Mostrando entradas con la etiqueta Kenia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Kenia. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de abril de 2015

¿Por qué el mundo se estremece por el siniestro de Germanwings pero ignora la masacre de Kenia?



REUTERS/Thomas Mukoya

Los grandes medios de comunicación ofrecieron una intensa cobertura del atentado en ‘Charlie Hebdo’ y el siniestro del avión de Germanwings. Pero en cambio el asesinato de 148 estudiantes en Kenia no llamó tanta la atención de los periodistas.
El ataque contra los estudiantes de la Universidad de Garissa ha estremecido Kenia, donde los medios destacan que ha sido la peor atrocidad terrorista cometida en el país desde el atentado de 1998 contra la embajada de EE.UU. en Nairobi.
Sin embargo, según el diario ‘El País’, la cobertura por parte de los medios europeos de la tragedia en la universidad keniana fue menor que la del siniestro del avión alemán.
 
Ver imagen en Twitter 


La preferencia por dar cobertura a unas víctimas frente a otras se rige por la ‘jerarquía de la muerte’ descrita en ‘The Guardian’. Este sistema consiste en dos índices: el de la proximidad y el de la calidad de la información.
El factor de la proximidad supone que nos interesa más lo que ocurre en nuestro país y en países cercanos. El segundo índice hace referencia a la presencia o ausencia de medios y recursos necesarios para trasmitir información.

Insisto. Sé que Kenia queda lejos, y Garissa no es París. Pero un ataque yihadista así, con 147 universitarios muertos, es un ataque a todos

 “La información se rige por redes de poder. Por eso 150 muertos en Kenia importan menos en Europa que 13 en París. La moral le es ajena“, explicó el periodista Miguel Ángel Bastenier a través de su cuenta en Twitter.

Proximidad y vías de comunicación con el hecho determinan el eco de la noticia. Por eso 150 muertos en Kenia movilizan menos que 13 en París

viernes, 13 de febrero de 2015

La rosa menos romántica de San Valentín se cultiva en Kenia



En las últimas semanas, miles de recolectores de flores han cobrado tres euros por dieciséis horas de trabajo al día para que Europa disfrute de su San Valentín. / Fotografía:/ EFE/Xavi Fernández De Castro

El 90% de las flores que cultiva Kenia se dedican a la exportación, lo que ha convertido al país africano en el principal proveedor de Europa
La demanda aumenta debido a San Valentín y empeora las condiciones de los miles de recolectores: Esther ha cobrado tres euros por 16 horas de trabajo al día
La sobreexplotación del suelo keniano tiene graves consecuencias: sus tierras se dedican a cultivar flores en lugar de alimentos y daños en la flora y fauna autóctonas

Pocos saben que muchas de las rosas que este sábado regalarán para decir "te quiero" tienen raíces kenianas y no muy románticas: en las últimas semanas, miles de recolectores han cobrado tres euros por dieciséis horas de trabajo al día para que Europa disfrute de su San Valentín.

"Están explotando a la población de Kenia y destruyendo nuestra tierra", asegura a Efe el ecologista y activista keniano Isaac Ouma, que nació en Naivasha y ha visto en las últimas décadas cómo su región se ha transformado con el único objetivo de cultivar flores para abastecer a Europa.

En la actualidad, el 90% de las flores que crecen allí se exportan y Kenia ya se ha convertido en el principal proveedor del viejo continente, por delante de Etiopía, Ecuador y México.

Las orillas del lago Naivasha, el único de agua dulce en el Valle del Rift (noroeste de Nairobi) donde conviven poblaciones de hipopótamos y una diversa fauna avícola, son una ubicación ideal para la floricultura por su clima y altitud. A tan solo unos metros de los papiros y acacias que delimitan el lago, decenas de invernaderos rompen la armonía estética del paisaje e invaden la región, tradicionalmente dedicada a la pesca, agricultura y ganadería.

La industria de las flores se afianza año tras año como uno de los pilares de la economía keniana –las exportaciones superaron los 440 millones de euros en 2013 y en la actualidad emplea a más de 500.000 trabajadores, en su mayoría mujeres–, pero con una contrapartida: sobreexplota el suelo del que vive su población.

"Kenia recibe donaciones de comida del Programa Mundial de Alimentos pese a tener en Naivasha un lago de agua dulce que nos permitiría cultivar y alimentarnos. Pero preferimos aprovechar el agua para cultivar flores y enviarlas a Europa. Es inmoral", denuncia Ouma.

Tres euros por 16 horas de trabajo
Ahora, cuesta encontrar a alguien en esta zona que no trabaje en los invernaderos. "No tenemos otra opción. No hay otro trabajo", confiesa a Efe Esther, nombre ficticio de una mujer de 29 años que, pese a trabajar siete años como recolectora de flores, teme perder su empleo por hablar con periodistas.

Aunque las empresas garantizan a sus empleados el salario mínimo interprofesional –que ronda los 7.000 chelines mensuales (67 euros)–, los trabajadores denuncian sus condiciones. "Normalmente trabajamos diez horas diarias, pero en las últimas dos semanas hemos trabajado hasta dieciséis. Y el salario ha sido el mismo. No es justo, pero no tenemos alternativa", lamenta Esther. Ella es una de las miles de mujeres que cortan, seleccionan y empaquetan las rosas que, en un máximo de tres días, se venderán a precio de lujo en las calles europeas.

John, que desde hace dos años es camionero en los invernaderos, forma parte del sindicato de trabajadores y lucha por mejorar esta situación. "Es muy injusto. Yo ya estoy buscando otro empleo, pero no encuentro nada. Ahora intento conseguir dinero extra con otros trabajos para poder sacar adelante a mi familia", cuenta a Efe.

Reacciones a los daños mediambientales
La presencia abrumadora de los invernaderos en Naivasha también está provocando daños medioambientales: deforestación, bajo nivel del agua en el lago, aumento de los asentamientos informales (donde viven los trabajadores) y contaminación por fertilizantes y pesticidas. La comunidad local es la que más sufre estas consecuencias: la pesca se ha debilitado y las condiciones para el ganado y el cultivo son cada vez peores.

Ante las críticas, las empresas han puesto en marcha varios mecanismos para mitigar su impacto, como el reciclaje hidráulico con el que reutilizan hasta un 30% del agua. "Al menos una vez al año nuestro equipo acude a los invernaderos para supervisar su trabajo y asegurar que realiza una producción sostenible", asevera a Efe Jane Ngige, directora del Consejo de Flores de Kenia (KFC, en inglés), que agrupa al 70% de las explotaciones del país.

Además, el KFC "tiene un sistema de certificación para garantizar un ambiente de trabajo seguro que se ajuste a las leyes kenianas", apunta.

Pese a la concienciación de los productores y sus esfuerzos por conseguir la etiqueta de "respetuoso con el medioambiente", el crecimiento imparable de la industria –alimentada por la enorme demanda extranjera– sigue teniendo consecuencias inevitables para la comunidad local. "Pueden decir que respetan los derechos de los trabajadores y el medioambiente. Pero la realidad es otra", añade John.