

Doce camellos han sido expulsados del festival que se celebra durante todo el mes de enero en Riad. ¿El motivo? Sus dueños los han hinchado a botox para poder ganar

Foto: Doce camellos han sido descalificados por usar botox en el King Abdulaziz Camel Festival (Reuters)
Doce camellos han sido descalificados por usar botox en el King Abdulaziz Camel Festival (Reuters)

 El King Abdulaziz Camel Festival que se celebra en Arabia Saudí durante el mes de enero ya está dando sus frutos. La Super Bowl de los camellos, el desfile de Victoria’s Secret de las bestias del desierto, ha sido testigo de una de las maniobras más rocambolescas hasta ahora: utilizar botox en el rostro de los camellos para hacerlos más atractivos. Esta práctica es, desde luego, ilegal, por lo que los morrudos doce concursantes ya han sido descalificados.

La industria multimillonaria del camello alaba al animal que posea el rostro más codiciado. A saber: unos labios caídos y unos rasgos alargados, puntos en los que más se fijan los jueces del evento. “Usan el botox para los labios, la nariz e incluso la mandíbula”, contaba un asiduo al festival al diario The National. “Hace que la cabeza parezca más hinchada”, un rasgo muy codiciado.

Un camello debe tener los labios caídos y unos rasgos alargados para poder ganar.
Un camello debe tener los labios caídos y unos rasgos alargados para poder ganar.
 El festival tiene lugar a unos 120 kilómetros de Riad, la capital de Arabia Saudí y ha reunido a 30.000 camellos y a 300.000 visitantes desde el pasado día uno. Para los camellos más grandes y llamativos, el premio es más que jugoso: 57 millones de dólares. Es por eso que algunos concursantes no han podido resistirse a inflar a su animal de botox antes de pasearlo con orgullo por el recinto.

“Los tramposos son creativos”. Otro propietario de camellos contaba al diario de Emiratos Árabes que el botox no es, ni mucho menos, la única opción. “Algunos tiran de los labios del camello con la mano cada día para intentar hacerlos más largos. Otros usan hormonas para que tengan más músculos. Todos quieren ganar”.

Un participante del King Abdulaziz Camel Festival (Reuters)
Un participante del King Abdulaziz Camel Festival (Reuters)
El ansia por mostrar estar en posesión del camello mejor dotado va más allá. Días antes del concurso, los medios saudíes hacían público cómo un veterinario había practicado cirugía estética en varios camellos para tratar de reducir el tamaño de sus orejas.

El festival de camellos consta con puestos de comida, tiendas con souvenirs, un zoo con los ejemplares más exóticos del mundo o competiciones de carreras además del concurso de belleza. En un comunicado en su página web, el festival se ha reafirmado en contra de los métodos como el botox y ha asegurado tener los equipos necesarios para detectar esta manipulación. “Trabajamos para contrarrestar el fraude y no lo permitiremos”. Fahd al-Semmari, miembro de la junta del Club Camel, ha recordado la intención final del festival: “Que todas las personas vengan a disfrutar del entretenimiento, el conocimiento y la competencia”.