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domingo, 3 de julio de 2022

El día en el que entendimos un cuadro de Goya gracias a una vieja fotografía

   

 Uno de los mejores cuadros de Goya es 'Perro semihundido' estuvo a punto de desaparecer. El dueño de la finca, un aristócrata francés que compró la finca a los herederos del pintor, tuvo la idea de arrancar las pinturas de la pared mediante la técnica del strappo (arranque). Lo quisieron vender en Francia y nadie pujó por él. Así que su dueño lo donó al museo del Prado. Hoy está considerado una obra maestra y todos dudan de su significado. Pero si nos detenemos a contemplar las fotografías que le hizo Jean Laurent en 1874, entenderemos todo...Continuar leyendo: https://www.meneame.net/m/cultura/dia-entendimos-cuadro-goya-gracias-vieja-fotografia

martes, 30 de marzo de 2021

Grabados 1804-1818

 Hacia 1804 Francisco de Goya realizó el aguafuerte Dios se lo pague a usted, patética imagen en la que un ciego es embestido por un toro, simbólica expresión de lo que significa padecer una discapacidad física.

Dios se lo pague a usted. Realizado hacia 1804

En torno a 1811, Goya grabó las tres estampas conocidas como los Prisioneros. Sin grandes alardes, Goya transmite con rotundidad la crueldad de la cárcel. La cabeza inclinada hacia abajo de los tres prisioneros evoca la humillación; las cadenas y grilletes, la privación de libertad. Los tres grabados provocan la indignación ante el tormento y la tortura y transmiten eficazmente el sentimiento de soledad y desamparo en el interior de la celda. Estas tres estampas no fueron editadas en vida de Goya. 

Tan bárbara la seguridadd como el delito. Entre 1810 y 1815

Si es delincuente que muera presto. Entre 1810 y 1815

La seguridad del reo no exige tormento. Entre 1810 y 1815

El Coloso es uno de los grabados sueltos más excepcionales de Goya. Realizado entre 1810 y 1818, guarda estrecha relación con el cuadro del mismo título del Museo del Prado. El Coloso es un reflejo del oscurecimiento del universo de Goya en el que los temas sombríos y estremecedores despuntan ya como una constante en la concepción pesimista del mundo que rodeaba al pintor pontenciada, si cabe, por la sordera que padecía.

El Coloso. Entre 1810 y 1818


sábado, 30 de septiembre de 2017

Vendimia a garrotazos

Una visita a la sala de las pinturas negras de Goya inaugura una serie del escritor, que ve en el célebre cuadro del duelo a palos ecos de la riña política ante el desafío independentista

Un visitante contempla la obra 'Duelo a garrotazos', de Goya, en la sala de las pinturas negras del Museo del Prado.

Un visitante contempla la obra 'Duelo a garrotazos', de Goya, en la sala de las pinturas negras del Museo del Prado. EL PAÍS
  Recuerdo aquella mañana de un otoño ya muy lejano en que entré totalmente fumado en la sala de las pinturas negras de Goya en el Museo del Prado y la sensación que me produjo el cuadro Duelo a garrotazos bajo los efectos de la marihuana. Eran tiempos de batallas urbanas contra la policía en los estertores de la dictadura. Por Atocha y la Ciudad Universitaria madrileña había manifestaciones cada día con pancartas y gritos de libertad, amnistía y estatutos de autonomía, con nubes de gases lacrimógenos, balas de goma y algunas de plomo que habían acarreado varios muertos.

En Ámsterdam, había adquirido una hierba de excelente calidad en los tenderetes de la discoteca Paradiso, una antigua iglesia convertida por los hippies en su tabernáculo, y en aquel Madrid descoyuntado por los dolores de parto de una democracia extraída con fórceps, dentro del coche aparcado a la sombra de la Academia Española de la Lengua, liaba un canuto en forma de trompeta, lo apuraba con lentas caladas, me paseaba primero sobre las hojas caídas, rojas, amarillas, moradas del Jardín Botánico y luego, fumado hasta muy abajo entraba en el Museo del Prado con la esperanza de que la hierba me abriera las puertas de la percepción hasta las entrañas invisibles que había debajo de la belleza. En cierto modo este placer era también una forma de resistencia al franquismo.

En aquel tiempo, el Museo del Prado estaba prácticamente deshabitado. En un ángulo de cada sala vacía dormitaba un bedel y mientras avanzaba en soledad entre óleos de reyes, santos, caballeros y batallas me acogía la sensación alucinada de que aquellas figuras de las paredes solo eran la creación del sueño de sus vigilantes dormidos. La hierba dividía los cuadros en dos: los que te subían y los que te bajaban. La hierba exaltaba hasta un grado indecible El Jardín de las delicias de El Bosco y a todo el Greco, a Tiziano y Velázquez. Sus personajes abandonaban los marcos y ocupaban todo el aire por donde veía volar a las meninas, a las vírgenes de Murillo, al adusto caballero de la mano en el pecho junto con alguna venus muy carnal. Era una sensación placentera. En cambio, al entrar en la sala donde se exhibían las pinturas negras de Goya notaba que no había forma de que aquellas figuras diabólicas las diluyera la morbidez del cannabis. Esta paranoia se acrecentó al contemplar de cerca el cuadro de Duelo a garrotazos. Tal vez este rechazo se debía a que esta pintura solo expresaba el odio profundo entre las dos Españas, que había aflorado de nuevo en la calle. De hecho, desde allí se oía en ese momento un helicóptero de la policía sobrevolando una asonada.

Según su doble fuente de inspiración, Goya pintaba juegos de columpio y fiestas felices en la pradera, una duquesa desnuda con carne de nácar y aguafuertes llenos de brujas y ajusticiados, cartones para tapices con escenas galantes y ahorcados, capirotes de la Inquisición, el garrote vil, un asno con levita y un macho cabrío presidiendo un aquelarre. La España atroz y la de la Ilustración convivían en sus lienzos. Cuando Goya se fue a vivir a la Quinta del Sordo, hacia 1819, era un viejo lleno de cólera y sabiduría. Durante los cuatro años de misantropía que estuvo allí enclaustrado luchando contra sus demonios se dedicó a cubrir 32 metros cuadrados de pared con visiones corrosivas y pesadillas esquizofrénicas. En la cartela que acompaña al cuadro Duelo a garrotazos se explica que esa clase de pelea a muerte solo se permitía en Cataluña y en Aragón. En el resto de España estaba prohibida. En la pintura original esa pareja de españoles raciales tiene los pies sobre la hierba, pero al pasar la pintura al lienzo desde las paredes encoladas, la restauración deplorable hizo que aparecieran con las piernas enterradas y ese error ha convertido la escena en un símbolo del violento inmovilismo español como un destino aciago.

Algunos expertos opinan que Goya en los días felices había pintado bocetos de dulces vendimias con colores pastel debajo de esas pinturas negras y uno en aquel lejano otoño trataba de adivinarlas inútilmente ayudado por el cannabis dentro de las nubes azules y rosas que presiden la pelea de los dos villanos. Hoy, la sala de las pinturas negras de Goya está siempre abarrotada de espectadores que solo buscan la belleza, pero la incompetencia de los líderes políticos ha hecho que el desafío independentista contra el Estado reproduzca la escena de una España ciega con las piernas enterradas. Hubo un tiempo en que un sueño de ética y libertad unió a los catalanes y el resto de los españoles. Ignoro si todavía es posible imaginar que un delicado racimo de uvas invisible se halla en medio de esos dos bellacos que se están matando a garrotazos.


Fuente: https://elpais.com/cultura/2017/09/29/actualidad/1506707209_189983.html

domingo, 23 de octubre de 2016

Aun aprendo



"Aunque está débil y achacoso, marcado por el tiempo, sus ojos arden de vida e intensidad cuando fija la mirada en el exterior...Aunque el cuerpo pueda fallarle, la mente está alerta y curiosa." 

 Jonathan Brown sobre la obra  Aun aprendo, de Francisco de Goya. [Álbum G. 54; lápiz negro; lápiz litográfico sobre papel; 1826 Museo Nacional del Prado.]

viernes, 28 de noviembre de 2014

Luces entre tinieblas

En sus 'Pinturas negras', Goya refleja la angustia en que se debatió
 Cuando se trata de evocar la figura de Goya en Madrid, aparecen en mi pensamiento dos acontecimientos muy precisos: el furor de los fusilamientos del 3 de mayo de 1808 y el momento cuando en el año 1823 y en la soledad de su Quinta del Sordo, Goya toma una de sus más angustiosas decisiones: la de emprender el camino del exilio.

Saturno devorando a sus hijos', de Francisco de Goya.
Imagino al aragonés como a un fantasma en la noche de la masacre intentando alumbrar las tinieblas con una linterna, diminuta fuente de luz amarillenta, para avanzar entre caídos, hacerse paso entre muertos y tomar nota, con su mirada de pintor, de las víctimas de la Montaña del Príncipe Pío. Precisamente esta imagen es el rebobinamiento de una película interna, cuyos protagonistas son aquellos que justo antes de la matanza fueron vecinos de Madrid llenos de vida y de entusiasmo. El hombre de la camisa blanca con los brazos en cruz ofreciendo su pecho a las balas del invasor es un momento pictórico fulgurante que va más allá del lienzo y saca la figura de la Historia para fijarla en la historia del arte. Amanece en Madrid y el cielo se tiñe de rojo mientras en la lejanía se escuchan los gritos de los allegados. El alba da tregua al escarlata que se ha convertido en sangre seca por los suelos. Un estremecimiento recorre a Francisco de Goya que apaga el farol: ya tiene bastante y se refugia en su íntima desesperanza.

Antes de alejarse defintivamente del terror absolutista, Goya pinta a Judith y a Saturno a la izquierda y a la derecha de la ventana sobre el yeso de la pared de su comedor. Pinta el mal mitólogico con Judith y Holofernes y con Saturno devorando a un hijo, ella asesina al general de Nabucodonosor y él se come a dentelladas a uno de sus hijos. La joven viuda de Betulia golpea a Holofernes dormido en medio de una semi oscuridad. Lo degolla en presencia de su criada porque la ejecución exige un testigo. Goya lo sabe. En cuanto al dios, hirsuto y con un excelente apetito, se atraganta en su festín de carne infantil. Con sus últimas pinceladas Goya recuerda a Francisco de Quevedo que proclamaba que España devoraba a sus hijos y es consciente de que no tiene más remedio que enfrentarse con sus propias obsesiones: el momento del último cuadro y el de la huida sin retorno para defender su independencia. Cuando abandona su Quinta del Sordo sabe que ya empieza su viaje imposible pero se engaña a sí mismo de una manera infantil, como todos los candidatos al exilio, salmodiando que pronto volverá, que será corta su estancia en el balneario de Plombières y que sin que transcurra mucho tiempo le aliviará de sus achaques.

En sus catorce frescos históricos titulados Momentos estelares de la humanidad Stefan Zweig tiene en cuenta que una decisión no tomada, o quizás tomada, marca un rumbo durante siglos y cambia la historia de la humanidad. Yo diría que Goya, solo y desesperado, encerrado en su aposento frente a sus pinturas murales, al decidir exiliarse a Francia inaugura un momento estelar español, pero también universal, del drama del exiliado y del desplazado. Anuncia lo que será la Historia de España con sus migraciones políticas o económicas -o las dos- en la que se vieron envueltos una buena parte de los intelectuales españoles, entre ellos José María Blanco White, que se rebelaron contra lo que se cocía politicamente en aquella época.

A esta breve recopilación de momentos que considero memorables, añadiré la sensación que vivo cuando me aventuro en las salas de las Pinturas Negras del Museo del Prado. Porque en ese cine de barrio, ese cine al abierto en una noche caliente que son para mí estas catorce piezas, destacan tres pinturas, como tres focos de luz de una cámara fotográfica, que iluminan las otras y que las hacen resplandecer, tres focos de luz ocre y oro que son las luces que apenas alumbran las tinieblas en las que se debatió el pintor Goya.

Fuente:  http://cultura.elpais.com/cultura/2014/11/21/actualidad/1416594876_413938.html

Siempre Goya

Goya de paseo por Madrid

El Museo del Prado acoge la exposición ‘Goya en Madrid’, un acercamiento a sus cartones para tapices. La muestra puede visitarse hasta el 3 de mayo de 2015. Seguimos el rastro del genio repartido por la ciudad, mas allá de su monumental presencia en la pinacoteca


La Pradera de San Isidro

'Perros en traílla', de Goya, 1775, una de las obras de la exposición 'Goya en Madrid', en el Museo del Prado.

'La boda' (1792), ejemplo de cómo el artista criticaba costumbres de su época como los casamientos de conveniencia.

Niños con perro de presa' (1786). Los animales, sobre todo los perros de presa, eran uno de los motivos predilectos del pintor, aficionado a la caza.

Las lavanderas' (1776-1780), otra de las escenas populares plasmadas por el artista, que conoció bien los lugares y gentes de la capital del reino.

'La nevada o El Invierno' (1786), uno de las obras de Goya sobre las estaciones del año.

El juego de pelota a pala' (1779). Goya fue uno de los artistas con el encargo de decorar los reales sitios con motivos alegres.
 
 'Baile a orillas del Manzanares' (1776-1777), una de las muchas estampas de Madrid que pintó el artista aragonés.

jueves, 12 de enero de 2012

Los Caprichos

......su intento sólo es desterrar vulgaridades perjudiciales y perpetuar en esta obra de caprichos el testimonio sólido de la verdad.
                                                                                                             FRANCISCO DE GOYA


(El sueño de la razón produce monstruos.)
Aguafuerte y aguatinta 218x 152 mm.