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jueves, 14 de octubre de 2021

Los porqués de la ruptura Argelia-Marruecos

Un hombre camina por una calle de Argel.J.F.

 El régimen militar argelino busca recuperar influencia en el norte de África y frenar los anhelos expansionistas de su vecino y rival.

El pasado 24 de agosto, en plena vorágine informativa por la apresurada y caótica salida de las tropas estadounidenses de Afganistán, Argelia rompió las relaciones diplomáticas con Marruecos, su vecino y rival, y zamarreó aún más con ello el ya de por sí convulso tablero internacional. Fruto de una decisión meditada —todas las razones y excusas aducidas estaban ya sobre el tapete hacía meses—, dos parecen, a priori, las ambiciones geoestratégicas que desencadenaron el órdago argelino: la primera, recuperar la influencia en el Magreb y en particular en el Sahel, en gran parte perdida durante los años que se prolongó la enfermedad del expresidente Abdelaziz Bouteflika, fallecido a mediados de septiembre; la segunda, aprovechar el cambio geopolítico que se está produciendo en la región para trancar la puerta al anhelo expansionista de Rabat, que ha aprovechado estos años de introspección argelina y de lucha intestina en el seno del régimen militar para atirantar sus tentáculos en una zona trascendental para la política de seguridad y de energía de la Unión Europea. 

Sahel, territorio clave

Histórico cruce de caminos, el Sahel es hoy un territorio sumido en múltiples crisis, víctima de la merma de sus tradicionales modelos de vida —arruinados por la imposición acelerada de la modernidad, la avidez capitalista, el fracaso comunista y el imparable cambio climático—, pero también del neocolonialismo pancista emprendido por los Estados europeos, que en la última década han desplegado miles de tropas y han urdido un lucrativo negocio de venta de armas y equipos de seguridad que mueve miles de millones de euros anuales. Estas condiciones han favorecido tanto el florecimiento de un entramado económico corsario transnacional, sostenido en el contrabando de productos pero también de personas migrantes, como la consolidación de poderosas heterarquías adscritas al wahabismo, la interpretación herética más radical y violenta del islam.

Pugna por el Sáhara Occidental Marruecos pretende anexionarse la excolonia española, mientras que Argelia da protección al Frente Polisario

 

"Estados Unidos y la UE son cada vez más conscientes de la gran importancia que tiene Argelia, único país con acceso directo a regiones conflictivas como el norte de Mali y Níger y del suroeste de Libia", explica un alto funcionario europeo destinado en el norte de África. Y el régimen argelino, necesitado de salvavidas para minimizar la aguda crisis económica y social que padece el país, “entiende que eso le ofrece ventaja estratégica frente a otros actores regionales y, en particular, sobre su rival marroquí", agrega.

Cambio geoestratégico

El momento elegido parece apuntar igualmente en la misma dirección. El anuncio de la ruptura de relaciones se produjo en vísperas de la reunión de ministros de Asuntos Exteriores de los países vecinos de Libia, un nueva iniciativa impulsada por Argelia que ha sido aplaudida tanto por Washington —principal aliado de Rabat— como por Bruselas y la ONU. Según fuentes de Inteligencia, el jefe de la diplomacia argelina, Ramtan Lamamra, informó de la decisión al embajador especial de EE UU para Libia, Richard Nolan, durante el encuentro preparatorio mantenido con su homólogo tunecino 24 horas antes de hacerse pública. Integrado por Túnez, Níger, Chad y Egipto, el foro —que tenía previsto celebrar su primera cumbre en septiembre— excluye hábilmente de la ecuación regional a Rabat y busca construir una alternativa a viejas alianzas como la exangüe Unión del Magreb Árabe (UMA).

“La decisión de colocar a Lamamra (un diplomático sagaz con numerosos contactos) es un mensaje con el que Argelia quiere mostrar que está de vuelta”, subraya el periodista argelino Makhlouf Mehenni. No tanto para acercarse a Washington como para protegerse y debilitar a su rival marroquí, que había multiplicado en el último lustro su presencia diplomática y económica en el Sahel y el África Occidental. Argelia también percibe el evidente reverso de la tendencia que se ha producido en la región tras la salida de la Casa Blanca de Donald Trump, quien apostaba por Marruecos y dejaba manos libres a Rusia en Libia. Y cree que la decisión de su sucesor de ignorar la orden presidencial que reconocía la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental a cambio de la normalización de relaciones con Israel, su inclinación a recuperar el diálogo con el Polisario a través de la ONU y el fracaso del pulso diplomático con España y Alemania son elementos que inducen a pensar en ese supuesto declive de la influencia marroquí.

Yihadismo y migración

La ruptura se anunció, asimismo, dos días después de que el jefe del Ejército argelino, el general Said Chengriha, el hombre más influyente del país, azuzara el miedo ante una posible nueva oleada de atentados en Mali, Níger, Burkina Faso y la propia Libia, con los que Argelia comparte una larga e inestable frontera, que, sin embargo, no controla en su totalidad.  

Desde 2011, fecha del inicio de las marchitadas primaveras árabes, en el sur del Sáhara han surgido nuevas organizaciones transversales de ideología wahabí —como Jama’a al Nusrat ul-Islam wal Muslimin (JNIM)— que no solo han hecho evolucionar el yihadismo global inspirado por la red Al Qaeda, sino que han logrado obliterar las anacrónicas fronteras coloniales y establecer protoestados espurios al estilo del que edificó el Estado Islámico en el norte de Irak y el este de Siria, sostenidos en el contrabando y la economía corsaria.

Es una amenaza a la que se suman organizaciones como Boko Haram, que domina amplias zonas de Nigeria y Camerún, y que con toda probabilidad se extremará a corto plazo aguzada por el ascenso talibán en Afganistán. 

Según la organización internacional Oxfam, en 2017, año de la creación de JNIM, la cifra de "migrantes irregulares” y demandantes de asilo procedentes de África suponía apenas ell 1% de la población europea, cifra que no evitaba que distintos gobiernos los presentarán como una amenaza vital para el viejo continente. Aun así, desde entonces la UE ha destinado miles de millones de euros a frenar esta tragedia —en un negocio que repercute en las empresas europeas— y muy escasos recursos a extirpar sus raíces: desigualdad, crisis climática, autoritarismo, incultura, brecha tecnológica, patriarcado, corrupción y ausencia de futuro,  nutrientes que alimentan el radicalismo sustentan esa economía corsaria, azuzan el miedo y contribuyen a justificar la necesidad de invertir en seguridad.

“El Sahel supone un gran negocio para las empresas de seguridad privadas, pero también para la Unión Europea, que ha creado la suya propia bajo el nombre de Frontex”, explica un diplomático africano. “Argelia no solo quiere su trozo de esa tarta, también quiere sentarse con los que la reparten, con sus propias condiciones y un cuchillo más grande que el de su vecino”, concluye el diplomático, que por seguridad prefiere no ser identificado.

Wahabismo

La interpretación herética más radical y violenta del islam gana terreno en la región del Sahel gracias a protoestados sostenidos por el contrabando e inspirados en Al Qaeda y Estado Islámico

Fuente: https://alternativaseconomicas.coop/articulo/actualidad/los-porques-de-la-ruptura-argelia-marruecos

domingo, 10 de marzo de 2019

Argelia, en crisis

AFP

Mientras nuestros políticos europeos, y particularmente la derecha en España, no paran de hablar de Venezuela, a muy pocos kilómetros de nuestras costas ha estallado estas últimas semanas un movimiento de protesta que debería inquietar a los dirigentes de la UE, pero de una manera muy especial a las autoridades y responsables políticos de nuestro país.

Argelia vive estas semanas en sus calles un movimiento popular de protesta sin precedentes, mediante manifestaciones y concentraciones espontáneas que claman contra los intentos de perpetuar un régimen fantasmagórico dirigido por la cúpula militar y policial que rodea al presidente Abdelaziz Bouteflika, de 82 años, quien acumula cuatro mandatos consecutivos y veinte años como presidente de la República. El anciano Bouteflika, tras sufrir en 2013 un derrame cerebral y apenas aparecer en público desde entonces, haciéndolo siempre en silla de ruedas y con limitaciones físicas extremas, ha anunciado por carta estos días su candidatura para optar a un quinto mandato en las elecciones presidenciales del próximo 18 de abril, en coincidencia con su estancia en un hospital de Ginebra, donde se encuentra ingresado.

Para un pueblo orgulloso como el argelino, especialmente para todos esos jóvenes que solo han conocido este gobierno y carecen de futuro, Bouteflika es la viva representación de la corrosión política y moral que vive el país de la mano de un régimen depredador, cerrado en sí mismo y corrupto, dirigido con mano férrea por la cúpula militar y policial que rodea al enfermo presidente. Es por ello que el anuncio de su presentación para un quinto mandato, estando como está incapacitado, anunciándolo por carta desde el hospital de un país extranjero, se vive como una burla que ha hecho explotar el malestar de la sociedad.

Estudiantes argelinos protestan contra la decisión del presidente del país, Abdelaziz Buteflika, de optar a un quinto mandato pese a su enfermedad
http://www.rtve.es/noticias/20190305/argelia-tercer-dia-protestas-estudiantiles-argelia-contra-posibilidad-quinto-mandato-del-octogenario-presidente-butefilka/1895326.shtml

La candidatura de Bouteflika para su reelección, tiene que entenderse, también, con las luchas subterráneas que mantienen los generales que dirigen el gobierno en este país. Hasta el punto que las purgas, enfrentamientos y encarcelamientos de altos mandos del ejército en los últimos años han sido el preámbulo de un ajuste de cuentas en la cúpula militar del entorno presidencial, que lucha por seguir controlando los resortes del poder en el país, pero también por seguir dirigiendo el rumbo económico e incluso los circuitos de la corrupción existentes. 
Ante este estado de descomposición política y moral, los argelinos han salido a las calles y han paralizado las universidades, coreando gritos como «No a un quinto mandato» o «Márchate, márchate», tomando el centro de la capital, Orán, con movilizaciones también en ciudades como Argel, Batna, Annaba o Constantina, duramente reprimidas por la policía en un país en el que las manifestaciones están prohibidas. Los participantes, convocados a través de las redes sociales, se han hartado de lo que denominan «el mandato de la vergüenza», pidiendo democracia y dignidad para un pueblo que no quiere seguir gobernado por un fantasma incapacitado, manejado por el hermano del mandatario, Said Bouteflika, y por la camarilla de generales que controlan el país.

Desde el primer momento, la respuesta de la cúpula militar del entorno presidencial ha sido tan desafortunada como intranquilizadora, con declaraciones amenazantes contra los manifestantes, como las que ha realizado el teniente general Ahmed Gaïd Salah, jefe del Estado Mayor del Ejército y viceministro de Defensa, en las que ha llegado a avisar del peligro de un baño de sangre como el ocurrido en Siria. También diferentes cancillerías europeas en el país han activado las alarmas ante el riesgo de que la situación pueda degenerar en un enfrentamiento civil en una zona particularmente delicada, como es el Magreb.

Argelia ocupa un espacio central en el Norte de África, teniendo fronteras con países de la región que atraviesan situaciones de inestabilidad o incluso conflictos cruentos como los que sufre Libia, en manos de milicias armadas. Al mismo tiempo, forma parte de las rutas de emigración hacia Europa y en particular hacia Alicante, destino prioritario de los «harragas», jóvenes migrantes que huyen del país de manera desesperada, cuya salida ha aumentado en los últimos años. Además, este país mantiene una posición clave frente a Marruecos en el conflicto saharaui, albergando los campamentos de refugiados en el Tinduf, al tiempo que desempeña, desde hace años, un papel crucial en la contención de grupos terroristas yihadistas escondidos en el Sahel, como Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI). Por si todo ello fuera poco, este país se ha convertido en un socio comercial de primer orden para España, siendo el mayor suministrador de gas, proporcionando el 60% de nuestras necesidades.

No es difícil comprender, por tanto, que la inestabilidad política y social en este país norteafricano, por no hablar de un enfrentamiento civil, puede tener un efecto muy dañino sobre una región tan inestable y también para una Europa que atraviesa demasiadas tormentas. Pero frente a la voluntad de continuidad de un régimen que agoniza, como es el de Bouteflika, alzan su voz las ansias de democracia y justicia social del pueblo argelino. La solución a esta ecuación va a marcar el futuro de Argelia, del norte de África, pero también afectará de manera especial a Europa y de una forma muy particular a Alicante.

Fuente:  https://www.diarioinformacion.com/opinion/2019/03/10/argelia-crisis/2126457.html