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jueves, 15 de septiembre de 2022

Sabra y Chatila, memoria de una masacre

 La operación se llamó Paz para Galilea y el gobierno israelí la presentó como la respuesta a un atentado fallido contra su embajador en Londres, aunque el objetivo real, según lo expresó el primer ministro, Menahen Beguin, era acabar con la estructura de la OLP en Líbano, establecer un gobierno afín en Beirut y quedarse en suelo libanés por tiempo indefinido. Era el 5 de junio de 1982 y la invasión acababa de empezar.

Apenas diez días después, el ejército israelí ya había llegado a Beirut y cercaba los barrios del oeste de la capital donde vivía la mayor parte de la población palestina, incluido Yasser Arafat y toda la dirección de la OLP. El cerco iba a durar más de dos meses, durante ese tiempo la aviación israelí bombardeó a diario la ciudad pero no logró alcanzar a ningún miembro de la dirección de la OLP. Para mediados de agosto las víctimas civiles, palestinas y libanesas, se contaban por miles.

En los salones del hotel Triumph, reconvertido en hospital de campaña en aquel Beirut cercado,  ví por primera vez heridos por bombas de fósforo; uno de los médicos palestinos que los atendía había estudiado la carrera en Santiago de Compostela y me explicó en un español casi perfecto “no podemos hacer nada por ellos, estas heridas no tienen cura, el fósforo sigue quemando la carne por dentro hasta llegar al hueso”.

En los medios de comunicación se hablaba del inminente asalto final que tendría que ser por tierra y que, aunque sin duda acabaría con la resistencia palestina, causaría demasiadas bajas en el ejército israelí. Para evitarlo, los gobiernos europeos y la diplomacia estadounidense, con el presidente Reagan a la cabeza, se puso en marcha. El 20 de agosto, con la mediación del enviado estadounidense Philip Habib, se alcanzó un acuerdo que estipulaba la salida de las fuerzas de la OLP de Líbano bajo protección internacional y el compromiso del Gobierno israelí de que su ejército no entraría en Beirut oeste.

El segundo objetivo de la invasión se cumplió tres días después; el 23 de agosto Bashir Gemayel, líder de la extrema derecha maronita y jefe de las falanges (grupo fundado por su padre, Pierre Gemayel  en los años treinta siguiendo el modelo de las juventudes nazis), fue nombrado presidente del país. El partido de Bashir Gemayel, así como el llamado ejército del sur dirigido por Saad Haddad, eran los grandes aliados de Israel en Líbano, y de hecho durante la invasión actuaron a las órdenes del Alto Mando del ejército israelí. 


Preámbulo de una matanza

La evacuación de los combatientes de la OLP se llevó a cabo del 28 al 30 de agosto bajo protección de una fuerza de interposición franco-italo-americana. Entre ondear de banderas, abrazos y lágrimas, los fedayín salieron de Beirut en barcos franceses con dirección a Tunez. Uno de los evacuados me dijo entonces: “nuestra gente se queda aquí sin protección”. 

La fuerza internacional de interposición se mantuvo hasta el 13 de septiembre, cuando los últimos soldados franceses abandonaron Beirut. Al día siguiente, Bashir Gemayel fue asesinado en un atentado contra la sede del partido Kataeb en el que murieron otras 24 personas. La noticia de su muerte se dio a conocer en la tarde del 14 de septiembre. Esa noche y hasta bien entrada la madrugada, los mandos militares israelíes mantuvieron una reunión con oficiales de las falanges libanesas, entre ellos Eli Hobeika, jefe de los servicios de información del Kataeb. Según declararía posteriormente Ariel Sharon, fue en esa reunión donde se decidió la entrada de los falangistas en los campos de refugiados palestinos.

En la mañana del 15 de septiembre –este jueves se cumplen cuarenta años–, el ejército israelí comenzó a desplegarse en los barrios de Beirut Oeste y al día siguiente, jueves 16 de septiembre, tenía cercados los campamentos palestinos de Sabra y Chatila. Su puesto de mando estaba en la azotea de un edificio de siete plantas, junto a la embajada de Kuwait, a 200 metros de la entrada a Chatila.

A media tarde el general Drori comunicó por teléfono con el Ministro de Defensa, Ariel Sharon: “Nuestros amigos están entrando en los campamentos”. La respuesta de Sharon fue escueta: "Felicitaciones". La matanza comenzó en torno a las seis de la tarde.

Este es el testimonio de UM Ahmed Farhat recogido por la periodista palestina Leila Sahid y publicado en el nº 6 de la “Revue d´etudes palestiniennes” en 1983.

“Hacia las cinco de la mañana un grupo de hombres armados entró en la casa. Nos dijeron que teníamos que salir fuera. Estábamos en pijama. Yo llevaba a mi hijo Sami en brazos y Salwa cogió a Laila, la más pequeña…Cuando estábamos fuera le preguntaron a mi marido de dónde era. Él les dijo que éramos palestinos y que él trabajaba reparando teléfonos. Nos dijeron que nos pusiéramos en fila mirando a la pared y que no volviéramos la cabeza ni a la derecha ni a la izquierda. Entonces comenzaron a disparar. Escuché a mi hijo Sami decir Baba (papá) justo un momento antes de que su cabeza estallase en mis brazos. Yo recibí varios disparos en la espalda y perdí el conocimiento. Cuando desperté, los hombres se habían ido, Salwa, mi hija mayor, estaba herida pero podía moverse, me ayudó a incorporarme, Suad tenía varios tiros en la espalda, sangraba mucho y no podía moverse, se ha quedado paralítica, mi marido estaba muerto y Layla y Sami y Farid y Bassem…todos muertos”.

No había luz en todo Beirut pero las estrechas callejuelas de los campamentos permanecieron iluminadas por las bengalas que lanzaba el ejército israelí. Dos días y dos noches duró la matanza. Durante dos días y dos noches los que intentaron huir fueron obligados a volver atrás.

Los testimonios de varios soldados israelíes citados por el periodista israelí Amnon Kapeliouk en su libro Enquete sur un masacre (Editorial Le Seuil, París ) coinciden en que sus órdenes eran “no dejar salir a nadie de los campamentos” y que se tuvo conocimiento de la matanza desde la misma tarde del jueves:  El mismo jueves a la caída de la noche llegaron a nuestro puesto varias mujeres del campo de Chatila. Estaban histéricas y gritaban que los falangistas recorrían las calles matando a los niños y a las mujeres y llevándose a los hombres en camiones... Informé a mis superiores pero me dijeron que no me preocupase que todo iba bien. Me dieron la orden de decir a las mujeres que volvieran a sus casas… Volví a intentarlo de nuevo y redacté un informe pero me dieron la misma respuesta: todo va bien...”.

Al mediodía del sábado 18 de septiembre pudieron entrar los primeros testigos, entre ellos el escritor francés Jean Genet, quien en su estremecedor relato “Cuatro horas en Chatilla escribe: “El primer cadáver que vi era el de un hombre de unos cincuenta o sesenta años. Habría tenido una corona de cabellos blancos si una herida (un hachazo, me pareció) no le hubiera abierto el cráneo... Estaba tumbado en una callejuela inmediatamente a la derecha de la entrada del campamento de Chatila que está frente a la embajada de Kuwait. ¿Cómo los israelíes, soldados y oficiales, pretenden no haber oído nada, no haberse dado cuenta de nada si ocupaban este edificio desde el miércoles por la mañana? ¿Es que se masacró en Chatila entre susurros o en silencio total?...”.

No hay cifra oficial de víctimas. Entre 700 y 3.500 muertos, se dice. Pero ¿quién en Beirut iba a estar interesado en contar los cadáveres hacinados en las callejuelas de Sabra y Chatila? ¿El recién nombrado presidente, Amin Gemayel, hermano del asesinado Bachir y nuevo líder de las falanges? ¿El ejército israelí, cuyos mandos habían coordinado y puesto en marcha la operación y cuyas bengalas habían iluminado los campamentos mientras los falangistas hacían su trabajo?

El primer ministro israelí Menahen Beguin acuñó en esos días una frase de extremo cinismo: “Unos no judíos (goyim) han matado a otros no judíos, y vienen a culparnos a los judíos”. 

Las atroces imágenes de los cadáveres amontonados como fardos en las calles de Sabra y Chatila conmocionaron a la opinión pública. Hubo airadas protestas, una de las más masivas en Tel Aviv, pidiendo el procesamiento de los responsables de las matanzas y el fin de la invasión israelí de Líbano. El presidente estadounidense Ronald Reagan mostraba abiertamente su indignación y exigía responsabilidades a su homólogo israelí. Finalmente, el 28 de septiembre, se anunció la creación de una comisión de investigación encabezada por el juez Kahane, presidente del Tribunal Supremo israelí. La comisión recogió testimonios de militares y políticos israelíes y también de periodistas y diplomáticos extranjeros; no realizó ni una sola entrevista ni recogió testimonio alguno de los supervivientes, libaneses y palestinos, de las matanzas. El escritor francés Ilan Haleví, de origen judío palestino –sus padres pertenecían a la antigua comunidad judía de Palestina anterior a la colonización sionista–, realizó un detenido análisis de los trabajos de la comisión en su libro Israel, de la terreur au masacre d´Etat, en el que destaca el testimonio de los médicos occidentales, dos británicos y un norteamericano, que estaban en el Hospital Gaza de Sabra. Las declaraciones de estos médicos que testificaron también ante una comisión internacional independiente que se constituyó en Oslo, la Comisión Nórdica, apuntaban –señala Halevi– a la presencia de agentes del Mossad, “gentes en vestimenta civil, con actitud de mando, que hablaban en inglés y en alemán pero no en árabe”. La comisión desestimó ese testimonio. En su informe final, la comisión Kahane atribuyó al ministro de Defensa, Ariel Sharon, y a otros siete altos mandos del ejército israelí una “responsabilidad indirecta” en las matanzas. Sharon tuvo que dimitir de su cargo pero se mantuvo como miembro sin cartera del gabinete. Años después sería primer ministro de Israel. En diciembre de 1982, la Asamblea de Naciones Unidas determinó que las matanzas en los campos de refugiados palestinos de Beirut constituían un crimen de genocidio.

Nadie ha sido juzgado nunca por los crímenes cometidos en Sabra y Chatila hace ahora 40 años.   

Fuente; https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/sabra-chatila-memoria-masacre_129_1315421.html

lunes, 24 de mayo de 2021

“Ya no luchamos por el estado palestino, luchamos por la liberación”

 Samera Esmeir / activista y profesora palestina en la Universidad de Berkeley 

Samera Esmeir.Twitter

Samera nació en la ciudad de Haifa, la ciudad palestina que en la guerra de 1948 fue ocupada por las fuerzas sionistas, tras el fin del mandato británico en Palestina. Su familia fue parte de quienes fueron encerrados en un barrio pobre mientras la ciudad era tomada por completo. Estudió abogacía en la la Facultad de Leyes de Haifa y en 1995 se mudó a Jerusalén Oriental para trabajar en el Centro de Apoyo Legal Cuáquero. “Era un centro ilegal que ofrecía apoyo legal gratuito a los habitantes de Jerusalén Oriental y a los palestinos de Cisjordania. Así empecé mi práctica como abogada”, nos cuenta. Detalla que los casos que le tocaban eran de dos tipos: derecho de residencia y desalojos. “En los años 90, el estado de Israel aceleró la revocación del estatus de residente de los habitantes palestinos de Jerusalén Oriental como técnica para su proyecto de limpieza étnica y de volver minoritaria a la población palestina: entonces, trabajé en esos casos para impedir la revocación del estatus”. Agrega que, por entonces Israel tenía planes de urbanización en Cisjordania, proyectando grandes calles. “Podíamos armar casos en contra de las órdenes israelíes de demolición que destruían casas en la zona. Fue así que nos enteramos de proyectos de desarrollo de autopistas, avenidas y calles, como parte de un proyecto de urbanización que obstruye la circulación de lxs palestinxs y que facilita la movilidad de los colonos”. Luego empezó a trabajar en un despacho de abogados en Jerusalén Oriental, representando a palestinxs en la Corte Suprema israelí. En el ínterin hizo una maestría en leyes en la universidad de Tel Aviv. Luego se fue a Nueva York a hacer un doctorado. Dice que entonces tomó la decisión de dejar de ejercer como abogada: “Me di cuenta de que la ruta de la ley no era la ruta para poder liberar a Palestina”. Sin embargo, entonces cofundó la revista Adalah Review, vinculada a un centro de apoyo legal en Haifa en defensa de los derechos de lxs palestinxs, o sea de alguna manera el trabajo legal continuaba, aunque por otros medios. Desde el 2005, se convirtió en profesora e investigadora en la Universidad de California en Berkeley, sin dejar su activismo.

¿Qué elementos, tanto históricos como coyunturales, permiten comprender mejor el ataque actual contra Palestina y, en particular, que el foco esté otra vez en Gaza?

Gaza y Cisjordania fueron ocupados en 1967 por Israel y así completó entonces la ocupación de Palestina. El proceso de paz empezó en los años 90 pero fue interrumpido y en 2005 Israel se retiró por completo de la Franja de Gaza, donde había pocos asentamientos, de manera unilateral porque no quería negociar con Palestina. Estamos hablando de un área total de la Franja de Gaza de 41 kilómetros de largo y entre 6 y 12 kilómetros de ancho, con casi dos millones de palestinxs, de los cuales un millón cuatrocientos mil son refugiadxs de la guerra israelí. Es una población muy densa en un espacio pequeño de tierra. Señalar la unilateralidad de la retirada es importante porque establece la superioridad de Israel y su no voluntad de negociar con lxs palestinxs.

En 2007, sin embargo, Israel impone un bloqueo en Gaza impidiendo cualquier movimiento por mar, tierra y aire. Dice que el bloqueo es porque lxs palestinxs votaron en sus elecciones por el partido islámico de Hamas: es decir, el bloqueo es un castigo al voto. La elección de Hamas fue considerada como un desafío al gobierno israelí y a su supremacía porque Hamas es abiertamente un movimiento de resistencia. Podemos decir muchas cosas sobre Hamas, y hay varias posiciones al respecto, pero la reacción de Israel y la comunidad internacional que la respaldó, fue que imponer el bloqueo en Gaza tenía que ver con que Hamas es un movimiento de resistencia armado. Entonces, por casi quince años dos millones de personas en Gaza han estado viviendo en esa pequeña porción de tierra bajo bloqueo. Gaza reúne así historias de desposesión y sintetiza un estado de pobreza de la mayoría.

¿Cómo se ubica el bombardeo actual entonces?

En mi análisis, el actual bombardeo contra Gaza es una performance de supremacía. Una performance de que Israel puede y quiere destruir vidas cuando sea que se decidan a resistir. El bombardeo aéreo es la principal tecnología y la práctica clave en la performance de supremacía. Entonces, lxs palestinxs en Gaza respondieron enviando cohetes para atacar Israel. Estos cohetes son caseros porque Palestina no tiene el poderío militar de Israel. Y es esa la resistencia que cada vez Israel intenta aplastar. Esta ocasión, cuando estaban intentando desalojar hogares palestinos de Jerusalén, hubo un llamado de activistas palestinos pidiendo apoyo a Gaza, para ayudarles con la resistencia. Gaza respondió enviando cohetes en apoyo a la gente que luchaba contra los desalojos en Jerusalén este. Y así es cómo este nuevo episodio de destrucción empezó. Pero recordemos que Israel no necesita que haya cohetes para atacar en Gaza. Solo para hablar de la última década, entre 2012 hasta 2021 Israel continuó con rutinas, estructurales o esporádicas pero rutinas al fin, de bombardeo contra la Franja de Gaza. Recordemos que desde el 30 de marzo 2018, el día de la Tierra, hasta diciembre de 2019, Gaza participó en la que se llamó la Gran Marcha del Retorno demandando el fin del bloqueo y el retorno a los hogares mientras que recibían cientos de balas del ejército israelí. La marcha pacífica continuó aún cuando decenas fueron asesinados y cientos heridos. Lxs palestinxs en Gaza son asesinadxs cada vez que muestran algún signo de resistencia. Israel no tolera esto porque aspira al control total y a la pacificación total. No hace falta decir que esto es imaginario porque es imposible de lograr.

¿Cómo sintetizarías las demandas históricas de la lucha palestina por la autodeterminación? ¿Sigue siendo ese el vocabulario principal de los reclamos?

La ironía es que lxs palestinxs están siendo obligadxs a reconocer a Israel como un Estado para el pueblo judío, pero eso implica reconocer la autodeterminacion de los judíos en su tierra mientras que, al mismo tiempo, es su propia autodeterminación la que está negada. Ningún documento reconoce la autodeterminacion del pueblo palestino. Dicho esto, en el momento actual de la lucha palestina, el lenguaje no es el de la autodeterminación, incluso cuando fue muy importante por muchas décadas, porque fue el lenguaje de los movimientos anti coloniales de la segunda mitad del siglo veinte y porque se convirtió en una herramienta legal contra la colonización. Y Argelia fue un ejemplo para la organización de la liberación palestina, por ejemplo. Pero volviendo a este momento coyuntural, no escuchamos el lenguaje de la autodeterminación, sino otro lenguaje incluso preexistente: el lenguaje de la liberación, de la libertad. Liberación solía ser el concepto principal de la lucha palestina y ahora está de nuevo surgiendo.

¿Qué diferencias implica?

Este lenguaje está menos interesado en la cuestión de la estatalidad y más interesado en deshacer y destruir la tecnología colonial de gobierno y sus operaciones. Liberar es descolonizar. Liberar es lograr libertad. Liberar es deshacer la estructura de ocupación y conseguir dignidad y equidad en nuestra tierra. Liberar es deshacer el estatus de refugiadxs y permitirles volver a su hogar. Esta es la diferencia hoy entre el lenguaje de la liberación y el lenguaje de la autodeterminación. Quiero repetir: la lógica de la estatalidad puede volver a emerger y es parte de lo que introduce el liderazgo convencional, pero la gente en las calles no canta por la autodeterminación ni por la estatalidad después de todo lo que se intentó en relación a la promesa de estatalidad por casi tres décadas, desde el acuerdo de Madrid en principio de los 90. El lenguaje hoy es un revival de un concepto anterior de liberación. Nadie está analizando esto, pero esta diferencia y este revival es importante. Todavía no sabemos las consecuencias que tendrá.

Ha habido muchas manifestaciones en Palestina, donde sobresale la presencia joven. ¿Podrías explicarnos cómo el derecho al retorno, ese que impulsó las marchas los últimos años, y la oposición a la solución de los “dos estados” se expresó estos días concretamente en las calles?

El derecho a regresar ha estado en el centro de la lucha palestina hace ya varias décadas, mientras se discutía la opción de los dos estados. Lxs refugiadxs palestinxs se sentían excluídxs del proyecto de solución vía los dos estados y continuaron demandando el derecho a regresar. Lxs refugiadxs se han convertido en una fuerza central de la lucha palestinx. O sea, habían sido centrales ya en los años 60 y 70, pero los Acuerdos de Paz de Oslo los habían marginado porque Israel no permitía que regresen porque eso desarticularía la mayoría israelí en el territorio. Ha habido algunas propuestas que permitirían el regreso de algunos pocos a Cisjordania. En los Acuerdos de Paz, la OLP (Organización de Liberación Palestina) dejó de lado el tema de lxs refugiadxs para negociaciones futuras. También el tema de los asentamientos, de Jerusalén y la cuestión del agua. Es decir: cuatro temas centrales para la vida palestina fueron dejados de lado para que avanzaran los acuerdos de Oslo. Pero son los temas más centrales en cierto modo. Lxs refugiadxs palestinxs han estado imponiendo sus propias demandas en sus movilizaciones y en sus organizaciones. Hay también un movimiento dentro de Israel, de palestinxs que fueron desplazadxs dentro de su propia tierra, como mis padres, como yo, y hay un movimiento de regreso dentro del territorio mismo. En mi aldea, por ejemplo, los jóvenes y los mayores regresaron hace unos años, retomando la vida en la aldea destruída. Lo hicieron durante un año hasta que Israel los expulsó, otra vez. En las calles ves personas de todas las generaciones y el reclamo es por nuestra existencia, por nuestras vidas, generando espacio para que regresen lxs refugiadxs más allá de la forma política que tome Palestina. Esto es un cambio radical muy reciente aunque recordemos que esta era la demanda de la OLP cuando se formó en los años 60.

Se habla de un cambio generacional, tanto en el liderazgo como en las movilizaciones. ¿Cómo caracterizarías ese cambio?

La OLP, que en los 80 decíamos que era la única representación política de lxs palestinxs porque queríamos que el resto del mundo la reconociera como nuestro movimiento de liberación nacional, se transformó en la Autoridad Palestina que gobierna en particular Cisjordania. Hoy está haciendo el trabajo de ocupación en Cisjordania. No es ningún secreto, ya que está en todos los acuerdos publicados. Ellos tienen lo que llaman la coordinación de seguridad: esto significa que la Autoridad Palestina en Cisjordania colabora y coopera con Israel, le entrega información sobre las personas a quienes debe detener, liderada por una facción, Fatah, y algunos de sus aliados. La nueva generación está harta de esa organización. Y lo que están haciendo hoy es reactivar otra historia de lucha, una que ya no está interesada en lograr un estado, sino en la liberación de Palestina. Pueden articular una lucha que no está limitada por los lenguajes de la ley y la diplomacia internacional.

En ese sentido, ¿qué significó el llamado a huelga general esta semana?

La huelga general desafía el desmembramiento de la sociedad palestina. Cuando las fuerzas sionistas ocuparon Israel en 1948 inmediatamente desmembraron la sociedad palestina en tres grupos. La mayoría de lxs palestinos se convirtieron en refugiadxs, en Líbano, Siria y Jordania. Una minoría permaneció dentro de Israel y se les dio ciudadanía israelí. En 1967 Israel ocupa Cisjordania, incluyendo Jerusalén Oriental y Gaza y les impone un gobierno militar. La historia que se dibuja es una de fragmentación de la comunidad política en por lo menos cuatro partes: lxs palestinxs del 48, lxs palestinxs viviendo bajo ocupación en Gaza y Cisjordania, lxs refugiadxs palestinxs en la diáspora y en campos de refugiados, y lxs palestinxs residentes de Jerusalén Oriental. Después de la ocupación de la Jerusalén palestina en 1967, Israel anexó ese territorio, no se les dió ciudadanía israelí a lxs residentes palestinxs de la zona ocupada para no desestabilizar la mayoría y supremacía isrealí en el territorio, pero se les otorgó residencia a lxs palestinxs de Jerusalén. Una residencia como la que se le daría a un inmigrante que llega a un nuevo país que logra obtener una visa. O sea, es gente que queda marcada como no perteneciendo a ese territorio.

¿La huelga general funcionó como un acto de conexión de todo eso?

Sí, porque estamos desmembrados, quebrados y rotos como sociedad, en grupos con diferentes identidades y aspiraciones. Lo que hace la huelga general es que consolida, agrupa, y colectiviza a lxs palestinxs. Ese es su mayor éxito. Reúne a lxs palestinxs en su tierra. Por primera vez en muchas décadas somos un pueblo palestino, con nuestras pluralidades, nuestras diferencias, y emergemos como uno. Esta huelga nos da una aspiración colectiva. La belleza de la huelga es que, cada unx desde su lugar, nos permite participar a todxs. No miramos acciones a la distancia. La huelga, además, habla sobre el acto de protestar, sobre las confrontaciones que ocurren de modo cotidiano en los checkpoints. Hemos estado viendo potentes y bellas actividades ligadas a la educación, tours dentro de los territorios palestinos que buscan re-educarnos sobre la conexión a la tierra. El día de la huelga general hablamos de esa belleza, de la unidad, de prefigurar un futuro, de una libertad que llegará, pero en este día nuestro corazón también está roto porque Gaza se ha convertido en el laboratorio para la destrucción, para el bombardeo y los rituales de supremacía israelí. Es por y para Gaza que está sucediendo esta huelga general.

¿Cómo ha sido la respuesta de la comunidad internacional? ¿Y desde Estados Unidos en particular?

La respuesta de la comunidad internacional ha sido muda. Y nadie debería de esperar otra cosa más que EEUU defendiendo el derecho de Israel a defenderse porque financian esta guerra. Hace sólo unas semanas EEUU le dio a Israel cientos de millones de dólares en financiamiento militar. Lo que sí están haciendo, que es bastante común cada vez que bombardean Gaza, es darle tiempo a Israel para defenderse y después, gradualmente empiezan a hablar sobre la necesidad del cese de hostilidades. Y después de dos semanas, generalmente, hay un alto de fuego. Pero de hecho le dan a Israel dos o tres semanas para que complete su destrucción de la resistencia en Gaza y también la destrucción de las posibilidades de vida y de insurgencia en contra de la ocupación israelí. Ya es un ritual conocido. También sabemos que cuando Israel llega hacia el final de su campaña intensifica sus ataques. Estos días estamos siendo testigos de una destrucción horrorosa, porque Israel sabe que tiene licencia internacional de continuar destruyendo por unos par de días más hasta que la comunidad internacional participe en otro ritual más de negociación de un alto del fuego.

Claro, pero las protestas en el mundo fueron rápidas y en muchísimos lugares. Incluso varias conexiones entre la represión en Palestina y en Colombia, con carteles que se viralizaron...

Sí. Hay protestas en todo el mundo, y en el mundo árabe también, porque los estados árabes han abandonado a lxs palestinxs, pero no lo han hecho los pueblos árabes. Esta solidaridad es importante para que sepamos que no estamos reducidxs a los estados a los que pertenecemos, y a su orden internacional. Tenemos otras existencias políticas que importan en la lucha contra la desposesión, contra la colonización, y contra el racismo. Hay muchas conexiones y puntos de convergencia y obviamente diferencias con lo que está sucediendo en Colombia. La huelga de Colombia es contra las medidas neoliberales y la de Palestina es contra el proyecto de ocupación colonial, del llamado colonialismo de colonos (“settler colonialism”). Pero hay convergencias en relación a la desposesión y la violencia racista. Nos corresponde poner en diálogo estas prácticas y procesos de desposesión y racismo para poder cartografiar otro mapa del mundo, más allá del que está satisfecho con representar al mundo a través de los estados nación.

¿Cuál es el rol de los colectivos feministas palestinas y el impulso de acciones transnacionales de apoyo y solidaridad?

Palestina siempre ha tenido colectivos y luchas feministas desde el comienzo de las luchas palestinas anti-coloniales. Yo participé en esas luchas en los 90 cuando terminaba la secundaria y empezaba la facultad. La agenda feminista ha cambiado durante estos últimos años. En particular, ha habido un vuelco hacia la oenegización en Cisjordania, donde el apoyo internacional llega de la mano de talleres de capacitación. Es una agenda vía las ONG que separa las luchas feministas de la lucha palestina, que convierte al feminismo en una cuestión de igualdad de género principalmente, aunque también aborda cuestiones de violencia doméstica contra las mujeres. Pero no tiene ningún interés en explorar la intersección de raza, clase y género. Las feministas palestinas, en cambio, continúan pensando que el feminismo es una lucha en contra del proyecto de ocupación colonial, de opresión y violencia de género. Hace dos días la coalición de mujeres de Jerusalén hizo una declaración en apoyo a la lucha Palestina en contra de la ocupación colonial, enfocándose en cómo ha afectado de modo desproporcionado a mujeres, niñes, embarazadxs. Pero también hemos visto cómo en el mundo occidental no se asocia a Palestina con las luchas feministas. De hecho se da por sentado, de modo generalizado, que no hay posible intersección o alianza entre el feminismo y la lucha palestina. Por eso, las feministas palestinas en EEUU han insistido en categorizar la cuestión palestina como una cuestión feminista. Hace poco un colectivo feminista palestino en EEUU emitió una carta de amor a la gente en palestina aclamándolos por la incansable insistencia de permanecer en sus tierras, y describiendo esa lucha de perseverancia y potencia como una inspiración para la lucha feminista. Esta renovada lucha feminista, que se está dando principalmente por colectivos feministas palestinos en la diáspora, insiste en lo que siempre ha sido fundamental para la lucha feminista palestina previa a la ONGeización: la lucha contra todas las formas de opresión incluyendo la opresión del proyecto racista de ocupación y opresión colonial. En Palestina hay varios grupos feministas cuyas intervenciones se posicionan en la intersección de problemas de violencia género, en particular femicidios por familiares, y el modo en que la Autoridad Palestina ha encubierto a los culpables y asesinos. O sea que la lucha feminista se posiciona en contra de la Autoridad Palestina y de Israel. Las feministas se niegan a separar el feminismo de las problemáticas anti-coloniales, del mismo modo en que eso viene ocurriendo en América Latina, y en tantos otros movimientos feministas en el mundo hoy. O sea que la lucha feminista se ha convertido en un gran paraguas para fomentar y apoyar todo tipo de luchas en contra de la opresión colonial, la subyugación, el racismo y la violencia de género.

Fuente: https://ctxt.es/es/20210501/Politica/36099/Palestina-liberacion-colonialismo-Israel-huelga-general-feminismo-Samera-Esmeir.htm

domingo, 16 de mayo de 2021

Mientras la violencia entre israelíes y palestinos crece, Netanyahu refuerza su poder

"Esta situación crítica le re-entregó al primer ministro la capacidad de seguir gobernando. Su gobierno se fue eternizando y él sin duda hace todo lo posible para no perderlo", expresa desde Israel Darío Teitelbaum, secretario general de la Unión Mundial de Meretz.

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La imparable escalada de violencia entre israelíes y palestinos aumenta las chances de que un alicaído Benjamin Netanyahu conserve el cargo de primer ministro. Acechado por la justicia y luego de conseguir una nueva victoria en las elecciones de marzo pasado, "Bibi" no logró reunir las alianzas necesarias para formar gobierno. A principios de esta misma semana las promesas de una nueva coalición al frente de Israel iban viento en popa. El último encargado de formar gobierno, el centrista Yair Lapid, parecía encaminado a formar un bloque alternativo que abarcara a un amplio espectro político unido por el espanto.

Pero ahora, en medio del conflicto, la perspectiva de una Israel sin Netanyahu suena cada vez más lejana. "Esta situación crítica le re-entregó la capacidad de seguir gobernando a Netanyahu. Su gobierno se fue eternizando y él sin duda hace todo lo posible para no perderlo", expresa en diálogo con Página/12 Darío Teitelbaum, quien preside la Unión Mundial de Meretz, el partido político de izquierda israelí.

Teitelbaum coordina el trabajo político de Meretz en el exterior. Nacido en la localidad bonaerense de Caseros, llegó a Israel en 1980. "Netanyahu estaba en un momento en el cual por los resultados de las últimas elecciones, cuartas en dos años, y por el sistema de gobierno constitucional israelí, había perdido la capacidad de formar gobierno. Estaba muy cercana la formación de un gobierno de cambio que lo dejaba a él afuera", se lamenta el dirigente argentino.

Los sectores opositores a Netanyahu tienen hasta el nueve de junio para formar una coalición que dirija el destino político de Israel. Según la prensa local tanto el exministro de Defensa Naftali Bennett, quien se convirtió en una pieza clave para lograr la ansiada mayoría parlamentaria, como el líder de la oposición Yair Lapid, mantenían conversaciones privadas hasta hace unos días. Pero la atención de ambos está ahora puesta en el conflicto que ya se ha cobrado la vida de 145 palestinos habitantes de Gaza y diez israelíes. En esa línea, el diario Haaretz consignó el viernes que para Bennett un gobierno de cambio ya no forma parte de la agenda. "En lugar de permanecer en la brecha durante una emergencia, se desdobló y allanó el camino para la peor opción de todas: el reinado continuo de la persona responsable del horrible estado en el que se encuentra nuestro país", señaló el matutino en un lapidario artículo.

El pasado cinco de mayo, y tras el fracaso en las negociaciones de "Bibi", el centrista Yair Lapid había recibido el encargo de formar gobierno en Israel. "Necesitamos un gobierno que refleje el hecho de que no nos odiamos unos a otros, en el que la izquierda, la derecha y el centro trabajen juntos para abordar los desafíos económicos y de seguridad que enfrentamos", reaccionó Lapid luego de darse a conocer la designación. Pero sus buenas intenciones se desmoronaron en cuestión de días.

Lapid, líder de la agrupación Yesh Atid (Hay Futuro), había terminado segundo en los comicios del pasado 23 de marzo con 17 bancas, por detrás del partido Likud de Netanyahu, que alcanzó 30 escaños. Con experiencia como conductor televisivo y periodista, Lapid quedó frente a la dura tarea de formar una coalición entre una amplia amalgama de partidos de ideologías muy diversas que van desde la izquierda pacifista hasta la extrema derecha, solo unidos por su firme oposición a Netanyahu. Más allá de Yesh Atid, Lapid consiguió el respaldo del centrista Azul y Blanco, del ultraderechista Israel Nuestro Hogar, de la centro-izquierda del Partido Laborista, del pacifista Meretz, del derechista Nueva Esperanza y de cinco de los seis diputados de la Lista Unida árabe.

Sin embargo esos apoyos no alcanzan la mayoría de 61 diputados para formar gobierno, por lo que Lapid debía (¿o debería?) seducir a otros posibles socios con ideologías también alejadas, entre quienes podrían figurar la derecha de Yamina o el islamista Raam. "En este momento la oposición a Netanyahu no es monolítica porque tiene oposición desde derecha, desde centro y desde el flanco izquierdo. Estos tres flancos pensaron que podían formar gobierno con el apoyo de los partidos árabes, pero toda esta situación en la cual sube la tensión interna en Israel debilita en la opinión publica la posibilidad de formar un gobierno de esta clase", explica Teitelbaum desde Israel.

En el medio de esta coyuntura y con un conflicto que parece lejos de resolverse, ¿dónde está parada la izquierda israelí? "Meretz siempre estuvo varios pasos adelante en la concepción de cómo hay que manejar la situación en Israel, cómo solucionar lo que vemos como un conflicto heredado y magnificado por Netanyahu. Por eso en este momento llamamos a cumplimentar la idea de dos Estados para dos pueblos", advierte Teitelbaum. Para el dirigente pacifista, un acuerdo general con el pueblo palestino no alcanza dada la situación particular que atraviesa Gaza, que es "una desventaja viviente y necesita un abordaje diferente, especialmente frente a esta situación de haber sido capturada por Hamas".

Netanyahu durante un discurso a la policía fronteriza en Lod el jueves pasado. (Fuente: EFE)
Netanyahu durante un discurso a la policía fronteriza en Lod el jueves pasado.. Imagen: EFE

Para Teitelbaum, Netanyahu usó y sigue usando al país y y a sus políticas de gobierno como un recurso para su propia supervivencia. "Lo ha hecho creando tensiones entre una población y otra, por medio del uso indebido de su poder y basado en la idea que tiene la derecha israelí que dice que Netanyahu es el único factor que puede seguir dando poder a la derecha. Ese es el motivo por el cual factores diferentes, tanto políticos como religiosos, apoyan al primer ministro, por el mero hecho de que les da el poder. Se logra contentar a diferentes sectores de centroderecha, derecha, religiosos y ortodoxos de tal manera que todavía puedan seguir gobernando", expresa el activista argentino.

El primer ministro de Israel atraviesa además una delicada situación judicial. "Para Netanyahu quedar fuera de gobierno significa también la gran complicación legal por el proceso y los cargos que se presentaron contra él, por abuso de confianza, fraude y corrupción", recuerda Teitelbaum al respecto. Pero nadie en Israel imagina una destitución del jefe de gobierno que más tiempo ejerció el cargo desde la constitución del Estado de Israel.

El dirigente de Meretz menciona tres factores importantes que, en su opinión, ayudan a entender el apoyo popular que a pesar de todo mantiene el primer ministro israelí: "deslegitimar todo lo que no sea o responda a Netanyahu, una maniobra política de la población árabe que una vez son riesgo y otra vez pueden ser sus compañeros por medio del partido Raam de Mohamed Abbas, y por último hay que reconocer que el pueblo de Israel le debe personalmente a Netanyahu el hecho de haber traído millones de vacunas con las que nos vacunaron contra el coronavirus".

Teitelbaum vive en un kibutz a siete kilómetros de la Franja de Gaza. Escucha constantemente entradas y salidas de cohetes y bombas, todo tipo de explosiones. Aunque la conversación gira en torno al conflicto y sus consecuencias políticas, el dirigente nacido en Argentina no puede evitar reflexionar sobre la coyuntura que tiene enfrentados, una vez, más a israelíes y palestinos. "No estamos en una situación simétrica, pero por sobre todo hay que hacer un esfuerzo muy grande para parar la violencia, y esto no tiene nada que ver con quién empezó. Esta violencia nos mata a todos", explica quien se define como judío sionista de izquierda.

 Fuente: https://www.pagina12.com.ar/341855-mientras-la-violencia-entre-israelies-y-palestinos-crece-net

sábado, 15 de mayo de 2021

«Nos han marcado la casa y pueden venir en cualquier momento»

La minoría árabe de Israel denuncia la impunidad de los radicales judíos en la oleada de violencia que afecta a las ciudades mixtas del país 

Las marcas en la casa de Isaac, un madrileño que vive desde hace siete años en Haifa. /
Las marcas en la casa de Isaac, un madrileño que vive desde hace siete años en Haifa.

Terror. La voz de Isaac Ogloblin se entrecorta al otro lado de la línea. No es un problema del teléfono, es que el pánico dificulta su respiración. Jadea. Luego empieza a hablar de forma desatada. «Esto no tiene nombre, no sé cómo describir la brutalidad de la situación en Haifa. Ha sido como una auténtica Noche de los Cristales Rotos, pero con radicales judíos dando palizas a los árabes, entrando en sus casas a saquearlas y marcando otras para próximos días. A nosotros nos han marcado la casa, pueden venir en cualquier momento», relata este madrileño que reside desde hace siete años en esta ciudad costera del norte del país, donde estudia su doctorado en Arqueología Submarina.

Su pareja es una joven árabe cristiana de Haifa y están encerrados en casa desde la noche del miércoles, cuando esta ciudad, como Lod, Acre, Vad Yam, Berseba, Lod y otros lugares de población mixta del país sufrieron una oleada violencia entre judíos y árabes que no se recordaba desde la Intifada de 2000. En las últimas 24 horas se ha detenido a 374 personas, muchos de ellos jóvenes de apenas 13 años, según informa la Policía.

«La gran diferencia es que a ellos les protege la Policía y a los árabes todo lo contrario, les atacan. El odio del extremista judío al árabe, sea musulmán o cristiano, no tiene límites. Unos gritan «Free Palestine», los otros salen a las calles al grito de «¡muerte a los árabes! Hay una enorme impunidad». Además de la marca en su puerta, Isaac y su novia han recibido mensajes de amenaza de un grupo radical que se autodenomina «El ejército del pueblo» y que es el paraguas que agrupa a los ultranacionalistas en Haifa.

Mientras el mundo mira al frente de Gaza, los medios israelíes no pierden de vista este estallido de violencia entre comunidades y diarios como Ynet titularon: «Israel ha perdido el control». Hasta el momento ha habido un muerto, un ciudadano árabe abatido por disparos de un colono en Lod, y decenas de heridos. En Lod, muy cerca de Tel Aviv, se ha establecido el estado de emergencia y por las noches hay toque de queda. Los árabes de Israel representan un 20 por ciento de la población y salieron a las calles a protestar en señal de solidaridad con las familias que pueden ser desalojadas del barrio de Sheikh Jarrah de Jerusalén Este por una organización de colonos y para mostrar su repulsa a los asaltos policiales a la Explanada de las Mezquitas.

El ministro de Defensa, Benny Gantz, ordenó un despliegue «masivo» de fuerzas de seguridad en estas ciudades israelíes mixtas y Benjamín Netanyahu declaró que «no hay nada que justifique el linchamiento de judíos o árabes». Diez compañías de reservistas de la Policía de Fronteras intentarán a partir de ahora controlar la situación y evitar los enfrentamientos, linchamientos, palizas y actos vandálicos.

En la puerta de Isaac los radicales le han enviado un mensaje: «entrada prohibida». Ahora cuenta los días para concluir su doctorado y regresar a España.

 Fuente: https://www.elcorreo.com/internacional/oriente-proximo/marcado-casa-pueden-20210513184607-ntrc.html

jueves, 15 de abril de 2021

Israel ya no oculta la participación del Mossad en los atentados contra el programa nuclear iraní

Dos filas de centrifugadoras conectadas en la planta nuclear de Natanz, en Irán.

Esta vez, no fue necesario que fuentes anónimas de inteligencia de EEUU apuntaran a Israel como probable responsable de un ataque contra el programa nuclear iraní. La censura militar israelí no se ocupó de comunicar a los medios de comunicación del país que no podían aportar información propia sobre el incidente o que si acaso sólo podían citar artículos de medios extranjeros. La inteligencia israelí se ocupó de informar, a través de fuentes anónimas, que el Mossad era el autor de lo que al principio se denominó como un ciberataque contra la red eléctrica de las instalaciones de la central iraní de Natanz. La censura militar permitió la publicación de la noticia.

Sobre la intencionalidad política de un hecho sin precedentes, Efraim Halevy, director del Mossad desde 1998 a 2002, tenía pocas dudas. «Aparentemente, aquellos interesados en este asunto (el programa nuclear iraní) en el Estado de Israel, en el liderazgo político del país, están interesados en que se atribuya a Israel», dijo el lunes. «No hace mucho tiempo, Israel no asumía la responsabilidad de estas acciones». Halevy no tuvo inconveniente en señalar al primer ministro, Binyamín Netanyahu, como responsable de estas decisiones. No cabía hablar de una filtración sin control.

Israel lleva años realizando ciberataques y atentados contra instalaciones y personas relacionadas en el programa nuclear de Irán. El sabotaje de este domingo se produce en un momento singular, cuando EEUU reanuda los contactos con Teherán con vistas a negociar la recuperación del acuerdo nuclear que la Administración de Donald Trump decidió boicotear. El Gobierno de Netanyahu confía en que una represalia iraní impida a Biden recuperar un acuerdo que fue el mayor éxito internacional del Gobierno de Barack Obama cuando Biden era su vicepresidente.

El atentado coincidió con la presencia en Israel del secretario de Defensa norteamericano, Lloyd Austin. No hay confirmación sobre si el Gobierno de EEUU estaba informado previamente del ataque.

No pasó mucho tiempo hasta que se supieron otros datos del ataque ocurrido a las cuatro de la madrugada del domingo. Israel necesitaba que la situación fuera aun más humillante para Irán. No había sido un ciberataque, según una televisión israelí, sino un atentado con explosivos que destruyó la red eléctrica que alimenta la central de Natanz, el lugar donde las centrifugadoras realizan el enriquecimiento del uranio. No está conectada por razones de seguridad a la red nacional. Es autosuficiente y cuenta con un sistema de reserva. Alguien colocó una bomba en una instalación que goza de la máxima seguridad controlada por los Guardias Republicanos Islámicos (IRGC).

Las autoridades iraníes ofrecieron más datos sobre los daños causados por la explosión a la que calificaron de terrorismo nuclear. Varios miles de centrifugadoras habían quedado «completamente destruidas», según un diputado que dirigió la agencia nuclear iraní. El cálculo que hacen los servicios de inteligencia israelíes y norteamericanos es que se tardará varios meses, quizá hasta nueve, en reparar los destrozos.

La respuesta de Irán fue anunciar el martes que aumentará el proceso de enriquecimiento de uranio hasta el 60%. Cuenta con la planta de Fordo con un millar de centrifugadoras con capacidad de hacerlo. El mayor umbral tecnológico consiste en llegar al 4% de enriquecimiento (a partir del cual ese combustible puede emplearse en una central nuclear civil) y pasar de ahí al 20%. A partir de ese punto, sólo hay que poner más centrifugadoras en funcionamiento.

Cuando Trump dio por cancelado el acuerdo nuclear, Irán se sintió liberada de respetar sus términos. Esa actitud se hizo más firme cuando Washington le aplicó sanciones que han tenido un efecto evidente en la economía del país.

Después de las últimas elecciones, las cuartas en dos años, Israel tiene un Gobierno en funciones. Los ataques en suelo extranjero deben contar con la autorización de todo el Gabinete o del Gabinete de Seguridad, con el primer ministro y un número reducido de miembros del Gobierno. El exjefe de inteligencia militar, Amos Yadlin, duda de que se hayan respetado estos procedimientos: «Incluso siendo cauteloso, dudo de que no estemos ante un calendario político que ha iniciado una crisis de seguridad con el objetivo de facilitar que Netanyahu forme otro Gobierno bajo su liderazgo». El periodo electoral ha hecho que el Gabinete de Seguridad no se haya reunido desde febrero. Netanyahu ha tenido las manos libres para dar vía libre al ataque contra Irán.

Las negociaciones de Viena en las que participan EEUU, Irán y otros actores del proceso cobran ahora una mayor importancia. No es sólo el ayatolá Jamenéi, la cúpula militar y los diputados conservadores los que ven con escepticismo la posible reanudación de las conversaciones. El Gobierno israelí hará todo lo posible para que no concluyan con una vuelta al anterior acuerdo nuclear. El sabotaje del domingo plantea serias dudas sobre la capacidad de Biden de controlar los planes de Netanyahu. No sería la primera vez que Israel desafía a una Administración demócrata en su intento de poner fin a la confrontación histórica con Irán.

Fuente: http://www.guerraeterna.com/israel-ya-no-oculta-la-participacion-del-mossad-en-los-atentados-contra-el-programa-nuclear-irani/

martes, 22 de diciembre de 2020

Israel: la colonización de Yad Vashem

 Hay cosas que un país decente no hace. El gobierno de Netanyahu ha mancillado la memoria de todas las victimas y ha politizado uno de los símbolos mas sagrados de su identidad nacional

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In memoriam de las víctimas del Holocausto en el instituto Yad Vashem.  Sinpermiso

En la vida de todo pueblo hay momentos simbólicos que concentran todos los valores que lo caracterizan, actitudes que sintetizan toda la esencia de su ser y expresan toda su idiosincrasia nacional. Uno de esos momentos simbólicos, que muestran cuan bajo hemos caído en Israel, ha sido la nominación del brigadier general retirado Effi Eitam como presidente del consejo directivo de Yad Vashem.

Yad Vashem es un instituto emblemático consagrado a preservar la memoria del Holocausto. Mas que un instituto, Yad Vashem es un emblema que atañe a todos y a cada uno de los judíos, sea cual fuera su procedencia. Pero después de la nominación de Eitam como presidente de tan importante institución, Yad Vashem ya no será lo que ha sido hasta hoy.

Antes de entrar en el tema Eitam, debemos adelantar algunas reflexiones sobre el uso y abuso que el gobierno israelí esta haciendo con el tema del Holocausto en los últimos años. Amplios círculos intelectuales israelíes, como también de judíos en la diáspora, critican severamente la forma en que el gobierno de Israel manipula la memoria del Holocausto, y la utiliza para acallar toda critica de las políticas israelíes en los territorios palestinos ocupados. Cuando Naciones Unidas o alguna figura internacional censuran la ocupación de los territorios palestinos, nada es mas efectivo para Israel que sacar a relucir al Holocausto para hacer callar a todo detractor. Dicha estrategia maquiavélica ha tenido bastante éxito desde el 2016, cuando Israel logró promover una declaración internacional que incluye dentro del concepto de antisemitismo también al antisionismo, abriendo la puerta a considerar antisemita toda critica de las políticas colonialistas del Estado de Israel.  Esta tergiversación del concepto de ‘antisemitismo’, que es de por si una ofensa a la memoria del Holocausto, tiene ahora, con Eitam a la cabeza de Yad Vashem, a un extremista de derechas cómo máximo interprete de lo que deberá interpretarse como antisemitismo de ahora en adelante. 

Aunque estamos ya habituados a esta cínica manipulación, debemos reconocer que esta nominación nos ha dejado anonadados. El gobierno de Israel ha cruzado una línea roja al designar a este ex general de brigada y ex ministro durante el gobierno de Ariel Sharon, que dimitió como acto de protesta contra la retirada israelí de la franja de Gaza. Si de él dependiera, Israel todavía estaría derramando sangre en Gaza.  El problema con Eitam no radica tan solo en su trayectoria militar, que de por si ya es sumamente problemática cuando se trata de la memoria del Holocausto, sino por ser un colono de ideología derechista, ultra nacionalista y chauvinista, que lo ubica en el ala mas recalcitrante del sionismo contemporáneo. Eitam es bien conocido por la mano dura con que ha tratado a los palestinos en cada cargo de su carrera militar, por sus opiniones denigrantes contra los árabes israelíes, y su apoyo a la indecente idea de la limpieza étnica.

Sin embargo, la inadmisible nominación de Eitam no debería sorprendernos ya que está en sintonía con la fascinación que siente la sociedad israelí por todo lo que tenga uniforme militar. Pero algunos de nosotros, ingenuos, queríamos creer que la memoria del Holocausto estaba mas allá de toda manipulación. Yad Vashem es uno de los últimos símbolos que unifican a todo el pueblo judío, tanto en Israel como en la diáspora. En derredor a Yad Vashem se había consolidado un amplio consenso nacional, tal vez uno de los últimos que se mantenían en este país.  Después de que la derecha se apoderase del Muro de las Lamentaciones, e incluso de la misma bandera nacional, transformándolos en símbolos sectarios con los que los israelíes liberales ya no pueden identificarse por la connotación agresiva que les han asignado, a partir de ahora, con la nominación de Eitam, ya no quedan símbolos que unifiquen a este pueblo. 

Esta infamia no hubiera acontecido si en el horizonte no se avistaran unas próximas elecciones, para las que Netanyahu necesita recuperar al electorado derechista que desertó masivamente hacia el partido nacionalista religioso, luego del fiasco de la prometida anexión del Valle del Jordán. Cuando se trata de mantener el gobierno, para Netanyahu todo es legitimo y Eitam es un guiño dirigido al ala mas extremista de su electorado. Dejemos claro que, en esta cínica jugada, la responsabilidad recae no solo sobre Netanyahu: el silencio del partido Azul-Blanco –que ha formado parte de la coalición gubernamental– liderado por los exgenerales Ganz y Ashkenazi, les hace a ambos cómplices de este acto vergonzoso.

Con Eitam a la cabeza de Yad Vashem, la derecha se ha apropiado de la memoria histórica del Holocausto, tergiversando fatalmente su significado universal. Netanyahu, hijo de un conocido historiador sionista especialista en la Inquisición, reescribe uno de los capítulos mas dramáticos y sensibles de la historia del pueblo hebreo, dándole un tinte nacionalista que desfigura y falsea la narrativa del Holocausto. Si hasta hoy el Holocausto es considerado un crimen contra la humanidad, de ahora en adelante será considerado un crimen contra el pueblo judío y de ahí hasta su reducción y desvalorización el camino es corto. Y esto acontece justo en una época en que son tantos los que pretenden negar la veracidad del mismo Holocausto.

El mandato de Yad Vashem ha sido desde siempre, trasmitir, desde su pedestal moral, un mensaje contra todo racismo y toda discriminación, y no solo contra el antisemitismo.  A partir de este momento cabe preguntarse cómo será posible predicar contra todo racismo cuando el presidente de Yad Vashem es él mismo un racista intransigente. Con que cara las asociaciones federadas a nivel mundial a esta importante institución, sus investigadores, formadores y personal podrán impugnar el antisemitismo que levanta cabeza en diversos lugares del mundo, cuando su mismo presidente encarna el odio visceral contra todo lo que no es judío. 

Hay cosas que un país decente no hace. No se juega con la memoria del Holocausto. Con esta nominación de Eitam, el actual gobierno de Israel ha mancillado la memoria de todas las victimas y ha politizado uno de los símbolos mas sagrados de su identidad nacional. Esto es el mejor indicio de que bajo ha caído el Estado de Israel bajo el mandato de Benjamín Netanyahu

Meir Margalit (Sinpermiso)

Fuente: https://ctxt.es/es/20201201/Firmas/34405/#.X-Grq9LF-gA.twitter

miércoles, 16 de diciembre de 2020

Las consecuencias del anuncio de Trump sobre el Sahara y el acuerdo con Marruecos e Israel

¿Mantendrá Biden la postura de Trump respecto al Sahara? ¿Qué papel jugarán Argelia o Rusia ante esta nueva situación?
"Es una jugada atrevida y arriesgada para el régimen marroquí”, destaca el profesor Barreñada sobre un establecimiento de relaciones con Israel
“El riesgo es que el paso de Trump genere una escalada y un aumento de tensión”, señala el investigador Haizam Amirah-Fernández

Sahara
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al rey de Marruecos, Mohamed VI, en una visita de 2018. / Efe

Las declaraciones, más bien los tuits, del presidente de EEUU (en funciones), Donald Trump, sobre Marruecos y el Sahara Occidental, han otorgado una nueva dimensión al conflicto. Los saharauis han servido como moneda de cambio en un trueque que favorece a un tercer país, Israel. Siempre según las palabras de Trump, su reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sahara implica que el reino alauita establezca relaciones diplomáticas con Israel. Un paso, este último, que ya han dado otros países árabes. El tablero geopolítico se completa con la incógnita de que harán o dirán países como Argelia o Rusia, por un lado, o Francia, por otro. ¿Qué consecuencias va a tener este movimiento tanto a corto como a medio y largo plazo? Hace unos días repasamos el conflicto desde el punto de vista de la legalidad internacional. Analizamos ahora en cuartopoder los diferentes escenarios de la mano de las opiniones de varios expertos en la materia.

Lo primero que cabe preguntarse es lo inesperado o no, de esta jugada. El pasado mes de febrero el investigador principal del Real Instituto Elcano y profesor asociado del Instituto Empresa (IE), Haizam Amirah-Fernández, tuiteaba sobre una hipotética declaración de Trump a cambio de que Netanyahu, primer ministro israelí, incluso viajara a Rabat a ver al rey Mohamed VI. Lo hacía porque en la prensa israelí se especulaba ya con una negociación en este sentido. “En su momento haciendo un análisis de coste, beneficio y estilo de tomar decisiones, pensé que la probabilidad de que se convirtiera en realidad era importante. La principal duda era si iba a esperar al resultado de las elecciones en EEUU o no”, explica a este medio.

“Se veía venir. Para Marruecos, ceder en un tema tan sensible como lo de Israel tenía que ser por algo muy grande, y no hay ahora mismo nada más grande en Marruecos que su pretensión de tener la soberanía del Sahara”, señala por su parte Jesús Nuñez, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH). “Hace ya varios meses que la idea flotaba en el ambiente. Pero eran especulaciones, no había posiciones oficiales, menos del Gobierno de Marruecos. En Israel sí sonaba, es posible que hubiese algo por debajo”, comenta el profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense, Isaías Barreñada.

Este mismo profesor recuerda que el supuesto “acuerdo” entre Marruecos e Israel “no surge de la nada”. Israel tiene con Marruecos unas relaciones “muy antiguas”, aunque no sean relaciones diplomáticas plenas, según comenta Barreñada. Unas relaciones que se remontan a los años 60,m facilitando la emigración de judío marroquíes hacia Israel o la colaboración entre sus servicios de inteligencia. Además, los israelíes asesoraron a los marroquíes en la construcción del muro del Sahara. Más tarde han coincidido en diferentes foros euro-mediterráneos. “Durante varios años tuvieron relaciones, en los años 90 empezó a haber turismo o inversiones israelíes. A veces de forma disimulada pero hay muchas relaciones económicas”, afirma Barreñada.

Tampoco es nueva, claro, la relación entre Marruecos y EEUU. Los estadounidenses ya colaboraron como aliados en la construcción del muro durante la guerra entre el Frente Polisario y Marruecos. Y el Sahara es un tema clave para el reino alauita. “No hay nada comparado con eso, ni un sistema de armas ni otro. Pero evidentemente al lado de esa cuestión, hay intereses comerciales y dentro de ellos venta de armas. Para Washington siempre ha sido importante tener a Marruecos en su bando y lo ha alimentado de armas cada vez más sofisticadas. Lo que cabe preguntarse es quién va a pagar esas armas, porque Marruecos no tiene dinero para pagarlas”, reflexiona Nuñez.

Marruecos, una sociedad pro-palestina

Una de las claves de este nuevo escenario, si se cristalizara como indicó el presidente estadounidense, será el grado de aceptación en Marruecos de su nueva relación con Israel. La mayoría de la sociedad marroquí, partidos políticos incluidos, es favorable a la causa palestina. “Eso es un hecho pero por encima está la percepción abrumadoramente mayoritaria en la opinión pública marroquí de que el Sahara es suyo. Habrá críticas, de hecho el PJD (partido de Gobierno) ya ha emitido un comunicado crítico. Contando con la capacidad de represión del régimen, y aunque habrá críticas, no va a ser la opinión pública marroquí la que le dicte a Palacio su agenda. No lo ha sido nunca pero tampoco lo ha sido ahora”, señala Nuñez.

Es una apuesta arriesgada de la monarquía. La vinculación que ha hecho Trump ha sido directa entre la ocupación de Palestina y el tema del Sahara. La opinión pública es mayoritariamente propalestina. Más en el largo plazo va a ser muy distinto, si se establecen relaciones diplomáticas y hay un nuevo bombardeo sobre Gaza, veremos qué pasa”, añade Amirah-Fernández. “Una decisión del Palacio choca con una opinión fuerte en la calle. Y eso, en un régimen como el marroquí, se tiene que tragar sin expresarse excesivamente, pero está ahí latente. Ahora no estamos en los años 80 o 90, estamos en un momento en el que hay más opciones de hacer críticas. Es una jugada atrevida y arriesgada para el régimen marroquí”, destaca Barreñada.

¿Qué hará Joe Biden?

Otra de las preguntas interesantes es saber la respuesta del presidente electo de EEUU, Joe Biden, que tomará posesión oficial en poco más de un mes. Las excelentes relaciones de los estadounidenses con Israel y el papel de los grupos de presión podrían decantar la balanza perjudicando a los saharauis y palestinos. Para Nuñez, es un tema “envenenado” que le deja Trump al nuevo presidente. “Si Biden echa atrás esta decisión va a tener muchos problemas para explicar por qué esto sí y los Altos del Golán sirio, por ejemplo, no. Se me hace muy difícil imaginar que EEUU, con Biden o quien sea, vaya a darle una bofetada de ese nivel a su principal aliado en Oriente Próximo que es Israel”.

Seguramente el cálculo que han hecho en Rabat es que esto seguramente Biden no se lo iba a conceder. Por eso de que hay una cosa llamada legalidad internacional. No olvidemos que lo de Trump es una declaración presidencial. Eso también hay que ver cómo es de vinculante y la validez jurídica que tiene de cara a la propia legislación estadounidense”, comenta el investigador de ElCano. Por cierto, que a día de hoy tampoco el rey de Marruecos ha anunciado un reconocimiento pleno de relaciones diplomáticas con el Estado de Israel. A pesar de que el Sahara no es una prioridad para EEUU, la duda, para Amirah-Fernández, es si dentro de las decisiones que Biden tomará rápidamente para distanciarse de Trump estará este asunto o no.

Para el profesor Barreñada, lo que ha pasado es fruto de la “política disruptiva” que tiene Trump. Para él, Biden podría volver a lo que ha sido la posición de EEUU “más clásica”. “¿EEUU puede abrir mañana un consulado en el Sahara? Sí, pero lo puede cerrar el día después”. En este sentido recuerda que el país ya tomó en su tiempo una decisión en la que dijo claramente que el Sahara no era Marruecos. Por tanto el tratado de libre comercio no se aplica. “Si esa decisión no se traduce luego en extender este tratado, abrir representaciones diplomáticas, se queda en lo declarativo”

Una consecuencia, en todo caso, es que esta declaración arrastre a otros países a hacer algo similar reconociendo la soberanía de Marruecos sobre el Sahara. Aquí, inevitablemente miramos a Francia, aliado tradicional de nuestros vecinos del sur. “Estoy seguro de que Macron desearía hacerlo. El problema es por un lado es que esto tiene que pasar por el Consejo de Seguridad de la ONU, el precedente supondría que en un territorio reclamado, desde el exterior se le reconozca la soberanía. Ese precedente sería peligroso para la UE, porque hay reclamación territorial de algunos territorios. A nivel interno de la UE podría generar unas tensiones inmensas”, destaca Amirah-Fernández.

“Francia no va a hacer esto. Porque tiene una política exterior más madura, no hace este tipo de cosas de la noche a la mañana. Rompería el consenso en la UE. Lo del reconocimiento de la soberanía de un territorio ocupado es claramente una violación del derecho internacional. Francia apoyará a Marruecos en el Consejo de Seguridad pero este tipo de cosas no las hace”, destaca por su parte Barreñada.

Argelia o Rusia, ¿internacionalización del conflicto?

Las reivindicaciones del Frente Polisario han contado con dos apoyos relevantes. En primer lugar, Argelia. En su territorio se encuentran los campamentos de población refugiada por lo que la relación es evidente y cristalizada durante décadas.

Analiza la situación de este país Amirah-Fernández: “Argelia está pasando por un momento muy delicado, con una sobreposición de crisis. Por un lado la política, de más de un año de manifestaciones pidiendo reformas de fondo en el sistema. Se eligió al presidente el año pasado pero lleva meses desaparecido y ausente. Hay una crisis económica que se junta con los factores de la pandemia, sumada a un descenso preocupante de las divisas del país. A nivel geopolítico, su posición está cada vez más aislada. Los tuits de Trump han debido caer como bombazos por esa especie de competición por la hegemonía regional desde hace décadas. De repente se le entrega a su rival geopolítico todo lo que pide en bandeja de plata. Eso es muy difícil de digerir en Argelia”.

Para el profesor Barreñada, “hay una especie de mantra” que dice que Argelia es quien mantenía al Frente Polisario vivo o que los saharauis no tienen autonomía en sus actuaciones. “Yo creo que lo que está ocurriendo en los últimos días es que hay otro tipo de relación. Obviamente los saharauis nunca van a hacer algo contra Argelia. Pero tienen un margen de maniobra importante. Muy posiblemente los saharauis habrán consultado con Argelia y les habrán dicho que ya no aguantaban más y que iban a volver a la lucha armada. Habrán encontrado cierto nivel de aceptación por su parte”, explica.

Rusia, junto a Sudáfrica, fue el único país en el Consejo de Seguridad de la ONU que se abstuvo en la última resolución sobre el conflicto. “Dijeron que la resolución había sido amañada por otros países y que estaba vacía de contenido. Es decir, que la crítica es precisamente porque la resolución se queda corta. Hay una sintonía muy fuerte entre Rusia y Argelia, y eso significa que se va a alimentar una espiral de confrontación”, señala Barreñada. El intercambio de armas puede jugar aquí también un factor clave. “Puede haber un nuevo foco de confrontación entre EEUU y Rusia, lo mismo que vemos en Oriente Medio. El error de cálculo de Marruecos es importante”, añade el profesor.

Para Amirah-Fernández, tampoco va a estar cruzado de brazos. “El riesgo es que el paso de Trump genere una escalada y un aumento de tensión. Es un riesgo real, no hipotético. Para Argelia es casi un tema de seguridad nacional”, señala.

Más escéptico se muestra aquí Jesús Nuñez: “Si después de 45 años, cuando la balanza no estaba tan desequilibrada como ahora, no ha habido nadie que se la haya jugado por los saharauis, menos se la va a jugar ahora. Ni Argelia, ni Rusia ni ninguna más. Por mucho que sea duro, crudo, reconocerlo, los saharauis están solos, abandonados. En relación de fuerzas militares no hay forma de compararlo con Marruecos, en relación de fuerzas diplomáticas no hay forma de compararlo. Por tanto, su causa es una causa que cada vez se aleja más de su sueño político. Se ha quedado convertida, y para España también, en un tema estrictamente humanitario”.

¿Y la ONU?

No se puede obviar en el análisis las menciones al papel de la ONU. Para Nuñez, lo que muestra, “desgraciadamente una vez más, es impotencia”. Pero no por ello, alerta, se debe dejar de lado su función. “La tentación que hay que evitar es decir que para qué sirve la ONU y que hay que desmantelarla. No, sin la ONU, es directamente la ley de la jungla. Por mucho que nos frustre y nos decepcione ver como una vez más la ONU no tiene capacidad para hacer valer el derecho internacional y sus propias resoluciones, tenemos que criticarlos de forma clara pero que eso no nos lleve a decir que mejor estaríamos sin ONU”, destaca.

“El problema de la ONU es que no tiene voluntad propia, la ONU es la suma de los miembros y del Consejo de Seguridad. En el Consejo de Seguridad no veo que vaya a haber unanimidad para reconocer que el Sahara es de Marruecos”, destaca el investigador de ElCano, que además recuerda la contradicción que supone que EEUU votara a favor de prorrogar la MINURSO este mismo año.

Para Barreñada, lo que ha demostrado el conflicto del Sahara es que el órgano encargado de mantener la paz y la seguridad, que es el Consejo, “en vez de apretar para que la cosa se resuelva, lo que ha hechos es consentir los incumplimientos hasta generar una especie de régimen de impunidad”. Pero en el caso de la Asamblea General se acaba de nuevo de recordar estos días que la cuestión del Sahara es una cuestión de descolonización. “¿Cómo se fuerza a los Estados que no quieren cumplir con las propias resoluciones? Esos son los limitantes que tiene el multilateralismo”, indica.

España, cerca de Marruecos

Queda mencionar a España, potencia administradora de iure según incluso la propia Audiencia Nacional. “En España la opinión pública también es mayoritaria pro saharaui pero los gobiernos se han ido acercando cada vez más a Marruecos”, afirma Nuñez, estableciendo un paralelismo en lo que podría pasar ahora en el país alauita respecto a Palestina. Los precedentes en las actuaciones respecto al conflicto saharaui en los Gobiernos de nuestro país no son buenos.

Para Barreñada, “España se ha colocado en una posición que la imposibilita a hacer cualquier cosa constructiva”. Y alerta del peligro de acercarse a posiciones favorables a la autonomía del Sahara dentro de Marruecos. Algo que también ha defendido Trump. “Lo que es peligroso es cuando toma posiciones que debilitan el derecho internacional. Por ejemplo, cuando en algunos momentos han dicho que eso de la autonomía es una buena idea. La autonomía está ligada a la diversidad, al reconocimiento de las libertades, no puede haber una autonomía genuina en un régimen autoritario. Y sin embargo, no se les ocurres nada mejor es que una buena idea. Primero tendrá que cambiar bastante Marruecos para que cualquier proyecto de autonomía sea mínimamente viable. Le hacen un flaco favor a la cuestión general el posicionarse por la tangente. Sería mejor que se callaran, ya que no haces nada, cállate. Y no es una cuestión de este Gobierno o el anterior, lo han hecho todos”.

 Fuente: https://www.cuartopoder.es/internacional/2020/12/16/las-consecuencias-del-anuncio-de-trump-sobre-el-sahara-y-el-acuerdo-con-marruecos-e-israel/

lunes, 2 de marzo de 2020

El AIPAC, siempre en el candelero

http://www.graphis.com/logos/c7271a96-4b40-11e2-ae70-f23c91dffdec/
 El jueves otros dos candidatos demócratas a las elecciones presidenciales de noviembre anunciaron que no asistirán a la conferencia anual del AIPAC (American Israel Public Affairs Committee), el influyente y controvertido lobby judío en Estados Unidos, que se celebra en Washington DC entre el 1 y el 3 de marzo.

Pete Buttigieg y Amy Klobucher adujeron que no podrán asistir porque el día 3 es el Supermartes, cuando varios estados votan en las primarias demócratas, y tienen que preparar sus campañas hasta el último momento.

No obstante, Buttigieg, Klobucher y el exvicepresidente Joe Biden, hablarán en el cónclave por videoconferencia.

De momento, el único candidato demócrata que ha confirmado su participación personal en el evento del AIPAC es el multimillonario judío Mike Bloomberg, exalcalde de Nueva York, una candidato que a día de hoy no cuenta con muchas posibilidades de ganar las primarias.

El AIPAC ha llegado a un punto en el que se identifica plenamente con las políticas ultranacionalistas del primer ministro Benjamín Netanyahu. En la práctica no solo es una caja de resonancia de Netanyahu, sino que ata muy corto a los senadores y congresistas estadounidenses en todo lo relacionado con el estado judío.

En otro tiempo contó con cierta reputación en su país, pero ahora está de capa caída, especialmente entre muchos votantes demócratas que se lamentan de que el AIPAC sirva para sustentar unas políticas cargadas de misiles contra los derechos humanos más básicos de los palestinos.
El primero en anunciar su boicot a la conferencia fue Bernie Sanders, quien el 23 de febrero dijo: "Continúo preocupado con la plataforma que AIPAC proporciona a líderes que expresan intolerancia y se oponen a los derechos palestinos. Por esto no asistiré a su conferencia".

Sanders, que es judío y se define como socialdemócrata, explicó que está a favor de que Israel viva en paz y seguridad pero añadió que quiere lo mismo para los palestinos. Sus palabras fueron acogidas con una cerrada ovación por quienes asistían a su discurso.

Unas horas después Sanders calificó de "racista" a Netanyahu. No es la primera vez que Sanders muestra su desprecio hacia el primer ministro israelí en público. El domingo, el embajador de Israel ante la ONU, Danny Danon, replicó que Sanders "es un mentiroso, un tonto ignorante o las dos cosas", y no le quieren ver el pelo ni en el AIPAC ni en Israel.

El diario Haaretz dijo el viernes que Netanyahu es "quien ha matado al AIPAC" con políticas insostenibles. No obstante, el lobby judío sigue siendo muy poderoso porque cuenta con el apoyo incondicional del presidente Donald Trump y el partido republicano en general. Tampoco se debe despreciar su enorme influencia en los sectores más conservadores del partido demócrata.

Fuente: https://blogs.publico.es/balagan/2020/03/02/el-aipac-siempre-en-el-candelero/?utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_campaign=publico

martes, 11 de febrero de 2020

Plan Trump, la legitimación de un robo

Los dirigentes palestinos piden que se asegure que un orden mundial basado en reglas sea el único camino a seguir para todos

Donald Trump y Benjamin Netanyahu, el pasado 28 de enero en la Casa Blanca.
Donald Trump y Benjamin Netanyahu, el pasado 28 de enero en la Casa Blanca. AFP
Un proyecto de paz nunca podrá conllevar la legitimación de la violación del derecho internacional. Sin embargo, es lo que ha hecho el llamado plan Paz por Prosperidad, elaborado por la Casa Blanca. Es una iniciativa anexionista que define bien su ceguera política, arrogancia e ignorancia. Mientras, tanto Israel como la Administración Trump están tratando de engañar al mundo con promesas de un "futuro mejor", queda el hecho de que la sinergia ideológica entre dos líderes populistas de derecha les está llevando a compartir una sola visión: el apartheid.

Este plan de anexión es una recopilación de posiciones israelíes, muchas de las cuales fueron presentadas textualmente por representantes israelíes en negociaciones anteriores. Es un plan negociado entre colonos y representantes de Estados Unidos, ambos partidarios de la política ilegal de colonización de los territorios palestinos. Tal y como aparece en el mapa presentado por EE UU, el plan responde a una lógica de apartheid que nada tiene que ver con una solución de "dos Estados". Aaron David Miller, uno de los exfuncionarios estadounidenses con más experiencia en el proceso de paz, explicó que le dijo al asesor y yerno del presidente, Jared Kushner, que no actuara como "abogado de Israel" si quería tener éxito. Evidentemente, Kushner fue más allá al convertirse en el abogado de las políticas de anexión y colonización de Israel.

Argumentar que la anexión y la colonización, manifiestamente ilegales en el ámbito internacional, deben normalizarse como resultado de su plan está sentando un peligroso precedente para que cualquier país poderoso imponga cualquier realidad que considere necesaria, incluso violando el derecho internacional. Cualquiera que acepte firmar el plan de Trump, o los pocos que sugieren que este documento podría tomarse como base para cualquier compromiso, le están diciendo claramente al pueblo palestino que acepte un crimen de guerra como base para cualquier conversación. Claramente, no se trata de rechazar una propuesta de paz sino de decir no a un intento de legitimar el robo, cuando menos, como una herramienta en las relaciones internacionales.

La lógica distorsionada del equipo de Trump sugiere que lograr la paz implica acomodar todos los deseos de los extremistas israelíes. El plan indica claramente la perpetuación de la ocupación colonial de Palestina por parte de Israel y la fragmentación de su tierra. Otorga a Israel el control total de Jerusalén y "legaliza" sus asentamientos, transfiere su población al territorio palestino ocupado y niega los derechos de los refugiados palestinos. Además, el equipo de Trump espera que el pueblo de Palestina se tome esto como un regalo sin precedentes. De hecho, y en más de una ocasión, Kushner ha seguido repitiendo que estaba seguro de que los palestinos estarían sin duda "sorprendidos" de lo "bueno" que es el plan para los ellos. ¿Qué muestra esto? Una combinación de ignorancia, complicidad y falta de respeto.

El presidente Mahmud Abbas se dirigirá este martes al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el órgano encargado de preservar la paz y la seguridad mundial, con un mensaje de urgencia para dar una oportunidad a la paz, no al apartheid. Nuestra visión de la paz se basa en poner fin a la ocupación de Israel para lograr crear un Estado de Palestina independiente y soberano en la frontera de 1967 con Jerusalén Oriental, su capital. Esta es nuestra histórica concesión para la paz hecha en 1988, dando a Israel alrededor del 78% de la Palestina histórica. Una Palestina libre que coexista en paz, seguridad y prosperidad con el resto de la región. Todas las cuestiones del estatuto permanente deben ser resueltas de una manera justa que respete el derecho internacional y las resoluciones pertinentes de Naciones Unidas. En el marco de la iniciativa de paz árabe, este será el punto de entrada para nuevas relaciones diplomáticas y comerciales entre las partes.

No basta con que la comunidad internacional sepa lo que hacen tanto Israel como la Administración Trump. Salvar las perspectivas de paz requiere un compromiso, poner fin a la impunidad para prevenir eficazmente las posibilidades de anexión y crear las condiciones para la celebración de conversaciones significativas basadas en el mandato acordado internacionalmente para el proceso de paz de Oriente Próximo. Nuestra propuesta incluye el establecimiento de un equipo países para facilitar un proceso de paz significativo. Un proceso que trabaje en la aplicación del derecho internacional en lugar de uno de anexión hecho para violarlo.

Aunque apoyan las negociaciones directas basadas en el derecho internacional y las resoluciones de Naciones Unidas, la Liga Árabe y la Organización de la Cooperación Islámica (OCI) ya han dicho que no a un plan que ni apoya un Estado soberano de Palestina, con Jerusalén Oriental como su capital ni respeta el histórico acuerdo de statu quo de nuestros santos lugares en la ciudad. La Unión Africana y la Unión Europea ya han declarado que el plan Trump contradice el derecho internacional. Palestina está ofreciendo al mundo una propuesta seria para lograr una paz justa y duradera. Estamos pidiendo que se asegure que un orden mundial basado en reglas sea el único camino a seguir para todos. En lo que respecta a la aplicación de los principios fundamentales, incluida la responsabilidad de terceros, Palestina no debe ser la excepción.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2020/02/10/opinion/1581360568_516932.html

viernes, 31 de enero de 2020

El fin de Palestina

La mirada de Mónica G. Prieto sobre Palestina: "Hasta hace no tanto, los países árabes se habrían opuesto a este plan por injusto, pero en estos tiempos de 'realpolitik' sin escrúpulos no hace falta fingir ni contentar a las poblaciones, así que Arabia Saudí y Emiratos Arabes alaban los 'esfuerzos' de Trump".

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Protesta contra los planes de Trump. REUTERS
 Al principio, solo parecía errático. Donald Trump carecía de una estrategia internacional más allá de la destrucción del legado de Barak Obama, sin pensar en el largo plazo. En algunos episodios incluso resultó coherente, como su respuesta ante un ataque con gas sarín del régimen sirio contra su pueblo –ya fue más de lo que hizo Obama tras la masacre de Ghouta– o el pulso dialéctico con Corea del Norte que se tradujo en un proceso diplomático catatónico pero aún con vida: lo más cerca que ha estado la península coreana de la paz en las últimas dos décadas.

Otras muchas de sus decisiones como el asesinato del general Qassem Suleimani y el colapso del pacto nuclear con Irán, el abandono del Acuerdo de París o el TPP o el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el repliegue militar en Asia y Oriente Próximo o la extorsión económica a sus socios, cada vez más reacios a apoyarle, parecen diseñadas para minar, destruir y aniquilar la estabilidad internacional, ese frágil sistema que ordena el mundo sin abocarnos a la destrucción.

Semejan estar cuidadosamente concebidas para sembrar la discordia, alimentar los agravios contra Occidente, dividir aún más a un mundo ya polarizado y dejar un vacío de influencia y credibilidad progresivamente ocupado por dos países que aspiran a rellenarlo desde las más firmes convicciones antidemocráticas: China y Rusia. Pero ninguna de sus decisiones resulta tan injusta ni mina tanto la credibilidad y la influencia de Washington como su plan de paz para Israel, que no para Palestina.

Con él, Trump desafía la histórica postura mantenida por la comunidad internacional durante 70 años basada en la máxima paz por territorio y en la ilegalidad de los asentamientos judíos para consagrar un apartheid de manual, instaurado mediante una política de hechos consumados por Israel que nadie osó a desafiar.

Su proyecto no solo ignora las fronteras del 67 –referente para lograr una paz justa– sino que concede a Israel un 30% más de aquel territorio y le permite anexionarse el Valle del Jordán (entregándole la frontera con Jordania) y la miríada de asentamientos que atomizan la integridad de Cisjordania. La castigada franja de Gaza y los bantustanes de Cisjordania quedarían supuestamente unidos por túneles: una bofetada a la viabilidad de cualquier Estado.

Jerusalén, hogar de la Mezquita del Al Aqsa –tercer lugar más sagrado del Islam, tras Meca y Medina– perderá su actual estatuto de ciudad en disputa para ser declarada capital del Estado de Israel. Y las colonias, con casi medio millón de ocupantes, quedarán anexionadas y normalizadas, pese al desplante hacia la legislación internacional. Los palestinos no han tenido voz ni voto: el proyecto lo han cocinado Trump y su socio Benjamin Netanyahu y lo han presentado el mismo día en el que el fiscal general acusaba formalmente al premier israelí por corrupción. De ahí que Netanyahu acelere la anexión del nuevo territorio antes de que los tribunales, la Corte Penal Internacional que investiga crímenes de guerra tras las políticas israelíes de los asentamiento o las elecciones del mes próximo se lo impidan.

El plan supone el final del sueño palestino. Se traducirá en la imposibilidad de crear un Estado viable donde pueda regresar el exilio (seis millones) desperdigado en campos de refugiados de todo Oriente Próximo. Dan Rothem, exasesor del primer ministro Ehud Olmert, experto en propuestas de paz, estimaba –citado por el New York Times– que el plan de Trump entregará a Israel un 84% más de tierra respecto a la que tenía antes de 1967. Nunca, a lo largo de la historia del conflicto, se ha contemplado una solución que ofrezca tan poco a Palestina: solo un presidente cortoplacista y sin una visión global podía responsabilizarse de una solución sin justicia, basada una vez más en la extorsión casi mafiosa: por eso promete una lluvia de millones para los palestinos si aceptan un diseño que entierra para siempre el sueño de un Estado viable.

«Cada día aprendemos más sobre las tácticas que esta Administración utiliza para promover sus objetivos, y cada día comprobamos que no son más sofisticadas que las tácticas de los gángsters», lo definía la exembajadora norteamericana en Qatar Dana Shell Smith. Hasta hace no tanto, los países árabes se habrían opuesto a este plan por injusto, pero en estos tiempos de realpolitik sin escrúpulos no hace falta fingir ni contentar a las poblaciones, así que Arabia Saudí y Emiratos Arabes alaban los “esfuerzos” de Trump. En el nuevo mundo unilateral, la ley y el sentido común han sido sustituidos por los caprichos e intereses de los vendedores de humo, sobre todo si estos necesitan distraer la atención de sus propios problemas judiciales. Huyen hacia adelante quemando aquello que pisan.


Fuente: https://www.lamarea.com/2020/01/30/el-fin-de-palestina/