Por climatología y por extensión libre de terreno, el país vecino debate en su Parlamento dos proyectos de ley presentados por el Bloque de Izquierdas. Busca hacerse con un mercado potencial de 90 millones de consumidores.
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Recreación de la bandera portuguesa con una planta de cannabis.
Javier Muñoz
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La mayoría de los europeos consideran que Portugal es el
“hermano pobre”
del continente, un pequeño país venido a menos, conocido por sus costas
soleadas, el bacalao y las toallas. En pocos años, sin embargo,
la concepción del país vecino podría ser la de un Estado resurgente,
enriquecido gracias a su nuevo estatus como el mayor proveedor de
cannabis legal de la Unión Europea. Lo hará cambiando
la 'maría' de la mítica canción de Carlos Cano por esa otra que, en forma de pitillo, se fuma en toda Europa; la 'María' portuguesa.
Son
cada vez más los Estados comunitarios que permiten el consumo de
cannabis, pero no todos tienen capacidad agrícola para producir la
planta y ninguno de ellos ha liberalizado su cultivo. La
creciente demanda presta urgencia a la necesidad de hallar una fuente lícita de producción de marihuana.
Ahora, Portugal se posiciona para hacerse con este mercado virgen –cuyo valor estimado es de entre
15 y 35 mil millones de euros anuales,
según un informe reciente de la prestigiosa Corporación RAND– gracias a
dos proyectos de ley que prepara el Bloque de Izquierda, la tercera
fuerza dentro del Parlamento luso.
Sendos textos se centran en la legalización del consumo de la marihuana. Uno plantea su empleo para
fines medicinales y terapéuticos, mientras el otro propone dar luz verde al uso recreativo de la droga.
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Una joven fumando cannabis en un coffee shop de Ámsterdam (Holanda).
AP
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Pero
la aprobación de cualquiera de las dos medidas conllevaría la
modificación necesaria del restrictivo modelo de cultivo actualmente
vigente en el país. Aunque el cultivo de
cannabis sativa –especie a la que pertenecen tanto el cáñamo industrial como la marihuana– es técnicamente legal
en Portugal desde 1993,
la clasificación de la planta como substancia estupefaciente hace casi
imposible conseguir las autorizaciones necesarias para su plantación.
Activistas del sector argumentan que la
liberalización del cultivo de cannabis
en Portugal sería revolucionario para el comercio agrícola nacional,
devastado tras la entrada en la UE. Hablan de reactivar los campos del
Alentejo y los valles del Duero, donde más de
100.000 hectáreas
han quedado abandonadas por pequeños agricultores incapaces de competir
dentro del mercado común europeo. Imaginan grandes plantaciones de
marihuana creciendo donde antes se cultivaban tomates.
Fuera del
país el interés es incluso mayor, pues las grandes consultorías del
negocio del cannabis reconocen que, gracias a su clima privilegiado,
Portugal podría convertirse en una potencia capaz de satisfacer a los
12,5 millones de europeos que consumen marihuana de manera regular, como también los
87 millones
que, según el Observatorio Europeo de Drogas y Toxicomanía, prueban la
droga esporádicamente a lo largo de sus vidas. Crece el número de
empresas del sector que aterrizan en el país vecino, atraídos por la
fiebre del
oro verde.
Potencial real
La Marijuana
Policy Group (MPG) es la principal consultoría del mercado
internacional de cannabis. Ofrece asesoramiento económico y legal a
entidades, a empresas y gobiernos de todo el mundo, ayudándoles a crear
las infraestructuras para tener un mercado de marihuana lícito y
funcional.
Miles Light, economista del MPG,
explica que Portugal tiene una oportunidad única para hacerse con el
mercado europeo. “Se trata de un mercado poco explotado y el primer país
que tome la iniciativa tendrá una
ventaja fundamental”.
Light considera que la tendencia hacia la legalización en Europa hará
que el producto que antes se valoró por ser ilícito empiece a valorarse
por su calidad. Los consumidores querrán buen cannabis y dejarán de
consumir lo que actualmente llega
de Marruecos y los Balcanes.
“Ya
lo hemos visto en EEUU, donde antes la marihuana era importada
ilegalmente desde México. Desde que se legalizó, la red de suministro se
ha invertido, y ahora hay clubes de cannabis en el
Distrito Federal solicitando cannabis de alta calidad cultivado legalmente en Colorado.
“Portugal
podría convertirse en el Colorado de Europa”, añade, refiriéndose al
estado norteamericano que fue el primero en legalizar el cultivo, la
venta y el consumo de marihuana a gran escala, y que actualmente domina
el mercado estadounidense.
Sólo en 2015
Colorado sumó 996,2 millones de dólares
en ventas de cannabis medicinal y recreativo. Los beneficios no sólo
fueron jugosos para las empresas implicadas, sino también para el propio
estado, que ingresó 121,2 millones de dólares a través de los impuestos
directos aplicados al negocio.
Light dice que el
clima cálido de Portugal
le daría una ventaja durante el periodo inicial de producción
hidropónica, cuando se emplean invernaderos para garantizar la calidad
de la hierba. “La electricidad es cara en la UE y el clima luso permite
ahorrar, reduciendo costes comparado con el norte de Europa”.
El
economista también señala que, a largo plazo, el sueño de grandes campos
de cannabis podría ser factible para Portugal, pues son cada vez más
populares los llamados
derivados –
óleos y comestibles– que pueden ser manufacturados con extractos de plantas cultivadas al aire libre.
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Plantación autorizada de cannabis sativa en Portugal.
Cedida
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La necesidad de tener un proveedor de cannabis legal
El
papel que Portugal puede desempeñar como el primer productor de
cannabis legal en la UE se entiende a través de la situación que vive
Holanda, donde el llamado
prinzip de gedogen –o “principio de tolerancia”– permite la venta y consumo de marihuana a través de los
emblemáticos Coffee Shops, pero donde el cultivo de la droga es duramente perseguido por las autoridades. El resultado es que quienes proveen a los
Coffee Shops no son agricultores locales, sino bandas criminales internacionales.
La
lucha por controlar territorios estratégicos de las principales
ciudades holandesas ha hecho que una guerra cruenta entre las bandas
criminales tenga lugar en las calles del país de los tulipanes. Hace
menos de un año aparecía la cabeza de un traficante delante de uno de
los
Coffee Shops más populares de Ámsterdam, y en los últimos meses
se han registrado tiroteosentre bandas enzarzadas en el puerto de Róterdam.
Las autoridades neerlandesas señalan que el 20% de los homicidios que tienen lugar en los Países Bajos está vinculado al
conflicto entre los traficantes, pero falta voluntad política para cambiar las leyes.
“
Es un sistema fallido. El Ministerio de Justicia
persigue a quienes cultivan marihuana, pero luego no pregunta de dónde
viene el material vendido por los
Coffee Shops”, explica Jan Brouwer, profesor de Derecho de la Universidad de Groninga, especializado en la política de drogas neerlandesa.
“Las autoridades fiscales facilitan el trabajo a las bandas criminales, pues los
Coffee Shops
representan el único sector de la economía holandesa que no tiene que
justificar ante la Hacienda el origen de las mercancías que vende. Se
tendría que dar el paso hacia la
legalización del cultivo aquí, o encontrar una fuente para su importación legal”.
El caso neerlandés demuestra que la tolerancia o legalización del consumo tendría que ir acompañada por
similares condiciones
para el cultivo de cannabis, pero los países europeos que han dado el
paso hacia la legalización han fallado en este aspecto. Hasta ahora
ninguno se ha atrevido a fomentar el cultivo legal de la sustancia,
limitando su producción a proyectos estatales que no tienen capacidad de
generar cantidades suficientes para responder a la demanda de sus
consumidores.
Italia legalizó el consumo medicinal en 2013, pero la única fuente de cannabis legal es una plantación administrada por el
Ejército en Florencia, y el país ha tenido que recurrir a la importación a unos precios prohibitivos.
En
Alemania, en marzo entrará en vigor la recién aprobada ley que permite
el consumo de cannabis por motivos terapéuticos. Ahí también sigue
siendo ilegal el cultivo de marihuana, y aunque se contempla la
creación de plantaciones estatales, las autoridades germanas reconocen que tendrán que importar para satisfacer la demanda de sus pacientes en el futuro.
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| Un dispensario de cannabis medicinal en Denver, Colorado (EEUU). |
Fórmula para revitalizar el campo
La entrada en la UE fue demoledora para el sector agrícola luso, donde las estadísticas nacionales indican que un
30% de las explotaciones agrícolas desaparecieron durante los 30 años que el país lleva dentro del mercado común.
La
Política Agraria Común
(PAC) llevó a la reducción brutal del número de productores y el fin
efectivo de las tradicionales quintas familiares. La avalancha de
hortalizas baratas procedentes de España y otras partes de la Unión
Europera fue un golpe mortal para un sector que era poco productivo,
pero que empleaba casi el 20% de la población en 1990. Cientos de miles
de personas dejaron el campo y se mudaron a las grandes ciudades del
país; otros muchos optaron por emigrar. Aldeas vacías y miles de campos
abandonados repartidos entre las 3,6 millones de hectáreas arables del
país sirven como triste testimonio del éxodo rural.
Activistas como Dinis Dias, director de la
Cooperativa para el Desarrollo del Cáñamo (CANAPOR) y editor de
A Folha,
la principal revista de cultura cannábica en Portugal, argumentan que
la creciente demanda europea y los planes del Parlamento para
liberalizar el cultivo de cannabis representan una oportunidad
inigualable para revitalizar esas tierras y conseguir que muchos vuelven
al campo.
“
Tenemos un clima ideal para el cultivo de cannabis,
que requiere mucha luz y responde bien ante la humedad”, afirma Dias.
“Se podría producir en prácticamente cualquier parte del país, y las
condiciones son mucho mejores que en otros Estados europeos. Daría nueva
vida a zonas agrícolas como
el Alentejo, donde es preciso encontrar alguna manera de estimular la economía local”.
Dias indica que Portugal ya tiene una amplia experiencia en el cultivo de
cannabis sativa,
especie a la que pertenecen tanto el cáñamo industrial como la
marihuana, diferenciados entre sí sólo por las distintas concentraciones
del constituyente
psicoactivo tetrahidrocannabinol (THC).
“La planta fue
cultivada en masa
en todas partes del país incluso en la época de los descubrimientos.
Enormes cantidades se almacenaban en la Cordoaria Nacional de Lisboa,
donde el cultivo era fuente de fibra textil para la marina lusa. Los
navíos que llevaron a Vasco da Gama a la India y a Álvares Cabral a
Brasil lo hicieron con sogas y velas de cannabis”.
Ricardo Brinco,
uno de los organizadores de Cannadouro, el congreso internacional de
productores de cáñamo de Oporto, dice que muchos lusos todavía recuerdan
cómo el cannabis proliferaba en amplios campos del Alentejo y en
parcelas particulares en los valles del Duero. La producción de cáñamo
industrial aportaba 150.000 contos –lo equivalente
a más de 50 millones de euros– a la economía lusa a mediados de siglo.
“El cultivo de cannabis era una parte clave de la política agraria
del Estado Novo del dictador [António de Oliveira] Salazar. Se fomentó
su cultivo para uso como pienso animal y para la industria textil, en la
que era empleado para hacer calzado. Era una cosa completamente normal
para nosotros”.
Plantaciones de cannabis medicinal en Évora
Bajo presión norteamericana,
Portugal ilegalizó el cultivo de cannabis en los años 60. Sin embargo, nuevas normativas europeas hicieron que volviera a ser legal sembrar
cannabis sativa en los años 90,
pero de manera limitada. El cultivo sólo es posible con permiso expreso de Infarmed, la entidad reguladora de medicamentos en Portugal.
El proceso de autorización es tan complicado que hoy
poco más de una decena de pequeños productores cultivan cáñamo
para
fines industriales. Estos se quejan de que la Policía desconoce la ley y
muchas veces procede con la incautación y destrucción de plantas que
son legales.
Mientras las autoridades
obstaculizan el paso de productores legales, recientemente la
administración lusa ha dado visto bueno a iniciativas extranjeras, y
desde 2014 la empresa
Terra Verde –en la que participa la farmacéutica británica GW Pharmaceuticals–
cuenta con autorización gubernamental para operar una plantación de
cannabis sativa a pocos kilómetros de la ciudad alentejana de Évora.
El 100% del cannabis producido en sus instalaciones es
transformado en un polvo
que luego es exportado a las instalaciones de la farmacéutica en Reino
Unido, donde es utilizado en medicamentos destinados a tratar
enfermedades oncológicas, esclerosis múltiple y epilepsia. Entre otros
medicamentos, GW Pharmaceuticals produce Sativex, una solución bucal que
se destina en España a los pacientes con esclerosis múltiple para
disminuir la rigidez muscular.
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| Cartel anunciando la Marcha Global de la Marihuana de 2016. |
El éxito de las operaciones de Terra Verde en el Alentejo ha atraído a otras empresas extranjeras. Infarmed,
la entidad portuguesa reguladora de medicamentos que también es responsable de autorizar la actividad relacionada con el cultivo de
cannabis sativa,
indica a EL ESPAÑOL que actualmente se están valorando sendos proyectos
presentados por una empresa israelí y otra canadiense para unidades de
cultivo,
producción y purificación de la planta. Las operaciones de las tres empresas representan una inversión total de 107 millones de euros en Portugal.
Además de las farmacéuticas,
grandes grupos de capital de inversión,
como la estadounidense Privateer Holdings -el mayor grupo privado del
mundo dedicado al desarrollo del mercado de cannabis legal- han mostrado
su interés en lanzar operaciones en Portugal. El pasado octubre el CEO
de la empresa, Brendan Kennedy, anunció que estaba negociando con el
Gobierno luso para invertir en la joven industria del país con fábricas
para tratar el
cannabis cultivado por otros.
Carrera a contrarreloj
El politólogo Jesper Matsen, consultor del
Marijuana Policy Group, advierte que si Portugal quiere tomar ventaja con respecto del mercado europeo, tendrá que moverse rápidamente.
Desde Copenhague, donde actualmente asesora al Parlamento durante el lanzamiento del
programa piloto de cannabis medicinal en Dinamarca,
Matsen dice que “es inevitable que productores locales de toda Europa
reconozcan el valor de este mercado. Por eso es tan importante ser el
primero en consolidarse como un agente responsable”.
Su compañero Miles Light considera que para que el negocio tenga
éxito en Portugal es importante emular el modelo americano, reforzando
medidas estructurales para que exista un control real: el modelo en
vigor en estados como Colorado requiere licencias que especifican el
número de plantas o el tamaño del espacio de cultivo.
Debido a que
el cannabis sigue siendo ilegal en muchos estados, aquellos que lo
producen legalmente se comprometen a controlar el cultivo,
transporte interior y venta final dentro de sus propias fronteras.
Cada planta lleva una chapa digital que permite que su localización sea controlada a lo largo del proceso.
“El
Gobierno portugués tiene que demostrar que no opera como un cártel en
la esquina de Europa”, afirma Light. “Si lo hace bien, no requiere mucha
imaginación augurar que Portugal se podría consolidar como
el gran proveedor de los estados europeos que no quieran o no tengan la capacidad de tener cultivo propio”.
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| Planta de cannabis sativa, especie a la que pertenecen tanto el cáñamo industrial como la marihuana. |
Tímidas esperanzas
El
activista Dias
dice sentirse esperanzado ante las nuevas iniciativas parlamentarias.
Aunque hay dudas sobre la viabilidad del proyecto de ley que aprobará el
consumo recreativo, parecen haber apoyos suficientes entre los partidos
que forman la mayoría parlamentaria de izquierdas para aprobar la
legalización del consumo de cannabis para fines medicinales y la
correspondiente modificación de la
regulación del cultivo de la planta antes de finales de año.
“He comparecido en el
Parlamento en varias ocasiones
y cada vez que voy me doy cuenta de que todavía perviven los viejos
estigmas sobre el cannabis. Afortunadamente, nuestra sociedad comienza a
cambiar, e incluso en los programas de media tarde, destinados a los
sectores
más viejos y conservadores de la sociedad, se habla del cannabis medicinal como una realidad terapéutica”.
De
cara al futuro del negocio
en tierras lusas, el activista espera que la versión final del proyecto
de ley contemple un modelo mixto que permita que todos puedan
participar en un potencial negocio de cannabis legal en Portugal.
“Me
parece bien que las empresas farmacéuticas continúen invirtiendo en
Portugal, pero lo ideal es que también se fomente la economía local
permitiendo el auto cultivo, o el cultivo a través de terceros”, afirma.
“Lo
ideal sería que, partiendo de ese principio, se permita que pequeños y
medianos agricultores, debidamente certificados por el
Ministerio de Salud,
puedan responder a esa demanda. Así todos podremos participar en un
negocio que, al fin y al cabo, siempre ha sido parte de nuestra
cultura”.
Fuente:
http://www.elespanol.com/reportajes/grandes-historias/20170224/196230857_0.html