sábado, 27 de diciembre de 2014

Cosmética ficción

Algunos anuncios de cosméticos prometen mucho más de lo que sus productos realmente ofrecen
De hecho, algunas de estas promesas sugieren que los cosméticos actuarían como fármacos, lo cual sería directamente ilegal
¡Vivir arruga! y lo mejor es asumirlo para aprender a hacerlo más llevadero




¿De verdad se creen que una crema que ustedes se aplican en la cara pueda enviar mensajes a su cerebro sin ser un fármaco? ¿ O que el ADN de una planta “penetre” a través de su piel y cambie el funcionamiento de las células de su epidermis, en cuyo caso actuaría como un virus?
 
¿O que active un gen como afirma una marca en su página web? La Tecnología Sirtuin facilita a la piel el tiempo crítico que necesita para mejorar sus funciones naturales de restauración. La tecnología SIRT-1 potencia la activación natural del gen de la longevidad, el SIRT-1, de forma que otorga a las células un tiempo extra para llevar a cabo sus funciones de reparación. Su efecto visible es que la piel adquiere un aspecto más radiante con el paso del tiempo.
 
Efectivamente la sirtuina se postula como una nueva vía para retrasar el envejecimiento, al menos así parece demostrarlo las investigaciones realizadas en levaduras y ratones, pero usted no es ni lo uno ni lo otro, en humanos solamente hay hipótesis muy complejas sobre su posible papel en los mecanismos hipotalámicos relacionados con dietas restrictivas, algo que como pueden imaginar tiene muy poco que ver con la piel.
 
 ¿Y Qué les parece este texto de un blog de belleza de un conocido periódico?:
“La teoría es que las células de la piel, para regenerarse, dependen de señales eléctricas. Tras años de investigación, los científicos de Roc han descubierto la tecnología “e-pulse” (protegida por 10 patentes) que actúa como minibaterías que impulsan la bioelectricidad natural de la piel. Y esto hace que las células se vuelvan más activas y por tanto, produzcan más colágeno y elastina.

La verdad es que la bioelectricidad existe y tiene un papel importante en la  cicatrización de heridas. Pero como los  estudios afirman “el medicamento transdermal debe ser suministrado con técnicas de energía térmica, ultrasonido, energía de radio frecuencia y electroforesis”. Y está es una de las trampas mas comunes de este gremio, atribuirle a sus “pociones” propiedades de fármacos, hecho que, por un lado está prohibido y por otro es un fraude ya que la única revisión existente sobre el tema habla de que las diferentes formas de uso conllevan la aplicación de microcorrientes. Y que sepamos la cremita en cuestión no lleva ningún aparato de descargas eléctricas incorporado ¿verdad?

Y por cierto no se engañen, también podría estar registrada con cien patentes, o con mil, después de todo para ello solo hay que ir y patentarlo y que nadie lo haya hecho antes claro, pero la oficina de patentes no le va a pedir que les demuestre que su invento sirva para nada.
 
Aunque el Nobel Magufo de este artículo se lo lleva la “neurocosmética”, que pretende a través de un potingue penetrar hasta los “neuromediadores”, de ahí a los neurotrasmisores y estimular la producción de endorfinas. Ni más ni menos. Lean si no el párrafo siguiente:
La  cosmética sensorial pretende conseguir la eliminación de las arrugas mediante activos que relajan los signos cutáneos y estimulan la felicidad. La ciencia ha comprobado que la piel y el sistema nerviosos están íntimamente relacionados, tal y como asegura el saber popular, y se encuentran en continua interacción a través de unas sustancias que liberan las fibras nerviosas: los neuromediadores…   …El daño producido por cualquier tipo de estrés en el ADN cutáneo causa procesos de inflamación y libera mediadores inflamatorios que, a su vez, dañan también el ADN…
La neurocosmética pretende influir en los neurotransmisores, relajando los centros de dolor y estimulando la producción de endorfinas (hormonas del placer). Sin estrés, es más difícil que aparezca la arruga.
 
Analicemos algunas de estas frases. “la piel y el sistema nerviosos están íntimamente relacionados”. Si, efectivamente, y es aplicable por igual a cualquier órgano y el sistema nervioso, dado que si no dejaríamos de funcionar... y de ahí saltamos de manera pseudo-científica a que las cremitas funcionan produciéndonos placer al estimular la liberación de endorfinas. Otro nombre parece más adecuado para todo esto: neuro-morro.
 
Otra frase, “ El daño producido por cualquier tipo de estrés en el ADN cutáneo”. El daño en el ADN, hasta dónde sabemos, se llama sobre todo “mutación” y las consecuencias son bastante peores que el envejecimiento o la inflamación, algo a lo que estamos irremediablemente abocados. Y la fuente principal del daño en el ADN cutáneo y causa de los melanomas es la luz del sol, concretamente en la parte ultravioleta del espectro. Este texto pseudo-científico está mezclando la inflamación (respuesta inmune) con el daño en el ADN (mutación), usando el ADN como palabra clave y de marketing, aunque lo que se esté diciendo carezca de sentido.
 
Existe otro efecto en el ADN, la metilación, la cual inhibe la expresión de genes concretos y puede estar causada por estrés ambiental, efectivamente. Esta forma de epigenética puede ser o no perjudicial, y de hecho resulta con frecuencia una respuesta beneficiosa del organismo, siendo en gran medida adaptativa y disminuyendo por tanto la mortalidad o el envejecimiento prematuro del organismo. De hecho, existe un nivel óptimo de tasa de metilaciones dónde el riesgo de enfermedades es mínimo. Por tanto, no se puede considerar que la metilación, en sentido general, esté “dañando el ADN” ni que sea en absoluto perjudicial.
 
 
Y finalmente, una droga para eliminar el dolor... ¿de verdad nos creemos que eso es un cosmético?
 
A los próximos 100 estresados que me lleguen a la consulta les voy a embadurnar la cara a ver si se les pasa, esto sí que sería un experimento en toda regla, pero ya les digo de antemano que tengo serias dudas de que funcione más allá del placebo. Sí es verdad que muchos pacientes con patología psicológica presentan sintomatología dermatológica, y que cuando remite el cuadro psicológico mejora el estado de la piel, pero el efecto contrario… no parece plausible. Un cosmético nunca les va a quitar un cuadro ansioso-depresivo (entendiendo cosmético sin drogas de por medio, claro está). Pero el reclamo suena estupendamente cuando se mezclan conceptos como estrés oxidativo, inflamaciones y neurotrasmisores.
 
Pero ni ADNs, ni impulsos eléctricos, ni neuroleches.

¡Les están tomando el pelo!

Un cosmético según la  legislación española es toda sustancia o preparado destinado a ser puesto en contacto con las diversas partes superficiales del cuerpo humano (epidermis, sistema piloso y capilar, uñas, labios y órganos genitales externos) o con los dientes y las mucosas bucales, con el fin exclusivo o principal de limpiarlos, perfumarlos, modificar su aspecto y/o corregir los olores corporales y/o protegerlos o mantenerlos en buen estado. Sin más. Todo lo que pase de ahí debe ser considerado fármaco, y como tal cumplir una severa serie de requisitos.

¿Qué tienen en común la mayoría de estos productos? Primero un marketing brillante, anuncios en los que además de mujeres perfectas vemos laboratorios dignos de la NASA y señores con inconfundible uniforme de científicos, un lenguaje ininteligible para quien no haya estudiado biología molecular o similar y un precio estratosférico, tan estratosférico que puede llegar a los 8000 euros el kilo.

Hace relativamente poco tiempo, en un estudio de comparación de una conocida asociación de consumidores el resultado encontrado fue que el mejor cosmético para la cara era una crema de supermercado. “ Sus limitados efectos hacen que no haya ninguna crema de resultados espectaculares. Lo espectacular es la conclusión: nuestro análisis demuestra que la mejor de las analizadas es una crema que cuesta apenas 3 euros… mientras que otras que cuestan 30 veces más son menos eficaces.” 
 
De todas maneras no tienen por qué fiarse de mí pero…¿Qué les parecería que lo admitieran directamente desde la industria cosmética? :
Ninguna crema es capaz de eliminar las arrugas o la celulitis”. Lo reconoce Carmen Esteban, directora técnica de la Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética (Stanpa), que agrupa en España a las principales marcas del sector. “Podemos reducir su profundidad, mejorar la apariencia de la piel, alisarla, pero nunca desaparecen”, añade. 

 Así que la tecnología IntuiGen -¿no funciona en absoluto? ¿Ni me reproducen las células como promete otra? ¿Tampoco crean proteínas de juventud? ¡Vaya!

La verdad es que, con un mínimo de sentido común, muchas de las afirmaciones publicitarias ya resultaban bastante difíciles de creer. Pero con unas nociones de conocimientos técnicos en muchas ocasiones son directamente desternillantes.

Como afirma Ben Goldacre, el de la cosmética, " es un sector altamente regulado en el que se puede ganar mucho dinero con las extravagancias y los absurdos, de ahí que hallemos en él a grandes equipos organizados de empresas biotecnológicas internacionales que no dejan de generar pseudociencia, una pseudociencia tan elegante, alienante y sugerente como perfectamente defendible."
 
La supuesta investigación de vanguardia esa de la que nos hablan esos señores vestidos indefectiblemente con bata blanca, desde los laboratorios pseudoespaciales, se traduce muchas veces, si leen los asteriscos, en afirmaciones como: “37 mujeres opinan que tienen la piel mejor”. En ocasiones anuncian grandilocuentemente que se han realizado tests, como “test in vitro”, sin más aclaraciones. Otras veces sólo podemos leer “Test clínico”. Bien, si ese test se refiere a la profundidad de las arrugas, valorada con algún tipo de medición, les voy a contar algo que, a lo mejor desconocen, si yo provoco una pequeña inflamación sobre la piel, las arrugas temporalmente aparecerán disminuidas, pero no estoy eliminándolas, estoy inflamando la piel, cosa que, como pueden ver claramente, no es lo mismo.
 
En ocasiones leemos en el envase: “ testado dermatológicamente” que sólo quiere decir que el producto ha sido evaluado sobre la piel de voluntarios, , pero claro, eso no es sinónimo de que sea eficaz solo significa que no provoca alergias ni irritaciones.

Los miembros de la Academia Española de Dermatología y Veneorología, expertos en cremas afirman:
  Cremas que curan el acné y eliminan las arrugas, las estrías y las cicatrices. ¿Se le puede pedir algo más a un producto cosmético? ……

…….Dichos 'spots' osan incluso asegurar que existen "rigurosos estudios científicos" que avalan sus resultados. ¿Es posible realmente conseguir tales efectos? Dermatólogos de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) afirman que son 'exagerados'.
"Tales beneficios no pueden producirse sólo con la administración de una crema", señala Elia Roo, coordinadora de la Unidad de Estética del Hospital Sur de Alcorcón (Madrid). Y añade: "Puede ser un buen producto hidratante y atenuar las arrugas precisamente por dicha propiedad, pero no las elimina. Tampoco consigue hacer desaparecer las estrías ni las cicatrices completamente; es imposible".
Como explica la doctora Roo, no hay que olvidar que se trata de un producto cosmético, no terapéutico. Es decir, sólo actúa en la capa superficial de la piel y sus efectos son limitados.
  Además de cuestionarnos la eficacia de aquello por lo que pagamos, está la no menos importante pregunta de cómo podrían llegar a afectarnos alguno de los componentes de estos productos a largo plazo. La antropología forense ha llegado a documentar intoxicaciones, epidemias e incluso muertes por cosméticos en épocas pasadas. 

En Japón durante el período Edo, (1603-1868)  los cosméticos blanqueantes faciales se hicieron muy populares. Los ungüentos con los que se empolvaban eran el keifun (cloruro de mercurio) y el empaku (el blanco de plomo) ambos con altas concentraciones de metales tóxicos. El arqueólogo Tamiji Nakashima, de la University of Ocupational and Enviromental Health de Japón encontró evidencias de grave contaminación por plomo entre los niños de las familias samuráis que vivieron en Kitakyushu en el periodo Edo. De hecho la altísima mortalidad infantil entre los miembro de esa casta social, fue uno de los factores que provocaron directamente su desaparición.

A través de  estudios sobre los restos óseos llegaron a la conclusión de que las muertes de los bebés las produjeron los polvos blancos faciales utilizadas por las madres de los niños.

 Esto nos plantea la siguiente cuestión, si cada año, e incluso cada temporada, las marcas cosméticas nos sorprenden con sus “novedosos avances” y “revolucionarios descubrimientos”, teniendo en cuenta el tiempo que requiere una investigación de efectos a largo plazo,¿ No podría algunas de estas novedosas sustancias acabar siendo tóxicas como en el caso de los pobres japoneses? Después de todo afirman “llegar al ADN de la piel”, “modificar su estructura” y “provocar cambios celulares”. Ni más ni menos. Si es mentira, nos están engañando y estafando, y si es verdad, estamos asumiendo algunos riesgos que desconocemos

Además, estamos hablando de cada uno de los productos en individual, ¿que pasaría si los combinamos todos?Algunos investigadores piensan que puede aparecer el denominado “efecto cocktail”. Según esto los jabones, geles de ducha, champús y otros productos  tendrían una alta concentración de los denominados “disruptores endocrinos” (DE). Unas sustancias químicas que dañan la calidad del esperma y que, por tanto, explicarían el grave aumento de las tasas de infertilidad entre los hombres, según la hipótesis lanzada por un grupo de investigación del Center of Advanced European Studies and Research.

La verdad es que si debemos elegir entre que no nos tomen el pelo o que por alguna extraña combinación de potingues se nos ponga la piel a topos, la opción parece clara. Hay una solución muy, muy fácil: ¿qué tal si nos limitáramos a ducharnos con un jabón normal, hidratarnos con una crema que no prometa nada y protegernos del sol todo el año?. Eficaz, simple… y barato. Y acéptenlo, las autoridades sanitarias advierten que vivir produce arrugas.
 
Fuente: http://www.eldiario.es/cienciacritica/Ciencia-ficcion_6_339176091.html

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