miércoles, 20 de noviembre de 2019

Estornudo


Teresa Novoa
Tengo un gran resfriado,

y todo el mundo sabe cómo lo grandes resfriados

alteran todo el sistema del universo,

nos enfadan con la vida,

y hacen que estornudemos hasta la metafísica.

He perdido el día sonándome.

Me duele ligeramente la cabeza.

¡Ttriste condición para un poeta menor!

Hoy soy verdaderamente un poeta menor.
 
El que fui otrora fue un deseo: se esfumó.

¡Adiós para siempre, reina de las hadas!

Tus alas eran de sol, y yo por aquí sigo.

No estaré bien si no me tumbo en la cama.

Nunca estuve bien salvo tumbándome en el universo.

Con perdón, señor... ¡Qué gran resfriado físico! 

Necesito verdad y aspirinas.

Fernando Pessoa

martes, 19 de noviembre de 2019

Cuando los cuadros fueron de todos con la República y otros hitos del Museo del Prado

La pinacoteca celebra su bicentenario con numerosos actos, entre ellos una exposición que repasa su trayectoria
Además de ser un álbum de nuestra historia y nuestros traumas, sirve de retrato de las fases cruciales en la historia de España


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“Grupo de espectadoras ante una copia de Las hilanderas, de Velázquez, Cebreros, Ávila, 13-17 de noviembre de 1932” Madrid, Archivo fotográfico de la Residencia de Estudiantes
 "Desde lejos, más que un museo, el Prado es una patria". Así definió Ramón Gaya el Museo del Prado en 1953, cuando estaba exiliado en México tras la Guerra Civil. Y así lo ha querido recordar Javier Portus, el comisario de la exposición 1819-2919: Un lugar de memoria, con la que se conmemora este bicentenario de la pinacoteca que comenzó su andadura un 19 de noviembre de 1819.

Porque en el Prado está buena parte de la historia española contemporánea, y es a la vez, un álbum familiar de la realeza, pero también de nuestros traumas –que tan bien vio Goya- y de cómo la sociedad civil cambió el relato de este país.

1819: El impulso de una mujer


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María Isabel de Braganza como fundadora del Museo del Prado. Bernardo López Piquer Óleo sobre lienzo, 258 x 174 cm 1829 Madrid, Museo Nacional del Prado
Los orígenes del museo proceden de una idea ilustrada: la conciencia de hacer más accesibles las obras pictóricas y su valor como patrimonio. Fue a finales del siglo XVIII cuando estas ideas fueron calando entre las clases aristocráticas –que tenían el poder- y los intelectuales. El primero que intentó crear un museo de pintura fue el francés José I Bonaparte en 1809, pero el proyecto se truncó con el regreso de Fernando VII.  Sin embargo, su segunda mujer, la reina Isabel de Braganza, sí creyó en esta idea y movió los hilos para que se creara una pinacoteca con los cuadros de las colecciones reales. Como explica el comisario Portus, "se quería guardar la historia de la pintura española".

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Goya con el doctor Arrieta. Francisco de Goya
 El lugar elegido fue el Gabinete de Historia Natural, un edificio que se encontraba en el salón del Prado, que era el proyecto urbanístico más importante de la época: un espacio ajardinado, con fuentes (Cibeles, Neptuno), el jardín botánico, y este edificio que había proyectado Juan de Villanueva treinta años antes. Fue algo totalmente innovador en Europa, ya que otros grandes museos como la National Gallery de Londres, llegarían después, en 1825.

La reina Isabel nunca pudo ver la inauguración del museo Real en 1819 porque murió durante un parto un año antes, pero la exposición del bicentenario la recuerda con el lienzo de Bernardo López Piquer. También se rememora la primera donación que recibió el museo, el Cristo de Velázquez.
Entre 1839 y 1868, con las desamortizaciones, muestra una vez más de cómo los acontecimientos políticos influyeron en el Prado, se crearon más museos como el de la Trinidad, que alojó numerosos lienzos de El Greco –también presentes en esta exposición- que también acabaron en el Prado a partir de 1872.

1868: El Museo se convierte en nacional y sede de pintores

Hasta la revolución de la Gloriosa con la que Isabel II tiene que exiliarse de España, el Prado había sido propiedad de la monarquía. Pero con el levantamiento militar y civil que desembocaría  primero en la monarquía de Amadeo de Saboya y después en la I República, el museo pasa a ser nacionalizado gracias al rey italiano. Es la época en la que el museo se convierte en parada obligatoria para los pintores impresionistas y la pintura española se hace internacional. Todos querían conocer la obra de Velázquez y Goya.
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La monstrua desnuda. Juan Carreño de Miranda

Entre ellos estuvieron Manet, quien afirmó que "la visita del Prado merece todas las penalidades de un viaje a Madrid", como recuerda Portus. También se acercaron Renoir y Monet, a quien le causó una honda impresión Goya. Pero también estaban los pintores españoles que acudían a copiar a los maestros. Como Fortuny, que hizo una copia del San Andrés de José de Ribera, o Sorolla, que tiene su propia recreación del cuadro de la infanta Margarita, de Velázquez.

1898: La Edad de Plata

Mientras el país perdía las últimas colonias, en el museo se imponían las ideas científicas para el estudio del arte. Así se crea la sala Velázquez con una selección de sus cuadros con criterios científicos. Es la primera vez también que el arte medieval entra en la pinacoteca, puesto que como aduce Portus, "hasta entonces se consideraba arqueología".  Así es como llega el Santo Domingo de Silos, de Bartolomé Bermejo, pintado entre 1474 y 1477.

Y es la era de las grandes donaciones por parte de los particulares que aumentan una colección que hasta entonces se había formado con las colecciones reales, las obras del Museo de la Trinidad y las compras del Estado. Entre ellas hay varios goyas como Los duques de Osuna y sus hijos, que donó la familia.

1931-1939: La II República y la Guerra Civil: los cuadros son de todos

Uno de los primeros camiones cargados con pinturas sale del Prado en noviembre de 1936 con destino a Valencia.


Uno de los primeros camiones cargados con pinturas sale del Prado en noviembre de 1936 con destino a Valencia.
La Constitución de la II República es la primera carta magna europea en la que aparece por primera vez el deber de proteger el patrimonio. Además, en 1933 se promulga una ley que señala el concepto de patrimonio colectivo. Es decir, los cuadros son de todos. Estas normas pusieron en marcha varias iniciativas como las misiones pedagógicas y el Museo circulante, que acercó a 170 pueblos, muchos de ellos de difícil acceso, copias de los cuadros para que buena parte de la población que no se podría permitir un viaje a Madrid, pudiera contemplarlos.  

Una enorme fotografía de la exposición del bicentenario realizada hacia el 15 de noviembre de 1932 muestra a un grupo de espectadores ante una copia de Las Hilanderas de Velázquez en Cebreros (Ávila).

Después, con el inicio de la Guerra Civil, comenzaría un periodo muy difícil. El 16 de noviembre de 1936 cayeron hasta nueve bombas sobre el museo, aunque por fortuna ya en esas fechas se había cerrado y muchos de sus lienzos guardados.  No obstante, aquellos bombardeos por toda la ciudad acabaron con la vida de 133 civiles en la capital. "Había una conciencia muy arraigada del valor del patrimonio por lo que muy pronto se creó la Junta de Protección. Además, había un mandato constitucional", comenta Portus.

Operarios cargan un camión en la puerta de Velázquez del Prado.


Operarios cargan un camión en la puerta de Velázquez del Prado.
Ese mes se decidió que los cuadros debían salir del país y comenzó la peregrinación, impulsada en gran parte por la escritora María Teresa León, por Valencia y Catalunya hasta llegar a Ginebra.
En la exposición se pueden ver imágenes de peones cargando las cajas de los lienzos y un camión militar transportando a Valencia la Predicación de San Bernadino de Siena, de Goya en 1937, así como la muestra que se haría con todos estos lienzos en Ginebra en 1939.

1939-1975: El franquismo y la crítica de los artistas al régimen

Durante el régimen franquista muchos artistas se valieron de los cuadros que había en el Prado para criticar la dictadura. Así lo hizo el Equipo Crónica con lienzos como El caballero de la mano en el pecho, de El Greco, para simbolizar la tiranía del dictador, o deformando las imágenes de Felipe II. "Para muchos exiliados, el museo también se convirtió en el cordón umbilical que les seguía uniendo con el país", afirma Portus.
De hecho, Picasso, que había sido director del museo unos meses antes del estallido de la guerra, en 1957 pintó su serie sobre Las Meninas, y Antonio Buero Vallejo también le dedicó una obra de teatro.

1975-2018: La Democracia

La llegada de la democracia trajo un acontecimiento histórico en la pintura: el regreso del Guernica, de Picasso, en 1981, tras 42 años expuesto en el MoMA de Nueva York.  "Hoy regresa el último exiliado", afirmó entonces quien fuera el ministro de Cultura, Íñigo Cavero. No hubo dudas de donde alojarlo: el casón del Buen Retiro, perteneciente al Museo del Prado, ya que este había sido el deseo del pintor malagueño. Allí estuvo hasta 1992 cuando se trasladó al recientemente inaugurado Museo Nacional Reina Sofía, lo cual ha traído disensiones desde entonces.

La experta en Goya, Manuela Mena, no ha dudado en señalar en ocasiones que "fue una voluntad de artista que se ha perdido en la nada", mientras que el actual director del Reina Sofía, Manuel Borja-Villel, siempre ha destacado que "este museo [el Reina Sofía] se hizo porque iba a venir el Guernica".

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Las Meninas Pablo Picasso Óleo sobre lienzo, 129 x 161 cm 18/9/1957 Barcelona, Museu Picasso
 En 1985 se aprueba también la Ley de Patrimonio cuyo fin es "hacer accesible el patrimonio", explica Portus y que relanza "la conciencia del patrimonio que tenemos hoy en día", lo que ha permitido que el museo pueda mantener obras que podrían haber traspasado las fronteras. 

La exposición del bicentenario se cierra precisamente con un texto de esta ley y con el lienzo de Goya, La condesa de Chinchón, que se encuentra en el Prado desde el año 2000, y que es ejemplo de esta concienciación.

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La antesala Equipo Crónica Acrílico sobre lienzo, 140,5 x 140,5 cm Palma, Colección Fundación Juan March, Museu Fundación Juan March
Todavía, sin embargo, le quedan batallas al Prado, como la ampliación del Salón de Reinos, después de unos años en los que fue olvidado por los gobiernos del PP. Durante los próximos días habrá jornadas de puertas abiertas para que se pueda conocer todo lo que esconde esta pinacoteca, impulsada por las ideas de la Ilustración y salvaguardada por la idea progresista del valor de nuestro patrimonio.


Golpe a lo indígena en Bolivia


 Con la caída de Evo Morales han aflorado expresiones racistas que parecían felizmente superadas en Bolivia. En Cochabamba, tiraron piedras a mujeres con pollera (falda típica andina). En Vinto, localidad del mismo departamento, humillaron a su alcaldesa, Patricia Arce, a la que arrastraron por el suelo, cortaron el pelo, escupieron y pintaron de rojo, con el objetivo de hacerla renunciar. En La Paz se recuperó el insulto indios de mierda, común en otros tiempos, y en Santa Cruz se formaron brigadas de vigilancia para comprobar quién era originario de la ciudad. Aunque, sin duda, la acción más significativa fue la quema de whipalas, bandera co-oficial en Bolivia y asociada al universo indígena. La pregunta es inevitable: ¿a qué se debe este repunte racista?

La respuesta pasa por la importancia que tuvo lo indígena para el Gobierno de Morales. Aunque forjado políticamente como dirigente sindical cocalero, el mandatario pronto se convirtió en su máximo representante. Su Presidencia se entendió como la primera en la que un indígena accedía a tal cargo en la historia del país y, desde el principio, escenificó este liderazgo. Su primera toma de posesión se celebró en el Tiahuanaco, considerado lugar sagrado aymara, en un acto en el que los indígenas le otorgaron el bastón de mando. Las referencias indígenas poblaron su discurso y las menciones a luchas y figuras históricas se hicieron frecuentes. Por puro pragmatismo, por conveniencia o por un compromiso real, Morales se convirtió en un símbolo indígena y visibilizó un imaginario hasta ese momento oculto en el país.

El punto álgido llegó con la aprobación de la Constitución de 2009, cuando se produjo el salto de lo simbólico a lo institucional. El nuevo texto declaró a Bolivia Estado Plurinacional, se oficializaron 36 lenguas indígenas, se obligó a las administraciones públicas a utilizar al menos una de ellas, se reconoció la capacidad de autogobierno indígena en sus territorios y se incluyeron símbolos como la mencionada whipala. Bolivia se convertía así oficialmente en un país con fuerte raigambre indígena. Este marco permitió impulsar políticas públicas en ese sentido, se diseñó un modelo de educación intercultural, se inauguraron universidades indígenas y, en el ámbito de lo político, se buscaron nuevas formas de representación y de democracia comunitaria.

Por otro lado, la implementación de políticas sociales focalizadas en los sectores más vulnerables (coincidentes en su gran mayoría con población indígena) permitió un crecimiento sin precedentes de las clases medias en el país. El ascenso supuso un auge de las culturas indígenas y de lo que se ha denominado cultura chola, en referencia a las mujeres mestizas. Esta participación y representatividad indígena en las instituciones, junto a la mejora de sus condiciones de vida, provocó una mayor presencia pública. En un país donde los indígenas se avergonzaban de serlo, comenzaban a sentir orgullo de sus tradiciones y a reconocerse como tales.

Estos cambios políticos y sociales desencadenaron una virulenta reacción de una parte de la oposición y de ciertos estratos, generalmente aquéllos más privilegiados en uno de los países más desiguales de América Latina, que veían cómo quienes hasta hace no tanto tenían prohibido caminar por las aceras de los alrededores de la céntrica plaza Murillo de La Paz eran ahora quienes dirigían el país.

Ha sido este resentimiento el que afloró con fuerza en las últimas semanas. Desde ciertos sectores de oposición y grupos sociales se alimentó la idea de que el país era ingobernable y de que esto se debía al protagonismo excesivo de los indígenas, siendo Morales su máximo exponente. Como dice el refrán, se extendió la sensación de que muerto el perro, se acabó la rabia, y que sin Morales concluiría también el periodo más indígena de la historia del país.

En ese sentido han de entenderse algunas de las declaraciones recientes. El líder opositor de las revueltas callejeras, Luis Fernando Camacho, aseguró que su objetivo era “devolver a Dios al Palacio de Gobierno”, palabras que acompañó con la sustitución de la whipala por una biblia en las dependencias del Palacio Quemado, sede gubernamental. También con biblia en mano juró su cargo la presidenta interina, Jeanine Áñez, quien en una entrevista la semana pasada afirmó que el Estado laico era una “impostura” y una “imposición” a los bolivianos. Nada nuevo a juzgar por su timelime en Twitter, donde en 2013 escribió que soñaba con un país “libre de ritos satánicos indígenas”.

Estos gestos han ido acompañados de otras expresiones quizá más anecdóticas, pero no por ello menos racistas, como la apertura a los medios de la Casa Grande del Pueblo, residencia de Morales en La Paz durante el último año. La nueva ministra de Comunicación, Roxana Lizárraga, denominó la habitación de “suite presidencial”, similar a la de “un jeque árabe”. En contraste con la descripción, la prensa difundía las imágenes de un espacio relativamente sobrio para un jefe de Estado; aunque a juzgar por el tono (tanto de la ministra como de algunos medios locales), no para un indígena.

Sin embargo, el punto de inflexión llegó a finales de la semana pasada, cuando el racismo discursivo comenzó a concretarse en acciones de Gobierno. La medida que más inquietud ha despertado es el decreto ejecutivo que exime de responsabilidad penal a policías y militares con el fin de “pacificar el país”. La norma ha provocado la reacción inmediata, entre otros, de organismos internacionales referentes en la región. De entre las voces que alertan sobre los peligros de la nueva normativa, la Comisión Interamericana de derechos Humanos (CIDH) y la Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU coinciden en advertir de los riesgos de posibles violaciones, ya que en los hechos se otorga carta blanca a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad para reprimir a la ciudadanía.

La aprobación del decreto se produce, además, en un contexto crítico, cuando los enfrentamientos tras de las elecciones superan ya los 20 muertos, la mayoría de ellos indígenas; y justo después de la jornada más tensa, vivida el pasado viernes en Sacaba, el Chapare. Indígenas y cocaleros se preparaban para marchar en una protesta que tenía por objetivo recorrer parte del país, con parada en Cochabamba y destino final La Paz. El resultado ya se sabe. Las imágenes de una mujer indígena llorando desconsolada sobre el cadáver de un familiar no auguran nada bueno.

Fuente: http://agendapublica.elpais.com/golpe-a-lo-indigena-en-bolivia/

lunes, 18 de noviembre de 2019

120.000 cintas de colores para celebrar el 30 aniversario de la caída del Muro de Berlín



Todas las imágenes son de Poetic Kinetics 
 
Es imprescindible buscarle la luz a la vida y llenarla de color en el sentido que sea, en el literal y en el figurado y, sobre todo, si es para conmemorar el final de ciertos episodios grises que tiñeron nuestra historia de oscuridad.
La noche del 9 de noviembre de 1989 caía el Muro de Berlín, ese "muro de la vergüenza" que mantuvo divida a la ciudad de Berlín durante 28 años, fue símbolo de la Guerra Fría y fue uno de los iconos más fuertes de nuestra historia reciente.

120.000 cintas de colores para celebrar el 30 aniversario de la caída del Muro de Berlín 2

Este año se celebra el 30 aniversario de la caída del Muro y de entre todos los actos, homenajes y actividades que se han realizado para celebrar la unión de un pueblo que estuvo separado por cemento e ideales, destaca una instalación urbana a todo color.
Esta intervención urbana, que es puro arte en movimiento, consta de 120.000 cintas de colores que flotan sobre la antigua ubicación de esta histórica construcción y ha sido diseñada por Patrick Shearn y su equipo Poetic Kinetics.

120.000 cintas de colores para celebrar el 30 aniversario de la caída del Muro de Berlín 4

Poetic Kinetics, como su nombre indica, buscan la opesía en la cinética y, con este principio, este equipo experimental crea un arte inmersivo en el que se reúnen una variedad de disciplinas para formar una experiencia creativa única, inesperada y poco convencional.

Esta "escultura" en movimiento que simboliza la paz y la unión, está instalada en la Puerta de Brandeburgo y, la cuarta parte de sus cintas reflectantes, llevaban escritos mensajes de recuerdo, deseo y esperanza.

120.000 cintas de colores para celebrar el 30 aniversario de la caída del Muro de Berlín 5

"Visions in Motions" ha sido parte de la Semana del Festival de Berlín, que tuvo lugar del 4 al 10 de noviembre y, ahora también ha pasado a formar partes de los recuerdos y la memoria de todos aquellos que creen en la unión y en remar en una sola dirección.

Más información: https://culturainquieta.com/es/arte/instalaciones/item/16182-120-000-cintas-de-colores-para-celebrar-el-30-aniversario-de-la-caida-del-muro-de-berlin.html

Cuando Venecia no sobreviva



https://www.ilsussidiario.net/news/acqua-alta-venezia-allerta-meteo-rossa-diretta-video-oggi-nuovo-picco-alle-11-55/1949942/
 Dos turistas orientales pasean muertas de risa por la plaza de San Marcos con el acqua alta hasta las rodillas y sendas bolsas de Louis Vuitton. Es una foto que resume bastante bien nuestra época y que también podría resumir Venecia, esa lujosa embajada de occidente que lleva siglos hundiéndose a cámara lenta. Puede desaparecer Venecia bajo las aguas, puede arder Notre Dame hasta los cimientos, pero siempre habrá tiempo para hacernos una foto antes del apocalipsis. En una página famosa de Radiaciones, sus diarios de la Segunda Guerra Mundial, Ernst Jünger, por aquel entonces un oficial del ejército alemán destinado en París, cuenta que subió a la azotea de un hotel para contemplar los fuegos de un bombardeo mientras se tomaba una copa de borgoña con fresas.

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http://www.ansa.it/canale_scienza_tecnica/notizie/biotech/2019/11/13/venezia-acqua-alta-causata-dal-mix-di-scirocco-e-marea-_15daeecb-626b-4654-ae2a-4c0b7f1a5ecf.html
Por cosas así es por lo que Thomas Mann dijo que Jünger era «un libertino de la barbarie», pero en una entrevista posterior, el escritor explicó que no había cinismo ni signo alguno de salvajismo en esa pose de estudiada tranquilidad ante la lluvia de bombas, sino una especie de distanciamiento estético, una forma de enfrentar el miedo a morir. Jünger se sentía tan lejos de los pilotos aliados como de los civiles franceses que corrían indefensos por las calles, pero también de su propio uniforme, que tanto empezaba a repugnarlo después de enterarse de lo que estaban haciendo su país a los judíos, a algunos de los cuales salvó de una muerte segura.

A mediados de los ochenta, cuando estudiaba Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid, un profesor de crítica literaria repitió en teoría la bravata de Jünger al sugerir que, si de repente supiéramos que un artefacto nuclear iba a detonar sobre la capital, nos invitaría a subir a una colina y disfrutar del espectáculo. Tampoco es que, caso de producirse un holocausto atómico, pudiéramos haber hecho mucho más, pero yo dudo mucho de que cualquiera de nosotros hubiera encontrado la serenidad con que Jünger se sentó a disfrutar de su borgoña entre el humo de las explosiones. Lo nuestro, más que nada, es impotencia posmoderna, la seguridad de que poco más se puede hacer, aparte de un comentario banal o un chiste frívolo, una vez que el rodillo de la historia nos haya pasado por encima. Como mucho, una foto.

Vemos la foto de Aylan Kurdi, el niño refugiado cuyo cadáver depositaron las olas en una playa de Turquía, nos estremecemos un segundo y pasamos página en un mundo en que la muerte no es más que un libro de fotografías empapado bajo el acqua alta. Hace más de tres años de esa foto y cientos, miles de niños, han seguido ahogándose bajo el bostezo apático de Europa, esa señora adormilada. Ayer mismo, la diva mexicana Paulina Rubio declaraba que el lujo absoluto consistía en «estar desnuda en la playa», un deseo que obviamente traía incluidas la fortuna, la mansión a orillas del mar y la playa privada, puesto que montones de refugiadas han terminado sus días desnudas en una playa sin llegar a considerar que el lujo era otra cosa que estar vivas aún.

Entre el sueño adánico de Paulina Rubio y la miseria absoluta de una buena parte de la población mundial, andamos nosotros, caminando por la Plaza de San Marcos con el agua hasta las rodillas y posando con bolsas de Louis Vuitton para las fotos del fin del mundo. Contaba Félix de Azúa que en Venecia todavía pueden comprarse esos vasos y copas de color rojo sangre, un tipo de cristal que se conseguía soplando oro fundido y cuyos vapores invadían los pulmones del artesano causándole la muerte; hace unos años aún podían comprarse bajo cuerda y costaban alrededor de seiscientas mil pesetas: el precio de la vida de un turco. Álvaro Muñoz Robledano escribió al respecto este poema, Cuando Venecia no sobreviva, unos veinte años atrás, y hoy descubro en él la profecía de nuestra indiferencia intacta:

No hay por qué preocuparse.
Podemos encender nuestros cigarros,
servirnos otra copa.
Nada sucederá esta noche salvo
un verso o la saliva
costra a costra dejada en nuestra piel,
o algún minuto más
y más tibio de música
en este simulacro.
El dolor es un punto cardinal
y no nos pertenece.
como no es nuestro el viejo y oxidado
cuchillo de bailar que nos mostraba,
tan orgulloso, nuestro amado padre,
o el amado y desconocido padre
que silbaba boleros en un anuncio,
en otro tiempo, ajeno,
quizás cruel, codicioso, del que escapa
esta noche, este vino.
De él y de tanto Sur como se acerca
para ahogarnos, tan próximo
ya, rozando sus puertas…
No. Venecia no sobrevivirá.
También se pudrirá bajo una alfombra
de raíces y cáscaras roídas,
bajo las mantas con que los mendigos
se cubren mientras tienden
la mano a otros mendigos,
llagas pidiendo llagas.
Pero no ocurrirá esta noche. Hoy
la muerte sólo es este vaso rojo.

Fuente: https://blogs.publico.es/davidtorres/2019/11/18/cuando-venecia-no-sobreviva/?utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_campaign=publico

domingo, 17 de noviembre de 2019

El perfume de la magdalena

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Pilar Pequeño

Y antes o después volverá
el cálculo exacto de nuestro tiempo
y estaremos en la barca
que navega hacia el puerto
más amargo

Odas. Horacio
...
   Cada momento de nuestra existencia está ligado con un peculiar triple hilo a nuestro pasado -tanto el inmediatamente anterior como el más lejano- por la memoria. Nuestro presente bulle de huellas de nuestro pasado. Somos historias por nosotros mismos. Relatos. Yo no soy esta instantánea masa de carne recostada en el sofá que teclea la letra "a" en el ordenador portátil; soy mis pensamientos llenos de huellas de la frase que estoy escribiendo, soy las caricias de mi madre, la serena dulzura con la que me guió mi padre, soy mis viajes adolescentes, mis lecturas que se han estratificado en mi cerebro, mis amores, mis desesperaciones, mis amistades, lo que he escrito y escuchado, los rostros que han quedado impresos en mi memoria. Soy sobre todo el que hace un minuto se ha servido una taza de té. El que hace un instante ha tecleado la palabra "memoria" en el teclado de este ordenador. El que hace nada imaginaba esta frase que ahora estoy completando. Si todo deapareciera, ¿seguiría existiendo? Yo soy esta larga novela que es mi vida...

Carlo Rovelli

El fin del neoliberalismo y el renacimiento de la historia

¿A quién se le ocurrió que la contención salarial y el menor gasto público podían contribuir a mejorar los niveles de vida?

El fin del neoliberalismo y el renacimiento de la historia

Al final de la Guerra Fría, el politólogo Francis Fukuyama escribió un famoso ensayo titulado The End of History? (¿El fin de la historia?), donde sostenía que el derrumbe del comunismo eliminaría el último obstáculo que separaba al mundo de su destino de democracia liberal y economía de mercado. Muchos estuvieron de acuerdo.

Hoy, ante una retirada del orden mundial liberal basado en reglas, con autócratas y demagogos al mando de países que albergan mucho más de la mitad de la población mundial, la idea de Fukuyama parece anticuada e ingenua. Pero esa teoría aportó sustento a la doctrina económica neoliberal que prevaleció los últimos 40 años.

Hoy la credibilidad de la fe neoliberal en la total desregulación de mercados como forma más segura de alcanzar la prosperidad compartida está en terapia intensiva, y por buenos motivos. La pérdida simultánea de confianza en el neoliberalismo y en la democracia no es coincidencia o mera correlación: el neoliberalismo lleva cuatro décadas debilitando la democracia.

La forma de globalización prescrita por el neoliberalismo dejó a individuos y a sociedades enteras incapacitados para controlar una parte importante de su propio destino, como Dani Rodrik, de la Universidad de Harvard, explicó con mucha claridad, y como yo mismo sostengo en mis libros recientes Globalization and Its Discontents Revisited y People, Power, and Profits. Los efectos de la liberalización de los mercados de capitales fueron particularmente odiosos: bastaba que el candidato con ventaja en una elección presidencial de un país emergente no fuera del agrado de Wall Street para que los bancos sacaran el dinero del país. Los votantes tenían entonces que elegir entre ceder a Wall Street o enfrentar una dura crisis financiera. Parecía que Wall Street tenía más poder político que la ciudadanía.

Incluso en los países ricos se decía a los ciudadanos: “No es posible aplicar las políticas que ustedes quieren” (llámense protección social adecuada, salarios dignos, tributación progresiva o un sistema financiero bien regulado) “porque el país perderá competitividad, habrá destrucción de empleos y ustedes sufrirán”.

En todos los países (ricos o pobres) las élites prometieron que las políticas neoliberales llevarían a más crecimiento económico, y que los beneficios se derramarían de modo que todos, incluidos los más pobres, estarían mejor que antes. Pero hasta que eso sucediera, los trabajadores debían conformarse con salarios más bajos, y todos los ciudadanos tendrían que aceptar recortes en importantes programas estatales.

Las élites aseguraron que sus promesas se basaban en modelos económicos científicos y en la “investigación basada en la evidencia”. Pues bien, 40 años después, las cifras están a la vista: el crecimiento se desaceleró, y sus frutos fueron a parar en su gran mayoría a unos pocos en la cima de la pirámide. Con salarios estancados y Bolsas en alza, los ingresos y la riqueza fluyeron hacia arriba en vez de derramarse hacia abajo.

¿A quién se le ocurre que la contención salarial (para conseguir o mantener competitividad) y la reducción de programas públicos pueden contribuir a una mejora de los niveles de vida? Los ciudadanos sienten que se les vendió humo. Tienen derecho a sentirse estafados.

Estamos experimentando las consecuencias políticas de este enorme engaño: desconfianza en las élites, en la “ciencia” económica en la que se basó el neoliberalismo y en el sistema político corrompido por el dinero que hizo todo esto posible.

La realidad es que, pese a su nombre, la era del neoliberalismo no tuvo nada de liberal. Impuso una ortodoxia intelectual con guardianes totalmente intolerantes del disenso. A los economistas de ideas heterodoxas se los trató como a herejes dignos de ser evitados o, en el mejor de los casos, relegados a unas pocas instituciones aisladas. El neoliberalismo se pareció muy poco a la “sociedad abierta” que defendió Karl Popper. Como recalcó George Soros, Popper era consciente de que la sociedad es un sistema complejo y cambiante en el que cuanto más aprendemos, más influye nuestro conocimiento en la conducta del sistema.

La intolerancia alcanzó su máxima expresión en macroeconomía, donde los modelos predominantes descartaban toda posibilidad de una crisis como la que experimentamos en 2008. Cuando lo imposible sucedió, se lo trató como a un rayo en cielo despejado, un suceso totalmente improbable que ningún modelo podía haber previsto. Incluso hoy, los defensores de estas teorías se niegan a aceptar que su creencia en la autorregulación de los mercados y su desestimación de las externalidades cual inexistentes o insignificantes llevaron a la desregulación, que fue un factor fundamental de la crisis. La teoría sobrevive, con intentos de adecuarla a los hechos, lo cual prueba cuán cierto es aquello de que cuando las malas ideas se arraigan, no mueren fácilmente.

Si no bastó la crisis financiera de 2008 para darnos cuenta de que la desregulación de los mercados no funciona, debería bastarnos la crisis climática: el neoliberalismo provocará literalmente el fin de la civilización. Pero también está claro que los demagogos que quieren que demos la espalda a la ciencia y a la tolerancia sólo empeorarán las cosas.

La única salida, el único modo de salvar el planeta y la civilización, es un renacimiento de la historia. Debemos revivir la Ilustración y volver a comprometernos con honrar sus valores de libertad, respeto al conocimiento y democracia.

Fuente: https://elpais.com/economia/2019/11/13/actualidad/1573640730_606639.html?ssm=TW_AM_CM&hootPostID=f2c918b0446c9f7c225a857ad044ca61

#Bolivia

 CIDH actualiza las cifras de víctimas en : desde ayer son 9 fallecidos y 122 heridos desde la represión combinada de la policia y fuerzas armadas. Se totaliza por lo menos 23 personas muertas y 715 personas heridas desde el inicio de la crisis institucional y política.

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La autoproclamada presidenta de Bolivia acaba de firmar un documento que da a los militares y policía total impunidad, es decir una licencia para matar. Pero no lo llaméis Golpe de Estado

viernes, 15 de noviembre de 2019

Comunicar el impacto de la crisis climática a través de la fotografía

‘Climate Visuals photography award 2019’, un proyecto gestionado por Climate Outreach, publica las imágenes ganadoras y finalistas de la edición de este año

 Las imágenes tienen la capacidad de llegar hasta donde las palabras no alcanzan. A través de una imagen es posible transmitir a las personas la gravedad que supone la crisis climática para los seres humanos.

Este es el propósito de Climate Visuals, un proyecto gestionado por Climate Outreach, la principal organización europea de comunicación sobre el clima, que nació hace 15 años con el objetivo de visibilizar los efectos del calentamiento global más allá de las habituales estampas de osos polares o glaciares que se derriten. A continuación reproducimos las imágenes ganadoras y finalistas:

Más iformación: https://www.climatica.lamarea.com/comunicar-el-impacto-de-la-crisis-climatica-a-traves-de-la-fotografia/

Un hombre mira a través de una puerta, que unas horas antes conducía a otra habitación de su casa. El mar, que ha ido subiendo y erosionando la orilla, destruyó los cimientos de la casa y se derrumbó en el mar. Naciones Unidas nombró Saint Louis como la zona más amenazada por el cambio climático en África. Guet Ndar, donde esta familia tiene su hogar, es una comunidad pesquera muy poblada, donde los pescadores han notado grandes cambios. Dicen que el océano solía estar a gran distancia a través de la playa durante las mareas bajas; ahora rodea sus casas. También han comprobado un aumento en vientos y tormentas extrañas, haciendo su trabajo en el mar más peligroso y volátil. Muchas personas han perdido sus casas. Imagen tomado el 19 de marzo de 2015.
Greta Rybus /Climate Visuals Photography Award 2019
Los cargadores de camiones Manju Rejiwal, a la izquierda, y Suresh Rejiwal, a la derecha, levantan una cesta llena de coque para llevarla a un camión para su transporte en la fábrica de Lakshmi Hard Coked, en Baliyapur, a las afueras de Dhanbad, Jharkhand, India. Durante el proceso de coquización, el carbón se calienta a más de 1000 °C para eliminar los compuestos volátiles y dejar el carbono puro o el coque, que es esencial, entre otras cosas, para la fabricación de acero. Ni los trabajadores ni el medio ambiente están protegidos de los subproductos de este proceso altamente tóxico. Imagen tomada el 25 de octubre de 2018.
Ann Johansson / Climate Visuals Photography Award 2019
Unos niños empujan una bicicleta cargada de bolsas de carbón en la carretera principal de Dhanbad, Jharkhand (India). Todos los días, hombres y niños empujan bicicletas sobrecargadas de carbón en las calles de Dhanbad. Una bolsa de carbón puede llegar a costar entre 150 y 160 rupias, algo más de 2 dólares en el mercado negro. Si los transportistas son capturados por la policía, pueden sobornar para salir de este comercio ilegal. Se estima que más del 50% de todo el carbón extraído en Jharkhand termina en el mercado negro. La quema de carbón es uno de los principales factores que contribuyen al calentamiento global. Imagen tomada el el 28 de octubre de 2018.
Ann Johansson / Climate Visuals Photography Award 2019
Shohida Begum posa siendo iluminada por una linterna solar, en un barrio marginal de Lucknow, Uttar Pradesh, India. Begum compró la linterna solar en Pollinate Energy, una empresa que vende productos a personas que viven en comunidades de chabolas de la India. Muchos barrios marginales no tienen electricidad, lo que afecta a lo que se puede hacer cuando oscurece. Algunos hogares de estos barrios roban electricidad de la red eléctrica, pero la electricidad que tienen es esporádica. Las luces alimentadas por energía solar solucionan esta falta de electricidad segura. Imagen tomada el el 11 de noviembre de 2018.
Ann Johansson / Climate Visuals Photography Award 201
Una familia de refugiados de la región semiárida del nordeste de Brasil conocida como Sertao, intenta escapar a la lejana megalópolis de Sao Paulo. Imagen tomada 29 de octubre de 1998.
Ricardo Funari / Climate Visuals Photography Award 2019
Obgerel, de 29 años, llora mientras sostiene en brazos a su hija Suikhan, de tres meses de edad, que sufre de complicaciones respiratorias en una unidad de emergencia pediátrica en uno de los hospitales de la ciudad, en la capital, el 21 de enero de 2019. Ella explica que había llevado a su hija al hospital el día anterior y que cuando llegó, el bebé apenas podía respirar. Un número cada vez mayor de niños y niñas padecen enfermedades relacionadas con las vías respiratorias, lo que hace que las infraestructuras sanitarias lleguen al límite en Ulaanbaatar. Imagen tomada el 21 de enero de 2019.
Siegfried Modola / Climate Visuals Photography Award 2019
El 22 de marzo se produjeron graves inundaciones en la provincia iraní de Golestán. Las inundaciones del Golestán, causadas por las fuertes lluvias que comenzaron el 19 de marzo, afectaron a un total de 10 ciudades del noreste de Irán (las ciudades de Gorgan, Bandar Turkman, Azad Shahr, Aq Qqala, Gonbad-e Kavus, Bandar-e Gaz, Ali Abad, Kalaleh, Kordkuy, y Minodaasht). Estas fuertes lluvias en Golestán no tienen precedentes, ya que el 70% del promedio anual de lluvias cayó en las primeras 24 horas. En las provincias de Golestán y Mazandrán, se confirmó la muerte de 11 personas y un número estimado de 20 heridas. Imagen tomada el 21 de marzo de 2019.
Kianoush Saadati / Climate Visuals Photography Award 2019
En los últimos años, la marejada -el aumento del nivel del agua por encima de los niveles de las mareas que pronostica la astronomía- ha comenzado a afectar a la ciudad hasta dos veces al día, lo que ha dado lugar a frecuentes inundaciones de zonas residenciales y comerciales. Si las cosas siguen empeorando, la mayor parte de la zona de Chittagong podría quedar completamente sumergida en un futuro próximo. En esta imagen, una familia viendo la televisión en una casa inundada y esperando a que el agua retroceda. Imagen tomada el 15 de julio de 2014.
Photograph: Jashim Salam / Climate Visuals Photography Award 2019   .











miércoles, 13 de noviembre de 2019

Mirador

Resultado de imagen de Jeff Faust
Jeff Faust

Ese es un horizonte que hace decir:

"Yo porto la soberbia
las rojas plumas del orgullo
robadas en el nido mismo del fuego."

Que hace decir:

"Soy grande y hermoso
y satisfecho de lo que puedo hacer
como el más pobre
como el peor de los hombres."

Que hace decir:

"A nada temo sino a la cobardía
nada me hace llorar sino el amor"

Roque Dalton

Italia se convierte en el primer país que incluye el cambio climático como asignatura obligatoria

Hemos incidido en numerosas ocasiones, en lo importante que es educar a las próximas generaciones en valores y principios que les hagan ser personas de provecho en la sociedad que nos ha tocado vivir.
 La educación y la enseñanza no son otra cosa que concienciar y hacer reflexionar sobre las actitudes que se deben tener ante la vida y, deben reinventarse y adaptarse a las necesidades que demandamos y que van en función de las evoluciones y las involuciones que sufrimos como colectivo.

Italia se convierte en el primer país que incluye el cambio climático como asignatura obligatoria 2

 Al igual que de unos años a esta parte, se ha considerado de extrema necesidad impartir educación soble la sexualidad y la diversidad en las aulas, o hacer campañas en contra del bullying o la violencia machista, hay que hacer un llamamiento urgente para salvar el planeta.

Por eso, ahora, Italia se ha convertido en el primer país que va a convertir el cambio climático en una asignatura obligatoria que entrará a formar parte de los programas académicos.

Cuando inicie el ciclo escolar 2020, Italia incluirá horas de enseñanza sobre problemas medioambientales; de acuerdo con el Ministro de Educación, Lorenzo Fioramonti, el plan de estudios anual incluirá 33 horas dedicadas a la crisis climática.

El tirón mediático mundial de jóvenes como Greta Thunberg, son reflejo de que las nuevas generaciones perciben la invasión de plástico en los océanos, la cantidad de especies en extinción, la contaminación en las grandes urbes o el mal uso del reciclaje, como problemáticas presentes que están repercutiendo en un futuro que pinta catastrófico.

Además, también se ha pensado en que materias tradicionales como geografía, matemáticas o física, se impartan desde una nueva perspectiva vinculada al desarrollo sostenible.

Para guiar el proyecto, el ministerio ha reunido a científicos expertos como Jeffrey D. Sachs, director del Centro para el Desarrollo Sostenible de la Universidad de Columbia y el teórico económico y social estadounidense Jeremy Rifkin.

Lorenzo Fioramonti declara, “Quiero hacer del sistema educativo italiano el primer sistema educativo que coloque al medio ambiente y a la sociedad en el centro de todo lo que se aprende en la escuela”.

Italia se convierte en el primer país que incluye el cambio climático como asignatura obligatoria 1

El tirón mediático mundial de jóvenes como Greta Thunberg, son reflejo de que las nuevas generaciones perciben la invasión de plástico en los océanos, la cantidad de especies en extinción, la contaminación en las grandes urbes o el mal uso del reciclaje, como problemáticas presentes que están repercutiendo en un futuro que pinta catastrófico.

Además, también se ha pensado en que materias tradicionales como geografía, matemáticas o física, se impartan desde una nueva perspectiva vinculada al desarrollo sostenible.

Fuente: https://culturainquieta.com/es/sostenibilidad/item/16160-italia-se-convierte-en-el-primer-pais-que-incluye-el-cambio-climatico-como-asignatura-obligatoria.html

José Mújica sospecha que el litio boliviano, el nuevo "oro blanco", está detrás del Golpe de Estado a Evo Morales

https://digitalsevilla.com/wp-content/uploads/2019/11/litio-boliviano.jpg

Litio en Potosí (Bolivia)

Una semana antes del Golpe de Estado a Evo Morales en Bolivia hubo fuertes protestas en el salar potosino de Uyuni, la región donde se cree que está la mayor reserva mundial de litio.

La población pedía mayores beneficios de la explotación de tan importante y preciado metal que se usa para fabricar baterías de millones de móviles, por ejemplo.

Según recoge el portal urgente24, el presidente de Bolivia emitió un decreto en diciembre de 2018 que autorizaba una sociedad mixta entre la estatal Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB) y la alemana ACI Systems (ACISA) para la explotación del litio.

Las comunidades bolivianas solo recibirían un 3%, mucho menos que lo que ocurre en Argentina y Chile. Por su parte, la empresa alemana se desligó de ese porcentaje.

Telesur informó en junio que Evo estaba “decidido a industrializar Bolivia y ha invertido grandes cantidades para garantizar que el litio se procese dentro del país para exportarlo solo en forma de valor agregado, como en baterías”.

Pero ante las protestas en la región, Evo derogó finalmente su decreto el 3 de noviembre pasado.
ACISA, la compañía alemana que proporciona baterías a clientes como Tesla, mostró su sorpresa por la retirada del decreto.

La cancelación del pacto abría un nuevo periodo de negociación con términos que dieran más beneficios a los ciudadanos o la nacionalización directa de la industria boliviana de extracción de litio, que duplicará su demanda en 2025.

El valioso mineral se extrae sobre todo en Australia, Chile y Argentina. Bolivia tiene 9 millones de toneladas que todavía no se han extraído comercialmente, la segunda cantidad más grande del mundo. Todavía no se ha encontrado la forma práctica de extraerlo y venderlo.

Si sigue la crisis política, según el portal Common Dreams, Bolivia tendrá dificultades para desarrollar las baterías por su cuenta justo en el momento de expansión del negocio mundial de este producto para la producción de coches eléctricos.

Curiosamente, tras la derogación del acuerdo, la empresa alemana afirmó que estaba “segura de que nuestro proyecto de litio se reanudará después de una fase de calma política y aclaración”.

Horas después comenzó el Golpe de Estado en el país hispanoamericano.

Mújica, el presidente uruguayo, ha dicho sobre esta coincidencia: “Bolivia es muy rica, se dice que tiene el 70% del material imprescindible para hacer las nuevas baterías. Todos sabemos que en el mundo hay un cambio energético. No estoy acusando, porque no tengo pruebas, estoy desconfiando, por la historia”.

Por su parte Toplansky afirmó sobre el país hispano: “Bolivia es de los países de Latinoamérica que tiene mejor crecimiento, menor inflación, además descendió la pobreza y la indigencia en un 25%, recuperó los hidrocarburos y ha comenzado a explotar el litio, considerado el mineral del futuro”.


Fuente: https://digitalsevilla.com/2019/11/13/jose-mujica-sospecha-que-el-litio-boliviano-el-nuevo-oro-blanco-esta-detras-del-golpe-de-estado-a-evo-morales/

martes, 12 de noviembre de 2019

Tránsito de Mercurio

Tránsito de Mercurio y protuberancias. Foto de James McCarthy. Instagram @cosmic_background

Bolivia y el golpe de estado neoliberal

La derecha latinoamericana ansía acabar con la totalidad de proyectos de cambio progresista que durante las últimas décadas dominaron la geopolítica continental.

Foto: Eneas de Troya
Foto: Eneas de Troya
Octubre fue un mes cargado de futuro para América Latina. Las elecciones en Bolivia se producían entre las protestas populares en Ecuador y en Chile y éstas se sumaban a las que se daban las últimas semanas en Honduras o Haití. Elecciones había igualmente en Argentina y Uruguay que suponían una reafirmación mayoritaria de las opciones progresistas. Todos estos acontecimientos, que ya se extienden hasta el mes de noviembre suponen una convulsión política y social que no se veía desde hace años en el continente latinoamericano.

Pero en la mayoría de los casos hay una constante que permite entender la situación. El agotamiento de la reimplantación del modelo neoliberal en algunos países choca con el intento de las oligarquías por recuperar o mantener sus privilegios y poder. Las nuevas medidas privatizadoras de sectores estratégicos, incluidos otros sociales como educación o sanidad, de adelgazamiento y endeudamiento de los estados y de aumento de precios que repercuten en las grandes mayorías, tienen como consecuencia directa el empobrecimiento de éstas últimas.

Simpatizantes de Evo Morales son reprimidos en La Paz. 
Simpatizantes de Evo Morales son reprimidos en La Paz.  Imagen: AFP

La derecha latinoamericana ansía acabar con la totalidad de proyectos de cambio progresista que durante las últimas décadas dominaron la geopolítica continental. Para ello, con la ayuda de organismos internacionales como el FMI, entraron en una dinámica veloz y feroz de reimposición de medidas propias del neoliberalismo hasta causar el agotamiento en la capacidad de resistencia de las distintas sociedades.

Ese es el origen hoy de las protestas sociales que recorren el continente. Y es importante tenerlo presente para entender lo que en estos días acontece en Bolivia, incluido el intento de golpe de estado y la posterior convocatoria de nuevas elecciones para frenar éste último y el posible derramamiento de sangre. Este país representa, en cierto modo, una isla en el panorama de reinstalación del neoliberalismo. De alguna forma, los grandes cambios operados durante el gobierno de Evo Morales, que han supuesto una mejora innegable de las condiciones de vida de la población, son el espejo en el que el fracaso neoliberal se ve reflejado día a día.


Los datos muestran la evidencia, en gran medida, de estos cambios. El estado recuperó el control de muchas de las empresas estratégicas que se habían privatizado, como los hidrocarburos, la electricidad, aeropuertos, telecomunicaciones y esto supuso un aumento enorme de los recursos públicos. Éstos a su vez se han enfocado prioritariamente a la disminución de la brecha de la desigualdad, llevando a cabo una redistribución de los recursos hacia los sectores más pobres.


Ya despegó el avión de la Fuerza Aérea Mexicana con Evo Morales a bordo. De acuerdo a las convenciones internacionales vigentes está bajo la protección del de México. Su vida e integridad están a salvo.
 Así se consiguió que la pobreza y la extrema pobreza hayan disminuido en estos años en más de un 20%, o que la UNESCO declarara a Bolivia libre de analfabetismo. El famoso PIB se incrementó en más de un 4% y la economía boliviana en los trece años de gobierno progresista ha crecido de media anual casi un 5%. Datos que para sí quisieran no solo el resto del continente, sino también la mayoría de los países europeos. Un mal ejemplo para el neoliberalismo pues demuestra que puede haber alternativa a ese modelo que se pretende hegemónico.

Pero, complementariamente, otros grandes cambios, no económicos, se han dado en la realidad social y política de este país. El afianzamiento y extensión de la democracia participativa y comunitaria, la disminución de la desigualdad de género y generacional, el protagonismo de los movimientos y organizaciones sociales, son algunos de ellos.

En el otro lado de este panorama se ubican principalmente los sectores, nacionales e internacionales, que perdieron el poder político y parte del económico en 2005. Intentaron durante los primeros años del proceso reventar el mismo utilizando todos los medios a su alcance, incluidos los de comunicación (privados en más de un 90%). El sabotaje económico, el separatismo inventado, el golpe de estado o el boicot al proceso constituyente fueron herramientas antidemocráticas para acabar con la nueva etapa.

Su debilidad les hizo retirarse en cierta medida y ahora se presentan como defensores a ultranza de la democracia y mediante los viejos métodos de las dictaduras (racismo y persecución contra organizaciones sociales, secuestro de medios de comunicación, violencia y ataques a las instituciones y a los liderazgos populares…) tratan de acabar con un gobierno elegido democráticamente (47%) y con el proceso de cambio antes descrito.

Cuentan con aliados poderosos como son la OEA, los EE.UU. y la misma Unión Europea que han mantenido un hipócrita silencio ante el golpe de estado pretendido, dándole la cobertura internacional necesaria mientras miran para otro lado ante las masivas protestas populares en países como Haití, Ecuador o Chile, donde el modelo neoliberal se cuestiona desde sus raíces. Para dar solución a esta difícil situación, para cumplir con los compromisos adquiridos, para frenar el golpe de estado y, sobre todo, para evitar el derramamiento de sangre, el gobierno convoca nuevas elecciones. Veremos siguientes acontecimientos.


Fuente: https://www.elsaltodiario.com/bolivia/bolivia-y-el-golpe-de-estado-neoliberal

Más información: En Bolivia solo existe el poder de las armas

lunes, 11 de noviembre de 2019

Bernardo Atxaga: «Qué gran cosa es pensar, qué libertad. La cabeza se puede mover por un espacio infinito»


Quedamos de mañana con Bernardo Atxaga en la iglesia de Asteasu, su pueblo natal, a media hora de San Sebastián. Sería Obaba, la aldea de fábula de algunas de sus novelas. Se han apuntado a pasar el día el periodista Karlos Zurutuza y el fotógrafo Andoni Lubaki. Hemos quedado para hablar sin un objetivo definido, de todo un poco, y nos explica que, para orientar la conversación, o desorientarla, ha pensado en dar un paseo siguiendo la idea del mandala, como si los caminos del pueblo formaran uno: «Es un círculo, pero no pasas siempre por el mismo sitio, porque aquí ha vivido gente desde hace miles de años; en cada lugar puedes ir a muchos, sería rarísimo no poder ir hasta donde queramos». 


Confiaremos en el poder de la evocación y la palabra. Antes de empezar a caminar ya nos dice que nos fijemos en la casa que tenemos delante.

¿Quién vivía en esta casa?
En un tiempo, entre el XVIII y el XIX, vivió Juan Bautista Aguirre, Agirre Asteasukoa, un escritor en lengua vasca. Más tarde, cuando la tercera guerra carlista, el general Lizarraga, del que habla Valle Inclán en una de sus novelas, y supongo que también Baroja, aunque de esto no me acuerdo. También lo cita uno de los grandes escritores en lengua vasca, Orixe, en un libro sobre el cura Santa Cruz. De modo que mirando a esta casa podemos viajar mentalmente hacia las guerras carlistas, Valle Inclán, Juan Bautista Aguirre, hacia un sinfín de temas. Para mí es importante ser consciente de esta multiplicidad, porque una de mis ideas básicas de literatura y de la vida es la eterna, imposible, lucha contra el estereotipo y los lugares comunes. Cuando por ejemplo tú dices que aquí vivió Juan Bautista Aguirre, que era cura, la gente se hace una idea, cubre su vacío, la ignorancia, con un estereotipo, y se lo imagina dando misa y llevando una vida pía. Luego lees lo que escribe y ves que lo hacía muy bien, algunas veces con humor, y que era mucho más racionalista que todos los que había alrededor. 

Siempre me ha llamado la atención en el País Vasco la importancia de la casa, tiene un nombre y es un lugar muy importante.
En Escocia o en Irlanda o en Cataluña las casas toman el nombre de la persona que vive ahí, como Mac algo, por ejemplo; en Escocia significa ‘casa de’. Aquí es lo contrario, la gente toma el nombre de la casa. De forma que es Etxabe porque venía de una casa que se llama Etxabe, o Aranguren porque la casa era Aranguren. La casa es la que da identidad a las personas. Los apellidos, aquí, son casi siempre topónimos. En cambio, en español son patronímicos: López, hijo de Lope, Fernández, hijo de Fernando… ¿Tiene eso tiene peso en una configuración mental? Quizá, no lo sé. Por ejemplo, cuando fui a Estados Unidos, me sorprendió enormemente que la gente se desprendiera de las casas igual que del coche, y me parecía chocante, como la facilidad con la que te dejaban la casa. Un antropólogo, William Douglass, analizó en un libro, Muerte en Murélaga, cómo eran los ritos de la muerte en este pueblo vizcaíno [Aulesti, en euskera, n. del a.] y habla de lo contrario, de la resistencia de la gente a entrar en la casa de otro. Cuenta una historia: tenía televisión, y un día que daban el combate de Cassius Clay contra Sonny Liston invitó a algunos hombres del pueblo a que fueran a verlo con él. Pero se sentían tan violentos que en el segundo asalto dijeron que se tenían que ir, porque estaban en casa ajena, y no podían con eso. O sea, que lo de la casa sí habrá influido, no sé…

Tienes miedo de entrar ya en los estereotipos vascos con lo de la casa…
Creo que en el País Vasco lo de la casa tiene mucho que ver con los siglos XVI y XVII. ¿Qué ocurre? Que llega el maíz de América y el maíz permite que se plante en zonas altas de montaña. Es entonces cuando aparece el famoso caserío, aunque parezca que viene del Paleolítico, pero no, es de los siglos XVIXVII. Por eso se pinta de blanco, con cal, como profilaxis, como en Andalucía. Probablemente la idea de la casa como lugar central nace a partir de esa época. Si vives aislado en una montaña, la casa es el centro del mundo para ti, casi no puede ser de otra manera. Es una especie de fatalidad geográfica. Si vives en la calle tal de Vitoria, 2.º E, pues sí, es tu casa, pero no tiene esa centralidad del caserío de la montaña.

Te defines por la comunidad, de la familia de la que sales; el individuo es secundario, queda diluido.
Sí, la comunidad ha sido extraordinariamente importante. En Estados Unidos uno se da cuenta de lo que les cuesta crear comunidad. Es asombroso. Y visto desde aquí, a mi modo de ver, patético. Son este tipo de realidades que jamás entran en esos índices generales de bienestar que se publican en los periódicos. Por ejemplo, yo vivía en un barrio de Atlanta, y la única comunidad que existía como tal era la que se ocupaba de las señales de tráfico. Estuve un año y las únicas reuniones a las que asistí fueron por el asunto de las señales. Cuando, años más tarde, estuve viviendo en Reno, los profesores de la escuela pública hacían todo lo posible para que existiera la comunidad, montaban reuniones, fiestas y conferencias. Pero, imposible, no iba casi nadie. Mis hijas, que entonces eran pequeñas, preguntaban: «¿Adónde se van los niños americanos después de la escuela?». Normal que lo preguntaran, porque no se los veía por ningún sitio. 

Aquí, en cambio, la comunidad ha sido extraordinariamente fuerte. Ha sido fuerte en todas las zonas rurales. Ocurre lo de siempre, que lo básico, la infraestructura, te obliga a una forma de vida. Si vives en un pueblo es fundamental que haya una sociedad, una comunidad que en el caso, por ejemplo, del incendio de una casa, reaccione y ayude.

He vivido en un pueblo de Extremadura, Viandar de la Vera, porque, aquí donde me ves, he viajado a muchos sitios [risas]. Hubo un incendio y ese día me di cuenta de cómo estaba de organizada aquella comunidad. Fue extraordinario. Se dio la voz de alarma en plena noche, de cantón en cantón, y luego en un santiamén se organizó una cadena humana para acarrear agua. En la ciudad y la vida moderna la comunidad no tiene esa importancia. Sobre todo después de la televisión, que creo que es lo que ha cambiado completamente el mundo. Cuando la gente pone la televisión y se encierra en casa, la comunidad se debilita mucho.

[Al lado de la casa de la que hemos hablado hay un pequeño arco de piedra, y Atxaga quiere hacer una parada. Dice que es muy importante para él].

¿Por qué?
Siempre se me dijo lo importante que es pensar. Y dices, efectivamente, qué gran cosa es pensar, qué libertad. La cabeza se puede mover por un espacio infinito. Cada vez me resulta más fascinante. Por ejemplo, cuando piensa en este puente. Resulta que sirvió de modelo para representar, en el belén de la iglesia del pueblo, la entrada de Jerusalén. Tenía la forma de este puente, y aparecía rodeado de soldados romanos. Pasó el tiempo y leí un poema extraordinario que deberías leer, de un poeta realmente raro, Juan Eduardo Cirlot, «Momento». En ese poema viene a decir: «Escribo a pesar de que estoy triste, mi tristeza debe provenir de hace mucho tiempo, porque recuerdo que cuando era centurión en Roma…». Entonces, cuando leí ese poema, el puente, los romanos, mi pueblo natal y el poema de Cirlot y el surrealismo, todos esos elementos se empastaron. Esa idea ha sido crucial en mi vida, porque Obabakoak, por ejemplo, viene de ahí, de ese pensar capaz de viajar en todas direcciones a la velocidad del rayo.

Eso también habla de la necesidad de mitos.
La necesidad de los mitos, la fatalidad de los mitos, un gran tema.



Tu lucha es contra los estereotipos, pero los mitos, ¿qué son?
Lo mismo. El mito es una forma estereotipada de ver lo real, indudablemente. Lo que ocurre es que tiene una acepción noble cuando se relaciona con la poesía. Dice Lichtenberg que para que exista fuego tiene que haber un espacio, tiene que haber un vacío; sin espacio no hay fuego. El mito surge porque la ignorancia crea un espacio que se rellena con lo que se necesita, con lo que se quiere o con lo que sencillamente más a mano está. Entonces, los mitos son una especie de morcilla antropocéntrica, un relleno. 

Por ejemplo, Quevedo fue Quevedo, tiene una obra y ahí lo tenemos, es real. Pero lo que luego se dice de él, los chistes y las genialidades que se le atribuyen, el aura con que se le rodea, su leyenda, va creando otro Quevedo. Sería una llama, digamos, que el espacio vacío hace que crezca. Pasa también, en el mundo vasco, con Axular [Pedro de Aguerre, conocido como Axular, sacerdote y escritor navarro que vivió entre los siglos XVI y XVII y escribía en euskera, es uno de los primeros autores de referencia en esta lengua, n. del a.]. Vas a la Baja navarra y te cuentan cantidad de historias maravillosas sobre él.

Hay una parte que me hace gracia de su historia. Él estudió en Salamanca y allí se le relaciona con la cueva de Salamanca, un lugar secreto de magia. Tengo curiosidad por saber si aprendió allí cosas que luego se trajo aquí, o llevó allí lo que quizá ya sabía, porque venía de una zona de muchísima brujería, la de Zugarramurdi.
Seguro que hubo intercambio, él, que era un hombre muy inteligente, seguramente se interesó. Además, era católico, no protestante, tenía más tendencia a creer en brujas. En cualquier caso, su obra tiene relación con la de Fray Luis de Granada, Son autores deliciosos.
[Hemos seguido caminando, rodeando la iglesia y, subiendo una pequeña cuesta, nos paramos delante de una casa de factura noble].

¿Qué le pasa a esta casa?
Te vas a llevar una sorpresa. A esta casa vino a vivir un pintor de San Sebastián, bastante estimable, Ángel Cabanas Oteiza. Su hijo también fue pintor, Juan Cabanas Erausquin. Nació aquí. Era un señorito. Tiene cuadros semicubistas, pero también otros que dirías que son de la escuela vasca, igual que los de su padre. Lo típico: caseríos, la boina, el paisaje verde. Pero pinta también un cuadro muy famoso, un águila negra, de frente, con castillos alrededor, el yugo, las flechas, ¿te suena? ¡Toda la iconografía falangista, franquista, la hizo Cabanas Erausquin! El artista, el creativo —que se diría ahora— del franquismo, fue él. Y nació aquí. Era de aquí. Tuvo el primer coche que se vio en el pueblo, un descapotable rojo. Era de la caterva fascistoide del País Vasco, cuya cabeza visible era, creo, Aizpurúa, el arquitecto que diseñó el Naútico de San Sebastián, que luego durante la Guerra Civil fue fusilado por los republicanos. A los vascos de ahora no les gusta que se hable de ellos y les digas que también eran vascos Les hablas de Juan Bautista Aguirre y todos contentos. Pero hablas de este asunto de los fascistas del lugar y prefieren no enterarse, seguir con la leyenda de que todos los vascos fueron buenos y demás. No quieren precisiones. Pero es necesario que seamos precisos. La precisión siempre tiene grandeza, porque pincha los globos tontos y retóricos. Pero, claro, ya lo dice Bertolt Brecht en el poema, a nadie le gusta que le hablen del árbol torcido.

Paulino Uzcudun también era de por aquí y también anduvo con los falangistas, ¿no?
Era de Régil, del otro lado de esa montaña que ves ahí, el Hernio. Mi padre lo conocía ya de joven. Era famoso por sus peleas en las romerías. En principio las peleas solían ser lurrera botatzera, es decir, que ganaba el que tumbaba al otro en el suelo. Por lo visto, los había mejores que él en esa clase de lucha. Pero Uzcudun provocaba al contrario insultándole gravemente, hasta que lograba que el insultado empezara a golpes. Ese era su terreno, los golpes, y casi siempre daba más de los que recibía. Uzcudun dejo de ser querido muy pronto. Al principio, cuando ganó el Campeonato de Europa, le hicieron hasta canciones, fue muy popular, pero luego cogió muy mala fama. Le gustaba andar con la realeza y la gente de la Corte, los llamados Grandes de España. Luego se apuntó a la Falange, y, al parecer, formó parte del comando que quería liberar a José Antonio. Se cuentan historias terribles de él en la guerra, que yo no sé si son ciertas. Bueno, en Días de Nevada cuento cosas. Aparte de todo, fue un desclasado. Según cuenta un narrador oral de Régil, ni siquiera en su época de gloria era querido por sus paisanos. Los niños, en concreto, lo detestaban. Volvía al pueblo en uno de sus Hispano-Suiza después de una de sus giras por América, y no les traía ni un miserable caramelo. Le escribieron una «autobigrafía» antes de la guerra, la cosa más pringosa y basta que he leído en mi vida. 

Hablando de los mitos, era como un supervasco.
Entra dentro de otro estereotipo, el del vasco como un ser primitivo, indígena, no romanizado y demás. Cosas de señoritos o de historiadores a los que Heródoto castigará cuando los vea en el otro lado. A Sánchez Albornoz lo castigará seguro, por las paridas que dijo sobre la no romanización de los vascos. Son, por otra parte, las tonterías que les gusta creer a los señoritos que, como escribió Colette de la gente de París, les basta vivir en una ciudad grande para sentirse marquesitos.

A Uzcudun, en las crónicas, le llamaban «el hombre-cromañón». En su caso, cuadraba bien con la mitología simplona del deporte. Su equivalente en Italia fue Primo Carnera, el boxeador de Mussolini. Pero Primo Carnera, dicen, era inocentón y de buenos sentimientos. Esa es la diferencia con Uzcudun.

Una curiosidad, con esa cercanía con la frontera, ¿hubo por aquí conexiones con las redes que ayudaban a escapar a los nazis a Sudamérica tras la Segunda Guerra Mundial?
Todo lo contrario. En esto hay una historia de la que mostrarse orgullosos. La explica muy bien Carlos Jiménez de Aberasturi en su libro Vascos en la Segunda Guerra Mundial. Lo que existió aquí fue la red Comète, que pasaba a los aviadores aliados que caían en tierra holandesa o francesa. La creó una mujer belga, Andrée de Jongh, Dédée. Había que traer a los pilotos hasta la frontera del Bidasoa, y el problema era atravesarla. Ahí aparece Goikoetxea

¿Goikoetxea?
Florentino Goikoetxea, un campesino que se convirtió en «pasador». Es una historia maravillosa. Incluso existe una película basada en él, interpretada por Anthony Quinn, The Passage. Por decirlo así, él era el último eslabón de la cadena salvadora, aunque Dédée, que debía de ser una mujer extraordinaria, se sumaba muchas veces a la travesía. Pasaron a casi trescientos pilotos. Los nazis los odiaban, sabían que pasaban la frontera y de aquí los llevaban a San Sebastián y Bilbao, luego a Gibraltar, y de allí a Inglaterra. Descansaban un poco y otra vez al avión, a bombardear Alemania, porque los que eran capaces de hacerlo eran pocos, gente muy especializada. Ten en cuenta que entonces apenas había instrumentos para orientarse de noche. Por eso era importante recuperar a los pilotos. 

Florentino Goikoetxea fue condecorado por la reina de Inglaterra, ante la que se presentó, al parecer, con un traje prestado. El Capitolio le concedió otra medalla. A Hernani vinieron soldados británicos de Afganistán hace unos años a hacerle un homenaje. Siempre fue una persona humilde, un campesino. Vivió en Francia sin pasaporte, y era el barrendero del pueblo. Cuando le hicieron el funeral, las banderas francesas ondeaban por todas partes. 

[Seguimos el paseo yendo hacia el pórtico de la iglesia. En realidad, tampoco hemos caminado mucho, porque no paramos de hablar]



¿Qué estereotipos vascos te fastidian más?
Ahora ya, en el kilómetro 35 de la maratón de la vida, la mayoría me resultan indiferentes, me aburren. He padecido muchos estereotipos. He andado por la literatura como el protagonista de la novela del escritor nigeriano Amos Tutuola, Mi vida en la maleza de los fantasmas. Cuando empecé a escribir en euskera, a publicar, y sobre todo cuando empecé a ser traducido, me sentí realmente como si fuera un insecto y me clavasen alfileres, estereotipos. Todo el mundo veía en mí lo que previamente tenía en su mente sobre los vascos. 

El estereotipo del vasco se forma con dicotomías, como todos, es algo universal. Una de las dicotomías clásicas es sucio-limpio. Los alemanes son limpios, los judíos sucios. Los árabes son sucios; los occidentales, limpios. Los portugueses son sucios; los gallegos, limpios. En esa dicotomía tú vas colocando a la gente como en un ábaco; este a un lado, este a otro. Con los vascos hay otras dicotomías: liberal-carlista, por ejemplo. El vasco es carlista y el que no es vasco, es liberal. El que vive en Asteasu se supone que tiene que ser carlista porque habla euskera, y el que vive en San Sebastián, liberal. Es muy tonto. Aquí en mi casa eran liberales y en San Sebastián, durante muchísimo tiempo, la Diputación estuvo gobernada ya no por carlistas, ¡sino por el Partido Integrista!

El tópico de que todos los vascos eran carlistas.
Así es, que el vascoparlante es carlista. Al igual que es pueblerino. En la dicotomía cosmopolita-pueblerino, el vasco siempre es el pueblerino. Este tipo de clasificación agresiva, casi siempre clasista, aparece en todas partes. Otra dicotomía: oralidad-escritura. Pues para nosotros los vascos la oralidad y la agrafía. Es una variante de lo del primitivismo que citaba antes al hablar de Uzcudun. Rousseau fue el primero en decirlo, que no sé qué pasa con Rousseau, que es el primero en casi todo, me fascina. Fue el primero en darse cuenta de la relación entre primitivismo y oralidad. Cuando leo en algún sitio que alguien afirma que procedo de la tradición oral, pienso que me está llamando primitivo. 

Cuando publicaste Obabakoak te hablarían de una supuesta ausencia de literatura en euskera, supongo.
Efectivamente, que no había. La verdad, cuando pienso en la cantidad de ideas falsas que he tenido que discutir, me parece asombroso. Ahora no podría hacerlo, no tendría fuerzas. «¿Por qué dice usted que tienen tradición?», me preguntaban. Pues porque he leído y me he fijado en cómo están escritos los libros, y porque he ido a la escuela, y porque además hemos rezado, eso es muy importante. En ese sentido, la importancia que tiene este edificio que tenemos delante, la iglesia, es extraordinaria. 

Si has escuchado los sermones y la lectura de la Biblia en euskera, la liturgia en latín, los cantos, las salmodias, si has rezado en voz alta siguiendo el ritmo de las oraciones, todo eso se te queda dentro y eso es tradición, eso te enseña lo que es pertinente a la hora de escribir. Por otro lado, basta haber leído Mimesis, de Auerbach, para saber que las bases de todo lo que se ha escrito son la Biblia y la Ilíada

¿Quién te atacaba por la cuestión de la lengua?
No personas malevolentes. Personas que, a lo mejor, nunca habían oído hablar en euskera. Estaba una vez con Enrique Vila-Matas e Ignacio Martínez de Pisón, nos hacían una entrevista a los tres en Madrid, y la periodista no sabía que yo escribía en euskera. Se lo dijeron ¡y se quedó estupefacta! Me dijo: «¿En euskera? ¿Y todo seguido?» [risas]. 

Y en el País Vasco, ¿cuál es la maleza y los fantasmas que has tenido que atravesar?
El mayor de los fantasmas ha sido por mis opiniones políticas, que no han sido ortodoxas. Nunca me he mostrado independentista. Las pocas veces que me han preguntado directamente, en la radio, lo he dicho: no lo soy. Pues, por respuestas como esa, o las que le di a Txillardegi [José Luis Álvarez Emparanza, Txillardegi, escritor y político, uno de los fundadores de ETA, organización que abandonó a finales de los sesenta, n. del a.] en el debate que tuve hace treinta años con él en Bilbao, me he ido quedando un poco aislado. También con El hombre solo o Esos cielos sufrí rechazos, porque iban en contra de la idea que los ultranacionalistas tienen de sí mismos. Con Esos cielos se hizo una película, que está muy bien. La dirigió Aizpea Goenaga. Se estrenó en Biarritz. Después de la proyección, me dijo mi hermano: «Muy buena película para Corea del Sur o Japón» [risas].
En cualquier caso, lo que mayores problemas me ha dado es mi idea de Euskal Hiria, la ciudad vasca, frente a la de Euskal Herria. Tuve hasta un escrache.

Explica esta idea.
El juego de palabras fue afortunado: pueblo vasco, ciudad vasca. Esa es la idea básica y yo creo que me dejé llevar por ese juego y entonces empecé a pensar. Cuando se habla históricamente de «pueblo» enseguida nos vamos a una idea romántica, de esencia, de estilo de ser, de lo que es genuinamente de un lugar, y de ese núcleo que se llama «nación», que se supone que es una unidad cultural, un núcleo coherente, se va derecho a la búsqueda de una unidad política independiente. Es la teoría del Estado-nación. Pero esa idea para mí no es grata, no es aceptable porque, entre otras cosas, me parece una vez más que se trata de una idea mítica, llena de estereotipos. Se puede hablar de esta lengua, de la otra, se puede hablar de la forma de comer, de lo que es visible, palpable, pero no se puede decir que tu legitimidad viene de algo que nadie ha visto, «la nación». A mucha gente le parece que es algo coherente, como una masa, un núcleo, pero si empiezas a mirar los detalles, se ve que no hay tal coherencia ni tal unidad, sino que se trata de un conglomerado cultural. Esa es mi idea base. Cuando se dice que Euskadi sea aceptada por Madrid como una nación, yo puedo decir: «Vale, de acuerdo, pero también los otros de aquí, o los de Bilbao, podemos decir que en Euskadi hay diferentes naciones, hay gente muy diferente, ideas muy diferentes». 

En cambio, la idea de ciudad no tiene nada que ver con esto, se sitúa al margen de este foco romántico: la ciudad es de quienes habitan ese lugar. No hay nadie más legitimado que otro, no hay un barrio más legítimo que otro en las ciudades. Ya sé que este modo de ver las cosas también tiene algo de mítico, el mito de Atenas, la polis, el lugar en el que confluyen las diferentes tribus y ninguna tiene prevalencia sobre las demás. Pero tiene la ventaja de que inmediatamente se solucionan bastantes cuestiones, cuestiones que ya no son pertinentes, como por ejemplo la de las fronteras. Una ciudad no tiene más frontera que aquella que se establezca a partir de su potencia, de su capacidad de ser centro. De hecho, es lo que está pasando ahora en el país… bueno, hasta que ha venido el Athletic para decirnos que ya no traerá jugadores de La Rioja y que va a cerrar la escuela que tenía en un extremo de Álava precisamente para atraer a los futuros futbolistas riojanos. El Athletic de hoy tiene unas ideas rarísimas, pero no lo voy a decir porque…

Dilo, dilo.
Es totalmente contrario a la idea de Euskal Hiria el hecho de que cierre esa escuela de fútbol, en razón de que los jugadores riojanos no son vascos. Para la Euskal Hiria sería más que deseable que existiera esa escuela y que atrajera no ya a los riojanos, también a los sorianos, a los de Zaragoza, y a todos los de alrededor. Una ciudad debe ser como un buen imán. No debe tener fronteras. 

Esta idea tuya tiene algo de peligroso para algún estereotipo.
Se percibe como no nacionalista. Desde el momento en que dices que es mejor que el concepto de nación no figure, no tiene mucha aceptación. ¿A la gente le parece que es mala idea lo de Euskal Hiria? No creo. Mucha gente, artistas jóvenes, me han dicho que les parece bien, que es más confortable para ellos sentirse miembros de una Euskal Hiria, de una ciudadanía vasca, que de un pueblo vasco, Euskal Herria. Pero para la mayor parte de la gente el planteamiento no es interesante porque, por decirlo rápidamente, no viven mal tal y como están. 

[Hemos ido vagando en torno a la iglesia, una iglesia enorme y majestuosa, entre los niños que juegan, hasta un jardín que hay al otro lado].



Me querías enseñar algo en la iglesia.
Está cerrada. Hay una pila bautismal preciosa, del siglo XV. Tiene el escudo del pueblo; es el del Vaticano, el mismo escudo. La tiara, las llaves… De modo que tenemos que ir bajando a la parte del pueblo que se llama kalea, la calle. Al principio, todos los núcleos urbanos de esta zona de Guipúzcoa estaban en lo alto de las colinas, porque los caminos iban por «arriba», cresteando, para no andar todo el rato subiendo y bajando. Luego, cuando aprendieron a utilizar el agua como fuente de energía y empezaron a surgir las ferrerías y demás, la gente se fue a vivir al valle.

[A medida que descendemos, las casas van desapareciendo y se abre un valle. Nos detenemos a ver un paisaje idílico de prados, bosques, montañas y caseríos].

Ahí está otra vez el monte Hernio.
Es el monte de referencia de la zona. En las fiestas de Hernio, hasta la democracia, las cintas que se vendían eran de todos los colores. Muy bonitas. A mí me fascinaban de niño. Rosa pálido, morado pálido, verde pálido. ¿Qué ocurre cuando viene la democracia? De repente todas las cintas son solo rojas, verdes y blancas, pero no por la bandera de Italia [risas]. Ahí tienes una intervención típica de la idea ultranacionalista en la cultura del lugar. El resultado, una reducción, una pérdida de detalles, indiferencia hacia la tradición, a lo que ha sido la forma de vivir en ese lugar. A mi modo de ver, no es nada beneficiosa la preeminencia de la idea política sobre la cultura, es decir, partiendo de la idea de que toda nación es cultura y que toda nación corresponde a un Estado, ya, ya… pero luego, la idea política reduce. Igual que reduce las cintas de Hernio, de doce cintas de colores diferentes a tres, hace con todo exactamente eso. En realidad, convierte todo en estereotipo, desde ser vascos, la forma de vida vasca…. 

La mitificación del pasado.
Hay un mecanismo mental y teórico. Si te sitúas en el presente y miras hacia el pasado, es como si te situaras en una altura, miras hasta muy lejos y los detalles se pierden. La mirada del presente se convierte en una mirada igualadora. Por ejemplo, es evidente que, si se mira el pasado con seriedad desde 1850 hasta 1930 o más tarde, toda la idea del euskera la defendieron los integristas y los carlistas. No la defendieron porque tuvieran en la cabeza la idea de la nación vasca, ni muchísimo menos, eran totalmente contrarios, llamaban al PNV «bolchevique», fíjate, sino que lo hacían porque creían que el euskera era la salvaguarda de las costumbres de las montañas, un cinturón protector. Cuando lees la historia, tienes que ver los detalles. Hay tantas paradojas… Si la historia se convierte en un cuentecito… ¿Por qué lo hace la gente? Igual porque lo pasa bien, como en los festejos, con esos cuentecitos. 

Sería necesario aportar datos, libros de referencia, una historia aceptada por todos.
Para no parecer hipercrítico, diré que por ejemplo he visto en Euskal Telebista en los últimos años debates que digo, bueno, hay gente que respira diferente y hay gente que está hablando de forma diferente, y veo que la discusión tiene cierta entidad. Igual todo eso se irá hablando. Son mucho mejores los debates de Euskal Telebista que los de, por ejemplo, La Sexta, que me parecen todos una merienda de madrileños.

[Seguimos conversando sobre cómo se ve a los vascos fuera, sobre los estereotipos y la historiografía que también, a su juicio, se crean en España, y en esto Atxaga ve una involución].

Por ejemplo, un caso terrible: el libro El País Vasco, de Pío Baroja, que lo publica la editorial Destino, hacia 1950. Es como otros libros de viaje de esa época. Hay por ejemplo un libro de García Mercadal titulado Por tierras vascas de España y Francia, un libro de 1930 o por ahí. Bueno, pues Baroja metió las siete provincias vascas [Se refiere a las tres de la comunidad autónoma vasca, tres francesas y la actual Navarra, n. del a.]. Pero se reedita el libro en los ochenta y, ¡vaya!, de un plumazo han desaparecido cuatro. Solo dejaron tres, las que conforman la unidad administrativa de Euskadi. Ultranacionalismo español, se llama. 

[Cambiamos de tema porque Atxaga se detiene ante una tapia en la que nos quiere enseñar algo, en un punto donde antes había una puerta con una gatera].

Las historias transmitidas oralmente son de una gran complejidad. En esa tradición a mí lo que más me atrae, a lo que más vueltas le doy, es la de los fantasmas. El mecanismo siempre es el mismo: hay miedo a algo y el miedo crea historias inmediatamente, y normalmente son fantasmagóricas. Aquí el miedo, a finales del siglo XIX, era a los perros rabiosos. La historia que se nos contaba con esta puerta es que detrás de ella solía estar encerrado un niño al que le mordió un perro rabioso. En esa época se creía que la persona mordida se convertía a su vez en perro, y que empezaba a actuar como tal, a ladrar, a arañar, a atacar. Eso ocurría cuarenta días más tarde de la mordedura, porque, por lo visto, la enfermedad tarda cuarenta días en manifestarse. De modo que lo aislaron en la huerta. Entonces, nos decían: «¿Veis la gatera? Pues su madre le traía la comida diariamente, y le metía el plato por la gatera para que no se muriera de hambre». Es una imagen poderosa, ¿no? Naturalmente, es fantasmagórica, nunca debió de ocurrir nada así. Tarkovski haría maravillas con eso. Como en el mundo hay tanto miedo a todo, hay fantasmas por todas partes. Hasta en el desierto hay fantasmas. 

[En ese momento pasa un vecino que saluda. Atxaga cuenta que en su juventud fue un militante comunista. Un día le arrestaron, le llevaron a comisaría y le molieron a palos. Se queda pensativo. Dice que cuando le ve se acuerda, sabe su historia. Pero se gira hacia el valle, mira hacia un lugar lejano y aparece otro recuerdo, vuelve a hablar de otra cosa].

Mira, te cuento otra historia que me emocionó mucho. Es como la que cuenta Vasari. El pintor Cimabue pasó por un pueblo y quedó admirado con un chico que pintaba ovejas con un trozo de carbón sobre una piedra. Le dijeron que se llamaba Ambrogiotto, ‘Ambrosillo’. Se lo llevó con él al taller, y al final aquel niño se convirtió en… Giotto. ¿Pues ves aquella casa cuadrada en la ladera de la montaña? Ahí vivían tres familias y los de ese caserío tenían fama, de toda la vida, de que silbaban muy bien. Uno de los que silbaba bien se fue a trabajar a San Sebastián, de jardinero para la Diputación, y tuvo un hijo al que, como también silbaba muy bien, le enviaron al conservatorio, a estudiar música. ¿Sabes quién era? ¡Pablo Sorozábal! Yo es que soy hijo de maestra y no hay nada que me guste más que la escuela. Nada, nada que me guste más que estudiar o que aprender. Que mi madre fuera maestra también habrá influido. Para nosotros estudiar, la escuela, ha sido increíble, nos ha llevado a un nivel superior de existencia, ni más ni menos.

[Seguimos andando por la carretera, cuesta abajo y haciendo curvas entre prados de hierba. Campas, dicen en el País Vasco. Al final de la pendiente está la parte baja del pueblo, hacia donde nos dirigimos].



Julio Caro Baroja, en su libro sobre las brujas, cuenta que en su infancia, en los años treinta, había gente en su pueblo que había nacido a mediados del xix y tenía un pensamiento absolutamente mágico, que eran de otro mundo distinto, creían que las personas se convertían en animales, en las brujas, en todo lo mitológico. ¿Tú llegaste a conocer ese mundo antiguo? Porque la historia de la gatera…
Yo cogí la última pizca, pero lo he visto con mis propios ojos. Por ejemplo, hemos hablado del perro rabioso. ¿Sabes cómo se enfrentaban a la rabia en aquella época? Llamaban al salutatorea, el ‘saludador’, que vendrá de salud, saludar. La palabra salutatore existe en latín, era un oficio. Cicerón tenía un salutatore, que iba con él y le decía: «Oye, saluda a este, que es hijo de Cayo y tal». Para ser salutatorea tenías que ser el último de siete hermanos y nacer con una señal encima o debajo de la lengua, una cruz, generalmente. Entonces tenías la virtud no para curar la rabia, pero sí para quitar el dolor. Iban donde el enfermo y le lamían la herida hecha por el perro. Esto es completamente mágico. Ese mundo lo he vivido, lo he tocado. Cuando fue lo de la colza, en los ochenta, cuando no se sabía aún qué era, a mí me dijeron en este pueblo que llevara siete dientes de ajo en el bolsillo, que eso ahuyentaba el mal. Yo creo que ese pensamiento mágico perdura, no se pierde, queda un sustrato. No solo aquí. Vas en taxi por Madrid y el taxista, que por ejemplo es de un pueblo de Valencia, de repente te suelta un refrán, una idea, un pensamiento que es del viejo mundo. 

Vuelvo a estos pagos. Una mujer llamada Mikela Elizegi contó a Antonio Zavala, un jesuita que iba por los pueblos recogiendo versos y cuentos, lo ocurrido con su abuela. Le silbaba la respiración y ella decía que probablemente era porque un día se quedó dormida al lado del río y una serpiente se le metió dentro. Como la serpiente silba, pues el silbido era de una serpiente. Dejó dicho que cuando muriera abrieran su cuerpo y sacaran al reptil que indudablemente estaba ahí, dentro de ella. Yo conocí a Mikela Elizegi, que vivió casi cien años, y esa historia me inspiró la del lagarto de Obabakoak. Yo he vivido todo eso aquí. 

Luego cuando vas a la escuela, estudias y entras al proceloso mundo de la literatura, ves que todo el mundo habla de fantasía y realidad como si fueran dos cosas separadas; pero, si uno lo piensa dos veces, se da cuenta de que la anciana que cree que tiene una serpiente dentro no cree que sea una cosa fantástica, no, es su realidad, cree nombrar la realidad. Luego viene el médico de Tolosa y dictamina que la anciana se ha muerto a causa de un enfisema pulmonar. ¿Son comparables las dos versiones? No, para nada. Yo nunca llamaría a una bruja si me silba la respiración; pero la versión de lo real de la anciana tiene un recorrido inmenso en la literatura. Entre otras cosas, te lleva a la historia de la expulsión del paraíso. Yo encuentro en esto una gran belleza.

[Entramos de nuevo por las calles de Asteasu, una calle principal que lleva hasta la plaza. Atxaga se para a saludar gente, conversan en euskera. Le saludan en la carnicería].

¿Es verdad eso de que el mundo vasco fue tierra pagana hasta muy tarde?
Lo he oído muchas veces, pero no estoy muy seguro de eso. Lo que veo es que por aquí pasa un camino real, que baja del monte Hernio. Si ha habido caminos, es muy raro que no llegara el resto del mundo. El camino real era secundario, pero pasaría gente, está cerca el camino de Santiago, estamos muy cerca del mar, ese aislamiento no se produce para nada en el País Vasco. Se produce en lugares que no tienen que ser muy grandes, igual no van mucho más allá de una casa. Es esta casa de enfrente puede haber un señor leyendo a Baudelaire y en la de al lado otro que cree en las brujas. Pero en general esto que hemos oído no me lo creo…

No ves el estereotipo del mundo arcaico.
No. La morcilla de la que te hablaba antes, alimentada por historiadores como Sánchez Albornoz, lo de que los vascos se romanizaron muy tarde y tal. Una bobada. 

Pero ha hecho fortuna.
Ya. Leonardo Sciascia decía que a veces tienen más éxito las ideas muertas que las ideas vivas, al igual que la carroña muchas veces parece más viva que los animales vivos por los cuervos que revolotean alrededor. ¿Cómo va a tardar en entrar el cristianismo estando aquí el camino de Santiago? Por favor. Es que es imposible. ¡Nuestra lengua tiene un 60 % de términos latinos! Es pensar mal en ambos sentidos de la palabra, con malevolencia y de forma equivocada. Igual que lo de la oralidad y la agrafía. Que la gente vaya a Bergara, al museo. Era la población que en su día más suscriptores tenía de la Enciclopedia francesa. Claro, en Bergara había industria, poder adquisitivo.

Hablando de caminos, una cosa que siempre me ha llamado la atención es que en el País Vasco hay muchísimos topónimos, el mapa está lleno de nombres. Cualquier rincón, cualquier paraje, tiene uno. En Castilla, en territorios más grandes, los mapas tienen grandes vacíos, aquí no.
Sí. Últimamente estoy pensando muchísimo en el concepto de distancia, la distancia real, la que tú necesitas para trasladarte de un sitio a otro, y cómo eso marca diferentes territorios. Antes la gente se movía caminando. La distancia era la distancia del caminar, unos veinte kilómetros en cada dirección. Yo atribuyo a esto lo de los topónimos. Es por la distancia en el sentido práctico. Si vas caminando a los sitios, es muy probable que esa casa y aquella se llamen de una manera o de otra. Conviene conocer los sitios, dónde está la fuente, el río, la cueva, y todo esto está marcado por los topónimos. 

Otro de los mitos vascos que se oye en las conversaciones y se da por hecho es el matriarcado. ¿Eso es cierto o no es cierto?
Seguramente es falso. Aquí, por la forma de vida y el tipo de asentamiento en el territorio, por la existencia del caserío, la mujer ha tenido a veces un papel fuerte. Pero tengo mi propia experiencia con el asunto, y fue muy dura. Solía acompañar a mi padre a cobrar la luz por los caseríos, porque mi abuelo tenía una central eléctrica. Durante mi niñez fui muchísimos domingos. Uno de esos domingos, llegamos a un caserío y salió una mujer diciéndonos que no nos podía pagar en ese momento. Mi padre fue muy amable, le dijo que no se preocupara y luego me contó: esta mujer es la única hermana de la casa, es una esclava, la tienen esclavizada sus hermanos, no la dejan salir de casa; tiene que lavar, hacer la comida, tiene que trabajar en la huerta. Cuando salen le echan el candado a la caja del dinero. Entonces, ¿qué?, ¿matriarcado vasco? ¿En qué época? Desde luego en la moderna no, basta pensar en la importancia que ha tenido aquí la religión católica, tan machista. Hasta muy adelantado el siglo XX las mujeres se morían por disimular que estaban encinta, porque se ponían fajas muy prietas. Otras se suicidaban, aquí, en este mismo pueblo. 

Todos estos mitos quizás les hayan venido bien a los vascos como instrumento de defensa, para tener buena opinión de sí mismos. Creo que así ocurrió durante la dictadura franquista, cuando todo lo vasco estuvo a punto de ser destruido, cuando aquí, en el mismo Asteasu, los maestros te pegaban si te oían hablar en euskera. Ahora por fin ha llegado la época de la oxigenación, y la realidad no tiene por qué ser peor que el mito.

[Hemos llegado al restaurante donde Atxaga ha reservado para comer, en el centro del pueblo. Es la hora del aperitivo y está animado. Está en la plaza y comentamos que no han estropeado mucho el pueblo, aunque han construido un polideportivo, con spa y todo. En estos pueblos hay mucho dinero, decimos. Bromeamos acerca de que el estereotipo de que en el País Vasco se vive muy bien es cierto. «Por eso no llegará la revolución aquí», dice él. Nos sentamos a comer. Empezamos a darle al vino].



La comida es muy importante también entre los tópicos vascos.
Estoy hasta el gorro también de ese asunto, del negocio con la comida. Hace poco escribí para la radio la historia de esta niña marroquí, Noura, que trabaja pelando gambas. Quince horas al día. No ve la luz del sol, entra a trabajar a las dos de la madrugada. La entrevistan y dice que a veces cree que es una esclava. Eso está ahí mismo, cruzando el Estrecho. Mientras, en el Basque Culinary Center celebran un festejo para elegir al mejor restaurante del mundo, y todo son chefs de restaurantes con cubiertos de doscientos o trescientos euros. Pues eso, sientes vergüenza de ser europeo, vergüenza de ser vasco. 

Pero, al margen de esa exageración en la sofisticación y el negocio de la comida, aquí se come muy bien, es un estereotipo cierto. Eso no lo desmontarás.
No, no. Pero todo tiene explicaciones. Es que estamos muy cerca de Francia. El vecino de mi padre fue a aprender pastelería a Francia, muchísimos han aprendido allí, que está ahí mismo. Los famosos pasteleros de Tolosa han aprendido de los de Francia. Y la cocina igual. Francia es uno de los factores más importantes, indudablemente. Y luego la comunidad ha hecho que la comida sea un modo de relación importante, las sociedades gastronómicas. Como resultado, se come bien. Pero no es eso, es que yo llevo muy mal lo de las élites, me carga muchísimo. Una vez me invitaron a uno de estos restaurantes famosísimos y carísimos. Solo faltaban las geishas. Lo pasé fatal.

[Hablamos de la obsesión por la comida, de los rituales de los vascos, de si es un mundo cerrado cargado de autocomplacencia…].

Lévi-Strauss decía: «He observado que los pueblos que sobreviven lo hacen por una importante razón, tienen buena opinión de sí mismos». Tener buena opinión de sí mismo es un elemento defensivo de primer orden. Y, como he dicho, aquí el franquismo nos afectó tanto que creó la sensación de que nos teníamos que querer. Evidentemente hay mucha gente que se pasa de rosca en ese asunto, se pasa muchísimo. 

Yo he visto cosas maravillosas en todas partes. Recuerdo una vez en Extremadura, cuando estuve en ese pueblo, Viandar. Un día estaba escuchando la radio y se fue la luz. Había una nube de polvo, una galerna en un mar de tierra. Yo estaba en el balcón viendo aquello y de repente volvió la luz, y en ese justo momento salió de la radio una canción que me dejó conmocionado. Era un aria cantada por Caruso. Coincidió con el momento en que volvió la luz, después de ese silencio. Ese momento, a nivel de existencia, fue una cosa maravillosa.

¿De dónde crees que viene esa idea, que es un poco el origen del nacionalismo, de nosotros somos la hostia? Aquí, incluso, en forma de chiste, con los de Bilbao.
En este país hay elementos objetivos, que existen y están ahí, que nos diferencian de los demás. Es evidente que la lengua es muy diferente. A la gente eso le da la sensación de centralidad. Los deportes, las fiestas, también tienen un punto diferente. Creo que el hecho diferencial es extremadamente importante para la vida, pero no es importante para la política. Son dos elementos completamente diferentes. En política vas a ir a sitios tremendamente peligrosos si vas por la vía de las diferencias; pero para vivir me parece estupendo que las haya. En general, me agrada la variedad del mundo. Viviendo aquí disfruto mucho con las formas heredadas de comportamiento. 

Las cosas de tu casa, una herencia cultural que te viene dada como un regalo.
Cultura sobre todo es forma. Es una forma de vivir. Forma de comer, de cantar, de hablar, de estar… Si uno vive dentro de las formas que ha heredado se siente confortablemente instalado. Soluciona parte de tu vida. No toda, desgraciadamente. 

La fuerza de la comunidad al mismo tiempo puede ser muy opresiva. Hay dos tipos de vascos, los que no salen de aquí y los que están por el mundo, salen disparados, te encuentras vascos debajo de las piedras.
Eso debe de ser una cuestión de qué cosas te afectan y cuáles no. Si tu estándar no es muy alto, aceptas que pasen cosas, puedes vivir en muchos sitios. Pienso en una persona concreta que conocí, homosexual, de uno de los caseríos que hemos visto. Salió de aquí. No era un lugar para él. De esto hace cuarenta años. Ahora sería diferente. Podría vivir aquí tranquilamente.

[Hemos entrado en confianza con las horas, con la comida, con el vino, hemos hecho bromas. Quizá es el momento de sacar el tema que entre vascos siempre se está evitando].

Antes nos hemos cruzado con este vecino, nos has contado que en su juventud estaba en un grupo comunista, le arrestaron. En aquella época, un momento en el que mucha gente entró en ETA, y tú has conocido a muchos también, amigos tuyos. ¿Te llegaste plantear entrar en ETA o en grupos así? Estaba en el aire.
Sí, yo he sido muy próximo, era un mundo cercano. Por lo que yo recuerdo era sencillamente que el mal absoluto era el franquismo. Entonces digamos que contra ese mal absoluto había, por decirlo así, banderines de enganche. Había banderines comunistas, como el de este chico. ETA era otro banderín de enganche, quizás el más importante. Cuando yo era joven tenía cuatro frentes: el cultural, el obrero, el militar y el político, y para mí entonces era realmente tan fácil entrar en la organización como entrar en esa habitación de ahí. El hecho de formar parte de ETA en muchos pueblos era un camino bastante, por decirlo así, transitado. Era muy fácil, estaba ahí. Un compañero mío de escuela, de la infancia, Joxe Arregi, formó parte del comando Madrid y murió por torturas. 

Como esto lo va a leer gente que no es de aquí, quería que me lo explicaras. Ahora que ETA parece que se ha acabado, podemos mirar hacia atrás y ver cómo fue posible, por qué paso, cómo ocurrió.
[Carraspea] Me afecta a la voz cuando hablo de estos temas. Tengo una frontera en mi vida que es franquismo y no franquismo. Durante toda la dictadura yo considero, y lo sigo pensando hoy, que la dictadura era el gran mal, de forma que todas las luchas, incluyendo luchas que igual el tiempo ha demostrado que estaban equivocadas, eran como mínimo comprensibles. Todo lo que pasaba entonces era terrible. Hay mucha gente que, como ya ha pasado un tiempo, lo quiere disimular. Como mínimo era una situación en la que un joven con inquietudes, más dinámico, perfectamente podía acabar encuadrado en ETA. Eso es así, y la prueba está en que en mi época, no sé cómo decirte, no acabaría la lista de la gente que me rodeaba que acabó ahí…

El otro día escuché a un historiador próximo del PSOE. Hablaba de la violencia, y decía que desde el 68 la dictadura ya no era lo mismo… No lo puedo compartir. En el 68, en la Facultad de Económicas, entrábamos en las asambleas en una clase y al salir los grises hacían una fila y nos daban de hostias. Y cosas peores. Lo que digo es que era bastante normal que una persona inquieta acabara en esa historia de ETA. Otra cosa es que analicemos luego qué consecuencia ha tenido para el país. 

Quieres decir que había un componente generacional, de la época, de gente con ideas de izquierdas, revolucionarias, que quería hacer algo. Otra cosa es lo que vino después, las motivaciones que tuvieron más tarde los que entraron en ETA.
Sí, para mí es difícil entender, cuando muere Franco, que los poli-milis decidan dejarlo, y que los milis no lo dejen; para mí ha sido históricamente una cosa incomprensible. Ahora, lo que pasaba en el 68, el 69, por favor [Le vuelve a fallar la voz]. Es curioso, la voz, el efecto psicosomático del asunto. Cuando fui a la facultad en el 68, en Sarriko, había estado Txabi Etxebarrieta hasta el año anterior [Miembro de ETA, autor del primer asesinato de la banda en 1968, n. del a.]. Teníamos siempre andando por ahí a Mari Flor, que no era otro que Amedo, le llamaban así por lo atildado que iba. Solo había dos movimientos de protesta contra una dictadura muy violenta. Uno, el PCE, que tenían agitadores profesionales. Nosotros en la facultad teníamos a Jordi, que era de Barcelona y ni se matriculaba ni nada; era de profesión agitador. Me acuerdo que el día que más hostias nos dieron saltó de la ventana desde una altura de cinco metros y se les escapó. Era el PCE de toda la vida, un militante liberado. Y el otro movimiento era la gente que estaba en la onda de Etxebarrieta, gente que luego entraba en ETA. Y esa era la situación en la facultad. Luego llegaron los maoístas, los chinos, Movimiento Comunista de Euskadi (EMK). Recuerdo que una pareja de esta gente, del EMK, a una hija le pusieron de nombre Octavia, para de pequeña llamarla Octavilla [risas]. 

Recuerdo que a los catorce años, cuando me fui a Andoáin, fue el gran cambio de mi vida: ¡los chicos y las chicas andaban juntos! Y al cabo de unos meses me llamó uno y me dijo: «Oye, aquí hay diecisiete grupos clandestinos y tres son trotskistas». Serían de dos o tres personas. Y me decía: «¡De uno solo hay una célula aquí y otra en Zaragoza!». Fíjate qué extenso, había política y chicas. Aquí se olvida, con lo de la lucha armada, que hasta los carlistas tuvieron grupo armado, los GAC, Grupo de Acción Carlista. Tuvimos a uno durante una semana en el piso de Bilbao. Es que era así, estabas en un piso en Madrid, estabas estudiando y de repente te caía uno: «Oye, escóndeme». Decías que sí, que pasaran allí la noche, y te podías meter en un follón.

Me da un poco de apuro hablar de esto, no sé bien cómo matizar, lo único que puedo decir es que la situación del 68, del 69, era durísima, era infrahumana, era humillante en todos los sentidos, y en esa situación uno se apunta a algo. La mayoría de la gente no se apunta a nada, está pensando en su futuro, pero otra gente un poco inquieta, intelectual, la más lanzada, se va colocando en diferentes banderines de enganche. Y uno de ellos era ETA. Eso era así. 



Se ve que eso lo tienes ahí, porque has escrito mucho sobre esa gente que luego pasó por la cárcel, o lo dejó y no acababa de desengancharse. Que para ti es un mundo que está muy presente, en la necesidad de explicar lo que se piensa desde ese lado y el fracaso.
Nunca pensé, ni quise, ni me parece que he nacido para escribir de esos temas. De hecho, no he vuelto a hacerlo, pero fue algo sobrevenido. Por conocidos, por amigos, por vecinos. Es algo que te rodeaba. Un escritor, en esa tesitura, ¿qué hace? ¿Darse la vuelta? Sé que puede ser terrible para la vida personal entrar en ese tipo de temas, que son abismales. Ahora bien, yo sé que el escritor que recula, ese escritor, está muerto. Un escritor que abandona el frente, bueno, harás poesías, pero eres un escritor muerto. ¿Que pierdas la batalla o que pierdas la pelea? Muy normal. ¿Que lo hagas mal? Muy normal. Yo escribo sobre todo sobre los efectos que ha tenido la violencia en la vida de la gente.
[Le vuelve a fallar la voz] Siempre ponía como ejemplo las bolas estas de acero que rompen los edificios. Me acuerdo de que tú mirabas la casa después del golpe del acero y veías la cocina torcida para un lado, el cuarto de baño para el otro. Y eso es el interior de la gente después del golpe, del golpe que sea, la cárcel, haber matado… Yo quise entrar en ese terreno a partir del material que tenía en mente, a partir de lo vivido. Yo, por ejemplo, decidí escribir El hombre solo cuando la persona que en la novela llamé «Carlos» murió. Fui al funeral y pensé: «Bueno, ahora escribo sobre él, porque antes me daba apuro, cuando estaba vivo». En Esos cielos es una mujer. Cuento lo que ha pasado en el interior de esas personas, pero no es una teorización política. 

Te interesa el etarra como personaje literario, ¿por qué?
Etarras hay muchos. A mí me interesó la gente que ha estado alrededor de mí y que he visto. Por otra parte, es lógico. Después de la Primera Guerra Mundial hubo un montón de libros sobre la Primera Guerra Mundial. No es porque sean unos sucesos extraordinarios, no solamente por eso, son sucesos que crean mucho dolor, muchas contradicciones, muchas aporías, contradicciones absolutas, sin salida. Entonces, son situaciones que cuando les haces frente, bueno, normalmente no sale bien, pero lo has intentado, no has reculado, que sería para mí lo peor. Sería mil veces más cómodo escribir una historia de infidelidad en el campus, es mucho más fácil. Lo otro te deja muy mal cuerpo. Pero lo tienes que hacer, y lo intentas.

Cuando escribiste estas novelas tocaste un territorio inexplorado. ¿Qué reacciones hubo?
Tengo dos libros felices, Obabakoak y Memorias de una vaca, solo me han traído alegrías. Las novelas políticas, joder, es muy mal negocio. Mi madre, me acuerdo, la pobre me decía: «Haces bien, porque te metes con todos». Y le digo no, es justo lo contrario. Si al menos me metiera solo con uno, tendría algo a que agarrarme en el otro lado.

También te acusaron de humanizar la figura del etarra.
Efectivamente, claro que sí. Yo les diría a estos: «Primero, no sabes nada, deberías callarte, y lo segundo, ¿de qué raza te parece que son?». A ver cómo lo explico. La actitud para mí es exactamente igual. La lucha contra el estereotipo, la relación directa con el objeto. Se escribe, yo creo, con la experiencia, que es el primer factor. Y luego se escribe con lo que se llama subconsciente. Yo lo creo profundamente. A no ser que seas un escritor de best sellers, que es otra cosa. Yo empiezo, casi siempre, por la experiencia. El compañero mío de clase muere torturado en la época de Felipe González. Es una experiencia directa. Me acuerdo perfectamente de ese chico, de su historia. Pero, claro, al mismo tiempo soy consciente, vas pensando: fue miembro del comando Madrid, que fue implacable y mató a diez policías. Eso lo tengo yo en mente. Luego, escribir sobre eso… bueno, esto solo lo cito como ejemplo, pero no lo he escrito, es difícil manejar ese material, es nitroglicerina. Pero a Carlos, en quien me inspiré en El hombre solo, le conocí muchísimo, y a otros. Tú partes de una experiencia y luego escribes con ese subconsciente y acabas la novela, y viene el turista y dice: «Quiere humanizar a los etarras». Paso olímpicamente de eso porque creo que son posturas muy poco serias. ¿Y qué pasa pues, que no lloran, no comen? Se hace un objeto, se cosifica el enemigo. Entiendo que tú cosifiques el enemigo, porque es tu enemigo. Vale, pero yo no estoy en esa posición, soy escritor. La cosificación es lo contrario al hecho de ser escritor. 

¿En qué momento estamos para contar esto? Empiezan a salir muchos libros.
Discúlpame, entiendo que los departamentos comerciales tengan que contar sus historietas, pero no es nada interesante. Nada. Escribir a mesa puesta, cuando ya ha pasado todo, nada, cartón piedra. Hay que escribir desde la experiencia. La experiencia no es la solución literaria de todo, pero es garantía de exactitud, exactitud poética. Perdóname, a lo mejor soy un poco borde con esto.

[Hablamos de «la dificultad de dejar atrás el lastre de ETA», de cómo hacerlo, de que siempre aparece como una nube tóxica que nubla todo, de lo complicado que aún es hablar de ello. Atxaga parece un poco entristecido].

Hay ahí una verdad muy amarga. Da la impresión, cuando se oye a la gente, de que toda la sociedad, nosotros, ellos, todos, quiere llegar a un discurso racional, a un diálogo real. Pero es otro mito, otro anuncio de Cola Cao. La gente en general no escucha las llamadas a su bondad, a su inteligencia. Los discursos que realmente arrasan son los que apelan a lo peor, al odio, a la destrucción del otro. Vale, de acuerdo, hay que hacer un intento de explicar, de intentar encontrar interlocutores, de no dejar que las orillas se separen mucho. Ahora bien, esperanza de que eso vaya algún puerto: cero. 

Tú has estado viviendo en pueblos de Castilla, de Extremadura, y ahí tú eras el vasco. ¿Cómo te percibían los demás?
Todo el mundo percibe la simpatía de quien, efectivamente, le habla con ese sentimiento, y yo, quizá por haber nacido en este pueblo y por haber andado por los caseríos, normalmente hablo muy bien con la gente del campo y con los viejos y con las viejas. Siempre me llevo muy bien con ellos. Nunca he tenido ningún mal encuentro con ellos, salvo cuando llega agosto. ¿Sabes lo que pasa en agosto?

Que vuelven los del pueblo que viven fuera.
Eso, vuelven los de fuera y entonces se impone el rollo que está en las televisiones, en las radios, en los periódicos. Entonces te encuentras con uno que vive en Bilbao o vive en Madrid y te empieza a preguntar qué piensas del programa tal o del presentador cual. Y se jodió la vida. Todo se vuelve más vulgar, todo se vuelve conversación televisiva. Oscar Wilde, que era extraordinario, tiene un aforismo que dice: «La mayoría de la gente es otra gente». Habla como otros, tiene los valores de otros, repite lo que dicen otros… El resto de los meses en el bar se hablaba de caza, cosas así, y para mí era un descanso mental tremendo, cosas completamente ajenas. Pero llegaban los de fuera y te hacían volver otra vez a Bilbao o a Madrid.

Eso es algo que he oído de muchos vascos que viven fuera, la necesidad de salirse del rollo vasco, de pensar en otra cosa… No sé si te ha pasado a ti.
Claro, aquí la presión ha sido tan fuerte que la sensación era la de estar en una habitación llena de humo. Lo que ha habido es mucha presión, todos hemos sentido mucha presión, y ahora, al contrario, hay una expansión, la diferencia es enorme. Es que duró tanto… Un amigo siempre decía, hablando de ETA: «El problema es que empezaron, una vez que se empieza es muy difícil parar las cosas». Y así ha sido. No se ha podido parar hasta ahora.



Aparte de un asunto político, del país, es un asunto familiar, vecinal. Todo el mundo conoce a alguien que han matado, o que ha matado.
Hay un poema de Gabriel Aresti, que era una gran poeta, cada vez me doy más cuenta, sobre la madre de Eustaquio Mendizábal, Txikia, en el que dice que tiene miedo de que lo maten, a su hijo, pero un miedo aún mayor a que él mate. Para muchas familias que han sido católicas, de una rectitud total, que de repente les digan que su hijo había pegado un tiro a un guardia era un drama… Todo es un destrozo, es una conmoción y en esa conmoción entran muchos factores y muchas consideraciones. Mira, no puedo hablar en concreto, no puedo dar nombres, pero he conocido muchos casos, las consecuencias que ha tenido la militancia en ETA. Entras ahí y arrasas con todo, destrozas a tu familia, tu madre no lo puede aguantar, tu padre sufre la de Dios… yo no soy quién para juzgar, pero sí soy quién para escribir sobre ello. No sé si me explico. Yo veo que hay un dilema, el de Antígona: ser fiel a la familia o ser fiel a la ciudad, ser fiel a la ideología o ser fiel al amor. Yo sinceramente no sé, no puedo abarcar este asunto. Pero he visto cosas que…

Pero de eso tampoco se habla mucho. Dices que ahora ya no hay de qué hablar, pero mira. Aquí hay también mucha terapia de grupo que hacer…
Ya, habría que hacerlo. Lo que pasa es que es ya tarde, no sé cómo explicarlo [Le vuelve a fallar la voz]. Joder, lo de la voz es curioso, empiezo a hablar de esto y se me quiebra.

Y ahora estamos hablando solo de cómo se vive en un lado, en un pueblo, sin hablar ya de víctimas de ETA y de la sociedad en general. Estaba también la gente amenazada, con escolta, una sensación de soledad absoluta y rechazo social.
Esas son las auténticas víctimas. Recuerdo un amigo que dejó ETA, entró en Euskadiko Ezkerra, acabó en el PSE, y con amenazas y escolta. Este hombre, por ejemplo, podría hacer un gran libro con eso. También recuerdo que le presenté un libro a Calleja y yo veía tanta gente por allí que le dije: «¿Estos qué son, amigos tuyos?». Y dice: «No, son mis escoltas». Es infinita esa realidad. Ahora bien, lo de que en una universidad se haga un simposio sobre la violencia, la verdad, casi no me interesa nada. Ya ves, siempre vuelvo al tema de la experiencia. Es la base. Por eso es muy superior un libro de Primo Levi o de Mariano Constante que todas las películas y las novelas que se han hecho sobre los crímenes de los nazis. 

Me refiero a todos esos testimonios ocultos de gente, que tienen que aflorar.
Sí, eso es, eso tiene que aflorar. Están saliendo cosas que no habían salido hasta ahora, testimonios.

A eso me refería. Gente que después de guardarlo dentro, ahora lo cuenta.
Saldrán, sí, va a haber memorias. Mucha gente no lo quiere contar, no lo sé. Habría que dar con el tono. Desde luego, si tú me dices: «Te voy a contar mi experiencia», me parece maravilloso. Si cuentas tu verdad es una maravilla. La condición para la belleza es la verdad. 

Es también saber contarlo, darle forma. La gente no lo ha hablado ni con sus amigos. A mí me hace gracia ver a dos vascos que no se conocen cuando se encuentran. Lo primero que hacen es intentar saber de qué pie cojea el otro, se olisquean, como los perros. Pero sutilmente, con algún detalle, alguna mención, a quién conoces, de dónde eres, o cómo visten, frases que se dejan caer. Pero es difícil ser franco de entrada.
Sí, estoy muy de acuerdo. Tanto conflicto, tanta presión, tanto horror hace que sea una sociedad extraordinariamente cauta. Luego es curioso cómo se crean —no sé si a vosotros os pasa— como islas. Nosotros aquí, en este restaurante, todos los meses cenamos los amigos, gente muy distinta, e instintivamente no hablamos de lo conflictivo, se crea una isla para hablar. 

Es curiosa una sociedad cuyas relaciones familiares, personales, sociales, se articulan en torno a los vacíos y agujeros a los que uno no se puede acercar porque te caes dentro.
Es lo que digo metafóricamente, la bola de acero. Todo se ha movido, pero nadie sabe muy bien de qué forma concreta se ha movido esta casa o este lugar. La violencia cambia todo, los hilos de la vida. Cada caso es un infinito, tiras del hilo y te vuelves loco, literalmente te vuelves loco. Se abren abismos. Ahora parece que en esta casa traumatizada se van tapando las grietas, y que hay mucho más aire que hace diez años, muchísimo más y habrá más, la sociedad ha aprendido. La gente aquí ha pasado una cierta convalecencia, quiere estar tranquila. Yo creo que por eso políticamente no va a cambiar esto en quince o veinte años. No va a cambiar nada en Euskadi. 

¿No crees que lo que transforma todo, lo que tiene el poder de cambiarlo aunque parece imposible, al final siempre es la humanidad? La verdad es lo único que abre camino y rompe las cosas y es reparador. No hablo de la verdad oficial, sino de personas que se hablan y se miran a los ojos y reconocen cosas o cuentan cosas que no han contado.
Estoy de acuerdo. Todo está en la palabra, si se habla todo es mucho más fácil. Hay que dar espacio a la palabra. Pero hay mucha gente que no quiere hablar. Luego igual entramos en un problema diferente, que es del lenguaje. Porque creo que, desde Alicia en el país de maravillas, donde lo dice la reina, hasta los hippies, tenían razón: lo que mueve el mundo es el amor. Yo lo creo, pero cómo se dice eso, porque si lo dijera así, abiertamente, la gente pensaría que estoy gagá.

Una última cosa: además de que Obaba no existe, tú no eres Bernardo Atxaga.
No, yo soy José Irazu, a veces llamado Joshe, otras Joseba.


 Bernardo Atxaga es un seudónimo. ¿Te escondes detrás de ese nombre?
Hay un elemento accidental. Me cuesta mucho cuando hablo castellano pronunciar la z, de forma que, cuando salí del pueblo con catorce años a hacer segundo de bachiller, me preguntaban: «¿Cómo te llamas?». «Joseba Irazzzu». No me salía. Hacían burla por mi pronunciación de la z, y me pareció que, por si acaso, iba a evitar esa letra. Luego, cuando empecé a escribir en euskera, en la época franquista, ya fue por prudencia. Fichaban a todos lo que escribían en euskera. Luego, otra razón, la tontería de los veinte años, la tontería del escritor joven, lo de tener un nom de plume, y todo eso. Otra forma de estupidez.

Fuente: https://www.jotdown.es/2019/01/bernardo-atxaga-que-gran-cosa-es-pensar-que-libertad-la-cabeza-se-puede-mover-por-un-espacio-infinito/

Bernardo Atxaga, Premio Nacional de las Letras Españolas