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jueves, 23 de junio de 2022

"Tenemos un origen único: todos somos africanos de origen, nacidos hace tres millones de años, y eso debería animarnos a la hermandad".

Yves Coppens, paleontólogo descubridor de ‘Lucy’. 87 años

 El paleoantropólogo francés Yves Coppens, uno de los descubridores del célebre homínido "Lucy", considerado durante años como el más antiguo antepasado del hombre, falleció este miércoles a los 87 años, informó su editorial.

Nacido en Bretaña el 9 de agosto de 1934, hijo de un físico nuclear, Coppens siempre tuvo claro que quería estudiar la parte más escondida de la historia.

En 1974, junto con sus colegas Donald Johanson y Maurice Taieb, cuando excavaban en el valle del Afar, en Etiopía, hallaron un esqueleto casi completo de un individuo femenino datado en 3,2 millones de años, que decidieron bautizar como Lucy porque estaban escuchando la canción de los Beatles "Lucy in the sky with diamonds". Durante años se consideró que Lucy era un antepasado directo del "homo sapiens", hasta que, otros descubrimientos llevaron a pensar al propio Coppens que se trataba de otra especie, el Austrolopithecus Afarensis. Este hallazgo fue mundialmente reconocido y marcó un antes y un después en los conocimientos actuales sobre la prehistoria y la paleontología.

El descubrimiento de Lucy fue especialmente importante porque sus huesos mostraban señales de ser bípeda, es decir, de mantenerse erguida y andar sobre dos extremidades, una de las características definitorias en el desarrollo de los seres humanos.

Coppens fue también profesor emérito en el Collège de France, una de las instituciones educativas y de investigación más prestigiosas del mundo.

El paleontólogo participó en excavaciones en diversos países del mundo, como en Túnez, Argelia y Etiopía, y publicó a lo largo de su vida numerosos libros relatando sus descubrimientos.

Coppens, que también se dedicó a la docencia y a la investigación de las raíces de los seres humanos, estuvo fascinado por la historia, especialmente la prehistoria, desde una edad temprana, cuando ya mostró su pasión por las excavaciones. Una dedicación que le llevó a muchos rincones del planeta y que le convirtió en un rostro popular en Francia, donde su barba y bigote blancos aparecían en medios de comunicación para divulgar sus hallazgos.

Colaborador de dos presidentes, Jacques Chirac y Nicolas Sarkozy, que apelaron a su sabiduría durante sus mandatos, Coppens presidió varias instituciones científicas en el país y publicó un millar de artículos. "Tenemos un origen único: todos somos africanos de origen, nacidos hace tres millones de años, y eso debería animarnos a la hermandad", sentenció.

Fuente: https://www.revistaadios.es/info-adios/1225/Yves-Coppens.html

jueves, 8 de junio de 2017

Los fósiles más antiguos de nuestra especie están en Marruecos

Un hallazgo que reescribe la historia del ‘Homo sapiens’
 La idea de que los humanos modernos evolucionaron en el este de África hace 200.000 años podría dejar de ser válida. Un equipo de paleoantropólogos ha descubierto restos óseos de Homo sapiens con unos 300.000 años de antigüedad en el yacimiento Jebel Irhoud, en Marruecos, un hallazgo revolucionario que adelanta 100.000 años los orígenes de nuestra especie.

<p>Reconstrucciones del cráneo de los primeros fósiles de <em>Homo sapiens</em> descubiertos en el yacimiento de Jebel Irhoud (Marruecos). / Philipp Gunz, MPI EVA Leipzig</p>
Reconstrucciones del cráneo de los primeros fósiles de Homo sapiens descubiertos en el yacimiento de Jebel Irhoud (Marruecos). / Philipp Gunz, MPI EVA Leipzig
 Los científicos acaban de mover los orígenes de nuestra especie en el espacio y en el tiempo. Hasta el momento se pensaba que los restos de Homo sapiens más antiguos eran los encontrados en el este de África, en Etiopía, hace unos 200.000 años, pero ahora se han identificado huesos de cráneo, cara y mandíbula de los primeros miembros de nuestra especie en Marruecos y se ha determinado que son de hace unos 315.000 años.

Este descubrimiento indica que el Homo sapiens apareció más de 100.000 años antes de lo que se creía. Los hallazgos, publicados esta semana en dos artículos de la revista Nature, no implican que nuestra especie se originara justo en esa región del norte de África. Según los autores, lo que sugieren es que los primeros humanos modernos evolucionaron en todo el continente africano.

"Hasta la fecha se pensaba que probablemente el Homo sapiens se había originado bastante rápido en un ‘jardín del Eden’ del África subsahariana", comenta a Nature, Jean-Jacques Hublin, investigador del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig (Alemania) y coautor de los dos trabajos.

“Pero ahora diría que ese ‘jardín del Edén’ es todo el continente africano", añade Hublin, que durante una década ha sido uno de los responsable de la excavación en el yacimiento marroquí donde se han encontrado estos restos humanos más antiguos: Jebel Irhoud, cerca de la costa atlántica.

Cronología de un gran descubrimiento
Hublin supo de la existencia de este yacimiento por primera vez a comienzos de la década de 1980, cuando le mostraron una desconcertante mandíbula inferior de un niño procedente de ese lugar. En excavaciones posteriores, se encontraron un cráneo, junto a herramientas de piedra sofisticadas y otras muestras de la presencia humana.

"Los huesos parecían demasiado primitivos para ser algo comprensible, por lo que la gente planteó algunas ideas extrañas", dice el paleoantropólogo. De hecho, en aquel momento los expertos supusieron que tenían 40.000 años, además de señalar que los neandertales pudieron vivir en el norte de África en esa época. Más recientemente, los investigadores han sugerido que los humanos de Jebel Irhoud fueron una especie arcaica que sobrevivió en esa zona hasta que el Homo sapiens del sur del Sáhara los reemplazó.

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Yacimiento de Jebel Irhoud, Marrueucos. / Shannon McPherron, MPI EVA Leipzig/CC-BY-SA 2.0
 El lugar donde la mayoría de los científicos colocan los orígenes de nuestra especie es en África oriental. Dos de los fósiles conocidos más antiguos del Homo sapiens –cráneos con 196.000 y 160.000 años– provienen de Etiopía, y los estudios de ADN de las poblaciones actuales alrededor del globo apuntan a un origen africano hace unos 200.000 años.

Hublin visitó por primera vez Jebel Irhoud en la década de 1990, pero encontró el sitio enterrado. No tuvo ni tiempo ni dinero para excavar el sitio hasta 2004, después de ingresar en la Sociedad Max Planck. Su equipo alquiló entonces un tractor y un buldócer para retirar unos 200 metros cúbicos de roca que bloqueaban el acceso.

Su objetivo inicial era volver a fechar el sitio usando nuevos métodos, pero a finales de los años 2000, el equipo se llevó una sorpresa: descubrió más de 20 nuevos huesos humanos pertenecientes, al menos, a cinco individuos, incluyendo una mandíbula bastante completa, fragmentos de cráneo y herramientas de piedra.

Por su parte, un equipo dirigido por los arqueólogos Daniel Richter y Shannon McPherron, también del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, dataron el sitio y todos los restos humanos encontrados entre 280.000 y 350.000 años, usando dos métodos diferentes.

La última datación y los nuevos huesos convencieron a Hublin de que los primeros humanos modernos vivieron en Jebel Irhoud. "Tenían una cara con la que te podrías cruzar hoy por la calle", apunta el experto. Los dientes –aunque grandes comparados con los de los humanos de hoy– también se ajustan más a un Homo sapiens que a los neandertales u otros humanos arcaicos.

Todos estos datos ofrecen pistas sobre la evolución del linaje de los Homo sapiens en los seres humanos modernos, que según los autores, podrían haber adquirido sus caras características antes de que se produjeran cambios en la forma de sus cerebros.


Por otro lado, la mezcla de rasgos observados en los restos de Jebel Irhoud y otros fósiles similares a Homo sapiens de otros lugares de África apuntan a una génesis diversa de nuestra especie y plantea dudas sobre un origen exclusivo en el este de África.

"Lo que pensamos es que antes de 300.000 años hubo una dispersión de nuestra especie, o al menos la versión más primitiva de nuestra especie, en toda África", dice el paleoantropológo. Durante aquel período, el Sáhara era verde y estaba lleno de lagos y ríos. Los animales que recorrieron la sabana africana oriental, incluyendo gacelas, ñus y leones, también vivieron cerca del yacimiento marroquí.

Sin evidencia genómica
El origen del Homo sapiens anterior al establecido también está apoyado por otro estudio previo con análisis de ADN humano antiguo. Un equipo de investigadores liderado por Mattias Jakobsson desde la Universidad de Upsala (Suecia) secuenció el genoma de un niño que vivió en Sudáfrica hace unos 2.000 años, y determinó que sus antepasados ​​Homo sapiens se separaron de otras poblaciones africanas actuales hace más de 260.000 años.

Hublin señala que su equipo también ha intentado obtener ADN de los huesos de Jebel Irhoud, pero no lo ha conseguido. Un análisis genómico podría establecer claramente si los restos se encuentran en el linaje que conduce a los seres humanos modernos.

Para el paleontólogo Jeffrey Schwartz, de la Universidad de Pittsburgh, Pennsylvania, los nuevos hallazgos son importantes, pero no está convencido de que deban ser considerados como Homo sapiens. En su opinión, se han agrupado demasiados fósiles de aspecto diferente en el mismo grupo, complicando los esfuerzos para interpretar nuevos fósiles y plantear escenarios sobre cómo, cuándo y dónde surgió nuestra especie.

"El Homo sapiens, a pesar de ser tan conocido, era una especie sin pasado hasta ahora", apunta María Martinón-Torres, paleoantropóloga del Colegio Universitario de Londres, que recuerda la escasez de fósiles vinculados a los orígenes humanos en África. Pero, en cualquier caso, la experta considera que la falta de los rasgos que definen a nuestra especie –como un mentón y una frente prominentes– indica que los restos de Jebel Irhoud no deberían ser considerados Homo sapiens.

Otro paleontropólogo, Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres y coautor de un artículo News & Views que acompaña a los dos estudios, reconoce que se quedó desconcertado por los restos de Jebel Irhoud cuando los vio por primera vez a principios de los años 70. El experto sabía que no eran neandertales, pero parecían demasiado primitivos para ser Homo sapiens.

Ahora, sin embargo, con las dataciones más antiguas y los nuevos restos óseos, Stringer está convencido de que los huesos del yacimiento marroquí son del linaje del Homo sapiens. "Marruecos pasa de ser considerado un remanso en la evolución de nuestra especie a tener una posición prominente".


Por su parte, Hublin, que nació en Argelia y huyó a la edad de ocho años cuando comenzó la guerra de independencia, volver al norte de África le ha emocionado: "Siento que tengo una relación personal con este sitio. No puedo decir que hemos cerrado ningún capítulo, pero sí que hemos llegado a una conclusión asombrosa después de este largo viaje”.


Fuente: http://www.agenciasinc.es/Noticias/Los-fosiles-mas-antiguos-de-nuestra-especie-estan-en-Marruecos

domingo, 4 de octubre de 2015

Una tormenta perfecta en el origen de los cuerpos



El don de la oportunidad lo es todo. Las mejores ideas, inventos y conceptos no siempre ganan. ¿Cuántos músicos, inventores y artistas se adelantaron tanto a su tiempo que fracasaron estrepitosamente y fueron olvidados y redescubiertos mucho más tarde? No tenemos que buscar más lejos que en el pobre Heron de Alejandría, quien, acaso en el siglo I d.C., inventó la turbina de vapor. Por desgracia, se consideró sólo un juguete. El mundo no estaba preparado.
     La historia de la vida funciona igual. Todo tiene su momento, quizá incluso los cuerpos. Para comprenderlo, tenemos que comprender por qué en primera instancia aparecerían los cuerpos.
    Hay una teoría al respecto extremadamente simple: ¿es posible que los cuerpos aparecieran cuando los microbios desarrollaron nuevas formas de devorarse o de evitar ser devorados? Tener un cuerpo con muchas células permitía a las criaturas ser más grandes. Ser más grande suele ser una buena forma de evitar ser devorado. Los cuerpos habrían aparecido simplemente como un mecanismo de defensa.
    Cuando los depredadores desarrollan nuevas formas de comer, las presas desarrollan nuevos modos de evitar tan fatídico destino. Esta interacción habría dado origen a gran parte de nuestras moléculas responsables de construir el cuerpo. Muchos microbios se alimentan adhiriéndose a otros y engulléndolos. Las moléculas que permiten que los microbios atrapen a su presa y se aferren a ella son posibles candidatas a moléculas que forman los remaches y adhesiones entre las células de nuestro cuerpo. Algunos microbios pueden realmente comunicarse entre sí produciendo compuestos que influyan en la conducta de otros microbios. Las interacciones depredador-presa entre microbios suelen comportar la transmisión de instrucciones moleculares, ya sea para protegerse de predadores potenciales o para que ejerzan de reclamo para atraer a las presas y que se acerquen. Tal vez este tipo de señales fueran precursoras de las señales que nuestras propias células utilizan para intercambiar información con el fin de mantener intacto nuestro cuerpo.
   Podríamos seguir especulando sobre ello hasta el infinito, pero sería más emocionante contar con alguna evidencia experimental tangible que nos mostrara cómo la depredación pudo dar lugar a los cuerpos. Eso es, en esencia, lo que presentaron Martin Boraas y sus colegas. Tomaron un alga que normalmente es unicelular y la mantuvieron viva en el laboratorio durante más de un millar de generaciones. Después introdujeron un depredador: una criatura unicelular con un flagelo que envuelve a otros microbios para ingerirlos. En menos de doscientas generaciones, el alga reaccionó convirtiéndose en un grupo de centenares de células; con el paso del tiempo, el número de células descendió hasta que sólo hubo ocho en cada grupo. Ocho resultó ser el número óptimo porque hacía los grupos lo bastante grandes para evitar ser devorados y lo bastante pequeños para que todas las células pudieran captar luz con la que sobrevivir. Lo más asombroso sucedió cuando se apartó al depredador: las algas siguieron reproduciéndose y formando individuos de ocho células. En resumen: a partir de algo sin cuerpo ha surgido una versión simple de una forma pluricelular.
    Si su experimento puede producir al cabo de varios años una organización simple parecida a un cuerpo a partir de un no cuerpo, imaginemos lo que podría suceder en miles de millones de años. La pregunta pasa a ser entonces no cómo surgieron los cuerpos, sino por qué no surgieron antes.
    La respuesta es que tal vez el mundo no estuviera preparado para que hubiera cuerpos.
    Un cuerpo es algo que sale muy caro tener. Hay ventajas evidente en convertirse en una criatura con un cuerpo grande: además de devorar a criaturas más pequeñas y desplazarse activamente pueden evitar mejor a los depredadores. Pero ambas, consumen mucha energía y para disponer de suficiente energía se requiere oxígeno.
   El problema era el siguiente: en la antigüedad los niveles de oxígeno existentes en la Tierra eran muy bajos. Durante miles de millones de años, los niveles de oxígeno en la atmósfera ni siquiera se aproximaban a los actuales. Después, hace aproximadamente millones de años, la cantidad de oxígeno aumentó de forma espectacular y se ha mantenido relativamente alta desde entonces. ¿Podría el aumento del oxígeno en la atmósfera estar vinculado al origen de los cuerpos?
    Tal vez producir cuerpos adoptara la forma paleontológica equivalente a la de una tormenta perfecta. Durante miles de millones de años, los microbios desarrollaron nuevas formas de interaccionar con su entorno y entre sí. Al hacerlo, dieron con algunos de los componente y herramientas moleculares que sirven para construir cuerpos, aunque los utilizaban para otros fines.
    También se daba otra causa del origen de los cuerpos: hace mil millones de años, los microbios aprendieron a devorarse los unos a los otros. Había una razón para construir cuerpos y las herramientas para hacerlo estaban ya disponibles.
    Faltaba algo. Ese algo era el oxígeno suficiente sobre la Tierra para poder mantener los cuerpos. Cuando el oxígeno de la Tierra aumentó, aparecieron cuerpos por todas partes. La vida jamás volvería a ser la misma



Tu pez interior
Neil Shubin

viernes, 2 de octubre de 2015

Por qué la historia nos pone enfermos


Haber alcanzado el grado de humanidad tiene un coste. Pagamos un precio por la excepcional combinación de cosas que somos capaces de hacer: hablar, pensar, agarrar objetos con la mano y caminar sobre dos piernas. Es el resultado inevitable del árbol de la vida que llevamos dentro.
    Imagínese lo que costaría trucar un Wolkswagen Escarabajo para que se desplazara a una velocidad de 250 kilómetros por hora. En 1933, Adolf Hitler encargó al señor Ferdinand Porsche que construyera un coche barato capaz de recorrer 70 kilómetros con 5 litros de gasolina y representara una forma de transporte fiable para una familia alemana media. El resultado fue el Escarabajo de Volkswagen. Esta historia, el plan de Hitler, plantea restricciones sobre la forma en que hoy día podríamos modificar el Escarabajo; sólo podemos hacer modificaciones en su ingeniería hasta que se nos plantean problemas importantes que suponen poner el coche al límite.
    En muchos aspectos, nosotros, los seres humanos, somos el equivalente piscícola de un Escarabajo trucado. Tomemos el diseño corporal de un pez, aderecémoslo para que se convierta en un mamífero y, a continuación, modifiquemos y retorzamos a ese mamífero hasta que sea capaz de caminar sobre dos piernas, hablar, pensar y tener un control finísimo de sus dedos... entonces tendremos la receta completa para un montón de problemas. Sólo podemos remodelar tanto un pez hasta este extremo si aceptamos que hay que pagar un precio. En un mundo diseñado a la perfección, un mundo que no tuviera historia, no tendríamos que padecer todo tipo de cosas, desde hemorroides hasta cáncer.
    En ningún otro lugar se aprecia esta historia con mayor claridad como en los rodeos, giros y vueltas de las arterias, nervios y venas. Observe la trayectoria de algunos nervios y descubrirá que describen bucles extraños en torno a ciertos órganos, o que parecen tomar una dirección y, de repente, se retuercen y desembocan en un lugar inesperado. Los desvíos son unos productos fascinantes de nuestro pasado que, suelen crearnos problemas: por ejemplo, hipo o hernias.  Y ésta no es más que una de las formas en que nuestro pasado regresa para hostigarnos.
En distintos momentos del tiempo, nuestra historia más remota se desarrolló en océanos, pequeñas corrientes de agua y sabanas de la antigüedad, no en edificios de oficinas, laderas de esquí o pistas de tenis. No fuimos diseñados para superar los ochenta años de edad, descansar nuestro peso sobre el trasero durante diez horas diarias, ni comer bollería industrial muy rica en calorías, ni tampoco para jugar al fútbol americano. Esta desconexión entre nuestro pasado y nuestro presente humano supone que nuestro cuerpo fracase de ciertas formas enteramente previsibles.
    Prácticamente todas las enfermedades que padecemos tienen algún componente histórico, reflejan cómo las diferentes ramas del árbol de la vida que llevamos dentro regresan para fastidiarnos. Somos producto de una historia muy intrincada.


Neil Shubin