viernes, 20 de septiembre de 2019

Millones de personas se suman a las 'huelgas climáticas'

Las protestas, convocadas desde este viernes hasta el 27 de septiembre, coincidirán con la cumbre climática de la ONU


30.000 Menschen. In einer Stadt mit 230.000 Einwohnern. Freiburg macht heute deutlich: Wir haben genug vom der GroKo! Unsere Zukunft ist nicht verhandelbar.
 Millones de personas en todo el mundo participarán desde este viernes en las huelgas climáticas que se han convocado a lo largo de todo el planeta los días 20 y 27 de septiembre y en las actividades de los días intermedios, que coincidirán con la celebración en Nueva York (Estados Unidos) de la Cumbre Climática convocada por la ONU para impulsar la ambición en las negociaciones de la próxima Conferencia del Clima que se celebrará a final de año en Chile.


haben geschafft, was Wissenschaftler seit Jahren versuchen: die Dringlichkeit der ist in der Gesellschaft angekommen
Las movilizaciones van camino de convertirse en la mayor movilización climática de la historia y Fridays for Future ya cuenta con una lista de más de 5.225 eventos en 156 países que tendrán lugar del 20 al 27 de septiembre, y cada día se añaden más. Además de los jóvenes, los adultos se unirán a los jóvenes y, de hecho, la plataforma 350.org estima que más de 73 sindicatos; 820 organizaciones; 2.500 empresas ya han manifestado su apoyo a las huelgas y, hasta 6.323 paginas de internet realizarán una huelga climática digital.


Youth in Sheffield.
En la marcha de Nueva York participará la joven sueca que ha inspirado el movimiento Fridays For Future, Greta Thunberg, que viajó desde Europa a América en el velero cero emisiones Malizia, propiedad del príncipe de Mónaco, Pierre Casiraghi. Precisamente la de Nueva York podría ser una de las marchas climáticas más multitudinarias.


Las movilizaciones en España
En España, la huelga, apoyada por Alianza por el Clima tiene el apoyo de más de 300 organizaciones y Fridays For Future ha convocado 179 huelgas en todo el país. La activista de FFF Madrid María Laín, que participará en la cumbre de jóvenes que se celebrará en Nueva York este sábado, ha destacado que la Cumbre Climática para Jóvenes será "un momento histórico" en el que cientos de jóvenes de todo el mundo se reunirán para buscar soluciones a la crisis climática y exigir a los políticos que actúen.


The demo passing the House of Nobility, Stockholm earlier today. Pic: SVT
"Los jóvenes sabemos que España será uno de los países europeos más afectados por esta crisis y por eso nos hemos manifestado a lo largo de todo el año. La huelga mundial del 27 de septiembre será el punto culminante de nuestras protestas, y me gustaría que tanto jóvenes como mayores se unieran a nuestra causa. Seas quien seas la crisis climática te afecta, y tú eres parte de la solución", ha reclamado.

En concreto, desde la organización Juventud por el Clima han señalado que durante toda la semana habrá distintas acciones en todo el país desde talleres, pancartas, punto informativos, entre otras actividades. A los jóvenes se han sumado también Madres por el Clima cuyo objetivo es concienciar sobre la crisis climática y seguir ejerciendo presión para que se tomen medidas contundentes para proteger al planeta.


Thousands now marching through the centre of Bristol

Apoyo de la Sindical InternacionalDe hecho, el alcalde de la ciudad ha dado permiso a 1,1 millones de estudiantes de escuelas públicas para que falten a clases y asistan a las huelgas, donde Thunberg será una de los oradoras junto con muchos otros activistas juveniles. Los huelguistas se reunirán en diferentes ciudades estadounidenses, donde en total se han organizado unos 600 eventos a lo largo de la semana.

Asimismo, durante la Cumbre de Acción Climática de la ONU el 23 de septiembre, los activistas en Washington D.C. planean paralizar la ciudad mediante el bloqueo de infraestructuras claves.
A nivel mundial, la Confederación Sindical Internacional apoya las huelgas al igual que su brazo europeo. Por ejemplo, el Congreso de Sindicatos del Reino Unido ha pedido a sus 5 millones de miembros que apoyen las huelgas y el sindicato irlandés Fórsa ha pedido a sus 80.000 miembros que se sumen. Mientras, en Italia, el mayor sindicato, la CGIL que cuenta con más de cinco millones de miembros, celebrará asambleas en los lugares de trabajo el próximo 27 de septiembre y la federación sindical sudafricana con 800.000 miembros se unirá a la huelga.


Over 50’000 in according to early reports
 Por otro lado, más de 600 profesionales de la medicina han firmado una justificación de ausencia médica para excusar a los estudiantes de la clase, debido a los efectos adversos del cambio climático en la salud. En la sede central de Amazon en Seattle, más de 900 empleados se marcharán este viernes por la falta de acción climática de sus empleadores y los trabajadores de Google y Microsoft también se unirán a las huelgas.

Fuente:  https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20190920/huelgas-climaticas-movilizaciones-mundiales-emergencia-clima-7642795?utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_campaign=cm

Trump quita a la insumisa California su capacidad para legislar por su cuenta contra el cambio climático

https://i.blogs.es/67e7e7/trump-quita-a-la-insumisa-california-su-capacidad-para-legislar-por-su-cuenta-contra-el-cambio-climatico---1/1366_2000.jpeg

 En el oasis anti-climático en el que se ha venido convirtiendo Estados Unidos desde que el César Trump alcanzase la Casa Blanca, desde la capital se habían extendido los dominios del imperio petrómano hasta los confines del Mare Nostrum y más allá allende los mares, y ahora reina la (anti)pax romana en todo su imperio. Las legiones romanas y sus centuriones imponían el derecho romano allí por donde pasaban, y las obras de (des)ingeniería romana para desmontar la comunidad pro-clima prosperaban a buen ritmo en todas las urbes.

Pero cuidado, ¿Qué es este pequeño estado a orillas del Pacífico? Efectivamente, el rodillo anti-clima había allanado casi todas las calzadas romanas salvo por unos pocos irreductibles californianos, que se empeñaban en conservar su esencia más concienciada medioambientalmente. Los rebeldes californianos no se rendían ante las tropas del César, y de hecho se regían por sus propias leyes vigentes dentro de su aldea estatal. Hasta que allá en la capital del imperio el César decidió pasar a la acción y conquistar legislativamente al irreductible estado rebelde.

EEUU asiste consternado a un quirófano político realmente delirante, en el que incluso algunos ciudadanos participan en blandir bisturís

Trump Quita A La Insumisa California Su Capacidad Para Legislar Por Su Cuenta Contra El Cambio Climatico 2Debemos empezar diciendo que en este análisis no pretendemos entrar en el eternizante debate sobre el cambio climático. Y no es que sea porque no nos atrevamos desde estas líneas con el tema: de hecho, ya hemos escrito largo y tendido varias veces sobre ello. La razón es simplemente que lo considero un hecho tan mayormente probado, que el debate en sí mismo ya no me despierta apenas interés. Pero por no defraudar a los todavía sedientos de debate y dialéctica en este campo, les dejo una excelente pieza periodística al respecto que la reputada publicación The Economist publicó ayer mismo, y que resolverá prácticamente todas las dudas climático-económicas que a día de hoy les puedan quedar (todavía).

Más allá de la pequeña licencia de haber tratado de hacer una introducción con un poco de sentido del humor, en realidad este tema es todo un drama digno de un serial televisivo. En el río tan revuelto que han conseguido que sea la política de EEUU, han pasado ya de lo turbio a lo realmente agitado, más propio de las aguas bravas.

Lamentablemente, hoy ya no estamos hablando de muros a largo plazo, ni de que se haya puesto fin a la transparencia que suponía que cada nuevo presidente entrante aportase su declaración de impuestos, ni tan siquiera de que desde una presidencia se pretenda dictar totalitariamente en todo lo que se hace en el país, llevándose por delante incluso a reputadas instituciones independientes como la FED.

No, ahora la cada vez más autoritaria línea de mando de la Casa Blanca ya ha rebasado todo esto (y de sobra). La última noticia que nos trae la convulsa realidad política de aquel país es que Trump, no sólo ha abogado abierta y públicamente por los intereses de las petroleras, no sólo ha denostado y hostigado a esa comunidad científica que ya predijo el cambio climático, no sólo ha afirmado que sacará a su país de aquel prometedor tratado de París que aún llegaba a tiempo (al menos más probablemente que ahora, y con todas las graves consecuencias en la lucha contra el cambio climático), no sólo tiene una relación estrecha y muy confidencial con mandatarios de potencias vitalmente dependientes del petróleo. Por cierto, algunas de esas relaciones se mantienen sospechosa y mayormente a puerta cerrada, e incluso prohibiendo por contrato a la traductora siquiera revelar absolutamente nada de lo que oiga de puertas para adentro.

Ahora Trump está ya entrando en un nuevo y peligroso terreno, y ha empezado a revertir el derecho federal existente, trasgrediendo décadas de legislación establecida. Literalmente, Trump ha quitado a California la potestad de imponer estatalmente su propia legislación estatal para combatir por su cuenta el cambio climático. Los californianos están consternados, y el descontento general y el sentimiento anti-Trump cotiza todavía más al alza que antes en aquel populoso estado. Poco debe importar realmente nada de esto en el Despacho Oval. ¿Cuál será pues el verdadero objetivo que justifica embarcarse en una cruzada que puede tener incluso un alto coste político (aunque sea de oportunidad pudiendo ganarse a un electorado adverso)?

Este dardo legislativo de Trump concretamente no es tan visceral, y parecería estar estratégicamente dirigido


Trump Quita A La Insumisa California Su Capacidad Para Legislar Por Su Cuenta Contra El Cambio Climatico 3Pero Trump tenía un serio problema con California y su legislación estatal pro-clima. El problema no era sólo ya la legislación local de aquel estado, lo realmente amenazador para los poderes fácticos era cómo el sector del automóvil había hecho de los estándares californianos un estándar a nivel nacional (los fabricantes no producen diferentes vehículos para cada estándar estatal), además de que buena parte del tejido empresarial estadounidense en general también se había auto-organizado por sí mismo ante la inacción (o más bien ataque) de la Casa Blanca, y se estaban alumbrando numerosas iniciativas, políticas, y protocolos en la lucha contra el tristemente omnipresente cambio climático.
Por si este acto de insumisión estatal no fuera poco para el autoritario Trump, ya no sólo era cómo las empresas a nivel federal se estaban dejando guiar por la legislación del que además es el estado más populoso de Estados Unidos. Es que a los poderes fácticos se les iban los intereses de la mano, pues el hecho es que la legislación californiana se estaba extendiendo como un reguero de pólvora por otros estados que ya llegaban en torno a la docena, concienciados también con el cambio climático, y que se hacían así eco político y empresarial del un cada vez más ensordecedor clamor popular al respecto. Aunque claro, de nada sirve que el clamor sea efectivamente ensordecedor cuando de sordos intencionados va el asunto, pero a juzgar por la violencia de los últimos golpes, los sordos empiezan a andar ya algo desesperados.

El objetivo de Trump no parecen ser en esta ocasión sus propias políticas ni sus rotundos e incuestionables convencimientos personales, ni tan siquiera parece ser ahora mantener contento a su electorado, para el que el cambio climático es un asunto cada vez más importante y en el que demandan soluciones, especialmente los más jóvenes. Ahora ya estamos viendo cómo por algún otro motivo se inmiscuye sin mayor necesidad política en la política estatal de estados que ya no le votaban mayoritariamente como es el caso de California, a riesgo de convertirse en un ser político todavía más impopular allí y en otros lugares, al haber cogido y eliminado de un plumazo la capacidad que tenía el estado de California hasta el momento para aprobar su propia legislación en cuanto al cambio climático. Así, Trump ha revertido una capacidad legislativa de hace más de una década que concedió a California una dispensa legal a la hora de aplicar el Clean Air Act de 1970, permitiéndole establecer sus propios estándares más restrictivos al margen de los federales. Tras ello, el estado ya no podrá imponer sus propios límites de emisiones, que eran sensiblemente más restrictivos que los del conjunto federal.

Trump justificó su decisión por Twitter, argumentando que va a conseguir que los automóviles sean mucho más baratos y sustancialmente más seguros, como si la decisión no tuviese nada que ver con su conflicto político general con este estado. Pero lo cierto es que la propia industria ya manifestó a Trump que no era deseable una vuelta atrás así en la legislación, y de hecho, como muestra de su oposición, las principales automovilísticas firmaron al margen de la administración federal un acuerdo con California por el que se comprometían a asumir una legislación más restrictiva si la federal sufría una marcha atrás.

En el fondo, todo argumento se puede retorcer, y también toda ley. Es una práctica ya tristemente habitual que asistamos a ver cómo los estilos de mando autoritarios, que empiezan a imperar peligrosamente en las democracias occidentales, explotan los resortes legales de todo tipo, y llevan los límites políticos, legislativos y empresariales hasta el extremo (pero el extremo extremo), o incluso más allá (sin despeinarse tan siquiera). Con el tema de California, Trump parece estar optando por un inmisericorde y despiadado "si no puedes con tu enemigo, elimínalo a él". Más legislativamente bélico no puede ser el asunto: lo es casi al mismo nivel que hemos visto en la comercial guerra del diésel con la que se ha torpedeado la economía europea.

Trump Quita A La Insumisa California Su Capacidad Para Legislar Por Su Cuenta Contra El Cambio Climatico 4
Pero lo realmente dramático de todo este asunto es que, con el que parece demostrar que considera su enemigo, además Trump estaría canalizando unas maniobras anti-clima que, en última instancia, van a eliminar el futuro de todo el planeta en su conjunto. Porque los que antes decían que los científicos mentían y que no iba a haber ningún cambio climático, ahora se desdicen y admiten que sí que lo hay, pero que es que no es por los gases efecto-invernadero. Dentro de poco dirán que sí que hay cambio climático, y que sí que hay una parte achacable a los gases efecto invernadero (que, al menos en EEUU, es la principal fuente), pero que la culpa en realidad es del metano de las ventosidades del ganado vacuno. Cualquier cosa por rocambolesca que pueda ser con tal de no admitir un grave error propio.

Y mientras mantenemos airados debates, y algunos se desdicen y mutan de argumentos, el resto vamos contemplando con impotencia cómo poco a poco van subiendo cada año las temperaturas de los termómetros, pregutándonos hasta dónde llegará el mercurio (y en el futuro el agua), y esperando que la nueva mutación de opinión sea la definitiva, y nos permita ponernos juntos manos a la obra para por fin trabajar todos a una en revertir (si estamos a tiempo) un problema global en responsabilidad y en damnificados.

Así que, toda rectificación debe ser bienvenida, porque no hay peor error que persistir en los errores incluso cuando la realidad les va demostrando que estaban equivocados. Los baños de realidad es lo que tienen: sólo te quitan todo lo pardo cuando ya estás sumergido hasta las orejas. Por el bien de todos, esperemos que en esta ocasión se trate sólo de una mera ducha de realidad.

Fuente: https://www.elblogsalmon.com/entorno/trump-quita-a-insumisa-california-su-capacidad-para-legislar-su-cuenta-cambio-climatico

jueves, 19 de septiembre de 2019

Tambores de guerra y de crisis


Un presidente de EEUU es una pieza más en una maquinaria compleja. Se trata de una pieza importante, sin duda, pero manda menos de lo que indica el boato. Recuerden a Barack Obama, que no pudo cumplir la mayoría de sus promesas por culpa de un Congreso hostil y de una industria, la de los seguros médicos, que se lucra con la mala salud de sus ciudadanos. Aunque es esencial la capacidad de liderazgo para indicar un camino y “vender” al votante los éxitos del mandato. En esto, Donald Trump es diferente porque solo se dedica a la segunda parte, a vender sus éxitos, incluso por encima de la realidad. No hay rumbo, y si lo hay resulta confuso y, por lo tanto, peligroso. El riesgo está en su imprevisibilidad porque Trump no es un belicista. Se trata de un hombre de negocios que entiende que el objetivo de toda presión, en este caso militar, es alcanzar un pacto ventajoso para sus intereses.

No se puede decir que estamos metidos en una nueva crisis con Irán porque en realidad es la misma de siempre, con sus picos y valles. Llevamos así desde que cayó nuestro amigo el Sah Reza Pahlavi en febrero de 1979, sustituido por una revolución islamista que puso en el mapa internacional a los chiíes, la rama minoritaria del islam, a los que nunca entendimos del todo. Fue una conmoción, sobre todo por la pérdida de una fuente segura de petróleo y gas, y en esas seguimos 40 años después. Nos molesta que nos quiten piezas que creíamos seguras.

La doctrina de política exterior de EEUU, y de rebote de Europa, aunque con matices, es que en Oriente Próximo tenemos dos aliados: Israel y Arabia Saudí, que además se llevan bien entre ellos y colaboraron hasta donde la publicidad lo permite en un mundo islámico hostil a Israel por la cuestión palestina. Este esquema simplista ha sufrido modificaciones profundas desde que el imán Jomeini y los ayatolás secuestraran una revolución que en sus inicios era democrática. La invasión de Irak en 2003 y la consecuencia de la guerra civil de Siria, que aún no ha terminado en el norte, son dos acontecimientos que han complicado el mapa.

Ahora tenemos cuatro o cinco actores principales. A los dos anteriores hay que sumar a Irán, Turquía y Qatar, sin olvidarnos de Hezbolá en Líbano, que no vive sus mejores momentos. Una de las enseñanzas del ataque contra la mayor instalación petrolera de Arabia Saudí es que este país no está en condiciones de defenderse, por muchas armas que compre, y pese a tener un presupuesto de 68.000 millones de dólares dedicado a Defensa. En frente, está Irán, un viejo imperio que jamás fue invadido. En cualquier enfrentamiento directo, Riad no tendría opciones. La cosa cambia con la implicación de EEUU. En Washington saben que una guerra contra Irán sería peligrosa, nada que ver con el paseo militar en Irak que acabó en un desastre por falta de un plan político realista.

(Nota: empleo el nos mayestático porque existe un “nosotros” occidental que determina el punto de vista de nuestros gobiernos y medios de comunicación, y de las opiniones públicas. También existe un nosotros en las consecuencias de las crisis en las que andamos metidos para sufragar nuestro estilo de vida. Si no se siente cómodo, puede bajarse del pronombre y sentirse rebelde, que siempre está bien).

 
 La maquinaria a la que hacía referencia en el primer párrafo apunta hacia Irán como adversario, como en el pasado apuntó hacia la URSS. Un buen enemigo exterior ayuda a situarse en el mundo y es útil para los asuntos domésticos. A veces, ayuda a desviar la atención del escándalo de un vestido manchado de semen presidencial o sirve para meter miedo y justificar la invasión de un país. En esto, Benjamín Netanyahu es (o ha sido, ya veremos los pactos postelectorales) un maestro. No tiene que atacar a Irán, su principal rival estratégico (porque no puede solo, necesita del apoyo de EEUU) para manipular a su opinión pública. Le basta con la presencia de la amenaza y poder hablar de ella cuando le conviene. Si necesitaba guerra, la ha tenido gratis en Gaza, el mayor campo de concentración del mundo.

 
 Nada parece haber cambiado en la Casa Blanca una semana después de que el presidente despidiera a John Bolton, uno de los mentirosos masivos de Irak, del puesto de jefe de Seguridad Nacional. Ahora es el secretario de Estado, Mike Pompeo, quien ejerce el papel de halcón. Acusó enseguida a Irán de estar detrás del ataque con drones (aviones no tripulados). Lo hizo sin pruebas, solo con unas fotos que muestran agujeros en unos depósitos.

Ha repetido el esquema de la crisis de los petroleros, el sabotaje de varios cargueros en aguas del golfo Pérsico, por donde transita un quinto del petróleo mundial. EEUU (aún con Bolton) acusó enseguida a Irán y mostró unos vídeos que no probaban nada. Trump mandó parar un ataque de castigo contra defensas aéreas iraníes a diez minutos de su ejecución. Era la respuesta por el derribo de un dron estadounidense, que al parecer se encontraba dentro de Irán. Trump escuchó al Pentágono, mucho más cauto y realista que Bolton, Pompeo y el vicepresidente Mike Pence.
 En la nueva crisis por el ataque a la principal instalación petrolera saudí, Trump ha vuelto a tener en cuenta las opiniones del Pentágono, al menos de momento. Una guerra con Irán podría incendiar, esta vez a lo grande, todo Oriente Próximo. Otro consejero que se alinea en el bando de la cautela es el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin. No conozco al detalle sus argumentos contra un ataque a Irán, pero son fáciles de deducir: en un momento en el que asoma la posibilidad de una nueva recesión, una guerra podría complicar la reelección de Trump.



Los rebeldes hutíes de Yemen han reivindicado el ataque de los drones y amenazan con realizar más. No hay motivos para dudar de esa autoría porque ya habían intentado acciones dentro de Arabia Saudí. La crisis de los petroleros este verano apuntaba a una acción encubierta de los servicios de espionaje de alguno de dos países beneficiarios de una eventual respuesta estadounidense.

Antes habría que recordar que en Yemen se desarrolla desde hace tres años una guerra en la que Arabia Saudí lidera una llamada coalición que bombardea a diario posiciones hutíes, que son chiíes y aliados de Irán. Es una situación compleja que ha abierto grietas entre dos aliados, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, que llegaron a enfrentarse por delegación, a través de los grupos que apoyan.



Lo que han hecho los hutíes es llevar la guerra al país que les bombardea a diario sin que nadie condene los ataques ni lance amenazas de intervención. EEUU está en el bando que bombardea Yemen porque suministra las armas necesarias a Arabia Saudí, el segundo comprador mundial de armas. La inocente España fue el cuarto vendedor de armas a los saudíes en 2018.

No está claro que haya sido Irán el atacante, ni siquiera que los drones empleados sean fabricados por los iraníes. Parece que son del mismo tipo que los que se utilizan en Libia, y esos son turcos. A los hutíes les llega este material a través de Qatar. Hablamos al principio de un mapa complejo. Turquía y Qatar juegan en el bando de Irán, no tanto por simpatía, sino porque les une la enemistad con los saudíes.

 
Arabia Saudí e Irán son enemigos mortales desde mucho antes de la formación de los actuales países. El primero es el custodio de los Santos Lugares del islam (La Meca y Medina) y líder espiritual del mundo musulmán suní, que representa al 80-85% de los fieles globales. Irán es el único país del mundo en el que los chiíes son mayoritarios y gobiernan. La rivalidad entre ambas ramas del islam nace de las disputas en la sucesión del Profeta en el siglo VII. Perdieron los partidarios de Ali, primo y yerno de Mahoma, y de su hijo Husein, el primer mártir del chiísmo. Su derrota frente a los omeyas provocó su dispersión por todo Oriente Próximo. Una de las piedras angulares de su fe es la taqiyya, que les permite ocultarse, no confesar su condición de chiíes para salvar la vida. El triunfo de la revolución iraní fue el primer gran éxito del chiísmo en su historia, un verdadero desafío para los saudíes.



Dentro del mundo suní, Arabia Saudí ha conseguido imponer, gracias a sus petrodólares, una versión rigorista del islam, por no decir radical, que se llama el wahabismo. Esta visión medieval con armas modernas y petróleo es el magma ideológico del que se alimentan grupos como Al Qaeda y el ISIS.
 
 
 
La invasión de Irak en 2003 tenía varios objetivos: derrocar a Sadam Husein y a su régimen baazista (un partido nacionalista y laico), y poner en su lugar a un gobierno formado por líderes del exilio controlados por el Pentágono, como Ahmed Chalabi. De fondo, los yacimientos petroleros. El resultado es conocido: Halliburton, Cheney, guerra sectaria entre suníes y chiíes, cientos de miles de muertos y un país roto. De aquella guerra surgió el ISIS y la extensión de la violencia a Siria.

La otra consecuencia, que se recuerda menos, es que en Bagdad gobiernan los chiíes aliados de Teherán. Irán ganó aquella guerra sin disparar una bala. EEUU le regaló Irak porque no sabían historia ni conocían la realidad del país invadido (cerca del 60% son chiíes). Con esa victoria imprevista, creció el peso regional de Irán.
 
 

 Pese a que EEUU e Irán tienen un viejo desencuentro sin resolver, el asalto de la embajada de EEUU en febrero de 1979 y el secuestro de su personal durante 444 días, Barack Obama leyó bien los cambios regionales. Entendió que Irán (y sus aliados en el gobierno de Bagdad) eran claves para derrotar al califato del ISIS. Hezbolá, enemigo mortal de Israel, desempeñó un papel determinante al aportar tropas sobre el terreno. EEUU y Rusia bombardearon por separado objetivos políticos comunes, y evitaron que ganaran los islamistas más radicales.



Obama comprendió que Irán era un aliado estratégico en el nuevo mapa de Oriente Próximo, por eso impulsó las negociaciones internacionales para garantizarse que Irán no tendría armas nucleares y poder levantar la sanciones. Trump rompió esa dinámica, más por despegarse del legado de Obama que por razones políticas. La maquinaria sí las tiene porque trabaja a favor de Arabia Saudí y de Israel. Casi tres años después, Trump se encuentra en el mismo punto: la necesidad de pactar con los iraníes, y lo hace a su manera: amenazas, presión y diálogo. Como si fuera un negocio inmobiliario.

Fuente: https://www.infolibre.es/noticias/opinion/columnas/2019/09/19/tambores_guerra_crisis_98896_1023.html?utm_source=twitter.com&utm_medium=smmshare&utm_campaign=noticias&rnot=1068205

El revolucionario material natural desarrollado en Finlandia para reemplazar el plástico

Telaraña
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Image caption La seda de telaraña es uno de los productos naturales más flexibles y resistentes.
 Uno de los grandes desafíos de la ingeniería de los materiales ha sido lograr crear un producto que sea fuerte y extensible a la vez.

Hasta ahora, aumentar la rigidez de un material significaba reducir su extensibilidad, y viceversa.
No obstante, investigadores en Finlandia han resuelto el problema inspirándose en la naturaleza y con ingredientes biológicos para crear un producto realmente revolucionario.

Se trata de una combinación única de materiales que supera en firmeza, resistencia y extensibilidad a los actuales productos sintéticos y naturales y que, además, es biodegradable.

Madera y telaraña
Técnicos e ingenieros de la Universidad Aalto y el Centro de Investigación Técnica VTT, en Finlandia, adhirieron fibras de celulosa de madera a la proteína de la seda de telaraña.

El resultado es un material muy firme, elástico y resistente que bien podría reemplazar el plástico en múltiples usos.
Sus aplicaciones futuras incluyen compuestos con base biológica, productos médicos, fibras quirúrgicas, la industria textil, empaques y envoltorios.

Según el profesor Markus Linder, de la Universidad Aalto, la naturaleza ofrece excelentes materias primas que están fácilmente disponibles para el desarrollo de nuevos materiales, como la celulosa rígida y la resistente y flexible seda que se utilizaron en la investigación.

La ventaja de ambos materiales es que, contrario al plástico, son biodegradables y no dañan el medio ambiente ni constituyen un potencial riesgo para la salud como los microplásticos.

"Nuestros investigadores sólo necesitan poder reproducir estas propiedades naturales", señaló el profesor Linder, que también dirigió la investigación.

Materiales y métodos
Uno de los productos naturales que utilizaron provino del abedul, un árbol abundante en los bosques del norte de Europa, que combinaron con proteína de seda clonada sintéticamente.

La celulosa de la madera y la seda son biopolímeros que demuestran un gran potencial como futuros materiales sostenibles.

También tienen propiedades que se complementan y son aptas para combinarse en materiales compuestos donde la celulosa forma el elemento de rigidez y la seda la matriz resistente.
"Utilizamos pulpa de abedul, desintegrada para obtener nano fibrillas y éstas las alineamos en forma de un andamio firme. Al mismo tiempo, infiltramos esa estructura con una matriz adhesiva de seda de telaraña que es suave y disipa energía", explicó Pezhman Mohammadi, científico investigador de VTT.
La seda es un producto natural que es secretado por animales como gusanos de seda y que también se encuentra en las telarañas.

Sin embargo, la seda utilizada por los investigadores de la Universidad de Aalto no fue realmente tomada de las secreciones de estos invertebrados sino producida por los científicos combinando bacteria y ADN sintético.

"Como conocemos la estructura del ADN, podemos copiarla y utilizarla para fabricar las moléculas de proteína de seda que son químicamente similares a las que se encuentran en los hilos de una telaraña", indicó Linder. "El ADN contiene toda esta información".

Bosque de abedules
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Image caption El abedul es un árbol abundante en el norte de Europa.
Nuevos compuestosLos investigadores añadieron que su trabajo ilustra las nuevas y versátiles posibilidades de la ingeniería de proteínas.

"En el futuro, podríamos fabricar compuestos similares con materiales básicos ligeramente diferentes y lograr una colección de productos con características diferentes para otras aplicaciones", dijo Pezhman Mohammadi.

"Actualmente, estamos trabajando en la producción de nuevos materiales compuestos como implantes, objetos resistentes a los impactos y otros productos", concluyó el científico.
El proyecto investigativo es parte de un trabajo desarrollado por el Centro de Excelencia en Ingeniería Molecular de Materiales Híbridos Biosintéticos (Hyber).

Fuente: https://www.bbc.com/mundo/noticias-49729591

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Naomi Klein: «Estamos ante los albores de una era de barbarie climática»

La autora de No Logo habla sobre soluciones a la crisis climática, Greta Thunberg, las huelgas de natalidad y sobre cómo logra no perder la esperanza.

Naomi Klein en 2017 durante un acto de Barcelona En Común. Marc Lozano/CC BY-NC 2.0
 ¿Por qué publica este libro ahora?
Sigo pensando que la forma en que hablamos del cambio climático está demasiado compartimentada, demasiado aislada de las otras crisis a las que nos enfrentamos. Un tema muy importante que atraviesa el libro son los vínculos entre esta crisis y la del auge del supremacismo blanco, los distintos tipos de nacionalismo y el hecho de que tantas personas estén siendo forzadas a abandonar sus países de origen, y la guerra que se libra por captar nuestra atención. Estas crisis se entrecruzan y se interconectan, por lo que las soluciones también tienen que hacerlo.

El libro recopila ensayos de la última década, ¿ha cambiado de opinión sobre algo?
Cuando miro hacia atrás, no creo haber puesto suficiente énfasis en el desafío que el cambio climático plantea a la izquierda. Es más obvio el modo en que la crisis climática desafía la cosmovisión dominante de derechas  y el culto de centrismo cerril que nunca quiere hacer nada importante, que siempre busca repartir las culpas. Pero esta crisis también es un desafío para la cosmovisión de una izquierda cuyo máximo interés es redistribuir el botín del extractivismo [el proceso de explotar los recursos naturales de la tierra] y que no tiene en cuenta los límites del consumo sin fin.

¿Qué le impide hacerlo a la izquierda?
En el contexto de Norteamérica, el mayor tabú es admitir que va a haber límites. Lo ves en la forma en que Fox News ha tratado el Green New Deal -¡Van a por vuestras hamburguesas! Apelan al corazón del sueño americano-, cada generación obtiene más que la anterior, siempre hay una nueva frontera hacia la que expandirse, la idea fundacional de las naciones coloniales colonizadoras como la nuestra. Cuando alguien aparece y dice que, en realidad, hay límites, tenemos que tomar decisiones difíciles, necesitamos averiguar cómo manejar lo que queda, tenemos que compartir equitativamente – es un ataque psicológico. Así que la respuesta [de la izquierda] ha sido evitar, y decir que no, no, no vamos a venir a quitarte sus cosas, va a haber todo tipo de beneficios. Y sí va a haber beneficios: tendremos ciudades más habitables, tendremos menos aire contaminado, pasaremos menos tiempo en atascos de tráfico, podremos diseñar vidas más felices y ricas de muchas maneras. Pero habrá que asumir sacrificios en lo tocante al consumo sin límites y la generación de desechos.

¿Se siente animada por el discurso del Green New Deal?
Siento una tremenda emoción y una sensación de alivio, de que finalmente estamos hablando de soluciones a la escala de la crisis a la que nos enfrentamos. Que no estamos hablando de un pequeño impuesto al carbono o de un esquema comercial de derechos de emisión como si fuesen un remedio milagroso. Estamos hablando de transformar nuestra economía. De todos modos, el sistema actual está fallando a la mayoría de la gente, y por eso estamos en un período de desestabilización política tan profunda -que nos están dando los Trumps y Brexits, y todos estos líderes fuertes-, así que ¿por qué no averiguamos cómo cambiar todo de abajo hacia arriba, y lo hacemos de un modo que aborde todas esas otras crisis al mismo tiempo? Hay muchas posibilidades de que no lleguemos a la meta, pero cada fracción de un grado de calentamiento que seamos capaces de evitar será una victoria, y con cada política que seamos capaces de lograr para hacer que nuestras sociedades sean más humanas, más capaces seremos de sortear las inevitables conmociones y tormentas que se avecinan sin caer en la barbarie. Porque lo que realmente me aterroriza es lo que estamos viendo en nuestras fronteras en Europa, Norteamérica y Australia. No creo que sea casualidad que los Estados fundados por colonos y los países que propiciaron ese colonialismo estén al frente de esta reacción. Estamos ante los albores de una era de barbarie climática. Lo vimos en Christchurch, lo vimos en El Paso, donde la violencia supremacista blanca va de la mano del racismo antiinmigración más reaccionario.

Esa es una de las secciones más escalofriantes de su libro. Creo que es un vínculo que mucha gente no ha establecido.
Este patrón ha estado claro durante algún tiempo. El supremacismo blanco surgió no sólo porque la gente tenía ganas de pensar en ideas que iban a matar a mucha gente, sino porque era útil para amparar acciones bárbaras pero altamente rentables. La era del racismo científico comienza con la trata transatlántica de esclavos y es un fundamento para esa brutalidad. Si vamos a responder al cambio climático convirtiendo nuestras fronteras en fortalezas, entonces, por supuesto, las teorías que justificarían eso, las que crean esas jerarquías de la humanidad, resurgirán. Ha habido señales de ello durante años, pero cada vez es más difícil negarlo porque hay asesinos que lo vocean por todas partes.

Una crítica que se hace al movimiento ambiental es que está dominado por gente blanca. ¿Cómo aborda esa cuestión?
Cuando se tiene un movimiento que es abrumadoramente representativo del sector más privilegiado de la sociedad, el enfoque va a temer mucho más el cambio, porque la gente que tiene mucho que perder suele tener más miedo al cambio, mientras que la gente que tiene mucho que ganar tenderá a luchar más duro por llevarlo a cabo. Ese es el gran beneficio de tener un enfoque del cambio climático que lo vincule a asuntos básicos: ¿cómo vamos a conseguir empleos mejor pagados, viviendas asequibles, una forma de que la gente cuide de sus familias? He mantenido muchas conversaciones con ambientalistas a lo largo de años en las que parecen creer realmente que vincular la lucha contra el cambio climático con la lucha contra la pobreza o la lucha por la justicia racial va a hacer que la lucha sea más difícil. Tenemos que salir del «mi crisis es más grande que la tuya: primero salvamos el planeta y luego luchamos contra la pobreza y el racismo, y la violencia contra las mujeres». Eso no funciona. Eso aleja a la gente que más lucharía por el cambio. Este debate ha cambiado muchísimo en los Estados Unidos debido al liderazgo del movimiento de justicia climática y porque las mujeres congresistas de color son las que están defendiendo el Green New Deal. Alexandria Ocasio-Cortez, Ilhan Omar, Ayanna Pressley y Rashida Tlaib proceden de comunidades que han recibido un trato tan injusto durante los años del neoliberalismo e incluso más tiempo, que están decididas a representar, realmente, los intereses de esas comunidades. No le temen a un cambio profundo porque sus comunidades lo necesitan desesperadamente.

En el libro, escribe: «La dura verdad es que la respuesta a la pregunta: ‘Qué puedo hacer yo, como individuo, para detener el cambio climático?’ es: nada». ¿Todavía crees eso?
En términos de carbono, las decisiones individuales que tomemos no van a lograr el tipo de escala de cambio que necesitamos. Y creo que el hecho de que para tanta gente sea mucho más cómodo hablar de nuestro propio consumo personal que de un cambio sistémico es producto del neoliberalismo, hemos sido entrenados para vernos a nosotros mismos en primer lugar como consumidores. Para mí, esa es la ventaja de sacar a relucir estas analogías históricas, como el Grenn New Deal o el Plan Marshall: nos hace recordar una época en la que fuimos capaces de pensar en un cambio a esa escala. Porque hemos sido entrenados para pensar en pequeño. Es increíblemente relevante que Greta Thunberg haya convertido su vida en una emergencia viviente.

Sí, navegó para asistir a la cumbre climática de la ONU en Nueva York en un velero que no contaminaba.
Exactamente. Pero no se trata de lo que Greta está haciendo como individuo. Se trata de lo que Greta está transmitiendo en las decisiones que toma como activista, y lo respeto absolutamente. Creo que es magnífico. Está usando el poder que tiene para gritar a los cuatro vientos que estamos ante una emergencia, tratando de interpelar a los políticos para que la traten como una emergencia. Nadie se libra de juzgar sus propias decisiones y actitudes, pero creo que a veces ponemos demasiado énfasis en las elecciones personales. Yo tomé una decisión – y esto ha sido cierto desde que escribí No Logo y empecé a recibir preguntas del tipo «¿qué debo comprar, dónde debo comprar, cuáles son las ropas éticas?-. Mi respuesta sigue siendo que no soy asesora sobre estilos de vida, ni la gurú de las compras de nadie. Tomo estas decisiones en mi propia vida, pero no me hago ilusiones de que esas decisiones van a marcar la diferencia.

Algunas personas están eligiendo hacer huelga de natalidad [no tener hijos como postura política ante la crisis climática]. ¿Qué opina de eso?
Me alegra que estas discusiones sean de dominio público en lugar de ser temas furtivos sobre los que tenemos miedo de hablar. Ha sido muy aislante para la gente. Para mí lo fue, sin duda, una de las razones por las que esperé tanto tiempo para intentar quedarme embarazada, y le decía a mi pareja todo el tiempo “¿Quieres tener a un guerrero de agua de Mad Max luchando con sus amigos por comida y agua?” No fue hasta que formé parte del movimiento por la justicia climática y pude ver un camino hacia adelante, que incluso pude imaginarme teniendo un hijo. Pero nunca le diría a nadie cómo responder a esta pregunta tan íntima. Como feminista que conoce la brutal historia de la esterilización forzada y las formas en que los cuerpos de las mujeres se convierten en zonas de batalla cuando los políticos deciden que van a intentar controlar la natalidad, creo que la idea de que existen soluciones reguladoras cuando se trata de tener o no hijos es catastróficamente ahistórica. Debemos estar unidos para enfrentarnos al sufrimiento y el miedo que trae consigo el cambio climático, más allá de las decisiones que tomemos a nivel personal. Pero el debate debería centrarse en cómo construir un mundo en el que esos niños puedan llevar una vida plena y exenta de emisiones contaminantes.

Durante el verano, animó a la gente a leer la novela de Richard Powers, El clamor de los bosques. ¿Por qué?
Para mí, ha sido muy importante y me alegra que mucha gente me haya escrito desde entonces. Powers escribe sobre los árboles: que los árboles viven en comunidades y se comunican, planifican y reaccionan juntos. Hemos estado completamente equivocados sobre el modo en que los concebimos. Es la misma conversación que estamos teniendo sobre si vamos a resolver esto como individuos o si vamos a salvar al organismo colectivo. También es raro que en la buena ficción se valore el activismo, que se trate con verdadero respeto, los fracasos y todo, reconocer el heroísmo de las personas que ponen sus cuerpos en peligro. Pensé que Powers lo había hecho de una manera realmente extraordinaria.

¿Qué opina de lo que ha logrado Extinction Rebellion?
Una cosa que han hecho muy bien es sacarnos de este modelo clásico de campaña en el que hemos estado por mucho tiempo, en el que le cuentas a alguien algo que aterroriza, le pides que haga clic en algo para hacer algo al respecto, te saltas toda la fase en la que tenemos que llorar juntos y sentirnos juntos y procesar lo que acabamos de ver. Porque lo que escucho mucho de la gente es, bueno, quizás esas personas en los años 30 o 40 podían organizarse barrio a barrio o de lugar de trabajo a lugar de trabajo, pero nosotros no podemos. Creemos que hemos sido tan degradados como especie que somos incapaces de eso. Lo único que va a cambiar esa creencia es ponerse cara a cara, en comunidad, teniendo experiencias, fuera de nuestras pantallas, unos con otros en las calles y en la naturaleza, ganando algunas cosas y sintiendo ese poder.

Habla de resistencia en el libro. ¿Cómo sigue adelante? ¿Se siente esperanzada?
Tengo sentimientos complicados sobre la cuestión de la esperanza. No pasa un solo día en el que no tenga un momento de pánico, de terror, de completa convicción de que estamos condenados, y entonces salgo de ahí. Me renueva esta nueva generación que es tan decidida, tan contundente. Me inspira la voluntad de participar en la política electoral, porque mi generación, cuando teníamos entre 20 y 30 años, teníamos tanta reticencia a ensuciarnos las manos con la política que perdimos muchas oportunidades. Lo que más esperanza me da es que ahora finalmente tenemos la visión de lo que queremos, o al menos el primer borrador. Es la primera vez que me pasa en mi vida. También decidí tener hijos. Tengo un niño de siete años que está completamente obsesionado y enamorado del mundo natural. Cuando pienso en él, después de haber pasado todo un verano hablando sobre el papel del salmón en la alimentación de los bosques donde nació, en la Columbia Británica, de cómo se relaciona con la salud de los árboles, el suelo, los osos, las orcas y todo este magnífico ecosistema, pensar lo que supondría tener que decirle que no hay más salmón, me mata. Eso me motiva. Y me mata.

Fuente: https://www.climatica.lamarea.com/naomi-klein-estamos-ante-los-albores-de-una-era-de-barbarie-climatica/

martes, 17 de septiembre de 2019

Edward Snowden: "Los gobiernos están empezando a delegar su autoridad a las grandes plataformas tecnológicas"

Vigilancia Permanente está editado por Planeta, con portada de PlatonEl Reglamento General de Protección de Datos europeo no será efectivo hasta que las plataformas paguen el 4% de sus beneficios en multas cada año", afirma el exanalista de la NSA, que hoy publica sus memorias
"Los presidentes escogen a Amazon porque practican el culto de la eficiencia", asegura Snowden, que denunció la existencia de la red de vigilancia más poderosa del mundo
"La única manera de evitar el abuso de poder es limitar la eficiencia de ese poder", explica

 
Su infancia son recuerdos de un Commodore 64 y del mundo infinito de los canales del IRC. Su adolescencia, la típica de un estudiante con inquietudes técnicas, afición por los Multijugadores Masivos y el resentimiento contra la autoridad. "Era demasiado guay para recurrir al vandalismo y no lo suficiente para drogarme. (…) En lugar de eso, empecé a hackear".

Sus habilidades le llevaron de los canales del IRC a la administración y el análisis de sistemas para las agencias de inteligencia más poderosas del mundo, sin sacarse un solo título universitario. Su conciencia le condujo a denunciar la existencia de la red de vigilancia más poderosa y peligrosa del mundo, y al exilio forzoso en Moscú, donde vive desde que EEUU le revocó el pasaporte en agosto de 2013. Su libro de memorias, Vigilancia permanente, se publica este martes 17 de septiembre en todos los países a la vez. Hablamos en exclusiva con el espía más famoso del mundo sobre sus memorias, el futuro de las comunicaciones y la posibilidad de reconstruir un sistema más justo con leyes, tecnología y el espíritu de resistencia de la comunidad. 

En el libro hablas de los boletines, el IRC y esa atmósfera del Internet primigenio en el que un Snowden de 14 años podía aprender a construir un ordenador o a escribir código con la asistencia desinteresada de especialistas sin más ambición que la voluntad de aprender y la responsabilidad de contribuir a una comunidad técnica fuerte y preparada. ¿Podemos volver allí?
Ese momento es crucial. Porque, si recuerdas los primeros y mediados 90, sabes que había un sentido de comunidad, que estabas allí porque querías estar allí y era como eso que dicen de que hace falta todo un pueblo para educar a un niño. Los niños como yo éramos adoptados por adultos competentes en una especie de tutoría casual. Claro que había flamewars pero nadie se las tomaba en serio porque Internet no se tomaba en serio. Ahora no hay ese sentido de la comunidad ni ese sentido de responsabilidad. Los mayores odian a los jóvenes, los jóvenes desprecian a los mayores. ¡Millennial es un insulto! La cuestión es, cómo recuperar ese sentido de la fraternidad cuando la tecnología ha dejado de conectar a las personas para animarlas a establecer su identidad en oposición a todo lo que no son.

El problema no es en la tecnología sino el objetivo de esa tecnología. La de ahora está diseñada para la explotación de los usuarios, no para incentivar la fraternidad. No hay ninguna razón por la que no podamos implementar redes distribuidas entre pares con otros objetivos.
Totalmente cierto, y es lo que estamos viendo en ciudades como Hong Kong. Otro de los grandes temas del libro son los Sistemas: sistemas políticos, sistemas legales, sistemas tecnológicos. Y, como dices, no es la tecnología lo que está fallando; la tecnología funciona bien. La cuestión es para quién trabaja. Lo que falla es el sistema, no la tecnología. Y lo que vemos es que, cuando la necesidad les empuja a escapar de ese sistema o tratar de reconstruirlo, es cuando surgen esas redes distribuidas, esas comunicaciones basadas en bluetooth y otras redes ad-hoc. Lo vemos una y otra vez en las manifestaciones porque ponen a la policía en una disyuntiva mucho más compleja. Ya no pueden bloquear Signal o Telegram sino que tienen que bloquear todas las redes wifi, bloquear las antenas. Pero ya no pueden sabotear de manera selectiva a los usuarios de ciertas aplicaciones sino que tienen que cortar las comunicaciones para toda la población. Y hay gobiernos que no quieren hacer eso.

Cada vez hay más gobiernos dispuestos a cortar Internet.
Sí, pero mira, cuando Rusia trató de cortar Telegram porque no facilitaban las claves para descifrarlo –y que quede claro que no estoy recomendando en absoluto el uso de Telegram–, el Kremlin fue a su oficina de censura, Roskomnadzor, que es la agencia reguladora de comunicaciones del Estado, y les dijo que bloquearan Telegram. Pero Telegram estaba alojado en la nube de Google y en la nube de Amazon. Y Amazon los echa, pero Google no, y no pueden bloquear Telegram en Google sin bloquear la mitad de sus propias IPs. Al final consiguieron que los cientos de miles de empresas que dependían de los servicios de Google, incluyendo el propio gobierno ruso, se quedaran sin servicio –y sin taxis y sin comida a domicilio y sin pagos por móvil– porque todo está centralizado en los servidores de un par de gigantes tecnológicos. Una posición muy ventajosa si eres uno de esos dos gigantes o si eres uno de los gobiernos capaces de coaccionar o seducir a uno de esos gigantes para que haga lo que tú quieres.

Y muy mala si no eres ninguna de las dos cosas.
Si eres cualquier otro, es una posición muy vulnerable. Estamos construyendo vulnerabilidades sistémicas, concentrando nuestras comunicaciones, toda nuestra experiencia, en estos pocos gigantes. Cuando la web primigenia de la que hablábamos desapareció, esas empresas salieron en busca de un nuevo producto y ese producto fuimos nosotros. Y se colocaron oportunamente en medio de todas nuestras interacciones: cuando hablas con tu madre, cuando compras una pizza, cuando ves una serie, cuando sales a correr. Ellos están ahí, registrando todo lo que haces pero lo importante no eres tú sino todos nosotros. Y ahora que ya empiezan a tener el registro permanente de la vida privada de todos, ahora ellos tienen el control. Ya no somos colaboradores ni usuarios ni clientes. Somos su presa, sus súbditos, su material.

En el libro cuentas que te caíste del guindo cuando preparabas una charla sobre la red de vigilancia del Gobierno chino para la agencia. Te diste cuenta de que los chinos no estaban usando ninguna tecnología que los americanos no usaran también. ¿Cuál es la diferencia entre el sistema de crédito social chino y la red de vigilancia de EEUU, aparte de la visibilidad del primero y la opacidad del segundo?
China vigila abiertamente a sus ciudadanos y nosotros lo hacemos en secreto. Pero antes, al menos, podíamos decir que nosotros no encerrábamos a la gente en campos de concentración. Ahora mira lo que está pasando en nuestra frontera. O con la lista negra de terroristas, que solo ahora conocemos después de décadas de secuestros y operaciones secretas. Aún hoy, si estas en la lista no puedes saber por qué y por lo tanto no puedes defenderte para que te saquen de ella. En democracia, la visibilidad de las operaciones es lo que te permite defenderte de ellas. En China desgraciadamente no se puede resistir al estado. Pero en las democracias liberales, los gobiernos mantienen en secreto su red de vigilancia porque saben que generará el rechazo de la población. Y pueden hacerlo gracias a que las empresas privadas que facilitan esas redes de vigilancia pueden actuar con el mismo secreto, y la misma impunidad.

Hace poco vimos cómo Google y Facebook y Apple con Siri entregan nuestras conversaciones privadas a empresas externas y ninguno de los usuarios de sus servicios parecía saberlo. Una especialista como tú que estudia el fenómeno, que conoce la tecnología, puede intuir y deducir que la vigilancia de masas está ocurriendo, pero no lo puede demostrar. Y es esa chispa de distancia entre saberlo y poder demostrarlo es lo que lo cambia todo en una democracia. Porque, si no podemos estar de acuerdo en los hechos, no podemos tener un debate acerca de qué hacer al respecto.

¿Quién crees que es más peligroso, Donald Trump y el poder de su gobierno o Jeff Bezos, que aloja y procesa la mitad de Internet?
La gente diría Donald Trump, porque es evidentemente una persona horrible. Pero Trump no es el problema, sino el producto derivado de los errores del sistema. Pero la gente como Jeff Bezos sobrevive a los presidentes, no está sujeta a elecciones democráticas y tiene en sus manos el control de la infraestructura de todo el planeta. Es una amenaza completamente distinta. En Silicon Valley te dirán que Bezos no tiene un ejército, y es verdad. Pero Bezos no tiene un país ni necesita uno, porque tiene más dinero que muchos países.

¿Dirías que las grandes plataformas pueden competir con los estados nación?
De momento, los gobiernos tratan de beneficiarse del poder de estas empresas y las empresas entienden que se pueden beneficiar con menos regulación y la habilidad de influir directamente sobre la legislación, teniendo línea directa con presidentes, ministros, etc. Esta es la historia que cuentan los documentos PRISMA. Se pueden leer como un timeline: primero, cae uno; después, otro. El resto ven que la competencia lo hace y piensan oye, si ellos lo hacen y no hay consecuencia, nosotros lo hacemos también.

No piensas que vayan a dividir esos monopolios como hicieron con AT&T.
Los gobiernos obtienen su poder de esas empresas. ¿Cómo encuentran a la gente a la que quieren matar? El exdirector de la NSA, Michael Hayden, dijo literalmente: "matamos gente basándonos en metadatos". Sólo metadatos. Si creen que este teléfono pertenece a un terrorista, enviarán un misil contra la granja donde está localizado el teléfono, sin importar quién lo tiene en la mano porque lo que quieren es acabar con quien sea que usa ese teléfono y eso es peligroso. Es peligroso creer que puedes conocer a alguien, conocer sus planes, sus intenciones, su territorio; si son criminales, si son inocentes. Que puedes comprender a alguien así. Incluso si tienes acceso total a sus comunicaciones, la gente cambia de parecer, comete errores, miente incluso a las personas que más quiere. Nuestras comunicaciones no son el espejo de nuestra alma pero los gobiernos toman decisiones basadas en esos datos. Y así las justifican.

Y la legislación no evoluciona precisamente a favor de la privacidad.
Es 2019 y ya vemos lo que ocurre en Rusia, en China y en los EEUU. Pero incluso los países donde la vigilancia era ilegal de pronto la han legalizado después de un escándalo. Primero en Alemania [Intelligence Service Act, 2016], después en UK [Investigatory Powers Act, 2016] y lo mismo en Australia [The Assistance and Access Act 2018]. Y no dudo de que está pasando o pasará en España próximamente. La respuesta a los escándalos sobre vigilancia no ha sido hacer que los servicios de inteligencia se ajusten a la ley, sino hacer que la ley se ajuste a los servicios de inteligencia.

Por otra parte, la cuarta enmienda en EEUU limita las capacidades del gobierno y del Estado pero no limita las de las empresas privadas. Este es un problema sistémico, un agujero estructural. Así que, cada vez que pienses en el poder de estos gobiernos, debes saber que proviene de los datos corporativos. Los gobiernos son peligrosos porque tienen acceso a todo lo que has puesto en el buscador de Google. Si no tienes una cuenta de Gmail, toda la gente que conoces tiene una y guarda copias de tus comunicaciones.

De hecho, ahora hay congresistas pidiendo que las empresas tecnológicas sean las que decidan sobre temas como la libertad de expresión.
Efectivamente, los gobiernos están empezando a delegar su autoridad a estas empresas, a convertirlos en pequeños sheriffs para que funcionen como agentes gubernamentales e impongan nuevas reglas, como qué se puede y no se puede decir y todo ese debate acerca del "deplatforming" [expulsar de la plataforma]. Se trata de una delegación de autoridad, voluntaria y deliberada, por parte de los gobiernos sobre estas empresas. Y lo que va a ocurrir, puede que no en dos años, pero en los próximos diez, cuando se den cuenta de que han ido demasiado lejos, es que no van a poder recuperar esa autoridad. Porque estas compañías habrán cambiado la manera en la que opera el sistema. Estas compañías opacas que no responden ante la ciudadanía habrán cambiado la manera en que la gente lee, come, conduce, trabaja, piensa y vota.

Una delegación de funciones que perjudica especialmente a los usuarios que ni siquiera son ciudadanos estadounidenses ni tienen derechos en esa legislación.
¡Exacto! ¿Cómo vais a controlar a Facebook en España, si ni siquiera os reconoce como una autoridad competente? El parlamento británico llama a Mark Zuckerberg a testificar y Mark les contesta "no sois lo bastante importantes para que yo vaya, voy a mandar a uno de mis agentes". Cuando ocurre algo así y no hay consecuencias, el precedente se extiende al resto de los CEOs de estas plataformas que dicen voy a pasarme un poco más de la raya a ver qué pasa. Y si los gobiernos han dejado de ser un mecanismo apropiado para expresar la voluntad de la ciudadanía, un instrumento para decidir el futuro de esa sociedad, qué es lo que nos queda. A dónde vamos.

Lo que vemos en Hong Kong, entre otros lugares, es una balcanización de la red a través de las plataformas: si quieres escapar del control chino, usas plataformas americanas; y si quieres escapar de las americanas, entonces usas plataformas rusas exiliadas en Berlín, como Telegram.
Lo que vemos en Hong Kong ya ha pasado antes: cuando nuestros modelos de autogobierno empiezan a fallar, inmediatamente pasamos al modo resuelveproblemas. Nos volvemos extremadamente utilitarios, fríamente pragmáticos y hacemos lo que tengamos que hacer para llegar a mañana, a pasado mañana y a la semana que viene, lo que haya que hacer para conseguir nuestros propósitos y seguir viviendo como queremos vivir. Y empezamos a elegir estas frágiles alianzas temporales sin darnos cuenta de que tienen un precio.

En Europa hemos optado por la GDPR, donde seguimos dependiendo de las plataformas pero interponemos una capa de legislación como medida profiláctica. ¿Es una estrategia más realista?
La GDPR es significativa porque al menos demuestra una intención de cambiar esas estructuras torcidas. Pero no está siendo efectiva, ni lo será hasta que las plataformas paguen el 4% de sus beneficios en multas cada año, hasta que cambien de modelo. Y, de momento, ninguno de los comisionados europeos ha mostrado un verdadero interés por implementar esa solución. Quieren tratar a Facebook como un aliado. Facebook no es un aliado, no es un amigo. Apenas es un servicio realmente útil. Facebook es un depredador.

Facebook es la reencarnación de todos los errores que hemos cometido en nuestras políticas y leyes en los últimos 30 años. Es el fantasma que ha venido a atormentarnos. Y la manera de exorcizarlo es cambiando cosas. Cambiando la legislación, cambiando la tecnología, cambiando nuestras decisiones como consumidores y como ciudadanos. Es un cambio que no puede ocurrir en un solo nivel.

Y con una descentralización radical de las infraestructuras.
Uno de los motivos por los que tenemos este problema es que no hay espacio para la competencia. Las plataformas han diseñado sus servicios de tal manera que se han convertido en la autoridad central. Cualquiera que necesite métricas para ver cómo funciona su propia aplicación tiene que usar Firebase, la SDK de Google o Graph, la API de Facebook. Y toda la información de los usuarios de tu App pasa a ser de Google y de Facebook, sin que ellos lo sepan. Porque los usuarios no saben lo que es una SDK ni lo que es una API ni cómo funciona una App ni cómo funciona el teléfono. Solo saben apretar iconos. Tienes que ser un experto para saber usar estos dispositivos de manera segura. Y en el contexto de una autoridad central cada vez más corrupta, y de un estado de insatisfacción cada vez más patente y de una administración cada vez más incompetente, estas compañías han empezado a reemplazar a los gobiernos en pequeñas tareas administrativas. Como, por ejemplo, mantener bases de datos actualizadas de los ciudadanos, algo que hasta ahora era derecho único del estado.

O mantener datos biométricos de la población, algo que antes solo podía hacer la policía en casos justificados. ¿Cómo se resiste a esa clase de autoridad centralizada, corporativa, invisible y opaca?
Hay gente como Tim Berners Lee tratando de redescentralizar la red. Porque tenemos que cambiar la arquitectura de nuestras redes. Por ejemplo, tus lectores se habrán preguntado alguna vez por qué suena tu teléfono y ningún otro teléfono del mundo, cuando alguien te llama. ¿Cómo saben que eres tú? Por los identificadores únicos universales. Cada teléfono tiene al menos dos. Tienes el IMEI en el dispositivo, tienes tu IMSI en la tarjeta SIM y tu teléfono va gritando esos números al viento en todo momento, tan alto como lo permita el teléfono, hasta que la torre más cercana responde a la llamada, registra tu nombre y le dice al resto de la red que le pasen todas tus comunicaciones porque ahora estás en su jurisdicción. Y estos registros se guardan durante todo el tiempo que pueden.

Edward Snowden, por Lindsay Mills
Edward Snowden, por Lindsay Mills
Las operadoras en EEUU tienen registradas todas las llamadas que hemos hecho desde 1987. Y el de todos nuestros movimientos desde 2008. Cualquier operadora conoce los detalles de tu vida mejor que tú. La única manera de evitar estos registros es crear estructuras alternativas, sistemas alternativos, protocolos alternativos que no requieran una autoridad central. Que no requieran confiar demasiado poder en las manos de unos pocos. Históricamente, cuando hay demasiado poder acumulándose en el garaje de alguien como Jeff Bezos, es solo cuestión de tiempo que lo use en su beneficio personal y en detrimento del bien común. Y eso no va a cambiar mientras tenga la oportunidad delante. La cuestión es cómo cierras esa oportunidad. No basta con cambiar a Jeff Bezos por otro, a Mark Zuckerberg por otro. Hace falta un cambio holístico, un cambio estructural.
Ahora mismo la fórmula mágica de las tecnológicas –ofrecer servicios gratuitos a cambio de datos– se expande a nuestras ciudades y gobiernos. El mismo Pedro Sánchez regresó de Bruselas hace unos meses celebrando un "acuerdo sin precedentes" con Amazon Web Services para mover la administración del Estado a la Nube de Amazon. Tampoco puedes tirar el móvil, abandonarlo todo y huir a las montañas porque tus identificadores únicos universales son tu cara y tu voz. Estas tecnologías están cada vez más diseñadas para controlar los movimientos de grandes masas de gente por todo el planeta, son los centinelas de un planeta al borde del desastre climático. ¿Tiene sentido seguir pensando en una Internet global descentralizada como Berners-Lee ¿No es mejor trabajar en miles de redes comunitarias locales, capaces de conectarse entre sí pero autosuficientes?
Los presidentes escogen a Amazon porque practican el culto de la eficiencia. Y esas formas de brutal sobreidentificación que mencionas, con esos identificadores biométricos que son indelebles, porque no se pueden cambiar –pero sí copiar, hackear, suplantar y duplicar–, presuponen que la identificación es buena porque optimiza la eficiencia. Habrás notado que el 80% de los países exigen ahora que te registres para poder tener un teléfono móvil. Que no haya un solo teléfono sin identificar.

El culto de la eficiencia significa que, si algo puede hacerse más rápido, por menos dinero y con menos esfuerzo, entonces es mejor. Todo el mundo está de acuerdo en eso. Pero si lees cualquier constitución de cualquier democracia liberal, como la de EEUU, verás que en nuestra Carta de derechos, cuatro de las principales enmiendas están diseñadas explícitamente para hacer que el trabajo del gobierno sea más difícil, menos eficiente. Y esto es lo que a menudo se olvida: la clase de dirigente que practica el culto de la eficiencia olvida que el exceso de eficiencia por parte del gobierno es una amenaza fundamental para la libertad de los ciudadanos.

Queremos que el trabajo de la policía, el trabajo de Hacienda, el trabajo de los publicitarios sea difícil, para que solo nos enfrentemos a esos grandes poderes cuando sea absolutamente necesario. Que el ejercicio de investigar la vida de una persona sea tan costoso, tan difícil, que solo se utilice cuando la alternativa sea impensable. Hace 30 años necesitabas un equipo coordinado de tres personas para vigilar a una sola persona. Hoy tienes una persona vigilando a poblaciones enteras. La única manera de evitar el abuso de poder es limitar la eficiencia de ese poder.

El 5G es el colmo de la eficiencia.
[Se ríe a carcajadas] Ya, ya. Cuando empezamos a hablar de la tecnología de ondas milimétricas [mWT] y de los puntos de acceso ultralocal que transmiten tu posición, no en el edificio ni en la habitación sino en una parte de la habitación, en un pasillo de la tienda, se me ponen los pelos de punta. No puede haber sino una ceguera ética completamente deliberada por parte de los responsables de este desarrollo. Hay una cosa: cuando en EEUU se han implementado este tipo de tecnologías, se ha hecho pensando que éramos los únicos capaces de explotar sus vulnerabilidades, pero ahora vemos a nuestros vecinos y enemigos ponerse a la vanguardia. Por eso creo que veremos que el mundo de las redes y del software va a ser más seguro, más difícil de comprometer. Pero que, por otro lado, los gobiernos y compañías incluirán vulnerabilidades para su propia explotación, creando debilidades sistémicas que serán inevitablemente descubiertas por otros gobiernos, por otras empresas, por otros grupos organizados, con terribles consecuencias. Cuando eso pase, espero de todo corazón que tengamos redes locales ciudadanas.

España ha sido pionera en 5G con fibra de Vodafone y antenas de Huawei. ¿Qué te parece?
Sabemos a ciencia cierta que tanto los chinos, como los británicos usan su acceso a estas redes para perjudicar al resto del mundo. Este es el status quo, la naturaleza de un poder que ya conocemos hoy. 
Ahora, ¿cómo gestionas eso sin frenar el progreso? No es fácil. En el caso de 5G, tenemos un proceso en marcha que no sirve el interés público y tenemos una capacidad de producción que solo existe en un puñado de países, porque nuestras leyes de propiedad intelectual están tan rotas que incluso si un grupo de ingenieros españoles quisiera y supiera cómo implementar estas tecnologías, no tienen las patentes para fabricar los chips necesarios o las radios para producir estas transmisiones de manera independiente y segura. Todas las fábricas están en China o Taiwan, todas las patentes están en EEUU, China, UK o Noruega. Y EEUU tiene la información, porque el 80% del tráfico de contenidos pasa por EEUU. Las revelaciones de 2013 son el resultado directo de esa brutal asimetría en el acceso a la información.

No basta con cambiar gobiernos. Nada cambiará mientras vivamos en un mundo donde los chips solo pueden ser americanos o chinos, donde los métodos para fabricar radios que operan en cierta frecuencia tienen que estar licenciados y cumplir la legislación estadounidense o china, aunque vivas y trabajes en España, o Colombia o Chile. Donde la gente que ha creado el sistema en el que nos movemos siga colonizando los medios de producción, los medios de expresión.
Han convertido la propiedad intelectual en una herramienta de control político y social a escala global. Hasta que empecemos a mirar ese sistema y empezar a cambiarlo de manera que se puedan modificar estos aspectos fundamentales, la tendencia será la misma que hemos vivido hasta ahora: desempoderar a la ciudadanía para empoderar a las instituciones. Un concepto completamente antidemocrático.

Parece que la ventana de oportunidad existe, pero se está cerrando rápidamente.
Creo que estamos viendo la tensión de un mundo al límite, y que estamos al borde de algo y podemos caer en dos direcciones opuestas. Si caemos en la dirección correcta, habrá reforma. Si caemos en la mala, habrá revolución. Pero no podemos seguir como hasta ahora.

Estás en Rusia desde hace seis años porque tu gobierno te revocó el pasaporte, pero ibas camino de Ecuador. En vista de las actuales circunstancias, podemos decir que tuviste suerte.
Es una de esas ironías del destino. El gobierno de los EEUU trató de destruir mi vida exiliándome de forma permanente en un lugar donde soy un arma política, porque pueden desacreditarme sin responderme, simplemente apuntando en el mapa. Pero puede que, con ese castigo, hayan salvado mi vida sin quererlo. Si ahora estuviera en Ecuador, bajo el mandato de Moreno y su desesperación por mostrar su lealtad a los EEUU, no es que crea que mi asilo hubiera sido revocado. Creo que probablemente estaría muerto o encarcelado, como Julian Assange.

Como director de la Freedom of the Press Foundation, qué futuro crees que le espera a este caso.
Creo que este caso se va a alargar durante años. Y creo que ha sido un error por parte de EEUU perseguir a un editor por publicar. Porque hay que tener claro que es eso de lo que ha sido acusado. No persiguen a Assange por ninguna de las numerosas polémicas que ha generado a lo largo de los años. Hay numerosas razones contra él. Pero los EEUU persiguen a Assange por el mejor trabajo que ha hecho Wikileaks. Y si dejamos que ganen, entonces nos merecemos el mundo que viene después.