viernes, 6 de abril de 2012

El Instituto Eliava de Tiflis (Georgia)

Fuente: http://networkedblogs.com/w5Ka2

A Henri Lemaitre le encantaban, ya de pequeño, las alturas por eso decidió dedicarse a montar antenas en los tejados de las casas. Hasta que un día resbaló y se cayó desde una altura de cinco pisos. Aunque sobrevivió milagrosamente al accidente las consecuencias de este le iban a perseguir durante cinco años. En una de sus numerosas operaciones tras el accidente su herida en el pie se infectó con una cepa multiresistente de la bacteria Staphylococcus aureus. Tras numerosos intentos de atajar la infección con todos los antibióticos posibles Henri Lemaitre tuvo que oír de los médicos que la infección era imparable y que habría que amputar el pie. Hasta que el doctor Dublanchet le habló de Tiflis.
En Tiflis, Georgia, se encuentra el Instituto Eliava que bien podría llamarse el museo del bacteriófago. Un lugar que permite hacer un viaje en el tiempo. Un lugar que es un monumento a la microbiología clásica. Un lugar que supone una cura de humildad para nuestra prepotente cultura occidental. Porque los ojos de occidente se giran desde hace algunos años hacia este reducto del saber pidiendo ayuda.


Un poco de historia.

Los bacteriófagos (también llamados fagos) son unos virus especializados en infectar bacterias y que pueden ser virulentos o latentes. Los virulentos tienen un ciclo de vida llamado lítico mientras que los latentes tienen un ciclo de vida llamado lisogénico. Los fagos virulentos utilizan la maquinaria celular de la bacteria para reproducirse y finalmente, rompen la pared de la célula, “matándola”, con el fin de liberar sus propias réplicas y continuar infectando nuevas células bacterianas. Y en esta capacidad para destruir las células bacterianas reside su interés terapéutico.......
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