jueves, 18 de julio de 2019

La Apollo 11 cambió la visión de la Luna

La misión permitió averiguar el origen y evolución del satélite, estrechamente vinculados a los de la Tierra
Toda la cobertura informativa del cincuentenario del Apollo 11


La Apollo 11 cambió la visión de la Luna
La cara visible de la Luna,con el Mar de la Trabquilidad, donde aterrizaron Armstrong y Aldrin, en color oscuro a la derecha de la imagen entre otros dos mares (EP)
Neil Armstrong tenía órdenes estrictas acerca de lo que debía hacer una vez aterrizaran sobre la Luna aquel 20 de julio de 1969: bajar por la escalera, pisar un poco la superficie lunar e inmediatamente saltar de nuevo a la escalera. Entonces los científicos desconocían la naturaleza del suelo lunar hasta el extremo de no saber si sería capaz de soportar alguna cosa o si, por el contrario, un objeto se hundiría como en arenas movedizas. Y sin embargo, Armstrong constató al instante que el suelo era sólido, por lo que desobedeció la orden y empezó a caminar por el oscuro suelo lunar ante la mirada atónita de unos 600 millones de personas que desde la Tierra seguían en directo la llegada de la misión Apollo 11 de la NASA a la Luna. 

Aquella primera visita al satélite de la Tierra se convirtió en patrimonio de la memoria colectiva de la humanidad y “transformó de manera radical el conocimiento de la Luna, quizás de forma solo comparable a lo que significó el descubrimiento documentado del continente americano”, destaca Ignasi Casanova, director del Institut de Tècniques Energètiques de la Universitat Politènica de Catalunya (UPC). “La Luna, en 1969, pasó de ser un objeto astronómico a uno objeto geológico”, remacha.

Desde que en el siglo XVII Galileo la observara por primera vez con su telescopio hasta la llegada del ser humano tres siglos después, sin salir de la Tierra se había logrado determinar su forma, tamaño y peso; medido la temperatura en su superficie; e incluso mandado una nave automatizada para analizar su composición química.

Pero fue la misión Apollo 11, equipada con instrumentación científica para realizar experimentos in situ, y los 22 kg de muestras de rocas y de polvo lunar que trajo de vuelta a la Tierra para ser estudiadas, lo que permitió conocer cómo se formó la Luna y cuál fue su evolución, y que su historia y la nuestra están íntimamentes ligadas, algo prácticamente inconcebible antes de las Apollo.

Los experimentos
Entre los experimentos que realizaron durante las dos horas que duró aquel primer paseo lunar, destaca la instalación de un sismógrafo,aunque dejó de funcionar a los 20 días debido a las bruscas variaciones de temperaturas extremas. La Luna puede alcanzar -170ºC de noche y más de 200ºC de día. Para paliar los efectos del frío usaron un dispositivo que generaba calor como consecuencia de la desintegración de material radioactivo. “Fue la primera vez que se usaba material radioactivo para generar calor”, explica Jose María Madiedo, investigador asociado al Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA). Sin embargo, el sistema de enfriamiento no era tan eficaz y el calor acabó por estropear la electrónica.

Aún así, el aparato reveló que el satélite terrestre también tiembla, aunque de forma menos brusca y frecuente que la Tierra, y que “tiene corteza, manto y núcleo, y es un objeto evolucionado, no primordial”, indica Noemí Pinilla-Alonso, investigadora del Instituto espacial de Florida y directora científica del Radiotelescopio de Arecibo, en Puerto Rico.

Armstron y su compañero de misión, Buzz Aldrin, instalaron unos retroreflectores, una especie de espejos, que aún hoy siguen en funcionamiento proporcionando valiosos datos científicos y que permitieron realizar la medición más precisa de la distancia a la que se encuentra la Luna de la Tierra. Gracias a este instrumento, además, supimos que la Luna se aleja de nosotros a razón de unos 3,5 cm cada año y que la superficie lunar se deforma conforme rota alrededor de la Tierra. Como una marea pero de minerales sólidos

 Seguramente uno de los experimentos más singulares fue el propuesto por un laboratorio suizo para estudiar el viento solar, partículas subatómicas expedidas por el Sol que viajan por el espacio a alta velocidad. “Los astronautas colocaron hojas de papel de aluminio, como el que tenemos en casa, de medio milímetro de espesor, sobre la superficie lunar y, de vuelta en la Tierra, al analizarlas, se pudieron identificar qué partículas tenían atrapadas”, apunta Madiedo.

Armstrong y Aldrin grabaron y fotografiaron el terreno, y anotaron observaciones muy valiosas sobre la superficie lunar. También tomaron 22 kg de roca y de regolito o polvo lunar. Parte de aquellas muestras se estudiaron entonces y otras se preservaron para ser estudiadas en el futuro con tecnologías más sofisticadas. De hecho, aún quedan muestras sin abrir.

El estudio de esas rocas y regolito permitió corroborar la teoría de que la Luna se originó hace 4500 millones de años a causa de la colisión de un objeto del tamaño de Marte, Theia, contra la Tierra. “Las rocas de más de 3000 millones de años de antigüedad recogidas en la Luna corroboran esa teoría, que la Luna y la Tierra están genéticamente relacionadas”, apunta Bernard Foing, director del Grupo Internacional de Exploración Lunar de la Agencia espacial europea (ESA).

Y aunque aquella misión inauguró una nueva etapa en la astronomía, seguramente, “la principal revolución no fue científica, sino social. Llevar humanos a la Luna hizo que millones de personas soñaran con ser ellos quienes caminaban sobre la superficie lunar y dieran soporte pleno a estas misiones, a pesar de los enormes riesgos que conllevaban para los astronautas”, considera Ignasi Ribas, director del Institut d’Estudis Espacials de Catalunya (IEEC). “La conquista humana de Marte será, seguramente, el equivalente de esta misión”.  

Fuente: https://www.lavanguardia.com/ciencia/20190718/463561387065/llegada-hombre-luna-apollo-11-cambio-vision.html

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