jueves, 6 de septiembre de 2018

Mai Masri: “Sin cámaras, los hechos ya no existen”

Mai Masri, criada en Beirut, es autora de 11 películas desde principios de los años 80 en la que lleva a la gran pantalla la vida en Palestina.

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La directora de cine Mai Masri.
 Encontramos a la cineasta Mai Masri en Aubervilliers. Nacida en Jordania, de padre palestino y madre tejana, criada en Beirut, es autora de 11 películas desde principios de los años 80.

La cuarta edición del festival Ciné-Palestine de París dedicó una retrospectiva a su obra documental y de ficción. "El cine —escribió una vez— se ha convertido en un medio para recrear Palestina y dar sentido a nuestras vidas desarraigadas". De lo que estamos hablando es, por lo tanto —en un momento en el que Gaza sigue contando sus muertos— de un noveno arte y una resistencia a la ocupación: un arte dirigido a "tomar el control de la narrativa" frente a las narrativas existentes; un combate en el que las mujeres palestinas se involucran un poco más cada día.

Dice usted que la mitad de las películas palestinas están hechas por mujeres: ¿En serio?
Estas son mis estadísticas: ¡La proporción de mujeres directoras puede ser mucho mayor! Cuando empecé a rodar en los años 80 era la única directora palestina. También fui la única operadora jefe y la única editora. Hoy en día ¡hay tantas mujeres palestinas que dirigen! No creo que las mujeres hagan películas porque se hayan vuelto más libres, sino porque se reafirman más en todos los ámbitos de la vida, especialmente en el cultural.

Se reafirmaron liderando movimientos populares que defendían sus propias luchas. No fue fácil, y sigue sin serlo. El cine, como herramienta poderosa de expresión, es un medio de expresión para las mujeres. ¿Por qué es tan baja la proporción de directoras en Occidente? Debería haber muchas más. ¿Por qué en Francia y en Estados Unidos las mujeres son menos visibles? En Hollywood representan menos del 10% de las direcciones de películas, ¿puede creerlo?

En Palestina, las mujeres se están fortaleciendo debido a sus luchas políticas y sociales. También tienen un papel primordial en la sociedad, porque los hombres a menudo están en prisión. Desde los primeros días de la Revolución palestina, en la década de los 70, las mujeres se han involucrado en la lucha. Eso les ha empujado a crear sus propias luchas.

En 1980, en Nablús, tuvo un encuentro que daría lugar en 2017 a su primer largometraje de ficción, 3000 Noches. ¿Por qué tanto tiempo después?
Cuando filmé la primera Intifada en Nablús era la primera vez que volvía a Palestina con la cámara en el hombro. Fue una experiencia muy fuerte para mí; finalmente pude ponerle un rostro a Palestina. Antes, siempre había sido una especie de sueño. En ese momento se hizo realidad a través de la tierra, de las personas.
Descubrí vínculos reales entre mi ciudad, Nablús, y yo. Conocí a muchos activistas durante la primera Intifada. Una de ellas era una mujer que había estado prisionera en Israel. Me contó su historia, la de una madre que dio a luz a su hijo en el interior de la cárcel. Me pareció fascinante, muy conmovedor. Especialmente cuando me describió sus condiciones de detención. Me conmocionó saber que durante el parto estaba esposada a su cama, rodeada de soldados armados.

Luego me contó cómo había criado a su hijo entre rejas, con sus compañeras de celda: todas se convirtieron en madres del niño. Esta historia ha estado en mi conciencia durante años y años. Conocí a otros presos y me dije: si un día hago una película de ficción debo contar esta historia porque ¡es tan poderosa, tan humana! Esta historia de una mujer que da a luz encadenada es un símbolo de toda Palestina y de la ocupación. La ocupación y la prisión son lo mismo ¡pero la historia es también un destello de esperanza!

Por eso quería que el personaje se llamara Nour, “luz” en árabe. Además, el verdadero nombre del hijo de esta joven mujer es Palestina. Increíble ¿verdad? ¡A veces la realidad es tan fuerte! A veces las coincidencias son demasiado llamativas como para no hacer una película con ellas.

El día de su segundo cumpleaños, Nour, en su película, es arrebatado de su madre por soldados israelíes. ¿Es un fenómeno común en las prisiones?
Es muy común. 3000 Noches deja esto abierto: no sabemos realmente dónde irá Nour. Quería mantener este suspense intacto porque verdaderamente la madre no sabe a dónde irá el niño: ¿a los brazos de su padre? ¿De los israelíes? La pregunta sigue sin respuesta. De hecho, los soldados presionan a la madre para que coopere, y que el niño no sea abandonado, para que pueda guardarlo más tiempo. Pero toma la decisión de no colaborar y decide pagar el precio.

Fotograma del filme 3000 nuits, de Mai Masri.
¿Cómo han evolucionado las cárceles israelíes de mujeres desde ese encuentro?
Ha habido algunos cambios en las prisiones, eso es cierto. Pero no cambios significativos. Las condiciones son incluso peores en algunos aspectos. En los años 60, las prisioneras no tenían nada: ni papel, ni libros, ni material de escritura, nada. Tenían que luchar por todo en todo momento. Eso cambió porque hubo muchos movimientos de protesta. En esa época, los presos criminales y los presos políticos compartían la misma celda. Eso también ha cambiado. Crea muchos conflictos cuando un drogadicto, un pedófilo o un asesino está en la misma celda que un preso político palestino. Pero, en mi opinión, se les separa por otra razón: en 1980, durante la masacre de Chatila en el Líbano, comprendí a través de investigaciones y testimonios que muchos prisioneros israelíes se habían vuelto solidarios con la causa palestina. Respetaban a los palestinos a pesar de sus diferencias políticas. El encarcelamiento conduce al respeto; nadie ha hablado de eso. Por eso me ha parecido interesante concentrarme en esos detalles sobre los que nadie se interesa.

Las mujeres y la juventud están muy presentes en su trabajo, ¿qué le inspira la lucha de Ahed Tamimi, detenida a finales de 2017 por abofetear a un soldado de la ocupación después de que uno de sus primos resultara gravemente herido en la cabeza?
Es un símbolo de la juventud y de esta nueva generación que no se ha olvidado de Palestina, que quiere continuar la lucha aunque signifique pagar un alto precio. Representa a estas jóvenes mujeres que simbolizan la fuerza y el coraje. Porque se necesita valor para golpear a un soldado israelí... De hecho ¡esa bofetada se la había ganado, pero bien! (Risas). Es surrealista ver que una simple bofetada haya llevado a esta joven a la cárcel. Ha visto a miembros de su familia arrestados, asesinados. Ahed Tamimi encarna la resistencia civil no armada y esto preocupa al Ejército israelí y al Gobierno: esta resistencia recuerda la primera Intifada que, en tanto que movimiento no armado, había cambiado enormemente la mirada de la opinión pública sobre los palestinos.

Gente de todo el mundo se emocionó a la vista de estas mujeres y niños que se enfrentaban a hombres armados cuando ellos mismos no lo estaban. Como directora, he visto estos cambios. Cuando empecé a hacer películas en la década de los 80, los palestinos no sabían qué hacer con las imágenes, tenían miedo de que fueran utilizadas en su contra, especialmente en los campos de refugiados. Los que filmaban sobre el terreno eran periodistas. Mi marido, Jean Chamoun, y yo fuimos los primeros directores sobre el terreno. Cada vez que los palestinos veían una cámara y, por lo tanto, un periodista, el campo era bombardeado poco después por los israelíes. Así que relacionaban la cámara y la noticia que iba a ser cubierta. Sin embargo, en la primera Intifada tener una cámara estaba al alcance de todos. Los palestinos empezaron a filmar para contar su historia y tomar el control de la narrativa. Esto es un cambio muy grande. Esta es una de las razones por las que cada vez hay más directores palestinos.

3000 Noches fue rodada en una prisión de verdad en Jordania. ¿Por qué esta elección?
Tuve mucha suerte de poder filmar en una prisión de verdad. He investigado mucho, he visitado muchas cárceles, sobre todo en el oeste. Era muy complicado porque los israelíes destruyeron muchas de las prisiones que utilizaron. Los propios estadounidense insistieron en que fueran destruidas para que no quedaran rastros y, por lo tanto, tampoco memoria. Destruir la memoria es una práctica común para ellos. Tuve la suerte de encontrar esta prisión vacía, fuera de uso. Pero necesitaba permisos porque era una prisión militar: conseguí un permiso del Ejército jordano. Era muy importante rodar en una prisión real porque da a las imágenes una enorme fuerza visual: paredes reales, barrotes reales, una luz auténtica, sombras, etc.

Pero, más allá de eso, rodar en una prisión real era importante para la actuación: las actrices y el equipo —en su mayoría mujeres— olvidaron que era una película y podían sentir la opresión que encarnaba el lugar. Todos tenían experiencia en la cárcel en su vida personal: bien porque ya habían sido encarcelados o bien porque tenían a su familia detrás de los muros. A menudo pedía a las actrices que improvisaran, así que llevaron su experiencia personal al rodaje. Con Gilles Porte, el operador jefe, nos preguntamos mucho sobre los colores: ¿cuáles elegir? ¿Qué luces? ¿Qué sombras? Quería abordar la película de forma poética, aunque sea difícil hacerlo en condiciones semejantes… Pero Gilles es un artista y hemos podido convertir esta película en algo poético. Hay pocos diálogos pero muchas palabras visuales. Cuando el pájaro ficticio aparece cada vez más real junto a Nour dormido en el suelo ¡es un momento mágico! El sonido también era importante. Quería mantener los sonidos de la cárcel: las cadenas, las cerraduras, los escalones, las puertas que se cierran...

Trabajar con un niño de 2 años en un rodaje semejante ha debido ser particularmente difícil. ¿Qué le ha explicado?
¡Ni siquiera sabía lo que era una cámara! Para él, fue un descubrimiento permanente. Tuvimos que ser pacientes con él, los documentales que ya había hecho sobre y con niños me prepararon mucho. En la ficción, hay un enorme equipo, muchos actores: tenemos que estar listos cuando el niño está listo. Para la escena del cumpleaños, teníamos que hacer una sola toma pero, o bien no estaba de buen humor, o bien teníamos que esperar a que se durmiera para rodar las escenas de sueño. Los sonidos de la prisión le perturbaban bastante. Pero le ha gustado mucho esta experiencia. Todo el mundo se ocupaba de él: ¡todavía hoy a menudo le dice a su padre que quiere volver! Aquí, es muy complicado rodar con un niño de dos años. Nadie lo hace. En otros países, o en Hollywood, aconsejan tener gemelos: cuando uno de los dos duerme, el otro puede estar en el rodaje. Fue muy cansado encontrar trucos para mantener su atención durante dos semanas.

Incluso invita a los niños a llevar la cámara, como vemos en Les Enfants de Chatila. Parecen plenamente conscientes de la situación y tienen una visión muy madura.....
Hice una trilogía documental sobre los niños. La primera película fue Les Enfants du feu (Los niños del fuego), rodada en Nablús con un niño de 12 años y una niña de 11. Ambos muy maduros para su edad. El hecho de vivir bajo la ocupación y de oír a sus padres hablando de ello todo el rato, el hecho de que la televisión esté siempre conectada a los canales de noticias, que sus padres hayan ido a la cárcel, que hayan ido a visitarlos, que su casa haya sido destruida... todo esto hace crecer todos los días, y muy rápido. He investigado mucho sobre la infancia, he conocido a muchos niños y finalmente elegí a los que quería seguir: los más habladores, los menos tímidos. En mi segunda película, Les Enfants de Chatila (Los niños de Chatila), quería ver a través de sus ojos, de su imaginación, de sus sueños: por eso les tendí la cámara, era una idea nueva.

Había visitado el campo de Chatila siendo estudiante: los refugiados se imaginaban Palestina como un sueño. Cuando los israelíes destruyeron todo en 1982, Chatila se convirtió en un símbolo del exilio, un símbolo muy triste, de masacre y desarraigo. Quería filmar a los niños con su pasado. El chico que elegí, Issa, me emocionó mucho; había soñado con él incluso antes de conocerle, es muy extraño. Un chico extraordinario. Ha tenido un accidente de coche y ha perdido la memoria. Habla muy despacio, a menudo me cuenta sus sueños; es especial. Representa a los niños del campamento, sí, pero él es diferente y eso es lo que me gustó. Intenta recordar, recuperar la memoria del pasado. Es muy simbólico.....

En la tercera película, Rêves d’exil (Sueños del exilio), profundicé en esta idea, pero siguiendo a dos chicas de otro campamento, Dheisheh, en Belén. Fui a filmar la liberación del sur del Líbano porque había oído que los palestinos iban a la frontera. Era muy difícil integrar la historia de estas niñas en una narración sin abordar el contexto histórico. Pocos días después de cruzarla, la frontera se convirtió en una zona militar muy vigilada; llegar allí era difícil para los palestinos, que se arriesgaban a ser asesinados. Nuestras imágenes se convirtieron en testigos importantes: sin la cámara, los hechos ya no existen, encarnan una forma de esperanza para los palestinos.

Todas mis películas se hicieron durante guerras o en momentos clave, y las secuencias que filmé en la frontera ahora forman parte de la historia: por lo tanto, me atraviesa un sentimiento extraordinario cada vez que filmo. De hecho en ese momento, lloré mucho, y también lo hizo mi equipo. En la película hay una joven en Chatila, la poetisa; su manera de elegir sus palabras y de expresarse está en considerable contraste con la realidad. Muchas de mis películas se construyen sobre este poderoso contraste entre la imaginación y la realidad. La imaginación de los jóvenes palestinos y sus sueños de una Palestina viva contrastan con la dureza de la realidad. Estos sueños crean su propia identidad. Es por eso que la causa palestina puede ser preservada, puede permanecer viva, especialmente en los campos de refugiados.

Fotograma de la película '3.000 nuits', de Mai Masri.
Al abandonar Beirut, asediada por el ejército israelí en 1982, la OLP perdió todas sus imágenes de archivo, confiscadas en la frontera. ¿Ha conocido usted una desgracia similar?
No, porque trajimos nuestras imágenes a Francia. Hice una película con Jean Chamoun, Sous les décombres (Bajo los escombros), realizada con el CNRS [Centro Nacional para la Investigación Científica] y un laboratorio francés. Los nuestros se salvaron, pero muchos archivos fueron confiscados, sí. Mi marido ha trabajado a menudo sobre la Revolución palestina con el Instituto Palestino; muchas de sus imágenes se perdieron, pero una de sus películas se salvó, una película muy importante que hizo con Mustafa Abu Ali, Tel al-Za'atar. Tengo el presentimiento de que las cosas van a cambiar, que las imágenes resurgirán. Muchos países de todo el mundo están interesados en los archivos de la historia palestina e incluso los están restaurando. No es tan trágico como se puede pensar, finalmente.

Su marido también hizo una película sobre las cárceles de mujeres palestinas, Terres des femmes (Tierras de mujeres).
Es la historia de Kiffah Afifi, una mujer palestina del campo de Chatila, encarcelada en el sur del Líbano. Es una película muy bonita y un documento histórico. Porque esta prisión, la de Khiam, fue destruida por el Ejército israelí en 2006. Por lo tanto, es una de las muchas películas que pueden alimentar la Historia, y es la única sobre Khiam. Ese es el poder del documental. Eso es lo que he aprendido: las películas, ya sean documentales o de ficción, provienen de la realidad.

¿Cuál es la diferencia según usted entre el documental y el reportaje periodístico?
Una diferencia muy grande. Los reportajes a menudo se centran en la violencia y las masacres, y en un periodo de tiempo muy corto. Los documentales aportan humanidad concentrándose en los personajes y en la narración. Lo que me gusta especialmente con los documentales es poder hacer algo más que una simple entrevista con la otra persona: contar una historia, la historia de las personas, es relacionarse con ellas, poner una historia real a una cara. La información televisiva sigue siendo importante porque nos dice lo que está pasando en el mundo, pero la gente olvida las noticias puras y duras porque están desfilando continuamente. Hay demasiadas imágenes que integrar. Debemos aportar algo sensible para contrarrestar el olvido. El documental cinematográfico se vive, se siente, tenemos la sensación de conocer a los personajes, nos preocupamos por ellos. Para preservar la historia también están los libros, pero los libros no transmiten la historia íntima de los personajes: en el documental, su historia se escribe con su propia voz y su propio pensamiento. Cada vez más jóvenes a los que no les gusta leer se interesan por el documental, se hacen preguntas y quieren entender. Hace falta un lugar donde puedan cuestionarse y eso es el cine.

¿Cuál fue su reacción al enterarse de que 3000 Nuits había sido censurada por el Ayuntamiento de Argenteuil durante la edición 2016 del festival Ciné-Palestine?
Al principio me sorprendió mucho, porque ¡es la primera vez que una de mis películas es censurada en Francia desde los años 60! Pero en Argenteuil también habían censurado Le Sociologue et l'Ourson (El sociólogo y el oso) sobre el matrimonio homosexual al mismo tiempo que la mía: fue gracioso, al final. Todo esto creó una especie de vínculo entre estas dos películas. Los artículos sobre esta censura han florecido en los medios de comunicación y se han firmado peticiones. Incluso se organizó una caminata en un parque ¡con megáfonos! Caminamos con el equipo, los productores, el distribuidor, todas las asociaciones. Finalmente proyectamos la película en la MJC de Argenteuil [la Casa de la Juventud] con el festival Ciné-Palestina. El estreno tuvo lugar en presencia de Ken Loach en el Instituto del Mundo Árabe. ¡Fue increíble! La censura organizada por el ayuntamiento fue una gran oportunidad para promover la película. También sucedió en Italia: la película había sido programada en la Universidad de Roma Tre y me dijeron, mientras estaba en el avión, que la proyección había sido cancelada a petición de la Embajada de Israel. ¡Increíble! Estaba conmocionada. Esa misma noche, en protesta, la película se proyectó en tres lugares diferentes de Roma. Los periódicos han hablado mucho de ello: la censura despierta a la gente. El cine no es sOlo un arte, es un arte que toma partido en las luchas.

Desde marzo, unos 100 palestinos han muerto en Gaza durante manifestaciones por el derecho a regresar a sus tierras. Este año la temática del festival Ciné-Palestine ha rendido homenaje a la Nakba de 1948. ¿Qué le sugieren estos acontecimientos recientes?
Un montón de cosas. La Marcha del Retorno está hoy en Gaza, pero comenzó en el Líbano en los campos de refugiados. En 2009 un francotirador israelí disparó a mi sobrino, que estaba desarmado, por la espalda durante esta marcha: ahora está en silla de ruedas, y muchos murieron entonces. Esta generación que lucha y se arriesga está animada por la misma fuerza que animó la de 1948. Los jóvenes palestinos no han olvidado sus derechos, este derecho al retorno, un derecho muy simbólico. La famosa cita de David Ben Gurion, "los viejos morirán y los jóvenes olvidarán”, es totalmente errónea: ¡Esta marcha demuestra lo contrario! Y especialmente en Gaza, esa prisión en la que la gente no puede ni salir ni entrar, viviendo en condiciones miserables, donde todo está devastado: sin esperanza, sin comida, sin agua, nada. No son solo 150 personas muertas; son 20.000 heridos y los vivos que sufren más que los que han muerto. Los soldados usan balas explosivas —que causan el mayor daño posible— que no existen en ninguna otra parte. Si te disparan en la pierna, tienes que cortarla; los soldados israelíes disparan estratégicamente con estos objetivos. Por ejemplo, el jugador de fútbol de Gaza Mohammed Rabo ha perdido las dos piernas. ¡Hasta le dispararon en el pecho a una enfermera que aún llevaba su bata! Disparan a los niños. Disparan a la gente por la espalda. Los que van a la frontera saben que morirán o quedarán discapacitados de por vida. En tanto que directora, debo consagrarme a contar todo eso.

Fuente:  https://www.elsaltodiario.com/cine/mai-masri-sin-camaras-los-hechos-ya-no-existen

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Lunes, miércoles y viernes


Antonio Ballester Moreno

Yo era.

Yo fui.

Pero no soy.

Yo era...

(¡Oh fauce maravillosa
la del ciprés y su sombra!
Ángulo de luna llena.
Ángulo de luna sola.)

Yo fui...

La luna estaba de broma
diciendo que era una rosa.
(Con una capa de viento
mi amor se arrojó a las olas.)

Pero no soy...

 (Ante una vidriera rota
coso mi lírica ropa.)


Federico García Lorca,

martes, 4 de septiembre de 2018

El genetista italiano que desmontó el concepto de raza

Luigi Luca Cavalli Sforza, autor de '¿Quiénes somos? Historia de la diversidad humana', muere a los 96 años en su casa de Belluno, en el norte de Italia

Luigi Luca Cavalli Sforza
Luigi Luca Cavalli Sforza.
“El racismo es un antiguo flagelo de la humanidad”. Esta frase la pronunció el genetista italiano Luigi Luca Cavalli Sforza, junto a su compañera Mary-Claire King, genetista estadounidense, delante de un comité del Senado americano el 17 de febrero de 1993. No se podría sintetizar mejor el legado de este gran científico, muerto el sábado a los 96 años en su casa de Belluno, en el norte de Italia.

Cavalli Sforza, al que todo el mundo llamaba simplemente “Luca”, nació en Génova en 1922. Estudió medicina, primero en Turín, y después en Pavía, cuando su profesor de anatomía Giuseppe Levi –que también tuvo como alumnos a los tres premios Nobel Rita Levi Montalcini, Salvador Luria y Renato Dulbecco– fue expulsado de la universidad en aplicación de las leyes raciales aprobadas por el régimen fascista en 1939. Se licenció en 1944 y, sin embargo, no era la medicina su verdadera pasión. Ya había comenzado a trabajar en las relaciones sexuales de las bacterias antes de licenciarse, pero fue la mosca de la fruta, la famosa Drosophila, la que le abrió el camino hacia su verdadera pasión: la genética.

No fue fácil trabajar en esos años –entre 1943 y 1945 Italia no solo combatía una guerra mundial, sino también una sangrienta guerra civil– pero Cavalli Sforza tuvo la suerte de encontrar a Adriano Buzzati Traverso, que se convertiría años más tarde en el primer profesor de genética de Italia. Empezó a viajar entre Italia, Reino Unido, Alemania y EEUU, donde, en Stanford, en 1970 acabaron ofreciéndole una cátedra, que mantuvo más de 40 años, aún sin perder sus contactos científicos y humanos con el viejo continente.

El poliédrico Cavalli Sforza entendió desde los primeros años de su carrera que la multidisciplinaridad sería la clave para hacer avances significativos en la investigación. Consciente de sus límites, se dio cuenta enseguida que tenía que aprender matemáticas, y más específicamente estadística, que se fue a estudiar a Inglaterra con el más importante en el campo de la época: Ronald Fisher. Y esa fue una de las decisiones más acertadas de su vida, ya que el campo del cual devendría pionero, la genética de las poblaciones, se sustancia fundamentalmente en herramientas estadísticas.
Fue de hecho cuando dejó de pensar en las moscas y se enfocó en los humanos que empezó a emprender esa increíble odisea –le habría gustado esa expresión, pues Ulises era uno de sus personajes clásicos preferidos– que le habría llevado a construir el primer atlas genético de la humanidad.

Empezó estudiando qué factores determinaban la diferente distribución de los grupos sanguíneos entre las distintas poblaciones humanas –entre las cuales, estudió especialmente los vascos, que tienen una incidencia de Rh negativo del 25%, la más alta del mundo– para luego estudiar el cromosoma Y, el trocito de cromosoma común a todos los varones biológicos. Gracias a este conocimiento, fue capaz por primera vez de corroborar desde el punto de vista genético la teoría paleontológica del “Out of Africa”: el ADN confirmaba que los primeros homínidas dejaron el continente africano hace 100.000 años para colonizar el resto del planeta. Para reconstruir el pasado pues era necesario acudir a la genética. Cavalli Sforza llegó a este extraordinario resultado mucho antes que se secuenciara el primer genoma humano.

Fue una verdadera revolución. La genética de las poblaciones era capaz de producir un “árbol genealógico” de la humanidad que puede contar nuestra historia. El padre de Cavalli Sforza intentó que su hijo se apasionara a la astronomía. No lo consiguió: sin embargo, al igual que los astrónomos son capaces de mirar al pasado remoto cuando observan estrellas y galaxias, hoy los genetistas pueden detectar huellas de acontecimientos remotos dentro de nuestros genomas.

El genetista italiano que desmontó el concepto de razaY es más. En su famoso ensayo Genes, pueblos y lenguas (1996, traducido en el año 2000 al castellano; aquí un breve resumen) donde tira hasta de demografía, dibuja un paralelismo entre las líneas filogenéticas de las poblaciones mundiales, la lingüística y la arqueología para acabar reconociendo que las tres disciplinas cuentan la misma historia. Es un “atlas genético” que habla de hombres y mujeres migrantes desde siempre y que se mestizan entre sí. Un mal trago para connacionales suyos como el ministro Salvini.

En sus investigaciones y alrededor de 300 artículos científicos, Cavalli Sforza llega a una conclusión que le obsesiona desde cuando tuvo que enfrentarse al racismo que expulsó a su profesor y que padeció como italiano al principio de su carrera en los países nórdicos: las “razas” no existen, existen solo en las mentes de los racistas. En los años en los que se estaba fraguando en EEUU el Proyecto Genoma Humano, él lidera el “Proyecto Diversidad del Genoma Humano”, que fue el que presentó al Senado de ese país en 1993: estudiando genomas de las poblaciones más remotas de la tierra pudo demostrar que los seres humanos son bastante homogéneos genéticamente, que “los grupos que forman la población humana no son netamente separados, sino que constituyen un continuum. Las diferencias en los genes dentro de los grupos acomunados de algunas características físicas visibles son prácticamente idénticas a las entre varios grupos, y además las diferencias entre individuos son más importantes de las que se ven entre grupos raciales”, como escribe en ¿Quiénes somos? Historia de la diversidad humana (1995, en castellano 1999).
En otro escrito, cuando le concedieron el premio Balzan en 1999, decía que “aunque la población humana posee una enorme variabilidad genética entre individuos, el 85% del total de la variación es dentro de cada una de las poblaciones, y solo el 15% las divide. Por lo tanto, no podemos utilizar para la comparación de las diferentes poblaciones humanas la misma medida de distancia genética útil para comparar las especies vivientes, para las cuales es suficiente un individuo de cada especie”. En otras palabras, por mucho que sea genéticamente y hasta intuitivamente fácil distinguir las características de dos poblaciones en dos continentes diferentes, no lo es hacerlo con dos individuos, como puede pasar con dos perros. En una entrevista en El País de 1993 fue tajante: “Podemos hablar de población vasca, pero nunca de individuos de raza vasca. Las diferencias genéticas no justifican, ni en éste ni en ningún otro caso, el concepto de raza, y mucho menos el racismo”.

En su reflexión adquiere mucha más relevancia la cultura como motor para justificar las diferencias entre las poblaciones humanas. Y a la interacción entre genética y cultura dedica muchos escritos (aquí y aquí por ejemplo) explicando que los pocos años (evolutivamente hablando) que la humanidad ha tenido para evolucionar desde cuando un pequeño grupo de homínidas dejó África, no podrían haber permitido la evolución de razas diferentes, más allá de pequeñas diferencias. Sin embargo, la cultura –que al contrario de los genes se puede transmitir también horizontalmente entre individuos y no solo verticalmente, de padres en hijos– sí que permite explicar mucho más las innovaciones y las diferencias.

La divulgación de sus ideas era para Cavalli Sforza muy importante. Lo explicaba en otra entrevista en El País en 1998: “Con un poco más de tiempo, definiendo lo absolutamente necesario y reduciendo el número de términos científicos al mínimo necesario, es posible explicar ciencia a todo el mundo”. Pero no era un iluso. También escribía en ¿Quiénes somos? Historia de la diversidad humana: “Pensamos que la ciencia sea objetiva. La ciencia está modelada por la sociedad porque es una actividad humana productiva que necesita tiempo y dinero, pues está guiada y dirigida por aquellas fuerzas que en el mundo ejercen el control sobre el dinero y sobre el tiempo. Las fuerzas sociales y económicas determinan en larga medida lo que la ciencia hace y cómo lo hace”.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2018/09/03/ciencia/1535974124_908508.html?id_externo_rsoc=TW_CM

"Israel es un Estado fascista": el documental judío que pide perdón a Palestina

El director israelí Amos Gitai ha presentado un díptico sobre su país. El corto documental Una carta para un amigo en Gaza entona el mea culpa sobre la situación y exige responsabilidades.

Amos Gitai en el Festivla de Venecia.
Amos Gitai en el Festivla de Venecia. Reuters
 El Festival de Cine de Venecia se ha puesto reivindicativo. Atrás quedaron las estrellas frívolas y con glamour (como Lady Gaga o Ryan Gosling), y hoy la alfombra roja se ha extendido para que pasen por ellas discursos políticos y guerrilleros. El mismo día estuvieron por el Lido Pepe Mújica, protagonista de una película y un documental dirigido por Kusturica; y Amos Gitai, el director judío nacido en Israel que ha presentado su díptico sobre el conflicto palestino-israelí.

Una centrada es un largometraje de ficción, Un tranvía en Jerusalén, que presenta la ciudad como un mosaico de culturas y razas que hay que defender. La carga activista está más presente en Una carta para un amigo en Gaza, un documental de media hora en el que se leen poesías, textos y artículos de personalidades en las que se habla de la paz, del entendimiento o directamente se critica la actuación del gobierno israelí en el conflicto, especialmente en la zona de Gaza y las matanzas que sigue habiendo sin que nadie ponga solución. Un trabajo que entronca con el de Albert Camus y sus Cartas a un amigo alemán escrito tras la Segunda Guerra Mundial y en la que establecía un diálogo similar.

Gitai pide a los judíos y a Israel que abran los ojos y se den cuenta de que lo que están haciendo es un crimen, y que la guerra debe acabar. En el texto más provocador se pone en la piel de las próximas generaciones y especula qué les dirán cuando les pregunten por qué toleraron esas masacres, por qué no se quejaron, por qué dejaron que esto ocurriera. Gitai, que siempre ha abogado por el diálogo, se vuelve en su nuevo filme más directo que nunca. A este segmento -en el que entona el mea culpa como país diciendo que por qué lo están permitiendo- lo concluye una sucesión de fotografías del conflicto en la franja de Gaza en la que se ve a un Israel hiper militarizado, con tanques, rifles de francotirador y metralletas contra un pueblo palestino que quema contenedores y les lanza piedras. Para terminar, una imagen de David y Goliat, el primero empuñando su honda. Una metáfora clara para cerrar el trabajo en el que más se moja.

La línea beligerante la ha mantenido el equipo del filme durante la rueda de prensa, especialmente su productor, Laurent Truchot, que ha asegurado que Israel ahora mismo se está convirtiendo “en un país fascista”. “Tenemos un gobierno fascista que hasta cierra teatros sólo porque se hable de Palestina”, ha censurado con fuerza y se ha mostrado pesimista respecto al futuro del país, por lo que le alegra acompañar a Gitai en todos sus trabajos, alguien que sí que “mira de forma optimista a Israel”.

Todos los miembros del equipo han desenfundado sus dardos, y el propio Gitai los ha enfocado al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu al que ha culpado de la situación del país y de lo que ocurre con los palestinos. “Estamos viviendo una uge del antisemitismo en Europa. El origen de ese antisemitismo está en la iglesia, que ha educado a la gente para odiar a los judíos, a quemarlos y a humillarlos durante siglos. Está en el ADN de la historia de Europa, pero los judíos han sobrevivido, algo que es impresionante, pero no se deben olvidar las lecciones que da la historia, y sin embargo ahora vemos a Netanyahu darle la mano a los líderes antisemitas y disparar a la gente de Palestina en Gaza. Sólo usa la fuerza, y eso es antijudío. Ha de ser criticado”, ha dicho el director ante el aplauso de la prensa. Sobre las posibles críticas que reciba en su país ha dejado claro que ama a su tierra, y que por ella no debe mimarla, sino criticarla para mejorar y cambiar la situación actual.

En el cortometraje tiene un papel destacado el actor palestino Makram Khoury, que ha mantenido el discurso de sus compañeros asegurando que la situación actual es perturbadora, que lo es para él y para el director, y que por eso han alzado la voz. “Sentimos que si nos quedábamos callados, aunque a veces el silencio sea sabiduría, en este momento, y en esta situación, el silencio nos haría complices del crimen, porque creo que en Gaza hay un crimen en marcha, lo que ocurre con la gente palestina es un crimen”, ha zanjado visiblemente emocionado.

Un par de horas de paréntesis entre el bullicio y las críticas apresuradas en los pasillos para reflexionar sobre lo que ocurre en el mundo. Venecia apagó los flashes e invitó a reflexionar. Y Amos Gitai puso el debate en la mesa. Al menos hasta que las estrellas volvieran a salir a la alfombra roja. 
El show debía continuar.

Alemania celebra un megaconcierto contra el racismo y la ultraderecha

"Somos más" fue el lema de un encuentro al que asistieron más de 65.000 personas.


Unas 65.000 personas asistieron anoche a un concierto contra el racismo en Chemnitz, la ciudad del este de Alemania donde la muerte de una persona presuntamente acuchillada por dos inmigrantes desató la semana pasada ataques xenófobos a viandantes y manifestaciones ultraderechistas.

La ciudad ofreció estas cifras de participación al término del concierto, que discurrió en un ambiente festivo y reivindicativo y sin incidentes reseñables, según la policía.

Matthias Rietschel via Getty Images
 Bajo el lema "Somos más" se reunieron para actuar de forma gratuita conocidos nombres de distintos estilos musicales, como los raperos Trettmann y Casper und Marteria, grupos de pop como Kraftklub y las bandas de punk-rock como Die Toten Hosen y Feine Sahne Fischfilet.

Hannibal Hanschke / Reuters
 El concierto empezó sobre las 17.00 hora local (la misma en la España peninsular) con un minuto de silencio en memoria de la persona acuchillada el 26 de agosto y terminó pasadas las 21.30 hora local.

"Vivimos distinto y pensamos distinto. Y eso está bien. Pero en algo estamos todos de acuerdo. No hay sitio para las cacerías de odio y para el racismo. Somos antifascistas y no vamos a dejarles ni esta ciudad ni ninguna otra de Alemania a los racistas y a los nazis. Somos más", dijo para abrir el acto una portavoz de la organización desde el escenario.

Hannibal Hanschke / Reuters

Fuente: https://www.huffingtonpost.es/2018/09/04/alemania-celebra-un-megaconcierto-contra-el-racismo-y-la-ultraderecha_a_23516169/

lunes, 3 de septiembre de 2018

La grasa es política

Periodistas, activistas y políticas han conseguido abrir el melón de la gordofobia en Francia. Señalan la relación entre obesidad y precaridad, y denuncian que la discriminación corporal aboca a la exclusión laboral y social, especialmente en el caso de las mujeres.

Gabrielle Deydier, autora de 'No se nace gorda'./ Teresa Suárez
Gabrielle Deydier, autora de ‘No se nace gorda’./ Teresa Suárez
A los 36 años, Gabrielle Deydier vivía encerrada en su apartamento parisino, 13 metros cuadrados con vistas a la escalera, 650€ al mes. Durante el invierno dejó de pagar su alquiler debido a la falta de ingresos. Acababa de dejar el último de sus trabajos por culpa del acoso que sufría por parte de su jefa, que no soportaba que Gabrielle fuera obesa. Hundida en la depresión, un día encuentra a los que serán sus futuros editores, que le animan a contar su historia. Entonces, decidió escribir un libro: “Pensé: voy a contar mi historia y voy a hacer una investigación periodística en paralelo, así hablaré a la gente de algo que no conocían, les explicaré qué es esto de la gordofobia, por qué es tan duro ser gorda en Francia y todos los obstáculos a los que una se enfrenta cada día”. En mayo de 2017 se lanza la primera edición de “No se nace gorda”, título en homenaje a Simone de Beauvoir y su “No se nace mujer, se llega a serlo”. 

 A los 16 años, Gabrielle vivía cerca de Nîmes y utilizaba una talla de ropa más que sus compañeras, lo que le hacía sentir mal y la empujó a acudir al doctor. Tras el diagnóstico erróneo de un nutricionista que le recetó hormonas que no necesitaba y una severa dieta, ganó 60 kilos en 9 meses. Al provenir de una familia humilde, mantener el régimen era casi imposible con sus recursos económicos. Además de los kilos, Gabrielle se llevó de regalo un severo acné a causa de las hormonas y la desregulación de sus hábitos alimentarios. “Yo no entendía qué pasaba, no paraba de engordar y me crecía pelo donde no debía. Era muy violento y me sentía fatal, un monstruo”. De golpe, a la vuelta al instituto el año siguiente, empieza a sufrir acoso por parte de sus compañeros, de sus profesores e incluso de la enfermera del centro. Poco a poco va dejando los estudios, deja de ir a clase, repite curso y deja de salir de casa.

 Más de quince años y dos licenciaturas después, Cine y Ciencias Políticas, Gabrielle sufre una discriminación tras otra, como en las entrevistas de trabajo, donde nunca es seleccionada debido a su físico. Entonces se muda a París y decide montar su propio medio de comunicación en internet. Se trata de un blog de entrevistas a personajes culturales. Por primera vez Gabrielle puede dedicarse al periodismo, su sueño desde la adolescencia. “Elegí fotos de otras mujeres como imágenes de mi perfil, no quería que nadie imaginara cómo era porque ya sabía hasta qué punto corría el riesgo de ser discriminada. Incluso inventé un equipo de redacción para el blog donde había una jefa que enviaba siempre a las entrevistas a la chica en prácticas, y esa era yo”. Como con el blog no podía mantenerse, encontró trabajo como asistente de una profesora en un colegio para niños con necesidades especiales. La profesora la acosaba: “Nada más llegar me miró de arriba abajo y dijo que la cosa no iba a funcionar”. Al final cogió la baja y comenzó, tal y cómo ella lo define, “un largo periodo de decadencia financiera, física y moral”. Es entonces cuando deja de pagar su alquiler y empieza a escribir sus memorias.

Una discriminación sistémica al descubierto

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'No se nace gorda' ya ha vendido más de 4.500 ejemplares y será traducido al inglés./ T.S.
No se nace gorda’ ya ha vendido más de 4.500 ejemplares y será traducido al inglés./ T.S.
El catálogo de discriminaciones al que se ha visto expuesta Gabrielle debido a su peso es inmenso. En su libro apoya esta lista con numerosos estudios que hablan de una violencia de carácter sistémico. El Observatorio de la Discriminación de la Sorbona reveló en 2005 la dificultad de las personas gordas para encontrar trabajo. El estudio fue llevado acabo por Jean-François Amadieu, doctor en Ciencias de Gestión y Recursos Humanos y uno de los pocos investigadores sobre la gordofobia en Francia. Se enviaron a 200 ofertas de empleo diferentes 2 currículum exactamente iguales salvo por la foto, en uno el solicitante de empleo era un hombre delgado, en otro era un hombre gordo. Los resultados son alarmantes: los candidatos obesos tienen la mitad de posibilidades de obtener una entrevista de trabajo; tres veces menos posibilidades para puestos de cara al público.

¿Y si se suma otro factor de discriminación? Ser gorda y ser mujer, gordofobia y patriarcado. No son sólo los comentarios constantes en el espacio público a los que se ve expuesta la mujer gorda debido al culto a la imagen. A la hora de acudir al médico las mujeres con sobrepeso tienden a ser maltratadas sistemáticamente. El recurso a la cirugía bariátrica, una operación consistente en extirpar una inmensa parte del estómago para reducir drásticamente la ingesta de comida y por tanto el peso, se ha multiplicado por cuatro en los últimos diez años. A día de hoy se realizan 50.000 operaciones en Francia cada año, de las cuales el 80% de las operadas son mujeres, y esto a pesar de que el porcentaje de obesidad en hombres y mujeres es similar, según un artículo de Jean Gugenheim, cirujano y presidente de la Sociedad francesa de Cirugía de la Obesidad. Deydier ha reflexionado mucho en su libro sobre esta operación: el escaso éxito que tiene al largo plazo, el abandono del seguimiento a los pacientes, la tasa de suicidios que se dispara al doble tras la operación y la nula información que ofrecen los profesionales de la salud sobre estas cuestiones a sus pacientes. En una sociedad donde las mujeres viven permanentemente presionadas en relación a su aspecto, la cirugía es vendida como única y mágica solución.

‘No se nace gorda’ ya ha vendido más de 4.500 ejemplares y pronto será traducido al inglés, y aunque para el español aún no hay traductores, el eco mediático internacional ya ha llevado la historia de Gabrielle a dar la vuelta al mundo. “Los periodistas internacionales están muy interesados en mí, me parece que es porque rompo radicalmente con el estereotipo de la parisina, extremadamente delgada y siempre a la ultima moda”. La publicación de su libro ha supuesto que en Francia se abriera el melón de la gordofobia, que desde entonces ha llamado la atención de los medios de comunicación e incluso de algunos políticos. Para Gabrielle ha supuesto no sólo la recuperación de la confianza en sí misma, sino también el reconocimiento a su trabajo y la posibilidad de escapar del círculo de discriminación laboral. Con este libro se abre en su carrera periodística un ciclo que, según ella, durará dos o tres años: “Ahora estoy preparando un documental y una novela de ficción sobre la misma temática, pero no quiero ser ‘Madame gordofobia’ toda mi vida”, ironiza.

La grasa es política


Eva Pérez y Daria Marx, fundadoras del colectivo Gras Politique./ T.S.
Eva Pérez y Daria Marx, fundadoras del colectivo Gras Politique./ T.S.
“La cuestión política detrás de la gordofobia también es económica, la obesidad es multifactorial y uno de los factores más importantes es la precariedad”, recuerda Eva Pérez, activista contra la gordofobia. Es un tema sobre el que Gabrielle Deydier también ha reflexionado y cuando se le pregunta por qué casi no se ven personas gordas en París contesta que basta con coger el tren de Cercanías y acercarse a la periferia. En otras palabras, el mapa del paro y de los barrios populares coincide con el de la obesidad. El ObÉpi, un estudio realizado en 2012 a nivel nacional sobre el sobrepeso y la obesidad confirma esta realidad, en la que las regiones más pobres del norte y el sur de Francia son las que cuentan con mayor tasa de obesidad. También influye el nivel socioeconómico, ya que mientras para las personas con estudios primarios la tasa de obesidad alcanza el 18,4%, el porcentaje baja hasta el 8,8% para aquellas con estudios universitarios según el último Eurostat.

Daria Marx también es activista contra la gordofobia desde sus 18 años. A la vez comenzó su militancia feminista para darse cuenta de que, en sus propias palabras, “el feminismo francés no se interesaba por las gordas, cuando en realidad es una discriminación que impacta especialmente a las mujeres”. Junto con Eva Pérez, también conocida como Queen Mafalda, decidieron crear la asociación Gras Politique (Grasa Política), una plataforma para luchar desde el feminismo contra la gordofobia. “Hemos aprendido mucho del feminismo, en especial a deconstruir el sistema de opresión y dominación que se aplica también a las gordas”, explica Marx. Entre las dos han escrito “Gordo no es un insulto. Crónica de una discriminación ordinaria”, una investigación-manifiesto político que acaba de ser publicado y que tampoco ha sido traducido al español.

Gras Politique, que se define como una asociación feminista y queer, cumple ahora dos años y, a pesar de constar con apenas siete socias, es uno de los colectivos que más está luchando contra la gordofobia. Este trabajo se realiza sobre dos vertientes, una de ellas es interna y consiste en la organización de actividades para las militantes como salidas conjuntas a la piscina, grupos de debate o clases de yoga. “En la actividad del yoga hemos encontrado un espacio seguro en el que todos los tipos de cuerpo son aceptados, y además es muy interesante porque consiste en una práctica que nos permite reapropiarnos de nuestro cuerpo”, cuenta Pérez. La otra vertiente es teórica, enfocada al gran público y a la divulgación de la problemática. Para ello organizan coloquios y conferencias, van a los medios de comunicación y colaboran con instituciones en campañas contra la discriminación.

La gordofobia existe


Detalle de la chapa del colectivo Gras Politique que luce Daria Marx./ T.S.
Detalle de la chapa del colectivo Gras Politique que luce Daria Marx./ T.S.
 El ayuntamiento de París se ha convertido en pionero en Europa al organizar el pasado mes de diciembre la primera jornada de lucha contra la gordofobia. Se trata de la primera vez que esta cuestión es abordada desde las instituciones. Ha sido gracias a Hélène Bidard, adjunta para la igualdad y la lucha contra las discriminaciones de la alcaldesa de París y Consejera comunista electa de la ciudad: “Llevábamos tiempo centrados en la lucha contra la discriminación debido a la apariencia física, entonces empezamos a encontrar las pocas asociaciones e investigadores que hablaban de la gordofobia. Quisimos hacer algo que lanzara un debate que nunca antes se había tenido”, contextualiza.

La jornada fue organizada en los salones del Hôtel de Ville de París, acostumbrados a albergar desfiles de moda, que por un día acogieron mesas redondas y ruedas de prensa para abrir los ojos al mundo sobre el respeto a la diversidad corporal. Los cuatro ejes en que se centraron las conferencias fueron la lucha contra la gordofobia en los ámbitos sanitarios, educativos, laborales y en el espacio público. Mientras tanto la ciudad se llenó de carteles denunciando la discriminación a las personas gordas y los diarios, televisiones y redes sociales no dejaron de comentar lo que estaba sucediendo. El ayuntamiento contabilizó más de 40 apariciones en prensa y radio nacional y 3.400 artículos a nivel internacional en menos de un mes. 

La consejera Bidard decidió entonces realizar un gesto que ha encantado a las asociaciones y que abre un camino de esperanza en la superación de la gordofobia: escribió a la directora editorial del diccionario Petit Robert, uno de los más importantes y conocidos de la lengua francesa, apreciado por ser el que mejor se adapta a los tiempos integrando nuevos vocablos para reclamar la inclusión de la palabra gordofobia en la siguiente edición del diccionario, explicando que “se trata de una de las raras formas de discriminación aún toleradas” y poniendo de manifiesto la aparición de esta palabra en varios millares de artículos y su inclusión en la política pública parisina.

Fuente: http://www.pikaramagazine.com/2018/09/gordofobia-francia/

domingo, 2 de septiembre de 2018

¿Quién va a salvar a las mujeres marroquíes?

Con el caso de la violación de la joven Khadija de Oulad Ayad se alcanza un nuevo grado en lo innombrable

<p>Dos mujeres en Chauen, al noroeste de Marruecos.</p>
Dos mujeres en Chauen, al noroeste de Marruecos.
Davidlohr Bueso
 El horror, otra vez. La violación generalizada de mujeres marroquíes, otra vez. Khadija, 17 años, dice haber sido secuestrada, abusada, torturada durante semanas por un grupo de chicos, este verano. Un escándalo que se hace viral, por supuesto, que repugna, por supuesto, que desde hace días alimenta todas las discusiones en Marruecos, por supuesto. Un caso que, desgraciadamente, corre el riesgo de ser olvidado la semana próxima o el mes siguiente. Pasaremos a otra cosa. Una fuente nueva de excitación colectiva. No se hará nada. El tema no será ni siquiera abordado por la sociedad. Es así. Que no os extrañe. Ya no se trata de la vida, es la jungla. Y como siempre, son las mujeres quienes pagan por todas las disfunciones de una sociedad que sigue sin querer madurar.

Con el caso de la violación de la joven Khadija de Oulad Ayad (pueblo aledaño a la ciudad de Beni Mellal, en el centro del país) se alcanza un nuevo grado en lo innombrable. Por lo que sabemos (la investigación sigue su curso), y si creemos todo lo que la víctima ha dicho reiteradas veces en internet, durante dos meses, varios hombres la habrían secuestrado, drogado y violado por turnos. Se la pasaban entre sí. Una muñeca. Un cachorro. Una esclava sexual.

Y como si esto no fuera suficiente, estos violadores realmente no temen a la ley, han dejado huellas, tatuajes por todo el cuerpo de Khadija. ¿La prueba irrefutable de su culpabilidad? Sí. Pero, a decir verdad, según lo que se va revelando de a poco, ya no estamos solo ante esta cuestión. Asistimos a un escándalo nacional que podría interpretarse de la siguiente manera: se trata de violaciones y mensajes escritos en el cuerpo de una mujer, destinados a todo el mundo. No solo a Marruecos. Sí, somos unos violadores. Sí, esta mujer no tiene ningún valor. Sí, somos unos salvajes. Sí, somos unos pobres abandonados en nuestro propio país y, a nuestra manera, nos vengamos de la injusticia que se nos impone. Sí, tenéis razón, somos unos criminales. ¿Nos vais a castigar? ¿A reeducar? ¿Nos meteréis en la cárcel? Lo volveremos a hacer, lo sabéis de sobra.

Los padres de Khadija ni tan siquiera querían presentar una denuncia al principio. ¿Para qué infligirse esta vergüenza pública? Es el mektoub, el destino. Lo que está hecho, hecho está. No somos nada en absoluto. Pobres entre los más pobres de un barrio que a nadie le importa. Ocultemos a nuestra hija y sigamos viviendo como siempre: sin ningún apoyo. Además, las autoridades no reaccionarán. En cualquier caso, la vida de Khadija ya está acabada. Arruinada. Nadie la querrá. Nadie querrá acercarse a una apestada, marcada en su propia carne para el resto de su vida.

Fueron las asociaciones las que lograron convencerles de ir a la comisaría y dar a conocer este drama, una tragedia que bien podría haber ocurrido en una gran ciudad, Rabat, Marrakech, Tánger. En una familia rica y poderosa de Fez, por ejemplo. El verano de 2017 estuvo marcado por la violación colectiva (y filmada) en Casablanca de la chica del autobús. En el verano de 2018, la heroína se llama la chica de los tatuajes. Y entre estas dos temporadas, ha habido otras historias tristes, insostenibles, muy comentadas en las redes sociales y hoy, completamente olvidadas.

Francamente, que no os extrañe nada. Algunos dicen que fueron ellas, estas dos chicas desvergonzadas, quienes se lo buscaron. Otros afirman que ya estaban desfloradas, como si eso pudiera justificar lo que les ocurrió. Solo cuenta la primera violación. Lo sabemos todos. A partir de la segunda, es otra cosa. Ya no es violación. ¿No? Eso es lo que proclaman. Es lo que piensan los violadores: de ver a otros exhibir sin pudor en Youtube, Facebook, Instagram, sus riquezas, sus ceremonias de boda, sus cumpleaños, sus chalés de vacaciones, sus coches, sus espléndidos caftanes, sus joyas, sus sesiones de masaje, hemos terminado perdiendo la cabeza nosotros también. Tened un poco de compasión. Nosotros también queremos vivir. Disfrutar nosotros también. Retozar nosotros también. No nos habléis de educación, de moral ni de religión musulmana. No tiene nada que ver. No lo mezcléis todo. No nos lancéis vuestras condenas electrónicas. Vuestra arrogancia. Vuestra mirada sociológica. Vuestro racismo incluso. Eso no va a resolver nada. Esta Khadija no es más que una mujer. No hay que exagerar. Tan solo una mujer. Queríamos probar el paraíso. Eso es todo. Y, en unos pocos meses, iremos a nuestro servicio militar obligatorio para aprender a defender a este país que no nos da nada. ¿Comprendéis la lógica? Abrid vuestros ojos. Nosotros también, los hombres de las clases inferiores sin educación ni trabajo, necesitamos que nos defiendan. No solo Khadija.

Antes de que sea demasiado tarde, ¿qué se puede hacer para resolver el problema? ¿Cómo ayudar de verdad a Khadija, a sus hermanas y también, no se les puede olvidar, a sus hermanos? Es más que urgente salir de las declaraciones políticas de circunstancias. Salir de ese vacío aterrador. Salir de esta enfermedad colectiva que se expande en nosotros y nos hace insensibles. Duros los unos con los otros. Ciegos. Egoístas. Extremadamente violentos. Es más que urgente que el Estado presente nuevas leyes que realmente protejan a las personas marroquíes. Que se les dé sus derechos. Sus derechos. Y que se les explique lo que significa. Que se les eduque. Que se les involucre. Que haya un interés real por su destino.  

Es más que urgente repensar el contrato social que nos une. No debemos lavarnos las manos en el caso de Khadija. Está claro que hay Khadijas en Marruecos. No debemos continuar con la política del avestruz, como lo ha hecho Marruecos con respecto al cantante Saad Lamjarred, acusado repetidas veces de violación. Circulen, aquí no hay nada que ver. No debemos aferrarnos a unos valores obsoletos que matan a nuestros hijos. Nos matan a todos y a todas. Mucho es demasiado. Si el poder no cumple con su trabajo de educación, nos toca a nosotros. Ser un hombre significa tener un corazón. Tender la mano. Ayudar al otro. Y no regodearse con el espectáculo de su caída sin fin. La caída de un hombre es la caída de un país entero.

Nosotros, todos y todas, somos Khadija.

sábado, 1 de septiembre de 2018

Una campaña de creativos italianos responde a Salvini con miles de postales contra las muertes en el mar

Impulsan una campaña en respuesta a uno de los lemas usados por el ministro del Interior contra las ONG de rescate: "Solo verán los puertos italianos en postal"
"Pedimos a los creativos que nos envíen sus saludos y besos desde sus destinos favoritos, mostrando lo que sucede frente a nuestros ojos cada verano, pero que preferimos no ver"

Tarjeta diseñada por  Simona Conti.
"¡Qué fiesta!". Tarjeta diseñada por Simona Conti. Solo in Cartolina
"Solo verán los puertos italianos en postal". Fue el desafío lanzado durante días por el ministro del Interior, Matteo Salvini, contra la ONG española Proactiva Open Arms en su última misión para salvar vidas en el Mediterráneo central.

Postal de Marco D'Addario
"Mar y muerte". Postal de Marco D'Addario Solo in Cartolina
 Ahora, un grupo de creativos italianos se ha tomado al pie de la letra esas palabras para lanzar una campaña que denuncia las muertes de migrantes en el Mediterráneo y en apoyo a las ONG de rescate ante el cierre de puertos italianos. ¿Su idea? Entregar al ministro del Interior 10.000 postales en las que Italia se convierte en escenario del naufragio de cientos de personas en el mar.

Postal de Roberta Oriano.
"Saludos y besos desde la fiesta". Postal de Roberta Oriano. Solo in Cartolina
 Diseñadores y creativos de todo el país han participado en el concurso online impulsado por la campaña "Solo en postal", en el que han sido elegidas diez imágenes ganadoras, de las que se imprimirán miles de copias,  según informa La Stampa. "¡Qué fiesta!", se puede leer en una de las tarjetas elegidas, en la que una mujer disfruta de un baño sobre una colchoneta rodeada por personas que piden auxilio en el mar. 

"El hombre negro ha llegado". Postal de Maddalena Pignatiello.
"El hombre negro ha llegado". Postal de Maddalena Pignatiello. Solo in Cartolina
"Pedimos a los creativos que nos envíen sus saludos y besos desde sus destinos favoritos, mostrando lo que sucede frente a nuestros ojos cada verano, pero que preferimos no ver", dicen los impulsores de la iniciativa en su web. 

Lampedusa, la perla negra del Mediterráneo. Postal de Alberto Casagrande e Ilaria Cairoli
Lampedusa, la perla negra del Mediterráneo. Postal de Alberto Casagrande e Ilaria Cairoli Solo in Cartolina
 El colectivo tiene previsto entregarlas durante un flashmob frente al palacio de Viminale, sede del departamento que dirige Salvini, el próximo 30 de septiembre. "Construiremos un buzón gigante y pediremos a la gente que firme las postales y las eche en el buzón para enviarlas al Ministerio. Será un momento simbólico muy fuerte, al que nos gustaría que siguiera una visita oficial al Viminale", explica Nicole Romanelli, una de las creadoras del proyecto.

Los restos de Franco

El 10 de junio de 1971 el entonces príncipe Juan Carlos de Borbón y el general Francisco Franco atendieron a una celebración en Madrid. Credit Dsk/Agence France-Presse — Getty Images
  Cuando murió, hace casi 43 años, el generalísimo Francisco Franco tenía a su lado la mano momificada de una monja. La monja —escritora y fundadora de conventos, mística exaltada— había muerto en 1582. Se llamaba Teresa Sánchez de Cepeda y Ahumada; después se bautizó como Teresa de Jesús, y así siguieron llamándola cuando la declararon santa. En estos cuatro siglos su mano incorrupta y adorada soportó variadas peripecias; ninguna tan dura como su requisa por los republicanos durante la Guerra Civil española; ninguna tan celebrada como su recuperación por la “Cruzada Nacional”. Tanto que Franco, su jefe, se la quedó y, muchos años después, le pidió su protección para morirse. Su muerte fue el principio de la España actual; ahora, esta España discute su cadáver.

Hay culturas donde ciertos muertos siguen muy vivos: la variante católica de eso que llamamos Occidente, con sus santos y sus reliquias y sus iglesias construidas para conservarlas, es un ejemplo claro. El cadáver de Francisco Franco se ha pasado estas décadas en un templo monstruoso que su régimen obligó a construir a sus prisioneros de guerra: la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, en las afueras de Madrid, es una gran fosa común donde yacen más de 33.000 cuerpos, tan mezclados en la construcción que no hay forma —dicen— de individualizarlos.
La tumba del dictador Francisco Franco está de momento en la basílica del Valle de los Caídos en el Escorial. Credit Andrea Comas/Associated Press
El cadáver de Franco no tuvo ese problema: lo hizo enterrar frente al altar su heredero, el entonces rey Juan Carlos, al día siguiente de su coronación, y ninguno de los presidentes democráticos osó o quiso moverlo. Hasta que, la semana pasada, este gobierno imprevisto del socialista Pedro Sánchez promulgó un decreto-ley para sacar sus restos de esa tumba de Estado. Y entonces la sombra del dictador volvió a ensañarse con España.

Su vida y su obra y sus asesinatos volvieron a la escena. Unos 700 militares —mayormente retirados— firmaron una carta defendiéndolo y un general Manuel Fernández-Monzón, exjefe de la policía municipal madrileña bajo el Partido Popular, recorrió las televisiones explicando que su sublevación de 1936 fue necesaria porque los rojos amenazaban con instalar el comunismo. Las asociaciones por la Memoria Histórica recordaron sus más de 100.000 víctimas. El Partido Popular dijo que “este asunto (la exhumación) no va con la España de 2018 ni con el Partido Popular”; el partido Ciudadanos, que “no es urgente”; la Iglesia católica, que “acatará el mandato legal”. Y Pedro Sánchez, este martes, en un avión entre Chile y Bolivia, que la cuestión está resultando “más compleja” que lo que había imaginado.

Se discute por qué el Partido Socialista (PSOE), tras gobernar España veinte años de los últimos cuarenta, se acuerda ahora de transplantar ese cadáver. Algunos dicen que quiere dar un golpe de efecto: que, con un apoyo parlamentario muy débil, no puede tomar medidas estructurales y debe intentar estas movidas. Otros suponen que está cumpliendo con un reclamo de otras fuerzas de izquierda, con las que ahora debe aliarse. No queda claro si, más allá del símbolo, tienen alguna intención de revisar lo simbolizado.

Los restos de Franco no son solo sus huesos en una tumba benedictina. Se ha hablado tanto de la transición hispana hacia la democracia como un éxito institucional modélico; se ha hablado muy poco del modelo económico y social que esa transición mantuvo y que fue el que Franco y los suyos organizaron durante sus cuarenta años de poder. Y muy poco, también, de la monarquía que Franco instaló para sucederlo. Un tuit que circula en estos días resulta, de puro impertinente, pertinente: sobre un retrato del rey actual, Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia, con ceño adusto y uniforme militar, el título dice “Exclusiva: fotografía de los restos de Franco”.
Pero la monarquía es un tabú: en todos estos años nadie se atrevió a debatirla. Últimamente se ha impuesto la política del avestruz: el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), encuestadora que depende de la Presidencia del Gobierno, lleva tres años sin hacer la pregunta con que medía la opinión de los ciudadanos sobre la monarquía y el monarca. Y los partidos evitan con esmero meterse con el tema.

Hasta que, hace unos días, la dirección de Unidos Podemos —el aliado que los socialistas necesitan para aprobar sus leyes en el Parlamento— hizo saber que pediría la comparecencia del “rey emérito” Juan Carlos para preguntarle por ciertos negocios oscuros que revelaron, antes del verano, unos audios de su “amiga especial”, la alemana Corinna zu Sayn-Wittgenstein.

Sería absolutamente inédito que el rey o exrey o todavía algo rey y sin dudas padre del rey tuviera que dar explicaciones como cualquier ciudadano. Y que sus actos y su condición puedan ser revisados: solo la corrupción podía conseguirlo.

Que un señor haya sido nombrado por un dictador para ser jefe de Estado inamovible y hereditario, que un señor tenga todo tipo de privilegios de cuna en una sociedad donde nadie debería tenerlos es materia opinable. Algunos pueden estar en contra, otros a favor. Y, con gran coherencia, los que están en contra prefieren no discutirlo para no ponerse en contra a los que están a favor. En cambio, si ese señor cobró sobornos de un país o una corporación para favorecerlos, su infracción sería indiscutible.
El rey Felipe VI de España, junto a su padre, Juan Carlos, en febrero de 2018 Credit Emilio Naranjo/European Pressphoto Agency
Para eso sirve, entre otras cosas, la corrupción: frente a la desorientación política contemporánea, ofrece líneas claras, límites precisos. Ya no se trata de debatir si es justo que alguien sea jefe de un Estado porque es hijo de su papá, o si un punto menos en el presupuesto de salud deja a millones sin atención médica, o quién debe aportar esos dineros; los hechos de corrupción son delitos tipificados por la ley, que no dependen de las opiniones de cada quien, que producen —se supone— un acuerdo inmediato e incuestionable. Y, así, están sirviendo para encauzar la política en la mayoría de nuestros países.

Así fue como el PSOE accedió al gobierno en España; así, como el Partido de los Trabajadores lo perdió en Brasil y el PRI en México; así, como el kirchnerismo quedó groggy en la Argentina. La corrupción se ha transformado en el actor político decisivo: se reduce el debate a una cuestión policial, se insiste en que “no es de izquierda ni de derecha” y que “no tiene ideología”, como si lanzarse a ganar mucho dinero haciendo trampas no fuera una decisión ideológica profunda.

Pero su fuerza tiene un flanco débil: en las crisis económicas como la que —casi siempre— sacude a la Argentina, por ejemplo, muchos ciudadanos dejan de pensar que la corrupción es lo peor. Allí, en medio de las revelaciones más espectaculares de la corruptela kirchnerista, una encuesta lo planteó en los términos más crudos: “¿Preferiría que termine la corrupción o que mejore la situación económica?”. El 51 por ciento eligió el fin de la corrupción; el 46, la mejora económica. En general, preferían la mejora económica los votantes más pobres —los más afectados por la crisis—. Con lo cual la pelea contra la corrupción se transformaría, en ciertos casos, en otro privilegio de los prósperos.
Un grupo de protestantes marcharon en Buenos Aires el 21 de agosto contra la inmunidad a la senadora y expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Credit Marcos Brindicci/Reuters
Es un problema. Para que la corrupción termine de ocupar el centro absoluto de la escena deben convencernos de que es la causa de esas dificultades económicas. Ya lo intentan. Empiezan a aparecer cifras, siempre muy hipotéticas, que tratan de mostrarlo. Y el presidente argentino, Mauricio Macri, lo dijo en Tucumán, con su oratoria escueta: “Toda la plata de la corrupción explica las cosas que nos faltan”. Si esa idea se impusiera, no solo podríamos prescindir de las opciones políticas; tampoco sería necesario discutir el orden económico, porque la corruptela también explicaría la pobreza y sus efectos.

A veces las causas más legítimas se usan para ocultar otras. A veces tratan de convencernos de que los restos de un dictador son solo un paquete de huesos. A veces, de que la razón del fracaso de un orden social son sus errores, sus excesos, sus delitos. En nuestras sociedades, injustas, desiguales, la corrupción es un problema grave; suponer que es el problema principal es la mejor manera de no solucionar los más estructurales.


Fuente: https://www.nytimes.com/es/2018/08/31/opinion-caparros-restos-franco/?action=click&clickSource=inicio&contentPlacement=1&module=toppers&region=rank&pgtype=Homepage

Una vez más, Marruecos evita la Observación Internacional en el Sahara Occidental

Evitar que haya Observadores Internacionales en los juicios es no querer que haya testigos de correoómo se enjuician a quienes defienden los derechos del Pueblo Saharaui

Sahara protestas
Manifestación saharaui por la liberación de los presos políticos.
 Durante el mes de agosto han trascendido en algunos medios de prensa informaciones sobre Marruecos, siendo noticia por ser un país “poco democrático” que vulnera los Derechos Humanos, y de la complicidad que el Estado Español está teniendo ante ello. 

Entre tanta noticia al respecto se ha echado de menos que no haya habido apenas menciones a la situación del Sáhara Occidental. 

Más de 40 años lleva el pueblo saharaui sufriendo graves y reiteradas vulneraciones de los derechos humanos desde que Marruecos ocupase militarmente el territorio en 1975, en forma entre otras de desapariciones forzosas, asesinatos (con especial incidencia entre los años 1975 y 1992), y torturas, lo que ha llevado al procesamiento por genocidio en la Audiencia Nacional española de doce miembros de las fuerzas armadas y policiales de ese país (Sumario 1/2015, Juzgado Central de Instrucción núm. 5). La ausencia de cooperación de las autoridades marroquíes con el juzgado español a la hora de perseguir tales crímenes -los más abominables que se hayan podido cometer y tipificar- negándose a dar cumplimiento a los requerimientos judiciales de referencia, y la falta de exigencia a este respecto por parte del gobierno español pueden dar una medida de la voluntad política actual en la defensa de los derechos humanos. 

Por parte del Relator Especial contra la tortura y del Comité contra la Tortura (ambos en el ámbito de la ONU) se ha venido denunciando en los últimos tiempos como uno de los problemas más graves y recurrentes en este terreno la vulneración del derecho a no ser sometido a torturas, -o tratos y penas crueles, inhumanas o degradantes-; en el mismo sentido se han pronunciado diversas organizaciones (Human Rights Watch en su informe “Just sign here”/”Tan solo firme aquí”, Juicios injustos basados en confesiones a la policía en Marruecos, Amnistía Internacional), o incluso el propio Consejo Nacional de Derechos Humanos marroquí, en cuyo informe “La crisis de las cárceles: una responsabilidad compartida” (diciembre 2012) se denuncian, entre otras, prácticas del personal penitenciario consistentes en: "Los porrazos utilizando palos o trozos de mangueras, la suspensión en las puertas de las celdas mediante el uso de esposas, golpes en las plantías de los pies inmovilizados (Falaqa), pinchazos con agujas, bofetadas, quemaduras, las patadas, el desnudo forzado de los reclusos ante la mirada del resto de los prisioneros, además de los insultos y de agresiones verbales contra la dignidad humana de los presos”. 

Asumiendo el deber que tenemos como juristas de luchar por el respeto y el cumplimiento de los derechos humanos, muy especialmente dentro del ámbito del derecho penal como máxima expresión del poder punitivo institucional, decidimos unirnos las diferentes compañeras que llevan desempeñando la labor de observación jurídica internacional desde hace años y comenzar a viajar a Marruecos y al Sáhara Occidental para acudir a diferentes juicios que se celebran contra personas saharauis activistas en la defensa de los derechos de su pueblo, acusadas de haber cometido algún delito tipificado en el Código Penal Marroquí. 

Es el caso de El Fak Khalihenna, detenido el pasado 16 de agosto cuando volvía de participar en actividades organizadas en la Universidad de Verano de Argel, a quien hoy viernes 31 de agosto se ha juzgado en el Tribunal de Primera Instancia de El Aaiún.

Lamentablemente, las Fuerzas de Seguridad marroquíes han impedido nuestra asistencia a este juicio al que acudíamos como observadoras internacionales, interceptándonos en el vuelo que nos conducía a la mencionada ciudad ocupada, conduciéndonos hasta Casablanca y procediendo finalmente a expulsarnos del territorio marroquí. Por parte de diversos colectivos saharauis de defensa de los derechos humanos se nos ha comunicado durante la mañana de hoy que las FSE les han impedido asimismo la entrada a la vista, llegando a manifestar algunas de ellas haber sido agredidas por los agentes. 

Denunciamos una vez más que Marruecos no tiene soberanía ni competencia sobre el territorio del Sáhara Occidental (siendo una mera potencia ocupante del mismo conforme al Derecho internacional), que el gobierno español está actuando de espaldas a la legalidad al no asumir las atribuciones que tiene encomendadas por ser a día de hoy la potencia administradora de derecho del territorio (Auto 15/04/2014, Juzgado Central de Instrucción núm. 5 de la Audiencia Nacional, entre otros), y que la expulsión por parte de las autoridades marroquíes de las misiones de observación jurídica internacional constituye una actuación ilegítima asimismo por suponer una vulneración flagrante del derecho fundamental a un juicio justo (en su vertiente del derecho a una audiencia pública, Comité de DDHH de la ONU, observación general núm. 32 al PIDCP), evidenciando la voluntad de tales autoridades de no permitir testigos del modo en que se enjuicia a los activistas saharauis.

“Evitar que haya Observadores Internacionales en los juicios es no querer que haya testigos de 
cómo se enjuician a quienes defienden los derechos del Pueblo Saharaui”

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/conquista-derecho/acerca-de-la-expulsion-de-observadores-internacionales-en-marruecos

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