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martes, 17 de octubre de 2017

Comunicación no verbal

Max-Ernst
 La teoría de la relatividad lingüística postula que la lengua hablada por una persona determina el procesamiento cognitivo de esa persona y su aptitud para percibir el mundo. Por ejemplo, si alguien fuera educado en un idioma que careciera de vocablos para denotar un concepto como "fiable", sería incapaz de entender o expresar la fiabilidad.
   Es un ejemplo extremo a la vez que difícil de estudiar, porque, para comprobarlo, se necesitaría encontrar una cultura que utilice una lengua en la que se echen a faltar ciertos conceptos importantes.
   Algunos proponentes de ese tipo de tesis llegan aún más lejos y afirman que el cambio del idioma que habla una persona puede conducir a un cambio en su manera de pensar.  El ejemplo más destacado de esa idea nos lo proporciona la llamada programación neurolingüística, o PNL. La PNL es una mezcolanza de psicoterapia, desarrollo personal y otros enfoques conductuales, y su premisa básica es que el lenguaje, la conducta y los procesos neurológicos están entrelazados.
   A pesar de su popularidad y su atractivo, son muy pocas las pruebas que nos indican que la PNL realmente funciona, lo que la sitúa en el mismo territorio que las pseudociencias y las medicinas alternativas.
   No obstante, algo que desde la PNL se afirma a menudo es que el componente no verbal de la comunicación es muy importante, y eso es muy cierto. Y la comunicación no verbal se manifiesta de muchas maneras diferentes.
   En el libro El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, Oliver Sacks refirió el caso de un grupo de pacientes con afasia que no podían entender el lenguaje hablado, pero que encontraban graciosísimo el discurso del presidente que estaba siendo televisado en aquellos momentos, a pesar de que esa no era ni mucho menos la intención con la que el mandatario estaba pronunciando dicha alocución. La explicación era que los pacientes, despojados de su comprensión de las palabras, se habían vuelto expertos en reconocer pistas y señales no verbales que la mayoría de personas pasamos por alto, distraídas como nos tienen las palabras que se dicen en momentos así. El presidente no dejaba de presentarse (a ojos de aquellos pacientes) como alguien que revelaba continuamente su insinceridad mediante sus tics faciales, su lenguaje corporal, su ritmo de discurso, su elaborada gestualidad, etcétera. Estas son cosas que, para un paciente con afasia, funcionan como grandes señales de alarma de la insinceridad. 


El cerebro idiota
Dean Burnett

sábado, 7 de octubre de 2017

Donde se forman los recuerdos




Resultado de imagen de lóbulos temporales del encéfalo
Lóbulo temporal
Ha habido casos en los que se han extraído quirúrgicamente las partes del cerebro encargadas de procesar los recuerdos. De hecho, fue así como se supo originalmente qué áreas cerebrales eran las responsables de la memoria. En tiempos en los que aún no existían los escáneres cerebrales ni otras flamantes tecnologías modernas, vivió un paciente, llamémosle HM, que sufría una grave epilepsia del lóbulo temporal, lo que significa que las áreas de su lóbulo temporal le provocaban extenuantes ataques con tal frecuencia que sus médicos decidieron que había que extirpárselo. La intervención fue un éxito y los ataques terminaron. Por desgracia, aquello también fue el fin para su memoria a largo plazo. A partir de entonces el paciente HM ya no fue capaz de rememorar nada anterior a los meses inmediatamente previos a la operación. Podía recordar cosas que le habían sucedido menos de un minuto antes, pero luego las olvidaba. Fue así como se supo que el lóbulo temporal era el lugar del cerebro donde se formaban todos los recuerdos y la memoria.
   Pero seguramente tan interesantes como los sistemas memorísticos que el paciente HM perdió con su operación fueron aquellos otros que no perdió. Es evidente que conservó su memoria a corto plazo, si bien la información así adquirida ya no tenía otro sitio adonde ir, por lo que se desvanecía enseguida. También podía aprender nuevas habilidades motoras y aptitudes como técnicas de dibujo específicas, pero cada vez que se le examinaba sobre una habilidad concreta, él se mostraba convencido de que era la primera vez que la probaba, a pesar de demostrar gran destreza en ella. Estaba claro, pues,que ese recuerdo inconsciente se procesaba en otro lugar del cerebro y por medio de mecanismos diferentes: otro lugar que la cirugía no había afectado.*

* Un profesor me dijo una vez que una de las pocas cosas que HM sí aprendió fue dónde se guardaban las galletas. Pero nunca se acordaba de que acababa de comer algunas antes y seguía yendo a buscar más. Jamás volvió a adquirir recuerdos nuevos, pero sí adquirió peso

Dean Burnett