domingo, 21 de julio de 2019

Los costos de la masculinidad tóxica: Ruben Albarrán


El gran Rubén Albarrán, cantante de Café Tacvuba, la arma en el Senado mexicano. Invitado a un foro sobre, uh, Masculinidad Tóxica, usó una palabra que allí suena hiriente (CHINGADA) antes de proclamar "La patria murió, viva la matria"

Vía https://twitter.com/DiegoAManrique


Seth Berkley: "Si bajamos la guardia, pueden volver la polio, la tosferina o la difteria"

Este epidemiólogo advierte de los peligros que entraña la creciente desconfianza a las vacunas
 Es el director ejectivo de la Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización (Gavi), creada en el 2000

Seth Berkley, director ejecutivo de la Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización (GAVI), en el CaixaFòrum de Barcelona. / JOAN CORTADELLAS
Cada 60 segundos mueren, en diferentes partes del mundo, tres niños por enfermedades que podían haberse prevenido con vacunas adecuadas, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Evitar este mal es el objetivo primero de la Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización (en inglés, Gavi - The Vaccine Alliance). El epidemiólogo Seth Berkley (Nueva York, 1956) es director ejecutivo de esta asociación de salud global público-privada, de la que es socia la Fundación Bancaria La Caixa.

-¿Por qué se creó Gavi?
-Fue en el 2000, al ser conscientes de que cada vez había más vacunas disponibles que nos permitían evitar muertes, pero que estas estaban disponibles solo en los países ricos, no en los pobres, donde eran aún más necesarias. Era un reto. Así, la OMS, Unicef, el Banco Mundial, el sector farmacéutico y otras compañías decidimos unirnos y crear esta alianza para asegurarnos de que las vacunas estarían disponibles también para los niños de países pobres. Desde entonces, hemos vacunado a unos 700 millones de niños más y hemos evitado más de 10 millones de muertes. Ahora mismo llegamos a un 60% de los niños de los países pobres a nivel mundial. También hemos logrado poner vacunas para dos de los cánceres más mortales del mundo -el hepático y el cervical o de cuello uterino-, para enfermedades que son las principales causas de muerte en el mundo -como la diarrea y la neumonía- y otras que se presentan en forma de brotes, como el ébola, la fiebre amarilla, la meningitis y el cólera.

-¿Cuáles son estos países pobres?
-Los de África, Asia, Latinoamérica y los de parte del este de Europa, como Georgia, Armenia, Kazajistán. El valor de corte que utilizamos son 1.580 dólares de Renta Nacional Bruta (RNB): si un país está por debajo de este valor, es elegible para ser atendido por la Alianza.

-¿Hay más desconfianza hacia las vacunas en los países ricos que en los pobres?
-Sí. Es así porque en Europa estas enfermedades se han olvidado. Desde el punto de vista médico ya hemos conquistado este triunfo, ya no existen esas enfermedades, la gente ya no enferma de estas cosas. Por ejemplo, mi esposa, que trabajaba en un hospital de Nueva York, nunca vio un caso de tétanos, de difteria, de sarampión... En cambio, en los países pobres estas enfermedades siguen matando a gente. Los padres saben que tienen que vacunar a sus hijos para evitar que caigan enfermos. Además, en Europa se añade el hecho de que existe cierta desinformación: es muy fácil extenderla, hacer que la gente dude de si las vacunas funcionan o no y que algunos padres opten por no vacunar a sus hijos. Como resultado de todo esto, actualmente hay casos de sarampión en 47 de los 53 países de la región de Europa de la OMS [los seis países en los que no hay rastro de sarampión son Andorra, Islandia, Mónaco, San Marino, Tayikistán y Turkmenistán. La OMS incluye como parte de su región europea países que están geográficamente en Asia Central, como estos dos últimos].

 -¿Cuáles son las enfermedades que considerábamos erradicadas y que están volviendo a propagarse?
-Principalmente, el sarampión. Es una de las que pensábamos desaparecidas. Desde el 2000, hemos evitado 20 millones de muertes por sarampión en todo el mundo, pero podría volver. También hay brotes de tosferina, difteria y cada vez hay más personas que tienen miedo de vacunarse contra el virus del papiloma humano -que en realidad puede prevenir uno de los peores cánceres-. Si continúa esta falta de confianza, podríamos ver aparecer muchas otras que habíamos pensado erradicadas, como la polio. Antaño, la polio solía paralizar a unos 350.000 niños al año, pero el año pasado por ejemplo solo dejó inmovilizados a 33 en todo el mundo. Es evidente que, si bajamos la guardia, hay muchas enfermedades que pueden volver.

-¿Es por culpa de las dudas que genera la industria farmacéutica?
-En parte sí. Pero también diría que tiene que ver con una falta de confianza hacia los gobiernos, hacia la ciencia en general, hacia los hechos. Las 'fake news' se han diseminado tan globalmente, que han acrecentado esta desconfianza en los expertos y en el gobierno. Por ejemplo, un estudio señala que en España el 95% de las personas confían en lo que les dice su médico, pero solo 77% confía en lo que le dice el Gobierno. A la hora de buscar información, la gente confía más en el médico que en el Gobierno. Y esto es un gran problema, porque acceder a vacunar a tu hijo requiere una gran dosis de confianza.

-¿Cuáles son los peligros de esta desconfianza?
-La verdad es que cuando la desinformación campa a sus anchas de esta forma, la confianza realmente se mina. Por ejemplo, hace unos años, cuando se estaba intentando encontrar a Osama Bin Laden en Pakistán, la CIA hizo una campaña de vacunación falsa contra la hepatitis B para obtener ADN de los niños que vivían en el complejo donde se sospechaba que se ocultaba el líder de Al Qaeda. Cuando esto se descubrió, minó la confianza de la gente. Esto es lo peor que le puede pasar a la confianza, porque puede perderse muy rápidamente pero cuesta muchísimo volver a construirse. También internet facilita la diseminación de la desinformación y la pérdida de confianza en las autoridades.

-¿Qué hacer en contra de esto? 
-Pues básicamente ofrecer una comunicación honesta y que los países impliquen a la comunidad -médicos, líderes religiosos- para evitar la propagación de rumores. También la prensa juega un papel sumamente importante porque a veces, intentando dar un punto de vista "equilibrado", coloca en los debates a una persona que no es experta asegurando que las vacunas no son seguras, frente a toda la comunidad científica que asegura que sí. Es incorrecto tratar de presentar esto como un debate equilibrado. Sabemos que las vacunas son clarísimamente seguras porque hemos tratado ya a decenas de millones de personas, sabemos que tienen efectos secundarios y sabemos cuáles son.

-¿Cuántas personas han fallecido en el mundo por no vacunarse?
-Difícil respuesta. Sabemos que actualmente las vacunas evitan de dos a tres millones de muertes al año en el mundo. Sin embargo, hay 1,5 millones de personas que fallecen de enfermedades que serían prevenibles y que no se previnieron porque no hubo vacunación.

-¿Tendremos pronto una vacuna del sida?
-He trabajado mucho tiempo con la vacuna del sida. Hay dos que han llegado a la fase de eficacia. Creo que una es más interesante que la otra, pero en cualquier caso ninguna de las dos va a ser definitiva. También hay ensayos interesantes en torno a la tuberculosis y la malaria. En el futuro tendremos nuevas vacunas con las que trabajar.

-¿Y curaremos el ébola?
-Desde el 2004 existe una vacuna que protege al 100% de la infección; es decir, si tú te expones pero estás vacunado, estás protegido. No es así si ya tienes la enfermedad. No hay vacuna para curar el ébola -sino solo para prevenir-, pero sí hay fármacos que ayudan a tratarlo. El problema con estos fármacos es que no ha habido ocasión de realizar estudios empíricos debido a las insurgencias que hay en la República Democrática del Congo y a la inestabilidad de la zona. Pero sí, tenemos la vacuna que protege al 100% y ya se está aplicando. La Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización paga esta vacuna. Ha administrado ya 154.000 dosis en el brote actual y también está vacunando a los países circundantes por si la enfermedad se disemina -como ocurrió con el brote anterior-: Uganda, Sudán, Ruanda y, muy pronto, Burundi.

Fuente: https://www.elperiodico.com/es/sanidad/20190720/entrevista-seth-berkley-alianza-mundial-vacunas-inmunizacion-gavi-7557754?utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_campaign=cm

Papá desertor

Mi padre, el espía (2019). Imagen: 8Heads Productions / Kick Film / Mistrus Media / Pimik

 Septiembre de 1978, el Washington Post publica que por segunda vez en un año un alto cargo soviético de la ONU en Nueva York ha desertado. En abril había sido Arkady Shervchenko, el número uno de la delegación. El siguiente era Imants Lesinskis, un traductor, y su mujer, Rasma, secretaria. Llevaban dos años trabajando en la misión soviética en la ONU. Cuando su hija Ieva obtuvo un permiso para ir a visitarles desde Letonia, una vez juntos, la familia al completo se había puesto en manos de la CIA.

Julio de 2001. El Wall Street Journal se pone en contacto con Ieva para entrevistarla. El diario está interesado en conocer cómo había experimentado una joven soviética un salto tan grande entre dos países tan distintos y enfrentados. El redactor, Benjamin Smith, quería averiguar cómo era la vida de la hija de un desertor de la Guerra Fría.

Marzo de 2019, se estrena el documental Mi padre, el espía, disponible en Filmin, una investigación en la que la periodista es Ieva y trata de averiguar por qué murió su padre. Según la información de la que dispone, sospecha que pudo ser asesinado por haber abandonado la Unión Soviética cometiendo alta traición, sobre todo después de que decidiese no llevar un perfil bajo tras su huida y salir del anonimato con apariciones sonadas en los medios.

En los archivos de la CIA desclasificados y abiertos al público no hay información sobre Lesinskis. Tan solo figuran los recortes de prensa en los que se da la noticia de sus charlas y apariciones comprometidas. El desertor no pudo soportar el anonimato de su nueva vida y terminó reapareciendo, lo que iba en contra de la reputación de la URSS, pero comprometía su seguridad y por tanto a la CIA. El diario quería alertar sobre el peligro de descuidar el bienestar de los desertores.

Entrevistado en estas páginas, James Woolsey, director de la CIA entre 1993 y 1995, explicó que había habido grandes éxitos acogiendo espías y altos funcionarios, pero también «casos que te hacen estremecer». Los desertores son el talón de Aquiles de los regímenes totalitarios, decía, pero si se filtra que su situación es desgraciada o son asesinados, eso afecta a la posibilidad de acoger más.

En aquel entonces, la agencia cuidaba de medio millar de desertores entre exsoviéticos, norcoreanos e iraquíes. El problema al que se enfrentaban era que personas con posiciones destacadas y alta cualificación tenían que dejarlo todo, irse a vivir a un pueblo recóndito y ganarse la vida ahí en trabajos tipo reparador de televisores.

Se citaba el caso de Vladimir Sajarov, especialista de veintiséis años en asuntos árabes para la KGB. Cuando la CIA lo reclutó en Kuwait en 1971 lo envió a Hollywood a trabajar en un motel. Años después, en un subcomité de la agencia se quejó de esos días: «No tenía amigos en absoluto, nadie con quien hablar y ninguna esperanza en el futuro». Su caso también aparecía en Sucesión en la URSS, continuidad y cambio de Horacio Crespo, pero para contar que informó de la alcoba de Andropov:

Un tránsfuga del KGB en el año 1972 —Vladimir Sajarov— , amigo del hijo de Andropov y que por esta razón habría visitado su departamento moscovita, contó a los servicios de inteligencia estadounidense haber visto allí regalos personales hechos por el mariscal Tito y una colección de discos y libros que atestiguarían, según el informante, «una extraña atracción por la cultura occidental»: Chubby Checker, Frank Sinatra, Peggy Lee, Bob Eberly

También hubo un caso de una pareja que directamente denunció a la CIA en los tribunales por no pagarles los veintisiete mil dólares anuales que habían acordado para su subsistencia. Los abogados de la agencia se escudaron en una fallo de la Corte Suprema de 1875 que decía que los tribunales no tenían derecho a revisar los contratos entre el gobierno y sus espías.

En el documental, Ieva relata que su padre ya fue enviado a Alemania Occidental como espía cuando ella nació. Se la tenían que llevar e integrarse en la sociedad como unos alemanes más. Conserva cientos de fotos de ella de bebé porque sus padres se entrenaron en el manejo de dispositivos fotográficos con ella como modelo.

Aquella misión fracasó y volvieron a Letonia. Su padre siguió saliendo al extranjero y su madre le confesó a Ieva que pertenecía al KGB, pero que si se lo decía a alguien «le meterían un tiro en la cabeza». Sin embargo, en los Juegos Olímpicos de Roma, los primeros televisados, lo que incrementó las actividades de inteligencia en la capital italiana, Lesinskis se entregó en la embajada estadounidense. Quería dejarlo todo, pero no le acogieron. Se limitaron a convencerle de que les sería más útil como doble agente. Desde entonces, pasó información a la CIA.

Con fotografías de su archivo personal impagables, Ieva ha reconstruido los pasos de su padre desde ese día hasta que murió en un aparcamiento. Una odisea en la que ella vio truncada su vida, partida por la mitad y, como su padre y su mujer, sufrió una grave crisis de identidad.

Cuando Lesinskis y Rama, su segunda mujer, trabajaban para la delegación de la URSS en la ONU, en Nueva York, pasaban documentos robados o fotografiados a la CIA. No obstante, el día en que Arkady Shervchenko, que era su jefe, desertó, saltaron todas las alarmas. Justo en ese momento, su hija, Ieva, había obtenido un visado para visitarlos. Estaban los tres reunidos cuando llegó una invitación dirigida a los Lesinskis para pasar unas vacaciones en casa, en la URSS. Lo interpretaron como una señal. El matrimonio creyó que sería una trampa y en ese momento, aprovechando que por fin estaban los tres, tomaron la decisión de desertar.

Estaban en el Marriott, publicó el WSJ. A Ieva le llamó la atención encontrar en el baño las tarifas del hotel, trescientos cincuenta dólares por noche. Eso era impagable. Cuando se lo dijo a su padre, él fue muy claro con ella. Le dijo que se iba a pasar al enemigo, pero que ella podía decidir. Tenía la opción de acompañarle o la de irse a la embajada y denunciarle. Lógicamente, se quedó con él, pero eso suponía renunciar a todo lo que había conocido hasta entonces. Adentrarse en un mundo nuevo y desconocido. Su padre, posteriormente, reveló que había esperado a estar con ella para marcharse porque sabía que si su hija se quedaba con su abuela en la Letonia soviética o tendría problemas para cursar estudios superiores o nunca tendría un trabajo decente si su padre era un traidor.

Para ella en aquel momento la decisión no tenía ni sentido. Era irse con su padre no se sabe dónde, entendía que lo que le contaba eran tonterías e historietas, o refugiarse en la embajada y suplicar. Su padre en una entrevista posterior no mostró ningún arrepentimiento por lo que hizo. Insistió en que llevaba años planeándolo.

Durante unos días estuvieron en el limbo. Rodeados de agentes de la CIA, se preparaba su nueva situación legal. Kofi Anan, que todavía no era secretario general de la ONU, escribió una carta a su padre exigiéndole que «explicara satisfactoriamente» por qué había abandonado su puesto de trabajo. En el piso, su padre no paraba de fumar, beber y responder a cientos de preguntas de los agentes. La claustrofobia fue tal que, tal y como contó el WSJ, los agentes de la CIA se llevaron a Ieva de marcha a bailar Lionel Richie, que entonces sonaba por todas partes.

Así se metió en su nueva piel, empezó su vida con otra identidad. Su padre se convirtió en Peter, Ieva pasó a Evelyn y Rasma se llamó Lynda. Se supone que por el trabajo de su padre habían viajado por Europa y ella había ido a la universidad en Moscú. Su pasado se había volatilizado y su futuro no era para lo que habían vivido. No podía decirle a nadie quién era. Solo tenía presente.

En el documental se explica que, llegado este punto, la situación de los desertores es peor que un divorcio. Abandonan todo, pierden su identidad en un sentido literal y su reputación. Los primeros días no es extraño que piensen en regresar, que se arrepientan. Luego arrastran un sentimiento de culpa y una soledad que puede poner en peligro su situación.

Su abuela también lo perdió todo. Se quedó sin familia. Agentes del KBG le dijeron que podría escribirles, pero su carta se publicó en un periódico. Se tituló «Grito de dolor de una madre». En otros medios se dijo que habían traicionado a su madre enferma, que Ieva había sido secuestrada. «¿Tendré alguien para poner flores en mi tumba?», terminaba la carta.

Durante los primeros meses, Lesinskis empezó a tener un comportamiento paranoico. Los miedos típicos de los espías o agentes dobles estallaron en su cabeza. Temía por su hija, «el eslabón más débil» de su plan, pero sus temores eran infundados. Lo peor fue cuando tomó conciencia de que no se le encargaría ninguna misión, el gobierno estadounidense lo que pretendía es que se apartase del foco.

Lesinskis envió numerosas cartas a la CIA quejándose de su situación, de su aislamiento, de la imposibilidad de viajar hasta que, finalmente, se mudaron a Colorado. Allí Ieva, ahora Eva, se mezcló en el ambiente bohemio de su facultad. Se tiñó el pelo, descubrió a los Talking Heads, precisó el WSJ, alternó con artistas y se casó, según dice en el documental, con un único fin: huir de su padre.

Ese hombre estaba roto por dentro. Bebía cada vez más y estaba deprimido. La vida a su lado era insoportable. Le encontraron un trabajo de investigador para un profesor de Historia Soviética, posiblemente conectado también la CIA. Pese a su deserción, entre la diáspora letona no cobró ningún relieve. Siempre se sospechó que el agente doble podría serlo también triple. Hasta que estalló.

En 1984, salió del armario y dio declaraciones a la prensa. En los archivos abiertos de la CIA están los recortes de sus apariciones en The Christian Science Monitor  y Boston Globe. En ellas daba información sobre altos cargos de la URSS que habían sido expulsados del extranjero por espionaje, como Alberts Liepa, que tuvo que salir de Suecia por intentar reclutar agentes entre la diáspora letona. Contó al detalle como era su modus operandi, las listas que se hacían de todos los ciudadanos de origen soviético que vivían en estos países para controlarlos. Llegó a explicar paso por paso cuáles habían sido sus funciones en el extranjero a las órdenes de la KGB.

En el documental se lanza la sospecha de que eso pudo costarle la vida. Según una confesión, a los agentes que iban al extranjero se les hacía saber que si cometían la estupidez o la locura de desertar, en su nueva vida debían ser discretos, pues en caso contrario, si «envenenaban» la opinión pública, podría pasarles lo peor. No siempre se conseguía, pero siempre se intentaba matarlos, dice el documental.

Cuando su padre murió, coincidió con la caída de la red de dobles agentes de la CIA en Moscú. Fueron traicionados por un agente de la CIA, Aldrich Ames. En la investigación de Ieva para su película ha descubierto que este confesó que también traicionó a «un matrimonio letón». Sin embargo, en una entrevista con otro agente, este le dice que nunca se hubieran cometido asesinatos en Estados Unidos como los que se producían en Europa. Eso hubiera tenido graves consecuencias. De hecho, en la entrevista que ella dio al WSJ, resalta que los agentes de la CIA responsables de su seguridad, cuando quiso volver a Europa a finales de los ochenta, le dejaron claro que ahí no la podían proteger. Pero ella, una vez a salvo de los soviéticos, solo tenía una petición para los servicios secretos estadounidenses: que la dejasen en paz.

Fuente: https://www.jotdown.es/2019/07/papa-desertor/

sábado, 20 de julio de 2019

#Apollo50th

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El hombre ya ha pisado la Luna. Creo que es lo único que le quedaba por pisar.

Las rocas lunares traídas hace 50 años aún guardan secretos de nuestro pasado geológico

A su regreso, los astronautas del Apolo 11 trajeron consigo muestras lunares que ayudaron a entender mejor cómo se formó nuestro planeta. La revista Science reivindica la importancia de esas rocas en un especial sobre el cincuenta aniversario del alunizaje en el que también se destaca el papel de China en el futuro de la exploración espacial.

<p>Fotografía de Buzz Aldrin por Neil Amstrong tomada con una cámara de 70 mm. / NASA</p>
Fotografía de Buzz Aldrin por Neil Amstrong tomada con una cámara de 70 mm. / NASA
 Cuando los astronautas Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins regresaron a la Tierra tras su histórico alunizaje, no lo hicieron solos. Había algo más en la nave. No se trata del comienzo de Alien: el octavo pasajero, nos referimos a las rocas lunares.

Cincuenta años después, las muestras tomadas por las misiones Apolo y Luna han transformado nuestra visión sobre cómo se forman los planetas, incluido el nuestro. Hoy Science publica un número especial sobre el cincuenta aniversario del alunizaje y dedica una revisión a revindicar la importancia de estas muestras, cuyo trabajo todavía no ha terminado.

 “Las muestras lunares aportaron evidencias convincentes de que la formación de planetas es muy violenta”, resume a Sinc Richard Carlson, investigador del Carnegie Institution for Science y autor de la revisión. “Esto cambió por completo nuestra visión de estos procesos, que antes del Apolo se consideraban relativamente fríos y provocados por la lenta acumulación de pequeños objetos”.

El interés de las rocas lunares para entender nuestro propio planeta reside en su edad. “La mayoría de la superficie terrestre es bastante joven en términos geológicos, de apenas 200 millones de años”, comenta Carlson. El Sistema Solar comenzó su nacimiento hace 4 567 millones de años, pero es muy raro encontrar rocas en la superficie de la Tierra con una antigüedad superior a los 3.600 millones de años.

Esto es debido a que vivimos en un planeta ‘vivo’, activo geológicamente. El precio a pagar es que cualquier registro de los procesos implicados en su formación hace tiempo que fue eliminado por esta actividad continua. Por suerte, siempre podemos mirar hacia la Luna. “La mayoría de la superficie lunar tiene más de 4.000 millones de años, y algunas partes se acercan a los 4.400”, asegura el investigador.

Por ello, el valor de las muestras que trajeron de vuelta las misiones Apolo y las soviéticas es incalculable. Según Carlson, “la Luna ‘recuerda’ los procesos implicados en la formación planetaria que la Tierra ha olvidado”.

Uno de los procesos que la Luna recuerda es, por supuesto, el de su propia formación. “[Nuestro satélite] se originó cuando un gran objeto, del tamaño de Marte, golpeó la proto-Tierra. Un impacto de tal magnitud provocó muchos cambios en la composición de la Tierra”, detalla el experto. Por ejemplo, la pérdida de componentes volátiles como el agua. Nuestro joven planeta ya no sería igual a como era antes del choque.

Hoy se cumplen 50 años de la llegada del hombre (y blanco) a la Luna. Nosotras felicitamos a tres mujeres negras que lo hicieron posible. Katherine G. Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson — fueron fundamentales para la carrera espacial de Estados Unidos, cumpliendo un papel imprescindible en las misiones de Apollo, Mercury y la llegada del hombre a la Luna.En esa época los protocolos no permitían mujeres, y menos aún negras, en las reuniones del equipo de estudio y lanzamiento de cohetes.Hoy en un día para felicitarlas también a ellas que hicieron posible ese gran paso para la humanidad. Vía
Estudiar la Luna: lo estás haciendo malLas muestras lunares no solo nos han enseñado mucho sobre nuestro hogar: también han revelado información valiosa sobre el suyo. “Los modelos sobre la naturaleza de la Luna anteriores al alunizaje eran incorrectos”, asegura Carlson. Hasta entonces se creía que el satélite se formó en frío, y que las cuencas oscuras representaban viejos océanos cuya agua se había evaporado hacía mucho.

Gracias a las primeras muestras tomadas por el Apolo 11 se descubrió que la Luna se había formado en caliente, “probablemente fundida”. Su gruesa corteza se separó por la flotación de cristales formados en un océano de magma en enfriamiento, en un proceso que el autor compara con el de los icebergs en el océano.

Las cuencas tampoco eran las cicatrices de océanos muertos, sino cráteres que fueron resultado de los impactos de enormes meteoritos. El investigador explica que “son oscuras porque están rellenadas con la lava que erupcionó mucho después de que se formaran”. Precisamente estos impactos también revelan mucha información: “La superficie lunar es tan vieja que ha registrado la mayor parte de la historia del bombardeo de meteoritos del Sistema Solar interior”.

Este registro nos cuenta que los impactos de meteoritos eran muy comunes en el joven Sistema Solar, tanto que habrían actuado como un “agente esterilizante” de cualquier forma de vida temprana que hubiera intentado aparecer. También sirve para estudiar otros planetas: “Los cráteres lunares, cuya edad se ha determinado gracias a las muestras, nos permiten calibrar la antigüedad de las superficies de Marte y Mercurio según la densidad de cráteres”.

Todavía mucho por aprender
 Entre 1969 y 1972, las misiones Apolo recogieron 2 200 rocas con un peso de 382 kg, que más tarde fueron procesadas en más de 11 000 muestras. Podríamos pensar que estas ya han revelado todos los datos que podían, pero Carlson defiende en su texto que todavía tienen mucho por enseñarnos sobre la formación y geología de otros mundos.

“Se desarrollan nuevas técnicas todo el tiempo”, asegura. Las limitaciones tecnológicas provocaron que, aunque las muestras se tomaron hace 50 años, no pudieran revelar todos sus secretos inmediatamente. Y pone como ejemplo el descubrimiento de agua lunar.

“Cuando las muestras se tomaron las técnicas analíticas de entonces no pudieron detectar la presencia de agua en ninguna de ellas”, explica. Esto reforzó la idea de que la Luna era un ambiente árido y que toda el agua se evaporó en el gran impacto que le dio origen.

Hoy sabemos que esto es falso. “Hace una década, nuevas técnicas desarrolladas permitieron detectar agua en estas muestras, a concentraciones muy bajas”. La Luna es seca, pero no está completamente libre de agua. “Esto nos ha obligado a reexaminar nuestros modelos sobre la formación de los planetas y cómo estos pueden retener líquido durante su formación”, añade el geólogo. El tiempo dirá si estas muestras ya cincuentonas todavía albergan secretos en su interior.

Fuente: https://www.agenciasinc.es/Noticias/Las-rocas-lunares-traidas-hace-50-anos-aun-guardan-secretos-de-nuestro-pasado-geologico

jueves, 18 de julio de 2019

Continentales


La Apollo 11 cambió la visión de la Luna

La misión permitió averiguar el origen y evolución del satélite, estrechamente vinculados a los de la Tierra
Toda la cobertura informativa del cincuentenario del Apollo 11


La Apollo 11 cambió la visión de la Luna
La cara visible de la Luna,con el Mar de la Trabquilidad, donde aterrizaron Armstrong y Aldrin, en color oscuro a la derecha de la imagen entre otros dos mares (EP)
Neil Armstrong tenía órdenes estrictas acerca de lo que debía hacer una vez aterrizaran sobre la Luna aquel 20 de julio de 1969: bajar por la escalera, pisar un poco la superficie lunar e inmediatamente saltar de nuevo a la escalera. Entonces los científicos desconocían la naturaleza del suelo lunar hasta el extremo de no saber si sería capaz de soportar alguna cosa o si, por el contrario, un objeto se hundiría como en arenas movedizas. Y sin embargo, Armstrong constató al instante que el suelo era sólido, por lo que desobedeció la orden y empezó a caminar por el oscuro suelo lunar ante la mirada atónita de unos 600 millones de personas que desde la Tierra seguían en directo la llegada de la misión Apollo 11 de la NASA a la Luna. 

Aquella primera visita al satélite de la Tierra se convirtió en patrimonio de la memoria colectiva de la humanidad y “transformó de manera radical el conocimiento de la Luna, quizás de forma solo comparable a lo que significó el descubrimiento documentado del continente americano”, destaca Ignasi Casanova, director del Institut de Tècniques Energètiques de la Universitat Politènica de Catalunya (UPC). “La Luna, en 1969, pasó de ser un objeto astronómico a uno objeto geológico”, remacha.

Desde que en el siglo XVII Galileo la observara por primera vez con su telescopio hasta la llegada del ser humano tres siglos después, sin salir de la Tierra se había logrado determinar su forma, tamaño y peso; medido la temperatura en su superficie; e incluso mandado una nave automatizada para analizar su composición química.

Pero fue la misión Apollo 11, equipada con instrumentación científica para realizar experimentos in situ, y los 22 kg de muestras de rocas y de polvo lunar que trajo de vuelta a la Tierra para ser estudiadas, lo que permitió conocer cómo se formó la Luna y cuál fue su evolución, y que su historia y la nuestra están íntimamentes ligadas, algo prácticamente inconcebible antes de las Apollo.

Los experimentos
Entre los experimentos que realizaron durante las dos horas que duró aquel primer paseo lunar, destaca la instalación de un sismógrafo,aunque dejó de funcionar a los 20 días debido a las bruscas variaciones de temperaturas extremas. La Luna puede alcanzar -170ºC de noche y más de 200ºC de día. Para paliar los efectos del frío usaron un dispositivo que generaba calor como consecuencia de la desintegración de material radioactivo. “Fue la primera vez que se usaba material radioactivo para generar calor”, explica Jose María Madiedo, investigador asociado al Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA). Sin embargo, el sistema de enfriamiento no era tan eficaz y el calor acabó por estropear la electrónica.

Aún así, el aparato reveló que el satélite terrestre también tiembla, aunque de forma menos brusca y frecuente que la Tierra, y que “tiene corteza, manto y núcleo, y es un objeto evolucionado, no primordial”, indica Noemí Pinilla-Alonso, investigadora del Instituto espacial de Florida y directora científica del Radiotelescopio de Arecibo, en Puerto Rico.

Armstron y su compañero de misión, Buzz Aldrin, instalaron unos retroreflectores, una especie de espejos, que aún hoy siguen en funcionamiento proporcionando valiosos datos científicos y que permitieron realizar la medición más precisa de la distancia a la que se encuentra la Luna de la Tierra. Gracias a este instrumento, además, supimos que la Luna se aleja de nosotros a razón de unos 3,5 cm cada año y que la superficie lunar se deforma conforme rota alrededor de la Tierra. Como una marea pero de minerales sólidos

 Seguramente uno de los experimentos más singulares fue el propuesto por un laboratorio suizo para estudiar el viento solar, partículas subatómicas expedidas por el Sol que viajan por el espacio a alta velocidad. “Los astronautas colocaron hojas de papel de aluminio, como el que tenemos en casa, de medio milímetro de espesor, sobre la superficie lunar y, de vuelta en la Tierra, al analizarlas, se pudieron identificar qué partículas tenían atrapadas”, apunta Madiedo.

Armstrong y Aldrin grabaron y fotografiaron el terreno, y anotaron observaciones muy valiosas sobre la superficie lunar. También tomaron 22 kg de roca y de regolito o polvo lunar. Parte de aquellas muestras se estudiaron entonces y otras se preservaron para ser estudiadas en el futuro con tecnologías más sofisticadas. De hecho, aún quedan muestras sin abrir.

El estudio de esas rocas y regolito permitió corroborar la teoría de que la Luna se originó hace 4500 millones de años a causa de la colisión de un objeto del tamaño de Marte, Theia, contra la Tierra. “Las rocas de más de 3000 millones de años de antigüedad recogidas en la Luna corroboran esa teoría, que la Luna y la Tierra están genéticamente relacionadas”, apunta Bernard Foing, director del Grupo Internacional de Exploración Lunar de la Agencia espacial europea (ESA).

Y aunque aquella misión inauguró una nueva etapa en la astronomía, seguramente, “la principal revolución no fue científica, sino social. Llevar humanos a la Luna hizo que millones de personas soñaran con ser ellos quienes caminaban sobre la superficie lunar y dieran soporte pleno a estas misiones, a pesar de los enormes riesgos que conllevaban para los astronautas”, considera Ignasi Ribas, director del Institut d’Estudis Espacials de Catalunya (IEEC). “La conquista humana de Marte será, seguramente, el equivalente de esta misión”.  

Fuente: https://www.lavanguardia.com/ciencia/20190718/463561387065/llegada-hombre-luna-apollo-11-cambio-vision.html

miércoles, 17 de julio de 2019

La memoria del aire

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Señora Milton
Todavía tenía tiempo, sí, tenía tiempo, antes de ir al colegio, de pasar a interponer una denuncia. "Interponer", así se dice. Tenía ganas de lanzarla, mi denuncia, de soltarla rápido y ¡basta! Del tipo: no se puede dejar campar a sus anchas a un chiflado con un cuchillo que viola a mujeres porque no puede hacer otra cosa.
   En la ventanilla, dije: "Es por una denuncia.
   -¿Qué tipo de denuncia?
   -Una violación".
   La encargada llamó al comisario y el comisario me hizo pasar sin demora a su despacho. Con tono serio le dijo a la encargada que no nos molestaran. Después convocó a tres adjuntos, tres hombres jóvenes y bien proporcionados vestidos con sus uniformes azules, con menos charreteras que él, el comisario, con menos galones, con menos de todo, sobre todo, con menos amplitud: el comisario estaba gordo. Uno de los tres tenía una mirada seria y dulce, los otros dos ya no lo sé, uno de ellos, se sentó a un escritorio apartado, metió un folio en una máquina de escribir, oí el ruido del carro y un repiqueteo de teclas.
   El comisario debía de estar próximo a la jubilación, tenía el aspecto de un abuelito indulgente, estábamos sentados uno frente a otro, la mesa entre los dos. Alrededor, de pie, pues era subalternos, los dos de uniforme que escuchaban y miraban, mientras que el tercero golpeteaba las teclas.
   Hice mi declaración. Qué dije, ya no lo sé. ¿Tengo una copia de esa denuncia? ¿Me dieron una copia de esa denuncia? En aquella época todavía no conservaba mis recuerdos en un cajón secreto. Les confío todo esto de memoria: el cuchillo, la capucha, el modus operandi. Todo aquello se lo conté en poca palabras al comisario abuelito, sin mirarlo, sin mirar a nadie. ¡Estaba viva!¡ Viva! ¡Viva! Después de haberme visto completamente muerta. En ese momento una no se pone muy habladora, ni muy sentimental. Por muy extraño que parezca, no sentía ninguna de las categoría de emociones definidas por Descartes, el filósofo, en su tratado Las pasiones del alma: Estupefacción. Amor. Odio. Deseo. Alegría. Tristeza. Ya no sentía nada, de golpe me había convertido en lo más frío del universo.
   El comisario me hizo algunas preguntas, el tamaño del cuchillo, por ejemplo: ¿un cuchillo de cocina, de carnicero, una daga? No lo sabía. Para mí era un cuchillo; la hoja, del tamaño de un palmo. Debí de decir algo así, disculpándome: "No estaba en muy buena posición para evaluar la longitud del cuchillo".
   Al decirlo, reviví la hoja sobre mi cuello, la hoja en la mano cerca de mi cuello, el terror de la hoja que tal vez después se clavaría en mi sexo.
   Tal vez fue entonces cuando el comisario -un hombre intuitivo sin lugar a dudas- sintió que podía hacerme la pregunta que verdaderamente le preocupaba.
   "¿Gozó usted?".
   ¿Había oído bien?
   Él repitió la pregunta.
   Añadió: "Es importante para la investigación". De golpe mi mente se vio sumida en la mayor confusión, la cabeza estaba a punto de estallarme.
   Tras un instante de silencio -nadie se movía, el golpeteo de la máquina había cesado- respondí exactamente, de eso me acuerdo, me acuerdo perfectamente de mi respuesta: "No-sí-no-lo-sé". Y de la respuesta, rapidísima, del comisario: "No le repita a nadie lo que me acaba de decir, ¡podría perjudicarla en el juicio!".
   Me pitaban los oídos, no conseguía pensar, me veía en el tribunal frente a un público numeroso, alguien decía en el estrado: "Ha gozado o ha simulado hacerlo, le ha encantado", o peor: "Ha engañado a todos". En este terrorífico vaticinio, a mi alrededor no veía más que a hombres con túnicas negras y baberos blancos plisados dispuestos a condenarme.
   A mi alrededor, en el despacho del comisario paternalista  y salvaguardando mis intereses, también había hombres. El repiqueteo de la máquina había cesado, sin duda hay cosas que no deben escribirse. Uno, por tanto, había dejado de teclear. El otro,invisible, no decía nada. Y el tercero, el dulce, el serio, que intuía de pie a mi izquierda embutido en su uniforme sin charreteras ni galones, el mandado, dijo entonces:
   "Jefe, ¿hace realmente falta que estemos todos aquí para escucharla?"
   La frase, si hubiera contenido aunque sólo hubiese sido una pizca de asco, habría supuesto para mí el golpe de gracia, la frase que mata. Teñida de nerviosismo, habría molestado a un comisario iracundo de los que cimenta y destruye carreras. Una frase así está hecha de palabras de todo el mundo. Después, lo que cuenta es cómo se dice la frase.
   Jefe, ¿hace realmente falta que estemos todos aquí para escucharla? fue dicha con un tono de lasitud y tristeza tales que me dije, no sé por qué, que ese mandado, ese subalterno, tenía una esposa amada. O una hermana querida. O una madre todavía joven, visto que él también era joven. O una o dos buenas amigas a quien podría haberles sucedido lo mismo que a mí. Un hombre respetuoso y con cierta imaginación, un hombre capaz de ponerse en el lugar de una mujer y desde ese lugar, mediante un uso no violento del lenguaje, decir, sencillamente, ¡BASTA!
   El resto¿hace falta contarlo? Tal vez esté demasiado cansada, o en ese estado en el que pasé varias semanas tras la violación. Ya nada me conmovía, ni las sonrisas de mis hijas ni sus llantos ni las atenciones de su padre, como ya no me conmueve hoy día el recuerdo del hombre de antes.
   Dicen que el cuerpo, cuando es sometido a un dolor muy grande, produce su propia morfina: yo creo que el alma también.

La memoria del aire
Caroline Lamarche

martes, 16 de julio de 2019

Animales inconsolables


 Shuichi Machimoto
 


 La vida es una lágrima testaruda

Luis Rosales

La acumulación de proyectos espaciales no facilita la vuelta a la Luna

Muchos países e empresas se han sumado a la carrera espacial en el último medio siglo
Falta un incentivo estratégico, como la guerra fría, para repetir la gesta del 'Apolo 11', dicen los expertos


Ingenieros de la NASA expectantes ante el despegue de la misión ’Apollo 11’ en julio del 1969
Ingenieros de la NASA expectantes ante el despegue de la misión ’Apollo 11’ en julio del 1969
  Hace medio siglo, un cohete despegó de Cabo Cañaveral y dio inicio al viaje que llevaría por primera vez a unos humanos a un cuerpo celeste distinto a la Tierra. Fue una gesta llevada a cabo con poco más que papel y lápiz, y ordenadores que no llegban a la potencia del 'smartphone' más primitivo. Hoy, la tecnología es infinitamente superior. Además, muchos más actores se han sumado a Estados Unidos y a Rusia en la carrera espacial, empezando por Europa y China. A ello hay que añadir que cada vez más iniciativas privadas reclaman su papel, como la empresa de cohetes SpaceX.
Como de costumbre, las intenciones del presidente de EEUU, Donald Trump, son confusas, aunque sus últimas manifestaciones al respecto, vía Twitter, sugieren que pretende que unos astronautas lleguen a la Luna en el 2024, es decir, dentro de su posible segundo mandato. Sus declaraciones sugieren que el satélite sería una etapa intermedia para la llegada a Marte.

No obstante, los expertos coinciden en que es difícil que alguien vuelva a la Luna en un plazo tan corto. El ingrediente que falta es el incentivo representado por la guerra fría. De todos los actores implicados, ninguno parece estar preparado para un reto tan caro y arriesgado.

Difícil vuelta
"Me sorprendería ver a una persona en la Luna en menos de 10 años", afirma Haym Benaroya, ingeniero aeroespacial de la Universidad de Rutgers (EEUU) que ha dedicado parte de su carrera a proyectar viviendas lunares. "Hay menos motivación política. Hoy, como hace 50 años, la gente tiene muchos otros problemas. Pero hoy no hay un JFK [John Fitzgerald Kenney] capaz de motivar a la gente", afirma.

"El ambiente es muy distinto. Los jóvenes no se acuerdan de cómo nos aterraba la guerra fría. El factor miedo fue un incentivo enorme. Nada de eso existe hoy. Nadie decidiría ir a la Luna por razones geoestratégicas", coincide Roger Launius, exhistoriador jefe de la NASA.

"La motivación principal en los años 60 fue la guerra fría. El programa 'Apolo' fue una demostración de la capacidad de EEUU. Su audiencia era el resto del mundo", explica Launius. "Había muchas naciones emergentes y excolonias: ¿de qué lado iban a estar en la guerra fría? Si la Unión Soviétiva hubiera ganado la carrera espacial, ¿habría ganado también la guerra fría?", añade.

Entre 1962 y 1972, el programa 'Apolo' gastó 25.000 millones de dólares (más de 100.000 millones de euros actuales) para poner en la Luna a seis equipos. Tras el cierre del programa hubo otros tres conatos de vuelta a la Luna.

Imagen del despegue del Saturno V* de la misión Apolo 11 en Cabo Cañaveral, Florida. 16 de julio de hace justo hoy 50 años. *Cohete de 110 metros de altura, tan grande como un edificio de 36 pisos.
 En 1979, el Space Task Group (formado por el presidente Nixon para decidir qué hacer después del programa 'Apolo') sugirió la creación de bases lunares, entre otras ideas. Pero el presidente eligió apostar por el Space Shuttle. En 1989, George Bush padre anunció la Space Exploration Initiative, que incluía ir a la Luna y a Marte, pero luego no la financió. En el 2004, George Bush hijo anunció que se jubilaba el Space Shuttle y se volvería a la Luna, pero tampoco asignó un presupuesto suficiente. Luego Obama archivó el plan.

La pregunta para Trump es sencilla, según Launius: ¿pondrá suficiente dinero en el proyecto? "El presidente ha incrementado el presupuesto de la NASA, pero ¿es suficiente para [volver a la Luna] dentro de su administración?", pregunta Benaroya.

El papel de China
Además de Estados Unidos, quien ha planteado la vuelta a la Luna es China. El país asiático envió este año un robot (el Chang’e 4) en el lado oscuro del satélite. En 2003 lanzó el primer humano al espacio. "Los chinos se tomaban esta cuestión muy en serio antes de sus problemas económicos actuales", afirma Benaroya.

"Sin embargo, no me ilusionaría demasiado ante la posibilidad de que China logre unos resultados excepcionales", replica Launius, que constata que la NASA puso en vuelo muchas más misiones.
Este historiador invita a no infravalorar el papel de Rusia. "No diría que Rusia se ha echado atrás.
Incluso los EEUU están usando el cohete 'Soyuz' ahora", observa. De hecho, tras la jubilación del Space Shuttle, EEUU ha recurrido a este vehículo ruso para llevar humanos a la Estación Espacial Internacional. 

El espacio se está volviendo multilateral. "Hay nuevos actores: de la India al Brasil, de Nigeria a México", observa Frans von der Dunk, investigador del programa Espacio en la Escuela de Derecho de Nebraska. El unilateralismo de Trump "incrementa las posibilidades de un conflicto – afirma von der Dunk -  pero eso no implica enviar humanos a la Luna: la guerra espacial se hace mejor con robots o métodos cibernéticos".

Launius observa que el presupuesto militar y el de la NASA son separados y que la militarización del espacio deseada por Trump no implica repetir la gesta del 1969. "No tememos a los chinos de la misma forma en que temíamos a los rusos", resume.

Actores privados
Además del multilateralismo, el otro gran cambio en el espacio es la irrupción de actores privados. Empresas como Space X o Virgin Galactic han demostrado su capacidad de transporte humano. Boeing y Lockheed también se han posicionado en el negocio espacial.

"Pero hasta ahora no ha habido un gran retorno económico", afirma Benaroya. “Esas empresas viven de trabajar para el gobierno. De momento, el gran negocio privado son los satélites comerciales [y no el vuelo espacial humano]", prosigue. Benaroya no ve a un privado enviando humanos a la Luna, pero quizás sí una estación espacial privada en el medio plazo.

"La verdad es que estas empresas no son nada más que contratistas del gobierno. Hay componentes comerciales en este negocio, pero sigue siendo en su mayoría una empresa gobernativa", coincide Launius. Según estos expertos, hay mucho que hacer en el espacio, pero volver a la Luna no es lo primero en la agenda.

 Fuente: https://www.elperiodico.com/es/ciencia/20190715/acumulacion-proyectos-espaciales-difulta-regreso-luna-7554555?utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_campaign=cm

Roald Amundsen, el explorador que llegó primero al polo Sur

Retrato de Roald Amundsen

Retrato de Roald Amundsen

Roald Amundsen se impuso al capitán Scott en la trepidante carrera por ser el primer ser humano en alcanzar el polo Sur.
Foto: CordonPress
Los inviernos en Noruega son muy fríos. Aún así, él dormía siempre con la ventana abierta de la habitación, mientras que en sueños, alcanzaba los paisajes polares más extraordinarios. A aquel joven llamado Roald Amundsen aún le quedaban algunos años para sorprender al mundo con sus futuras hazañas, pero ya había tomado la decisión de convertirse en explorador.

El destino quedó marcado pronto, cuando con 18 años escuchó una conferencia del gran héroe nacional Fridtjof Nansen, quien había atravesado por primera vez Groenlandia y se había quedado a sólo 350 kilómetros de alcanzar el polo Norte, más cerca que ningún hombre hasta el momento.

Aquella conferencia impactó al joven Roald Amundsen tanto que juró conquistar el polo Norte. Para ello se dedicó en cuerpo y alma durante cada segundo de su vida. Así fue como pasó de las lecturas juveniles y de caminar por los terrenos de la imaginación pasó a enrolarse en barcos para experimentar la navegación polar.

Las primeras expediciones polares
Primero fueron expediciones como la del ballenero Bélgica, en la Antártida, dirigida por Adrian de Gerlache, a quien Amundsen ofreció sus servicios de forma desinteresada, a cambio de tener la oportunidad de navegar entre los hielos polares. La expedición salió el verano de 1897 y el joven aventurero no dejó de fijarse en todos los aspectos, llevando un detallado diario con anotaciones técnicas.

Amundsen junto con los otros integrantes del equipo que llegó por primera vez al polo Sur

Amundsen junto con los otros integrantes del equipo que llegó por primera vez al polo Sur

Foto: CordonPress
 Aquel barco quedó atrapado en la larga noche antártica, lo cual llevó a casi toda la tripulación a la desesperación. Sólo dos miembros mantuvieron el ánimo: Cook y Amundsen, que fascinados por la exploración polar se mantuvieron activos, estudiando soluciones y detalles de planificación.
Pasaron trece meses encerrados entre hielos, pero para Amundsen fue la mejor experiencia posible. Todo lo que aprendió le sirvió en el futuro.

A la vuelta, Amundsen se animó a preparar su propia expedición. Nada le podía detener, ni siquiera un puñado de acreedores. Así que el 16 de junio de 1903, el pequeño velero Gjoa zarpó con nocturnidad y alevosía del puerto, bajo una espesa lluvia. “Estábamos a salvo en mar abierto”, anotaría en su diario. Llegó a los límites de lo desconocido y, de nuevo, quedó inmovilizado entre los hielos por cerca de dos años, hasta mediados del verano de 1905, cuando logró levar anclas para seguir la ruta.

Lo que comenzó mal acabó siendo un éxito: Amundsen descubrió el paso del Noroeste, algo que en tres siglos de expediciones no se había logrado. El 31 de agosto de 1906, tres años y dos meses después de partir a escondidas, la pequeña expedición llegó a Nome. El recibimiento por parte de los habitantes fue apoteósico. Amundsen sonreía desde la proa del velero: había cumplido el sueño de convertirse en un explorador polar famoso.


amundsen07. Provisiones para el viaje

Provisiones para el viaje

Los depósitos de alimentos básicos para la exploración polar fueron de vital importancia para la supervivencia de los dos equipos una vez iniciada la marcha. A 80° de latitud Sur, anotó Amundsen, «nos detuvimos para dejar un depósito de reservas […] de 12 cajas de pemmican para los perros […] unos 30 kilos de filetes de foca y 50 kilos de grasa junto con 20 tabletas de chocolate. Además, 1 caja de margarina y 2 cajas de galletas de trineo».

Foto: Biblioteca Nacional de Noruega
No será el primero en llegar al polo Norte  Pero como todos los hombres que tienen marcado su destino desde pronto, Amundsen no se sentía satisfecho. Aún faltaba algo. Quedaba alcanzar el polo Norte, y para eso necesitaba el Fram, el mítico barco que usó en su día su héroe de juventud, Fridtjof Nansen. La posibilidad parecía remota porque, a su vez, Nansen estaba pensando en utilizar el navío para también cumplir él con su sueño de alcanzar el polo Norte. Sin embargo, el antiguo explorador supo hacerse a un lado, comprendiendo que tal vez su tiempo ya había pasado y que ahora le tocaba a otro tratar de alcanzar una de las zonas más inaccesibles del planeta.

Por fin, en noviembre de 1908, pudo anunciar su proyecto más deseado: iría al polo Norte. En ese momento, precisamente, Shackleton avanzaba hasta un punto diametralmente opuesto, el Polo Sur, aunque finalmente, no lo alcanzaría. Fue más fácil lograr el Fram que la financiación necesaria para la expedición, así que Amundsen, un hombre habituado a los espacios salvajes, se vio visitando los salones más importantes de Europa en una larga gira de conferencias con el fin de lograr los fondos necesarios.

Pero a veces, la simple voluntad no es suficiente para alcanzar los sueños: su colega, el Dr. Cook, con quien se enroló en la expedición del Bélgica, alcanzó el polo Norte. Al menos, las portadas de los principales diarios internacionales así lo reflejaban porque, en realidad, el americano no había hecho público sus planes. Amundsen le envió un telegrama de felicitación, pero su sueño de ser el primero en pisar el polo Norte se había desvanecido.
Si no es el polo Norte, será el Sur En el mapa solo quedaba una gran incógnita más por resolver, el polo Sur. Ningún biógrafo tiene claro cuando cambió de planes, porque Amundsen guardó secreto en sus memorias, pero estaba claro que necesitaba un triunfo espectacular, y ser el segundo no servía. El propio Dr. Cook se lo dijo claro: “¿Por qué no intentas el Polo Sur?”. Así que Amundsen comenzó a llevar los preparativos de la expedición ocultando el nuevo destino.


Durante todo un largo año guardó el secreto junto a su hermano Leo. Cuidaron las apariencias como si fueran a viajar al polo Norte, cuando en realidad lo que estaban preparando era conquistar el polo Sur. Los británicos, liderados por Scott también se disponían a ir hacia allí: la carrera más apasionante del siglo XX estaba por comenzar con muy distinta suerte para los dos grupos.

Fue en la isla de Madeira donde Amundsen reveló la verdad a su tripulación. Hasta llegar a la isla, estaban siguiendo los planes tal como los habían hecho públicos. Ahora, si sus hombres daban el consentimiento, el Fram se borraría del mapa y ya nadie podría detenerlos hasta alcanzar los mares helados de la Antártida. Afortunadamente, los hombres de la tripulación sonrieron cómplices y todos dijeron que sí. Al fin, la aventura sería el polo Sur.

Al encuentro del destino
“¡A ese ritmo, llegarás en Navidad!”, le gritaron entre bromas sus compañeros desde el Farm. Durante los seis meses de travesía, los perros se habían acostumbrado a no hacer nada y ahora, ya en la Antártida, la idea de tirar de un trineo cargado hasta los topes no les atraía nada, así que se tumbaron indiferentes al látigo de Amundsen.

A pesar de la anécdota, el desembarco en la Bahía de las Ballenas prosiguió, y el 18 de enero de 1911, cuando los ingleses liderados por Scott terminaban de levantar la base desde la que emprender su ruta hacia el polo Sur, Amundsen y los noruegos comenzaban a preparar la suya.

Ambas expediciones encaraban la ruta más larga y peligrosa de todas las posibles. Era un día gris, cubierto de una densa niebla, pero los trineos comenzaron a correr empujados por los perros. Delante, una superficie desconocida, monótona hasta parecer infinita. A la fuerza, mortal.

Camino al polo Sur

Camino al polo Sur

El noruego Roald Amundsen lideró la primera expedición que llegó al Polo Sur. En esta foto se puede ver a parte de sus compañeros de aventuras en el barco Fram, junto con varios de sus perros.
Foto: Gtres
La doble cara del destino Todas las decisiones tomadas por Amundsen fueron acertadas, desde escoger el punto de inicio de la gran ruta, la construcción de la base invernal, hasta la elección de los perros que tirarían de los trineos, los esquíes, adoptar la ropa de esquimales y el cálculo exacto de las provisiones... además, el tiempo, al cabo de los primeros días, comenzó a mejorar. Sin duda, todo ello hizo que, a pesar de comenzar más tarde, pronto la expedición noruega superó a la británica al establecer los diversos depósitos de provisiones que serían clave en la carrera por el asalto final al polo Sur. Al año siguiente, tras pasar los largos meses de la noche polar, llegaría la hora de la verdad.

Amundsen en el Ártico. Los perros fueron claves en el éxito de Amundsen

Los perros fueron claves en el éxito de Amundsen

Los canes que acompañaron la expedición de los noruegos preferían los arneses en abanico utilizados en Groenlandia a los de estilo alaskeño, un sistema que emparejaba a los canes a lo largo de una guía central. Años más tarde se demostró que fueron clave en el éxito de los exploradores.

Foto: Biblioteca Nacional de Noruega
Scott y sus hombres estaban por emprender el peor viaje del mundo.  Una trágica combinación de desafortunadas decisiones y la mala suerte les condujo a la muerte, mientras que Amundsen y los noruegos se llevaron la gloria al alcanzar el polo Sur, el 14 de diciembre de 1911.

El miércoles 17 de enero, Scott dejó escrito en su diario la terrible frustración que sintieron al alcanzar la meta tras tantas penurias y descubrir que los noruegos se les habían adelantado por cerca de un mes: “¡Dios santo! Es un lugar espantos, y más para nosotros que hemos sufrido horrores para llegar hasta aquí sin obtener la recompensa de ser los primeros”. No podía imaginar en ese momento que lo peor estaba por llegar: él y sus hombres morirían al poco, atrapados en el desierto helado.

amundsen01. La carrera contra Scott

La carrera contra Scott

Capitaneados por Roald Amundsen los expedicionarios noruegos llegaron ala bahía de las Ballenas el 14 de enero de 1911. Desde allí se dispusieron a adelantar a la expedición británica liderada por Scott. 
Foto: Biblioteca Nacional de Noruega
 Por paradójico que parezca, ninguno de los dos logró alcanzar su sueño. Amundsen no dejó que el éxito le emborrachara y escribió con una lucidez asombrosa cuando se trata de analizarse a uno mismo que: “Seguramente nunca un hombre se ha enfrentado, como me pasaba a mí, al hecho de haber alcanzado algo diametralmente opuesto a aquello con lo que ha soñado. Las regiones del polo Norte -sí, el mismísimo polo Norte- me habían atraído desde mi juventud, y heme aquí, en el Polo Sur, ¿Cabe imaginar mayor despropósito?”.

amundsen03. Los hombres de Scott

Los hombres de Scott

El equipo británico (Robert Falcon Scott, en el centro) vestía ropa de lana y cortavientos para arrastrar los trineos. Pero hacía falta algo más para sobrevivir. «Una expedición […] sin pieles está mal aviada», observó Amundsen.

Foto: Herbert Ponting
Ahora sí, el polo Norte, pero en avión Una vida como la de Amundsen dedicada por entero a la exploración no podía acabar con este capítulo, por muy triunfal que fuese. Así que en 1918 se lanzó a una nueva aventura con un nuevo barco, el Maud. Desafortunadamente, los siete años que dedicó al proyecto fueron un completo fracaso que casi acaba con la exitosa carrera del explorador. Sacó una conclusión clara de todo aquello: la época dorada de las expediciones en barco y trineos se había acabado; tal vez tocaba ir al polo Norte de otra forma.

Ya durante su gira por Europa después de conquistar el polo Sur se interesó por los aeroplanos, pero no fue hasta los años veinte, cuando la industria comenzó a construir mejores máquinas que se atrevió a imaginar el nuevo desafío: por fin llegaría al polo Norte, pero lo haría por el aire.
Mayo de 1925 fue la fecha escogida. Tras unas ocho horas de vuelo, los dos hidroaviones que formaban la expedición se vieron obligados a dar media vuelta, a tan solo 250 kilómetros de la meta. Ambos aviones comenzaron a dar problemas técnicos, y Amundsen aplicó algo que le escuchó decir hacía años a su héroe de juventud: “El polo no vale una vida”.

Aún así no se dio por vencido y tras sanear las maltrechas finanzas por el fracaso de la expedición anterior, logró prepararlo todo para, el 12 de mayo de 1926, poder llegar por fin al polo Norte; aunque esta vez, lo hizo acompañado por el ingeniero italiano Nobile y en un dirigible. Amundsen se convertía así en el primer hombre en estar sobre los dos polos de la Tierra. Nadie podía presumir de tanto palmarés como él. Ahora sí, tocaba parar y tomarse un merecido descanso.

amundsen08. La cara y la cruz

La cara y la cruz

Amundsen y sus cuatro compañeros, esquiadores expertos, alcanzaron la meta el 14 de diciembre de 1911. Pasaron tres días "marcando el Polo", esto es, realizando observaciones para determinar su ubicación exacta.  Por su parte el quinteto de Scott llegó 34 días después.
Foto: Biblioteca Nacional de Noruega
La última aventura de Amundsen Pero hay algo en el tipo de personas al que pertenecía Amundsen que hace que nunca logren estar contentos y sientan cada poco la tentación de volver a partir, de ponerlo todo en juego una vez más. Tiempo después de su última aventura, cuando parecía que Amundsen dejaba atrás los desafíos, llegó la noticia: Nobile, con quien había volado en el dirigible y con quien se había aireado una triste disputa entre ambos en las portadas de todos los periódicos internacionales, había sufrido una avería y había realizado un aterrizaje de emergencia en algún lugar del polo Norte. Su vida y la de sus compañeros estaban en peligro.

El explorador noruego Roald Amundsen esquiando

El explorador noruego Roald Amundsen esquiando

Foto: CordonPress
 Amundsen no se lo pensó dos veces. A pesar del enfrentamiento público entre ambos, aceptó ponerse a los mandos de un avión que el gobierno francés puso a disposición del equipo de rescate. La última vez que se vio con vida a Amundsen fue el 18 de junio de 1928, cuando despegó con mal tiempo. A las tres horas de vuelo, se perdió el contacto por radio y se le dio por desaparecido el avión. Pocos días antes del suceso, el noruego confesó en una entrevista algo parecido a un epitafio: “Sólo deseo que la muerte me llegue de una forma digna, mientras cumpla una gran misión, rápidamente y sin dolor".

Fuente: https://www.nationalgeographic.com.es/historia/roald-amundsen-explorador-que-llego-primero-polo-sur_14429/6

domingo, 14 de julio de 2019

Pictures Of You


El consumo de drogas antes de la I Guerra Mundial

Fumador de opio, 1904. Foto: Cordon Press.
 Soy consciente de que el consumo de drogas es más viejo que la tos, pero tenía la percepción de que los hábitos y escenarios como los actuales derivaban de la década de los sesenta, sin embargo, no es así. Antes de la Gran Guerra el auge del consumo ya alcanzó cotas muy elevadas; precisamente las que empujaron a los gobiernos a iniciar las políticas prohibicionistas. 

En Drogas, neutralidad y presión mediática de Juan Carlos Usó, hay una recopilación de noticias y documentos de la época que dibujan un cuadro cuando menos sorprendente. En el cambio de siglo, el opio, la morfina, la heroína y la cocaína, entre otras sustancias, eran de venta libre. 

Se empleaban con fines terapéuticos, en principio. La morfina como analgésico, la heroína como antidepresivo y contra la tos y la cocaína como anestésico local. Estos usos se tradujeron en que los más afectados por la adicción fueran los propios facultativos. Sin embargo, aunque estaba prohibido anunciar estas sustancias en los medios, había publicidad de, por ejemplo, la cocaína incluso en la Gaceta de Madrid, una publicación oficial del Estado. 

Durante el XIX no llegó a haber alarma social por el consumo de drogas, tan solo se conocían casos puntuales de personajes que habían necesitado tratamientos de desmorfinización. Generalmente, entre ambientes bohemios y artísticos. La única alarma que vivió la sociedad fue contra el alcoholismo, que llegó a ser un movimiento organizado en una Liga Antialcohólica Española que tenía un periódico, El Abstemio, con una tirada de diez mil ejemplares. 

No obstante, poco a poco fueron apareciendo artículos sobre la adicción a otras sustancias. El doctor Ignacio Llorens Gallard escribió en La Vanguardia en 1894 un artículo en el que calificaba la morfinomanía como «un vicio de fin de siglo». Decía que en una época en la que «los fundamentos sociales se discuten y se cuestionan» y «los pocos ideales, restos exiguos de pasadas tradiciones, se tambalean y derrumban», cuando la gente llevaba una vida «nerviosa, acelerada, histérica, sin norte, sin certidumbres», al final «la inmoralidad, en lo que tiene de más crapulosa y repugnante, reina en todas las clases sociales». Asistía, en fin, a un periodo histórico de «valientes descocos», y no se estaba refiriendo a Instagram, sino a que la población estaba abocada a castigarse la vena. 

A continuación, describía el retrato del yonqui, tan bien conocido por todos a estas alturas: 

El morfinómano conviértese, después de algún tiempo establecido el hábito, en un anestésico moral. Ni la tristeza ni la alegría hacen mella en su decaído ánimo: el único placer, el solo deseo, la sola satisfacción, por cierto efímera, es la que experimenta cuando se practica la inyección. Impotente para sustraerse al influjo del deseo morfínico, siente el tedio de la indiferencia, modificándose sus sentimientos en perjuicio de los seres de su familia, a los cuales trata con recelo, desdén o brutalidades propias de un loco (…) Uno de los defectos que se observan casi siempre en los morfinómanos es el prurito de mentir, haciéndolo con una frescura inconcebible. 

No se conocen los índices de consumo y adicción de aquellos años, pero sí que había médicos especialistas en el tratamiento de la morfinomanía que se anunciaban en los periódicos. En 1929, una obra, Los engaños de la morfina, de César Juarros, alertaba del consumo en los cuarteles: «Donde haya un soldado dispuesto a gastarse las sobras, surgirá el vendedor zalamero y pegajoso». El mismo autor, en 1911, dijo que el noventa por ciento de los morfinómanos eran médicos. 

Un cura, el padre Rafael Cimadevilla, en un artículo titulado «El vicio de la morfinomanía» advertía de que se estaba cometiendo un «crimen de lesa humanidad», aunque, según Usó, sus palabras estaban más cerca de fomentar el deseo de probar la morfina que de otra cosa, sobre todo entre las mujeres: 

Produce una satisfacción tal de placer y felicidad, que hace desaparecer como por encanto de la memoria todos los recuerdos tristes, las incomodidades de la vida; se olvidan los disgustos y los contratiempos, y todo parece alegre, risueño, suave; el alma se ve rodeada de venturas, como si estuviera engolfada en un mar de placeres tan delicados y sutiles, que el espíritu créese libre de los lazos y pesadez del cuerpo, con alas para volar a otras regiones donde todo es felicidad y dicha (…) Es una moda de gran tono entre las damas de la alta sociedad regalarse mutuamente unos lindos estuchitos, disfrazados de mil formas por el arte, hasta el extremo de parecer objetos inocentes —frasquitos de esencia, estuches para agujas, alhajas, etcétera— cuando en realidad contienen una jeringuilla de inyecciones y una buena dosis de morfina.

Desde 1900, en el código civil alemán ya aparecía la figura de «los individuos que destruyen su personalidad por el uso continuado de sustancias». En Austria, la morfinomanía era causa legítima de divorcio. El estado de Nueva York puso bajo control médico la distribución de cocaína y se encontró con el que en mercado negro creció tanto la venta que llegó a venderse más barata que en el médico. Algo parecido le ocurrió al gobierno francés cuando quiso prohibir el opio y la cocaína, aumentó el mercado negro, aunque en este caso con precios más altos, lo que causaba la ruina y económica y física de los usuarios menos pudientes. Un médico, Jules Regnault, ya previó que las restricciones no harían más que aumentar el contrabando. 

En Estados Unidos, desde la Guerra de Secesión, el consumo de opio había aumentado un 900% y el de la morfina un 1100% mientras la población creció solo un 59%. En la prensa se hablaba de los kits para la morfina como los que había visto el padre Cimadevilla. Eran estuches para guardar la jeringuilla y los viales y se vendían en las joyerías y tiendas de moda de Nueva York. El San Francisco Examiner escribió en 1908: «Las mujeres más ricas y a la moda están recibiendo, en las celebraciones más sagradas como Navidad, regalos de felicitación que evidencian su esclavismo a uno de los más desagradables y ruinosos vicios». Juan Ramón Jiménez, en su Diario de un poeta recién casado sobre su viaje a Nueva York reflejó la cantidad de gente que estaba puesta de opio en la ciudad, sobre todo en los clubes más sofisticados. Hasta dejó testimonio de que en el viaje en barco había una mujer metiéndose picos. 

Sin embargo, el gran problema de las ciudades portuarias estadounidenses eran los fumaderos de opio. En Nueva York, se calcula que había cinco mil usuarios de estos lugares. Tras el terremoto de San Francisco, el hundimiento de las calles dejó a la vista decenas de ellos. El consumo de coca estaba igualmente extendido en todas las clases sociales. Podían tomarla los ferroviarios que hacían horas extras y la población afroamericana de clase baja que no tenía para whisky. En 1910, el presidente William Howard Taft dijo que la cocaína era «el peor problema de las drogas jamás sufrido en Estados Unidos». En 1914 y 1915 se aprobaron leyes muy restrictivas y punitivas, pero en los años treinta se comprobó que el consumo había aumentado exponencialmente y había entre un millón y cuatro millones de toxicómanos en todo el país. 

Fumadora de opio, 1909. Foto: Cordon Press.
En Francia, basta un párrafo del periodista Fabrice Gaignault para hacerse una idea de la situación: 

Al amparo de la expansión colonial, el opio llegó a convertirse, entre 1880 y 1914, en un hobby tan pertinente desde el punto de vista social como el croquet o el tiro al pichón. «La caza del dragón» era por entonces una actividad tolerada, hasta tal punto que era habitual que una gran burguesa iniciara a su hija de tierna edad en el disfrute de las embriagantes volutas. Un día incluso llegaron a pillar al general Boulanger pinchándose en los mismísimos jardines del Elíseo.

Más de la mitad de las prostitutas de Montmatre eran adictas. Las sobredosis llegaron a ser un fenómeno cotidiano. Cuando se declaró la guerra en 1914, había decenas de miles de cocainómanos en toda Francia. Así, luego se veía «pilotos de caza llenarse de cocaína las narices antes de ir a combatir al cielo». Solo en París se contabilizaban cincuenta mil morfinómanos. Uno de cada cuarenta habitantes. Echemos un vistazo a la prensa: 

La última ha sido una pobre muchacha, de una veintena de años. Victoria Chene, morfinómana, que acaba de morir en Argers. La lista de víctimas aumenta. No hay día en que no se señale uno de estos extraños suicidios (…) Clandestinamente funcionan los fumaderos de opio. Damas de distinción y señoritas con bastante trapío se consagran a buscar sensaciones… (La Correspondencia de España, 1908)
Los morfinómanos están más generalizados: pero los eterómanos que se pasan horas y horas oliendo un algodón empapado en éter, abundan aquí más que en ninguna parte. Sin embargo, nada causa tantos estragos como la cocaína, cuyo uso se extiende… (La Correspondencia de España, 1911)
Medio París se ha aficionado al éter, la morfina, la cocaína y al opio. Las funestas drogas han comenzado a invadir los cenáculos estudiantiles y amenazan corromper a toda una generación. (ABC, 1913)
Los desórdenes y las pasiones causados por el uso clandestino de tóxicos, especialmente del opio (…) y la morfina han aumentado hasta alcanzar proporciones espantosas. (Discurso del diputado socialista Jean Colly, 1913)

En Inglaterra había un extendido consumo de opio extendido en las grandes poblaciones manufactureras, vicio que se fue extendiendo en el rural porque resultaba más barato que el alcohol. La Vanguardia, en 1903, relataba: «La cocaína, sobre todo, tiene gran número de partidarios, especialmente entre las mujeres». Muy sonado fue que Billie Carleton, una actriz famosa, muriera de sobredosis de cocaína cuando regresaba del Baile de la Victoria en el Royal Albert Hall en 1918. 

La mayor parte del material veía de Alemania, de su industria química, en general, y los laboratorios Bayer en particular. Productos que se exportaban y también gozaban de un mercado interno con buena demanda. Como prueba definitiva, esta información descubierta en 1926:

Alemania está haciendo entregas de narcóticos, principalmente de cocaína, a los aliados en pago de las reparaciones de la guerra (…) Inmensos cargamentos de cocaína han ido a Yugoslavia, a juzgar por las informaciones de la prensa, donde la droga no se usa para aplicación de la medicina, sino que se compra por particulares para introducirla clandestinamente en Francia. Se dice que los contrabandistas están levantando inmensas fortunas con este comercio ilícito. 

Hubo también fuertes oleadas de toxicomanía en San Petersburgo con cocaína y heroína de venta en farmacias. Lo mismo en Egipto, el primer país en sufrir una epidemia nacional de adicción a la heroína por vía intravenosa en los años treinta. En los muelles, se llegó a pagar a los estibadores en especie, directamente en caballo. A raíz de todos estos escenarios, se puso en marcha todo el aparato legislativo prohibicionista al que Usó se refiere como «el mayor experimento moral de la historia», que en la actualidad continúa con un saldo de cuestionable eficacia. Las drogas siguen perteneciendo al terreno de la mitología, la fantasía y el escándalo sin que todavía hayan sido devueltas al ámbito de la farmacología.