jueves, 16 de junio de 2016

Philip Morris, el poder del ‘lobby’ tabaquero en Bruselas

Los Estados quieren mantener el acuerdo millonario con la mayor tabacalera del mundo, la Comisión está dividida y el Parlamento se opone. “Nada indica que se vaya a renovar el acuerdo, pero nada indica tampoco que no se vaya a hacer”
 

A principios de julio vence un acuerdo que ha estado en vigor la friolera de 12 años entre la Unión Europea y la mayor tabacalera del mundo. En 2004 Philip Morris estaba a punto de sufrir una severa sanción de la Comisión Europea por su implicación en casos de contrabando cuando de pronto el Ejecutivo comunitario de la época –comandado por Romano Prodi-- y la multinacional se sacaron de la chistera una singular idea: durante dos sexenios Philip Morris, el contrabandista, abonaría mil millones de euros a los Estados miembros para controlar el mercado negro de cigarrillos --el 90% para los Estados y el 10% para el presupuesto de la Comisión. 

Muy cerca de concluir el periodo de 12 años, el panorama es desconcertante: casi todos los países miembros quieren renovar el acuerdo porque la multinacional les gratifica generosamente pero el Parlamento Europeo, por el contrario, ha votado contra la prórroga a Philip Morris. La Comisión está dividida: ya debería haber tomado una decisión pero no sabe qué hacer, apuntan varias fuentes. El contrabando ha menguado y dado paso a otros problemas. Y entretanto, un 26% de los europeos fuma –apenas una caída de dos puntos porcentuales en cuatro años--, una media bastante por encima de la de Estados Unidos o Japón.

Nada es igual que antes con relación al pitillo, cuya industria ha gozado durante el siglo XX de una barra libre sin igual en otros sectores. Antes de que Bill Clinton declarara la guerra al tabaco, siete CEO de las principales tabacaleras estadounidenses desfilaron en 1994 por el Congreso y proclamaron sin ningún rubor: “La nicotina no es adictiva”. Se fumaba en las aulas, en los trenes, en los aviones, en el cine. Por descontado, en los bares. Los paquetes no incluían imágenes perturbadoras de afectados por cáncer de pulmón. 

 Los intentos de los Estados para frenar vía prohibiciones la impunidad total del tabaco y sus efectos perjudiciales para la salud fueron contestados con apelaciones a la libertad del individuo y otras patrañas anticientíficas que han salido escaldadas delante de los tribunales, incluidas multas millonarias. Y esas reacciones libertarias son parte del sustento que nutre al lobby de la nicotina: un reportaje de Le Parisien en 2014 y un documental de France 2 al año siguiente probaron que Philip Morris distinguía entre eurodiputados “verdes” (pro-tabaco) y “rojos” (anti) y que la compañía llegó a redactar literalmente enmiendas legislativas a algunas de sus euroseñorías.   

“A pesar de ser el mayor productor mundial de cigarrillos, un producto probadamente mortífero, Philip Morris goza de un acceso fácil a la Eurocámara y a la Comisión”, observa Olivier Hoedeman, del Corporate Europe Observatory. “Se gasta 1,5 millones  de euros al año en su oficina en Bruselas para hacer lobby. En 2013, en medio de la batalla en torno a la Directiva sobre tabaco, destinó cinco millones”.

La directiva sobre la industria tabacalera se promulgó en abril de 2014 aunque su recorrido legislativo concluyó el pasado 20 de mayo. Entre otras cosas, impone la desaparición de las marcas de los fabricantes, emplaza a diseñar otras cajetillas “neutras” sin el logo publicitario y elimina igualmente el tabaco de sabores. “La nueva excusa de los lobistas es la supuesta lucha contra el contrabando y la falsificación”, denuncia la eurodiputada Françoise Grossetete.

Grossetete, perteneciente al partido de Nicolas Sarkozy, ha sido en los últimos años el martillo del Parlamento Europeo contra esta industria, a diferencia de alguno de sus colegas de bancada que calcaron literalmente enmiendas enviadas por Philip Morris. “Los fabricantes fueron cogidos con las manos en la masa y ahora se ofrecen a supervisar un delito –el contrabando-- que ellos mismos practicaban para evitar la dura fiscalidad sobre el tabaco”. Para la eurodiputada francesa, existen “prácticas incestuosas” entre las instituciones y los lobbies y el erario comunitario ha dejado de ingresar 10.000 millones de euros desde el acuerdo de 2004, según sus cálculos.

Oficialmente, la Comisión Europea tiene una opinión muy distinta plasmada en un estudio publicado en febrero: los 12 años en los que Philip Morris se ha hecho cargo del contrabando, éste ha caído un 85%. ¿Un éxito? La propia Comisión no dice tal cosa. “El mercado ha cambiado significativamente. El acuerdo con los fabricantes no evita el contrabando de marcas blancas”, reza el estudio. 

Una sensación de angustia recorre estos días el Berlaymont, sede del Ejecutivo comunitario que preside Jean-Claude Juncker. Así lo confirman las fuentes consultadas a este respecto. “Nada indica que se vaya a renovar el acuerdo pero nada indica tampoco que no se vaya a hacer”, resume un oficial de manera grouchiana. 

Las marcas blancas suponen un desafío distinto que el añejo y clásico contrabando. “Se fabrican en países de Asia central y suroriental. Por lo tanto y pese al exitoso acuerdo con Philip Morris, no sabemos si vamos a renovar el acuerdo porque todo ha cambiado. El problema es quién asume esa decisión y sus posibles consecuencias”, exponen portavoces comunitarios. ¿Y la opinión de la Eurocámara? “La opinión del Parlamento Europeo no es vinculante. En 2004 la Comisión actuó por mandato de los Estados miembros”. 

El comisario más reacio a renovar un acuerdo contra el contrabando con la multinacional es el responsable de la cartera de Salud, Vytenis Andriukaitis. Andriukaitis, un cirujano lituano con conocimiento de causa, no solo comparó a finales de mayo la adicción al tabaco con el terrorismo del Estado Islámico sino que fue más allá. “Los atentados de Bruselas fueron muy graves, pero 700.00 muertes prematuras evitables cada año en la UE también lo son, ¿no?”. 


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