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jueves, 15 de diciembre de 2022

El activismo medioambiental en los museos

 Las colecciones de estas instituciones son un instrumento clave de poder simbólico para las autoridades políticas, las mismas a las que se dirigen estas reivindicaciones medioambientales a través de actos de resistencia civil

 

Activistas de Just Stop Oil lanzan sopa de tomate contra ‘Los Girasoles’ de Van Gogh. Just Stop Oil

“A menudo me siento como si estuviera haciendo una versión real de [la película] No mires arriba”, comenta Rich Felgate, un joven cineasta que ha capturado con su cámara muchas de las acciones de Just Stop Oil, un grupo de activistas medioambientales con sede en el Reino Unido. Estudios recientes de psicología medioambiental ponen de relieve una forma de disonancia cognitiva entre la disponibilidad de información científica acerca de la crisis climática y el comportamiento de los individuos y las decisiones de los responsables políticos. Las acciones de resistencia civil que se han llevado a cabo en torno a obras de arte desde comienzos del verano de 2022 en diversos museos de Europa y Australia, y que se han multiplicado en las últimas semanas (hasta una veintena hasta el momento), pretenden señalar esta contradicción.

A continuación ofrecemos un análisis de la forma en que estas acciones se instauran, como parte de una estrategia destinada a atraer la atención de los medios de comunicación, con el objetivo de crear conciencia en torno a los efectos adversos del cambio climático y, sobre todo, de presionar a las autoridades públicas para que venzan su pasividad. Es interesante observar el modo en que se están utilizando, tanto el modus operandi de estos activistas como las nuevas interpretaciones de las obras que provocan a través de estas acciones, para apoyar peticiones concretas acordes a las recomendaciones científicas a fin de reducir las emisiones de CO2. Estas reivindicaciones se expresan explícitamente en las propias acciones de los activistas o en las notas de prensa que suelen originar: el cierre de las centrales eléctricas que utilizan combustibles fósiles y el paso gradual a las energías renovables en un plazo determinado.

Estrategia y organización de la red

En las últimas décadas, de forma regular, ha habido casos aislados de acciones de protesta en torno a obras de arte expuestas en museos. Por ejemplo, en 2012, el artista Uriel Landeros utilizó pintura en espray y una plantilla para pintar un toro y la palabra “conquista” en la obra Mujer en sillón rojo, de Pablo Picasso, en la Colección Menil de Houston. Describió su acción como una performance por la justicia social, un acto de rebeldía cargado de contenido político. En 1985, la famosa Dánae de Rembrandt fue rociada con ácido sulfúrico y acuchillada en el Museo del Hermitage de San Petersburgo. El autor declaró que había actuado con el propósito de recordar al público que su país de origen, Lituania, en aquel momento llevaba cuarenta y cinco años bajo ocupación soviética. Los autores de estos actos de vandalismo, motivados por fines políticos o sociales, a menudo han tenido como objetivo cuadros famosos cuya degradación probablemente podía “causar sensación” y, de este modo, amplificar su mensaje, como el joven que, también en 1985, prendió fuego a un cuadro de Felipe IV de Rubens en la Kunsthaus de Zúrich para protestar contra la contaminación medioambiental. En estos casos, el vandalismo artístico se utiliza para llamar la atención sobre una causa y dar visibilidad a ideas alternativas. De este modo, la obra en cuestión es el instrumento de la acción; el acto de destrucción sirve de vehículo para la expresión de agravios que parecen tener poco que ver con la obra en sí.

Los casos que analizamos aquí difieren de estos actos anteriores de vandalismo artístico por varias razones. En primer lugar, en los casos que vamos a analizar no parece apropiado hablar de vandalismo en absoluto, aunque a menudo se describan así en la prensa. Los activistas en cuestión actúan de forma no violenta. No llevan a cabo “ataques” contra obras de arte. En la mayoría de las ocasiones sus blancos son obras que están protegidas por cristales y suelen intervenir fuera del perímetro de protección de una obra (barreras, pedestales, muros circundantes[1]), procurando no dañar la integridad física de la obra –aunque es importante señalar que las acciones recientes sugieren que probablemente el fenómeno evolucione a partir de ahí[2]–. En cualquier caso, estas obras de arte no se atacan del mismo modo destructivo que caracteriza a muchos ejemplos históricos de vandalismo artístico (arrojar ácido, quemar, cortar, etc.). En segundo lugar, la selección de las obras de arte atacadas parece estar directamente relacionada con la atención mediática que puedan generar, además de a su capacidad para apoyar un determinado discurso. Como veremos, los activistas ecologistas utilizan estas obras específicamente para dar forma a sus reivindicaciones ecológicas.

Por último, estas acciones no son iniciativas individuales ni actos aislados, a diferencia de los casos de vandalismo del pasado ya mencionados. Se llevan a cabo dentro de un marco más amplio y organizado de movimientos de resistencia civil y, en su mayor parte, tienen su origen en la red internacional A22, una coalición de grupos ecologistas que actúan de forma concertada mediante una visión, una organización, una estrategia y un modus operandi compartidos.

Estos grupos están financiados en su mayoría por el Fondo de Emergencia Climática y se organizan eficazmente en torno a una base específica de actuaciones (comunicación, estrategia, etc.) que lleva a cabo una amplia gama de acciones como el bloqueo de autopistas y la interrupción de eventos deportivos. Su motivación común es causar un trastorno imposible de ignorar para obligar a los ciudadanos a reaccionar y presionar a los gobiernos para que tomen medidas concretas contra la degradación climática. Entre estas acciones, las que tienen lugar en museos se benefician de una intensa cobertura mediática.

El museo como escenario central

“Estas acciones... son eficaces porque son contraintuitivas”, explica Michele Giuli, cofundador de A22 y Ultima Generazione, el colectivo italiano que está detrás de varias de ellas. A diferencia de otras acciones más perjudiciales desde el punto de vista material –por ejemplo, el bloqueo de infraestructuras petrolíferas–, estas pretenden desmontar la ilusión de que existe un mundo armonioso a escala global. Pretenden subrayar la idea de que “el problema de la crisis climática no es únicamente la crisis climática en sí, sino la inmoralidad de nuestras sociedades en general, que se ahogan fácilmente ante cualquier cosa que perturbe su tranquilidad, aunque solo sea por un momento”. En otras palabras, las reacciones desproporcionadas que provocan estas acciones están en el centro mismo de la cuestión que los activistas intentan poner de relieve. Su retórica se basa en la discrepancia entre la indignación del público ante los falsos “daños” causados a estas obras de arte, por un lado, y la indiferencia general ante la destrucción muy real de la vida en la Tierra. La presunta violencia de estas acciones sirve para poner de relieve la violencia real de nuestras sociedades: la indiferencia y la inercia, por no hablar del cinismo.

Los museos, y las obras de arte que se encargan de conservar, están destinados a ofrecer un espectáculo escenificado. De hecho, este escenario particular es propicio para la creación de imágenes impactantes que rápidamente se han difundido por todo el mundo. “Dos personas, sin dinero, fotos en periódicos rusos, es increíble”, dice Michele Giuli. El contexto de una exposición en un museo se utiliza como base para la creación de un nuevo retablo viviente compuesto por activistas que posan de cara a los medios de comunicación junto a la obra u obras de arte elegidas. El retablo a menudo se adorna con otros elementos –etiquetas, pancartas y salpicaduras diversas, como comida– que aumentan el impacto visual de la escena.

No estamos acostumbrados a este tipo de imágenes. De hecho, no hay precedentes. Hasta ahora, cuando las obras de arte habían sido atacadas en los museos, los registros visuales de estos actos vandálicos –cuando existían– eran de mala calidad, pues mostraban solo una parte dañada del cuadro o, en raras ocasiones, la obra y su agresor. La documentación de estas acciones nunca se había realizado de forma tan elaborada, con perfectas vistas frontales de la escena.

En este sentido es interesante examinar la forma en que se organizan estas acciones en torno a las obras de arte expuestas en los museos. Imitan un tipo de activismo medioambiental no violento en el que la inmovilización y los bloqueos son los modos clásicos de operar, aunque ahora con el novedoso uso de pegamento instantáneo. Verdadero símbolo del activismo medioambiental actual, el pegamento instantáneo es una herramienta que da a los activistas tiempo suficiente para ofrecer las imágenes icónicas que han dado la vuelta al mundo. El personal de seguridad no se muestra dispuesto a “arrancar” a los activistas de los marcos, ventanas o paredes en los que se han adherido y, de este modo, les dan el tiempo que necesitan para pronunciar un discurso frente a la obra de arte y facilitar la fotografía de la escena.

Cada elemento del modus operandi de los activistas tiene como objetivo la creación y difusión de imágenes impactantes. La elección de la(s) obra(s) de arte se hace en función de lo que la obra representa, tanto social como figurativamente, a través de una asociación lógica que se integra en los discursos de los activistas.

Obras de arte palimpsesto

Los cuadros y esculturas elegidas suelen ser de artistas famosos o son en sí mismas obras muy conocidas y arraigadas en nuestro imaginario cultural. Esta notoriedad ayuda a despertar el interés de los periodistas que transmiten la información y, al mismo tiempo, intensifican la reacción emocional del público. Los activistas también pretenden trastocar la forma habitual en que se perciben estas obras ofreciendo nuevas interpretaciones, todo ello al servicio de la difusión pública de sus reivindicaciones.

En ocasiones, las nuevas narrativas que surgen de estas obras también pueden estar directamente relacionadas con la escena representada en la obra de arte. Este es el caso de varios paisajes en los que se pone de relieve la cuestión del impacto de la actividad humana en la naturaleza. Por ejemplo: Melocotoneros en flor, de Van Gogh, un óleo sobre lienzo a cuyo marco pegaron sus manos dos miembros de Just Stop Oil en la Courtauld Gallery de Londres el 30 de junio de 2022. Fue elegido por su representación de la Provenza francesa, que en la actualidad está expuesta a sequías extremas debido al cambio climático. Este paisaje, pintado en 1889, puede compararse ahora con el verano de 2022, durante el cual se registraron niveles de precipitaciones un 45% inferiores a la media histórica en la región, lo que obligó a aplicar restricciones de agua. Otro paisaje, Arpa eólica de Thomson (1809) de William Turner, ilustra una vista del Támesis en las afueras de Londres, una zona amenazada ahora por la subida del nivel del agua. En una acción llevada a cabo el 31 de julio de 2022 en la Manchester Art Gallery, dos activistas colocaron sus manos cubiertas de pegamento sobre su marco después de pintar en el suelo frente a la obra el lema “No New Oil”.

La representación de la naturaleza rural se invoca a veces de forma más simbólica, como ocurrió con la obra de John Constable La carreta de heno (1821), que fue el blanco de una acción ecologista que tuvo lugar en la National Gallery de Londres el 4 de julio de 2022. Antes de pegar una de sus manos al marco, dos activistas colocaron sobre la superficie de la obra de arte una imagen impresa actualizada del mismo paisaje asolado por las actividades humanas dependientes de los combustibles fósiles (un avión que pasa por el cielo, un río seco, etc.). En esta visión contemporánea de la decadencia, la destrucción de la escena no se produce por efecto del tiempo, sino debido a la frenética y violenta actividad humana. Cuando el colectivo Ultima Generazione organizó una acción en torno a La Primavera (1478-82) de Sandro Botticelli en el Museo Uffizi de Florencia el 22 de julio de 2022, la referencia a la naturaleza se hizo más metafórica: “Tenía siete años cuando, tras un día de absoluto aburrimiento en el museo, me quedé extasiada ante la belleza, la armonía y la paz que transmite este cuadro”, comentó Laura, una de las activistas que participaron en la acción después de pegar una de sus manos al cristal protector del cuadro. Esta vez no hubo ninguna referencia a la actividad humana, solo la enumeración de valores que sugiere la frondosidad de la naturaleza en este cuadro alegórico: “Considero que mi presencia hoy aquí es una forma de honrar este primer amor que experimenté por el arte al convertirlo en el instrumento de un despertar colectivo que, en última instancia, nos llevará a darnos cuenta del poder que tenemos cuando decidimos utilizar nuestro cuerpo como vector de presión política”.

Los dos activistas de Just Stop Oil que el 11 de noviembre de 2022 intentaron pegarse con las manos en El grito (1893) de Edvard Munch en Oslo, aprovecharon el estatus de esta obra que simboliza la angustia existencial humana: “Grito cuando los políticos ignoran la ciencia”, “grito cuando veo morir a la naturaleza delante de mí”, “grito cuando la gente muere en inundaciones, olas de calor y de hambre”, “grito de miedo”, exclamaron a su vez. Noruega es el mayor productor de petróleo de Europa. A través de estas acciones, a veces puede inferirse la idea de un pánico apocalíptico que cuestiona el apego a los bienes terrenales.

Apropiaciones simbólicas

Entre estos activistas, que parecen dominar los códigos de la cultura museística, se observa una voluntad subyacente de desacralizar estas obras de arte en favor de nuevas ideas y acciones proactivas. Una de las activistas que participó en una acción en torno a Laocoonte y sus hijos, que tuvo lugar el 18 de agosto de 2022 en los Museos Vaticanos, acababa de licenciarse en Historia del Arte. Con el propósito de desbaratar la perspectiva cultural de que únicamente podemos contemplar pasivamente las obras de los museos, destacó un enfoque más sacrificado: “Nunca he deseado exponerme públicamente de esta manera, perturbar el silencio de un museo y pegarme a una obra de arte icónica. ¡Pero no tenemos muchas opciones cuando se trata de obligar a las instituciones a atender la alarma!”.

El hecho de que el tema del Laocoonte y la crisis climática se hagan eco mutuamente es de especial importancia en este caso. Esta antigua copia romana de un original griego representa un episodio de la mitología en el que unas serpientes asesinan a Laocoonte, un sacerdote troyano, junto a sus dos hijos después de que este intentara advertir a los troyanos del peligro de dejar meter el caballo de Troya en su ciudad. Estas serpientes, enviadas por Poseidón para silenciar al sacerdote, son las que finalmente aseguran la victoria del otro bando. Para Ultima Generazione, el clima y la crisis energética son los factores históricos que pueden llevar a la caída no sólo de una ciudad, sino de toda la vida en la Tierra. El comunicado de prensa de Ultima Generazione declara:

“Al igual que Laocoonte en el mundo antiguo, en la actualidad, nuestros científicos y activistas intentan advertir a nuestras comunidades de las catastróficas consecuencias de la pasividad frente a la mitigación de la crisis climática. Al igual que Laocoonte... los científicos y activistas son desatendidos o, lo que es peor, son silenciados una y otra vez por los gobiernos”.

Los activistas medioambientales se han apropiado de esta historia fundamental y se han erigido en figuras de la resistencia civil, solo que esta vez no de forma mítica, sino real.

Entre el conjunto de obras objeto de las acciones medioambientales, la escultura Formas únicas de continuidad en el espacio (1913) de Umberto Boccioni, faro del movimiento futurista italiano –unos activistas de Ultima Generazione se pegaron con las manos a ella el 30 de julio de 2022 en el Museo del Novecento de Milán–, representa un caso especialmente interesante. En esta ocasión se planteaba un discurso crítico contra lo que la obra representa. Esta figura esculpida, lanzada de cabeza hacia el progreso, y cuyos bordes parecen disolverse en su dinámico movimiento hacia delante, es una metáfora del modo de vida asociado a la modernidad industrial, así como de la ideología que fomentaba este movimiento vanguardista. El comunicado de prensa explica: “Nos pegamos al bronce de Boccioni porque ya no podemos permitirnos precipitarnos hacia el progreso económico. El progreso que esperaban los futuristas es el mismo que ahora nos conduce a la extinción masiva”. Con más de un siglo de diferencia, los artistas futuristas y los activistas medioambientales contemporáneos plantean la cuestión del futuro, pero ofrecen respuestas antitéticas.

Aparte de esta escultura de Boccioni, los activistas suelen mostrar un apego sincero a las obras que utilizan como blanco. Michele Giuli lo explica:

“Cuando elegimos una obra de arte es porque realmente nos gusta, nos encanta. La mayoría de las veces se trata de uno de los cuadros o estatuas favoritos de las personas implicadas. Utilizan una obra de arte sin dañarla para alertar a la humanidad sobre los peligros que corre: creo que a Van Gogh le habría entusiasmado”.

¿Quién conseguirá que estas obras de arte hablen?

El 9 de noviembre de 2022, durante la COP27 celebrada en Egipto, noventa y dos directores de museos emitieron un comunicado conjunto en respuesta a estas acciones, en el que advertían a los activistas de que estaban subestimando en gran medida la fragilidad de las obras de arte objeto de estas acciones[3]. Unos días más tarde, el Consejo Internacional de Museos (ICOM, por sus siglas en inglés) adoptó una postura más conciliadora y reconoció la preocupación en materia de conservación, pero ratificó su deseo de que “los museos sean considerados aliados para hacer frente a la amenaza común del cambio climático”. Esta declaración apoya a los activistas medioambientales y a la idea de que no están confrontando cultura y activismo, sino que intentan atraer a toda la sociedad al mismo movimiento. En este tenso contexto, el ICOM se cuestiona ahora lúcidamente el papel que pueden desempeñar los museos “en la configuración y creación de un futuro sostenible”. La reacción del ICOM es significativa en el sentido de que uno de los objetivos de las acciones de resistencia civil es obligar a diferentes instituciones y actores sociales a tomar partido. Aunque el ICOM no fomenta estos actos, el hecho de que la única organización internacional dedicada a los museos y sus profesionales no los condene, a pesar de su ilegalidad, es notable. Será interesante ver cómo reaccionan los sistemas judiciales de los distintos países cuando se vean obligados, en caso de que haya procedimientos legales, a pronunciarse acerca de la legitimidad de estas acciones.

Para estos activistas, apropiarse del espacio del museo y proponer nuevas formas de ver las obras de arte –símbolos de la herencia intergeneracional cuya realidad se ve cuestionada por la era del Antropoceno– es quizá también una forma de expresar la imperecedera esperanza de que aún puede haber un futuro que proyectar y soñar. Como señala Caspar Hughes, activista de Just Stop Oil: “La cultura en la que se inscribe el mundo del arte suele provocar cambios positivos en la sociedad”[4]. En un momento en que la mayoría de los profesionales de los museos luchan por atraer a un “público joven” e intentan que estos espacios sean inclusivos, ¿no deberían reflexionar sobre formas constructivas de acoger estos actos simbólicos de apropiación pacífica que sitúan sus colecciones en el centro de un debate público y de una concienciación urgentemente necesarios?

En la reacción frente a estas acciones es frecuente encontrar una retórica de la instrumentalización de las obras de arte que se alimenta de la idea de que éstas tienen vida estética propia. Según esta perspectiva, la apropiación de las obras de arte por parte de los activistas va en contra de su propia naturaleza, que es la de ser contempladas en silencio. Otros discursos parecen fomentar la idea de que únicamente los historiadores del arte o los conservadores de museos tienen autoridad para ofrecer interpretaciones artísticas. Sin embargo, los gobiernos suelen situar estas mismas obras en el centro de las cuestiones políticas y diplomáticas. De hecho, las colecciones de los museos son un instrumento clave de poder simbólico para las autoridades políticas, las mismas a las que se dirigen estas reivindicaciones medioambientales a través de actos de resistencia civil. Consideramos que las acciones que hemos descrito son apropiaciones ciudadanas de nuestro patrimonio colectivo en favor de cuestiones políticas y sociales cuya extrema urgencia no puede subestimarse.

Fuente: https://ctxt.es/es/20221201/Firmas/41565/Anne-Bessette-Juliette-Bessette-museos-activismo-ecologista-colapso-crisis-climatica.htm

jueves, 1 de diciembre de 2022

Hay que criminalizar el ecocidio

 Steven Donziger, abogado especialista en derecho ambiental, propone cinco iniciativas jurídicas, entre ellas un tratado de no proliferación de combustibles fósiles, para combatir las agresiones a las que el sector somete al clima

Omer Bozkurt

Steven Donziger, el abogado estadounidense defensor de los derechos humanos que se ha convertido en el blanco de las grandes petroleras por su apoyo a los pueblos indígenas afectados por la contaminación que producen los combustibles fósiles, ha presentado cinco soluciones jurídicas para la emergencia climática, cada vez más grave.

Donziger fue puesto en libertad en abril tras pasar casi mil días bajo arresto domiciliario por un caso en Estados Unidos derivado de una sustanciosa indemnización que ganó en los tribunales ecuatorianos contra Chevron por su impacto ambiental en la selva amazónica.

Aunque la detención “totalmente injusta” de Donziger ha llevado a los legisladores federales a impulsar una reforma del ordenamiento jurídico de Estados Unidos, el abogado sigue usando su causa para luchar por la justicia medioambiental.

“Cualquiera se ve desbordado e indefenso ante una catástrofe de semejantes dimensiones. Pero nosotros, como ciudadanos, podemos hacer algo ahora mismo”, escribía Donziger el martes en una columna para The Guardian a raíz de la cumbre del clima COP27 celebrada en Sharm al Sheij, en Egipto.

“Entre todos, con un activismo ciudadano mayor, estas ideas pueden empezar a proporcionar un marco jurídico global y coherente que ayude a salvar el planeta”, defiende Donziger. La primera propuesta: tipificar el ecocidio como un crimen internacional.

Cada vez hay más apoyo a nivel global para hacerlo. En julio, un panel internacional de especialistas en derecho publicó la definición jurídica del término y determinaron que el ecocidio es “cualquier acto ilícito o arbitrario perpetrado a sabiendas de que existe una probabilidad sustancial de que cause daños graves que sean extensos o duraderos al medioambiente”.

Stop Ecocidio Internacional y otras plataformas defienden que se modifique el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional para incluir el ecocidio como quinto crimen, tras el genocidio, los crímenes contra la humanidad, los crímenes de guerra y los de agresión.

Según Donziger, “el ecocidio expone a los ejecutivos de las empresas de combustibles fósiles a una posible responsabilidad penal por autorizar actos contaminantes. Y esa exposición personal va a cambiar significativamente la toma de decisiones de estos ejecutivos en favor del planeta”.

La segunda solución del abogado es establecer un tratado de no proliferación de combustibles fósiles. El apoyo internacional a esta idea también ha aumentado en los últimos meses y ha culminado con la propuesta que ha articulado la nación insular de Tuvalu de crear dicho acuerdo en la COP27, celebrada en noviembre.

Donziger también pide que se prohíban las denominadas demandas estratégicas contra la participación pública (SLAPP, por sus siglas en inglés) y explica que “se han convertido en la mejor baza del sector de combustibles fósiles para silenciar a los activistas medioambientales, dejar a los defensores sin recursos y debilitar el movimiento climático, que es el elemento más importante para obligar a los gobiernos a ir eliminando progresivamente el sector”.

Justo antes de que los demócratas de la Cámara celebrasen una audiencia en septiembre para recriminar a las grandes petroleras que utilizaran la ley “como un arma” contra los activistas climáticos, EarthRights International publicó un innovador análisis que demuestra que el sector de los combustibles fósiles ha estado involucrado en el “hostigamiento judicial” de más de 150 activistas. El informe de la organización sin ánimo de lucro destacaba 93 casos de SLAPP y 49 “citaciones abusivas”.

“La solución es fácil”, afirma Donziger. “Los gobiernos tienen que promulgar lo que se denomina leyes anti-SLAPP, que sancionan a las empresas que incurren en este tipo de intimidación judicial”.

El abogado añade, además, que la humanidad tiene que proteger las cuencas del Amazonas y señala que “se está gestando una revolución jurídica silenciosa liderada por los pueblos indígenas en algunos países de la región amazónica, como Brasil, Ecuador, Venezuela y Perú”.

“Se hacen llamar la Iniciativa de las Cuencas Sagradas Amazónicas, y estos defensores de la Tierra de primera línea han propuesto un plan viable para facilitarle protección jurídica internacional a lo que probablemente sea el ecosistema más importante de la Tierra”, escribe. “Básicamente, este plan prohibiría cualquier otra explotación de combustibles fósiles en la zona que comprende las cuencas del Amazonas y que alberga la mayor concentración de biodiversidad del planeta”.

La última solución jurídica de Donziger consiste en “indemnizaciones climáticas vinculantes”. En concreto, propone un tratado que exija a todos los países ricos que ingresen una cantidad determinada en función de su producto interior bruto “en un fondo administrado por una parte neutral en la que estén debidamente representados los países pequeños más afectados” por el aumento de las temperaturas y el impacto negativo derivado de la crisis climática.

“Para que quede claro, no estoy diciendo que los cambios propuestos vayan a salvar el planeta por sí solos. Pero una combinación adecuada de cambios jurídicos en rápida sucesión puede catalizar el proceso”, subraya.

La columna del abogado llega en el momento en que los partidarios de una acción climática ambiciosa celebran los avances realizados en la COP27 –como lograr un acuerdo para crear un fondo de compensación de pérdidas y daños–, al mismo tiempo que destacan los aspectos en los que la conferencia no ha dado la talla, desde los abusos cometidos contra activistas y la presencia histórica de lobistas de las grandes petroleras hasta la falta de un acuerdo definitivo para ir eliminando progresivamente los combustibles fósiles.

Fuente: https://ctxt.es/es/20221201/Firmas/41403/ecocidio-genocidio-medio-ambiente-cambio-climatico-crisis-ecologica-y-social-jessica-corbett.htm

miércoles, 16 de noviembre de 2022

La Cumbre de Alaa

 Un preso político en huelga de hambre y agua empaña el intento de lavado de imagen de Egipto en la COP27

Mona Seif en una vigilia de apoyo a su hermano Alaa Abd-el Fatah organizada por Amnistía Internacional en Londres. Alisdare Hickson (CC BY-SA 2.0)

“Alaa representa todo lo que el régimen egipcio no es. Alaa representa la libertad, la dignidad, la democracia”. Con esa rotundidad hablaba en 2015 el abogado de derechos humanos Gamal Eid sobre Alaa Abd el-Fatah, un bloguero y activista egipcio que por entonces apenas llevaba un año en prisión. Ocho años después y tras una brevísima libertad condicional, Alaa continúa en la cárcel con nuevos cargos. El régimen parece tener claro la amenaza que representa (muestra sus abusos), y ha quedado patente durante la COP27 que estos días se celebra en un resort de lujo en Sharm el Sheikh, a orillas del mar Rojo egipcio. La COP27 era una oportunidad para Egipto y su rais, Abdelfatah Al Sisi, de mostrarse como uno de los líderes mundiales que pondrá al planeta rumbo al fin de la crisis ecosocial. Pero algo ha salido mal en la perfecta campaña de lavado de cara que el reino de los faraones había preparado en Sharm el Sheikh. Alaa Abd el-Fatah se ha convertido en el centro de la atención mediática que se ha extendido a los más de 60.000 prisioneros políticos que, según organizaciones de derechos de todo el mundo, permanecen encerrados en sus cárceles. Alaa lleva más de 200 días en huelga de hambre y, coincidiendo con el inicio de la COP27 el pasado 6 de noviembre, dejó de consumir agua. Cuatro días después de iniciar esta protesta su familia denunciaba no tener noticias de él ni pruebas de vida. El preso entrega una carta semanal a su familia. En la última anunciaba que no le importaba morir. Este era el último recurso de un hombre y una familia que han hecho todo lo legalmente posible por lograr justicia sin conseguirlo. “Alaa no está en la cárcel por el artículo [difamando a Egipto] que dicen que escribió, está en la cárcel porque nos hace creer que el mundo puede ser un lugar mejor”, afirmaba su hermana menor, Sanaa en un evento en Sharm el Sheikh a donde ha viajado desde su exilio en Reino Unido para hablar sobre la imposibilidad de que haya justicia climática sin que se respeten los derechos humanos, además de presionar para lograr la liberación de su hermano.

Las consecuencias no se hicieron esperar. Sanaa, quien ha pasado en dos ocasiones por las cárceles egipcias, la última vez durante año y medio, sin haber cumplido aún la treintena, fue imprecada durante una de sus alocuciones por un miembro del Parlamento, que fue desalojado por los servicios de seguridad de Naciones Unidas. Más tarde, un abogado prorégimen la denunciaba ante la Fiscalía por difundir noticias falsas, la misma acusación que llevó a Alaa a la cárcel en septiembre de 2019. El caso de Alaa se ha convertido en el epítome de todo lo que está mal en Egipto y ha quedado expuesto ante el mundo gracias a la COP27. “Desde que empezó a hablarse de la Cumbre hubo gente que empezó a decir ‘no’ y que se debería hacer en otra parte y hacer campaña en contra, y dijimos que ‘no’. Otros querían movilizar a los activistas para boicotear y dijimos que ‘no’ porque necesitábamos la atención, la solidaridad y la camaradería…”, señalaba Hossam Bahgat, el director de la Iniciativa Egipcia para los derechos individuales (EIPR, en sus siglas en inglés) durante un acto con Sanaa Seif en la cumbre. El defensor de los derechos humanos en Egipto, que tiene prohibido viajar fuera del país, instó a los asistentes a la cumbre a ponerse camisetas o pañuelos blancos (el color que visten los convictos en las cárceles egipcias, en solidaridad con los presos políticos y con Alaa.

La alocución del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, dejó en la estacada a los que confiaban en que el líder pidiera la liberación del activista. Antes de dirigirse a los asistentes a la COP27, se reunió con su homólogo egipcio, que hizo hincapié en que Egipto ha lanzado una estrategia nacional para los derechos humanos y desea desarrollarla.

Alaa Abd el-Fatah es el mejor ejemplo de cómo está funcionando dicho plan. El bloguero, que cumplirá 41 años el próximo 18 de noviembre, ha sido “intervenido médicamente”, lo que su familia entiende como alimentación intravenosa forzada, algo que consideran tortura. Alaa aseguró en su última carta a su familia que estaba dispuesto a morir. “Es cuestión de tiempo que Alaa muera en prisión y esto sólo acelerará el proceso”, afirmaba Sanaa Seif a su llegada a la Cumbre.

Y eso es lo que el Gobierno egipcio no puede permitirse mientras las cámaras sigan enfocando. “Tenemos experiencia en cómo empeoran las cosas después de que haya habido un pequeño éxito”, subraya Mohannad Sabry, periodista experto en el Sinaí y exiliado en el Reino Unido. “Mientras hablamos, se están buscando nuevos cargos contra mí y ni siquiera estoy en el país”, añade el periodista contra el que el régimen tomó represalias por publicar información sobre lo que estaba ocurriendo en la península del Sinaí. Sabry menciona acres de tierra arrasada con bulldozers en el norte del Sinaí donde “cientos de familias han sido desplazadas”. También cómo “las pocas zonas verdes que había en El Cairo, repartidas por la ciudad, están siendo reemplazadas por cemento”. Y habla de “la destrucción del entorno del monasterio de Santa Catalina”, un espacio natural protegido. “Egipto está quedando en evidencia ante el mundo”, dice. A menos de 100 kilómetros del lugar donde se celebra la COP27, el régimen está ejecutando proyectos turísticos que destruyen gran parte del Patrimonio de la Humanidad y el Protectorado del entorno de Santa Catalina. El Gran Proyecto de Transfiguración de Egipto que se está llevando a cabo en el entorno del monasterio “es una clara violación de las leyes y reglamentos nacionales, los tratados ambientales y de biodiversidad, así como las leyes y reglamentos de la UNESCO para los sitios considerados patrimonio mundial”, explica el periodista.

El antiguo Monasterio de Santa Catalina, ubicado en el corazón de esta localización que es patrimonio mundial, afronta unas obras de construcción que están propiciando una involución en años de conservación y una enorme inversión para proteger la frágil naturaleza del monasterio. Además, denuncia Sabry, la comunidad beduina local de Santa Catalina está siendo desplazada forzosamente ya que “sus casas se interponen en el camino de la construcción del gobierno, su cementerio ha sido demolido y sus fuentes tradicionales de vida quedarán bloqueadas por el aumento de los megahoteles y las instalaciones turísticas convencionales”. “Trastornar la vida de esta comunidad es poner en peligro directo toda la riqueza ambiental y patrimonial de la región. Y por eso, no habrá justicia climática sin derechos humanos”, concluye.

Aquellos como Sabry, que ha tenido que exiliarse para evitar la cárcel, o como Alaa Abd el-Fatah, que denuncia esos abusos del régimen, sufren las consecuencias. El periodista Matthew Cassel explicaba en su cuenta de Twitter la sensación de estar constantemente vigilados en la COP27, con policías de paisano en todas partes y haciendo fotos de los pasaportes de los asistentes. Muchos egipcios y extranjeros comparten la sensación, según Cassel, de que “si el régimen hubiera liberado a Alaa hace meses la COP27 sería mucho más exitosa”. En lugar de eso, “los derechos humanos están empezando a hacer sombra a cualquier otra cosa”.

“La situación de Alaa es un reflejo de la sociedad egipcia y la represión actual”, señala Lama Fakih, directora para Oriente Medio de Human Rights Watch (HRW). Lama coincide con Bahgat en que la Cumbre del Clima es una oportunidad para los egipcios, para “hablar y tener una audiencia”, sin embargo subraya que su preocupación es “qué pasará cuando la COP se acabe”. “Los diplomáticos tienen la responsabilidad de asegurarse de que no hay represión de los derechos humanos”, afirma, “no hay modo de que abordemos los grandes desafíos climáticos a los que nos enfrentamos si la sociedad no puede participar”.

 Fuente: https://ctxt.es/es/20221101/Politica/41298/cop-27-egipto-alaa-abd-el-fatah-huelga-de-hambre.htm

jueves, 10 de noviembre de 2022

El éxito chino determina la tensión militar

 Ucrania forma parte y es prolegómeno de la guerra fría actual contra China en Asia Oriental

 

Skyline de la ciudad de Beijing, el pasado 16 de octubre de 2021.  N509F

Desde hace algún tiempo y con una periodicidad aproximada de una vez por mes, fuerzas aeronavales de Estados Unidos entran, demostrativa y provocativamente, en el estrecho de Taiwán, mientras que las fuerzas chinas responden con diversos movimientos militares que van desde incursiones aéreas hasta lanzamiento de misiles. La conclusión es clara: no solo estamos en una “guerra fría” en Asia Oriental, sino que el peligro de un conflicto militar abierto es muy serio. Si bien nadie lo desea, muchos “expertos” (frecuentemente vinculados al complejo militar-industrial) lo consideran “inevitable”, y todos se acercan físicamente a dicho conflicto por el mero hecho de poner a sus fuerzas armadas permanentemente en contacto. 

Como el último documento oficial de la doctrina militar de Estados Unidos, recién publicado, relaciona directamente en un mismo paquete lo que ocurre entre Ucrania y Rusia con el pulso con China, y estima que esta es la dimensión principal de todo ello, es obligado preguntarse cómo hemos llegado a esto. ¿Qué ha pasado?  

Para responder hay que observar el marco general de varias décadas de “éxito chino”.

El éxito

La integración de China en la globalización, entendida en este caso como el seudónimo del dominio mundial de Estados Unidos, contenía implícitamente como consecuencia la conversión de China en vasallo de Occidente. 

El propósito era presionar a China para que aplicara las reformas estructurales definidas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, abriera totalmente sus mercados a las empresas occidentales y que la integración de las élites chinas en su globalización acabara dando lugar a una forma de gobierno subalterno más aceptable para Occidente que la del Partido Comunista Chino.

Para comprar un solo avión Boeing a Estados Unidos, China debía producir cien millones de pares de pantalones. 

No estaba previsto que jugando en el terreno diseñado por otros, China torciera aquel propósito. El “milagro chino” fue usar una receta occidental diseñada para su sometimiento para fortalecerse de forma autónoma e independiente. Lo hizo poniendo condiciones y restricciones a la entrada del capital extranjero en China y, sobre todo, manteniendo un control bien firme de las riendas del proceso. Lo consiguió porque, gracias al bajo precio y alta eficacia de la mano de obra en China, los capitalistas y empresarios extranjeros hicieron enormes beneficios en la “fábrica del mundo” y eso apaciguó y moderó a sus gobiernos.

China aprovechó esa integración en la globalización para desarrollarse, aprender y adquirir tecnología. 

Los resultados están a la vista y son extraordinarios en todos los órdenes; en términos de incremento en la esperanza media de vida, eliminación de pobreza, PIB (recordemos que en 1980 el peso de China en el PIB global era de 2,3% y hoy es de 18,5%), instrucción, ciencia y tecnología, fortaleza militar, grandes empresas, sin olvidar, naturalmente, el gran progreso en dañinas emisiones ambientales. Todo eso entrará en los manuales de historia y economía del futuro.

Ante este resultado, un conocido comentarista americano (Fareed Zakaria, de la CNN) expresó así su desconcierto:

“La estrategia produjo complicaciones y complejidades que desembocaron en una China más poderosa que no respondía a las expectativas occidentales”, es decir, a la expectativa de que, en el proceso, China se convertiría en subalterna.

Todo esto ocurrió en los 30 años anteriores, pero la crónica de los últimos años añadió aún más ansiedad a la situación. La crisis financiera global de 2008, genuino detritus de la economía de casino con centro en Estados Unidos, ofreció la primera gran evidencia de debilidad occidental y de los peligros que contiene la no regularización del sector financiero, así como el hecho general de que el capital mande sobre los gobiernos y no al revés. China gobernó la crisis mucho mejor, como había pasado ocho años antes con el estallido de la burbuja puntocom.

Antes, las desastrosas consecuencias de las guerras que se han encadenado desde los atentados del 11-S de 2001, con más de tres millones de muertos, unos cuarenta millones de desplazados y varias sociedades y Estados destruidos, hicieron patente una gigantesca irresponsabilidad por parte de la primera potencia mundial. La retirada de Estados Unidos del acuerdo sobre cambio climático y la mala gestión de la crisis de la pandemia en Occidente (en comparación, no solo con China, sino con el conjunto de Asia oriental) incrementaron esa evidencia de desbarajuste. Así que, ante este panorama, la respuesta de Estados Unidos ha sido la presión militar y las sanciones.

La respuesta

Desde la normalización de relaciones chino-soviéticas en mayo de 1989, China disfrutó de treinta años de tranquilidad exterior que le permitieron concentrarse en su desarrollo. 

Autoeliminada la URSS como gran adversario, en los noventa, la mirada de los estrategas de Washington se empezó a dirigir a China, pero el 11-S neoyorkino colocó en el centro al terrorismo yihadista (otro resultado de la mala política anterior que se volvía contra sus autores) y ofreció a China una prórroga de diez años: diez años más de relativa tranquilidad.

En 2012, Obama anuncia el Pivot to Asia: trasladar al Pacífico el grueso de la fuerza militar aeronaval de Estados Unidos, para estrechar el cerco militar alrededor de China. 

Los chinos reaccionaron poniéndose el cinturón de seguridad: fortaleciendo la autoridad del partido en todos los órdenes y el liderazgo personal en su dirección colectiva. 

Pero sobre todo, en 2013 China anunció la Nueva Ruta de la Seda (Belt & Road Initiative), una ambiciosa estrategia global para salir del cerco y exportar sobrecapacidad. Es decir una estrategia a la vez geopolítica y económica. 

La Nueva Ruta de la Seda es un esfuerzo de varias décadas de duración con una financiación astronómica (de 4 a 8 billones de dólares), encaminado a establecer una red geoeconómica internacional de apoyo que integre económica y comercialmente al 70% de la humanidad a través de Eurasia. Sin necesidad de recordar las tesis de Halford Mackinder que ahora se desempolvan, eso erosiona, necesariamente, el poder mundial de Estados Unidos en el hemisferio. También complica sobremanera cualquier propósito de cerco a una potencia que, sin ser “amiga”, ni “aliada”, ni “líder de bloque”, es socia positiva de casi todas las naciones.

El objetivo implícito de la Nueva Ruta de la Seda, en palabras de Henry Kissinger, es nada menos que “trasladar el centro de gravedad del mundo desde el Atlántico al Pacífico”. A su lado el histórico Plan Marshall queda como algo pequeño…

Guerra fría

Con Donald Trump el cambio de clima fue brusco, en especial cuando en su discurso de julio de 2020 el secretario de Estado, Michael Pompeo, apeló abiertamente al cambio de régimen en China, señalando directamente al Partido Comunista Chino como el “principal enemigo de Estados Unidos”. 

Pese a la inusitada división del establishment americano, la política de sanciones comerciales y presión militar contra China tiene un amplio consenso en las dos facciones del régimen de Estados Unidos.

Esto ya es una guerra fría abierta, con fuertes campañas de propaganda y demonización del adversario. Con Biden asistimos a una escalada de la tensión con Taiwán, principal productor mundial de semiconductores, en el centro del escenario.

Desde 1978 el reconocimiento del principio de “una sola China”, es decir, que Taiwán forma parte de ella, así como la Taiwán Relations Act (TRA) de 1979, fueron el fundamento de la relación bilateral en ese ámbito.

El contenido de la TRA era ambiguo: aunque la isla pertenecía a China, se contemplaba el suministro de “armas defensivas” a Taiwán y se decía que cualquier intento de que Pekín resolviese por la fuerza la secesión sería motivo de “grave preocupación”. Es decir: no se decía “ayudaremos militarmente a Taiwán si hay conflicto”. 

Ahora sí se dice. Lo ha dicho Biden cuatro o cinco veces. Además, toda la acción de EE.UU dibuja un provocador replanteamiento que John Ross expone así en Tricontinental (publicado en castellano por El Salto): 

a) Por primera vez desde el comienzo de las relaciones diplomáticas entre China y Estados Unidos, Biden invitó a un representante de Taipéi a la toma de posesión del presidente de EE.UU.

b) La presidenta del Congreso, Nancy Pelosi –la tercera funcionaria estadounidense de mayor rango en el orden de sucesión presidencial– visitó Taipéi el 2 de agosto de 2022.

c) Estados Unidos ha pedido la participación de Taipéi en Naciones Unidas.

d) Estados Unidos ha intensificado la venta de armas y equipo militar a la isla.

e) Han aumentado las delegaciones estadounidenses que visitan Taipéi.

f) Las Fuerzas Especiales de EE.UU. han entrenado tropas terrestres y de la marina de Taiwán.

g) Estados Unidos ha incrementado su despliegue militar en el mar de China Meridional y ha enviado regularmente buques de guerra a través del estrecho de Taiwán. 

Al igual que en Ucrania con su integración de facto en la OTAN y su conversión en un ariete militar contra Rusia desde 2014, este fin de la ambigüedad con Taiwán supone que Washington cruza una línea roja histórica de China. Y como en Ucrania, en el entorno geográfico más inmediato del adversario. Además, Estados Unidos está presionando a otros países del entorno chino: Australia, India, Japón, Corea del Sur, (también Inglaterra y la propia UE) a sumarse a las sanciones y coaliciones militares, de la misma forma en que ha hecho en Europa con Ucrania. 

Igual que en Ucrania, en la crisis de Taiwán no hay interés en negociaciones para resolver las tensiones con un paso atrás, ni para prevenir choques militares accidentales, ni para reducir riesgos en general.

La estrategia de seguridad americana afirma que la guerra de Ucrania, y la debilidad de Rusia que aprecia en ella, confirman que China representa “la principal amenaza, como único competidor dotado del suficiente poder económico, militar y político necesario para replantear el orden internacional”. Para ello llama a revitalizar la red de alianzas que reste capacidad de maniobra a China. Eso es lo que se está haciendo.

La guerra de Ucrania que, desde luego, China no quería, está dirigida a impedir militarmente la integración euroasiática, que es un eje fundamental de la gran estrategia china de la Nueva Ruta de la Seda. El atentado contra los gasoductos del Báltico son la mejor ilustración de esa acción por romper nexos vitales y debe ser leído en ese contexto. Desde ese punto de vista, Ucrania forma parte y es prolegómeno de la guerra fría actual contra China en Asia Oriental. 

De momento, y aunque ese vector pueda presentar problemas en el futuro, se ha logrado convertir a la Unión Europea en vasallo, e integrarla en esa guerra fría contra su principal socio comercial (China), lo que perjudica gravemente a su propia economía.

La conciencia de todo ello explica la posición de China en esta guerra, su postura de que “la seguridad europea debe ser decidida por los europeos” (Xi Jinping a Olaf Scholz en mayo), y su oposición a las sanciones contra Rusia, meridianamente expuesta en abril por la comentarista de la televisión china, Liu Xin: “Nos dicen, ayúdame a luchar contra tu socio ruso para que luego pueda concentrarme mejor contra ti”. 

“La era de la posguerra fría ha concluido definitivamente y está en marcha una competición entre las principales potencias para dar forma a lo que vendrá a continuación”, escribe el presidente Biden en la introducción al documento Estrategia de seguridad nacional de 2022, recién publicado. “China es el único competidor con intención de redefinir el orden internacional que dispone de las capacidades para hacerlo”, dice. 

La elocuente Ursula von der Leyen, la “presidenta americana de Europa”, según la revista estadounidense Politico, reconoce la unidad de todo el paquete y la beligerancia europea en él cuando afirma que “la guerra de Ucrania no es solo una guerra europea, es una guerra por el futuro del mundo por lo que el ámbito de Europa solo puede ser el mundo entero”. 

Fuente: https://ctxt.es/es/20221101/Firmas/41256/Rafael-Poch-China-Estados-Unidos-Ucrania-Rusia-Asia-potencias.htm

lunes, 17 de octubre de 2022

“La guerra de clases nunca termina, los amos nunca ceden”

Noam Chomsky. Foto: EUROPA PRESS

 Noam Chomsky reflexiona sobre los actuales ‘cuatro jinetes del apocalipsis’: la pandemia, la catástrofe climática, el exterminio nuclear –siempre al acecho– y la destrucción de la democracia estadounidense. Y reivindica “el optimismo de la voluntad”

David Barsamian: La situación que estamos afrontando se describe a menudo como sin precedentes: una pandemia, una catástrofe climática y, siempre al acecho, el exterminio nuclear. Tres de los cuatro jinetes del apocalipsis.

Noam Chomsky: Puedo añadir un cuarto: la inminente destrucción de lo que queda de la democracia estadounidense y el giro de Estados Unidos hacia un Estado profundamente autoritario, también protofascista, cuando los republicanos vuelvan a gobernar, lo que parece probable. Así que son cuatro caballos.

Y recuerda que los republicanos son el partido negacionista, empeñado en precipitarse hacia la catástrofe climática de la mano del principal destructor al que ahora adoran como a un semidiós. Son malas noticias para Estados Unidos y para el mundo, teniendo en cuenta el poder de este país.

Barsamian: El Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral acaba de publicar el Informe sobre el Estado de la Democracia en el Mundo en 2021. Dice que Estados Unidos es un país donde la democracia está “retrocediendo”.

Chomsky: Drásticamente. El Partido Republicano se dedica abiertamente –ni siquiera lo disimula– a socavar lo que queda de la democracia estadounidense. Están trabajando arduamente en ello. Desde la época de Richard Nixon, los republicanos saben desde hace tiempo que son fundamentalmente un partido minoritario y que no van a conseguir votos anunciando su compromiso cada vez más manifiesto por el bienestar de los ultrarricos y del sector empresarial. Así que llevan mucho tiempo desviando la atención hacia las llamadas cuestiones culturales.

Comenzó con la estrategia sureña de Nixon. Este se dio cuenta de que el apoyo del Partido Demócrata a la legislación por los derechos civiles, aunque limitado, les haría perder a los demócratas del sur, que eran abierta y claramente racistas radicales. El gobierno de Nixon sacó provecho de ello con su estrategia sureña, al insinuar, abiertamente, que los republicanos se convertirían en el partido de la supremacía blanca.

En los años siguientes retomaron otros temas. Ahora es la definición implícita del partido: así que, ¡apresurémonos a atacar la Teoría Crítica de la Raza, signifique lo que signifique! Como han explicado sus principales portavoces, se trata de un término genérico para todo, por lo que pueden aglutinar al público: la supremacía blanca, el racismo, la misoginia, el cristianismo, los derechos antiabortistas.

Entretanto, la dirección, con la ayuda de la derechista Sociedad Federalista, ha estado desarrollando vías legales –si se puede llamar así– para que los republicanos se aseguren de que, incluso como partido minoritario, puedan controlar los mecanismos de votación y el resultado de las elecciones. Están explotando ciertos aspectos radicalmente antidemocráticos que están incorporados en el sistema constitucional y las ventajas estructurales que tienen los republicanos como partido que representa a las poblaciones rurales más dispersas y a la población tradicionalmente cristiana y nacionalista blanca. Aprovechando esas ventajas, incluso con una minoría de votos, podrían mantener algo así como un poder casi permanente.

En realidad, esa permanencia podría no durar mucho si Donald Trump, o un clon de Trump, llega a la presidencia en 2024. No es probable entonces que Estados Unidos, por no hablar del mundo, pueda escapar al impacto de la destrucción climática y medioambiental que se han encomendado a acelerar.

Barsamian: Todos vimos lo que ocurrió en Washington el 6 de enero. ¿Hay posibilidades de que aumente el malestar social? Hay múltiples milicias en todo el país. El representante Paul Gosar, del gran estado de Arizona, y la representante Lauren Boebert, del gran estado de Colorado, entre otros, han hecho declaraciones amenazadoras incitando a la violencia y al odio. En Internet abundan las teorías conspirativas. ¿Qué debemos hacer?

Chomsky: Es muy grave. De hecho, tal vez un tercio, aproximadamente, de los republicanos piensa que quizá sea necesario utilizar la fuerza para “salvar a nuestro país”, como dicen ellos. “Salvar a nuestro país” tiene un significado claro. Por si alguien no lo entendiera, Trump hizo un llamamiento a la gente para que se movilizara para evitar que los demócratas inundaran este país con criminales salidos de las cárceles de otras tierras, para que no “sustituyeran” a los estadounidenses blancos y destruyeran los Estados Unidos. La teoría del “gran reemplazo”: eso es lo que significa “quitarnos el país” y es lo que están utilizando de un modo eficaz los elementos protofascistas, de entre los cuales Trump es el más radical y el más notorio.

¿Qué podemos hacer al respecto? Las únicas herramientas disponibles, nos guste o no, son la educación y la organización. No hay otro camino. Eso supone tratar de revivir un auténtico movimiento obrero del tipo que, en el pasado, estuvo a la vanguardia de los movimientos encaminados a la justicia social. También supone organizar otros movimientos populares y realizar una labor educativa para combatir las letales campañas antivacunas que se están llevando a cabo, asegurarse de que se hacen verdaderos esfuerzos para lidiar con la crisis climática, movilizarse contra el compromiso bipartidista de aumentar el peligroso gasto militar y las provocaciones a China, que podrían llevar a un conflicto que nadie quiere y acabar en una guerra funesta

Hay que seguir trabajando en esto. No hay otro camino.

Barsamian: En un segundo plano tenemos la desigualdad extrema, que está disparada. ¿Por qué Estados Unidos es tan desigual?

Chomsky: Mucho de esto ha sucedido en los últimos 40 años como parte del asalto neoliberal a Estados Unidos en el que también han participado los demócratas, aunque no tanto como los republicanos.

Hay un cálculo bastante minucioso de lo que se llama la transferencia de riqueza del 90% de la población más pobre al 1% más rica (en realidad, una parte de ellos) durante estas cuatro décadas de asalto. Un estudio de la RAND Corporation calculó que era de casi 50 billones de dólares. No estamos hablando de calderilla, y sigue en marcha.

Durante la pandemia, las medidas que se tomaron para evitar que la economía se desplomara derivaron en un mayor enriquecimiento de unos pocos. También, en cierto modo, lograron que muchos otros subsistieran, pero los republicanos están ocupados tratando de desmantelar esa parte del acuerdo para dejar únicamente la parte que enriquece a unos pocos. Es a lo que se dedican.

Pongamos como ejemplo el Consejo de Intercambio Legislativo Americano (ALEC, por sus siglas en inglés). Esto se remonta a hace años. Es una organización financiada por casi todo el sector empresarial que se dedica a tocar el punto débil del sistema constitucional, los estados. Es muy fácil. No es muy difícil comprar o incitar a los representantes legislativos a nivel estatal, así que ALEC ha trabajado allí para imponer una legislación que fomente la labor a largo plazo de aquellos que buscan acabar con la democracia, aumentar la desigualdad radical y destruir el medio ambiente.

Y uno de las labores más importantes es conseguir que los estados legislen de modo que ni siquiera puedan investigar –y desde luego no castigar– el saqueo de salarios, que roba miles de millones de dólares a los trabajadores cada año al negarse a pagar las horas extras, así como mediante otros mecanismos. Se han hecho esfuerzos para investigarlo, pero el sector empresarial quiere detenerlos.

Una analogía en el ámbito nacional es tratar de que el IRS (la Agencia Tributaria de EE.UU.) no persiga a las empresas ricas que hacen trampas fiscales. A todos los niveles imaginables, esta guerra de clases por parte de los patronos, del sector empresarial, de los superricos está haciendo estragos. Y van a utilizar todos los medios que puedan para asegurarse de que continúe hasta que hayan conseguido destruir no sólo la democracia estadounidense, sino la posibilidad misma de supervivencia como sociedad organizada.

Barsamian: El poder corporativo parece imparable. La clase supermillonaria –Jeff Bezos, Richard Branson y Elon Musk– ahora vuela al espacio exterior. Pero me acuerdo de algo que dijo la novelista Ursula K. Le Guin hace unos años: “Vivimos en el capitalismo, su poder parece ineludible”. Y luego añadió: “También lo era el derecho divino de los reyes”.

Chomsky: También la esclavitud. También lo era el principio de que las mujeres son una propiedad, que perduró en Estados Unidos hasta la década de 1970. También las leyes contra el mestizaje, tan radicales que ni siquiera los nazis las aceptaban, que perduraron en Estados Unidos hasta los años sesenta.

Han existido todo tipo de horrores. Con el tiempo, su poder se ha erosionado, pero nunca se ha eliminado por completo. La esclavitud fue abolida, pero su huella permanece en nuevas y agresivas formas. No es la esclavitud, pero es suficientemente horrible. La idea de que las mujeres no son personas no solo se ha superado oficialmente, sino también en gran medida en la práctica. Aun así, queda mucho por hacer. El sistema constitucional fue un paso adelante en el siglo XVIII. Incluso la frase “Nosotros, el pueblo” aterrorizaba a los gobernantes autocráticos de Europa que estaban tremendamente preocupados de que los males de la democracia (lo que entonces se llamaba republicanismo) pudieran extenderse y socavar la vida civilizada. Pues bien, se extendió, y la vida civilizada continuó, incluso mejoró.

Así que, sí, hay periodos de retroceso y de progreso, pero la guerra de clases nunca termina, los amos nunca ceden. Siempre aprovechan todas las oportunidades y, si son los únicos partícipes en la lucha de clases, efectivamente habrá una regresión. Pero no tienen por qué serlo, no más que en el pasado.

Barsamian: En tu libro Masters of Mankind (Maestros de la humanidad) hay un artículo, “¿Puede la civilización sobrevivir al capitalismo que realmente existe?”. Escribes que “la democracia capitalista que realmente existe” (DCRE para abreviar) es “radicalmente incompatible” con la democracia y añades: “Me parece poco probable que la civilización pueda sobrevivir al capitalismo que realmente existe y a la democracia claramente debilitada que lo acompaña. ¿Podría una democracia operativa cambiar la situación? Pensar en sistemas inexistentes es una labor meramente especulativa, pero creo que hay algunas razones para pensar que sí”. Explícame los motivos.

Chomsky: En primer lugar, vivimos en este mundo, no en el mundo que nos gustaría imaginar. Y en este mundo, si únicamente se piensa en el marco temporal para lidiar con la destrucción del medio ambiente, es mucho más corto que el tiempo que sería necesario para llevar a cabo una remodelación significativa de nuestras instituciones básicas. Eso no significa que no haya que intentarlo. Hay que intentarlo todo el tiempo: trabajar en formas de aumentar la conciencia, aumentar la reflexión y construir los rudimentos de las instituciones futuras en la sociedad actual.

Al mismo tiempo, las medidas para salvarnos de la autodestrucción tendrán que darse dentro del marco básico de las instituciones existentes –con alguna modificación sin un cambio fundamental–. Y se puede hacer. Sabemos cómo se puede hacer.

Entretanto hay que seguir trabajando en la superación del problema de la DCRE, la democracia capitalista que realmente existe, que en su naturaleza esencial es una sentencia de muerte, además de profundamente inhumana en sus cualidades fundamentales. Por lo tanto, trabajemos en eso y, al mismo tiempo, asegurémonos de salvar la posibilidad de lograrlo superando la crisis inmediata y urgente a la que nos enfrentamos.

Barsamian: Habla de la importancia de los medios de comunicación progresistas independientes como Democracy Now! y Fairness & Accuracy in Reporting. ¿Y puedo añadir a Alternative Radio? Editoriales como Verso, Haymarket, Monthly Review, City Lights y The New Press. Revistas como Jacobin, The Nation, The Progressive e In These Times. Revistas digitales como TomDispatch, The Intercept y ScheerPost. Emisoras de radio comunitarias como KGNU, WMNF y KPFK. ¿Qué importancia tienen para contrarrestar la narrativa corporativa dominante?

Chomsky: ¿Y qué si no va a contrarrestarla? Ellos son los que mantienen la esperanza de que seamos capaces de encontrar formas de contrarrestar estas tendencias tan dañinas y destructivas de las que hablamos.

El método principal es, por supuesto, la educación. La gente tiene que llegar a entender lo que está pasando en el mundo. Eso requiere medios para difundir información y análisis que abran espacios para debates que no vas a encontrar, en su gran mayoría, en los medios de comunicación dominantes. Quizá a veces de un modo puntual. Mucho de lo que hemos estado hablando no se discute en absoluto, o únicamente de forma marginal dentro de los principales medios de comunicación. De modo que estas conversaciones tienen que llegar al público a través de estos canales. No hay otra manera.

En realidad, hay otra manera: la organización. Es posible y, de hecho, fácil llevar a cabo programas educativos y culturales dentro de las organizaciones. Esa fue una de las principales contribuciones del movimiento obrero cuando era una institución dinámica, viva, y una de las principales razones por las que el presidente Ronald Reagan y la primera ministra británica Margaret Thatcher estaban tan decididos a destruir a los trabajadores, tal y como hicieron ambos. Sus primeros movimientos fueron ataques al movimiento obrero.

Había programas educativos y culturales que reunían a la gente para reflexionar sobre el mundo, entenderlo y desarrollar ideas. Para hacerlo se necesita organización. Hacerlo solo, una persona en solitario, es extremadamente difícil.

A pesar de los esfuerzos de las empresas por hacer retroceder a los sindicatos, ya en la década de 1950 existía en Estados Unidos una prensa obrera viva e independiente que llegaba a mucha gente y que condenaba al “sacerdocio comprado”, como lo llamaban, de la prensa dominante. Se necesitó mucho tiempo para acabar con ella.

En Estados Unidos existía una prensa obrera dinámica y progresista que se remonta al siglo XIX, cuando era un fenómeno importante. Eso puede y debe recuperarse como parte del renacimiento de un movimiento obrero militante y funcional a la vanguardia del progreso hacia la justicia social. Sucedió antes y puede volver a suceder. Y los medios de comunicación independientes son un elemento fundamental para ello.

Cuando era niño, en la década de 1930 y principios de la de 1940, leía a Izzy Stone en el Philadelphia Record. No era el principal periódico de Filadelfia, pero estaba ahí. A finales de la década de 1940, lo leía en el periódico neoyorquino PM, que era un diario independiente. Supuso un cambio crucial.

Posteriormente, la única forma de leer a Stone era suscribirse a su boletín. Esos eran los medios independientes en la década de 1950. En la década de 1960 empezó a repuntar un poco con la revista Ramparts, programas de radio como el de Danny Schechter en la WBCN de Boston y otros similares.

Y hoy, esto continúa sucediendo en todo el país. Los que has mencionado luchan por la independencia, por el pensamiento.

Barsamian: En dos de tus libros más recientes, Consecuencias del capitalismo y Crisis climática y el Green New Deal, menciona en varias ocasiones a Antonio Gramsci, concretamente a este comentario: “La crisis consiste precisamente en que lo viejo está muriendo y lo nuevo no puede nacer; en este interregno aparece una gran variedad de síntomas malsanos”. Sin embargo, en estos momentos, la cita que me gustaría que comentara es “Frente al pesimismo de la inteligencia, el optimismo de la voluntad”. Hable de su relevancia en la actualidad y del significado de esta cita.

Chomsky: Gramsci fue un destacado activista obrero de izquierdas en Italia a finales de la década de 1910 y principios de la de 1920. Fue muy activo en la organización de colectivos de trabajadores de izquierda. En Italia, el gobierno fascista tomó el poder a principios de la década de 1920. Una de sus primeras actuaciones fue enviar a Gramsci a la cárcel. Durante su juicio el fiscal declaró: tenemos que silenciar esta voz. (Esto nos lleva a la importancia de los medios de comunicación independientes, por supuesto). Así que lo metieron en la cárcel.

Mientras estuvo allí escribió sus Cuadernos de la Cárcel. No fue silenciado, aunque el público no podía leerlo. Continuó el trabajo que había comenzado y de esos escritos proceden las citas que mencionas.

A principios de la década de 1930 escribió que el viejo mundo se estaba derrumbando, mientras que el nuevo mundo aún no se había levantado y que, en el ínterin, se enfrentaban a síntomas malsanos. Mussolini era uno, Hitler otro. La Alemania nazi estuvo a punto de conquistar gran parte del mundo. Estuvimos muy cerca de ello. Los rusos derrotaron a Hitler. De lo contrario, la mitad del mundo probablemente habría sido gobernada por la Alemania nazi. Pero estuvieron muy cerca. Los síntomas malsanos eran visibles en todas partes.

La máxima que ha citado, “Frente al pesimismo de la inteligencia, el optimismo de la voluntad", que se hizo famosa, procede de la época en que Gramsci aún podía publicar. Según este debemos mirar el mundo con sensatez, sin ilusiones, comprenderlo, decidir cómo actuar y reconocer la existencia de presagios desalentadores. Están ocurriendo cosas muy peligrosas. Eso es pesimismo intelectual. Al mismo tiempo, tenemos que reconocer que hay salidas, oportunidades reales. Y ahí tenemos el optimismo de la voluntad, es decir, nos empleamos en aprovechar todas las oportunidades disponibles – y las hay–  mientras trabajamos para superar los síntomas malsanos y avanzar hacia un mundo más justo y decente.

Barsamian: En estos tiempos oscuros es difícil para muchos sentir que hay un futuro prometedor. Siempre te preguntan: ¿qué te da esperanza? Y yo te hago la misma pregunta.

Chomsky: Una cosa que me da esperanza es que la gente lucha duramente en circunstancias muy difíciles, mucho más difíciles de lo que podamos imaginar, en todo el mundo, para conseguir derechos y justicia. No pierden la esperanza, así que nosotros tampoco podemos perderla.

La otra es que simplemente no hay opción. La alternativa es decir, vale, colaboraré para que ocurra lo peor. Esa es una opción. La otra es decir: intentaré hacer lo que esté en mis manos, lo que hacen los agricultores de la India, lo que hacen los pobres y miserables campesinos de Honduras, y muchos otros como ellos en todo el mundo. Haré todo lo que pueda. Y quizás logremos un mundo decente en el que la gente sienta que puede vivir sin vergüenza. Un mundo mejor.

No hay mucho donde escoger, así que deberíamos ser capaces de escoger fácilmente.

Fuente: https://ctxt.es/es/20221001/Politica/41052/noam-chomsky-optimismo-de-la-voluntad-pandemia-guerra-nuclear.htm

lunes, 3 de octubre de 2022

Una chaladura suicida

https://www.democracynow.org/es/2022/9/30/titulares/sweden_discovers_fourth_leak_in_nord_stream_pipeline_as_nato_cites_sabotage
 Este mes se cumplen sesenta años de la crisis de los misiles en Cuba. Hoy nos acercamos hacia algo parecido, pero la opinión pública está en la inopia

 Entre el 14 y el 28 de octubre de 1962, el mundo estuvo al borde de su total perdición. Un profundo y extremo sentido de inseguridad, derivado de la presencia de recursos militares de destrucción masiva del adversario nuclear junto a las propias fronteras, generó aquella crisis.

Todo el mundo entendió entonces los peligros de desplegar misiles y avanzar infraestructuras militares junto a las fronteras de la superpotencia nuclear rival. Entonces, los misiles nucleares de la URSS habrían podido golpear territorio de Estados Unidos desde Cuba, mientras los misiles de Estados Unidos emplazados en Turquía podían hacer lo propio. La solución fue dar un paso atrás y, de paso, inaugurar una línea telefónica directa, el famoso “teléfono rojo”, entre el Kremlin y la Casa Blanca. Hoy Ucrania desempeña el papel de Cuba, pero el mundo está en la inopia.

Las circunstancias son diversas pero el sentido de las advertencias de Moscú es idéntico al formulado entonces por Kennedy: se proclama un “peligro existencial”. A partir de aquí, comienzan las diferencias.

Las advertencias de Putin a Occidente sobre lo que entonces se llamaba “MAD” (“Mutually Assured Destruction”), la mutua destrucción garantizada, no están funcionando. Políticos y medios de comunicación hablan del “chantaje” de Putin, cuando éste no está más que formulando lo que era el consenso al que todos atendían después de 1962. Negociar una desescalada, ante la evidencia del desastre, como se hizo entonces, parece hoy descartado. Atentados como el de Moscú en agosto contra Alexander Dugin, un marginal ideólogo nacionalista, al que los think tanks atlantistas atribuyen una importancia de la que carece, y que acabó matando a su hija, o el cometido en septiembre contra los gaseoductos del Báltico, un atentado contra Alemania, confirman la velocidad con la que Estados Unidos alimenta la espiral.

Hoy se habla de la guerra nuclear como si fuera un videojuego. Parafraseando el título del último libro de Diana Johnston, estamos derivando From MAD to Madness, desde aquel consenso de la Guerra Fría acerca del común peligro a una especie de chaladura suicida.

La advertencia de Putin de que usará “todas las armas disponibles” para defender Rusia de un ataque de la OTAN es genuina, admite el encargado de la política exterior de la UE, Josep Borrell, “pero eso no cambia nuestra determinación y nuestra unidad por sostener a Ucrania”. Solo se atiende a la criminal invasión de Ucrania, iniciada en febrero, sin mencionar siquiera la serie de treinta años que contiene los motivos que la propiciaron.

En el centro de la actual crisis se encuentra la afirmación de Estados Unidos: “Soy la única gran potencia y quiero seguir siéndolo”, y “estoy perdiendo posiciones en el mundo, pero mi superioridad militar es abrumadora y aplastante, así que la utilizo a fondo para compensar esas pérdidas”.

En ese esquema, el dominio de Ucrania y la ruptura del complementario vínculo económico entre Alemania y Rusia (tecnología/energía) es fundamental para dominar Eurasia.

La importancia que para Estados Unidos tiene Ucrania para dominar Eurasia es bien conocida. Washington lleva por lo menos 25 años proclamándolo. Meter a Ucrania en la OTAN, desplegar allí misiles capaces de impactar en Moscú en cinco minutos, anular/interceptar la capacidad misilística rusa, y convertir Sebastopol, ciudad de todas las glorias rusas, en una base de la OTAN en Crimea, era la perspectiva concreta que se abrió con el cambio de régimen en Kiev, en el invierno de 2014. Desde que la gran estrategia china de la Nueva Ruta de la Seda (B&RI) se dispuso, a partir de su formulación en 2013, a integrar Eurasia mediante una tupida red energética y comercial desde Shanghai hasta Hamburgo, la partida estaba planteada con toda claridad: a un lado recursos económico-comerciales chinos y europeos, potencial energético ruso y gigantescas inversiones chinas, al otro lado, recursos militares de Estados Unidos.

Respecto a la ruptura del vínculo energético entre Alemania (Unión Europea) y Rusia, la historia también es conocida. No comienza con el Nord Stream 2, sino mucho antes, con los acuerdos entre Bonn y Moscú de 1981 para construir gaseoductos y exportar gas ruso. Aquel hito de la gran política alemana de distensión a través del comercio fue combatido sin piedad por Washington desde sus mismos inicios, con todo tipo de argumentos de “defensa” y chantajes. La respuesta del canciller Helmuth Schmidt ante aquellas presiones fue clara: “Que canten misa, el proyecto se mantiene”. La reacción de Estados Unidos, después de amenazar con retirar sus tropas estacionadas en Alemania y otros recursos fallidos, fue desenfundar la pistola.

Como algunos de los componentes de la obra se producían en Estados Unidos, la CIA introdujo en ellos un software de control de la presión de las tuberías capaz de volarlas. En el verano de 1982, las obras del gaseoducto se volaron así en territorio soviético, algo que reveló en sus memorias, en 2004, Thomas Reed, un militar de la fuerza aérea y exmiembro del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Los atentados de septiembre contra los gaseoductos, en una de las zonas marítimas del mundo más controladas por la OTAN, no han sido, por tanto, los primeros de la acción de Estados Unidos contra el vínculo energético entre Alemania y Rusia.

“Nuestro principal aliado, ese al que la mayoría de los alemanes y la Alemania oficial, tanto en la política como en los medios, considera un amigo, destruye los canales de transporte de nuestro suministro energético que es la base de la actividad industrial de nuestro país” ¿y no pasa nada?, se pregunta Albrecht Müller, editor del principal medio de comunicación independiente alemán (NachDenkSeiten, medio millón de lectores, más del doble que la tirada del principal diario del establishment alemán, el Frankfurter Allgemeine Zeitung).

Aún más grave, porque denota una manifiesta ausencia de anticuerpos: la posibilidad de una guerra nuclear, que en los años ochenta sacó a la calle a centenares de miles de ciudadanos, especialmente en Alemania, no parece inquietar hoy a la opinión pública. ¿Qué está pasando? Vivimos, ciertamente, en un “medio ambiente cultural” bien distinto al de los años ochenta, particularmente en Alemania. Uno de los aspectos de esa diferencia hay que buscarlo en la corrupción estructural de los medios de comunicación europeos, particularmente flagrante en Alemania.

Los medios de comunicación del establishment nos explican cada día los crímenes del ejército ruso en Ucrania, sin soltar prenda sobre el abultado cúmulo de crímenes ucranianos. Explican, con la ayuda del Organismo Internacional de la Energía Atómica (IAEA), controlado por Occidente, que la central nuclear de Zaporiyia está siendo bombardeada, sin explicar quién la está bombardeando, se hacen los tontos sobre los atentados del Báltico y banalizan el riesgo de un conflicto nuclear que puede irse de las manos con gran facilidad.

“Los diarios más influyentes del mundo están haciendo propaganda para la tercera guerra mundial, mientras que las voces que empujan hacia la verdad, la transparencia y la paz son marginalizadas, silenciadas, rechazadas y encarceladas”, dice la periodista australiana Caitlin Johnston, sin relación con la autora del libro antes mencionado.

En el aniversario de la crisis de Cuba de 1962, estamos más cerca que nunca de un peligro que crece día a día. Por la combinación del militarismo estructural de su economía, por la ausencia de derrotas militares en su territorio, por su reputada predisposición a la violencia desde su misma formación como Estado y por la completa falta de experiencias directas y en carne propia del sufrimiento humano de la guerra, Estados Unidos está en el epicentro de ese peligro mundial. Dejo para los ciegos la calificación de “antiamericanismo” por esta constatación: todos los imperios venidos a menos son peligrosos cuando son descabalgados, pero aquí y ahora no hay nada más peligroso que la actual reacción de Estados Unidos a su relativo declive como potencia hegemónica.

Fuente: https://ctxt.es/es/20221001/Firmas/40970/Rafael-Poch-Rusia-EEUU-crisis-nuclear-Nord-Stream-2-misiles-Cuba-escalada-belicismo.htm

lunes, 26 de septiembre de 2022

Neofascismo en Italia: la involución de Europa

 El triunfo de Meloni supone un fracaso estrepitoso del proyecto europeo y un nuevo retroceso en su vieja promesa de democracias avanzadas, derechos humanos para todos y todas, cultura e inclusión social

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"Nací bajo Mussolini. No quiero morir bajo Meloni. Que Dios nos ayude"Vía

 En 1922, Benito Mussolini formó y lideró un gobierno de coalición de diversos partidos de derechas. Aunque obtuvo solo el 8,15% de los votos, el líder del Partido Nacional Fascista llegó al poder doblando la mano del rey Saboya con la Marcha sobre Roma de las camisas negras. Un siglo justo después de aquella giornata particolare, está a punto de presidir el próximo Gobierno italiano una heredera espiritual de Mussolini, Giorgia Meloni, líder y renovadora del partido posfascista Fratelli d’Italia, que tiene su origen en el MSI (Movimiento Social Italiano) de Giorgio Almirante, un fascista que militó en la República de Saló, el último bastión mussoliniano aliado de los nazis en el norte de Italia.

Los grandes medios italianos y europeos han tratado de rebajar el alcance de esta escalofriante jornada electoral retorciendo el lenguaje y tirando de eufemismos. Algunos definen la unión de Meloni con la xenófoba Liga del Norte y el machismo-putinismo de Berlusconi como “el bloque de centro derecha”, “la coalición de las derechas” o la “alianza conservadora”, mientras otros, estirando el chicle por el qué dirán, hablan de “triunfo de la ultraderecha”.

En realidad, estamos ante una victoria arrasadora, en la tercera economía de la Unión Europea, de una coalición liderada por una formación de inspiración fascista –tanto, que mantiene la llama de la tumba de Mussolini en su logo. No es solo la ultraderecha: es el fascismo eterno teorizado por Umberto Eco que regresa al poder, disfrazado con otros ropajes y apariencias. Mujer, joven, de barrio humilde y aliada de la internacional posfascista (estadounidense, polaca, húngara, francesa, española). Y por supuesto, apoyada sin rubor por los antaño antifascistas medios y partidos democristianos o conservadores.

La indiscutible victoria de Meloni, que pasa del 4,4% de los votos en 2018 al 26,2% en 2022, supone por tanto la definitiva normalización de los partidos neofascistas en el corazón de Europa. Ya no se trata de la lejana Hungría o de la ultracatólica Polonia. Italia es un país fundador de la Unión Europea, y el triunfo de Fratelli d’Italia supone en ese sentido un fracaso estrepitoso del proyecto europeo y un retroceso muy serio en su vieja promesa de democracias avanzadas, derechos humanos para todos y todas, cultura e inclusión social, abortada por la nefasta gestión alemana de la crisis de 2008, que decidió castigar a la ciudadanía por los desmanes del sector financiero.

La abstención, del 36%, la más alta desde que Italia dejó atrás la Guerra Mundial con su Constitución antifascista, nos recuerda además que el neofascismo, como ya pasó con el fascismo hace un siglo, siempre se beneficia de tres factores muy relacionados entre sí: el blanqueamiento de su ideario antidemocrático por parte de los grandes medios y sus dueños; el hartazgo y la desafección de un electorado que solo se siente llamado a participar en la cosa pública eligiendo una papeleta cada cuatro años; y el abandono por parte de la socialdemocracia de las políticas redistributivas y de su antigua vocación de justicia social para abrazar sin ambages el dogma del capitalismo sádico.

La moderación fingida por Meloni en su discurso de aceptación de la victoria no debe engañar a nadie. Como se vio en el acto electoral de Vox en Andalucía, se trata de una exaltada en toda regla, y su proyecto implica peligros indudables para las minorías. Su plan consiste en socavar los derechos de las mujeres, los colectivos LGTBI, los inmigrantes y los más pobres para favorecer a las grandes empresas, la Iglesia más reaccionaria y otras fuerzas que quieren menos democracia y no más. Su triunfo es una noticia pésima pero en el fondo es lógica. La dinámica de la guerra está acelerando la involución de Europa, e Italia siempre ha sido, para bien y para mal, el laboratorio político más precoz. Tras el ventenio berlusconiano y casi una década de tecnocracia falsamente socialdemócrata, los neofascistas, una vez reconocen a la OTAN y la austeridad, son buenos candidatos para administrar la nueva excepcionalidad. Así, Italia se precipita hacia un gobierno de tintes autoritarios que será perno principal de un estrambótico Eje Neopardo: Roma-Budapest-Varsovia. Aunque ya no tenga sentido llorar por la leche derramada, ¡cuánta razón tenía Nanni Moretti cuando le pedía a D’Alema que dijera “alguna cosa de izquierda”!

 Fuente: https://ctxt.es/es/20220901/Firmas/40872/#.YzF-0MS7Myg.twitter

jueves, 22 de septiembre de 2022

La guerra se extiende

 Una escalada se enrosca en la otra. ¿Hasta cuándo tanta insensatez?

Vladímir Putin, durante el discurso del presidente del 21 de septiembre.Presidencia de Rusia

Con la próxima anexión a Rusia de los distritos ucranianos de Jersón, Zaporozhie y los territorios del Donbás, y con la movilización parcial decretada, el Kremlin lanza una señal inequívoca: “Ante una amenaza existencial, no tenemos nada que perder y no vamos a ceder”.

Que Ucrania, a la que la OTAN quiere convertir en una temible potencia militar directamente enfocada contra Rusia, constituya una “amenaza existencial” para Rusia es discutible. De lo que no hay duda es de que para el régimen ruso perder la actual guerra es perderse irremisiblemente. Una cuestión de vida o muerte para Putin. Y cuando Putin dice que para evitarlo “utilizaremos, sin duda, todos los medios de que disponemos” y que “esto no es un bluf”, hay que tomárselo en serio. Porque la opción de tomarse a broma una amenaza nuclear no existe.

Durante las crisis de la Guerra Fría la discusión sobre si las amenazas de usar el armamento nuclear (“todos los medios de que disponemos”) eran farol o no, no tenía cabida: siempre se tomaba muy en serio. Así se evitó el desastre.

Independientemente del juicio que tengamos sobre esta guerra, hay algo en lo que debemos estar de acuerdo: situar infraestructuras militares, misiles incluidos, junto a las fronteras de una superpotencia nuclear es una provocación. Y eso es lo que se ha venido haciendo en Europa desde hace años. Los políticos occidentales prefieren jugar a la ruleta rusa en una situación en la que geográficamente Ucrania juega el papel de Cuba en 1962.

La anexión de esas regiones ucranianas a Rusia significa que lo que el Kremlin denomina “operación militar especial” pasa a ser una guerra. Una guerra en territorio ruso. Eso quiere decir dos cosas. Que aumentará la intensidad de la campaña, que hasta ahora ha sido muy comedida de parte rusa. No ha habido destrucción de infraestructuras fundamentales, ni misiles contra los centros de poder en Kiev, que es lo primero que se hizo en Belgrado y Bagdad. Seguramente, ahora se atacarán objetivos hasta ahora preservados. Pero sobre todo se concreta la amenaza nuclear, pues una guerra en Rusia, según la doctrina rusa, permite utilizar armas de último recurso para defender la integridad del país. Pronto, para Rusia, el sureste de Ucrania formará parte de la Federación Rusa, así que por quimérico que parezca, el mensaje es inequívoco.

La “movilización parcial” decretada por el Kremlin incrementará la carne de cañón para una guerra que tiene un frente de mil kilómetros, cuya fragilidad ha evidenciado la ofensiva ucraniana en Járkov. Emigrantes del entorno soviético atraídos por la promesa de papeles y gente pobre en general necesitada de dinero acudirán a la llamada, tal como ocurre en el ejército de Estados Unidos. Por ahí nada extraordinario. Respecto a los reservistas rusos y juventud en general, muchos de los que pueden optarían por marcharse del país. Lamentablemente, nuestros genios en Bruselas impiden esa estampida de sentido común, con su estúpida política de restricción de visados que, en algunos países, es prohibición total a rusos, lo que confirma que hay en marcha un castigo colectivo contra la población rusa, cuyo entusiasmo por combatir es mínimo.

A la despolitizada y pragmáticamente conformista sociedad rusa, que consiente la autocracia a cambio de estabilidad, se le va a pedir sacrificios, patriótica movilización y economía de guerra. Eso quiere decir que se rompe el contrato social entre poder y sociedad que ha funcionado en Rusia los últimos años. Ese contrato decía: “Tú haces lo que te dé la gana, siempre y cuando no nos devuelvas a los desastres de los años noventa”. Ahora, si el Kremlin quiere sobrevivir a esa ruptura deberá formular un nuevo contrato con la sociedad, compensando a los de abajo.

Si el Kremlin no propicia un cambio y no sale del actual esquema socioeconómico al servicio de una minoría privilegiada, si, además de más autoritario, no se hace más “social”, la represión no bastará para encauzar el descontento de la población.

Según cifras oficiales, la guerra ya ha producido 6.000 muertos, sin contar las unidades “Wagner” ni las milicias del Donbás. La cifra real puede ser, por tanto, el doble. ¿En nombre de qué esa sangría?

La movilización parcial y la anexión es respuesta a los más de 60.000 millones en ayuda occidental a Ucrania (equivalente al presupuesto militar ruso) y a la implicación militar directa de la OTAN en la guerra, con armas, cuadros, inteligencia, ataques a territorio ruso y atentados en Moscú y en las zonas ocupadas de Ucrania. Una escalada se enrosca en la otra. ¿Hasta cuándo tanta insensatez? 

Fuente: https://ctxt.es/es/20220901/Firmas/40847/#.YysvaSXd_Tg.twitter