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miércoles, 24 de mayo de 2017

En medio de medidas de austeridad, los anarquistas toman las riendas en Grecia

A la derecha, Elly Antipa, una anarcocomunista griega, con niños sirios en una escuela abandonada ocupada por grupos anarquistas y que ahora funge como hogar para refugiados. Credit Eirini Vourloumis para The New York Times
 Los anarquistas griegos se están organizando como nunca antes.

Siete años de medidas de austeridad y una reciente crisis de refugiados han dejado al gobierno del país con cada vez menos recursos, por lo que le ofrecen cada vez menos servicios a los ciudadanos. Muchos de estos están desesperanzados. Y algunos que nunca habían tenido esperanza para empezar han tomado cartas en el asunto, para el desagrado de las autoridades.

Tasos Sagris, de 45 años, integrante del grupo anarquista Void Network y de un colectivo teatral que recauda fondos para los refugiados (Embros), es uno de los principales impulsores del activismo social que busca llenar los vacíos dejados por el gobierno.

“La gente confía en nosotros porque no los usamos como clientes o votantes”, dijo Sagris. “Cada falla del sistema comprueba que la idea de los anarquistas es verdadera”.

Tasos Sagris, integrante del grupo anarquista Void Network y del teatro Embros Credit Eirini Vourloumis para The New York Times
 En la actualidad esa idea no se trata solo del caos y de tumbar a la instituciones del Estado y la sociedad –la crisis económica prolongada quizá ya se ha encargado de eso–, sino de acción ciudadana y autoayuda. El movimiento sigue estando fracturado: algunas partes enfatizan la necesidad del activismo social y otras priorizan la lucha contra la autoridad con actos vandálicos o enfrentamientos callejeros con la policía. Otros quieren combinar tales medios.

Decenas de “centros sociales autoadministrados” han surgido a lo largo de Grecia desde 2008; reciben financiamiento privado a partir de conciertos, exhibiciones y de los bares dentro de las instalaciones. En todo el país hay unos 250 centros.

En estos, los activistas reparten comida o medicinas para paliar el colapso de ciertos servicios sociales y la alta pobreza. En los últimos meses, el enfoque también ha sido para albergar a los refugiados que desbordan las costas griegas y que se han quedado atorados en Grecia debido al reforzamiento fronterizo de los países balcánicos y de la Unión Europea. Tan solo en la capital de Atenas viven alrededor de 3000 asilados en 15 edificios abandonados que fueron ocupados por los anarquistas. 

Un grupo de personas en la cocina de la que fuera una escuela y hoy funciona como un hogar para refugiados Credit Eirini Vourloumis para The New York Times
 El movimiento anarquista en Grecia ya ha desempeñado un papel importante en la historia del país: fue parte del levantamiento estudiantil que tumbó a la dictadura a mediados de los setentas; se sumaron a grupos de izquierda en universidades griegas donde todavía hay espacios ocupados por ellos (algunas de las cuales se usaban para construir bombas molotov) y se han opuesto a diversas causas como la oposición a una reforma educativa o a las Olimpiadas de 2004 en Atenas.

El público en general tolera al movimiento, un reflejo de la desconfianza que hay entre los griegos a las autoridades, algo que se ha profundizado con las medidas de austeridad impuestas por prestamistas internacionales para lidiar con la deuda pública.

En Atenas, el baluarte anarquista es el vecindario de Exarchia, donde el asesinato de un adolescente por un policía en 2008 desató dos semanas de disturbios y resultó en la creación de grupos de guerrilla. La policía y las autoridades son recelosas de intentar imponerse en la zona.

Han llevado a cabo algunas redadas en edificios ocupados en Atenas, en la ciudad norteña de Thessaloniki y en la isla de Lesbos, el punto de llegada para cientos de miles de migrantes y solicitantes de asilo desde 2014. 

El ministro del Orden Público, Nikos Toskas, dijo en entrevista que las redadas policiales son “sistemáticas”, y que se llevan a cabo “donde sea necesario”. El alcalde de Atenas, Giorgos Kaminis, condenó a los ocupas, al acusar que han puesto en peligro a los refugiados que viven en esos edificios. 

“Nadie sabe quién los controla ni en qué condiciones están viviendo las personas en esos edificios ocupados”, dijo.

Por su parte, los anarquistas dicen que esos lugares son una alternativa humana a los campos de refugiados en los que viven más de 60.000 personas y que han sido condenados por grupos de defensa de los derechos humanos como insalubres e inseguros.

Antipa con Abdulah Arifay, un refugiado sirio, en el techo del nuevo hogar para refugiados, donde construyeron un gallinero Credit Eirini Vourloumis para The New York Times
En Exarchia, uno de los inmuebles que antes fuera una escuela secundaria que fue abandonada por problemas estructurales. La primavera pasada, los anarquistas establecieron ahí un hogar para 250 asilados, la mayoría de ellos sirios. Otros refugiados están en “listas de espera” para vivir en otros edificios ocupados.

Estos funcionan como comunidades autorganizadas, dijo Lauren Lapidge, de 28 años, activista que llegó a Grecia desde Londres en 2015 y está involucrada en la gestión de varios centros ocupados.
“Son organismos vivientes: ahí los niños van a la escuela, algunos incluso nacen ahí, hemos tenido bodas”, dijo. 

Otra iniciativa en Exarchia es un contenedor que anarquistas y residentes pusieron en la plaza central para distribuir comida y medicinas y para vender literatura anarquista; lo llaman el Quiosco Político.

Vassiliki Spathara es parte de un grupo de anarquistas que administran el llamado Quiosco Político, un contenedor en la plaza central de Exarchia. Credit Eirini Vourloumis para The New York Times
 Vassili Spathara, pintora y anarquista de 49 años que vive en la zona, dijo que estas iniciativas son necesarias porque las autoridades locales no intervienen “ni para cambiar los focos” del alumbrado en la plaza.

“Quieren rebajar el área porque es el único lugar en Atenas que tiene una identidad organizada en contra del poder establecido”, dijo Spathara.

Y es así como en el paisaje político de Grecia, los anarquistas parecen presentarse como la alternativa al gobierno.

“Queremos que la gente luche, de todas las maneras, ya sea cuidar a los refugiados o quemar bancos y al parlamento”, dijo Sagris, el integrante de Void Network. “Los anarquistas usan todas las tácticas, violentas y no violentas”.

Aunque hizo notar que también tienen la “responsabilidad moral” de asegurarse de que no se repitan tragedias como la muerte de tres personas en 2010 tras el incendio de un banco durante una marcha antiausteridad. 

Los grafitis en el edificio de Exarchia rinden homenaje a Alexandros Grigoropoulos, quien tenía 15 años cuando la policía le disparó en 2008, hecho que desencadenó disturbios. Credit Eirini Vourloumis para The New York Times
 Otro grupo anarquista, Rouvikonas, dice que busca evitar la violencia, aunque sus integrantes han llevado a cabo asaltos en oficinas gubernamentales y en negocios. La semana pasada, algunos miembros armados con palos de madera y banderas negras patrullaron un parque en el centro de Atenas tras acusar que la policía no se ha involucrado en la zona para detener el narcotráfico ni la prostitución de migrantes.

“Algunos quieren decir que se deshicieron de las drogas en la zona para poder controlarla”, acusó Toskas, el ministro de Orden Público.

Rouvikonas también solicitó ante una corte local el poder fundar una “sociedad cultural” con una “identidad política” (aunque insisten que no es un partido).

“Los anarquistas obviamente no pueden fundar un partido político”, dijo Spiros Dapergolas, diseñador gráfico de 45 años que pertenece a Rouvikonas. “Pero tenemos nuestras propias maneras de entrar al centro político y queremos crecer”, añadió, al instar que quieren que los griegos se autorganicen.

“Y lo que hace Rouvikonas lo puede hacer cualquiera”.


Fuente: https://www.nytimes.com/es/2017/05/22/en-medio-de-medidas-de-austeridad-los-anarquistas-toman-las-riendas-en-grecia/?smid=fb-share-es

viernes, 19 de agosto de 2016

Un grupo anarquista instala estatuas de Donald Trump desnudo en ciudades de Estados Unidos

La representación, que apareció de forma simultánea en la noche del jueves en Nueva York, San Francisco, Los Ángeles, Cleveland y Seattle, ha sido bautizada bajo el nombre 'The Emperor Has No Balls'


El grupo anarquista Indecline ha instalado una serie de estatuas en las que se caracteriza al candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump, desnudo y sin testículos.
La representación apareció de forma simultánea en la noche del jueves en las ciudades de Nueva York, San Francisco, Los Ángeles,  Cleveland y Seattle. Ha sido bautizada bajo el nombre 'The Emperor Has No Balls' (El emperador no tiene pelotas). Todas las estatuas ya han sido retiradas durante la mañana del viernes.

La figura del candidato republicano desnudo ha revolucionado las ciudades estadounidenses. La neoyorquina Union Square se llenó de curiosos de todas las edades que no dudaron en hacerse selfies y bromear sobre la fisionomía de la representación. Patrick, un ciudadano de Manhattan,  aseguraba en declaraciones al diario the Guardian que "ha sido una semana horrible, esto ha sido lo mejor que me ha pasado".


En una entrevista al The  Washington Post, el grupo Indecline ha afirmado que querían "humillar a Trump al tiempo que reflejar sus tendencias autoritarias, como algunos dictadores que menudo erigen estatuas de sí mismos".



Un portavoz del departamento de parques de Nueva York ha asegurado, con ironía, que "Parques de NYC se opone firmemente a cualquier erección no permitida en parques de la ciudad, por pequeña que sea".


Más información : http://www.eldiario.es/internacional/anarquista-Donald-Trump-diferentes-Unidos_0_549795204.html

viernes, 26 de diciembre de 2014

Grecia se vuelca en la autogestión

Ante las políticas de austeridad, los mecanismos de autogestión se multiplican en la sociedad griega

Incluso asuntos con histórica participación del Estado, como la salud o el agua, están siendo repensados desde la sociedad civil y la gestión comunitaria

La economía cooperativa, las redes de solidaridad y las prácticas alrededor de los bienes comunes viven un momento dorado en el país helénico

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Grecia se vuelca en la autogestión. \ Bernardo Gutiérrez
 13.00 horas, Egnatia, periferia de Salónica, la segunda ciudad más importante de Grecia. Dimitris Koymatsiouli es el único guardián de la fábrica Vio.me. Su camiseta contiene un lema inequívoco: "la lucha es lo que hace dar vueltas al engranaje". Dimitris sabe que la autogestión de esta fábrica de productos de limpieza es un mito de muchos movimientos y pensadores del mundo. Desde la sala de controles, llena de emoción cada frase: "Naomi Klein estuvo aquí. Estamos en una lucha global. Lo que hagamos aquí sirve de ejemplo al mundo". Eleni Dimitriadou, la socióloga que se ofrece de traductora, hace una breve introducción a Vio.me: "Los dueños quisieron cerrar la fábrica en el año 2011. Tenían beneficios, pero querían aprovechar la crisis para deshacerse de los trabajadores sin pagar despidos".

Los trabajadores decidieron, según explica Dimitris, "mantener la planta en funcionamiento y sobrevivir". El proceso fue arduo. Trabas judiciales. Amenazas. "Nos les interesábamos. Entonces, la mayoría de los 45 trabajadores votó a favor de continuar con la producción de forma auto gestionada", afirma un entusiasta Dimitris. Vio.me funciona de forma horizontal. Realizan varias asambleas a la semana, algunas abiertas a movimientos sociales y ciudadanos. Mientras muestra las naves de la fábrica, Dimitris enumera otras actividades que realizan, como performances o cine. También cita a intelectuales internacionales que les apoyan, como David Harvey o John Holloway. Al final de la charla, aparece Syriza, "la política". Pero a Dimitris no le interesa demasiado. Vio.me es su prototipo y utopia. "Somos uno, estamos juntos, es la base de todo", asegura en la despedida.

De crisis a la auto organización
Autobús 15089, rumbo al Centro de Salónica. Eleni Dimitriadou transforma el trayecto en una lección político social. "Grecia es el laboratorio de los mercados, de la doctrina del shock, del miedo", asegura. Eleni recuerda la Grecia olímpica, con sus flamantes infraestructuras construidas con fondos europeos. Y critica con dureza a la clase dirigente. "Preocupante es el trato dado a los inmigrantes. El ascenso de Amanecer Dorado también es terrible", matiza Eleni. Tampoco se libra Syriza, al que tilda de "otro partido más". Critica Solidarity4All, la plataforma de Syriza, por ser un espacio de cooptación política.
En el tono triste de Eleni parecen flotar los datos de la austeridad made in Troika que copan los grandes medios europeos: entre 2010 y el 2014 los salarios se han reducido un 23,8%, Los impuestos sobre la propiedad han aumentado un 514%, el paro juvenil roza el 60%, el número de ciudadanos excluídos del sistema de salud supera los 3 millones.... Pero Eleni, como muchos griegos, sonríe cuando aflora el tupido entramado solidario en el que vive inmersa. Eleni empieza a hablar de otro país. Una Grecia social, solidaria, cooperativa. Una Grecia en red, más micro que macro. Una Grecia en pie."El pueblo paró la privatización del agua, por ejemplo", asegura, en referencia al referéndum (ilegalizado por el Gobierno) que ayudó a parar la privatización del agua en Atenas y Salónica recomendada por la Troika.

Noche cerrada. Acaba de terminar una manifestación contra la violencia de grupos ultraderechistas. La policía comenzó a usar gas. La multitud se dispersó a las carreras. El centro social Micrópolis, en el centro de Salónica, es uno de los refugios. Eleni conversa con Jeza Goudi (activista del 15M Barcelona, colaboradora del Festival de Economía Cooperativa y Solidaria de Atenas), Miki (un activista del 15M de Barcelona) y Theodoros Karyotis (vinculado a procesos de autogestión en general). "Es increíble todo lo que está ocurriendo en Grecia desde las redes de solidaridad", asegura Jeza.

Miki cita el ejemplo de la clínica auto gestionada de Helleniko de Atenas, una de las 42 clínicas y farmacias auto gestionadas de Grecia. "Algunas televisiones y radios públicas de Salónica siguen ocupadas y gestionadas por los propios trabajadores", matiza Miki. Jeza opina que Grecia no sobreviviría sin la autogestión: "Sin las clínicas sociales, el 35% de la gente no sabría donde acudir con un problema médico. Sin las asambleas de barrio y su contacto con las escuelas no habría educación. Sin los mercados sin intermediarios, muchas familias sufrirían hambre".

Alternativas
El texto Transformando crisis en Krisis aborda la mutación social griega de los últimos años: "Estas iniciativas emergentes han sentado las bases de una red invisible, no regulada y autónoma que se ha llamado economía solidaria y cooperativa". Grecia se vuelca en la autogestión. Sus ciudadanos se organizan sin el Estado que les ha fallado. La plataforma Omnikron Project acaba de lanzar la segunda edición de su guía  
Ouzo-Drinking Lazy Greeks? Grassroots groups in Greece. En ella, encontramos la Grecia que no aparece en los medios, cientos de proyectos que configuran una nueva sociedad en marcha.

La Athens Wireless Metropolitan Network es una red de malla que provee internet comunitaria. La Red Solidaria de Profesores de Larisa suple los déficits educativos en dicha ciudad. Nea Guinea incentiva la auto suficiencia energética desde el  paradigma de la tecnología libre. El proyecto Telaithrion evove alrededor de la permacultura. Nuevos medios como omnia.tv tejen redes a partir de la comunicación libre. Encuentros como el Commons Fest y el Festival de Economía Solidaria y Cooperativa de Atenas visibilizan y conectan esa vibrante Grecia paralela. "La robustas redes de solidaridad y de cooperativas ayudarán a catalizar esta transición hacia los comunes", asegura a eldiario.es, Vasilis Kostakis, una de las voces griegas del procomún más respetadas.

Las imágenes de la manifestación regresan a la conversación en Micrópolis: banderas rojinegras, lemas anarquistas, puños en alto, estética negra, "No Pasarán" (en castellano). Surgen algunas preguntas. ¿Cómo se conectaron los movimientos sociales clásicos que protagonizaron la oleada de protestas de 2008 y la ocupación de la plaza Syntagma de 2011? ¿Las ocupaciones de las plazas de los Indignados griegos fueron tan influyentes como las del 15M en España? 

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De Syntagma a Syriza
El Embros Theater de Atenas es uno de los mayores símbolos de la autogestión en Grecia. Tras años de abandono, el colectivo Kinivi Mavil ocupó este teatro público del distrito de Psiris. "Lo ocupamos tras la oleada de Syntagma, a finales de 2011, con doce días de discusiones, charlas e intervenciones", asegura Christina Thomopoulos, que trabaja con arte experimental. Christina modera una charla en el Embross que resume la pluralidad de la sociedad griega. También, la dificultad de diálogo.

El sexagenario Thomas Tsoutsos recuerda la ocupación de la plaza Syntagma con algo de desprecio. Habla de "caos", de "falta de organización", de "decepción personal". En lado opuesto de la mesa se encuentra Xara Alexakis, una profesora de arte dramático. "A mí Syntagma me marcó. Era algo muy vivo. Había mucha gente que no tenía un pasado militante, interesada en la política", afirma Xara. Esta diferencia de posturas coincide con la conclusión de Jeza Goudi, tras un año de convivencia con activistas griegos: los movimientos sociales clásicos no se conectaron tanto con los Indignados de Sytagma."Tienen mucha más ideologización que en la España del 15M. No hay un diálogo tan transversal. Los grupos de izquierdas que participaron en las revueltas de 2008 encuentran naives a los de 2011".

Christina Thomopoulos, mientras modera la charla informal del Embros, tampoco toca la macropolítica. Ni rastro de partidos. Apenas habla de gestión colectiva, de detalles que abren puertas. "Investigamos nuevos caminos comunitarios, la producción artística, la convivencia", afirma Christina.

Todos los caminos llevan a Exarcheia
En la Atenas social, todos los caminos llevan a Exarcheia, el barrio anarquista. En la terraza del centro social Nosotros, Christine Papadopoulou hace un mimucioso repaso cronológico de la ocupación de Syntagma. "Fue una llamada de los Indignados españoles. Alguien en la puerta del Sol colocó un cartel tipo "silencio, que vamos a despertar a los Griegos". Y la gente se lanzó a las plazas", afirma Christine.  A partir del 25 de mayo de 2011, los griegos tomaron la plaza Syntagma de Atenas y cientos de plazas en todo el país. 100.000 personas rodearon el parlamento, con un gran cartel en español: "Estamos despiertos. ¿Qué hora es? Es hora de que se vayan".

Christine habla de Syntagma con emoción: "Yo nunca había tenido contacto con la política. Muchos nos conocimos en  Syntagma y empezamos a hacer cosas juntos. En el inicio no había ni banderas de partidos. Poco a poco, comenzaron a llegar los infiltrados de grupos organizadoss". Syntagma fue un divisor de aguas. Christine comienza a enumerar alternativas que surgieron de la ocupación de Syntagma,como la Campaña Ciudadana de Auditoría de la Deuda, el Banco del Tiempo de Atenas, el Bazar de Intercambio solidario o el grupo de Democracia Directa. "El formato asamblea se expandió por barrios y ciudades. El boom de la economía solidaria es fruto de Syntagma", matiza Christine.

Todos los caminos, todas las luchas, llevan a Exarcheia. La revolución de 1973 empezó en la universidad politécnica, en la calle Stournari. El asesinato del adolescente Alexis Grigoropoulos, que dio pie a las revueltas de 2008, ocurrió a pocos pocos metros del centro social Nosotros. Una esquina desconchada sirve de memorial colectivo. Una fotografía recuerda a Alexis Grigoropoulo, al lado de un cartel con el rostro de Salvador Puig Antich (ejecutado por el franquismo). Durante el estallido de 2008, tras la muerte de Alexis, una frase que apareció en una pared de Atenas viralizó por el país: "somos una imagen del futuro".
Aquella imagen del futuro fue la ocupación de Syntagma en 2011. O las protestas de diciembre de 2014, las primeras masivas de los últimos años. Para James Roos, editor de Roar Magazine, "el futuro distópico es ahora". La nueva imagen del futuro son las revueltas en solidaridad con Nikos Romanos, el preso anarquista que acaba de terminar una huelga de hambre. Pero la imagen del futuro también es pasado. El 2 de diciembre, la represión policial e Exarchia se agudizó en la entrada de la Universidad Politécnica, el lugar exacto del levante estudiantil de 1973 que acabaría derrumbando al régimen de los coroneles. "Hay un sentimiento generalizado de que la nueva generación tiene que levantarse hacia el desafío de nuestros tiempos, comos sus padres lo hicieron en los setenta", asegura James Roos.

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Pero tal vez no sea un futuro tan distópico. Nikos Romanos ha forzado al parlamento a concederle un régimen abierto. El Gobierno se tambalea. Los coroneles de la Troika tiemblan. Syriza está más cerca del poder que nunca. Aunque tal vez la imagen del futuro que inquieta a la Troika no es la de un pueblo en las calles. Es la imagen de un país volcado en la autogestión que está cocinando una atractiva narrativa que sobrepasa el neoliberalismo.


domingo, 14 de septiembre de 2014

La mujer más peligrosa de América

Emma Goldman retratada en 1901, a los 32 años, en la
 plenitud de su vida activista CAPITAN SWING

"Si no puedo bailar, no quiero estar en su revolución", dijo alguna vez la anarquista Emma Goldman, sin imaginar que aquella frase se convertiría en un eslogan feminista de los años 70. Por sus apasionados discursos políticos, la inmigrante judía ya era conocida en los círculos intelectuales de fines del siglo XIX en Nueva York. Pero como a cualquier veinteañera, también le gustaba bailar. En alguna fiesta, uno de sus camaradas le recriminó por hacer movimientos indignos de su doctrina revolucionaria.

La chica se enfureció: "Estaba harta de que me arrojaran continuamente la Causa a la cara. Yo no creía que una Causa que defendía un hermoso ideal, el anarquismo -la liberación y la libertad frente a las convenciones y los prejuicios- negara la vida y la alegría", recuerda Goldman en 'Viviendo mi vida', la autobiografía recién traducida al español por la editorial Capitan Swing.

Así entendió Goldman la lucha anarquista que la acompañó siempre: "El derecho a la autoexpresión y a todas las cosas hermosas y radiantes". Su ideología se basaba en un exaltado optimismo hacia la naturaleza humana y en una profunda desconfianza hacia la autoridad. 'Emma la Roja', como era llamada en la prensa de aquellos días, fue una activista radical que se asignó la misión de despertar a las masas. Recorrió Estados Unidos para manifestarse públicamente en contra del Estado, el capital y el militarismo, y a favor de los derechos de los trabajadores, el uso de anticonceptivos y el amor libre. Sus convicciones fueron consideradas peligrosas en un país puritano, encaminado a convertirse en la potencia económica mundial, y cuyo orden social podía verse amenazado por las crecientes revueltas obreras y la influencia comunista del exterior. Goldman no se detuvo a pesar de las numerosas advertencias. Su empresa vital la llevó a pasar distintos periodos en la cárcel y a ser expulsada del país que había sido su hogar durante 34 años.

Goldman aparece como personaje secundario en la película 'Rojos' (1981). La actriz que le dio vida, Maureen Stapleton, se llevó uno de los tres premios Oscar que recibió la cinta escrita, dirigida y protagonizada por Warren Beatty. Ahí se refleja la amistad entre la anarquista y el periodista John Reed (Beatty), autor de la célebre crónica sobre la Revolución de Octubre, 'Diez días que estremecieron al mundo'. Se frecuentaban en Nueva York y se encontraron de nuevo en la recién creada Unión Soviética.

Goldman había llegado a Rusia tras ser expulsada de Estados Unidos, con la esperanza de ver materializado al fin su sueño revolucionario. Pero no tardó en darse cuenta, tras apenas dos años, de las enormes contradicciones y las injusticias cometidas por el régimen bolchevique. En diciembre de 1921 partió a Francia, y al poco tiempo reconoció que había cometido un error al apoyar al Gobierno soviético.

En su momento se involucró en la Guerra Civil en España, país que visitó en tres ocasiones. "La resistencia que opuso el pueblo español al fascismo y la vanguardia de sus organizaciones obreras reavivaron sus esperanzas de un posible triunfo de la libertad", escribiría la sindicalista catalana Lola Iturbe tras conocer a Goldman en 1938. "Su sonrisa era triste. Su mirada penetrante, escrutadora, buscando la verdad de su interlocutor", añadía Iturbe, cuyas palabras se recogen en el prólogo de 'La palabra como arma', otro de los libros firmados por la anarquista.

Pero ni su relación con España ni su estancia en la URSS, y tampoco su deportación, están narradas en el primer volumen de su autobiografía. "Publicar ambos volúmenes a la vez podía hacer demasiado pesada la carga de material de lectura", señala Daniel Moreno, editor de Capitan Swing, quien espera imprimir la segunda parte de la obra el próximo año. Para Moreno, conocer la vida de Goldman significa profundizar en una parte crucial de la historia del siglo XX a través de una enorme red de activistas sociales: "Emma fue pionera en la lucha de muchas cosas que hoy damos por sentadas en Occidente, como el control de la natalidad y una jornada laboral digna".

'Viviendo mi vida' se publicó originalmente en 1931. Goldman se había instalado en Saint-Tropez, Francia, donde se vio forzada a la inactividad. "Descubrí con gran desconcierto que la vejez, lejos de ofrecer sabiduría, madurez y sosiego, suele ser fuente de senilidad, estrechez de miras y rencores. No podía arriesgarme a esa calamidad y empecé a pensar seriamente en escribir mi vida", narra en la introducción de sus memorias. También explica que logró terminar aquella tarea gracias a la ayuda de decenas amigos con los que había mantenido una relación epistolar. Y al apoyo de la coleccionista Peggy Guggenheim, quien fuera su principal mecenas.


Emma Goldman durante un mitin político celebrado en 1916 en la Union Square de Nueva York EL MUNDO

Goldman nació en 1869 en Kaunas (Lituania) pero su fugaz infancia transcurrió en San Petersburgo. Un padre severo y la pobreza de la Rusia zarista la obligaron a trabajar en una fábrica textil desde los 13 años. Por eso, no dudó cuando se presentó la oportunidad de emigrar a América con su hermana Helena. Las dos jóvenes desembarcaron en Nueva York en 1886, con la expectativa de libertad que prometía la nueva tierra. Y se instalaron en Rochester, donde ya vivía la mayor de las tres. La necesidad las arrojó muy pronto de regreso a la vida obrera. 

Emma se casó movida por una ilusión adolescente, pero puso fin a su único matrimonio 10 meses después. "Si alguna vez vuelvo a amar a un hombre me entregaré a él sin que nos una un rabino ni la ley", se prometió a sí misma. "Y cuando ese amor muera, me marcharé sin pedir permiso". El relato de su autobiografía comienza entonces: divorciada a los 20 años, y recién llegada a la ciudad de Nueva York con una pequeña maleta, su máquina de coser y cinco dólares.

La joven ya tenía claro que su nuevo objetivo sería luchar contra la injusticia y la explotación. Había seguido en la prensa los acontecimientos desencadenados a partir del 1 de mayo de 1886, en Chicago, cuando 300.000 trabajadores se pusieron en huelga para exigir una jornada laboral de ocho horas. El 4 de mayo, durante una concentración, explotó una bomba en la plaza de Haymarket por la que ocho jóvenes anarquistas fueron acusados y cinco de ellos ejecutados en la horca. Aquel fue el hecho decisivo que catapultó a Goldman a la acción: "Tenía la clara sensación de que algo nuevo y maravilloso había nacido en mi alma. Un gran ideal, una fe ardiente, la decisión de dedicar mi vida a la memoria de mis camaradas mártires".
En su primer día en Nueva York, Goldman conoció a los dos hombres que marcaron su trayectoria. El primero, Johann Most, era editor del periódico anarquista alemán Die Freiheit y un prolífico orador que animó a la joven a seguir sus pasos. El segundo, Alexander Berkman -Sasha, como lo llamaba ella con cariño- fue uno de sus tantos amantes y el más fiel de sus camaradas.

En 1892, Berkman cometió "el primer acto terrorista de América" -según su propia descripción- y lo debió pagar con 14 años de encierro. Una huelga masiva en Homestead (Pennsylvania) terminó con una masacre indiscriminada de los trabajadores del acero. Y el joven inmigrante ruso creyó que era el momento para hacer estallar la revolución. Ansiaba decirle al mundo que el proletariado de América tenía quien le vengara, y estaba dispuesto a sacrificar su vida por la causa. Con el apoyo de Goldman, planeó un atentado contra Henry Clay Frick, presidente de la Carnegie Steel Company. Sasha logró llegar hasta su oficina y dispararle dos veces en el pecho, pero no consiguió matarlo.

Goldman se entregó por completo a su actividad de agitadora pública: "Mi odio por las condiciones que obligaban a los idealistas a cometer actos de violencia me hizo gritar con acordes apasionados la nobleza de Sasha, su naturaleza desprendida, su consagración al pueblo". Los periódicos se preguntaban: "¿Por cuánto tiempo se le permitiría continuar a esa peligrosa mujer poseída por la furia?". Y la policía no tardó en actuar. En 1893, después de encabezar una marcha de mil personas portando una bandera roja, la joven fue arrestada por incitar a la revuelta y condenada a pasar un año en prisión.

En su autobiografía, Goldman reconoce que la penitenciaría de la isla de Blackwell fue su mejor escuela. No sólo pudo leer a los teóricos que más influenciaron su pensamiento, como Emerson, Thoreau, Whitman y Nietzsche. También realizó prácticas como enfermera, un oficio al que se dedicó en los distintos momentos en que su libertad volvía a verse amenazada. Goldman abrazó una nueva causa a raíz de aquella actividad. Después de ejercer de comadrona con las obreras comenzó a defender el derecho al control de la natalidad. "Me impresionaba la ciega y fiera lucha de las mujeres de los pobres contra los frecuentes embarazos. La mayoría de ellas vivía en un continuo terror de la concepción", recuerda.

La defensa de la emancipación femenina la llevó a emprender otro recorrido por el país, en el que también predicó su doctrina del amor libre: "Exijo la independencia de la mujer, su derecho a mantenerse a sí misma, vivir para ella, amar a quien le plazca, o a tantos como le plazca. Exijo libertad para ambos sexos, libertad en la acción, en el amor, en la maternidad", clamaba en los mítines. Sus reivindicaciones eran escandalosas incluso para los más progresistas, y la volvieron a llevar a prisión. Hablar en público sobre sexo y anticonceptivos era considerada una actividad ilegal en 1916.

Goldman fundó la revista de política y literatura Mother Earth, a la que se incorporó como editor Alexander Berkman al recuperar su libertad. Juntos participaron más tarde en una lucha activa contra la entrada de Estados Unidos en la guerra europea. Pero en 1918 fue aprobada la Ley de Sedición, que establecía multas y penas de cárcel para aquel que se manifestara contra el Gobierno. Ambos fueron arrestados y deportados un año después. "América ha entrado en la guerra para hacer del mundo una democracia más segura, pero primero debe asegurar una democracia segura en América", declaró la anarquista antes de partir.

Aunque no volvieron a involucrarse sentimentalmente, Goldman y Berkman continuaron su vida juntos: primero en la URSS y más tarde en Saint-Tropez. Allí se suicidó Berkman en 1936. Goldman se involucró en nuevas luchas, entre ellas la Guerra Civil española. Murió en Toronto en 1940. Un derrame cerebral fue lo único que la pudo callar.

 Fuente: http://www.elmundo.es/cultura/2014/09/12/5411ed94e2704eb3448b457b.html