martes, 24 de diciembre de 2013

El elefante enano

Ha estado publicada por los biólogos del  Wildlife Conservation Society - Galle, Biodiversity Research & Education Center, la primera evidencia documentada del fenómeno del enanismo en un animal adulto salvaje. Se trata de un ejemplar de elefante asiático descubierto en Sri Lanka. De un metro y medio de alto, fue visto en el Udawalawe National Park al sur del país. La pequeña estatura es debida a las patas cortas, desproporcionadas respecto al resto del cuerpo. "El enanismo es relativamente común entre los animales domésticos como los perros, gatos ..,pero muy raro entre los animales salvajes", explica el documento


Sri Lanka, l'elefante nano: il primo caso documentato
Sri Lanka, l'elefante nano: il primo caso documentato
Sri Lanka, l'elefante nano: il primo caso documentato
 Fuente: http://www.repubblica.it/ambiente/2013/12/22/foto/sri_lanka_l_elefante_nano_il_primo_caso_documentato-74256906/1/#2

Alan Turing recibe el indulto póstumo

La figura clave en el bando británico de la Segunda Guerra Mundial y el visionario de la informática fue condenado a la castración química por ser homosexual



Gran Bretaña ha concedido este martes el tardío perdón a una de las figuras más relevantes de su historia contemporánea. La misma nación a la que el brillante matemático cedió sus conocimientos algorítmicos, le devolvió el "favor" condenándole en 1952 a la castración química por admitir su homosexualidad. Casi seis décadas después de su enigmática muerte -y con un esfuerzo desmesurado por parte del secretario de Justicia, Chris Grayling- se le ha concedido el indulto en virtud de prerrogativa real otorgada por la reina Isabel II.

Su cooperación, decisiva para la victoria británica, en la Segunda Guerra Mundial o las bases que dejó en su legado en favor de la investigación informática, no le salvaron de una sociedad opresiva y homófoba que no dudó en sentenciar a uno de sus héroes nacionales por "atentado contra la moral pública".

La vida privada del genio ha resultado ser un quebradero de cabeza para los historiadores hasta sus últimos días. El cianuro y su temprana edad fueron las dos claves de una muerte que alimentó todo tipo de hipótesis shakesperianas. En 1954, con 41 años, moría envenenado por una manzana cayendo en la broma macabra del destino de quien siempre había admitido que Blancanieves y los siete enanitos era su cuento preferido. Accidente o suicidio, su trágico final llegó dos años después de que el gobierno británico le diese un ultimatum: o la cárcel o inyecciones de estrógeno.

Un perdón no recíproco
El moimiento para restaurar la imagen de Turing culminó cuando se presentó una moción en la Cámara de los Lores para oficializar el indulto, promovida por el barón John Sharkey. Finalmente, el martes la reina Isabel II emitió el indulto al amparo de la Real Prerrogativa de Misericordia, tras ser demandado por el actual ministro de Justicia, Chris Grayling. "Turing se merece ser recordado y reconocido por su fantástica aportación a los esfuerzos de guerra y por su legado a la ciencia. Un indulto de la Reina es un tributo adecuado para un hombre excepcional", indicó el político británico.

En 2009, el entonces Primer Ministro, Gordon Brown presentó sus excusas admitiendo que Alan Turing había sido tratado de forma "horrible". Disculpas que llegan a destiempo y que se suman a los reconocimientos insustanciales a quien ya no puede agradecerlos, ni perdonarlos.

Los científicos a una
"Una computadora puede ser llamada inteligente si logra engañar a una persona haciéndole creer que es un humano", decía Turing, quien consiguió en 1936 establecer el primer modelo teórico de inteligencia artificial en las máquinas. Pero su figura quedaría eternamente ligada a los algoritmos cuando fue reclutado por los servicios de inteligencia británicos para descodificar las señales secretas del ejército nazi. Bletchley Park fue su parque de recreo, en el que dejaría una huella imborrable de genialidad al diseñar la "bomba" que desmontaría las Enigma alemanas. Tras juzgar el "fallo grave en su carácter", las autoridades le obligaron a abandonar el Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno ( GCHQ, centro de escuchas).

El visionario matemático dejó una herencia clave para el desarrollo de la ciencia, la Inteligencia Artificial e incluso de la medicina regenerativa. En el centenario de su nacimiento, la comunidad científica y Stephen Hawking se sumaron a una denuncia conjunta abanderando su memoria y exigiendo a David Cameron el perdón formal para Alan Turing, a través de una carta en el Daily Telegraph.

El mensaje emitido por Hawking y otros diez científicos cuenta con firmas como la del astrónomo real Martin Rees o Paul Nurse, responsable de la Royal Society. El entonces ministro de Justicia, Tom McNally, consideró que el perdón " no es apropiado ya que Turing fue propiamente condenado por lo que en esa época era un delito criminal".

El indulto real llega con la intención de vendar las heridas de uno de los episodios más bochornosos de la historia británica, en la que los verdaderos héroes son los más de 50.000 hombres que fueron víctimas de estas prácticas medievales por su orientación sexual.


Convierten basura en instrumentos musicales para tocar en las calles

 Conjugando una inquietud musical con el afán de promover una responsabilidad medioambiental, traducida en la promoción del reciclaje, un grupo de jóvenes de Guadalajara, la segunda ciudad más grande de México, creó Recicleychon.

Se trata de una banda musical cuyos instrumentos están exclusivamente elaborados con mangueras, botes, cinta adhesiva, palos, hojalatas, garrafones, y cartón. Recicleychon, fundada por Juvenal Álvarez, la integran cuatro miembros,quienes se reúnen en el centro de su ciudad para tocar en plazas públicas. Y al parecer el ingenio de estos jóvenes genera particular simpatía pues, en un ‘buen’ día, llegan a recibir hasta mil pesos (aproximadamente 77 dólares) por parte del público espontáneo que los encuentra en la calle.

Por cierto, llama mucho la atención que el sonido de la banda guarda una notable similitud con de una banda tradicional de música popular mexicana, dejando en claro que la diferencia entre instrumentos industriales y los reciclados, es mucho menor de lo que podríamos esperar


lunes, 23 de diciembre de 2013

Grace Hopper, la matemática que enseñó a hablar a los ordenadores

Conocida como Amazing Grace, Grace Hopper (Nueva York, 1906 -Virginia, 1992) está considerada, entre otros méritos, como la precursora del lenguaje COBOL (Common Business-Oriented Language). Un lenguaje de programación universal, e inédito en la época, capaz de ser usado por cualquier ordenador y que se ha utilizado principalmente en los negocios.

Pero antes de convertirse en la ‘asombrosa Grace’, Hopper demostró desde la infancia sentir una fuerte atracción por las matemáticas y la ciencia. Descendiente de militares, su abuelo -al que ella tenía como modelo a seguir, fue almirante de la Armada de Estados Unidos-, y su padre apoyaron sus estudios para que tuviera las mismas oportunidades que su hermano. 

Algo inusual para una mujer de la época (en plenos años 30) Hopper consiguió el doctorado en matemáticas en la universidad de Yale y fue profesora en la materia hasta que un acontecimiento histórico cambió el rumbo de su vida.

El estallido de la II Guerra Mundial y la entrada de EEUU en la contienda, fue para ella decisivo para que, a sus 37 años, se uniera a la Marina. “La primera vez que vas a un campo de entrenamiento, si te colocan en un sitio y no te dan más órdenes, ponte a dormir”, bromeaba una octogenaria Grace Hopper a un joven David Letterman en su late show muchos años después. 

La Marina norteamericana envió a Hopper a Harvard para trabajar en el proyecto de computación que dirigía el comandante Howard Aiken. Se trataba de la construcción de la computadora experimental Mark I.
“Cuando empecé con la computación no sabía nada de ordenadores, claro, hice el primero”, le decía a Letterman. Su tarea consistía en calcular los coeficientes matemáticos del ordenador electromecánico Mark I. Durante su estancia en la universidad de Harvard, escribió un manual de 500 páginas sobre los principios elementales del funcionamiento de una “máquina informática”

Se le atribuye haberle dado nombre a los bugs de computadores, aunque en sus biografías siempre puntualizaba que no fue ella la que encontró al “bichito”. Según cuenta la historia, en agosto de 1947, mientras estaba trabajando con algunos colegas en el Mark I en Harvard, un circuito comenzó a funcionar mal. Usando una pinza, un investigador detectó el problema: una polilla. Hopper anotó al bicho en su libro de registros, indicando que "desde entonces, cada vez que algo salía mal con un computador, decíamos que tenía bugs (bichos) dentro".
 
En el laboratorio de cómputo de Howard Aiken durante la guerra, Hopper se convirtió en una más entre los compañeros, luego, cuando finalizó el conflicto, se trasladó a la Eckert y Mauchly Computer Corporation, la empresa que concibió los primeros ordenadores comerciales ( UNIVAC) y cuyos dueños, John Presper Eckert y John William Mauchly fueron también los padres de la famosa ENIAC.

Amazing Grace

Rebelde y colaborativa, fue muy influyente en unas Fuerzas Armadas y unas empresas dominadas por los hombres en un momento en que lo único que se alentaba a las mujeres era para que se dedicaran a las tareas del hogar y la maternidad. El mayor logro técnico de Hopper fue crear las herramientas necesarias para que el ser humano pudiera comunicarse con los ordenadores en términos distintos de unos y ceros. “Si tienes una idea hazla, -decía Grace- es más fácil pedir perdón que pedir permiso”, decía, creando una frase célebre que regularmente es atribuida a otros.

Estaba convencida de que los ordenadores podían llegar a un público mucho más amplio si se creaban procedimientos más fáciles para poder programar. Sabía que para implantar los ordenadores en esferas no científicas, como el sector comercial, se debían afinar los lenguajes para hacerlos comprensibles por los no matemáticos. Su convicción de que los programas informáticos podían ser escritos en inglés suscitaba continuamente la respuesta: “Los ordenadores no comprenden el inglés”.

En 1949, contra todo pronóstico, desarrolló una técnica que traducía los símbolos matemáticos a un código de instrucción binario y comprensible por la máquina (A-O). Tres años más tarde, ante una atónita comunidad informática presentó un programa de compilación (B-O) que traducía las instrucciones en inglés en un lenguaje de programación. El compilador al que se le denominó Flow-Matic fue concebido para el tratamiento de tareas típicas de la empresa tales como la facturación y los pagos. Lo que provocó la apertura del ordenador al mundo de la empresa.
Y aquí llegamos al comienzo de nuestra historia, cuando Grace Hopper con su Flow-Matic inspiró la creación del primer lenguaje de programación orientado a la empresa (COBOL). Grace persuadió los dirigentes de empresas y la Marina norteamericana para utilizar COBOL como lenguaje estándar.
Este avance influenció a todo el diseño posterior de programación y de software y sentó las bases para el desarrollo de los ordenadores personales de uso fácil. “Los seres humanos son alérgicos a los cambios. Les encanta decir: "Siempre lo hemos hecho así". Trato de luchar contra eso. Es por eso por lo que tengo un reloj de pared cuyas agujas se mueven en sentido contrario”.

Su legado
Años después, en 1986, Hopper tuvo que retirarse de la Marina por cuestiones de edad siendo la más longeva en la historia de la Marina. Recibió numerosos reconocimientos a su carrera entre los que se encuentran más de 40 honoris causa, un destructor con su nombre ( USS Hopper) y un extraño título al “hombre del año” en 1969.

Desde 1971 se entrega el Premio Grace Murray Hopper por parte de la ACM (Association for Computer Machinery). Y desde 1994 -y anualmente desde 2006- se celebra en su honor el congreso Grace Hopper Celebration of Women in Computing para impulsar la presencia de mujeres en el mundo de la tecnología. “Para mí la programación es más que un importante arte práctico. También es un desafío gigantesco en los fundamentos del conocimiento”.

Grace Hopper falleció mientras dormía en su domicilio de Arlington, Virginia, el 1 de enero de 1992 a los 85 años. Fue enterrada con todos los honores militares el 7 de enero en el cementerio nacional de Arlington.

Los bajos salarios aumentan la pobreza en Alemania hasta niveles récord


Imagen trabajarporelmundo.org La tasa de pobreza de Alemania fue la mayor el año pasado desde que se registra la estadística, afectando a uno de cada siete ciudadanos, el 15,2%, según el informe presentado ayer en Berlín por la Paritätische Gesamtverbank, la organización que agrupa a 10.000 asociaciones del país que trabajan en ayudas sociales y sanitarias.

El presidente de esta organización, Ulrich Schneider, destacó en la presentación del informe que “nunca ha existido tanta brecha social”. Uno de cada siete alemanes tiene unos ingresos inferiores al 60% de la mediana, y la tendencia creciente del estigma de la pobreza y la exclusión social se aprecia desde hace siete años, cuando la tasa era del 12,2%.

La línea que delimita la miseria se está adentrando en el territorio de los ingresos medios, debido a las rebajas salariales. Un alemán con ingresos netos inferiores a 869 euros es considerado pobre, al igual que un hogar de cuatro miembros con menos de 1.826 euros netos mensuales.

El informe denuncia que la pobreza ha aumentado mientras que el paro ha descendido (la tasa no llega al 7%) y subraya que la causa no es otra que el incremento del empleo proletario de muy baja calidad, salarios de hambre, precarios, de tiempo parcial, mientras descienden los bien pagados y con cotizaciones sociales. La desigualdad alcanza también proporciones no vistas anteriormente.

El patrimonio de los 100 alemanes más ricos se incrementó el año pasado un 5,2% y se han contabilizado 135 personas con un patrimonio superior a los 1.000 millones de euros. Un estudio del banco suizo Credit Suisse cifraba en 1,7 millones el número de alemanes con más de un millón. El 10% de la población más rica posee dos terceras partes de la riqueza nacional.

Fuente:  http://www.yometiroalmonte.es/2013/12/23/bajos-salarios-aumentan-pobreza-alemania-niveles-record/

Un histórico pacto para la ciencia: todos menos uno

Eran muchos. Tantos que ha sido una odisea conseguir una foto en el que estuvieran todos. Era la firma del primer Pacto por la Ciencia (acuerdoXlaciencia_19dic13) que suscriben en España todos los partidos políticos, todos menos el PP y UPN. Bueno y también CiU, que asegura que lo firmará, pero en otro momento, que no le venía bien... El acto ha tenido lugar en una sala junto al Congreso de los Diputados, muy pequeña, cedida por uno de los firmantes (en concreto el PSOE) ante los problemas que les estaban poniendo desde la Mesa del Congreso (el PP), que no encontraba dónde ubicar un acto que no les venía bien porque, claro, no lo apoyaban. Boicot decían muchos.

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 Y es que después de marearles de aquí para allá, los representantes de la Carta por la Ciencia, a saber, los rectores de todas las universidades y presidentes de sociedades científicas y jóvenes y no tan jóvenes investigadores, decidieron pedir una sala ajena al Congreso para celebrar el acto, histórico, y por ello acabaron en la biblioteca de los socialistas, que tuvieron que tapar emblemas y cartelería para no herir susceptibilidades. Como las de CiU, que se descolgó en el último momento. Dicen, informa EFE, que porque era un acto "politizado". Pero ¿politizado porque se trataba de pactar políticas científicas? ¿politizado porque los partidos enviaron sus primeras espadas? ¿politizado porque fue el PSOE quien cedió el espacio que necesitaban para no estar bajo la lluvia? Los organizadores no sabían dar con la respuesta...
El primero en hablar fue el representante de la Conferencia de Rectores. "Nos congratula que la comunidad científica responda a nuestras aspiraciones. Hubiera sido deseable que estuvieran todos", declaraba en alusión a los ausentes.
Sorprendentes, y certeras, fueron las palabras del paleontólogo Juan Luis Arsuaga, Premio Príncipe de Asturias de Ciencia. "Nuestra Revolución Industrial es antigua. Desde que los Austrias nos dejaron perder industrias en favor de flamencos, la economía española va de tumbo en tumbo...Invadido hoy el mercado por unas manufacturas extranjeras que no sabemos pronunciar, la situación se ha agravado en términos inquietantes. Como ante el alud invenciones aportadas, no olvidemos que somos un país pobre, exportador de algunos frutos, no hay que ser zahorí para vaticinar escandalosa inflación fiduciaria. El déficit creciente de Hacienda y empréstitos abrumadores contribuyente, son signos de ruina, que sobrevendrá si la Providencia no hace un milagro cambiando nuestra Psicología. Pero por desdicha, el principio rector del Universo no se ocupa de los imprevisores ni de los tontos". RAMÓN Y CAJAL 1934. Nadie diría que han pasado ¡80 años!

Juan Luis Arsuaga, leyendo a Ramón y Cajal. Foto: ROSA M. TRISTÁN
 Carlos Andradas, presidente de la COSCE, a continuación, leyó el acuerdo por el que llevan peleando tanto tiempo, que ha sido suscrito por miles de investigadores. El acuerdo recuerda el dato de que el gasto en I+D bajó al 1,3% del PIB en 2012 (una décima en tres años) y lo hará más en 2013, mientras la media UE supera 2% y camina al 3% en 2020. ¿No parece evidente que hay relación entre crecimiento económico e inversiones en investigación? Pues parece que no, porque en los presupuestos de 2014, que precisamente también se aprobaron ayer, entre recortes por aquí y por allá de los servicios públicos, se mantiene un reparto entre subvenciones y créditos para la ciencia que camina en el sentido contrario al de este acuerdo.

 "Recogiendo ampliamente el sentir mayoritario entre los investigadores y del colectivo Carta por la Ciencia, queremos afirmar nuestro compromiso de apuesta por investigación, en torno a cuatro puntos que apoyarán los grupos parlamentarios:
1. Planificación plurianual para recuperar en tres años los niveles de inversión pública del 2009 (o sea, la vuelta al pasado).
2. Eliminación límites tasa de reposición del empleo público (un 10%) para incorporar nuevos recursos humanos (los jóvenes no pueden acceder).
3. Establecer compromiso plurianual para el cumplimiento de los Planes Nacionales de I+D en sus convocatorias y plazos.
4. Creación Agencia de Investigación prevista en ley, para gestión de los planes estatales con criterios científicos y con autonomía, pero con control parlamentario.

 Nada revolucionario, rompedor, fuera de la realidad, más bien se trata de cumplir las reglas... Incluso se comentaba en los pasillos que es algo tan de perogrullo que se trata del primer acuerdo que firman Amaiur y UPyD en años de legislatura. El PP, por su parte, respondería después que "no se puede poner en entredicho su compromiso con la ciencia, firmes o no firmes" (palabras de su portavoz en I+D, Alejandro Fernández). Bien, es como hablar de dragones: existe la palabra pero no lo que describe porque ¿a qué llama Fernández "compromiso"?
 
Después llegaron las firmas, empezando por Alfredo Pérez Rubalcaba, Cayo Lara, Rosa Díez... Un barullo de gente en un espacio mínimo que compartían diputados, científicos (allí estaba Amable Liñán, Jesús Ávila y muchos otros) con cámaras de televisión, fotógrafos, sindicalistas y asesores, que siempre los hay. Al final, hubo que hacerse la foto en otro lugar más amplio. No sé si con o sin permiso de las autoridades pertinentes y su estricto reglamento.
Carlos Andradas, Amaya Moro-Martín y muchos más que llevan meses denunciando cómo el sistema científico se está yendo al garete, estaban satisfechos. Han tardado 10 años en conseguirlo. Arsuaga, antes de abandonar el lugar, me resumió sus impresiones en pocas palabras: "No creo en la magia, no creo que la situación cambie de un día para otro pero es un avance, un paso, porque lo ha firmado todo el arco parlamentario, salvo el Gobierno, que es el que tendría que cumplirlo; pero como los demás son alternativa del Gobierno, cuando lo sean, se lo recordaremos. Y no hay que renunciar a un pacto de Estado. No se trata de politizar la ciencia, sino de sacar la ciencia de la política de los partidos". Ojalá se logre.

Fuente:  http://www.huffingtonpost.es/rosa-m-tristan/un-historico-pacto-para-l_b_4486394.html?utm_hp_ref=spain

domingo, 22 de diciembre de 2013

Invierno en Oriente Próximo



Nablus, Cisjordania, 12/12/2013: Un grupo de jóvenes palestinos, jugando en la nieve en Nablus. La mayoría de los colegios y universidades en las zonas montañosas, tanto israelíes como palestinas, seguían cerrados este domingo a causa del temporal. En Cisjordania, más de 4.000 personas requirieron la asistencia de los servicios de emergencia. Foto: Alaa Badarneh / EPA

Baloul, Líbano, 12/12/2013: Niños refugiados sirios hacen un muñeco de nieve. Foto: Mahmoud Zayyat—AFP

Alepo, Siria, 11/12/2013: Un grupo de combatientes rebeldes sirios, en plena batalla de bolas de nieve. Foto: Ammar Abdullah / Reuters

Aklan, Arabia Saudí, 15/12/2013: Una tormenta que se prolongó durante varias horas este domingo por la mañana cubrió de nieve grandes zonas del noroeste de Arabia Saudí e hizo bajar el termómetro por debajo de los cero grados en ciudades como Tabuk. En la imagen, el desierto cubierto de nieve cerca de la localidad de Alkan. Foto: Mohamed Alhwaity / Reuters


El Cairo, Egipto, 10/12/2013: Un policía trata de detener a un estudiante de la Universidad de El Cairo durante una manifestación en apoyo de los Hermanos Musulmanes. Un total de trece organizaciones egipcias e internacionales de derechos humanos instaron esta semana a las autoridades militares que dirigen el país desde el golpe de Estado a que investiguen la matanza de islamistas ocurrida el pasado 14 de agosto en la capital. Foto: Mohamed El-Shahed / AFP


Beit Lahia, Gaza (Palestina), 12/12/2013: Israel empezó en 2011 a permitir a los palestinos de Gaza exportar fresas, a pesar del bloqueo económico impuesto sobre la Franja. Tanto esta fruta como las flores son de los pocos productos que los agricultores de Gaza pueden seguir haciendo llegar a los mercados europeos. En la imagen, una niña, este jueves, en un campo de recolección del norte de la Franja. Foto: Mohammed Abed / AFP
Túnel de contrabando en Gaza
Rafah, Gaza, 10/12/2013: Un trabajador palestino, en un túnel bajo la frontera con Egipto. Desde el pasado mesde julio, las fuerzas de seguridad egipcias han intensificado sus acciones contra el contrabando. Foto: Wissam Nassar / Xinhua Press


Ciudad de Gaza, Gaza (Palestina), 11/12/2013: Un hombre juega con su hija en una playa de la Ciudad de Gaza, poco antes de que se desencadene una tormenta. Foto: Mohammed Salem / Reuters

Independencia del todo sobre las partes


.(Crédito de la imagen Bksimonb)
 Una individualidad es una totalidad independiente de partes interdependientes. La dependencia mutua más fundamental es la reproductiva, como entre los machos y las hembras de una especie obligadamente sexual, o entre las castas estériles obreras y las castas fértiles reproductoras en los insectos eusociales. La existencia de tales castas estériles deja de constituir una paradoja evolutiva si la individualidad objeto de selección se traslada al enjambre entero. Cuando se adopta esta perspectiva, el que las obreras deleguen la perpetuación de sus genes en unos cuantos machos y hembras fértiles no resulta mucho más paradójico que el hecho de que las células de nuestros cuerpos deleguen la perpetuación de sus propios genes en los óvulos y espermatozoides producidos por nuestras gónadas. La evolución de sociedades con castas estériles es tanto más factible cuanto más estrecho es el parentesco entre los individuos estériles y los fértiles.

  La interdependencia de los miembros de una individualidad de alto nivel puede hacerse extensiva a la alimentación [...] Una manera de consolidar la nueva identidad colectiva mediante la supeditación de las partes al todo es el intercambio de genes entre los simbiontes. [...]

  Otro aspecto de la supeditación de la independencia de las partes a la del todo es que los miembros de una individualidad de orden superior son menos viables que el conjunto. La muerte de una hormiga es mucho más probable que la extinción de un hormiguero. Los individuos integrados en una unidad de selección de nivel superior son sacrificables, lo que explica la evolución de "suicidas" como las hormigas o termitas soldado, o las abejas que mueren al aguijonear a los intrusos en defensa de la colmena. El comportamiento de una hormiga o una abeja no se comprende en clave de su propia supervivencia, sino en clave de la supervivencia del hormiguero o la colmena.

  El criterio de independencia del todo sobre las partes es trascendental para comprender la evolución de la vida compleja, ya que es el factor que más empuja hacia arriba en la escala jerárquica de la complejidad biológica. La razón última de que los organismos individuales se agrupen en individualidades de orden superior es que al hacerlo así ganan en independencia: en un medio ambiente impredecible, el conjunto es más independiente de la incertidumbre del entorno que cada individuo por separado.

Ambrosio García Leal

Abortar en Londres


Este reportaje, de 1976, fue la primera portada de 'El País Semanal'.
 
 Mari Carmen se ha despertado llorando: "Quiero vomitar". La enfermera, una negra entrada en carnes, le ha respondido en inglés que era por la anestesia. Mari Carmen no conoce una palabra en inglés, pero siente el brazo de la mujer sobre su espalda, que le da golpecitos en el hombro, y poco a poco se tranquiliza. La enfermera no la abandona ni un minuto e incluso prueba a decirle en un español tan incomprensible para Mari Carmen como el inglés, que "no pasa nada", que "todo bien". 
 
Mari Carmen se encuentra en la sala de reanimación de una clínica de un barrio residencial de Londres. Es un sábado por la mañana. Fuera brilla un sol tímido, de septiembre anglosajón. A su lado hay cuatro camas más, donde otras tantas chicas tienen deseos de vomitar por la anestesia. Tres de ellas son españolas. En la antesala se encuentran a la espera seis compatriotas más, que abortarán voluntariamente esta mañana.

Mari Carmen se ha recuperado. La enfermera la levanta en peso, la sienta sobre una silla de ruedas y la lleva hacia su habitación. "Estoy como borracha", me dice; "me siento como si hubiera bebido muchísimo, pero ahora todo ha pasado". "Tú que sabes inglés, dale las gracias", agrega, señalándome a la enfermera, "me ha mimado y me hacía mucha falta".

Nuestro viaje, el de Mari Carmen y el mío, ha comenzado hace una semana en una cafetería en Madrid. Buen número de españolas -aunque no existen estadísticas precisas- van a abortar a Londres. La cantidad es tal que se puede considerar un problema a escala nacional. ¿Pero quiénes son estas mujeres? ¿De qué clase social proceden? ¿Qué les sucede una vez que llegan a la capital inglesa? Sabemos que Mari Carmen (no es naturalmente su verdadero nombre, como no lo son los de las chicas que aparecen en este reportaje), está a punto de salir para Londres. He pedido a la amiga que le ha ayudado en las gestiones previas que me la presente.

Mari Carmen tiene 28 años. Es alta y morena. No es especialmente guapa. Trabaja como estenodactilógrafa y procede de una familia modesta. Es la menor de cuatro hermanos, y les tiene más miedo a éstos que a sus padres. ¿Por qué ha decidido abortar Mari Carmen? "He llegado a los 28 años sin ninguna experiencia sexual. El invierno pasado conocí a un chico muy simpático. Comencé a salir con él. Me gustaba: parecía un tarzán. Todo vino rodado. Me atraía mucho sexualmente. Hicimos el amor sólo tres veces: aún no sé si me causaba placer hacerlo. Después comprendí que el muchacho me era simpático, pero nada más. Cuando me di cuenta de que estaba embarazada ya habíamos dejado de salir juntos. No quiero tener este hijo porque me echarían de mi trabajo, y porque mis padres se morirían de dolor. Además yo no lo esperaba; no quiero casarme con un hombre al que no amo".

Mari Carmen me cuenta la angustia del descubrimiento: la soledad, el no poder hablar con nadie, ni tampoco con el hombre con el cuál había estado. Finalmente, se decide y le cuenta todo a un amigo que la pondrá en contacto con la muchacha que me la ha presentado. Le digo que quiero escribir un reportaje sobre ella. Duda, pero finalmente acepta que la acompañe, con el pacto previo de que no sepa ni siquiera su apellido. "No es porque no me fíe de ti", se justifica enrojeciendo, "pero es mejor también para ti". La chica nunca ha estado en el extranjero. No tiene ni siquiera pasaporte. Está tan angustiada, que si no la ayudase su amiga "que sabe todo porque también ha estado en Londres", no lo hubiese conseguido. El dinero es también un gran problema: el viaje aéreo en chárter, ida y vuelta, cuesta 7.000 pesetas; la operación y el periodo de cama de una enferma, otras 6.500; después hay que añadir el hotel y la comida de tres días. En total, 20.000 pesetas. El sueldo de un mes, que Mari Carmen ha pedido a su hermana con un pretexto cualquiera. Los demás creen que va a pasar cuatro días en la sierra.

Salimos el jueves por la mañana. Ella, en un viaje colectivo que lleva 150 turistas españoles a descubrir Londres. Yo, una hora después, en vuelo regular. Nos hemos dado cita en el hotel que la muchacha ha contratado en la agencia. Hemos decidido que dormiríamos en la misma habitación y que no la dejaría sola ni un minuto. Está aterrorizada, no ya tanto de la operación en sí, como de la ciudad desconocida, de la ignorancia del idioma. Pero es optimista y trata de darse ánimos.

El hotel es viejo y destartalado, pero bastante céntrico. Cuando llega el grupo de turistas, se llena de voces en castellano. Mari Carmen está demasiado cansada para salir a dar una vuelta y nos quedamos a charlar. Tiene unas ganas enormes de hablar. Así busca tranquilizarse. Por la noche salimos. Londres, de repente, la atrae. Mira las tiendas iluminadas de Regent Street Picadilly y se olvida de su problema. Vuelve a ser una muchacha cualquiera que sale por primera vez de su cascarón. "Es una pena que no tenga dinero para comprar cualquier cosa. Quiero volver aquí, pero de otra forma. Podríamos venir otra vez como turistas".
La cena es silenciosa. Me esfuerzo en hablar de otra cosa: le cuento mis experiencias. Ella escucha. De repente, dice con voz apagada, como si la cosa no le interesase particularmente: "¿Qué sería: un niño o una niña?". Cuando volvemos al hotel se duerme inmediatamente.

Por la mañana, nos levantamos temprano para ir a la organización (de la que sólo sabemos el nombre y las señas) que deberá enviar a Mari Carmen a un médico y de allí a la clínica. El taxi nos deja en una esquina de un barrio en el que edificios muy modernos se mezclan con viejas casas oscuras. La organización que buscamos está en una de ellas. Una pintada de color azul, sobre un muro, señala el portal. Siento que se me encoje el corazón. Sobre los pocos peldaños que conducen a la puerta, también pintada de azul, crece la hierba y todo tiene aspecto de abandono. Cuando entramos, la impresión de desolación crece: la escalera que conduce al primer piso es estrecha y está llena de cosas abandonadas: una botella de leche semivacía, una taza de té, muchos papeles. Me doy cuenta de que Mari Carmen está casi por volverse atrás y pienso que si yo estuviese en su lugar haría lo mismo. Pero se trata sólo de un momento: después la chica sube decidida. En el descansillo, junto a la centralita telefónica, hay un joven: se llama Keith, tiene una gran barba y abundantes cabellos rubios. Nos indica amablemente una sala de espera y yo le traduzco a Mari Carmen que Antonia, la mujer que se ocupará de nosotros (como luego sabremos, se trata, a pesar de su nombre, de una inglesa), llegará dentro de unos minutos.

La habitación, pequeña y llena de color, tiene varias sillas, un diván y muchos, muchísimos posters en las paredes. Parece el cuarto de un estudiante sin dinero. Sobre el sofá están sentadas otras dos chicas: las dos, morenas y con pelo largo, llevan un bolso de viaje de plástico y nos miran con atención. También yo las observo con curiosidad. Tienen un aire familiar, sobre todo por los grandes pendientes plateados que llevan. En efecto, cuando comenzamos a hablar, parecen sorprenderse: "¿Pero sois españolas?", gritan felices. Vienen de una pequeña ciudad de Castilla y tienen gran miedo y muchas ganas de contar sus vidas.
Una de ellas, Lola, de 24 años, empleada en un comercio, había salido una noche con un grupo de siempre; hacia las once, el marido de una amiga la acompañó hasta casa. Había bebido mucho y comenzó a abusar de ella. Ella se asustó, intentó defenderse, pero él -cuenta Lola- había perdido la cabeza. "Yo casi no me di cuenta de nada, vi sólo que me salía sangre. Entré en casa intentando no llorar, porque tenía miedo de mis padres. Ellos no me hubieran creído: son viejos. Tengo seis hermanos. No somos ricos, pero nos han educado de una manera estricta. No me hubieran creído. Nadie me cree -agrega mirándonos a la cara-. Preferí callarme. No esperaba quedarme embarazada. Cuando me di cuenta que pasaba algo, se lo dije a mi hermana Pili, que tiene una amiga enfermera. Fue ésta quien nos habló de Londres".

Las dos hermanas -Lola y Pili- están ya en Londres. Pili ha dejado al marido y a su hijo de un año en casa. Han dicho a todos que iban a ver a una amiga. Hasta el momento, el viaje más largo que habían hecho fue a Santander, donde tienen una tía. También ellas tuvieron problemas para encontrar dinero. La madre -con mentalidad provinciana- ha criticado a Pili por dejar al niño y al marido durante tres días. Ambas tenían miedo de venir a Londres sin hablar más que castellano. Me pregunto cómo muchachas tan apocadas como Lola y Pili han podido llegar hasta aquí.

Foto: César Lucas
Una nueva chica entra en la sala. Es alta y delgada, con los cabellos castaños, lleva pantalones vaqueros y un jersey de cuello alto. Tiene aspecto nórdico y nosotras continuamos hablando sin hacer caso de su presencia. La recién llegada, por el contrario, parece sorprenderse: "¿Pero sois españolas?". Cristina, que así se llama, es de Barcelona. Viene de un ambiente distinto. Es abogado, tiene treinta años y trabaja en un despacho colectivo.

"Al principio, había pensado tenerlo", cuenta Cristina, "pero él está casado y no quiero crearle problemas. Ni tan siquiera sabe que estoy embarazada". Cristina milita en una organización feminista y conoce desde hace tiempo la casa en la que nos hemos encontrado. Para ella no ha sido tan difícil encontrar el dinero y venir. Sus amigos no se han sorprendido cuando les dijo que venía a pasar un fin de semana a Londres.
Cuando llega Antonia, una inglesa delgada y afable, de unos treinta años, nos encuentra en plena conversación ruidosa. "Well", dice Antonia, "veo que ya habéis hecho amigas. Siempre pasa lo mismo con las españolas". Y añade, con la típica flema del país, "pero por favor, no hagáis mucho ruido. Aquí vienen también drogadictos y gentes con otros problemas que se espantan con mucha facilidad".

"Pero, ¿vienen muchas españolas?", pregunto extrañada. "Muchísimas", responde Antonia. "Y no nos explicamos cómo han podido conocer nuestra dirección. No puedo darte cifras, pero me atrevería a decir que las españolas suponen más del 60% de las extranjeras que vienen aquí a abortar".

Mari Carmen y Lola -que están claramente satisfechas de haberse encontrado y que se entienden a las mil maravillas- se disponen a rellenar el cuestionario de rigor, redactado ya en castellano, aunque con algunas faltas de ortografía: "Edad, profesión. ¿es la primera vez que se queda embarazada? ¿Ha sido operada recientemente o ha padecido alguna enfermedad importante? ¿Es alérgica? ¿Cuándo ha tenido la última menstruación? ¿Qué tipo de anticonceptivo piensa usar en adelante?".

Luego nos da una cita para todas, a las tres, con el doctor; según dice Antonia, uno de los mejores ginecólogos ingleses. Si no les ve él personalmente, lo hará un ayudante igualmente bueno.

Es la hora de comer. Lola y Pili hablan bajito entre ellas. Tenían miedo de que el dinero no les alcanzase y, en una bolsa de excusión, han traído chorizo, salchichón y fruta. "Si venís al hotel, habrá para todas", dicen.
A las tres nos volvemos a encontrar en la dirección que nos han dado: un palacete señorial. De estilo victoriano, tiene dos columnas en el exterior, y dentro posee una escalera de madera y mullidas alfombras. La sala de espera es muy diferente a la de la organización en la que hemos estado esta mañana: está puesta con gusto y con sentido del confort típicamente burgueses. Allí esperan una india, envuelta en un sari estampado, y otras dos chicas. Las tres están acompañadas por hombres. Antes que a nosotras, las llaman a ellas. Sus apellidos no dejan lugar a dudas: son de lo más corriente que existen en España. Digamos que López y Pérez.

El médico, un joven indio, toma las muestras de sangre para hacer los análisis; hace una inspección ginecológica y pregunta rutinariamente qué enfermedades han padecido. Las chicas no dudan. Todas afirman estar sanísimas. Ni tan siquiera han tenido el sarampión. Las contestaciones son demasiado mecánicas. ¿Quién puede exponerse al riesgo de no abortar después de haber hecho el viaje?

Mari Carmen, Lola y Cristina tienen ya su papeleta con la dirección de la clínica, y la indicación de presentarse a las ocho de la mañana siguiente, en ayudas y sin haber fumado. Es esto último lo que más les preocupa. "¡Sin poder fumar -se lamentan a coro- estaremos muy nerviosas!".

Para cenar, Lola y Pili vuelven a echar mano de sus provisiones. Quieren acabar con ellas. Tienen miedo de que el olor a chorizo invada el hotel.

Sólo vamos a comer fuera Mari Carmen, Cristina, César Lucas (el fotógrafo del periódico, que acaba de llegar) y yo. Las chicas están completamente relajadas. Ya no tienen miedo a nada. Ni tan siquiera de hablar libremente delante del fotógrafo, un hombre. Cristina dice que el macho hispánico no ha muerto y que para una mujer libre es muy difícil en la actualidad comportarse coherentemente. Mari Carmen, cuya extracción social es evidentemente distinta, me dice al oído: "Cuando una chica está en la cama con un hombre siempre piensa: y si lo supiese mi madre...".

Al final de la cena el más deprimido es César Lucas, que confiesa: "Con este reportaje se acaba mi carrera de latin lover".

Por la mañana, el despertador suena a las seis y media. Me cuesta trabajo abrir los ojos, mientras Mari Carmen está muy nerviosa. Para llegar a la cita, atravesamos Hyde Park y medio Londres, brumoso y vacío en el week end. La clínica -una de las siete u ocho en las que se practica el aborto también a las extranjeras- es un delicioso chalet, muy parecido a un college, en un barrio de pequeñas casitas con jardín.

En la recepción, situada en un pabellón aparte, nos recibe una enfermera. Allí están esperando ya la india, otra asiática y dos jovencitas de no más de dieciocho años. Una de las dos juega con un pequeño snoopy de trapo. Las dos hablan también el castellano, con un fuerte acento canario. Otra española más, pienso. Y no acabo de pensarlo cuando entran dos chicas que estaban en nuestro mismo hotel y que también han venido con el grupo de turistas. Más tarde llega una pelirroja, muy aparatosa, que había viajado en el mismo avión. Después, las dos muchachas -Pérez y López- que encontramos la víspera en el médico. Por fin, Cristina, Lola y Pili. Un ejército de españolas. Más tarde, sabría que de las veinte operaciones realizadas esa mañana, tres eran inglesas y diecisiete extranjeras; diez de ellas, españolas.

La enfermera dice que no puedo quedarme acompañando a Mari Carmen. Explico que soy una periodista que está haciendo un reportaje y se acaban los problemas. Me envían a la directora de la clínica, Mrs. McAlistair, que me da permiso para permanecer en la clínica hasta la noche y me invita, más tarde, a tomar un café con ella.

A Mari Carmen le ponen una pulsera de plástico con su nombre, le dan un camisón de papel y le invitan a desnudarse. Ha sido conducida a una habitación pequeña pero acogedora, con una cama y una ventana cubierta por cortinas de flores, que no ocultan el prado, típicamente inglés, situado a espaldas de la casa. Le abrocho el camisón y ella se acuerda, de pronto, de que no ha traído ni la bata, ni las zapatillas. "La próxima vez -dice con espontaneidad- tengo que acordarme de las zapatillas". Luego se da cuenta de lo que ha dicho y se ríe, viendo mi cara aterrorizada.

Llega el doctor. Se llama Arnold Finks. Tiene una edad indefinible, aunque, sin duda, ya ha pasado la cincuentena. Se parece a David Niven y es muy amable y cariñoso. Él también habla algo de español -"no te preocupes, no pasa nada"- y me invita a conversar con él más tarde.
 
Mientras Mari Carmen está ya en el quirófano, descubro en la habitación una serie de revistas. Hay también algunas edulcoradas fotonovelas. Dos están en inglés y el resto en español, francés e italiano.

Mari Carmen vuelve. Semidormida, pero con ganas de hablar. "Debes escribir que son muy amables", me dice. "Me han mimado como si fuera pequeña... ¿Tú qué crees? Yo pienso que iba a ser un niño", dice otra vez.

La dejo un momento sola y voy a ver cómo están las otras. Lola dice: "Se acabó la pesadilla". Cristina, al contrario, parece más triste. Está bien, no le duele nada, pero no tiene ganas de hablar. En otra habitación hay dos chicas más, una madrileña, muy segura de sí misma, rubia y gordita, y una sevillana, también rubia. Esta última tiene dolores y tengo que llamar a la enfermera para que le dé un calmante. Las dos han venido sin que sus familias lo sepan. Está, por fin, la jovencita canaria, que me mira con curiosidad y no quiere decir su nombre.

Después del almuerzo voy a tomar café con Mrs. McAlistair, una señora rubia, de unos cuarenta y cinco años, casada y con tres hijos mayores. "En esta clínica no sólo se practica el aborto, si bien es ésta la operación más frecuente; sobre todo a chicas extranjeras. Vienen de todas partes, también de Sudáfrica, de Chile, de toda Europa, pero he de decir que el porcentaje más amplio lo componen las españolas. Son también las que superan mejor los problemas psicológicos. Eso sí, intentamos siempre situarlas en habitaciones vecinas, porque por la noche se reúnen a charlar y van de una parte a otra de la clínica, despertando a los pacientes".

Son ya las tres. Mari Carmen tiene hambre. Le traen té, pan y mantequilla. Más tarde cenará copiosamente antes de que lleguen las seis y media, hora de las visitas. Mientras tanto, hace ya tiempo que el teléfono que se encuentra en el pasillo ha comenzado a sonar insistentemente. Son las acompañantes que quieren informarse del estado de las recién operadas, que quieren hablar con ellas. Cuando la enfermera negra no entiende bien los nombres, me llama para que le sirva de intérprete.

Mari Carmen se ha trasladado a la habitación de Lola y las dos se tratan como viejas amigas. También las otras se han reagrupado. La única que continúa sola, ni triste ni alegre, es Cristina. No quiere hablar con nadie.

Es de noche. Tengo que dejar la clínica. El doctor Finks me acompaña al hotel y, por el camino, me cuenta decenas de historias que él ha venido viviendo día a día.

"Doctor, ¿tiene hijos?". "Sí, e incluso nietos. Hoy uno de ellos cumple tres años. Pero no está en Londres. ¡Es una peña!".

Me dice que ha escrito un libro que se publicará en poco tiempo y que se llama Los abortistas. "Está lleno de historias verídicas que he ido viviendo a lo largo de estos años. Estoy seguro que será un best seller".
Pilar me espera en el hotel. Tiene miedo de quedarse sola y viene a dormir en mi habitación. Pasamos una noche de insomnio, llena de ruidos y zozobra. Por la mañana, a las ocho, llegan Mari Carmen y Lola. Han venido en taxi, acompañadas por la joven canaria y las otras dos que viven en nuestro mismo hotel.
"Ayer por la noche nos quedamos a charlar hasta muy tarde y nos comimos todo el chocolate que llevábamos", cuenta Lola. Tiene un cierto aire de excitación, como si se hubiera escapado del colegio. De pronto, descubrimos un maletín que no pertenece a ninguna de nosotras. "Es de la canaria", explica Mari Carmen. "Lo ha olvidado en el taxi y ya se ha marchado al aeropuerto". "Tenemos que buscarla para devolvérselo -les digo-. Pero, ¿cómo se llama?". A pesar de haber hablado toda la noche, ninguna conoce su nombre.

Mi avión sale a la una. También Cristina ha venido a saludarme al hotel. Ellas salen más tarde. Nos abrazamos sin intercambiar tan siquiera las direcciones.

Fuente: http://elpais.com/elpais/2011/11/24/actualidad/1322120268_850215.html