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viernes, 6 de noviembre de 2015

El robo y 'hackeo' de documentos en el Vaticano desvela la lucha del Opus Dei contra el Papa

La detención de un prelado español de 'la Obra' evidencia la encarnizada lucha en el interior de la Curia romana entre los detractores y partidarios de Francisco
El ordenador 'hackeado' es el del revisor general de la Santa Sede, jefe directo del religioso ahora detenido, que se enfrenta hasta a 8 años de cárcel
Entre los documentos robados está la reforma estructural que quiere hacer el Papa: quitar a los obispos de puestos clave para acabar con la "casta episcopal"
 
Gerardo Filocamo

Ángel Lucio Vallejo Balda, detenido este lunes por la Gendarmería vaticana acusado de sustracción y filtración de documentos secretos del Vaticano, es un hombre dicharachero, atento, preparado, según quienes le conocen. Tenía todo en su mano para convertirse en uno de los hombres de confianza del Papa Francisco, quien le nombró secretario de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede, el organismo desde el que el español pudo pilotar la reforma de las finanzas de la Santa Sede. Sin embargo, la designación del cardenal australiano George Pell como "superministro" de Economía vaticano, acabó condenando a este sacerdote, prelado de honor de Su Santidad.

Ahora, Vallejo Balda (Villamediana de Iregua, La Rioja, 1961), miembro del Opus Dei, podría enfrentarse a una pena de entre cuatro y ocho años de prisión por su "traición", en palabras del portavoz de la Santa Sede, el padre Lombardi. Está acusado de robar documentos referentes a la economía y los planes de reforma de Francisco.

El trasfondo de la polémica, que algunos ya dibujan como una reedición del famoso Vatileaks que concluyó con la dimisión de Benedicto XVI, parecería propia del escritor Dan Brown, si no fuera por su incontestable verosimilitud. Una feroz lucha de poder entre dos concepciones de Iglesia, el Opus Dei y los jesuitas; los sectores más reaccionarios de la Curia y los vientos aperturistas que Bergoglio trajo de Argentina.

Una cuestión de dinero, pero también de poder. En el Vaticano a nadie se le escapa que los que cayeron este lunes son peones en una batalla en el seno del Vaticano. Además de Vallejo Balda, fue detenida la italiana Francesca Chaouqui. Es una brillante economista, consultora de Ernst&Young y que en el pasado ya fue relacionada con el periodista Gianni Nuzzi, que utilizó la información del mayordomo de Benedicto XVI para hacer explotar el escándalo de Vatileaks. Chaouqui ha quedado en libertad tras colaborar en la investigación iniciada por las autoridades vaticanas.

Con todo, este escándalo de revelación de secretos es solo un movimiento más dentro de la encarnizada lucha en el interior de la Curia romana entre los detractores y partidarios de Francisco. Unos enemigos que ya filtraron en su día al periodista Sandro Magister -el mismo que perdió su acreditación ante la Santa Sede por adelantar la encíclica Laudato Si- la carta de 13 cardenales criticando la metodología del Sínodo, o que hicieron circular el falso rumor de que Francisco tenía cáncer de cerebro.

Austeridad y descabalgar altos cargos

Según ha podido saber eldiario.es, dos de los grandes objetivos de la reforma curial propuesta por el Papa chocan frontalmente con  los intereses de los sectores más reaccionarios de la Curia. En primer lugar, por la apuesta por la austeridad, ya que Francisco quiere que se controle cada euro que sale de las arcas vaticanas. En segundo término, por la eliminación de cargos curiales, y de su rango.

En un futuro, el deseo del Papa es que los trabajadores de los organismos vaticanos no sean obispos, para eliminar la "casta episcopal" de la que Bergoglio ha hablado en más de una ocasión. Y eso, en una estructura tan jerárquica como la de la Iglesia romana, supondría el final de los privilegios de los grupos más conservadores. Especialmente del Opus Dei, quien vivió sus años de mayor influencia durante el pontificado de Juan Pablo II y que ahora vería mermada su relevancia en beneficio de la Compañía de Jesús.

No hay que olvidar que el actual Papa es el primer pontífice jesuita de la historia. La Obra, de hecho, no ha tardado en desvincularse del eclesiástico español en un comunicado, en el que muestra su "sorpresa y dolor", ante la noticia, al tiempo que asegura que la orden "no dispone de ninguna información sobre el caso".
El Vaticano detiene a dos personas por sustraer documentos reservados
Ángel Lucio. EFE
Lucio Ángel Vallejo Balda, acusado de filtrar documentos relacionados con las reformas económicas y la modificación del aparato curial, estaba en una suerte de "limbo" laboral, después de que las competencias de la Prefectura de Asuntos Económicos fueran asumidas por la Secretaría de Economía, dirigida por Pell. Ello causó una profunda desazón en el religioso, quien en febrero de 2014 difundió que iba a ser nombrado número dos del "superministerio" vaticano creado por el Papa para ocuparse de gestionar todas las actividades económicas y administrativas de la Santa Sede, algo que no se produjo.

Una lujosa comida
En mayo de 2014 participó en un lujosa comida a la que asistieron religiosos, empresarios y periodistas italianos en la azotea de la prefectura vaticana de Asuntos Económicos durante la canonización de los papas Juan XXIII y Juan Pablo II, un acto que no contó con la simpatía del Papa Francisco, según se hicieron eco entonces los medios italianos.

Desde entonces, el actual superior jerárquico del sacerdote español era el revisor general de la Santa Sede, Libero Milone, cuyo ordenador fue hackeado hace unos días. La investigación de este caso ha llevado a descubrir que los documentos, además serían publicados en dos libros que verán la luz la próxima semana. Se trata de 'Avarizia', de Emiliano Fittipaldi, periodista de L'Espresso, y 'Via Crucis' de Gianluigi Nuzzi.
El Vaticano ha recordado en un comunicado de prensa que la divulgación de noticias y documentos es un delito previsto en la ley del Vaticano y ha resaltado que "publicaciones de este tipo no ayudan de ninguna manera a establecer claridad y verdad, sino más bien generar confusión e interpretaciones parciales y tendenciosas".

 Asimismo, ha señalado al respecto que estos robos de documentos "también esta vez, como ya en el pasado, son fruto de una grave traición de la confiada del Papa y, por lo que se refiere a sus autores, de una operación para obtener beneficio de un acto gravemente ilegal de entrega de documentación reservada, operación en la que las implicaciones legales y posiblemente sanciones están bajo estudio de la Oficina del promotor, en vista de las posibles medidas adicionales, recurriendo, si es necesario, a la cooperación internacional".


Fuente:  http://www.eldiario.es/sociedad/Vatileaks-robo-Vaticano-Papa_Francisco-Vallejo_Balda_0_447955899.html

martes, 2 de diciembre de 2014

Estuve 30 años en el Opus Dei



Antonio con su familia actual.
              
 Me llamo Antonio Esquivias, tengo 60 años y me dedico a la formación de docentes en Educación Emocional. Sin embargo, durante 30 años he sido numerario del Opus Dei. Una vida muy distinta a la que llevo ahora, casado con mi mujer Amina, musulmana y con tres hijos de su anterior relación y la más pequeña, que es hija de los dos. La verdad es que nunca imaginé que podría tener una vida tan distinta a la que llevaba en el Opus, al que me uní con 16 años, porque estando dentro te acabas identificando con una vida en la que todo está reglamentado, previsto y controlado. De hecho, ni siquiera pensé que podría tener, simplemente, una vida fuera del Opus Dei...

Mis días en el Opus Dei se caracterizaban por la monotonía, por repetir una y otra vez la misma rutina, donde dominaba el rezo, los sacrificios y el estudio. Me levantaba bien tempranito, poco después de las seis y media, con el "minuto heroico", es decir, ponerme en pie en el mismo momento en el que suena el despertador, sin remolonear. Inmediatamente después tenía que hacer el primer ofrecimiento a Dios del día: besar el suelo y decir serviam, que significa "serviré", tanto al Opus como a Dios. Acto seguido, una ducha de agua fría como ofrecimiento al fundador de la Obra, una de las cosas que más me costaban porque soy muy friolero.

Tras vestirme, y sin desayunar, iba al centro de la Obra a las siete y media, justo a tiempo para la media hora de oración para los numerarios. A las ocho, la misa y, ahora sí, el desayuno. De nueve a una y media lo dedicaba a estudiar con una única interrupción para la oración del ángelus a las doce. Después, quince minutos de lectura espiritual, comida y oración de la tarde.

Las tardes las pasaba en la Escuela de Ingenieros Agrónomos, hasta las nueve y media de la noche, cuando cenaba y hacía el examen de conciencia del día y, tras rezar tres Ave Marías de la pureza con los brazos en cruz, me iba a dormir.

Además de la ducha de agua fría, había multitud de mortificaciones con la intención de controlar las necesidades básicas. El cuerpo y sus sensaciones, su sensualidad y capacidad de disfrute del placer, ha sido el gran enemigo para veinte siglos de cristianismo y sigue siéndolo para el Opus. El objetivo no es otro que una desensibilización de las necesidades básicas.

Cada numerario ha de tener una lista de unas diez pequeñas mortificaciones que realizar a diario. Se trata de pequeños placeres a los que tienes que renunciar. Por ejemplo, quitar el azúcar del café, retrasar el agua hasta el segundo plato en la comida o suprimirla totalmente. También podía ser no apoyar la espalda en el respaldo de la silla mientras se trabaja o se estudia. Había que ingeniárselas para buscarlas y tenía que costar hacerlas, porque al final te acostumbrabas a todo y acabas no percibiendo siquiera si el café tiene o no tiene azúcar.
Luego están, además, las mortificaciones corporales. Obligatoriamente había que hacer todos los días dos horas de cilicio, un chisme hecho con alambre de púas que hay que ponerse en el muslo, y una vez a la semana, las disciplinas: golpes con un látigo de cuerda en la espalda o el trasero.


Antonio con 20 años

Además una vez a la semana los numerarios varones tienen que dormir en el suelo, y las mujeres, todos los días sobre una tabla encima de la cama.

El control en el Opus Dei es total en todos los aspectos de la vida, desde lo más cotidiano a lo más íntimo o personal. Por ejemplo, todos los días hay que rellenar una hoja marcando con una X las acciones que has hecho ese día y cuánto tiempo les has dedicado.

Además, desde el primer momento tuve que entregar todo mi dinero al secretario del centro en el que estaba y solo podía sacar lo que necesitaba (siempre menos de lo que ingresaba, ¡claro!), demostrando después en qué me lo había gastado, aunque fuera en un billete de autobús. El concepto "necesidad" está altamente regulado y pasa por el control del secretario, pero esto, dentro de lo que cabe, era algo que entendía, como una consecuencia de la pobreza que implica la entrega en el Opus.

En cuanto al control cultural, se regía por las "normas de prudencia" en las lecturas, un eufemismo que en realidad significa preguntar al director cada libro que se lee. Los libros están clasificados en ficheros que se amplían y amplían cada vez más, con bastantes personas trabajando en esto: es parte de la función de la Oficina de la Dirección Espiritual de España, algo parecido al Ministerio de la Verdad de 1984 de George Orwell. La escala de libros va del uno al seis. 1 libros infantiles; 2 lo habitual que se permite leer a todo el mundo; 3 que el libro presenta alguna dificultad, por lo que necesita madurez y "buena formación". A partir del número 4 ya hay que consultar y no basta el permiso del director, tiene que pasar por la Oficina Central de España. Sin un motivo justificado no se da este permiso. Yo por ejemplo, tuve que pedir permiso para leer un librode Joseph Ratzinguer, más adelante Papa Benedicto XVI, porque consideraban que se alejaba de la doctrina del Opus.

Luego está el control espiritual. En el Opus es obligatoria una conversación semanal de una media hora con el director del centro o con quien éste decida. En esa conversación manifiestas desde el prisma de tu conciencia todo lo que te pasa. Cómo vives, cómo te mortificas, cómo rezas, qué piensas...

Este control de la conciencia se redondea con la confesión que debe ser siempre con un sacerdote de la Obra, pero no cualquiera, debe ser el del centro al que perteneces. Si a juicio del sacerdote aparecen "problemas", sobre todo en cuanto a la sexualidad, debe "aconsejar" que esos temas se comenten con el director.

A la sexualidad nunca se la llama como tal, sino que se utiliza el término "pureza". La palabra ya lo dice todo, porque cualquier cosa puede ser sensible de ser "impura", especialmente entre los numerarios, que no se casan. Hay un punto que siempre salía: la "guarda de la vista", que por decirlo sencillamente consiste en no mirar a las chicas por la calle. Yo acabé acostumbrándome a mirarles los pies. En este terreno es donde más pesa la desensibilización y la despersonalización, atajando la sexualidad antes incluso de que aparezca. Por eso, mi primer acercamiento a la sexualidad fue con 44 años, ya fuera del Opus, y mi primera masturbación incluso años después porque yo la tenía especialmente demonizada.


Con el tiempo y poco a poco, fui haciendo mayor mi protesta por las violaciones de la libertad que me iba encontrando. Es difícil explicarlo ahora, pero cuando yo me uní al Opus Dei era la época de Franco, y la Obra era de lo más moderno que podías encontrar dentro de la Iglesia Católica. Y desde luego, no te decían ni la mitad de lo que luego, poco a poco, ibas encontrándote.

Cuando empiezas a "protestar", lo haces solo, te hacen creer que nadie más ve las cosas que tú ves. Poco a poco, me fueron dejando de lado, y sufrí auténtico mobbing, que terminó con tres años en la residencia de Tajamar, un colegio del Opus en Vallecas, Madrid. Yo, que había sido director de residencias universitarias, me vi sin perspectiva de futuro, me habían ido retirando de toda posible actividad, y me dedicaba a chupar la pared. Agarré una depresión tal que decidí dejar la Obra, fuera como fuera.

Por eso, ahora disfruto de lo más sencillo de una vida normal, desde ir a buscar a mi hija pequeña a su colegio y preguntarle cómo le ha ido, hasta escoger los croissants para el desayuno, pasando por explicar en mis clases la importancia de un beso y del afecto.

Cuando salí tuve que descubrir quién era yo, qué cosas me gustaban. Acostumbrado, por ejemplo, a comer lo que fuera que me ponían en la mesa, no sabía ni qué pedir en un restaurante, porque no sabía qué era lo que me gustaba. Hasta ese punto de despersonalización te lleva el Opus Dei.

Sin embargo, mi lucha aún no ha terminado y a día de hoy sigo combatiendo para que el Opus Dei me reconozca todos los años que pasé en la organización y poder tener así algo de jubilación. Un motivo que me ha impulsado a escribir un libro, y sacar a la luz esta realidad oculta, que todos los que han vivido en el Opus conocen y que ha influido mucho más de lo que se sospecha en la historia en este país ya que, quitando los gobiernos socialistas, desde 1958 siempre ha habido miembros del Opus Dei en el gobierno, también actualmente.

Fuente:  http://www.vice.com/es/read/estuve-treinta-anos-en-el-opus-dei-498

domingo, 23 de febrero de 2014

Opus Dei, el lobby de Dios

El Tribunal Supremo falló en julio de 2012 que los centros educativos que segregaran a los alumnos por sexo no podrían acceder al régimen de conciertos educativos. Esta medida habría dejado sin fondos públicos a la inmensa mayoría de los colegios del Opus Dei, uno de cuyos preceptos es la educación segregada. Poco después,  Joan Curcó, director de Fomento de Centros de Enseñanza, baluarte del Opus en educación, consideró muy plausible que el ministro de Educación, José Ignacio Wert, modificara la ley a la espera de que el Tribunal Constitucional se pronunciara. Y así fue: la LOMCE garantiza que los centros segregados puedan acceder  a los conciertos con las Administraciones educativas sin tener que justificar de forma objetiva esa política.

El Opus Dei siempre ha tenido línea directa con las altas esferas del Partido Popular, muchas de cuyas medidas le han favorecido. Especialmente en el sector educativo, uno de los ámbitos donde la organización es más influyente y al que más relevancia da el Opus. Los colegios de la institución son el principal vivero de futuros miembros destinados a perpetuar y extender los tentáculos de su poder. Como ejemplo del trato dispensado por los diferentes ejecutivos conservadores a la Obra, se puede citar la subvención anual de casi 4 millones de euros que el gobierno de Murcia concede a dos de sus centros, los colegios Nelva y Monteagudo. Este concierto es superior a los fondos destinados a todas las escuelas públicas de la región para gastos de mantenimiento. Otro ejemplo de feudo del Opus fue el Madrid de Esperanza Aguirre. Bajo su presidencia se concedió un terreno de 23.000 metros cuadrados en Alcalá de Henares al colegio Alborada, valorado en 15 millones de euros, por el que la organización pagaba sólo 12.500 euros anuales de alquiler, así como 25.000 metros cuadrados para la construcción de un segundo colegio de la Obra en Alcorcón.

La organización religiosa fundada por José María Escrivá de Balaguer en 1928 es, en la actualidad, una prelatura personal de la Iglesia que tiene como precepto principal “santificar a Dios a través del trabajo”. Considerada por sus adeptos como “una cruzada silenciosa”, el Opus Dei define en su itinerario jurídico los rasgos que deben guiar la vida de sus miembros, basados en una moral católica reaccionaria.
La implicación del Opus en la vida política como método para acrecentar su poder se remonta a la dictadura y al llamado gobierno de los tecnócratas (1957) pero, ya en democracia, se ha perpetuado de la mano del Partido Popular. La militancia de miembros del actual Ejecutivo en la prelatura ha quedado acreditada con el papel de Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior y supernumerario [miembro no célibe de la Obra] en el recurso contra el matrimonio homosexual, cuando era diputado en el Congreso, y con su apoyo a la ley del aborto de Gallardón. En el año 2002, en el acto de beatificación de Escrivá, la presencia de muchos miembros del gobierno escenificó su cercanía al Opus. Asistieron en representación del gobierno dos de sus miembros cercanos a la Obra: la entonces ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, y el ministro de Justicia, Jose María Michavila. También viajaron a Roma el presidente de Navarra, Miguel Sanz, Jorge Fernández Díaz, en aquel momento secretario de Estado para las Relaciones con las Cortes, así como el titular de Defensa, el supernumerario Federico Trillo, que acudió a título personal. Ministros como Cristobal Montoro, Ana Mato y Pedro Morenés han sido vinculados con la Obra por acudir a alguno de sus retiros espirituales, pero el estricto código de silencio que impera en la organización hace muy difícil confirmar su pertenencia. En el Opus rige una especie de omertá  que permite a la organización ejercer su poder de forma subrepticia. Jamás uno de sus miembros reconocerá en público que se reza en los retiros por una ley que prohiba el aborto y que cualquier miembro que quiera alcanzar la santidad a través del trabajo tiene que hacer todo lo que esté en su mano para que esa ley sea un hecho.

Un discurso de respeto a la libertad personal
El Opus Dei niega cualquier intento de influir en política. Manuel Garrido, jefe de su oficina de información, desmintió a La Marea que la organización dé directrices a sus miembros más allá de la formación de carácter espiritual. “En la Obra no hay directrices laborales para nadie… Digamos que ofrece un contexto formativo que fomenta la responsabilidad personal y no concreta directrices técnicas que sólo conciernen al interesado y a su empresa, o al organismo en el que trabaje”.

El mismo Escrivá de Balaguer preconizaba en sus escritos que los miembros de la prelatura debían mantener plena libertad en las cuestiones profesionales, sociales y políticas argumentando –eso sí– que estaban unidos sólo por un denominador común muy concreto, la fe de la Iglesia, el espíritu de la Obra  y el empeño apostólico. La realidad es que quienes se unen a la organización están sometidos a un férreo control y deben poner sus carreras profesionales al servicio de dicho “empeño apostólico”. “En el Opus, obedecer o marcharse” es una de las máximas de Escrivá.

El dominio de la Obra sobre sus militantes ha sido descrito por la multitud de miembros que lo han abandonado por considerarla una secta en la que  hay un abismo entre teoría y práctica. Los numerarios, seglares célibes que deben total obediencia al Opus, viven en casas particulares propiedad de la organización en las que reciben cada semana las directrices de un director espiritual que controla los aspectos más nimios de su vida, lo que parece difícil de conciliar con la idea de independencia total en la vida profesional, sobre todo si el interesado ocupa un puesto de responsabilidad. Los numerarios entregan todos sus ingresos al Opus y firman un testamento hológrafo en el que legan todos sus bienes a la organización. El control mental, especialmente a las mujeres de la Obra, llega al extremo de prohibirles acudir a espectáculos públicos como el cine o el teatro para evitar el riesgo de que conozcan a alguien, se enamoren y dejen de ser numerarias.

Francisco Delgado, presidente de Europa Laica, explica cómo el Opus intenta colocar en el ámbito empresarial, político, educativo y financiero al máximo número de sus miembros para influir en la vida pública. Además, afirma que “el Opus busca atraer a jóvenes brillantes en las universidades y centros empresariales para colocarlos en puestos de poder; los jóvenes aspirantes, conocedores de la influencia del Opus Dei, aceptan entrar en la Obra muchas veces sin tener unas creencias religiosas tan dogmáticas”.

En sus centros educativos, no sólo tratan de adoctrinar a los estudiantes más influenciables, sino que seleccionan a los más brillantes para intentar que se unan al Opus y así perpetúen su influjo en la vida pública. Para ello, se crean redes de captación de miembros con altas capacidades, sobre todo en aquellas áreas con especial influencia social:  la educación, la sanidad, la política, el sector financiero y los medios de comunicación. “Tenemos que envolver el mundo en papel de periódico”, decía Escrivá de Balaguer, que impulsó en 1958 la creación del instituto de Periodismo de la Universidad de Navarra, que fue  la primera institución en España donde se podía estudiar esta disciplina, además de la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid. Un vivero de donde han salido periodistas como Pilar Urbano, numeraria del Opus, o José Apezarena, que fue jefe de Informativos de la COPE.

El proselitismo tiene otra vía: la caridad, uno de los métodos para reclutar simpatizantes, precisa Francisco Delgado. Detrás de cada esfuerzo de la organización para servir a las personas sin recursos existe la intencionalidad de ganar adeptos. Por ello, durante la crisis han aumentado los miembros del Opus que trabajan como voluntarios en bancos de alimentos. Las connotaciones políticas que tienen estas labores de reclutamiento en barrios obreros tienen una importantísima carga ideológica que trasciende a la cuestión religiosa. El Opus Dei ha intentado siempre ubicar centros educativos en poblaciones con mayoría obrera para eliminar la conciencia de clase de esas zonas y actuar como una especie de virus que se adentre en los barrios con mayor historia de lucha obrera para, desde dentro, desmovilizar y promover sus ideas. Un ejemplo, el Colegio Tajamar, en Vallecas (Madrid), del que Enrique de Castro, el cura rojo de la parroquia de San Carlos Borromeo, decía que su única finalidad era desclasar el barrio.

Intelectuales como Francisco Umbral han hecho un análisis más amplio del poder de esta prelatura personal. Para este autor, el Opus ha sido clave en la continuidad del nacionalcatolicismo en la democracia. “Languideciente el franquismo azul, enterrado con la señora [Carmen Polo], el Opus no es sino la pervivencia del franquismo blanco.”

Fuente:  http://www.lamarea.com/2014/02/22/opus-dei-el-lobby-de-dios/