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domingo, 6 de marzo de 2016

Trío para piano n.º 2 en mi bemol


En 1828 pocos meses antes de morir a los treinta y un años, Schubert terminó un trío para piano, violín y violonchelo de cincuenta minutos de duración. Había tenido una vida corta, desgraciada  y accidentada, en la que la música había supuesto el único contrapunto a sus infortunios. Schubert estuvo siempre arruinado y dependía de sus amigos para conseguir comida, alojamiento y dinero. Siempre fue hipersensible a las ofensas, tanto reales como imaginadas. Sin embargo, pese a ser un absoluto desastre con patas, también fue salvajamente prolífico; tan solo en su decimoctavo año de vida creó más de veinte mil compases de música, compuso nueve sinfonías ( a los treinta y uno, Beethoven solo había hecho una), más de seincientas canciones, veintiuna sonatas para piano y un sinfín de piezas de música de cámara.
    La mayor parte de su producción no se interpretó hasta después de su muerte, pero este trío sí se tocó antes. En los domicilios particulares era mucho más fácil ejecutar música de cámara que música de orquesta, y algunas casas de Viena organizaban schubertiadas de forma regular: "veladas informales en las que se tocaba su música, se leía poesía y se bailaba. Este trío se ejecutó por primera vez en una de estas veladas (celebrada para conmemorar el compromiso matrimonial de un amigo) el mismo año de su composición. El lento movimiento retrata a la perfección una vida demasiado corta: es elegíaco y oscuro, está teñido de esperanza y en él se atisban las infinitas posibilidades del genio. 
    Creada por uno de los escasos compositores posteriores a Mozart que podían idear y componer una obra entera en su cabeza antes de pasarla al papel, ésta es la banda sonora de un hombre tan deprimido que lo primero que empezó a estudiar fue Derecho.
    También nos recuerda de forma desgarradora cuánto hemos perdido por culpa de su prematura muerte a los treinta y un años.
    Mierda de sífilis


James Rhodes

viernes, 1 de enero de 2016

Instrumental


MaryEllenMark-fotografia-oldskull-03

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 ¿Cuántas veces desde el "nunca más" ha vuelto a pasar? Utilizar términos como "acoso sexual" o "abuso sexual" no solucionan en absoluto los horrores de una violación infantil. Lo mismo sucede con las penas de cárcel que se imponen cuando hay una condena. Se puede pasar más tiempo en la cárcel por decir: "Te voy a matar" (pena máxima de diez años) que por mantener relaciones sexuales con tu hija de tres años (pena máxima de siete años).
   La cultura de las celebridades se envuelve en el mismo manto de silencio, poder y autoridad que la Iglesia. ¿Se puede saber por qué nos sorprende que en esos círculos se cometan abusos sexuales? A mí lo único que me sorprende es que a la gente le sorprenda. En todo entorno en el que hay poder, se acaba dando un abuso de ese poder.
  En el colegio abusaron de mí durante cinco años, al menos otra profesora supo lo que sucedía y, pese a transmitirle su inquietud a las autoridades pertinentes del centro, no se hizo nada y los horrores prosiguieron.
  Leemos cosas como éstas, pensamos: "Qué espanto", y luego seguimos tomándonos los cereales del desayuno, pero nadie quiere mirar por debajo de la superficie. El acto físico de la violación solo es el principio: cada vez que me hacía aquello, parecía que él se quedaba con una pequeña parte de mí, hasta que me dio la impresión de que no me quedaba nada mío que fuese real.  Esas partes que él se quedaba yo no las recuperaba pasado un tiempo. Lo que demasiadas veces nadie denuncia, nadie examina  nadie reconoce, es el legado que le queda a la víctima.
   He hablado mucho de esto. Pero hay partes que conviene repetir, hasta que se entere el número de personas que sea necesario para que se hagan mayores esfuerzos para frenarlo.
   Los efectos secundarios a los que me refería: autolesiones, depresión, adicción al alcohol y a las drogas, cirugía reparadora, trastorno obsesivo-compulsivo, disociación, incapacidad de mantener relaciones funcionales, rupturas maritales, ingresos forzosos en instituciones mentales, alucinaciones (auditivas y visuales), hipervigilancia, síndrome de estrés postraumático, confusión y vergüenza asociadas al sexo, anorexia y otros trastornos de la alimentación.  Esos fueron únicamente algunos de mis síntomas (a falta de un término mejor) causados por los abusos sexuales crónicos. Todos han formado parte de mi vida hasta hace muy poco, algunos no los he superado, y los abusos que viví ocurrieron hace treinta años. [...]
  No quiero verme obligado a callar o, aún peor, sentir que debo quedarme callado, cuando hay tantos elementos de nuestra cultura que permiten, fomentan, apoyan y celebran el abuso sexual a los niños. [...]
   Resulta imposible tener, por un lado, imágenes sexualizadas de niños en revistas y vallas publicitarias, ropa interior para niñas de seis años en las que aparecen cerezas, noches temáticas en "discotecas para menores" condenas a servicios comunitarios por bajar de Internet imágenes " (¿Indecentes? La indecencia es decir "mierda" en una iglesia, esto es una aberración), y, por otro lado contemplar los distintos casos de horror y espanto que aparecen en las noticias [...]. No se trata de censurar lo que la prensa puede escribir, ni las fotografías que pueden publicar. Se trata de proteger a los menores que no tienen voz, que no pueden comprender ciertos asuntos y que no pueden protegerse. [...]
  Escribimos con espray CERDO PEDÓFILO en las casas de pederastas condenados (o sospechosos de serlo) sin embargo lo que tenemos que hacer es abrir del todo los ojos y no tolerar estas cosas. Tenemos que buscar la manera de ofrecer terapias más visibles a las víctimas, a los agresores y a aquellos cuyos impulsos amenazan con convertirlos en agresores.Tenemos que revisar las condenas que se aplican en la actualidad y empezar a abordar estos temas con una claridad e integridad mayores. En esta cuestión, el principio rector debe ser el de hacer todo lo necesario, el tiempo que haga falta, porque de otro modo no estaremos más que perpetuando el ciclo de abusos, por recurrir a una expresión gastada pero pertinente.


Instrumental
James Rhodes
 

jueves, 24 de diciembre de 2015

Variaciones Goldberg, Aria

En 1741, un acaudalado conde (o algo parecido) tenía problemas de salud y de insomnio. Como solía hacerse en la época, contrató a un músico para que viviera en su casa y tocara el clavicordio mientras él pasaba la noche en vela, enfrentándose a sus demonios. Aquello era el equivalente barroco a los programas de debates radiofónicos.
    El músico se llamaba Goldberg,  el conde lo llevó a ver a J.S. Bach para que éste le diera clases. Al término de una de esas sesiones, el noble comentó que le gustaría que Goldberg pudiera tocarle algunos temas nuevos, para ver si lo animaban un poco a las tres de la madrugada. El Trankimazin todavía no había sido inventado.
    A raíz de esto, Bach compuso una de las piezas de música para teclado más imperecederas y potentes que se han creado jamás, que acabó denominándose Variaciones Goldberg: un aria a la que siguen treinta variaciones que terminan, cerrando el círculo, con una repetición de esa primera aria. El concepto del tema y las variaciones se parece al que se observa en un libro de relatos cortos basados en una idea unificadora: el primer cuento describe un tema en concreto,  cada uno de los siguientes guarda cierta relación con dicho tema.
    Para un pianista, éstas son las composiciones musicales más frustantes, difíciles, abrumadoras, trascendente, traicioneras, e intemporales. Como oyente, en mí tienen un efecto que solo logran los medicamentos más punteros. Son clases magistrales sobre Lo Maravilloso, y contienen todo lo que una persona podría querer saber a lo largo de su vida. 
    En 1955, un joven, brillante e iconoclasta pianista canadiense llamado Glenn Gould se convirtió en uno de los primeros músicos que las interpretó y las grabó al piano, en vez de hacerlo al clavicordio. Decidió incluirlas en su primer disco, lo que espantó a los ejecutivos de la discográfica, que querían algo más convencional. El álbum pasó a ser uno de los más vendidos de todos los tiempos dentro de su género, y hoy en día sigue siendo una referencia para los demás pianistas. Ninguno logra igualarlo.

James Rhodes