martes, 12 de noviembre de 2019

Bolivia y el golpe de estado neoliberal

La derecha latinoamericana ansía acabar con la totalidad de proyectos de cambio progresista que durante las últimas décadas dominaron la geopolítica continental.

Foto: Eneas de Troya
Foto: Eneas de Troya
Octubre fue un mes cargado de futuro para América Latina. Las elecciones en Bolivia se producían entre las protestas populares en Ecuador y en Chile y éstas se sumaban a las que se daban las últimas semanas en Honduras o Haití. Elecciones había igualmente en Argentina y Uruguay que suponían una reafirmación mayoritaria de las opciones progresistas. Todos estos acontecimientos, que ya se extienden hasta el mes de noviembre suponen una convulsión política y social que no se veía desde hace años en el continente latinoamericano.

Pero en la mayoría de los casos hay una constante que permite entender la situación. El agotamiento de la reimplantación del modelo neoliberal en algunos países choca con el intento de las oligarquías por recuperar o mantener sus privilegios y poder. Las nuevas medidas privatizadoras de sectores estratégicos, incluidos otros sociales como educación o sanidad, de adelgazamiento y endeudamiento de los estados y de aumento de precios que repercuten en las grandes mayorías, tienen como consecuencia directa el empobrecimiento de éstas últimas.

Simpatizantes de Evo Morales son reprimidos en La Paz. 
Simpatizantes de Evo Morales son reprimidos en La Paz.  Imagen: AFP

La derecha latinoamericana ansía acabar con la totalidad de proyectos de cambio progresista que durante las últimas décadas dominaron la geopolítica continental. Para ello, con la ayuda de organismos internacionales como el FMI, entraron en una dinámica veloz y feroz de reimposición de medidas propias del neoliberalismo hasta causar el agotamiento en la capacidad de resistencia de las distintas sociedades.

Ese es el origen hoy de las protestas sociales que recorren el continente. Y es importante tenerlo presente para entender lo que en estos días acontece en Bolivia, incluido el intento de golpe de estado y la posterior convocatoria de nuevas elecciones para frenar éste último y el posible derramamiento de sangre. Este país representa, en cierto modo, una isla en el panorama de reinstalación del neoliberalismo. De alguna forma, los grandes cambios operados durante el gobierno de Evo Morales, que han supuesto una mejora innegable de las condiciones de vida de la población, son el espejo en el que el fracaso neoliberal se ve reflejado día a día.


Los datos muestran la evidencia, en gran medida, de estos cambios. El estado recuperó el control de muchas de las empresas estratégicas que se habían privatizado, como los hidrocarburos, la electricidad, aeropuertos, telecomunicaciones y esto supuso un aumento enorme de los recursos públicos. Éstos a su vez se han enfocado prioritariamente a la disminución de la brecha de la desigualdad, llevando a cabo una redistribución de los recursos hacia los sectores más pobres.


Ya despegó el avión de la Fuerza Aérea Mexicana con Evo Morales a bordo. De acuerdo a las convenciones internacionales vigentes está bajo la protección del de México. Su vida e integridad están a salvo.
 Así se consiguió que la pobreza y la extrema pobreza hayan disminuido en estos años en más de un 20%, o que la UNESCO declarara a Bolivia libre de analfabetismo. El famoso PIB se incrementó en más de un 4% y la economía boliviana en los trece años de gobierno progresista ha crecido de media anual casi un 5%. Datos que para sí quisieran no solo el resto del continente, sino también la mayoría de los países europeos. Un mal ejemplo para el neoliberalismo pues demuestra que puede haber alternativa a ese modelo que se pretende hegemónico.

Pero, complementariamente, otros grandes cambios, no económicos, se han dado en la realidad social y política de este país. El afianzamiento y extensión de la democracia participativa y comunitaria, la disminución de la desigualdad de género y generacional, el protagonismo de los movimientos y organizaciones sociales, son algunos de ellos.

En el otro lado de este panorama se ubican principalmente los sectores, nacionales e internacionales, que perdieron el poder político y parte del económico en 2005. Intentaron durante los primeros años del proceso reventar el mismo utilizando todos los medios a su alcance, incluidos los de comunicación (privados en más de un 90%). El sabotaje económico, el separatismo inventado, el golpe de estado o el boicot al proceso constituyente fueron herramientas antidemocráticas para acabar con la nueva etapa.

Su debilidad les hizo retirarse en cierta medida y ahora se presentan como defensores a ultranza de la democracia y mediante los viejos métodos de las dictaduras (racismo y persecución contra organizaciones sociales, secuestro de medios de comunicación, violencia y ataques a las instituciones y a los liderazgos populares…) tratan de acabar con un gobierno elegido democráticamente (47%) y con el proceso de cambio antes descrito.

Cuentan con aliados poderosos como son la OEA, los EE.UU. y la misma Unión Europea que han mantenido un hipócrita silencio ante el golpe de estado pretendido, dándole la cobertura internacional necesaria mientras miran para otro lado ante las masivas protestas populares en países como Haití, Ecuador o Chile, donde el modelo neoliberal se cuestiona desde sus raíces. Para dar solución a esta difícil situación, para cumplir con los compromisos adquiridos, para frenar el golpe de estado y, sobre todo, para evitar el derramamiento de sangre, el gobierno convoca nuevas elecciones. Veremos siguientes acontecimientos.


Fuente: https://www.elsaltodiario.com/bolivia/bolivia-y-el-golpe-de-estado-neoliberal

Más información: En Bolivia solo existe el poder de las armas

No hay comentarios:

Publicar un comentario