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Telmo Pievani
Cirone-Musi
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Telmo Pievani, filósofo de la ciencia, divulgador y experto en evolucionismo estuvo hace poco en España impartiendo una conferencia en el Instituto Italiano de Cultura de Madrid, durante la Semana de la ciencia. La charla tenía como título Homo sapiens, la especie niña porque “hasta hace muy poco, compartíamos el planeta con al menos otras tres especies humanas diferentes de nosotros”.
Como nuestros antepasados, seguimos siendo migrantes solo que hoy esos desplazamientos son intencionales y mucho más rápidos. La geografía sigue siendo esencialmente la misma. Las principales migraciones paleolíticas comenzaron desde África subsahariana, cruzaron el Sáhara y luego regresaron al Mediterráneo y al Medio Oriente y finalmente a Asia y Europa, lo cual no es muy diferente de lo que pasa hoy.
“Homo sapiens, la especie niña” revela los descubrimientos
más recientes en el campo de la evolución humana. ¿Todavía hoy se
descubren cosas nuevas sobre nuestra historia?
La paleoantropología es una de las disciplinas que más se actualiza.
Por eso, como filósofo de la ciencia, me apasiona. Los manuales que se
usaban en la universidad hace diez años, incluso cinco, deberían
volverse a escribir de cabo a rabo. En los últimos cinco o seis años
hemos descubierto tres o cuatro nuevas especies humanas. Todo el modelo
de referencia ha cambiado. Los nuevos datos moleculares llegan a
alcanzar más de cien mil años y la antropología molecular está ahora
estrechamente relacionada con la paleontología. Es un campo que ha
cambiado por completo. Mi papel como filósofo de la ciencia y
evolucionista es tratar de comprender lo que está sucediendo y, sobre
todo, reunir diferentes lenguajes. La evolución humana se reconstruye a
través de científicos que tratan con fósiles, biólogos moleculares,
bioinformáticos, arqueólogos, biogeógrafos y climatólogos, disciplinas
muy diferentes entre sí. Así que necesitamos modelos que puedan juntar
datos diferentes.
¿Por qué eligió hablar de una ‘especie niña’ para esta conferencia?
Me pidieron que eligiera la infancia como tema porque este año la
Semana de la Ciencia de Madrid tiene como tema principal la infancia. En
términos evolutivos, esto da mucho juego porque la especie
Homo sapiens
es una especie infantil tanto desde el punto de vista evolutivo,
filogenético, como desde el punto de vista del proceso de desarrollo.
Somos una especie muy joven, la última rama de un arbusto complicado de
formas que se han ramificado hace muy poco tiempo. Hasta hace muy poco,
compartíamos el planeta con al menos otras tres especies humanas
diferentes de nosotros, y esta es una de las grandes noticias que ha
transformado la paleoantropología en los últimos años.
También somos una especie infantil desde el punto de vista del
proceso de desarrollo ontogenético. Una de las características clave que
separó el género Homo del resto de los homínidos fue esta mayor
desaceleración del proceso de crecimiento, que se denomina neotenia, por
lo que las formas adultas tienden a mantener características cada vez
más juveniles, y esto ha sido nuestro gran secreto, muy exitoso para
nosotros. Así que somos, de entre todos, el mono que se queda más tiempo
en el período de la infancia y la adolescencia. Es una adaptación muy
costosa porque implica que tienes cachorros frágiles y totalmente
dependientes de sus padres durante mucho tiempo. Al mismo tiempo, nos da
ventajas importantes, como la evolución cultural, la apreciación, el
juego.
Una de las cosas quizás más fascinantes en la historia de la
humanidad es la enorme importancia que ha tenido la migración. La
pregunta es: ¿puede la historia de nuestra especie enseñarnos algo sobre
el gran fenómeno de las migraciones actuales, un tema de gran
relevancia?
Las migraciones, en el pasado, fueron subestimadas en el contexto de
la evolución humana. Esta evolución se ha estudiado solo desde un punto
de vista genealógico. Pero habíamos subestimado el otro lado de la
evolución: el geográfico. La evolución tiene lugar no solo en el tiempo,
sino también en el espacio.
El hecho de que hasta hace cincuenta milenios (anteayer, desde un
punto de vista evolutivo, incluso más en términos geológicos), el
Homo sapiens
compartiera la tierra con otras especies humanas, solo puede explicarse
por las migraciones. En los últimos años hemos entendido que el Homo
sapiens fue la última ola de migración fuera de África, precedida por
oleadas anteriores, al menos dos, hace unos dos millones de años, y la
otra hace unos 800.000 años (con el
Homo heidelbergensis muy
importante también en los sitios arqueológicos españoles), y la última,
la migración de Sapiens fuera de África. Cuando el Homo sapiens sale de
África encuentra a los descendientes de aquellos que habían emigrado en
oleadas anteriores.Somos migrantes desde hace dos millones de años. La
migración es, por lo tanto, una característica del género Homo. La razón
de esto es difícil de reconstruir. Tal vez porque el género Homo tuvo
que adaptarse a un clima muy inestable. A partir del Pleistoceno
comienzan las fases de las oscilaciones climáticas y todo cambia muy
rápidamente: las bandas de vegetación se mueven, el desierto se
ensancha, los recursos se mueven. Y sabemos que en los mamíferos (y no
solo) el movimiento es una estrategia adaptativa en un contexto
inestable. De la migración hemos aprendido adaptabilidad y flexibilidad.
Muchas de las características que nos hacen humanos son hijas del hecho
de que somos migrantes.
El Homo sapiens es el que más ha migrado y ha hecho de la migración
su estrategia. Y, por lo tanto, también de invadir los nichos ecológicos
ya ocupados por otras especies humanas.
El vínculo con la inmigración de hoy está ahí, pero debe ser
correctamente contextualizado. Las migraciones de hoy son diferentes de
las paleolíticas: son intencionales, mucho más rápidas, pero hay algo en
común. La geografía, por ejemplo, es esencialmente la misma. Las
principales migraciones antiguas, paleolíticas, todas empezaron desde el
África subsahariana, cruzaron el Sáhara y luego regresaron al
Mediterráneo y al Medio Oriente y finalmente a Asia y Europa, lo cual no
es muy diferente de lo que pasa hoy. Y el otro rasgo común, profundo,
es el clima. El clima siempre está ahí como elemento fundamental. Tanto
para los prehistóricos como para los de hoy. Según datos de las Naciones
Unidas, casi el 80% de las personas que se ven obligadas a migrar lo
hacen por el cambio climático. Obviamente, la gran diferencia es que hoy
en día estos cambios climáticos son inducidos por nuestra especie.
En los últimos años ha habido una enorme progreso
en el estudio de la historia de la humanidad. Sin embargo, también hay
una oposición constante al evolucionismo, un intento de cuestionar, sin
base científica, la evolución de las especies. Esto no sucede con otras
teorías científicas, como las de la física. ¿Por qué esta furia contra
la teoría de la evolución?
Los negacionismos más importantes de hoy no tienen que ver con la
astrofísica o la física, y esto es extraño. Descubrir que vivimos en el
tercer planeta de cualquier sistema solar, en el borde de cualquier
galaxia, rodeado de miles de planetas solares adicionales que podrían
albergar vida, debería hacernos sentir desorientación, soledad, hacer
que reflexionemos sobre que no somos el centro del universo. En cambio,
la teoría de la evolución continúa provocando estas oposiciones.
El otro campo en el que los negacionistas son fuertes es el del
cambio climático. En ese caso, probablemente el elemento fundamental es
que el reconocimiento de este impacto de origen antrópico nos empuja a
cambiar el modelo de vida, a cambiar los modelos de desarrollo, y esto
nos molesta.
Respecto a la evolución, en mi opinión hay oposiciones religiosas,
pero no son suficientes para explicar tal oposición. Por ejemplo, en el
mundo católico ha habido una gran evolución en las posiciones, lo que no
sucede en el mundo musulmán. En mi opinión, el aspecto religioso no es
el único.
Tenemos una mente teleológica, reconstruimos los eventos de manera
lineal, de manera ordenada y finalista. La evolución, sin embargo, te
explica que una serie de factores como variaciones aleatorias, presiones
selectivas ecológicas contingentes, cambios ambientales contingentes,
giros aleatorios, adaptaciones a contextos más diversos, producen una
biodiversidad maravillosa en la tierra, incluidos nosotros mismos. Así
que hay un problema cognitivo. Darwin ya había dicho que para que la
gente acepte nuestra teoría harán falta generaciones. Después de un
siglo y medio, muchos todavía no aceptan esta realidad, porque ya no es
una teoría, es una realidad.
¿Lo es?
Una teoría científica corroborada y consolidada no es una opinión, se
convierte en una idea consolidada. Pero esto es muy difícil de hacer
entender al público. El consenso científico es la situación en la que,
después de generaciones de trabajo, los investigadores tienen una idea
consolidada para explicar un cierto tipo de fenómenos. Luego, esta
explicación consolidada y corroborada podrá integrarse, revisarse y
actualizarse en el futuro. La ciencia nunca es estática, siempre tiene
un proceso de revisión. Pero esto no significa que no esté fuertemente
consolidada y corroborada por datos convergentes. Por lo tanto, que las
vacunas no producen autismo no es una opinión, sino un hecho consolidado
por una serie de datos objetivos, como se dice en la ciencia, más allá
de toda duda razonable.
El problema es que a veces en los medios se producen debates
científicos y no científicos, como si estuvieran en el mismo nivel.
Ese es un error muy serio. Los medios tienen ante sí una una
audiencia de no expertos, y si enfrentan dos voces que no están en el
mismo nivel, porque una es competente en el tema y otra no, al final
consiguen que el público ponga todo al mismo nivel. Si un programa de
entrevistas, por ejemplo, está preparado de esa manera, incluso antes de
empezar, ya ha producido desinformación.
Antes hablamos de migraciones. Pero otro tema importante es
nuestra relación con el medioambiente, que condiciona de manera clara la
evolución de la especie. Cuando se producen cambios ambientales muy
marcados y rápidos, la evolución puede interrumpirse, incluso puede
haber una extinción. La pregunta es: ¿la especie humana, con sus
acciones, está poniendo en peligro su existencia y la de otras especies?
¿Ha sucedido alguna vez algo semejante?
No, no había sucedido antes. El Homo sapiens puede convertirse, si
continúa así, en la primera especie en auto-amenazarse ella sola. La
evolución tomada en general es siempre un equilibrio entre un impulso
desde abajo, que es el de la diversidad genética y la capacidad de
reproducirse, y el contexto ambiental. Todas las dinámicas evolutivas se
sitúan dentro de esa lógica.
Si una especie está acostumbrada a vivir en su nicho ecológico y su
nicho se perturba demasiado rápido, no tiene tiempo para reaccionar ante
esta perturbación. Lo que, sin embargo, ya le ha ocurrido a esas
especies humanas de las que hablamos antes y que se han extinguido. A
veces, por suerte, raramente, este cambio tiene lugar a escala global.
En ese punto el juego evolutivo salta.
Lo paradójico hoy es que, según los datos publicados en las revistas
científicas más importantes del mundo, las actividades humanas están
reduciendo la biodiversidad hasta tal punto que ya hemos eliminado casi
el 30% de las especies existentes en la Tierra. Esto nunca había
sucedido en la evolución. Esta es, por lo tanto, la sexta extinción en
masa, y se está produciendo a una velocidad nunca antes vista. Antes,
las extinciones ocurrían durante milenios, ahora tienen lugar a lo largo
de siglos o incluso décadas.
Lo absurdo es que nosotros estamos creando esa extinción y somos
nosotros los que sufriremos el peor daño. Los ecosistemas serán cada vez
más pobres, tendremos efectos en el ciclo del agua, en la fertilidad
del suelo, en la polinización. Los insectos polinizadores se están
reduciendo cada vez más, y esto tendrá repercusiones importantes en los
cultivos.
¿Puede sugerir un recorrido por los yacimientos prehistóricos en España?
Hay tantos que hay muchas opciones para elegir. Atapuerca, cerca de
Burgos, es un santuario; se pueden ver todas las estratificaciones de la
población de la Península Ibérica en varias etapas y, por lo tanto, de
Europa; es algo muy raro. Primero
Homo antecesor, luego
Homo heidelbergensis,
Neandertal y luego Sapiens. El museo de la evolución humana en Burgos
es el mejor del mundo en ese campo. Luego se puede hacer un recorrido
por el área cántabra para visitar el arte rupestre del Homo sapiens, que
puede que también sea Neandertal…, habrá que ver los resultados de los
nuevos estudios. Y luego concluiría con Gibraltar porque ahora estamos
seguros de que fue el último lugar donde sobrevivieron los últimos
Neandertales.
Entonces Gibraltar fue el último reducto de la última
especie humana, no Sapiens, uno de nuestros primos y, desde ese momento
hemos sido los únicos humanos en la Tierra.
Cuando se extinguieron en toda Europa, una pequeña población de
neandertales, algunos clanes familiares, permanecieron en Gibraltar en
esas hermosas cuevas orientadas hacia el sur. Y allí, probablemente, sin
darse cuenta de lo que estaba sucediendo en el resto de Europa y
España, cazando moluscos y focas, sobrevivieron durante unos pocos miles
de años más. Y luego, no se sabe por qué, no se movieron de allí,
siempre me pregunto por qué no cruzaron al otro lado (
a África ndt).
Así que sí, Gibraltar fue el último reducto de especie humana no
Sapiens, Eso sucedió hace entre 38 y 40 milenios. Así que, hasta hace
cincuenta milenios en España había otra especie humana que se movía y
vivía, que no éramos nosotros, inteligentes como nosotros, pero a su
manera, y esto siempre es algo muy importante para recordar porque la
evolución es diversidad.