Mostrando entradas con la etiqueta Grecia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Grecia. Mostrar todas las entradas

jueves, 2 de septiembre de 2021

Muere Mikis Theodorakis, el compositor de "Zorba el griego" a quien Grecia tenía en su propio Olimpo

Puede que para buena parte del mundo hoy se haya anunciado la muerte del compositor de una canción universal: Zorba.

Pero a los griegos, en realidad, se les acaba de morir una divinidad.

Mijalis "Mikis" Theodorakis, fallecido este 2 de septiembre en Atenas a los 96 años, fue una de las figuras más importantes y emblemáticas de la Grecia contemporánea.

Y no sólo por su música.

Theodorakis también encarnó las luchas políticas y sociales que marcaron a su país y al mundo en el siglo XX.

Theodorakis en el Parlamento
Además de músico, Theodorakis fue parlamentario, ministro y activista.

Su apellido, que en una traducción libre podría ser regalito de Dios, lleva décadas impreso en la cabeza y el corazón de los griegos.

A ellos verdaderamente se les ha muerto un tesoro nacional.

Dos gigantes

Contar la vida de Mikis, como se le conocía popularmente, es relatar una odisea.

Nacido en julio de 1925 en la isla de Xíos (en español se pronuncia Jios), desde muy pequeño tuvo clara su vocación.

Mijalis "Mikis" Theodorakis
Theodorakis fue un coloso de la creación: su carrera abarca más de 1.000 piezas.

Aunque más tarde realizó estudios formales en París, aprendió a componer solo, escuchando música folclórica y bizantina, y a los 17 años dio su primer concierto.

Nunca más paró.

Ni cuando combatió en la Segunda Guerra Mundial y en la Guerra Civil que acto seguido desangró a Grecia, ni cuando fue perseguido, torturado y exiliado durante la Junta Militar que gobernó su país entre 1967 y 1974. Sus canciones fueron prohibidas y dos veces lo enterraron vivo.

Nada lo hizo sucumbir. Siempre, en toda circunstancia, fue una presencia imponente, exuberante, expresiva.

Parecía un volcán.

En YouTube hay un video fantástico de un concierto de 1995 en Munich, Alemania, en que Mikis comparte escenario con Anthony Quinn, el famoso actor de origen mexicano que en 1964 protagonizó la película "Zorba el griego", de Mijalis Kakoyiannis.

Theodorakis tenía 70 años y Quinn 80. Cantan, bailan, se besan, se abrazan, se elogian, pero sobre todo disfrutan.

 Son dos gigantes que gozan como niños.

En 2017 circuló otro video que mostraba su grandeza. Aparece dirigiendo ya muy anciano, en silla de ruedas, con una pasión envidiable a un coro de mil personas de 30 ciudades que cantaban en su honor.

Hacia el final rompe en llanto de la emoción, mientras el público le grita maestro, enorme, eterno, el último de los grandes griegos.

Obra maestra

El legado de Mikis Theodorakis es contundente.

Entre cantatas, óperas, sinfonías, ballets, música de cámara, oratorios, películas y canciones populares, su carrera musical llegó a sumar más de mil piezas.

Theodorakis disertando

Fuente de la imagen, Hulton archive


Puede que "Zorba el griego" sea la más conocida, pero no es necesariamente la más alabada.

Para muchos su obra maestra es la "Trilogía (o balada) Mauthausen".

Basada en la trágica experiencia del poeta griego Iakovos Kambanellis en el infame campo de concentración nazi, ha sido descrita como el trabajo musical más hermoso jamás compuesto sobre el Holocausto.

Muchas de las grandes composiciones de Theodorakis están, de hecho, inspiradas en la literatura: entre otras, les puso música a las palabras de sus compatriotas Giorgos Seferis y Odiseas Elytis, al "Romancero Gitano" del español Federico García Lorca y al "Canto General" del Premio Nobel chileno Pablo Neruda.

Son obras épicas, un buen reflejo de su ambición, de su compulsión por crear y mezclar. Lo clásico con lo popular, lo griego con lo universal, lo simple con lo grandioso.

Epitafio

La carrera musical de Mikis se desarrolló en paralelo a un intenso compromiso político.

Theodorakis
El genio de Theodorakis fue reconocido por figuras como Shostakovich, Bernstein y Arthur Miller. Los Beatles grabaron en 1964 su canción "Honeymoon".


Fundó partidos, fue parlamentario, ministro y militante comunista durante gran parte de su vida, aunque en 1989 fue candidato independiente por el partido de centroderecha Nueva Democracia, lo que le valió críticas de quienes lo consideraron un traidor.

Pero especialmente fue un activista, un defensor vociferante de la libertad, el medio ambiente, los derechos humanos y de la infancia y un opositor acérrimo a la violencia y la guerra.

En la década de los 60 se convirtió en una figura sobresaliente en la escena internacional y fue, junto a la actriz y cantante Melina Mercuri, el símbolo de la resistencia a la dictadura en Grecia.

La lista de personalidades que lo recibieron y apoyaron en esa época es destacable e incluye a artistas como Dmitry Shostakovich, Leonard Bernstein y Arthur Miller y a políticos como Yasser Arafat, Francois Mitterand, Olof Palme y Salvador Allende.

Melina Mercuri
Melina Mercuri fue junto a Theodorakis uno de los principales símbolos de la resistencia a la Junta Militar griega.

Su nombre daba y siguió dando la vuelta al mundo.

En 1964 los Beatles grabaron una versión de su canción Honeymoon (Luna de miel), en los 80 Moscú le dio el Premio Lenin de la Paz y en los 90 recibió el Premio Musical de la Unesco.

En 1994 realizó una gira humanitaria que lo llevó a varios países de Europa, Canadá y Estados Unidos dirigiendo una megaorquesta de 150 músicos y cantantes.

Cuando llegó a Washington, el Senado lo recibió con una resolución oficial en que lo honró y aplaudió "su excepcional talento artístico, su profundo amor por su país y su dedicada labor a favor de las grandes causas".

Mikis Theodorakis con sus hijos, en 1968.
Junto a sus hijos Yorgos y Margarita, en 1968., Getty Images

Como esa, hay cientos de frases o palabras sobre él que ahora podrían servir de epitafio: genio, héroe, coloso.

Yo lo vi hace años en el teatro Herodes Ático, a los pies de la Acrópolis ateniense.

Fue esa noche cuando descubrí lo que los griegos ya sabían: que Theodorakis era de esos hombres que son más grandes que la vida, un músico que tenía su propio Olimpo.

El gobierno de Grecia declaró este jueves tres días de duelo oficial.

miércoles, 7 de octubre de 2020

Histórica sentencia en Grecia: el partido neonazi Amanecer Dorado es condenado por organización criminal

Tras más de 5 años de proceso y 450 sesiones, este miércoles se ha publicado la sentencia, ante gran expectación.
Se trata del mayor juicio contra un grupo de neonazis desde los Juicios de Núremberg y hay 25 condenados.
Prisión preventiva para el portavoz del partido neonazi griego Amanecer Dorado.

Imagen
En la prision de Koridallos les esperan ansiosamente con este cartel " Welcome Boys" @Hibai_ @Refugees_Gr

 Hace tiempo que la mayoría de los griegos llegaron a una conclusión sobre el partido neonazi Amanecer Dorado. Desde entonces, esperaban pacientemente que tres jueces diesen el veredicto del juicio. Y así ha sido, a lo largo de la mañana del miércoles se ha conocido la sentencia, que afirma que Amanecer Dorado es una organización criminal. 

La decisión es histórica para Grecia y el movimiento antifascista, y entiende que los crímenes cometidos por los miembros y militantes del partido político neonazi se realizaron bajo el conocimiento y las órdenes de la formación. El resultado ha sido recibido con aplausos por las alrededor de 20.000 personas que se habían concentrado en las calles de la capital griega. 

Imagen
Thousands gather in front of #Greece Parliament after being tear-gassed at the Court of Appeals in Athens following the #GDtrial verdict.

Tras cinco años y medio de proceso, se trata del mayor juicio contra un grupo de neonazis desde los Juicios de Núremberg. La conclusión, esperada tanto dentro como fuera del país, puede tener gran peso simbólico para la ultraderecha europea, ya que en el mejor momento para la organización pudo ver en Amanecer Dorado un ejemplo de éxito.

En el proceso estaban acusados 68 miembros de la organización, entre ellos el líder del partido, Nikolaos Michaloliakos, y ex legisladores, así como agentes de la Policía, por dirigir una estructura criminal detrás de la fachada de una organización política.

Mijaloliakos y otros seis líderes de Amanecer Dorado han sido declarados culpables de dirección de banda criminal, mientras otras dieciocho personas, la mayoría de ellas exdiputados, lo fueron de pertenencia a dicha organización criminal.

Imagen
La madre del joven fallecido, Magda Fyssas, se ha convertido durante estos años en un símbolo de la lucha antifascista en Grecia, gracias a su presencia incansable en casi todas las sesiones del proceso, más de 450Vía@sosrefugiados

 Los cargos incluyen intento de asesinato, posesión ilegal de armas y brutalidad contra los rivales, por los que se enfrentan a penas de entre cinco y 20 años de cárcel. Tras 453 sesiones desde 2015, la corte helena ha presentado su veredicto entre gran expectación de la sociedad griega.

Amanecer Dorado llegó a ser la tercera fuerza política en Grecia y, como se ha intentado demostrar durante el juicio, compaginaba su tarea en el Parlamento con intimidaciones y ataques violentos contra minorías e izquierdistas. En parte, el juicio ha llevado tanto tiempo debido a la gran cantidad de testigos y pruebas, aunque también se ha visto retrasado por huelgas en la Justicia o la pandemia del coronavirus.

Imagen

¿De qué delitos concretos se les acusa?

El peso del sumario hacía indicar que la gran mayoría de los 68 políticos y militantes enjuiciados serían condenados, pero la verdadera duda estaba en si se les iba a condenar de forma individual o si se lograba demostrar que actuaban de forma organizada, siguiendo una estructura que idolatraba a su líder, Nikolaos Mijaloliakos, y por la que se llegó incluso a asesinar.

El juicio contra el partido se basa principalmente en cuatro casos: el más emblemático es probablemente el asesinato del rapero antifascista Pavlos Fyssas, en septiembre de 2013, a manos del militante neonazi Yorgos Rupakiás, quien a lo largo del proceso confesó los hechos.

A raíz de este suceso la policía comenzó a investigar, y la madre del joven fallecido, Magda Fyssas, se ha convertido durante estos años en un símbolo de la lucha antifascista en Grecia, gracias a su presencia incansable en casi todas las sesiones del proceso, más de 450.

El principal objetivo de la acusación era conseguir que saliese adelante el cargo de dirección y pertenencia a una banda criminal y que se condenase a la dirección del partido, como así ha sido. Según los abogados de las víctimas, la evidencia era abrumadora: cientos de pruebas gráficas y más de 6.000 testimonios que describen su estructura jerárquica y paramilitar.

https://pbs.twimg.com/media/EjuSHZzXYAIpObA?format=jpg&name=small
Policía antiterrorista escolta a Nikos Michaloliakos, líder del partido neonazi griego Amanecer Dorado, a su llegada al tribunal de Atenas.manecer Dorado llegó a ser la tercera fuerza política en Grecia Orestis Panagiotou/ EFE

La Fiscalía opinaba que eran actos individuales

Un motivo de preocupación para la acusación era que el pasado diciembre la fiscal del macrojuicio Adamantía Ikonomu pidió absolver a la cúpula de complicidad e instigación moral de asesinato, argumentando que los crímenes se habían cometido por individuos y que, a pesar de ser miembros de Amanecer Dorado, sus crímenes no tenían nada que ver con el partido neonazi.

Se temía entonces que si el tribunal tomaba esta ruta se legitimase a organizaciones como Amanecer Dorado, que durante este proceso ha perdido millones en financiación, a más de la mitad de su electorado y un lugar en el Parlamento griego.

Amanecer Dorado consiguió pasar de apenas 20.000 votos en las elecciones generales de 2009 a más del 7 % de los votos, que le dieron 21 diputados en la Cámara Alta en 2012, en plena crisis económica y de austeridad. Sin embargo, en las elecciones de julio del año pasado se desplomó y ni siquiera obtuvo el 3 % mínimo para entrar en la Cámara.

Fuente: https://www.20minutos.es/noticia/4408497/0/claves-juicio-contra-amanecer-dorado-mayor-contra-grupo-neonazi-juicios-nuremberg/?autoref=true

 Más información: “Los medios han tratado de encubrir los delitos de Amanecer Dorado”

viernes, 25 de septiembre de 2020

Refugiados

  Una mujer tira de un palé sobre el que están su hijo y sus posesiones en su camino hacia un nuevo campamento de refugiados y migrantes en la isla griega de Lesbos. Foto: Yara Nardi / Reuters.

 
Vía @Guerraeterna

 

sábado, 12 de septiembre de 2020

Moria: cuando buscar agua te convierte en clandestino

El muchacho carga con una mochila y una botella de agua. No llevaba mucho más cuando atravesaba el desierto del Sahel en su camino a Europa desde Camerún. El sol cae a plomo y aún son las diez y media de la mañana. Cruza la carretera sin apenas tráfico, salta el quitamiedos y se adentra en olivares que rodean a lo que queda del campo de Moria, en la isla griega de Lesbos. 

“Es la única forma que tenemos de ir a comprar agua y comida. La policía no nos deja salir de la carretera a Moria”, explica, mientras sortea los charcos andando sobre tablones.

Las dos carreteras que comunican Mitilene, la capital de Lesbos, con lo que queda del mayor campo de refugiados de la Unión Europea, llevan cortadas por la policía desde la noche del martes, cuando comenzaron los incendios. Según empeoran las condiciones de las más de 13.000 personas que, como se presenta Abdou, ahora son también sin techo, las instituciones aumentan el perímetro al que, oficialmente, tampoco tiene acceso la prensa. En un primer control policial, varios agentes cierran el paso. En un segundo, una veintena de soldados y una decena de policías vigilan apostados tras dos autobuses atravesados en la vía. Esto lo veré más tarde, desde el otro lado, al que no habría podido llegar si no hubiese sido por Françoise Unzú. 

Estas prendas es todo lo que François Umzu pudo salvar de las llamas. Las ha dejado aquí escondidas esperando que nadie se las robe. P.S.

Este muchacho de 25 años que, según cuenta, fue obligado a hacer la guerra en el oeste de su país, tiene un pendiente en su oreja derecha y una necesidad imperiosa de verbalizar las injusticias que ha vivido durante los 13 meses que lleva atrapado en la isla de Lesbos.

“Hice mi entrevista para pedir asilo hace más de un año y aún no me han contestado. Y la siguiente cita la tengo para junio de 2021. La Unión Europea tiene que sacarnos de aquí, hay gente que lleva hasta tres años”, relata cuando un trabajador de una fábrica junto a la que pasamos nos mira insidiosamente mientras llama por teléfono. Avanzamos más rápido, cuando tres hombres aparecen zigzagueando monte abajo. Inicialmente, desconfían. Saben que hay grupos de griegos xenófobos y de extrema derecha impidiendo que vecinos y activistas puedan auxiliar a las personas refugiadas. Cuando los afganos ven que Françoise es negro, dejan de temer y nos explican lo que ya sabemos: “Llevamos dos días durmiendo en la calle, sin comida ni agua. Y la única forma de conseguirlos es por aquí”.

Para algunos refugiados, sobrevivir estos días ha vuelto a ser una cuestión de clandestinidad: saber cómo moverse por el monte, cómo racionar el agua y los alimentos, llamar poco la atención para no terminar teniendo problemas con la policía o con otros refugiados… Desde un alto, contemplamos un reguerito de puntos moviéndose por los montes. De nuevo la huida.

Un hombre nos recrimina desde su moto que estemos en una propiedad privada. Un poco más adelante, nos encontramos con un joven de Gambia acuclillado en un recodo del camino, rellenando en un riachuelo botellas de agua que ha recogido de la basura. A su lado, pasa un congolés cargando con un bidón en su cabeza. Es la única forma que tienen de poder ducharse, en Grecia, en la Unión Europea.

Reparto de raciones de comida para personas con enfermedades crónicas de la ONG vasca Zaporeak antes del incendio de Moria. En la actualidad han pasado de cocinar 2000 raciones a 3600. P.S.

Si no hubiese sido por el papel de ONG como la vasca Zaporeak, que ha casi duplicado el número de raciones de comida repartidas al día, más de 3.000, la crisis humanitaria a la que asistimos sería sustancialmente peor. 

Tras una hora subiendo y bajando laderas, llegamos a la carretera en la que llevan dos días tiradas miles de personas. Exactamente a 200 metros de donde está el control policial por el que no hemos podido acceder directamente. Aquí, lo más preciado es una sombra, por lo que los bajos de camiones, los túneles y los árboles se han convertido en sus nuevas tiendas de campaña. Y los aparcamientos de los dos supermercados en los que estas miles de familias se tuvieron que dejar buena parte de sus ahorros durante estos meses, o incluso años, de espera en Moria, en su nuevo campo de refugiados. 

“¿Por qué han cerrado los supermercados? ¿Por qué?”. Hay mucha rabia entre los desplazados por el incendio. Una rabia que ya resultaba evidente en el campo de Moria y que este abandono institucional hace incontenible. Antes, para comer, tenían que hacer interminables colas para recoger unas bandejas de catering que, como hemos constatado, resultaban bastante incomestibles. Por ello, muchos se gastaban en estos dos supermercados los ahorros que le quedaban, lo que les pudieran enviar familiares o los 90 euros que les ingresa mensualmente el Alto Comisionado para los Refugiados de las Naciones Unidas en una tarjeta de Master Card –por supuesto, con sus respectivos logos. Si algo no faltaba en Moria eran los logos estampados en cada lona, mochila, camiseta….  reducidos ahora a cenizas–. Una de las quejas de la población local de Lesbos es que la gran beneficiaria económicamente de la llegada de los refugiados ha sido la cadena alemana Lidl, mientras que buena parte de sus comercios locales han quebrado por la crisis económica que sigue asolando Grecia. 

Así que cuando el jueves por la tarde, estos dos centros comerciales cerraron sus puertas, la sensación que se extendió fue, una vez más, la de vejación y aislamiento total. Que nos sobrevolase a baja altura un helicóptero militar de doble hélice, a personas que han huido en muchos casos de la guerra, no ayudó precisamente.

Houda sostiene un extremo de la manta a una de las estacas clavadas en la lengua de césped que flanquea la carretera. Su marido la tensa, construyendo así una pequeña carpa en la que proteger del sol a sus cuatro hijos: el más pequeño, de tan solo 18 días. La madre, de 33 años, me señala el vientre: aún se está recuperando de la cesárea. El recién nacido, envuelto en una manta naranja atada con un cordón, pasa de los brazos de un hermano a otro. Siguen siendo una familia preciosa de Siria, aunque los pequeños lleven dos días comiendo solo tomates crudos a bocados. Como ahora. Sorprende la pericia desarrollada por una niña de 5 años para que no le caigan chorros de jugo por las manos. 

La madre con su recién nacido. P.S.

Entonces, unas furgonetas de un catering local abre sus puertas y comienza el reparto de las reconocidas fiambreras, con el respectivo logo de la Unión Europea. Y paquetes de botellas de agua. Son los propios refugiados los que organizan el reparto. La congoleña Patricia avanza con un carrito del supermercado que ha llenado de agua, tomates y huevos. “Vamos a un sitio un poco apartado”, nos advierte. Decenas de personas se agolpan en un túnel que desemboca en la playa, desde la que contemplamos la costa turca de la que partieron todos ellos en patera: apenas 16 kilómetros de separación y toneladas de dolor. Por eso, muchos de ellos no quieren hablar, porque ya se han visto forzados a contar una y otra vez sus vidas, intimidades y hazañas para llegar hasta aquí en las sendas entrevistas con instituciones y ONG. Y la vida sigue yendo siempre a peor.

P.S.

“¿Para qué te voy a contar mi sufrimiento? ¿Para el deleite del mundo sin que nadie haga nada? No hay palabras para describir mi dolor de todos estos años. Aquí nos tratan peor que animales. Todo el mundo lo sabe, ¿para qué repetírselo a gente que esta noche tendrá dónde dormir y qué comer?”, me espeta Sandrine, una camerunesa de 25 años con furia saltándole de los ojos. No quiere ser grabada en vídeo, pero sí que se sepa el porqué.

François me acompaña mientras sigue contando su historia. “De aquí solo sale quien tiene abogado. Yo no lo he tenido en ningún momento y hace un año que hice la entrevista de asilo”. Y me muestra sus papeles: nadie se mueve con tantos documentos como a los que los quieren clandestinos les llaman ‘sin papeles’. Su solicitud de asilo está en griego, así que no sabe si lo que él firmó, sin posibilidad de tener una copia en francés o que alguien se lo tradujese, son realmente las razones que él alega. Fundamentalmente, que no quiere verse forzado a matar en una guerra para la que fue reclutado forzosamente durante tres años.

Cuando llegamos al aparcamiento del supermercado Lidl, otros refugiados habían cogido parte de la plaza de aparcamiento, delimitada con pintura en el suelo, que Francois compartía con otros dos cameruneses. Era cuestión de 40 centímetros, los que marcan la diferencia entre tener o no un techo, así sea una tela plástica semitransparente. La discusión acabó en concordia, con la retirada a su posición inicial del padre de familia de Afganistán. 

Familia recoge la basura acumulada en las papeleras. P.S.

Un matrimonio con aspecto anciano pero que no superan los 50 años, recogen junto a sus hijos toda la basura acumulada en las papeleras: “Dormimos aquí, todos estos restos de comida son un peligro para la COVID-19”, explica el padre. Las risas de los niños y niñas jugando en esta especie de patio escolar resultan tan discordantes con el ambiente como la certeza de que, pese a todo, esas son las últimas que se apagan. Cuando dejan de escucharse es que ya solo queda tierra yerma atrás. Como la que dejaron a sus espaldas muchas de estas familias en Siria, Yemen, Afganistán… En el camino de vuelta, según se pone el sol, los padres y madres se me acercan para volver a enseñarme heridas, picaduras, hinchazones en los cuerpecitos de sus hijos. Buscan médicos, médicas. Les dirigimos al aparcamiento del Lidl, nuevo centro neurálgico de sus vidas. Pero, sobre todo, necesitan información. 

“¿Usted sabe dónde se las llevan?”, me pregunta un hombre señalando a las mujeres que son subidas a un autobús. Es el nuevo grupo de población en ser evacuados: tras los menores no acompañados, y las madres monomarentales, ha llegado el turno de las mujeres que viajan solas. No saben dónde van: si a un centro en la isla, a Atenas o a otro país europeo. La Marea tampoco ha podido confirmar este extremo.

Mujeres que viajan sin hijos ni pareja fueron trasladadas ayer (P.S.)

El ecosistema mediático que suele construirse en torno a este tipo de crisis empieza a florecer, con un retraso de 24 horas por las limitaciones impuestas por la pandemia de coronavirus. Para viajar a Grecia hace falta una prueba de PCR negativa, lo que está retrasando la llegada de medios internacionales. Aun así, están las agencias, que ahora graban cómo una delegación de miembros del Europarlamento y del Parlamento heleno de Syriza avanza por la carretera. Niños y niñas se acercan a los políticos, que les saludan y escuchan aunque no puedan entenderse por la diferencia de idiomas; un periodista local insta a los representantes a que hagan todo lo posible para que las instituciones locales y nacionales, gobernadas por la derecha, saquen a esas personas de ahí y les den condiciones dignas, mientras un grupo de cameruneses se me acercan para preguntarme quiénes son. 

No saber todo el tiempo, que las instituciones de un Estado de derecho den por sentado que no han de informarte sobre las cuestiones que te afectan de la manera más trascendental, que por no tener no tengas siquiera a quien preguntar, es una de las violencias más cotidianas, constantes y desestabilizadoras que sufren desde 2015 las personas desterradas en Moria. 

Fuente: https://www.lamarea.com/2020/09/11/moria-buscar-agua-convierte-clandestino/

viernes, 27 de marzo de 2020

Lesbos Refugee Camp: The Crisis At The EU Border


Aquí está el reportaje que grabamos hace tres semanas en Lesbos sobre las terribles condiciones de vida en los campos de refugiados, la rebelión de las islas contra Atenas y Bruselas, el papel de la extrema derecha y la responsabilidad de las autoridades Vía  @Hibai_



miércoles, 18 de marzo de 2020

Hacinados y sin agua: la desprotección en los campos de refugiados frente al coronavirus

En la isla de Lesbos se ha confirmado un caso de Covid-19 en una ciudadana griega. De momento, no hay casos confirmados entre los refugiados, pero las organizaciones internacionales alertan de lo expuesta que está esta población al virus

https://www.newtral.es/wp-content/uploads/2020/03/MSF260327_Medium-1920x520.jpg
Campo de refugiados de Moria, en Lesbos. Foto: Anna Pantelia | MSF
Solo un grifo de agua por cada 1.300 personas, y un baño que cada hora es usado por entre 150 y 350 personas. Así es la vida en el campo de refugiados de Moria, en Lesbos, el más grande de toda Europa.

Son datos aportados por la organización internacional Médicos Sin Fronteras (MSF), que denuncia que mientras los gobiernos de diferentes países prohíben los eventos masivos y toman medidas de seguridad para proteger a la ciudadanía del Covid-19, en Lesbos los refugiados no pueden lavarse las manos ni estar confinados en un hogar.

Así lo declaraba la semana pasada MSF después de que en la isla de Lesbos se confirmase el primer caso de coronavirus. Este contagio no ha sucedido en ninguno de los campos de refugiados, sino que procede de una ciudadana griega que había viajado al extranjero y que reside en la isla. Sin embargo, alerta la organización, “las terribles condiciones de vida y hacinamiento aumentan el riesgo de propagación del brote”.

De hecho, tal y como confirma el equipo médico de MSF en Lesbos, “no hay ningún caso confirmado, de momento, en Moria”. “Podría haberlo, pero no se están realizando tests a la población refugiada porque estas pruebas solo están disponibles en hospitales”, añade esta fuente.
“La capacidad de los campos ha sido totalmente excedida. Hay superpoblación”, cuenta a Newtral.es George Makris, asistente de la coordinación médico del equipo de MSF en Lesbos. “Solo en Moria conviven 20.000 personas”, apunta Makris.

La situación, en palabras de este médico, «es inhumana” por diferentes factores. En primer lugar, porque el Gobierno griego suspendió el derecho a solicitar asilo de todos aquellos migrantes que ingresasen en el país a partir del 1 de marzo. ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, criticaba la decisión por carecer de “fundamentos jurídicos”: “Ni la Convención sobre el Estatuto de los refugiados de 1951 ni la legislación de la Unión Europea en esta materia” legitiman “la suspensión de la recepción de solicitudes de asilo”, señalaba ACNUR en un comunicado.

Campo de refugiados de Moria, en Lesbos. Foto de Anna Pantelia | MSF
A esto se suman “los recientes ataques xenófobos, por parte de grupos de extrema derecha, hacia el personal voluntario y hacia los refugiados”, explica George Makris. Este médico es contundente respecto a la preocupación frente al Covid-19: “La amenaza del coronavirus no debe usarse como una excusa para llevar a cabo medidas de control de migración. Quiero recordar que los países tienen la obligación de dar asilo”.

En este sentido, Makris apunta que hay una retórica xenófoba según la cual, “permitir el asilo traerá consigo la amenaza de más infecciones”: “En el caso confirmado en Lesbos el 9 de marzo, este ha sido importado por una mujer griega que había viajado al extranjero. Y el total de casos en el país griego [331 infectados hasta este lunes 16 de marzo] pertenecen a ciudadanos griegos también”.

Medidas de seguridad ineficaces para los refugiados
El médico voluntario en Lesbos, George Makris, reconoce que la preocupación desde una perspectiva salubrista no es reciente: “Llevamos tiempo alertando de que esta población sufre epidemias como la de la meningitis. Lo que defendemos no es solo proteger a esta población porque puedan esparcir el virus, sino que lo prioritario es no sumar a la lista otra enfermedad más”.

Kevin Pottie, profesor de Epidemiología y Medicina Comunitaria en la Universidad de Ottawa, explicaba en un artículo publicado en Cochrane que “los especialistas en enfermedades infecciosas han identificado enfermedades que emergen en el proceso migratorio, como la tuberculosis, el VIH, la hepatitis B y C, o la varicela”. A menudo, apunta Pottie, los refugiados “se enfrentan a importantes dificultades para conseguir asistencia social y sanitaria adecuada y sus necesidades tienden a ser distintas de las de la población local”.

“En algunas partes del campo de Moria no hay ni siquiera jabón disponible. Familias de cinco o seis miembros tienen que dormir en espacios de no más de tres metros cuadrados. Esto significa que las medidas recomendadas para prevenir la propagación del virus, como el lavado frecuente de manos y el distanciamiento social, resultan simplemente imposibles”, afirma, a través de un comunicado, la médica Hilde Vochten, coordinadora de MSF en Grecia.

En el campo de Moria, pedir a la población que se lave las manos varias veces al día o que mantengan un metro de distancia resulta impensable: “Las medidas de prevención y aislamiento propuestas crean nuevas formas de exclusión porque están diseñadas desde una posición de privilegio. Intersecciones como la migración, en este caso, deben tenerse en cuenta cuando se elaboran planes de salud o protocolos”, señala a Newtral.es Cristina Arcas, enfermera especialista en enfermedades infecciosas y salud pública que participó en campañas de ayuda humanitaria a refugiados en Grecia.

Campo de refugiados de Moria, en Lesbos. Foto de Anna Pantelia | MSF
Un informe de la Organización Mundial de la Salud, emitido en enero de 2019, apuntaba que los migrantes y refugiados presentan un mayor riesgo de tener mala salud que las poblaciones de acogida. Así, “los procesos de desplazamiento en sí mismos pueden provocar que los refugiados sean más vulnerables a las enfermedades infecciosas”, concluye el informe. “El derecho a la salud de todas estas personas no se está respetando”, incide Cristina Arcas.

Según explica el médico de MSF George Makris, “hay un plan elaborado por la Organización Nacional de Salud Pública para los campos de refugiados que incluye medidas de higiene y aislamiento”. “Pero si el virus se expande aquí, el sistema sanitario no tendrá posibilidad de respuesta porque ya está colapsado”, añade.

De facto, apunta Makris, “los refugiados están excluidos”: “Por un lado, porque el plan no es realista en estas condiciones. Por otro, porque no serán ciudadanos de pleno derecho a ojos del sistema sanitario”. A esto se sumaría el hecho de que varios voluntarios de las ONGs “se están yendo de los campos por miedo a que afecte a su propia salud, por lo que el número de sanitarios para dar atención médica y social a estas personas ha disminuido”, añade este médico cooperante.

Desde MSF también alertan de que los refugiados suponen “una población vulnerable” por su comorbilidad. Es decir, la presencia de una o más enfermedades aumenta el riesgo de que la persona padezca nuevas enfermedades o, incluso, impedir la mejoría si hay una interacción entre las afecciones. Desde la organización internacional reclaman “la evacuación de estos campos, comenzando por las personas más vulnerables”.

Fuente: https://www.newtral.es/hacinados-y-sin-agua-la-desproteccion-en-los-campos-de-refugiados-frente-al-coronavirus/20200317/?utm_content=buffer92c54&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer

domingo, 8 de marzo de 2020

Ser mujer y refugiada

Ser mujer y refugiada es haber huido de tu país (a veces por el hecho de ser mujeres) y realizar una ruta donde sus cuerpos muchas veces se consideran parte del pasaje. Estar expuesta a violencia, a embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual.

Imagen
Vía @SAlonsoEsparza
 Ser mujer,en un campo de refugiados como el de Moria, es no disponer de ningún tipo de intimidad.Pasar menstruaciones sin productos de higiene, hacer colas para retretes ubicados entre basura (1 para cada 200 personas) y también para ducharse (1 cada 550) en cabinas putrefactas

Imagen
Vía @SAlonsoEsparza
 Ser mujer y refugiada en el campo de Moria es no poder salir del cobertizo de plástico en la noche para evitar cruzarse con un violador. Es hacer pis en una botella para evitar agresiones sexuales. Es no denunciar por vergüenza.

 Ser mujer en el campo de Moria es pasar embarazos durmiendo en el suelo, sin colchón y con una alimentación deficiente. Es gestar sin seguimiento del embarazo, sin un médico cerca y parir como puedas.

Imagen
Vía @SAlonsoEsparza
 Las mujeres en el campo de Moria tienen las mismas preocupaciones que las demás madres por sus hijos. Sólo que sus hijos están en condiciones deplorables. Ser mujer ahí, es estar todo el día peleando, sacando fuerza de donde no la hay.

https://pbs.twimg.com/media/ESlJ79RWAAAQ1IL?format=jpg&name=small
Vía @SAlonsoEsparza
  Ser mujer refugiada no tiene edad. Ser niña aquí es por ejemplo, no tener acceso a educación. Ser anciana es no poder recibir atención médica.

Imagen
Vía @SAlonsoEsparza
Imagen


. Así es la vida para muchas mujeres que viven en nuestra Europa. En @Rowing_Together, una humilde consulta de ginecología y obstetricia en la entrada del campo, ven a 40 cada día. rtve.es/alacarta/audio

jueves, 5 de marzo de 2020

Cuando los europeos huíamos como refugiados a Siria

Grecia ha suspendido hoy el Derecho de Asilo. Una medida sin precedentes en la historia de Europa.
Qué pronto olvidamos. Durante la Segunda Guerra Mundial, miles de griegos cruzaron el Mediterráneo en sentido inverso y buscaron refugio en países de Oriente Medio. Aquella era la ruta más accesible para escapar de las tropas nazis.

Un programa llamado "Organización para los Refugiados en Oriente Medio", lanzado en 1942 y liderado por Reino Unido ayudó a escapar en dirección Este a decenas de miles de griegos, polacos y yugoslavos.

Imagen

 Los refugiados eran llevados a campos situados en Siria, Egipto y Palestina. La ciudad de Alepo, (sí, estáis leyendo bien, Alepo) se convirtió en una de las principales centros de acogida.
Mapa con la localización de los campos usando las fronteras contemporáneas:
Añadir leyenda

En marzo de 1944, se escribieron varios informes oficiales sobre el estado de los campos. Un estudio realizado por la Public International Radio recoge el protocolo de ingreso de los refugiados y su vida cotidiana:

Imagen

"Una vez registrados, los recién llegados se abrían paso a través de una inspección médica exhaustiva. Los refugiados se dirigían a lo que a menudo eran instalaciones hospitalarias improvisadas, generalmente carpas, pero ocasionalmente edificios vacíos reutilizados para atención médica, donde se quitaban la ropa, los zapatos y eran lavados hasta que las autoridades creían que estaban suficientemente desinfectados.



Algunos refugiados, como los griegos que llegaron al campamento de Alepo desde las islas del Dodecaneso en 1944, podían esperar que las inspecciones médicas se convirtieran en parte de su rutina diaria.

Después de que los funcionarios médicos estuvieran satisfechos de que estaban lo suficientemente saludables como para unirse al resto del campamento, los refugiados se dividían en viviendas para familias, niños no acompañados, hombres solteros y mujeres solteras. Una vez asignados a una sección particular del campo, los refugiados disfrutaron de pocas oportunidades para aventurarse afuera. De vez en cuando podían salir bajo la supervisión de los funcionarios del campamento.



Cuando los refugiados en el campo de Alepo hacían el viaje de varias millas a la ciudad, por ejemplo, podrían visitar tiendas para comprar suministros básicos, ver una película en el cine local o simplemente distraerse de la monotonía de la vida en el campo.

Imagen

 Aunque el campamento en Moses Wells [en Egipto], ubicado en más de 100 acres de desierto, no estaba a poca distancia de una ciudad, a los refugiados se les permitía pasar un tiempo cada día bañándose en el cercano Mar Rojo."



La "Organización para los Refugiados en Oriente Medio" era parte de una red de campos de refugiados alrededor del mundo que eran administrados por gobiernos y ONGs internacionales.
Y no sólo llegaron refugiados a la región árabe: Irán recibió a 200.000 polacos entre 1939 y 1941.
¿Tan pronto lo hemos olvidado?



 Fuente: https://blogs.publico.es/alberto-sicilia/2020/03/04/cuando-los-europeos-huiamos-como-refugiados-a-siria/

No, esta no es la UE que queremos

La Unión Europea ha encomendado al Gobierno griego hacer impenetrable la frontera de su sagrado territorio. Poco parece importar que se suspenda un derecho humano fundamental como es el asilo

No, esta no es la UE que queremos
Todos hemos visto las imágenes de familias con niños, gaseados por el Ejército griego en la frontera. Las de balsas pinchadas por sus guardacostas con resultado de, al menos, la muerte de un niño. Las de demandantes de refugio apaleados por los otrora acogedores habitantes de Lesbos, los mismos que ahora insultan a las mujeres que llegan a sus costas tratándolas de prostitutas o ratas… Del otro lado, el cada vez más autoritario Erdogan ejerce descaradamente su chantaje utilizando como moneda de cambio para sus pretensiones a miles de desplazados forzosos en una guerra en la que nadie tiene el menor rastro de legitimidad y en la que el derecho internacional humanitario se ha esfumado. Todo ello ante la aparente impotencia de los chantajeados, la supuesta potencia del soft power, agente internacional y mediadora por la paz, la democracia y los derechos humanos que dice defender: la UE.

 Es muy grave la reacción de Grecia, un Estado miembro al que la UE ha encomendado la defensa de su frontera suroriental, más que la gestión de la movilidad humana forzosa que llega a través de Turquía. El Gobierno griego ha suspendido durante un mes la existencia de un derecho humano fundamental como el asilo, en incumplimiento abierto, sin vergüenza alguna, de deberes jurídicos vinculantes. El relator de la ONU para derechos de los inmigrantes ha denunciado contundentemente la ilegalidad de la medida del Gobierno griego. Pero la UE no ha respondido ni con media palabra de condena. No lo hace, digámoslo claro, porque la tarea encomendada a Grecia por la propia UE no tiene que ver con una política migratoria y de asilo europea, coherente con las orientaciones recogidas en los dos grandes acuerdos de la ONU de diciembre de 2018. Lo que importa aquí es hacer impenetrable la frontera: contener esa movilidad, mantenerla fuera del espacio de libertad, seguridad y justicia que dice ser la UE, sí. Pero solo para los de aquí, los seres humanos de primera, los ciudadanos europeos. O, al máximo, para los de segunda: los no europeos oficialmente necesarios para nuestro mercado.

En aras de ese objetivo, la UE y sobre todo los Estados de la frontera sur se han embarcado en esa política de contención, y han considerado imprescindible a esos efectos una tarea de externalización de frontera. La hemos negociado, por mor del pragmatismo que impone el imperativo de la geografía, con líderes autoritarios como Erdogan, regímenes predemocráticos como los de Marruecos o Mauritania o incluso directamente Estados fallidos como Libia. A cambio de ingentes sumas de dinero, claro está, que no se destinan a la mejora de la democracia, el desarrollo y los derechos de los ciudadanos de esos países, ni se condicionan al respeto de los derechos de las masas de seres humanos así retenidas. Quedan en los bolsillos de esas élites o esos líderes, mientras, en el mejor de los casos, nos tapamos la nariz y miramos hacia otro lado cuando se violan de la forma más grosera los derechos de los inaceptables.

Pero lo más grave, insisto, es la posición oficial de la UE. Nadie ha reprochado a Grecia esa grosera violación del derecho europeo e internacional. Ni una palabra sobre la suerte de miles de personas bloqueadas. No: los tres líderes de la UE, Von der Leyen, Michel y Sassoli, han viajado a Grecia para apoyar la defensa de la frontera (otra vez con el eufemismo de que se trata de una frontera europea). La señora Von der Leyen, además, ha calificado a Grecia —el país que ha suspendido un mes un derecho fundamental como el asilo— como “escudo de Europa”. Como si lo que estuviera en juego fuera la integridad territorial de Grecia o de la propia UE. Como si asistiéramos al enésimo episodio de conflicto entre Grecia y Turquía. Como si no supiéramos que esos muros, vallas, barcos de guerra y no solo de policía desempeñan solo una función simbólica, que no real, como supuesta garantía de una premoderna noción de soberanía, hoy inexistente, y que manipula a la opinión pública, como explicó muy bien Wendy Brown: “El deseo popular por los muros alberga el anhelo por los poderes de protección, contención e integración inherentes a la soberanía; un deseo que recuerda las dimensiones teológicas de la soberanía política”. Lean, por lo demás, el magnífico Nostalgia del soberano, de Manuel Arias Maldonado, en el que argumenta el porqué de “esa ansia de recuperar el control ante un presente —que ya no un futuro— amenazante e incierto…”, (de donde) la pulsión hacia “la restauración de la fuerza soberana del Estado nación”.

Con todo, el disparate jurídico es que los líderes de la UE actúan como si no existiera el artículo 78 del TFUE, que establece en su apartado 1 lo siguiente: “La Unión desarrollará una política común en materia de asilo, protección subsidiaria y protección temporal destinada a ofrecer un estatuto apropiado a todo nacional de un tercer país que necesite protección internacional y a garantizar el respeto del principio de no devolución. Esta política deberá ajustarse a la Convención de Ginebra de 28 de julio de 1951 y al Protocolo de 31 de enero de 1967 sobre el Estatuto de los Refugiados, así como a los demás tratados pertinentes”. Más aún, actúan como si no pudiera recurrirse, al menos, a la cláusula de solidaridad del apartado 3 del mismo artículo: “Si uno o varios Estados miembros se enfrentan a una situación de emergencia caracterizada por la afluencia repentina de nacionales de terceros países, el Consejo podrá adoptar, a propuesta de la Comisión, medidas provisionales en beneficio de los Estados miembros afectados. El Consejo se pronunciará previa consulta al Parlamento Europeo”. Nada de eso se ha intentado. Solo exhibir cierre de filas en torno al socio griego.

Pues bien, es la hora de decir no: no, a esta UE empeñada en la supuesta defensa de su sagrado territorio, al precio de violar exigencias básicas del derecho. Si la UE tiene sentido es como comunidad de derecho. La UE de la que queremos formar parte es la que respeta el derecho, comenzando por su propio derecho: el TFUE, el convenio europeo de derechos humanos, con sus protocolos adicionales 4 (1963) y 7 (1984), que remiten a la vinculatoriedad del Convenio de Ginebra que establece la protección internacional (asilo y protección suplementaria), basadas en el principio elemental del non refoulement, esto es, la consideración básica de no arrojar a su suerte a quienes huyen de la persecución y de la muerte, a los que tratan de obtener protección huyendo de una espantosa guerra como la de Siria. Para formar parte de una comunidad en la que lo que manda es la ley del más fuerte, los intereses de quienes acumulan dinero y poder y pretenden escapar a todo control, no merece la pena seguir en este viaje. La pregunta es si podemos esperar un cambio quienes creemos y luchamos por otra UE.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2020/03/04/opinion/1583331431_258812.html?ssm=TW_CC

domingo, 15 de septiembre de 2019

En 'la otra puerta de Europa', 24.000 personas están hacinadas, abandonadas a su suerte

Miles de personas vulnerables atrapadas en las islas griegas pagan el precio de las inhumanas políticas del acuerdo UE-Turquía. Las autoridades griegas y europeas las desatienden deliberadamente.

Anna Pantelia/MSF
Médicos Sin Fronteras (MSF) alertamos de que 24.000 hombres, mujeres y niños que buscan protección en Europa están atrapados en las islas griegas en terribles condiciones, mientras que las autoridades griegas y europeas los desatienden deliberadamente.

Esta crisis dañina, que minan el bienestar de miles de personas vulnerables, es el resultado de un sistema de recepción defectuoso, de la falta de mecanismos de protección y de unos servicios insuficientes.

Esto demuestra el fracaso del enfoque de contención y disuasión de la UE para gestionar la migración.

Llevamos cuatro años trabajando en las islas griegas y, todavía hoy, la respuesta humanitaria y médica se deja en manos sobre todo de organizaciones de voluntarios que están reemplazando las responsabilidades del Estado.

Hoy, una vez más, la falta de respuesta a las necesidades nos ha obligado a ampliar nuestras operaciones: realizamos cientos de consultas médicas diarias en las islas de Lesbos, Samos y Quíos en coordinación con otras ONG y asociaciones de voluntarios. Además, estamos incrementando las instalaciones de saneamiento y distribuyendo bienes de primera necesidad de forma regular.

“Esta no es una nueva emergencia: el grave hacinamiento en los hotspots (centros de registro) es una crisis impulsada por políticas que perjudican a miles de hombres, mujeres y niños todos los días desde hace años. Lo hemos visto en el pasado y lo seguimos viendo hoy", denuncia Tommaso Santo, nuestro coordinador general en Grecia.

“Más de tres años después de encerrar a los solicitantes de asilo en condiciones desesperadas en las islas griegas, ¿deberíamos concluir que las autoridades griegas y europeas esperan confiar en este vergonzoso fracaso del sistema de recepción como una forma de disuadir a los nuevos migrantes que llegan a la UE? El reciente aumento de las llegadas muestra que esta solución temporal no es sostenible y sigue castigando a las personas”, subraya.

Cada vez más niños con problemas de salud mental
A medida que las llegadas al mar alcanzaban cifras no vistas desde 2016, nuestros equipos de salud mental pediátrica que trabajan en Lesbos veían cómo en julio se duplicaban las derivaciones de niños en comparación con los meses anteriores. En julio y agosto, 73 niños fueron remitidos a nuestros equipos: tres habían intentado suicidarse y 17 se autolesionaron. De los 73 niños, 10 eran menores de 6 años, y el más pequeño tenía solo 2.

"Cada vez son más y más los niños que dejan de jugar, tienen pesadillas, temen salir de sus tiendas y comienzan a retirarse de la vida cotidiana", explica Katrin Brubakk, nuestra responsable de las actividades de salud mental en Lesbos. “Algunos dejan de hablar por completo. La situación de los niños se deteriora día a día a causa del aumento del hacinamiento, la violencia y la falta de seguridad en el campo. Para evitar daños permanentes, estos niños deben ser evacuados del campo de Moria de inmediato", alerta la psicóloga.

En nuestra clínica pediátrica hay casi 100 menores con afecciones médicas complejas o crónicas, incluidos niños pequeños con complicaciones cardíacas graves, diabetes y epilepsia, así como lesiones causadas por la guerra. Todos esperan ser trasladados al continente para acceder al tratamiento especializado que necesitan.

En el campo de Vathi en Samos, la situación es insostenible: 5.000 personas abarrotadas en un espacio diseñado para 650. La mayoría vive en una zona fuera del asentamiento conocida como "la selva". La ausencia de medidas de protección y servicios básicos pone a estas personas en riesgo de sufrir nuevos traumas, mientras que las denuncias de acoso, agresión sexual y otras formas de violencia van en aumento.

El Gobierno griego ha trasladado recientemente a casi 1.500 personas vulnerables desde Lesbos. Sin embargo, creemos que transferir a estas personas a tiendas de campaña a la Grecia continental no es una respuesta segura ni efectiva al hacinamiento crónico y a sus efectos sobre el bienestar de refugiados, migrantes y solicitantes de asilo.

Al menos 2.500 personas que han sido reconocidas oficialmente como vulnerables permanecen en Lesbos, a pesar de tener derecho a ser trasladadas a otro lugar para recibir atención especializada. Esta cifra no incluye a otras miles que probablemente estén en situación de vulnerabilidad aunque no se les haya reconocido oficialmente.

Reclamamos al Gobierno griego, a la UE y a sus estados miembros que actúen de acuerdo con sus responsabilidades, terminen con esta crisis inaceptable y dañina, y pongan en marcha las siguientes medidas:
  • Evacúen urgentemente de las islas a los menores y a las personas más vulnerables y las trasladen a un alojamiento seguro y apropiado en la Grecia continental y/o en otros estados europeos.
  • Incrementen urgentemente el personal médico en los centros de recepción griegos para que las personas puedan recibir la atención médica y mental que necesitan lo antes posible.
  • Identifiquen e implementen de inmediato mecanismos rápidos y sostenibles para evitar el recurrente hacinamiento en las islas que continúa causando sufrimiento y daño a miles de personas.
  • Pongan fin a la política de contención actual para proteger la dignidad de las personas, evitar sufrimientos innecesarios y garantizar el respeto de sus derechos fundamentales.

Fuente: https://www.msf.es/actualidad/grecia/la-otra-puerta-europa-24000-personas-estan-hacinadas-abandonadas-su-suerte?utm_campaign=coschedule&utm_source=twitter&utm_medium=MSF_Espana&utm_content=En%20%27la%20otra%20puerta%20de%20Europa%27,%2024.000%20personas%20est%C3%A1n%20hacinadas,%20abandonadas%20a%20su%20suerte

domingo, 7 de julio de 2019

Parte de guerra en Grecia

Después de tantos sacrificios y recortes, la deuda ha seguido aumentando sin parar

Protestas en 2009 en Atenas.
Protestas en 2009 en Atenas. REUTERS
En el verano de 2009, hace ahora una década, se había contenido la primera oleada de la crisis financiera que asolaba el mundo, con ingentes cantidades de dinero público. Las economías americana y europea parecían recuperarse. Pero las réplicas al terremoto de la Gran Recesión no habían hecho más que empezar: en la Unión Europea (especialmente en la zona euro), el salto desde la generosidad ante la insolvencia bancaria hacia la austeridad a ultranza impuesta a las poblaciones adquirió su forma más dramática en tres pequeños países en los que el impacto fue brutal: Grecia, Irlanda y Portugal. Los eslabones más débiles de la cadena.

Cada uno de ellos tenía su etiología. En Grecia fue la acumulación de deuda, imposible de pagar (más del cien por cien de su producto interior bruto). Para más inri, entonces se conoció que el Gobierno griego del conservador Constantinos Karamanlis, con la complicidad activa del banco de inversión Goldman Sachs, había trucado las cifras que había presentado a Bruselas y que el déficit público real de la economía griega casi llegaba al 13% del PIB (12,7%), y la deuda pública, al 115%. A partir de entonces, los hombres de negro de la odiada (por la ciudadanía helena) troika —Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional— se pasearon por las calles y plazas de Atenas interviniendo con mano de hierro la economía, a cambio de sucesivos rescates cuyo monto final ha estado cercano a los 300.000 millones de euros. Es sugerente recordar en estos momentos en que el FMI va a cambiar de manos (su directora gerente, Christine Lagarde, va a pasar a ser la gobernadora del BCE), que aquella institución multilateral no era bien vista en la rica Europa, ya que era partidaria de reestructurar la deuda griega, a lo que se opusieron Sarkozy y Merkel. Schaüble, aquel feroz ministro de Economía de la canciller alemana, declaró que consideraría una intervención del FMI “una humillación para Europa” y Sarkozy, más explícito, dijo: “Olvídense del FMI. El FMI no es para Europa. Es para África. ¡Es para Burkina Faso!”.

Cinco años después del primer rescate, los griegos se desembarazaron de los partidos y las familias tradicionales, y eligieron, por primera vez en un país europeo después de la II Guerra Mundial, a un partido (Syriza) a la izquierda de la socialdemocracia. En este periodo, los griegos han vivido al mismo tiempo su propia Gran Depresión y el mayor éxodo de refugiados desde el otro lado del Mediterráneo, en términos de centenares de miles de personas que, a través del mar Egeo, pretendieron llegar a Europa Central y Europa del norte.

Ahora parecen terminar los experimentos con el país que ha sido la cobaya de Europa en la aplicación de las medidas de austeridad (Jean-Claude Juncker, el presidente de la Comisión Europea, reconoció recientemente que “no fuimos solidarios con Grecia; los insultamos”). En las elecciones europeas, municipales y regionales del pasado mayo, Syriza dejó de ser el partido principal y es bastante posible que algo semejante suceda hoy, en los comicios generales. El triste parte de guerra de este tiempo (y que explica en parte las corrientes electorales de fondo) indica que Grecia ha vuelto a un crecimiento económico homeopático (por debajo del 2%) y que se ha reducido el paro (aunque sigue siendo el mayor de la UE y castiga a un 40% de los jóvenes), pero las pensiones se han reducido inmisericordemente una y otra vez (hasta en 20 ocasiones), muchos sectores estratégicos se han privatizado y han sido vendidos a la inversión extranjera (por ejemplo, el puerto de El Pireo), la renta media ha caído con estrépito, han desaparecido centenares de miles de empresas, etcétera. Todo ello se expresa en factores psicológicos tan a flor de piel como depresión, desconfianza, falta de esperanza, hartazgo, etcétera.

¿Y qué pasó con la deuda pública después de tantos años de sacrificios y austeridad? En el año 2018 ascendió al 181,1% del PIB.

¿Para qué ha servido todo?

Fuente: https://elpais.com/elpais/2019/07/05/ideas/1562337186_048781.html