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domingo, 9 de octubre de 2016

El estremecedor testimonio de las mujeres detenidas y torturadas sexualmente por policías en México

Solo once féminas, de las más de 20 que fueron apresadas en una manifestación en 2006, denuncian y expresan el trauma y el dolor que vivieron.

Once mujeres han relatado las torturas y agresiones sexuales que sufrieron por la Policía mexicana. REUTERS
Once mujeres han relatado las torturas y agresiones sexuales que sufrieron por la Policía mexicana. REUTERS

"Me quitaron la mitad de mi vida", son las palabras con las que una de las mujeres de Atenco, una de las once féminas que fueron detenidas y torturadas sexualmente por policías en un operativo en San Salvador Atenco (Estado de México) en mayo de 2006, expresaba el trauma y el dolor con el que ha convivido durante ese infierno del que ya han pasado más de diez años.

El 3 y 4 de mayo de 2006, por orden del entonces gobernador y actual presidente del país, Enrique Peña Nieto, tuvo lugar un operativo policial en las localidades de Texcoco y San Salvador Atenco con el objetivo de poner fin a un movimiento de protesta surgido como oposición a un proyecto para construir un nuevo aeropuerto para Ciudad de México. La manifestación se saldó con dos muertes, decenas de mujeres agredidas y más de 200 personas heridas.

De las más de 20 mujeres que fueron apresadas y torturadas sexualmente durante los enfrentamientos, solamente once han contado su testimonio y llevado el caso hasta la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), donde el organismo acreditó la existencia de graves actos de violencia física sexual y psicológica, además de la violación de siete mujeres por parte de agentes estatales. Sin embargo, tras los hechos, el Estado mexicano incumplió con su obligación de investigarlos.

"Eso ha sido lo más difícil de soportar, lo que más me ha dado coraje durante todo este proceso: el ver que los que nos atacaron directamente salieran absueltos, que no pasara nada. Ni modo, así es la justicia aquí en México", se quejaba Ana María Velasco, de 43 años, en recientes declaraciones al New York Times, una vez que han pasado diez años.

"El hecho de que lleguemos a la Corte Interamericana es una forma de reconocer que esto realmente nos afectó. Que no fue una casualidad, sino más bien una estrategia de estado hacia movimientos sociales y hacia el pueblo en general, y es un paso más para acabar con todo esto de una vez por todas", aseguraba Georgina Edith Rosales, de 60 años, al mismo medio.

Entre las 11 mujeres se encontraban periodistas y estudiantes que fueron a cubrir las protestas. Una era médica encargada de atender a los heridos y otras estaban de compras en el mercado de Texcoco.

Historias únicas

La historia de cada una de las once mujeres es única, cada una de ellas sufrió de una manera y ahora lo expresa de otra. El relato de Yolanda Muñoz comenzó cuando la detuvieron en la azotea de una casa y la pusieron de rodillas. A su lado había una pila de cuerpos amontonados, golpeados y ensangrentados.

"El señalamiento es muy duro. Yo no tengo una carrera, ¿qué puedo hacer? por mis antecedentes nadie me da una recomendación de trabajo", se lastimaba Yolanda Muñoz, de 56 años.

Ella todavía recuerda las botas negras de sus agresores, el encono de sus golpes, "casi siempre pegaban en la espalda y en la cabeza", decía Muñoz. También contó como la subieron a un autobús escolar junto a otras mujeres y hombres que, al igual que ella, creían que iban a morir.

En cierto sentido no se equivocaba, ya que en ese viaje de cinco horas desde Texcoco hacia las distintas cárceles a muchas de las detenidas les mataron una parte de ellas mismas.

Las torturas por las que pasaron estas mujeres fueron inmensas, algunas detallaron que les mordieron los senos y que hasta les pellizcaron los pezones, que a una la obligaron a practicar sexo oral a varios policías y que a otras las penetraron con los dedos u objetos. Las golpearon, manosearon y denigraron.

"No lo he superado, ni tantito. Es algo que me persigue y a lo que no sobrevives, se queda contigo siempre. Nunca pude decirle a mi hijo y a mi padre que me violaron, no solo uno sino varios policías, los hubiera vuelto locos", contaba entre lágrimas María Patricia Romero, de 48 años.

"Se llevaron lo más valioso para mí, que es el tiempo, porque nadie vendería su tiempo, ni un segundo, ni por mil dólares, porque nunca lo puedes recuperar, nadie te lo puede regresar. Porque en el año y medio de vida que me robaron pude haber hecho tantas cosas", explicaba Suhelen Gabriela Cuevas, de 30 años.

"Arruinaron mi vida"
Bárbara Italia Méndez, de 37 años, relataba cómo su proyecto de vida se arruinó. "Después de lo que pasó no tenía planes, ni a corto ni a largo plazo. Solo me dediqué a encontrar la forma de recuperar mi vida, de volver a confiar y de pensar que este mundo no es un lugar horrible".

Algunas dejaron de estudiar y abandonaron sus proyectos. Perdieron parejas, hasta sus propios hijos se alejaron de ellas, y tampoco lograron ser comprendidas por sus seres queridos ni adaptarse al trauma tan particular de una víctima de tortura sexual. Para todas ellas la intimidad sexual es, en el mejor de los casos, un desafío; en los peores días, un suplicio.

"Es como si te hubieran matado. Puedes quedarte muerto en tu vida con el miedo, con el dolor que no se quita, con el recuerdo, o puedes, aun con lo que pasó, tratar de encontrar un camino y la fuerza, tratar de vivir aun sin quitarte aquello que te mató en ese momento", decía Selvas.

"El estigma que recae sobre ti es terrible. Mi novio ya no quería estar conmigo, mis amigos me trataban como si fuera de vidrio y me fuera a romper todo el tiempo. Tuve que reconciliarme con el hecho de que la gente, mi propia familia, no sabían cómo tratarme", contaba Norma Aidé Jiménez Osorio, de 33 años.

"Mis hijos quedaron con un desorden emocional por lo que pasó. Mi hijo, que tenía ocho años en aquel momento, decía que me iba a sacar de la cárcel. Mi hija la más chiquita estaba llena de angustia, dibujaba policías con armas y sangre. Tenía seis años entonces", recordaba Cristina Sánchez, de 50 años.

Las supervivientes de Atenco

Durante estos años las mujeres de Atenco aprendieron que en una país donde el machismo atraviesa conductas sociales y culturales, el hecho de haber sido violadas sexualmente constituye una doble carga, un doble estigma, y también una doble sociedad.

"Tomé la decisión consciente de sobrevivir, de estar viva hoy, de sentirme bonita otra vez, de quererme, de verme en el espejo y reconocer a la persona que veo. Porque esto es lo que me robaron: mi forma de ser, de querer, de sentir", expresaba una de ellas, contaba Patricia Torres Linares, de 33 años.

"Este proceso de diez años ha sido muy difícil y al mismo tiempo muy hermoso. A pesar de lo lastimadas que estábamos, física y emocionalmente, nos tuvimos las unas a las otras y no dejamos que eso nos destruyera", contaba Mariana Selvas, de 32 años.

"No somos las violadas de Atenco, somos las mujeres que sobrevivieron y superaron lo que pasó en Atenco, yo sigo siendo yo, no soy esa etiqueta", contaba Suhelen, quien a día de hoy surfea todas las mañanas en su ciudad natal de Los Cabos, en Baja California.

Más de una década después, la CIDH podría obligar al Estado mexicano a establecer responsabilidades en toda la cadena de mando involucrada en los hechos, lo que incluye al entonces gobernador que ordenó el operativo, a día de hoy el presidente Peña Nieto.

Por su parte, la oficina del presidente no responsabilizó a Peña Nieto y ni siquiera lo nombró explícitamente como un objetivo de la investigación.



Fuente: http://www.publico.es/internacional/estremecedor-testimonio-mujeres-detenidas-y.html

lunes, 8 de agosto de 2016

Hallan vídeos de violaciones a menores en los móviles de combatientes ultranacionalistas ucranianos



Los teléfonos móviles de comandantes de la unidad de voluntarios Tornado, que han combatido del lado de Kiev en el conflicto contra separatistas rusos en el este de Ucrania, contenían grabaciones de violaciones a menores de edad, ha asegurado la diputada ucraniana, Tatyana Chronovol.

“Cuando fueron detenidos los comandantes de Tornado, se les incautó los teléfonos móviles. En ellos había algunos videos que realmente daban miedo, con orgías y violaciones”, ha asegurado Chronovol en un entrevista con una cadena local de la que se ha hecho eco el medio ‘Russia Today’.

“Había incluso bebés. Supongo que las madres de esos bebés fueron forzados a hacer esto bajo la amenaza de muerte de sus hijos”, ha apuntado la diputada y activista, que mantuvo un alto perfil durante las movilizaciones del llamado EuroMaidán que depusieron al presidente ucraniano, Viktor Yanucovich.

“Había también violaciones a chicas menores de edad en esos videos”, ha declarado. Ocho miembros de esta unidad que fueron detenidos el pasado mes de junio se encuentran bajo investigación judicial. Se enfrentan a cargos de secuestro y tortura de la población local, en la región de Lugansk.

Según la investigación, miembros de Tornado instalaron una cámara de tortura en la planta baja de una escuela local. Este grupo ultranacionalista fue formado en octubre de 2014 como parte de una estrategia del Ministerio de Interior ucraniano. Tornado estuvo vinculado con el desmantelado batallón de Shakhtersk, que fue acusado de protagonizar saqueos sistemáticos.



Fuente:  http://www.yometiroalmonte.es/2016/08/08/hallan-videos-violaciones-menores-moviles-combatientes-ultranacionalistas-ucranianos/

Tráfico sexual en Líbano: una mujer siria describe nueve meses de calvario

Rama tiene 24 años y pasó nueve meses en un burdel donde le obligaron a prostituirse. Le golpearon y torturaron antes de que pudiera escapar
Otras chicas cuentan que en el lugar llegaron a morir compañeras. No podían abrir las ventanas y durante meses no vieron la luz del sol
Los activistas pro derechos humanos quieren que se reforme el Código Penal del país y se entrene a jueces y policías para que sepan enfrentarse a los casos de tráfico de seres humanos

España acogerá a 285 refugiados desde Líbano a partir de junio
Imagen de archivo de una chica siria en un campo de refugiados en Líbano EFE
 La única vez que Rama, una mujer siria de 24 años, se derrumbó fue cuando recordó sus meses de tortura y esclavitud sexual en una red de tráfico de personas en Líbano. En ese momento perdió la fe, asegura.

"Honestamente no, ya no tengo fe después de lo que sucedió", cuenta a the Guardian. "Porque cuando éramos golpeadas decía 'Dios, por favor, sálvanos'. Y mi torturador respondía: "Puta, ¿crees que Dios te salvará?", cuenta Rama. "Y él me golpeaba más. No podíamos decir la palabra Alá, ni siquiera dentro de nuestros corazones".

Durante el transcurso de una hora, Rama –no es su nombre real– describió con angustioso detalle los infernales nueve meses en los que fue parte de la mayor red de tráfico sexual descubierta jamás en Líbano. 

Tiempo en el que sufrió torturas, incluido ser golpeada con cables y porras eléctricas y con una alfombrilla de baño en la boca para que no gritara. Le forzaron a tener sexo una media de diez veces al día y le encerraron en una casa decrépita a la que no llegaba ni un destello de la luz del sol.

También detalló el abuso sobre otras mujeres que fueron esclavizadas en la red, forzadas a abortar después de tener sexo sin protección con clientes y sometidas a inhumanas torturas físicas y psicológicas.

Su narración se combina con detalles obtenidos independientemente por the Guardian desde fuentes judiciales y de seguridad involucradas en la investigación de la red, la cual eludió a las autoridades durante cuatro años y esclavizó a 75 mujeres sirias. Un auto de procesamiento confirma muchas de sus denuncias.

El brazo ejecutor del grupo fue supuestamente un hombre llamado Imad al-Rihawi, antiguo interrogador del temido servicio de inteligencia de las fuerzas aéreas sirias. Se le acusa de encarcelar a las mujeres en dos edificios en Maamaltein, un sórdido suburbio de Jounieh, una ciudad conocida por ser el lugar donde están los prostíbulos de Líbano.

La entrevista con Rama, que se produjo cuando estaba ultimando su salida de una casa de acogida para mujeres maltratadas, ofreció una inusual visión de una mujer esclavizada en una red sexual. Pocas han hablado con los medios desde que sus cabecillas fueron detenidos el mes pasado.

"Dormíamos donde trabajábamos y no podíamos salir, ni siquiera veíamos la luz del sol", cuenta Rama. "Las ventanas estaban pintadas de negro. No veíamos la luz ni podíamos respirar aire del exterior". Su voz se eleva mientras continúa: "No es que nos hicieran sentir como esclavas, es que éramos esclavas".

Rama llegó a Líbano por una ruta de contrabando

Rama describió cómo fue atraída a Líbano desde una ciudad de Siria donde trabajaba como camarera en un café. Fue abordada por un hombre que le dijo que estaba captando personas para un restaurante en Líbano y que le pagaría 1.000 dólares al mes. Deseosa de salir de un país asolado por la guerra, en un momento cercano a cumplirse cinco años de conflicto, aceptó.

Cuenta que el hombre le dijo que él se encargaría de los permisos necesarios para entrar en Líbano (las personas sirias ahora necesitan visados para entrar en el país) pero se sorprendió cuando él le dijo, después de unas pocas horas conduciendo, que ya estaban en el país. Habían cruzado la frontera a través de una ruta de contrabando.

Llegaron a Chez Maurice, una ruinosa casa que fue visitada por the Guardian, después de la redada policial, donde ella iba a pasar los próximos nueve meses. Las ventanas y los balcones están enrejados, y la casa de dos plantas está ahora vacía y sellada con una banda roja. Ropa interior y ropa sucia están esparcidas por la entrada, el café sigue derramado en el suelo desde la redada policial.

Algunas ventanas quedaron medio abiertas y desde ahí emerge el hedor de fruta podrida desde el oscuro interior. Ropas y paquetes de cigarros medio vacíos están dispersos por las sucias habitaciones y por las camas con barras de metal.

"Me pegó hasta que me rendí"

Después de llegar a Chez Maurice, Rama cuenta que Rihawi entró en el edificio y, después de pagar al conductor, le informó de que ahora sería una prostituta en la casa que él regentaba. "Le dije que no quería trabajar como prostituta", recuerda. "Dijo que lo sería quisiera o no. Y después empezó a golpearme. Me pegó hasta que me rendí, y entonces le dije que sí".

Rama asegura que supo después, por otras mujeres de la casa de acogida, que esa fue la manera en que muchas de ellas llegaron a la casa. Algunas vivieron allí cuatro años. Sus torturas a menudo consistieron en ser atadas a una mesa en forma de crucifijo donde les golpeaban con un cable. Si se desmayaban, se les despertaba con una picana eléctrica.

Las mujeres –29 de ellas vivían en Chez Maurice y otras en una casa cercana– fueron forzadas a tener sexo hasta diez veces al día de lunes a viernes. Con frecuencia, el número de clientes se duplicaba los fines de semana. A las mujeres que todavía no habían perdido su virginidad cuando llegaban a la casa se les rompían el hímen con una botella.

A las que decían que no a peticiones de los clientes, incluido tener relaciones sexuales sin protección, se les señalaba con marcas rojas en una lista. Más tarde, eran castigadas a golpes. Tenían que conseguir al menos 50 dólares en propinas de los clientes cada día y ese dinero –así como lo que ganaban a la hora en el burdel– les era confiscado.

Un rumor costó 95 latigazos

Entre murmullos, continúa Rama, las mujeres se contaban la historia de otras dos mujeres que murieron en la casa, y que fueron enterradas en tumbas sin marcar antes de que ella llegara. Cuando Rihawi, el supuesto ejecutor de la trama, las escuchó hablando sobre el tema, golpeó a una de ellas 95 veces en sus piernas con un cable.

A las mujeres que quedaban embarazadas después de haber mantenido sexo sin protección con los clientes se les llevaba para tener abortos, algo que es ilegal en Líbano, a menudo con un embarazo ya avanzado. La policía ha arrestado al doctor responsable que operaba en un distrito del norte de Beirut, Dekwaneh, donde según los investigadores se llevaron a cabo hasta 200 abortos a mujeres esclavizadas en la red.

Las mujeres trabajaban en dos turnos entre las nueve y las seis de la mañana del día siguiente. Muchas habían perdido a familiares en la guerra o simplemente no tienen a nadie que cuide de ellas. Algunas de las chicas eran menores de 18 años y las más mayores tenían unos 30.

Rama no tiene un plan para contar a su familia su calvario, cree que ellos verían lo que le ha sucedido como una afrenta a su honor. "No puedo simplemente acercarme a mi hermana y decirle, disculpa mi lenguaje, fui puta", dice. "Querida hermana, he sido una puta. O decírselo a mi hermano. Contarlo no es una minucia".

Al final, ella describió cómo escapó del burdel. Cinco mujeres, incluida ella, tuvieron que lidiar con una vigilante el Viernes Santo, cuando el burdel permanecía cerrado, mientras otras distrajeron a otras tres vigilante en otra habitación. Escaparon por la puerta de atrás, descalzas y en pijama, y cogieron un taxi hasta los suburbios del sur de Beirut.

"He olvidado la mayor parte de las cosas que sucedieron mientras estaba allí", asegura. "No solo hubo golpes. Tan pronto como cruzas su puerta, también olvidas que hay cosas detrás de aquellos muros. 

Simplemente lo olvidas. No podíamos abrir nuestras ventanas. Cuando salimos del lugar, nos dolieron los ojos porque veíamos la luz del sol por primera vez en mucho tiempo".

El conductor de una furgoneta que conocieron en Choueifat escuchó su historia y las llevó a una oficina local de Hizbolá, la organización libanesa militar y política, que llamó a la policía. Oficiales de las Fuerzas de Seguridad Interna llegaron e interrogaron a las chicas, antes de planear una redada para rescatar al resto.

ACNUR: El 70 % de refugiados sirios en Líbano viven bajo el umbral de la pobreza
ACNUR: El 70 % de refugiados sirios en Líbano viven bajo el umbral de la pobreza EFE
La ley les obliga a demostrar que fueron forzadas
El caso ha sacudido a Líbano, surgiendo preguntas sobre cómo una red de tal magnitud no ha sido detectada durante años. Y, aunque las mujeres llegaron a través de redes de trata desde Siria, según un oficial de policía conocedor de la investigación, esto subraya la vulnerabilidad de los refugiados en países colindantes a Siria y la explotación a la que mucha gente está sometida.

También pone el foco sobre las deficiencias en la legislación de trata en Líbano, la cual fue aprobada en 2011 bajo la presión de Estados Unidos y coexiste con la ley de prostitución en el Código Penal, que trata a las mujeres víctimas de redes de prostitución de manera similar a sus proxenetas. La ley también requiere que las víctimas de tráfico prueben que fueron forzadas a trabajar como prostitutas.

Los activistas pro derechos humanos quieren que Líbano rescinda el artículo de la prostitución en el Código Penal y reforme su estatus existente sobre tráfico humano, y también que se entrene a los jueces y a los agentes de policía a la hora de tratar casos de tráfico de personas. Desde que la ley fue aprobada, no ha habido condenas por tráfico sexual en el país.

En cuanto a Rama, ella quiere quedarse en Líbano, obtener la residencia y trabajar. Quiere vivir por sí misma, dice que ha perdido la confianza en los seres humanos y que todavía tiene pesadillas sobre su encarcelamiento. "Siempre que sucede algo malo te recuerda todo lo que sufrimos. Todas las cosas que nos han pasado, no podemos olvidarlas".


sábado, 5 de marzo de 2016

La ONU registra 99 casos de delitos sexuales, la mayoría de sus militares

Más de la mitad de las denuncias afectan a las misiones de República Centroafricana y Congo

 
Tres presuntas víctimas de los abusos en República Centroafricana, desplazados en el campo de Mpoko, en Bangui AFP

La Secretaría General de Naciones Unidas, dirigida por el surcoreano Ban Ki-moon, registró el pasado año 99 denuncias por presuntos casos de abuso o explotación sexual, una veintena más que en 2014. Según detalla un informe interno, la mayor parte de los casos, 69, involucran a personal civil, policial o militar de las misiones de pacificación de la ONU. De estos operativos, con una fuerte presencia de cascos azules, se llevan la palma los desplegados en República Centroafricana y República Democrática del Congo. Las otras 30 denuncias fueron interpuestas contra personal no vinculado a misiones de paz en el extranjero, pero sí a las agencias humanitarias que desarrollan las actividades de la organización.

El reporte elaborado por la oficina de Ban llega dos meses después de que una investigación independiente encargada por la ONU concluyese que la organización había cometido serios errores en la gestión de denuncias de delitos sexuales en la misión en República Centroafricana (Minusca). El escándalo en este país, envuelto desde finales de 2014 en un conflicto a fuego lento entre milicias cristianas y musulmanas, estalló tras la suspensión de empleo de un trabajador de la ONU, el sueco Anders Kompass, por filtrar a un tribunal de Francia que soldados de ese país —no adscritos a la Minusca sino al contingente enviado por París a su antigua colonia— estaban siendo investigados por supuestos abusos a menores. Kompass fue readmitido por la organización recientemente.

El 55% de las 69 denuncias presentadas contra personal de misiones de paz, la mayoría aún en periodo de investigación, si bien las hay que fueron desestimadas por falta de evidencias, corresponden precisamente a República Centroafricana (22) y República Democrática del Congo (16). También hay casos abiertos por abusos o explotación sexuales en Haití (9), Liberia (6), Costa de Marfil (6), Malí (5), Darfur (2), Abyei (Sudán, 1), Chipre (1) y Timor Este (1).

Más de la mitad de estas denuncias, 38 en total con 46 personas involucradas y 34 víctimas, fueron cursadas contra militares de las misiones. El resto se lo repartieron a partes iguales entre personal civil y policial de los contingentes de la ONU.

La presión por la catarata de denuncias por abusos sexuales en República Centroafricana llevó en agosto del pasado año a Ban a, primero, usar la palabra "cáncer" para describir el modo en que se estaba extendiendo el escándalo, y, en segundo lugar, a destituir al jefe de la Minusca, el general senegalés Babacar Gaye, un veterano en misiones de paz.

En al menos 22 de las 69 denuncias registradas por la Secretaría General en el marco de misiones de paz, las presuntas víctimas fueron menores, mientras que en otras 41 lo fueron adultos por casos de sexo no consentido. Según detalla el informe, personal de hasta 21 países, la mayoría de ellos africanos, ha sido objeto de las denuncias. El contingente militar congoleño, presente en la Minusca, está a la cabeza, con siete casos, seguido del de Marruecos (4), denunciado también en la misión centroafricana, y Sudáfrica (4), con cascos azules en Congo. Solo hay un expediente en el reporte que vincula a un país de Europa, en este caso, personal policial alemán. Se desconocen los detalles de la investigación.

Una de las principales críticas lanzadas por las ONG de derechos humanos a la ONU es la lentitud en las investigaciones. De los 69 casos abiertos en misiones de paz, solo 17 han sido cerrados con condenas que van desde la repatriación de personal hasta la suspensión de la aportación económica o incluso el arresto.


Fuente:  http://internacional.elpais.com/internacional/2016/03/04/actualidad/1457100294_247142.html